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Portadas de Maras pag. 14

Nuestras Creencias Lagrimas de luz pag. 11

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Fotohólica Nº 01

Contenido

Agosto 2013

Editor: Carlos García Granthon Colaboradores: Marga Gambini Luis Gutarra Luis Monzón Suzuki David Pino Contacto: Limafreelance@hotmail.com

Editorial

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Fotografiando como un profesional Capitulo 1 .– Introducción

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La Fotografía, ventana del tiempo Portal de San Agustin y La Plazuela del Teatro—1872

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Portafolios Lágrimas de Luz

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Portadas de Maras

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Nuestras Creencias

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Inclinaciones

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Crónicas Trotamundos

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X-fotos La huella de Tambomachay

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Cámaras que registraron la historia Tessina 35mm

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Portada: Hombres de blanco con el Santo Sepulcro. Semana Santa 2006 – Distrito de Mala. Foto: Luis Monzón Suzuki 3


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Envío de colaboraciones: Se reciben y publican colaboraciones de imágenes y textos, llámese portafolios, reportajes, entrevistas, crónicas y cuanto material esté relacionado de una u otra forma con la fotografía en todos sus géneros. Toda colaboración debe ser enviada a: limafreelance@hotmail.com antes del día 18 de cada mes. Sólo se aceptan fotos y textos originales del autor y las imágenes no deberán estar excesivamente retocadas. Más información al email de la referencia.

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Editorial Vaya esta publicación, en su primer número y los que vendrán, dirigida no a los que sienten una adicción por la fotografía, sino a los que se embriagan con ella. No a los que toman 60 fotos en un minuto, sino a los que se toman 60 minutos para una foto. No a los que les gusta pararse delante de una cámara, sino a los que disfrutan estando detrás. No a los que adquieren buenas cámaras, sino a los que capturan las mejores fotos. No a los que se sientan a escuchar historias ajenas, sino a los que se ponen en pie para vivir las propias. CGG 5


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Fotografiando como un profesional (I) Por Carlos García Granthon

Buena foto o sólo una bonita foto? Primero hay que aprender a diferenciar una bonita foto de una buena foto; una foto que sólo es bonita, si bien halaga la vista, no transmite mayor mensaje. Mientras que una buena foto convoca y activa, a través de la vista, a todos los demás sentidos y emociones, establece una comunicación con el espectador y le narra una historia o le expone un punto de vista, en resumen; una buena foto hace la diferencia entre una simple frase de halago y todo un argumento que conmueve. Para obtener una buena fotografía, hay que tener en cuenta 3 aspectos básicos: El dominio de la cámara para obtener la captura de luz adecuada que permita el registro de la imagen. La correcta composición y orden de los elementos incluidos para el efecto artístico de la foto. La inclusión gráfica del argumento que nos narre y evoque la historia o hecho que queremos dar a conocer.

Introducción

Es decir, debemos saber cómo capturar una imagen, qué incluir en ésta, por qué hacerlo y cómo transmitirlo.

Registrar gráficamente un hecho no es sólo recoger información fría en un respaldo gráfico para ilustrar un texto; es captar en una sola foto ese instante, único e irrepetible, que resume toda su historia, su carga emotiva y cultural, para que pueda ser transmitida posteriormente al público interesado.

Los elementos básicos que conforman una buena fotografía son:

Si bien en la fotografía hay arte e inspiración, también hay metodología, y son finalmente el método teórico y la experiencia profesional de campo lo que nos permite comunicar las sensaciones y narrar las historias de los lugares que registramos. Es esa metodología, y la experiencia propia en el registro de imágenes, la que me permito exponer en esta serie de artículos que se publicarán periódicamente aquí, en Fotohólica, y del que hoy veremos la introducción. 6

Composición

Orden Geometría Efectividad

Argumento

Elementos representativos Instante decisivo Argumento

Luz

Manejo de Cámara (Apertura, velocidad, ISO, enfoque, etc.)

(Continuará en el próximo numero)


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Foto: Eugene Courret Archivo: Library of Congress USA

La fotografía, ventana del tiempo

Portal de San Agustín y la Plazuela del Teatro Lima, 1872 por David Pîno

Cuantas veces nos hemos sentado a revisar las viejas fotos guardadas en un cajón o álbumes de recuerdos. Toda nuestra vida pasa por nuestras manos en instantes, las fotos de cada cumpleaños de nuestra niñez, el primer día de clases, la primera bicicleta, la graduación de la secundaria, nuestro matrimonio, el entierro de los abuelos, el viaje soñado, etc. Cada familia tiene guardado el registro fotográfico de sus historias. Con nuestra ciudad sucede lo mismo Muchas veces miramos asombrados como era la Lima de antaño, siempre pensaremos que era mejor, más limpia, la gente más educada, etc. Pero no siempre fue así. Sin embargo en nuestra mente están grabadas las frases “todo tiempo pasado fue mejor” o “recordar es volver a vivir”. Pero sólo las vemos nos admiramos de cómo cambió nuestra ciudad y pasamos a otra cosa, pero esa foto también nos cuenta una historia, lo mismo que nuestras fotos personales. La ciudad cambió si, pero en el proceso cambiaron muchas cosas más, como nuestra manera de pensar, nuestras costumbres, nuestros gustos y por supuesto nuestra historia.. 7


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Recrear la ciudad a partir de una foto. Ese es el objetivo, y en cada edición de esta revista analizaremos minuciosamente cada imagen antigua de nuestra ciudad que pase por nuestras manos, para de esta manera no sólo sorprendernos al ver los cambios o añorar la “Lima de antaño”, sino –y más importante aún-, entender el modo de pensar de nuestros antepasados a partir de la historia de la ciudad en sus fotografías. Es sólo una calle, la cuadra 2 del actual jirón Huancavelica en el Centro Histórico de Lima. Para la fecha de la foto se llamaba calle Siete de Septiembre y en algunos planos aparece con el nombre de calle Plazuela del Teatro. Pero su nombre más antiguo – desde inicios del siglo XVII- fue calle de las Comedias, por ubicarse aquí desde 1614 el segundo Corral de Comedias de la ciudad, construido frente a la portería falsa del Convento de San Agustín. Este local con muchas reconstrucciones llega hasta nuestros días como el Teatro Segura. En 1822, don José de San Martín pidió a los padres agustinos su colaboración para dar realce al Teatro mediante la donación de terreno para la ampliación de la calle de tal modo que se formase una Plazuela. Unos meses después, el presidente Torre Tagle mandó adornar esta plazuela para que sirviera de paseo público y le puso el nombre de Siete de Septiembre que es la fecha en que Don José de San Martín desembarcó en la Bahía de Paracas con su Expedición Libertadora y también la fecha del abandono de Lima de las fuerzas españolas al mando de Canterac.

