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Rayuela Rayuela 192 Suplemento sabatino de arte y sociedad

Sábado 01 de Diciembre de 2012. Año III.

¡Vos, sos un caso perdido!


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Péndulo de Chiapas | Sábado 01.12.2012

Simpático, agradable, buen conversador… el Ché Garufas: Ricardo Cuellar Valencia

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l reconocido poeta colombiano Ricardo Cuellar Valencia, actual catedrático de Lengua y literatura hispanoamericana de la UNACH, era uno de los asiduos personajes que asistían a las cálidas conversaciones en “El ché garufas”. Amigo y compañero de Ulises Mandujano, a quien todos recuerdan con el nombre de su establecimiento u otros epítetos afables como “don cenizo” o “el dandi Pérez”. Así recuerda hoy, su amigo Ricardo, aquellos días de antaño. “Lo conocí en la cantina que él administraba, llamada como él: “Che Garufas”. En algunas ocasiones nos leía cuentos de su autoría. Su conversación siempre era grata.” Los buenos amigos no se olvidan, y Cuellar Valencia lo sabe bien al añorar a su amigo, narrándonos brevemente cómo era su relación con él: “De simpatía mutua. Iba a su cantina para escucharlo, tenia buen sentido del humor”. Aunque confiesa con simpatía que a la cantina asistía “de vez en cuando”. De los momentos más entrañables que recuerda en aquella nave donde habitaban los bolonautas nos cuenta: “Cuando leía sus cuentos y comentaba una y otra anécdota que se convertirían más adelante en temas de sus cuentos, muchos de los cuales escribió.” El poeta colombiano devela con ingenio fraterno su respuesta a nuestra pregunta de si alguna vez habían compartido secretos o historias: “Nuestros secretos siempre fueron literarios, es decir, historias, sobre todo de él.” En sencillas palabras describe cómo fue el entrañable “dandi Pérez” como amigo:

[Diego Aguilar y Alejandra Calderón]

Colombia y el poeta chileno mencionó entre diez y quince escritores proletarios que había conocido por toda América Latina. A varios de ellos menciona en sus memorias Confieso que he vivido. El “Che” tenía la enorme ventaja de administrar su propia cantina, lo que le permitía contar con una constante clientela de escritores que llegaban ahí por múltiples razones, entre otras por conocerlo y escucharlo. El ideal es un anhelo de pureza que se inscribe en los corazones de cada individuo, y los poetas, amos de la palabra, se ríen con el sueño en notas sencillas como la conferida aquí al pintar los ideales compartidos entre sí: “El deseo de ser un buen escritor.” Ulises Mandujano, es recordado hoy. Algunos sueños atrás está esperando don cenizo la llegada de un estado literario y artístico donde el desarrollo intelectual sea respaldado por las diversas instituciones, sin embargo la realidad es otra y el sueño sigue en el aire. Respecto a ello Cuellar comenta y aconseja: “En los últimos 15 años ha habido un desarrollo evidente en la escritura literaria. Han surgido algunos narradores y, obvio unos tantos poetas más. También han ido apareciendo ensayistas. Este proceso es irregular, incierto y cuenta con escaso apoyo de la institución de cultura que debe estimularlos en diversas formas. A los jóvenes que leen esta página les recomiendo leer mucho antes de escribir, ser autocríticos antes de declararse poetas o narradores. La literatura es un oficio que se aprende con los años y no solo en las cantinas, aunque estas son muy importantes para socializar todo tipo de derrotas y dolores.

