microficciones - en pocas palabras

Page 1


En pocas palabras

Micro ficciones


En pocas palabras Micro ficciones

Editorial Martin Colecciรณn DELAPALABRA


Queda hecho el depósito que marca la Ley 11.723 de Propiedad Intelectual. Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización de los autores. IMPRESO EN ARGENTINA Editorial Martin - 2013 Colección DELAPALABRA ISBN:978-987-543Se terminó de imprimir en los talleres gráficos de Editorial Martin sitos en Catamarca 3002, de la ciudad de Mar del Plata, en noviembre de 2013


Marisa Núñez

¿QUÉ COSAS IMPORTAN? Napoleón Bonaparte siempre usaba una camisa roja, para que en caso de ser herido en combate, las manchas de sangre se disimularan. Pensaba que de esa manera, sus fieles soldados no dejarían de luchar para asistirlo. Entre sus reflexiones la palabra destierro no figuraba. Tampoco imaginó que alguna vez lo llamarían “personaje nefasto”, pero sucedió. A los cincuenta y un años, la mayor cruzada napoleónica debió librarla en su cuerpo, pero fue derrotado por un cáncer de estómago. Después de seis años de exilio en la Isla de Santa Elena, tenía suficiente arsénico en sus huesos como para que el rojo resultara incoloro y que el color de la ropa ya no importara.

5


Olga Bertinetti

REBELIÓN Perfecciono el hábito de no habituarme cuestiono haber nacido madre no contesta manifiesta resistencia. Vivir es una alegoría. Comprometo las rutinas en una fila de hormigas negras el hábito es negro me queda chico

6


Marisa Núñez

IRONÍA Después de la muerte de su esposa, el hombre padeció insomnio. Probó con baños de inmersión, con tazas de leche tibia, con pastillas de colores, pero nada resultaba. Una noche agotado volvió a la vieja costumbre de contar ovejas, animales inofensivos si los hay. La primera noche tuvo resultados alentadores, la tercera noche se filtró un cuervo entre las ovejas, a la quinta noche un lobo entró en escena. El hombre dejó de intentarlo cuando reconoció a su mujer en el diablo que lo corría a él. Quiso dar marcha atrás, pero murió. En el velatorio, amigos y parientes decían “Eran tan unidos”

7


Gustavo Olaiz

LI PO: ASPIRACIÓN Li Po aspiraba al desarrollo espiritual. Por eso, en el año del conejo, decidió consultar a un monje shaolín sobre qué debía hacer para lograrlo. El respetable monje le pidió que le trajera el tigre más hermoso y terrible de todo el imperio. Para ello debía buscar en el interior, tanto de su conciencia como de la China. Aprendió todo lo necesario sobre los tigres y la manera de aprehenderlos. Atrapó varios de ellos pero ninguno le pareció a la altura del pedido del monje. 47 años después Li Po y sus adláteres fueron a ver al monje con el más deslumbrante tigre de la China, tan excepcional como peligroso. El monje, de edad incalculable y vista débil, se acercó a la jaula de la fiera para apreciar su magnificencia. El tigre de un zarpazo veloz y certero atrajo al anciano dentro de la jaula y se lo devoró en un santiamén. Era el año del tigre. 8


Marisa Núñez

OBEDIENCIA DEBIDA El entrenador de un equipo de fútbol ordenó a sus jugadores que salieran a “matar” a los rivales. Por fortuna, algunos no escucharon.

9


Macarena Bianchino

EL DIA QUE ME QUIERAS Cada noche de sábado Rubén asistía a la tanguería Los Duendes. Al llegar saludaba a Isabel, la camarera, y se sentaba en la primera mesa. Cuando ya no había clientes, aprovechaba la oportunidad para hablar con ella y el brillo de sus ojos lo hacía rejuvenecer. Siempre quiso confesarle sus sentimientos pero su timidez se lo impedía. Esa noche él llegó al boliche sintiéndose más animado de lo habitual, decidido a expresar lo que sentía por aquella mujer. Por primera vez sostuvo el micrófono y cantó El día que me quieras, atravesando con la voz y la mirada a Isabel. El lugar estalló en aplausos. Se dirigió hacia ella, la tomó por la cintura, estrechándola contra su cuerpo, y la besó. Salieron juntos y caminaron. Desde el azul del cielo, las estrellas celosas los miraron pasar.

10


Susana Trajtemberg

Cada maĂąana abro la ventana al gorriĂłn que picotea el vidrio Somos/ sin nombrarnos dos en el amor y un tercero de harinas.

MIGAS

11


Susana Enrique

ENAMORADA Se desvistió ante muchos, pero solo con él quedó desnuda.

12


Susana Enrique

Con helada ventisca La noche muestra hombres estalactitas

INSENSIBLES

13


Gustavo Olaiz

DIAGNÓSTICO Por favor, sea breve, dijo el psiquiatra a punto de dormirse. Resumo, aclaró Luis, mi ex es amante de un mejicano vinculado a un cartel de drogas de diseño. Por eso me persiguen... ¡Por favor!, lo interrumpió el doctor, veo que usted sufre una psicosis paranoica esquizoide con delirios de persecución. ¿Y en castellano doctor?, preguntó Luis. Lo imagina todo, fue la respuesta. Al salir del edificio, un Luis más seguro no advirtió al cuidacoches que agitaba su trapo. Ni al camión que obstruía la esquina dejando un espacio. Ni la moto que se acercó lenta a su espalda. Y se escuchó el primer disparo.

14


Gustavo Olaiz

ORFANDAD DE LOS RAYOS Fue alcanzado por un rayo. Su familia demandó al Estado. No prosperó. El país no es responsable de la meteorología de su espacio aéreo. Entonces los familiares demandaron a Dios. Fracasaron. Los cielos ya no pertenecen al altísimo, según el fallo.

15


Graciela Varela

CAMBIO DE HÁBITOS

El olivo despeinado por el viento, escupió brillantes y tentadoras aceitunas. Unas ardillas distraídas las comieron mientras los nogales aplaudían con sus chinchines de nueces. Meses después, pudieron verse las ardillas verdes sesteando bajo la sombra de un cerezo preocupado.

16


Susana Trajtemberg

Engañé al tiempo al girar rápido la esquina Él quedó perdido entre paredes y suburbios me perdió de vista Seré vigía de mis horas El tiempo es un crimen suelto que me busca EN MI BUSCA

17


Lidia Kabalín

AROMA DEL RECUERDO

Caminaba ligero entre la gente cuando algo me detuvo: un aroma golpeó en mí. Traté de ubicar de dónde provenía. ¿Era de ese joven que llevaba la mano en el bolsillo? Sin darme cuenta fui acercándome a él. “Usted me hizo recordar al café que solía darme mi madre en tiempos de cosecha”. Él sacó un pañuelo y me mostró los granos humedecidos. Toda nuestra infancia inundó la calle.