descender damas muy cubiertas y caballeros con el sombrero bastante caído sobre el rostro buscando algún pecaminoso anonimato, con esto nos da entender como terminó este hotel, que fue uno de los más importantes de Lima según las guías comerciales de la segunda mitad del siglo XIX. En el primer piso del Portal de San Agustín se encontraban algunos variados negocios, como restaurantes y cafés, de mucho éxito de seguro por las funciones del Teatro Principal y el público que éste atraía. También estuvo en esos portales el local de la Bomba France, que unos años después de la fecha de esta foto –en 1889- hizo una fastuosa celebración por el centenario de la Toma de la Bastilla, en la que se hicieron presentes todos los vecinos inmigrantes de esta nación europea en Lima en esta Plazuela para una fiesta general y la quema de un castillo de 15 metros de altura con la forma de la Torre de Eiffel. Muchos años después cuando los portales fueron demolidos, la Bomba France no consiguió un local pronto y guardaban sus cosas en uno de los claustros del Convento de San Agustín, que después fue usado como patio del colegio que hubo allí, y llamado por este motivo “el patio de la Bomba”. Como mencioné líneas arriba estos portales fueron demolidos, este triste suceso urbanístico fue el año 1961. Un proyecto de modernización de la zona contempló la construcción de los nuevos portales que vemos en la actualidad –sin gracia ni estilo- y dos edificios de 10 pisos cada uno, en las esquinas con Jr. Caylloma y otro en Jr. Camaná respectivamente. Esto último no sucedió.

Pero el aspecto de esta Plazuela que vemos en la foto llega desde el año 1846 cuando unos comerciantes de apellido Barreda y Rodrigo construyeron el Portal de San Agustín. Al año siguiente se inaugura allí mismo el Hotel del Universo cuyo letrero vemos coronando el frontón triangular de la parte alta, que además lleva una esfera arriba y dos figuras mitológicas a los lados, siendo uno de ellos el dios Mercurio, símbolo del comercio y la economía, imagen bastante usada en la arquitectura comercial por aquellos años.

En esta plazuela se colocó en 1822 la primera piedra para la proyectada estatua a San Martín, pero ésta nunca se hizo. También hubo proyecto para colocar una estatua a don Pedro de Olavide, vecino de la ciudad que según la historia contribuyó grandemente en la reconstrucción del teatro después del terrible terremoto de 1746. Otro proyecto que no se realizó, sin embargo en la actualidad podemos ver en esta plazuela una estatua en honor al escritor Cesar Vallejo.

Existiría este hotel hasta los últimos años del siglo XIX pues Ernesto Ascher –un recolector de curiosidades e historias urbanas de Lima- lo menciona como uno de los hoteles “de combate”. Menciona que era común ver las calesas que paraban frente a él y

Fue esta plazuela escenario también de una página violenta en nuestra pequeña historia limeña. En 1895 se desarrolló una terrible guerra civil entre los seguidores de Nicolás de Piérola conocido como las “montoneras” y apoyados por un grueso de la

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población contra el gobierno de Andrés Avelino Cáceres “el Brujo de los Andes”, que no lograba llevar un buen gobierno causando el descontento de la población que quería un cambio. Pues esta plazuela fue tomada por Piérola quien la convirtió en su cuartel general antes de tomar la Plaza de Armas y Palacio de Gobierno, y es que los combates se libraban calle por calle sin tregua. La edición especial del diario El Comercio de esa fecha daba cuenta de dos mil muertos regados en las calles de Lima y esto traía la preocupación de las pestes que se originarían, entonces intervino un representante del Vaticano para pedir un par de días de tregua para poder enterrar a los muertos. En estas horas decisivas las conversaciones entre ambos bandos prosperaron desde esta Plazuela marchó triunfante Piérola a la toma pacifica del Palacio de Gobierno pues Cáceres había aceptado irse y dejar el poder.

guarda una larga tradición de teatros en América por estar ubicado donde se construyó el segundo local del Corral de Comedias –el primero fue cerca al Convento de Santo Domingo- hoy está cerrado y aparentemente en restauración. Asimismo será imposible ver en medio del caótico tráfico en el que a veces se sumerge esta vía céntrica, a una mula tratando de encontrar algo que comer en medio del reseco suelo como se ve en esta antigua foto. ¿Todo tiempo pasado fue mejor?, o ¿recordar es volver a vivir? No lo sé, pero esta foto es una ventana en el tiempo, que en medio de su simpleza nos cuenta historias que es importante saber para conocer y querer a nuestra ciudad. Hasta la próxima foto. David Pino

Sin embargo el combate había dejado consecuencias en la infraestructura de los edificios aledaños. Además de haberse levantado todo el adoquinado de la pista de esta plazuela para hacer barricadas, certeros disparos desde este lugar a la única torre de la iglesia de San Agustín –que vemos al extremo izquierdo de la foto- ocasionó daños en su estructura y por lo cual tuvo que ser demolida un tiempo después, dejando a esta iglesia de bella portada barroca sin torre, como se ve en la actualidad. Y ya que hablamos de torres y miradores altos, podemos apreciar en la foto, al lado derecho de la hoy desaparecida torre de San Agustín la gran cúpula de la iglesia y una parte de su alto crucero y altar mayor, también hoy desaparecidos. Al extremo derecho las torres de la iglesia conventual de San Pedro de la Orden Jesuita y al lado izquierdo un mirador, de la Casona de Riva Agüero que tampoco existe. Hoy si nos ubicáramos desde la altura desde donde se tomó esta foto, sólo veríamos edificios y con un poco de suerte las torres de la iglesia de San Pedro –que tampoco son las mismas, puesto que tuvieron remodelaciones y restauraciones en los años siguientes-. Han pasado 141 años desde que el francés Eugene Courret tomó esta fotografía y sin duda la vista ha cambiado. Los actuales portales de concreto de la Plazuela del Teatro sólo albergan en su mayoría negocios de óptica, quizá un par de restaurantes que venden menús a los trabajadores de imprentas que han llenado las calles aledañas. El Teatro Segura que 9


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Portafolios

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Agosto 2013 Foto: Carlos García Granthon

Lágrimas de Luz Campamento de Ecovida y Universo Huarochirí, Perú

por Carlos García Granthon Lágrimas del universo, lágrimas de luz, lágrimas de los antiguos dioses que aún se dejan ver en la bóveda del universo, catedral de ancestrales cultos. Meteoros que surcan la faz del cosmos en un efímero viaje por constelaciones de leyendas épicas de todos los tiempos.