“Simpático, agradable, buen conversador.” Detrás del amigo había también un gran escritor, y es así como dentro de su sinapsis poética es bien recordado aquel gran individuo: “Era un hombre que poseía talento natural para narrar. Desde el día que lo conocí y escuche leer sus cuentos, se me vino a la cabeza la tarde en que conocí, en la ciudad de Manizale; era una tarde en la que departíamos con Ivan Cocherín en una cantina en los altos de Chipre. Neruda conversaba con mi amigo, que era un escritor de origen popular, sobre los colegas que conocía en

De la nostalgia [César Trujillo] A Che Garufas, cómplice de letras

Mientras sonaba un tango de Gardel y platicabas del box y las parrandas, de la voz de Garduño y el error de esa tonta mujer al premiar al otro Mandujano, empecé a escribir la historia de tu vida. Aún recuerdo las veces que lloré al saberte lejos, enterrado ahí, solito, nadando en tierra desdentada, sin la voz de Chabela, sin las historias que pensabas contar, caminando en el limbo. En tiempos como estos duele tenerte en letras y recuerdos, en las parrandas postergadas

que jamás llegarán. Garufas, camarada de arenas y cantos, aparta un espacio en el mesón donde reencontraremos los pasos, espera la llegada de quienes te tenemos en la mente, con la risa sardónica que otrora nos unió. Saluda a Quincho y cuéntale que aún tenemos sedientas la manos, que las golondrinas que dejó pintadas en sus versos aún pululan los parques. Garufas, deja que las parábolas adornen tus recuerdos, pinta arcoíris con sonrisas y espera, que esta vida lentamente a donde estás nos lleva.

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El hombre que llegó y se fue con la ceniza [Gely Pacheco]

Al Marqués de Cintalapa, Ché Garufas.

No logro entender esto, no sé que es, pero algo me preocupa como todos los días cuando al abrir los ojos siento miedo de incorporarme de la cama, y esto es porque antes me atreví a dudar si podría hacerlo con esa seguridad de siempre’’ este es el prólogo que encontramos al inicio de su libro ‘’Don Cenizo y… doce más’’. Ahora, un año después de su partida, del cierre de una larga historia en esta ciudad de ciegos, este primer párrafo me cosquillea el cuerpo. Lo vi, y lo vi muchas veces. Pensando –‘’algún día entraré’’-. Ese pequeño lugar que no pasaba desapercibido, tenía algo,

y sí que lo tenía. Tenía una gran historia y a un hombre de muchas voces con experiencias. Al observador de sus clientes. Ahí, parado en su puerta, siempre atento. Ahora sé, que era el templo sagrado de muchos, pero eso, era de suponerse. Desde afuera, se podía ver paralizada la historia en aquel restaurant familiar con más de 20 años de tradición. Iniciando las anécdotas en una combi y paradójicamente, cerrándolas a dos cuadras del centro cultural. Pero ahora, también sé, que era ahí donde fraguaban las ideas, donde se daban cita los amigos, era el laboratorio, el estudio, el gran recinto. El lugar de protección contra la tristeza y el lugar de los amigos. Me animé, un buen día por fin entré. Esa noche, invitada a la presentación de unos cartoneros independientes, conocería al bohemio más chiapanecamente folklórico urbanistico: Ulises Mandujano, mejor conocido como Che Garufas. Sentada en las confesadas y contadas mesas del lugar, aparece él siempre sonriente y observador de sus clientes. Tras la breve presentación de la editorial cartonera independiente

‘’La Tinta del Silencio’’. El anfitrión del lugar toma el micrófono preocupado de que la tertulia no podría parar tan abruptamente, invitando a todos los presentes a reunirse y arrejuntarse para escuchar sus jocosas narraciones con los gestos particulares de un excelente narrador. Ganándose el silencio y oídos de la gente como faena de torero. Entre sus anécdotas y la intervención de otras personas con algunas lecturas, pedíamos que no parara de leer. Entre risa y risas, unas bien frías, cuadros ocurrentes, caricaturas, notas periodísticas hechas cuadros, muy oportunos, que ambientan el lugar. Su lugar. Su espacio que hacía sentir cómodo a cualquier extraño. El Conde de Tolán, lo volvía en el recinto con su impecable trabajo de hacer sentir a la gente más a gusto. En ese momento pensé, hemos encontrado un gran lugar hábilmente para hacer pláticas y noches bohemias. ¡Y qué mejor! Estaba ahí, paradójicamente, más abajo del centro rumbo a la Escuela de Artes, y muy lejos de la Facultad de Letras. Y como era de merecer, antes de partir, no podía faltar la despedida y unas buenas galanuras por una auténtica velada en el Che Garufas. Y la verdad, no puedo despedirme, sin dejar de mencionar que Don Ulises Mandujano, ya lleva en su haber varios libros con el toque chiapaneco y urbano de narrar sus cuentos. Partió y se llevó consigo la esperanza de recibir algún apoyo por parte del CONECULTA, no había tenido la fortuna de que le publicarán nuevamente, en ese entonces, maniobrado por Marvin Lorena Arriaga Córdova, para la edición total de sus cuentos en un mismo volumen. Sin lugar a ningún tipo de dudas, Ulises Mandujano ‘’El Che Garufas’’, ‘’Conde de Tolán y Marques del Valle de Cintalapa’’ es una parte invaluable de la literatura chiapaneca que merece ser bien reconocida y con todas las de la ley. Próximamente, su segundo homenaje.

