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191 Suplemento sabatino de arte, literatura y sociedad

SÁBADO 24 DE NOVIEMBRE DE 2012. AÑO III.

Las proféticas

palabras de Obama (UN TEXTO DE CARLOS FUENTES) Algo más que un director de cine Elsa Fernández-Santos Las proféticas palabras de Obama Carlos Fuentes 1967 en el recuerdo de Silvio Rodríguez Del blog segunda cita

Julio sosa, el varón del tango

Roberto Selles

El gag humanístico Raúl Vázquez Espinosa


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Péndulo de Chiapas | Sábado 24.11.2012

Rayuela

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Algo más que un director de cine

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osé Luis Borau era mucho más que guionista, director, productor, profesor, escritor, editor, actor, expresidente de la Academia Española de Cine —y su principal impulsor tal y como hoy la conocemos—, expresidente también de la SGAE, miembro de la RAE y del patronato del Reina Sofía y creador de una fundación que bajo su tutela pretendió allanar el camino de todo aspirante a cineasta. José Luis Borau, fallecido en Madrid a los 83 años, era, sobre todo, un oráculo para el cine español, un referente absoluto para varias generaciones que vieron en él a su representante más independiente y complejo, un hombre que amaba el cine por encima de todo y que bajo su aspecto tierno y bondadoso era capaz de dar un golpe en la mesa (con plato redondo y mantel blanco como condiciones innegociables para sentarse a comer) y decir basta con esa rotundidad y tozudez que parecen inherentes a la genética aragonesa. Borau nació en Zaragoza en 1929, hijo único tardío de unos padres que él siempre vio demasiado “mayores” y que le sobreprotegieron y aislaron, entre otras cosas, de los horrores de la Guerra. “Durante el conflicto no fui al colegio; hubo un bombardeo y mi padre dijo ‘ni hablar, hasta que esto no acabe no sales de casa’, y allí me quedé, en una mecedora que guardo como una reliquia porque fue el sitio en el que me pasaba las horas”, recordaba en una entrevista con este periódico en 2008, año en que ingresó en la Academia con un discurso que indagaba en las huellas del cine en el lenguaje hablado y escrito. Le gustaba decir que no había hecho otra cosa en su vida que ver y leer cine, oficio que comparaba con el arte de la seducción: “Uno hace el cine como el amor. Como puede”. Durante casi una década vivió en Estados Unidos donde rodó Río abajo (1984), un estrepitoso fracaso financiero que sin embargo demostró su genio loco y su empatía por los márgenes (Leo, 2000) y la frontera. De carácter bronco, pero fondo frágil, Borau asumió en varios momentos de su vida los compromisos de un hombre incorruptible. En el fondo latía la insobornable tenacidad de todo individualista. En 1975, se negó con una firmeza que chocaba con su aire de inocente niño gigante a realizar los 40 cortes que la censura de un franquismo ya agonizante le exigía para dar luz verde a Furtivos, su filme más reconocido. Su idea era hacer una película de gente escondida, “ese tipo de gente que vive como metida entre hojarasca...”, decía. Manuel Gutiérrez Aragón fue el coguionista de “un cuento de hadas” duro y cruel. Borau venció a los censores, no solo no lograron masacrar su filme sino que tuvieron que asistir a su éxito nacional e internacional y a su triunfo en San Sebastián, donde obtuvo la Concha de Oro. El otro episodio que marcó su vida pública ocurrió el 31 de enero de 1998, cuando, siendo presidente de la Academia de cine, Borau sorprendió a todos con otro gesto que le identificará para siempre con la integridad moral de los grandes. Sus manos blancas sobre el escenario en la gala de entrega de los Goya para condenar el asesinato del concejal sevillano del PP Alberto Jiménez Becerril y su esposa dejaban claro que el venerable cineasta no sabía vivir callado. “Ha sido el mejor presidente de la Academia, lo sabemos todos”, señalaba ayer Enrique González Macho, actual cabeza de la institución. “Él la modernizó, la hizo tal y como la conocemos, y como presidente nos regaló su imagen más emblemática: la de aquellas manos

[ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS]

blancas. Como buen aragonés, cuando quería algo lo conseguía y aunque era un hombre de consenso y de una educación exquisita, exquisita de verdad, cuando quería algo lo conseguía”. Entre sus empeños siempre estuvo la fundación que llevaba su nombre pero que acabó disuelta como consecuencia de la reclusión al que le llevó en los últimos tiempos su enfermedad. Operado con éxito de un cáncer de esófago hace dos años, no supo sin embargo lidiar con igual éxito con las consecuencias psicológicas que supuso la merma de energía. La falta de vitalidad le fue, poco a poco, aislando. Dejó de salir de casa y hasta de su cuarto y muchos le perdieron la pista. Los fondos de la fundación acabaron en la RAE, destinados por su decisión a estudios sobre lenguaje y cine. Solitario vocacional, militante, Borau siempre se quejó del exceso de atenciones que recibía su per-

sona. “Soy un solitario frustrado, siempre hay gente alrededor, pero mi afán es la soledad. Tengo amigos, me invitan, me agasajan, y yo siempre estoy con una reserva: ‘A ver si me dejan en paz”, reconocía a este periódico. Ese marcado individualismo, quizá el mismo que le llevó a admirar la cultura estadounidense y su cine cuando se veía con recelo desde los salones ideológicos europeos cualquier vaquero solitario, se había forjado desde niño en las horas muertas pasadas sobre aquella mecedora que guardó hasta el final de su vida. “Es un amuleto, pero no me siento en ella por si la rompo. Lo que me gusta hacer hoy es lo que hacía en la mecedora de niño: darle vueltas a todo, a la vida, a mis amigos, a la familia de entonces”. Hoy la vieja mecedora de José Luis Borau se detuvo definitivamente. La impronta de su memoria seguirá acunando el cine español.