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Foto: Carlos García Granthon 12


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Foto: Carlos GarcĂ­a Granthon 13


Fotohólica Nª 01 Foto: Luis Gutarra

Portadas de Maras Cuzco, Perú

por Luis Gutarra Y en esta hora fría, en que la tierra trasciende a polvo humano y es tan triste, quisiera yo tocar todas las puertas, y suplicar a no sé quién, perdón, y hacerle pedacitos de pan fresco aquí, en el horno de mi corazón...! (El Pan Nuestro-César Vallejo) 14


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Foto: Luis Gutarra 15


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Foto: Luis Gutarra 16


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Fotohólica Nª 01 Foto: Luis Monzón Suzuki

Nuestras Creencias Perú

por Luis Monzón Suzuki Cruces, velas, procesiones, son pruebas de nuestra fe. En cada viaje he podido evidenciar diferentes manifestaciones religiosas que nuestro país sostiene y transfiere de generación en generación a través de hermandades y legiones de María, cada región tiene su Santo o Santa Patrona.

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Foto: Luis Monz贸n Suzuki 19


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Inclinaciones Lima, Perú

por Marga Gambini

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Cr贸nicas

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Foto: Carlos García Granthon 22


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sar en Cuzco, a algún venerable hijo de la ciudad imperial se le había ocurrido apagar temprano las luces de los monumentos históricos; empezando por la pileta, de la cual sólo alcance a tomar una foto, para luego correr por toda la empedrada ciudad tratando de capturar en mi cámara lo poco que quedara iluminado, antes que el anónimo apagador de luces apagara también mis oportunidades.

Trotamundos Septiembre / Octubre de 2008

por Carlos García Granthon

Eran las 21:00 en el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, en Lima, ninguno de los cuatro contábamos con boletos aéreos, pero teníamos que viajar a Bolivia esa misma noche… En realidad la historia comenzó algunos días atrás, cuando me contrataron desde ultramar, como fotógrafo, para realizar unos reportajes sobre ”Comercio Justo” en Perú y Bolivia. Para ser más preciso con los orígenes de esta crónica, diré que fue exactamente el lunes de esa misma semana, que conocí a Fiona, experimentada reportera británica y excelente persona, cuando comenzó esta loca carrera por las tierras alto andinas. Aquel lunes 22 de septiembre, cuando empezó mi asignación, luego de unas breves entrevistas y sus respectivas fotos en Lima, ambos partimos para Cuzco; llegamos al atardecer sin mayores inconvenientes y tras las coordinaciones de rigor salí a tomar algunas fotos de la ciudad imperial, pero… demasiada gente en las calles; por intentar tomarle una foto a la famosa piedra de los doce ángulos en contrapicado, fui pisoteado tantas veces como vértices tenía la condenada piedrecita; así que decidí esperar hasta más tarde cuando hubiese menos tumulto y me fui a cenar. Durante la comida me enteraría que precisamente esa noche, la única que tenia programada pa-

Al día siguiente muy temprano, acompañados por Kusi, nuestra guía y anfitriona, simpática y agradable chica de fuerte personalidad y con una muy propia cosmovisión sobre lógica y conducta humana; le dijimos adiós a la ciudad (y a sus muchos monumentos que no alcancé a fotografiar) para dirigirnos a Cuyo Chico y Cuyo Grande. Que?, dónde queda Cuyo?, pues… en el “Cuyo” del mundo!. Como sea, las entrevistas y las fotos iban muy bien en aquellos parajes, hasta que al mediodía los efectos de la altura hicieron presa de Fiona. Ya en la tarde alojados en casa de Claudio y Valentina, dos buenas personas del lugar que tienen un albergue para “turismo vivencial”, el soroche de Fiona empeoraba a pesar de los 17 mates de coca, muña, ruda y cuanta hierba tradicional se nos ocurrió proporcionarle. Así las cosas, nuestra amiga Valentina convencida de que el origen del malestar era producto de un “mal aire” (mal espíritu); cerró la modesta casa herméticamente, hirvió ruda y comenzó con un raro ritual al que Fiona se sometió en calidad de sonámbula; yo sólo alcancé a decirle: “no te preocupes, sólo te van a exorcizar”. Las hojas de ruda iban y venían de la olla de agua hirviendo en la penumbra de la habitación, iluminada sólo por el fogón de leña, pasaban por alrededor de la cabeza de Fiona y se agitaban con la misma cadencia de las, para mi incomprensibles, palabras en quechua que Valentina gritaba con energía a los cuatro suyos; mientras “Tucu”, el gato de la casa, acurrucado junto al hogar lanzaba una sonrisa incrédula a su dueña con cada acto de la sesión. Tres veces se repitió el ritual, tres veces escupió Fiona sobre el suelo al mal espíritu y tres veces peor salió de la habitación. La noche fue historia aparte; si bien los cuartos eran cómodos y mi cama estaba equipada con una buena provisión de botellas con agua hirviendo, debajo de las 5 frazadas que me aislaban del frío (gracias Valentina!) había un pequeño problema por solucionar… el baño!, el baño era nuevo, modesto y limpio 23


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pero estaba a 15 metros de las habitaciones, al otro lado del patio descubierto. Se imaginan salir para… a media noche, en medio del frío de la puna alto andina, diablos! No se puede! Claro en ese momento no me imaginaba lo que pasaríamos días después en Challapata, pero eso se los cuento más adelante.

cio del relato; los cuatro en el aeropuerto sin boletos ni reservas tratando de llegar a Cochabamba esa misma noche. Algunas coordinaciones con ultramar y otras gestiones de Zenen en el counter nos consiguen cuatro asientos en el último vuelo a La Paz, a donde arribamos muy pasada la medianoche.

