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MUESTRARIO DE POESÍA 44 – BAJO LA ALTA LUZ INMERSO – MARIANO BRULL

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Mariano Brull Bajo la alta soledad inmerso y otros poemas

BIBLIOTECA DIGITAL DE

AQUILES JULIÁN

Biblioteca Digital

Muestrario de Poesía 44


MUESTRARIO DE POESÍA 44 – BAJO LA ALTA LUZ INMERSO – MARIANO BRULL

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Bajo la alta soledad inmerso y otros poemas Mariano Brull, Cuba Edición digital gratuita de

Muestrario de Poesía

44

Editor: Aquiles Julián, República Dominicana. Primera edición: Mayo 2009 Santo Domingo, República Dominicana

¿Qué somos? Muestrario de Poesía es una colección digital gratuita que se difunde por la Internet y se dedica a promocionar la obra poética de los grandes creadores, difundiéndola y fomentando nuevos lectores para ella. Es una iniciativa sin fines de lucro para servir, aportar, añadir valor y propiciar una cultura de diálogo, de tolerancia, de respeto, de contribución, que promueva valores sanos, constructivos, edificantes, en favor de la paz y la preservación de la vida acorde con los principios cristianos. Los libros digitales son gratuitos, promueven al autor y su obra, así como el amor por la lectura, y se envían como contribución a la educación, edificación y superación de las personas que los solicitan sin costo alguno.

Este e-libro es cortesía de:

INTERCOACH Forjando líderes ganadores BIBLIOTECA DIGITAL DE

AQUILES JULIÁN

Sol Poniente interior 144, Apto. 3-B, Altos de Arroyo Hondo III, Santo Domingo, D.N., República Dominicana. Tel. 809-565-3164 Se autoriza la libre reproducción y distribución del presente libro, siempre y cuando se haga gratuitamente y sin modificación de su contenido y autor. Si se solicita, se enviarán copias en formato PDF vía email. Para pedirlos, enviar e-mail a intercoach.dr@gmail.com,

aquiles.julian@gmail.com


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Contenido La poesía pura de Mariano Brull/ Dr. Armando Francesconi Aunque falte a tu vida Escalones Jitanjáfora Allí, -en lo no mío, en míEpitafio a la rosa Bajo la alta soledad inmerso Yo me voy a la mar de junio Vísperas Desnudo El niño y la luna Verde halago Hacia la montaña Pax Animae Amar lo delicado y lo otoñal Ya se derramará como obra plena Nada más que… Avión Soneto A Alfonso Reyes en el cincuentenario de sus bodas con… José Martí Escalones A ti… Aunque falte a tu vida… Ojos verdes Ojos niños Ojos viejos El buscador Antena El polvo Esta piedra llena de escamas Canto redondo De mí a mí Marina Sobre el lago del parque bajo cero Isla de perfil Este claro silencio a luz entera Granizos Grano de polvo Duelo por Ignacio Sánchez Mejías A la rosa desconocida Rosa de los vientos Silencio ante la rosa La rosa sin nombre Rosa, inmortal presencia Verdejil Las cuatro esquinas enemigas Estrella ciega Esquina a la noche Yo estoy detrás de mí En el mediodía conversan las mónadas

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El origen clásico de la jitanjáfora / Gladys Zaldívar Valoraciones a su obra Biografía de Mariano Brull

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La poesía pura de Mariano Brull Por Dr. Armando Francesconi Universidad "G. D'Annunzio" de Pescara-Chieti (Italia)

Mariano Brull (1891-1956) aunque cronológicamente pertenece a la generación post-modernista (en esta época aparece su primer libro "La casa del silencio" 1), se considera el iniciador de la poesía pura cubana. Su estancia en París (1926-1929) lo coloca en una de las escenas mundiales privilegiadas de la nueva poesía. Profundamente influenciado por la obra de Paul Valéry, tradujo magistralmente unos poemas suyos, posiblemente refinó su formación y sensibilidad de artista con el estudio de la obra de Mallarmé y de poetas y ensayistas ingleses como William Butler Yeats, A.C. Bradley y George Moore, representantes de una línea de pensamiento que tendría una formulación definitiva en las palabras del abad Henri 2 Brémond . El mismo Valéry dice: "Poe a compris que la poésie moderne devait se conformer à la tendance d'une époque qui a vu se séparer de plus en plus nettement les modes et les domaines de l'activité, et qu'elle puvait prétendre à réaliser son objet prope et à se produire, en quelque sorte, 'à l'état pur'."3 Y desde Poe, y el gran maestro Baudelaire, empieza un movimiento hacia la poesía pura, del arte por el arte, el simbolismo. La poesia es por su naturaleza indecifrable y alude a una otra realidad que el hombre no puede alcanzar a conocer con plenitud. Enrique Saínz4 cita como modelo de la tradición española de lenguaje insuficiente, inefable, el célebre verso del "Cántico espiritual" de San Juan de La Cruz: "Un no sé qué que quedan balbuciendo".5 Y ésa es también la intuición poética central de Mariano Brull: la búsqueda de una poesía sin historia, sin condicionamientos, y cuyo significado sea trascendental. Con "Poemas en menguante", publicada en París en 1928, el poeta


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cubano empieza su diálogo con una realidad lejana, buscando la perfección absoluta, una poesía que se pueda oír con los ojos. Cinto Vitier la coloca en las "vísperas de la realidad", en un indeciso "prima": "(...), en la nebulosa del ser, en el alba del sí y del no, del ser y del no ser (...)."6 Aquí empieza su juego intelectual, hacia la claridad, la perfección (una perfección a veces monótona y monotonal, como señaló la crítica del tiempo), hacia la creación de una atmósfera límpida, "en el umbral del idioma"7. A esta vertiente pertenecen poemas como "Yo me voy a la mar de junio", valga la primera parte: "Yo me voy a la mar de junio, /a la mar de junio, niña. /Lunes. Hay sol. Novilunio./ Yo me voy a la mar, niña. / A la mar canto llano del viejo/ Palestrina./ Portada añil y púrpura/ con caracoles de nubles blancas / y olitas enlazadas en fuga./ A la mar, ceñidor claro./ A la mar, lección expresiva/ de geometría clásica." 8 Paulatinamente la búsqueda de la tanto anelada pureza se consuma por sí misma. La palabra pierde su significado primario, el lenguaje se identifica con el infantil en formación, un balbucear preconsciente. He aquí la "jitanjafóra" pura: un estadio de indeterminación del lenguaje que, sin su contenido conceptual y afectivo, se reduce a un simple juego sonoro. Las "jitanjáforas" nacieron de un ocasional y alegre experimento que Brull compuso para sus hijitas, unos poemas para ser recitados. Alfonso Reyes, que estaba entre los presentes, les dio el nombre y contó lo sucedido9. No se pueden traducir estas "vísperas de palabras", y tampoco intentar una transcripción fonética. Nos limitamos a la más conocida: "Filiflama alabe cundre/ ala olalúnea alífera/ alveolea jitanjáforas/ liris salumba salífera./ Olivia oleo olorife/ alalai cánfora sandra/ milingítara jirófoba/ zumbra ulalindre calandra."10 Además de las jitanjáforas "puras", Brull compuso algunas que podríamos llamar "impuras"; son combinaciones de palabras existentes, y no simple efectos silábicos, donde prevalecen

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aliteraciones, paronomasias, como en el "amare l'amaro mare" de Savinio: Por el verde, verde/ verdería de verde mar/ Rr con Rr./ Viernes, vírgula, virgen/ enano verde/ verdularia cantárida/ Rr con Rr. / Verdor y verdín/ verdumbre y verdura./verde, doble verde/ de col y lechuga./ Rr con Rr/ en mi verde limón/ pájara verde./ Por el verde, verde/ verdehalago húmedo/ extiéndome.Extiéndete./ Vengo de Mundodolio/ y en Verdehalago me estoy.11 Se podría definir una poesía pura "ma non troppo", de limones, palmeras y mares, respuesta caribeña a el "Adriatico verde come i pascoli dei monti" de nuestro Gabriele D'Annunzio.

NOTAS 1 Publicado en Madrid en 1916, con introducción de Pedro Henríquez Ureña. 2 Su discurso fue pronunciado en la Academie Française en 1925. De sobra sabemos que el término "poesia pura" nació en el ámbito del simbolismo francés, y su primer enunciado lo debemos a Charles Baudelaire, hablando de Poe. 3 P.Valéry, "Situación de Baudelaire", en Variedad I. Traducción por Aurora Bernárdez y Jorge Zalamea. Losada, Buenos Aires, 1956, pp. 108-128. El texto traducido dice pp. 123-124: "Poe comprendió que la poesía moderna debía conformarse a la tendencia de una época que ha visto separarse cada vez más nítidamente los modos y dominios de la actividad, y que podía aspirar a realizar su objetivo propio y a producirse, en cierto modo, 'en estado puro'." 4 Cfr. E.Saínz, "La poesía pura en Cuba: algunas reflexiones", en Ensayos críticos, Ed. Unión, Ciudad de La Habana, 1990, pp. 111-131. 5 Se vean, para eso, dos importantes trabajos: G. Guillén, "Lenguaje insuficiente: San Juan de la Cruz o lo inefable místico", en "Lenguaje y poesía. Algunos casos españoles". Revista de Occidente, Madrid, 1962, pp. 95-142 y A. Ruffinato, "Los códigos del eros y del miedo en San Juan de la Cruz", en Dispositio, University of Michigan, IV (10):1-26, invierno, 1979. 6 C. Vitier, "El rendimiento cubano de la "poesía nueva": Brull, Ballagas, Florit" en Lo cubano en la poesía, Instituto del Libro, La Habana, 1970, pp. 377-408. 7 Ibidem, p. 380.

