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Victoria en la guerra espiritual

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La misión de Editorial Portavoz consiste en proporcionar productos de calidad —con integridad y excelencia—, desde una perspectiva bíblica y confiable, que animen a las personas a conocer y servir a Jesucristo.

Título del original: Victory in Spiritual Warfare © 2011 por Tony Evans y publicado por Harvest House Publishers, Eugene, Oregon 97402. Traducido con permiso. Edición en castellano: Victoria en la guerra espiritual © 2012 por Editorial Portavoz, filial de Kregel Publications, Grand Rapids, Michigan 49501. Todos los derechos reservados. Traducción: Rosa Pugliese Ninguna parte de esta publicación podrá ser reproducida, almacenada en un sistema de recuperación de datos, o transmitida en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico, mecánico, fotocopia, grabación o cualquier otro, sin el permiso escrito previo de los editores, con la excepción de citas breves o reseñas. A menos que se indique lo contrario, todas las citas bíblicas han sido tomadas de la versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso. Reina-Valera 1960™ es una marca registrada de la American Bible Society, y puede ser usada solamente bajo licencia. Las cursivas añadidas en los versículos bíblicos son énfasis del autor. EDITORIAL PORTAVOZ P.O. Box 2607 Grand Rapids, Michigan 49501 USA Visítenos en: www.portavoz.com ISBN 978-0-8254-1242-4 (rústica) ISBN 978-0-8254-0354-5 (Kindle) ISBN 978-0-8254-8509-1 (epub) 1 2 3 4 5 / 16 15 14 13 12 Impreso en los Estados Unidos de América Printed in the United States of America


Dedicado a mi nieto mayor, Kariss (Bear), a quien amo profundamente.


R econocimientos Quisiera agradecer a mis amigos de Harvest House ­Publishers: Bob Hawkins h., LaRae Weikert y Nick Harrison, por su ­participación en esta obra. Que este libro sea el comienzo de algo mucho más grande juntos.


Contenido

Parte 1: La batalla 1. La naturaleza de la batalla . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9 2. La oposición en la batalla . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 23 3. La estrategia para la batalla . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 35 Parte 2: La armadura 4. El cinturón de la verdad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 49 5. La coraza de justicia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 64 6. El calzado de la paz . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 76 7. El escudo de la fe . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 88 8. El casco de la salvación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 101 9. La espada del Espíritu . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 116 Parte 3: La victoria 10. El poder de la oración . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 129 11. La suficiencia de Cristo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 141 Parte 4: La victoria sobre las fortalezas espirituales 12. Victoria sobre las fortalezas matrimoniales . . . . . . . . . . . 161 13. Victoria sobre las fortalezas de sustancias químicas . . . . 175 14. Victoria sobre las fortalezas sexuales . . . . . . . . . . . . . . . . 188 15. Victoria sobre las fortalezas de juegos de azar . . . . . . . . . 202 16. Victoria sobre las fortalezas de la comida . . . . . . . . . . . . 215 17. Victoria sobre las fortalezas emocionales . . . . . . . . . . . . . 227 18. Victoria sobre las fortalezas de las deudas . . . . . . . . . . . . 241


Parte 1

La batalla


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n una galería de arte de Europa, cuelga una pintura titulada Jaque mate. A un lado de un tablero de ajedrez, está sentado el diablo, que se ríe a carcajadas y tiene la mano suspendida, lista para hacer su próxima jugada. Del otro lado del tablero, está sentado un hombre joven que tiembla de miedo. Tiene su frente empapada de sudor que gotea y se mezcla con una lágrima solitaria que corre por su mejilla. Obviamente, el juego está por terminar, y al parecer el ganador ya se ha decidido. Un día, un campeón de ajedrez de un país lejano visitó la galería. Naturalmente, la pintura atrajo su atención, y se quedó observándola un buen rato. De hecho, mientras los demás continuaban con su recorrido por la galería, el campeón de ajedrez seguía con la mente fija en el juego, sobre todo en el diablo, que esperaba sentado y ansioso su próximo turno, en el cual planeaba robar el alma de ese hombre. Los minutos se convirtieron en horas, mientras el campeón de ajedrez estudiaba el tablero desde todos los ángulos posibles. El sudor de la frente del hombre joven lo impulsaba a continuar. Finalmente, cuando la galería estaba a punto de cerrar, el campeón de ajedrez buscó al propietario y le preguntó: “Señor, ¿por casualidad tiene un tablero de ajedrez aquí?”. Después de buscar en varias de las oficinas, encontró un tablero y se lo llevó a aquel hombre. El campeón de ajedrez colocó el tablero en la base de la pintura, precisamente como estaba retratado. Hizo una jugada y luego contrarrestó esa jugada de la única manera que el diablo podía evitar que se le hiciera jaque mate. Luego hizo otra jugada y la contrarrestó otra vez, sabiendo que el diablo también tendría que defenderse en su próxima jugada. El campeón de ajedrez hizo esto varias veces más, con lo cual colocó al diablo a la defensiva cada vez. Al final, se escuchó 9


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un fuerte grito por toda la galería cuando el campeón de ajedrez exclamó aliviado: “¡Lo logré! ¡Lo logré! ¡Lo logré!”. El campeón de ajedrez volvió a mirar la pintura, bajó su voz y dijo: “Joven, tu enemigo calculó mal una jugada muy importante. La descubrí, y como resultado, no tienes que perder. ¡Tú ganas!”. Este campeón de ajedrez había descubierto la manera en que no solo el joven escapara, sino que le hiciera jaque mate al mismo diablo. Amigo, si usted ha elegido este libro, es probable que pueda haberse sentido como el hombre de la pintura. El temor o la ansiedad se han filtrado sigilosamente en su vida al imaginarse al diablo preparado para hacer la jugada final en su vida personal, matrimonio, hogar, salud, carrera, economía o en cualquier otro ámbito. La sonrisa segura y las jugadas rápidas del diablo le han engañado y le han hecho creer que él es el jefe y el que toma las decisiones. Él ha estado jugando con sus emociones como si fuera una marioneta. Pero mientras realizamos juntos este estudio, le animo a secarse el sudor de su frente y las lágrimas de sus ojos. Usted puede lograrlo, porque hay un Campeón que sabe cómo guiar cada una de sus jugadas. De hecho, este Campeón ya ha hecho la jugada final contra el diablo y ha asegurado la victoria de usted para siempre. Si usted juega el resto del partido siguiendo simplemente sus instrucciones y bajo las reglas generales de la agenda del reino de Dios, usted estará afirmando su victoria. Se lo garantizo. Lo grandioso es que usted no tiene que ganarse su victoria, ni siquiera resolverla por su cuenta. Dios ya le ha dado todo lo que necesita para que haga su próxima jugada hacia el triunfo. Quiero que comprenda este principio clave desde el comienzo. Usted no está peleando por la victoria, sino desde la victoria. ¡Esta batalla ya ha sido ganada!

La historia de la batalla Para entender la verdad que sustenta este principio, primero tiene que comprender la historia de la batalla. Todo comenzó cuando Dios hizo la primera jugada al crear los ángeles. Lucifer, el ángel ungido, respondió negativamente a esa jugada al rebelarse contra Dios y llevarse con él a un tercio de los ángeles. Dios contrarrestó esa jugada al crear al hombre, a su propia imagen, un poco inferior que los ángeles. Satanás se rebeló contra


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esa jugada al tentar a Adán y a Eva para que pecaran, entregándole así el control de la tierra a él. Luego, Dios contrarrestó la jugada de Satanás al ofrecer una cobertura redentora para que Adán y Eva pudieran volver a tener comunión con Él. Satanás hizo su siguiente jugada al tentar a Caín para que matara a Abel a fin de cortar el linaje santo. Pero Dios respondió a la jugada de Satanás a través del nacimiento de Set, para que los hombres pudieran invocar otra vez el nombre del Señor. Satanás contrarrestó esa jugada al engañar a Nimrod para que pensara que él y su pueblo podrían construir la torre de Babel y llegar hasta tan alto como los cielos. En la siguiente jugada, Dios puso sus ojos en un hombre llamado Abraham y, a través de él, llamó a una nación a apartarse y ser santa. Sin embargo, Satanás contrarrestó esa jugada al tener atrapada a esta nación en Egipto bajo el gobierno de Faraón. Pero después Dios tomó a Moisés en Madián y lo colocó en una posición tal que dejó fuera de combate totalmente a Faraón. A lo largo del resto del Antiguo Testamento, el juego siguió así: jugada, contraataque, jugada, contraataque. Al final del Antiguo Testamento, hay un período de cuatrocientos años donde no se registran jugadas de ninguno de los participantes, mientras ambos miran el tablero en silencio. Pero cuando comienza el Nuevo Testamento, vemos que Dios recurre a algo especial —su propio hijo, Jesucristo— y lo lleva de un lugar a otro, del cielo a la tierra. Satanás intenta contrarrestar la jugada de Dios y tienta a Jesús en el desierto. Jesús triunfa sobre su jugada por medio de la Palabra de Dios. Entonces Satanás intenta lo que él piensa que sería su última jugada de jaque mate: orquestar la crucifixión de Jesucristo. Pero subestimó algo muy importante al no darse cuenta de que la muerte en la cruz no era una jugada de jaque mate. En realidad, era solo un plan para la jugada final de Dios en la que le haría jaque mate a Satanás y resucitaría a Jesús de la muerte. El logro de la cruz, a través de la resurrección de Cristo, fue la jugada final de Dios, y nos brindó a cada uno de nosotros la victoria sobre un enemigo que quiere intimidarnos, engañarnos y destruirnos. El ganador final de este partido ya se ha decidido. La victoria ya está asegurada.


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Mientras usted y yo estamos en la tierra y seguimos jugando, necesitamos vivir en vista de la victoria ya ganada en esa jugada final: la resurrección de Jesucristo. Debido a esa jugada decisiva de Dios, Satanás ya no tiene autoridad sobre usted para derrotarlo. Su único medio para vencerlo es engañarlo: hacerle creer que el ganador de la batalla aún no se ha definido.

