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Invierno 2013


Staff Idea: Marcela Predieri (marcela.predieri@gmail.com) Director: Gustavo Olaiz (gsolaiz@gmail.com) Secretaria de redacción: Cristina Mendiry (cmendiry@hotmail.com) Realización: “DELAPALABRA” Grupos de Estudio y Creación Literaria Página WEB: www.delapalabra.com.ar Editor responsable: Ricardo Marcelo Martín Catamarca 3002 - 7600 Mar del Plata - Buenos Aires - Argentina e-mail: editor@editorialmartin.com Diagramación y armado: Gustavo Olaiz Diseño y Foto de Tapa: Javiera Miraglia (javieramiraglia.blogspot.com.ar) Corrección: Silvia Politano (silviabpolitano@gmail.com) Colaboradores: Ana Labandal - Alicia Corrado Mélin Ana Pocorena - Marcela Predieri Roberto Di Vita - Gabriel Cabrejas Rodrigo Ramos - Graciela Barbero

LA AVISPA (Versión digital): www.delapalabra.com.ar/revistaLA2.htm Colaboraciones a: avispa.mdp@gmail.com Libros y/o revistas a: Pellegrini 3637 - 7600 - Mar del Plata La dirección no se hace responsable de los conceptos vertidos por los autores. Permitida su reproducción por cualquier medio (es más se agradece) siempre y cuando se respete el nombre del autor y se cite la fuente.

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Edit orial

CRISTINA MENDIRY cmendiry@hotmail.com

El historiador Michel Winock (1937) –Profesor de Historia Contemporánea en el Instituto de Estudios Políticos de París– publicó el 4 de julio de 1973 un documento en donde manifestaba que en medio de todas las conmociones no cesa de aumentar la importancia del trabajo intelectual. Dicho así, considera que las armas de la crítica, cuando se pueden usar, son superiores a la crítica de las armas. Sea cual fuere la parte del mundo donde se encuentre el campo en que uno esté comprometido, decir la verdad es la tarea principal del intelectual. De ello resulta que todo medio que no se oriente en función del fin buscado, debe ser recusado en nombre de la moral política más elemental. Tanto como no existen libertades formales que puedan suprimirse, hay que extender esas libertades hasta que ya no sean el privilegio de algunos. Y aún así, la violencia, que forma parte de nuestro mundo, no ha de desaparecer fácilmente. En una época que estimula la cooperación independiente, el conocimiento mutuo y el intercambio como una forma privilegiada de crecimiento, la verdad tiende puentes, y alienta la circulación sin fronteras. Una era para la cual la cultura es aquello que se aprende del otro.

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Cuatrocientos siglos de Arte:

Gracias al documental “La cueva de los sueños olvidados” de Werner Herzog podemos enterarnos de que las pinturas prehistóricas tienen una datación de al menos 32000 años. Flautas y estatuillas de 40 a 30 mil años. El arte se relaciona con el hombre moderno (Cro-Magnon) que convivía en esas lejanas épocas con los neandertales. En la cueva Chauvet (descubierta en 1994) se ha adelantado el comienzo del arte rupestre unos miles de años. En el siglo XIX la incredulidad que era total para las pinturas de Altamira, tuvo que ir cediendo a medida que fueron descubriéndose más y más pinturas en otras cavernas. Los ancestros del ser humano también se han revelado muy antiguos, los homínidos (simios bípedos) como el fósil Ardi se dataron en 4,4 millones de años. Otros se sitúan en dos o tres millones de años más viejos. Si bien el primer homínido considerado humano es el homo habilis de unos dos millones de años de antigüedad aproximadamente. La Avispa también es cada vez más vieja, esta es la 58 (59 números). Al contrario de la datación histórica que no tiene año cero nuestra revista se inició en el número cero. GUSTAVO OLAIZ gsolaiz@gmail.com Imagen: caballos pintados en la cueva Chauvet.

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Poesía FER DE LA CRUZ HERNÁN RIVEIRO HORACIO GÓMEZ ROSSY EVELYN LIMA ANTONIO LOBO GABRIEL AVILÉS SERGIO GIULIODIBARI MAX COSTA MARTÍNEZ JESÚS GARCÍA CLAVIJO OLGA BERTINETTI NIELS HAV LEONARDO ALEZONES LAU ESTELA POSADA CRISTINA QUINTANA LOUDET ALFREDO VILLEGAS OROMÍ HEBERT POLL GUTIÉRREZ SERGIO LITOVSKA GABRIELA KANJE IZCO 5

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Poesía ***

Pero el mar no es de fiar. Bien lo saben los que vuelven sin pesca a media tarde o aquellos que no vuelven. Se entrega, se retira, se infla, se acongoja movido por el viento o las fases de la luna. Mejor será dejarlo a su verde voluntad a que se sienta libre aunque no pase de la arena, mientras en tierra firme, a salvo de naufragios me refugio en la luz como en la sombra sin esperar siquiera la voz de una sirena o la caricia fresca de la brisa marina a mis espaldas. O dejarse flotar como un cadáver, como un capricho más de la marea.

FER DE LA CRUZ (Mérida, MÉXICO)

Fer de la Cruz. Poeta yucateco nacido en Monterrey, Nuevo León, en 1971. Máster en Español por Ohio University y Lic. en Humanidades y Filosofía. Coordina el plantel Centro Histórico del Centro de Idioma del Sureste. Es profesor fundador en la Escuela de Creación Literaria del Centro Estatal de Bellas Artes. En poesía ha obtenido dos premios nacionales, uno regional y uno estatal. Es autor de los libros Redentora la voz (Ayuntamiento de Mérida, 2010), Aliteletras. De la A a la que quieras (Dante, 2011, poesía para niños, en imprenta) y el cuaderno La cuenta regresiva. Radiografía urbana mesozoica (El Drenaje, 2012). La Avispa 58

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Poesía

Distancia Bebo la ruina de un beso en la noche encrucijada con el dolor a cuestas y manos que tiemblan el espesor de su piel en grito. El cadáver de tu sueño camina descalzo la ciudad. Se construyen relojes y, como cada día, se perdona a un traidor. El mundo se termina dicen Gira la ruleta ¿importa no morir hoy? gira el cuchillo en la mano del verdugo ¿cómo se dice adiós? Hay señuelos manos que muerden por no llorar ojos nublados... Me crece un miedo debajo de las uñas mientras la noche se perfora para enterrar en su boca sus raíces.

HERNÁN RIVEIRO

hriveiro@hotmail.com (Neuquén)

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Poesía

ELLA

Anida en las sombras que alguna vez fueron dejadas de lado por los vértices. Ella lo sabe. Su rítmico suspiro acaba por desarticular los interrogantes. Corrige los recuerdos buceando entre las sinuosas formas del absoluto. También lo sabe. Recoge los misterios y se evapora. Nunca llovió en su ventana. Ella jamás lo supo. II Se deslizó del escaparate como una esfinge deshojada en lágrimas. Desplegó la madrugada sin proponerse el olvido con la calculada parsimonia de su cielo. Dejó entrever que su brisa buscaba sólo el murmullo prometido y calló. Alguna vez sus labios protegieron mi nombre. Ella no estará mañana para liberarlo.

III Sobre el mantel desgarrado del estío coloco sin prisa los harapos del tiempo. Ejercicio inútil, profano. El delirio clasifica los espejos a su antojo. La Avispa 58

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HORACIO GÓMEZ

I


Pretende una recompensa de penumbras para resucitar una y otra vez. Seguiré excomulgando la noche hasta que mis ojos lo reconozcan.

Poesía

SEGUIR Seguir como si nada o arremangar el alma hasta que sangre, cada paso como estigma o silencio seguir hasta congelar el camino o caminar hasta congelar el llanto, ignorando si alguien espera para decirnos hermano o dibujar las culpas en la huella

HORACIO GÓMEZ

hablabarton@yahoo.com.ar (Mar de Ajó) 9

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Poesía

Sembrando con la muerte He dicho que vamos sembrando con la muerte y cosechando con las manos secas. Que la he visto barrer en casas limpias con sus huecos apacibles. La he visto hacerle compañía a tantas mecedoras; pero ayer, caminando, vi a la muerte en otros rumbos. Dejé de sentir la chispa, solté mis lentes al vacío, y miré más profundo que nunca. Ahora digo, y quedarán mis palabras taladrando el viento, he visto a la muerte en un parque sin ojos, caminando multiplicada por hombre, hembra y hastío Es este mi tiempo, sobre la yerba la muerte deja su paso, ya no de misterio. Retoza en los dedos fríos de un teclado y su mortem contagioso se rezaga en la compañía del ausente. Bebe la muerte en la sonrisa expirada, en el ruido necesario para no sentirte solo, en el licor dulzón del descontento. Bebe la muerte sobre nuestra cabeza inclinada, la mirada perdida es su encuentro, son de ella los pasos lánguidos que nos conducen a la nada, es ella la línea que traza nuestras distancias. Ahora digo, ayer vi a la muerte, se subió al barco, se perdió en las calles salió al balcón, y de su boca sin carne brotó un poema.

ROSSY EVELYN LIMA (Texas, USA) r.e.limapadilla@gmail.com

Rossy Evelin Lima, escritora, traductora y lingüista. Recibió el premio Gabriela Mistral, 2009 por la Asociación Nacional Honorifica Hispana. Primer lugar en poesía en el certamen 2º Coloquio estudiantil, 2010 en la Universidad de Texas Panamericana. Primer lugar en poesía en el Certamen literario José Arrese, 2011. Primer lugar en poesía en el concurso anual Along the River, 2012. La Avispa 58

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Poesía

En mi vieja Pachamama La vida va dando tumbos en mi vieja Pachamama. Lleva en el centro una llama que va tejiendo los rumbos. Surcan el aire los ¨jumbos¨, se intranquilizan las mentes. Van forjando las corrientes los más disímiles cauces. Abre la tierra sus fauces para tragar inocentes.

ANTONIO LOBO - (CUBA)

antoniolobo@correodecuba.cu

Las Tres Carabelas Eran las tres carabelas, saliendo de la península; pobres indios de la ínsula, nos hablan sus calaveras. Apenas se arrían las velas, ya comienza la matanza. La muerte es una acechanza, en la mano su guadaña. Cuidémonos de la araña, que en red tiene su danza.

ANTONIO LOBO - (CUBA)

antoniolobo@correodecuba.cu 11

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Poesía ***

Las naos presienten el final del todo, Sus dueños les enseñan vivir al día, Juego de adolescentes en celibato, Acatan lo invisible entre lo dulce y salitroso Y desmoronan ríos con la insignia: Entre musgos yacen los fornicarios.