18


Daniel Battiston

*** Estรกs loca; le digo. No; dice. Pero ya no me mira. Es lo mejor que ha ocurrido en tu vida.

19


Víctor Clementi

DEL CLAN BAR Y BARRIO Sudaca new age por los tachos del cielo. Ciudaca, analfatetra trapito malandrea el esquiúnico rebusque

20


Víctor Clementi

***

La Musa me pegó un chupón y despabilé palabras. Luego, a la cucha a patearle los tobillos a la sombra.

DEL CLAN BAR Y BARRIO

21


Susana Trajtemberg

VIENEN POR MÍ

Una mujer que siempre dice adiós con sus labios de pólvora mojada. Jorge Boccanera

Pude escapar y no lo hice. El piso me enlazó en redes de miedo que diluí aterrada en saliva. Mi vida transcurría por el andén común de un tren a horario. La olla donde fermentaba el volcán de tomates hacia un futuro incierto era penetrado a mansalva con halagos de espátula, hasta llegarle al corazón. Me apaciguaba la mermelada como un manto de estrellas de las cuales a veces, saltaba alguna sobre mis brazos y me ardía la piel llena de rosas, y el dulce seguía su camino de dulce como una lava contenida por poco tiempo. Los ruidos que partían de la calle me inquietaban y aunque supe mentirme con rutinas, sabía que mi puerta sería arrasada. 22


Susana Trajtemberg

Mis latidos decían que faltaba poco y el deseo del fin se fue endulzando para acabar la espera. Tanto había ensayado para ese momento que no sentí dolor, tampoco lloré. Había hecho todos los dulces que me prometí. Sólo agité la espátula como una bandera y me entregué.

23


Graciela Noemí Barbero

EL BESO No sé qué me hirió más: si el primer beso o el último El primero, un engaño El otro, penoso adiós

24


Gustavo Olaiz

MIMETISMO

El médico (técnico) resopla desconcertado. Completamente perdido, no puede adivinar qué padece la persona (computadora). Ante la pregunta inevitable del paciente (usuario) responde: –¡Tiene un virus!

25


Ana Claudia Knรถpfler

DAร ADO Con las ilusiones mutiladas y un futuro enmendado, el cuerpo debiรณ cargar sobre los hombros su alma amputada, y seguir.

26


Graciela Noemí Barbero

SINFONÍA GRIS Llueve. Estoy aburrida. Leo en el diario las noticias policiales similares a las de los días anteriores: robos, arrebatos, muertes. Miro por la ventana. El hombre está parado en la esquina con un bolso. Camina unos pasos y vuelve al mismo lugar. La calle rebalsa de autos, grises, todos grises, como el cielo. Paró de llover. Por el vidrio de la ventana, aún bajan las gotas dibujando caminos que mueren en el marco gastado. El hombre sigue en la esquina. Saca un cigarrillo, lo enciende. El humo se dispersa por el viento que mueve las ramas de los árboles y las hilachas del pasacalle. Un auto se detiene. Desciende una mujer rubia que viste un saco verde. El auto se va. Varios perros merodean el cantero. Pasa una moto, más autos grises. El saco verde es lo único que resalta en la tarde gris. Otra moto intenta arrebatar el bolso del hombre. Se resiste. El de la moto dispara y huye. El saco verde se tiñe de rojo. Cierro la cortina. Guardo el diario. Sigo aburrida. 27


Ana María Lazzara

TRAVESTISMO

Se pone la capa y sonríe feliz. Entra el cazador. Lo hiere de muerte. Caperucita grita: —¡No! ¡Él sólo quería verse bella!

28


Ana Claudia Knรถpfler

Con una fuerza inexplicable brotรณ del barro, sabiendo que el amor propio es el sistema inmunolรณgico del alma. INMUNIDAD

29


Olga Bertinetti

REPLAY hubo un milagro en tu beso que muriĂł ahorcado de olvido quiso tu recuerdo robar mi tiempo fueron los aĂąos ausentes las horas suspiros vanos permanecĂ­ dormida envejecida de orgullo como una huella sin puerto 30


Ana María Lazzara

SOBERBIA

El hombre sonríe desafiante ante el laberinto. Se interna en él desoyendo la advertencia. Hace tiempo dejaron de buscarlo.

31


Daniel Battiston

afuera es el sonido gordo de la lluvia de abril café con leche música de tazas y soledades en veinte minutos subirá a un colectivo y afuera llueven muertos

32


Marisa Núñez

FINAL ALTERNATIVO

El reloj de pie da las doce campanadas, la muchacha corre hacia las pesadas puertas del palacio de cristal, pero éstas no abren. Es que el príncipe harto de perderla una y otra vez en cada cuento, ha ordenado sellarlas mientras los invitados bailan. Ahora todos encerrados descubren a la impostora por sus harapos, sus pies han crecido cinco números. El príncipe se espanta pero es tarde para los arrepentimientos, dice mi madre que me cambia el final del cuento.

33


Daniel Battiston

*** dos bocas sin parir palabras dos tazas de cafĂŠ esperan en el cenicero un cigarrillo se suicida

34


Ana MarĂ­a Lazzara

SOLEDAD Fuma sentado en la vereda. Cada tanto echa un trago de licor. Todas las tardes de todos los dĂ­as. Obstinado asistente a la cita con el amor.

35


Alejandra Fisichella

EXPERIENCIA

Hace ya muchos aĂąos, mi piel como asfalto perfecto. Hoy, mi piel como los adoquines de San Telmo. Vibran las piedras en mi cuerpo.

36


Alejandra Fisichella

PESADILLA

Despierto. Sale humo de mis dedos. Mis uñas huelen a pólvora. ¿Acaso habré matado a la bestia que desde niña acosa mis sueños?

37


Graciela NoemĂ­ Barbero

NADA Nada pasa cuando pasa la nada entre vos y yo Persigo la nada y nada me deja mĂĄs que desconsuelo y una nada gris

38


Ana MarĂ­a Lazzara

DEMASIADO TARDE

Paredes rojas. Luz difusa. Suena un tango en la victrola. Entre hombres y humo la ve. Ella, su querida, llora el alcohol del desamor. Sale a la calle y se pierde, silbando bajito.

39


Ana María Lazzara

ABORTO ¡Sí a la vida! ¡Soy dueña de mi cuerpo! Difícil elección.

40


Graciela Varela

LOS COLORES DEL ALMA Un encuentro inesperado es aquel que no se espera, pero un día cualquiera ese encuentro fortuito te cambia la vida y el mundo se detiene. Ese día cualquiera, en una esquina cualquiera, el mundo se detuvo y lo pinté de azul. Los mares desbordaron y los suelos se borraron, pero yo no tenía otros colores. Otro día cualquiera, quizá lo pinte de rojo.