Cómo el reino espiritual afecta al reino físico Si bien estoy ilustrando la guerra espiritual con un simple juego de ajedrez, no quiero minimizar la gravedad de la batalla ni el enorme dolor y el número de víctimas que esta provoca. Es una batalla. Estamos en guerra. De hecho, la guerra que libramos no es como ninguna otra guerra que hayamos conocido o escuchado, ni siquiera concebido. Si le pidiera que pensara en la peor de las guerras de la historia de la humanidad, palidecería en comparación con la batalla espiritual que se libra a nuestro alrededor. Esta guerra es diferente a todas las demás no solo por su magnitud y alcance, sino también porque se pelea en un lugar que nunca hemos visto. La guerra espiritual es el conflicto cósmico que se libra en el reino espiritual invisible, pero simultáneamente se manifiesta en el reino físico visible. Para decirlo de otra manera, la raíz de la guerra es algo que usted no puede ver, pero los efectos de la guerra se ven y se sienten rotundamente. Esto se debe a que todo lo espiritual influencia o causa todo lo físico. Detrás de toda adversidad, contratiempo, dolencia o problema físico que enfrentamos, hay una raíz espiritual. A menos que primero identifiquemos y tratemos con la raíz espiritual causante, nuestros intentos por resolver el problema físico solo producirán, en el mejor de los casos, un alivio temporal. En otras palabras, todo lo que sus cinco sentidos experimentan físicamente es generado, primero, por algo que sus cinco sentidos no puede detectar. En vista de esta verdad, usted y yo necesitamos emplear un sexto sentido —el sentido espiritual— para batallar en esta guerra. Debemos emplear aquello que va más allá de lo físico y tratar con la raíz espiritual antes de modificar verdaderamente el fruto físico. La clave para experimentar y vivir en la tierra la victoria que Dios ya nos ha garantizado en el cielo es aprender a batallar de manera deliberada y eficaz en el reino espiritual.


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A menudo Satanás trata de evitar que usted tome en serio el reino espiritual. Si él puede distraer su atención del reino espiritual, puede mantenerlo alejado del único lugar donde se encuentra su victoria. Si él puede distraerlo con personas o cosas que usted puede ver, gustar, tocar, escuchar u oler, puede impedir la victoria en su vida.

El lugar de la batalla Como esta batalla es muy importante, y su botín es muy costoso, es esencial que comencemos desde el principio y pongamos un fundamento firme para nuestra estrategia. Lo primero que usted necesita saber es dónde tiene lugar esta batalla. Pablo nos da la respuesta en el capítulo 6 de Efesios, que es el pasaje que usaremos como base de nuestro estudio a lo largo de este libro. Por lo demás, hermanos míos, manténganse firmes en el Señor y en el poder de su fuerza. Revístanse de toda la armadura de Dios, para que puedan hacer frente a las asechanzas del diablo. La batalla que libramos no es contra gente de carne y hueso, sino contra principados y potestades, contra los que gobiernan las tinieblas de este mundo, ¡contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes! (Ef. 6:10-12, rvc).

Pablo nos dice que nuestra batalla no es contra enemigos de carne y hueso. Nuestra batalla no es contra nuestros vecinos, nuestro cónyuge, nuestros compañeros de trabajo o nuestros hijos; ni siquiera es contra las predisposiciones o debilidades de nuestra propia carne. Las personas son simples intermediarios de la batalla espiritual que tiene lugar en otro reino. Nuestra batalla, según la Palabra de Dios, es contra principados, potestades, gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Las “regiones celestes” se refieren simplemente al reino espiritual. Aquí hay un segundo principio que quiero que usted asimile: Todo lo que le haya sucedido, le esté sucediendo o le suceda en su vida física, visible, está enraizado en el reino espiritual, invisible. Si usted no sabe cómo actuar en el reino espiritual, no puede esperar una victoria real en el reino físico.


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Esto resalta un problema que a menudo encontramos. Comúnmente, tratamos de resolver las cosas en el reino físico con métodos de este mundo, aunque nuestros problemas no se originan en este mundo. Somos como un policía en la sala de su casa que le dispara a su televisor porque ve a un delincuente que saca su pistola en un reality show. Si el policía le dispara al televisor, simplemente empeorarán las cosas. Podría sentirse bien por un momento por haber hecho algo, pero al final, no habría resuelto nada. De hecho, las cosas solo habrían empeorado. Nuestras batallas se originan en el reino espiritual —las regiones celestes—; por lo tanto, la única manera de pelearlas es con armas que funcionen en ese reino.

Las regiones celestes Pablo usa la frase “regiones celestes” o “lugares celestiales” varias veces en el libro de Efesios, lo cual nos habla tanto del alcance como de los residentes de ese lugar. Su primera referencia a este reino se encuentra en el capítulo 1, versículo 3: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo”. Aprendemos de este versículo que todo lo que Dios tenía previsto hacer por nosotros, ya lo ha hecho. Todas las bendiciones espirituales ya están en este reino que no vemos. Toda promesa que Dios nos haya hecho alguna vez y piensa cumplir en nuestra vida, todo don que recibiremos algún día y toda esperanza que se cumplirá alguna vez ya ha sido depositada en nuestra cuenta del reino espiritual. Dios “nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo”. Las bendiciones y victorias de usted ya se encuentran allí con su nombre escrito en ellas, a la espera de que usted las tome, las use y ande en ellas. Muchos creyentes viven derrotados simplemente por no conocer esta verdad. Sin embargo, Pablo explica en este pasaje que ya hemos sido bendecidos con toda bendición espiritual en el reino espiritual. En la guerra espiritual, Satanás trata de engañarlo y hacerle creer que Dios le está ocultando las cosas y que depende de usted que el Señor lo bendiga y le dé la victoria. Satanás quiere que usted piense que si ora más, da más, sirve más, peca menos, es mejor persona o adora más, tal vez Dios le dé más. Esto nos desenfoca de Dios y de lo que Él ya ha hecho en


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el reino espiritual y nos enfoca en nosotros mismos y en lo que debemos hacer en el reino físico. Hacer estas cosas en el reino físico es bueno y beneficioso para el crecimiento espiritual y para cultivar intimidad con Dios y con nuestros semejantes, pero estas no son la clave para acceder a lo que Dios ya ha hecho por nosotros en el reino espiritual. La manera de acceder al poder de sus bendiciones es a través de una comprensión e implementación bíblica de la gracia por medio de la fe. Por su gracia, Dios ha hecho completo a cada creyente en Jesucristo. Las “obras” religiosas que hacemos en un esfuerzo por obtener algo de Dios, en realidad, anulan la gracia (Gá. 5:1-4) porque la gracia y las obras nunca pueden mezclarse (Ro. 11:6). La gracia es el punto de acceso a Dios. Para entrar a este punto de acceso, necesitamos la fe. La fe es actuar como si Dios estuviera diciendo la verdad. Es actuar como si algo fuera verdad, aun cuando no parezca ser verdad, a fin de que se demuestre que es verdad simplemente porque Dios dijo que es verdad. La tarea de la fe es descubrir cuáles son las bendiciones espirituales en los lugares celestiales, pedírselas a Dios y tomar las decisiones de la vida en vista de esta realidad. Más adelante hablaremos con mayor detalle sobre la gracia y la fe.

Los residentes Hasta aquí hemos visto que usted no está peleando por la victoria; usted está peleando desde una posición de victoria. También hemos visto que todo lo que ha sucedido, está sucediendo o suceda en su mundo físico está enraizado en el reino espiritual. Y toda bendición espiritual está situada en este reino espiritual. Pablo habla más acerca del reino espiritual cuando escribe: “Y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales” (Ef. 1:19-20). Pablo ya nos ha dicho que nuestras bendiciones esperan que nosotros accedamos a ellas en los lugares celestiales y ahora nos dice que el Responsable de esto, Jesucristo, está sentado en estos mismos lugares celestiales. Eso significa que si usted quiere llegar hasta el Responsable —Jesús—, tiene que acercarse a Él hasta donde se encuentra: en el reino espiritual, los lugares celestiales. En el próximo capítulo de Efesios, Pablo nos da más detalles de esto.


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Pero Dios, cuya misericordia es abundante, por el gran amor con que nos amó, nos dio vida junto con Cristo, aun cuando estábamos muertos en nuestros pecados (la gracia de Dios los ha salvado), y también junto con él nos resucitó, y asimismo nos sentó al lado de Cristo Jesús en los lugares celestiales (Ef. 2:4-6, rvc).

Hemos visto que nuestras bendiciones están situadas en los lugares celestiales y que Jesucristo está sentado en los lugares celestiales. Ahora sabemos que nosotros mismos estamos sentados con Cristo en esos mismos lugares celestiales. En este preciso instante, usted y yo estamos sentados espiritualmente con Cristo en el reino espiritual. Esta es una verdad importante para recordar. Si usted está enfocado solo en el lugar donde en este momento se encuentra sentado físicamente, no está viendo su posición en el mismo lugar en el que en realidad existen las soluciones a sus problemas. El lugar en el que se encuentra físicamente no es el único lugar en el que está situado. Usted está situado por igual en otro reino. Pablo nos dice que cuando usted llega a la salvación en Cristo, es transportado a otro reino. Aunque su cuerpo físico está aquí en la tierra, su espíritu —la parte de usted que ha sido diseñada con la capacidad de controlar su cuerpo físico— opera en otro lugar. Pablo nos habla más sobre este otro lugar en el siguiente capítulo de Efesios. A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales (Ef. 3:8-10).

