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24 de febrero de 2010 Est

EVANGELISTA

YIYE AVILA PO BOX 949 CAMUY, PR 00627 1 (787) 898-5410 EXT. 202 FAX 1 (787) 262-0581 E-MAIL: yiye@yiyeavila.org

Estar en pie durante 50 años de vida ministerial es motivo de mucha alegría, satisfacción y grande recuerdos. Mirar hacia atrás y visualizar tantas almas convertidas, enfermos sanados y vidas cambiadas por el gran amor de Dios nos hace exclamar de lo más profundo de nuestro corazón un gran grito de júbilo y agradecimiento a mi Señor y Salvador Jesucristo por haberme salvado y llamado al Santo Ministerio de la Evangelización. A miles de colaboradores que como tú han sido el eje central de esta victoria alcanzada durante todos estos años, va mi más sincero agradecimiento. Mil gracias por tus oraciones que me han fortalecido en los momentos más difíciles de este caminar y han hecho posible que hoy celebremos 50 años de proclamar que Cristo Viene Pronto a levantar Su Iglesia hacia el cielo. Gracias por tus ofrendas que han permitido que llevemos este mensaje a millones de perdidos y que han hecho posible que muchos países hayan sido bendecidos por el Señor. Hoy le doy toda la gloria al que solamente la merece, mi Señor Jesús. Pero a ti, te bendigo de lo más profundo de mi alma y deseo que Dios te prospere en todo. Estaremos celebrando nuestra Avanzada de Agradecimiento a Dios por esta victoria alcanzada. Esta Avanzada se llevará a cabo del domingo 14 al sábado 20 de marzo de 2010, donde esperamos contar nuevamente contigo como fiel amigo de nuestro Ministerio. Separa una ofrenda especial y acompáñame nuevamente a seguir dando la batalla de fe en favor de los perdidos. Oro por ti y los tuyos.

Hno. Yiye Ávila Siervo de Dios


Hno. Yiye, gracias por tu ejemplo Hno. Tommy Figueroa Vice Pres. Junta Administrativa

Hablar del evangelista Yiye Ávila es hablar de entrega y sacrificio; de oración, ayunos y vigilias con Dios mismo. Recuerdo cuando por primera vez (hace años de esto), él nos ministraba la Palabra en el salón de oración del Ministerio Cristo Viene, y le oí decir; lo dijo desde lo más profundo de su alma, compungido por el amor que le tiene a su Señor: “Jesús, sabes que te amo más que a mi vida, y que estoy dispuesto aun a morir por ti”. Su vida, su larga vida como ministro del Evangelio es testigo fiel de sus palabras. Nunca ha cambiado. Su amor y entrega por su Señor nunca han cambiado. Ahora su mayor reto es mantenerse a la altura que Dios le demanda, porque un día, sabe él, que su mayor anhelo se cumplirá: ver el rostro del que tanto ama, Jesús. Cierto es, vivimos en los mayores tiempos de cumplimientos proféticos, es una verdad que no podemos ignorar. Pero sabes qué te diría el Hno. Yiye ante una realidad como ésta: “No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo” (Jn. 14:27). Él está en control. El mensaje de la Palabra

sigue su curso, nada lo puede detener y tu posición y la mía como redimidos por Su sangre (otra expresión bíblica del Hno Yiye) es: “Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca» (Lc. 21:28). Pregonero de la poderosa Palabra de Dios. Los años han pasado y no han pasado en vano, han dejado profundas huellas y esto es una realidad inevitable. Pero también son los años vividos los que dan testimonio de cómo hemos vivido, de la semilla sembrada y del fruto cosechado para gloria de Dios. 50 años es mucho tiempo. ¡Cuántas vivencias, cuántas anécdotas y testimonios, cuántos viajes y cuántas personas conocidas en ellos! Una vasta experiencia. ¡Cuántos mensajes predicados y tantas almas ganadas para el Reino de Dios! ¡Cuántas personas sanadas, cuántos milagros realizados en Su nombre! ¡Cuántas personas libertadas de las garras del enemigo ahora forman parte de la familia del Todopoderoso Dios! A todo esto, sólo una expresión podemos oír del Hno. Yiye: “¿Quién fue? Cristo. ¡Y a Su Nombre Gloria!”

Damos honor a quien honor merece. Es por la fortaleza del Señor y por Su voluntad que han transcurrido 50 años. Este es el Ministerio de Dios y Yiye Ávila el hombre que recibió el llamado y que con altura le ha sabido responder a Dios. “Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque ésta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. No apaguéis al Espíritu. No menospreciés las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal. Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama” (1 Tes. 5: 16-24). Gracias a Dios por hombres de este temple espiritual; rectos y sin doblez. Hno. Yiye. Gracias por permitirnos ser parte de tu equipo de trabajo y aprender día a día de lo mucho que Dios te ha dado y ser para nosotros un ejemplo de entrega y s acr i fi ci o . En el amor de Cristo,


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Yiye Ávila contrajo matrimonio en el 1950 con la hermosa joven, Carmen Delia Talavera, de cuya unión nacieron sus tres hijas: Carmen Ilia, Noemí, y Doris. Ellas obsequiaron a sus padres con 9 hermosos nietos y cuatro biznietos.

cuando se le presentó un dolor en las rodillas, de pronto notó que sus articulaciones se resistían y el dolor apareció en los codos y hombros. Decidió visitar unos amigos médicos íntimos en el deporte. Le examinaron y muy sorprendidos le dijeron: “Eso es artritis y es incurable”.