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www.penetracion--cultural.blogspot. com


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El Ché Garufas: algunas anécdotas “En la ESTI 79, sí me siento escritor”-solía decir.

[MISAEL PALMA]

DIRECTORIO

El Ché Garufas” no era una cantina, “era una especie de restaurante artístico con centro ecológico, combinado con zoológico y sala de psiquiatría”. Supe de él cuando una noche fue invitado a leer sus cuentos en la Biblioteca de la UNACH, la que estaba situada a contra esquina de lo que ahora es el Museo Municipal, en el Edificio Maciel; en esa ocasión acudí a revisar libros con un grupo de alumnos de los Talleres Literarios de la Escuela Secundaria Técnica Industrial no. 79 y lo escuchamos –fortuitamente- leyendo sus cuentos; exactamente le oímos leer “El Dandy Pérez”; ahí mismo, en el segundo piso donde estaba una cafetería que siempre conservó un ambiente estirado, formal y adusto…hasta que la invadió Ulises Mandujano y la rescató para beneficio del asombro y de la frescura de la palabra, colocando ahí un ring del tamaño de una plataforma petrolera de Ciudad del Carmen o de su Coatza querido:

Noé Farrera Morales DIRECTOR GENERAL PÉNDULO DE CHIAPAS Noé Juan Farrera Garzón DIRECTOR EDITORIAL PÉNDULO DE CHIAPAS Ángel Yuing Sánchez COORDINADOR Y EDITOR RAYUELA Misael Palma, César Trujillo, Ornán Gómez,

Marcelino Champo, Pascual Yuing, Chary Gumeta, Gely Pacheco, Gamaliel Sánchez Salinas, Juan Carlos Recinos. CONSEJO EDITORIAL Paolo Renato López EDITOR FOTOGRÁFICO Inocencio Hernández DISEÑO EDITORIAL Javier Ríos Jonapá PRODUCCIÓN E IMPRESIÓN

LEGALES Rayuela, suplemento de arte, literatura y sociedad del periódico Péndulo de Chiapas, No. 192. Año III, sábado 01 de Diciembre de 2012. Impreso en 13 Poniente Norte Núm. 639, colonia Magueyito. Código Postal 29000, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México. Teléfono (961) 61 24529. Se prohíbe la reproducción total o parcial de los contenidos sin el consentimiento expreso de sus autores.

La redacción no responde por originales no solicitados. Los contenidos, así como parte de los títulos y subtítulos son responsabilidad exclusiva de quien los firma y no representan necesariamente el punto de vista del periódico Péndulo de Chiapas. Correspondencia: angelyuing@hotmail.com