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Día feliz para un General

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l General no pudo dormir aquella noche. Contó rebaños interminables, se puso de izquierda y no dormía, se viró a la derecha y se sintió mejor, pero fue una simple sensación momentánea, se tomó un vaso de agua con azúcar y comenzó a dormitar, pero los ladridos de los perros en el patio lo despertaron y juró fusilarlos a primera hora si continuaban con aquellos ladridos asmáticos insoportables, entonces intentó rezar un rosario, pero sólo recordaba la primera frase… El amanecer lo sorprendió tratando de memorizar alguna oración o pasaje bíblico. Arrastró los pies hasta el baño y se dio una ducha con agua helada, se sintió mejor. En su habitación lo esperaba su ayudante con una taza de café negro y una bandeja de panecillos traídos expresamente de San Cristóbal de las Casas. Comió con desgano, tomó un par de sorbos de café y luego revisó su agenda del día. Entonces comenzaron a llegar los buscadores de trabajo. El primero en pasar fue un hombre de mediana estatura, pasaba de los cuarenta años, pero se adivinaba a primera vista que había trabajado fuerte toda su vida, se plantó frente al general y lo miró fijamente a los ojos. __¿Se acuerda de mí, general? El General se puso de pié. __Me parece que estuviste en la batalla de flor villana… El Hombre se acercó aun más. __No sólo estuve en la batalla, General… De un tirón se abrió la camisa y dejó ver una gran cicatriz en el medio del pecho. __Yo puse mi pecho a la bala que era para usted, después de eso ya jamás he podido respirar bien… Hizo una pausa y se recostó al escritorio. __Vengo a pedirle que me dé usted un trabajo… lo que sea, General, tengo una niña pequeña y no se qué hacer… El General esbozó una sonrisa y tomó asiento nuevamente. __Mire usted…muchos vienen pidiendo trabajo y muchos vendrán todavía, pero lo cierto es que este trabajo de Presidente Municipal es muy ingrato…no quedas bien con nadie… __Pero General…yo combatí a su lado, le puedo ser muy útil… El General se puso de pié__No tengo vacantes… El Hombre comenzó a cerrar su camisa lentamente___Pero al menos podrá usted apoyarme con algo de dinero…algo mínimo, para comprar la leche de mi hija… __Ahorita no tengo efectivo, pero venga a verme en un mes… El Hombre no contestó, apretó con fuerza los puños y salió respirando fatigosamente. El general se acercó a la ventana, comió un par de panecillos y ceremoniosamente ocupó otra vez la vieja silla presidencial. Entonces apareció Ella, entró sin pedir permiso y con desenfado total colocó una pierna sobre el escritorio, dejando ver su muslo terso y juvenil.

Rayuela

[RAFAEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ]

El General tragó en seco y miró con rapidez a su ayudante, éste levantó varias hojas atropelladamente y salió a toda velocidad. Ella bajó lentamente su pierna. __Mire usted, General, hace dos semanas que hago fila para verlo …y cuando no es que lo llamó el Gobernador y ya usted no regresa, es que usted se encuentra indispuesto, o tiene junta importante…¡en fin! Que he perdido dos semanas y hoy pensé ¡¡ya!! Dije que usted me citó en su oficina…y aquí estoy. ___Eres muy osada << y muy apetitosa. >> pensó. Entonces la miró detenidamente, tenia el cabello color miel a media espalda y un vestido de hilos multicolores muy ajustado. El General se le acercó por la espalda, le apartó el cabello descubriendo unos hombros suaves y bien torneados. ___y… ¿qué quieres exactamente? Ella se volvió y quedó frente al viejo militar, sonrió y con un rápido ademán le quitó la gorra, dejando al descubierto una calva brillante y sudorosa, él intentó cubrirse con las dos manos, pero ella se recostó provocativamente sobre el escritorio.___sin gorra te ves más excitante… El General tragó varias veces en seco, hacía mucho tiempo que no se daba tiempo para tener una

mujer y las tantas enfermedades de los burdeles cercanos le habian alejado de aquella zona de renta de favores, pero ahora el destino le regalaba esta sorpresa y estaba deseoso de poder mostrar su virilidad. Afuera se escucharon varios truenos, anunciando una tormenta cercana <<Me gusta hacer el amor bajo la lluvia >>Pensó el General. Ella se le acercó tanto que él pudo sentir un olor a flores silvestres que cubría cada rincón de la oficina. El intentó besarla, pero ella se escabulló por debajo de sus brazos.___quiero dinero. El General corrió jadeante hasta la última gaveta de su escritorio, sacó varios fajos de billetes y esperó tembloroso. Ella se acercó, abrió su bolsa y colocó cada fajo, pausadamente, luego dejó la bolsa sobre el escritorio e inició una carrera provocativa por toda la oficina, El General intentó alcanzarla, pero ella reía divertida mientras corría y corría. El viejo militar fue deteniendo la carrera poco a poco, jadeante se dejó caer sobre la silla presidencial, se llevó las manos al pecho y allí quedó infartado para toda su muerte. Ella lo miró con desprecio y salió de la presidencia. El Hombre de la cicatriz en el pecho la recibió con un beso y los dos se perdieron bajo la lluvia.