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8 M. Brull, Poesía. "Prólogo. La poesía de Mariano Brull", de Emilio de Armas, Ed. Letras Cubanas, La Habana, 1983, p. 92. Nuestra traducción es :"Io me ne vado al mare di giugno, / al mare di giugno, bimba./ Lunedì. C'è il sole. Novilunio./ Io me ne vado al mare, bimba./ Al mare canto gregoriano del vecchio/ Palestrina. / Portale indaco e porpora / con chiocciole di nubi bianche/ e ondine allacciate in fuga./ Al mare, fascia trasparente. Al mare, lezione espressiva/ di geometria classica." 9 "Pues bien: eran los días de París. Toño Salazar solía deleitarnos recordando el peán de Porfirio Barba Jacob y lo recitaba sin un solo tropiezo. Es posible que de aquí partiera el intento de Mariano Brull. Antes de traerlo a su poesía, le dio una aplicación traviesa. En aquella sala de familia, donde su suegro, el doctor Baralt, gustaba de recitar versos del Romanticismo y de la Restauración, era frecuente que hicieran declamar a las preciosas niñas de Brull. Este resolvió un día renovar los géneros manidos. La sorpresa fue enorme y el efecto fue soberano. La mayorcita había aprendido el poema que su padre le preparó para el caso; y aceptando la burla con la inmediata comprensión de la infancia, en vez de volver sobre los machacones versos de párvulos, se puso a gorjear, llena de espejo, este verdadero trino de ave: Filiflama alabe cundre... Escogiendo la palabra más fragante de aquel racimo, di desde entonces en llamar las Jitanjáforas a las niñas de Mariano Brull. Y ahora se me ocurre extender el término a todo este género de poema o fórmula verbal". Reyes, A., "Las jitanjáforas" en La experiencia literaria, Buenos Aires, 1942, pp. 200-1. 10 M. Brull, op.cit., p.19. 11 Ibidem, p. 96-97. Una traducción arriesgada podría ser : " Per il verde, verde/ verdeggerei di verde mare/ Rr con Rr./ Venerdì, virgola, vergine/ nano verde/ verdularia cantárida/ Rr con Rr./ Verdore e verdino/ verdumbre e verdura./ Verde, doppio verde/ di cavolo e lattuga./ Rr con Rr/ nel mio verde limone/ uccello verde./ Per il verde, verde/ verdelusinga umida/ mi distendo.Distenditi./ Vengo da Mondodolente/ ed in una verdelusinga me ne sto. "

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Aunque falte a tu vida… Aunque falte a tu vida la paz, y la alegría nunca te sonriese sobre el camino adverso, que llene tu existencia siempre la poesía como ha de rebosar el molde de tu verso. Con los ojos cerrados busca el mundo en tí mismo; la mujer que no has visto, la ciudad que no existe; y, al abrirlos, tus ojos verán en espejismo aparecer la vida como tú la quisiste. No sentiremos nada de nuestro ser distinto, y todo será unánime, el gusano y la flor; y viviremos siempre sin salir del recinto de la luz que proyecta nuestro sueño interior. No cegará tus ojos el esplendor del mundo, y pasarás, sonámbulo, absorto en tu universo, mientras late tu alma en el ritmo profundo que toma de la vida el alma de tu verso. Nada sobre la Tierra te será indiferente; mirarás a las cosas con mirada segura; serás luna en la luna que baja hasta la fuente, serás llama en la llama que sube hasta la altura. Sólo sabrás dos cosas: de amor y de belleza. Lo demás... nada importa. toda la vida es amar; sentir lo bello; tener una tristeza para que un alma hermana nos la curé después.

Escalones Yo me esconderé pero que no me veas ¡oh Tiempo! por invisible claro viajero. Yo te observaré en tu intimidad, cuando crees estar solo y desnudas el secreto

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de tu huidiza transparencia. Yo te adivino como prestidigitador que saca algo donde parece no haber nada, y puedes multiplicar hasta el infinito las túnicas color de aire, o color de agua, y entonces quedarte inmóvil en el mismo borde de la nada. Allí te veo en la linde que no puedes pasar

Jitanjáfora Filiflama alabe cundre ala olalúnea alífera alveola jitanjáfora liris salumba salífera Olivia oleo olorife alalai cánfora sandra milingítara girófora zumbra ulalindre calandra.

Allí,-en lo no mío, en míAllí, -en lo no mío, en míestaba el paisaje. Sonaba la música. -Catedral de recuerdos.Se borró el paisaje. Y pasó la música.Aquí mi paisaje; aquí, ésta, mi música en lo mío, en mí. !Montaña de olvido!

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Epitafio a la rosa Rompo una rosa y no te encuentro. Al viento, así, columnas deshojadas, palacio de la rosa en ruinas. Ahora - rosa imposible - empiezas: por agujas de aire entretejida al mar de la delicia intacta, donde todas las rosas - antes que rosa belleza son sin cárcel de belleza.

Bajo la alta soledad inmerso A Gabriela Mistral Bajo la alta soledad inmerso, a la deslumbre del azul ufano, el viento enseña el ala del reverso toda ventana abierta sobre el vano. Aquí, sobre este lado de antepecho, índice al mar, cambiante en lo inseguro, espejo inacabado, -ya deshecho cristal de aire de contorno duro... Todo este mar sin tí. Oreada y clara al deslustre del agua sin sentido: mudez que se desnuda en algazara bruñida por arenas de sonido.

Yo me voy a la mar de junio Yo me voy a la mar de junio, a la mar de junio, niña. Lunes. Hay sol. Novilunio. Yo me voy a la mar, niña. A la mar canto llano del viejo

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Palestrina. Portada añil y púrpura con caracoles de nubes blancas y olitas enlazadas en fuga. A la mar, ceñidor claro. A la mar, lección expresiva de geometría clásica. Carrera de líneas en fuga de la prisión de los poliedros a la libertad de las parábolas. -como la vio Picasso el dorio-. Todavía en la pendiente del alma descendiendo por el plano inclinado. A la mar bárbara, ya sometida al imperio de helenos y galos; no en paz romana esclava, con todos los deseos alerta: gritó en la flauta apolínea. Yo me voy a la mar de junio, a la mar, niña, por sal, saladita... -¡Qué dulce!

Víspera Al caos me asomo... El caos y yo por no ser uno no somos dos. Vida de nadie, de nada...-No: entre dos vidas viviendo en dos, víspera única de doble hoy. Muere en la máscara quien la miró, yo -por dos vidasme muero en dos...

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Desnudo Su cuerpo resonaba en el espejo vertebrado en imágenes distantes: uno y múltiple, espeso, de reflejo reverso ahora de inmediato antes. Entraba de anterior huida al dejo de sí mismo, en retornos palpitantes, retenido, disperso, al entrecejo de dos voces, dos ojos, dos instantes. Toda su asencia estaba -en su presenciadilatada hasta el próximo asidero del comienzo inminente de otra ausencia: rumbo intacto de espacio sin sendero al inmóvil azar de su querencia, ¡estatua de su cuerpo venidero!

El niño y la luna La luna y el niño juegan un juego que nadie ve; se ven sin mirarse, hablan lengua de pura mudez. ¿Qué se dicen, qué se callan, quién cuenta una, dos y tres, y quién, tres, y dos, y uno y vuelve a empezar después? ¿Quién se quedó en el espejo, luna, para todo ver? Está el niño alegre y solo: la luna tiende a sus pies nieve de la madrugada, azul del amanecer;

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en las dos caras del mundo -la que oye y la que vese parte en dos el silencio, la luz se vuelve al revés, y sin manos, van las manos a buscar quién sabe qué, y en el minuto de nadie pasa lo que nunca fue... El niño está solo y juega un juego que nadie ve.

Verde halago Por el verde, verde verdería de verde mar Rr con Rr. Viernes, vírgula, virgen enano verde verdularia cantárida Rr con Rr. Verdor y verdín verdumbre y verdura verde, doble verde de col y lechuga. Rr con Rr en mi verde limón pájara verde. Por el verde, verde verdehalago húmedo extiéndome. -Extiéndete. Vengo del Mundodolido y en Verdehalago me estoy.

