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Los santos días de la poesía Encuentro de escritores 2010


Aquella voz que germina: retrospectiva de la poĂŠtica desde Tamaulipas HĂŠroes y batallas cotidianas

9, 10 y 11 de abril Padilla, Tamaulipas


CONTENIDO Introducción I. Preludio Poética en Tamaulipas:  Propuestas para la disuasión del (aparente) egoísmo colectivo Por Joaquín Peña Arana

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II. Aquella voz que germina: Retrospectiva de la poética desde Tamaulipas Pureza del poeta: Ausencio Martínez Lucio Por Carlos Acosta

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Tú mueres, yo muero… (Vistazo a una fotografía inexistente donde Juan José Amador y yo sonreímos) Por Arturo Castillo Alva

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Los textos del Yo  El universo poético de Cristina Rivera Garza Por Erika Said

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Tema, lenguaje y figuras literarias en la obra En memoria del reino Por Martha Martínez

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Reminiscencia de poeta: Nohemí Sosa Reyna Por Celeste Alba Iris

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El oído de as(f)alto: escuchar a Rodrigo González Por Hugo César Moreno Hernández

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Gloria Gómez: poeta de la verdad Por Lorena Illoldi

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Arturo Castillo Alva… Visiones poéticas y otras afinidades Por Cynthia Rodríguez Leija

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Pie de barro Por Jorge Melgoza

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Alejandro Rosales: pintor de letras Por Arodi Segura

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Carmen Alardín, una voz que trasciende Por Lizette Álvarez

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Historia y geografía de Tamaulipas en los versos de Martha Chávez Padrón. Por Félix Cardoso

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La Poesía de Altaír Tejeda de Tamez Por Sandra Ruth Sosa Luna

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La obra poética de Graciela González Blackaller Por Nora Iliana Esparza

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Isaura Calderón o La Harmonía de los instantes Por Marisol Vera

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La Revolución Mexicana y los Escritores Tamaulipecos Por Nohemí Sosa Reyna

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Nueva visita al poeta Juan B. Tijerina: El poeta-pedante: el oficio poético entre la sobriedad y la ebriedad Por Eduardo Villegas Guevara

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La metafísica palpable Una perspectiva de Prosas rimadas de José Arrese Falcón Por Ramiro Rodríguez Luis García de Arellano. Poesía Patriótica del Siglo XIX Por Francisco Ramos Aguirre III. Verbigracia: Presentación encuentro 2011 La revelación de lo femenino como vehículo hacia Dios Por Juan Carlos Linares

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IV. Héroes y batallas cotidianas Alejandro Betancourt Calle 5 Calle12 No he de tocar aún tus labios:

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Andrés Zurita Eva Mariposa Conquista Oscuridad Oráculo ¿Por qué será? 

           

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Carmen Ávila Instructivo La samaritana Dentro de tus llagas Los poetas deberíamos de formar sindicatos

       

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Joaquín Peña Arana De amnesia cotidiana 

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Lizette Alvarez Hombre huasteco

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Lorena Illoldi Batalla social  Batalla campal  Batalla nocturna  Batalla lírica  Batalla gremial 

         

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Nohemí Sosa Pequeño príncipe  Canto Queremos ser ofrenda Rescatista Arcángeles y sol Cabalgadura  Espejismo 

             

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Pilar González Amándonos  Brazos de agua Sepultura

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Roberto González Viñetas de estragos cotidianos

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Romina Cazón Todo lo hondo

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Sandra Ruth Sosa Luna Reglas para cantarle a un héroe

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Sobre  los autores

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Agradecimientos

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Coordinación General Celeste Alba Iris Coordinación Zona Sur Arturo Castillo Alva Coordinación Zona Norte Cynthia Rodríguez Leija Cuidado de la edición Marisol Vera Diseño y fotografías Miguel Angel Camero Martínez


Dedicado a los poetas tamaulipecos


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Introducción

Tengo la certeza que nuestro suelo continúa siendo región inexplorada, patria de letras con bandera sin izar. ¿Cuál es la tinta indeleble que nos marca? ¿Cuál la línea que nos define? Por algo habríamos de comenzar a respondernos y esta vez decidimos volver a los orígenes hasta donde la vista alcanza. El segundo encuentro de escritores Los Santos Días de la Poesía, celebrado el 9, 10 y 11 de abril 2010 en el municipio de Padilla, estuvo dedicado a los poetas tamaulipecos con un enfoque de estudio a la obra desarrollada a partir del siglo decimonónico. La tarea no estuvo encaminada a la búsqueda de fósiles: títulos, nombres, áridas fechas... sino al hallazgo con la pulpa viva/palabra que habita y se toca, corpus de una tradición no pronunciada. Aportaciones útiles para el trazo de un perfil. Otras inquietudes similares nos preceden, como ejemplo la colección Ediciones Especiales con las que el Gobierno del Estado despidió el siglo XX. Entre estas publicaciones los trabajos antológicos correspondientes a los distintos géneros literarios a cargo de Nohemí Sosa, Orlando Ortiz, Francisco Ramos Aguirre y Juan Jesús Aguilar. Antes de estas ediciones también se encuentran: Tamaulipas una Literatura a Contrapelo y Entre el Pánuco y el Bravo de Orlando Ortiz, publicadas a inicios de los noventa por conaculta y el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, respectivamente. De mediados de los ochenta, el esfuerzo de Francisco Fuentes Hernández con la Antología de Literatura Romántica Tamaulipeca, editada por el Instituto Tamaulipeco de Bellas Artes, además de Historia de la Literatura en Tamaulipas, obra de Carlos González Salas, impresa por el Instituto de Investigaciones Históricas de la universidad autónoma estatal. 11


Aquella voz que germina, retrospectiva de la poética desde Tamaulipas, es el tema que ocupó a diecinueve escritores participantes del encuentro ahora reunidos en este ejemplar. La jornada no deja de circunscribirse a una consideración estética y biográfica de las voces que prevalecen y aún sin reconocerlas o asumirlas nos signan la palabra. De acuerdo a la convocatoria, cada participante eligió a un escritor tamaulipeco para ayudar a construir una visión panorámica del quehacer de letras, no se pretendió una exhaustiva investigación académica sino un punto de partida al coloquio, un abono de elementos para interpretar la literatura local. Nada reñido con una adición posterior o nuevas expediciones corregidas y aumentadas por otros arrojados. Esta zona tórrida de numerosas e indómitas poblaciones, ríos y verdes permanentes descrita por Américo Vespucio alrededor de 1 500, ha vivido en las últimas cuatro décadas una eclosión en su poesía más dinámica que durante cuatrocientos años de hibernación genésica. En el tiempo que precede a la colonización iniciada ya entrado el siglo XVIII, distintos grupos indígenas sin asentamiento fijo habitaban estos terrenos del norte de México. Nuestros pueblos naturales manifestaban su entusiasmo poético: danzas colectivas alrededor del fuego, conversaciones con los astros, hazañas bélicas, diálogos con el viento. Fray Vicente de Santa María rescató del olvido que la llegada de otros tiempos hubiera implicado, un controvertido canto épico maratín: Fuimos gritando a pelear al monte/al modo de leones que comen carne/a

los enemigos que nos querían matar/fuimos a hacerlos morir a pedazos/la cuerda, la flecha, el arco/nuestras fuerzas, nuestros tiros/los hicieron huir sin poder correr... En contrapunto a estos cantares que datan de 1790, podemos mencionar que Sor Juana Inés de la Cruz había muerto un siglo atrás en el centro del país, al tiempo que las universidades de México, Michoacán, Yucatán y Guadalajara tenían varios siglos de trabajo cultural. Toda auscultación para encontrar orígenes de una tradición poética en Tamaulipas nos remite al siglo XIX. Es en la segunda mitad de esta época, siguiendo a Carlos González Salas, que tuvo nacimiento la literatura propiamente en nuestro estado con la “generación iniciadora”, integrada en esencia por Juan B. Tijerina, Manuel Barrero Argüelles, Celedonio Junco de la Vega y José Arrese. Este grupo de poetas no se unificó en una corriente de producción aunque se forja intentando formas clásicas con temas campiranos, nacionalistas, sepulcrales, amorosos. Su aparición no implicó un movimiento literario, transcurrieron sin la conciencia de pertenecerse. Y ¿a dónde hemos llegado luego de esta breve historia? Los trabajos aquí reunidos muestran que estamos viviendo un período sin precedente: un asentamiento de identidad que fortalece la literatura de nuestro estado. La poesía, esa serie infinita de apropiaciones e intercambios según José Emilio Pacheco, continúa la fragua de la voz tamaulipeca. Celeste Alba Iris

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I. Preludio Poética en Tamaulipas: Propuestas para la disuasión del (aparente) egoísmo colectivo Por Joaquín Peña Arana Previo a la realización de este encuentro decidí concentrarme en un tema que, confío, sea afín no sólo a los que participamos en esta reunión sino a quienes dedican parte de su cotidianeidad a la creación literaria. En el papel sonaba simple: saber más de la poesía tamaulipeca. Como si fueran enchiladas. En mi búsqueda, las bibliotecas fueron un buen recurso, pero deseaba traspasar la línea territorial doméstica. Así, llegué a la siguiente opción: internet. Si aún existiera, diría que me quedé en el limbo: estático, colocado en ninguna parte, con la expectativa de que algo pudiera ocurrir. De entrada, el portal en línea gubernamental considera que “cultura” se coloca justo en medio de las palabras “niños” y “medio ambiente”. Al ingresar no hay más que datos: si bien resultan útiles para nuestro conocimiento teórico de la entidad o la redacción de trabajos estudiantiles, no lo son para atisbar en torno a la cultura en Tamaulipas, mucho menos, a la literatura que se gesta en la localidad. Así las cosas, la otra opción fue buscar blogs. Oigan, ¿de verdad a alguno de los aquí presentes le interesa saber que fulana se peleó con su pareja?, ¿que alguien tuvo un problema estomacal?, ¿que la gata o el perro hicieron tal o cual gracia? Ése parece el pan de cada día cuando nos aventamos un chapuzón en el charco de los blogs de intelectuales. En este sentido, no hay mucha diferencia de lo que realizan los simples mortales en Facebook o Twitter. 15


Me llama también la atención su belicosidad, esa fiereza para opinar. La religión: blanco perfecto –es curioso que algunos creen en el horóscopo, al menos el chino. La política: ineludible. Los temas del día, cómo no abordarlos. Ah, y lo que hacen otros creadores y creadoras en Tamaulipas. De preferencia para hacerles observaciones o enviarles sendos mensajes públicos de crítica sin miramientos. Supongo que tanto frenesí por husmear en la letrina ajena es porque gustan ser… ¿cómo se dice?, ¿cómo se dice?, ah, sí: provocadores. Cómo adoran provocar. Pero, ey, noté un tema ausente: el narco. De eso no encontré referencia alguna. Nunca es tarde. Ahora mismo, si gustan cedo unos minutos de mi intervención por si alguien desea tomar el micrófono y lanzarse contra los narcos o la maña, con la misma dureza que escriben sus comentarios sobre otros escritores o las cosas que ocurren en la chismografía intelectual. Adelante. Pasen. Por favor, no se hagan de la boca chiquita, si cuando están en el blog no hay poder en el mundo que los calle. Bueno, ni modo. ¿En qué estaba? Ah, sí. El blog como alternativa para el conocimiento de lo que se hace en Tamaulipas a nivel literatura. Bueno, permítanme quitarme la máscara. Yo no tengo premio alguno, hace unos tres años empecé a publicar en un espacio así de chiquito, en un periódico; luego llegó la oportunidad en una página cultural de Internet. A mis 42 apenas empiezo cuando otros y otras ya no saben qué hacer con tanto premio.  El año pasado ocurrió algo sobre la creación literaria que me interesó: descubrir a los demás. Desconocía que hubiera, esparcidas en Tamaulipas y en otras partes del país, personas que aquí en cortito se ven como alguien que espera el autobús y al momento de expresarse, tienen la capacidad de la palabra. Sabía de algunos y algunas. Compartir experiencias, adentrarme en lo que han hecho y lo que están por hacer fue enriquecedor, como lograr que por fin me dejaran pasar a la fiesta. Y sin embargo, hay un gran vacío. Si buscamos en las bibliotecas de cada municipio tamaulipeco probablemente encontraremos algunas ediciones de poetas de la entidad. El acervo variará, según los esfuerzos de compilación en cada caso. Puede que realicemos hallazgos en las localidades de mayor presencia y desarrollo: zona conurbada, Ciudad Victoria, Matamoros, Reynosa, Nuevo Laredo, Ciudad Mante ¿y las demás, qué, no existen o no tienen gente que se dedique a esto? La realidad, a mi entender, es que somos un archipiélago. El desconocimiento de los generadores y generadoras de poesía en el estado es patético ¿Qué tanto sabemos de lo que se forjó en el siglo 16


XIX? ¿Cuántos ubicamos el nombre de Juan B. Tijerina?, sí, suena a certamen literario, pero ¿cuánta gente tiene acceso a su creación más allá de Ciudad Victoria? ¿Cuántos, fuera de Matamoros, conocen o han leído a José Arrese o a Manuel Rodríguez Brayda? Vámonos al siglo XX, para no irnos tan lejos. La compilación Poetas Tamaulipecas del Siglo Veinte, de Nohemí Sosa Reyna, nos pormenoriza a Carmen Alardín, Celeste Alba Iris, Águeda Andrade Acosta de Rodríguez, Marisa Avilés Arreola, Isaura Calderón, Gloria Collado, Martha Chávez Padrón, Blanca de Flores, Lupemaría de La Garza, Lorena García Illoldi, Gloria Gómez Guzmán, Graciela González Blackaller, Conchita González de Rodríguez, María Luisa Govela, Carmen Quiroga, Gloria Riestra, Nohemí Sosa Reyna, Altaír Tejeda de Tamez. Creo que me faltó un nombre, no sé. Levante la mano quien ya las leyó a todas. Eso pensé. Juan Jesús Aguilar hizo también lo propio al pasar por un filtro los nombres connotados en su Veinte Poetas del Siglo XX. Ahí aparecen Rutilo Riestra, Juan José Amador, José Miguel de Orihuela, Alejandro Rosales Lugo, Marco Olguín, Arturo Medellín, Arturo Castillo Alva, GastónAlejandro Martínez, José Guadalupe Galicia, Primitivo Hernández, Francisco Caballero Aquino, Antonio Quintero, Benito Gámez, Antonio Huerta, Baudelio Camarillo, Alejandro Rodríguez Vicencio, Juan Jesús Aguilar, Leopoldo Lara Puente, Armando Loredo Avilez y Juan Martínez Tristán. ¿Quién los ha leído todos? Habemos quienes somos rebuenos para pregonar que nos leímos la obra de un autor europeo o de uno estadounidense, o los que citan en Letras Libres o en otras publicaciones afines y súperespecializadas. ¿Y lo de aquí, lo que se supone nos pertenece por amor a la cuna? ¿A qué se debe ese desconocimiento de lo propio? Hay varios factores, todos con sus respectivos grados de dificultad o de falla. En Tamaulipas qué esperanzas de un programa permanente de promoción en escuelas que le ofreciera a la chaviza la oportunidad de conocer a quienes hacen la literatura tamaulipeca. Hay también ausencia de obras. Desde hace unos años se han realizado valiosos y notables esfuerzos para generarlas, particularmente en cada municipio. En Matamoros, como se puede, se publica la antología de poesía y narrativa Letras en el Estuario, encuentro anual binacional que se realiza en esta ciudad y en Brownsville, Texas. En Tampico se gestaron proyectos a partir de talleres literarios como la revista Saloma o el libro antológico Líbrido. Perros de Agua, de Sara Uribe y Liliana Valderrama Blum ofrece también nombres. Sara Uribe se aventó el esfuerzo de compilar, lo mejor posible, los 25 años del Premio Nacional de Literatura Efraín Huerta. ¿Se acuerdan de Letras en el Golfo, transformado 17


luego en Letras del Mundo? Las antologías incluyen a nuestros dignos y tamaulipecos representantes: Castillo Alva, Carmen Alardín, Orlando Ortiz, Julio G. Pesina, Gloria Gómez, y los que faltan. Por supuesto que faltan. En cada localidad hay quienes generaron o están generando, pero por los motivos que podamos enumerar su fama no ha traspasado las fronteras de lo doméstico. ¿Será que son chafas, irrelevantes, sin nivel verdadero? ¿Y cómo saberlo? ¿Quiénes deciden eso? Aquí entramos en otro punto. ¿Quiénes sí y quiénes no? ¿Qué hacer entonces, por ejemplo, con Ana María Rabatté? Disculpen, ¿alguien se vomitó? Tengo la impresión de que algunos de los aquí presentes o, de plano, no la conocen, o si saben de ella les parece sinónimo de ñoñez, cursilería o basura. ¿Entonces, dónde la colocamos, no existe o no debe existir en la obra poética de Tamaulipas? Así, llego a los dos puntos medulares de mi intervención. Uno, el más importante, se divide en dos grandes necesidades. Una de ellas, la de conocer, conocernos mejor. Sí, en cada biblioteca del estado debería haber un ejemplar de Rafael Ramírez Heredia o de Cristina Rivera Garza, porque son buenos y porque nacieron en Tamaulipas, luego entonces, debería contarse con acervo de los autores y autoras tanto de la localidad como de otros municipios. ¿Cómo lograrlo, si muy a fuerzas se edita un ejemplar y su destino parece ser recopilar polvo en alguna feria del libro hasta que, finalmente, termina regalándose para que no haga bulto? El blog ha demostrado su utilidad, no únicamente para echar pestes de los demás. Es apropiado contar, a nivel estatal, con uno o varios sitios que concentren lo que se está haciendo. No hablo de los blogs personales, donde nos la pasamos con trivialidades u opinando sobre los temas del día, sino de espacios donde se hable de literatura, se fomente la literatura, se proponga la literatura. El blog de Los Santos Días puede ser el primer paso. En una esquinita, un enlace colectivo. Ir recopilando direcciones, que todos sepamos que están ahí, que no haya paja ni pérdida de tiempo. Un espacio 18

de intercambio, para conocer, para nutrirnos. El resto es seguir picando piedra. Algunos y algunas sienten que ya no lo necesitan, ya tienen nombre, ya publicaron, tienen premios y ¡becas, montones de becas! Entonces no creo que les moleste que los demás les aprendamos algo. Mencioné que eran dos los puntos medulares de mi intervención. El segundo y último es: sugerir moderación. Como notaron, hice hincapié, en una que otra parte de este texto, acerca de la costumbre de algunos y algunas de nuestras plumas tamaulipecas de estar en lo que coloquialmente se define como chingar la madre. Está bien, es su rollo. Como lo dije, quizá se trate de personas que sienten que están más allá del bien y del mal por aquello de contar con una carrera sólida. Sin embargo, más que invitar al debate a veces nos la pasamos desgastándonos en inútiles discusiones. La sugerencia es que no estorbemos. Así de simple. Claro, cualquiera tiene el derecho de expresarse si


no le parece tal o cual cosa, pero que no se vuelva ajonjolí de todos los moles. No estorbemos. A veces no se pueden aguantar las ganas de vociferar, bueno, sigan los pasos de Alanon, porque en algunos parece adicción. Pero no estorbemos. Si no tenemos algo bueno qué decir o hacer no nos estorbemos. Ya para terminar, tengo la impresión de que en algunos casos me dirán: hacer un blog y mantenerlo no son enchiladas. De vez en vez podemos intentar otro tipo de cosas. Como por ejemplo…como por ejemplo…. ¡ah!, organizar un encuentro de literatura en alguna parte de Tamaulipas. ¿Suena chido, no?

Bibliografía Aguilar, Juan Jesús. 20 Poetas del siglo XX. Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes. Colección Ediciones Especiales. Serie Antologías y Homenajes. 2000. pp. 324. Antología Letras en el Golfo. Festival de Literatura 2002. Gobierno del Estado de Tamaulipas. Director del Festival: Víctor Manuel Mendiola. 2003. pp. 207. Antología Letras en el Golfo. Festival de Literatura 2004. Gobierno del Estado de Tamaulipas. Director del Festival: Víctor Manuel Mendiola. 2004. pp. 236. Letras del Mundo en Tamaulipas. Memoria. Festival Internacional 2005. Gobierno del Estado de Tamaulipas. Director del Festival: Victor Manuel Mendiola. 2006. pp. 222. Líbrido. Volumen colectivo de “Taller Siete”. Editora: Lucero García Pérez. Editores Buena Onda S.A. de C.V. 2008. pp. 97. Rodríguez, Ramiro. Letras en el Estuario. Antología de Poesía y Narrativa. 2009. pp. 219. Sosa Reyna, Nohemí. Poetas Tamaulipecas del siglo XX. Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes. Colección Ediciones Especiales. Serie Antologías y Homenajes. 2000. pp. 530. Uribe, Sara y V. Blum, Liliana. Perros de Agua. Nuevas Voces desde el Sur de Tamaulipas. Volumen colectivo. Ayuntamiento de Tampico, Miguel Ángel Porrúa. Primera edición, 2007. pp. 171. Uribe, Sara (compiladora). 25 Años, Premio Nacional de Literatura Efraín Huerta. Tampico 1982-2006. Ayuntamiento de Tampico, Miguel Ángel Porrúa. 2007. pp. 539. Sitios en Internet Sara Uribe: http://queeslapoesia.blogspot.com/2010/01/actividad-3-festival-poetico-virtual.html http://prohibidoandarenbicicleta.blogspot.com/ Mujeres de Tinta: http://mujeresdetinta.blogspot.com/ Celeste Alba Iris: http://ciertotestimonio.blogspot.com/ Ramiro Rodríguez: http://ramirorodriguez.blogspot.com/

Marisol Vera: http://mujerespejo.blogspot.com/ Marco Antonio Huerta: http://moteltampico.blogspot.com/ Liliana Blum: http://lilianablum.wordpress.com/ Los Santos Días de la Poesía: http://lossantosdiasdelapoesiaencuentro.blogspot.com/ Poesía de Nohemí Sosa Reyna: http://www.poetasdelmundo.com/verInfo_america.asp?ID=761 Letras del Mundo 2005: http://www.tamaulipas.gob.mx/letrasdelmundo/

…y una infinidad de sitios, lugares y proyectos que me es difícil consignar, pero a quienes agradezco el atisbo.

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II. Aquella voz que germina: Retrospectiva de la poética desde Tamaulipas Pureza del poeta: Ausencio Martínez Lucio Por Carlos Acosta 1. Tengo un amigo poeta. A primera lectura, parece que esta aseveración nada tuviera de extraordinario. Pero, de verdad, pienso que no cualquier persona puede ufanarse de algo así. Habrá quien diga que tiene (muchos) amigos escritores: gente que se dedica, incluso de tiempo completo, a las letras y que no pocas veces han sido laureados con premios y distinciones literarias. Pero eso no significa que sean poetas. No. De este ignominioso siglo veintiuno, quizá lo que más me puede, es la evidencia cotidiana de que todo en este planeta es muchedumbre. Todo: Científicos, médicos, profesores; terremotos, incendios, inundaciones; buenos, malos, cobardes; curas, pastores, profetas; humanistas, políticos, perros; violencia, deportes, suicidas; ciegos, verborreicos, mudos; cines, cafés, restaurantes; anarquistas, menesterosos, obreros; vanguardistas, miedosos, neutrales; escuelas, templos, tugurios. 21


Y ya no quiero seguir, porque este espacio no alcanzaría para tanto y además, también esta espiral de nombres resulta interminable. Pero, donde en realidad se me oscurece la vista, donde me pierdo en la noche, sin el mínimo atisbo de retorno, es cuando se dice, por ejemplo: en la ciudad de México, si pateas una piedra, sale un poeta. Hay una gran diferencia entre democratizar y abaratar la poesía. Cuando el milagro se vuelve trivial, deja de ser milagro. Si el Olimpo está poblado de dioses, en realidad no hay Dios.

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2. No todo el que escribe, algo que él y sus amigos suponen es poesía, es digno de llamarse poeta. No todo el que es distinguido con premios o condecoraciones, becas o publicaciones, lo es. No se es un buen o un mal poeta. Yo digo, atendiendo a la respuesta del todo o nada de la fibra miocárdica, que se es o no se es poeta. Tal vez porque visualizo a la poesía como la más alta cumbre de la palabra, el modo más depurado del lenguaje humano. Las verdades más terriblemente bellas. Quizá debido a ello, imagino al poeta como un ser sagrado. No exagero. Cada persona en el mundo puede decir lo contrario a esta aseveración, y sin embargo, yo así lo visualizo. Esta no es la verdad, nunca pretendí lo fuera. Sólo es mi verdad. Y bien sé que el poeta es un hombre. Pero me gusta creer que es un hombre extraordinario. Sé que ese hombre sufre y es feliz, se enferma y va de compras al tendajo de la esquina, ve televisión o conduce un auto. Quiero decir: a primera vista parece algo que no es: hombre común. No comparto la idea de que un poeta sea un obrero de la palabra. Me gusta más el concepto de que es un orfebre del lenguaje. Si alguien escribe la llamada mala o mediocre poesía, no es poeta.

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3. Mi amigo, del que ahora escribo, vive en el sur de Tamaulipas, esa tierra tan escasa de poetas. Él lleva en los ojos, más de treinta, pero creo que menos de cuarenta, años. Posee la rara virtud de hablar poco. Y escribe mucho. Nunca ha ganado un premio literario. Jamás asistió a una escuela para poetas, como recientemente alguien sugería. Y yo pregunto ¿A cual escuela asistiría Homero, el ciego? No lo conocen los editores ni los funcionarios de Consejos de Cultura locales o estatales. Ya no se diga los nacionales. Camina mi amigo por El Mante, esa ciudad entrañable, a paso lento. El sol inclemente lo calcina, su sombra lo persigue. A veces, la noche avanzada lo encuentra muy solo, no sé si dormido, en una banca de la plaza. A veces la madrugada le dicta versos. Nadie, de las llamadas personalidades de la ciudad, lo conoce. Yo lo conozco. Cuando escalaba el peldaño número doce, por veredas perdidas entre el monte, allá en San Nicolás Tolentino, de donde es originario, mientras iba a la milpa, decía en voz alta versos que le venían, desde quién sabe dónde, hasta sus labios. Y desde entonces llena de letras uno, otro y muchos cuadernos. Desde aquella edad es afecto a los amaneceres; a mirar, de noche, la luna redonda en el oriente; a ser feliz por unos fugaces ojos de mujer que nunca en su vida había visto y a los que jamás volverá a ver. Desde entonces visita a sus amigos, aunque no con mucha frecuencia. A veces desaparece por dos tres años, y un día, el menos imaginado, aparece otra vez. Le pueden la angustia existencial y la muerte. Creo que ama la vida.

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4. A la humanidad le hacen falta poetas, le sobran farsantes. Al mundo le hace falta verdad, le sobra mentira. A mí me faltan respuestas, me sobran dudas. Creo que hacen falta hombres y mujeres con gracia y verdad en la escritura, con el don de la sencillez en la palabra y lo infinito del lenguaje universal en sus letras, con la sensibilidad y la lucidez de un iluminado. A los fantasmas de la noche les hace falta poesía, les sobra retórica. Digo que hacen falta hombres y mujeres que construyan un esperanto en donde puedan confluir ansiedad, amor, tristeza; ira, júbilo, remordimientos; desamor, incongruencia, virtud, y todas las emociones –aunque no sé muy bien lo que signifique todas las emociones– de cualquier ser humano que habite en la tierra. Racimos de letras para celebrar que estamos vivos y, por qué no, para encontrar el cauce al dolor y la frustración existencial de una humanidad conciente de que se dirige, ineludiblemente, al abismo. Un lenguaje donde cada uno, andando distintos caminos, pudiéramos encontrarnos. Quiero decir: encontrarnos entre todos y encontrarnos a nosotros mismos. No para encabezar ideologías marginales ni para abanderar causas perdidas o defender minorías. No para un fin determinado. Tampoco digo que no haya, o que nunca hubieron, sólo pienso que hacen falta poetas en el mundo.

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5. Más de un escucha dirá que el tema del presente ensayo, no existe. Y quizás tenga razón. Yo también lo he pensado. No he venido a tratar de convencer a alguien. Sólo vine para decir. El anónimo poeta –digo, contra todo asomo de cordura y realidad– conserva una increíble pureza. Quizá por eso resulta extraño a los ojos de los demás, tal vez por eso lleva en sí algo de sabio, poco más de adolescente, mucho de loco. Pero hablaré de algo que sucede, no sé qué tan a menudo: cuando a un escritor se le publica un libro o algunos libros, de poemas incluso, y cuando merced a esas publicaciones, le vienen muestras de admiración y palabras de halago – generalmente desmedidas– entra en juego algo tan normal y a la vez tan extravagante: el ego del hombre. El ego, que desborda como la espuma de la cerveza en un tarro. Y pierde piso. Siente que se eleva por encima de los demás. Qué contradictorio: un ser que, por naturaleza podría ser excepcional, mientras no lo sabe, conserva algo de singularidad; y un buen día (o un mal día, vaya uno a saber) cuando se descubre como tal, se envanece. Es decir, pierde pureza. Y cuando después de halagos y condecoraciones, de viajes y firma de autógrafos, de congresos y conferencias, llega la remuneración económica –merecida casi siempre– entonces el escritor no sólo pierde pureza, sino que se corrompe. Escribirá entonces por satisfacer su ego o por ganar dinero. No digo que el escritor no deba recibir remuneración económica por su trabajo. Lo que digo es que el dinero lo corrompe. Y nunca será poeta.

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6. Bien sé que el título de este ensayo tiene mucho de ingenuo, lo cual, en los tiempos que corren, colinda, por un lado con lo imbécil y por otro lado con la locura. Prefiero la segunda colindancia. Y agradeceré nadie me dé su opinión al respecto. Porque de verdad, nos parecerá increíble que a estas alturas de nuestra engañosa civilización haya algo, alguien, que lleve en su esencia una gota de pureza. Imposible, dirá la mayoría, si es que vamos preguntando por la calle: ¿usted cree que exista la pureza? Pureza de qué, nos dirían sorprendidos cuando no burlones. No sé, pureza de pensamiento, de raza, del aire, de la gente. No venga con estupideces, sería la respuesta obvia. Luego entonces, debo estar fuera de toda norma cuando pienso que mi amigo, Ausencio Martínez Lucio, el poeta que pulsa el botón y apaga el día, conserva dentro de sí una pureza excepcional cuando dice Atisba en derredor con los ojos cuajados hasta encontrarme / el otoño / y mi reacción es cubrirme con las manos el aura herida. Cuando escribe Saturado como estopa bajo la lluvia / mi corazón escurre a desniveles en cada paso / sus carcajadas. Cuando canta: Si Dios tuviera olor / tendría que ser el de la tierra mojada / por la lluvia del verano / Si pudiéramos escucharlo / lo encontraríamos en la música del viento / en la risa de los niños / en el latir de corazones / Si Dios tuviera sabor / lo probaríamos en la fruta septembrina / en el maíz o el trigo / y estaría con nosotros en nuestra mesa.

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7. Ignoro si el trabajo literario de Ausencio sobreviviría al escrutinio formal o académico de un crítico de letras. A lo mejor sí, tal vez no. En cualquier caso, ni lo uno ni lo otro, le quitan o añaden una pizca al poeta que él es. Yo, por mi parte, no soy crítico literario ni aspiro a serlo. Tampoco he venido aquí para dejar constancia, en este ensayo, de los libros célebres y sesudas teorías -¡oh tantísimos!, compañeros crédulos míos– que he leído. Y aunque vine para hablar de mi amigo Ausencio, ocuparé dos renglones para hablar de mí: soy, sin más y sin menos, un aprendiz de poeta; y, en vista de que mi filosofía es nunca dejar de aprender, creo que seguiré siéndolo toda mi vida. Soy un eterno aprendiz de poeta que tiene un amigo poeta. Y esto, aunque a primera lectura da la impresión de nada tener de extraordinario, significa para mí algo único, algo así como haber encontrado –el tesoro, la inmortalidad– el sitio donde nace el arco iris. Cómo la veis-bol, diría mi padre.

