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l relato vital del Fondillón parece sacado de una trama de Juego de Tronos. En la Edad Media era ya una joya creada en bodega, favorita de intelectuales y reyes, que había surgido por casualidad; era el vino de la huerta de Alicante que viajó con Magallanes y Elcano por todo el mundo y que a punto estuvo de desaparecer. Ahora resurge en la tierra que lo vio nacer y la única que puede evitar su desaparición. Es su sabor dulce y añejo, de color violáceo y de elevada graduación alcohólica obtenida de forma natural, lo que convierte a esta bebida en un objeto muy poco común. Durante siglos fue todo un símbolo de exclusividad que los ricos pagaban como con ninguna otra botella en el mundo. En los relatos históricos se cuenta que el monarca francés Luis XIV, adicto a su sabor, se alimentó de bizcochos mojados en Fondillón durante sus últimos días de vida. También narran que los príncipes japoneses que visitaron en España a Felipe II reconocieron en su paladar un vino que ya había llegado hasta sus tierras gracias a los navegantes españoles a su paso por Oriente. Hasta el conde de Montecristo lo ofrece a alguno de sus invitados en las páginas de la novela de Alejandro Dumas. No fue el único autor que recurrió al prestigio de esta bebida, porque también aparece en las aventuras de Emilio Salgari y en

The life story of Fondillón seems to have been taken straight from a Game of Thrones plotline. In the Middle Ages it was already a vineyard-created gem, a favourite among intellectuals and kings, that had emerged by sheer chance. It was the wine, fruit of the Alicante countryside, that travelled the world over with Magallanes and Elcano, and was on the verge of disappearing. Now it’s making a comeback, in the very land that witnessed its birth, the only region that can prevent it from vanishing. Sweet and mature in taste, violet in colour, Fondillón has a naturally high alcohol content, all of which makes this drink a very rare thing indeed. For centuries, it was a status symbol and the wealthy paid for it like for no other bottle in the world. Historical accounts relate that the French monarch, Louis XIV, addicted to its taste, ate only cake soaked in Fondillón during the last days of his life. They also narrate how the Japanese princes who visited Philip II’s Spain recognised the taste of a wine that had already reached their lands, brought there by Spanish sailors voyaging to the Far East. Even the Count of Monte Cristo offers this wine to some of his guests in the pages of Alexander Dumas’ novel. He wasn’t the only writer to draw on this wine’s prestige, as it also appears in the adventures by Emilio Salgari and in some of William Shakespeare’s incisive studies of power and human nature.

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Ling Julio 2015  

Ling, edición de Julio de 2015

Ling Julio 2015  

Ling, edición de Julio de 2015

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