41


Daniel Battiston

Amarillo muerte árbol savia sexo garra cárcel nudo aire lluvia ojo sueño esdrújula calma gota senda mujer pupila soga abrazo lengua ala cicatriz tiempo cuerda Caer

42


Graciela Varela

PROTESTA LITERARIA La hormiguita viajera no quiere viajar. Reclama viรกticos y vacaciones. Constancio Vigil muy sorprendido abriรณ enorme su boca y nos quedamos sin cuento hasta nuevo aviso.

43


Ana María Lazzara

TERQUEDAD

Provocan ira. Desatan intolerancia, persecución, crueldad, muerte. ¡Verdugos insensatos! Decidieron ignorar que las ideas nunca mueren.

44


Susana Enrique

SALVADOS

La madre vendió los zapatos del bebé sin usar. El pibe había nacido con los botines puestos.

45


Ana María Lazzara

LA FUERZA DE LA FE

¡Dios, ayúdame! No quiero ver como se acerca el final. Guillermo ordenó: ¡Voltea la manzana!

46


Estela Posada

¿Adónde estará la aurora? Se la comieron los pájaros hambrientos de la noche cuando estaba distraída.

DESTINO

47


Graciela Varela

EL ESPEJO CIEGO El espejo es un portal. Por él entran y salen colores, presencias y misterios; ahora ausentes. Lo traje de mi Tokio entrañable, que hace años tuve que abandonar. Ya no es el mismo. Escucho un tango. Ambos lloramos. Está ciego y me devuelve sombras. Ha muerto su alma El vapor nos nubla los ojos y oculta nuestra esencia. Lo vuelvo a cubrir. Ya no es mi espejo.

48


Estela Posada

La tarde acallรณ su espasmo y pereciรณ dormida entre los rojos del ocaso

22

49


Aurora Di Biasi

LO PROHIBIDO No pudo esconderlo. El padre le arrancó el epistolario y delante de su cara lo rompió en mil pedazos. La carta inconclusa cayó al suelo como una hoja de otoño. Un vecino de Buenos Aires había dado la voz de alarma: los epistolarios contenían pasajes de censura y los jóvenes los usaban para escribir sus cartas de amor. La brisa perfumada del jardín deslizó la hoja mostrando versos copiados: “Tiemble la hermosa, cuando, sola, al lado De su querido el corazón lata, Que contra el ruego de un amante amado Es imposible que el rubor combata” Eróticas quimeras silenciadas, amores coloniales. 50


Estela Posada

ASFIXIA Atorada, estupefacta, violeta de desesperación, trataba de escupirlo, agónica. Dos, tres, cuatro, ni sabe cuántas veces. Se golpeaba a sí misma con furia atragantada y no había caso. Trataban en vano de ayudarla, pero no expulsaba. De repente, zas, un golpe de suerte y escupió el poema.

51


Elena NuĂąez

***

Amanece. En una puerta sobre una manta deshilachada, duerme la miseria. Sin dolor, sin proyectos. Despierta la ciudad, apurada, indiferente. El frĂ­o cumpliĂł su objetivo.

52


Estela Posada

Mantel blanco. Plato vacío y una habitación helada Una mirada congela el pecho lleno de ternura ¡Quién diría que afuera es primavera!

LACÓNICO

53


Martha Conti

AMISH

El carro del heno quedó atrás. Corrió hasta el centro del campo. Se soltó la cofia. El pelo voló en el viento. Arrancó el delantal. Desabrochó los botones del corpiño ajustado. De espaldas se tendió en el lino. Desde ese cielo miraba el otro. No quiso pensar en el futuro.

54


Martha Conti

FACULTAD Sofía, afín a la filosofía concurre a la facultad de Filosofía y Letras. El profesor de presocráticos es un efebo fascinante. Sofía sólo puede pensar en filo. El profesor sólo en Sofía. Me parece que el curso va a ser un fracaso.

55


Olga Bertinetti

CORAZON

rígido

veo un fuego mal extinguido

en el último bastión de mi cuerpo transito su interior entre obsesiones el desierto de esta voz me aflige a veces sangra y lucha por latir en medio de alguna muerte

56


Martha Conti

CULEBRÓN Ella tejía con lana gruesa y formidables agujas de metal. Tejía y miraba sus culebrones preferidos. Él, apoltronado a la izquierda de la oreja de ella, le contaba su jornada de oficina igual a tantas otras. Un día ella terminó la vuelta para no perder puntos y le clavó la aguja libre en la yugular. Al juez le explicó que no había sufrido nada, que murió contento y en paz, seguro de que en el Purgatorio (lugar aburrido si los hay) encontraría orejas ansiosas de escuchar sus aventuras oficinescas.

57


Olga Bertinetti

DISCURSO multitud de frases huecas suben al tren de un viaje sin llegada la boca desmesuradamente abierta se pierde entre voces de pergamino y humo no se encuentra el รกrbol que le dio altura tampoco las palabras con ideas libertarias deja abierto el umbral de la guerra bajo promesas de cemento armado se lo busca en plaquetas de bronce algunos grafittis gritan su muerte 58


Aurora Di Biasi

FRÍO

Agujas de pino me han cosido a la tierra. Acostada sobre un colchón de agujas siento en mi cara heladas agujas de rocío. Tengo frío. Tengo frío de agujas.

59


Verónica García

DESARRAIGO Un cimbronazo primero. Otro. Siento el ardor metálico que se clava en cada una de mis raíces. Se suceden pausas y cortes. Atino a prever. Lo que hay en mí de vegetal impone la resistencia. La bruma enrarece el entorno mientras la tierra comienza a resultarme ajena. Deseo otras humedades. Quedan por fin los últimos lazos. Nada que un movimiento continuo y una entrega dócil no puedan remover. Quebrada soy libre. Me resta sobrevivir. 60


Verónica García

EROS Hay inviernos que no suceden a otoños. Entran puñalada. Cada poro echa su lágrima a un tiempo y los cuerpos son música de ambivalencias y ahogos. Se arrastra lo que queda hasta orillas huérfanas. Allí la desolación es ácido. Vuelvo a sentir el temblor que obliga al brote.

61


Laura Giraldez

FRACTUS Tropieza mi cuerpo miles de escallas me refractan transmigro, murmullo de Mi sangre retumba en los fragmentos, me deslizo por otras densidades el agua me envuelve la tierra puja el fuego ala mis brazos.