Bibliografía Martínez Lucio, Ausencio. En el fragor de la tarde. Edición de autor. Cd. Mante, 2009. pp. 30.33

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Tú mueres, yo muero… (Vistazo a una fotografía inexistente donde Juan José Amador y yo sonreímos) Por Arturo Castillo Alva Un domingo, cerca de las nueve, Guillermo Lavín llamó a Tampico. Contestó Olivia; yo estaba a su lado en la cama y acababa de tomar un bocado de la breve cena cuando me pasó el auricular. “Te tengo una mala noticia: murió Juan José Amador”, dijo Memo. Hubo un silencio breve y creo que lo primero que farfullé luego de pasar el bocado fue: “Puta madre”. Era el mes de abril de 1996. Lo conocí una noche de mediados los ochenta en la casa del propio Guillermo en Victoria, ciudad a la que yo había ido en corta visita; no sé en qué momento Amador me atrapó en un sofá y, mientras los demás continuaban charlando, bebiendo unos tragos, él se soltó diciéndome de memoria sus poemas. Al principio me pareció sorprendente y hasta divertido, pero cuando iba por el décimo comencé a hartarme y a tratar, con timidez y todo, de dar muestras de impaciencia que él no parecía advertir. Ahora que reescribo este texto y evoco aquel momento lejano ya veintitantos años, se me viene a la cabeza el rostro de Juan José mientras me declamaba sus poemas en el sofá sin dejar de mirarme a los ojos. Pronunciaba cada verso sin borrar una ligera sonrisa de satisfacción y, al hacerlo, mostraba un trabajo dental de oro en uno de sus incisivos frontales; sus ojos brillaban húmedos, felices, mientras subrayaba los textos

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con un movimiento rítmico de la mano derecha. Parecía disfrutar con todo su cuerpo aquel ritmo, aquellos vocablos. (No recuerdo si lo envidié, porque siempre me he sentido avergonzado al leer mis versos… pero, en fin, eso no viene al caso). Los poemas que aquella noche me dijo seguramente fueron algunos de los que luego integraron sus dos primeros libros: Noción de la noche y Pájaros de bruma en la noria. Entre uno y otro poema, Amador hacía una pausa breve, me interrogaba ansioso con la mirada, yo no sabía qué decirle y él continuaba con ánimo redoblado. Aquí podría mentir, abrir su antología y reproducir algunas líneas de sus poemas, como si ahora mismo estuviera recordándolos. Pero, aquella noche, más que los poemas me sorprendió su audacia para dar un recital no solicitado a alguien, yo, que ni siquiera conocía bien. “¡Es que se sabe sus poemas de memoria!”, dije teatralmente a Guillermo cuando la reunión terminó y todos se hubieron marchado. Si mal no recuerdo, Memo conocía a Juan José Amador desde hacía pocos años; en aquella ciudad Victoria pueblerina que recuerdo, Amador los buscaba tanto a él como a Antonio Huerta que entonces –como yo–, acababa de publicar su primer libro de poemas. Juan José había nacido en esa pequeña ciudad en 1960, contó Memo, era maestro de escuela primaria, asistía a todos los talleres de creación literaria que se abrieran a su paso y mostraba una exuberante pasión por la poesía. Parecía que recién hubiera encontrado en un sitio escondido de la casa de sus padres un arcón con billetes que aún tenían algún valor, que podían cambiarse por algo, algo indefinible pero necesario. Era entonces cuando los sacaba a puñados de sus bolsillos y, como un niño, los mostraba así fuera a mitad de una reunión. Esa noche me acosté pensando que alguien debió tomar una fotografía del sofá de Memo habitado en ese instante por un joven de veintitantos que decía poemas con voz suave e insistente y un hombre que se acercaba a los cuarenta y que, ya entonces, parecía tener atrapado el entusiasmo

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en la trampa del desencanto. Luego volví a Tampico. Si me lo pienso bien, puedo insistir en que Juan José Amador y yo nunca fuimos amigos; aunque en los años siguientes regresé a visitar el hogar de Memo y Queta, y algunas ocasiones volvimos a encontrarnos en reuniones o en aquel café infame –Dadys, se llamaba, creo–, que estaba frente a la plaza de la rectoría y siempre tuvimos un trato cordial. Y no lo fuimos porque siento que fui yo quien no propició la cercanía necesaria. Otro día, por ese tiempo, volvió a acorralarme, no sé si en el mismo sofá, y comenzó a decir de memoria largos trozos de mi poema “Fragmentos rescatados…” con idéntica voz clara, igual orgullo en los ojos, misma felicidad en el rostro, misma mano escribiendo el ritmo en el aire, disfrutando con tanta fruición el texto como si fuera propio. Yo estaba sonrojado, tratando de comprender el significado del espontáneo recital, sin saber qué debía decir, deseando que callara. (Y nadie, otra vez, tomó la foto de ese sofá donde un muchacho soñaba con días de grandeza y un hombre adulto tenía la certeza de que no llegarían). No sé. Yo tuve desde un principio la impresión de que Juan José escribía todo el tiempo, con pluma o sin ella, que aprovechaba sus pasos de transeúnte, los rojos del semáforo, los instantes en que sus alumnos guardaba silencio, un resquicio entre besos, el viaje solitario a las islas después del coito. Y que gozaba lo que escribía tanto como lo que otros habían escrito para su gozo. Pero, aunque lo pregunte ahora, tantos años después, me resulta imposible responder si Amador estaba en el camino de ser alguna vez un gran poeta; si aquel entusiasmo vital que manifestaba siempre frente a la literatura, la poesía, era absolutamente real y, si lo era, si al final resultaría suficiente. De lo que sí estoy seguro aún ahora, es de que fue un hombre bueno, honesto, desafortunadamente desentendido de la política; que se aplicó a la poesía con seriedad, con modestia, sin ánimo de deslumbrar a nadie. Amador –más le decíamos así–, era de estatura regu-


lar, delgado con tendencia a engrosar, usaba un bigotillo de cantante de trío; vestía con seriedad, como un maestro de escuela o como un muchacho de los cincuenta. No abusaba de su ingenio ni de su inteligencia, aunque podía murmurar al oído una frase divertida a propósito de alguien. Así lo recuerdo ya en los noventa cuando, por motivos de trabajo, fui a residir a Victoria por seis años. Para ese momento, creo, Amador ya había recibido un par de premios por su trabajo poético, o estaba a punto de, y me parece que una noche estuve en su casa celebrando uno de ellos –¿”El López Velarde”?– pero no estoy seguro. Lo que sí recuerdo bien es que alguien llevó un grupo de músicos norteños que siempre suenan triste. ¿Llovió durante aquella reunión?, ¿en algún momento nos apiñamos en un corredor interior? Abandonamos a media noche, Juan José nos despidió cariñoso, ya con unos tragos dentro… Todo marchaba: su esposa era guapa y un tanto tímida, había dos hijos pequeños, la gente que llenaba la fiesta lo quería… había buenos augurios ¿quién cree todavía esas mamadas? Ignoro en qué mes, en qué año, sucedió esto. Una mañana que caminaba por la agobiante calle Hidalgo, se detuvo junto a mí un volkswagen blanco, era Amador. Como había tráfico en la estrecha calle, me urgió a que subiera. Para nada, sólo porque, al parecer, tenía deseos de charlar con alguien. Fuimos por sus hijos a la escuela y después me llevó a mi oficina. Hacía calor, el odioso calor victorense. Fue antes de que enfermara y ese día me platicó acerca de su labor de maestro, de cómo daba las clases de español a los niños para interesarlos en la literatura. Todo lo dijo rápido y con mucho entusiasmo. Cuando nos despedimos, con la promesa de tomar unas cervezas otro día, me quedé pensando si su interés desbordado por la educación infantil sería sincero. También pensé qué opinión tendría de mí. Pero esto nunca llegué a saberlo. Después enfermó; cuando llegó a la oficina luego de meses de no verlo, me impresionó. Pero demasiado: se

veía realmente muy mal. Comenzábamos a trabajar en su antología poética –Poemas de las aves y los años–, y a él parecía apurarle su conclusión; en consecuencia se iniciaron una serie de visitas más o menos frecuentes. Al paso de los meses inició una aparente recuperación; él insistía en que nos reuniéramos con Antonio Huerta pero nunca lo concertamos. Un atardecer, en cambio, nos fuimos Amador y yo a una cantina donde él era conocido; estuvimos ahí unas tres horas. Amador bebió poco, con cautela; no hablamos de literatura –si acaso brevemente de su antología que estaba casi lista–, y sí de cosas de su vida que yo no conocía, como de un camión de mudanzas de la familia –así lo entendí–, donde de muy joven anduvo trabajando unos meses, y también de algunos recuerdos lejanos que conservaba de Tampico. Ese día estuvo contento. Todavía fuimos otra noche con Hugo, a un bar que él recomendó por la música y estuvimos cantando –éramos los únicos parroquianos–, hasta la medianoche. Juan José Amador Martínez Medina murió el mes de abril de 1996, a los treintaiséis años. Si es terrible morir, es doblemente terrible morir joven. Joven y con talento. Sobre todo para el que agoniza sabiendo que agoniza; el que es obligado, sin apelación a dejar lo que ama y lo que sueña. Y fue sepultado un lunes mientras soplaba un viento del norte extemporáneo. Los altos pinos del cementerio balanceaban su esbeltez oscura. Miré la ceremonia desde lejos, apoyado en el viejo camión que había transportado las flores. Hasta mi llegaban fragmentos de poemas que alguien declamaba y las notas de un viejo bolero-vals interpretado por un mariachi. Era inútil. Juan José Amador estaba estúpidamente muerto dentro de un ataúd; la poesía que llevaba dentro deshaciéndose en jugos corruptos. La muerte era violenta, imbécil, hija de puta, sí ¿y qué? Muerto sólo quiere decir muerto, y morir es un acto solitario. ¿Por qué alguien te recibe con esperanza, cuando menos con un poco de ternura, cuando te lanzas a la vida, y luego, cuando sales, cuando te lanzas a la muerte, nadie te recibe en la otra orilla? ¿Porque no

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hay otra orilla? Alguien terminaba de decir un poema y otro comenzaba; el mariachi le daba una vuelta más al bolero-vals. Se hacía la noche. ¿Qué sentido tenía? Ahora, catorce años después de su muerte ¿qué sentido tendría que reprodujera aquí fragmentos de sus poemas, que intentara analizarlos o dijera algo interesante que me vistiera más a mí que a Juan José..? Las montañas al fondo se perdían en la profunda grisedad del anochecer. Cuando salíamos del cementerio, Paco Ramos invitó, a Víctor Hugo que se acercaba y a mí, unos tequilas en su casa. Sentados ahí, bebiendo, dijimos algunas frases comunes de las que en estos casos se acostumbran; después nos pusimos a hablar de otras cosas y a tomar queso de un platito para acompañar las bebidas. Salimos cerca de las diez de la noche; yo hubiera querido continuar bebiendo pero no recordé ningún sitio atrayente para hacerlo, así que fui a mi casa, me encerré en el cuarto, encendí la televisión y me puse a pensar en mi propia muerte,

hasta ese día mucho más probable que la de Amador si nos atenemos a la edad. Unas semanas más tarde, en la oficina, hice un chiste sobre la muerte de Juan José Amador que ni a Marina ni a Alejandra hizo gracia. Era un chiste violento y cruel, y no era un chiste contra Amador sino contra la muerte; la de él, la mía, la de todos. Apenado, sin agregar nada más, salí de la oficina, y afuera me di cuenta de que todos esos días, desde el fallecimiento de Juan José, había estado cagándome de miedo.

Bibliografía Amador, Juan José. Poemas de las aves y los años. Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, Col. Nuevo Amanecer. Cd. Victoria, Tamaulipas, 1996. Antología que reúne seis libros –Noción de la noche, Pájaros de bruma en la noria, Claros poemas en el viento, Los poemas de Angélica, Tribales puentes–, y algunos poemas sueltos.

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Los textos del Yo El universo poético de Cristina Rivera Garza Por Erika Said Adentrarse a la obra poética de Cristina Rivera Garza es adentrarse a un mundo creado por ella que envuelve sus vivencias, sus miedos, sus fantasías, los lugares en los que ha estado y las personas que la han acompañado en su duro –pero placentero– pasar por la vida. La mayoría de los análisis poéticos que se hacen de cualquier autor, tienen como punto de partida la biografía del individuo en cuestión, ya que como lo hacen ver los estructuralistas, para reconocer las peculiaridades que permean sus obras, es necesario conocer, primero, el origen del escritor. Sin embargo con Cristina sucede lo contrario, sólo conociendo su universo poético el lector descubrirá rasgos de su persona, hechos de su vida que ninguna biografía cuenta, pues en las solapas de sus libros y en cualquier portal en línea sólo encontraremos lo más elemental: Nace en Matamoros, Tamaulipas. Se graduó de la unam en Sociología y obtuvo el título de doctora en Historia Latinoamericana por la Universidad de Houston. Fue profesora en la Universidad Estatal de San Diego y coordinadora de Humanidades en el ITESM campus Toluca. Actualmente es maestra de Escritura Creativa en la Universidad de California en San Diego; acreedora de diversas becas y ganadora de importantes premios, basta escritora de cuento, novela, ensayo y poesía. Señoras y señores, con ustedes, Cristina Rivera Garza. Cristina es autodidacta, Cristina es viajera, Cristina es ante todo una poeta, pues así como comienza su novela Nadie me verá llorar: “¿cómo se convierte uno en fotógrafo de locos?” (Rivera Garza, 2003, p. 8); muchos han de preguntarse: ¿cómo se convierte una historiadora, una socióloga, en poeta? La respuesta preexiste, pues la poeta estaba antes, desde el origen, nació con ella al nacer en ella el lenguaje. Y es ésa, precisamente, una de sus cosmogonías: “el lenguaje lo es todo”. Una escritora que en un lapso relativamente corto de tiempo se ha elevado al pedestal de –y esto lo dijo Carlos Fuentes–: “una de las voces más importantes de la nueva generación de autores”. Se ha dado el lujo de recibir dos veces el Premio Sor Juana Inés de la Cruz, todos los periódicos hablan de ella, sus libros se venden como pan caliente, sus novelas son traducidas cada vez a más idiomas, los escritores jóvenes quieren ser como ella, los críticos la enaltecen… ¿Pero, por qué?, ¿cuál es la razón? Tal vez su incursión en novedades formales, 35


como una aventurera que se lanza al abismo de nuevas experiencias literarias, pero también su transparencia para expresar verdades oscuras que calan en lo profundo de cualquier lector, sea el masculino, el femenino, el sabio académico o el joven inexperto. Podrían escribirse cuartillas infinitas sobre su obra, pero por cuestiones espaciales y temporales, me veo obligada a hacer un análisis meramente superficial sobre la experiencia que figura leer su poesía, abismalmente distinta a su narrativa, pero con ese toque de originalidad y de sabiduría formal que caracteriza a la autora. El estudio se centrará en el libro editado en 2005 por el Fondo de Cultura Económica Los textos del yo, donde se hallan compilados tres poemas: “La más mía”, “Yo ya no vivo aquí” y “¿Ha estado usted alguna vez en el mar del norte?”, los tres inscritos en la tradición del poema largo y por tanto, textos que se inclinan de igual manera a la intensidad lírica como a la integridad narrativa. El más transparente de ellos, quizá el más destilado, es el primero: “La más mía”, cuya edición original se realizó en 1998 por el Fondo Editorial Tierra Adentro. Se trata de un escrito confesional a su madre cuando ésta yace convaleciente en el hospital. Una retrospectiva de toda una vida, con secuencias líricas unidas en “poema largo” por la presencia de una narración subyacente: su historia y la de su madre, una genealogía que proviene desde sus abuelos y que se extiende a su hermana, a ella misma e incluso a las personas importantes en su vida, como quien fue su esposo y quién será su hijo. “La más mía” abre con una dedicatoria a unos doctores. El poema tiene dos brincos temporales: el pasado y el presente; oscila entre ellos de manera desmesurada, pero con gran maestría, pues transporta mágicamente al lector al momento que la poeta pretende. Al comienzo nos ubica en un presente desalentador, describiendo el ambiente de hospital con un ritmo lírico que recuerda al ir y venir de doctores en los pasillos, en veces al sosiego melancólico de los familiares en la sala de espera. Casi en seguida nos presenta a su madre (poema 2) y nos describe su enfermedad: “la mujer, la más mía, en cuya carótida flota […] el globo cruel de 36


un aneurisma / la malformación congénita que la tiró de bruces […] / con el cerebro lleno de palabras sin sentido de la poesía y los 28 años que decía volver a tener. / En el alrededor veo a mi madre” (2005, p. 19). Hacia el poema 3, que inicia en tiempo presente, brinca al pasado cuando adquiere el tono confesional para con su madre. Recuerda cuando ella misma se fue de casa y de qué manera la lejanía contribuyó a forjar su personalidad: “Me alejé de todos con el tiempo / pero al inicio me fui de ti” (p. 21). Desde este principio se centrará en el tema del placer que le produce la lejanía, a la cual le brindará un carácter humano, un carácter de amante, por medio de una prosopopeya: “Nada te dolerá, murmuraba [la lejanía]. Y nada dolía. / Te digo que las dos éramos dúctiles amantes. La lejanía me regaló una morada sin techos” (p. 21). Con ese tono confesional que prevalecerá a lo largo de “La más mía”, le dice a la enferma que la lejanía la ha sustituido en su papel de madre: “Como una madre [la lejanía] me amamantó de olvido y me creó todas las células con genes nuevos” (p. 22). Pero abandona la lejanía en el momento en que sabe que su madre cae enferma, y volviendo al presente cierra el tercer bloque: “Son las seis de la tarde y voy camino hacia ti” (p. 23). En el poema 4, “Éste es el momento de hablar”, la figura de ella comienza siendo la de una niña, quizá una adolescente insegura, confrontada con la figura de su madre, una mujer brillante, a la que le habla: “Están los días […] al inicio, en que no te quise. / Los días en que crecer en mujer era un dictamen insensato y maligno. / Los días en que tu fuerza de mujer sólo acrecentaba mi debilidad de mujer” (p. 24-25). En este mismo poema aparece otra figura de ella misma en su pasado. Narra cómo al estar lejos tuvo la oportunidad de “crecer en mujer”. Puede entenderse, quizá muy superficialmente, que se entregó a placeres mundanos, pues hace mención de “el daño”, otro tema recurrente que ella asocia con la promiscuidad, la cocaína, la fuga: “Y cuando el daño terminó de confeccionar mi soledad de mujer mía / mi armadura de mujer sólo mía / volví a casa para encontrarme contigo” (p. 26). Al volver lo hace ya con la armadura confeccionada, es decir, luego de haber aprendido la vida y de haberse creado su

propio carácter. Es cuando comienza a entender a su madre y a descubrir que la ama: “Entonces empezaron los otros, muchos días / en que te amé como si nunca te hubiera conocido antes” (p. 26). El desdoblamiento es una constante en todo el poema. Hacia el bloque sexto ocurre que ella se fracciona en el sueño de su madre. Luego se da una retrospectiva, así aparece la tercera figura femenina: la hermana, la otra hija, la equilibrada, la hija buena que tuvo familia y que parece ser la antitesis de Cristina. El bloque 7 es lo que su título: “una corona de aire gris”, amargo y de ritmo abatido. En “El hombre que era el diablo del deseo” (poema 8), de gran contenido confesional y erótico, se revela cómo la hija, influenciada por la educación de la madre, quiso llevar una vida común –casi como la de su hermana–, por eso se casó con un hombre e intentó formar una familia: “Él iba a llevarme a su casa y a construirme un mundo como el tuyo” (p. 35), le dice a su madre. Pero ese hombre dominante, de quien estaba enamorada y con quién compartía una intensa vida sexual, comienza a verse doblegado por el poder de la poeta, quien a estas alturas ya parece ser una mujer tenaz: “Tuvo que medir sus fuerzas con las mías. […] Tuvo que saberse pálido y débil y cuerdo” (p. 35). Así el hombre, a quien no le gustó ser menos que su esposa, se aleja y es cuando nace una nueva mujer; misma que ahora le dice a su madre: “Sin saber, sin notarlo apenas, llegó la mujer que tú nunca soñaste para mí” (p. 35). Así, el amor romántico, la historia masculina predilecta de la mujer, con su protagonista pasiva, dependiente, y vergonzosa, es deconstruida irónicamente por Rivera Garza. Esta imagen de la mujer dominante e independiente, es una constante en toda la poética de la autora. Y hablando de la imagen femenina, hemos visto hasta aquí que la poeta se ha transmutado en tres mujeres: 1) la que apenas está “creciendo en mujer”, 2) la que se entregó a excesos y volvió con la madre, y 3) la que se ha divorciado del hombre y es ahora una mujer fuerte. Estas personalidades se van distanciando progresivamente de los deseos de la madre. Hacia el noveno bloque, es la madre quien se des37


dobla en las personalidades de su pasado: primero tiene los veintiocho años a los que su enfermedad la transporta, luego se halla en el vientre materno, quizá un simbolismo del estado de coma en que se encuentra. Después de dar esta rápida retrospección en el tiempo, Cristina Rivera Garza se detiene en los inicios para narrar el nacimiento de su madre en Matamoros, ciudad que describe como: “Esa esquina del país de donde vienen los narcotraficantes y los contrabandistas” (p.37). Su madre niña, su madre en crecimiento, su madre de veinte años que desposa a su padre, único hombre en su vida: “Y aquí, de entre estas dos piernas que conocieron el placer y el único placer / salí yo como tú en octubre” (p. 38). Luego el nacimiento de la hermana, las mudanzas por el país, la felicidad, la muerte de la hermana y el regreso de la poeta “a la ciudad más mezquina, que he detestado por sobre todas las cosas” (p. 39), frase que en otros poemas utiliza para describir a la Ciudad de México. La retrospectiva se corta al iniciar el poema 10 (“Testigo ocular”) y el 11 (“Dudas primeras”), que van cargados de angustia y hablan de la intervención quirúrgica al cuerpo de su madre, esa antesala de la muerte que igual puede ser la antesala de la vida; hasta que la madre despierta. En esta inconciencia, mientras la madre duerme, la poeta se apresura a la próxima confesión: la del hombre amado, la cual describe con el título del poema 12, una frase de Jacques Lacan: El amor es dar lo que no tienes a alguien que no lo quiere (p. 44). En el 13, llamado “Alumbramiento”, habla de cambiar el cuerpo moribundo de la madre por el cuerpo de la poeta, una vez más el desdoblamiento por medio del cual será la poeta quien dé a luz a su madre. También en el 16, “Medicamento”, se da un juego entre los cuerpos de madre e hija y los elementos de hospital (cataplasma, penicilina, vendaje): “El ungüento de mi cuerpo que es tu propio cuerpo sobre tu piel” (p. 58). Para el 17 el ritmo adquiere un halo de hastío, de desesperación que abre el poema con: “Tengo prisa. Toda esta dulzura es ficticia. He estado tan a punto de quererte estos días” (p. 59), como si la poeta estuviera haciendo conciencia de que la enfermedad es la causa primera de que ella crea amar a su madre. El 19, que se llama “Raya en el agua”, es otro flashback hacia su infancia, cuando junto con su madre miraba en el agua una línea, la cual la poeta asemeja a la raya que divide los dos lados del cerebro –haciendo alusión a la enfermedad de su madre. El 20 continúa con la inquisición del 17, cansada ya, le dice a su madre que no le pida más de lo que puede aguantar: “No me pidas ternura. / Amantísima, la más mía, pídeme cualquier otra cosa […] / 38


Dame chance. / Sigo siendo la misma salvaja que tú creaste” (p. 65). Hacia el bloque 25 su madre por fin está afuera del hospital, pero al parecer en el 26 vuelve, pues cierra con la frase: “y llegamos una vez más al hospital” (p. 81). En el 27, con el que termina este largo y profundo poema, utiliza una bella alegoría para cantar la muerte de su madre: “Sacó un pez del estanque / y dijo que había atrapado el sol […] Estaba atardeciendo / y el sol se ocultó entre las algas” (p. 82). Hasta aquí la integración temática del poema “La más mía”, poema de juventud que es mayormente narrativo y confesional, al igual que el tercero “¿Ha estado usted alguna vez en el mar del norte?”, al cual me brincaré a continuación, reservando el segundo (“Yo ya no vivo aquí”) para el final, ya que entre primero y tercero existen bastantes referencias similares como la presencia femenina, el carácter narrativo, el desdoblamiento y sobre todo una cualidad experimental en la formas poéticas, que si bien durante “La más mía” va germinando, en “¿Ha estado usted alguna vez en el mar del norte?” alcanza su 39


máximo atrevimiento, pues se trata de una construcción poética regresiva, a base de entradas del blogspot de la poeta (http:// cristinariveragarza.blogspot.com). “¿Ha estado usted alguna vez en el mar del norte?” es un poema más extenso en el verso y más complejo, tanto en estructura como en profusión de imágenes, un prodigio de léxico sublime y organización superior al mero arte poético que ciertamente, no es digerible por cualquiera y deja al aire muchas dudas sin respuesta, ya que enumera nombres que el lector común –incluso el especializado– no es capaz de comprender si no se hace una búsqueda complementaria. Todo el poema será una conversación entre Concha Urquiza y otras tres mujeres, con palabras recurrentes como El mar del norte (refiriéndose a las playas de Baja California), La ciudad sin nombre (Tijuana), el bosque que –en mi opinión– es una metáfora del océano, el dolor que la poeta contrapone –o iguala, depende de la perspectiva– al amor, y la iridiscencia (el reflejo de los colores del arco iris) como la puerta entre la vida y la muerte: “La iridiscencia que, sobre el oleaje marino, parece un agujero que conectara a este mundo con otro todavía imposible. Todavía divino” (p. 254). Igualmente recurrentes serán imágenes marinas como el viento, el delfín, las algas, la arena; así como elementos que la autora asocia a las mujeres relatadas en el poema y que están mejor descritos en los dos primeros bloques “Los hoteles vacíos” y “Las mujeres con pasado”: “Se les reconoce porque su ropa parece extraída, / invariablemente, de un clóset de 1940 […] Se ven más jóvenes de lo que son. […] Son platicadoras, ligeras, solares. […] Utilizan con frecuencia […] perfumes pasados de moda. […] A mí me gusta verlas […] cuando encienden el primer cigarrillo […] Esa grisura. / Ese terco callarse” (p. 149). Después de esto es donde inicia la complejidad, pues de principio presenta a los tres personajes, esas tres mujeres que se hallarán juntas a lo largo del poemanarración. Primero Amaranta Caballero, quien será la Mujer Uno y a quien describe como proveniente de otro mundo. En el siguiente bloque aparecerá la Mujer Dos, Abril Castro. Una investigación por la red arrojará estos dos nombres junto al adjetivo “poeta tijua40

nense”, lo que nos lleva a concluir que Cristina Rivera Garza, siendo también poeta y viviendo en Tijuana, podría ser la Mujer Tres y juntas son las amigas que, dice el poema: “Abren una botella de champaña y, al chocar las copas alargadas, piensan en una escena familiar” (p. 157). La cuarta mujer en aparecer será el personaje principal (personaje oscuro, contradictorio, a veces alegre, a veces triste, a veces enfadado): Concha Urquiza, también llamada en el poema con los nombres La Ex-muerta, la sumergida, la emergida, etc. Se trata en el texto, como en la vida real, de una poeta michoacana que murió en los años cuarenta, ahogada en las aguas de Ensenada, Baja California, en el mar del norte. Sólo a partir de aquí, iniciará la aventura virtual que supone leer una serie de entradas de blog que van contando la historia, pues cada bloque inicia con una fecha del 2003 y la palabra “Blogsivela”, igualmente cada bloque termina con la palabra “retrocederá”, sustituyendo el típico “continuará” de los medios visuales como el cine, la televisión o los mismos blogspots. De esta manera, la poeta da a entender que en lugar de leer una historia lineal, se está leyendo una historia contada regresivamente, del final al principio. Hay otros detalles destacables, como el personaje de Maggie Triana a quien presenta en el bloque VIII de título “La invención de Maggie Triana”, describe su persona así: “Cabello rojo, pestañas extra-largas, uñas a medio pintar […] El abrigo negro, de peluche, demencial […] Es que había leído a Butler, Cixous, Wittig, Peri Rossi, Pizarnik, Acker, Stein” (p. 164). Con este listado de escritoras que Maggie leía, sabemos que se trata de una feminista, que gusta de la experimentación literaria y del escándalo. También sabemos, por su apariencia descrita, que es extravagante, pero no sabemos más. Al teclear su nombre el buscador nos arrojará al blogspot de Cristina Rivera Garza que dice “Maggie Triana lo ha hecho otra vez” y remite a su vez a otro blogspot anónimo, abandonado desde el 2005, con el nombre de Penetra Escritofrénica y el cual contiene una serie de propuestas experimentales, subversivas, con un estilo que recuerda al de Cristina. Así, dentro de esta intertextualidad, la única sospecha que


nos queda es que Maggie Triana es la misma Cristina Rivera Garza, la mujer tres, que a fin de cuentas viene siendo una misma: “La mujer prescinde de la Tercera Persona. La Triplicada / Santísima Trinidad. La Agnes-Lucina-Nombre-Oculto-que-Nunca-se-Sabrá. La Amaranta-Caballero-Abril-Castro-Maggie-Triana” (p. 182). El bloque que contiene este verso se llama “El lecho iridiscente”, y es en mi opinión, en el que se revelan todos los secretos de “¿Ha estado usted alguna vez en el mar del norte?”, pues no sólo da a entender que las tres mujeres son una misma, sino que juntas son Concha Urquiza, y juntas son el Yo que le da el título al libro: “La mujer conoce el Yo […] Y el Yo sólo sabe dolor […] el Yo conoce a La Muda. / La Muda soy Yo, dice La Muda paradójicamente. / La Muda paradójicamente también soy Yo / Y entonces construyo El Texto […] y dentro del Texto está La Ciudad (y por ser la ciudad de mi texto la ciudad no tiene nombre) / y alrededor de la Ciudad-Sin-Nombre está el océano […] / el Lecho Iridiscente” (p. 182-183). Por lo demás, todo el texto está inmerso en un ambiente frío, lluvioso, oscuro, que recuerda a la muerte y que sin embargo, no es real sino sólo en la visión de estos personajes femeninos, pues el poema termina –¿o debemos decir inicia?– con el testimonio de un hombre, única presencia masculina, que le habla a su psiquiatra y que asegura haber visto a las tres mujeres en la playa, como una aparición, un día soleado y alegre. Las tres se sentaron en la arena y comenzaron a llorar. Ese llanto remitirá al ambiente nublado en el que las personajes se hallan y se contrapondrá al ambiente cálido de aquél día de verano que están viviendo los seres normales, los seres vivos, los seres en una ciudad que sí tiene nombre. Y así concluyo el análisis de estos dos poemas que muestran cómo para la escritora no hay necesidad de elegir entre lo narrativo o lo lírico; en una reinvención, logra que los elementos líricos aparezcan entretejidos con líneas narrativas. No sucede así con el segundo poema, y del que, por falta de tiempo, daré sólo una breve reseña: “Yo ya no vivo aquí”, es más bien una alegoría que una narración. La autora lo empezó a escribir en 1997

y lo terminó en el 2003 gracias a dos becas (del Fonca y del Sistema Nacional de Creadores). Al respecto de este libro dice Cristina: “Es el más comunal de mis libros. Se lo debo, sin metáfora alguna, a ciertas calles, algunos años, y un puñado de personajes entrañables” (p. 142). Este poema, más que los otros dos, posee una afinidad importante con la postmodernidad y es un recorrido por los lugares en los que ha estado la poeta, como un diario cuya creación representa a su vez un aprendizaje y un autoexamen, un enlistamiento de las vivencias, momentos y personajes que han marcado a la autora. La excusa es el lugar, otra de las cosmogonías de la autora: no hay tal lugar. Frase que se explica con la exhortación primera del poema: “Sólo en la memoria (que es puro lenguaje) sentimos” (p. 88), en ningún otro momento, en ningún otro lugar sentimos y así como todo es lenguaje para la autora, también todo es memoria. Es así como va escribiendo ese inexistente lugar con los subtítulos del poema: en el “I. el lugar”, habla de lo que está y de lo que no está, del tercer mundo. En el “II. maneras de entender el lugar” hace un juego con las ciencias: la gramática del lugar, la geología del lugar, arriba y abajo del lugar, la sintomatología del lugar, la anatomía del lugar, las muchas mentiras del lugar. El tercero, “III. los personajes del lugar” consta de siete poemas que son, cada uno, un personaje distinto: el primero, por ejemplo, llamado “la palabra arisco”, debe tratarse de algún amante cualquiera: “Lo recuerdo hincado sobre mi regazo desanudándose por dentro […] cuando supo que mi nombre era imposible y el suyo fatalidad” (p. 120); luego está “el ángel aleccionador” que se trata del típico macho, al cual Cristina le dice: “Quieres que sea como tus verduleras, tus putas tristes, tus mujeres buenas […] Quieres que ponga la otra mejilla. […] Quieres que te la mame” (p. 125); “Y Wendy creció” habla de la pérdida paulatina de la inocencia, del crecer, al igual que “Divino tesoro” habla de la juventud. Después vendrá el “IV. Los vacíos del lugar”, un poema que remite al vacío no sólo por su contenido tex41


tual, sino por la manera en que utiliza los corchetes. Y termina con el quinto “V. la tercera parada”, una sentencia que cierra: “Y no pediremos perdón y no perdonaremos nada” (p. 141). “Yo ya no vivo aquí” es el texto con más fuerza en el contenido y menos uso de imágenes rebuscadas, pues utiliza referentes populares, palabras altisonantes y trae conexos variados que van desde la música popular como Rockdrigo, a quien llama “el trovador de Tampico”, escritores como Françoise Sagan, pintores como Edvard Munch, personajes históricos como Marco Antonio y hasta infantiles como Wendy de Peter Pan. Sus personajes son antihéroes, son cualquier persona y no son nadie a la vez, por eso es que la poeta brinca del yo, al tú, al nosotros como si nada, siempre con el aspecto caótico de por medio, con un tono tajante y reminiscencias hacia lo doloroso, hacia el daño, hacia lo irremediable; pero siempre con un halo de esperanza que el lector no puede dejar de percibir en la adictiva carrera que admite ser la lectura de su poesía. Es así como Cristina Rivera Garza cuenta la historia de su “yo” femenino, con apertura a la experimentación, atrevimiento en el tratamiento temático y gran destreza en la estructuración formal. Para ella no hay fronteras, ella toma como única opción el cruce, el ir más allá, y así lo manifiesta en una entrevista del periódico Milenio: “En la literatura, como en la vida, se trata de ir tan lejos como se pueda. Hay que saber despedirse” (CRG, entrevista personal, 23 de diciembre de 2008.)

He hallado en este libro sentencias afiladas y versos escandalosos que si bien se ven principiados en cualquier obra narrativa de Rivera Garza, las encontramos con mayor vitalidad en Los Textos del Yo, pues es la poesía, más que la narrativa, el fluir afectivo e irracional de la subconsciencia; supone siempre una condensación, el camino a lo espiritual a través de lo material, crear las imágenes y los símbolos en los que el ser humano se ha de reconocer. Como dije antes, en sus textos no hay respuestas, yo las busqué sólo para encontrarme con más dudas. Cristina Rivera Garza toma como pretexto la poesía simplemente para decir algo, para salir a la luz, hallar su desahogue y luego, como la catarsis misma, purificarse por medio de la actividad creadora, como una madre poeta después de dar a luz un poema.