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Hacia la montaña A Luis G. Urbina Después de oír misa con unción muy grave en dominicales días de fortuna, con nuestros cestitos llenos de merienda ¡hacia la montaña!, ¡hacia la montaña! Tocaban a gloria –la gloria del día– las campanillas de la Primavera. ¡Qué bello es el Cielo, y el Sol, cuando brilla tras áridos días sin Sol y sin Cielo! Sobre los molinos se despeña el agua que con incesante furia se desata y atruena los aires con miles de ruidos; después, rumorosamente pasa y pasa... Al ardor silvestre, nuestro ardor salvaje; al cantar del ave, nuestro ingenuo grito; con algo de incienso en los corazones ¡hacia la montaña!, ¡hacia la montaña! Todo hueco obscuro tiene algún misterio; cada escarabajo su grey y su rito, y allá en la ladera lejana y bravía las flores azules, la piedra, el espino... En la cumbre, el viento sonoro; en la cumbre, el Cielo más cerca; y el pueblo, allá abajo... ¿Por qué no vivían los hombres arriba en el mundo libre de los montes altos? Al caer la tarde –con nuestros cestitos vacíos–, cansados, volvemos al pueblo, mientras la montaña se puebla de sombras que aun en pensamiento nos llenan de miedo.

Pax Animae Señor, por el camino que conduce a la muerte, llevo tal pesadumbre letal en la jornada, que, presa de cansancio senil, el alma fuerte busca el sumo reposo, la quietud de la nada. En mis pasados días jamás pudo la suerte darme tranquilas horas de vida sosegada.

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¿Dónde encontrar el yermo páramo de lo inerte? ¿Dónde mi árido sueño encontrará posada? ¿Habrá sobre los mares, habrá sobre la Tierra un lugar de descanso donde en continua guerra no se viva y se muera en ambición tenaz? Señor de los dolores, Señor de la tristeza, ¡decidme dónde pueda reclinar mi cabeza; decidme dónde encuentre un refugio de paz!

Amar lo delicado y lo otoñal Amar lo delicado y lo otoñal, el arte antiguo, la canción de ayer; la clara transparencia del cristal como una forma espiritual de ser. Amar la gracia añeja del rosal y en rosas nuestro ensueño florecer. Para lo bello ser sensible, igual que un alma sensitiva de mujer. Vivir una emoción en cada cosa, y una fruición benigna y amorosa en todo afán espíritu dejar… Y ver las cosas con el narcisismo de hallar en todo el alma de uno mismo y en todo el alma de uno mismo amar.

Ya se derramará como obra plena Ya se derramará como obra plena toda de mí ¡alma de un solo acento! múltiple en voz que ordena y desordena trémula, al borde, del huir del viento.

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Y de hallarme de nuevo ¡todo mío! disperso en mí, con la palabra sola: dulce, de tierra húmeda en rocío, blanco en la espuma de mi propia ola. Y el ímpetu que enfrena y desenfrena ya sin espera: todo en el momento: y aquí y allá, esclavo sin cadena ¡y libre en la prisión del firmamento! Poemas, 1939.

Nada más que… ¿Qué voz nueva, inesperada, dirá lo que aún no me dije, y está en mí, sin mí, diciendo lo que, al callarse, desdice? ¿Por qué inmolarse en palabra muda, y émula de altura, que cuando enmudece niega lo antedicho sólo al cielo? ¿Hay que cavar en el aire hasta el silencio primero, hasta llegar a la luz que tuvo el mundo en su estreno? ¿Y hay que volver a callar lo que nunca fuera dicho, para que muera en su ser la muerte de otra manera?

Avión El vacío sereno rebosa de sí mismo

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(péndulo sin latido): embozo azul mirándose cristal hueco de cielo. ¡Ave avión (avión ave), flecha ronca de ímpetus desordenando rumbos en nupcias con el aire! ¡Ave, pez del espacio, metal de escama y pluma, aspa de trenzar ráfagas, molino de hacer cielo! Centro (entre cerca y lejos), reguero de distancias, plegando y desplegando banderas de horizonte: ¡ala, alud de oriflamas, espejo de primicias de luz nunca estrenada! Imán de los confines, voraz del cielo, trémulo (en amor sin voz ni agua), por olas de silentes espacios removidos...

Soneto Todo es color y luz. La primavera volvió con nuevo afán, florecedora; creció en ardor la vieja enredadera, plena ya de ilusión renovadora. Hoy, todo lo que es también ya era antes que la inconsciente segadora llevase su verdor a la pradera maravillosamente turbadora. El alma que te vio vuelve a ti ansiosa,

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en sí misma distinta. En cada cosa una inviolada devoción se inflama. y en los renuevos de las viejas eras, ¡ pasión de las pasadas primaveras en la llama de abril funde su llama!

A Alfonso Reyes en el cincuentenario de sus bodas con la poesía Los que lleguen a ti como romeros en las alas de Ícaro prestadas, por tu salud, ¡oh, gran Alfonso!, alzan los brazos en silencio con un ruego... Hoy 28 de noviembre cierra el ciclo que marcó el cincuentenario de tu canción primera, don del cielo que las nubes felices tararean con la música muda de los astros. Después la busca y encontrarte luego al dejo claro de tu voz uncida de la prisión de tu saber, liberto del saber que no es más sabiduría y al fin vuelto a ti mismo para hallarte en cenizas de luces no encendidas. Adondequiera que pisó tu planta te reconoce el agua en sus cristales, las aves en el arte de su vuelo el viento en el ovillo de sus danzas. No en vano erraste por islas desterradas en los mares secretos de Odiseo. Ahora que el árbol del saber te habla de los mundos secretos de sus hojas hay en tus ojos brillo tan callado que taladra el silencio sin tocarlo... No es por azar que Reyes sigue Alfonso el reino de tu nombre en ti confía para tu gloria actual y venidera.

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Si un Monte Rey le dio luz a tu cuna un prócer reyes enalteció tu nombre.

José Martí Tel qu’en Lui Même enfin l’eternité le change MALLARMÉ

Van quebrando el silencio que silencia tu hora... todo el dolor del hombre tramonta en tu mirada que en el ceño furtivo de la tierra desflora, el júbilo sin nombre de dicha sin morada. ¡Qué mar el de tu frente! ¡Qué ternura extremada la espuma de la vida desborda y evapora! La gracia de las cosas despierta a tu llegada y el candor de la tierra bajo tu planta implora... Un ángel perseguido en tu pecho se ampara y mira con tus ojos y con tus labios bebe en la fuente de lágrimas que el bien y el mal separa. ¡Qué tierra ha de tenerte que no se sienta leve! ¡Qué sombra ha de envolverte que no se sienta clara! ¡Qué nueva estrella irrumpe que a tanta luz se atreva!

Escalones Yo me esconderé pero que no me veas ¡oh Tiempo! por invisible claro viajero. Yo te observaré en tu intimidad, cuando crees estar solo y desnudas el secreto de tu huidiza transparencia. Yo te adivino como prestidigitador que saca algo donde parece no haber nada, y puedes multiplicar hasta el infinito las túnicas

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color de aire, o color de agua, y entonces quedarte inmóvil en el mismo borde de la nada. Allí te veo en la linde que no puedes pasar. .

A ti… A ti, que tienes ansias de lumbre vesperal y encuentras en las cosas virtudes ignoradas; a ti, que tienes alma serena y otoñal, bella y madura, como de estirpes consagradas. A tu forma corpórea, delicada y angélica –cáliz que guarda esencias riquísimas y leves–, que anhela para una ascensión evangélica subir con la irredenta pureza de tus nieves. A tu silencio, que un día florecerá en la Tierra como un inmenso lirio de místico esplendor; al sueño que en ti vive –que todo ensueño encierra–, a la inexhausta y vívida lámpara de tu amor. (Un anhelo de cielo fue el tuyo, y fue tu pena ávida sombra que toda lumbre apetece. Sin el remordimiento de ser triste y ser buena, en cada nueva aurora tu espíritu amanece...) A tu alma, que se exhala como un sutil aroma y se esparce en las alas invisibles del lumen, llena de candideces divinas de paloma y de adivinaciones, como sagrado numen. A tu recogimiento de claustro sonoroso en que aún vibra el sonido de música cercana: cual recién muerta en el regazo silencioso de soledad, donde una fuente su chorro mana. Alma dulce y tristísima. Vestal. Nido de amor profundo y virginal. ¿Qué hay en tu extraño ser más alto que la vida, más noble que el dolor, Virgen, Paloma, Astro, Gracia, Numen, Mujer...?

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Aunque falte a tu vida… Aunque falte a tu vida la paz, y la alegría nunca te sonriese sobre el camino adverso, que llene tu existencia siempre la poesía como ha de rebosar el molde de tu verso. Con los ojos cerrados busca el mundo en ti mismo; la mujer que no has visto, la ciudad que no existe; y, al abrirlos, tus ojos verán en espejismo aparecer la vida como tú la quisiste. No sentiremos nada de nuestro ser distinto, y todo será unánime, el gusano y la flor; y viviremos siempre sin salir del recinto de la luz que proyecta nuestro sueño interior. No cegará tus ojos el esplendor del mundo, y pasarás, sonámbulo, absorto en tu universo, mientras late tu alma en el ritmo profundo que toma de la vida el alma de tu verso. Nada sobre la Tierra te será indiferente; mirarás a las cosas con mirada segura; serás luna en la luna que baja hasta la fuente, serás llama en la llama que sube hasta la altura. Sólo sabrás dos cosas: de amor y de belleza. Lo demás... nada importa. Toda la vida es amar; sentir lo bello; tener una tristeza para que un alma hermana nos la cure después.