No solo sus bendiciones espirituales, Jesucristo y usted mismo están situados en el reino espiritual en este momento, sino los ángeles (principados y potestades) también están operando en el reino espiritual. ¿Por qué es tan importante saber esto? Porque es mejor tener un ángel que batalle contra un demonio, a que usted batalle contra un demonio en


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su propia carne. Si usted enfrenta un problema demoníaco, necesita una solución angélica. La Biblia llama a Dios “Jehová de los ejércitos”. Ese nombre se refiere a su cargo militar sobre un cuerpo angelical cuya tarea es resistir todas las acciones demoníacas que le atacan a usted. Puede que usted sea físicamente resistente, puede que levante pesas y sea fuerte en su cuerpo, pero créame: no es competencia para un demonio. Para poder apelar a la ayuda angelical, necesita tener una mentalidad espiritual, porque los ángeles batallan en los lugares celestiales. Es importante saber, con respecto a los ángeles, que a todo cristiano se le ha asignado al menos un ángel para operar a su favor en el reino espiritual. En Hebreos 1:14 leemos: “¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?”. Usted tiene alguien que conoce y entiende el reino espiritual mejor que usted, y cuyo trabajo es funcionar en ese reino de una manera que lo beneficie. Esta es una verdad poderosa. Sin embargo, mientras todo cristiano tiene un ángel cuya tarea es prestar servicio a su favor en los lugares celestiales, todo cristiano también tiene oposición demoníaca cuya meta es hacer estragos en su vida. Vimos anteriormente en Efesios 6:12 que las “huestes espirituales de maldad” (demonios) también están situadas en “los lugares celestiales”. Por eso, Pablo le dice a la iglesia de Éfeso que nuestras bendiciones están en los lugares celestiales, Jesús está en los lugares celestiales, nosotros estamos en los lugares celestiales, los ángeles están en los lugares celestiales y el reino demoníaco está en los lugares celestiales. Con tantas cosas que hay en los lugares celestiales, es absolutamente lógico que aprendamos y pongamos en práctica todo en cuanto a cómo funcionar y operar eficazmente en los lugares celestiales. Después de todo, estamos en una guerra donde la zona cero se sitúa en los lugares celestiales. El mundo físico manifiesta simplemente lo que ya está sucediendo en el reino espiritual. Si usted no es consciente de la realidad del reino espiritual, no será consciente de cómo opera ese reino y no estará preparado ni capacitado para tener victoria en su vida física. Hace poco tuve la oportunidad de ver la exitosa película El Origen, que ilustra una verdad cinematográficamente similar. En la película, los personajes principales habían descubierto la manera de entrar en otro


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reino: el reino de los sueños. Los sueños parecían ser tan vívidos y auténticos como el mundo real en el que estaban durmiendo en ese momento; pero el reino de los sueños no era real. Dado que el sueño parecía ser real para todos sus cinco sentidos, cada personaje tenía que elegir un objeto que le indicara si estaba en un sueño o en la realidad. Sin ese objeto, la persona que estaba en el sueño podría comenzar a creer que el sueño era realidad y quedarse allí operando bajo la ley de la realidad dentro del reino de un sueño. El personaje principal eligió una peonza. Si su peonza giraba sin parar, eso significaba que estaba en un sueño. Saber que estaba en un sueño, entonces, afectaba la manera en que funcionaba dentro del sueño. Básicamente, podía correr más riesgos y vivir de manera diferente en el sueño, porque sabía que en cualquier momento, podría volver a despertar a la realidad. No estoy sugiriendo que el mundo físico en el que vivimos sea un sueño ni que las realidades físicas no conlleven consecuencias tanto físicas como espirituales. Pero quiero que nos demos cuenta de que nuestra realidad principal ocurre en los lugares celestiales: en el reino espiritual. Conversaciones, decisiones, batallas y cosas semejantes que suceden en el reino espiritual afectan unilateralmente lo que pasa en nuestra vida física. A menos que reconozcamos esta verdad, seguiremos buscando soluciones físicas para resolver los problemas espirituales que se manifiestan en nuestra vida física. Dichosamente, Dios nos ha dado un objeto para usar —una guía— que debemos mirar para que nos recuerde nuestra posición espiritual, y ese objeto es su Palabra. Cuando leemos la Palabra de Dios, recordamos que toda guerra espiritual así como nuestras soluciones para esa guerra se encuentran en el reino espiritual. Este mundo no es nuestro hogar. Como creyentes somos ciudadanos de un reino celestial en el cual también estamos sentados. Las soluciones físicas no pueden resolver los problemas físicos que se originan en el reino espiritual. Por lo tanto, en vez de malgastar nuestro tiempo, dinero, esfuerzo, fortaleza, energía mental, conversaciones y cualquier otra cosa que pensemos que puede ayudarnos a actuar mejor en el mundo físico, deberíamos primero aprender y aplicar las prácticas y técnicas de la guerra espiritual, para derrotar a nuestro enemigo y acceder a nuestras bendiciones en el reino espiritual.


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El reino demoníaco no quiere que usted sepa esto. El reino demoníaco quiere que usted siga viviendo y batallando en el mundo de sus cincos sentidos y trate de resolver su situación con las armas limitadas asociadas a sus cinco sentidos. De ese modo, el resultado es que malgastamos mucho tiempo, dinero y energía en tratar de destruir el fruto malo, y no nos ocupamos de la raíz espiritual. Pero recuerde este principio: Si todo lo que usted ve es lo que ve, nunca verá todo lo que hay que ver. Dado que el reino invisible afecta el reino visible, si usted quiere resolver algo en el reino físico, primero debe ocuparse de la raíz invisible y espiritual que lo causa. Cuando no nos ocupamos de la causa espiritual, invisible, simplemente no podemos experimentar una cura física, completamente visible y duradera.

Estudie las jugadas de Satanás Pablo nos dice que no luchamos contra enemigos de carne y hueso, sino contra principados y potestades del reino espiritual. Estos principados y potestades buscan robarle todo lo que Dios ha atesorado para usted en los lugares celestiales. Pero Pablo nos alienta a luchar solo de un modo: estar firmes contra las asechanzas y estrategias del enemigo. Una manera de estar firmes es saber cuáles son esas estrategias. Los seres del reino demoníaco no quieren que usted sepa cuál es su metodología. No quieren que usted descubra su estrategia. Ellos quieren que usted los siga imaginando con cuernos y un tridente, y vestidos de color rojo. Si usted piensa eso de los seres demoníacos, no los toma en serio. Y tampoco lucha de forma eficaz. Todos los que me conocen saben que me encanta el fútbol americano. Cuando era joven, jugaba al fútbol todas las semanas. Y aunque muy pronto una lesión en la pierna me impidió seguir practicando este deporte, mi pasión nunca ha disminuido. El fútbol es el deporte masculino por excelencia. Atletas bien preparados luchan hasta el final con movimientos precisos y jugadas enérgicas, y llenan cada segundo de los sesenta minutos con elevados niveles de testosterona, similar a la de los gladiadores de siglos pasados. Uno de los puntos destacables de mi ministerio ha sido prestar servicio en los frentes de estas batallas como capellán no solo en fútbol, sino también en básquetbol. He sido el capellán de los Mavericks de Dallas,


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de la NBA, por más de treinta años. También he servido como capellán de los Cowboys de Dallas, de la NFL, durante el apogeo de la era del entrenador Tom Landry, y actualmente doy clases de estudio bíblico para los Cowboys de Dallas, además de brindar consejería personal para cualquiera de los jugadores que la necesite. El fútbol es un gran entrenador de la vida. Nos enseña el valor de la autodisciplina, la determinación y el esfuerzo. También nos enseña no solo a jugar mejor que nuestros adversarios, sino también a ser más astutos que ellos. Antes de jugar un partido, los jugadores repasan cintas de juego. Este tipo de cintas incluye videos de los partidos anteriores del adversario. El propósito de mirar este tipo de cintas es identificar la debilidad del contrincante. Una vez que se identifican estas debilidades, se elabora un plan para aprovecharse de ellas. Si usted es jugador de fútbol, es bueno que vea este tipo de cintas antes de un partido, porque le da una ventaja que normalmente no tendría sobre su adversario. El único problema es que él también tiene una cinta de los partidos de usted y está estudiando la manera de aprovecharse de sus debilidades. En la guerra espiritual, nuestro adversario, el diablo —junto a su equipo de demonios— ha estado mirando cintas de la humanidad durante miles de años. Es un experto en aprovecharse de las debilidades de carácter, los traumas, las divisiones raciales y de género, nuestra carne y sus deseos, y muchos otros aspectos de nuestra naturaleza humana. Y el reino demoníaco ha estado repasando cintas del juego de usted y del mío desde nuestra concepción. Satanás y sus demonios saben qué le sucedió en su infancia que confundió su manera de pensar, lesionó su autoestima o le produjo patrones de pecados que ahora parecen ser inquebrantables en su vida. Ellos conocen los problemas y el abuso (ya sea que usted sufriera o causara) que operan dentro de su mundo físico. Saben qué le lleva a sentirse frustrado o agotado, lo cual les da la oportunidad de lanzarse sobre usted. Y miran las cintas de su juego y recaban conocimiento con un solo objetivo: aprovecharse de sus debilidades para tener ventaja sobre usted y derrotarlo. Esto podría parecer poco prometedor, pero la buena noticia es que nosotros también tenemos acceso a las cintas de su juego. No solo eso,


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sino que tenemos un Entrenador que conoce las debilidades de nuestro adversario y que en su Palabra nos dice cuáles son esas debilidades. Contamos con un resumen detallado de la película de su juego: la Biblia. En ella descubrimos todo lo que necesitamos saber a fin de experimentar la victoria en esta batalla espiritual. Cualquier equipo de la NFL que entra en un campo de juego los domingos sin haber estudiado primero a su adversario se expone a la derrota. De hecho, cualquier jugador que entra a un partido sin prepararse de esta manera no podrá seguir jugando por mucho tiempo. Lo mismo sucede con la vida cristiana. Dios nos ha dado todo lo que necesitamos para derrotar a nuestro enemigo, pero depende de que nosotros miremos la película de su juego y juguemos de acuerdo a las reglas y estrategias de Él. Nuestro enemigo es un adversario astuto, y a menos que batallemos contra él apropiadamente, nos aventajará. Después de todo, él tiene la película de nuestro juego. Él conoce qué botón exacto pulsar para que hagamos algo que nunca hubiéramos pensado hacer, ya sea a través de nuestras emociones o acciones. Satanás tiene la película de su juego. Es hora de que usted estudie la película del juego de él. Se cuenta la historia de un granjero al que siempre le robaban sus melones. Él debía hacer algo con esos ladrones o terminaría por perder gran cantidad de sus ganancias. Un día se le ocurrió una idea brillante. Decidió colocar un letrero en su granja que decía: “Uno de estos melones es venenoso”. Al día siguiente, el granjero salió a ver sus melones y descubrió lo que imaginaba: no habían robado ninguno. Satisfecho por haber sido más astuto que los ladrones, el granjero siguió el día feliz y contento. Sin embargo, al día siguiente, cuando volvió a trabajar al campo, vio que habían tachado la palabra “uno” de su letrero. Al lado habían garabateado la palabra “dos”. El letrero ahora decía: “Dos de estos melones son venenosos”. El granjero perdió toda su cosecha porque no sabía cuál era el otro melón venenoso. Esa historia se parece mucho a nuestro trato con el diablo. No importa qué se me haya ocurrido a mí, Satanás va a tratar de hacer algo peor. No importa qué propuestas para el nuevo año o plan de diez pasos positivos usted o yo hagamos, Satanás va a tratar de sacarnos del camino cuando apenas estemos por el primer paso. La única manera de obtener