Bibliografía Carlos Fuentes (2002), “Cristina Rivera Garza”, El Norte, 9 de diciembre. Cristina Rivera Garza (1999), Nadie me verá llorar, 3ª ed. Tusquets, México, 2003. Cristina Rivera Garza (2005), Los textos del yo, 2ª ed. Fondo de Cultura Económica, México, 2006. Margarito Cuellar (2008). “Me interesan los personajes que no representan nada; entrevista con Cristina Rivera Garza”, Milenio, diciembre 23

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Tema, lenguaje y figuras literarias en la obra En memoria del reino Por Martha Martínez En su libro En memoria del reino, Baudelio Camarillo nos revela un secreto: la existencia de un río que no figura en los grandes mapas, pero que vive en su corazón. Hoy, en la clase de geografía, supe que mi río no es importante; no figura en los mapas. Me duele que así sea. Ahora lo amo más. Los dioses se reservan los más grandes secretos y este río es un secreto a muy pocos mortales revelado. Mientras cargaba este libro, pensando en ese amor, ese sufrimiento de saber que el objeto amado no resplandece ante ojos extraños, me encaminé a un círculo de lectura. Durante la sesión pregunté a los alumnos que me acompañaban si alguno había escuchado del Río Guayalejo. Uno de ellos, estudiante de informática, levantó la mano. Dijo que el Guayalejo viene en el libro de historia y geografía de Tamaulipas y que, además, lo conoce porque pasa por su pueblo. Quizá como una señal inesperada, este muchacho es de Xicoténcatl, la misma población del autor. Sabía de Baudelio, pero ignoraba que fuera escritor, que hubiera publicado libros y obtenido reconocimientos por ello. En la sesión leímos algunos poemas, y la expresión sorprendida en el rostro de mi alumno me confirmó que no sospechaba el poeta escondido en ese hombre que creía conocer. Eso es el poeta: un nudo de sentimientos que sólo aflora frente al papel; alguien que puede vivir su vida con independencia de sus escritos, manteniéndolos protegidos de la curiosidad ajena. Esos escritos, caros a los dioses, son como el río de Baudelio, un secreto a muy pocos mortales revelado. 44


El tema debería ser la poesía, la visión que de la poesía tuvo Baudelio Camarillo cuando escribió este libro, pero no es así: el punto de partida es la coincidencia entre los sentimientos del poeta y los míos propios, en lo que se refiere al amor. Ambos hemos compartido amores, a pesar de nunca habernos visto, el amor a un río, el amor a una pareja y al recuerdo de ella. En mi pueblo hay un río, un poco más conocido que el Guayalejo, muy incomprendido también; asesino, para algunos. Me hubiera gustado poder amarlo sin polémica, como algo íntimo, como disfruta y ama su río el poeta Baudelio. La sensibilidad pudiera medirse o clasificarse atendiendo a los sujetos y objetos en los que se detiene, a los detalles y misterios que revela. La sensibilidad también consiste en la consideración que debemos a la comprensión ajena. La sensibilidad poética de Baudelio se expresa de ambas formas: se detiene en un río, una pareja, un recuerdo y nos transmite sus descubrimientos en palabras tan simples y conocidas como las que usamos nosotros, los simples mortales, para comunicarnos, pero dispuestas tan armónicamente que nos parecen nuevas. La lluvia está soñándonos, dijiste: Tu voz llenó mi oído Con un lento relámpago. El lenguaje utilizado en esta obra es el de todos los días. El poeta no buscó sinónimos ni expresiones domingueras para adornar su escrito. La belleza de sus letras reside en la combinación de las mismas palabras cotidianas, las que todos usamos. ¿Cómo lo logra? Si yo tuviera la respuesta, sería poeta. No intentaría descifrar los tropos y las figuras literarias en la obra de otro; al leer sus versos esos tropos e imágenes me envolverían, recombinándose, para dar paso a una nueva y original obra.

Me resulta difícil ejemplificar las figuras en los poemas de Baudelio: a cada verso que leo saltan ante mis ojos y cuando elijo una, ya la otra se exhibe ante mí. Después de mucho releer elegí un poema, porque es representativo de la última parte del libro. Tiene como tema el recuerdo. Las figuras se suceden y empalman en este texto sin dejar otro espacio. Una demostración de fuerza expresiva, una larga alegoría del llanto: Tú eres este dolor, estas aguas mordiendo mi carne más sensible, esta salada pesadumbre en la que bebo. Tú eres este dolor; te reconozco en la forma de humedecer mis huesos, en las mareas que suben por mi espina dorsal, en el eco que avivas bajo mi piel desnuda. Tú eres este dolor, repito. La humedad que reblandece mis músculos, el hilo del que pende el pobre corazón, la dureza del ojo que comienza a gotear una llaga de fuego. Se alza la noche como la única orientación que reconozco. Sobre el mar flotan coágulos de lo que fue mi sangre. Diecisiete versos, trece figuras distintas, un total de treinta y tres figuras presentes en el poema. Surgen en el texto con una naturalidad que las invisibiliza. Cumplen la verdadera función del poema: que no se note el esfuerzo creativo, que la armonía y el cauce natural de las palabras hagan pensar al lector: “esto lo escribe cualquiera”.

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Reminiscencia de poeta: Nohemí Sosa Reyna Por Celeste Alba Iris I. La garra en la garganta ¿en qué esquina de la ciudad estará mi estatua? ¿será anónima? ¿será gloriosa? Espero que diga ella supo amar. Nohemí Sosa* Nohemí escribe. La conocí a finales de los ochenta cuando asistimos al curso para formación de escritores que sogem ofrecía en Ciudad Victoria. Ella había iniciado entonces su recorrido poético con Cambio de Vía, el primer libro de poesía colectivo editado por la Subdirección de Extensión Universitaria de la Autónoma de Tamaulipas, para luego continuar de manera individual desde su propia Estación de Poesía. Años menos, la recuerdo frágil ante los comentarios incisivos de Emmanuel Carballo. La recuerdo herida, abandonando el recinto poemas en mano sin mirar atrás, para volver al día siguiente fortalecida al auditorio. La recuerdo valiente, ajena quizá hasta hoy del comentario discreto del crítico literario luego de su regreso: Creí que no volvería –nos dijo–, pero aquí ha estado. Ese tesón por la palabra llegará a vestirla de Poeta. Llegará. Años más, en Reminiscencia de la Mujer de Lot, ella confiesa: cuando la garra se acerca a la garganta es cuando escucho esa voz con su palabra sabia.

* Todas las estrofas citadas como epígrafe, o dentro del ensayo, son de la poeta Nohemí Sosa.

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II. Ansias de ave Ya no hay despeñadero hay guirnalda hay poema.. Noemí Sosa, pasajera frecuente por el andén de la poesía, arribó a su viaje natal en Estación Santa Engracia durante 1954. Una tierra cítrica que forma parte del municipio de Hidalgo, Tamaulipas; la definen sus paisajes conformados por las huertas de naranja, la montaña y sus ríos. Mudó a Ciudad Victoria para continuar su ruta, y eligió como carrera profesional Ciencias de la Educación. Ha probado desempeñar distintas labores para asegurar el sustento: fue editora independiente de literatura con la revista Reflejos, periodista en prensa, profesora de instituciones particulares, responsable de talleres y cursos en instituciones públicas, investigadora literaria, jefa del departamento de cultura en el ayuntamiento de la ciudad, promotora cultural y hasta de bienes raíces... pero el corazón desde siempre se quedó en la poesía. Su itinerario de letras avanzó con Sala de Luz en 1990, Ritual de

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Muñecas y Poemas en la Región Desconocida en 1996, y Balcón de Nubes en 1997. Nohemí camina las calles bajo el sol, bajo las estrellas, como en búsqueda de nuevos versos; también navega, navega, navega la cibernética red en busca de otros espacios para sus poemas. Los suyos han sido incluidos en la antología anual impresa Poemas entre nosotros de la revista electrónica La Tertulia de Mizar, en Barcelona, España; en la antología Círculo de Poesía No. 7 de aBrace Movimiento Cultural Internacional con sedes en Brasil y Uruguay, y en la antología Poesía Hispanoamericana Contemporánea editada por Lord Byron ediciones en Lima, Perú. Su trabajo se seleccionó para distintas muestras del Centro de Estudios Poéticos de Madrid, España y se incluyó en la publicación de poemas antimperialistas Poemas para un Prisionero en Ottawa, Canadá. También fue elegida por la Asociación Prometeo de Madrid para su muestra poética en la red. La geografía recorrida por la lectura de sus poemas inicia en 1984 con su participación en el Encuentro de Poetas de la Frontera Norte organizado en la Paz, Baja California Sur; por El Programa Cultural de las Fronteras.

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Más adelante asiste como editora al Primer Encuentro de Revistas Culturales Independientes, durante el Festival Internacional de la Raza, llevado a cabo en Ciudad Juárez, Chihuahua, en 1994. Participa durante 1995 y 1996, en Teposcolula y Tlaxiaco, Oaxaca, dentro del Encuentro Mujeres Poetas en el País de las Nubes. Es invitada al Encuentro Internacional de Poesía organizado por el Colegio de Michoacán en el año 2002 y al Encuentro Hispanoamericano de Literatura Horas de Junio, realizado en 2003, con sede en Hermosillo, Sonora. Se presenta durante la primavera de 2005 en el VI Encuentro Internacional aBrace en Montevideo, Uruguay; ya en otoño de 2006, en el Festival Internacional Letras del Mundo realizado en Tamaulipas. Para entonces, su trayecto editorial se había ampliado con la llegada de su obra antológica Poetas Tamaulipecas del Siglo XX y sus poemarios Reminiscencia de la mujer de Lot y Cadencia de Vida. Ella que ha dicho le fascina viajar, compartir de viva voz sus poemas, limita los pasos por la falta de promoción y apoyo económico, mantiene a la fecha más de tres obras inéditas y pisa menos foros de los que la toman en cuenta. luego quiere el águila volar y el viaje se limita a la pantalla de una computadora de un cinematógrafo...


III. Un címbalo en el pecho ... quiero que veas tu rostro en el espejo de agua formado por el cuenco de mis manos... Nohemí Sosa cree en Dios y en las letras. Es otra Eva sin paraíso, habitante de un río caudaloso que no alcanza la ribera. Reminiscencia de la mujer de Lot, es ese espejo líquido acunado en sus manos, título que da nombre al mejor de sus poemarios hasta hoy. La obra pertenece a la Colección Nuevo Siglo del Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes y fue editada en el año 2000. Los 47 poemas que contiene la obra son una señal de esa tarea asumida y constante, ese ejercicio de soledad, de confrontación y encuentro, de nombrar, retener y compartir nuevos territorios, momentos únicos. La estructura circular del poemario inicia en el horizonte escarlata que despierta para concluir recordándonos a todos la tragedia de ser estatua de sal. Un libro que muestra a las mujeres su rebeldía, castigo y soledades. Por esta razón, vale la pena atrevernos a reflejarnos en él. Nohemí Sosa lo ha escrito reuniendo piedra, arena, fuego, cera y sal. La esposa, Iztaccíhuatl; las estatuas de la isla de Pascua, de la libertad o de un boulevard cualquiera; las amazonas y la mujer de Lot se hermanan, protagonizando los versos que nos hacen volver la vista atrás, y nos salvan de quedarnos contemplando eternamente. Porque de vez en cuando también la poesía añade felicidad, enriquece, ilumina. ...donde nuestra voz sea madera de caoba y el corazón un címbalo la sal será del mar sólo del mar.” [Cd. Victoria, Tamaulipas. Primavera 2010]

Bibliografía Sosa Reyna, Nohemí. Estación de Poesía. Universidad Autónoma de Tamaulipas. Cd. Victoria, 1988. Sosa Reyna, Nohemí. Poetas Tamaulipecas del Siglo XX. Cd. Victoria, 2000. Sosa Reyna Nohemí. Reminiscencia de la mujer de Lot. Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes. Cd. Victoria, 2005. Sosa Reyna Nohemí. Cadencia de Vida. Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes. Cd. Victoria, 2006.

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El oído de as(f)alto: escuchar a Rodrigo González Por Hugo César Moreno Hernández La voz repetida al interior, el asunto del significante, el sonido transitando de la letra a la cabeza, desarticulando la mirada, la visión en el fonema, buscando hacer de la voz imagen y con ella colorear el mundo interior: la imagen poética. Si existe imagen poética como andamio exclusivo de la poesía, entonces la repercusión de la metáfora significa un universalismo que destierra las voces incapaces de la metáfora errabunda, sin sustento, sin materia, la piel aduraznada, el paso sigiloso sobre el viento álmico, el neologismo o la sinécdoque. El oído se adereza con la imagen y la poesía adquiere toda su fuerza centáurica deambulando por la verdad mentirosa, haciendo de la mentira la verdad del segundo, de la explosión. De ahí el pre-texto para pensar el oído del asfalto como un asalto poético, un asalto chido, un bajar de la nube apolínea la poesía para destazar las circunstancias de la estructura, el verso, la imagen y la metáfora y usarlas a la urbana manera de un migrante, transgresor de las fronteras. Pretexto es también la línea de traslado, la línea de fuga activada por la poética rupestre de Rodrigo González. Poesía y voz, oído lastimado, a veces por la ingrata o maltratada voz del narrador poético elaborando una suerte de soundtrack para los pasos sobre la urbe, otras por la falta de metáfora, por la crudeza de la imagen: “Y nunca supiste, que hubo un tiempo que perdiste / Para ser más que ama de casa un poco triste”. Otras por la rudeza de la metáfora, como un asalto, un cachazo, una violencia inusitada, acorde con la agresiva visión y forma de la ciudad: “Y como lobo salvaje, que ha perdido su camino / he llenado mis bolsillos con escombros del destino”. En términos de Deleuze y Guattari en Mil mesetas, la metáfora horroriza y erotiza, en un juego de asco y pasión, debido a su potencia para cuestionar el estatuto del urbanita, entre la masificación del anuncio de cerveza y la búsqueda insaciable de una pertenencia a la igualdad geográfica y corporal: “lo importante en el devenir-lobo es la posición de masa, y, en primer lugar, la posición del propio sujeto respecto a la manada, respecto a la multiplicidad-lobo, la manera de formar o no parte de ella, la distancia a la que se mantiene, la ma50


nera de estar o no unido a la multiplicidad” (Deleuze y Guattari; 2008: 35-36), la disolución del sujeto urbano hecho masa informe en los ríos de gente sin rostro del metro Balderas o la posibilidad de constituir la manada de lobos, eliminado artificialmente, metafóricamente, la orfandad subjetiva. Este cruce de potencias poéticas, quizá de estrategias discursivas sin opción política, pero sí con intencionalidad desvergonzada para increpar a los oídos del asf(a)lto con su imagen especular, hace de la voz poética de Rodrigo González la posibilidad de cambiar, tornar o, incluso, reformar la grisaciedad (como un saciar el alma con el gris del concreto) en un matiz, en una escala, en un arcoíris. La contaminación, la estructura del esmog se glorifica en términos de un abandono trágicamente aceptado, volviendo la soledad urbana en una fiesta de colores con el juego de la mentira metafórica y la verdad de la realidad humana citadina. Es decir, entre el gris y el arcoíris un espacio, un mundo donde lo horrible, lo ominoso de la existencia en el asfalto logra el colorido de un arte rupestre, no en términos de conservadurismo reaccionario, no como un retorno a un pasado idílico huasteco, sino en términos de un neo-arcaísmo, para pensar aquí con Michel Maffesoli, trémulo en la condición posmoderna o en lo que de posmoderno pudo adquirir el México ochentero antes del terremoto de 1985. En el nombre propio, Rodrigo, se halla la estirpe y la procedencia sin rostro, el origen vinculado a la impronta paterna, la huella dactilar o la firma, el origen signado con caligrafías malsanas sobre un papel: el nombre del acta de nacimiento y ésta como ancla territorial. Rodrigo, trashumante como todos, quizá más, forzado por los vericuetos económicos o por la fuerza centrípeta de la Ciudad de México, metamorfosea el nombre o metaforiza la estirpe o tacha la línea y la desdibuja, se transforma al conjugarse con la voz poética y la imperiosa necesidad intramundana para describir el caos y la vileza, pero también para reír, con risa dionisiaca, ante la belleza desgarbada de la “vieja ciudad de hierro”: Rockdrigo no es un nombre usurpado, no es innoble apropiación de anglicismos, es la metáfora sin sustento, la metáfora sin poesía que hace de su

poética la fuerza narrativa de una imagen que inunda con visiones centáuricas de la más prodigiosa literatura: aquella libre o liberada de sus estructuras. Entre el acento del canto y la rigidez de la academia, Rockdrigo se transforma. Migra más allá del movimiento, transgrede más allá del idioma, hace música y poesía para el oído del asfalto. Es, acaso, el sincretismo posmoderno de religiosidades selváticas y neumáticas, la representación con forma de nombre de este tiempo de híbridos. La actualidad posmoderna de un país que era un gran rancho electrónico, una provincia colonizando el punto neurálgico de la modernidad mexicana. Encuentros afortunados ilustrados por el infortunio de un indígena perdido en el metro, el terrorismo del asombro, la pérdida, la masa que engulle identidades arraigadas, con vocación milenaria. El nombre propio, puesto o impuesto, da lo mismo, convive con nopales automáticos y la crisis del petróleo, se desgarra entre charros cibernéticos y el consenso de Washington, viste sarapes de neón mientras el mundo comienza a padecer la desnudez promovida por el neoliberalismo. La poética inscrita ahí es posmoderna, ha perdido la creencia, ha perdido la identidad, pues el gran pueblo magnético padece el desgaste de una globalización ya potente. Hay más que intuiciones. Un poco menos que premoniciones. Se trata de lo rupestre, de Marías ciclotrónicas. Pensar lo rupestre es asumir una intervención posmoderna popular, algo así como una vulgarización del pensamiento, una destrucción de los límites, colonización, intervención, violencia contra entendidos estéticos. Lo rupestre como intuición posmoderna o como premonición estética nos lanza a este presente donde la capacidad de bricolaje permite asumir la creación artística como algo al alcance de la potencia creativa, sin trabas políticas o culturales, aunque todavía, y cada vez más profundos, los abismos económicos escamotean esta posibilidad. Sin embargo, lo rupestre es una rendija de este tipo, una acción sobre lo cotidiano en el sentido expuesto por Michel de Certau, vaya, una aplicación de la creatividad subjetiva del ciudadano de a pie sobre lo dado por la industria y el mercado. Lo rupestre, como lo 51


posmoderno trágico, se arraiga en el presente y en la irrupción violenta sobre lo dado. En definición de Fausto Arrellín, lo rupestre descubre gracias a la capacidad centáurica de la tragicomedia citadina: “sus letras narran experiencias vitales relacionadas con la ciudad y los personajes que en ella viven, leen”. Lo rupestre inventa un espacio hibrido. Los rupestres “han tenido que encuevarse en sus propias alcantarillas de concreto y, en muchas ocasiones, quedarse como el chinito ante la cultura: nomás milando”, dice Rockdrigo. Aunque la expectativa es lo que menos se logra, pues entretejen rock, son, blues, huapango para convertirse en tragafuegos supersónicos lanzando flamas poéticas sucias, oscuras, encuevadas en la grisaciedad para eliminar la grisaquietud y arar con su campesino sideral una voz poética que define nuestro gran tiempo de híbridos. La voz poética de Rockdrigo pasa por la hiriente imagen de una rana con sinfónica y la desestructuración fundacional orquestada por la inestabilidad mexicana en la campechana mental apenas revivificado por un gran sabio rupéstrico, aquel con la potencia de voz para incomodar los estatutos inconmovibles de una verdad poética inexistente, pero fascinante por su cualidad de umbral. Los poetas, cuando se enclaustran en cuevas suntuarias terminan por perder la poesía. Los poetas, cuando se escapan a su universo doméstico descubren la poesía debajo de piedras. Descubren poesía, digo, mas no poetas. Descubren hasta frijoles poéticos entre salvajes y científicos y oportunidades debajo de los vestidos de la vil penetración cultural y el agandalle transnacional, en lo oportuno norteño-imperial, la desfachatez empresarial, el despiporre intelectual y la vulgar falta de identidad. Con eso también se teje el texto poético para hacer voz cantante, poesía-música, narrativa-poética. Es decir, centauros. Entre Rodrigo y Rockdrigo hay una distancia donde la tragedia y la alegría hacen las veces de kilómetros separando el cansancio de la migración. El cambio de apelativo lleva consigo una poética inscrita en la transgresión de los límites. En la ilimitación del universo poético encerrado en la abertura de una ciudad opresiva, Rodrigo logra con Rockdrigo abrirse el mundo pequeño y extenderlo al interior de sus límites. Apuesta por la inmanencia de su ser citadino, sin huir de su condición migrante, sin olvidar el son huasteco, sin reprimir sus vicios idiomáticos, abusando de una posición vital para hacer vivir la poesía del asfalto, el asalto de la poesía, el levantar la manos y tirarse al suelo para salvar una imagen poética que se sobrepone al significante y se enseñorea en la semántica urbana, en la jerga empapada de objetos cotidianos. Hablar sobre el arte como inmanencia contra la trascendencia, es entender el juego de poder que se da entre lo rupestre y las formas 52


comerciales de la estética, tanto en términos de la industria musical, como en los entendidos academicistas del quehacer poético. Es el pop contra el pop, un pop de andamiaje mediático y un pop popular, de usos y contrausos, de creatividad y plasticidad de lo otorgado, es negar su pureza trascendental, como tomar a un Dios y fabricarle pies de barro con el fin de hacerlo caminar las calles del centro, de Tepito. La inmanencia de un autor con su voz musical, la poética musicalizada en un ambiente de pobreza aparente, pura inmanencia enfrentada a la trascendencia de los medios de comunicación, las nuevas vías de endiosamiento, los nuevos ídolos, idolitos crepusculares, intrascendentes por sus afanaos de trascendencia. La inmanencia es una vida. Es la vida. El aquí y ahora de una poética que no germina en el futuro, pues hace presente y se convierte en clásico. Rockdrigo es la toma de palabra de Rodrigo con la resonancia de la inmanencia, con la tragedia posmoderna a través de la burla, la negación de la verdad poética y, por tanto, el acceso a la verdad, siempre cuestionable, de la poesía. El profeta del Nopal es una suerte de Zaratustra rupéstrico en cuanto combina música elemental con la complejidad de un idioma padecido. A la manera de Sloterdijk, Rockdrigo tiene una voz que es música hablada: Cuando toma la palabra Zaratustra, lo hace en un tono traducido a música hablada, que en su sonido lleva a cabo un vehemente ajuste de cuentas con todo lo que podría obstaculizar la resonancia de su voz. Es, por así decirlo, nihilismo convertido en música o melodía convertida en inmoralismo, melodía que no permite a ninguna autoridad del mundo autorizar o prohibir su modo de sonar y que no se somete –apoyada sobre el pequeño absoluto de la realidad de su resonancia- a ninguna norma extraña o exterior (Sloterdijk; 2009: 8990). El avance de esta voz que es música hablada llega a la condición profética surcando los vientos de la burla. Rodrigo se burla y, para hacerlo, toma la máscara autocreada de Rockdrigo, el huapanguero onírico con el

rock bajo el brazo, la selva y el claxon, el ocelote con faros, el oriundo de la huasteca chilanguense. La poesía rocanrolera avanza hasta encontrar el desamparo de los endebles techos de Tlatelolco. La urbe fungió como caja de resonancia y estructura para el Oído del as(f)alto: entre el llanto y la risa, entre la violencia y la ominosa belleza. 1985 hace temblar la voz lastimera del poeta, este homenaje al poeta tiembla, se estremece ante la sobredosis de cemento, se burla de él con las referencias, lo alaba con un acceso indecente a una erudición calcada de su poesía. Y se regodea aguzando el oído para imaginar la voz: “No, no hay manera de regresar la cinta / tu amor fue un rock en vivo / dos, tres manchas de tinta / un requinto de jazz, fugaz e improvisado una imagen en el aíre de un pintor / apresurado”. La vieja ciudad de hierro es la página y la estructura de la poesía de Rodrigo González. Sólo aquí la fusión permitió la fuerza centáurica de ese oído tan fino que supo desentrañar los dolores amorosos de la miseria luminosa. Quede aquí, pues, mi mirada para auscultar el oído del asfalto, la música hablante de Rockdrigo.

Bibliografía Arrellín, Fausto. Los rupestres (al principio de los tiempos). Deleuze, Gilles y Guattari, Félix. Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Pre-Textos. Valencia, 2008. Sloterdijk, Peter. El pensador en escena. El materialismo de Nietzsche. Pre-Textos. Valencia, 2009. Textos y letras de Rodrigo González en: http://www.rockdrigo.com.mx http://www.rockdrigo.com.mx/gifs/rupes.pdf

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Gloria Gómez: poeta de la verdad Por Lorena Illoldi Conocí a Gloria Gómez Guzmán en Tampico, ciudad de la que ambas somos oriundas, cuando el libro Para quienes en altamar aún velan (1988), publicado por el ITC, estaba recién salido de la imprenta, y Gloria, algo reacia, entregó su obra a su gran amigo Caín Valdez, artista multidisciplinario, quien en una de sus incursiones escénicas compartió con el mundo el maravilloso almácigo de poemas dulcemente intensos, brutalmente verdaderos, con que la tampiqueña nos asombrara en esos días, asombro compartido por los jueces del IV Concurso Estatal de Poesía “Juan B. Tijerina”, que en 1988 le concedieran el primer lugar por decir: yo canto contra aquellos que se apoderaron de la realidad y el sueño y nos dejaron fuera contra aquellos que erigieron los imperios donde perecemos en esclavitud y olvido los que han borrado todo rastro de amor a nuestras caras * Para quienes en altamar aún velan es una honesta declaración de principios, el contundente manifiesto de una personalidad firme, recia, curtida y atemperada en el crisol de su personalísima vida hasta esos días, una mujer determinada a pasar y permanecer: yo no vine a abandonar mi centro en las blandas manos de la inercia he venido a estar a darme un ser estoy aquí Gloria nos habla en un presente perfecto, declaración absoluta del ser y estar como significado último, como fin y esencia de su estancia en este mundo, del cual se reconoce parte importante, si bien no por ello menos vilipendiada por los embates de la crueldad de un día a día que la mueve a interpelar: Es terrible ser pobre, / termina uno siendo mezquino, y continuar engarzando un rosario de gastadas cuentas, sobadas imágenes que nos desnudan el alma enfrentándonos a un 55


espejo prístino, pulido a fuerza de repasarlo obsesivamente en la decantación de la palabra que precisa: a los pobres de ahora no les han dejado nada / pero si los días de ira han terminado / la puerta del futuro está cerrada para todos. La manufactura de estos poemas refleja la conciencia del poeta como ser superior a su circunstancia, heredero de mejores destinos, semilla de todas las potencias, y su canto deviene en un profundo lamento de dolor y esperanza, grito del que, quizá caído, se jura y repite que habrá de ser libre, de ganar, de ser feliz y poder estar, canto dedicado: para quienes en altamar aún velan porque saben que la tormenta es un viejo hilacho ondulando como un hombre solo en la punta del más alto aullido Así, la poesía de Gloria deviene en la consumación de sus propios prodigios, augurados ya antes en “No eran la epopeya de estos años nuestros días”, libro de 1981, cuando dice que si bien: Poesía no ha salvado a nadie no resuelve insomnios no sirve gritarla en pantallas de tv o hacerla canciones y que traguen de ella dulcemente los muchachos poesía es un reluciente bruto fragmento de náusea un aullido están matando todo la razón desvalida para seguir aquí Escrito unos cuantos años antes, el poemario mencionado incluye un puñado de micro historias, fragmentos perennes de un mundo abigarrado, revuelto crisol que parece ir de los años cincuenta a los setenta, largo discurso de la aguerrida portavoz de un clamor de justicia que de sincero y honesto deviene en verdad social que señala, denuncia y se lamenta: El poema se ha atorado entre el recibo de la renta 56


y el de la luz eléctrica respondiéndose ella misma más delante: qué miseria de sistema el que condena a los poetas a dar clases de literatura para poder pagar la renta El poemario encierra instantáneas muy vivas, que en la sencilla pulcritud de unas cuantas palabras, revelan intensos destellos de una vida comúnmente poética, amaridada de protestas y lamentos, denuncias y odas, y por debajo de todo, como sutil pátina, una débil esperanza que se niega a desdibujarse por completo cuando asegura: nosotros padres melancólicos de ahora que huyen de las multitudes ciegas en la calle nosotros pobres poetas de aquí no entregaremos las armas La poética de Gómez Guzmán expone sin piedad alguna las fisuras, el hollín y la ceniza en la memoria, las hojas de bordes amarillos, manchados con el orín apestoso de la noche, palabras de una mujer

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que nos dice querer un hombre, amar a vida, llorar a su padre, que nos asegura con simpleza que ella misma es el poema. Litoral sin sobresaltos, de 1987, es clara muestra de ello cuando revela íntimo dolor de estar atrapada en la paradoja de mujer que se niega a lavar los platos y sale a la calle para encontrarse, mientras mira a las mujeres de su generación ahítas de mentirse a sí mismas, nulificarse en aras de encajar en el mundo artificial de allá afuera, y a pesar de ello Gloria sostiene: no logramos suicidarnos en nombre del futuro luminoso / ni nos traicionamos por un coche último modelo. Los pocos poemas de este libro –y digo pocos porque de Gloria siempre se desea más poesía– transitan por senderos acedos de historias que ya zarpan, ya encallan, húmedas y manchadas, sucias y olorosas a eso que huele el olvido, lo que duele, y que de nueva cuenta mantienen el discreto brillo de la esperanza que se perfila cuando sostiene: y yo que aquí abrí mi centro para preservar la vida sé el asombro sé que accedería porque estoy viva y soy desdichada y aún espero El Sermón del arenque, poemario de 1992, recoge con mayor fuerza ese anhelo de esperanza, cuando inicia diciendo: Si es de noche y aún bailas porque siempre ha de llegar el amanecer espléndido si estás viva éste es tu poema y el mío Poemas bautizados con líquidos nombres, lavan nuestras posibles penas y las de todos con verdades luminosas aunque duelan, brillantes y hermosas aunque lastimen, dulces y amorosas cuando sanan al decir: yo no canto al mar / pero/ es el golpe de su oleaje / lo que sacude

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/ las extenuadas orillas / de todos mis poemas. Los lectores de Gloria Gómez Guzmán seguimos esperando más de la lúcida poesía de una escritora valiente, que respeta su oficio mediante el estricto control de cuanto escribe, y que comparte cuando se asegura de que resiste el escrutinio de los destinatarios, poeta de verdades que arrebatan, que señala con detalle cuanto de humanos poseemos y nos dice: si he logrado salir entera y húmeda aún he vuelto a tierra firme si nada de eso tiene que ver con la poesía y sí conmigo -aunque no sea cierto aunque haya ocurridosi a nadie en verdad le importa de cualquier manera viva el personaje [Ciudad Victoria, Tamaulipas, marzo 2010]

Bibliografía Guzmán Gómez, Gloria (1998). Antología Personal. (C. A. Arturo, & L. F. Guillermo, Edits.) Colección Nuevo Amanecer, Gobierno del Estado de Tamaulipas. Ciudad Victoria, Tamaulipas, México

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Arturo Castillo Alva… Visiones poéticas y otras afinidades Por Cynthia Rodríguez Leija esta mañana he pensado en los años que me faltan si me faltan por vivir Castillo Alva Años más, años menos… así es como empieza esta red de fibras aceradas que viajan en el timbre de una voz poética que se despierta a los treintas, ese primer episodio de retóricas acumuladas en un tiempo impreciso, donde el autor señala casi imperceptiblemente el ademán de una mano a punto de incendiarse, justo donde el ir es interminable y en el ir permanece: cuántos ojos cerrados cuántas manos cortadas en viejas estaciones provincianas caminos concluidos e inauguraciones piernas cayendo del filo de una cama pasillos de hoteles no muy caros libros acumulados mala memoria Impone una particular mirada en la poética tamaulipeca, sin dejar a un lado el estilo narrativo que se explora como género y recae con musicalidad fragmentada, con palabra personal bastante consciente en un sentido opuesto del surrealismo existencial y de toda vaguedad acumulada como principio de las nuevas visiones de autores contemporáneos. 61


anoche desperté Al escuchar ruidos en la escalera Busqué la pistola bajo la almohada No estaba su mano Tomé la linterna Y dispóngame a salir de la recamara Cuando un estruendo de vidrios rotos Me detuvo El de la escalera gritó ¡quien anda ahí! Me precipité a la ventana y salté a la calle Al poco rato Mientras huía Amaneció Durante el día He pasado por la acera de enfrente Mirando Con disimulo Hacia la casa Obsérveme A estas alturas ¿Sospecharía Usted de mí? En cada página se arma de una historia de creación, donde las atmósferas se lanzan por ventanas y se contempla la experiencia del manejo de paisajes vistos a partir de la acera en que sus ojos descansan. Puedo contar un híbrido, puedo leer un híbrido, puedo deshacer las pimientas de la sal y acabar de un solo mordisco con el paquete de años, pero al apostar por la lectura me desplomo en mi sillón de fuego y me pierdo entre la muchacha de piel trasparente o aquellas en las que callas por alguna interrupción del recuerdo o bloqueo de los años, esas mujeres de Woolworth que se paseaban sin moverse, que pretendían estar aun sin la necesidad de fatigar su presencia en un verso completo. Así me atrapa la poesía de Castillo Alva, así va desenterrando en mí su franqueza, su estilo peculiar, esa parte en que la puntuación se omite de forma determinante, imponiendo su sello de símbolos y recursos que anestesian un verso largo. En su poética se puede apreciar una diversidad de líneas escénicas, más que estéticas, donde no queda palabra vacía o sin encomienda dentro del texto; las impresiones nos llevan a una realidad descrita descansando en metáforas y de esta manera parece inclinarse a una 62


renovación realmente estética. El canto a una poesía diferente y autónoma, arma una correspondencia incluyendo personajes breves e importantes, desarrollando en ellos una participación primordial en la historia que se convierte en versos impares. Se desarrolla en cada fragmento una prosa fija, una excepcional aportación de paisajes cotidianos, donde los recursos expresivos no están gastados en exagerada retórica sino que incluye una musicalidad flexible aportando con esto un cambio definitivo al manejo expresivo del lenguaje. Una mañana hace algunos meses Olvidé afuera una camisa casi nueva Y me la robaron] Cuando me di cuenta aún no anochecía No me sentí despojado Permanecí en la terraza contemplando la ciudad Sin ninguna emoción particular Y más cercano al vacío que cualquier otra cosa Mucho tiempo atrás perdí un tesoro del mar Nunca encontrado] Se me cayó de los labios un viejo mapa Lancé en un sucio canal de la ciudad El producto del aborto de mi segunda amante Dejé fragmentos de mi sombra en muros Que estaban por tirarse] Y residuos de mirada enceguecida en las puntas Del amanecer] La armonía sonora es un buen tema de reflexión en la lectura de Años más años menos el sujeto lírico que trasciende entre el vacío o la soledad, entre la penumbra de un día y el recuerdo de tantos otros… la distribución del verso se manifiesta entre la permanente emoción, la revelación simbólica, como en el caso de un poema dividido en no más de cuatro silabas, un vértigo musical anclado en la idealidad de la palabra. Se reconoce el pulso de su experiencia narrativa auto representada en su sensibilidad de poeta, recorro con él su característica velocidad, sus viajes breves a calles desconocidas y que a la vez pudieran ser cualquiera; en un segundo estoy en ese tren, en esa lluvia solitaria, estoy en el ingenio poético descubriendo lo tridimensional del contenido antologado, me quedo con la relación cercana de cada objeto y celebro las razones atraídas en su estilo franco, ingiero de él las fuerzas ajenas, aquellas que se velan en mi remota conexión y en 63


mi lectura (pidiendo su comprensión al poeta por mi digresión), pero argumento admirar su agudeza en que se funde una verdad revelada y se dispersa el silencio de manera incomparable. Cuando retorne al agua lo que del agua fuera Cuando los años caigan como una lluvia intensa Que en la noche combate tenaz contra los techos En un perdido puerto maldición de las barcas Y revienten las costras del oxido en la herida Donde antaño caricias te incendiaron helechos y azoradas palomas ascendían hacia el alba Cuando un temblor de manos quiebre Sobre la almohada] Las apagadas plumas la memoria de árboles Y de nombre carezcan los meses y los días Cuando caigan segundos como una lluvia intensa Combatiendo tenaz contra todos tus poros Y sea sólo un gemido lo que tu boca pruebe De los viejos agostos que enmielaron tus labios Cuando muerda la vida la cola de la vida Alrededor del cuello que anhelara mi lengua Y entre tus piernas yazgan cadáveres de frío Como nunca mi cuerpo pudo habitar seguro Cuando no haya palabra que florezca en tu oído Y las calles mojadas entrecrucen su fango Y se curven se quiebre arrasando los parques Cuando yo esté ya muerto y en mi boca sin labios Ni siquiera un gusano recuerde que cantaba Y revele la mosca volando mi cráneo La dulzura de sueños que me avergonzaron Y la espuma en los huesos descubra aquella rabia Con que grité tu nombre sin que nada pasara Cuando se filtre el agua hasta el antiguo océano Cuando retorne el agua lo que del agua fuera/

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Un próspero discurso de vientos navega entre gimientes caballos de razón y breve galope donde nuevamente me quedo con la parte sencilla, sin falsos conceptos, me quedo con esa parte imaginaria fundada en Años más años menos y Cuando el temblor de manos quiebre sobre la almohada Las apagadas plumas, la memoria de árboles Ahí estaremos nosotros para leerte en este devenir de un Tamaulipas que sobrevive.