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DE PORTADA

DIRECTORIO

Las proféticas palabras de Obama

Noé Farrera Morales DIRECTOR GENERAL PÉNDULO DE CHIAPAS Noé Juan Farrera Garzón DIRECTOR EDITORIAL PÉNDULO DE CHIAPAS Ángel Yuing Sánchez COORDINADOR Y EDITOR RAYUELA

Misael Palma, César Trujillo, Ornán Gómez, Marcelino Champo, Pascual Yuing, Chary Gumeta, Gely Pacheco, Gamaliel Sánchez Salinas, Juan Carlos Recinos. CONSEJO EDITORIAL Paolo Renato López EDITOR FOTOGRÁFICO Inocencio Hernández Enrique Ríos Aguilar DISEÑO EDITORIAL

Javier Ríos Jonapá PRODUCCIÓN E IMPRESIÓN

parcial de los contenidos sin el consentimiento expreso de sus autores.

LEGALES

La redacción no responde por originales no solicitados. Los contenidos, así como parte de los títulos y subtítulos son responsabilidad exclusiva de quien los firma y no representan necesariamente el punto de vista del periódico Péndulo de Chiapas.

Rayuela, suplemento de arte, literatura y sociedad del periódico Péndulo de Chiapas, No. 188. Año III, sábado 24 de Noviembre de 2012. Impreso en 13 Poniente Norte Núm. 639, colonia Magueyito. Código Postal 29000, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México. Teléfono (961) 61 24529. Se prohíbe la reproducción total o

Correspondencia: angelyuing@hotmail.com


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DE PORTADA

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[CARLOS FUENTES]

l 4 de junio de 2009, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, habló en la Universidad de El Cairo. Dijo tener fe en que “todos los pueblos anhelan... decir lo que piensan y determinar cómo son gobernados; confianza en el Estado de derecho y la administración equitativa de la justicia; un Gobierno transparente y que no le robe a la gente”. Estas, añadió Obama, no son solo ideas americanas, “son derechos humanos”. “Los Gobiernos que protegen estos derechos son más estables y seguros”. “El poder”, dijo por último, “se mantiene con el consentimiento, no con la coerción”. En 2009, estas palabras -dichas en el Egipto de Hosni Mubarak- fueron tildadas de idealistas. Egipto, Túnez y Libia estaban dominadas por dictaduras personales, en el extremo opuesto de lo enunciado por Obama. Pero hoy, Mubarak, depuesto, es exhibido en una jaula. El dictador tunecino, Ben Alí, ha huido. Y el sátrapa libio, Muamar el Gadafi, es un cadáver expuesto a la curiosidad ciudadana en una tienda de pollos en Sirte. Túnez, Egipto y Libia son países que, como Obama predijo en 2009, pueden decidir cómo ser gobernados Lo dicho por Obama hace dos años es hoy la realidad del África del norte. No una realidad perfecta, como no lo fue la de México entre la caída de Porfirio Díaz (1911) y el Gobierno de Lázaro Cárdenas (1934). Pero una realidad irreversible. Por más conflictos de sucesión que se den en Libia, Túnez y Egipto, el pasado no regresará. Habrá, sin duda, nuevos conflictos, nuevas realidades, nuevos actores. Pero las dictaduras personales de Mubarak, Gadafi y Ben Alí no se repetirán. ¿Por qué? Los crímenes de Gadafi, durante un reinado de 40 años. Las cerca de 50.000 víctimas (acaso más) de su terror, los hombres y mujeres asesinados, encarcelados, torturados, junto con el crecimiento espectacular de las fortunas privadas de Gadafi y su familia... El petróleo hacía perdonables muchos crímenes del dictador, aunque revelase la hipocresía de sus clientes. La muerte del tirano fue horrible. Hitler se suicidó, convencido de que, si lo capturasen vivo, sería paseado en una jaula. Stalin murió en paz. Pero Mussolini, fusilado primero, fue colgado de los pies junto con su amante Claretta Petacci, en la Plaza Loreto de Milán. Gadafi fue capturado en un túnel de Sirte, befado, insultado mientras se defendía débilmente: “¿Quiénes son? ¿Por qué hacen esto?”. Y, al tocarse la sangre en el rostro, “miren lo que han hecho”. ¿Se preguntó alguna vez Gadafi: “Miren lo que he hecho yo”?. Tremendo ejemplo el de Gadafi, el déspota absoluto. Sobre esa Hubris, orgullo desmedido del poder que tan finamente analiza Carmen Aristegui en un reciente artículo, citando al excanciller inglés David Owen: “Los actos de Hubris son mucho más habituales en los jefes de Estado y de Gobierno, sean democráticos o no, de lo que a menudo se percibe... el autoengaño es un factor que desempeña un papel notablemente grande en el Gobierno”. El lector mexicano -y el latinoamericano- puede buscar y encontrar las comparaciones que guste. Sin excluir a nadie, creo que Lázaro Cárdenas, grande como era, jamás cayó en la tentación del orgullo y abandonó la presidencia al cabo de