Paralelo a su profesión de educador, Yiye Ávila, se destacaba como un prominente deportista. Jugó béisbol Clase A y Doble A, por espacio de 15 años. Por años se destacó como pelotero Doble A, del equipo Camuy Arenas. MR. PUERTO RICO 1952 En el año 1946, el Hno. Yiye Ávila comenzó a destacarse como profesor de química y biología, ejerciendo su profesión en la Escuela Superior de Camuy, José Julián Acosta, por espacio de 21 años.

MAESTRO DE BIOLOGÍA Y QUÍMICA

De pronto apareció algo que cambió el curso de su vida por completo.

En el año 1960, se preparaba para salir para una competencia de levantamiento de pesas en los EEUU. De pronto apareció algo que cambió el curso de su vida por completo. Realizaba sus prácticas de levantamiento de pesas,

Aquel cuerpo lleno de músculos que había ganado tantos títulos, en días se volvió inerte. No hubo médico ni medicina ni tratamientos humanos, que pudieran aliviarle. Durante su angustia, se acordó de una Biblia que le había regalado a su esposa y comenzó a leerla dos y tres horas diarias, todos los días, clamando a Dios y a otros que le sanaran. Una noche en que sufría intensos dolores por su condición, recuerda que le gritó


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a Dios en su habitación: “Ten misericordia de mí. Sáname, mira que no puedo doblarme con mi propio peso. Mira el dolor terrible en los codos y los hombros, sáname. Esa gente que predica en las plazas dicen que tú sanas”. Esa noche oyó la voz de Dios audible por primera vez en su vida; entró a la habitación y tembló como si hubiera entrado un temporal y le gritó, pero con voz de trueno: “¡Todavía no!”. Su cuerpo tembló al tiempo que dijo: “Dios mío, todavía no. Eso quiere decir que viene un sí pronto. ¿Qué tengo que hacer?”. Un día mientras sintonizaba la televisión, oyó a un prominente predicador norteamericano (Oral Roberts). No pudo resistir aquel mensaje con el cual fue tocado. Escuchó la oración por los enfermos, hasta que el evangelista terminó diciendo: “Acepte a Cristo como su Salvador, lea la Biblia y vaya a una Iglesia”. Algo sobrenatural se apoderó de él. En su cuarto y de rodillas, rindió su vida a Cristo. Sintió una paz indescriptible. Una noche, ante el dolor tan terrible que seguía sufriendo, de momento sintió cierta inspiración y se humilló y dijo: “Señor, si tú me sanas, hago lo que tú me digas. Si quieres que deje mi trabajo, lo dejo. Estoy dispuesto a hacer lo que tú me digas, y si quieres que predique tu Palabra, aunque no sé predicar estoy

dispuesto a hacerlo”. Esta fue su oración y se acostó. Cuando despertó, levantó un brazo con mucho cuidado, por el dolor tan terrible que sufría y se dio cuenta que no le dolía. Levantó el otro brazo y no había dolor. Movió una pierna y no sintió dolor, movió la otra y tampoco sintió dolor. “¡Gloria a Dios que me sanaste!”, gritó. Bajo el llamado audible de Dios a predicar el mensaje profético de los últimos tiempos, serían días muy difíciles los que tendría que pasar el educador y ahora evangelista, Yiye Ávila, en los comienzos de su ministerio. Fueron los campos de su bella Isla, Puerto Rico, los primeros que escucharon el mensaje que aún hoy predica: “Cristo Viene, Cristo Viene;

arrepentíos porque el fin se acerca”. Estaba orando por una salida a Santo Domingo, cuando un día le invitó un pastor a predicar una campaña en su iglesia. Cuando terminó la campaña le dijo: “El Señor me habló y me dijo que lo tengo que llevar a la República Dominicana. Yo le pago el pasaje ida y vuelta”. Oró y el Señor confirmó el viaje y le confirmó su salida también. El 21 de junio de 1962, hace su arribo a la República


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Dominicana, acompañado por su esposa Carmen Delia Talavera.

su Biblia, el poder y la protección de Dios que lo llamó. Más información sobre la trayectoria evangelística de este hombre de Dios en las próximas ediciones.

Miles acudían a sus campañas

Luego de esa campaña tuvo una visión donde se vio predicando en los Estados Unidos. Tuvo la oportunidad de ir a predicar a ese lugar y allí el Señor se glorificó salvando y sanando a miles de almas que vinieron a los pies de Jesucristo. De ahí en adelante, el Hno.Yiye Ávila ha estado predicando el mensaje de salvación en cuanto lugar le han invitado a través de todo el mundo. Milagros de sanidad y liberación se han visto a través de los 50 años de este Ministerio. No obstante el inmenso trabajo del Evangelista, en 1994, la penetrante Palabra de Dios, su misericordia, y el inmenso amor por las almas, lo envían a las cárceles, recordando lo que dice la Palabra: “Acordaos de los

presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos…” He. 13:2. A esos lugares, el ungido de Dios entra solamente con


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