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Pie de barro Por Jorge Melgoza Quienes han comido hongos poseen el semen de luz en sus visiones. En el poema “Delirios frente a las costas de Cuba y África” [1], Juan Jesús Aguilar es la resaca donde la ebriedad del océano desemboca su oleaje salitroso. Su verso respira aroma de naufragios; el ritmo es un percutir de conchas hacia el sin fin, cada acento se muestra como una piedra por donde cruzamos intactos un riachuelo, dejamos nuestros pasos en el agua como señal de que hemos descendido sin darnos cuenta. Pliega sus imágenes en una forma natural de nombrar las cosas y hablar así, el idioma batiente de las olas. El poeta anda en sí mismo bajo el azul primigenio como una isla que escucha su propio eco. Excluye todo gesto amargo al probar las vivencias que brinda el peregrinaje. Se convierte en aprendiz de la naturaleza, sibarita del aire, desorilla su propio ojo para vislumbrar y recrearse en lo más mínimo. No hay parte alguna a donde llegar, el viaje de Juan Jesús es una transmutación de apariciones, porque sólo al viajero la tierra se muestra en semillas, y es en ellas donde el hombre se refleja en su enseñanza. Mis pies me han llevado a peregrinar por todos mis caprichos Jamas he sucumbido Tengo suficiente ignorancia para aprender de ustedes hermanos analfabetas Y no me ha faltado una enseñanza a mis hermanos ilustrados El trazo del poema nos remite a Canto a mí mismo, del viejo Whitman. Aunque una hoja de hierba no es menos que el camino recorrido por las estrellas [2] las alucinaciones se maman. Debemos a la locura ser maestros y aprendices, tener hambre de conocimiento y de palabra. Hay que beberse el mar entero para palpar el envés de la escritura misma, donde éste poeta penetra en la víscera de su voz glorificando las bebidas paradisíacas del lenguaje. Si las sirenas del Golfo de México tuvieran la oportunidad de probar La marihuana los santos hongos de María Sabina el opio y el ácido lisérgico el peyote glorificado por mis hermanos coras y huicholes y hasta el whisky sería su canto de belleza terrible? Sobre estos antídotos para bajar a conversar entre los hombres como los nombra el autor, es una pena que dentro de la literatura tamaulipeca se haya escrito muy 66


poco o casi nada. Con esto no quiero dar a entender que sea necesario para la escritura poética el uso de ciertas “flores” nacidas de la tierra, pero ¿por qué será que los grandes personajes –por mencionar algunos como Baudelaire, Rimbaud, María Sabina, Nietszche– hayan sido parte aguas dentro del Arte? Aguilar León es un dibujante por naturaleza, de niño hacía historietas con guión y diálogos chingones. Poeta natural porque aprendió la guitarra de ver, de oído, y cantó bolero durante algún tiempo en primaria y secundaria. Formó parte del primer grupo de rock en Tampico, Los Dreamers. En la UNAM cantaba folklore tocando cuatro venezolano, jarana huasteca y guitarra sexta. Obtuvo Mención especial otorgada por Octavio Paz, Carlos Mondragón y David Kumate en el Primer Concurso de Haikú en Español. Es Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta 2000, convocado por el Ayuntamiento de Tampico, siendo jurado Raúl Renan, Thelma Nava y Marlene Villatoro. Premio Estatal de Poesía Juan B. Tijerina 1999, el jurado estuvo integrado por

Baudelio Camarillo, Armando Oviedo y Rolando Rosas. Premio Estatal de Poesía 1984, bajo el jurado de Roberto Vallarino, Guillermo Samperio y Carlos González Salas. Es musicólogo e investigador, autor del tratado de guapangología Los Trovadores Huastecos en Tamaulipas. Productor de Radio en la UNAM durante 1967 y en la UAT. Escritor de obra plural tras el oficio de poeta desde que tiene memoria. La monografía Altamira, un bastión en el Sur de Tamaulipas fue traducida al alemán. Es Editor. La Sociedad de Turcos en la Ciudad de México le está traduciendo el poemario La gata sobre el tejado caliente. Anfitrión del Festival Internacional Letras del Mundo en Tamaulipas. Lector en el Festival Internacional de Salvatierra. Gracias, Juan Jesús, por regalarnos un éxodo a otros paisajes hacia la propia creación donde nace el cuerpo de Dios bajo la tierra en forma de hongo [3], que con su sombra hemos de conjurar nuestras visiones.

Notas [1] 20 poetas del siglo xx. itca [2] Canto a mí mismo. Walt Whitman. [3] “xolotl”, suplemento cultural, periódico El Mundo.

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Alejandro Rosales: pintor de letras Por Arodi Segura I La Gran Manzana, fruta podrida Alejandría: square garden: Técnica: sin tanto pedo         

...eres la fruta prohibida... Tucanes de Tijuana, “Amor platónico”

“Y el verbo se hizo carne”. El cuerpo de la poesía del pintor es fruto del color, corriente al movimiento con las formas del lenguaje pictórico que engendra al texto. La creación poética a imagen y semejanza de las variaciones de la luz filtrea con la poesía callejera las historias de leyendas populares que persiguen el soplo de vida del poema. Rosa de los vientos: pasea los barrios de Brooklyn en Mamaleón: araña del rascacielos celeste las tendencias de la moda versace que desfila en cueros pasarela, de piratería y fayuca de la esquina, bolsos despellejo de cocodrilo falso, sebosas las escamas sintéticas; venenos que pugnan la penetración de un paraíso cubista de cezanne: el que pinta de memoria paisajes desnudos de las playas que se vierten en cenizas salitrosas en la ciudad de las urracas –Ciudad Victoria. Los paseos nocturnos del artista: andadura atizada en las entrañas de hollín de los infiernos. El pintor para de uñas la bestia indomable al espacio de las letras. Camina el Forum cuppedinis o al “Mercado Arguelles” la vendimia de fruta pasada de masuda. Rosales, migrante anticuario de los tiempos que dibuja de la musa el pubis mariposa. 69


II El cuadro de la ciudad La hoja en blanco del lienzo a punto del plano sobre la mesa. Rosales apresura el salpicón de la mancha entre fluorescentes y magentas atardeceres del Bernal de horcasitas. “El Arte todo lo-cura”, se advierte al transeúnte en las paredes tapizadas de alegoría escénica, los músicos danzantes estampados al exterior de la galería reciben al visitante fortuito. Aventurero de los tonos, el pintor poeta delinea los contornos de la cartografía citadina en la Crónica Urbana, contando la “poética del espacio” a cada golpe de letra. Las palabras se disuelven en el lienzo, al solvente invisible de vapores abiertos a la revelación de la imagen en la tela. En el taller del maestro, la persecución intermitente de signos grabados por un pintor cosmopolita, evoca en los paisajes y figuras de sus cuadros historias de personajes esfumados por la melancolía bucólica, que el óleo acapara en el mito de la antigua Roma. Imperio de sí mismo, Alejandro Rosales entinta los reflejos de la urbe de su memoria: los personajes de su ciudad contienen el recuerdo cincelado de su infancia, las leyendas populares colores que fluyen de sus manos la escritura. La mesa de dibujo, suelta del grafito los cantos de victoria, su ciudad natal, revolcada en la arena de guerra del que a estocada del pincel nombra el poder mágico de las cosas con las licencias de la fantasía. El libreto aparece abierto al poeta que figura letras, transformando el escenario urbano en reproducción reminiscente a El jardín de las delicias, con la cita de voces deslenguadas por la simetría. La mímesis de la naturaleza traspasa a la crónica de imagen la síntesis del día: la de los desposeídos por la miseria y la negación de la existencia de un edén masacrado por el hambre, los calzones cagados de los indigentes que arrastran el desconsuelo untado en marrones mohosos de mierda, expuestos en las nalgas de carboncillo renegridas raspando las banquetas, desechos que recorren la ciudad devastados por la locura. Los gritos 70


oprimidos por el letargo de una sociedad idílica que Rosales materializa en el color de una poesía que pinta roja, seducida por los vacilantes cuerpos nocturnos a la caza de las sombras por las calles de la Hidalgo, el boulevard o la plaza donde anidan las putas. Criaturas en celo eterno acompañan el vuelo de seres míticos al centro, donde se deshocican los pegasos en el asfalto de la ciudad invadida de unicornios que se movilizan entre el erotismo de la bruma añeja con el dictado del tacón de las taloneras. Así, la poesía cromática de Rosales inunda de colores las arterias de la ciudad, drenadas en las alcantarillas alcanzan los escondites de las ratas ahogadas hasta el vómito de la demencia de las clases marginadas. Esta poesía que se toca, nos va alimentando los sueños de pertenecer a las formas y preservar en la conciencia los anhelos de una cuidad conmovida por el descenso de las horas. La escritura de un Rosales con espinas, que corona gladiadores a sus locos cuerdos y sabios, en las texturas del verbo que ametralla la memoria de un viajero del viento. Podemos reconocer a un creador “mago” que aparece de los pinceles poesía, edificada en la construcción de los sentidos el registro de discursos visuales en romance con la lengua. Las letras se vuelven tangibles en el lienzo, en la estridencia de matices manipulados por el contexto urbano. Dibujar las palabras no es indiferente en su obra a las combinaciones de su paleta, pues va recopilando de las calles los dichos populares, las anécdotas de los olvidados por las cumbres de “la gran historia”, que en

su poética visual contempla a ser leída desde una filosofía de la vida, enmarcada por la comprensión de una ciudad que purga el culto de lo urbano, de la moda. Ese paisaje de lo urbano subraya el pensamiento de un poeta visual que discute la imprimatura de letras en la anatomía de una sociedad que apunta comparable a las de Tenochtitlán, por herencia de una raza cósmica compartida en los pasos del tiempo. La descripción de un primer plano de la ciudad sustrae las vivencias familiares del poeta. Los entramados de la esencia del lenguaje se funden en los aromas del recuerdo. Rosales rescata los alientos de una comunidad sublevada por la metamorfosis. Acercarse a su obra poética, sin fragmentar los silencios, invita a la lectura de una erótica del movimiento y de la ilusión óptica. A Rosales hay que leerlo entre líneas y confrontar nuestro propio tiempo prendido en la atmósfera.

Bibliografía Rosales, Lugo, Alejandro. Personajes de mi ciudad: locos, cuerdos y sabios. itca/pacmyc. Ciudad Victoria, Tamps., 2009. Rosales, Lugo, Alejandro. Mamaleón. Colibrí. 1a ed. México D.F., 1978. Rosales Lugo, Alejandro, De Adán a Cezanne pasando por Newton (poema ligeramente acelerado). Ciudad Victoria, Tamps., 2005. Rosales Lugo, Alejandro. “Crónica Urbana” (publicaciones varias) en: periódico Expreso: Directo a la noticia.

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Carmen Alardín, una voz que trasciende Por Lizette Álvarez La voz de Alardín, es una poética enérgica, a veces hasta irreverente. Una voz que se desprende del suelo para elevar el más personal y femenino ideal. Una voz que emerge de la psique y trasciende la frontera del ser. Un ideal basado en los principios de Arquímedes, sin votos académicos ni juramentos falsos. La poética de Alardín, afila las puntas de los lápices, es la cita del toro al ruedo, un círculo ambiguo del aliento, la perfecta escena para atraer buitres. En sus versos asesina el mal amor, expone la ternura o describe un mural en blanco. Para ella la poesía no tiene pasado, porque su verso se escuchará siempre joven. Ve poetas en todo aquel que crea y construye algo, aunque no sean poemas lo que hace. Sus temas van desde Dios hasta un caracol; la vida y sus cotidianeidades: El amor, el deseo, la frustración y la alegría escritos por medio siglo. Carmen Alardín, la madre, la esposa, la poeta que hizo de las palabras, sus aliadas. Dicho en sus propia expresión, la razón para ser poeta en estos tiempos, es una razón biológica sí, traer una memoria genética que tienes que liberar. Abuelas y bisabuelas o abuelos y bisabuelos de los que se cayeron muchas cosas. Y traes un almacén de voces que liberar. Y es difícil ser poeta. La poesía te come. Se pone como un monstruo porque no has dicho esto o aquello. Y no sabes por qué andas estresado, por qué no has dicho lo que tienes que decir. Alardín dice, y ha dicho desde niña, en verso. Dice con la experiencia y conocimiento de causa Lo que la mar arroja no son únicamente iniquidades, que cada hombre alguna vez, encontró en los escombros de su ruinosa fantasía. Decir es una manera espontanea de liberarse: en mi aposento tengo un prisionero, que no soy yo, que no eres tú, que no es aquel que nos rompió los huesos. La poesía es su gran secreto descubierto: y si supieras la mitad de lo que yo a mi alma le he contado… eres sólo el reflejo, del reflejo, de otro espejo que está dentro de ti. No es difícil deleitarse en hacer lo posible y lo imposible tal vez, en su fallido intento por detener elefantes, porque Alardín es así, puede escribir hasta de figuritas de piedra como amuleto de la suerte. Su libre decir es un espejo de agudas claves. Un premio regional lleva merecidamente su nombre, aunque su poesía es casi inédita. Pareciera un juego de azar encontrarse con sus libros. Yo diría que sus alcances son aún mayores, a pesar de la dificultad de difundir el trabajo. Pero ésta es la realidad mexicana y significa otra historia. Éste 72


es el legado de Alardín, el alfil de las letras, la mujer y la clarividencia. El fuego en el verso. La locura traviesa. Una centella de letras a su diestra y su siniestra. La tamaulipeca hecha y derecha. Un soliloquio que no termina. Un poema, una idea, un testimonio de la experiencia llevada a la letra, hasta incluso, trasgredirla. Alardín experimenta, se atreve, unifica un lenguaje y conforma ese estilo intempestivo, pero real. Su poesía es un nuevo mundo explorable, así la leí yo la primera vez. Con el tiempo sus versos se me fueron haciendo conciencia, porque más que escribir, predica. Me identifico en sus renglones y sus arrebatos porque somos mexicanas, huastecas. Mi atuendo tiene algo de sus elefantes enfilados. Creo que mis pasos y los de muchos otros buscan seguirla, pero aunque no la alcancemos nunca, ni a ella, ni a sus mascotas, siempre habrá en sus versos, la manera de decir azul, sin tener el cielo.

Bibliografía Alardín, Carmen. Después del sueño. Unicornio, 1960. Alardín, Carmen. El canto frágil. uanl, 1951. Alardín, Carmen. Entreacto. Katún, 1982. Alardín, Carmen. La libertad inútil y algunas noches. unam, El Ala del Tigre, 1992. Alardín, Carmen. No pude detener los elefantes. Católica Española, Ángaro, España, 1971; FCE, 2003. Alardín, Carmen. Todo se deja así. unam, Cuadernos del Viento, 1964. Carmen Alardín, Material de Lectura, Poesía Moderna, unam 1991. Colección de poemas. uanl-Instituto de Artes, 1977. La Jornada. “Con homenajes o sin ellos, diré lo que me resta en el tintero”. Entrevista por César Güemez. 22 de enero de 1999. El Siglo de Durango. Sección Arte, Angélica Martínez. 2 de noviembre de 2009. El Eclipse que ciega. Blog. 3 de septiembre de 2008. Escritoras hispanomexicanas. La esencia de la vida en un caracol. Alma Ramírez. redesedar.ilce.edu.mx

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Historia y geografía de Tamaulipas en los versos de Martha Chávez Padrón. Por Félix Cardoso Caminante no hay camino, se hace camino al andar Antonio Machado Reconozco que necesitaba llegar a edad madura y conocer lugares distantes. Era imprescindible recorrer integra la entidad. Necesitamos empolvarnos el rostro para conocer los caminos, iluminarnos la piel con paisajes donde las aves cantan al despertar el sol; escuchar al campesino que labra la tierra, no el que se hace rico transportando la cosecha. Esas experiencias, son las que forjaron el carácter, de quien en su momento fue la primer mujer Tamaulipeca con doctorado en Derecho, en la historia universitaria en nuestro país, Martha Chávez Padrón, dueña de gran sensibilidad y pasión por su trabajo, que la ha posicionado en lugares como la Subsecretaría de la Reforma Agraria y como diputada Federal, en diferentes momentos. Sabe que poniendo en sus labios una oración y en su diario andar todo su amor, nos dice en el soneto que abre el libro: Al final del vivir, comprendo tanto, que todo se me aclara y simplifica y el dolor que en la vida mortifica por el amor se apaga, como encanto. Fue quedándose atrás la angustia, el llanto, el diario preocuparse que complica, la duda que la mente crucifica, la soledad, las sombras y el espanto. Hoy ya sé que el amor es la medida que tiene cada quien; reflejo tierno que el seco terrón le engendra vida. Depurada por fin todo discierno 75


como un vaso de barro donde anida la infinitud radiante del eterno. De esta manera entendemos la sensibilidad, el carácter recio y vigoroso de los Tamaulipecos, y es que esta frontera parece levantar la mano para decir: “Tamaulipas refleja en su historia, la historia de la patria misma”. Y deja claro que al ser despojados de gran parte de su territorio, 120 familias se negaron a ser extranjeros y cruzaron la línea para decir: Trajimos a nuestros muertos, el menaje, el idioma, costumbres, nuestro credo, y crecimos de nuevo ante el paisaje. [“Nuevo Laredo”] De esta forma llegaron a fundar Nuevo Laredo, enraizando el patriotismo que hoy caracteriza y pone en alto a una de las patrias chicas con mejor desempeño académico, en nuestro país. La autora nos ubica en lugares como: Con un cantar del alma que no para recuerdo que tu nombre era Revilla, cuando surgiste de la mojada orilla del Bravo que tus árboles ampara. [“Guerrero”] De la nada surgen soñadores que forjan historias y con honor representan al caudillo del sur, don Vicente Guerrero Saldaña. Reynosa, “La reina de la frontera”, ciudad que acogió a cientos de trabajadores de una industria con crecimiento explosivo, pemex. Es ciudad laboriosa descubierta que acoge a los paisanos amorosa; es guarda celosa de una puerta. [“Reynosa”] 76


La hacienda El Sauto, cuya casa grande aún se conserva, y funge como casa de Cultura, nos cuenta que después de la primera guerra mundial algunos conciudadanos de los Estados Unidos de América, fueron destinados a radicar en lo que ahora es Río Bravo. Llegaron de madrugada y se pusieron a trabajar, pues realmente no tenían ninguna posesión. Volvieron a la patria los paisanos para asentarse cerca de Reynosa; y en la estación Colombres silenciosa pusieron a labrar todas sus manos. [“Rio Bravo”] Dentro de la Suite Tamaulipeca, nuestra autora se vio obligada, en casos excepcionales, a dejar más en claro la historia, sacrificando en algunos casos la musicalidad de los sonetos. No es el caso de Valle Hermoso Fuiste san Juan, el del Estero hermoso; y luego Villa del Refugio parte; e hiciste del riego todo un arte en el Bajo del Bravo borrascoso. Ranchería de san Juan, hoy Matamoros, fue declarada como Invicta y Heroica, después del 30 de Octubre de 1851, cuando al mando del General Francisco Avalos, se defendieron los ciudadanos del sitio que desde el 20 del mismo mes les había puesto el general José María Carvajal. Amo la arena fina de tu playa perdiendo su blancor en lo distante, la espuma que te canta murmurante y en suaves olas su fragor desmaya. [“Matamoros”] El potrero de las nueces, hoy San Carlos, tejió su historia de manera importante, al funcionar como capital de la Nueva Santander, y tener la dicha de producir uno de los mejores mezcales del país.

Casi al pie de la sierra murmurante donde el piñón su esencia nos emana -como en San Nicolás y BustamanteTu trazo señorial es anunciante de un mundo sempiterno que se afana en construir la patria soberana. [“San Carlos”] Real de San Nicolás, lugar donde se fundieron colosales campanas, y donde la explotación de minerales floreció, hoy se pueden encontrar casas de fina construcción de piedra en completo abandono. Por dos caminos a tu lar se llega; uno abrupto que corta serranía, donde el peñasco y el pinar se enfría y el olor del piñón se nos agrega. Jiménez: en este municipio, aún se conservan restos de lo que fue, una casa fuerte, llamada en un principio Villa de Santander, de gran relevancia histórica, porque funcionó como capital del Nuevo Santander. Cuando el grito de Dolores fue acordado don Juan Nepomuceno quiso ser nuestro jefe insurgente y extender su apellido Ximenez al poblado. [“Jiménez”] Padilla, fundado en un paraje llamado Cañada, famoso porque Agustín de Iturbide –que desembarcó cerca de Soto la Marina– fue juzgado por el congreso local y fusilado allí el 19 de julio de 1824. ¡Cuán grande eres tú en la memoria de la nación entera que se ufana, pues por ti conservamos nuestra gloria. La profesión de fe republicana, y continuamos siendo ante la historia una patria feliz y soberana! 77


Enmarcados en bellos escenarios naturales sufrieron consecuencias graves, como la inundación de la Villa de Croix, hoy municipio de Casas. En paraje de fresnos muy hermosos al paso de las Piedras y de esteros se fundó una villa de pioneros de la marina Concepción piadosos. [“Casas”] Tamaulipas fue el último reducto indígena que los españoles conquistaron, por lo que, hacia el año de 1750, don José Escandon fundo Soto la Marina, donde se conserva lo que fue la primer imprenta de Tamaulipas. Fuiste parte de Mina y Fray Servando y de su imprenta importante paso; luego pasaste al insurgente bando. [“Soto la Marina”] En Ciudad Victoria, antes Villa de Santa Maria del Refugio de Aguayo –en recuerdo de Don Guadalupe Victoria– se promulgó la primera constitución local. Aguayo fue tu nombre en la memoria hasta que un mexicano presidió por vez primera nuestra patria; dio con sus lauros su nombre de Victoria. Uno de los cantos a los indígenas de la región lo lleva Jaumave, aún cuando la palabra original es Janambres, como se designaba a las tribus más belicosas de la región. Se dice, también, que los primeros habitantes utilizaban el cuero de los animales y al paso del tiempo, por falta de prendas comunes de vestir, la gente se fue adoptando a estas formas. con aquel coterráneo, al que aludo, que cabalga el huapango de mil alas vestido eternamente de cuerudo. [“Jaumave”] 78

Palmillas, lugar en donde se fundó la primera iglesia, en el año de 1756. Te precede la antigua y diminuta primer iglesia que en lar se ha dado; y por doquier te dan significado huisaches y pitahayas con su fruta. [“Palmillas”] Maquihuana, derivada de un pueblo indígena, tiene cumbres elevadas con abundante piedra caliza, sin ríos, pero con bellos paisajes. El sotol bien guisado nos ofreces; la plaza empedrada por donde ando tu sabor de provincia admirando y el perfume serrano que guareces. Tula, una de las poblaciones más antiguas y de gran importancia en las luchas de independencia y Revolución, además de ser lugar donde aún se conserva la artesanía de elaborar cueras tamaulipecas. Tus hijos son guardianes de gran celo -con fe republicano y patriotade aquesta libertad que acá nos brota con tan grande fervor y tanto anhelo. [“Tula”] Ciudad Madero, antiguamente llamado Paso de Doña Cecilia, pues la dueña llevaba ese nombre, a decir de la marquesa Calderón de la Barca, cuando conoció a la señora Cecilia, tenía 78 años y enterró a su cuarto marido. Cecilia se llamó en su nacimiento y era villa de placida apariencia desde Árbol Grande parte su tenencia hasta el golfo bellísimo y violento. [“Ciudad Madero”]


Existen muchas versiones en relación al significado de Tampico, lo que si está confirmado es que existieron varias poblaciones indígenas y de ahí nació el nombre. Rodaste en la región, con otros nombres; Tampiquétl parece originario y luego el Pueblo Viejo y solitario te distinguió entre muchos sobre nombres. [“Tampico”] Y de Tamaulipas, hay material inmenso para seguir escribiendo, observando, disfrutando de sus valles, su huasteca, su inmensa frontera con Estados unidos, y sin embargo, no olvidemos: Hay que respirar el polvo del camino, para conocer a sus pobladores y a sus esplendidos paisajes que seguirán inspirando a los escritores.

Bibliografía Chávez Padrón, Martha. Suite Tamaulipeca. Gobierno del Estado de Tamaulipas, Instituto Tamaulipeco de la Cultura y Programa Cultural de las fronteras. Tercera edición. 1989. González Salas, Carlos. Historia de la Literatura en Tamaulipas III Poesía y Teatro. Universidad Autónoma de Tamaulipas. 1985.

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La Poesía de Altaír Tejeda de Tamez Por Sandra Ruth Sosa Luna Para leer a Altaír Tejeda de Tamez, podrían escogerse sus obras de teatro o sus cuentos, pero este breve ensayo tiene la intención de acercarse a su poesía. Desde su poemario XXX Minutos, editado en Saltillo, Coahuila (1952), el de Acroama (Universidad Autónoma de Nuevo León, 1961), Saltillo 400 (Gobierno de Coahuila, 1977), o Azares de Amor y Muerte (Universidad Autónoma de Tamaulipas, 1979), hasta Palabras Sencillas, antología de poemas (1980). Conocer sus inicios como escritora y poeta parecía algo fácil, debido a que empezó a publicar sus poemarios hace varias décadas, así que empecé a localizar su obra. Primero acudí a la Biblioteca Municipal de Tampico “Jesús Quintana”, ubicada en el primer piso del Ayuntamiento, pues me parece una de las más completas del municipio; después de revisar y revisar anaqueles, encontré un par de compendios de poetas tamaulipecos… donde no estaba incluida. Después acudí a la Biblioteca Municipal de Ciudad Madero, y mi búsqueda fructifico en el compendio de Poetas Tamaulipecas del siglo XX, que me brindó una selección de sus poemas, pero mi deseo era conseguir un poemario completo para apreciar su estructura: si era una colección de poemas diversos o giraban en torno a un solo tema; si como un poema largo, eran una sola historia. Reanudando mi búsqueda, proseguí a visitar la Biblioteca Central de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, confiando en que al haber publicado 2 de sus poemarios, podría encontrar un ejemplar. Me atendió un joven que, solícito, buscó en el catalogo digital de la biblioteca, por autor y por titulo de los libros, sin hallar nada. Entonces visité las bibliotecas de las unidades académicas, nuevamente sin éxito; en una de ellas, los libros de temas literarios estaban fuera de catalogo y no podían consultarse. En la biblioteca de otra universidad, la amable bibliotecaria me miró con extrañeza, creo que nadie le había preguntado por libros de poesía de algún escritor del estado, y tampoco pudo ayudarme. Debido a esto, decidí emplear métodos modernos y consultar por Internet buscando datos biográficos y su obra publicada. La busque en google y en bing, y en las páginas de la red de bibliotecas universitarias. Quizá les agrade saber que en la Universidad de Nuevo León hay varios ejemplares de Acroama, en el catálogo, pero debido a que no están digitalizados me fue imposible acceder a su poema80


rio. En la página de publicaciones en venta de la Universidad Autónoma de Tamaulipas hay una reedición de 2002 de su poemario Azares de Amor y Muerte, en su catalogo, pero no menciona mayores datos sobre como adquirirlo. Ah, y en la Biblioteca Municipal de Reynosa también hay ejemplares de este poemario, sin digitalizar, como habrán imaginado. Para este momento, comprendí que debía emprender una caza de tesoros en los lugares más inesperados, así que fui a tres librerías, donde de nuevo vi frustrado mi objetivo. Sí, sabía que hallar libros de un poeta del estado sería casi imposible en estos lugares, pero se me agotaba el tiempo y, después de todo, aún creo en milagros. Lo siguiente fue acudir a los llamados “Jardines del Arte” en Tampico y Ciudad Madero, donde además de enseñar diversas manualidades, hay quienes venden libros usados de diversos temas. Ahí encontré el compendio de Escritores de Monterrey, tomo 2, con poemas de su autoría. Necesitaba enfocarme a un sector de lectores en especial, por lo que recurrí a hablar con amigos, escritores y amantes de la poesía, pero ninguno pudo facilitarme alguno de los poemas de Altaír Tejeda. Volví a revisar con más detenimiento los libros y revistas de literatura que guardo en mi biblioteca, entre enciclopedias, diccionarios, libros de comunicación, ciencias y lecturas diversas. Ahí descubrí, en el número 70 de la Revista de la Universidad de Tamaulipas, la segunda parte de un artículo suyo, donde incluía poemas de Saltillo 400, que a la altura de mi pesquisa, fue un hallazgo valioso. Esta aventura llena de peripecias también me llevó a la Biblioteca “Isaura Calderón” de la Casa de la Cultura de Tampico, donde mi esfuerzo fue igualmente defraudado; para este momento me entristecía profundamente la marcada ausencia o escasa presencia de los escritores del estado en las bibliotecas de mi muni-

cipio. ¿Dónde podría conseguir alguien interesado en conocer la poesía de Tamaulipas, o de mi municipio, de cada uno de nuestros municipios, un libro, una plaquen, un poema? No se extraña lo que no se conoce, dicen. ¿Cómo llegar a estos lectores para que nos conozcan, para que nos extrañen y nos conminen a que sigamos hablándoles? Altaír Tejeda de Tamez es una escritora tamaulipeca prolífica, que va de los poemas a la narrativa y la dramaturgia, que desde los cincuenta ha publicado su trabajo, y ha sido reconocida a nivel estatal y nacional. Para no apartarme más del tema, debo ahondar en la selección de sus poemas que el azar y la perseverancia trajeron a mis manos. Para Nohemí Sosa, Altaír Tejeda da a sus poemas un cierto tono descriptivo como parte de su estilo, un manejo inteligente del lenguaje, donde la ciudad, la provincia y los afectos profundos alimentan su obra. Para Margarito Cuellar, es una presencia ausente que a intervalos vivió en Monterrey y sus poemas se apoyan en la asonancia para dar fe del amor y del color con imágenes sencillas. Para mí, sus poemas dan forma a ideas bien elaboradas, con limpieza en su manejo del idioma, de palabras sencillas y a la vez precisas. En los versos de Saltillo 400 nos envuelve el asombro y el descubrimiento de una ciudad y su historia que para ella la hace más noble y cautivante: Como entre sueños ven a los españoles ir y venir por tus calles recolectas y contemplo también el ajetreo de los trabajadores tlaxcaltecas. […] 81


Ésta es tu sangre, la que el grito de ¡guerra! supo romper el yugo del tirano y modelarnos una patria nueva. El haber tenido que mudar su domicilio en varias ocasiones, la llevó de Ciudad Victoria a Saltillo y a Monterrey, y esto se manifiesta en su temática, donde son constantes el mar y los viajes, los cambios intempestivos: Viajo en barca ligera, es de mañana, quieta la mar y limpio el firmamento. Llena de ensueño el alma y sin insana pasión, y libre el pensamiento. [“Viajo en una barca ligera”] ¡He nacido de mí! Nada ni nadie puede convencerme de la inutilidad de mi existencia; y sobre el río intranquilo de la vida bogando va mi ensueño transparente [“Aleluya”] Hay poemas en que rememora su infancia, rica en recuerdos vividos de su tierra, de la naturaleza, estampas de su niñez descritas nítidamente: Es necesario recordar. . . cuando la lluvia danza sobre el huerto las hojas de los mangos y aguacates son espadas en duelo. [“Saudade”] No ha vuelto a suceder. Ya no sucede nada. Desde que en la plaza talaron los fresnos, no hay serenata. [“Saudade”] Tiraron la iglesia, la que tenía un reloj que cantaba las horas y ahora las horas las dicta el silencio [“Saudade”] 82