GABRIEL AVILÉS

Escapo de prostíbulos explotados por truhanes, Calles divergen pasos Dos perros hurtan mi silla de ruedas. Llego a casa, me aíslo por días, semanas, meses, No sé, manecillas corroen segundos, Termitas duermen en mi torso. Afónica crueldad, Nadie habla por teléfono, Los muertos me creen de viaje, Amigos honran mi memoria con tequila. Tocan a la puerta, Una mujer de asfalto pide un cigarrillo, Bebe conmigo, bailamos el danzón de la angustia, Cuyos compases nacen del fonógrafo, Herencia de los judíos, llamados abuelos, Por compasión ambos nos damos la cortesía del sexo, Aves de rapiña en pasionario daguerrotipo Incendia el farol de afuera, sí, el de las luciérnagas. Horas devastadas de enero, vuélvanse piedra, Devalúen sus lamentos con lagrimales, Ayer versos, hoy moho derruido entre mis manos La Avispa 58

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GABRIEL AVILÉS

presagiomarino@hotmail.com (Cancún, MÉXICO)


Poesía

Dictum – Poema II

Aquí se rompen las cuerdas de todos los violines del mundo León Felipe “Auschwitz”

Si algo hay aquí es silencio, este es el cementerio del mundo, la tumba que deberían regar todas las piedras del mundo, la tierra que deberían rechazar todas las flores del mundo. Aquí no hay música, ni siquiera la música de los campos, ni siquiera la música que acompañaba a los prisioneros a la muerte, ni siquiera la que los recibía con mentiras, ni siquiera la música de los músicos de los campos, solo silencio. Si algo hay aquí es silencio, este es el cementerio del mundo, el desierto que deberían atravesar todos los pies del mundo, la sombra que deberían recorrer todos los ojos del mundo. Aquí no hay poesía, ni siquiera la poesía de los campos, ni siquiera la poesía que sobrevivía con los muertos, ni siquiera la poesía como aullido, escrita en papel higiénico, escrita en la tierra, en las paredes, con sangre, con asco, con piojos, ni siquiera la poesía de los poetas de los campos, solo silencio. Hay que fundir el silencio: el silencio es el cementerio del mundo, hay que escribir la música, la poesía del silencio, hay que honrar con la voz los pasos del silencio, hay que armar con la voz un cerco de palabras, (Nunca digas que esta senda es la final) para encerrar al silencio en el cementerio del mundo.

SERGIO A. GIULIODIBARI

(Mar del Plata) sagiuliodibari@hotmail.com 13

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Poesía LA TRAMPA I Balbuceo inconsciente en mi cuerpo entre sabanas tiesas insisto en bajarme de los sueños y caigo casi en la verdad. Me despabila el murmullo en lo oscuro ¿conspiran contra los ángeles? corro y levanto cortinados y pértigos. Quedo pegado a una ventana que me imprime su realidad fría veo y me encuentro rodeado de esqueletos grises susurrando golpes de estado. Seres diminutos los forran de carne en bloques rosáceos, burlan el gobierno de mi naturaleza, la invierten. Brotan hasta el cielo. Edifican barrotes a esos ángeles ciegos que lloran lenguajes perdidos y en vez de guardarnos sus vistas, perpetúan nuestros años. En estos barrios del sur el mar nos trae sus plumas perdidas a las costas frívolas donde reímos con sus cuentos hasta llorar rocío para las calas del féretro en vida. II Salgo sin apuro en Mar del Plata lluviosa, pero no elijo lo obvio. Camino la calle empapada, la gente se resguarda hacia dentro, La Avispa 58

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confusa esquiva el néctar que les da el vivir. Almas vaciándose, acurrucadas, fetales buscan recuperar amor negado, suspiran en bolsas; veo esas risas tristes y la empatía me ahoga, ya pasó el tiempo de luchar esa pelea. Si no puedo cambiar lo viejo, debo dejarlo morir. Hacerme cargo es tomar herramientas de esta vida que elijo o cortar correas para truncar la máquina que consume el deseo, y tapa ese anhelo que atrae nuestra felicidad.

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Poesía

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Poesía III

La ciudad es una trampa: quiere matar, en cada esquina corres peligro muy humano se cierra sobre tus ojos, te venda su falsedad hasta dejarte las ganas pesadas como cristos. Me escurro entre sirenas y propaganda berreta, busco las estrellas de la noche tras las perlas de mercurio. Camino despacio, dejo atrás avenidas, trapitos y fuentes. Encuentro en otras voces lo terminal de esta enfermedad muda que quise ver alejada de mi barrio. Ya no vivo el pasado hoy lo acepto para sentir y no padecer entre muecas implantadas esclavistas, ser ayer es oxidar bisagras como lamentar cumpleaños. No acepto repetir la culpa, que mi libertad consuma el rencor para andar sin su carga y dejar mis muletas de calas.

MAXIMILIANO COSTA MARTÍNEZ

(Mar del Plata) - maxcosta33@gmail.com

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Poesía

Marca de agua

No vayas a cerrar los ojos cuando hagamos el amor quiero mirarte en el espacio sonreír y hacerme un traje con tu cuerpo y sucumbir. Silvio Rodríguez

La sonrisa de la foto, hace tantos años es una marca de agua en el tiempo. La muchacha que sonrió esa tarde pudo llamarse María, Teresa, Celia, Irene, Clara de cualquier manera, la sonrisa de la foto es una marca de agua por el tiempo. La felicidad es otra cosa, lo feliz que se ve en la foto la muchacha que podría llamarse Margarita, Josefina, Yolanda, Ana, Lina está ahí mismo, como la tarde aquella en que posó para la historia. La felicidad es otra cosa puede ser un momento una palabra, una caricia, el reposo después, hasta una mentira. La sonrisa es una marca de agua. La muchacha feliz que posó esa tarde que podría llamarse de cualquier forma sigue así, entre luces y sombras como si terminara de desnudarse en el instante que una mano apretó el botón y la dejó feliz para siempre. 22.12.12

JESÚS GARCÍA CLAVIJO

(CUBA) - irenec@medired.scu.sld.cu 17

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Poesía DESENCUENTRO la ventana que da a la calle naufraga desnuda el sol es un grito la vida una palabra nunca dicha todas las cosas están quietas aquí siempre es el último día escapan los ojos por un sendero perdido en esta tierra tan áspera todos los relojes han dado la hora en que no puedes ya venir

OLGA BERTINETTI

pinochafiestas@yahoo.com.ar (Mar del Plata)

Epigrama Te puedes pasar la vida entera acompañado de palabras sin encontrar la justa Igual que un pobre pez envuelto en un diario húngaro: primero, está muerto, segundo, ¡no entiende húngaro! © NIELS HAV Traducido por Ricardo Labarca La Avispa 58

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Poesía

Niels Hav es un poeta con dedicación. Su más reciente colección de poemas We Are Here ha sido publicada por la editorial Book Thug, de Toronto. Su poesía y sus relatos de ficción, han sido publicados en varias revistas y antologías; habiendo sido traducido al Inglés, Árabe, Español, Italiano, Turco, Alemán y Chino. Viajero en plenitud y amplitud, ha recorrido Europa, Asia y Norte y Sur de América.

Con Charlie Chaplin en Yulin

Se ha dicho que la Gran Muralla China puede ser vista desde la luna —costoso y complicado verificarlo— pero se puede dar por sentado que la luna se ve desde la Gran Muralla. Cuando Charlie Chaplin conoció a Genghis Khan un día en Yulin se detuvieron en la gran muralla o en la torre vigía Zen Bei Tai para escrutar la luna e intercambiar principios: “La mayor felicidad está en el triunfo sobre los enemigos, arrasarlos, tomar sus esposas e hijas”, dijo Genghis Khan. “Lo siento, no intento ser emperador”, repuso Chaplin, “ese no es mi asunto, intento vivir para la felicidad de otros”.   A diferencia de la luna que es una metáfora para el amor y el anhelo, la gran muralla es una débil metáfora para la construcción de imperios, todos los imperios declinan al final.   Ahora Genghis Khan es un pasado mongol y Charlie Chaplin está muerto. Dios con buen sentido del humor Creó este mundo, mucha de nuestra gloriosa historia Es una gran broma. Vamos, no olvidemos cómo reír.

© NIELS HAV – (Copenhague, DINAMARCA) Traducción de Julián Hernández Cajamarca 19

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Poesía

LOS NAZIS NO COMEN PIZZA

loco me has dicho ostentando el linaje del esclavo ¿sabes que tu cultura te ata? ¿no? ¡pues ahora lo hace! habrá odio siempre zapatos calzando despojos importando baratijas para hacerte sonreír nadie es dueño de esta verdad otra corazonada ¿podrá acaso la suma de amores? casi somos alhajas del templo oro inca carne de cañón mientras la daga se balanceó sobre mi cabeza estarás usando ropa de otoño no te quitarás la bufanda a pesar del clima —pensante— eso nos dicen intentemos zafar el pie de la muerte zarzuela en mitad de una fosa a prisa que luchamos por el derecho a renunciar

LEONARDO ALEZONES LAU leonardoalezones@hotmail.com (VENEZUELA) La Avispa 58

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Poesía

ESTIGMA Fantasmal la noche trae tu presencia que no espanta al sueño ni lo reconforta Duelo daga que corta y desangra Hálito en las hojas se desliza en mis perfiles Sin tocarme ¡Sin tocarme! Las fibras más hondas de mi desespero exigen ser libres libres de tu estigma quiero exorcizarme de la necedad cuando hasta sin verte te contemplo y rezo ¿Qué fue lo que embriagó mi instinto? Oscura simiente que en la sinrazón posee Desde la sustancia más íntima y sacra volveré a ser mía ¡Daré el grito de muerte!

ESTELA POSADA

(Mar del Plata) - esmposada@gmail.com http://estelaposada.blogspot.com/ 21

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Poesía

*** Retiene sus palabras y no deja que escapen Las guarda como a un escudo que indemne agradece como a sus raíces la flor donde los artificios no valen y la verdad es Sí... muchos han huido pero mi corazón acompaña su tiempo, agudo... casi imperecedero. Lo creo infinito atento a los vaivenes pues no tenemos otro. Y estás vos y estoy yo... estamos

CRISTINA QUINTANA LOUDET mcrisql@hotmail.com - (Mar del Plata) La Avispa 58

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EL VERDADERO NOMBRE DE LAS COSAS

Poesía

“…Si (…) / el nombre es arquetipo de la cosa en las letras de rosa, está la rosa y todo el Nilo en la palabra Nilo.” Jorge Luis Borges

Mansa la lluvia. Ella me dicta el verdadero nombre de las cosas entre el gris absoluto de la tarde y esa nostalgia que se sabe adentro. Nadie las llama. Nunca se han ido. Y así, cuando la lluvia se aparece, arranco las palabras de mis manos. Tu voz se pierde en el celaje. Entonces, quedo mirando un aguacero que acobarda ausencias y el horizonte: ese lugar que guarda el nombre verdadero de las cosas. Mansa la lluvia que se va conmigo.

ALFREDO MARÍA VILLEGAS OROMÍ

– Argentina / Uruguay –

amvillegasoromi@gmail.com (Punta del Este, URUGUAY)

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Poesía ¡LIBERACIÓN! La vieja familia donde el militar era la palabra y el punto, daban gracias a Dios a escondidas en el baño y no en la mesa. Donde los niños pasaban corriendo por el fondo de la iglesia con la mirada perdida, añorando poder entrar alguna vez para decirle a la Virgen de la Caridad del Cobre como la abuela les enseñó ¡Dios te salve María! La vieja familia que hubo de olvidar la Nochebuena y el nacimiento de Jesús, solo porque lo dijo el militar. La vieja familia ahora es nueva. El Sagrado Corazón ha vuelto a su lugar, Cualquier parte es parte de oración. Los niños ofrecen flores a la Virgen, nacimiento y arbolito presiden la Navidad, Porque el niño recién nacido tuvo un pesebre en la rígida gorra del… MILITAR.