NO SON TEMAS FÁCILES. obama parece buscar soluciones nuevas, diferentes a las fracasadas acciones de su predecesor, y algo más.

seis años, para cumplir con la ley y con su propio carácter. En México, Álvaro Obregón quiso romper la ley de la no-reelección en 1928, y le costó la vida. Gadafi, un ejemplo siniestro del afán de perpetuarse en el poder, fue ejecutado por la muchedumbre en medio de la confusión y el odio. Muchos opinan que debió ser juzgado, como Milosevic, en La Haya. Otros creen que Gadafi habría organizado una hábil defensa que, además, habría comprometido a los Gobiernos occidentales que, de una u otra manera, lo apoyaron. El tirano libio cayó por un movimiento de oposición apoyado por fuerzas aéreas, sobre todo, de Francia y Reino Unido. La ausencia primordial de Estados Unidos en esta operación le ha valido a Obama recriminaciones de derecha e izquierda. La derecha republicana le acusa de no haber intervenido con fuerza contra Gadafi. La izquierda demócrata, de no haber buscado soluciones pacíficas. Barack Obama, simplemente, se ha situado en una nueva realidad que pocos norteamericanos pueden o quieren comprender. George W. Bush se lanzó a una guerra perdida en Irak. Obama ha retirado a sus tropas de Irak. No tiene allí los intereses petroleros de Dick Cheney y compañía. En Afganistán, la retirada es más difícil pero inevitable: Hamid Karzai no representa a nadie salvo algunos intereses locales. ¿Y cómo controlar a la corrupta y ambigua aliada fronteriza, Pakistán, refugio de rebeldes? No son temas fáciles. Obama parece buscar soluciones nuevas, diferentes a las fracasadas acciones de su predecesor, y algo más. En ocho años, Bush no pudo eliminar al jefe de Al Qaeda, Osama bin Laden. Obama lo cercó y mató, descabezando al movimiento. Es solo un ejemplo de nuevas situaciones a las que Obama, con inteligencia, busca nuevas soluciones. Y tiene que hacerle comprender a la opinión política norteamericana que los días de la hegemonía han pasado para siempre. Que Brasil, China y la India emergen. Que corresponde a Francia e Inglaterra ocuparse de Libia, y no a Estados Unidos, que no tiene por qué meter la mano en todos los pasteles. Obama quisiera analizar cada situación de acuerdo con los méritos y deméritos de cada una. Ya no caben las reacciones de violencia automática. La política internacional de Obama parece dispuesta a analizar cada caso, actuar de manera distinta para situaciones diferentes, dejarles algunas tareas a los aliados de Estados Unidos, como en Libia, respetar los movimientos autóctonos, como los de Egipto y Túnez. Y tiene la satisfacción de que las palabras pronunciadas en El Cairo en 2009, no fueron en vano, fueron proféticas.

Carlos Fuentes, escritor emblemático del “boom”: Vargas Llosa

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[RAYUELA/STAFF]