Su mirada analítica desborda en otros de sus poemas: Yo digo que el don de la palabra nos fue dado premeditadamente; que constituye el más alto recurso del espíritu. [“Testimonio”] En lo particular, después de conocer la obra poética de Altaír Tejeda de Tamez, publicada hace ya varios años, puedo apreciar esta faceta de su obra y conocer ¿de qué hablan sus poemas? y luego ve como van surgiendo cual fantasmas ignotos, nuevos seres que sin ser advertidos, coexistían envueltos en penumbra junto a los rostros por la luz bañados; y aparecen de pronto, casi impúdicamente mostrando su dolor y su alegría [“El cuadro”, Acroama]

Bibliografía Sosa Reyna, Nohemí (compiladora). Poetas tamaulipecas del siglo XX. Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes. Ediciones Especiales. 2000. Revista de la Universidad Autónoma de Tamaulipas. Órgano de Divulgación General a cargo de Subdirección de Extensión Universitaria. Articulo “Costumbrismo en el medio urbano” por Altaír Tejeda de Tamez. Quinta Época No. 70. Marzo–Abril de 2000. Monterrey, alforja de poetas. Tomo 2. Selección e introducción de Margarito Cuellar. Secretaría de Desarrollo Social, Subsecretaria de Cultura del Gobierno de Nuevo León. 1992. Wikipedia, la enciclopedia libre. http://es. Wikipedia.org

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La obra poética de Graciela González Blackaller Por Nora Iliana Esparza Algún día encontrarán este diario y será antiguo, algún día verán mis fotos y se reirán de la moda actual. El vanguardismo será clasicismo y otros jóvenes rebeldes se reirán de él. Alejandra Pizarnick El tema medular de este ensayo es el trabajo poético de Adela Graciela González Blackaller, en su perspectiva y postura frente a la vida, desde su trinchera de mujer tradicionalista, pero inconforme con el papel de sumisión que le tocó vivir. Hija de padres conservadores, de profundas raíces nacionalistas, Graciela maneja una escritura sin casillas, pasando de lo tradicional al futurismo y al surrealismo. Todo puede ocurrir como en los sueños: Mi reloj, máquina embrujada ha seguido a mi sombra y acabó con mi día. Por venganza arrojé lejos el yugo del tiempo; quedó tirado en una cama de espacios articulados. Decapitado voy sobre sí mismo mirando las cosas conocidas. Ahora sé que los minutos eran mi alimento… es tarde, el tiempo fastidió mis ojos, mis brazos, mi conciencia… y yo me liberé de él. Mi silla no cierne las horas reflexivas. El escritorio no devora mis segundos engomados por la fantasía. Nada importa ya, desde esa barrera de niebla, permanezco suspendido en el espacio y el reloj, huérfano de mí, es sólo un artefacto más en la pared. (Contra Reloj. Págs. 1 y 2) Expresa Héctor Carreto en el prólogo del libro Contra reloj: Ella escribía poesía, teatro y cuento. Un buen día se acercó a nuestro grupo en una de las sesiones mensuales del taller que yo coordinaba en Ciudad Victoria, y en la cual discutíamos sobre nuestros propios textos y bajábamos los nombres de los grandes poetas. La maestra Graciela se sumó a la discusión. Esto ocasionó un interesante choque entre los puntos de vista de ella y los de nosotros, acerca del quehacer poético. Defendía los valores tradicionales de la poesía romántica mexicana, nosotros los nuevos caminos que explora la expresión moderna. Este enfrentamiento de ideas produjo una especie de crisis en su 85


postura como escritora: por un lado, le llamaba la atención la poesía que buscábamos; por otro, no se atrevía a renunciar a la retórica practicada durante años. (Op. Cit. Prólogo) Su padre, el maestro Martín González Vázquez, sirvió a la Revolución como pagador del ejército y un grado de Mayor, y su madre Adela Blackaller Ballesteros, fue enfermera voluntaria del mismo. ¿Cómo nos explicamos la postura de esta poeta, nacida en 1922? Sus valores, mamados del seno materno, son indiscutibles: “Una familia mexicana, feliz, tranquila, ordenada, llena de amor y obediencia a unos padres comprensivos, trabajadores, responsables que se amaban y nos enseñaron a amar nuestra patria”. (Cómo pasaron los años, Pág. 44) Desde pequeña nació en ella el gusto por la literatura. ¿De qué manera influyó aquella poesía de Ortiz Rubio, “Al lago de Patzcuaro”, declamada por la pequeña Graciela a la edad de seis años en presencia del General Lázaro Cárdenas, entonces gobernador de Michoacán? Durante su peregrinar en distintos escenarios mexicanos –Coahuila, Michoacán, Querétaro, el Distrito Federal, Saltillo, Mexicali y el estado de Tamaulipas–, Graciela vivió intensos episodios de nuestra historia, por ejemplo, la etapa de los cristeros, que su madre pasó con angustia, porque tal movimiento hizo blanco de sus persecuciones tanto a empleados del gobierno como a maestros; su padre jugaba ambos papeles: además de ser profesor ocupó los puestos de Inspector de escuelas, Director de Educación (en el que fue un gran apoyo para el gobierno de Lázaro Cárdenas) y diputado constituyente, Federal, Local, senador suplente, entre otros cargos. En 1941 Graciela ingresó al Ateneo Fuente de Saltillo, a petición de su padre –que deseaba verla estudiando la carrera de Derecho. Cuando él fue comisionado a Mexicali en 1943, como Director de Educación, ella lo siguió e ingresó a Farmacobiología, con el anhelo de poner una farmacia. En 1944 don Martín le consiguió una plaza de maestra rural, yéndose a prestar sus ser86

vicios a la comunidad “Colonia Guadalupe”, que albergaba varias familias rusas asiladas por el gobierno de Porfirio Díaz. Graciela Poeta Matizada por un profundo sentido nacionalista –acaso por ese amor que su padre le inculcó– la poesía de Graciela se revela como una voz de contienda. Lo observamos en su primer libro Lapizlázuli, en poemas como “A Nuevo Laredo”, y en Contra Reloj, en títulos como “México, te amo”. Aquí un fragmento de “A Nuevo Laredo”: Cambiar su patria, sus héroes, sus costumbres, por una patria nueva, ¡Dejar de ser mexicano, olvidar para siempre sus canciones, tener hijos que no hablan castellano! ¡Qué ironía! Y en un grito de franca rebeldía que por las fronteras aún retumba, estos hombres valientes, orgullosos, recogieron sus muertos, amorosos, para darles en México una tumba. Su preocupación por la propia identidad y su condición de mujer, se refleja en el poema “Mujeres, alerta”, del libro Contra Reloj, donde entrelaza las ideas con ironía: […] mujeres ¡Alerta! no es conveniente dejar a jurídicas razones todas las puertas abiertas. […] Sería justo tal vez, si Naturaleza aceptara que de seis hijos que envía, del hombre nacieran tres La poesía de Graciela se desarrolla, invariablemente,


desde sus anhelos, contradicciones y fantasmas personales. A veces, el desaliento inherente al poeta, el deseo de desaparecer de la faz de la Tierra. Es una poesía de compromiso con la sociedad, con el país, con su papel de docente, hija, madre, abuela… mujer. Dice el maestro Carreto:

aparece en periódicos y revistas del Distrito Federal, Coahuila, Querétaro, Nuevo León y Tamaulipas. Mujer emprendedora, entusiasta, de vitalidad asombrosa, digna de permanecer en la memoria de nuestro Pueblo. Es madre, abuela y bisabuela amorosa y feliz, de catorce descendientes

Quiero aclarar que no tengo nada en contra de la poesía de corte tradicional, medida y rimada, siempre y cuando tenga un verdadero valor poético, como lo hay en los poemas de Graciela González Blackaller, algunos matices de ironía ¿Por qué? Porque un texto literario salpicado de ironía será siempre más rico y más complejo. Una lectura cuidadosa de las tragedias de Shakespeare, o bien del Quijote, lo comprobará. (Contra Reloj. Prólogo Op. Cit.) ¿Faltarían los detractores de esta poeta? Basta dar una hojeada a Isondí-Isondú para convencernos de la delicadeza de sus palabras: “Luciérnaga, la que da luz dentro de la noche oscura, en sabio silencio y la soledad interior”. Entre silencios y esperanzas de una obra, a veces matizada por el desamor, advertimos el compromiso social. Poemas como “Oye Neruda” o “A Ernesto Guevara” revelan un espíritu fuertemente arraigado en los sucesos de su tiempo. Quizá la lucha de Graciela entre continuar con su enfoque tradicional o cambiarlo, sigue vigente hasta nuestros días. Aunque no se aleja de su estilo, admite con regocijo las propuestas estéticas de los escritores jóvenes, como es el caso de quienes hemos asistido a sus talleres. Graciela González Blackaller ha publicado los libros de Poesía: Lapislázuli (1968), Isondí Isondú (1978), Samperio no existe y otros cuentos (1989), Contra Reloj (1989), Cuatro Viajes (1994), Bajo la Superficie (2001), Yo sé que tú comprendes (2002) y ¡Cómo pasaron los años! (2004); en el rubro de la educación: Guía Práctica de Español (2007), que tuvo distribución nacional. Actualmente es socia activa del Seminario de Cultura Mexicana, Corresponsalía en Cd. Victoria. Su trabajo

Bibliografía González Blackaller, Graciela. Contra Reloj. Cd. Victoria, Tam., 1989. González Blackaller, Graciela. Cómo pasaron los años. Cd. Victoria, Tam., 2004. González de Náñez A. Graciela. Isondí-Isondú. Cd. Victoria, Tam., 1978. González de Nañez, Adela Graciela. Lapizlázuli. 1968. González Blackaller, Graciela. Yo sé que tú comprendes. Cd. Victoria, Tam., 2002

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Isaura Calderón o La Harmonía de los instantes De lo clásico a la ruptura

Por Marisol Vera Desde las tierras de allende el mar vienen las delicias a buscarme. Poema del Cid [1] y la lluvia ruidosamente desató sus hilos y bajó a lavar el dolor de la tierra. Andrés Henestrosa, Los hombres que dispersó la danza Preámbulo He venido buscando a la mujer. El espíritu volcánico, fruta deleitosa de fuego y esperanza, como un sol que vuela y canta en albedrío. Isaura. Hasta su nombre es hermoso y musical. Son estas páginas una tentativa de vuelo para acercarme –ha de ser mayor la travesía– a la autora de los “Cantares de amor en vilo”. Dejo aquí el primer relato, con el deseo de aportar algo a la tarea, siempre inconclusa, de reseñar a nuestros poetas. I. Tula Al amparo de la Sierra Madre Oriental, donde el viento y la niebla hacen su nido, rodeada por sediciosos cactos, hunde sus raíces en el tiempo la ciudad de Tula. Si uno va hacia el norte hallará los municipios de Bustamante, Palmillas y Jaumave; al sur y oeste el estado de San Luis Potosí; al este, Jaumave y Ocampo. En este lugar nació, “por accidente”, Carmelita, la segunda esposa de don Porfirio Díaz, quien le regaló al pueblo un reloj inglés: aún puede verse en lo alto del campanario de la vetusta parroquia. Se juntan en la calle monótonos tañidos de campana, música norteña, ríspidos corridos y rezos de mujeres. El aire corre parejo con las memorias de los hombres, ahítos de años, que aguardan el ocaso agazapados en su propio vientre. Tula es un mapa de espacios a punto de romperse, paredes y miradas al borde de un silencio largo. El viento se agarra de las piedras, levanta su cabeza de titán y escudriña el horizonte. Se alzan sin arrebato ligeras nubes de polvo. “Venganza y venganza del polvo –¿no es así, señor Reyes?–, lo más viejo del mundo”. 88


Mil novecientos catorce. Parece ser ahora. Ha transcurrido casi un siglo. Aquí y allá me dicen: “No sabemos cuál fue su casa”. Todo lo que sé es que en esta ciudad Isaura vio la luz por primera vez. Se mudó a Tampico siendo todavía pequeña. No llegaba ni a los diez años. Amaba solazarse bajo los árboles y oír la sinfonía del aire. La veo de pie, sobre sus dos piernas alígeras, la pupila sorprendida ante la luna, bañada por un aguacero de estrellas. Corre, acaso, entre los matorrales, alrededor de un mezquite, cerca de un zapote. Risas, trovas y sueños. Presagios inflamados en el pecho. La niña. La pianista. La cantora. La poeta. Isaura. II. La Gesta Letra a letra, esta mujer ha de forjar su canto en el amor –a la tierra, a la vida, a Dios, a la poesía. Aun su tristeza y su nostalgia son vitales. Sabe muy bien que “los poetas viven pobres, pero sumamente ricos en espiritualidad”. [2]

Una tarde, deja el piano y toma el papel. Ha descubierto la música de las palabras y ya jamás desistirá de oírla, invocarla, tejerla. La artista tulteca tiene ese don de las almas intemporales de reinventar la tradición. Su pasión por la literatura está ligada a su apetito por la presencia divina. Lo expresa con elegancia y fineza en una epístola dirigida al Padre González Salas –cronista de Tampico– en 1959. Ésta sería publicada en 2001, en la revista Relieves, del Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes. Señala Juan Jesús Aguilar, en un breve preámbulo a la edición de la carta, que ésta le fue obsequiada por el padre Salas en la década de los ochenta y que entonces le solicitó permiso para publicarla. “Ha llegado ese día, creo haber encontrado –sin buscar o haber perdido– el espacio adecuado para compartir ese gusto y amor por la literatura y nuestros clásicos del siglo XX”. La epístola discurre acerca de Los hombres que dispersó la danza. No es raro que nuestra poeta se enamorase del pulso literario de Henestrosa, siendo sus imágenes de una colorida plasticidad, inocentes y salvajes, 89


como si en esas páginas se hallase el venero mismo de los mitos. Al acercarme al texto que Isaura no duda en llamar “Nuevo Testamento Zapoteca”, no puedo más que compartir su asombro. Al margen de la interpretación religiosa que uno quiera darle, su sentido estético gana –diría Cortázar– por knock out. Me parece oír a merced de la oscuridad, como seguramente Isaura oyó –como debieron hacerlo tantas veces los hombres del Istmo de Tehuantepec– al “ave nocturna, cuyo nombre es el significado de su grito […] ¿Paráh-guyéuh?” [3] Conmovida por este encuentro, la poeta dice: No sé qué voces atávicas cantan en mi dormida conciencia mejicana, levantando ecos que yacían soterrados con tanta lectura saturada de extranjerismos, de modernismo de mala ley y de hojarasca vana. Por el garbo de su lenguaje, la limpieza de su prosa y la reserva de que su autora hace gala al describirse a sí misma –una pobre parvulilla de las letras–, esta epístola me deja un estremecimiento como el de aquella Respuesta que sor Juana dirigiera al obispo de Puebla, donde con énfasis exagerado dice: “Y yo […] que soy una ignorante”. Los contextos de las dos cartas son muy distintos: una, del siglo XVII, es una defensa del derecho a la libertad intelectual, y la otra, casi al final del milenio, una expresión completamente abierta que no pide licencia para ser. Un punto de similitud entre ambas mujeres –si bien es un hecho común en los artistas, hay quienes lo denotan con mayor fuerza– es el intenso amor al conocimiento. El extasío ante el cosmos y la imposibilidad para aprehender todas las sensaciones e ideas que le suscita, se revela cuando Isaura dice: “Y en la fantasía que ha olvidado sus vuelos, se ensayan, torpes, las alas, algunas imágenes y espejismos que no acierto a expresar como querría”. Una década más tarde, en “Ahí queda mi huella” 90

(Parábolas del viento, 1970), ensayará la posibilidad de contemplarlo todo, cuando su alma de más allá del sueño / regresa alucinada y trae / cristalizado el vuelo / en cósmicas señales […] La alusión al viaje espiritual, por supuesto, la hallamos en sor Juana. En su poema más personal relata que su alma había llegado a lo alto de la pirámide mental y la mirada tendió por todo lo creado, cuyo inmenso agregado, / cúmulo incomprehensible, / aunque a la vista quiso manifiesto / dar señas de posible, / a la comprehensión no. Un referente más antiguo es Dante. Cuando el poeta asiste a “la profunda y clara subsistencia de la alta luz” intenta comprender la divina geometría, que contiene todo cuanto hay esparcido por el universo ligado con vínculos de amor, pero, dice: “no alcanzaban a tanto mis propias alas”. [4] Isaura, en cambio, nos revela: “Ante mis alas / ya todas las barreras caen.” ¿Puede referirnos lo que ha visto? En “Cantarcillos del amor en vilo” (Amor… su paraíso y su nostalgia, 1975) manifiesta la sed de las palabras: ¿Qué cuerda falta a mi lira? / ¿Por qué me rompe en silencio / la música que a torrentes / me bulle dentro del pecho? / Lo que me aflora a los labios / no es ni siquiera el eco. Este anhelo por aprehender la belleza del Universo, de abrir las puertas que conducen al Altísimo Venero –eje y sustento de sus letras–, en los poemas que rozan la finitud de su vida ha de ser más intenso, a ratos sombrío porque, gime la poeta: ni el alma tengo ya, de añadidura. Avenida con la espiritualidad henestrosiana, dice en su epístola al Presbítero: aparte de poesía, música y Fe –una Fe primitiva, fuerte, y al mismo tiempo candorosa–, hay en este libro tan bello algo familiar y no obstante, remoto que conmueve y avoca oscuras cosas que yacen en las raíces profundas del ser creyente, del niño que fuimos y del descendiente que somos de algún indio triste, que en la remota noche de los Tiempos, adoró al sol y a la lluvia y tembló de pavor ante todo lo que


desconocía. Pero superponiéndose a todo eso, queda el encantamiento que su lectura suscita y deja una inquietud latente que pide más. Hago mía la reflexión de Chumacero al reseñar al escritor zapoteca: también en la voz de Isaura “triunfa la huella de lo humano”. III. Harmonías Aun lejos del piano, Isaura nunca deja de hacer música. Es su pluma cartógrafa de un rico mundo interior, pleno de ríos, valles y montañas –los del paisaje tamaulipeco y los de su propia alma. Su obra poética sale a la luz pública en el periódico El mundo, de Tampico, y en Abside y Cuadernos de Bellas Artes, de la Ciudad de México. Los versos de su primer poemario (Tal como tiembla el agua, 1963) se ofrecen a la página con la frescura de la inocencia reencontrada: Rozome con sus alas el misterio y me tocó en el alma que desplazó sus círculos concéntricos tal como tiembla el agua… Sus letras fluyen como un manantial. Se anuncia la huella del Cielo sobre las aguas. Es la ribera del lago su misma piel –o la mía: Se anuda en mi garganta lo inefable y sólo sé temblar: ¿Qué pudo hacer antaño el Tiberiades, qué más que sosegar?... En este mismo año, José María Fernández Nieto comenta la obra de Isaura Calderón “cuyos versos respiran una formación clásica, pero participando de la evolución expresiva de la mejor poesía moderna”. [5]

Dos años después se publica Ha de venir un alba. En el índice bibliográfico del Diario Los Principios de Córdoba (Argentina, 1965), Efraín Bischoff refiere: “Versos impecables, clásicos en la forma, pero bien modernos en el buen sentido de la metáfora original y profunda”. [6] Es el trazo poético que nos ocupa, profundamente simbólico. Y qué imagen más evocadora que una rosa. La celebró Bécquer en aquella leyenda de Toledo: la hermosa doncella de cuyo cadáver brota la flor. 91


De ella habló Villaurrutia, la negra rosa de carbón diamante. ¿No lo dijo bien Huidobro? Hacedla florecer en el poema. Isaura retoma la efigie: Vestida de sí misma y de su aliento –un pétalo sobre otro, esplendorosa–, de sólo su esplendor brota la rosa, un símbolo su eterno advenimiento; Y en la línea de la tradición de López Velarde, –como diría Peñalosa– calando hasta la entraña viva de su provincia, surgen, bizarros, los “Cantares de amor en vilo”: Tamaulipas, tierra mía que tus términos dilatas desde áridas fronteras donde el Bravo moja espaldas hasta el mar que canta y besa ebrio de amores tus plantas. IV. Y la ruptura “Patria de lejos, mapa, mapa de nunca. Porque el ayer es nunca y el mañana mañana”. Este atisbo de Cortázar, recientemente salvado del olvido, bien retrata el siglo que le sucedería. Los jóvenes de este tiempo ya nacimos desterrados. El lenguaje, propiamente, se rompe. Es otro. ¿Mas, no es la ruptura de una época, tradición de la siguiente? Ya en los sesenta del siglo pasado, Pizarnik aborda el tema en su artículo “Una tradición de la ruptura”. Contrario a la idea de nuestros profesores de primaria, que describen a López Velarde como escritor “pintoresco”, Alejandra ve en él a un poeta con aguda conciencia de nuestra falta de ser y de que “la realidad verdadera no se nos manifiesta casi nunca, excepto en los instantes privilegiados”. Menciona como un acierto del jerezano el “remontarse a la raíz de las palabras desprestigiadas por el excesivo uso con el fin de rescatar su antigua pureza”, esto contribuye a que muchos de sus poemas “continúen siendo presencias vivas de 92

gran hermosura”. Me parece que estos razonamientos pueden aplicarse a la obra de Isaura Calderón: en la segunda mitad del siglo xx busca rescatar la pureza de la forma, tantas veces zaherida por aquellos que creen que todo lo que rima es clásico. También ella es consciente de nuestra falta de ser –bien podríamos ser reyes soñando en una celda o prisioneros que sueñan un lecho de seda. En 1990, cuando sale a la luz Soledad en llamas, tiene 76 años. Acaso el batir de alas de sus poemas deja entrever, en lienzos de sombra, aquel desplome de ángeles caídos, el vértigo frente a la corriente inaprensible de la eternidad, porque su espíritu: Por el túnel del tronco se aventura, más, a ciegas, no sabe qué será lo que lleva ¿el fulgor de la rosa, o simplemente hierba? ¿Seguiremos los lectores de esta época arañando espejos? A menudo se empolvan nuestras voces en incógnitos libreros, cuando no se dispersan en el abismo de los días. En esta sociedad materialista, orbe de violencias y desencantos, la poesía de Isaura Calderón revitaliza el viaje espiritual. Epílogo Qué puedo decir yo. Me he acercado a la mujer a través de sus letras. De su mano he visto dormir a la Sierra y cantar al Atlántico. Y arder galaxias de nostalgia. Si lo inmutable permanece, su alma, fruta fértil, boga para siempre en el río del tiempo: ha despertado del sueño de la vida. [Tula de Tamaulipas, marzo de 2010]


Notas (1) Versión en prosa de Alfonso Reyes, según el texto antiguo preparado por Ramón Menéndez Pidal. (2) Frase tomada de una nota de prensa de 1976, facilitada por la Secretaría de Turismo de Tula de Tamaulipas. Se ha extraviado el nombre de la publicación. (3) Paráh-guyéuh, “Dónde fuiste”, en lengua zapoteca. (4) Se ha tomado como base la versión castellana, prosificada, de La Divina Comedia, publicada por la editorial Porrúa en 1974. (5) Citado originalmente en la revista de poesía y crítica editada en Palencia de Castilla, España (número 39, página 25, 1963). (6) Citado por Juan Fidel Zorrilla, director del Instituto de Investigaciones Históricas de la UAT, en el prólogo al libro Antología menor, 1978. Bibliografía Alighieri, Dante. La Divina Comedia / La vida nueva. Introducción y comentario de Francisco Montes de Oca. Porrúa, Sepan Cuántos. México, D.F., 1974. Calderón Isaura. Soledad en llamas. Gobierno de Tamaulipas, Instituto Tamaulipeco de Cultura. Cd. Victoria, Tamaulipas, 1990. Calderón Isaura. Antología menor. Instituto de Investigaciones Históricas-uat. 1978. Cortázar, Julio. Papeles inesperados. Alfaguara. México, 2009. De la Cruz, sor Juana Inés. Primero sueño y otros textos. Posada-Océano. Buenos Aires, Argentina, 1998. Diccionario de escritores mexicanos siglo XX. Tomo I. México, Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Filológicas. Centro de Estudios Literarios, 1988. González Salas, Carlos. Tampico es lo azul. Miguel Ángel Porrúa. México, D.F. 2006 Henestrosa, Andrés. Los hombres que dispersó la danza. conaculta-inba. Edición Conmemorativa. México, D.F., 2006. Pizarnik, Alejandra. Prosa completa. Lumen. Palabra en el tiempo. Barcelona, 2002. Revista Relieves. Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes. Año 1. No. extraordinario. 2001. Sosa Reyna, Nohemí. Poetas tamaulipecas del siglo XX. itca. Colección Antologías y Homenajes. Tamaulipas, 2000.

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La Revolución Mexicana y los Escritores Tamaulipecos Por Nohemí Sosa Reyna La Revolución Mexicana, ese proceso social que costó más de un millón de vidas y que ha sido calificado por el sociólogo Adolfo Gilly como la Revolución Interrumpida, que sin embargo ha sido en su tiempo uno de los movimientos sociales más avanzados en cuanto a demandas sociales, muchas de las cuales quedaron inscritas en la Constitución Política de 1917, no podía pasar desapercibida para la sensibilidad social de los escritores tamaulipecos. En este breve ensayo haré mención de tres principalmente, que vivieron personalmente el drama de las escopetas 30-30 y las adelitas con sus carrilleras atravesadas en medio de sus pechos, donde los corazones valerosos sabían que podían quedar en el camino, en aras del bienestar de las grandes mayorías de su país, estos son: Don Juan B. Tijerina, el ensayista y militar Ernesto Higuera y el Ingeniero Marte Rodolfo Gómez Segura. Muy conocido por nosotros y venerado en el mundo literario con un Premio que lleva su nombre, y que me enorgullezco de haber obtenido hace unos años, el poeta Juan B. Tijerina, tenía un criterio y un compromiso político con la revolución, de quien con seguridad podemos decir que fue uno de los precursores, actitud que le ocasionó la cárcel y el destierro, pues cuando era diputado al Congreso del Estado de Tamaulipas, fue el único que se opuso a las reformas que pretendía el Gral. Porfirio Díaz para coartar la libertad de prensa. Perseguido por el régimen represor de Díaz, tuvo que ir a San Antonio, Texas; publicó en el Periódico La Libertad, fuertes artículos contra la dictadura y al regresar a Nuevo Laredo, fue aprehendido y encarcelado por órdenes del general Bernardo Reyes, gobernador de Nuevo León (datos obtenidos del Diccionario Biográfico Tamaulipeco, Juan Fidel Zorrilla y Carlos González Salas). 95


Su posición política revolucionaria se contradecía, sin embargo, fuertemente con su visión neoclásica de la literatura, donde se emparentaba con los “científicos” y le hizo luchar intelectualmente contra las innovaciones, teniendo como contendientes a escritores como Santos Chocano, Julio Flores, Rubén Darío y Amado Nervo, defendiendo su visión clásica de la literatura, todo esto no resta valor a su posición viril y acertada en el panteón de los héroes revolucionarios, y ahora podemos circular por calles que llevan su nombre, escuelas e incluso rememorarlo en un Premio Literario. Ernesto Higuera, escritor sumamente avanzado para su tiempo, de elevado estilo Literario, de él expresa Miguel Medina Hermosillo, “la perfección de la forma y el esplendor inigualable con que su inspiración creadora de imágenes de original y deslumbradora belleza, atavía las cláusulas en que entrega un pensamiento de vibración broncínea aquilatada por el noble vigor de una lógica irreprochable, o da en comunión a las almas sedientas de armonía, la expresión palpitante en que perdura el nombre del que fue a una inmolación heroica, o el clamor supremo del espíritu que reclama felicidad y justicia”, estas palabras las menciona en una Antología que agrupa 54 prosistas, publicada en México, D.F. en 1959 y donde aparece al lado de Alfonso Reyes, Martín Luis Guzmán, José Martínez Sotomayor, Alfonso Junco, Nemesio García Naranjo. Su visión apasionada de la causa de la justicia social le hizo incorporarse al ejército Revolucionario, retomamos las palabras con que el padre Carlos González Salas escribe de esta importante decisión en su Historia de la Literatura en Tamaulipas: “Muy joven aún, atraído por el deseo de hacer carne los principios revolucionarios que recogían la bandera manchada de sangre de Francisco I. Madero, va a Veracruz y de ahí viene a Tampico donde cae preso a causa de sus incendiarios discursos pre-revolucionarios. Puesto en libertad por las tropas de la revolución, esta circunstancia influye a determinarlo a seguir la carrera militar, entrando de soldado raso, desde donde se encumbra hasta los más altos puestos de la milicia mexicana”. 96

Reúne sus memorias revolucionarias en Toques de carga (1929), Gajos de Iris (1932) y Humos del Cráter (1962). Adquirió renombrado prestigio por su obra Medallones Mexicanos (1955) donde hace una bien lograda biografía del iniciador de la Independencia de México y por esto llamado Padre de la Patria, Don Miguel Hidalgo. Ernesto Higuera nace en Ciudad Victoria, Tamaulipas el 27 de octubre de 1892, fue discípulo del profesor y poeta Juan B. Tijerina, en la Escuela Municipal. Hizo carrera militar, como ya hemos mencionado en plena revolución y posteriormente se dedicó con ahínco al periodismo, fundó El Mexicano en Mexicali, Baja California, La Patria en la Ciudad de México, colaboró en La Tribuna de Tampico, El Diario del Sureste en Yucatán, El Imparcial en Hermosillo, Sonora, La Opinión en Puebla. Excelso ensayista, lo unió una gran amistad literaria y personal con el también ensayista peruano José Carlos Mariátegui, cuando Higuera fue agregado militar en la Legación de nuestro país en la República de Perú, en ese tiempo Tristán Marof prologa su libro Toques de carga (1929), en este libro sus ensayos son incisivos, con una profundidad deslumbrante y temible, su cultura es la materia que cohesiona su estilo, es evidente su posición anticlerical, admirador de Obregón y de los revolucionarios yucatecos, famosos por sus consignas izquierdistas y por su lucha implacable contra la religión inquisitorial, sobre todo a Salvador Alvarado, a quien demostró su admiración delineando con sus letras su figura de revolucionario comprometido En 1928 publica Gotas de mi gotero, de este libro Luis G. Urbina expresa: “Higuera se enamora de los símiles atrevidos. Y hace derroche de ellos, como buen manirroto, de su tesoro poético. Pero es para poner enfrente de nosotros la realidad, así como una penetrante psicología como un cuadro de la naturaleza. Así gusta de que dentro de la jaula de una frase, rebullan apasionadas ideas”. En 1932 publica Gajos de Iris uno de sus libros de memorias revolucionarias, en el prólogo escrito por el


poeta Rafael López, se lee: “Gajos de Iris” va con sus linternas encendidas; linternas de cordialidad y simpatía inaccesibles en los soplos de la desgracia. Es modesta la carga. Carece de tripulación; pero el grumete que va en el timón no se intimida con los escollos ni con los naufragios. Gajos de Iris lleva una pequeña brújula de ensueño y una grímpola izada en el mástil de la popa que ostenta en caracteres rojos la divisa estética de Queiroz, sobre la desnudez robusta de la verdad, el diáfano de la fantasía”. Podemos decir que Higuera transforma con la luz de su ideario social a los personajes de la revolución (capitanes y tenientes), a quienes la cinematografía y la pluma agresiva de Martín Luis Guzmán nos presentan toscos y hasta groseros, el tamaulipeco les da las pinceladas y el brillo que sólo pueden tener aquellos activistas que con toda su fuerza luchan por la justicia, por el sueño de una sociedad más igualitaria y no se puede esperar sino lo mejor de alguien que se refiere al arte como aquel que “aclara la razón de los conflictos, corrige la vida, reduce lo fatal, cura y salva convirtiendo en una melodía la discorde música del tiempo”. Sin duda debe haber otros poetas que con sus plumas y su vida lucharon contra la dictadura, más cerraré este círculo, con el Ingeniero Marte Rodolfo Gómez Segura, insigne tamaulipeco que representó a nuestro país en Francia y Austria como Ministro Plenipotenciario y fue también Embajador en la Organización de Naciones Unidas (1935-1936) . La sola lucha contra la fibre aftosa del ganado (que se logró desterrar en la mayor parte del mundo), le da un lugar de honor a nivel local, nacional e internacional, reconocido con preseas como el Gran Cordón Orden del Libertador de Venezuela, la Gran Cruz del Mérito Industrial y Agrícola de Cuba, la Gran Cruz Orden de Vasco Núñez de Balboa de Panamá, el Gran Sol de Etiopía, la Medalla Olímpica de Austria, la Medalla del Mérito Olímpico de Finlandia. Miembro de la Legión de Honor de Veteranos de la Revolución Mexicana, además de escribir una obra sobre el Centauro del Norte Francisco Villa, que él 97


modestamente tituló Pancho Villa un Intento de Semblanza (1975), participó activamente en el movimiento revolucionario ya que formó parte de las Comisiones Agrarias organizadas por el General Emiliano Zapata para el reparto de las tierras del Estado de Morelos y por Salvador Alvarado para el reparto de tierras en Yucatán en el período 1914-1916. Como escritor se distingue por múltiples obras de carácter técnico y científico y escribir la novela El Carbunclo en 1929. En su juventud hizo estudios en La Sorbona y su conocimiento del idioma francés le permitió ser traductor de la obra Los Vencidos del 5 de mayo del francés Jean Efrem Lanusse, publicada en un lujoso tomo por el Fondo de Cultura Económica. No podemos omitir su participación en la Administración Pública en plena época post revolucionaria como Secretario de Agricultura y Fomento de 1928 a 1930, Secretario de Hacienda y Crédito Público de 1933 a 1934 y Secretario de Agricultura de 1940 a 1946. Si ésta es una celebración de los poetas y escritores tamaulipecos no podíamos dejar de nombrar a los distinguidos tamaulipecos Juan B. Tijerina, Ernesto Higuera y Marte R. Gómez, quienes se ganaron con sus letras y sus hechos las coronas de oliva de los hombres patrióticos y victoriosos, a quienes pretendo dar honra con estas sencillas letras.