Un nuevo día, un nuevo sol y una nueva despedida. Realizadas las fotos y las entrevistas, dejamos a Valentina, Claudio y Tucu, y partimos en una van con rumbo a Juliaca. El sol agotando sus luces se va del firmamento mientras nosotros ingresamos a Juliaca agotando las energías; nos recibe un buen hotel, una buena habitación, una buena comida y una buena… comparsa de morenadas, desfiles, bandas de música, borracheras y demás parafernalia popular, instalada precisamente en la puerta del hotel, que servía de caja de resonancia a los bombos, trompetas, platillos, pleitos, gritos y escándalos que no dejaron de sonar (y por ende no dejaron dormir) hasta pasada bien la medianoche.

Ya en El Alto, empiezan las anécdotas; el oficial de migraciones ve mi pasaporte y con mala cara me pregunta – “¿Cuánto tiempo se piensa quedar?” – yo le dije que unos 15 días, por si acaso y… Zas! Me chanta un sello con un permiso de sólo 10 días. No se supone que aún sólo viajando con el DNI uno puede permanecer hasta 60 días en cualquier país de la Comunidad Andina? Alguien debería de decírselo a estos hijos de la gran…burocracia!

Jueves, último día por el altiplano peruano; bueno, eso creía yo en ese momento. Desde temprano las entrevistas y las fotos son abundantes a las tejedoras puneñas y al grupo de turistas británicos que las visita aquella mañana, todo sale bien, todo sale en orden. La tarde nos transporta al aeropuerto y un avión nos pone en Lima esa noche. Hora de dormir, la agenda de mañana está llena. Viernes, el mismo viernes al que hago referencia al comenzar esta crónica, en Lima, avanzados a la mitad, el día, las entrevistas y el trabajo gráfico, nos enteramos que hay un pequeño gran cambio en el programa; hoy junto con Hilary (UK) y Zenen (Cuba), que vienen de Chile, tenemos que volar a Bolivia. Difícilmente nos quedaron más de 10 minutos para armar equipajes y llegar al aeropuerto luego de terminar las entrevistas del día. Retomando el ini24

Habíamos llegado en el último vuelo de la noche, como a las 3:00 a.m. y claro, terminados los trámites de rigor, el personal del aeropuerto literalmente cerró el “kiosco” y se fue. Nos quedamos solos y en penumbra en las salas del terminal aéreo esperando que llegara alguien de alguna aerolínea para continuar el viaje a Cochabamba. Todo estaba cerrado y obscuro, salvo por una única máquina expendedora de café que permanecía operativa pero… nadie tenia “Bolivianos” para hacerla funcionar, ni había donde cambiar monedas. Hilary en su desesperación por ingerir algo caliente, le introdujo “Soles” que son algo más gruesos que la moneda altiplánica y como era de suponer, la máquina se atascó quedando inservible. Dos horas después abrió un pequeño restaurante donde pudimos comer algo mientras tratábamos de conseguir pasajes, pero la única línea aérea que volaba ese día a Cochabamba, no disponía de servicio de reservas por internet y sólo vendía boletos en el mostrador, cuando abriera, si abría, una hora antes de la salida del vuelo. Casi, casi, como comprar pa-


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sajes en bus en el terminal informal de Yerbateros en Lima. En la tertulia de espera me entero que Hilary, aparte de su trabajo, es pintora y además ciclista al igual que yo, por lo que entre broma y broma discutimos la posibilidad de comprar cuatro bicicletas para llegar a Cochabamba. Pero a 4,200 metros de altitud, en el aeropuerto comercial más alto del mundo, el soroche cobra su primera víctima en Hilary, que con su cabeza a punto de estallar, al igual que los lapiceros que ya estallaron dentro de su bolso, manchando cuanto documento portaba, alterna todo trámite aeroportuario con un repetido ir y venir a los servicios para realizar su “pago a la pachamama”. Por fin llega personal de la aerolínea pero… no hay cupo, estamos en lista de espera y hay una tremenda cola para conseguir pasajes. La idea de las bicicletas empieza a tomar fuerza. 15 minutos antes de la salida del avión nos dan luz verde desde el mostrador, corremos a chequear los equipajes, pagar los boletos y cruzamos el aeropuerto (no hay mucho que cruzar) a toda velocidad para pasar por la revisión de rigor, pero… otro oficial de migraciones que caminaba por ahí, hijo de la misma madre que el anterior, nos detiene para revisar los sellos de nuestros pasaportes con toda la calma del mundo, luego de casi arrancharle mi pasaporte llegamos al mostrador de revisión de rayos X, donde literalmente aventamos las cosas sobre la máquina, saltamos los cordones con una pierna, mientras nos quitábamos la prendas con una mano y nos las poníamos con la otra sobre la marcha, llevando los pasajes y pasaportes en la boca. El avión por partir (con nuestros equipajes a bordo) y nosotros corriendo para alcanzarlo pero.. alto! Hilary ha perdido su boarding pass!!!, Zenen le quita la mochila y entre los dos desparramamos todo el contenido en el piso sin encontrar nada… cuando ya creíamos todo perdido (itinerario, vuelo y equipajes) una providencial azafata nos da el alcance con el extraviado ticket que había encontrado por el camino, reiniciamos la carrera, entramos a la manga que están a punto de retirar y veo el avión por una ventana… solo volteé y grité: - Zenen!, estás seguro que vamos a volar en esa porquería?, ese avión es más viejo que yo! - Shhhhhh. Que no te escuche Fiona! Contra todo pronóstico el vuelo fue tranquilo en el viejo Boeing 727, que parecía haber salido del patio