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“-¡Pelearán 10 rounds…en esta esquina con 54 kilos 10 gramos el Negroooooo Taylor! Un buhhhh se escuchó en toda la arena mi negro…¡En esta otra, con 54 kilos 300 gramos, el Dandyyyyyyy Pérezzzzzzzzzzz… el local casi se venía abajo, los aplausos de la gente que te quiere bien, …en primera fila vi a mis cuates los empleados del banco, también había ido a verme mi cuñado que era dirigente del sindicato petrolero…hasta Doña Pelos estaba en primera fila picho…Y yo, todo vestido de blanco y más blanco… del otro lado vi a un pinche negrito haciendo sombra y pucheros y entonces recordé aquel estribillo de los cuates con su “¡quiere llorar, quiere llorar!”. -Lo que sea de cada quien, yo le voy al pinche Pérez. -Le voy al negrito, ¡lo van a madrear! Ideas más ideas menos, así registró mi memoria la primicia que le escuché. Yo, maestro acartonado, observaba de reojo el semblante azorado de mis alumnos que por primera vez escuchaban a un escritor irreverente:- “!santo madrazo que te pegó el negrito!”. Pero…el Ché Garufas impuso su estilo lúdico e interactivo sobre mis alumnos y a partir de ahí sus presentaciones y lecturas en la ESTI 79 se hicieron cotidianas y obligadas; al inicio de cada ciclo escolar, el Ché abría plaza en la Biblioteca de la escuela donde invariablemente cortaba rabo, 4 orejas a cada toro y vuelta al ruedo; decenas y decenas de niños y adolescentes arremolinados le escucharon leer “Don Cenizo “, “el Circo africano”,…”El aplauso de la gente que te quiere bien”, escribió en el “Dandy Pérez” y en verdad en la ESTI no. 79, los estudiantes aprendieron a querer bien a Ulises Mandujano, -nacido en Tolán-. Indudablemente fue el “Dandy Pérez” quien lo bautizó como narrador, creo que el “Dandy” fue su síntesis cósmica. “- En la ESTI 79 si me siento escritor”decía el Ché donde quiera que lo invitaban a leer…”hasta donde sé, es la escuela donde los estudiantes sí leen”-agregaba. Años después, en una muestra de reconocimiento, afecto y confianza, exalumnos de la ESTI 79 lo visitaban en su restaurante turístico del arte; a esos ex, los bautizó como a los Bolonautitas, entre ellos a Javier Gutiérrez Opón, (hoy activo promotor del arte y uno de los organizadores del Primer Homenaje al Ché), Julio Ignacio Morales (quien era una promesa en la poesía) Carlos M. Palma Santos, quien atesora con cariño un ejemplar que le dedicó el Ché; Conrado Suárez (propietario de la Funeraria La Paz y buen lector),

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quien fue el primero en hacerle un entrevista para el periódico “Voz Juvenil”… “-Dicen que me pegó con la izquierda, yo sentí el golpe en la mandíbula derecha… ¡Ya lo mataron, ya lo mataron!-gritaba Doña Pelos. Cuando pude recuperarme y recobrar la memoria, alcancé a gritarle al negrito:-¡Me metiste la pata, me metiste la pata desgraciado!”. A Ulises Mandujano lo recuerdo como a esos anacoretas que van por la vida dignificando las cotidianas y humildes proezas humanas; no buscó ser redentor de la especie humana, pero acudíamos a él y al “Ché Garufas” donde invariablemente nos contagiábamos de la catarsis colectiva de los grupos y subgrupos que ahí confluían; pintores, fotógrafos, periodistas, militantes, escritores… una marejada no seleccionada por la vida; que de ponernos de acuerdo hubiera concluido en una institución o en un verdadero ejército de la sinrazón común. Quienes llegamos alguna vez (o sucesivas veces) al “Ché Garufas”, sin constancia de compromiso de por medio, y con nuestra gustosa libertad y albedrío, nos convertimos en los hunos de este moderno Atila que acometió la vida de la manera más cotidiana y noble que las circunstancias le diseñaron. Su sana picardía la lucía en la parábola de su brazo con platino. Fue simpatizante del movimiento obradorista y no lo ocultaba, fue un severo crítico de las cúpulas oportunistas del PRD sin embargo. Creía en las posibilidades de un país diferente, sin PRI ni PAN, sin violencia, con democracia y con justicia. Fue congruente con el mosaico de personajes que lucía el sacrosanto local del arte: Zapata, Villa, el EZLN, el Ché Guevara, la Oración