Bibliografía Higuera, Ernesto. Páginas Selectas. Selección Lic. Carlos González Salas. Gobierno del Estado de Tamaulipas. Cd. Victoria, Tamaulipas. 1987. González Salas Carlos y Zorrilla Juan Fidel. Diccionario Biográfico de Tamaulipas. Ed. Instituto de Investigaciones Históricas. uat Cd. Victoria, Tam., México. 1984  Antología de Prosistas Sinaloenses. Ediciones Culturales del Gobierno del Estado de Sinaloa. Culiacán, Sinaloa. 1959. González Salas Carlos. Historia de la Literatura en Tamaulipas. Ensayo y Narrativa. Instituto de Investigaciones Históricas. uat. Cd. Victoria, Tam., México. 1987.

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Nueva visita al poeta Juan B. Tijerina: El poeta-pedante: el oficio poético entre la sobriedad y la ebriedad A don Carlos González Salas

Por Eduardo Villegas Guevara De la dedicatoria de estas líneas De las diversas ocasiones que hemos acudido a la lectura acuciosa del poeta Juan B. Tijerina, siempre ha sido de la mano de don Carlos González Salas, primero por ser su recopilador y presentador, ya que a él le debemos nuestro conocimiento; luego, al charlar animadamente sobre su obra. Algunas de las charlas que tuvimos la oportunidad de entablar con el padre González Salas fueron atestiguadas por el poeta y narrador Arturo Medellín Anaya. Si bien, la formación católica de don Carlos le obligaba a la cortesía y decencia del diálogo, pulcro, correcto y, sin leperadas, era emocionante llegar al momento álgido, donde después de dos o tres perdones a los oyentes, se encontraban unidos la lengua y el pensamiento, y éste corría a la par sin menoscabo ni prejuicio de ninguna índole, y llegaba presta y graciosa la leperada, incisiva y chispeante en sus parlamentos. De viejas y nuevas antologías y panoramas literarios En medio de estas discusiones poéticas, literarias, era natural que surgiera la presencia del poeta de Matamoros y de muchos otros, claro está, pues sus investigaciones han marcado pauta en las recientes publicaciones. La historia literaria que fluye entre la precisión y la pasión por las obras de los autores tamaulipecos, arranca con el profesor Manuel E. Guajardo y su Tamaulipas histórico y literario; prosigue con el padre Carlos González Salas en sus tres tomos de la Historia de la Literatura del estado de Tamaulipas, además de sus incontables prólogos y presentaciones que cubren muchos autores y libros; dicha tradición abarca los recientes trabajos del maestro Orlando Ortiz, igual llenos de precisión y pasión que han distinguido esta causa de analizar y registrar las manifestaciones literarias de Tamaulipas. 99


Entre las obras de Orlando Ortiz se encuentran Entre el panuco y El Bravo, poesía y cuento; Tamaulipas, una literatura a contracorriente, que editó en la colección Letras de la Republica del CNCA, así como dos antología genéricas: El cuento en Tamaulipas y Novelistas de Tamaulipas. Esta sucinta historia de la literatura tamaulipeca suma nuevos libros, como el dedicado a las mujeres poetas, de Nohemí Sosa, y otro más que reúne a los poetas de reciente cuño, compilado por Juan Jesús Aguilar, de Tampico. En este panorama de antologías, pocos títulos, pero necesarios para nuestro contexto, aparece el nombre de Juan B. Tijerina. Autor al que hemos consultado en varias ocasiones y en cada una de esas lecturas hemos encontrado algunas de sus preocupaciones literarias y poéticas más obvias: la del poeta cívico, que canta a los héroes de su patria; la del poeta caballeroso que canta a la belleza de la mujer y ensalza su inteligencia; la del poeta clásico que se aplica en la forma del verso, con métricas exactas y rimas preciosistas. Tampoco faltan, en cada una de sus lecturas, los héroes de la historia nacional: El Himno a Hidalgo es un excelente trabajo que ocupa varias estrofas. No podríamos olvidar aquellos textos en prosa, donde resalta la función transformadora de la educación, aspecto insoslayable, ya que él mismo fue un profesor esmerado en transmitir el conocimiento de la gramática de la lengua española. Nueva visita a Juan B. Tijerina Sin embargo, en esta nueva visita a su obra, queremos presentar de manera sucinta dos posturas en torno al trabajo poético y que se desprenden de la visión del escritor tamaulipeco Juan B. Tijerina: Sobriedad y ebriedad; elegancia y desaliño en la vida del poeta. Otra vez emprendemos nuestra lectura de la mano de don Carlos González Salas para fijar de manera descriptiva dos formas del ser y parecer del artista llamado Poeta y que en los versos de Tijerina se denomina . Una imagen o postura sería la del poeta elegante y culto, de hálito aristocrático, con manías elocuentes 100


y decentes; otra visión nos acerca al poeta bohemio, desaliñado y populachero. Sin pretender tocar aspectos biográficos de ningún autor, nos parece encontrar una descripción literaria de ambas posturas a partir del soneto a un pedante que presume tener / estro, colorido, métrica, que recopiló el padre Carlos González Salas en una de las primeras antologías dedicadas a la obra de Juan B. Tijerina y que lleva por título Páginas escogidas, donde el investigador resalta los aciertos y apuestas literarias del bardo de Matamoros en el ámbito poético. Ya el tema le resulta caro a nuestro autor, el poeta Juan B. Tijerina se encuentra a su paso a personas que se la dan de leídas, pero que no saben ni siquiera escribir. No resulta extraño pensarse que estos personajes fueron sus compañeros de escuela, o compañeros de oficio poético o docente, a los que mucha gente, alumnos y ciudadanos comunes y corrientes, hubieron de sufrir. En varios de sus versos el tema resulta claro, por ejemplo el titulado “A un pedante”, que empieza anunciando la aspiración siguiente: Dio a su mente feliz vuelos divinos Por dar su nombre a la española historia: Fue un almacén ingente su memoria De reglas y principios peregrinos. No está mal que cierta persona tenga aspiraciones de inmortalidad y que pretenda implantar su nombre en los manuales de historia literaria o de la historia nacional o incluso que tenga aspiraciones más urgentes o apremiantes como ganar un premio importante por su resonancia y ser entrevistado día tras día. Sin embargo, el problema que me parece nos señala Juan B. Tijerina, es el mal uso que hacemos de nuestra memoria, la misma que nos lleva a caer en la postura Pedante: poseer una memoria llena de detalles y que citamos a la menor provocación y que sólo consigue abrumar con datos inservibles a nuestros escuchas. Falsa postura intelectual que funcionaría como una empolvada enciclopedia, cuyos principios suelen ser peregrinos, es decir, amoldados a cada circunstancia, a veces aleja-

dos del asunto central y sin tomar en cuenta lo esencial o trascendental, actitudes éstas que parece privilegiar nuestro autor. Bien, una crítica de aspecto mayor se da en el cierre del soneto: Muchos autores estudiara el hombre: Pero Salvá, Torcuato y Avendaño No le enseñaron a escribir su nombre. Dejemos de momento esta breve introducción de la postura de Juan B. Tijerina, señalando que los autores, obras y lecturas, a veces pasan por los hombres de poco sesos sin pena ni gloria, al grado que no les enseñan a distinguir dentro de lo más básico y seguimos siendo unos analfabetos cuasi asnos, por las petulancias que nos agobian y que no hay forma de disimular por más que nos esforcemos. Entonces paso a comentar el soneto que en esta reciente lectura de Juan B. Tijerina, llamó mi atención. A un pedante que presume tener estro, colorido, métrica Tal es el título del soneto clasificado por su autor (quizá por el editor) con el número XVI de sus composiciones en verso. Es en este texto donde me parece se resumen dos posturas o imposturas del quehacer poético, que particularmente me llaman la atención, porque me parecen tan vivas y tan recurrentes, cuando han pasado tantos años de la escritura de estos versos de Tijerina. Veamos el primer Cuarteto: Tiene métrica y estro y colorido Y retórica y tropos y figura: Imágenes de célica hermosura Fuego y animación… cuando ha bebido. Juan B. Tijerina enumera los recursos del poeta, al que sólo llama Pedante, conocedor de la métrica y tropos, pero al cierre del cuarteto hace una pequeña 101


pausa, claramente señalada por unos puntos suspensivos e introduce su comentario mordaz con excelente rima… cuando ha bebido. La bebida, el alcoholismo es lo que le da chispa, como si se dijera que la concurrencia que festeja sus poemas o versos, o son agradecidos con el borrachín que les declama saturado de emoción, o como si su auditorio pecara del hecho de ser una camada de leales seguidores de Baco. ¿Quiénes beben? El pedante y, para ser soportado, aguantado, tolerado, debemos entender que sus escuchas también lo hacen. Al parecer nuestro autor no crítica, sólo describe y lo hace rimando muy bien cierto aspecto del quehacer literario de su tiempo. ¿Lo supo de oídos, lo vio, participó de reuniones así? No tengo respuesta cierta, pero si varias suposiciones. Veamos ahora el segundo Cuarteto: De creerse literato distinguido Tiene también la singular locura, Y es su embeleso, su mayor ventura, El vaso ingente de licor henchido. Ambas características del pedante, que no poeta, insisto, pues Tijerina se guarda de mencionarlo, para no caer en un yerro que estropeara su visión crítica sobre el falso artista. Para él van de la mano; el bebedor empedernido, siempre con la copa en la mano. Bueno, digámoslo con Tijerina, con el vaso, ya que en este retrato nuestro personaje no se reconoce por su elegancia y seguramente no frecuenta sitios distinguidos donde le sirvan en copa. Llena de vino su humilde vaso y se cree, singular locura dice Tijerina, un literato distinguido. Dicha combinación, la petulancia y el alcohol deben crear un bicho exento de conmiseración. Lo triste sería, aventuro este parecer, que no se ha extinguido en todos estos años, que persiste en amplios terrenos culturales a lo largo y ancho de nuestro país y que dicho accionar ya tiene mucho de haber sido advertido con una crítica que podemos repetir en nuestros días. No estoy, insisto, señalando a nadie, ni pensando en nadie. Sólo menciono lo literario del asunto 102

y la capacidad de observación que tuvo Tijerina hacia sus contemporáneos. La cita de los dos tercetos que cierran el soneto tendrá que ser amplia, y estos seis versos los leo de corrido, pues así redondea su postura Juan B. Tijerina: Con su estilo soez y tabernario Pretende redimir la patria mía; Y al caminar por esa estrecha vía De la verdad al inmortal santuario Como el Divino Redentor un día Tras de sus glorias hallará el calvario. Aquí se señala como estrecha vía, la utilización de lenguaje soez y tabernario, como si el pedante-poeta no tuviera acceso a distintos vocabularios, digámoslo en forma rudimentaria, que careciera de amplitud de léxico y sólo se dedicara a transcribir o copiar los dichos, retruécanos o juegos verbales de las tabernas, sitios que podrían llamarse en la actualidad, cantina, bar, antro, pulcata, café-internet, y demás, donde concurren estos personajes. Lo peor de todo, parece decirnos Tijerina, es que con esas criticables armas literarias, el poeta-pedante pretender redimir a la patria. Cuando resulta obvio que se requieren otras actitudes y otro tipo de material estético-literario, cosa que no podría dejar de señalar Tijerina, dada su larga trayectoria de profesor y docente, inquieto y comprometido por llevar a sus alumnos textos bellos y con otras posibilidades de recepción: aquellas que elevaran la sensibilidad de los lectores. Después de haber señalado y criticado este asunto, Juan. B Tijerina parece lanzar una maldición, clama que el pedante-poeta se convertirá un día en el fruto de lo que sembró. Vivirá su calvario y entonces lo imaginamos con el mal de gota o con el hígado destrozado, con cirrosis, con mal aliento, con un agotamiento físico y moral atroz. ¿O de qué otra forma podríamos entender o deducir la palabra calvario? No puede ser halagueño su futuro ya que es un tipo con las manos ocupadas por un vaso de lleno de alcohol, yendo de taberna en taberna para soltar su malos versos y creer-


se el gran literato, estima o fama que sólo estará en su propia imaginación y en el solitario e ínfimo compromiso con los demás contertulios. Pedante de altos brindis, poeta de bajos versos, parece ser la definición de este personaje que se resiste a morir, pues de vez en cuando se cruza en nuestros caminos. ¿Qué tanto hay de prejuicio en una descripción como ésta que he elaborado a partir de un soneto? ¿Prejuicios que encierran los dichos tales como “De poeta, bohemio y loco, todos tenemos un poco”? ¿O los que recibe la gente que se dedica al teatro, (actor, actriz o dramaturgo) tachados de personas infieles o de tendencias sexuales torcidas? Quizá mucho tenga de prejuicio esta lectura, pero me seduce la posibilidad de señalar al poeta como un pedante de poco seso y baja estofa. Una persona a la que sólo le gusta beber (por encima de otras actividades) y que escribe de asuntos y temas lejanos a los intereses o prioridades que tiene la gente. Quizá tenga mucho de preconcebido, pues el oficio del escritor, en un país donde tal actividad es considerada como un desperdicio humano, donde vemos que lo realiza gente sin preparación profesional, no brinda ningún estatus elevado. Además, si se tiene más de tres centímetros de frente, siempre tendremos la conciencia de que habrá que dedicarse a otra carrera, una lucrativa claro es, bajo el riesgo de morir de hambre. Pero ésta es la visión más socorrida: en una sociedad donde el poeta siempre será el loco de la familia, el raro del salón, el extraño del grupo porque escribe a solas y a escondidas, el bohemio e improductivo que no tiene a veces

ni para pagar su propio trago, el mal vestido, el mal rasurado… etcétera. Si esta postura parte de un prejuicio, tendremos que combatirla, porque me parece muy socorrida y no sólo por los mismos practicantes del oficio: sino por el resto de nuestros escasos públicos, véase lectores. Esta postura merece una replica: aunque no hay mucha tela de donde cortar; se le canta al vino, a las mujeres y no siempre a las mejores, sino a la mujerzuela o a la infiel; se le canta a la soledad, a la desdicha, a los lugares solitarios y otros temas que rayan en lo banal y trivial. La gente que lee muy por encima no sabe ni de figuras retoricas ni de la belleza o musicalidad que encierran los versos de nuestros poetas. Quizá por eso el prejuicio o la imagen del poeta prosigue, a lo largo del tiempo: el poeta es un pedante, pero va más allá. Es un borrachín cuya gracia consiste en decir las cosas en versos cortos y con rima, como si no supiera hablar de corridito. Y los hay peores, me parece escuchar a los públicos poco enterados, ahora ya ni saben contar las sílabas, ni saben rimar, la verdad están poniendo sus palabras como caídas en desgracia, porque de vez en cuando escuchan o leen esos versos libres cuya disposición es otra postura en la pagina en blanco. Bien, en honor a esta descripción del poeta pedante y borrachín, digamos salud. Casa del poeta “Primero Sueño” / Metepec, estado de México, Sede de la Cofradía de Coyotes SC Febrero 28 de 2010

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La metafísica palpable Una perspectiva de Prosas rimadas de José Arrese Falcón Por Ramiro Rodríguez A lo largo de los siglos, muchos poetas han descendido por las escalinatas de la conciencia para explorar el universo íntimo, el que está más allá de la carne y los huesos, los órganos y la sangre, el universo del que se habla pero que no se mira, el que existe pero que no se palpa con los surcos dactilares. El universo desconocido hacia el que navegamos después de pasar por los elementos tangibles de la tierra, después de emparentarnos con la cronología y lo visible. El poeta regiomontano José Arrese Falcón (1851-1917), radicado en H. Matamoros, Tamaulipas, durante su etapa profesional y hasta su muerte, publica un solo libro en 1904, Prosas rimadas, el cual reúne su poesía filosófica con la estructura modernista de la literatura hispanoamericana de la época. Con pretextos más bien sencillos –por ejemplo, dedicatorias a las personas en ocasión de su aniversario o de su fallecimiento, textos a partir de su actividad como docente y periodista–, el poeta profundiza en los espacios interiores. Reflexiona sobre la idea y el pensamiento, la muerte y la vida, la física y la metafísica. Busca la comprensión de la humanidad y su origen, sus propiedades y principios, desde su trinchera de experiencia retórica como individuo compuesto de letras. Se desplaza por las paredes de su propio pensamiento con la fijeza de revelarse a sí mismo la concepción humana para aceptarse como entidad pensante. La muerte después de la vida, el espíritu, la esencia, la metafísica 105


palpable, no con el tacto de las manos, sino con las palabras, con el entendimiento, con la mirada introspectiva. Ese es el tema central del libro y de estas reflexiones, a partir de su lectura. No es un tema nuevo, por supuesto. Grandes poetas de todos los tiempos, incluyendo aquéllos de su propia época, han abordado el tema de la vida y la muerte. El poeta nicaragüense Rubén Darío dice en su poema “Lo fatal”: ¡y no saber adónde vamos ni de dónde venimos! 1 En Prosas rimadas, José Arrese cuestiona la sujeción del ámbito humano a la fugacidad natural de los objetos, a la estancia efímera de los suspiros. No discurre sobre la materia que nos conforma, sino en lo que hay más allá del momento en que el cuerpo deja su carácter dinámico para transformarse en polvo sin movimiento. En el poema “A la memoria de Alfredo Torroella”, el poeta regiomontano-tamaulipeco dice: Es triste creer la humanidad formada tan sólo de materia, ¡condenada a vivir en la miseria para volver a convertirse en nada! 2 El poeta se resiste a la creencia de la fugacidad humana. Sostiene que debe haber algo más a partir del momento en que el cuerpo deja de moverse para siempre, cuando el sistema de irrigación sanguínea se detiene para siempre. Años después, con esa necesidad de resistirse a la alternativa de la fugacidad humana, el poeta mexicano Xavier Villaurrutia diría en “Nocturno miedo”, incluido en el libro Nostalgia de la noche: El miedo de no ser sino un cuerpo vacío que alguien, yo mismo o cualquier otro, puede ocupar, y la angustia de verse fuera de sí, viviendo, y la duda de ser o no ser realidad. 3 En el poema “Dios”, José Arrese reflexiona sobre el espacio ubi-

Darío, Rubén. Poesía. Pág. 147. Arrese, José. Prosas rimadas. Pág. 13. 3 Villaurrutia, Xavier. Obras, Pág. 45.

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cado más allá del espacio físico, más allá del silencio definitivo del cuerpo, el ultraespacio, en el que cree con la devoción que dicta la fe: El infinito existe 4 Desde su perspectiva de observador metódico, de alzarse sobre las cosas como testigo de los acontecimientos que circundan al ser humano –aunque la observación y su carácter de testigo sean producto de la fe–, el poeta define al hombre desde el ángulo preciso en que se ubica su convicción personal: Seres compuestos de materia y alma. 5 El temor a los elementos desconocidos –temor en el sentido de respeto hacia aquello que no se puede probar como teoría– no es sólo un sentimiento, sino una actitud en la que navega la humanidad del hombre y la mujer. Desde pequeños se nos hereda la creencia, desde el momento en que nuestra madre nos amamanta, de que existe el universo físico, el que tocamos, el que vemos, el que olemos, el que se comprueba a través del encanto de los sentidos; y el universo invisible, el que está más allá de las cosas que se posan sobre la tierra y que gravitan en el espacio, al que se llega de manera irreversible cuando los ojos se cierran para siempre. En el mismo poema, Arrese llega a la conclusión premeditada, según su entendimiento individual de las cosas: Hay, pues, dos universos: el sensible y el moral, misteriosos y profundos, el uno material, el de los mundos: el otro, de las almas, invisible. 6 Para llegar a la conclusión que defiende la existencia del más allá, José Arrese reflexiona sobre un tema constante en la literatura de todos los tiempos: la muerte, ese estado final en el que el cuerpo, como señalara en el siglo diecisiete la célebre poeta del hábito religioso, es cadáver, es polvo, es sombra, es nada7. En el poema “Ante las cenizas de los niños María y Leopoldo Cicero”, mediante la retórica ingeniosa de la antítesis, el poeta se pregunta y se responde:

Arrese Falcón, José. Prosas rimadas. Pág. 3. Ídem. Pág. 5 6 Ídem. Pág. 5 4 5

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¿Qué es la sombra? La imagen de la muerte. ¿Y qué es la muerte? Nada más que sombra. 8 La muerte es sombra, contorno, negritud, el color negro que predomina en el texto poético para adjudicarle sin titubeos el ambiente propicio. La evocación de la muerte física que padecen invariablemente los cuerpos, unos a tiempo, otros a destiempo. Más adelante en la cronología, en los andamios de la literatura mexicana de mediados del siglo XX, el poeta veracruzano Neftalí Beltrán diría en el poema “Al sueño”: Conciencia perseguida, fuerza inerte, ventana a lo ignorado siempre abierta, ¡oh sueño, mitad vida, mitad muerte! 9

Esta propuesta ontológica se manifiesta en el texto poético “En la velada fúnebre A la memoria del maestro y general Don Francisco Montes de Oca”, donde Arrese establece las anteriores analogías con el objeto de comprenderse a sí mismo como ser finito en la tierra, pero infinito en el espacio denominado “más allá”: En el cuerpo la vida es pura forma que ya la muerte en sus entrañas lleva: la materia se rompe y se transforma, y (en) la esencia, el espíritu se eleva. 12 En el mismo poema, Arrese asevera la postura de que la vida y la muerte van de la mano, juntas, aliadas inseparables frente a los seres humanos, como eventos dependientes uno de otro.

También Jorge Luis Borges establece un paralelismo entre el sueño y la muerte. En su poema “Arte poética”, mediante el juego de palabras, el pensador argentino dice: Sentir que la vigilia es otro sueño que sueña no soñar y que la muerte que teme nuestra carne es esa muerte de cada noche, que se llama sueño. 10 Como ser humano, temeroso de la vida que hay después de la vida, según los ángulos de su creencia individual, Arrese dice en el poema “En la muerte de la Sra. Francisca de la G. de Villavicencio”: Y al volver a la tierra lo que es tierra lo que del cielo vino, vuelve al cielo. 11 El poeta tiene la certeza de que dentro del cuerpo –que es la forma– yace el espíritu –que es la esencia.

De la Cruz, Sor Juana Inés. Lírica personal. Pág. 277. Arrese, José. Prosas rimadas. Pág. 8 9 Beltrán. Neftalí. Poesía (1936-1996), Pág. 51. 10 Borges, Jorge Luis. Obras completas II. Pág. 221.

Lo que creemos muerte, eso es la vida: lo que llamamos vida, eso es la muerte. 13 Años después, el poeta y ensayista mexicano, Octavio Paz, abordaría el mismo tópico en su Libertad bajo palabra, la misma convicción en referencia a lo dicho por Arrese, en el poema “La poesía”: En su húmeda tiniebla vida y muerte, quietud y movimiento, son lo mismo. 14 En el proceso de comprensión de los actos y los eventos humanos, en la observación de los orígenes indiscutibles que engendran el rumbo invariable de los acontecimientos, José Arrese reitera la indiscutible relación entre causa y efecto, señalando que con frecuencia los seres humanos no alcanzamos a comprender la naturaleza de las cosas que nos circundan durante nuestro itinerario de vida. En el poema “Misterios”, Arrese dice:

Arrese, José. Prosas rimadas. Pág. 15 Ídem. Pág. 31 13 Ídem. Pág. 32 14 Paz, Octavio. Obra poética 1935-1988. Pág. 104.

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Ente miserable el hombre cuyo obcecado cerebro no alcanza ni a concebir las causas de los efectos sabiendo que sin aquéllas no pueden existir éstos. 15 La reflexión filosófica es frecuente en los poemas de José Arrese, una reflexión no sólo estética ni retórica sino, en ocasiones, una propuesta con finalidad didáctica. En el soneto de perfecta estructura “El tiempo y el espacio”, el autor juega con las palabras cuando dice: El tiempo y el espacio son engaño: la eternidad es tiempo sin medida y el infinito, espacio sin tamaño.16 Aunque por momentos sus aseveraciones se presenten como teóricas (el autor no deja espacios en blanco, no deja resquicios endebles que ofrezcan posibilidades alternativas), José Arrese confiesa que la propuesta filosófica en su poesía es su visión personal de las cosas. En el soneto “La esencia y la forma” dice: Es la esencia un arcano indescifrable. 17 Mediante la manipulación de sus propias convicciones, a través de la inamovilidad de sus creencias ante posibles réplicas, con su fe como único testigo, mediante el planteamiento de respuestas persuasivas para las preguntas humanas respecto al destino más allá de la muerte, el escritor ofrece una manera de palpar la metafísica teniendo como único instrumento el manejo de las palabras, elementos lingüísticos convincentes, herramientas sintácticas categóricas, sobre un tema que siempre será controversial.

Arrese, José. Prosas rimadas. Pág. 151 Ídem. Pág. 251 17 Ídem. Pág. 252 15 16

Bibliografía Arrese, José. Prosas rimadas. Imprenta de El Puerto de Matamoros. México, 1904. Segunda reimpresión, México 1990. Beltrán, Neftalí. Poesía (1936-1996). Instituto Veracruzano de Cultura. México, 1997. Borges, Jorge Luis. Obras completas II. Emecé Editores España, S. A. España, 1996. Darío, Rubén. Poesía. Editorial Planeta, S. A. España, 2000. De la Cruz, Sor Juana Inés. Obras Completas, Tomo I Lírica personal. Fondo de Cultura Económica. México, 1951. Paz, Octavio. Obra Poética (1935-1988). Editorial Seix Barral, S. A., España, 1990. Villaurrutia, Xavier. Obras Poesía Teatro Prosas varias Crítica. Fondo de Cultura Económica, México, 1953. Quinta reimpresión, 2006.

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Luis García de Arellano. Poesía Patriótica del Siglo XIX Por Francisco Ramos Aguirre La literatura mexicana del siglo XIX y principios del XX debe mucho a los liberales que asumieron el poder luego del triunfo sobre el ejército francés en 1867. Si algo distinguió al grupo de intelectuales y militares escritores que sobresalieron en este movimiento, fue su plena contribución para crear una conciencia nacional que proporcionara identidad a la patria herida. Con Benito Juárez a la cabeza, se pusieron en marcha esfuerzos que se concentraron en un proyecto educativo para la enseñanza de la historia. Esto contribuyó no sólo a legitimarlos, sino también a tejer desde el gobierno una orientación ideológica congruente a sus intereses. Un proyecto educativo que satanizó los períodos de la conquista y la colonia, bajo el prejuicio de que nuestros antiguos mexicanos habían sido humillados, avasallados y explotados por los españoles y criollos. Se empezó a forjar una historia oficial con especial tributo a los héroes de la patria, y para ello colaboraron poetas y escritores. Los pensadores de aquella época, fieles a su cepa liberal, dedicaron varias composiciones al fortalecimiento de la conciencia histórica del México naciente. Rendir homenaje a nuestras grandes personajes, era una moda que se propagó con el más exacerbado patriotismo. Muchas generaciones de mexicanos, admiraron en la declamación y tertulias las emotivas cuartetas que exaltaban a quienes habían ido a descansar al panteón de la patria. Un altar de bronce que se construyó para contrarrestar el santoral religioso. Guillermo Prieto, Amado Nervo, Manuel Gutiérrez Nájera, Antonio Plaza, Salvador Díaz Mirón, Manuel Acuña, Ignacio Manuel Altamirano, Ramón López Velarde, y muchos más contribuyeron, con su pluma, a propagar a través de las letras en sentido de pertenencia nacional. Tal vez, quien mayor influencia marcó para los que imitaron su estilo fue Guillermo Prieto. El medio ideal para divulgar la obra de éste y otros bardos del decimonónico, fue la prensa: El Monitor Republicano, El Universal, El Niño Mexicano, El Siglo XIX, Musa Callejera, El Museo Mexicano y otros periódicos, fueron la tribuna o el paño 110


para enjugar las lágrimas en torno a Guerrero, La Guerra Civil, Ignacio Zaragoza, El Gran Morelos, Ignacio Comonfort, La Patria, La Independencia y todas las efemérides que nos recuerden el sagrado nombre de los héroes inmortales: “¡Divino Hidalgo! de tu inmensa gloria / llamarás a los siglos tus testigos: / del odio de tus viles enemigos / laureles mil te forjará la historia.” (1888). Aunque también le aventaba loas a Agustín de Iturbide, en contradicción con su origen republicano: “Ésta sí es la independencia, / ésta sí, la de Hidalgo no; / al que no la adivinare se le parte el corazón.” (27 de Septiembre). Los libros de texto de educación básica representan el instrumento ideal para la divulgación y aprendizaje de la poesía patriótica. Desde sus primeras ediciones, Gobierno y autores se preocuparon por incluir en sus páginas composiciones alusivas a la Independencia, la Reforma y la Revolución Mexicana, que aún conservamos en nuestra memoria. El mismo Octavio Paz lo menciona en uno de sus poemas. Otro de los factores que consolidó dicha expresión fue, sin duda alguna, el arte de la declamación, práctica que se cultiva en escuelas y asociaciones literarias con menor entusiasmo. Muchas generaciones de estudiantes se formaron en el aprendizaje de la historia a través de los textos en verso rimado. A principios del siglo XX, la poesía patriótica mexicana continuaba vigente, aunque con nuevas expresiones para tratar nuestra mexicanidad. Ramón López Velarde en la Suave Patria, expresa, desde la provincia zacatecana, una alegoría que asombra y cala en el más profundo raigambre popular. Utiliza recursos más refinados para abordar el impacto de la guerra y las heri-

das que marcaron el impalpable espíritu que renace en la historia: “Suave Patria / permite que te envuelva en la más honda música de selva / con que me modelaste por entero / al golpe de las hachas / entre risas y gritos de muchachas / y pájaros de oficio carpintero […] Patria / tu superficie es el maíz / tus minas el palacio del Rey de Oros / y tu cielo, las garzas en desliz / y el relámpago verde de los loros.” Algunos poetas de la generación de Paz, se resistieron a desmoronar la herencia de los poetas modernistas y románticos. Carlos Pellicer es uno de ellos y continuó aportando letras de bronce. Aunque Efraín Huerta prefirió no manosear y se deslindó del tema de héroes y tumbas: “Uno pierde los días, la fuerza y el amor a la patria, / el cálido amor a la mujer cálidamente amada, / la voluntad de vivir, el sueño y el derecho a la ternura.” Podríamos decir que el “subgénero” que ahora definimos como poesía popular, representaba en ocasiones un acabado ejercicio en el oficio de las letras. No cabe duda que se extendió rápidamente en las principales ciudades de la República Mexicana, sobre todo entre políticos, intelectuales, maestros, periodistas y liberales. Uno de los ejemplos más ilustrativos de Tamaulipas, es Luis García de Arellano. Originario de Soto la Marina. Abogado por el Colegio de San Ildefonso, legislador en el Congreso de la Unión que proclamó la Constitución de 1857; amigo de Valentín Gómez Farías. En la guardarraya del triunfo republicano sobre los franceses, su ilusión por gobernar Tamaulipas en 1867, lo arrastró a una campaña promocional a través de la prensa. Lo novedoso del caso es que utilizó el 111


soneto patriótico como estrategia publicitara. Nuestro paisano encontró en este recurso, un llamado a la conciencia de las autoridades para convencer a los votantes y lograr su postulación. En 1868 publicó en la imprenta de la Viuda de Murguía e Hijos del Portal del Águila de Oro, un Presente Amistoso. Poesías Cívicas y Corona Poética a los Héroes de la Independencia que gracias al gobierno de Coahuila logró una segunda edición en 1980. Además de los poemas que García de Arellano dedica con verdadero fervor a: Valentín Gómez Farías, Porfirio Díaz, Ignacio Zaragoza, Manuel Doblado, José María Iglesias, Lerdo de Tejada, Miguel Hidalgo, Vicente Guerrero y desde luego a Benito Juárez; se consigna también un documento para su postulación al gobierno, además de una serie de poemas y acrósticos que le dedican “sus amigos.” No dudamos que dicho folleto promocional de su candidatura, fue producto de su misma inspiración. En términos coloquiales, el opúsculo es un escopetazo de elogios a los personajes citados, en un afán de asegurar su futuro político. Las dedicatorias, salpicadas de conceptos y escenarios históricos, cualidades y atributos que se antojan cursis, no tienen otro objetivo que despertar la simpatía de los personajes públicos más connotados del país en aquella época. Como muchos de sus contemporáneos, García de Arellano es un poeta apologético. Dicha actitud no le resta méritos a su elocuencia y erudición sobre temas de la historia universal. Desde su trinchera intelectual, el autor cubre de elogios a personalidades de la vida política y militar tamaulipeca: Pedro José Méndez, Felipe de la Garza y el general matamorense Pedro Hinojosa, mecenas del poeta Antonio Plaza. Los vínculos de amistad motivaron que después de la muerte del vate en 1882, autorizara de su propio peculio la publicación

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de uno de sus poemarios. Para que no exista duda de las intenciones políticas de Arellano, concluye su poemario con el soneto: ¿Quién, Tamaulipas, por la Ley Sagrada es tu Gobernador? No el ambicioso. ni el que firmó el Imperio vergonzoso, ni el escritor de pluma afrancesada, ni el general de Imperialista espada, ni el que hizo la corte al poderoso, ni el traidor, ni el rebelde, ni el faccioso: sino el fuerte Varón de alma templada, que venciendo al austriaco y al francés, de su patria arrancó el yugo extranjero, como Hidalgo arrancó el yugo español; pues tu divisa, ha sido, será y es: un patriota aunque sea un carbonero, no un traidor aunque sea hijo del Sol. [“A Tamaulipas”] Tal es la factura de este poeta tamaulipeco de mediados del siglo XIX. Me parece que gran parte de nuestras raíces históricas poéticas en Tamaulipas, están pendientes de un estudio que nos adentre a la interpretación de la misma. Creo que son tiempos propicios para que poetas y ensayistas dediquen una investigación sobre el desarrollo que, para muchos, puede ser terreno árido. Probablemente sea una explicación por qué nuestra entidad no produjo en el siglo XIX y parte del XX un poeta de resonancia nacional, como sucedió con otras entidades. No reconocer las expresiones literarias que vistas a la distancia podrían parecer insignificantes, sería tanto como negar el espejo donde se refleja el pasado de la poesía tamaulipeca. Una poesía que como el ser humano, se parece a su tiempo.