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la victoria, que ya ha sido asegurada para nosotros en la guerra espiritual, es estudiar la película del juego de Satanás, conocer sus estrategias y debilidades, y estar firmes en el poder de Dios, conforme a las jugadas que Él establece en el reino de los cielos. No podemos ser más astutos o más inteligentes que el padre de mentiras y maestro del engaño. Tratar de hacerlo por nuestra cuenta sería una necedad. Si de nosotros dependiera ganar este juego de ajedrez espiritual, estaríamos sudando y llorando como el joven de la pintura que mencioné al principio del capítulo. De hecho, muchos de nosotros asumimos la responsabilidad de batallar esta guerra en nuestra propia fuerza y con nuestra propia sabiduría, por eso sudamos y lloramos más de lo que ­deberíamos. Sin embargo, tenemos un Campeón que ya ha estudiado cada jugada del tablero. Él sabe lo que necesitamos hacer para terminar bien este partido. Es hora de poner en práctica las estrategias de Dios para la victoria en la guerra espiritual y hacer que el diablo y sus demonios sean los que suden y lloren. ¿Qué dice? ¿Está listo para ver algunas cintas de juego? Démosles un vistazo y avancemos en la victoria.


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l apóstol Pablo nos muestra un video del juego de Satanás cuando escribe en un pasaje que mencionamos en el capítulo 1: “Por lo demás, hermanos míos, manténganse firmes en el Señor y en el poder de su fuerza. Revístanse de toda la armadura de Dios, para que puedan hacer frente a las asechanzas del diablo” (Ef. 6:10-11, rvc). La palabra “asechanzas” significa simplemente “estrategias engañosas”. La estrategia principal de Satanás, que lleva a cabo de varias maneras, es engañar. Él es un mago por excelencia, que no solo se vale de humo y espejos, sino también de prestidigitación. De hecho, leemos en Génesis capítulo 3 que cuando Adán y Eva estaban en el huerto, Satanás se presentó ante ellos en forma de una serpiente. La serpiente era el más engañoso de todos los animales que Dios había creado (v. 1). La razón por la que Satanás tomó forma de una serpiente es porque él y sus demonios operan mejor cuando hay una presencia física a través de la cual actuar. Recuerde este principio: Dado que la guerra espiritual se libra en los lugares celestiales, nuestro enemigo es muy hábil para buscar vehículos disponibles en el reino físico mediante los cuales influenciar, manipular y engañar. Satanás puede presentarse delante de usted incluso de una manera insospechable. Pablo nos dice en 2 Corintios 11:14: “Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz”. Esto agrega otra dimensión a los problemas que enfrentamos y contra los que batallamos en el reino espiritual, porque no existen solo en el reino espiritual invisible; también existen en el vehículo, a menudo impensado, que

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Satanás usa para presentarse delante de usted en el reino físico, entre los que se incluyen usted mismo: su mente, su voluntad, sus emociones y su cuerpo.

La agenda de Satanás Así como Dios tiene una agenda del reino que abarca su dominio integral sobre cada ámbito de la vida, Satanás también tiene una agenda.* Satanás usa el engaño a fin de cumplir con su agenda de poner al mundo bajo su influencia y control. Además, intenta que los cristianos seamos ineficaces en las batallas espirituales que se libran a nuestro alrededor, para mitigar la gloria que los creyentes le dan a Dios. Satanás intenta cumplir su agenda y penetrar intencionalmente en los mismos cuatro reinos a través de los cuales el Señor obra para manifestar su gloria: el individuo, la familia, la iglesia y la sociedad. El individuo Las Escrituras aclaran para quiénes son las asechanzas de Satanás. En 1 Pedro 5:8 leemos: “¡Estén alerta! Cuídense de su gran enemigo, el diablo, porque anda al acecho como un león rugiente, buscando a quién devorar” (ntv). Para decirlo de otra manera: Satanás le está persiguiendo. No importa quién es usted, qué estatus tiene, cuánto gana, cuán exitoso es o si es famoso, Satanás quiere subyugarlo. Lo que es peor: ha tenido mucho éxito en sus asechanzas para lograrlo. De hecho, si observamos detenidamente entre los círculos cristianos de hoy, encontraremos muchos hermanos y hermanas que son prisioneros de guerra en campamentos dirigidos por demonios. Satanás los ha subyugado en ámbitos como las drogas, el alcohol, las relaciones, el sexo, la amargura, la desesperanza, el desaliento, la baja autoestima, la depresión, la arrogancia y la codependencia. Los psicólogos tienen nombres elegantes para todas estas cosas y otras, pero básicamente lo que Satanás ha hecho es transformar un hijo del Rey, comprado con sangre y vencedor, en un prisionero de guerra cautivo de inestabilidades y desequilibrios mentales. Si Satanás puede inutilizar o destruir a un individuo, estará mucho más cerca de inutilizar familias, iglesias y sociedades. * Véase mi libro La agenda del reino (Vida, 2006) para una explicación completa de este tema.


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La familia El segundo reino que Satanás busca penetrar es la familia. Vimos esto desde el principio cuando tentó a Eva, y luego Eva tentó a Adán, y de ese modo puso a toda la familia bajo la autoridad del infierno. Además lo vimos cuando hombres endemoniados tuvieron relaciones con mujeres de la tierra y dieron origen a una generación de rebeldes (véase Gn. 6). Satanás ha atacado en infinidad de maneras a la familia en la Biblia y a lo largo de la historia. ¿Por qué es tan importante la familia para Satanás? Porque en Génesis 3:15 aprendemos que Dios usará la semilla de la humanidad para herir a Satanás en la batalla. La batalla espiritual será librada por la descendencia. Esta es una de las razones por las que, en Génesis 1:28, Dios les dijo a los cristianos: “¡Reprodúzcanse, multiplíquense, y llenen la tierra! ¡Domínenla!” (rvc). Satanás quiere destruirle como individuo, pero quiere incluso más destruir su familia. Si él puede destruir su familia, puede hacer más daño que destruir tan solo la presente generación. Al destruir su familia, aumenta el potencial de destruir futuras generaciones. Si él puede alcanzar a sus hijos antes que usted tenga la oportunidad de formarlos, influenciarlos, encaminarlos y guiarlos correctamente, él no solo tendrá influencia sobre su hogar, sino también sobre los futuros hogares de sus hijos. Si ellos ceden a las fortalezas en sus vidas, estarán menos preparados para criar a sus hijos y enseñarles a vivir en obediencia a Cristo. Si sus hijos no pueden criar a sus propios hijos según los principios de Dios, entonces esos hijos estarán aun menos preparados para criar bien a sus hijos. Y el ciclo se repetirá durante varias generaciones. La tragedia de hoy día es que muchos cristianos piensan que pelean contra seres de carne y hueso en sus problemas con su matrimonio y sus hijos, en vez de darse cuenta de que Satanás tiene una agenda para destruir su hogar. Cualquiera que controle la familia, controla el futuro. La iglesia El tercer reino que Satanás ataca es la iglesia. Él lo hace al manipular y sacar provecho de las debilidades y preferencias de la personalidad a fin de promover división, legalismo y otras cosas. Satanás quiere dividir la familia


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de Dios, porque entiende algo que muchos cristianos no entienden: la obra y la intervención de Dios se ven grandemente limitadas en un contexto de desunión. Debe haber armonía, manifestada a través de una genuina y auténtica humildad y un amor bíblicamente definido, a fin de ser testigos de la total manifestación de la presencia y el poder de Dios. Si Satanás puede dividir el cuerpo de Cristo entre clases, color de piel, género y rasgos de personalidad, puede engañar a todas las iglesias para que tomen decisiones gubernamentales y funcionales basadas en la parcialidad personal más que en los puntos de vista de Dios. La comunión en el cuerpo de Cristo está basada en nuestra lealtad a Cristo. Él es nuestro estandarte. Puede que tengamos diferentes preferencias de música, adoración o enseñanza, o puede que incluso haya diferentes idiosincrasias entre varias ramas de la fe, pero nuestro factor unificador es Jesucristo: su muerte, sepultura y resurrección. Por eso Dios nos dice en Efesios 4:3 que debemos “guardar la unidad” dentro del cuerpo de Cristo. Satanás busca dividirnos, porque al hacerlo, disminuye nuestro efecto en el avance del reino de Dios.