Ojos verdes Si sabes el secreto de su glauca pupila que se inflama en la sombra con un verde temblor, dirás que un ángel malo en su fondo vigila con la mirada hipnótica del sulfúreo color. Si sabes el secreto de su alma, toda amor, donde vaga el ensueño como en agua tranquila,

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dirás que en sus pupilas de sombrío verdor hay fulgores de halo y tristeza de esquila. Yo he visto, en el misterio de su mirada pura, la escala de Jacob tendida hacia la altura, con albos serafines, como en el sueño aquel. Y al ángel de su guarda –Narciso enamorado–, en sus ojos extraños lo he visto ensimismado tan bello y rutilante como fuera Luzbel. .

Ojos niños ¿Qué dicen esos ojos niños del mundo que, por ellos, nace? ¿qué tienen de eterno, en luz, todavía de ayer? ¿Qué ya no miran hoy que, aún parece, miraban? ¿qué no tienen –que tenían a la luz de antes– ahora? ¿Van lavándose, en el tiempo, del mirar eterno de un alba ya muerta en la vida?

Ojos viejos En la luz, ya poniente de los ojos viejos: ¿qué trazo de antevida se anticipa –retorna? Traslucen ¿a qué alba que quiere nacer? Se adentran ¿en qué lejano próximo?

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El buscador Muy cerca del suelo buscaba las huellas de las lunas que ha visto la tierra. Y una voz, desde arriba, le dice: “En pintarle la cara a los muertos ha gastado su sangre la luna. Tú no ves que la Luna es la muerta... –Pero, no apartes los ojos.”

Antena Antena, ¡qué más música de mudez radiosa! Airón suelto a deriva empañado de terco cielo en marcha el mundo va –se iba– y me dejaba un enorme mundo ido.

El polvo El polvo –ceniza etérea– de luces acabadas en la borra de la noche fermenta resurrecciones. El sol nuevo, hunde el pie en légamo de negrura y aplaca rencores de luces muertas.

Esta piedra llena de escamas Esta piedra llena de escamas tiene que ser un pez ¡cómo brilla!

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Esta piedra con ojos que saltan quiere que la miren ¡cómo mira! A esta piedra le baila por dentro un cielo enano y una estrellita gorda ¡luna, lunita!

Canto redondo La coliflor de la luna –Selene para la cita– una, más dos veces una, ni jazmín, ni margarita, ni novia que el suelo quita para magnolia del cielo: si cara de caramelo lamida en el astrolabio, deja el labio –en el resabio desvelado– sin desvelo.

De mí a mí De mí a mí –senda alta– único caminero tan dentro y tan afuera, tan cercano y tan lejos: en la carrera el cuerpo en vilo entre dos pasos, al rumbo de sí mismo, ¡qué camino más duro de mi cuerpo a mi cuerpo! Al despejo de luces –perpetuo alumbramiento– devoraba la tierra las raíces del cielo y un cuerpo extraño –el mío– ¡en el duro camino de mi cuerpo a mi cuerpo!

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Marina A José Carner

El pájaro estaba allí donde más ancho es el día, filo en el aire adentrado, ¡ya canto y pluma no más! Lo que es pluma y era canto –fuga azul que el mar orea– el sol muda en lumbraradas. ¿Dónde el canto, ya fulgor? ¿Adónde esta luz de pluma? – El pájaro ya no estaba: ¡Sólo la vela del trino cortaba la soledad!

Sobre el lago del parque bajo cero Sobre el lago del parque bajo cero el cielo despluma cisnes blancos. Campanas de algodón doblan en la iglesia del pino adolescente. En el ávido callar azul tranquilo de blanco, luz de ceniza al deslustre, lenta, a trechos, se amontona. Sobre bandeja vidriada un cisne helado reposa azucarado de nieve. Tambor mayor de silencio redobla en la soledad.

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Isla de perfil A Jorge Mañach

Ilesa isla intacta bozal del mar nómada, cabezal de nardos ahogados en luz. Un ladrido en clave de nácares rudos y en ronda, soleados, estíos de agua. Clara y crespa aroma, alta en voz de gallo, la cresta levanta. Mordaza de azules con rizos de lumbre, la pulsa y la ciñe.– No caimán artero, primavera ecuestre a hombros de hipocampo, abra de clamores, rubiales de mieles, espiral del gozo, zumo: ¡cima ilesa de la isla intacta!

Este claro silencio a luz entera Este claro silencio a luz entera –amarillo de todos los verdores–, listado de entretiempo, desordena la forma de su cielo momentáneo. Con pausa extrema y renovada mano remienda los clamores al domingo: gastado de postura se desbruñe en el corno fluvial de los trigales. Hurga por los senderos, al desvío,

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de lluvia entreverado y sol maduro: pauta el huir de orillas evasivas en el hueco, sin voz, de dos rumores, y con signo furtivo disciplina el vuelo de las altas soledades.

Granizos Saltaban los granizos con alegría de niño, lustrosos de aire y música de agua, desnudos, con pie frío, en la tierra aún tibia recién soleada. Roncos, freidores, sobre los tejados, campanilleantes en los ventanales. Témpano y tímpano, piedra y brasa, calca y recalca la lluvia que pasa.

Grano de polvo Granito de polvo, enano señor del mundo, perpetuo viajero en el tren del viento, danzarín del rayo de sol; aquí o allá: todo es igual para ti mínimo salteador de caminantes. Al son que te azota bailas y con la lluvia mueres para resucitar en sequía. ¡Oh!, hermano sitibundo del lodo, amigo de todos los amigos, padre nuestro de todos los días

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y compañero para siempre mañana... aquí o allí –¿qué más da?

Duelo por Ignacio Sánchez Mejías Moreno de verdegay listado de toro y misa, color de aceituna muerta en miércoles de ceniza: hombre entre los hombre era, y alondra al amanecer, y en las tardes de faena el pasmo del redondel; porque llegué y era ido no lo pude conocer, pero el aire tenía un ceño de haberlo estrenado él: por lo alto banderillas, por lo bajo volapié –todo cantado por dentro, después, echado a correr–; qué revuelos de capotes modulados en mi piel porque su voz tuvo allí una resonancia fiel a la palabra quedada en un silencio de miel; porque brillaban aún luces que lo acababan de ver: cenizas de su presencia que volvían a encender, y en los ojos del amigo aún estaba todo él; porque la tarde, era tarde cegada de atardecer, sólo vi una nube en sangre en verde cielo de hiel... Moreno de verdegay listado de luna y miel, nunca te vieron mis ojos

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y te lloran sin querer...

A la rosa desconocida Para el aniversario de una rosa en el tacto JAIME TORRES BODET

Apartada –ya toda amor de olvido–, y en limpia ausencia recreada, la cima de tu hermosura diviso nublada por un silencio de ángeles: y al acecho de un ágil morir en el perenne umbral de la mudanza, la imagen –en tu imagen sola– ¡rosa total de otro vivir reclamo! De alba luciente, húmeda, alta, y curva ardiente y quieta, tu forma –azar preciso– se desciñe en cauda musical de margen muda y unce la almendra de una llama helada. En hora rosa se detiene el cielo para vivir su eternidad más lenta, y una orilla de frescores defiende el hueco, sin contornos, de la rosa. Tesón eterno. Abril inacabado. Halo de olor que ronda sobre ausencia: espacio en ciernes de la rosa futura que el aire rezagado punza.

Rosa de los vientos Al viento vuela pluma cuchillo corta viento cuchillo corta viento cuchillo punza pluma cuchillo punza pluma y pluma baila al viento;

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va en balsa de pluma con remos de viento con remos de viento corre pluma en pluma sobre el viento viento.

Silencio ante la rosa No se iguala un silencio a otro silencio: entre dos rosas, ni un silencio cabe, en muda red se quedan los sonidos: por trasluces de rosas apagadas hasta el callado agudas se dilatan. Sí: mudez transparente de corola en geometría de inquietud calada por invisible punta de diamante; rehace cardinales puntos nuevos; su filo corta planos precisos de dura eternidad irremediable.

La rosa sin nombre Yo te llamara con todos los nombres que supe antes de nacer; palabras de tu imagen, traslúcidas, presas en mudez luminosa. ¡Gloria de natividades! ¡Oh, día claro de tu nombre! ¿Quién lo separa? ¿Quién lo junta? ¿Quién te habla como a su propio corazón con gorjeos que nadie puede recordar? ¿Quién te llama con el íntimo nombre de las olas que guardan en secreto los delfines? ¿Quién olvidó tu nombre por tu rosa?... ¡Tú, la salvada del diluvio del mundo, porque al tocarte el agua se convirtió en diamante! ¡Tú, virgen rondada por enjambres de nombres,

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alfiletero en cierne de saetas! ¡Tú, novia eterna de jóvenes estrellas, donde tu nombre es sólo luz que aún no ha llegado a la tierra! ¡Tú, la sola escapada del nombre, en paraíso sin memoria! .