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III. Verbigracia: Presentación encuentro 2011 La revelación de lo femenino como vehículo hacia Dios américa latina comienza en el borde desnudo de tu cintura

Por Juan Carlos Linares Así, esté donde esté, tengo tu aroma, mi mariposa acariciándome así, esté donde esté, cierro los ojos, y lentamente toco tu desnudez: yo no sé si hay algo mejor, que besar la flor de tu amor, y a cada instante beberme tu risa en el aire. Karla Aponte-Luis Enrique Mejía. Amuleto Secreto. Timbalaye, 1999. Pertenecemos a una difícil y conmovedora experiencia humana que desdeña la condición divina que nos sostiene. Una condición de carácter femenino que logra trascender el panorama simbólico contenido, para indicarnos que “existe un punto en el tejido fino de la vida donde se sujetan todos los deseos por igual”. [1] Todos los deseos que cuidadosamente puedo soplar, cuando el 115


óxido perceptible del anochecer, flota ligeramente sobre la superficie del sofá como un sistema de cometas desordenados que sugiere la estructura básica de la piel: América Latina comienza en el borde desnudo de tu cintura. Esa curva geométricamente infinita donde las ardillas del parque dejan caer finas acrobacias inflamadas de viento. No se trata simplemente de la fundación de una emoción literaria. Aunque tú no lo percibas, constituyen pequeños movimientos proyectados por el pulso intangible de Dios, que se propagan en el aire infatigable de la floresta para testificarnos el carácter sagrado de la tierra. Una especie de confidencia capaz de recorrer nítidamente el desgastado tejido de mis nervios, mediante la suave estampida de una sensación, que va recuperando el destello de cierta apreciación de Alejandra Pizarnik: “El único remedio contra la locura es la inocencia de los hechos”. [2] Una frase que sirve de vehículo fundamental para respirar el significado de la palabra Mujer que derramas en el oxigeno espinoso de la ciudad (esa concepción inherente a la vida que va más allá de una fe específica o espacio territorial determinado, para situarte en el plano invencible de lo universal: la mujer como templo irrefutable de la creación humana que revela la divinidad del firmamento), provocando una forma madura de la inocencia, que va nutriendo de sentido a los pequeños eventos de la existencia que borbotean sobre la apariencia de lo cotidiano, hasta convertirse en referencias significantes, que nos invitan al florecimiento de una estética diferente que destila feminidad de múltiples maneras. Una característica que no debe entenderse como una postura afiliada a la debilidad, derivado a que está íntimamente ligada al milagro astronómico que discurre en la materialidad de nuestras venas, y le otorga a tu presencia: una propiedad religiosa insustituible que sobrepasa cualquier posición masculina sobre el planeta. Esa posición, desde donde lucho por conservar la difícil proporción de un momento de magia, que brota inesperadamente en la función de una niña de peine116


tas desgastadas que pone a volar flores de nata en la avenida Francisco de Miranda, cada vez que sopla un pastel. Es que hay secretos que cobran sentido sólo cuando son nombrados. Ideas que deambulan libremente en la distancia variada de los cuerpos, aunque no puedan ser palpadas como un breve puñado de piedras de mar. Ese mar que ya no tengo que inventar en los rincones domésticos donde yacen las capas de polvo más antiguas de la era, que van acumulándose repetidamente sobre esta porosidad siempre desgarrada por el surco desesperado de cada precipitación a lo fantástico. Una experiencia donde la correspondencia con tu vientre, no se establece como mero pretexto para sostener el orden necesario del discurso, sino como oportunidad máxima de comunión humana que nos permite acceder a certidumbres mayores. A un estado que se distingue por su levedad, donde “sentir equivale a captar el valor auténtico de las cosas [3]“, a través del cual considero que la crisis humana reside esencialmente en la manera como nos contemplamos a nosotros mismos en el contexto universal, partiendo desde la delgadísima pureza de ese cordón vital que encarna la conexión más elevada con la sabiduría cósmica, mientras vamos reconociendo la dignidad mal comprendida de la vida en la galaxia. No debemos olvidar que nuestro organismo es la realidad inmediata que está prendida al entorno de la creación: aunque parezca precario, basta con la franja sutil de un suspiro, para comprender que una caricia cuando se manifiesta como voluntad reiterada del amor, puede transformarse en una comunicación activa que va creciendo más allá del sistema capilar de las palmas abiertas: como la jerarquía que puede alcanzar en una fracción de segundo la caída del pétalo de una rosa [4], o como aquel mosquito que decidió escapar de una canción [5] de Ricardo Arjona, para jugar a ser dragón en la provincia de tu espalda. Un ademán casi inapreciable del ecosistema que tuvo la suficiente fuerza para pellizcarnos con el supremo prodigio de lo viviente. Hasta que agotado de soñar con el fuego imposible de sus alas, despegó con su débil armadura provista de ligeros movimientos que no entienden de política, ni de por qué parecemos imposibilitados para ponerle fin a las circunstancias que generan la supremacía del dolor. Una palabra santa que, más allá de este territorio de papel rayado, tiene la indiscutible capacidad de volverse tangible cuando se activa la reacción química que produce una lágrima. Esa constatación de lo humano que refleja los visos de una orfandad que tiene raíces muy hondas, donde la mujer, encarna la garantía 117


y el mandamiento primordial que sostiene el árbol de la vida. El cual nos reclama un grado de conciencia superior, preparado para superar los discursos que se alimentan de la pobreza para justificar su propia permanencia, y lograr concebir la ética, como dimensión necesaria de toda acción humana: un grado capacitado para admitir, que la estabilidad de los pueblos depende significativamente de la posibilidad de bienestar que logre alcanzar en los diferentes planos de la sociedad. No importa que la exploración resulte dolorosa cuando haya que admitir la verdad sobre la civilización misma. Pues la libertad no radica simplemente en la falta de restricciones. Sin ella no podemos avanzar en el estudio de las partes resultantes del estallido prístino (y ni siquiera, compartir un mecanismo de integración facultado para canalizar los esquemas tradicionales de interpretación histórica, hacia el escenario social evolutivo capaz de ratificar que si fuéramos solamente una prolongación estéril de la conquista, no habría tanta riqueza en la interrogación). Ya que como propone la estudiosa italiana Diana Sartori: “La libertad no consiste en liberarse de los vínculos y de las relaciones que nos ligan a los demás y a la tierra, sino que es una apertura que se da en el reconocimiento de los vínculos y de las relaciones [6]”. Un reconocimiento inaplazable en tiempos propensos al extravío, donde el ser humano parece evadir en la misma medida, el infinito y su propio yo. Una postura que me lleva a entender la carencia como una de las características esenciales del ser. La cual, parece sugerir la necesidad de preservar el ejercicio de la humildad, como componente primordial en la revisión crítica de la condición humana: puesto que no somos dignos de la bendición de los cielos por la perfección de nuestros actos, sino por el valor de afrontar aquello que se puede corregir. Es por ello que necesitamos una mirada que nos devuelva la atención sobre los detalles sencillos de la existencia. Que nos devuelva la fe que reparten los tambores indígenas de Timbalaye, cuando alimentan con festejos 118

de energía, lluvia y amor, el canto limpio donde germina el “Corazón de Niño”. [7] Y aunque no sé si la fina acrobacia de una ardilla tiene la capacidad de contener toda la expansión del universo, apoyo la certidumbre de mi vuelo en la voz del pensador sirio-libanés Ali Ahmad Said, cuando manifiesta, que “el ser humano en su camino hacia Dios tiene que pasar por la feminidad”. [8] Una feminidad profundamente tuya que impulsa el movimiento de rotación de la tierra: como si hasta la cucharita que giras en la cocina, desordenando los flequillos de vapor que se desprenden del café, provocara ligeros remolinos de aire que me tocan.


Notas [1] Alejandro Sanz. “Track by Track”. El Tren de los Momentos, 2007. [2] Alejandra Pizarnik. “Carta a León Ostrov”, enviada desde París entre, 1960-1964. [3] Armando Rojas Guardia. “El Calidoscopio de Hermes”, 1989. [4] Salvador Garmendia. Alusión concerniente a un pasaje de “Anotaciones en Cuaderno Negro”, 2004. [5] Ricardo Arjona. Referencia realizada a la canción “Pensar en Ti”. Galería Caribe, 2000. [6] Diana Sartori. “Libertad ‘con’. La orientación de las relaciones”. Duoda Revista d’Estudis Feministes, núm. 26, 2004. [7] Luis Enrique Mejia. “Corazón de Niño”, significado impartido a la palabra Timbalaye: propuesta musical de espíritu mestizo que plantea la validez de los sueños como una filosofía de vida para el nuevo siglo, 1999. [8] Ali Ahmad Said. Palabras pronunciadas en la conferencia: “La palabra del poeta en la supervivencia del hombre de nuestro tiempo”, realizada en la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello. IV Festival Mundial de Poesía, 2007. La revelación de lo femenino como vehículo hacia Dios América latina comienza en el borde desnudo de tu cintura* * Versión Original. Finalista, V Concurso Epistolar Ribera del Fresno. España, 2008. * 1ra revisión corregida. Seleccionado, “I Foro Internacional de Poesía La Mujer Rota”. XXII Feria Internacional del Libro de Guadalajara. México, 2008. * 2da revisión corregida. Seleccionado, “XIII Congreso Internacional de Filosofía Latinoamericana. La Integración de América Latina y de El Caribe: Balance y Perspectivas”. Universidad Santo Tomás. Bogotá. Colombia, 2009. * 3ra revisión corregida. Seleccionado, “X Corredor de las Ideas. Aproximación crítica de la condición humana en el contexto latinoamericano de hoy”. Sala de Filosofía de Maldonado. Uruguay, 2009.

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IV. HĂŠroes y batallas cotidianas

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Alejandro Betancourt Calle 5 ¡Oh, gran Ritz! Hotel lustroso por envaselinados genitales pulidores del asco, incensado con bengala de tabaco agitada por mano furtiva, arteria etílica donde beben los sedientos,   los susurrantes trémulos, rápidos o cansados,   Padre-pez de sirenas proscritas que lanzan expósitas miradas a las ventanillas y vuelven los ojos al suelo ante el cliente ansioso (porque él, como yo, es un tedio que alimenta mas no sana).   Ídolo carnívoro en custodia de ratas o bandadas de carroñeros: hombres bajo faroles atestados de alas grises, cronistas detrás del vapor de carritos surtidores: cápsulas de tiempo, expedientes a sello de sangre de las habitantes a la sórdida casa.   Oh, refugio santo, déjame entrar en tu olor de perras después de lluvia: yo también anduve los charcos y alguien compró mi sonrisa, creí y fui abandonado.   Toma este cuerpo que eléctricas agujas pican. Esto que pide ser devorado es el poeta que te virginiza y traviste en diosa horrible verdadera,        sonrisa de metal, piedra en la mirada, dime que un corazón arde tras la voracidad de tus pechos, que deseas el bendito sabor de agua fresca cayendo al alma, salir de aquí antes que de tus pulmones  el humo, si no ¿qué haríamos tú y yo sino rumiar nuestra miseria? 121


Calle12 Autos, lámparas, cristales. Líquidas luces como lágrimas derramadas ante aparadores críticos del hombre. Cuerpos en vitrinas tan endurecidos como los cuerpos que  andan. Cuerpos salidos del fondo más vacío del alma. Viento polvoso arrastra días y noches polvosos. Pies que no avanzan en su propio destino,               sí en el desgaste del mundo. Pies que dan vuelta sólo a la maquinaria de sol y luna que se oferten en descuento. Pies que doblan la calle y pasa un milenio regateado por la pobre mano materna del tiempo. Pies, sólo pies sin luz en la cima del cerebro. Soledad regada por la calle, hueca y brillante bisutería. Soledad ostentada aquí, gritada como manifiesto y justificación de vida. Baratijas por montones, inalcanzables piezas reales para desdeñosas princesas del analfabetismo, príncipes instruidos en el horror de ser hombres lenguas largas, morenos bajo el sol, negros en la noche de sus manos. Autos, lámparas, cristales y el pequeño Wall Street de cobre para esta raza de bronce, raza pobre:               vamos todos como balas perdidas porque las puertas de la transacción se cierran  y pareciera que quedaremos fuera del mejor baile adolescente, sentados a la barra de los que esperan en largas filas como cerco de protesta gritando consignas inaudibles. Cuando más apretamos el paso la gente parece posar ante lentes de jueces y dadores de abundancia pero sabemos que son tristes representaciones de ellos mismos, brotados de la imagen del otro en las vitrinas.

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Autos, lámparas, cristales y la solitaria industria del hombre, la industria de manos que baten, cosen, decoran, reciben dinero a la vez que entregan el dulce comestible milenario custodiado por los guardias del ayuntamiento en la ensoñación del balneario veraniego: espantan la mosca y secan el sudor de sus cuellos rojos, tostados por el sol dominante en aceras de rebajas, de insípidos empleados que sólo ahí reviven la mejor escena de sus sueños cual sirviente más altivo que el mejor cerebro del mundo.

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No he de tocar aún tus labios: la custodia del tiempo se alarga en torno nuestro. No permitas que mi mano resbale de la tuya, antes bien descubre que el miedo que se mueve en ti es también la ola que me llega y mece, y tiemblo contigo porque nos asusta este mar en que no tocamos fondo. Aún el césped negro no ensombrecía nuestra barba ni vibraba el trueno en nuestra voz que hoy censuramos, cuando había visto ya tus ojos y por tus ojos, sin esta cercanía en que la palabra enciende rayos de conciencia: si la razón nos descubriera te irías rompiendo muros con tu puño convulso, fuerza inconmensurable en que soy líquida paloma entre tus brazos, víctima por omisión para tu voracidad impostergable podría salir del refugio en nuestras manos juntas, entregarme a tus fauces, entrar y morir en ti; pero nada sucede más que el caer de mi mirada sobre tu sexo arropado como un niño, nube ahíta de tormenta indecisa por llover; húmeda en tu aroma cae mi mirada hasta la prisión de tus muslos donde mi boca y nariz quedaran tan cerca de tu príapo que otra noche viera maravilloso y espléndido erguirse como un sol amaneciendo en la boca de una mujer ebria. Mi boca está a oscuras. Mis manos tiemblan en el frío del miedo. Mi ser entero sería para cualquier átomo tuyo porque cualquiera de ellos son de veneración para los míos. Oh, febril amante irisado en luna, hemos llegado hasta aquí por una vorágine de alcohol: dame cabida en el vasto terreno de tu espalda, de tu pecho, soy el manso que gusta comer de su pasto, obscenamente comer de él y sus dos ojos ciegos, grotesco, sentir el rudo vello de tus piernas y su paraje oculto, déjame, canino, oler el sudor en tu cuello, tus axilas como lagos con que se baña viril tu torso, ángel etílico, adonis voraz,

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constelación única para mis ojos, brújula, mapa de sangre siempre hacia ti, vida inminente en esta sombra de duna abrázame hasta el más amoroso tedio, hasta que el alba-reloj se llene de arena y estemos atestados el uno del otro, sosteniendo la vida con los dedos muertos de amor dame tu hombro fértil para mi cruz de ceniza, para descansar en ti mi cabeza pues he dejado crecer mi cabello para tu mano de hierro: dirígeme, domador, a libar todo cuanto tenga tu nombre. ¡Ea, pues, señor abogado mío, no me redimas de ti, no me liberes! Vuelve a mí, esos tus ojos ardorosos y después de este entierro muéstrame apacible el fruto benditísimo bajo tu vientre. Oh, caliente. Oh, sudoroso. Oh, dulce siempre vigoroso arriba. Incasto con mancha, Incasto poluto, Incasto digno de succión, Incasto digno de lascivia, Incasto poderoso, Trono orgásmico de eterna rudeza, Causa de mi alegría, Vaso espiritual de erección, Vaso venenoso de mi gracia, Vaso de verdadera penetración, Torre lúbrica de marfil, Estrella desmañanada, Refugio seminal de las pecadoras, Rey de mi martirio, Rey de mi inclinación, Rey concibiendo mi pecado original, Rey de mi paz.

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Andrés Zurita

Eva Cuando me llamen a cuentas no te delataré cuando me expulsen del paraíso preguntaré: ¿Si no creaste a la mujer para probar con ella los frutos del mal y del bien, entonces para qué?

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Mariposa Para domesticar el sentimiento de celos hay que amar a una prostituta, sin caer en la tentación de redimirla. Los labios de los clientes secretan quitina (proteína endurecida) sobre su cuerpo, después cuelga de mis brazos rígida, encapsulada y los sueños se acumulan uno sobre otro. Termina la metamorfosis y surgen frágiles movimientos de alas nervaduras escamas de la mariposa reina, con dibujos negros sobre anaranjado.

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Conquista Milímetro a milímetro conquisto tu cuerpo el último asalto a fuego y cruz - ¡Jesús! diría tu madre.

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Oscuridad Solo en la inmensidad de la cama. Para cubrir el hueco de la boca del estómago, flexiono las rodillas y arqueo el cuerpo en posición fetal. Muchas veces me despiertan sus pies descalzos que se dirigen hacia mí. Abro bien los ojos, sólo está la oscuridad.

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Oráculo ¿En qué momento se perdió la batalla? Vuelvo con la armadura a cuestas como predijo el oráculo. “Desandarás tus pasos, en la espalda despojos, a tientas el corazón”.

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¿Por qué será? ¿Por qué será que el dolor por la ausencia de una mujer cala en la panza? Como si hubiéramos metido las manos y extraído la porción de vísceras que en ella cabe como si se tuviera una hambre que no se sacia con alimentos como si sólo nos consolara dejar ahí las manos quietecitas, no para llenar el hueco, sino para que el vacío no se haga más grande. Como si la cascada de pronto se secara y el reflejo de nuestro cerebro siguiera repitiendo la caída los recuerdos de su cuerpo haciendo mella abriendo la dureza en fragmentos los recuerdos de su cuerpo haciendo mella abriendo la dureza en fragmentos.

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Carmen Ávila

Instructivo Para olvidar a ese hombre ve en cine la última película de Tom Cruise tómate tiempo para caminar sin rumbo por la ciudad sube al segundo piso de tu casa corriendo y baja los escalones saltándolos de 2 en 2 compra un libro de cocina, haz todos los pasteles que vienen en él luego cómetelos limpia un costal de frijoles, dónalo a los pobres mira en la plaza a las palomas que esperan que las alimentes pero no las alimentes tramita una visa en la embajada de los Estados Unidos planea un viaje por Europa mira la televisión todo el día vuélvela a mirar sin encenderla trabaja en una zapatería dales a los clientes 2 zapatos izquierdos toma clases de trombón y húngaro al mismo tiempo únete a Green Peace o lánzate de candidata a diputada por el partido Social-Demócrata pide informes para enrolarte en un convento quédate varias noches sin dormir pensando, pensando, pensando emborráchate en las fiestas, busca fiestas, haz fiestas. córtate el pelo, tíñetelo, hazte la base, córtatelo otra vez aprende a patinar en hielo sin patines vuélvete testigo de Jehová o Budista y si no te satisface vuélvete lesbiana, vuélvete puta. platica con la señora que barre descalza, bajo la lluvia, el agua que corre por la calle ve al asilo de ancianos y pregúntale como le hizo para olvidar todo la viejita con Alzheimer y sólo de esa manera y solamente entonces te darás cuenta: el olvido no es fácil. 132


La samaritana Hubiera sido sirena si hubiera aprendido a cantar Miss Universo si tuviera las medidas monja pero no aguanto ceñirme los pechos teibolera pero no bailo bien mesera (jamás me cortaría el cabello) jurista, agrónoma, esquizofrénica, científica estatua de la libertad una ama de casa con dos niños la bruja de Blanca Nieves o la misma Blanca Nieves o la manzana con la que la bruja envenenó a Blanca Nieves hubiera sido reina de Suecia pero puedo ser (si lo pides) una labradora que moje con mi lengua los surcos de tus labios o la mejor quiropráctica que acomode de memoria cada uno de tus huesos hubiera sido sirena pero soy una simple mujer que cuando le dices tengo sed te trae un vaso con agua.

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Dentro de tus llagas ¡Y pensar que lo hicieron de barro que al decir su nombre todavía me salgan pústulas estigmas úlceras macilentas herpes en los labios por el agua oscura que bebí de su costilla sal de vinagre esponja en la garganta que no puede gritar más ese nombre del hombre de mi carne y mi costado por larvas su espalda sea carcomida y su muerte de la luz sus labios, tuétanos podridos nada es caer y todo detenerse sólo la noche es esfínter de pantera sin una cruz mientras sigo condenada a tragar cabellos negros a soñar que en las tumbas escarbo las cenizas azules de los muertos y me las unto en los brazos Regáñame madre por llorar abrazada a ti cuando permita que los médicos me amputen una pierna y me olvide de las palabras personales sin avestruces a las cuales regresar para seguir nombrando todo el tiempo a galope.

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Los poetas deberíamos de formar sindicatos los poetas deberíamos de formar sindicatos, hacer huelga, dejar de escribirle, por ejemplo a los olores, esos fantasmas, metáforas, que sólo se miden nasalmente. Eres de los hombres que con su olor me han excitado, me pones brava, perra de caza. Como loba en celo, recordando, al que olía a aserradero, al que destilaba vino por los poros, o alcohol por lagrimales, al que desgarraba los perfumes de sus camisas al desnudarse. más tú, con piel de pan horneado, tu cabello que huele a manteca, tus axilas sudando vinagre, tu sexo, donde paso reptando, su aroma, como alas de insecto, huele a hierba, a pasto mojado o tu ano, pozo prohibido, estanque enlamado, profundo.

Busco los polvos de mariposa, los inhalo y resbalan oscuros en mis pulmones. Va despertando el monstruo que se alimenta de tus vapores. Soy la sacerdotisa de Delfos, me drogas, oráculo de placeres que se acumulan en los vellos de mis fosas nasales. voy dejando de ser mujer, huelo a hombre, a fiebre, a saliva, a pus de tus labios, a tus besos, entran, en huracán en torbellino que se arremolina en mi cabeza. mientras tanto, todavía pienso que los poetas deberíamos formar sindicatos hacer huelgas, dejar de escribirle a los olores.

Poemas editados en las Antologías conmemorativas a los Concursos Nacionales Literarios del Sistema itesm 135


Joaquín Peña Arana

De amnesia cotidiana

Lauro Aguirre es la colonia donde vive un amigo. Hidalgo la avenida que pasa cerca. Portes Gil me lleva a la playa. Obregón prolonga mi ruta. Nombres. Nombres. Nombres. ¿El amor se desgasta? ¿La heroicidad también? Ambos, de tanto usarse, pueden fortalecerse, dicen los que saben o dicen saber. Pero perderles sentido, extraviarse en su entraña hasta asfixiarse, a veces, u olvidar, eso es más frecuente. Palo Alto es una derrota. Matamoros un apellido. Cárdenas un santo. Un cerro se llama Andonegui ¿o Andonaegui? ¿Qué hay que hacer para que nuestro apellido vaya a parar a una elevación geográfica que se desmorona? Morir. Morir ¿por qué? Vivir. Vivir ¿para qué? Veo la Aduana, forjada en hierro europeo. Olvido. Olvido que no surgió por generación espontánea. Amnesia colectiva. Una placa de metal no basta. Manos. Muchas manos. Dolor, intenso el sufrimiento para construir la obra del progreso porfiriano. ¿Por qué hubo que esperar tanto a que Díaz nos observara desde la perpetuidad de su balcón?

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Olvidamos. De tan natural que nos parece todo. Olvidamos. De tan hechas que están las cosas. No estaban ahí. Hace cien años no estaban ahí. Hace doscientos años no estaban ahí. Hace 500 años no teníamos nombre en español porque la palabra conquista no existía siquiera como palabra en nuestros habitantes, los que ya estaban aquí. Los que hemos olvidado. Hablar náhuatl: vergonzoso. Hablar huaxteco: es de indios. Decirle a alguien indio: un insulto. Decir en Estados Unidos indio: una raza propietaria de casinos. Hablar inglés: primer mundo. Recuperar. Alguien me diga una buena razón para evitarlo. Recuperar la historia, la cotidiana. La que escribimos con nuestros actos, la que escribieron quienes Nos engendraron. Lo heroico es esto: no dejar de ser. Ser país. Poeta. Escribir. Creer. Hay sangre ahora. Hubo sangre antes Hace cien años y hace doscientos. Pero la guerra es otra. El enemigo es una pesadilla que tortura, arrebata, elimina vida cotidiana. La batalla es, pues, la continuidad de ser país. [25 de febrero de 2010] 137


Lizette Alvarez

Hombre huasteco 1

Todo era oscuridad y agua en un principio la existencia hacía gala de su ausencia pero los dioses vieron que la vida era buena vieron el futuro en un pez y tomaron para formar con él un cielo y la tierra para darnos un lugar nuestra región huasteca la región de las márgenes del río la tierra de la fiesta del Xantolo donde todos entonamos en lengua teenek la canción de los muertos que se han ido sonando en sus muñecas cascabeles 2 no exigiré al universo la regeneración del hombre y la naturaleza el ser que soy sobre la piel del pez alabada sea la fertilidad de sus escamas y mi falo en la mujer que amo en ese eterno ciclo vida muerte vida de mi potencial creador pues a la margen del río nací / moriré / renaceré no exigiré al universo no forzaré el caracol 138


3 Piso las escamas del catán que flota en el océano y cuando labro la tierra es su piel la que se rompe con mi bastón sembrador si lastimo la tierra lastimo al pez la acción amerita restaurar heridas y la sangre sólo sana con más sangre pero mi sacrificio es misión / pureza / dolor el nombre del cielo y la tierra el nombre de un dios hecho vestigio 4 mi piel es morena rumorosa como secreto contado al oído como el correr del río Pánuco como agua hecha lujuria

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5 Miro a mi mujer enredar en el telar el algodĂłn / su sudor / mi corazĂłn acelerado y miro la cavidez de su cadera la sonrisa incitante recargada en mi hombro miro a mi mujer y enredo mis ojos en su cuerpo en su sexo que es como esos capullos que se tejen todos los dĂ­as y yo soy el hilo anudado a su soplo y yo soy la fibra y la cuna y juntos mecemos agua aliento vida

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6 Penetrar la noche es internarme en ese río femenino y subversivo de sus palabras de su piel que acaricia la mano que la toca de su cuerpo en el que fácil dormiría las jornadas penetrarla es cruzar la frontera finísima de las corrientes marinas la humedad de su lengua recorriéndome los minutos penetrar la noche es saborear su aroma a luna menguante internarme en las sales y asirme sin sabores sin placer mayor que el universo de su vientre

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7 Desde la región del centro danzo al sol mis pasos siembran una historia de caracolas en mi pueblo que es como la arena un mundo donde el mar y la luz descienden y cuando la materia hecha postura se vuelve pueblo se vuelve cuerpo en ofrenda se entrega el movimiento 8 En las cuerdas del violín comienza una fiesta de falsete y paso doble quién nacido en la huasteca sabe resistir la seducción de un guapango el querrequé en la fiesta querrequé hecho en las cuerdas querrequé en una historia querrequé en la jarana { soy puro tamaulipeco…} 142


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Lorena Illoldi

Batalla social

soy conscripto no liberado del terror de los días obligado a marchar contra el destino soy madre soltera señalada con fuego por esta sociedad perfecta arrastrando conmigo la víctima del sacrificio soy ecologista que marcha y protesta al tiempo que uso platos de cartón y tiro basura cuando no me ven soy secretaria de dependencia pública y si tengo cara de pocos amigos es porque de veras no tengo con este sueldo no compro cariño soy maestro mi voz está cansada porque un día grité tanto las verdades de mi patria que mis oídos están sordos ya no escuchan soy sacerdote mis palabras no brindan consuelo a tanto pobre no hay pan que sacie su hambre no hay sustento que colme sus carencias no hay dios que escuche sus plegarias y yo sigo aquí próximo a develar las cien mil representaciones soy diputado nadie me cree cuando digo que no alcanza este mísero sueldo para mis necesidades ¿qué no entienden que no tengo fondo? ¿qué no ven que soy más pobre que ustedes? 144


soy prostituta suripanta fichera meretriz puta no cambio esta vida por otra ni creo que pudiera hacerlo no espero gran cosa si mi papi no me pega entonces es buen día no extraño cama limpia ni casa segura tampoco un abrazo sincero nunca los he tenido soy indígena how are you ich lieben dicht je t’aime con las turistas mis connacionales regatean mi trabajo y yo lo vendo por tres tristes pesos por eso pienso a veces digo pues sí me voy hasta la sierra y cubro mi cara para que no vean mi vergüenza soy volador de papantla saludo a los cuatro puntos cardinales y a los güeritos que me toman fotos soy matachín le bailo a mi nonantzin pido coperacha en este mercado en que ando le rezo a san juditas para que tezcatlipoca me ignore y no sacie en mí pobre inútil la ira de su venganza

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Batalla campal oigo las ventanas de la noche abrirse tras de mí asciendo los peldaños de la desesperación los metales se alcanzan el festín empieza recuerdo casi cualquier cosa excepto el sabor ácido de tu sangre la fiesta acaba el lloro comienza me pregunta la luna tan serena de ti por ti y para ti y yo que tan sólo imagino cómo sería vivir sin este zumbido en los oídos sin las presencias colándose en la memoria sin escuchar lo que no se nombra yo recuerdo casi todo menos a ti

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Batalla nocturna camino las calles de eblis el hastĂ­o llena mis bolsillos y vacĂ­a mi alma las letras en el cielo me iluminan mostrando el camino al laberinto una comparsa danza/grita/llora/bebe sobrevive una lĂĄgrima en la sombra me deslizo por ver si paso desapercibida ante otros ojos mas no a los mĂ­os si los abro me miro si los cierro me espanto mi rostro mira mi rostro y mis manos se cierran en mi cuello el ahogo este pecho que sube y baja y sube y baja y sube y baja sofocando el miedo y el crujir y el lloro y me voy

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Batalla lírica no fue nunca la poesía la última ocasión de lo humano no fue nunca la poesía la oportunidad de redimir mi canto no fue nunca la poesía recurso válido para sanarme qué es sino el espanto amarga sucesión de cantos funerarios en gargantas enmohecidas qué el vacío/lo cascado de mi voz la tuya y este dolor perpetuo qué es la vida sino este continuo andar y andar sobre los mismos pasos bajo un sol que no calienta repito las mismas maldiciones los conjuros mentiras que calman a ratos la bestia enfurecida de dolor que llevo dentro y que simplemente no comprende por qué no habría de bastar la poesía 148

tan sólo


Batalla gremial pobre poeta solitario y sin habla y desnudo y vencido JosĂŠ Revueltas el poeta escribe porque el habla lo desborda el poeta escribe porque nadie lo escucha el poeta escribe porque la tranquilidad lo ignora el poeta escribe porque no puede hacer mĂĄs nada que escupir/esculpir palabras

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Nohemí Sosa

Pequeño príncipe

El pequeño príncipe Cuauhtémoc era casi anoréxico porque a los aztecas no les gustaban los niños obesos si vivieran ahora se asustarían con la comida Capitán “fried chiken” Tenían una estética exigente así que cuando vean un guerrero azteca con su minúsculo taparrabos y su capa adornada de oro deben saber que ese cuerpo era producto de una educación Mientras los niños sacrificados a Hechicero Colibrí no lograban endulzar su furor Cuauhtémoc aprendía humildad escogido príncipe trabajando de niño pepenador en el mercado Tlatelolco Cuauhtémoc último señor de los aztecas aunque perdiste tu imperio apareces como un modelo como un ideal ya casi perdido entre las ruinas de los palacios

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Canto

Aunque los hombres canten a sí mismos a veces con fatiga con antifaz con ruta de tormento Yo cantaré a mi Dios de manos luminosas oído atento a mi dolor corazón de pan alimento semilla de vida crecimiento de verde mi florecimiento interno de arco iris luz intensa luz que alumbra mi camino donde avanzo victoriosa

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Queremos ser ofrenda

Abuela Ho’o Mashu’ aquí estamos enroscados al árbol con un coraje añejo con una furia santa queremos florecer mas el verde apenas es retoño y aún con tantos siglos el maíz no atesora nuestros sueños el agua de este río se enturbia Somos un muhú violento de la costa que danza para echar fuera sus demonios que sacude lastimosa sonaja con una máscara que encarna al paso de los años mientras tú abuela Ho’ Mashu’ ya no existes en la memoria ahora hay una mujer emblanquecida poco dócil una mujer que da y no recibe y la añoranza de aquella dulce Tlazolteotl de los amores

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se quedó entre las nubes se quedó entre los siglos sus dulces querubines de penacho y sonaja siguen su danza que ahora es triste acompasada danza de rutina de agónico esperpento ¡oh! tiernos querubines mexicanos que huyeron del retablo Abuela Ho’o Mashu’ queremos ser vigorosos de nuevo hombres águila jaguares fieros que amen tiernamente a su propia Tlazolteotl el machismo nos duele nos carcome las almas ¿hasta cuándo vencidos? queremos renacer ser ofrenda de amor a nuestro Dios eterno


Rescatista

y casi quedamos saciados la sed restante será nuestro tiempo de sol la piel poblada buscaremos la huella vegetal y al hallar el origen beberemos uniendo con miradas el mismo reflejo sin ahogarnos/ nunca / sin ahogarnos rescátame tú a mí y yo a ti en los vendavales rescatista sin perro rescatista sin equipo de buceo rescátame del agua turbulenta sé mi héroe hoy

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Arcángeles y sol

Los arcángeles pelean a mi alrededor con alas y espadas de acero yo camino muy sola y casi triste bajo el sol severo de este cambio climático de junio llevo sueños en una gamebag a mi espalda Casi escucho el resonar de los metales y la oscuridad de los enemigos me asusta sin embargo todo pasa y vuelvo a mostrar una cara sonriente aún a pleno sol casi no hay van corriendo a gran velocidad por las calles es domingo y la mayoría ha alargado su sueño yo me preparo para la rutina de una semana más para esos días de 24 horas como en los supermarket sin dinero y sin amor llego a mi casa mi hija me espera con los nervios tensos chatea y escucha música con los audífonos todo es silencio el sol invasor y tu recuerdo los arcángeles descansan ahora estoy en paz y sueño despierta

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Cabalgadura (aparece el virus H1N1) Es el día silenciado de mirar por el orificio de la cerradura de la muerte de escolares dispersos de vergüenza en la letra del amor ausente pero es el día es aquí estoy para nombrarlo en su filo vespertino aquí estamos vivos

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Espejismo Carcomiste mis alas con tu boca enmielada y al volar en la luz sentí vergüenza mas vi que esta batalla de amor desconsolado fue sólo un espejismo

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Pilar GonzĂĄlez AmĂĄndonos Alfombra de las grises olas, suave galopante vaivĂŠn, empapados los dos, como si el mar como si los dos. Una y otra vez en la arena se retraen y nos deja, volvemos, nos lleva, dibujados en la fina tela. Dos en la espuma rugiente, rompemos los instantes, tibios en el atardecer, en el marco del horizonte. brujo el delirio, viejo el dĂ­a. Ya viene sedienta la noche nos llega de lo oscuro. Bordado en el encaje luce iluminado un reflejo desnudo de sal mar embravecido, nos tomas y te vas.

