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Rudolf Herfurtner

Sin mĂşsica, nada merece la pena Historias desde Bach hasta Elvis Presley


Rudolf Herfurtner

Sin música, nada merece la pena Historias desde Bach hasta Elvis Presley

Ilustración y diseño de Hildegard Müller

Lóguez


Esta obra ha sido publicada con una subvención de la Dirección General de Política e Industrias Culturales y del libro del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, para su préstamo público en Bibliotecas Públicas, de acuerdo con lo previsto en el artículo 37.2 de la Ley de Propiedad Intelectual.

Traducción de L. Rodríguez López Revisión de María Sebastián López Edición de Ester Sebastián López © 2008 Carl Hanser Verlag München © Para España y el español: Lóguez Ediciones 2012 Ctra. de Madrid, 128. Apdo. 1. Teléf. 923 138 541 37900 Santa Marta de Tormes (Salamanca) www.loguezediciones.es ISBN: 978-84-96646-84-1 Depósito legal: S. 736-2012 Impreso por: Gráficas Varona, S.A. Printed in Spain Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia, o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito de la Editorial.


ÍNDICE

Preludio................................................................................ 7 Inspirar y............................................................................... 9

1. La canción en el hueso.......................................... 13

2. La música es un don divino................................... 19 El pequeño Hermes inventa la lira de tortuga......... 20 3. Todo es música......................................................... 31 Pan y Syrinx................................................................. 32 4. La armonía del mundo........................................... 39 El muro sonoro de Jubal............................................. 42 5. Canto y sonido hacen un mundo sonoro......... 56 Los ardientes sonidos o: La lucha de los cantantes contra el mago Klingsohr........................................... 63 6. Debe sonar variado................................................ 85 El ardiente Fénix.......................................................... 91 7. Música principesca en la corte, un placer celestial................................................101 El rapto de Roland.....................................................107 8. Las artes celebran una fiesta – la ópera......116 Orfeo, el cantante del Averno.................................. 123 9. Un sajón hace música italiana en londres.... 130 La bruja maga de Brook Street................................. 137 10. “Bach no, mar debería llamarse”.................... 156 Pieza nocturna – suave y vivaz................................ 160


11. El hermano pequeño de una gran pianista.... 171 El vestido de la emperatriz o: “Ambos hacen milagros...”..................................... 179 12. “¡Abrazaos, millones!”........................................ 192 La bruja y el caballero del cisne.............................. 200 13. Grandes óperas y pequeños juegos infantiles.....................................................212 En el columpio de la abuela......................................216 14. Un continente lleno de música........................ 225 La rebelión de los muñecos...................................... 229 15. El mundo de la música– una mirada a través del caleidoscopio......... 240 Elvis – Un cuento de rock’n’roll.............................. 245 16. Todavía una canción............................................ 260 Glosario.......................................................................... 263 Piezas musicales.............................................................270

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PRELUDIO

No hay ninguna historia de la música sin historias de música. Y éstas nadie puede contarlas de forma más sensible y emocionante que Rudolf Herfurtner. Wilfried Hiller, compositor


INSPIRAR Y … Un poeta es como un pájaro; da lo que tiene, da su canto. Hans Christian Andersen (1805-1875)

C

omo escritor, paso todo el día solo sentado en mi escritorio, sintiendo y hablando con las figuras de mi manuscrito. Puedo hacer que aparezca el mundo entero en mi papel blanco. Dar vida a personas, animales, tipos –tantos como quiera– a través de mis trazos de tinta. Puedo, maravillosamente solo, escribir a varias voces. Lo único que no puedo es leer a varias voces. Y tampoco cantar a varias voces a la vez. Y, sin embargo, no hay nada más bello que estar junto a otros dentro de la música. En la música como en un claro, cálido mar. ¡Tu voz y mi voz al unísono! Para vivirlo, voy una vez a la semana a los ensayos de un coro. Hay actuaciones varias veces al año. En ocasiones, acompañado por una orquesta. Más de cien personas, más de cien voces. Conozco bien a algunas de esas personas. Unas me caen bien, otras me resultan casi desconocidas. En nuestro coro hay una japonesa, un croata y un judío americano. Y a veces un coreano toca el fagot. Cuando toda esa gente de tantas partes del mundo viene a nuestra iglesia para hacer música, cada uno trae consigo, naturalmente, su estado de ánimo, sus preocupaciones y sus necesidades. Y si todos las expresáramos en voz alta, entonces se produciría una situación caótica. A