l escritor peruano-español Mario Vargas Llosa (1936) recibió anoche aquí Premio Internacional “Carlos Fuentes” a la Creación Literaria en el Idioma Español, en una ceremonia en la que elogió la vida y obra de Fuentes, de quien, dijo, fue uno de los pilares de la literatura latinoamericana. En vida, aseguró, Carlos Fuentes demostró hasta la saciedad que la mejor manera de exaltar la historia y la cultura propias no es optando por la reclusión provinciana, el campanario espiritual, sino ventilándolas y exponiéndolas a la prueba del mundo. En la ceremonia encabezada por el presidente Felipe Calderón en “La Ciudadela. La Ciudad de los Libros” en esta ciudad y a la que se dieron cita integrantes de la comunidad cultural, el Premio Nobel de Literatura 2010 evocó con cariño a su colega y amigo, al tiempo que dijo que de las más grandes experiencias que compartió con Fuentes fue la de ser representantes del llamado “boom latinoamericano”. En ese movimiento literario, destacó el novelista, Carlos Fuentes jugó un papel muy importante, no sólo por las obras que escribió, sino por la manera como promovió la creación de los jóvenes escritores latinoamericanos. En su intervención, Vargas Llosa, uno de los más importantes novelistas y ensayistas contemporáneos, agradeció el premio y dijo que la “generosa” decisión del jurado, se debe en buena medida “a ser yo algo así como el último sobreviviente de ese movimiento de promoción de escritores que a partir de los 60 dio brillo y difusión por una parte del mundo a la narrativa latinoamericana, me refiero al llamado ´boom´”. Dijo que del “boom”, fue figura estelar y esforzado promotor el autor de “La muerte de Artemio Cruz” (Carlos Fuentes), de quien dijo que su reciente desaparición sentida por doquier, dio origen a merecidos homenajes y recordatorios tanto en América Latina como en Estados Unidos y otros países alejados, donde había radiado su obra, una de las más traducidas y estudiadas de la literatura contemporánea. Consideró que el reconocimiento “no puede ser más justo, pues la obra de Carlos Fuentes, enorme, de dimensiones balsasianas a la que él organizó como una totalidad con el título general de la Edad del tiempo, abarca todos los géneros: la novela, el cuento, el ensayo, el teatro, el artículo, hasta la difícil poesía”. Calificó a Fuentes como un escritor universal, un mexicano que siguiendo la herencia de tantos compatriotas suyos inminentes, como un Alfonso Reyes u Octavio Paz, se movió con desenvoltura en otras tradiciones y culturas, pero sin convertirse en un epígono. Consideró que gracias a escritores como Fuentes, “esos conceptos que parecen irremediablemente adversarios, lo ajeno y lo propio pierden sus aristas, se conjugan y funden”. Recordó haber conocido al autor de obras como “La región más trasparente”, en el año de 1962, siendo periodista para la extinta Radio y Televisión Francesa, enviado a México para cubrir una exposición francesa que tuvo lugar en el Bosque de Chapultepec. Según Vargas Llosa, Carlos Fuentes fue el segundo escritor mexicano a quien conoció en persona, toda vez que el primero fue José Emilio Pacheco. “Desde entonces nos vimos innumerables veces y en decenas de lugares. En su caso, el talento literario era inseparable del encanto personal; era apuesto, culto, alegre, ameno, divertido, políglota y había viajado por todo el mundo, donde hizo amigos y famosos por doquier”, dijo.


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1967 en el recuerdo de Silvio Rodríguez

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ace 45 eneros comenzaba 1967. Un año muy esperado por decenas de miles de jóvenes cubanos. Sobre todo por los que en esa fecha concluiríamos nuestro Servicio Militar Obligatorio (SMO), vigente desde 1964. Éramos de las ciudades y los campos, los primeros muchachos llamados a filas en virtud de una ley que apelaba al sagrado deber de servir y defender la Patria. Durante tres largos años habíamos vivido en campamentos, saliendo de permiso rara vez, entrenándonos en fuerzas de infantería, marina y aviación. Aprendimos a familiarizarnos no sólo con el armamento sino con la técnica de un ejército que por entonces disponía de notables recursos. Y aunque por la disposición y el nivel escolar algunos fuimos aptos enseguida para misiones complejas, estaba escrito que durante todo nuestro tiempo en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) no superaríamos la condición de reclutas. Para que se nos identificara como integrantes del SMO y no como soldados, debíamos llevar un brazalete. Fue cuando los soldados rasos recibieron el honroso título de “guardias viejos” y todo el mundo, hasta los civiles, nos reconocía como “reclutas ” u “hombres de siete pesos”, pues tal era el estipendio que, por ley, nos tocaba. Pero sucedió que cuando llegaron los anhelados días de 1967, nos enteramos de que sólo le darían de baja a quienes tuvieran trabajo garantizado en la vida civil. Aquella noticia desató el corre-corre en los que estábamos locos por dejar el verde obligatorio y llevar el pelo como nos diera la gana. Yo, que ya tocaba la guitarra e incluso me preparaba para una grabación, fui a ver a mis viejos compañeros del semanario Mella, que ahora trabajaban en un periódico recién fundado, llamado Juventud Rebelde. Allí me reencontré con Virgilio Martínez, con el gordo Ayús, con el gallego Posada y hasta con Víctor Casaus, que ahora escribía en un tabloide que le decían El Caimán Barbudo. Cuando les expliqué lo que me pasaba, me dijeron: “Vamos a hablar con el director, que él te resuelve esa carta enseguida”.

[DEL BLOG SEGUNDA CITA]

Y así fue. El director se llamaba Félix , como mi abuelo, y era un tipo de unos 30 de años, al que le decían “el loco Sautié”. Yo había llevado algunos dibujos para que los evaluaran, porque no le tenía mucha fe a la música y quería garantizar en lo que ya tenía experiencia: historietas, emplane y diseño gráfico. Por suerte, en mi tiempo en las FAR no me había estancado. Aún cuando hacía preparación combativa, también me solicitaban ayuda en el trabajo gráfico. Incluso en el último año había trabajado en dos importantes revistas militares. O sea: que pude desmovilizarme gracias aquella carta que decía que en el departamento de dibujo de Juventud Rebelde me esperaba un puesto. Claro que aún faltaba un requisito. Porque, para desmovilizarme, todavía debía trabajar en una una zafra azucarera. Uno de los centrales al que las FAR mandaba macheteros, era el Camilo Cienfuegos, antiguo Hersey, pegado a Santa Cruz del Norte. Para allá me mandaron en un tren. Pero no estuve muchos días en el corte. Enseguida se dieron cuenta de que promediaba poco y acabé en una báscula de cañas. Días después me enfermé de la garganta, que ya era mi padecimiento antes de volverme trovador, y mi familia me fue a ver y me encontró emburujado en trapos sucios y temblando. Varias veces he contado que me desmovilizaron un día y al día siguiente estaba debutando en un programa estelar de la Televisión Cubana. Lo vuelvo a mencionar porque siempre me he sentido muy agradecido de aquellas per-