Rosa, inmortal presencia Bogaba a contra muerte hacia el ombligo eterno; del hondón inefable de todo lo que ha sido, por el revés del tiempo volvían a la tierra vidas innumerables. ¡Qué mudanzas de cielos, qué devanar de astros, qué desmorir de seres en selvas sin fronteras! De cargazón de vida se quiebran los segundos; ¡qué panorama único de irrefrenables luces! En cada ser se enciende la luz de su momento... Tú, sola, incorruptible, ni mueres, ni desmueres, ¡rosa, inmortal presencia, hueco del tiempo eterno!

Verdejil El perejil periligero salta –sin moverse– bajo su sombrero, por la sombra verde, verdeverderil: doble perejil, va de pe en pe, va de re en re

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–y pasa y repasa y posa y reposa–, va de verde voy hasta verde soy, va –de yo me sé– que verde seré: va de perejil hasta verdejil... .

Las cuatro esquinas enemigas Puse los pies en la ciudad nueva donde rechina el barniz fresco y el martillo eléctrico golpea la piedra dura en el oído blando. La brisa irritada de cal abanica las casas flamantes. La mirada se alarga sin tropiezo, por las calles tiradas a cordel, hasta las cuatro esquinas enemigas: se encrespa el viento agrio en remolinos, la luz –convulsa– se retuerce bajo disciplinazos de reflejos: hierro y piedra, cal y cemento con gesto mudo desazonan: un rencor soterrado se alumbra, un soplo de ira se inflama... Guerreros sin brazos, sin piernas, sin cuerpos... se borran en la estampa morada del miedo. Las cuatro esquinas enemigas –puños en alto y dientes apretados– se buscan sin encontrase... La envidia verde y el rencor rojo cruzan sus luces, y abren al paso a las calles que huyen hacia el mar.

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Estrella ciega En un halo de silencio está la estrella apagada. ¿Vive la estrella sin luz, en otra luz, y a otros ojos alumbra su entraña opaca? Faz secretamente viva muerta viviendo en luz ciega, ¿bajo qué color de cielo se desnuda, y transparente, filtra en sus velos aéreos la fuente muda del tiempo? ¿En qué eres, si no eres –luz o sombra– para el ojo que sólo mira lo eterno? ¿Adónde estás, que sin verte sobre mi mirada pesas desde el tiempo en que no hay tiempo, mundo de imposible nada, muerto de muerte imposible?

Esquina a la noche Era un hombre pegado al cielo Lamido por relumbres de estrella Junto a la esquina rencorosa de perros. Era un hombre soluble a la mirada Mirándose por dentro y por fuera Bajo un farol de lumbre lánguida. Era casi nadie en la calle de nadie. Azotado por el silencio de las estrellas.

Yo estoy detrás de mí Yo estoy detrás de mí: fuerte callado de mí mismo,

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para que no me vean mis ojos para que no me oigan mis oídos. Yo estoy detrás de mí: fuerte callado de mí mismo. Yo estoy detrás de mí: en tierra siempre extraña, sorprendiéndome abriendo hueco a mi futuro cuerpo... Yo estoy detrás de mí en vigilancia –inerte– viviendo bajo las ruinas de mis mudos sentidos. ¿En qué gemela imagen me duplico y me encuentro solo conmigo mismo? ¿Qué me enajena sin romper el único perfil que me defiende? Yo estoy detrás de mí: en la ciega vislumbre de no estar en mi ser: ileso, entre el amago de la penumbra virgen, y el puente parpadeante que me une a mí mismo. ¿A qué toca mi ser en ese extraño encuentro de mi cuerpo sin vida? ¿Y qué silencio llena el hueco de mí mismo? ¿Quién habitará en mí cuando yo no esté más detrás de mí? Yo estoy detrás de mí... De mí a mí –senda alta– único caminero tan dentro y tan afuera tan cercano y tan lejos: en la carrera el cuerpo en vilo entre dos pasos, al rumbo de sí mismo, ¡qué camino más duro de mi cuerpo a mi cuerpo! Al despejo de luces –perpetuo alumbramiento– devoraba la tierra las raíces del cielo y un cuerpo extraño –el mío– ¡en el duro camino de mi cuerpo a mi cuerpo!

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En el mediodía conversan las mónadas En el mediodía conversan las mónodas de la eternidad circunstancial. - El Buda se baña en el zenit de la verdad desnuda.

El origen clásico de la jitanjáfora Por Gladys Zaldívar Sobre el origen del término jitanjáfora en un poema de ocasión de Mariano Brull (Camagüey, Cuba 1891-La Habana, 1956) ya la historiografía literaria ha comentado suficiente y repetidamente (Vitier 187-188; Reyes 197; Linares Pérez 68; Larraga 83-84, etc.) Es preciso que recordemos ahora el poema “Jitanjáfora” que ha dado tanto qué hacer a la crítica: Filiflama alave alveolea jitanjáfora cundre ala alalúnea alífera liris salumba salífera. Olivia olea olorife alalai cánfora sandra milingítara girófora zumba, ulalindre calandra (Reyes 194) Alfonso Reyes clasificó ese léxico metafórico de Brull en jitanjáforas impuras o “maliciosas” y en puras o “candorosas” (Reyes 200-210) y aunque no ofreció ejemplos específicos de las impuras –ya que las candorosas eran las del poema “Jitanjáfora”- es lógico deducir que estaría refiriéndose a las 15 restantes que se hallan diseminadas por todos los poemarios de este poeta y que se relacionan ahora: sitibunda (“Stigma”, en La casa del silencio 28 ); verdería


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(“Verdehalago”, en Poemas en menguante 52); verdularia (“Verdehalago” , en Poemas en menguante 52 ); verdehalago (“Verdehalago”, en Poemas en menguante 53 ); mundodolido (“Verdehalago”, en Poemas en menguante 53 ); agualuz (“Por el cerco de la mañana”, en Poemas en menguante 53 ); tornaluna (“Pavo-real”, en Poemas en menguante 57); verdelamido (“Epístola”, en Canto redondo 68 ); velutoso (“Epístola”, en Canto redondo 68); verdeapagado “Almendra –vestida y desvestida de silencio”, en Canto redondo 70); alirrubio (“Blanca de nieve”, en Canto redondo 75); agualimpio (“Si no me engaña este olor, en Canto redondo 76 ); toronjil (“1939”, en Poemas no recogidos en libros 84); verdegay (“Duelo por Ignacio Sánchez Mejía”, Poëms 89); rosaola (“Rosa sola”, en Solo de rosa 98).* Evidentemente Alfonso Reyes había catalogado como impuras aquellas palabras nuevas nacidas como resultado de la fusión de dos de existencia definida dentro del español, ya sea como sustantivos o como un sustantivo y un adjetivo o como un adjetivo de total creación como velutoso, producido por una síntesis (velo + luto) en la que intervienen la composición y la derivación. (Lázaro Carreter 291; Martín 321-327; Zaldívar, “El neologismo en la poesía de los iniciadores del modernismo1105-11150). Si se considera que el neologismo es palabra nueva o Neubildung, es decir, “de nueva creación” [que surge] por composición normal o híbrida, derivación, préstamo, metáfora, etc, apelando por tanto a elementos significativos ya existentes en la lengua” (Lázaro Carreter 291) y que se produce “en relación al desarrollo de la ciencia y de la técnica” (Werner 312) es indudable que el total de 15 ejemplos aislados en la obra brulleana –a excepción de los que se emplean en “Jitanjáfora”– constituyen verdaderos neologismos que, aunque no realizan ninguna función ni en la ciencia ni en la técnica, sirven una necesidad estética de la expresión poética. Es importante llamar la atención ahora sobre el hecho de que el neologismo por composición ya había sido utilizado por Lope de Vega (1562-1635) en una de sus poesías líricas y es el que comienza así: “Piraguamonte, piragua…” (Lope de Vega 414). Pero retengamos por el momento el resto del poema porque servirá para una futura demostración. La jitanjáfora pura constituye un fenómeno distinto porque está vacía de contenidos semánticos a pesar de los esfuerzos realizados por adjudicárselos en las paráfrasis que con buen discernimiento realizaran Larraga (83-84) y Posada (82). Volviendo de nuevo al poema “Jitanjáfora” (ver supra) notamos que las palabras o signos lingüísticos que integran esta composición están agrupados en dos cuartetas de rima consonante que no imprimen ninguna huella psíquica y que se hallan desprovistas de representación conceptual. Es una especie de murmullo ininteligible o, para afirmar con Alfonso Reyes, un “gorjear”, un “verdadero trino de ave” (Reyes 194). El mismo Brull intenta describir esta especie de jerigonza inventada: “Para satisfacer las exigencias de una poesía pura es necesario crear un lenguaje para uso de pájaros o de duendes”. (Rafael Heliodoro Valle 3). La jitanjáforas puras tampoco pueden insertarse en la categoría de neologismos porque no trascienden al plano de la comunicación ni de fonetismos negroides ni provenientes de ninguna otra étnia porque no fueron concebidas con el propósito de imitar ningún habla particular. Después de estudiar las definiciones de Alfonso Reyes y de Brull comprendemos que la versión de jitanjáfora ofrecida por Lázaro Carreter, versión que lamentablemente no modifica ni rectifica en la reedición de su –