62


Marcela Predieri

sin vos ni lluvia desde tu mano en alto la sed me trepa

DESPEDIDA

63


Verónica García

COBARDÍA

Suelo encontrarme dentro de la piel de otro. Parada en un borde observando algo en la profundidad. Incertidumbre que el abismo me delata con su espanto como el propio excremento. También suelo dar la espalda y continuar como si nada. Pero hay una distancia infranqueable entre lo descubierto y la impasibilidad.

64


Verónica García

LIMÓN SUTIL

Huelo la madurez ácida que extiende una lágrima sobre mi piel. En ella descubro el espejo natural que me transporta hacia la savia interminable. Es en esa corriente donde quiero estar. Bailar hasta la raíz.

65


Verónica García

PELEA

El enojo amordazado busca escabullirse entre cenizas. La torpeza es cada vez mayor y un plasma de fango transporta las palabras. Llega el día en que el sol reseca lo aparente y luego lo más profundo hasta llegar al centro. La roca echa raíces y crece su fuerza. El secreto ya no puede contenerse más. Quedan desperdigadas las partes. Algunas vuelven a juntarse pero son arena o ripio. Hasta que, por memoria del fuego, una de ellas se licua desde el corazón, para fundirse con otra que en ese instante logra el mismo recuerdo.66


Verónica García

PODA Crecí con la costumbre de hacer pequeñas podas cada tanto. Elijo ramas, determino algunos aires y pasos. Aspiro el colibrí, el pájaro de los siete colores y el humor de la tarde. Apenas reparo en el despojo y la ausencia. Entonces cuando soy el entorno, crece impostergable la necesidad de derribar mis árboles enfermos. Invoco la mágica palabra y la pronuncio lento: no. Me sostienen la dolorosa fortaleza de la semilla y la tierra húmeda.

67


Alejandro Muñoz

MATRIZ Me arrojo al amplio abrazo del abismo Un sinfín o vórtice de mareas insaciables me acuna en la descomunal matriz primaria de la noche: soy la réplica del mundo recién creado) por los ojos del niño que lo observa. 68


Marcela Predieri

tu sombra prendida a mi deseo como una horca de agua

IRREMEDIABLE

69


Verónica García

MALICIOSA Ciertos jardines estimulan mi curiosidad. Los que tienen arbustos con forma de tetera. Césped de dos centímetros verde esmeralda. Las tuyas solitarias. El florido al punto ahogo con enanitos bribones. Los cercos de siempre verde podados hasta el hueso. ¿De qué ausencias, suciedades de qué rigideces hablan?

70


Verónica García

RETORNO Al poner el pie sobre el pasto de esa mañana el despertar es otro. Bordes de sol conmueven la raíz. El movimiento se origina en la transparencia de cada pétalo. Vuelan guiños. Los aromas traen el calor de la uva y promesas en las bocas que adormilan palabras. Todo sigue estando pero es poesía. Luz. El ave más libre se ha liberado. Supo madurar en desasosiego invernal. Deja su memoria prendida en cada vibración. Para que sea imposible disociar la magia de Julio.

71


Olga Bertinetti

ENTRETIEMPO Pido silencio tan sólo un gramo de silencio… Quintín Ochoa Romero

La brisa incauta papeles secretos el humo mata y traiciona las tijeras del bullicio cortan el tiempo Es hora de partir para no ahogarse en un diluvio de risas

72


Verónica García

VOYEUR Seleccioné frutos de piel muy fina. Hundí el cuchillo en rebanadas tantas veces como fue deleite. Maceraron con ramas de canela. Agregué lima sutil, un vaso de vino blanco y el aroma profundo transformó mi cocina en el universo. Fuego lento hora tras hora. Vigilia Es madrugada fresca de verano y como mi dulce de naranjas. ¿Quién compartiría esta curiosidad?

73


Marcela Predieri

PARQUE ACUĂ TICO La mujer no contesta, traga saliva. No pide, traga saliva. Levanta las medias, traga saliva. Nada reprocha. Traga saliva. Traga saliva. Traga saliva. Se hunde. Boquea como un pescadito. SonrĂ­e. Regala entradas gratis.

74


Marcela Predieri

HÍBRIDO Dejó de ser hija. Dejó de ser esposa. Dejó de ser amante. Su marido la dejó. Los hijos dejaron el nido. Por fin tiene tiempo de ir al psicoanalista. “¿En qué me he convertido?” La sesión no da frutos.

75


Olga Bertinetti

INMANENTE A veces soy tan yo que me gustarĂ­a ser otro oveja traidor flecha una llave de luz palabras pequeĂąas En la puerta de la vida existe una alianza un cruce de lenguas el camino es una vidriera donde no se habla de dolor He comenzado a descreer la calesita estĂĄ iluminada pero no logro hacerla girar 76


Marcela Predieri

FALTA DE SEGURIDAD El ladrón era corpulento: arrancó de cuajo la caja fuerte. Alto, por eso encontró en seguida las joyas del estante de arriba. Tenía la voz grave, firme: poco le costó que le dijera dónde estaban los verdes. El atraco fue rápido: en minutos volteó cajones, bolsos, mochilas y carteras sobre la cama. Después el tipo montó su moto y se fue. Ella montó en cólera: no se animó a pedirle que se la volteara. ¡Tenía un fierro!

77


Marcela Predieri

SOCIEDAD RURAL En un plato de trigo comen tres tigres trigo. Y el pan a 20$...

78


Andrea Marín

Espero despierta, luciérnaga en la noche oscura de mi mente, que sombras arabescas conviertan en suerte mi desvelo y los sueños alcancen los delirios de tus entrañas.

DESEO

79


Andrea Marin

VIAJERO SIN TIEMPO Viejo forastero recorriendo carreteras dejás música con marcas de ayer. Figura melancólica, embebida de ron, flirteas con los fantasmas del mañana. Viajero de copas, noctámbulo sin noche presente vivís en las lágrimas del desencanto. Tahúr de la vida espantada, hundida, cambiás fichas con el pasado en cualquier esquina mordida por el olvido.

80


Andrea Marin

Que las pupilas me borren y sigan su camino. Que mi morada sea estancia desconocida. Que mi ayer no llene maĂąanas. Que lĂĄgrimas ni risas me recuerden en nada.

PASAJERA FURTIVA

81


Andrea Marin

PROMESA Cuando el sol duerma te esperarĂŠ en la luna. Haremos el amor de cara a la Tierra. Enzarzaremos, entre las piernas, estrellas. Y seremos uno a la luz del lado oscuro...

82


Elena NuĂąez

Horizontes de luces danzan en el hueco de la noche el engaĂąo atraviesa extenso pedregal.

JUEGO PERVERSO

83


Elena NuĂąez

AMARRADA desde el comienzo de la aurora divago en las sombras donde mora la soledad

84


Elena NuĂąez

Cuando cae la noche crece el germen de de la vida en la arteria virtual.