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del Bolo… el viejo cascarón de una combi habilitada como barra y la invariable imagen de la pareja bailando tango. “Nada más compro mi carne y me voy para la escuela” Ulises Mandujano Nájera, el Ché Garufas, nunca rehusó una invitación para leer en la ESTI no. 79; donde invariablemente les decía a los niños y jóvenes:-“Yo nunca logré estudios superiores, me hice escritor de cuentos si así me pudiera llamar, arando el campo… como ustedes dicen, de manera empírica; por eso les recomiendo que estudien, aprovechen el tiempo, ustedes deben ser mejores que nosotros los de ahora ¡ah!, y no se anden metiendo pendejadas!” “¡De acuerdísimo, nomás compro mi carne y me voy para la escuela…dígale a los chamacos que ahí les caigo!”. Y llegaba puntual, con su rostro rubicundo y libro orgulloso bajo el brazo. Una de sus características –mientras leíaera aparentar que se mojaba tres dedos con los labios y pasaba las hojas mientras sonreía socarronamente, una contorsión muy particular…como disfrutando de antemano el efecto pícaro que segundos después causaría en los niños. -“Oiga Don Ché, pero si usted es escritor… ¿cómo es que tiene una cantina?”- preguntó una vez un pequeño estudiante que olfateaba una contradicción. Como si trazara una parábola ágil con su brazo con platino, Ulises disparó la bola de humo: -“Bueno, te respondo, no es en realidad una cantina, es como un centro ecológico para especies en peligro de extinción, combinado con zoológico y con sala de psiquiatría”.

ULISES MANDUJANO Nájera, nacido en Tolán ¡sos un caso perdido!. EL CHÉ GARUFAS es un oasis donde baja la mejor ralea cultural y artística del Olimpo-decía.

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“Don cenizo” y “Dandy Pérez” vivos para toda la eternidad

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[Sandra Jiménez Gómez]

n escritor dejará de existir en la tierra, lo cubrirán las hojas secas de los árboles, llegará a sus oídos el silencio canto de las aves, y una trascendencia inmensa de luz cubrirá su alma, mientras tanto los recuerdos invadirán las mentes de las flores que han quedado, pero mientras su obra viva, el escritor no morirá. Un escritor chiapaneco que enaltece y muestra el orgullo que siente hacia su pueblo es Ulises Mandujano Nájera, un escritor que ha dejado de existir para que su alma trasciende a otro mundo, pero que a través de sus obras y personajes creados permanecerá entre nosotros, aun más allá de la eternidad. “Don cenizo” es el otro nombre conocido de Ulises Mandujano así como la de “Che Garufas”, un gran escritor capaz de crear lenguaje a través de sus experiencias y visiones, por ejemplo su querido Cintalapa, mostrando así que desde el lugar de origen se puede construir una forma de reconocer las tradiciones y sobre todo las historias que se cuentan por medio de la tradición oral, que se van dando de generación en generación, es por ello que Mandujano recrea y

crea una nueva visión para sus lectores. “Che Garufas” en su obra Don cenizo y… Doce más, utiliza un lenguaje popular donde con una muestra de humor nos relata historias, anécdotas, hasta incluso leyendas que han tomado un nuevo rumbo en su texto, haciendo uso de lo cotidiano para su transformación, en un mundo de palabras donde significarán aún más de lo significan en la realidad, creando así nuevos seres y formas de vida. Además es un artista que utiliza el tiempo para contar sus historias desde otro momento, retrocediendo y avanzando para marcar el ritmo de sus relatos, haciendo esto una forma divertida de lectura, se ve que Ulises Mandujano Nájera no deja a un lado su cultura ni las tradiciones, ya que en sus cuentos retrata entretenidamente sus propias experiencias y vivencias, alcanzando la finalidad de acercar a otros a la lectura. Ya que lo cotidiano puede ser una forma de creación artística, y una manera de desautomatizarse, a través de las imágenes, los olores, los sentimientos y de la creación de nuevos mundos, dejando vivo a innumerables personajes que dejarán huellas para recordar a su creador y que permanecerán en la mente de los lectores.