sonas que confiaron en mi, a pesar de hacer canciones con dos o tres acordes. Tomando en cuenta el nivel de ingenio y talento que por entonces hacía gala la canción cubana. El primer responsable de aquel vertiginoso cambio en mi vida fue el extraordinario pianista y director musical Mario Romeu. El propuso presentarme en “Música y Estrellas”. En segundo lugar Manolo Rifat, que dirigía el programa y le hizo caso. En las semanas siguientes intervino también el escritor de aquel espacio, Orlando Quiroga. Hay otras personas que inmediatamente tuvieron que ver mucho con mi continuidad en el medio televisivo, donde nunca me sentí muy cómodo pero al que reconozco haber dado a conocer mi trabajo inicial. Hablo de Juan Vilar, de Marta Hernández, de Huberto García Espinosa y de Eduardo Moya. Juanito, Hubertico y Moya, además, tuvieron que cortar muchas cañas y abrir muchos huecos en el cordón de La Habana, cuando después me botaron de la Televisión, hace ya más de cuatro décadas. En 1989, la Gaceta de Cuba pidió a varias personas que escribieran sobre un año específico. Un año que recordaran especialmente. Yo escogí 1967 porque, desde que empezó, intuí que iba a ser fundamental para mi. Sonará raro pero así lo escribí en los primeros días de enero de aquel año, en una agendita que usaba cuando trabajaba en la Revista Verde Olivo. Por delirante que parezca, todo lo que narra esta tetralogía es cierto. Hasta la canción.

Serás un hombre, hijo mío”, de Rudyard Kipling Si puedes mantener intacta tu firmeza cuando todos vacilan a tu alrededor Si cuando todos dudan, fías en tu valor y al mismo tiempo sabes exaltar su flaqueza Si sabes esperar y a tu afán poner brida O blanco de mentiras esgrimir la verdad O siendo odiado, al odio no le das cabida y ni ensalzas tu juicio ni ostentas tu bondad Si sueñas, pero el sueño no se vuelve tu rey Si piensas y el pensar no mengua tus ardores Si el triunfo y el desastre no te imponen su ley y los tratas lo mismo como dos impostores. Si puedes soportan que tu frase sincera sea trampa de necios en boca de malvados. O mirar hecha trizas tu adora quimera y tornar a forjarla con útiles mellados. Si todas tu ganancias poniendo en un montón las arriesgas osado en un golpe de azar y las pierdes, y luego con bravo corazón sin hablar de tus pérdidas, vuelves a comenzar. Si puedes mantener en la ruda pelea alerta el pensamiento y el músculo tirante para emplearlo cuando en ti todo flaquea menos la voluntad que te dice adelante. Si entre la turba das a la virtud abrigo Si no pueden herirte ni amigo ni enemigo Si marchando con reyes del orgullo has triunfado Si eres bueno con todos pero no demasiado Y si puedes llenar el preciso minuto en sesenta segundos de un esfuerzo supremo tuya es la tierra y todo lo que en ella habita y lo que es más serás hombre hijo mío…. No desistas Cuando vayan mal las cosas, como a veces suelen ir. Cuando ofrezca tu camino, sólo cuestas que subir. Cuando tengas poco haber, pero mucho por pagar Y precises sonreír, aún teniendo que llorar. Cuando ya el dolor te agobie Y no puedas ya sufrir Descansar a caso debes pero nunca desistir. Tras las sombras de la duda, ya planteadas, ya sombrías Puede bien surgir el triunfo no el fracaso que temías. Y no siempre percibimos hasta que punto es cercano, aquella meta, aquel triundo que hoy juzgamos tan lejano. ¡Lucha! porque por más que en la lucha tengamos que sufrir ¡Cuándo todo está peor más debemos insistir!


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Julio sosa, el varón del tango