TIEMPO

85


Aurora Di Biasi

TIEMPOS MODERNOS Después que Rosas declaró traidor a Urquiza, todos se apresuraron a apoyarlo, hasta entregando la fama. Santiago Calzadilla también quería sumarse pero no se le daba la ocasión. Unos días después, se encontró frente a Dña. Manuelita. Había salido del teatro y era llevada en un coche despojado de caballos por los “Patriotas Federales. Despacito se fue arrimando hasta que pudo empujar de la rueda derecha. Unos años más tardes, contaba aquella historia: “entre los que vi tirar del coche recuerdo al doctor Agrelo, al hijo, a don Rosendo Labardén, y a Toro y a Pareja. De los otros federales no recuerdo los nombres porque no los conocía entonces y hoy son muy unitarios”. 86


Elena NuĂąez

Sin principios salvaje e indĂłmita pariste el infierno

***

87


Marcela Predieri

COMEDIDA No abras, le dije a mi esposo todavía amodorrada. Eran las tres y media de la tarde, sábado, los chicos de campamento, llovía a cántaros. El timbre sonó otra vez. Y otra. Era mi suegra. Traía budín de chocolate para “el nene”. Planchó sus camisas, jugamos al chin chon y a la escoba de quince; hizo dos kilos de ñoquis para cuando volvieran los chicos y mientras me daba un gran beso me dijo: Ahora me voy… Todo esto lo hago por ustedes. Mañana vuelvo temprano así comemos un asadito. No te preocupes, yo traigo las ensaladas. Mi marido, por supuesto, se ofreció a acercarla hasta su casa. Yo no creo en brujas pero que las hay, las hay. 88


Elena NuĂąez

cautiva la inteligencia sangra la herida sin llanto por llorar.

POEMA

89


Elena NuĂąez

La noche se acaba no hay mentira que sostener.

90


Alejandra Fisichella

AFUERA Y ADENTRO Llueve aquí. Llueve allá. Los techos se rajan, gotean. Ríos se deslizan como serpientes por las paredes. Por todos mis orificios no paro de despedir agua.

91


Alejandra Fisichella

PROVISIÓN La gota cae en mi frente. Me despierta y se parte en dos. Cada una se desliza hacia mis ojos. Ingresan en mí. Ya nunca más me faltarán lágrimas.

92


Elena NuĂąez

Duerme la noche susurro de voces abrazo sin brazos traspasa la pena.

93


Elena Nuñez

La fiera sonríe inmersa en el espacio infinito.

94


Juan Marcelo González

REVELACIONES 32 BARRILETE DEUS Un día los hombres de la tierra decidieron que necesitaban un Dios que les guiara en su camino, y en un gran concurso eligieron al más sabio y justo de entre ellos. Con un hilo de oro lo remontaron a las alturas en donde velaría por los destinos de todos. La gente, satisfecha entonces, siguió dedicándose a sus vidas, y con el tiempo lo olvidaron. Y ahí se mantuvo. Hasta que la cuerda que lo unía a la humanidad, debilitada, se cortó. Y Él derivó por los cielos, libre de sus creadores, como un barrilete perdido en el viento. 95


Juan Marcelo González

15 HERENCIA DE SANGRE A pesar de sus dudas y de lo mucho que se opuso, fue elegido Rey. No era su deseo, pero era una cuestión de sangre, de herencia. Su padre había reinado por siempre, y ahora era su turno. Trató de huir y ocultarse entre sus súbditos para pasar inadvertido, para buscar su propio destino, pero fue inútil. Finalmente fue descubierto, y a modo de castigo (y ejemplo para el resto) fue crucificado e inmortalizado el día de su coronación.

96


Juan Marcelo González

65 MILAGRO IMPERFECTO El mendigo se le acercó y le pidió algo de comer. Se tanteó los bolsillos buscando alguna moneda pero él también era pobre. Así que trató de hacer un milagro (después de todo ese era su don). Se imaginó en el aire un pez y un trozo de pan, y haciendo un gran esfuerzo logró materializarlos. Pero aún no dominaba su poder, y las apariciones continuaron multiplicándose sin cesar. Cuando por fin logró detener el milagro todos en el pueblo habían sido bendecidos con alimentos. Fue alabado inmediatamente, pero él se sintió avergonzado por su falta de precisión.

97


Juan Marcelo González

42 EL OCTAVO DÍA. Y el octavo día despertó. Y al mirar sobre la almohada sintió ganas de vomitar. En silencio se vistió, y salió al pasillo tratando de recordar el camino de salida. Y en la cama quedó el germen de la vida que había creado, y por la que nunca más se interesaría.

98


Elena Nuñez

Salpicó la noche tu embrujo el engaño del adiós.

***

99


Alejandra Fisichella

SEQUĂ?A Sudo granos de arena. Vomito dunas. Lloro todo un desierto. La falta de amor me ha dejado seca.

100


Elena NuĂąez

En la inmensidad de la angustia despierta la aurora marca la huella.

101


Alejandra Fisichella

SOLO SIN NADA NI NADIE Cuando TODOS se fueron quedรณ NADIE, y NADIE quedรณ solo. Solo con miedo a no ser nada, a ser nadie, a ser todos.

102


Marcela Predieri

destaja el barranco un grito de palomas

SUDESTADA

103


Alejandra Fisichella

NIÑEZ INTERRUMPIDA

Hace ya muchos años mi mamá se enojó conmigo y arrojó con bronca mi muñeca articulada al piso. Llorando la levanté. El plástico en la rodilla se abrió y la articulación quedó a la vista. Desde ese día no me han dejado de doler los huesos.

104


Alejandra Fisichella

LOCURA ONĂ?RICA Las bocinas entran por mi ventana. Me atropellan, me desquician. Las luces de los autos me atraviesan los pĂĄrpados, me chocan. De pronto abro los ojos. Estoy en la gran Avenida, sentada, desnuda, sola.

105


Juan Miguel Idiazabal

107 Sรณlo somos un punto negro en la cara del universo

106


Juan Miguel Idiazabal

Sรณlo somos una cuerda en la gigantesca guitarra cรณsmica.

108

107


Alejandra Fisichella

DESIDIA Cecilio, el vagabundo, todas las noches en la plaza mayor antes de dormir sobre los cartones en los cuales esboza el sueño, cuenta una por una las estrellas de su cielo. Y no son pocas. Un día una de ellas vino a él. Lo despertó. Él la miró. Ella le iluminó la cara pero él siguió durmiendo.

108


Alejandra Fisichella

OPRESIÓN Conté las cabezas que había en la cajita de fósforos. Ayer una. Hoy dos. La cajita se cierra y al abrirse nuevamente miles la llenan. Tantas que no las puedo contar. Imperiosas voces dictan cerrar la caja. Mis lágrimas pesadas caen sobre ella. Me asfixia la pena.