de chatarra de la ya desaparecida Lloyd Boliviana, aunque como no me tocó ventana no podría asegurar si el vetusto avión realmente logró despegar o sólo hizo todo el recorrido por carretera. A salvo en Cochabamba y con Hilary en calidad de asorochada sonámbula; sentada en el piso, en medio del hall del aeropuerto, con todo su equipaje desparramado alrededor y los ojos desorbitados mostrando un grueso fajo de dólares a todo el mundo, pues quería cambiar unos cuantos bolivianos para comprar café; conseguimos un taxi que nos llevó a nuestro hotel, el “Gran Ambassador”, limpio, tranquilo espacioso y cómodo, una suite para cada uno… las cosas parecían mejorar. En realidad tuvimos un par de días tranquilos en Cochabamba, salvo por la convulsión política reinante y los muñecos a tamaño natural, simulando ahorcados, que cada día aparecían colgados en los postes de la ciudad, especialmente frente a la puerta del hotel, con letreros como: “¡Fuera los extranjeros!” Y bajo los cuales cada tarde Zenen repetía su ritual de servicio de lustrada de calzado en plaza pública, previo al lonche en el café Le París, donde una restablecida Hilary nos decía: Guau! El soroche fue emocionante, sentir la cabeza que te va estallar, jamás pensé que el cerebro podía doler, hasta el roce con la almohada duele, y los vómitos cada 5 minutos, y luego perder la memoria entre el aeropuerto y el hotel… Fue excitante! Como les decía, a pesar de haber pasado más de 36 horas sin dormir, tuvimos un par de días tranquilos, demasiado tranquilos; no pudimos ir a los museos, ni subir al funicular, ni visitar galerías, ni nada!, en Cochabamba todos los lugares turísticos están cerrados los sábados y domingos, sólo atienden de lunes a viernes en horario de oficina. Nos tuvimos que conformar con una agradable y dominguera velada musical en el teatro Acha. Lunes y martes bastante ajetreados en una fábrica de productos de vidrio reciclado, en especial para mi, que se me hacía muy difícil lograr buenos retratos de personas sonriendo y mirando a la cámara mientras trabajaban (detesto los retratos posados) sobre todo si hay que hacerlos en muy malas condiciones de luz, y el trabajo del retratado no permite interrupción 25


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alguna, ni para sonreír, pues se enfría el vidrio. Ni hablar del calor junto al horno que mantiene en su interior 1,200°C y al que le debo la pérdida de media ceja izquierda y la semifusión de la tapa de baterías de mi cámara. Luego, en la cena, Hilary afirmaría que ahora yo tenía un ojo más obscuro que el otro. Hablando de ella; al día siguiente le tocaba retornar a Lima mientras nosotros nos adentraríamos en el altiplano boliviano, así que le dimos toda clase de consejos para que pudiera, sin hablar una palabra de español, lidiar con los trámites aeroportuarios tanto en Cochabamba como en El Alto; le explicamos sobre el checking en el counter, el equipaje, el impuesto del aeropuerto… el impuesto del aeropuerto!!!, diablos!, recién ahora nos percatamos que con tanta correría en La Paz, nos olvidamos de pagar los impuestos aeroportuarios y nos subimos al avión así nomás… bueno, que se lo cobren al tarado de migraciones que nos hizo perder tiempo. Al día siguiente, miércoles, si… miércoles! No había un solo lugar en Cochabamba que quisieran aceptar travel checks y las tarjetas de crédito tampoco eran muy bien recibidas, como sea Fiona consiguió alquilar una 4x4 para nuestro viaje y Marcelo (dueño de la fábrica de vidrio) se ofreció como chofer y guía. Un almuerzo previo a la partida mientras comentábamos sobre lo relajada que debía estar Hilary ya en Lima cuando un mensaje de texto entró al celular de Fiona; era de Hilary: ―Fue horrible!, casi pierdo mi conexión en El Alto y el avión que me llevó a Lima tuvo serios desperfectos durante el vuelo, casi nos estrellamos… una pesadilla!‖ Bueno, al menos ya está en Lima y a salvo pero… unas horas después entró otro mensaje de ella:

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―Estaba paseando por la Av. Larco, en Miraflores, y una loca me atacó a golpes, tuvo que intervenir la policía‖ - Ya no hicimos comentarios. La camioneta marcha bien y tras pasar algunos puntos altos que afectaron un poco a Zenen y Fiona, arribamos a Oruro ya entrada la noche. Nos alojamos en un antiguo pero decente hotel del centro, el “Gran Hotel Sucre”; Fiona bastante pálida, demacrada, cabizbaja y con su cabello gris desarreglado, recibió sus llaves y se fue en silencio a su habitación, en el ala más antigua del hotel, Zenen al no verla; preocupado preguntó en voz alta; - ―y Fiona? Dónde está?‖ - A lo que la encargada del counter le responde de la manera más natural; - ―No se preocupe señor, le hemos dado la mejor habitación a su mamá‖ ….Marcelo y yo nos retorcíamos de la risa en el piso, la encargada, roja como un tomate, no sabía como disculparse, mientras Zenen trataba por todos los medios que le jurásemos que jamás, suceda lo que suceda, jamás íbamos a decirle a nadie lo que había pasado. Bueno, yo le prometí no “decir” nada, pero “escribirlo” es diferente no? Al día siguiente Fiona nos contó que su habitación, antigua, lúgubre y decorada con cortinas negras, quedaba en un obscuro corredor que le hacía recordar a la película “El resplandor”, durante el resto del viaje mencionó el hotel varias veces y en cada una de ellas Marcelo y yo hacíamos esfuerzos por contener la risa, mientras Zenen nos miraba con cara de “por favor no vayan a decir nada”. Tras adentrarnos en el altiplano, rumbo sur por la margen del lago Poopo, llegamos a Challapata a media mañana para realizar entrevistas en una flamante procesadora de quinua. Si hay un punto de quiebre en este viaje, ese fue Challapata sin duda alguna. El trabajo iba bien hasta que se nos ocurrió buscar un


