La cebra bajo la cama

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Premio Los Mejores 7 Libros para Jóvenes Lectores Premio Leipziger Lesekompass de la Feria del Libro de Leipzig

Lóguez 7/10

www.loguezediciones.es

Markus Orths / Kerstin Meyer

“Un divertido libro contra los prejuicios, un libro que despierta la curiosidad por lo desconocido” (Der Tagesspiegel)

Markus Orths / Kerstin Meyer

La cebra bajo la cama

La cebra bajo la cama

Una mañana Hanna encuentra a una cebra bajo la cama, así sin más. Hanna es nueva en el barrio y en el cole y además tiene dos papás. A ella le parece estupendo que la cebra la acompañe a clase y participe como una más. Bräuninge, así se llama la cebra, es muy buena en cálculo, escritura, gimnasia… pero, ¿se le permitirá quedarse? Lo que sí es seguro es que Hanna nunca olvidará ese día de colegio.

Lóguez





La cebra bajo la cama


Markus Orths (1969), vive como autor en Karlsruhe. Desde 2001 ha publicado novelas y relatos para adultos. A sus hijos les tiene que contar una y otra vez historias que él crea al narrarlas y, una noche, aparece una cebra bajo la cama… Kerstin Meyer (1966), comenzó a dibujar para películas de animación ya en los comienzos de su estudio de ilustración en Hamburgo. Desde entonces, ha ilustrado numerosos libros para importantes editoriales.

Título del original alemán: Das Zebra unterm Bett Traducido del alemán por L. Rodríguez López Texto: Markus Orths Ilustraciones: Kerstin Meyer © 2015 Moritz Verlag GmbH, Frankfurt am Main © para España y el español: Lóguez Ediciones 2018 Avda. de Madrid, 128. Apdo. 1. Teléf. 923 138 541 37900 Santa Marta de Tormes (Salamanca) www.loguezediciones.es ISBN: 978-84-947052-5-0 Depósito legal: S 76-2018 Impreso en España

Todos los derechos reservados. Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito del editor cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Pueden dirigirse a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesitan fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com Tfnos. 91 308 63 30 – 93 272 04 47).


Markus Orths

La cebra bajo la cama

Con ilustraciones de Kerstin Meyer

Lรณguez



1 Hanna abrió los ojos. Algo la había despertado. Un ruido. Como si alguien hubiera tosido en su habitación. Era por la mañana temprano. La luz penetraba por una ranura de las cortinas. Solamente un poco. Fuera era de día. Hanna descorrió las cortinas hacia un lado y el sol brilló dentro de la habitación. Era una bonita mañana. Hanna miró alrededor.

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Nada. Nadie. Podía quedarse todavía media hora en la cama. Pero prefería despertar a sus papás. A papá Paul y a papá Konrad. Aun sabiendo que iban a protestar un poco. Hanna estaba ya en la puerta de la habitación y el pomo en la mano cuando oyó nuevamente aquella tos. Se dio la vuelta. ¡Ahí! Otra vez, alto y claro. Era… era allí. ¡En la habitación! En la suya. Hanna tenía una cama alta. Debajo, se encontraba su cueva, donde guardaba muchos juguetes y, por supuesto, también montones de ropa que se había quitado y no había ordenado. La cueva bajo la cama estaba rodeada de 10


telas hasta el suelo. El corazรณn de Hanna se acelerรณ al ladear las telas de un tirรณn.

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Entre los juegos y la ropa, se encontraba una cebra. Una verdadera cebra. Una cebra que respiraba, viva. Aunque fuera pequeña. Una joven cebra. Pero claramente una cebra. Y ahora la cebra tosía de nuevo. —¡Hola! —dijo Hanna. —¡Hola, Hanna! —dijo la cebra—. Siento haberte despertado. Creo que estoy constipada. La cebra estornudó. —¡Salud! —dijo Hanna.

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—¡Gracias! —jadeó la cebra y se frotó el hocico con la pezuña—. ¿Duermes siempre con la ventana abierta? —¡Claro! —dijo Hanna—. Mis papás dicen que sólo se puede dormir bien con aire fresco. —¿Tus papás? —Yo tengo dos papás. —¡Vaya suerte! —Sí. A mí también me lo parece. La cebra se puso de pie y salió de debajo de la cama. Se estiró, bostezó y dijo: —¡Gracias por dejarme dormir aquí! —¿Cómo has entrado? —preguntó Hanna—. Estamos en el primer piso.

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—¡Las cebras saben trepar! —dijo la cebra—, eso no lo sabe nadie porque solamente trepamos a escondidas. —Ah, ya —dijo Hanna—. ¿Y cómo te llamas? —Bräuninge —dijo la cebra. —¿Bräuninge? Qué nombre más raro para una cebra.

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—A mí también me lo parece. Pero no se puede hacer nada. —¿Tienes hambre? —Sí, claro. —¡Entonces ven conmigo abajo, a la cocina! En la cocina, Hanna untó para la cebra y para ella dos rebanadas de pan con mantequilla y mucha Nutella. —¿O prefieres hierba? —preguntó Hanna. —Nooo, está bien así. Me gusta lo dulce.


—En la escuela nos dicen que las cebras comen hierba. —En la escuela también se aprende que las cebras no pueden trepar y tampoco hablar, ¿no? —Bräuninge con el pan entre los dientes, masticó ruidosamente y se chupó el hocico con la lengua para limpiarse. —¡Hmm, qué rico! —exclamó. Durante un rato, las dos comieron en silencio. —¿Te gusta ir a la escuela? —preguntó de pronto Bräuninge. —¡Bueno, todo es nuevo! Nos hemos trasladado a vivir aquí hace poco. Creo que algunos de mi clase encuentran raro que yo tenga dos papás. Eso se llama homosensacional que es cuando dos hombres se aman. O dos mujeres. 16


—¿Y se quieren? —¡Y cómo! —¿Y a ti? —¡Pues claro! Hacen todo por mí. Ir a nadar. O al zoo. O a la biblioteca. O… —Entonces estarás supermimada, ¿no? —Puede ser. Pero mejor tener a dos padres que solamente a una madre. Helge, por ejemplo. Él sólo tiene a su madre. —¿Te gusta Helge? —Si, bueno. En realidad, se dice que los chicos son tontos. —¿De verdad? ¿Quién lo dice? —Algunas chicas.

—¿Y las crees? —No sé. 17


—Pero tus papás también son chicos, ¿no? Hanna piensa un momento, después muerde su pan con Nutella y asiente de forma que sus trenzas se bambolean arriba y abajo. También Bräuninge muerde su pan y lo saborea. Las dos se miran y sonríen porque ambas tienen boceras de la crema de chocolate.

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