109


Victoria Blanco

UN NOMBRE CON ROJO Sintió el frío aliento de un “Te Quiero” y empujó los besos por el balcón Los colores se opacaron cuando una lágrima arañó el espejo Maquilló de negro sus manos sus excusas su ingenuidad Asfixió un cigarro moribundo mientras esparcía las cenizas por la cama Rasguñó en su piel un recuerdo tras otro y decoró el pico de una botella con lápiz labial Suspiró Gritó Lloró Tentó sus instintos una y otra vez hasta que decidió enterrar en sus venas el borde más filoso de su pasado 110


Alejandra Fisichella

SINFÍN Soñé que soñaba que estaba en un sueño en el que dormía y soñaba que estoy en un sueño del que nunca despierto.

111


Aurora Di Biasi

ENGAÑADO Ante la infidelidad, el asombro. Con el asombro, el desencanto. Después del dolor, la ira que recorre el cuerpo. Busca salir y encuentra las manos: se engrosan las venas, la piel enrojece, los ligamentos se tensan, los dedos se crispan, se encorvan y aprietan… aprietan…aprietan…

112


Alejandra Fisichella

MISTERIO Una mosca está parada sobre la novena cuenta de la quinta decena de un rosario. Después de un rato vuela hacia la décima. ¿Qué tipo de pecado puede estar purgando una mosca?

113


Alejandra Fisichella

INSPIRACIÓN INCONTROLABLE No puedo dormir. Mi mente le dicta poesías a mi mano que, al escribir frenéticamente, me despierta.

114


Alejandra Fisichella

AHOGO El anillo ha mutado. Ya no está en mi dedo. Está ahora alrededor de mis manos, pies y cuello. Ya no es de oro, es de hierro. Quitarlo, no puedo. ¿Acaso estas argollas abren con una llave y no la veo?

115


Alejandra Fisichella

FATALIDAD Escucho un grito a lo lejos. Trato de abrir los ojos para ver quĂŠ pasa pero ya no puedo.

116


Alejandra Fisichella

REMATE Cuando se paró entre los presentes para leer su poema abrió la boca y tosió una aceituna. Volvió a abrir la boca y tosió otra. Abrió nuevamente la boca para decir la primera palabra pero tosió otra aceituna. Y tosió una tras otra hasta que se formó una pila negra. El público, expectante. La última aceituna fue verde. La gente la ovacionó de pie.

117


Teresita Vago

ATARDECER La hoja se mece con el viento tranquilo Una sonrisa al morir el sol

118


Teresita Vago

Como tus pies en el agua que fluye AsĂ­ la luna

HAIKU

119


Susana Trajtemberg

LA HERENCIA BORDÓ Desde que papá se marchó ella comenzó con aquellas rarezas que por ser niños debíamos soportar y obedecer. Por las tardes, sacábamos a pasear a la maceta del geranio bordó, ésa que había trasplantado papá, un día antes de entregarse a las vías. Vagábamos con ella por el barrio como si fuera una mascota. Se comportaba como un perrito moviendo los pimpollos con compases propios. Diseñamos con el chasis del camioncito viejo, un carrito de paseo al que sujetamos una correa de perro, descubierta entre restos de mudanzas, en el galpón del fondo. Así, el paseo con el geranio subió de categoría. Los chicos ya no se burlaban, sino, por el contrario, nos daban unas moneditas para poder hacerlo ellos, y nosotros como grandes empresarios lo controlábamos todo de reojo y de lejos, como hacían los capataces con los peones del ferrocarril. Después nos turnábamos, mi hermano se quedaba con los chicos y casi siempre yo, por ser el mayor, la vigilaba, a la vieja, claro, porque 120


entre tantas manías, se le dio por ir todas las tardes a la estación. Cada día se acercaba más al tren en el que llegaba papá. Me pareció que no tenía buenas intenciones. Recordé cómo, después de que lo echaron del trabajo, lo vi hacer lo mismo, pero me había hecho el tonto, hasta el último día en que lloró por primera vez y me prohibió que lo acompañara empujándome entre hosco y melancólico. Cuánto nos costó hacer el segundo carrito para llevar a mamá; por el peso se nos iba para ambos lados. Al principio, le provocaba alguna que otra sonrisa, aunque por poco tiempo, después se fue secando mientras el geranio florecía y vendíamos gajitos y nos encargaban cada vez más. Ella se achicaba como una ramita seca, mustia. El recorrido cada vez se tornó más fácil porque al perder peso era como pasear una nube. Sentimos alivio a medida que se resecaba. Nuestra madre iba transformándose en un geranio de pimpollos muertos.

121


Teresita Vago

SIN AURA Luna que estรกs sola, dame tu mano deja que la lluvia te vea llorar ese dolor

122


Juan Miguel Idiazabal

Quema el tĂŠ mientras baja por mi garganta, duele menos que cuando soltaste mis manos.

101

123


Juan Miguel Idiazabal

54 Lavado, frío y dulce así me supo tu último beso.

124


Claudia Gabriela Morro

CALLE DE DOBLE MANO

Disfrutamos las horas deseando que no terminaran. Destino tramposo con música en inglés. Nos dimos lo que buscábamos, fuego contra el fuego. Pasamos la noche rescatándonos de nuestras certezas. Entre miradas que acusan y ese flaco olor del frío, un whisky. Y mi sabor en tu piel. Hoy cenizas. Pero sigues brillando tú, diamante loco.

125


Teresita Vago

DESPERTAR Tostada dulce Sentimentalmente Luz

126


Teresita Vago

Flores marchitas sin un pĂŠtalo de fe mueren como un ave dormida en mi regazo

AUSENCIA

127


Martha Conti

AMOR Se conocieron en el cementerio. Primero fueron buenos amigos. Después decidieron ponerse de novios. Se contaron sus vidas con todo detalle: ella le hablaba del marido, él de su mujer. Aspiraban el perfume de las flores que dejaban. Cuando caía el sol rápidamente, y se iban todas las visitas, y el guardián cerraba las enormes puertas de hierro, cada uno volvía a su tumba. Tenían miedo de andar solos por ahí vagando de noche por un cementerio.

128


Alejandra Fisichella

VIDA

La corta vida de una lágrima nace junto a otras iguales a ella. Cada centímetro de mejilla recorrida equivale a diez años nuestros. A veces, a mitad de camino la recoge una mano o aterriza en un pañuelo. Otras, más fatídicas, cuando llega al borde no le queda más que saltar al vacío, y se estrella contra el piso.

