"Y de nuevo bajó el cuchillo con rabia, pero esta vez no sobre las espinacas. Esta vez el cuchillo le cortó en la mano con toda la fuerza de su ira. Y poco después el baño olería a Dettol mientras yo miraba fijamente el charco de sangre oscura que lentamente se iba extendiendo por las espinacas troceadas. Y mi único pensamiento fue que se lo había merecido.
Así terminó para mí el Día Mundial del Sida de 2002: de la misma manera amarga que había comenzado".
- Premio Sanlam de literatura juvenil: oro
- Premio M.E.R. de literatura juvenil
- Nominado al Premio de la Paz Gustav Heinemann