HEBERT POLL GUTIÉRREZ

evertpollg@atenas.cult.cu - (CUBA)

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DEDICADO A HUGO MUJICA “formas blancas en un baldío, sobre el polvo y la

Poesía

hojarasca

un pájaro moribundo aquieta sus alas. una nube, impasible, juega sus formas blancas. al final también mi boca se llenará de tierra, al final siempre se besa aquello que desertamos” un pájaro en agonía corpulenta ya no puede volar ya no puede alzar más vuelo armonioso aquieto sus alas un beso para ser besado mi fanatismo vital derrotó a la impunidad de la muerte un pájaro en agonía eminente un pájaro, casi, sin alas con alas anquilosadas un pájaro convertido en una forma blanca en la agonía sin aire sin agua sin aire para un pájaro sin pulmones sin agua para un pájaro sin sed al fin, un pájaro voló y murió… SERGIO LITOVSKA sergiolitovska@outlook.com.ar 25

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Poesía ***

Casa

ahora

lunar subterránea lobos

hermanos

lobos

hermanos

—genios huérfanos abandonados— inefable incomunicación Salta la música casa

desde nuestros dientes

consternada

pleamarmente

juntura anchura la tez del árbol ligero la tez de los brazos que

me

GABRIELA KANJE IZCO tecnopeces@yahoo.com.ar

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envuelven


Cuent os y relat os MICRORRELATOS:

CIRYL ETCHE ANA MARÍA VILLALOBOS SILVIA POLITANO

GRACIELA BARBERO MARCELA PREDIERI EVA MARÍA MEDINA MORENO ANA MARÍA LABANDAL 27

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Cuentos y relatos

MICRORRELATOS METAMORFOSIS Cuando quiso reptar le crecieron alas, y cayó en ciudades azules. Y el alarido se convirtió en palabras.

CIRYL ETCHE

Elvira C. Etcheveste (Mar del Plata) - ciryta@yahoo.com.ar

RECURSOS Pensativo, calculó su próximo movimiento: “Tengo que optimizar el uso de los recursos, minimizar los costos y mejorar la calidad del producto”. Como se sabe, le bastó con una costilla de Adán para lograrlo.

ANA MARÍA VILLALOBOS

villalobosanamaria@yahoo.com.ar - (Bahía Blanca)

Publicado en la Antología “CONTEXTOS URBANOS” del Programa de Talleres Literarios EL ALEPH (EDITORIAL DUNKEN – Bs. As. 2010)

EPIFANÍA Me fascinaba estudiar cada gesto, cada ademán, cada palabra suya para intentar descubrir el por qué de mi interés en él y no en otro. Al principio con una curiosidad casi morbosa, después con un tranquilo placer. Concentrada en mi análisis, no me di cuenta de que me atraía cada vez más. Entonces empecé a preguntarme por qué él me había elegido a mí y no a otra. Hoy lo descubrí. De repente, en el silencio del amanecer, lo supe. Y también supe que debía dejarlo.

SILVIA POLITANO

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silviabpolitano@gmail.com


Cuentos y relatos

RUTINA

Esa mañana se levantó decidido a suicidarse. Cansado de la rutina y de una vida sin emociones, no es capaz ni de jugarse por Andrea, la auxiliar de limpieza de la oficina, que dos veces por semana asea su casa por unos pocos pesos. Se miró en espejo del botiquín desvencijado tanto como su cara ojerosa. Tomó el frasco de pastillas fuertemente cerrado, tan hermético que debió valerse de un cuchillo para destaparlo. Fue un golpe certero. La tapa voló al mismo tiempo que las grageas rodaron por el piso, en el lavatorio y el inodoro. Las miró perderse en el agua y con manotazos descontrolados recuperó una pocas del suelo, pero sucias. Esto puede hacerme mal y si me enfermo. Pensó en otro método. Con el cuchillo en la mano se dirigió hasta la cocina. Me voy a cortar las venas y ya imagina la sangre corriendo por el brazo, en una caída lenta sobre un charco que bañaría el cuerpo: Pobre Andrea cuando venga a limpiar y se encuentre con este cuadro. Tendría que dejar una nota para que no la culpen. Mañana titular en los diarios: Loco de amor quiso poseerla por la fuerza y ella lo mató. O ella llamando a la oficina desencajada de dolor. Todos acudirían a mi casa. No, no. Dejó el cuchillo en el cajón y fue hasta el desván en donde guardaba la carabina que usaba en los viajes al campo para cazar. En realidad para disparar al aire porque nunca había capturado ni una rata. Allí estaba, lustrosa colgada de la pared. Buscó balas en un cajón. Y en otros. Revolvió todo el altillo sin resultado. Abatido bajó la escalera, escalones que crujían con cada paso. Hoy no es mi día. Mejor voy a trabajar que estoy llegando tarde. Con apuro se vistió, tomó un café a medias y salió corriendo para alcanzar el colectivo. No vio el camión que circulaba por la otra mano.

GRACIELA N. BARBERO/2013

gracnobar@gmail.com

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Cuentos y relatos LOS AMIGOS DE NACHO

―Van a venir unos amigos ―comentó el chico como al pasar―. Ella no dijo nada. A la madre le gustaba recibirlos. Eran buenos chicos y aunque el marido protestara siempre, era mejor tenerlos en casa a que anduvieran por ahí quién sabe dónde. Esa tarde no tenían gimnasia y tampoco habría clases el día siguiente. Jornada de perfeccionamiento decía la nota que acababa de rubricar con trazo firme y lapicera negra en el cuaderno de comunicaciones ¿Qué iba a decir ella? ¡Una masa! ―decía el chico― Así que nos vamos a juntar para hacer algo. El primero en llegar fue El Colo. ―¿Qué hacés, Colo? ―Todo bien. ¿Está Nacho? La madre no había alcanzado a responder cuando sintió las zancadas trepando la escalera hacia el cuarto de su hijo. Y el portazo. Apenas unos segundos tardaron Los Redondos en invadir todo el espacio. Ella calló. Eran jóvenes. Cuando empiezan a molestarte el ruido y los pendejos ―solía decir su marido― es que ya estás pasado. Y la verdad es que ya no les resultaba tan fácil encontrar un buen lugar para tomarse unas cervezas y conversar con amigos durante la clásica salida de los sábados a la noche; así que optaban por una cena show, mirarse las caras sin cruzar palabra y aplaudir. La madre se encerró en la cocina a lavar los platos del mediodía. Para que no haya tanto desorden ―se dijo. En realidad era para que no le sacaran también las copas de la alacena cuando llegaran los demás. Porque no te lavan un vaso ni en broma ―comentaba a sus amigas de bridge. Cuando terminó, salió al jardín a tender el repasador recién blanqueado con lavandina y encontró al hijo acompañado por cinco más. Con la música tan fuerte no había escuchado el timbre. ―¿Cerraron la puerta? ―No, má... porque hay tres más afuera. Pero está todo bien, después la cierro. Su hijo y otros tres reposaban contra la pared blanca de la casa que daba al oeste. El sol estaba lindo, la vista hacia el parque, inmejorable: las azaleas en flor, a la derecha, estaban magníficas; hacia el fondo, el cedro azul cobijaba a los otros dos chicos; el césped parecía un green. El chico tenía las piernas recogidas y los discman La Avispa 58

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Cuentos y relatos

abrazados al cuello. A su izquierda, en el piso, había una botella de cerveza, sólo dos vasos. Eso la tranquilizó. Sabía que los mocosos tomaban pero qué les iba a decir; más de una vez lo había visto llegar en condiciones non sanctas pero aunque ninguna de las dos ocasiones le había dicho nada, no permitiría que lo hiciera deliberadamente en su casa. Eso no. La tarde era realmente espectacular; los tres que estaban afuera ya entraban con otro grandote a quien no conocía, y tras un corto ¿Qué tal? empezaron a hacerse pases con la pelota. Los miró unos instantes ¿cómo se llamaban esos pases? No preguntó. Tras el segundo o tercer pase, uno de los chicos ya quitó la remera. Al volverse, medio sonrojada, vio por la puerta ventana que daba al living entrar a cinco o seis más. A esos tampoco los conocía. Eran altos, parecían más grandes que su hijo. No quiso averiguar. ―Pasen chicos. ―Gracias. Buenas tardes, señora. ―¿Qué hacés, Fran? ―se escuchó desde el fondo. Al volver sobre sus pasos ya habían sacado la mesa al jardín y dos nuevos solícitos adolescentes que habían entrado por el garaje vaciaban sus mochilas. Por lo menos media docena de cervezas cada uno. El que parecía la mascota del grupo, un rubiecito con cara de nene, porque no era otra cosa, intentaba arrastrar un sillón hacia fuera. ―¿Qué estás haciendo? Por favor, poné ese mueble en su lugar. El mocoso se rió y continuó arrastrándolo como si tal cosa. ―Te dije que lo dejaras ahí ―afirmó la madre mientras señalaba su lugar en el living. Con él sí podía ejercer cierta autoridad. Al fin y al cabo lo había visto crecer, hasta sostenido en brazos. Ahora era un guachito rebelde y querible. 31

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Él siguió riendo. ―Dame una mano ―le pidió la madre al grandote y bueno de Esteban aunque no supiera cuándo ni cómo había entrado con otros tres. ―Dale, enano ―dijo palmeando al amigo hacia afuera mientras ayudaba a la la señora a comodar el sillón en su sitio. Desde afuera creyó percibir el olor agridulce de la marihuana. Amagó salir para decirles algo pero se detuvo. Sin saber qué hacer, calló y fue hacia la planta alta para refrescarse en el baño y poder pensar más claramente antes de encarar la situación. ¿Sería realmente marihuana? No iba a permitir eso en su casa pero cómo salir, cómo decírselos... Hacia el final de la escalera escuchó risas en el cuarto de la hija. Cinco flacos que no había visto en su vida estaban ahí mirando un video. ¿Quién les había dado acceso a esa parte? Podía sacarlos, que respetaran su casa, pero... en realidad no están haciendo nada malo, se rectificó para adentro. ―Chicos, no toquen nada del escritorio de la nena ¿sí? ―los muchachos asintieron con la cabeza sin dejar de leer el subtitulado ―¡Ah! Y por favor no pongan los pies sobre el acolchado. Uno de ellos levantó la mano en señal de está bien, pero la señora lo interpretó como si fuera un parte de retirada y así lo hizo. En el cuarto del chico, estallaban ahora Los Piojos; la puerta estaba cerrada pero por las risotadas y zapateos intuyó que eran varios. Ahora estaba segura: ahí también estaban fumando. Tenía que hacer algo y pronto. Bajó dispuesta a encarar a su hijo. Los jóvenes seguían entrando, ya no reconocía casi a ninguno. En la vereda, tres motos, dos autos y una 4X4. Sintió golpes en el garaje. ¿Qué era eso? Allí se dirigió. Al verla entrar, un par de manos negras de grasa se adelantaron con una sonrisa. ―¿Cómo está, señora? Tenemos algunos problemas con la Kawa. No le importa si desordenamos un poco ¿no? ―No, no. Está bien, sigan. El pibe morochito que lo acompañaba, con un gorro de lana que le llegaba casi hasta la nariz, siguió sentado en el banquito frente a la moto con cara de preocupación mientras ajustaba no sabía qué cosa. Como si no me hubiera visto, pensó, pero no dijo nada y los dejó solos. No le gustaba la idea pero no existía otra posibilidad que no fuera La Avispa 58