La sociedad El cuarto reino que Satanás tiene en su punto de mira es la sociedad. En Daniel capítulo 10, vemos que Satanás está detrás de los gobernantes de la tierra. Él está detrás de los Hitler, Mussolini, Idi Amin y un sinfín de otros gobernantes que han causado estragos en personas inocentes a su alrededor. Satanás se esfuerza a menudo por provocarlos, concederles poderes y permitirles destruir naciones y pueblos enteros. Cuando el pecado entró al mundo, corrompió no solo a individuos, sino además a las instituciones humanas que constituyen las sociedades. Satanás busca capitalizar esta corrupción hasta el grado de hacer que las sociedades se conviertan en entidades que opriman la libertad y la oportunidad personal en vez de servir como instrumentos, según el designio de Dios, para promover la justicia bíblica. La Biblia aclara que Dios ha hecho distintos acuerdos, o pactos, por los cuales trabaja. Él obra con los individuos, la familia, la iglesia y el gobierno. Todo ha sido creado por Dios y ha de ser influenciado por Dios. Cuando usted sabe que la agenda de Satanás comprende subyugar individuos, familias, iglesias y finalmente la sociedad en sentido general,


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puede entender la naturaleza compleja de la batalla espiritual en la que estamos. Hasta que rastreemos el origen del estado de los individuos, la familia, la iglesia y la sociedad como prisioneros de guerra, Satanás nos tendrá derrotados en el cuerpo de Cristo, porque estamos luchando contra seres de carne y hueso y no contra principados, potestades, gobernadores de las tinieblas de este siglo, huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

La estrategia de Satanás Igual que un excelente comandante militar o entrenador deportivo, Satanás tiene una estrategia —un plan de juego— para cumplir con su agenda. Su estrategia consta de muchas partes, y antes de profundizar en lo que debemos hacer para prepararnos para la batalla, quiero que veamos el método estratégico de Satanás. Una de las principales artimañas del diablo es impedirle ver la bondad de Dios. Así como hizo con Eva en el huerto, Satanás intenta hacer que usted cuestione el valor de todos los árboles que Dios ha provisto y que se enfoque en el árbol que Él le dijo que evitara. Satanás quiere que usted se queje de lo que no tiene y que pierda de vista aquello que Dios le ha dado. Sin embargo, Dios nos enseña cómo contrarrestar esta artimaña en Filipenses 4:6-8: No se preocupen por nada. Que sus peticiones sean conocidas delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guarde sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, piensen en todo lo que es verdadero, en todo lo honesto, en todo lo justo, en todo lo puro, en todo lo amable, en todo lo que es digno de alabanza; si hay en ello alguna virtud, si hay algo que admirar, piensen en ello (rvc).

Dios nos dice que comencemos por alabarlo y darle gracias por todas las cosas que nos ha dado. Él quiere que comencemos por darle gracias por todo lo que ha hecho y que pensemos en su bondad; no solo para con nuestra propia vida, sino también para con el mundo que nos rodea. Satanás intenta hacer que dejemos de enfocarnos en la bondad de


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Dios, porque él sabe que la única manera de derrotarnos es por medio del engaño. La verdad existe dentro de la bondad de Dios, y siempre que la verdad de Dios está presente, la capacidad de Satanás de engañar disminuye. Tenga en cuenta al hacer frente a las artimañas de engaño de Satanás que usted no puede pelear contra él solo, con sus propios métodos o incluso con sus propios pensamientos. Es la Palabra de Dios —su verdad— la que triunfa sobre Satanás. No usted. Satanás tiene una superioridad constitucional sobre cada hombre y cada mujer, porque es un ser espiritual. No está atado por las limitaciones de un cuerpo de carne y hueso. Por consiguiente, usted no puede competir con él al nivel de su engaño. Él es un experto camaleón. De hecho, Satanás es un camaleón tan experto que raras veces lo encontrará pavoneándose vestido con un traje rojo y un tridente. Eso es demasiado obvio. Su artimaña es engañarlo. Él no quiere que usted vea cómo es en verdad. Él no está simplemente pasando el rato en la Primera Iglesia de Satanás. Él está obsesionado por encontrar la manera de infiltrarse en la Primera Iglesia Bautista, la Primera Iglesia Metodista o la Primera Iglesia Bíblica de cualquier ciudad. No hace mucho, me senté después de un día largo para relajarme frente al televisor. En una de las estaciones, estaban emitiendo una antigua serie popular llamada Rumbo a lo desconocido. Ya había visto esta serie anteriormente, pero esta vez me llamó la atención. Pude ver una clara similitud entre lo que estaban emitiendo por televisión y lo que Satanás a menudo hace en nuestra vida. La serie cuenta la historia de una nave que se había estrellado en un entorno extraterrestre. Uno de los prisioneros humanos fue tomado cautivo e interrogado brutalmente. Al ver que no daba ninguna información, los extraterrestres intentaron otro método. Enviaron a una hermosa joven a la habitación de él como prisionera también. A medida que las semanas pasaban, los prisioneros hablaban y se contaban secretos uno al otro. Después de un tiempo, a la mujer comenzaron a salirle escamas cada vez que la llevaban para interrogarla y la regresaban a la celda. El hombre estaba preocupado por ella y le preguntó qué le hacían cuando se la llevaban. Ella le dijo que le inyectaban algo que la estaba convirtiendo en una de ellos.


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Finalmente, ella se llenó completamente de escamas hasta parecerse a las criaturas extraterrestres que la interrogaban día tras día. En ese momento, fueron a buscarla para llevársela para siempre. Pero ella ya había recopilado toda la información que necesitaban extraer de aquel hombre. Cuando ella se estaba yendo, el hombre le dijo: —Has cambiado completamente. Ella se detuvo, se giró para mirarlo y le respondió: —No, he vuelto a ser la que era. Siempre fui así. Hicieron que me pareciera a ti para sacarte información. Ahora que la tengo, puedo volver a ser quien soy realmente. El diablo es igual. Él se acerca a nosotros como un ángel de luz de maneras que raras veces reconocemos, para robarnos lo que Dios tiene para cada uno de nosotros. Sin embargo, una vez que él logra su cometido, nosotros terminamos por verlo como realmente es.

Las cuatro etapas de la estrategia El deseo La estrategia de Satanás para la guerra espiritual consta de cuatro etapas. La primera etapa comienza con el deseo. Un término común que a menudo asociamos con deseo es la palabra “pasión”. La pasión no necesariamente es una palabra mala, ni es negativo tener deseos. El deseo legítimo nos motiva en nuestra vida y nos brinda una vía por medio de la cual obtener satisfacción y deleite. Sin embargo, cuando el deseo o la pasión se manifiestan por medios ilegítimos, se convierten en tentación, la cual da lugar al pecado El deseo de comida es bueno; la glotonería es un pecado. El deseo de sexo es bueno; la inmoralidad es un pecado. El deseo de dormir es bueno; la pereza es un pecado. El punto estratégico inicial de Satanás en nuestra vida es aprovecharse de un deseo legítimo que Dios nos ha dado y corromperlo en algo ilegítimo. Él sabe que el deseo no puede evitarse o ignorarse; Dios lo ha implantado en nosotros. Pero Satanás trata de distorsionar ese deseo al influenciar la manera de controlarlo y usarlo. Básicamente, él quiere que el deseo se adueñe de usted antes de que usted se adueñe del deseo. El engaño La segunda etapa en la estrategia de Satanás es el uso del engaño. Una


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muy buena ilustración de esto es cómo se dispone el pescador para atrapar un pez. Si el pescador pusiera solo un anzuelo sin carnada en el agua, tendría que esperar mucho tiempo antes que algo picara su anzuelo. Es más, es poco probable que un pez muerda el anzuelo. En cambio, lo que el pescador hace es poner una lombriz en el anzuelo para engañar al pez y hacerle pensar que está por comer una sabrosa comida. Del mismo modo, Satanás tampoco nos lanza un anzuelo sin carnada. No hace propaganda en la taberna del vecindario diciendo: “Vengan aquí y emborráchense, vuélvanse adictos a las drogas o al alcohol, pierdan a su familia, conduzcan a sus hijos al alcoholismo y echen a perder su futuro”. Antes bien, lo que Satanás hace podría decirse que es la técnica de “colocar un pie en la puerta”. Esta era una técnica común para los vendedores ambulantes. Ellos entendieron que si podían hacer que sus potenciales clientes les permitieran poner un pie en la puerta y hablar de algo no relacionado con la venta, era muy probable que también hicieran la venta. A tal efecto, distraían la atención de sus posibles clientes hacia otra cosa. Del mismo modo, Satanás intenta que los creyentes le dejen entrar a sus vidas poco a poco. Primero es un pie en la puerta; tal vez sea una película que no deberían haber mirado, una conversación que no deberían haber tenido o una relación que no deberían haberse replanteado. Al principio parece inofensivo. Pero a medida que Satanás se va infiltrando, es más fácil pasar al próximo nivel y comprar lo que él vende. Satanás hace esto básicamente al sembrar una idea ilegítima o pecaminosa en nuestra mente, como hizo con David: “Pero Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David a que hiciese censo de Israel” (1 Cr. 21:1). En ese momento, David pensaba que no necesitaba a Dios y que él solo podía cuidar de su ejército. Como resultado, desobedeció las instrucciones de Dios, y 70.000 personas perdieron sus vidas. Todo aquello que controle nuestra mente controlará nuestras acciones.

La desobediencia La tercera etapa en la estrategia de Satanás es la desobediencia. El deseo conduce al engaño, el cual luego conduce a la desobediencia. La primera parte de Santiago 1:15 dice: “Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado” (nvi). El deseo no es pecado. El pecado es la


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aplicación y ubicación ilegítima del deseo. Por ejemplo, cuando un niño toma una decisión, a menudo está basada en sus sentimientos y deseos. El niño tiene ganas de jugar, mirar TV, comer, correr o algo por el estilo. El niño dice: “Quiero eso” o “No quiero eso”. Si no tiene control sobre el deseo, este puede terminar por dominar las acciones del niño en forma de desobediencia. Sin embargo, cuando el niño madura y llega a ser adulto, el proceso de madurez lo lleva a comenzar a actuar basado en la voluntad. Puede que no tenga ganas de levantarse e ir a trabajar, pero dado que es una responsabilidad, se levanta y va a trabajar. La vida cristiana victoriosa tiene lugar cuando la presencia del Espíritu Santo es libre para controlar —a través de nuestro espíritu— nuestros sentimientos, emociones y deseos. No por ello tenemos que negar nuestros sentimientos. Somos seres humanos, y las emociones son muy reales. Pero la forma de expresarlas debe colocarse bajo el control del Espíritu, o podemos correr el riesgo de dejar que Satanás use nuestras emociones inestables y nos empuje directamente a pecar. Filipenses 2:13 dice: “Porque Dios es el que produce en ustedes lo mismo el querer como el hacer, por su buena voluntad” (rvc). La victoria en la guerra espiritual implica intimidad e identificación con Jesucristo, a tal grado que su voluntad se revele como una fuerza dominante sobre nuestra propia voluntad. Esa es la diferencia entre victoria y derrota. Solo cuando la voluntad de Dios dirige nuestra vida, estamos dotados con el poder para hacer lo que Él quiere que hagamos. Dios promete darnos su poder, siempre y cuando nuestra voluntad se ponga en línea con la suya. Pero para esto es necesario tener fe en Dios y su Palabra. Lo opuesto a la fe no es la duda. Lo opuesto a la fe es la desobediencia.