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Brazos de agua Siempre tu grandeza, cautiva en tu azulado andar, a veces serena, a veces el mar sólo a veces. Apenas extraño, tu nacarada locura tu estruendo, tu morada tu abandono.   A saltos volvías brazos de agua, me agitas, me ahogas, me salvas. vientre rendido en la inconsciencia en tu llamado Brazos de agua, pertenezco a la tierra a este continuar soy la misma, la que regresa y se aleja sin algo que llevar los años me visitan dejo de cantar, despierto a la codicia a tu mano de muerte a tu azulado andar.

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Sepultura En sus lágrimas navega la locura, quedan en blanco páginas con premura destrozadas. silencio de horror le cortan su camino surge un grito de castigo su destino avanza.   infierno sometido sin pensar en sus heridas flagelazos de dementes la dejan en la orilla.   depredador voraz inclemente, malicioso goza en sus ojos blancos llega lenta la inocencia librando su atadura su desdén de piernas cortas su boca abriendo sepulturas.

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Roberto González Viñetas de estragos cotidianos todo entra por la ventana en domingo tedio desdicha versos de una viscosa canción de verano casa adentro el muchacho que sólo sabe transitar por el bordo de las lodosas lascas de su extrañeza observa al apestado e inexorable lunes instalarse

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desde las camionetas que malconducen imbéciles vomitan sus gritos a rostro tuyo en abatimiento cuadras adelante un convoy de cobrizos verdeapagados soldados y una niña de jumper carmín agita su mano bandera de su patria ese adiós

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a los pocos minutos de su afrenta la lluvia domina las calles el agua conquista a la ciudad falso concepto el progreso cuando ni siquiera un sistema de drenaje eficiente cualquier día se viene abajo el techo del cielo sepultará lo que en convencimiento edificamos retornará la vida al desagüe del que provino

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en esta ciudad no existen perrosdeagua tampoco carne alatampiqueña pero hay taxis desaparecen librerías foros de expresión espacios para el arte pero cada vez más taxis las áreas naturales son arrasadas a los cuerpos de agua los mancillan la turbias manos del progreso y la modernidad los edificios a donde mandaron a vivir a la esperanza se desmoronan pero mira se aproxima un taxi sucede que no hay sitio alguno para estarse que no sea el climatizado traqueteo interior de un taxi que avanza rabioso tantas veces ilícito por esta ciudad 163


la guitarra fender brilla excelsa en el aparador aun cuando la tienda de música ha cerrado ya y a esta hora sobre la acera no hay más que cinco cuerpos tumbados en el anonimato del sueño sus ropas raídas sus acres humores envejecidos todos por los golpes de la carencia la necesidad las identidades se diluyen en la niebla del desamparo y en la perpetua noche de su mutismo los autos cruzan la calle indolentes se suceden las horas se agazapan los cuerpos la guitarra sigue brillando

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en dónde encontrar luminosos redondos frutos cuyos jugos refresquen y bañen de entusiasmo al hincarle los dientes del espíritu en el suelo ni rastro de las broncíneas llaves que otoño llovizna esas para abrir hacia adentro tuyo más árboles de lo posible le faltan a estos yermos días

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Romina Cazรณn

Todo lo hondo tiene un nudo ciego no desesperes.

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Amado hijo hay caos en el mundo cierra tus ojos.

En la madrugada no me despiertes jamรกs incendio todo

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Hagamos magia la luna estĂĄ sola tambiĂŠn los cuerpos.

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MaĂąana vendrĂĄn los gusanos a verme y serĂŠ otra.

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Sandra Ruth Sosa Luna Reglas para cantarle a un héroe Sí, para cantarle a un héroe existen reglas, una receta básica, pero perfectible, al gusto del letrista, el arreglista, el traductor, la casa productora o el cantante. Sin olvidar hablar de lo importante: Cantarle en el presente sería en vano. Aún no tiene fuego en la mirada ni botas que a su paso abran la tierra ni en la memoria habitan sus hazañas ni conmueve, ni asombra; es sólo humano. No ha muerto por su causa o ha salvado la vida de algún perro o un anciano; no ha hecho de su espada la palabra ni congregado multitudes en el llano dando sermones o arengas poderosas; hendido el corazón sólo con su mirada, movido aquello inamovible logrado sobre todo, lo imposible. No lo rodea un aura portentosa que lo salve de las balas cual coraza y lo haga misterioso, impenetrable. ¿Destaca por su altura y su grandeza más que una estatua venerable? ¿Lleva en el alma la pureza de un ideal lejano y alcanzable? ¿Qué nos hace entonces recordarle? Camina al mismo paso con nosotros, viste una ropa común, indistinguible, habla y se ríe, cuenta chistes malos. 170


No le decimos héroe; es un hermano, comparte con nosotros unos tragos, sabe o no de fútbol, el precio del tomate, se queja del calor y la comida, ¡va hasta el domingo a misa, muy temprano! ¿Cantarle? Pareciera algo raro, darle los buenos días es suficiente por educación, por no dejarlo y así no ser tachados de groseros. No lleva puesto el traje, ni la capa; una casaca militar, lentes oscuros, un séquito de fans o guardaespaldas, una placa o gafete que lo identifique; se esconde entre todos hábilmente tanto que, a veces, ni él mismo se sospecha ¿Ser un héroe? Nadie que yo conozca trataría sin medir peligros, en un día, detener un incendio, a un asaltante sin ser bombero o policía. Los héroes gustan de ocultarse no hay vida más discreta, la de un héroe de incógnito, ¡lo juro! Debemos observar atentamente señales que siempre los delatan: hacen más que los demás, ¡llegan a tiempo!, ceden el asiento en microbuses, 171


te prestan, cuando nadie te socorre; se ofrecen a dar sangre, no ponen apodos y respetan, respetan hasta los avisos de las paredes: no fumar, no correr, apague su celular. Los héroes se cantan en pasado cuando nadie pone en duda su valía y sus actos sin duda le han mostrado, porque no tienen privilegio de edad, color o sexo, ¡por eso están tan disfrazados! Si hallas uno entona un canto gutural, dramático, pinta un cuadro, dedícale una oda, ¡o un canto gregoriano! Los héroes de ahora no son los de antes, pero son los de siempre sólo hacen ”lo correcto”, ¿por qué? Porque deben hacerlo.

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Sobre los autores Alejandro Betancourt Cd. Victoria, Tamaulipas, 1987 Estudiante de la Licenciatura en Lingüística Aplicada. Ha sido integrante de numerosos talleres de creación literaria, colaborador de diversos espacios culturales y cafés literarios, así como integrante, desde su fundación en 2003, del foro cultural El Aleph; es, además, columnista en diversos portales de internet y revistas independientes. En 2004 obtuvo Mención honorífica en el V Concurso Estatal de Literatura por el poemario Purpurina Noche. En 2005 fue merecedor al primer lugar en el Concurso de Poesía Juan José Amador por La Palabra del Olvido. En 2006 fue reconocido por su obra poética por el Partido Revolucionario Institucional, y en ese mismo año fue becado por el Programa de Estímulos a la Creación y Desarrollo Artístico para publicar su primera plaquette de crítica social, Urbano.

Andrés Zurita Zafra San Mateo Tunuchi, Oaxaca, 1965 Originario de la Región Mixteca del Estado de Oaxaca. Ha publicado la plaquette Deshuesadero (Molino de letras, Estado de México, 2003). Colaborador de la Revista literaria Molino de letras, Texcoco, Estado de México. Ha participado en el Taller Literario impartido por Lorena Illoldi en la uat (Cd. Victoria, Tamaulipas, 2003), y en el Curso de Poesía de la Escuela de Escritores de Querétaro (2005).  Instructor en el taller literario del cereso de Cd. Victoria, Tamaulipas. 2007.  Exposición fotográfica “Mujer, Naturaleza y Escultura”. Casa del Arte, Cd. Victoria, Tamaulipas. Octubre de 2007.  Participación en la Exposición fotográfica Las 100 Imágenes, Centro Cultural de Cd. Victoria, Tamaulipas, 2008 y 2009.

Arodi Segura Hernández Cd. Victoria, Tamaulipas, 1987 Pintora y estudiante de la Licenciatura en Historia de la uat. Su trayectoria como artista visual aparece valorada en el libro Identidad y Patrimonio Cultural en el Municipio de Victoria, Tamaulipas. Participó en el Taller de Creación Literaria uat (2008) y en el Taller “Ficción Histórica desde Abajo” impartido por Cristina Rivera Garza (Cd. Victoria, 2009). Coordinó el Taller de Poesía (2003) y Oratoria (2002-2005) en la Escuela Preparatoria Federalizada, no. 2 “Lic. Aniceto Villanueva Martínez”. Ha traducido textos especializados en estudios históricos (inglésespañol). Actualmente participa en el Club de lectura “Aureolas”. Es colaboradora de los programas de radio “Tamaulipas Memoria de nuestros Centenarios” y “La historia Hoy” (Radio uat).

Arturo Castillo Alva Tampico, Tamaulipas, 1946 Poeta, Narrador y Dramaturgo. Premio Nacional de Cuento Efrén Hernández 1996, Gobierno del Estado de Guanajuato, Universidad Iberoamericana. Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 1995, Universidad Autónoma de Zacatecas. Premio Nacional Obra de Teatro 1992, Gobierno del Estado de Baja California, inba, Consejo Nacional para la Cultura y las artes. Premio Estatal de Dramaturgia 1988, Gobierno del Estado de Tamaulipas, inba, Programa Cultural de las Fronteras. Premio Estatal de Poesía 1986, Gobierno del Estado de Tamaulipas, inba, Programa Cultural de las Fronteras. Premio Nacional de Cuento Efraín Huerta 1984, Ayuntamiento de Tampico. Ha publicado los libros: En todos estos años (Poesía, 1984); Fragmentos rescatados del más grande poema tampiqueño jamás escrito –y otros fragmentos– (Poesía, 1986); Uno de elefantes, Aquí bailando, La fórmula secreta (Teatro, 1990); La Fuerza Divina (Teatro, 1994); Años sin viento (Poesía, 1996); Años más años menos (Antología poética, 1998); Los días perdidos –y otras pérdidas– (Ensayo y crónica, 2002); Días de amor –y otros olvidos– (Relato, 2004); Un día de estos (Colaboraciones periodísticas, 2006)


Carlos Acosta Antiguo Morelos, Tamaulipas, 1954

Celeste Alba Iris Cd. Victoria, Tamaulipas, 1968

Radica en Ciudad Mante, donde desarrolla y practica su vocación literaria. Ha obtenido el Premio Estatal de Poesía Juan B. Tijerina, Tamaulipas, 2002. Fundador del Suplemento Cultural Colectivo3, que ha aparecido en el Periódico El Eco del Mante, desde Agosto de 2002. Su obra publicada: Antología de Poetas Mantenses Vol. 1 (1992); Sucede a diario, Consejo Estatal para la Cultura y las Artes (1996); El Suburbio de los Sueños, Círculo Literario Manuel F. Rodríguez Brayda (1997); Escarbar, Universidad Autónoma de Tamaulipas (2000); Espiral de Luz, Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes (2003); Campanas en la Niebla, Ediciones Colectivo3 (2004); Antología de Poetas Mantenses Vol. II (2005); Marotas, Ediciones Colectivo3 (2006); En memoria de estos años, Consejo Municipal de Cultura Ciudad Mante (2007) y Antología Colectivo3 (2008).

Tiene dos cuadernos de poesía publicados: Cualquier día de la semana, por el Gobierno del Estado de Tamaulipas, y Costumbre de vivir, por la Universidad Autónoma de Tamaulipas. Se encuentra incluida en diversas antologías: Anuario de Poesía 1988-1989 del Instituto Nacional de Bellas Artes, antologado por Víctor Manuel Mendiola. Entre el Pánuco y el Bravo. Una visión Antológica de la Literatura Tamaulipeca, antología de Orlando Ortiz. Poetas de Tierra Adentro II, presentación y recopilación de Héctor Carreto, conaculta. Poetas Tamaulipecas del Siglo XX, antología de Noemí Sosa Reyna, editado por el itca y Letras en el Estuario, antología de Ramiro Rodríguez; editada por el Consejo Municipal de Cultura de Matamoros. En 1997 se le otorga el Premio Estatal de Poesía Joven Juan José Amador, convocado por la Dirección General de Extensión Universitaria de la Universidad Autónoma de Tamaulipas. Ha obtenido diferentes becas nacionales y estatales, lo cual le ha permitido escribir poesía e impartir talleres de escritura creativa para niños por todo su estado, así como capacitar a maestros y voluntarios para esta labor. Es creadora del proyecto y coordinadora general de Los Santos Días de la Poesía, encuentro de escritores desde 2009. Actualmente cría dos hijas, se desempeña como docente universitaria y escribe la columna “Eva sin paraíso”, la cual se publica en tres importantes periódicos de Tamaulipas.

Carmen Ávila Saltillo, Coahuila 1981 Entre sus publicaciones se encuentran Mercedes del 63 y otros cuentos (icocult, 2006), La máquina de vivir (Tierra Adentro, 2008) y Praga como un cuerpo (Universidad Autónoma de Coahuila, 2009), así como poemas, cuentos y ensayos en distintos medios impresos y electrónicos de México y el extranjero. Algunos de sus textos han sido traducidos al inglés, francés, árabe, sueco y polaco. Recibió la beca Jóvenes Creadores del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Coahuila en Poesía 2005-2006, así como la del fonca en Ensayo en 2006-2007. Ganadora del Concurso de Ensayo Mauricio Babilonia, convocado por el itesm en el 2003 sobre la obra de Gabriel García Márquez. En el 2006, obtuvo un reconocimiento por su participación en un concurso internacional de ensayo joven en Tokio Japón. Su libro La máquina de vivir fue finalista en el XIII Certamen de Poesía María del Villar en Navarra España y obtuvo mención honorífica en el Premio Nacional de Poesía Joven Francisco Cervantes Vidal en Querétaro México. Ha participado en Festivales de Poesía en París, Francia y Varsovia, Polonia.

Cynthia Belinda Rodríguez Leija Nuevo Laredo, Tamaulipas, 1974 Ha sido distinguida con el Premio Nacional de poesía Ramón Iván Suárez Caamal y el xvii Premio Estatal de Poesía Juan B. Tijerina. Ha sido becaria estatal, por un proyecto de cuentos infantiles, Tamaulipas, conaculta. Publicaciones: Oscuro Zodiaco, unam Colección el Ala del Tigre. Reinos de Ciudad, editado por el Gobierno del Estado de Tamaulipas. Ha sido publicada en diversas revistas, entre ellas: El Cuento de Edmundo Valadez, Fronteras de conaculta, A Quien Corresponda, Umbrales, El Laberinto, Columba, y La Linterna Mágica.


Promotora cultural independiente. Es parte de la coordinación de la Revista Artesanal Labrys, y coordina la Red en Movimiento “Mujeres de Tinta”, en Nuevo Laredo y la Zona Norte del Estado de Tamaulipas para el Encuentro Los Santos Días de la Poesía.

Eduardo Villegas Palmillas, Tamaulipas, 1962 Estudió Literatura Dramática y Teatro en la unam. Ha recibido, entre otras distinciones, el Premio de Testimonio 1987, convocado por el inba y el Gobierno del Estado de Chihuahua y el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 1990, convocado por el Gobierno del Estado de Sinaloa, a través de difocur. Recibió la Presea Estado de México 2004, “Sor Juana Inés de la Cruz” en Artes y Letras. Fue becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, dentro del programa Jóvenes Creadores, y del Fondo para la Cultura y las Artes del Estado de México, en la categoría Creadores con Trayectoria. Ha publicado El juego de los gusanos (itc, 1987); El misterio del tanque (uat, 1988); El blues del chavo banda (difocur, 1990); El anhelo del duende (imc, 1999); Las orillas del asfalto (cte, 1999); La noche de la desnudez (feta, 2001); Caras y gestos, teatros para adolescentes, (Lectorum, 2001) y Las aventuras de Eddy Tenis Boy, (Nueva Imagen, 2006). También ha publicado varios libros infantiles: El baúl de los cuentos (Selector, 1996); Cuentos de magos para niños (Selector, 1996); Cuentos de espadas y armaduras para niños (Selector, 1998); Cuentos del Abuelo (Selector 1999); Historias de vaqueros para niños (Selector, 2001); Historias de piratas para niños (Selector, 2001); Historias de Policías y ladrones para niños (Selector 2002); Historias de fútbol para niños (Selector, 2002) y Títerecuenteando, muñecos educativos y divertidos (Quarzo, 2007).

Erika Said Izaguirre Tampico, Tamaulipas, 1985 Licenciada en Letras Españolas por la Universidad Autónoma de Chihuahua. Ha participado en mesas de lectura (Revista Tole 2005; Nueva Lechuza 2006; Feria del Libro Chihuahua 2008), en los encuentros de artistas Conjugando Musas (Chihuahua, 2008), México Joven (Xalapa, 2009) y Los Santos Días de la Poesía (Jaumave, 2009). Tomó el taller “Ficción Histórica desde abajo” impartido por Cristina

Rivera Garza (Cd. Victoria, 2009). Coordinó el Taller Literario “Sin Musa” en 2007 y 2008 y fue juez en concursos de literatura infantil del Estado de Chihuahua. Está antologada en el libro electrónico Panorama de la Poesía Joven Mexicana. Ha colaborado en El Diario de Chihuahua, en Mono Magacín, en la revista literaria Cultura de Veracruz con obra propia (número 45) y con la coordinación de una Muestra de escritores jóvenes chihuahuenses (número 48). Actualmente reside en Mc Allen, Texas.

Félix Cardoso Estado de México, en 1966 Miembro de los Talleres: “Grupo Literario Urawa”, “Sor Juana Inés de la Cruz” y “Gilberto Owen”, impartidos en la Ciudad de Toluca. Ha publicado Trazos en la piel (Cofradía de Coyotes, 2010); Navegar en la piel (Cofradía de Coyotes, sntss, 2009); Sin el aroma de tu rezo (Colección Cuadernos Mexiquenses, 2005) y La hojarasca vuelve a nacer (Cuadernos del Borde, 2005). Aparece en una veintena de de antologías tanto de narrativa como de poesía en las que se pueden destacar: Cofradía de Coyotes (La Coyotera Editores, 2007); Abrevadero de dinosaurios (Cofradía de Coyotes, 2008); Soles de Abril (Cofradía de Coyotes, 2009) y Lunas de Octubre (Cofradía de Coyotes, 2009). Se ha presentado en importantes foros literarios como la xxxi Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, Ciudad de México 2010; en la fil de Guadalajara 2009; en el Centro de Lectura Condesa, dentro del marco: guías de lectura, 2009, y en la Capilla Alfonsina, Ciudad de México, 2008. Ha participado en el Encuentro Internacional de Escritores “Alfonso García Robles” en Zamora, Michoacán. Cultura, Arte y tradición A. C. 2007 y 2008, también en el Encuentro Estatal de Escritores, El Sur Existe… a Pesar de Todo, organizado por El Taller Literario Alebrije, Acapulco, Guerrero, 2007.

Francisco Ramos Aguirre Saltillo, Coahuila, 1953 Licenciado en literatura, con una Maestría en Historia de México. Ha ganado el Premio de Poesía Juan B. Tijerina 1989; Ensayo, 1991; Periodismo Estatal Manuel Buen Día, 1991.


Ha sido becario de pacmyc en 1996 y 2000, del fonca en 1998 y de Cultura Municipal de Victoria en 2002. Ha colaborado en distintas revistas literarias. Ha sido editor de periódicos y creador de distintos suplementos culturales. En la década de los ochenta editó los cuadernos de poesía La jaula de oro, donde se publicó la obra de varios poetas tamaulipecos. Es autor de veintiún libros de crónica, música, gastronomía, historia y poesía, entre ellos Cambio de vía, uat, 1986; Mujer de arena y otros poemas, 1986; Sin motivo aparente 1987, Configuraciones en una tarde, 1990 y Relámpago, furia del cielo, 1994.

Hugo César Moreno Hernández México D.F., 1978 Sociólogo de formación y escritor profesional. Desde 1999 participa en grupos culturales independientes. Cofundador del Grupo Cultural Netamorfosis y la revista cultural independiente El Chiquihuite, en donde se pretende dar voz a la creatividad sin ambages. En el año 2006 publicó su primer libro Cuentos para acortar la esperanza, posteriormente editó dos más que cierran una trilogía: Cuentos porno para apornar la semana (2007) y Cuentos cortos para acortar el domingo (2008). También ha escrito Así aprendió a volar José (2009) y dos novelas. Obtuvo beca del focaem en 2009 y ha participado impartiendo el Taller de Poesía y Narrativa en el Faro de Cuautepec.

Joaquín Ramón Peña Arana Tampico, Tamaulipas, 1968 Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la uat. Desde 1993 a la fecha radica en Matamoros, Tamaulipas dedicado a labores vinculadas con el periodismo. Miembro del grupo de escritores Ateneo Literario José Arrese de Matamoros. Colabora desde mayo de 2007 en el portal electrónico Tampico Cultural. Tomó el Taller de Cuento Impartido por Guillermo Samperio en abril de 2008 que tuvo como sede la Casa de la Cultura de Tampico. Ha participado en diversos eventos literarios: viii Congreso Binacional “Letras en el Estuario” (2009), la velada literaria “Voces desde el Casa Mata” (Matamoros, 2009), y en la primera edición de Los Santos Días de la Poesía (Jaumave, 2009), con el ensayo “Y si Alejandra no

hubiera muerto” y una selección poética. Ha publicado poemas en la sección en español del periódico Brownsville Herald. Desde el año 2006 es articulista del periódico El Mañana de Matamoros.

Jorge Melgoza del Ángel Cd. Madero, Tamaulipas, 1981 Ha publicado Cuando la soledad sangra (2001) y Nacimiento de sombras (2002), libros ganadores del Concurso Estatal de Literatura Juvenil en dichos años. Su poesía está incluida en la antología Seis alaridos, Voces de Barlovento (2006). Ha estado en talleres literarios con Ana Elena Díaz Alejo, Javier Sicilia, Cristina Rivera Garza y Guillermo Fernández. Ha presentado un performance llamado “Poesígnea” representando sus poemas con malabar con fuego. Actualmente trabaja en un performance dedicado a Alicia en el país de las maravillas.

Juan Carlos Linares Caracas, Venezuela, 1977 Fundó su contacto formal con la escritura en 1994 como articulista del periódico Inquietudes, donde obtuvo el reconocimiento de Mejor Artículo Estudiantil. Ha asistido a múltiples actividades de formación vinculadas a la literatura, el arte y otras ramas de estudio. Ha orientado talleres de cuento en escuelas de educación básica. Su propuesta ha sido seleccionada en convocatorias de Venezuela, España, México, Colombia y Uruguay, además de varias antologías internacionales. Su primera publicación individual se titula: La revelación de lo femenino como vehículo hacia Dios, de la cual se desprende una edición especial destinada a causas benéficas infantiles, que representa el inicio de la construcción de una obra ensayística coherente que sueña hilvanar sus preocupaciones personales.


Lizette Álvarez Cd. Victoria, Tamaulipas, 1978 Maestra en Psicología del Trabajo. Ha sido guionista de radio, correctora de estilo, coeditora de un periódico literario y docente universitaria. Algunas de sus distinciones son: Premio de Poesía Joven Juan José Amador 1995, otorgado por la Universidad Autónoma de Tamaulipas, y Premio Estatal de la Juventud 2003, recibido por su trayectoria artística. Ha publicado seis libros, entre ellos: La batalla de los quince, Cuadernos Municipales de Cultura (1993); En busca de un sol infinito, Acordeón Cultural uat (1994); El Espacio Perfecto, Colección Papeles de la Mar, uat (2000); Guía para Aprendiz de Poeta, Colección Nuevo Siglo, itca (2007).

Lorena Illoldi Tampico, Tamaulipas, 1970 Premio Estatal de Poesía y Cuento del issste, con el poemario Cadáver Corazón (1990). Premio Estatal Juvenil de Literatura Juan José Amador. Poemario El Libro de las Despedidas. uat (1996). En el xx Concurso Estatal de Teatro “Mtro. Rafael Solana”, 2001 obtuvo el premio a Mejor Obra Original por “Crisálida” (autora). Primer Lugar en el Concurso Estatal de Dramaturgia “Altaír Tejeda de Tamez” convocado por el itca. 2003. Obra “Eleuteria Pastor”. Representó a México en el Seminario Internacional de Dramaturgia, en el Marco del xxx Congreso Mundial de Teatro de la iti unesco, con la obra “Eleuteria Pastor”, dirigida por Manuel Talavera (2004). Co-becaria pacmyc, emisión 2004-2005. Proyecto “Huasteca chica, Huasteca rica.”Co-becaria “crearte”, beca del colectivo aleph. Instituto Mexicano de la Juventud (2007). Ha destacado como actriz, directora escénica y promotora cultural.

Marisol Vera Ciudad Madero, 1978 Autora del libro Tiempo sin orillas, Voces de Barlovento (2009) y de la plaquette Crónica del silencio, Letras de Pasto Verde (2009). Su poesía ha sido incluida en dos antologías: Perros de agua, nuevas voces desde el sur de Tamaulipas, Ayuntamiento de Tampico, Miguel

Ángel Porrúa (2007) y Seis alaridos, Voces de Barlovento (2005). Ha publicado poesía y ensayo en diversas revistas, entre ellas Punto de partida, de la unam y Mar con soroche, Santiago de Chile / La Paz, Bolivia; también en prensa tamaulipeca: Expreso de Ciudad Victoria y El Eco del Mante. De 2006 a 2008 editó la revista Anábasis, profundidad infinita, proyecto becado por el Consejo Ciudadano para el Desarrollo Cultural de Tampico (2008). Ha escrito guiones para teatro (dramas poéticos): Lilith o el juicio de la serpiente, Fotografía sin luz, La caricia de los tulipanes y Restauración del Paraíso. Actualmente es columnista de La Razón. Es becaria del itca en el Programa de Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico.

Martha Martínez Monterrey, Nuevo León, 1959 Toda su vida ha residido en Nuevo Laredo, Tamaulipas. Estudió Licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Valle de Bravo. Maestra en Innovación educativa por la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Nuevo Laredo. Coordina una sala de lectura desde 1999, dentro del Sistema Nacional de Salas de Lectura. Es miembro del equipo Estatal de Capacitación del Programa Nacional de Salas de Lectura en Tamaulipas. Ha publicado en las revistas Fronteras, A quien corresponda, Cariátides, y otras. También en los suplementos culturales “La Tolvanera”, de Torreón Coahuila; “Bola de leche” en El financiero. Participó en el libro colectivo Oscuro zodiaco, de la edición Ala de Tigre, de la unam.

Nohemí Sosa Reyna Estación Santa Engracia, Hidalgo, Tamaulipas, 1954 Ha publicado los siguientes libros: Estación de Poesía, Sala de Luz (1990), Poemas en la Región Desconocida(1996), Balcón de Nubes (1997), Ritual de Muñecas (1996), Reminiscencia de la Mujer de Lot y Cadencia de Vida, todos de poesía, y el compendio Poetas Tamaulipecas del Siglo XX (2000). Se le ha incluido en las antologías de: La Nueva Poesía Hispanoamericana, Perú-España; Círculo de Poesía, Montevideo; Poemas entre Nosotros, Barcelona, España; Canto a un Prisionero, Otawa, Canadá; Latinoamérica Escribe, Buenos Aires, Argentina y en México en La llamada Infinita (Coahuila), Lluvia de Voces en el


Desierto (Chihuahua), entre otras. Ha participado en el Sexto Encuentro aBrace en Montevideo, Uruguay, en el xv Edita en Punta Umbría, España y en el Onceavo Encuentro Mujeres en el País de las Nubes en Oaxaca, México, entre otros foros. Actualmente radica en Ciudad Victoria.

Nora Iliana Esparza Mandujano México, D.F., 1967 Tamaulipeca por adopción. Egresada de la Facultad de Ciencias de la Educación. Se ha desempeñado como docente en diversas instituciones educativas, y como correctora de estilo en el periódico El mañana, de Matamoros. Actualmente labora en el Colegio de Bachilleres de Tamaulipas. Ganadora del Concurso Maestros con Arte “Altaír Tejeda de Tamez”, género Cuento, set, 2008. Ha recibido reconocimiento por su participación en el programa literario “Jueves de Letras”, 2006. Miembro del Taller Literario Graciela González Blackaller, desde 1999. Ha publicado en las revistas Crisol Tamaulipeco, cobat; la revista de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, La litera y la Página Citla.

Pilar González Nuevo Laredo, Tamaulipas, 1958 Desde 2009 es miembro activo de la red literaria “Mujeres de Tinta”, y participa con este grupo en diversos eventos de lectura. Publicó un texto dedicado a los niños de capacidades diferentes, en la revista Greater Laredo, de Laredo, Texas (2005). Colaboradora de las estaciones de radio por Internet “Entre mares” y “Radio Josxavi”, donde lee algunos de sus textos. Ha obtenido un premio virtual en el Festival de Cartas (2008) y en el Especial de Sensaciones, música e imagen, con el poema a duo con Claudio Adrián Ariño, de Argentina (2009). Es moderadora del Portal en internet Mareas del Alma. Puede leerse obra suya en el blog El Mundo de la Poesía y en la revista poética virtual Sabor Artístico.  

Ramiro Rodríguez Nuevo Laredo, Tamaulipas, 1966. Licenciado en Lengua y Literatura Españolas y Maestro en Letras Hispánicas por utb/tsc. Escribe poesía, cuento, ensayo y teatro. Ha obtenido el Premio Estatal de Poesía 2008 (itca) y el Premio Estatal de Poesía “Altaír Tejeda de Tamez” 2008 (set). Ha publicado los libros: Destiempo (2002), Desierto Azul (2005), Defragmentación poética (2007) y Cosmogonía de la palabra (2008). Autor de las antologías Veinte años de poesía en Matamoros 19771997 (1998), Matamoros Literario 2002 Una Visión Antológica (2003) y Letras en el estuario. Antología de poesía y narrativa (2008). Participó en talleres literarios con los escritores mexicanos Orlando Ortiz, David Toscana y Carlos Chimal, así como en los talleres Letras del Estío de Ciudad Victoria. Coordina desde 2002 el Congreso Binacional “Letras en el Estuario”. Colaboró en el periódico El Bravo de Matamoros, en la revista Fronteras de conaculta y en la Revista de la Universidad Autónoma de Tamaulipas. Miembro del consejo editorial de Novosantanderino, revista literaria de utb/tsc. Pertenece al Ateneo Literario José Arrese de Matamoros, del cual es presidente para el período 2008-2010.

Roberto González Tampico, Tamaulipas, 1986 Licenciado en Ciencias de la Comunicación, por la Universidad Autónoma de Tamaulipas. Se ha desempeñado en diversos proyectos editoriales independientes como “Revista Síntoma” (2004-2006) y El Improvisado (2006) periódico del xxvi Concurso Estatal de Teatro “Rafael Solana”. Formó parte del taller literario de Gloria Gómez Guzmán impartido en la uat (2004). De 2006 a 2009 laboró como reportero en Milenio Diario de Tampico, en la sección de Cultura. Desde febrero de 2009 es co-editor de la página de Internet de difusión artística Tampico Cultural. Puede leerse obra suya en las revistas web Mono Magacín y Fashion Victims.


Sandra Ruth Sosa Luna Tampico, Tamaulipas, 1973 Ha obtenido el Premio Estatal de Literatura Juan B. Tijerina en el género de Poesía (1994) y el Premio Estatal Juvenil de Poesía de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (1994). Primer Lugar en el Concurso de Periodismo Félix F. Palavicini. Género: Artículo de Fondo (Tamaulipas, 1992) y Primera Mención Honorífica iv Concurso de Poesía Joven de la uat (Tampico, 1993). Tiene dos libros de poesía: Poemas para Comenzar, editado por la uat, y la plaquette Casandra, publicada por el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas. Ha publicado textos en las revistas Mar Abierta, A Quien Corresponda, Pasto Verde, entre otras. Ha participado en el teatro desde 1988, como actriz, asistente de dirección, diseñadora de vestuario y productora ejecutiva. Ha asistido a Concursos Estatales de Tamaulipas, Muestras Universitarias de Teatro y Pre Muestras Regionales del noreste del país. Beca del Instituto Nacional de Bellas Artes en el Programa Nacional de Teatro Escolar (Tamaulipas, 1996).


Agradecimientos

Agradecemos la presencia de todos aquellos que de distintas maneras enriquecieron el encuentro de Los Santos Días de la Poesía 2010: Maja Zawierzeniec, presidenta de la asociación cultural Polaco-Mexicana BOCIAN&NOPAL, coordinadora del proyecto México Joven; Claudia Ortiz, Fabiola Cabrera y Carmen González, integrantes de la red cultural Mujeres de Tinta; Alberto Guevara, de la Cofradía de Coyotes; Leticia López, de la revista electrónica El Humo y Josué Picazo, de Tampico Cultural.


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