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eso se le llama cacofonía y aunque sea una palabra griega todos saben qué significa: disonancia. Pero, milagrosamente, no existe disonancia porque queremos hacer música juntos. Y, así, el concertino (el primer violín) se pone en pie y todos callan. Hace una indicación y el oboísta toca una nota: la nota de cámara LA. Y todos los demás afinan sus instrumentos partiendo de ella. Todos quieren armonizar. Y llega el director, da la entrada y sucede el milagro: todas las personas diversas con voces diversas crean un sonido común y se disuelven en esa consonancia, conjuntamente con el público. Ése es el milagro de la música. En realidad, no sería necesario añadir nada más porque sobre música no se debe hablar. La música hay que escucharla o, mejor, hacerla uno mismo. La música comienza allí donde terminan las palabras o éstas no saben cómo continuar o ni siquiera han comenzado porque se habla en distintos idiomas. La música puede ser fácilmente el lenguaje común de las personas. La música resulta difícil de describir, hay que vivirla. Por otro lado, la música es, con frecuencia, una experiencia tan excitante que necesariamente se quiere hablar de ella: ¿Sabes? ¡He escuchado algo fantástico! ¡Qué maravilla lo que ese músico ha conseguido de nuevo! ¡No te puedes imaginar lo sucedido en la ópera! Desde siempre, las personas han vivido con música momentos alegres, emocionantes, tristes y misteriosos, y siempre han hablado de ello. Siempre las palabras han sido insuficientes y, sin embargo, siempre nos ha gustado escuchar. Hay innumerables historias que contar de la música, historias que no pueden ni quieren sustituir el hecho de escuchar y hacer música (por eso, en nuestras historias,

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se incluye un CD con ejemplos para escuchar). Pero esas historias quizá puedan despertar las ganas de acercarse a una música de la que nunca antes se ha oído hablar o conocer a un compositor que no se conocía (por cierto, en relación con el CD, la mejor forma de escuchar las obras contenidas en él es hacerlo cuando te encuentras la indicación correspondiente en la página del texto. Y una vez leído el libro, puede apetecer escucharlo de nuevo como una versión acústica especial. Claro que, a cada cual, como le guste). He coleccionado y narrado esas historias o me las he imaginado de nuevo. Un par de ellas me las ha contado mi amigo, el compositor Wilfried Hiller. No son únicamente las narraciones importantes para la historia de la música, sino sencillamente las que me gustan de manera especial. Hay miles de ellas. Y, una vez leído este libro, si alguien tiene un interés particular en historias de música, podrá continuar leyéndolas en otros textos. El libro ha sido estructurado como una obra musical del compositor ruso Modest Mussorgsky: Cuadros de una exposición. Maurice Ravel, un compositor francés, hizo una versión para orquesta de esta obra para piano. Hay piezas de Mussorgsky/Ravel en las que la música describe cuadros. Se nos conduce entre ellos como a un visitante de una exposición de pintura, de un cuadro a otro a través de un paseo musical que se repite una y otra vez. Los “cuadros” en nuestro libro son, naturalmente, las historias. Entre ellas, también aquí hay una especie de paseo. Sólo que no se nos guía a través del museo, sino a través de la historia de la música. Desde la primera flauta de hueso, nuestra exposición de historias nos conduce de las narraciones de las sagas griegas clásicas hasta la música pop de nuestros días, desde antiquísimos cuentos hasta el “King of Rock´n´Roll” Elvis Presley.

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Un libro no es un CD. Pero puede tener un sonido, aunque, lógicamente, el escritor se esfuerza para que su texto tenga un timbre, una melodía, un ritmo narrativo. Y confía en encontrar un público que pueda leer sus composiciones y perciba los mismos sentimientos agradables o excitantes que en la música.