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El gag humanístico [Raúl Vázquez Espinosa]

2. Manuel Álvarez Bravo, una biografía cultural Detener lo inasible, hace durar el instante. Xavier Villaurrutia (a propósito de Manuel Álvarez Bravo)

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a Lorena Díaz

anuel Álvarez Bravo es uno de los fotógrafos mexicanos más conocidos en el panorama visual del mundo. Es casi un lugar común referirse a él siempre que hay una charla fotográfica (si puede existir algo como eso). E. g., quien no sabe nada de fotografía, en el medio de una exposición, con solo mencionar su nombre, parecerá por lo menos un diletante. Sin embargo, más allá de lo puramente estético y de los “usos sociales” de su fotografía, hay aspectos poco sabidos de este creador que para los neófitos en fotografía, como yo por supuesto, son de índole formativa. Elementos que no están en los libros ni en su obra impresa. Rutas mentales que se pierden en lo

íntimo de sus prácticas culturales. Atender estos aspectos significa entender el trabajo creativo desde otra perspectiva. Ya no la estética o crítica, sino la del involucramiento en la vida intelectiva del artista Álvarez Bravo. Lo que nos conduce, por otro lado, directamente a su obra. En su libro Lo espiritual en el arte Kandinsky escribió que “el artista tiene una vida compleja, sutil, y la obra surgida de él originará necesariamente, en el público capaz de sentirlas, emociones tan matizadas que nuestras palabras no las podrá manifestar”. Qué hay en esa vida “compleja y sutil” que permita acercarnos a la creación artística, no con el morbo del fanático, sino con la curiosidad de aprendiz. Quiero decir, hay elementos que son parte del proceso anterior al origen de la obra artística, aquellos que configuran la cartografía cultural de los creadores y creadoras. Desde esa perspectiva entiendo la exposición que en estas fechas inauguró el Palacio de Bellas Artes: Manuel Álvarez Bravo: una biografía cultural. Más que fotos, o mejor dicho, no solo fotos, son los objetos que integran esta exposición, que nos permite dar un vistazo al mundo cultural de este fotógrafo. Pero, antes, debo limitar el concepto “cultura”. No veo, en lo que nos presentan de Manuel Álvarez Bravo, un rasgo cultural desde la escuela norteamericana de antropología, sino más bien, un concepto traído de la vieja tradición francesa: cultivar el espíritu. La exposición

de Álvarez Bravo no es “memorabilia”. Nos encontramos, con el recorrido intelectivo del fotógrafo, del creador, del artista. Conocemos sus inicios formales, sus primeras dos exposiciones, su relación con poetas, con muralistas, con otros fotógrafos, sus colecciones privadas de arte. Álvarez Bravo era parte sustancial de la comunidad artística mexicana de principios de Siglo XX, aquella que dio signo al “gusto” mexicano. Y eso no es poca cosa. Asistimos, con asombro, al interior de la cultura personal de un fotógrafo, de un coleccionista de arte, de un arqueólogo, el “genio” de su época. Vemos sus procesos de búsqueda artística. Ahí, e. g., está una fotografía de 1845, Retrato de familia, de Talbot o la famosa Detrás de la estación de San Lazaro de Cartier Bresson, dedicada al propio Álvarez Bravo. Ahí están fotografías de Kudelka, Modotti, Weston, entre otros. No es menor ver los pocos libros expuestos su biblioteca personal y su breve colección de artesanías y piezas arqueológicas. Pero, uno de los puntos cimeros de la exposición, es conocer el gusto que Manuel Álvarez Bravo tuvo por el grabado. Este artista mexicano tenía una pequeña colección de xilografías y aguafuertes, de inmejorable cariz artístico. La colección gráfica de Manuel Álvarez Bravo contiene lo más representativo de la tradición plástica de occidente. En este sentido, tener acceso a ella, saber del talante crítico del este fotógrafo oriundo de la Ciudad de México, es una oportunidad única. Ya que como escribió Fernando Gálvez de Aguinaga, esta colección “…constituye una de las más importantes revisiones del arte occidental y sobre todo europeo que tenemos en nuestro país, primero porque incluye nombres como Rembrandt, Goya, Delacroix, Picasso, Matisse o Gauguin, y luego porque las piezas fueron elegidas en galerías y subastas por una de las miradas más sensibles que hemos tenido en México”. Si partimos de este comentario, entenderemos la singularidad de esta exposición, que se convierte en dos, en tres, vemos a fotógrafos (un poco de historia de la fotografía) y un mundo gráfico (historia del arte en general), que nos retrotrae, como dije más ante, hacia la cartografía cultural de un sujeto que forma parte de nuestro propia constelación visual. Un viaje que “debe” (perdonen esta palabreja horrible) fortalecer en nosotros la crítica a nuestros patrones de búsqueda artística. Situarnos en la idea de que la creación no es un erial virgen, sino un entresijo de procesos intelectivos: formación de un gusto artístico, lectura de afinidades artísticas, vivencias, en fin, aspectos que labran nuestra conciencia creativa.