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llamar a su marido. El ambiente se estaba enrareciendo. Le vino a la mente lo del ecosistema y las especies exóticas porque la casa estaba ahora infectada de remeras negras, Los Redondos, Methálica, La Renga, Curt Kobain, Marilyn Manson, cinturones con tachas y tatuajes que asomaban por debajo de las mangas cortas. Parecía una selva. Marcó a la oficina de su esposo. “Está en reunión de directorio” le respondió la secretaria, “y tiene para rato, señora. ¿Le digo que la llame cuando se desocupe? Colgó. Como una criatura perdida en la playa comenzó a deambular y bambolearse con pasos cortos e indefensos. Gorros, aritos en las cejas; un piercing la insultó desde una lengua que escapaba a las carcajadas. El dueño de la lengua estaba sentado sobre el marco de la ventana con los pies colgando hacia el comedor. ―Sacá los pies de la pared ―se oyó decir como una idiota. Adónde estaba su hijo. ¿Qué significaba todo esto? ―¡Juan Ignacio! ―gritó por primera vez dirigiéndose al jardín, pero la música estaba cada vez más fuerte. ―¡Nacho! ¡Te llama tu vieja! ―resonó como un eco. Un Juan Ignacio vení un minuto, se le congeló en la boca. Dos espaldas largas y flacas se recortaban en escorzo contra el sol enorme de la tarde. Ya basta, esto se acabó, se dijo, pero las palabras se negaron a pronunciarse. Los pibes estaban meando, sí meando a risotadas contra el cedro azul del fondo. Se dieron vuelta. ―Disculpe, señora, la cerveza... La señora cambió su expresión para buscar los ojos de su hijo. El chico seguía sentado contra la pared blanca, las piernas recogidas. Dio vuelta la cabeza hacia donde estaba su madre. Al verla sonrió y por un instante, la madre creyó volver a ver aquellos dientes de leche blanquísimos. Pero era otra la sonrisa, una sonrisa de perdón y ¿viste, má? No podía levantarse. Ella sintió un palo en la garganta, el rostro se le fue para atrás, la piel de la mandíbula se le erizó y quiso detenerla con la mano. Se le agujaron los ojos de lágrimas; sin embargo lo que veía no era fruto de la vista nublada. Las pupilas de su hijo, enormes, estaban invadidas de sol y de nada. Literalmente corrió a encerrarse en su habitación en la planta alta. Ahí podría descargarse y llamar a su marido. Era imperioso ubicar a su marido. Aun antes de entrar al cuarto se percató del olor a quemado. Desde la puerta vio el motivo. Sobre el piso del balcón había algo encen33

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dido. Se acercó, humeaba. Era la madera del respaldo de una silla del quincho. Son unas bestias, sollozó. Lo levantó, por suerte sólo se había ennegrecido una de las puntas. La miró sin saber qué hacer ni qué pensar, mucho menos por qué no prorrumpía en gritos, cuando escuchó ruidos sobre el tejado. Más que bestias, son como ratas, están en todas partes... Se asomó al balcón. Habían colocado una sillita con las patas hacia arriba trabadas entre la canaleta y la pared medianera. “Estaban” en el techo. Sacó la sillita y la puso del lado interno del balcón; se paró sobre ella para hacer pie en la baranda y poder mirar hacia arriba. Quiso agarrarse del espacio entre la viga del alero y las tejas pero retiró la mano como tironeada por un resorte. Estaba lleno de telarañas. Se bajó para desprender la traba del postigo y poder afirmarse de la parte superior. Con extrema precaución volvió a trepar a la baranda mientras trataba de detener con una contracción forzada del codo, las oscilaciones del postigo. Un joven le tendió la mano. La mano estaba suave y tibia. Detrás de la mano apareció un rostro conocido. Era un rostro bueno, con ojos mansos, húmedos y marrones como los de una vaca. Ayudada, no tuvo que hacer mayor esfuerzo para alcanzar la superficie del tejado que ahora se le antojaba incomprensiblemente segura. La madre se sentó abrazada a las rodillas, la cabeza en medio, demolida. Sobre la nuca se apoyó la mano tibia y le acarició el cabello. La madre se largó a llorar mientras el joven se sentaba a su lado. Esperó. Cuando se hubo descargado giró la cabeza hacia sus ojos. El cabello del muchacho era negro, ondeado y brillante; la miró compasivamente con una sonrisa entre tímida y perdida y siguió con lo que estaba haciendo: respirar en forma profunda y completa. La mujer lo vio soltarse la goma del brazo derecho, dejar la jeringa y recostarse sobre las tejas para permitir al inseparable el sol entrar por sus pupilas. Todas las sensaciones de horror y abandono pronto fueron una. También se dejó caer para atrás, pero con los ojos cerrados, vencida. De abajo llegaban la música y las risas; había ruido a motos, las puertas golpeaban. De pronto sintió cómo el chico le arremangaba la manga de la blusa. Ella se dejó hacer. Sentada ofreció sin pudor la parte blanca del antebrazo. Pero no era entrega. Temblaba, virgen a la aguja que se le ofrecía. La goma arrugó su brazo, la presión le dio fuerza y ajustó el puño. Súbitamente iluminada y sin dar tiempo a reacción alguna, arrancó la goma y se bajó la manga. Era ella todo llanto y decisión. Con La Avispa 58

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cuidado se tomó del postigo y regresó al ventanal. El joven no intentó detenerla. la mujer miró hacia la calle. Un rubio alto vomitaba contra el cordón de la vereda; casi al instante las arcadas la hicieron vomitar también. Salpicó, porque desde abajo se escucharon voces de ¡cuidado! Al darse vuelta y con la cabeza echada hacia atrás se limpió la boca con el revés de la mano. Estaba sucia, No importaba. Alguien debió avisarle al hijo porque enseguida se escucharon gritos: ¡Mamá! Entonces sonrió, sonrió con una sonrisa todo ángel y ofrenda a los ojos de vaca que se asomaba en ese momento a ver qué sucedía. ¡Mamá! En un destello alcanzó a ver otra vez aquellos dientes de leche. ¡Mamá! escuchó, pero ya estaba sentada en la baranda del balcón. Buen viaje ―susurró ojos húmedos. Y la madre se dejó caer de espaldas. Un instante. E instantáneo fue cómo rajaron las motos de la vereda, y los gritos y los borregos que asomaban desde todos los rincones como si hubieran pateado un hormiguero, ratas que huían como ratas... Los amigos, no. Los amigos limpiaron y acomodaron todo mientras El Colo trataba de arrancar al chico de su madre. Dale flaco ―decía y lo abrazaba―. Vos no tenés la culpa, flaco. Vamos, parate... Y... pobre mujer ―dijeron durante semanas los vecinos que jamás pudieron comprender por qué tardó tanto en llegar la ambulancia. Los chicos sí lo saben, pero callan. ―Pobre Nacho... Nunca más ¿no? ―comentan ahora. ― Ni una seca ―asegura El Colo― ya no puede. ―¡Qué mal lo de la vieja! ¿no? Mirá que nunca decía una palabra. Macanuda... ―¿Y las fiestas en lo del flaco? ¿Te acordás? Eran re voladas... ―Volada fue la de la vieja. ―Dale, no seas pelotudo ―lo para el bueno y grandote de Esteban que los acompaña siempre. ―Sí, che... Cortala. Pobre Nacho. Pero de eso tampoco hablan muy seguido. 

MARCELA PREDIERI

delapalabra@hotmail.com

*El presente relato pertenece a la novela en preparación De Crecer y otras Muertes Prematuras y ha sido adaptado para su publicación como texto autónomo en Metamorfosis Urbana. Ed. Martín, Mar del Plata, 2004.

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Cuentos y relatos SER EL OTRO

¿Me sucedió algo que quizá, por el hecho de no saber cómo vivir, viví como si fuese otra cosa? CLARICE LISPECTOR, La pasión según G.H.

Es una mujer corriente, pero hay algo en ella que me arrastra. Noto que mis ojos empiezan a escrutarla de arriba abajo, acercando y alejando el objetivo; acercándolo, alejándolo, acercándolo, alejándolo. Su chaqueta negra oculta un cuerpo consumido, nada atractivo. Pelo castaño, largo, separado por una línea central recta. Nariz aguileña, trozos de carne casi inexistentes moviendo su boca. ¿Es esto lo que busco? No, creo que no. Oigo el sonido del zoom acercándose a unos ojos que parpadean. ¡Su mirada, es su mirada! Que ha vuelto de un lugar árido, oscuro, frío, muy frío. Mis ojos se dirigen a ella, abstrayéndose del resto de realidad cercana. Un, dos, tres. Ya está, ya es mía. La mujer de chaqueta negra y nariz aguileña grita. Sus ojos, de un azul muy claro, casi blanco, me acechan preguntándome qué ha pasado. No contesto y salgo. Llego a otro andén. Ruido de raíles chirriantes. El tren estaciona. Se abren las puertas. El movimiento de la masa me introduce en el vagón. Cuando el espacio se desahoga, me fijo en un chico que está de pie, agarrado a la barra metálica. Me atrae, algo me atrae. Me sujeto a la misma barra y me oigo: moreno, nariz chata; no, no es eso. Los ojos, la boca. Tampoco. Miro sus manos. Entonces surgen las imágenes, tiesas, arrítmicas, de unos dedos enguantados negros sobre otros marrones. La misma atmósfera pesada. Siento que mis dedos se mueven, intentando rozar los del chico. No me lo puedo quitar de la cabeza. En la calle, lo veo hablando con un amigo. Me quedo detrás. Doy pasos cortos, miro con frecuencia el reloj y me apoyo en la pared. Lo miro, examinando a modo de autopsia cada detalle, radiografiando su interior para extraer aquello que busco. Tenso los dedos, los aprieto, los estiro. Su figura dentro de mi pupila; ocupándola, haciéndose más grande; negra, cada vez más negra. Un golpe seco. El chico yace en el suelo. Su amigo intenta reaniLa Avispa 58 36


Cuentos y relatos

marlo. Gente alrededor. Corro, preguntándome qué le habré quitado. ¿Qué me atrajo de él? Subía las escaleras del metro deprisa, de dos en dos; esos dedos al agarrarse a la barra, los brazos, los músculos tensos… Entro en un parque. Una niña salta, otros se columpian. Un niño, de unos cinco años, juega a la guerra con sus dedos. Lo observo. Se da cuenta y me sonríe. Le devuelvo la sonrisa y le enseño un papel y un lápiz que saco del bolsillo trasero del pantalón. Hago un dibujo. El niño se acerca y lo mira. Oigo: «columpios, mamá, yo, señor». Con los ojos humedecidos lo levanto, sentándolo en mis piernas. Trotes de caballo. El niño se ríe. Arriba abajo, arriba abajo. Viene una mujer que coge al pequeño, arropándolo en su pecho. «Degenerado. Aprovecharse así de un niño. Yo os encerraba a todos. Pervertido». No digo nada, solo bajo la cabeza. «Te lo tengo dicho, no te alejes ni juegues con extraños, menudo susto, y deja de berrear, me vas a dejar sorda». Bajo la calle sonriendo. Me fijo en dos adolescentes. Se besan, caminan, se vuelven a besar, y entran en una cafetería. Los sigo. Son como lapas, como no paren de besarse imposible averiguar lo que quiero. Me lo están poniendo difícil, ¡críos de mierda! Me acerco a ellos. −Perdonad que os moleste, ¿no tendréis un cigarro? −No –dice él. −No fumamos –dice ella. −Mejor, mejor… 37

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Vuelvo a la barra y los miro. La chica tiene algo, no es guapa pero tiene algo. Se me cae el café, que limpio con servilletas. Una voz me dice que son sus labios lo que deseo. Unos labios carnosos, grandes, con esa forma perfecta, como los pintó Rossetti. Capaces de las mayores desgracias. Te los voy a quitar princesa. Sudo. El sudor por la frente, las cejas. Son casi míos. Me pertenecen, ya son parte de mí. Un grito, la chica. Sus labios sangran. El camarero la atiende. El chico, paralizado. Ella continúa gritando. Salgo del bar sintiendo que algo me falta. ¡El pelo del chico! Lo quiero, esa melena rubia va a ser mía, ¡mía! Cuando llego a casa me tumbo en el sofá. Me quedo dormido. Al despertar siento un ligero temblor, que desecho estirando brazos y piernas. Voy al baño. Me echo agua en la cara, bebo del grifo y me miro al espejo. Llevo una peluca rubia, lentillas de un azul muy claro, mi boca, pintada de un rojo chillón corrido por los bordes, y unas hombreras debajo de la camiseta. La imagen me paraliza. Qué era aquello, ¿una broma? Mientras pienso qué hacer, me fijo en una luz roja, intermitente, que sale del dormitorio. Retiro la cortina, escondiéndome detrás, y veo una furgoneta; con esa luz tan molesta. ¿La policía? El chico podría haber muerto, la mujer quedarse ciega, el niño sin alegría, los adolescentes… Llaman a la puerta. La peluca, al suelo. Me quito las lentillas. Me limpio la boca con la mano y tiro las hombreras. Las ideas se me amontonan; las desecho. Llego a la puerta con los oídos latiendo. Miro por la mirilla y pregunto. Me llaman por mi nombre. Dicen que abra. La policía, pienso. Corro. Me cogen antes de llegar a la escalera. «No he sido, yo no he sido», grito. Me dicen que ya lo saben. «Pórtate bien», oigo, «y no te pondremos la camisa». Uno de ellos se sienta a mi lado. Es un hombre corriente, pero hay algo en él que me arrastra. Noto que mis ojos empiezan a escrutarlo de arriba abajo, acercando y alejando el objetivo; acercándolo, alejándolo, acercándolo, alejándolo. Su chaqueta y pantalones blancos...