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1. LA CANCIÓN EN EL HUESO Una canción duerme en todas las cosas, que sueñan una y otra vez. Y el mundo se echa a cantar, y das con la palabra mágica. Joseph von Eichendorff (1788 – 1857)

Existe un singular cuento en el que sucede lo siguiente: abía una vez un pastor hace mucho tiempo que llevó su rebaño a abrevar al arroyo. Quería sentarse bajo un pequeño puente y descansar un rato. Allí encontró en el agua un hueso blanco como la nieve y pensó: pasaré el rato tallando una flauta en el hueso. Al pastor le gustaba hacer en primavera pequeñas flautas con juncos o tallos verdes de hierba hueca. Pero el junco se quebraba con facilidad y los tallos se secaban rápidamente. Al ver el blanco hueso, pensó: una flauta de hueso durará más tiempo y tocará bellas canciones. Así, a la sombra del puente, vigilaba a su rebaño y tallaba su flauta. Colocó los orificios del sonido donde debía y la adornó con múltiples figuras. Consiguió una flauta muy bonita. Pero cuando, hacia el atardecer, sopló por primera vez en ella, sucedió algo extraño. La flauta no tocó lo que quería el pastor, sino su propia canción. Como si esa canción hubiera estado muchos años adormecida en el hueso hasta que el

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pastor le devolvió la respiración y la voz, y pudo sonar de nuevo… xtraña historia, ¿no? Bueno, es eso, un cuento. Pero el Cuento del hueso cantarín recuerda algo que probablemente era lo más natural para nuestros ancestros de la Edad de Piedra. Entonces, aparecieron las primeras flautas de huesos. Quizá ya anteriormente hubo flautas hechas de junco o de madera. Pero no se conservaron durante cincuenta mil años. Los arqueólogos han encontrado flautas hechas de huesos de reno y ellos pueden imaginarse cómo era entonces, cuando el curandero o chamán de la tribu tocaba una de esas flautas. Los que la escuchaban pensaban que aquel sonido que el hombre sabio sacaba mágicamente del hueso tenía que ser la voz del animal del que procedían aquellos huesos. En el hueso, como en cualquier otra parte del cuerpo, pensaban, se encuentra la voz del animal. El alma, se podría también decir. Y cuando el chamán sopla en la flauta, se escucha la canción de esa alma y ese ser está, por un momento, vivo de nuevo. El mago de la flauta puede sacar al reno de ella. Por eso, probablemente, los hombres de la Edad de Piedra soplaban en sus flautas antes de ir a cazar. Creían que así se les aparecerían los renos y podrían conseguir un buen botín. Cuando hoy tocamos la flauta o el clarinete, seguro que no pensamos que estamos escuchando al espíritu del árbol del que nuestro instrumento está hecho. Pero, aun así, puede suceder que los sonidos lleguen hasta nuestra alma porque la música sea bella. Y cada uno nota que no es sólo alguien que sopla en un tubo, interrumpe una corriente de aire y abre y cierra unos orificios. No, la música es algo más que sonido. Es el alimento del alma. Nuestro antiguo, extraño cuento narra lo que una

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canción es capaz de conseguir. El cuento continúa como sigue: aturalmente, el pastor se asustó cuando su flauta comenzó súbitamente a cantar. A cantar, se dice en el cuento. Bueno, serían sonidos tan maravillosos que el pastor tenía la sensación de estar oyendo una voz e incluso palabras. Y lo que escuchó fue esto: Oh, pastorcito, pastorcito, estás soplando en mi huesito. ¿Quién no se asustaría? Inmediatamente, el pastor dejó de soplar y quiso tirar el trasto, tan inquietante le resultaba aquello. Pero entonces pensó: Le mostraré la flauta al rey. Él es grande y poderoso y no teme a los fantasmas y hechiceros. Y así lo hizo. El rey fue magnánimo y convocó al pastor al palacio. El rey se había sentado en su trono y, a su alrededor, reunió a todo su séquito, a su hija, la princesa, y a su consorte, el soberbio Karl. Éste hubiera preferido irse con sus caballos y dijo: “¿Qué es esta idiotez de este maloliente pastor de ovejas?”. El rey le mandó callar, cogió la flauta y sopló. E inmediatamente comenzó a cantar: Oh, rey exquisito, oh, rey exquisito, estás soplando en mi huesito. Ciertamente, el rey era grande y poderoso, pero, aun así, también se asustó. Y su yerno se había puesto completamente blanco. Y más tarde, cuando la flauta dejó fi-