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hotel; la corriente de opinión popular nos señalaba al “Residencial Virgen del Carmen” como el mejor de la comarca; no sé si habría otro, pero si este era el mejor… Un estrecho callejoncito entre dos tiendas nos lleva al patio interior de esta caricatura de tres pisos que bien podría haber salido de un capítulo de “La vecindad del Chavo”, en la ventana de la recepción y en cada muro de la posada un muy visible cartel reza así: No hay tomacorrientes, no hay televisor, no hay servicio de desayuno, no insista! Además de otro: El servicio de ducha cuesta 5 bolivianos, sólo de 7 a 10 a.m. y máximo 10 minutos. Mi habitación es tan estrecha que estoy seguro que la cama la tuvieron que fabricar primero y luego construir el cuarto alrededor, y lo peor: existen sólo dos semi baños para las más de 20 habitaciones; uno tiene puerta completa, el otro sólo media puerta y ninguno tiene luz. Ah! y por supuesto el inodoro funciona con “jarrito” el que hay que rellenar de agua en un cilindro a medio patio. Ni modo! Ya estamos aquí! No se puede poner peor… o si? Ya en la tarde, luego de trabajar todo el día (nadie quería regresar al hotel temprano), me quedé conversando con Marcelo en la camioneta, hablamos del baño común, de los límites de la resistencia corporal al llamado de la naturaleza y también de lo ancha, ajena, privada y más limpia que se veía la gran llanura altiplánica que nos rodeaba… Luego fuimos a cenar, pero nos agarró un apagón, así que el único restaurante que aún atendía a la luz del kerosene sólo podía ofrecernos Charquikan, ni modo… Charkikan para todos, gaseosa para tres y café para Zenen. - mi café tiene nata - no puede ser, el café no tiene nata, la leche si tiene nata - digo que mi café tiene nata - Zenen, el café no puede tener nata Regresa la luz y efectivamente el café de Zenen tenía nata y mi queso nadaba en Coca-Cola o algo similar. Otra vez en la acera del hotel pensando en algún lugar seguro donde guardar la camioneta, en ese

momento sobraban voluntarios para pernoctar en el vehículo, sólo para cuidarla, todos estábamos dispuestos a “sacrificarnos” y pasar la noche en la vía pública en vez de nuestras habitaciones, pero… justo llegó uno de los empleados de la planta de quinua y nos ofreció la fábrica como cochera segura, diablos! Habrá que dormir en el hotel!. - Mejor vamos a dar una vuelta primero por el pueblo, sólo para agarrar sueño. - Ok Curiosamente encontramos una feria con juegos mecánicos en la plaza principal y nos dieron las diez de la noche jugando en los carritos chocones. Pero como no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague; hora de ir al hotel!. Ah! si faltaba mencionar que a las 10:00 p.m. cerraban el hotel con llave con todo el mundo adentro y no habrían la puerta hasta el día siguiente. Asomados por la baranda interior del tercer piso del hotel, nos quedamos conversando hasta la medianoche, algo incómodos, pues eso de tener que presenciar a Fiona y luego a Zenen entrar en el baño común a vista de todas las ventanas de las habitaciones, linterna en mano y luego ver (y contar) cuantos “jarritos” de agua eran necesarios en cada faena, resultaba ciertamente humillante. Afortunadamente ni Marcelo ni yo tuvimos que pasar esa vergüenza, pues más precavidos, habíamos solucionado nuestros problemas corporales en forma muy discreta aquella tarde, cuando meditábamos sobre la amplitud y soledad de la pampa altiplánica. Vestido y solo recostado sobre la cama, para no molestar a los posibles habitantes invertebrados de la misma, me quedé dormido cerca de la 1:00 a.m. Pero a las 3:00 a.m. un gran revuelo se armó en el hotel; alguien pateaba la puerta de ingreso y vociferaba que lo dejaran entrar, los gritos eran respondidos desde dentro, puertas se abrían y se azotaban, alguien llamaba a la policía, gente subía y bajaba las escaleras, más gritos, algunos empujones seguidos de insultos que se repitieron hasta cerca de las 4:00 a.m. Luego nos enteramos del origen del alboroto; una pareja se había alojado en la tarde, luego salieron a emborracharse juntos, pero la mujer regresó temprano con distinta compañía. Cuando regresó el marchante original, a las tres de la madrugada; al encontrar su cama y mujer ocupados, mas que reclamar por sus 27


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reivindicaciones maritales exigía su derecho a pasar la noche bajo techo, pues él había pagado por la cama y no su eventual relevo. Finalmente los echaron a los tres.

las faldas del volcán Tunupa, imponente guardián del salar de Uyuni; el lago salado más grande del mundo, donde realizamos nuestro trabajo con los productores de quinua.

Ahora sí se podrá dormir, aunque sea un par de horas…

Al mediodía, y luego de atravesar por el lado norte la infinita y marmórea plataforma blanca del salar; llegamos a Llica, otro poblado donde se cultiva quinua a escasos kilómetros de la cordillera occidental que sirve de frontera con Chile.

Oruro!!!, Oruro!!! Sale para Oruro! Beep, Beep. Beep, Oruro!!! Maldición!, a las 4:00 a.m. en punto la fachada del hotel se convirtió en el terminal terrestre de ómnibus con destino a Oruro, y no se les ocurría mejor forma de llamar a los pasajeros que a punta de gritos y claxon. A las 5:00 a.m., sin haber podido dormir, sin haber podido recargar las baterías de los equipos ni los celulares, sin efectivo y sin combustible; abandonamos el hotel y nos pusimos en marcha hacia la región de Uyuni. Es curioso que no fue hasta que se me ocurrió mencionar la leyenda de Butch Cassidy y Sundance Kid, famosos pistoleros que murieron en la región hace exactamente 100 años, que los demás comenzaron a sacar recortes y publicaciones sobre el tema. Lamentablemente por cuestiones de agenda no pudimos llegar hasta San Vicente, al sur del salar, para visitar el lugar donde ocurrieron los hechos. Recorriendo la inmensidad del altiplano a través de huellas marcadas en la arena en las interminables llanuras de Ichu, pobladas de camélidos salvajes y sólo salpicado por pequeños y muy distanciados poblados, nos aproximamos al salar de Uyuni por el lado norte, una primera parada en “Las Salinas“ para el desayuno y luego continuamos escoltados por otra camioneta de las comunidades campesinas hasta 28

En la tarde al emprender el regreso, paramos unos minutos en medio del salar, corría un fuerte viento que levantaba la irritante sal en polvo que se introducía en los ojos y equipo fotográfico. Mal momento para tomar fotos, supongo que a la luz de la luna el salar debe ser impresionante, algún día… El regreso en medio de la noche por esos accidentados caminos es bastante agitado, al caer el sol nos encontramos al borde de un ancestral cráter, probablemente producido por algún meteorito. La camioneta está muy maltratada; le suena todo menos el claxon, la ventana posterior izquierda se rehúsa a funcionar y ya no se sabe de que color es. Nos aproximamos nuevamente a Challapata donde nos espera una recepción con suculentos platos a base de quinua, mucha cerveza y… el hotel! No! Ese hotel otra vez… No!!!, Marcelo que ya lleva unas 15 horas al volante, después de una mala noche, no hace ningún comentario; sólo intercambia unas miradas con nosotros, presiona el acelerador y no se detiene hasta Oruro. Otra vez en el viejo hotel de Oruro; que cómodo se ve, y que bueno tener baño propio; aunque Fiona sigue insistiendo en que el decorador debió ser algún descendiente de Jack el destripador. Al día siguiente, 4 de octubre, llegamos nuevamente