129


Alejandra Fisichella

DESTRUCCIÓN Me corto a pedazos las uñas. Arranco la piel de los costados hasta que se agrieta, sangra. Por la noche, miles de minúsculos obreros salen a reconstruir lo que en la vigilia destruyo.

130


Martha Conti

¿POR QUÉ? El bosque era una catedral silenciosa: bronce, cobre, oro. Muerto el sol llegó la niebla y después el viento. Bronce: una hoja cayó sobre sus pies desnudos. Cobre: una hoja cayó sobre su pecho. Oro: una hoja cayó sobre su boca. El viejo roble se pregunta por qué estará muerta.

131


Olga Bertinetti

UN CAFÉ Se escurren lågrimas calientes por el abismo de la taza Camino tus pasillos de diålogos que aturden Afuera el agua corre alcantarillas de miseria en el umbral la verdad duerme los labios inician muecas Algo se silencia El mozo cobra la soledad se consume gratis

132


Verónica García

INMOVILIDAD Tengo una planta en el jardín de la que no me acuerdo el nombre. En algún momento lo supe. Sus hojas son como pequeñas monedas de cobre, de un rojizo fuerte casi bordó. Hace unos minutos la observé después de mucho tiempo. Ha crecido el doble de su tamaño o más. Tiene pocas hojas porque estamos en otoño avanzado. Verdes. No está en el lugar que necesita. A pesar de eso sigue creciendo. No puede moverse de donde está. Yo tampoco. Un último detalle: he desarrollado unas espinas enormes.

133


Marisa Núñez

MI CITA FAVORITA La mujer de la que me enamoré cargaba una pena honda. Yo me esforzaba en hacerla feliz y de cuando en cuando, le sacaba un lustre a sus ojos negros, pero ella con un movimiento rápido ocultaba su sonrisa. Yo le decía: -“Fíjese que cuando sonríe se le forman unas comillas en cada extremo de la boca. Esa, su boca, es mi cita favorita.” A pesar de los ruegos de mi madre, nos casamos en otoño. La primera noche de luna llena la encontré cabizbaja frente al fuego. Con horror vi su tercer ojo coronando su cabeza. Saltó luciendo sus dientes puntiagudos. El resto fue rápido y sin dolor. 134


Marta Zaporowski

DIFERENCIA GENERACIONAL

Hamlet se debate entre Ser o No Ser. Gertrudis, su enlutada y sacrificada madre, grita: “¿Qué haces con la calavera de tu abuela?”

135


Guillermo Lรณpez Geada

LOS QUE ANOCHECEN se trepan a la ciudad con las manos duras acarician puertas heladas prueban cementos finos saltan por los techos y no alcanza a escucharse nadie los imprime si no sangran el charco el espejo donde sus preguntas tiemblan

136


Teresita Vago

Colores nostalgia brillan mรกs allรก del sol Hojas de cielo Sol de lino

VESPERTINO

137


Marta Zaporowski

ERRORES BÍBLICOS

Eva y Adán miran a sus hijos pelear. En su diálogo lamentan sus fracasos y angustias: “No tuvimos padres y encima por comer una manzana que nunca habíamos visto, nos echaron del paraíso.”

138


Marta Zaporowski

CONFESIONES DESESPERADAS

Eva, llorando desesperada sobre el hombro de Abel, se confiesa: “Me acusan de dejarme engañar por una víbora para llevar a tu padre al pecado. Si sólo soy una pobre costilla…”

139


Teresita Vago

SERENIDAD Ramas silvestres duermen su hibernada El viento mece las hojas a la melodía de un café Ahí está el tiempo esperando una caricia que está por llegar

140


Laura NoemĂ­ Giraldez

Estibadoras de palabras Secretos de abanicos y folletos Soledades de tĂŠ Encerradas en la bruma del tiempo

NUSHU

141


Aurora Di Biasi

DESILUSIÓN

Como el madero de la mesa del poeta, mi musa llegó empujada por las olas del Pacífico. Fui a buscarla. Ella, confundida, se fue con otro escritor.

142


Juan Miguel Idiazabal

Hacia tu rostro triste camina el tiempo empujado por besos terroristas de felicidad.

61

143


Juan Miguel Idiazabal

91 Corrijo cuentos al son de baladas de heavy metal No llames a mi puerta mi alma vaga por mundos de papel

144


Laura NoemĂ­ Giraldez

Estallo en aromas Me petaliso Soy amanecer

ARROGANCIA

145


Aurora Di Biasi

UNA CALLE La calle de las caracolas está en el puerto. Bajo mis pies crujen las valvas resecas. Es divertido pisarlas. Los días brillan en los nácares quebrados. Como cucharitas, recogen el agua de lluvia y se convierten en espejos. Está en los arrabales y sólo yo la conozco.

146


Marta Zaporowski

NAUFRAGIO Inspirada en la paciente Penélope, María tejió y tejió por más de veinte años mientras esperaba el regreso de su esposo que había salido a la mar. El apego a las agujas no consiguió traerlo de regreso. No tuvo la suerte de Ulises. A veces las leyendas no son realidad.

147


Marta Zaporowski

EL PODER DEL DESEO El deseo de juntarse del Océano Atlántico con el Pacífico se cumplió gracias al arrojo de un tal Magallanes, quien atravesó un estrecho no tan estrecho que separa al continente de la isla del Fin del Mundo. Por celos o por distancia, cerca del Trópico de Cáncer, crearon un imponente canal que también los acercó. En el murmurar del mar se escucha decir que todo se puede.

148


Verónica García

ABYECTO Pronuncio en costura apretada la a. Prosigo en una b de jactancias que se demoran. Troca en silbido filoso el temblor del labio superior derecho. Es levísima la contracción del orificio nasal respectivo. Concluyo con una enorme duda.

149


Victoria Blanco

ADIÓS AGRIDULCE Desnudé el miedo de amar cuando sus ojos abrazaron mi firmeza. Me encandiló su mirada, me intrigó su soledad. Apuré el paso, descolgué de mi espalda las penas. Encerré entre dientes la libertad, decidí jugar al amor. Él acurrucó en sus brazos el tiempo perdido, embebió de historias la comisura de mis labios. Su cariño desafinó la paz de mi alma, sus besos me humedecieron la cara, la rigidez, la frialdad. Me enamoré. Y cuando lo supe, me fui de su lado.