EVA MARÍA MEDINA MORENO

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relojesmuertos@gmail.com – (ESPAÑA) www.evammedina.blogspot.com.es 38


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SALIDA REAL

El castillo está frío, qué tendrá este castillo. No tiene calefacción, eso tiene. Y mi cuarto siempre cerrado. Apenas una ventana por donde se cuela cada tanto algún rayo de sol que quiera entrometerse y quebrar la oscuridad y el frío. Pero ni el sol quiere venir a hacerme un poco de compañía. Estoy tan sola, es el destino de las princesas. Imagino las almenas, se erguirán en lo alto, recortadas en el cielo del sur de Francia. No, no es Francia, es una comarca italiana. Cerca de Verona. Sí, Verona donde está Romeo. Hay que avisarle a Romeo. Julieta no está muerta, está dormida no más. Por eso no quiero dormir y me paso las noches dando vueltas alrededor de mi cama. Quisiera salir y caminar por los corredores del castillo pero mi puerta siempre está cerrada. Quién pintó mi puerta de verde. Cómo pudieron tapar con esmalte sintético una madera del mejor roble. Verde foresta, dijo la mujer de blanco. Es lindo color, distinguido. Nada distinguida, papá jamás hubiera aprobado pintar la puerta de roble. Le tengo que informar de este atropello. La ventana está demasiado alta, no alcanzo a ver la calle ni el jardín con la fuente. No me doy cuenta a dónde da; sólo veo el pedazo de cielo. Cuando los lacayos me acompañan a los jardines del castillo intento desentrañar el laberinto; quiero ubicarme pero en la mitad me pierdo. Es un revoltijo entre pasillos y puertas iguales que me desorienta. También las pintaron de verde. Me encantan las tardes en el jardín, la brisa que me toca la cara, acaricia los brazos y espanta la humedad que vuelve rancio el aire de mi cuarto en el castillo. Antes no había este olor y los ambientes eran más cálidos. Y flores. Flores por todos lados: lirios y rosas, jazmines hasta en los baños. Cómo es que el rey no presta atención a esos detalles de tanta importancia. Estará demasiado ocupado con los reclamos del feudo, pero es su castillo y soy su hija, qué tanto. No lo veo; sé que estará ocupado pero él siempre decía que yo era su mejor tesoro. Entonces, por qué no me quiere ver cuando lo necesito ni me llama a sus aposentos reales. La reina tampoco 39

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viene pero a veces me hace acompañar hasta su salón privado. Se sienta frente a mí del otro lado de la mesa y me pregunta quién soy, como si no supiera. Que me quiere ayudar pero no puede hacerlo si no colaboro con el doctor. Que hable con él, que le diga las mentiras que quieren escuchar. Es ella la que necesita ayuda. Pobre, no sabe quién soy. No recuerda a su propia hija. Me da un beso cuando llego y un apretón de manos para despedirme. Es una mujer fría mi madre. Bueno, es la reina. No puede andar dando besos ni demostrando amor en público. Son las reglas. Vuelvo a mi cuarto y me pregunto si estoy castigada. Habré hecho algo ofensivo contra la comarca o el propio rey. Por qué no me dejan salir. Sólo me dan esos retazos de sol por las tardes. Las noches son tan largas, oscuras como las paredes ocres cubiertas por el tapiz. A veces pienso que colgaron los tapices para esconder la humedad. Sí, están mojados. Pude tocar algunos, los que están más bajos. Húmedos al tacto. ¿Serán tapices como manchas o manchas devenidas en tapices? Lo que sea, esos dibujos me entretienen. Puedo ver cada imagen por horas ¿o días? Una escena de caza, venados en la foresta, una justa deportiva y hasta un circo fuera de época. Esta tristeza está viva, me abarca, me ahoga, me llena. Hoy no fue un buen día. Vino la mujer de blanco y me habló mal, me sacudió por los brazos. Estoy confundida con semejante maltrato. Si supiera papá no dudaría en echarla o peor aún, la mandaría a la torre por alta traición. Dijo cosas feas. Había sido mala la mujer de blanco. Al final mostró la hilacha. Tengo que avisar a mi padre; el rey tiene que saberlo. Esa mujer está mal, no puede seguir en la corte. Inventó que la señora elegante no es mi madre, que el rey es un doctor y los lacayos enfermeros. Que no hay castillo, que es un hospital. No hay derecho a tanta crueldad, si no molesto a nadie. Soy sólo la princesa. Dice que me hago la viva, que es para pasarla bien, que niego la realidad. Me quiere convencer de que papá murió y que mamá está enferma, que no tengo dónde caerme muerta. Nada, no tengo nada. Nadie, no tengo a nadie. Vaya a saber por qué inventa semejante barbaridad. ¿Estará loca o es sólo maldad? Perdónala Señor, no sabe lo que hace.

ANA MARÍA LABANDAL anamarial_1@ hotmail.com (Gral. Madariaga)

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Not as y ensayos

DANIEL LOSANO MARCELA PREDIERI CRISTINA MENDIRY 41

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Breves consideraciones sobre el nihilismo

               Por DANIEL ERNESTO LOSANO “Sólo existe el hombre elevado, esto es, el trágicamente combativo; sólo de él trata la historia” Gottfried Benn “Después del nihilismo”

Todo pensar sobre el nihilismo conlleva grandes dificultades en torno a su definición ¿Es éste un período histórico? ¿Una sensación? ¿Una idea? ¿Una condición cultural? Podemos aproximarnos a su esencia como una pérdida de valores supremos. Esta pérdida llevaría aparejada la actual falta de sentido de cualquier perspectiva, un sentimiento de desarraigo y fragmentación, que inhibe iniciativas constructivas a largo plazo. El nihilismo es un concepto que puede remitir paradójicamente tanto a actitudes pasivas como a desenfrenos vitales.                                               Toda opción es válida. Dostoievsky expresa esta idea formulando: “Si Dios no existe todo está permitido”,  en palabras de Iván Karamazov. El “Dios ha muerto” nietzscheano. Aclaremos que la recurrencia a la imagen de Dios es distinta en cuanto al pensador que la nombre. Ejemplo: El escritor ruso era un peculiar cristiano, en cambio, Nietzsche proclamaba la pérdida de fundamentos, normas, principios y valores cristianos por inconsistentes y perimidos.   Trataremos en primer lugar de ubicar los orígenes de la palabra nihilismo, relativamente reciente, que proviene del vocablo latino nihil: Nada. El vocablo nihilismo fue empleado por primera vez en 1799 en una carta de Jacobi a Fichte, calificando el idealismo del último como, precisamente, nihilismo (el idealismo, según Jacobi, transforma en “nada” todo lo que está más allá de las ideas). En 1826 Franz von Baader especifica que las crisis sociales modernas rompen la tradicional unidad entre fe y conocimiento racional, concluyendo que esto remite a un nihilismo que es negación de Dios y frenética ambición de saber y poder. No todas las exposiciones, como hemos explicitado, se basan en lo meramente religioso, pero lo trascendental es preponderante en La Avispa 58 42


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la mayoría de los que han pensado seriamente el nihilismo, ya sea como auténtica fe o en el uso de tropos. Se suele ubicar uno de los antecedentes del fenómeno que tratamos en el Humanismo, con la consolidación del hombre ante todo concepto suprahumano, comienzo de la secularización: El hombre como centro. Seguido del Iluminismo y la revolución francesa. He aquí la concepción Tradicionalista. Definamos Tradición según palabras de René Guénon: “Todo lo que es de orden Tradicional implica esencialmente un elemento suprahumano (…) En una civilización íntegramente Tradicional, toda actividad humana, sea cual fuere, tiene un carácter que puede llamarse sagrado”.1 En 1844 Max Stirner escribe su único libro: “El único y su propiedad”. Varias lecturas se pueden hacer del mismo, desde  la que representa al anarquismo individualista más radical, con frases como “Mi causa no es divina, ni humana, no es ni lo Verdadero, ni lo Bueno, ni lo Justo, ni lo Libre, es lo mío, no es general si no única, como Yo soy único”. Y una segunda, la que más nos interesa, que nos muestra que el nihilismo no es sólo un estado de falta de sen tido, sino que existe una posición política-religiosa hábilmente aprovechada por los sectores dominantes, que no representa “nada”, y se apoya en las técnicas propagandísticas. Al sostener Stirner el Yo absoluto y aristocrático ante la falta de otro fundamento  de cualquier tipo, negado de plano por el autor, éste no encontrará movimientos que adopten sus ideas, sólo individualidades. Stirner será clarividente al demostrar por el absurdo la coacción indiscriminada del indivi43

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duo por grupos de poder vacíos en trascendencia. Ante esta idea nos encontramos con el fenómeno histórico de Nihilismo Ruso. En 1862 Iván Turgueniev edita “Padres e hijos”, y sienta las bases del nihilista en el personaje de Basarov. Se le define como: “El nihilista es un hombre que no se doblega ante ninguna autoridad, que no acepta ningún principio como artículo de fe por grande que sea el respeto que se dé a este principio”. Podríamos decir que los llamados nihilistas estaban compuestos por un grupo de jóvenes estudiantes hijos de pequeños burgueses, positivistas a ultranza. Esta juventud aspiraba a la instrucción y las libertades ya conseguidas (en cierta medida) en occidente. El aumento de la radicalización de las protestas llevó rápidamente a una escalada de represión zarista que transformó el disenso en auténtico terrorismo. Ejemplo de las vertientes del nihilismo histórico-activo sobre la que no nos extenderemos en demasía. Vale su inclusión por lo conocido del fenómeno ruso, emparentado al anarquismo más visceral. Podemos citar a Pisarev como uno de sus principales teóricos.   Sin duda el autor que con más claridad ve el problema del nihilismo es Friedrich Nietzsche. En 1882 publica “La gaya ciencia” y allí expresa: “El más importante de los acontecimientos recientes, “la muerte de Dios”; el hecho de que se haya quebrantado la fe en el dios cristiano, empieza a proyectar sobre Europa sus primeras sombras”. Nietzsche llamó nihilismo a la crisis de todos los valores, la reducción de todo a un valor de nada. El autor alemán presenta al nihilismo al menos en tres enfoques diferentes: 1- Negación de los valores fruto de un pesimismo sobre la condición de la humanidad. 2-  Resentimiento contra la vida, propio del cristianismo y de su rechazo de los valores vitales. 3- El nihilismo adopta un nuevo sentido a partir de la muerte de Dios, a pesar de los decadentes ideales del cristianismo. La conciencia de que el sentido y fundamento de la creencia en Dios ha desaparecido lleva a la vivencia de que todo es absurdo, que la vida no tiene sentido. Ante esta perspectiva Nietzsche se plantea: ¿El hombre en cuanto hombre está preparado para asumir el poder de la Tierra en su totalidad? De no ser así ¿Qué deberá producirse en el hombre, al cual llama “El último hombre”, para que pueda “someter a la tierra”? La Avispa 58