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in lugar a dudas, Julio Sosa fue el último cantor de tango que convocó multitudes. Y en ello, poco importó que casi la mitad de su repertorio fuera idéntico al de Carlos Gardel, aunque también es cierto que interpretó algunos títulos contemporáneos. Como dice el investigador Maximiliano Palombo, fue una de las voces más importantes que tuvo el tango en la segunda mitad de los años cincuenta y principios de los sesenta, época en que la música porteña pasaba por un momento no demasiado feliz”. Posteriormente, dada su temprana muerte, se intentó repetir con él el mito Gardel, pero Sosa no era Gardel la extroversión y la carencia de ternura de su voz lo alejaban del paradigma del cantor de tangos. Por otra parte, al perderse su imagen, desaparecieron sus condiciones actorales, tan unidas al sentido de lo que cantaba. De todas maneras, quedó su recuerdo, sobre todo en la generación que lo vio surgir y en las posteriores, como una de las más reconocibles e insoslayables figuras de la historia del tango. Con el nombre de Julio María Sosa Venturini, nació en la localidad de Las Piedras, departamento de Canelones, Uruguay, el 2 de febrero de 1926, en el matrimonio formado por Luciano Sosa, peón rural, y Ana María Venturini, lavandera. Apenas terminados los estudios primarios, la pobreza lo llevó a enfrentar la vida con cualquier conchabo que se le presentara. De ese modo, ejerció las más diversas ocupaciones: ayudante de mercachifle, vendedor ambulante de bizcochos, podador municipal de árboles, lavador de vagones, repartidor de farmacia, marinero de segunda en la aviación naval... Pero sus ambiciones eran otras. Y tras esas ambiciones, intervenía en cuanto concurso de cantores se le pusiera a tiro. También apareció el amor, que lo condujo al altar con sólo dieciséis años; dos más tarde, se separó de aquella muchacha, llamada Aída Acosta. Por entonces, se inició profesionalmente en la ciudad de La Paz (Uruguay) como vocalista de la orquesta de Carlos Gilardoni. Se trasladó luego a Montevideo, para cantar con las de Hugo Di Carlo, Epifanio Chaín, Edelmiro “Toto” D’Amario y Luis Caruso. Con esta última, llegó al disco, donde dejó cinco interpretaciones para el sello Sondor en 1948. En junio del año siguiente, ya estaba en Buenos Aires cantando en cafés, como él Los Andes, de la esquina de Jorge Newbery y Córdoba. También “realizó una prueba —señala Palombo— en la orquesta típica de Joaquín Do Reyes, pero el director consideró que la voz de Sosa era un tanto dura para el estilo interpretativo de su agrupación”.

[ROBERTO SELLES]

En agosto, lo descubrió el letrista Raúl Hormaza, que no demoró en acercarlo a Enrique Mario Francini y Armando Pontier, que andaban con ganas de sumar un nuevo cantor al que ya tenían en su típica, Alberto Podestá. De ganar veinte pesos por noche en el café, pasó a los mil doscientos mensuales con Francini-Pontier. En abril de 1953, pasó a la típica de Francisco Rotundo, con la que grabó en Odeón y de cuyas placas se recuerdan aún verdaderas creaciones como las de “Justo el 31”, “Bien bohemio” y “Mala suerte���. En junio de 1955 ingresó en la de Armando Pontier y registró sus grabaciones en Victor y Columbia. “La gayola”, “¡Quién hubiera dicho!”, “Padrino pelao”, “Martingala”, “Abuelito”, “Camouflage”, “Enfundá la mandolina”, “Tengo miedo”, “Cambalache”, “Brindis de sangre” o “No te apures, Carablanca” fueron algunos de sus clásicos en esa etapa en que el éxito estaba ya completamente de su parte. En 1958, contrajo un nuevo matrimonio, con Nora Edith Ulfed, con la que tuvo una hija, Ana María. Ya separado, reincidió, con Susana “Beba” Merighi, su compañera hasta el fin de sus días. En 1960 reveló su otro aspecto artístico, el de poeta, con la publicación de un único libro,

“Dos horas antes del alba”. También incursionó en la letra tanguera con una muestra “Seis años”, que lleva música de Edelmiro D’Amario. A comienzos de 1960, se desvinculó de Pontier decidido a iniciar su etapa de solista. Convocó, entonces, al bandoneonista Leopoldo Federico para que organizara su orquesta acompañante. Con ella comenzó a grabar para el mismo sello en que lo hacía con Pontier, Columbia, en 1961, cuando ya estaba firmemente emplazado en el gusto popular. El periodista Ricardo Gaspari, titular del departamento de prensa y promoción de la grabadora, lo bautizó “El varón del Tango” y de igual modo tituló a su primer larga duración. Todo parecía marchar viento en popa. Sólo había un inconveniente, enfrentarse al poderoso auge de la denominada “Nueva Ola”, el show business de turno, con el que se venían cercenando nuestras raíces culturales en la juventud de la época. Pese al riesgo que ello parecía representar, Sosa logró una venta de discos impensable para un intérprete tanguero de aquellos días y tan abultada como la de cualquier cantante “nuevaolero”. Ese enfrentamiento con la “Nueva Ola” se representó a la perfección en la escena que protagonizó para la película “Buenas noches, Buenos Aires” (1964), en la que entonó y bailó con Beba Bidart “El firulete”, ante unos jóvenes “twisteros” que terminaban por pasarse a los cortes y quebradas. La realidad no estaba lejos; Sosa logró que una juventud desorientada volviera a la música que le pertenecía. Es por ello que quienes eran jóvenes entonces han olvidado las tonterías de las letras “nuevaoleras” y siguen escuchando al cantor de Las Piedras. Al margen del tango y la poesía, Sosa tuvo otra pasión los automóviles. Fue propietario de un Isetta, un De Carlo 700 y un DKW modelo Fissore; con los tres terminó por chocar, debido a su gusto desmedido por la velocidad. El tercero resultó fatal. Durante la madrugada del 25 de noviembre de 1964, se llevó por delante una baliza luminosa en la esquina de la avenida Figueroa Alcorta y Mariscal Castilla (Buenos Aires). Fue internado en el Hospital Fernández y luego trasladado al Anchorena, en el que dejó de existir el día 26 a las 9:30. Sus restos comenzaron a ser velados en el Salón La Argentina y el exceso de público obligó a continuar el velatorio en el Luna Park (legendario estadio de box con capacidad para 25.000 personar). El 24 había cantado por radio su último tango, “La gayola”. El final parecía profético “pa” que no me falten flores cuando esté dentro “el cajón”.