150


Alejandro Gómez

DESDE LA INFAMIA Se suicidó una mañana de verano, quería probar que una muerte cruenta podía lavar todas sus culpas; la Ballester Molina quedó aferrada a su mano izquierda y sobre la mesa la carta dirigida al juez. La cápsula de bronce rebotó una y otra vez contra los cerámicos del piso hasta perderse detrás de un mueble donde colgaba el uniforme. Durante unos instantes perduró el olor a carne quemada y el ruido de su cuerpo deslizándose hasta el suelo; un brote rojo fluía del enorme boquete en su cabeza. Desde ahí el diablo lo sacó a tirones y contra su voluntad se lo llevó al infierno. Él aducía que ya había pagado sus pecados, el otro aseguraba que aún no había comenzado. Un cerrado aplauso crepitó desde algún lado e infinidad de víctimas comenzaron a evaluar el alcance de la justicia. 151


Juan Miguel Idiazabal

5 Como Moby Dick azotarĂŠ tu barca para traerte aquĂ­ a mi lado.

152


Juan Miguel Idiazabal

Viajar hasta soĂąar tu sonrisa y arribar a tus besos.

15

153


Ana M. Rodríguez Arbizu

LA RUTINA Ella está en su oficina. Siente olor a flores muertas. Termina de trabajar y se va a su casa. Siente olor a flores muertas. Deben ser las cloacas, dice la gente cuando ella pasa, cumpliendo la rutina de fantasma común, previsible y trabajador con mutual, sindicato y jubilación. Es del tercer mundo, y se sabe que ni los fantasmas pueden dejar de trabajar.

154


Ana M. Rodríguez Arbizu

EL TIEMPO NO ES PARA CUALQUIERA Hay que tenerle paciencia. Peor es la muerte, cuando se viste con mantilla y capa negra, y con un solo ojo vigila. Y además no sonríe, odia a todo el mundo: su papá no la quería y su mamá se fue. Y ella decidió ganarse la vida trabajando de muerte. Y lo viene haciendo contra el tiempo que, para jorobarla, sigue fabricando vidas.

155


Lidia Kabalín

*** Arreciaba la tormenta Nubes negras opacaron el agua Sólo se oyó un árbol caer La hoja se cubrió de noche

156


Laura Noemí Giraldez

Nocturna tímida solitaria teje en su hil-orgasmo entretelas y sacrificios misteriosa urdimbre hilandera del destino.

ARÁCNIDA

157


Victoria Blanco

PASIĂ“N Nos buscamos nos deseamos Sin hablarnos sin amarnos

nos miramos nos decimos sin tocarnos sin prohibirnos

158


Ana M. Rodríguez Arbizu

1975 Las botas pisaban fuerte atrás de mi cabeza. Andan por el pasillo, una pared las separa de mi cama. No respiro para escuchar mejor. El miedo va y viene. ¿Por dónde escapo si tengo que escapar? Alguien dice: ustedes se van por atrás, yo los entretengo por adelante. Se le ahoga la vida en la garganta, y el pecho es oscuridad entre las sábanas. Hay que seguir durmiendo aunque las botas pasen, a cada rato, las malditas botas. Por el pasillo de la casa de al lado, espera que sea eso, gente común. Y si no es así, y si es que vienen, y no los para nadie, y nadie sabe nada, yo no fui, y por algo será. Duerme por ratos, Se le despiertan los ojos por ratos. Y siempre va a ser igual, noche a noche, va a ser igual. Entonces cambia de cama, de pasillo, de casa. Porque dentro de un tiempo esto habrá pasado, nunca más te va a preocupar y mirá, ni te vas a acordar. ¿Vos creés? 159


Victoria Blanco

HISTORIA (MAL CONTADA) Crujiéndote los otoños acariciando tu ayer Entre tus líneas desalineadas revivo batallas triunfos honores ¿Derrotas? No hay muertos que escriban libros

160


Susana Enrique

CUESTIÓN DE GÉNERO Al volver del trabajo, Tomás dejó el casco y el overol sobre la mesa para salir al rato, después de pintarse las uñas.

161


Susana Enrique

CONCIENCIA Despertó envuelto en una mortaja embarrada, dentro de una tumba que no le pertenecía.

162


Macarena Bianchino.

Libertad que te encierra. Ata tu cuello e impide que respires. Te ahoga y te sofoca pero igual corrĂŠs dentro de un espacio mentiroso, creyendo esa falsa realidad que te cuentan

LA BURBUJA

163


Victoria Blanco

ESE HOMBRE

A mi abuelo

Fue un hombre río un hombre piedra hombre barro agua Aprendí de Él a amar el silencio el olor turbio a la orilla del alma Fue un hombre mito un hombre cerro hombre “hombro” oído Aprendí de Él a escuchar los llantos los gritos sobrios que aprisiona el vacío Fue un hombre muerto un hombre leyenda hombre espera esclavo Aprendí de Él el valor de lo simple, los actos pequeños los besos sin labio Fue un hombre Amigo un hombre Bueno hombre Solo Un Hombre 164


Victoria Blanco

ยกMaldigo la brevedad del momento! Recuerdos que se escurren a la velocidad que se derrama una lรกgrima.

EFร MERO

165


166


ÍNDICE Alejandra Fisichella: 36, 37, 91, 92, 100, 102, 104, 105, 108, 109, 111, 113, 114, 115, 116, 117, 129, 130, Alejandro Gómez 151 Alejandro Muñoz 68 Ana Claudia Knöpfler 26, 29 Ana María Lazzara 28, 31, 35, 39, 40, 44, 46. Ana M. Rodríguez Arbizu 154, 155, 159 Andrea Marin 79, 80, 81, 82, Aurora Di Biasi 50, 59, 86, 112, 142, 146. Claudia Gabriela Morro 125 Daniel Battiston 19, 32, 34, 42 Elena Nuñez 52, 83, 84, 85, 87, 89, 90, 93, 94, 99, 101. Estela Posada 47, 49, 51, 53. Graciela Noemí Barbero 24, 27, 38. Graciela Varela 16, 41, 43, 48. Guillermo López Geada 136 167


Gustavo Olaiz Juan Marcelo González Juan Miguel Idiazabal Laura Noemí Giraldez Lidia Kabalín Macarena Bianchino Marcela Predieri Marisa Núñez Marta Zaporowski Martha Conti Olga Bertinetti Susana Enrique Susana Trajtemberg Teresita Vago Verónica García Víctor Clementi Victoria Blanco

8, 14, 15, 25. 95, 96, 97, 98. 106, 107, 123, 124, 143, 144, 152, 153. 62, 141, 145, 157. 18, 156. 10, 163 63, 69, 74, 75, 77, 78, 88, 103. 5, 7, 9, 33, 134. 135, 138, 139, 147, 148. 54, 55, 57, 128, 131 6, 30, 56, 58, 72, 76, 132. 12, 13, 45, 161, 162. 11, 17, 22, 23, 120. 118, 119, 122, 126, 127, 137, 140. 60, 61, 64, 65, 66, 67, 70, 71, 73, 133, 149. 20, 21. 110, 150, 158, 160, 164, 165. 168