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muy útil y excelente en todos los demás aspectos– Diccionario de términos filológicos que realizara 19 años más tarde, constituye un concepto fuera de enfoque: Nombre inventado por Alfonso Reyes (1929) para designar palabras, metáforas, onomatopeyas, interjecciones, estrofillas, etc., carentes de sentido, pero que constituyen un fuerte estímulo para la imaginación: Por el río Paraná viene navegando un piojo, con un lunar en el ojo y una flor en el ojal. (Lázaro Carreter 252) El nombre jitanjáfora, no fue inventado por Reyes, sino tomado por él para designar el recién descubierto fenómeno lingüístico y el ejemplo que ofrece no es una jitanjáfora, sino una rima del absurdo, procedimiento que no es en sí una invención sino un discurso sin sentido concebido para divertir. Las jitanjáforas puras tampoco son metáforas ni onomatopeyas ni interjecciones ni estrofillas, sino que constituyen, técnicamente manifestado, lenguaje de creación. Este tipo específico de jitanjáfora no podía traspasar los límites del experimento agraciado con fines lúdicos ya que era de valor nulo para la comunicación. Lo que constituyó motivo de asombro para Reyes y la crítica posterior es la perfecta estructuración de “Jitanjáfora” dentro de un sistema de signos que imitan un nivel semántico que, aun careciendo de él, lo sugieren y despiertan las claves para la creación de un verdadero lenguaje. Habría que preguntarse ahora si la jitanjáfora pura como tal tiene ancestros en la lengua castellana. Se ha señalado a Gil Vicente (1465-1536), el delicado poeta hispanoportugués como un posible antecedente brulleano. En cuanto a la frescura de la formulación poemática el parentesco estético de ambos poetas es verificable a simple vista siempre y cuando no esté confundiéndose la jitanjáfora pura o “candorosa” (ver supra) con las onomatopeyas que se registran en este ejemplo de Gil Vicente: ¿Por dó pasaré la sierra, gentil serrana morena –“Tu ru ru ru lá ¿Quién la pasará? –“Tu ru ru ru rú. No la pases tú” –“Tu rú ru ru ré. Yo la pasaré” “Di,serrana, por tu fe, si naciste en esta tierra, ¿ por do pasaré la sierra, gentil serrana morena? –“Ti ri ri ri rí. Queda tú aquí” –“Tu ru ru ru rú. ¿Qué me quieres tú? –“To ro ro ro ró. Que yo sola estó”. (Alonso 153-154)


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Las onomatopeyas aquí empleadas son monosilábicas que sirven el propósito de rimar lá con pasará ru con tú, ré con pasaré pero no constituyen fonetismos ni mucho menos jitanjáforas. La onomatopeya es un fenómeno que tiene semejanza con la jitanjáfora pura porque parte de una raíz fonética pero difiere en el objeto imitado. En este ejemplo no se pasa de reproducir átomos – por decirlo así- de sonidos; en el ejemplo de Brull (ver supra) se crea algo más que un ruido o un léxico: se fabrica un nuevo lenguaje. También se ha hecho referencia a Lope de Vega como un ancestro lírico afín a Brull. Aunque no se han trazado líneas comparativas con precisión queremos señalar en este trabajo que la jitanjáfora pura ya había aflorado en la poesía de Lope en el mismo poema mencionado anteriormente y que comienza “Piraguamonte, piragua”...: Piraguamonte, piragua, Piragua, jevizarizagua. En una piragua bella. toda la popa dorada, los remos de rojo y negro, la proa de azul y plata, iba la madre de Amor y el dulce niño a sus plantas. El arco en las manos lleva, flechas al aire dispara; el río se vuelve fuego, de las ondas salen llamas. ¡A la tierra hermosas indias, que anda el Amor en el agua! Piraguamonte, piragua, piragua, jevizarizagua. (Lope de Vega 414. Los énfasis son míos) En esta letrilla, citada sólo fragmentariamente, se detecta una jitanjáfora impura o “maliciosa” piraguamonte y una pura o “candorosa”, jevizarizagua. Ambas muestran las mismas características que observó Alfonso Reyes en la poesía de Brull cuando hizo la clasificación de las jitanjáforas. Vamos a reproducir los primeros 13 versos de otra de las letras para cantar, también de Lope: A la dana, dina, a la dina, dana, a la dana dina. Señora divina, a la dina, dana, Reina soberana. Quien quiera que sea la que hoy ha nacido


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que el suelo ha vestido de verde librea, Egipto la vea, su bella gitana, a la dina, dana, (Lope de Vega 411. Los énfasis son míos). En estos hexasílabos no existen ni onomatopeyas ni fonetismos sino el simple y puro juego de la rima que anuncian, sin embargo, la jitanjáfora en su estado incipiente, aún sin convertirse ni en signo, verso o estrofilla. Tres siglos fueron necesarios para que se desarrollaran y cobraran forma esas profundas esencias de la lengua que se hallaban aún en estado incipiente. El idioma lúdico que subyace en el de la comunicación racional o se desarrollaría hasta que Mariano Brull lo trajera a la luz en toda su plenitud en la jitanjáfora pura. Por otra parte, la penetración de Brull en la estética de Paul Valéry (18711945), le permitió esa visión polivalente, integrada por binomios semánticos que dio lugar a las jitanjáforas impuras o “maliciosas” que se han extraído ya de los poemarios y expuesto como se ha visto anteriormente en este trabajo. El trascendentalismo simbólico de Paul Verlaine (1844-1894), en fusión con la idea de Walter Pater (1839-1894), que sostenía que el arte debe orientarse “hacia la condición de música”, la interpretación de George Moore (1852-1933) de la poesía de Edgar Allan Poe (1809-1849) cuando afirma que “estaba casi libre de pensamiento” y el abate Henri Brémond (1865-1933) percibiendo en la poesía pura el mismo poder de encantamiento y rapto de la oración, apadrinaron, junto a Lope de Vega, la irrupción de las jitanjáforas en la lengua castellana a través de Brull. Uno de los rasgos cubanos de este poeta –amén de otros expuestos ya por mí en enfoques anteriores (Zaldívar, En torno a la poética de Mariano Brull ) y por Vitier (328) está en la visión lúdica de la lengua, en el juego por el juego que se realiza con una agradable cadencia llena de signos aliterados y labializaciones. Y su americanidad radica precisamente en fundir y desarrollar sin ataduras ni anquilosamientos la tradición hispánica, representada principalmente por Lope de Vega, con escuelas y pensamientos – Poe, Pater, Verlaine, Moore, Brémond, Valéry– que exhumaran las alas secretas que el español, como toda lengua viva, posee.

* Las palabras señaladas, los títulos de los poemas y poemarios de Brull han sido tomados de la edición de Emilio de Armas, compilación prólogo y notas. Mariano Brull– Obras (Poesía y prosa 1916 – 1955), University of Colorado at Boulder, Society of Spanish and Spanish American Studies, 2001, 3 - 141. OBRAS CONSULTADAS 1. Abraham, Werner, et al. Diccionario de terminología lingüística actual. versión española de Francisco Meno Blanco. Madrid: Editorial Gredos, 1981.


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2. Alonso, Dámaso y Blecua, José Manuel. Antología de la poesía española/Lírica de tipo tradicional, 2nda. edición corregida, 4ta. Reimpresión. Madrid: Gredos, 1982. 3. Baquero, Gastón. “Introducción a la poesía de Mariano Brull” en Ensayo. Edición a cargo de Alfonso Ortega Carmona y Alfredo Pérez Alencart. Salamanca: Fundación Central Hispano, 1995. 4. Brull, Mariano. Obras (Poesía y Prosa: 1916-1955). Compilación, prólogo y notas de Emilio de Armas. Boulder, Colorado: Publications of the Society of Spanish and Spanish –American Studies, 2001. 5. Jacobson, Roman. Language in Literature, 6th printing. London: Harvard University Press, 1996. 6. Larraga. Ricardo. Mariano Brull y la poesía pura en Cuba. Miami: Ediciones Universal. 1994. 7. Lázaro Carreter, Fernando. Diccionario de términos filológicos, 3ra. edición corregida. Madrid: Gredos, 1971. 8. Linares Pérez, Marta. La poesía pura en Cuba. Prólogo de José Olivio Jiménez. Madrid: Playor, 1975. 9. Lope de Vega, Félix. Poesía lírica. Prólogo de Alfonso Junco. México: Porrúa, 1995. 10.