La muerte La intención de Satanás en la guerra espiritual es hacer que perdamos de vista la bondad de Dios y así llevarnos por el camino de la destrucción. En Santiago 1:15 aprendimos que el deseo, después que ha concebido, da a luz el pecado. La segunda parte del versículo dice: “y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte” (nvi). El pecado produce muerte de varias maneras, todas las cuales disminuyen nuestra capacidad de experimentar la promesa de vida abundante de Dios. Esta muerte puede aparecer como la muerte de un sueño, una relación, una carrera,


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una virtud o un sinnúmero de cosas. Sobre todo, el pecado produce la muerte de la plenitud de nuestro espíritu al romperse nuestra comunión con Dios. Cuando nuestra comunión con Dios se quiebra, nos volvemos inoperantes como creyentes diseñados para experimentar a Dios y glorificarlo en todo lo que hacemos. Como vimos anteriormente, la meta de Satanás es hacer que seamos inoperantes. Para ello, su estrategia es tomar un deseo legítimo y desviarlo por el sendero del pecado. Muchas veces, la muerte de nuestras relaciones, esperanzas, carreras, familias u otros ámbitos provocarán pensamientos depresivos y desaliento. La depresión y el desaliento son objetivos de Satanás, porque él quiere que nuestra vida esté vacía de la abundancia que Jesús nos ha prometido. Como resultado, a menudo cuestionamos a Dios y sus promesas. No solo eso, sino que cuando nos sentimos infelices en la vida, muchas veces estamos demasiado abatidos también para darle la gloria a Dios y hablarles a otros de Él. De hecho, muchos incluso terminan por culpar a Dios por la infelicidad que experimentan. Con el tiempo, Satanás entrena a los engañados para que se conviertan ellos mismos en engañadores (véase 2 Ti. 3:13). Él transforma a las personas en “evangelistas del engaño”, que con rapidez y eficacia propaguen sus mentiras entre nosotros. Dado que Satanás no tiene el poder de crear, tiene que maximizar el potencial del engaño. Él ha transformado el engaño en una forma de arte. De hecho, su habilidad para engañar a la humanidad un día será tan poderosa, que el anticristo se sentará en el templo como si fuera dios, y las personas creerán verdaderamente que es dios.

Rendirse ante el infierno La agenda de Satanás y su estrategia son muy amplias, pero hay algo que usted y yo necesitamos saber de ambas: Ya han sido derrotadas. De hecho, Satanás y sus subordinados ya han perdido su batalla. Cualquier avance que hagan en su vida o en esta tierra es porque se les ha dado permiso para hacerlo. El único poder que tienen es el poder que se les concede. Satanás pudo obtener acceso para dominar el planeta Tierra solo porque Adán y Eva le dieron permiso para hacerlo. Básicamente, los demonios necesitan nuestro permiso para desatar el infierno sobre nosotros.


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Si en su vida se ha soltado el infierno, es porque le ha dado permiso. Puede que le haya dicho al infierno —ya sea por medio del pecado o las circunstancias— que usted estaba dispuesto a rendirse. Puede que le haya dicho algo parecido a lo siguiente: • “Infierno, está bien, domina mi mente. Está bien, domina mis emociones. Está bien, domina mi voluntad o mi cuerpo”. • “Te doy permiso para decirme que en realidad no soy varón, aunque nací varón”. • “Te doy permiso para decirme que en realidad no soy mujer, aunque nací mujer”. • “Te doy permiso para decirme que quiero drogas, necesito drogas y no puedo parar de consumir drogas”. • “Te doy permiso para que me digas que necesito alcohol, no puedo vivir sin alcohol y no puedo dormir sin beber alcohol”. • “Te doy permiso para que me digas que debería despertarme deprimido, estar deprimido e irme a dormir deprimido”. • “Te doy permiso para que me digas que no puedo controlar mi enojo, mis gastos o mis deseos; que nadie me ama o que nunca lograré nada importante en la vida”. La lista de cosas que permitimos que Satanás nos diga es interminable. Desde luego, algunas pueden estar relacionadas con desórdenes químicos o biológicos, pero mucho de lo que en la actualidad incluso llamamos “enfermedades mentales”, en realidad la causan demonios que han estado recibiendo permiso para desestabilizar a alguien mentalmente. Después de más de treinta y cinco años de trabajar con individuos que pasan dificultades en sus vidas, como pastor y consejero, estoy convencido de que mucho de lo que etiquetamos o tratamos de aliviar con drogas es simplemente el resultado de que Satanás se salió con la suya. No estoy diciendo que los componentes físicos no sean reales, sino que a menudo son inducidos y motivados por demonios a los que se les ha permitido moverse libremente. Satanás actúa por consentimiento y cooperación. Actúa mediante la sutil transformación de puntos de vista, creencias y patrones de


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­ ensamientos del individuo, la familia, la iglesia o la sociedad que intenta p alcanzar. Una vez que se aceptan esas artimañas, se le da mayor permiso de entrar. Así como las cucarachas, a las que se les permite estar en una cocina sucia, los demonios que han hecho campamento son difíciles de ahuyentar. A menudo he escuchado decir que algunas personas son demasiado conscientes de los demonios. Tal vez usted sienta que es así. Tal vez este sea el primer libro que esté leyendo sobre guerra espiritual, porque piensa que las personas a veces dan demasiada importancia a los demonios y al reino espiritual. Pero eso es exactamente lo que Satanás quiere que usted crea. Mientras él pueda hacer que usted se enfoque en las manifestaciones físicas y no en la raíz espiritual, siempre estará peleando la batalla equivocada. Es difícil ganar una guerra cuando usted ni siquiera sabe dónde luchar. El principio fundamental para una vida de victoria total es este: No luchamos contra seres de carne y hueso. Mientras pensemos que las personas son nuestro problema, nos centraremos siempre en ellas, sin tratar con la raíz del problema en su totalidad. Si uno de nosotros pensara más en el mundo espiritual y menos en las personas, más de nosotros mantendríamos la cordura. Pero cuando la mente se divide —al pelear con esta persona, aquella dificultad o aquel otro asunto—, parece perder totalmente la razón. Las personas son reales. Los problemas son reales. Los problemas de salud son reales. Las dificultades son reales. Los conflictos son reales. Las fortalezas son reales. Solo que no son la raíz del problema. La misión de Satanás y sus demonios es evitar que experimentemos la vida abundante que Dios tiene reservada para nosotros, y para ello nos distraen para que no nos centremos en la raíz. Están totalmente dedicados a esto. Y nosotros no somos la primera misión que les han asignado. Ya han tenido bastantes años para estudiar, practicar y perfeccionar lo que hacen. Pero Dios, que no está atado por el tiempo o el espacio, ya ha ganado esta batalla. Conocer su estrategia es nuestra clave para vencer a Satanás y sus demonios y vivir una vida victoriosa.


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n padre y su hijo viajaban en un carromato por el Lejano Oeste cuando se desató un incendio en la pradera. Trataron de adelantarse al fuego con su carromato, pero rápidamente se dieron cuenta de que no iba a resultar. El fuego se estaba propagando demasiado rápido y, a menos que intentaran hacer otra cosa, les alcanzaría y los consumiría. Para confusión del hijo, el padre dio la vuelta con el caballo y el carromato, y comenzó a dirigirles directamente hacia el fuego. Al llegar a un lugar que ya se había quemado, le gritó a su hijo: “Salta y quédate aquí. ¡No te muevas!”. Ambos saltaron del carromato, pero el niño tuvo miedo al ver que el fuego arrasador se movía hacia ellos. Él quería correr, pero su padre le tomó de la mano y le dijo: —No te muevas, hijo. ¡Mantente firme! —Pero el fuego ya casi está aquí —dijo el hijo entre sollozos y con temblor en su voz—. ¡No entiendo! —Este lugar ya se ha quemado —le respondió su padre—. No queda nada para que el fuego queme. El fuego se acercará, pero no puede volver a quemar lo que una vez se quemó. El niño estaba seguro porque permanecía con su padre en un lugar que el fuego no podía alcanzar. Cuando Satanás pelea contra usted en la guerra espiritual, quiere que se aleje del terreno que ya se ha quemado en el reino espiritual, que es Jesucristo. Jesús ya fue crucificado, y su resurrección ya obtuvo la victoria. Satanás no puede tocarle cuando usted está cerca de Cristo. 35