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nalmente de cantar, el soberbio Karl estaba tan blanco como la muerte, pues la flauta había cantado su historia. Y todos en la corte la habían escuchado. La historia de la flauta comenzó con un terrible jabalí, que se había instalado en los bosques del rey. El rey recordaba perfectamente cómo había destrozado los campos de los campesinos, matando al ganado e incluso atacando a personas. Nadie era capaz de vencer al monstruo, pese a que el rey había prometido a su hija como esposa al que fuera capaz de matarlo. En ese país, vivían dos hermanos y oyeron hablar de la promesa del rey. Eran hijos de un hombre pobre y les hubiera gustado desposar a la princesa, así que se pusieron en camino adentrándose en el bosque. El uno hacia allí y el otro hacia allá. Hacia el mediodía, cuando el mayor se sentó para comer su pan, apareció un arrugado hombrecito y rogó un poco de comida. Pero el hermano mayor era grosero y orgulloso, y exclamó: “¡Esto no es para ti, granuja! ¡Lárgate!”. Y comió su pan solo. Poco después colocó su red, se subió a un árbol y esperó a ver si aparecía el jabalí. Y apareció pronto lanzando gruñidos y echando espuma por la boca. Al ver la red, la rasgó como si fuera una tela de araña. El hermano menor también había sacado su pan al mediodía y también se le presentó el arrugado hombrecito. Sin embargo, el hermano menor era una persona amable y compartió su pan con el hombrecito. En agradecimiento, éste le regaló una pica negra. Y cuando más tarde descubrió al jabalí, sujetó con mano firme la pica dirigiéndola hacia la bestia. El salvaje animal embistió hacia él introduciéndose la pica tan profundamente que le cortó el corazón en dos pedazos.

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El joven se puso muy contento, cargó al monstruo a sus espaldas y caminó de regreso a casa. Al llegar a un pequeño puente, encontró a su hermano mayor. “He acabado con el jabalí”, dijo orgulloso. “Ahora, voy a buscar a la princesa”. “¡Enhorabuena!”, dijo su hermano. “Pero estarás cansado de la caza. Descansa un poco y después yo te ayudaré a llevar este monstruo ante el rey”. Y cuando el joven se inclinó hacia el agua, el traicionero hermano se colocó sigilosamente a su espalda y le golpeó. Después, ocultó al muerto bajo el puente y llevó el jabalí al rey. Hubo una gran alegría en el palacio y júbilo en todo el país. El asesino del hermano recibió a la princesa como esposa. Y nadie hizo preguntas y todo parecía estar bien. Pero un día —así cantó la flauta en la mano del rey—, un día un pastor llevó su rebaño a beber hasta el arroyo y encontró el huesito blanco como la nieve. Oh, rey exquisito, oh, rey exquisito, estás soplando en mi huesito. El rey dejó de soplar en la flauta y ordenó que ensillaran su caballo. Cabalgó hasta el puente que el pastor le había señalado y, al escarbar la tierra, encontraron la osamenta del asesinado. Únicamente faltaba un hueso. Entonces el rey depositó la flauta en la fosa y el esqueleto quedó nuevamente completo. Pero ese día soplaba un suave viento cuando, tristes, estaban todos alrededor de la fosa del hermano asesinado. Y el viento se introdujo en la flauta de hueso. De nuevo, la flauta comenzó a cantar y, de pronto, el joven

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estaba de pie sobre su tumba y se encontraba sano y reía como si nunca hubiera estado muerto. La princesa le abrazó y exclamó: “¡En el futuro, éste será mi marido y nadie más!”. Verdaderamente, todo terminó bien gracias a la canción en el hueso. Y el pastor fue nombrado jefe de los buscadores de tesoros de la corte mientras viviera. El hermano malo desapareció para siempre en las lúgubres mazmorras del palacio.

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Sin música, nada merece la pena  

Un fantástico recorrido por la historia de la música desde la Prehistoria hasta Elvis Presley, saltando por cuentos y leyendas inundadas de...

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