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a Cochabamba, a nuestras acogedoras suites con… dos baños para cada uno! Después de Challapata, esto es el paraíso! Aunque tuvimos algunos problemas para devolver la camioneta; nadie la quería lavar, pues estaba muy sucia, pero si hubiese estado limpia para qué la llevaríamos a lavar, no?. La agencia que nos la alquiló estaba cerrada; claro, sábado nadie trabaja en Cochabamba. Pero en fin, finalmente encontramos solución a todo, sólo faltaba un detalle: un presente para Marcelo que nos había acompañado “de oficio” durante la travesía. Como Fiona era la única que llevaba real y genuina sangre escocesa en sus venas, fue la comisionada para escoger la botella de whisky para Marcelo; cual no sería nuestra sorpresa cuando se apareció con un whisky de dudosa procedencia: - Es que éste trae un vaso de vidrio de regalo, y como Marcelo tiene una fábrica de vidrio reciclado… Al día siguiente, domingo 5, teníamos que retornar a Lima; pero como era de esperarse el viejo 727 que nos llevaría a La Paz; se retrasó y arribamos justo para ver como despegaba nuestra conexión a Lima. Fiona se aferra al celular tratando de conseguir vía UK reservas para el próximo vuelo y… nos las consiguen!, pero la poco amable y muy escatocefálica señorita del counter se niega a vendernos los pasajes pues según ella no hay cupo hasta el jueves y literalmente le da flojera revisar nuestras reservas. Nos informan de otra alternativa; tomar el próximo vuelo a Santiago y de ahí llegar a Lima vía conexión, sin confirmar, en Buenos Aires…uhmm a Fiona no le sirve de mucho ese plan, pues ella y Hilary tienen separado y pagado (con su plata) todo un paquete de tres días a Machu Picchu y tiene que estar el domingo en la tarde en Lima o a más tardar el lunes temprano en Cuzco. A mi tampoco me cuadra mucho la idea, esa conexión vía Bs. As. me suena a una gran posibilidad de terminar recibiendo las Navidades en Nueva Zelanda esperando una conexión a Lima vía Moscú. Por el contrario Zenen no lo pensó mucho y abordó el vuelo a Santiago (no llegó a Lima hasta el día 14). Eran ya pasadas las 11:00 a.m. y cuando Fiona ya estaba a punto de romperle los dientes a la mujer del counter, se me ocurrió hacerle una propuesta; yo me encargaba de que ella llegara a Cuzco a tiempo para su tour y luego ella me conseguía un vuelo a Lima; aceptó y…

- Taxi! - Si señor, a dónde los llevo? - A la frontera. Poco más de una hora después nos bajábamos del taxi en el lado Boliviano de Desaguadero, a orillas del lago Titicaca, chequeamos los pasaportes en la obscura, lúgubre y grasienta oficina de migraciones boliviana, cruzamos el puente caminando sobre el maloliente río, volvimos a chequear los pasaportes en la igualmente lúgubre, grasienta y obscura (pero de otro color!) oficina de migraciones peruana y… - Taxi! - A dónde van? - A Puno A poco más de las 2:30 p.m. y luego de bordear casi toda la rivera occidental del lago Titicaca (Juli es muy pintoresco, lástima que no hubo tiempo para fotos) llegamos a Puno. Aquí se acabó el tramo “Bussines Class” del viaje, pues no conseguimos taxi a Cuzco y los únicos ómnibus decentes partían en la noche y además ya no había cupos. Un almuerzo en el terminal terrestre para engañar a las tripas y difundir la “cultura”, si, difundir la cultura!: En el menú “Bilingüe” del restaurante alguien había inmortalizado su nombre al traducir al inglés “Sudado de Trucha” como “Sweater of Trout” y ahora hay una foto del famoso menú (tomada por Fiona) distribuyéndose por toda Europa. Bueno, había que conseguir transporte si o si; así que… a las 4:00 p.m. partimos a bordo de un ruidoso, atestado, incómodo y mal oliente bus – camión, sin baño, que literalmente apestaba a una mezcla de corral con leche avinagrada, pero que mal que bien nos dejó en la ciudad imperial a las 12 de la noche en punto. Durante el trayecto, y cuando el arribo a Cuzco ya se veía más como una realidad, Fiona se había estado comunicando con Lima para que le cancelen su vuelo Lima - Cuzco y le hagan una reservación para una noche extra en el hotel. Como era de suponerse; al llegar a Cuzco resultó que le habían cancelado sus reservas en el hotel y… no sé que hicieron con el vuelo!. De cualquier forma conseguimos buenas habitaciones para pasar la noche y al día siguiente ella y sus misteriosos contactos en ultramar, me consiguieron, sin mayor problema, un boleto a Lima 29