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Si usted se mantiene firme en el centro del lugar más seguro —la cruz, donde se obtuvo la victoria—, vencerá porque Satanás no puede llegar hasta allí. Pero esto suscita una pregunta. ¿Cómo permanecer firmes? Como dijo Pablo en Efesios 6:10, hemos de mantenernos firmes “en el Señor, y en el poder de su fuerza”. Usted se mantiene firme al hacer uso de la fuerza de Dios, no su propia determinación, su pensamiento positivo o incluso la autodisciplina. Aunque estas cosas son buenas, no son suficientemente buenas como para vencer a un enemigo que batalla contra usted desde otro reino. En cambio, usted puede mantenerse firme en el Señor y en el poder de su fuerza. Para saber cómo mantenerse firme en Jesucristo, necesitamos entender algunas cosas sobre su poder y la autoridad para ejercer ese poder. Para que podamos experimentar completamente el poder de Cristo, necesitamos ver cómo comenzó todo. Cuando Dios creó al hombre, tomó una decisión muy importante. Creó a Adán del polvo de la tierra y luego dijo: “Que domine” (Gn. 1:26, rvc). Al dejar que la humanidad dominase sobre la tierra, Dios impuso voluntariamente una limitación a su propia participación en los asuntos humanos. Estableció límites precisos para responder, ya sea para bien o para mal, sobre la base de las decisiones de los hombres. Por lo tanto, le correspondía a Adán usar la capacidad que Dios le había dado para cultivar y dominar la tierra. Pero para hacer eso, Adán tenía que resistir los ataques de una serpiente astuta en el huerto. El problema fue que Adán no resistió el ataque engañoso de la serpiente. De hecho, permitió que su fuerte presencia en el huerto lo dejara fuera. Como resultado, Adán permitió que la serpiente dominara en su lugar. En términos de fútbol americano, diríamos que Adán perdió la pelota en la zona roja del diablo, y la serpiente la recuperó. ¿Qué causó esa jugada? Eva se había salido de la cobertura de Adán, y Adán se había salido de la cobertura de Dios. Esto sacó la pelota, llamada “dominio”, de las manos de Adán y se la dio a Satanás. Y desde ese momento, él tomó posesión del huerto. Fue tan catastrófica la jugada de Adán que Satanás y su equipo corrieron a gran velocidad por todo el campo de juego hasta la zona roja de la humanidad. Ahora ellos tienen la pelota, arbitran el juego y hacen tiempo


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hasta que termine. Debido a la mala jugada de Adán, desde entonces, sus descendientes —la raza humana— han estado peleando. Y eso es lo que hemos estado haciendo, incluso hasta este día. Lo escucho todo el tiempo. Tal vez usted también lo escuche. Las personas hablan de tratar de detener al diablo. Si usted está intentando detener al diablo, obviamente él lo está persiguiendo. Él tiene la pelota, es el que decide, el que dirige todo, el que lleva la voz cantante. Y la razón por la que está tratando de detenerlo es que usted ahora está en la defensa. Jesús reconoció este cambio de posición al referirse a Satanás tres veces como el príncipe de este mundo (Jn. 12:31; 14:30; 16:11). Debido a la mala jugada de Adán, el diablo es el que ahora arbitra el juego. Desde luego, solo puede gobernar este mundo dentro de los límites soberanos que Dios establece, el máximo Gobernador, pero aun así gobierna por medio del engaño, la intimidación y una miríada de modos diferentes. No solo eso, sino que cuando Satanás asumió el dominio de este mundo, este venía acompañado de una maldición. Esta maldición afectó la carrera, la familia, la economía, los hijos, la seguridad e incluso la vida de Adán. Y a menos que usted y yo entendamos la teología de la autoridad, nunca triunfaremos sobre la maldición que hemos recibido de mano de Adán y nunca seremos completamente victoriosos en la guerra espiritual. La mala noticia es que Satanás sacó ventaja de la mala jugada de Adán. La buena noticia es que usted puede volver a tener la pelota. Puede vivir en esperanza y victoria si permanece firme en el poder de Cristo. Puede forzar otra mala jugada —esta vez, de Satanás— y así recuperar la autoridad que ya fue obtenida para usted. Si ha aceptado a Jesucristo y ha recibido el perdón de sus pecados y el don de la vida eterna que Él ofrece libremente, usted ya ha forzado esa mala jugada. Ahora todo lo que tiene que hacer es tomar la pelota y correr con ella. A través del sacrificio expiatorio de Cristo, usted ya se ha vuelto a posicionar para la victoria en su vida. Recuerde, usted no está peleando por la victoria; sino desde la victoria. Veamos cómo.

Dominio y autoridad Cuando Dios pronunció la maldición a la serpiente por engañar a Adán y sacarlo de la cobertura designada para Él, la combinó con una


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profecía: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Gn. 3:15). En estas palabras, Dios dijo: “Adán, has cometido una mala jugada. Al salirte de debajo de mi cobertura, le has entregado el dominio de tu vida y de la vida de otros al diablo. Adán, lo has echado todo a perder. Pero tengo buenas nuevas para ti, porque una mujer va a tener un hijo. Y la serpiente herirá a ese niño en el talón, pero ese mismo niño —la simiente de la mujer— aplastará la cabeza de la serpiente”. Él aplastará la cabeza de la serpiente. No lea esto demasiado rápido. Dios dijo que la simiente de la mujer aplastará la cabeza de la serpiente. Permítame ayudarle a entender el significado de esta frase añadiéndole una palabra. La simiente de la mujer aplastará la posición de cabeza de la serpiente. Es decir, su dominio y autoridad. Con la llegada de la simiente de la mujer —Jesucristo—, la posición de cabeza (el dominio y la autoridad de Satanás) fue aplastada. Eliminada. ¡Destruida! El talón de la simiente fue herido en el proceso, junto a su humanidad, en la cruz; pero cuando todo fue dicho y hecho, la posición de cabeza de Satanás fue aplastada, y Jesucristo canceló el dominio autoritario del diablo. Esta sola verdad es suficiente para que usted sepa que puede volver a la posición de ataque en esta vida. En la cruz y mediante la resurrección, Jesucristo ya aplastó la autoridad de Satanás. Es un asunto cerrado. Ya sonó el silbato. El juego terminó. La pelota vuelve a ser de usted. De hecho, cuando Jesús habló de su futura muerte en la cruz, declaró la máxima destitución de la autoridad de Satanás: “Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo” (Jn. 12:31-32). Esto tiene tanta importancia que quiero explicarlo de otra manera solo para asegurarme de que se entienda. Cuando usted viene a Jesucristo y acepta su sacrificio para su vida, se está colocando bajo la nueva Cabeza de Estado. La cabeza de Estado es la persona que tiene la autoridad final sobre los asuntos de una nación. En Estados Unidos, la cabeza de Estado es el Presidente. El Presidente, en virtud de su oficio, tiene la última y


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máxima palabra sobre los asuntos de la nación. Es lo que denominamos “derecho a veto”. Cuando la oposición al Presidente promulga una ley que él no aprueba, él no tiene que aceptarla. Puede desarmarla con su derecho a veto. Con un trazo de su pluma, puede literalmente deshacer lo que al Congreso le llevó horas, días e incluso meses promulgar. Jesucristo, mediante el poder de la cruz y la resurrección, tiene el máximo derecho a veto en el mundo. Satanás ya no tiene la autoridad definitiva sobre su vida. Sin duda, puede pasar horas, días, meses, años e incluso décadas tratando de persuadirlo a que crea sus mentiras y presionarlo para que sienta que él tiene la última palabra sobre su vida; pero una vez que usted se da cuenta de que Jesucristo ya lo ha derrotado, es libre para vivir una vida de victoria. Satanás recibió un duro golpe en el Calvario. Perdió la pelota. Él lo sabe. Dios también lo sabe. Sin embargo, el problema viene cuando nosotros desconocemos esa verdad y no permanecemos firmes en ella. El conocimiento —lo que usted sabe y lo que cree sobre un asunto— es vital. Una cosa es que alguien le apunte con una pistola que tiene balas. Pero otra cosa completamente diferente es que le apunten con una pistola que está vacía. Ambas personas no tienen el mismo poder sobre su vida. Una de ellas fue desarmada. Fue despojada de su capacidad de disparar. El problema es que no siempre sabemos esto. No siempre tenemos el conocimiento adecuado para una situación como esa. Si nos apuntaran con una pistola, no tendríamos manera de saber si está cargada. Para estar seguros, probablemente hablaríamos, caminaríamos y actuaríamos como si la pistola estuviera cargada. Pero déjeme preguntarle algo: ¿Qué haría usted si alguien le avisara que la pistola no está cargada? O ¿qué tal si usted viera que la pistola se disparó seis veces, y en cada disparo no salió nada? ¿Entonces qué? ¿Seguiría tomando sus decisiones basado en esa pistola? Es probable que no. Y yo tampoco, porque esa pistola vacía ya no tiene ninguna autoridad. No tenemos necesidad de temer a una pistola vacía. Desde luego, el diablo no quiere que sepamos que su pistola se ha vaciado en la cruz de Jesucristo. Por eso sigue apuntándonos con ella en nuestra cara como si estuviera cargada. Pero como no nos damos cuenta de que está vacía, seguimos doblegándonos ante su presencia. No nos


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damos cuenta de que, en la cruz, Jesucristo sacó las balas de la pistola de Satanás. No nos damos cuenta de que lo único que el diablo puede hacer es simular que su pistola sigue cargada. Si usted no sabe que la pistola de Satanás no está cargada, actuará como si estuviera derrotado, porque erróneamente cree que él tiene poder sobre su vida. Y es así como vivimos muchos de nosotros. Nos olvidamos que, en la cruz, Jesucristo desactivó, desmanteló y desarmó la posición de cabeza de Satanás. Satanás perdió su autoridad. O, de una manera más personal, Satanás ya no tiene autoridad sobre usted.