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En “Así habló Zarathustra” (1891) el autor propone el abandono de todos los antiguos valores y la subordinación a una voluntad fuerte y creadora (“el hombre es algo que debe ser superado”). Nace así la idea tan conocida y muchas veces malinterpretada de superhombre. “Éste no exagera lo desmedido de los instintos y afanes. Para el superhombre precisamente queda caduco lo meramente cuantitativo. Es más simple, más tierno y más duro, más silencioso y sacrificado. No se presenta en masa ni de cualquier manera, sino sólo cuando se haya establecido un orden jerárquico en el sentido esencial”2, un “César con alma de Cristo”. Con su valoración de la unidad de un universo dionisíaco en el que lo esencial es el todo y no sus concreciones, y con la transfiguración creadora de la realidad propiciada por el arte, Nietzsche considera que el nihilismo puede ser vencido. Finalmente el descubrimiento de la idea de Eterno Retorno de todas las cosas, la eternidad de la vida, repetida a lo largo de ciclos infinitos, le servirá para intensificar el goce de la existencia multiplicando su valor indefinidamente. Una exhortación: ¡Vive de modo que desees volver a vivir, y vivir del mismo modo eternamente! Una “prueba de fuerza” que conduce más allá del mundo  del devenir del carácter del ser, una prueba de poder.   Martin Heidegger será el que dé un salto sin precedentes al formular la época de la metafísica, desde Platón a Nietzsche, como un período de “olvido del ser”. Según Heidegger la metafísica ha pensado meramente en el ente. El olvido del ser trae aparejado el “nihilismo impropio”, motivado por el “nihilismo propio” o abandono del ser. El filósofo alemán seña45

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la un agudizamiento de esa visión metafísica en Descartes, en una reducción de la naturaleza a objeto para un sujeto. El nihilismo de la metafísica provocaría el advenimiento del nihilismo de la técnica. Ante esta situación, Heidegger propone una superación de la metafísica mediante un “Pensamiento Rememorante”: El pensamiento debe dirigirse de la extrema exterioridad del ente hacia la esencia del ser mismo, un remitirse a los presocráticos y a lo “Advenidero”. Los “Advenideros” ya están aquí; Heidegger pone como ejemplo el pensar de Horderlin y Rilke entre otros poetas. La rememoración no es otra que la fuente del poetizar. Los “Advenideros” inauguran el comienzo del pensar tal como lo concibe Heidegger, son los que proclaman la aparición del “Último Dios”. Al último Dios no se lo espere como quien espera un futuro. Por el contrario, pocos saben que es dios quien espera la fundación de la verdad del Ser y con esto la sustitución a la manera de un salto, un salto al origen para abrir nuevamente las incalculables posibilidades de nuestra historia. La forma suprema de rehusarse del “último Dios” es al mismo tiempo la cercanía. Aclaremos que el último Dios es totalmente otro con los habidos hasta ahora, por sobre todo con respecto al cristiano. “Lo gravísimo de nuestra época grave es que no pensamos”, expresa Heidegger, “Tal vez sea el caso que el hombre en lo que lleva de existencia, hace siglos, ha obrado de más y pensado de menos”.3 Ernst Junger y Julius Evola intentan definir cómo tendría que ser el “último hombre” nietzscheano, su actitud ante el nihilismo, consciente del fenómeno.  Junger con su concepción del “Anarca”, fuertemente influenciada por Stirner: “El anarca puede revestir Todos los disfraces. Se queda en cualquier lugar donde se encuentra bien; pero si esto no le conviene ya, se va de allí (…) Persuadido de su propia independencia interior, puede incluso mostrar cierta benevolencia con el poder instalado (…) Es pragmático: En primer lugar está el hombre, su ambiente viene después”.4 En la mirada de Evola la libertad que se impone el hombre consciente del nihilismo no significa la ruina, porque posee, ya sea por su estructura especial o porque esté en condiciones de conquistarla, gracias a una ruptura existencial de nivel que restablezca el contacto con la dimensión superior del ser, una base sólida en sí mismo. La Avispa 58

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En el plano político, en su libro “Qué es la política”, Julien Freund expresa: “La acción pura constituye el verdadero nihilismo, pues implica la desvalorización de las ideas, la descalificación de los intereses o de la utilidad y el desprecio del hombre.   El rumor sobre el nihilismo es constante aún fuera de ámbitos específicos. El hombre ve afectada su vida, aún cuando no se percate: La técnica como desmesura (Hybris), la rapidez sin sentido, aislamiento “gracias” a los medios de comunicación, modas absurdas, nivelación por lo bajo, naturaleza convertida en mera mercancía, pulverización continua de las estructuras familiares, fugacidad constante, sinsentido de la vida, indiferencia… Pero cuando se tiene suficiente fuerza de espíritu no hay lugar para la desesperación.   Bibliografía Además de los textos nombrados, todos disponibles en castellano, se recomienda la lectura de los siguientes: Dostoievski, Fiódor. Demonios, Barcelona , Planeta, 1984. Evola, Julius. Cabalgar el tigre, Barcelona, Nuevo arte Thor, 1987. __________  Rebelión contra el mundo moderno, Buenos Aires, Ediciones Heracles, 1994. Junger/ Heideger. Acerca del nihilismo, Barcelona, Paidós, 1994. Laiseca, Laura. Nihilismo y superación. La dimensión advenidera del “Último Dios” en Heidegger, Tópicos n° 10, Santa Fe, Universidad Católica de Santa Fe, 2002. Nietzsche, Friedrich. La voluntad de dominio. Ensayo de una transmutación de todos los valores, Buenos Aires, M. Aguilar Editor, 1947.

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Biolcati, Vicente Alberto, La edad crepuscular. Barcelona, Ediciones Obelisco, 1988 Heidegger, Martin, ¿Qué significa pensar?, La Plata, Terramar, 2005 3 Op cit. 4 Hervier, Jules, Conversaciones con Ernst Junger, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1990 GRUPO DELAPALABRA 2

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Notas y ensayos GENIO, ARTE Y LOCURA La única diferencia entre yo y un loco es que yo no estoy loco Salvador Dalí

Hasta que me radiqué en Mar del Plata, de esto hace ya más de veinte años, sabía sobre este tema tanto como la mayoría, o sea muy poco, y tenía una visión absolutamente romántica sobre su relación con el arte. Uno de mis primeros trabajos acá fue el de encargarme de las reseñas bibliografías para el diario La Capital. Me hacían llegar entre ocho y diez libros por mes para leer y comentar. Una tarde, entre ellos llegaron tres de un poeta local a quien no conocía ni había sentido antes nombrar. Los leí y cosa extraña —ya que en estos casos debía elegir sólo uno— en lugar de hacer la reseña solicité hacer una nota sobre el conjunto. ¡Tanto me habían impactado! Se trataba de tres poemarios de Jorge Lemoine escritos a finales de los 80. Para la misma época, allá por los 90, conocí a René Villar. Fascinada como buena poeta treintañera con Artaud me encontraba de pronto con que MDP tenía sus propios Artaud pero era casi imposible dialogar con ellos, trabajar y hasta a veces tratar… sin embargo, esos “locos” tenían dosis de talento admirables. No sabía qué hacer, así que me obsesioné con el tema de arte y salud mental. Leí, estudié, hice seminarios, trabajé —durante diez años— en La Rada, un centro de arte y salud, donde recibía, además de gente que quería pulir o desarrollar su estilo en mis talleres literarios, a personas con padecimiento mental, adictos y alcohólicos en recuperación, la mayoría de las veces derivados por sus psicólogos o psiquiatras. Tiempo después coordiné junto con la lic. Karina Krol el taller interdisciplinario Markas para personas con angustias y depresiones leves, y más tarde el taller Palabra Clara en la clínica psiquiátrica Clara del Mar donde trabajé tres años. Quienes eran dados de alta asistían luego a los talleres (sin que nadie supiera de sus patologías) a veces con AT —acompañantes terapéuticos que se hacía pasar por alumnos—, y encontraban en delapalabra un lugar donde eran tratados como escritores y no como pacientes. ¿Por qué lo hice? Porque creo en el poder sanador del arte. Recuerdo el caso de un paciente La Avispa 58

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que vivía enfrascado en sus cuadernos a tal punto que había creado un idioma propio que incorporaba a sus trabajos; en general: a casi ninguno de los talleristas internados les interesaba comunicarse con el otro, pero éste era un caso extremo. Sin embargo, a los pocos meses de asistir al grupo empezó a poner entre paréntesis la traducción de esas frases en su extraño idioma y, al año, lo había dejado de lado. Sí, el arte sana, no la patología, pero sí el alma, el dolor y el aislamiento con que conviven quienes la padecen. Por eso trabajamos en La Rada con la Colifata en una jornada de tres días a principios del 2000 y tiempo después ese mismo proyecto radial lo encaramos junto a los chicos de radio La Azotea para que se trasmitiera desde la clínica Clara del Mar para toda la ciudad. Por eso mismo los llevábamos al café delapalabra cada mes con el enorme esfuerzo de acompañantes terapéuticos y psicólogos (a razón de uno cada cuatro pacientes) quienes hacían este trabajo en forma voluntaria en grupos de a veinte o treinta. No eran presentados como pacientes sino como talleristas o poetas invitados. A algunos obvio, se les notaba, y tal vez muchos se hayan preguntado “de dónde saca Marcela a toda esa gente” o comentado acerca del ambiente enrarecido del bar… y dejaron de acompañarnos. Por la misma razón los publicamos en La Avispa, porque los internos en clínicas psiquiátricas siguen estando excluidos, hoy como siglos atrás, y hay entre ellos muchos artistas que necesitan y merecen ser escuchados. La creación artística les da esa posibilidad. En esta charla quiero hablar sobre lo que aprendí no de ellos sino con ellos, a quienes Diana Bellessi llama: los tachados de la sociedad, y Galeano: los ninguneados. Esto es para mí: un compromiso; porque creo profundamente en lo que escribió Cesar Vallejo cuando: Cito: Un hombre pasa con un pan al hombro/ ¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?// Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo/ ¿Con qué valor hablar del psicoanálisis? 49