Martín, José Luis. Crítica estilística. Madrid:Gredos, 1973.

11. Matas, Julio. “Mariano Brull y los confines de la poesía pura”. Caribe. Universidad de Hawaii (Primavera 1976). 59-80. 12. Posada, Rafael. “La jitanjáfora revisitada”. Cuadernos Hispanoamericanos. Madrid: 2. 1-3 (1973-1974). 55-82. 13. Princeton Encyclopedia of Poetry and Poetics. Edited by Alex Preminger Frank J. Warnke and O. B. Hardison. Jr., associate editors. New Jersey: Princeton University Press. 14. Reyes, Alfonso. “Sobre la jitanjáfora”. La experiencia literaria. Buenos Aires: Losada, 1942. 15. The Penguin Dictionary of Literary Terms and Literary Theory, third edition. J. A. Cuddon. London & New York: Penguin Books, 1991. 16. Valle, Rafael Heliodoro. “Diálogo con Mariano Brull”. Universidad de México. México: 2. 14 (1947). 17. Vitier, Cintio. Lo cubano en la poesía. Las Villas: Universidad Central de Las Villas, Departamento de Relaciones Culturales, 1958.


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18. Zaldívar, Gladys. En torno a la poética de Mariano Brull. Second printing, updated and revised. Miami: Publicaciones de la Asociación de Hispanistas de las Américas. 19. ____________ “El neologismo en la poesía de los iniciadores del modernismo” . Actas del I Congreso Internacional sobre el Español de América, Academia Puertorriqueña de la Lengua Española. Madrid: Editorial Las Murallas, S. A. 1987.

Valoraciones a su obra ".... El libro La casa del silencio (Madrid, 1916) prologado por Pedro Henríquez Ureña, deja entrever la influencia de Juan Ramón Jiménez, en poemitas que hablan de los empeños de la vida y las luchas del corazón. Su poesía denota el fermento de su cultura, que es amplia e intensiva, así como su familiaridad con poetas ingleses, franceses, españoles e hispanoamericanos , cuyas huellas no es difícil reconocer en muchas de sus producciones. De Paul Válery se aprecia el peso decisivo en Poemas en menguante (París, 1928), y Canto redondo (París, 1934), obras que escribe cuando ya se encuentra en la orilla radical del vanguardismo... ." Juan J. Remos y Rubio, Historia de la literatura cubana, t 3, pp.232. "...Con la aparición de Poemas en menguante (1928), Brull alcanzaría su tono definitivo, convirtiéndose en la figura más representativa de una novísima tendencia dentro de la poesía cubana, y trascendiendo así los límites de su generación... "..., dio en la invención de la jitanjáfora, verdadera culminación de la poesía pura en palabras que ya no lo son, pues conservan de tales únicamente la realidad fonética, separada de todo contenido semántico. Esta broma verbal, creada por Brull al margen de su obra poética, pero como consecuencia extrema del desarrollo de ésta, identifica hoy un momento de nuestra historia literararia...." Emilio de Armas, "Prólogo", en Mariano Brull, Poesía. "Pero,¿podremos decir que existe una evolución o proceso definido en la poesía de Mariano Brull? Sería difícil la afirmación. Más bien lo que ocurre es una insistencia o reiteración en los mismos motivos en busca de la tan perseguida -y conseguida- perfección. A veces los temas cambian, el poeta prefiere el tema de la rosa, el tema del tiempo fugitivo o cualquier otro. Emplea el tema del mar, para él tan atrayente, o el tema de la lluvia. Y se asoma siempre, embelesado, ante el misterio del silencio, de la soledad. Cuando leíamos recientemente los poemas reunidos en Rien que... (1954) captábamos el sentido último del lirismo


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de Brull en busca de la plenitud del silencio y de la serenidad en este persistente diálogo con lo inefable de donde emergen todos sus versos." Salvador Bueno, Revista Carteles, , pp. 41, julio, 1956. "Pero el Verdehalago de Brull pertenece ya al reino de las jitanjáforas. Brull ideó, como travesura para una velada de familia, versos con palabras carentes de significado, pero con musical enlace de sonidos. Así nació la jitanjáfora, cuyo advenimiento narra Alfonso Reyes al evocar las reuniones que Brull, residente entonces en París, celebraba en su casa en 1929: «En aquella sala de familia, donde su suegro, el doctor Baralt, gustaba de recitar versos del Romanticismo y de la Restauración, era frecuente que hiciera declamar a las preciosas niñas de Brull. Éste resolvió un día renovar los géneros manidos. La sorpresa fue enorme y el efecto fue soberano. La mayorcita había aprendido el poema que su padre le preparó para al caso; y aceptando la burla con la inmediata comprensión de la infancia, en vez de volver sobre los machacones versos de párvulos, se puso a gorjear, llena de despejo, este verdadero trino de ave: Filiflama alabe cundre ala olalúnea alífera alveola jitanjáfora liris salumba salífera. Olivia oleo olorife alalai cánfora sandra milingítara girófora zumbra ulalindre calandra. Escogiendo la palabra más fragante de aquel ramo, di desde entonces en llamar "Jitanjáforas" a las niñas de Mariano Brull. Y ahora se me ocurre extender el término a todo este género de poema o fórmula verbal. Todos, a sabiendas o no, llevamos una jitanjáfora escondida como alondra en el pecho»". Max Henríquez Ureña, "Tránsito y Poesía de Mariano Brull", Boletín de la Academia Cubana de la Lengua, pp.49-69, enero-junio, 1958. "La traducción de poesía es un hecho que siempre nos deslumbra de contradicciones. ¿Cómo repetir lo único? ¿Qué es, en realidad, lo que se intenta expresar en otro idioma, cuando sabemos que lo esencial de todo poema, como diría el místico, es "un no sé qué, que se alcanza por ventura", y que esa ventura del poeta y del lector es inseparable del impulso espiritual que conduce a su hallazgo?... ...Pero entonces habría que convenir en que sólo pueden ser traductores los creadores, y aún más, que la traducción constituye un género independiente y especial, con su jeraquía y sus valores propios, dentro del ámbito de la creación poética. Sea o no sea aceptable en términos absolutos el juicio, Mariano Brull, como traductor de La Jeune Parque, lo justifica y lo ilustra. Su versión, en efecto, es ante todo la obra de un poeta, llena de sutiles aproximaciones que nos recuerdan la actividad creadora pura en la medida en que, también según Válery, escribir es siempre traducir. Lo cual no significa, y mucho menos desde que entramos con lo traducido en una relación tan íntima


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como la quería el autor de Narciso, que pueda darse a este trabajo ejemplar de Brull la categoría objetiva de perfecto, como no sea en le sentido de planteamiento impecable de un problema. Cada lector, al confrontar el texto bilingüe, subrayará las coincidencias y discrepancias de su gusto y de su penetración del poema original, con los resultados ofrecidos por el traductor." Cintio Vitier, Crítica sucesiva, pp.57-66, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1971. "El autor de Poemas en menguante no es ya el tímido adolescente elogiado por Salomón de la Selva; en vez de Darío y Nervo, son los poetas españoles de la Generación del 27 quienes podrán influir sobre sus versos: Federico García Lorca, Gerardo Diego, especialmente Jorge Guillén; el paisajista moderno cede su lugar a la complejidad del dibujo cubista, los artistas de vanguardia: Picasso, Chirico, Foujita fijan ahora su ideal plástico. El virtuosismo métrico ha sido sustituido por una versificación mas simple y aunque se mantiene la afinidad por la cerrada forma del soneto, hace su aparición el romance octosílabo con su frescura popular. La expresión se "mengua" de retórica y se hace mas juguetona e imaginativa. La plasticidad no sacrifica lo sonoro, así como la ingenuidad no desplaza cierta erudición inmediata: Yo me voy a la mar de junio, a la mar de junio, niña. Lunes, hay sol. Novilunio. A la mar canto llano del viejo Palestrina. Su mar no es el agitado Caribe de los huracanes y las dictaduras, sino el Mediterráneo clásico de Picasso y Juan Gris: Carrera de líneas en fuga de la prisión de los poliedros a la libertad de las parábolas -como la vio Picasso el dorioBrull se va aproximando a la búsqueda mallarmeana de la oculta resonancia de los vocablos, para recuperar las llamadas "palabras de la tribu", como vía para expresar la virginidad del sentimiento. Tal vez no sea la famosa tesis del abate Bremond la que más influya sobre él, sino la mezcla de la gran línea de la poesía francesa representada por Mallarme y Válery, con las inquietudes de la intelectualidad española que organizó el Homenaje a Góngora. De ahí vendrá el aliento para esa búsqueda de la "belleza verdadera/ sabor a eterna cosa por decir!". Los objetos reales no desaparecen pero tienden a ser situados en un contexto mas abstracto que les devuelve su novedad a la vez que se les priva de su historia. La "pureza" será rechazo de lo incidental anecdótico, no alejamiento de la realidad; cierto esquematismo en algunos textos no quitará el fervor juvenil al libro." Roberto Méndez Martínez, "Mariano Brull, introducción a la trasparencia", Letras Cubanas, (20): 146-157; 1994.