La autoridad frente al poder “Oh, eso es interesante, Tony —dice usted—. Parece espiritual, etéreo e incluso bueno en teoría. Pero ¿qué me dice de mí, que vivo aquí en un mundo real con batallas reales, como guerras financieras, profesionales, familiares y emocionales? ¿Qué me dice de esto? No veo que viva en victoria en mis guerras. Antes bien, mis enemigos salen victoriosos sobre mí. Usted me dice que Jesucristo es la cabeza. Me dice que Jesucristo ahora es quien arbitra el juego y que yo estoy bajo su autoridad. Pero ¿qué pasa entonces? No sucede esto en mi vida”. Estas son buenas preguntas que todos enfrentamos. Para responderlas, hemos de tener en cuenta esta verdad fundamental: Satanás perdió su autoridad, pero no perdió su poder. Satanás sigue dominando nuestro mundo de muchas maneras porque aún tiene poder. Él es tan poderoso ahora como lo ha sido siempre. Las cosas que hace son reales, dañinas y destructivas. Él es y siempre será un mentiroso, ladrón y asesino con intenciones de matar, robar y destruir. Solo hace falta dar una mirada a nuestro planeta, nuestras comunidades y nuestros hogares, o incluso a nuestras propias almas, para ver que Satanás sigue operando con poder. La verdad que necesitamos ver, y la verdad que nos hará libres, es que Satanás ya no tiene autoridad. Esta es la clave. Autoridad es el derecho a usar el poder que usted posee. Para que Satanás use el poder que tiene sobre su vida, ahora debe impedir que usted tenga autoridad, porque su poder solo es efectivo cuando él tiene derecho a usarlo. Satanás no tiene autoridad para usar su poder


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cuando usted vive bajo su legítima autoridad como cristiano. Por consiguiente, busca engañarlo para sacarlo de debajo de la autoridad de Dios y dominar su vida, porque sabe que usted está seguro bajo la cobertura del Señor. Colosenses 1:13 nos dice que Dios “nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo”. Dios nos rescató del reino equivocado y nos trajo al reino correcto. Al rescatarnos, nos colocó bajo el dominio de un nuevo Rey. Usted estaba bajo el dominio de Satanás antes de conocer a Cristo, pero ahora es parte de un nuevo reino del cual Cristo es el Rey. Satanás, a fin de dominar su vida, debe engañarlo para que deje el reino en el que se encuentra y vuelva a su reino. La razón por la que no experimentamos más victoria en la guerra espiritual es que nos han hecho creer que con solo asistir a la iglesia los domingos y tener más información sobre el verdadero reino es suficiente. O tal vez pensemos que si además asistimos los miércoles por la noche al estudio bíblico es suficiente para afirmar nuestra lealtad a nuestro Rey. O tal vez sumemos algún servicio y cánticos de alabanza, y pensamos que tenemos todo bajo control. Pero luego volvemos al trabajo el lunes o a nuestra rutina hogareña con nuestro cónyuge o nuestros hijos y retomamos nuestra antigua manera de pensar. Entramos nuevamente al otro reino y operamos bajo su autoridad. Alineamos nuestros pensamientos con la sabiduría que Satanás ha establecido en este mundo. Basamos nuestras decisiones en cómo nos sentimos o en qué nos dicen nuestros amigos, o incluso en qué nos dicen nuestros temores. Transferimos nuevamente nuestra lealtad de la concluyente y definitiva Palabra de Dios por medio de Jesucristo a las artimañas terrenales de Satanás. Terminamos sin ser victoriosos en la guerra espiritual, porque pasamos de un lado al otro todo el tiempo. Vamos a la iglesia bajo un reino, pero operamos en el trabajo en otro reino. Tenemos nuestros devocionales en un reino, pero operamos entre nuestras amistades en otro reino. Seguimos pasando de un reino a otro y nos preguntamos por qué no tenemos victoria. Nos preguntamos por qué no podemos levantar cabeza. Nos preguntamos por qué el enemigo sigue arbitrando el juego. Nos preguntamos por qué nuestras oraciones no tienen respuesta, nuestras batallas terminan en derrota y no tenemos poder sobre nuestra propia vida. La oposición sigue interceptando la pelota y llevándola para anotar.


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Pero la respuesta es simple. El enemigo es victorioso en nuestras vidas porque le estamos cediendo el poder a él, al no estar firmes en nuestra identidad en Jesucristo. No permanecemos bajo el dominio de Cristo ni nos mantenemos firmes en la unión con Él, para la cual fuimos ­diseñados.

Nuestra unión con Cristo Nuestra unión con Cristo es esencial para nuestra victoria sobre el dominio de Satanás en nuestra vida. El libro de Colosenses lo explica muy bien: Cuídense de que nadie los engañe mediante filosofías y huecas sutilezas, que siguen tradiciones humanas y principios de este mundo, pero que no van de acuerdo con Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y en él, que es la cabeza de toda autoridad y poder, ustedes reciben esa plenitud. En él ustedes fueron también circuncidados. Pero no me refiero a la circuncisión física, sino a la circuncisión que nos hace Cristo, y que consiste en despojarnos de la naturaleza pecaminosa. Cuando ustedes fueron bautizados, fueron también sepultados con él, pero al mismo tiempo resucitaron con él, por la fe en el poder de Dios, que lo levantó de los muertos (Col. 2:8-12, rvc).

Todo lo que conforma a Dios —su esencia y plenitud— está totalmente en Cristo. La única diferencia es que está en un cuerpo humano. “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”. Toda la plenitud de Dios está en Jesucristo. No algo, no un poco, sino todo. Por eso Jesús es Hijo del Hombre e Hijo de Dios. Por eso, en un momento puede tener sed y al siguiente puede salir y caminar sobre el agua. Por eso, un día puede tener hambre y al siguiente convertir sardinas y galletas en un sándwich extra grande para alimentar a más de cinco mil personas. ¡Por eso Jesús puede morir y luego levantarse de la muerte! Él puede hacer todas estas cosas, porque es Dios-hombre; totalmente Dios y totalmente hombre en una persona. “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”.


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De hecho, si leyéramos desde algunos párrafos antes, descubriríamos incluso más. Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten (Col. 1:15-17).

Jesucristo mantiene unida toda la creación. Por lo tanto, si la vida de usted se está derrumbando, es resultado de no haber estado firme con Jesús en unión con Él. Se nos dice que en Él, toda la creación se mantiene unida y en su equilibrio. Observe estas frases muy importantes de Colosenses 2: “en él” (v. 9) “en él” (v. 10) “en él” (v. 11) “con él… con él” (v. 12) “con él” (v. 13)

¿Puede ver el patrón? Nuestra victoria en la guerra espiritual está íntimamente ligada a Jesucristo. En él. Con él. Si no conocemos esta verdad, no tenemos la clave para nuestra victoria: nuestra unión con Jesucristo. Permítame ilustrar un poco esta unión. Nuestra iglesia en Oak Cliff es un lugar que vibra de adoración, comunión, ayuda a los necesitados y enseñanza cada domingo por la mañana para miles de personas. Si algún domingo usted se encuentra en la zona de Dallas, le invito a venir. Me encantaría conocerle personalmente y permitirle experimentar la incomparable atmósfera del santuario que llamamos Oak Cliff Bible Fellowship. El domingo es el día más importante de la semana. Disfruto de la reunión con los santos. Pero admito que los domingos por la tarde, después de haber estado sentado, cantando y predicando en dos largos servicios de dos horas, estoy cansado.


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Sabiendo que va a suceder esto, por lo general, comienzo los domingos por la mañana con una taza de café. Ahora bien, a algunas personas les gusta el café negro, y está bien si a usted le gusta el café negro. Pero a mi me gusta agregarle crema. Por lo tanto, cada domingo antes de beber mi café, tomo la crema blanca y la vuelco en mi café negro. Luego tomo una cucharita y lo revuelvo para que haya una unión entre el café negro y la crema blanca. Cuando eso sucede, ya no queda nada de café negro ni de crema blanca. En cambio, ahora tengo café marrón. Es marrón porque se ha producido una unión. Si antes del servicio quiero llevar a mi oficina el café, anteriormente negro, la crema también viene. Si quiero llevar mi crema al cuarto de oración, mi café, antes negro, también vendrá conmigo. Una vez que están mezclados, dondequiera que yo voy, el otro también viene en virtud de la simple unión que ha ocurrido. Es así como ha sido diseñada nuestra relación con Cristo, como vimos anteriormente en Efesios: “[Dios] nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados! Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales” (Ef. 2:5-6, nvi). Cuando Cristo murió, nosotros morimos con Él. Cuando Cristo resucitó, resucitamos con Él. Cuando Cristo se sentó a la diestra del Padre, nos sentamos con Él. En otras palabras, hemos sido hechos para funcionar en unión con Cristo. Jesucristo está sobre todas las cosas; Él es soberano sobre todas las cosas. Ha recuperado la pelota de aquella mala jugada y tiene la autoridad legal y la victoria en el reino espiritual. Para acceder a la victoria, debemos estar firmes bajo su liderazgo en nuestros pensamientos, nuestras acciones, nuestros corazones, nuestras decisiones, nuestro trabajo, nuestros hogares y nuestras vidas. Solo cuando permanecemos firmes bajo su Palabra y autoridad podemos vivir victoriosamente en la guerra espiritual. Amigo, usted puede ir a todas las reuniones que quiera. Puede leer todos los libros y las revistas de autoayuda que quiera. Puede nombrar y argumentar lo que quiera. Pero hasta que no permanezca firme bajo el dominio total de Dios en su vida y en unión con su identidad en Jesucristo, solo podrá encontrar


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alivio temporal. Únicamente en Cristo encontrará la autoridad para vivir en victoria. Oigo con frecuencia que la gente cita este versículo: “Así que si el Hijo los liberta, serán verdaderamente libres”. Pero cuando miro a mi alrededor, veo muy pocas personas verdaderamente libres. Y la razón es que nos hemos conformado con lo temporal en vez de alinearnos con la eternidad. Satanás ya fue golpeado. Ya fue desarmado. Ya se le quitaron las balas. Ya se ha recuperado la pelota. Jesús ya derrotó a Satanás, y tiene la victoria. Y usted está en unión con Él. Permanezca firme en la autoridad de Cristo según las reglas de juego de su reino y verá la manifestación de la victoria en su propia vida. Él ya le ha dado todo lo que necesita para lograrlo cada día de su vida: la armadura de Dios. Y así como Dios no quiere que se vista a medias cuando se despierta a la mañana antes de salir de su casa, tampoco quiere que se vista a medias cuando sale a la guerra. Las seis piezas de la armadura que estudiaremos en los próximos capítulos están divididas en dos categorías. La primera categoría incluye las tres primeras piezas de la armadura que son piezas que deberían llevarse puestas todo el tiempo. Usted tiene puestas estas piezas todo el día. Son como el uniforme que el jugador de béisbol usa cuando sale a jugar. Las tres últimas piezas de la armadura son para que usted las elija según la situación lo demande. Esto es como el mismo jugador de béisbol que toma su guante o su bate, según lo que sucede en el partido. Con esta armadura, Dios ha suplido todo lo que usted y yo necesitamos para vivir una vida de total victoria en la guerra espiritual. Nuestra tarea es, a través de la fe, usar cada pieza de la armadura que Él nos ha dado. Dios no nos va a vestir, sino que nos ha dado lo que necesitamos para estar armados para la victoria. Es hora de alistarnos. Comienza el juego.

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