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Ahora entremos en el tema: La esencia del hombre es preguntar y una de la cosas que se ha preguntado siempre es por qué hace arte y si existe alguna relación entre arte y salud mental. De ser así la pregunta pasa a ser: ¿Son los artistas sujetos psíquicamente desequilibrados o son los enfermos mentales: artistas incomprendidos? ¿Es el arte un remedio terapéutico? O por el contrario ¿mejora la expresión artística? ¿Está loco porque escribe o escribe porque está loco? ¿Hasta dónde llega el mito? ¿Qué pretende el arte? ¿Por qué esa fascinación con la locura? Y por último: ¿Es la locura del artista, o la magia del objeto creado la que arranca el aplauso de la gente? ¿Qué quieren los amantes del arte: ¿Gozar ante un objeto que les abruma por su conocimiento del mundo o sentir la humillación del artista? Mucho se ha escrito acerca de la locura. Veamos algunas definiciones: En sus orígenes se la consideró una enfermedad del cuerpo que se manifestaba en el alma, o una posesión del alma por algún espíritu diabólico. Pero para la Grecia clásica y también para Roma, el loco era aquél capaz de expresar la voz del pueblo, capaz de decir lo que los demás no se animaban a decir; aquél que, de algún modo, representaba una especie de conciencia popular no contaminada por los efectos del poder. Uds. me dirán ¡pero Platón expulsó a los poetas de la República! Amigos: Platón sólo expulsó a los poetas imitativos, y no a los inspirados o a quienes buscaban en la poesía una vía para el conocimiento. Los griegos llamaban a los poetas «enfermos divinos». Y sostenían que los locos eran los únicos capaces de comunicarse con los dioses. Más tarde dirá San Agustín que cuando Dios quiere hablar al corazón del hombre debe hacerlo con el lenguaje de la sinrazón. ¿No es éste el lenguaje del arte que llamamos inspirado? En la Edad Media el sentido de la locura cambió, la locura significaba insania y se la vinculaba con el concepto de enfermedad. La enfermedad y por ende la locura —vivida como un infierno terrenal— fue entonces para el cristianismo un modo de expiar culpas, un castigo. Fue durante la edad moderna a partir del siglo XV y hasta el XVIII cuando se establecieron las bases para estigmatizar, perseguir y aislar socialmente a los que padecían este tipo de trastorno. Sin embargo en 1511 se publica el Elogio de la locura de Erasmo de La Avispa 58

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Rotterdam, quizás el primero en mostrarla de otra manera: como una sátira contra la cultura y la sociedad de la época. Para Erasmo, la “señora locura” es la estupidez que afecta a todos los seres humanos (excepto a los más sencillos) y a todas las capas sociales; y siempre se encuentra presente en la vida humana, aunque no se lo reconozca. Recién a mediados del siglo XVIII, eminentes reformistas, como el médico francés Philippe Pinel introdujeron el tratamiento médico en lugar de los tratamientos crueles que hasta entonces habían prevalecido. A pesar de estas reformas, la mayoría de los enfermos mentales continuaron en cárceles y asilos hasta el siglo XIX. Cuando Freud, introdujo la noción de inconsciente y borró las fronteras entre el individuo sano y enfermo, se dio paso a la comprensión de los fenómenos psíquicos, en particular a los sueños. Sobre esto escribió Cortázar en Rayuela: “ciertas estructuras soñadas serían formas corrientes de locura si continuaran en la vigilia. Soñando nos es dado ejercitar gratis nuestra aptitud para la locura pero sospechamos que toda locura es un sueño que se fija”. Sabiduría popular: Es un pobre loco, un soñador” Ahora bien: Soñar es un acto individual… Pero sucede que Michel Foucault, introdujo el concepto de la locura no como un fenómeno individual producto de lo social sino un fenómeno en sí mismo social, una forma de respuesta de toda la comunidad a la incoherencia y contradicción de la vida. Vayamos por partes: Si es social, todos estamos implicados… ya sea como víctimas o como victimarios. 51

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Veamos: El término salud mental se define por el bienestar y la auto aceptación; implica la capacidad de relacionarse y comportarse sin invadir los derechos de los demás. En definitiva, se trata de estar bien adaptado y emocionalmente ajustado. Pero según Elías Neumann “Los locos se cayeron del árbol del contrato social.” Y parece ser que somos unos cuantos los caídos. Según una estimación aceptada, el 10% de la población tiene al menos una vez en su vida problemas de salud mental lo suficientemente graves como para requerir cuidados médicos. Un porcentaje bastante alto de la población sufre depresiones, ansiedad u otro tipo de trastornos emocionales que provienen de estados como la pobreza, el desempleo, la discriminación por razones de raza, sexo, clase social, edad, deficiencias físicas o mentales. Y si bien el tratamiento de la enfermedad mental ha cambiado drásticamente en las últimas décadas, aun, muchas veces, las perturbaciones en el comportamiento de los pacientes se debe más a la marginación que a la enfermedad. Una parte de esa marginación se debe al hecho que mencioné antes: tacharlos, mandarlos al correo no deseado de nuestras vidas o la internación. Según Foucault el poder de dominación sobre los enfermos mentales produce un saber acerca de la locura pero este saber necesita aun hoy de ciertas técnicas que implican, con sutileza, un enmascaramiento del poder. Esto ya lo había dicho Artaud en la carta a directores de hospitales: “Se sabe —nunca se sabrá lo suficiente— que los asilos, lejos de ser “asilos”, son cárceles horrendas donde los recluidos proveen mano de obra gratuita y cómoda, y donde la brutalidad es norma. Y ustedes toleran todo esto. El hospicio de alienados, bajo el amparo de la ciencia y de la justicia, es comparable a los cuarteles, a las cárceles, a los penales. No podemos admitir que se impida el libre desenvolvimiento de un delirio, tan legítimo y lógico como cualquier otra serie de ideas y de actos humanos. Los locos son las víctimas individuales por excelencia de la dictadura social. Y en nombre de esa individualidad, que es patrimonio del hombre, reclamamos la libertad. Sin insistir en el carácter verdaderamente genial de las manifestaciones de ciertos locos, afirmamos la legitimidad absoluta de su concepción de la realidad” Freud en cierta forma liberó al enfermo de existir dentro del asilo La Avispa 58

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donde lo habían confinado sus “libertadores”, pero no lo liberó de lo que tenía de esencial esa existencia, que es la dependencia paciente terapeuta. Eso sigue hasta hoy.

Veamos qué pensaban/ escribieron sobre esto los escritores, específicamente los poetas, por ejemplo André Breton en el 1º manifiesto surrealista (1924), cito: “Los locos son las víctimas individuales de la dictadura social. Todos sabemos que los locos son internados de acuerdo a un reducido número de actos jurídicamente reprobables, y que, en ausencia de estos actos, su libertad no se cercenaría. Los locos son víctimas de su imaginación, ésta les induce a quebrantar ciertas reglas, pero su imaginación les proporciona también grandes consuelos: gozan de su delirio lo suficiente como para soportar que tan sólo tenga validez para ellos. Pero, en realidad, las alucinaciones, las visiones, etcétera, no son una fuente de placer. Me pasaría la vida entera dedicado a provocar las confidencias de los locos. Son gente de escrupulosa honradez, dijo. Para poder descubrir América, Colón tuvo que iniciar su viaje en compañía de locos. Y ahora podéis ver que aquella locura dio frutos reales y duraderos.” Esto concuerda con una frase de Mark Twain “Un hombre con una idea nueva es un loco hasta que la idea triunfa.” Foucault estudió y expuso en “Locura y civilización” (1960), cómo la fuerza creativa de la locura había sido reprimida tradicionalmente por las sociedades occidentales. Intentemos sacar nuestras propias conclusiones de casos concretos. Lo primero que tenemos que dejar en claro es que existen dos tipos de arte: Apolíneo: donde reinan el orden, el no-cambio, la perfección. Dionisíaco: que es un arte crispado. Algo se crispa cuando quiere arrancarse en forma violenta algo que le molesta. Éste es el arte asociado a los desórdenes mentales. Cuando hablamos de genio, arte y locura el primer nombre que nos viene a la cabeza no es el de un poeta sino un pintor: Vincent Van Gogh. Para él todos los fenómenos visibles, los pintara o los dibujara, parecían estar dotados de una vitalidad física y espiritual. Si Van Gogh hizo vivir las imágenes de las cosas, Artaud hizo vivir las palabras. Van Gogh se asemeja a Artaud, por aspirar a una condición digna del hombre, y denunciarlo los llevó a la reclusión. 53

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¿Qué se entiende por auténtico alienado? le preguntaron a Artaud: Es un hombre que prefiere volverse loco —en el sentido social de la palabra— antes que traicionar una idea superior del honor humano. Por esa razón la sociedad amordaza en los asilos a todos aquellos de los que quiere protegerse, por haber rehusado convertirse en cómplices de ciertas inmensas porquerías. Pues un alienado es en realidad un hombre al que la sociedad se niega a escuchar, y al que quiere impedir que exprese determinadas verdades insoportables Es debido a esta necesidad abrumadora de expresión, que el artista alienado, es incapaz de renunciar a su mundo interior y como un Quijote sale a enfrentar al mundo exterior. Tal vez esto haya dado pie para que: un mal entendido y anacrónico romanticismo, abriera la puerta para que todas las características que se encuentran en las enfermedades mentales fueran vistas como un motor para el arte o la escritura. Pero sucede que en toda creación existen por un lado el sujeto creador y por el otro el objeto que va a ser representado; para que se produzca la obra de arte, ambos deben enfrentarse y destruirse; sólo de esta manera surge una obra que ya no es ni el sujeto ni el objeto sino una tercera realidad reconstruida a través de sus partes. Ahora bien: si este proceso se logra, el sujeto habrá podido expresarse, manteniendo su dominio y su control, con el fin de comunicar, de influir en el otro (lector, espectador) y provocar en él algún cambio de actitud. Pero si el que trabaja en esto es un enfermo mental en crisis aguda, hará catarsis él pero no hay intención de producir un cambio en el otro por lo tanto no hay comunicación; lo que quiere cambiar, lo que no soporta es la realidad, entonces quiere arrancarla de sí mismo: para eso se crispa (¿se acuerdan cómo definí al arte dionisíaco?) Ahora podemos retroceder un poco y entrar más a fondo en esto de la salud mental: Hoy los estudios demuestran que las personas que padecen manía o depresión tienen una mayor predisposición a realizar trabajos creativos. Y decir que la obra de Shelley, Keats, Holderlin 1780, Byron, Van Gogh o Schumann no se debe a favores del dios Apolo o Dionisio, sino a un desequilibrio mental del autor —según afirma Myriam López Blanco— es quitarle bastante encanto a la historia; pero así lo asegura una decena de trabajos La Avispa 58

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publicados en los últimos veinte años en algunas de las revistas psiquiátricas más prestigiosas del mundo. La relación entre la creatividad y la locura no es algo nuevo, sino que se remonta al mundo clásico: también la padecieron Miguel Ángel o Leonardo da Vinci..., genios dirán Uds., bipolares afirman hoy los entendidos… Pero el bipolar, el esquizofrénico, lo mismo que quienes sufren depresiones, trastornos obsesivo compulsivos o de ansiedad, no son o no tienen por qué serlo. Sin embargo hay algo que llama poderosamente la atención: según un artículo de Kay Jamison, psicóloga de la Universidad de California, publicado en la Scientific American, la mayoría de los artistas que han pasado a la Historia, sufrió alguna de las dos principales enfermedades anímicas: depresión o manía depresiva. En 1973, Nancy Andreasen, de la Universidad de Iowa, realizó el primer estudio riguroso con criterios estrictamente de diagnóstico. Se entrevistó un grupo de artistas y se lo comparó con un grupo de control De este estudio resultó que el 67% de los escritores había estado siguiendo algún tratamiento psiquiátrico con anterioridad, y el 40% eran alcohólicos o tenían otras adicciones. Diez años después, Kay Jamison estudió otro grupo de artistas y escritores distinguidos y encontró que un 38% había estado en tratamiento por depresión y que el grupo de los escritores era el que más problemas psiquiátricos había tenido. Los que salían peor parados eran los poetas —la mitad había requerido hospitalización o medicación. De los resultados del estudio de Akisal sugirieron que los enfermos emocionales eran más creativos que las personas equilibradas y los 55