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Mariano Brull / biografía Mariano Brull Caballero nace en Camagüey, provincia de Cuba, el 24 de febrero de 1891. Siendo niño fue trasladado a España. Al regreso, ya adolescente, estudió la segunda enseñanza y comenzó a publicar sus primeros poemas en revistas de su ciudad natal. Desde 1912 formó parte de la Sociedad Filomática, y estuvo entre los fundadores de esta agrupación juvenil que llevó adelante diversos empeños de cultura; presidida desde sus inicios, durante varios años, por José María Chacón y Calvo. En 1913 se graduó de Doctor en Derecho en la Universidad de La Habana. Ejerció su profesión durante algunos años desde 1913 hasta 1917. Formó parte, de 1914 a 1915 del pequeño grupo reunido en torno a Pedro Henríquez Ureña. En 1917 fue designado secretario de segunda clase en la Delegación de Cuba en Washington. También prestó servicio diplomático en Lima, Bruselas, Madrid, París, Berna, Roma, Canadá y Uruguay. La llamada "poesía pura" tuvo en Brull un legítimo representante, mundialmente conocido, luego de que Alfonso Reyes adoptara su palabra inventada "jitanjáfora", para denominar un tipo de manifestación tropológica propia de la época de las vanguardias. Como poeta, recibió un fuerte influjo de la poesía francesa coetánea, quizás por sus prolongadas residencias en París, donde llegó a escribir poesía en francés. "Yo me voy a la mar de junio" muestra claramente el sentido íntimo y a la par el afán estéticamente perfeccionista que presidió su obra. Es también singular su poema "Epitafio a la rosa", con asunto que lo acerca a los orbes poéticos de Juan Ramón Jiménez y Eugenio Florit. Es notable la actividad literaria del autor en otras disciplinas, pese a que el centro de su expresión es la lírica, fue conferencista y escribió varios opúsculos, como un análisis de la poesía martiana, y dejó inédito un ensayo : "La poesía como experiencia secreta". Participó muy activamente en los Congresos de Cooperación Intelectual y en las tareas culturales de la UNESCO. Sus colaboraciones aparecieron en El Fígaro, Gaceta del Caribe, Espuela de Plata, Clavileño, Orígenes. Se le considera como el traductor de Paul Valéry, cuyos dos poemas principales, "La Jeune Parque" (1917) y "Le cimetière marin" (1920) llevó al español tras larga y paciente elaboración. Tradujo además a Joyce Kilmer, Dante Gabriel Rossetti, Mallarmé y otros autores. En carta dirigida a Marta Linares Pérez, autora del libro La Poesía pura en Cuba y su evolución; encontramos el testimonio de Luis A. Baralt, cuñado de Mariano Brull, donde podemos acercarnos a conocer un poco más al poeta:


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"El Mariano Brull escritor, el que se refleja en sus versos, era "exquisito", un buscador de la belleza recóndita que se esconde tras la apariencia de las cosas. Para captarla apuntaba palabras y más palabras en papelitos sueltos, las tachaba, sustituía, mondaba y pulía hasta que salía un poema. Huía siempre del lugar común y del clisé, sometiendo así a duras pruebas la imaginación de sus posibles lectores, los que a él no importaban fuesen muchos o pocos. Por eso se le considera poeta de capilla. Los que no lo conocieron más que los que lo trataron de cerca es su condición humana, su corazón generosísimo, presto siempre a ayudar a cuantos estuviesen necesitados de recursos materiales o de estímulo en el arte, cuyas causas tomaba con el ardor de cosa suya. Abría su bolsa a cualquier empresa noble. Por ejemplo, la publicación en París de las páginas escogidas de Martí traducidas al francés, cuya edición gestionó y costeó (anónimamente) casi solo. Ni se sabe tampoco de sus muchos intereses extrapoéticos. Conocía mucho, por su larga experiencia diplomática, de cuestiones de política internacional y de economía y le encantaban los negocios, en los cuales sí procedía más como poeta que como financiero, pues generalmente las pérdidas excedían a las ganancias. Lo que le fascinaba de los negocios era la aventura, el riesgo, la imaginación, o, las más de las veces, mostrarle a un amigo su fe en sus proyectos. En la vida íntima tenía Mariano un gran sentido del humor, pues sabía darles a las cosas un sentido distinto del que suele dárseles. En una fiesta invitaba a una amiga a emborracharse con limonada en vez de con ron (él era abstemio). "Lo mismo da una cosa que otra", decía, "lo importante es alegrarse". Le gustaba una casa o no según tuviese "buenos duendes" o "malos duendes". Para sus niñas escribía y éstas aprendían a recitar versos sin sentido lógico, esas "Jitanjáforas" que Alfonso Reyes comenta en un célebre ensayo. Refería Mariano con delectación cómo el escritor belga Herera (pronúnciese Herrerá) le preguntó una vez, al serle presentado como traductor de Valéry al español, si conocía algún traductor de Valéry al francés. Y así, tantas y tantas anécdotas recuerdo reveladoras del espíritu, la gracia, el ingenio con que transitó por la vida esta alma amable y finísima." Falleció en La Habana el 8 de junio de 1956. Sus cuatro poemarios en español editados en ediciones particulares La casa del silencio (1916), Poemas en menguante (1928), Canto redondo (1934) y Solo de rosa (1941), un libro de poemas traducidos al francés, Quelques poèmes (1926), dos libros de traducciones, los poemas monumentales Le cimetière marin (1930) y La jeune parque (1949) de Paul Valéry, y tres poemarios editados en ediciones bilingües francés y español, Poëmes (1939), Temps en Peine. Tiempo en pena (1950), Rien que ... (Nada más que ...) (1954) le otorgaron una sólida reputación literaria en el mundo de habla española y francesa como uno de los más brillantes escritores de la vanguardia latinoamericana Valoraciones y biografía reproducidos de cubaliteraria.com


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Muestrario de Poesía 1. La eternidad y un día y otros poemas / Roberto Sosa 2. El verbo nos ampare y otros poemas / Hugo Lindo 3. Canto de guerra de las cosas y otros poemas / Joaquín Pasos 4. Habitante del milagro y otros poemas / Eduardo Carranza 5. Propiedad del recuerdo y otros poemas / Franklin Mieses Burgos 6. Poesía vertical (selección) / Roberto Juarroz 7. Para vivir mañana y otros poemas / Washington Delgado. 8. Haikus / Matsuo Basho 9. La última tarde en esta tierra y otros poemas / Mahmud Darwish 10. Elegía sin nombre y otros poemas / Emilio Ballagas 11. Carta del exiliado y otros poemas / Ezra Pound 12. Unidos por las manos y otros poemas / Carlos Drummond de Andrade 13. Oda a nadie y otros poemas / Hans Magnus Enzersberger 14. Entender el rugido del tigre / Aimé Césaire 15. Poesía árabe / Antología de 16 poetas árabes contemporáneos 16. Voy a nombrar las cosas y otros poemas / Eliseo Diego 17. Muero de sed ante la fuente y otros poemas / Tom Raworth 18. Estoy de pie en un sueño y otros poemas / Ana Istarú 19. Señal de identidad y otros poemas / Norberto James Rawlings 20. Puedo sentirla viniendo de lejos / Derek Walcott 21. Epístola a los poetas que vendrán / Manuel Scorza 22. Antología de Spoon River / Edgar Lee Masters

23. Beso para la Mujer de Lot y otros poemas / Carlos Martínez Rivas 24. Antología esencial / Joseph Brodsky 25. El hombre al margen y otros poemas / Heberto Padilla 26. Réquiem y otros poemas / Ana Ajmátova 27. La novia mecánica y otros poemas / Jerome Rothenberg 28. La lengua de las cosas y otros poemas / José Emilio Pacheco 29. La tierra baldía y otros poemas / T.S. Eliot 30. El adivinador de hojas y otros poemas / Odysseas Elytis 31. Las ventajas de aprender y otros poemas / Kenneth Rexroth 32. Nunca de ti, ciudad y otros poemas / Czeslaw Milosz 33. El barco en llamas y otros poemas / Jaroslav Seifert 34. Uno escribe en el viento y otros poemas / Gonzalo Rojas 35. El animal que llora y otros poemas / Antonio Gamoneda 36. Los andamios del mundo y otros poemas / Ledo Ivo 37. Dominican Style y otros poemas / Alexis Gómez Rosa 38. Poesía francesa actual / Muestra de 40 autores 39. Número equivocado y otros poemas / Wislawa Szymborska 40. Desde la república de la conciencia y otros poemas / Seamus Heaney 41. La tierra giró para acercarnos y otros poemas / Eugenio Montejo 42. Secreto de familia y otros poemas / Blanca Varela 43. Tal vez no era pensar y otros poemas / Idea Vilariño 44. Bajo la alta luz inmerso y otros poemas / Mariano Brull


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Colección

Muestrario de Poesía 2009

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Mariano Brull