Rayuela a_la_bartola01@yahoo.com.mx


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LA MÁQUINA HAMLET No creo en una historia que tenga pies y cabeza. Heiner Müller La vida no es más que una sombra en marcha; un mal actor que se pavonea y se agita una hora en el escenario y después no vuelve a saberse de él: es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada. William Shakespeare Macbeth

Shakespeare en los ojos de Welles

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ucho se ha hablado de la obra de Orson Welles, impactantes piezas como Ciudadano Kane y El proceso se han ganado, a pulso, un lugar honorífico en la historia universal de la cinematografía. Sobra mencionar también, su proyecto radiofónico de La guerra de los mundos (original de H. G. Wells), donde suscitó un caos en algunas poblaciones de los Estados Unidos. Controvertido, apasionado y perfeccionista del oficio, Welles es, sin duda, unos de los imprescindibles en el cine. Pocos en cambio han sido sus reconocimientos en sus adaptaciones Shakesperianas: Otello y Macbeth. Ambas películas realizadas con un apego sorprendente al texto dramático. En los films, Orson Welles ocupa el papel protagónico, nada inusual si se tiene como referencia sus trabajos anteriores. Pulcra y dotada de una agudeza magistral, la mirada artística de este Actor- Director seduce inmediatamente al público. Con las raíces bien firmes en el teatro, las escenas transcurren con la profundidad adecuada, nada sobra, todo está colocado de manera astuta para que el universo de Shakespeare llegue al espectador sin ninguna trampa. En este breve espacio hablare un poco de la adaptación de Macbeth, obra emblemática del William Shakespeare, y que ha sido pretexto para muchas adaptaciones tanto en teatro como en cine. Macbeth, hombre tenaz, valiente, gran soldado en batalla e implacable ante la adversidad, es tocado por la profecía de las brujas, su futuro se vislumbra en el trono. Pero detrás de esa profecía se oculta la

[Marcelino Champo]

muerte, el despojo, la mano del asesino y la traición. Con la voluntad guiada por la lengua mortífera de su esposa, Macbeth se quebranta ante la ambición, el deseo desmedido de poder lo guía por el camino de la catástrofe. El rey Duncan es despojado de su reino, Macbeth lo asesina, con él fallece la confianza, la justicia se transgrede, la ruina se adueña de Escocia. No habrá misericordia para la vida de Macbeth, ni en el plano de lo humano, ni en los augurios eternos. Muerte al traidor, derrocad al bandido, matad su casta, eso es lo que pregona el ejercito de Malcolm y Macduff, quienes buscan, a toda costa, destronar al tirano. No hay salidas, el futuro de

Macbeth yace en una lucha, de antemano perdida, contra el destino. Se cumple entonces la sentencia de Goethe: Todo aquello a que nos aferramos y que vemos como irrenunciable, lleva en sí mismo un margen de tragedia. Welles encarna la maldición de Macbeth, la lleva hacia puntos álgidos en los que la traición y el odio alcanzan lo sublime. En blanco y negro, la estética de esta película nos encamina por los pasillos del reino de Escocia, laberintos pétreos que encierran las palabras inmortales del Bardo de Avon. Macbeth, es sin duda una película que cualquier persona, amante del cine y del teatro, no puede dejar de ver.

Rayuela


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