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Péndulo de Chiapas | Sábado 24.11.2012

Rayuela

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El gag humanístico [RAÚL VÁZQUEZ ESPINOSA]

1. El imperturbable corazón de la verdad Es preciso que te aprendas todo, tanto el imperturbable corazón de la Verdad bien redonda, como las opiniones de los mortales, en las que no hay verdadera creencia. Parménides de Elea

H

eidegger pronunció, en la Universidad de Friburgo, durante los años intermedios de la Segunda Guerra Mundial, una lección que intituló “Parménides y Heráclito”. En la introducción a dicha conferencia, este académico oriundo de Messkirch, dijo que “hemos perdido la capacidad de escuchar las pocas cosas simples dichas en las palabras de los pensadores iniciales”. Muchos (no todos) fueron los pensadores y pensadoras que en la era posmoderna, haciendo eco de Heidegger o de Levi-Strauss o de Freud, alzaron el vuelo en busca de un tiempo “prístino” de reflexión. Un pasado que negara la actualidad en que su acontecer sufría (sufre) una desmesura ontológica (Antonio Negri dixit). Abismados por la industria, el militarismo, el consumo acrítico, la representación mediática, las grandes narrativas modernas, en fin, un puñado de hombres y mujeres, franceses sobre todo, recuperaron el pensamiento antiguo como variable (según he leído) de su especulación: ya sea estudiándolos, ya sea reflejándose en ellos o mediante la revitalización del mito como elemento de la actualidad (Cfr., e. g., el libro Michael Foucault Discurso y verdad en la antigua Grecia; el artículo de Jaques Derrida “Nos-

otros griegos”; los ensayos contenidos en Historias de amor de Julia Kristeva o el texto Roland Barthes Mitologías). Empero, en lo propio, gracias a que mi territorio íntimo nunca se asomó siquiera a la modernidad (no sé ustedes), no he creado formas para entender lo “antiguo” por medio del cristal de la recuperación kitsch. Dicho de otro modo, nunca hemos (ahora en plural) entrado a la modernidad, para decir que somos posmodernos y, claro, ni afirmar que ahora vamos a la hiper o líquida o trans modernidad (cuánta cháchara). Mi actualidad (de nuevo en singular) dirigida hacia una “tradición” de pensamiento antiguo, e. g., lo griego, se me presenta como una compleja mezcolanza de tanteo y gag que, en mis lecturas occidentalizadas y colonizadas, suceden como algo nuevo y arcaico a la vez. En esta perspectiva quiero ofrecer mi comentario. Hace algunos años leí el famoso poema ontológico de Parménides de Elea. Nada que no sea apatía puedo ligar a esa primera lectura. Sin embargo, años después, más versado en lecturas y humildad, releí el poema de marras. Para mí, que creía tener opinión para todo, Parménides significó un derrumbe. A veces la vida intelectiva sufre terremotos. En la base, entendí lo que Karl Popper, en su explicación a las opiniones del pensador de Elea, dijo de esta manera: “Solo los dioses conocen, los mortales solo pueden conjeturar.” Parménides escribió que la única vía correcta de indagación está en la que conduce a la Verdad (Alétheia) que ocultan los dioses; algo que, por paradójico que se considere, no es dado

los mortales. Lo único que tienen los mortales, lo que nos queda, son nuestras sospechas. Vaya idea simple de un pensador inicial. No hay verdades alcanzables, sólo se procuran conjeturas, ya que la Verdad es sólo de los dioses. Pero, un momento, alguien (y creo que con mala intención) me dijo, en mis clases de Metodología de la investigación I y II, que las respuestas a las preguntas son la Verdad, inmediata, pero Verdad, mudadiza, pero Verdad. No lo creo. No se trata de verdad, sino de cercanía. Nunca hay verdad, sin embargo, se está cerca, cerca de alcanzarla. Lo que tengo en las manos, lo que queda, luego de finalizar un trayecto cognitivo, son sospechas, tanteos, alcances, en fin, conjeturas. Un maldito dolor que traspasa el código genético de mi curiosidad intelectual. Y bueno, para hacer de este texto un círculo (casi un Sujeto + verbo + predicado), bien lo dijo Heidegger, eventualmente (agregado mío), hay que escuchar a las pesadoras y pensadores iniciales. Replantarnos sus palabras, criticarlas, saberlas. Tal vez, a mí, me resultan un pensamiento nuevo (a pesar de siglos de comentaristas). Mi cerebro región 4, no los recupera, los recrea. Porque como dijo Alain: “Es necesario que el pasado ilumine el presente, sin lo cual nuestros contemporáneos nos perecerán animales enigmáticos”. Y para ser franco, tengo todavía tanto que aprender de los gags humanísticos que me es imposible iniciar mi carrera de zoólogo. a_la_bartola01@yahoo.com.mx


24noviembrede201224nov2012