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en los ya copados vuelos de un aeropuerto cerrado por una visita presidencial. Aún faltaban un par de horas para que despegue mi avión, así que fuimos a dar una vuelta por la ciudad, lo primero que me señalaba Fiona con entusiasmo en cada tienda por la que pasábamos era… -Mira! aquí si aceptan Visa y … travel checks! Ni modo, ocho días en Bolivia desubican a cualquiera. Dimos una vuelta por la Plaza de Armas y ella me señala el letrero de un restaurante; “Trotamundos” me pidió que le traduzca esa palabra al inglés, así lo hice, y me dijo: - “Creo que calificamos”. Fiona había encontrado un buen lugar donde tomar un café y yo; un título para esta crónica. Tomamos algo en el balcón con vista a la plaza, conversamos y me despedí para abordar mi vuelo mientras ella esperaba el arribo de Hilary para tomar su tour. Tres días después, en Lima, me contaría que 15 minutos después del arribo (y registro en el hotel) de Hilary, se enteraron de la huelga de la CGTP y el inminente bloqueo de las vías del tren a Machu Pichu, por lo que inmediatamente tomaron un taxi a Ollantaytambo. Hilary sólo conoció de Cuzco el balcón del “Trotamundos” visto a la volada, desde dentro del taxi. En Ollantaytambo en medio de una fuerte lluvia abordaron el tren a Aguas Calientes, donde se alojaron en un hotel que competía en aromas con el bus de Puno. Al día siguiente subieron a Machu Pichu en medio de una tormenta, al regresar encontraron que la habitación de Hilary, por haber dejado las ventanas abiertas, se había convertido en refugio para la lluvia de cuanta alimaña e insecto había en la región, por lo que ella paso la mitad de la noche matando insectos y la otra mitad sellando con maskin´ tape toda rendija de su cuarto. En el tren de regreso totalmente atestado, a Fiona le tocó compartir vagón con un chileno loco que usaba un casco tipo “safari” y que, según ella, era “demasiado” amigable; mientras que a Hilary le tocó un carro lleno de japoneses con los que no podía intercambiar palabra alguna. Ya en Cuzco el taxi que las llevó al aeropuerto patinó en la lluvia y fueron a dar dentro de una cuneta, para luego enterarse que su vuelo había sido cancelado y pasar el resto de la tarde consiguiendo cupo en otra aerolínea.

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El 9 de octubre Hilary dejó estas tierras para retornar a UK, mientras que Fiona y yo pasamos dos días entrevistando artesanos en los conos de Lima, para luego partir el 11 a Piura donde pasamos otros tres días haciendo lo propio en Chulucanas: podría decir que fueron días tranquilos salvo por… Cuando entrevistábamos a los trabajadores de una cantera de arcilla , en medio de la sesión fotográfica, a uno de ellos le dio un ataque de epilepsia. El día catorce estuvo nublado y lloviendo todo el día (pésimo para las fotos), si, llovió en Chulucanas a mediados de octubre! Alguien le dijo una vez a Fiona que no es que ella viajara a lugares con mal clima, sino que el mal clima viajaba con ella; en lo particular a mí no me sorprendería que el próximo huracán en el Caribe lleve su nombre. Antes de retornar a Lima fuimos con Luis, nuestro guía y anfitrión, a conocer Catacaos y Narihuala. Especialmente Luis muy excitado quería mostrarle a Fiona un auténtico perro peruano sin pelo, y lo encontramos ahí, en la huaca de Narihuala, en el museo de sitio, pero… amarrado a una soga, convulsionando y botando espuma por la boca!. Le habían dado bocado y estaba en sus últimos estertores. Según Fiona se parece al “Grim” de la película “Harry Potter y el prisionero de Ascaban”… puede que tenga razón. Fiona recibió su cumpleaños en el bus a Lima, (no, no voy a mencionar números), y a la mañana siguiente partió para UK. Aún mantengo contacto con ella, ya se retiró y ahora se dedica a publicar sus poemas con bastante éxito, de hecho hay uno titulado “La Casa de Lima” en uno de cuyos versos menciona” The donkey belly gray sky”, pero en ningún momento me ha mencionado nada acerca de regresar al Perú. Durante el viaje hubieron muchas otras anécdotas, como la de las vacas radioactivas, el restaurante griego con el mozo israelí que decía ser marroquí, el pollo hervido que le sirvieron a Fiona en el hotel, cuando pidió un poco de agua hirviendo, la pileta de los novios en Cochabamba, etc.., etc.… pero esta crónica ya está demasiado larga y… quien sabe, tal vez algún día publique el relato completo de esta aventura.


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X-fotos Foto: Carlos García Granthon

La Huella de Tambomachay En las inmediaciones de las ruinas de Tambomachay, Cuzco, se puede apreciar claramente lo que parecería ser la huella de una bota, con el taco bien marcado, grabada profundamente en un afloramiento masivo de roca. Caprichos de la naturaleza?, se ablandó misteriosamente la roca en épocas relativamente recientes? O alguien caminó sobre el sedimento fresco hace millones de años usando botas? Comparada con los modestos talla 43 de este registrador de imágenes, la huella es pequeña, aproximadamente talla 35. CGG 32


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Cámaras que registraron la historia

Tessina 35mm El 20 de agosto de 1968, cuando las tropas de la Unión Soviética invadieron Checoslovaquia, poniendo fin a la “Primavera de Praga”, tres reporteros; Philippe Letellier, fotógrafo freelance, Jacques Burlot, reportero de Life y Tony Cameron, cruzaron ilegalmente la frontera Checa con pasaportes adulterados para cubrir los acontecimientos en Praga. 5 km antes de llegar a su destino, fueron interceptados y descubiertos por una patrulla militar soviética, que los apresó y confiscó todos sus equipos, todos excepto uno; una pequeña cámara espía oculta en una cajetilla de cigarrillos en el bolsillo de Philippe Letellier, que según nos narra en sus propias palabras: ―… comenzó a inquietarme la Tessina en el paquete de Winston, este pequeño aparato suizo de mira réflex, está provisto de un motor que permite tomar diez fotos sin cargar. Posee, además, un gran angular de 28mm y, por lo tanto, es posible utilizarla desde el bolsillo. Cada vez que oprimía el disparador, se oía un ―zig-zag‖ que, dada mi situación, era particularmente peligroso, puesto que yo era considerado ya como un espía…‖ (Los Reporteros, Brincourt y Leblanc, p279, editorial Noguer 1973, ISBN 84 279 0820 2 ) Efectivamente, la Tessina, fabricada por el suizo Arnold Siegrist en 1957, (en producción hasta 1996) es un alarde de la mecánica de precisión y la óptica; una cámara espía réflex de doble lente, de tan solo 65 x 50 x 25 mm, toma cuadros de 14 x 21mm, en película de 35mm, con cargadores especiales. Esta pequeña joya podía ocultarse en bolsillos, cajetillas de cigarrillo, o hasta en la muñeca, bajo la manga, como un reloj de pulsera.

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Fotohólica Nº 01 Agosto 2013 Lima, Perú Todos los derechos reservados Contacto: Limafreelance@hotmail.com

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Fotoholica 01  

Revista mensual de fotografía y temas afines, primer ejemplar, agosto 2013, Lima, Peru

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