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individuos que desempeñaban trabajos creativos (actores, escritores, compositores e intérpretes musicales) tenían mayor riesgo de sufrir desequilibrio mental y mayores tasas de alcoholismo, consumo de drogas, depresión, ansiedad, psicosis, etc., comparados con militares, científicos, algunos hombres de negocios y funcionarios. Otros muestran que las tasas de suicidio, trastornos mentales y consumo de drogas es entre dos y tres veces mayor entre artistas y escritores que entre hombres de negocios, científicos y personajes de la vida pública. La propensión al suicidio de los poetas es 18 veces mayor que la de los no artistas. La psicosis maníaco depresiva presenta una tasa 30 veces mayor en los artistas y escritores que en los otros personajes, y la tasa de internación en institutos psiquiátricos: 20 veces mayor que en la de los segundos. Es natural entonces que haya biografías de escritores que tienden a la subjetividad y que refuerzan la idea de que existe una correlación “positiva” entre los trastornos mentales y la creatividad. • En realidad, la psicosis maníaco depresiva y el proceso creador comparten ciertos rasgos pero no necesariamente positivos o que impulsen la creación artística, como: funcionar bien con pocas horas de sueño, concentración para trabajar intensamente, actitudes intrépidas y capacidad para experimentar y expresar emociones profundas. Pero todo esto, repitamos no engendra un artista. Siempre la enfermedad mental es devastadora para quien la sufre. Y la esquizofrenia es la más invalidante. Analicemos otros trastornos: La esquizotipia o sea no la enfermedad en sí sino tan sólo una fuerte tendencia a padecerla (como en el caso de Dalí) puede ser adaptativa y combinar el talento con la originalidad sin apenas defecto apreciable. • En el caso particular de un maníaco depresivo: «como la depresión es una visión del mundo a través de un cristal oscuro, y la manía es lo que se ve a través de un caleidoscopio, a menudo brillante pero fragmentado», según lo describe Jamison: entonces la manía leve es un estado altamente energético que aumenta la atención y la productividad; la depresión la anula. Para evitar estos ciclos de altibajo se medica a los pacientes con litio que, lo mismo que los anticonvulsivos, son eficaces contra estos trastornos, pero reducen la actividad intelectual y limitan la capacidad de percepción. •

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puede considerarse un hándicap todo aquello relacionado con las experiencias inusuales de conciencia que proporcionan la psicosis o la intoxicación, pero siempre y cuando puedan ser revividas en los estados conscientes.

Ahora analicemos la creatividad. Esta función de la mente parece estar relacionada con: • La originalidad y la tendencia a encontrar relaciones nuevas entre las cosas. • Surgimiento de ideas, imágenes o sonidos que son perseguidos activamente por la mente del creador tratando de darle forma a ese caos que procede de su inconsciente. • El desarrollo del famoso pensamiento lateral, como forma de resolver en forma original o creativa —valga la redundancia— problemas en los que la mayoría de las personas “racionales e instruidas” se atascaría. • Intuición y comprensión súbita, esa especie de eureka. • Curiosidad insaciable, intereses variados, capacidad de sortear contradicciones. • un propósito de expresión abrumador. • y tendencia a la desobediencia y a la transgresión. Como vemos la enfermedad y la creatividad comparten algunos puntos, pero la enfermedad mental no es condición necesaria para que se exprese el talento… En todos los casos, el talento creador emerge a pesar de y no gracias a. Entonces surge una pregunta: por qué la lista de poetas y escritores famosos con trastornos mentales es tan larga: Balzac/ Faulkner/ Fitzgerald/ Gorki/ Graham Greene/ Hesse/ Hemingway/ Ibsen/ Henry James/ Marc Twain/ Dickens/ Mary Shelley/ Stevenson/ Tolstoi/ T. Williams/ V. Woolf/ Emile Zola/ Artaud/ Baudelaire/ Lord Byron/ E. Dickinson/ Eliot/ Kafka/ Quiroga/ Pizarnik/ Fijman/ Victor Hugo/ 57

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Pavese/ Sylvia Plath/ Poe/ Ezra Pound/ Pushkin/ D. Thomas/ W. Whitman/ John Keats/ Maiakovsky/ Sigamos con nuevos interrogantes: ¿qué habría pasado si las obras de estos hombres y mujeres se hubiesen perdido/descartado por ser resultado de una enfermedad mental? ¿Por qué MDP perdió las obras de René Villar? ¿Qué habría pasado si la sociedad hubiera estado atenta a los preanuncios de suicidio de Alfonsina Storni, Alejandra Pizarnik o Virginia Woolf? ¿Y en el caso de Villar? Durante sus últimos meses de vida: ¿A quién queríamos o pretendíamos salvar? ¿Al hombre o al poeta? ¡Al hombre! nos sale de inmediato pero ¿por qué no lo hicimos antes? Pero ¡Era tan pintoresco verlo deambular con su traje de la guerra de secesión! ¿Queríamos salvar al poeta o a su representación de poeta maldito? Y nos encontramos con que en su caso poesía y vida eran una sola cosa. Y llegamos tarde. La muerte de su madre, el fracaso de la última Marathónica, la disolución de la Central de la Fundación de poetas y por último la desnutrición lo llevaron a un recrudecimiento exponencial de la enfermedad que lo llevó a la muerte: la atrofia cerebral. Juan Jacobo Bajarlía dijo: “un poeta (y a esta altura podemos extenderlo a casi todos los escritores o artistas) es un ser extraño, su nacimiento es una maldición, vive desdoblado asumiendo dos sujetos simultáneos, en uno de los cuales se despersonaliza. Este poeta/escritor/artista, es rechazado por la sociedad porque se atreve a denunciar sus bajezas, y consciente de ello vive entonces simulando, vive dos vidas. Todos estos creadores con trastornos mentales han sido incapaces de renunciar a la libertad total que los conducía a generar una realidad para ellos más digna. La vida tal como se la ofrecía la sociedad, para ellos carecía de sentido. La locura entonces representó para ellos un ruptura total por eso debían apartarse de las normas convencionales, y vivir escindidos internamente del mundo real para ser plenos en el mundo de la imaginación. Vamos a decirlo más sencillo: como no soportaban la realidad se sumergieron en su fuero interno. Este apartarse fue como afirmó Fijman: un acto de sinceridad Esta sinceridad para consigo mismos, algunos la quisieron hacer visible e intentaron compartirla para que algo sucediese en cada una de sus épocas: La Avispa 58

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Notas y ensayos Artaud, por ejemplo fundó el teatro de la crueldad, y utilizó este término para definir un nuevo tipo de representación que debía minimizar la palabra hablada para dejarse llevar por una combinación de movimientos físicos, gestos y sonidos inusuales…, esto, sumado a la eliminación de las disposiciones acostumbradas de escenario y decorados, pretendía que, con los sentidos desorientados, el espectador se viera forzado a enfrentarse a su fuero interno, a su ser esencial. Para Artaud la vida, lo mismo que el arte, era un incendiarse de preguntas, por eso quiso hacer un libro que trastornara a los hombres, un libro que los condujera hasta donde ellos no habían llegado jamás, y mostrarles la fragilidad de sus pensamientos. En “Van Gogh, el suicidado de la sociedad”, libro en defensa de los alienados, dice así: El genio, es decir el impulso para alcanzar el nivel más alto de realización, existe latente en todo hombre. Aquél que se decide abiertamente a alcanzar ese nivel debe afrontar inmediatamente la hostilidad de la sociedad. El destino del loco y el del genio son similares; no importa cuáles sean los resultados, porque el impulso que los mueve es el mismo: un impulso hacia la libertad de lograrse en plenitud, de completar su desarrollo como seres. El genio y el loco tienden a ser excluidos de la sociedad, porque ésta sólo acepta embriones de seres, en otras palabras: seres inconclusos. Ahora bien, cuando leemos la obra de artistas alienados, podemos ver que generalmente prescinden de todas las normas convencionales, que una verdadera suma de fuerzas parece conducirlos hacia la libertad de creación y que utilizan una lengua alterada muy similar GRUPO DELAPALABRA 59


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a una práctica poética. De ahí el estrecho contacto de la locura con la poesía. Estos artistas enfermos suelen carecer o por lo menos van perdiendo unidad en sus obras, pero todos han intentado dar al lector un espectáculo de unidad total donde las fuerzas contradictorias que hay en el hombre y la naturaleza se entrelazan. Pero volvamos a la pregunta: ¿dónde se separan el poeta y el loco?: Uno puede volcar todo esto en el verbo —entrar y salir en los dos mundos, coexiste en ambos— y el otro lo vive integralmente. Para estos últimos, la escritura no fue un mero ejercicio más o menos bien realizado sino una forma de vida. Tal vez como afirma Sonia R. Fides, de Madrid: “La poesía es una locura no diagnosticada.” Con respecto a la calidad de aquellas obras realizadas ya no por genios sino por otros individuos con padecimiento mental o internos en clínicas neuropsiquiátricas, Reynon Muñoz afirma que se les podría reprochar la falta perfección técnica, ausencia de rigor, discontinuidad, improvisación, excesiva inocencia de la composición etc. Algunos se cuestionan: Si cualquiera puede crear y hacer arte, hasta los vagabundos, los borrachos, los enajenados, los presos, puede, para qué sirven las facultades de bellas artes, las academias, los museos, los talleres y la política cultural en general? Otros se preguntan ¿tienen algún valor, alguna utilidad? Este tipo de arte no es objeto de cambio. Las obras del loco (por lo menos hasta su muerte) no se venden; se destruyen o se regalan o sea que no son utilitarias. Sin el reconocimiento público, puede resultar difícil diferenciar la genialidad de la locura; la autenticidad artística del delirio. Acerquémonos a una ácida pregunta de Artaud: Aprovechable ¿por quién y para qué? El arte no exige nada a cambio Pero entonces ¿Por qué hay tanto interés por las obras realizadas hoy por los “no artistas”? Podríamos decir que como espectadores o lectores acudimos a la obra de los locos a buscar lo que no podemos vivir o hacer. Necesitamos de los artistas porque en ellos imperan las biografías más desequilibradas. Cuanto más loco, más artista, parece decir la historia del arte. Cuanto más lejos se vaya, más adentro de las cosas se vive. Sus obras tienen “algo”, lo que no tienen es retorno. Alguna vez podremos ir con ellas tan lejos que será imposible volver a lo que fuimos. En el camino habrá entonces un atisbo de locura tanto para ellos como para nosotros. Para los creadores que viven en hospitales psiquiátricos El arte es su vía de comunicación con el mundo exterior A veces se habla de La Avispa 58

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Arte fuera de lo normal: una definición difícil porque una obra de arte no puede ser cuerda o loca. Simplemente plasma el mundo del autor y, su calidad e impacto, depende del talento creativo del artista. “Cada loco en su mundo está totalmente cuerdo, por ende, todos somos locos... o todos somos cuerdos... dependiendo de cómo se mire” La locura es muy subjetiva... decía Jacobo Fijman De un reportaje que le hizo Vicente Zito Lema, su tutor, tomo estas palabras: ¿alguien sabe lo que es el alma, lo que es el intelecto? Los médicos son buenos, hacen lo que pueden. Recetan, dan consejos... Cualquier enfermedad, aun el cáncer, es un estado de locura. ¿Quiénes responderán por mí? Hice conducta de poesía. Sentí de pronto que tenía alejarme del mundo. Y me aislé. Me fui de todos, aun de mí… Hoy es la demencia un estado natural. Me pregunto ¿el arte es un estado natural? Es para reflexionar. Y ¿qué es lo natural? ¿La vida? ¿La muerte? Si la escritura tiene un lazo profundo con la depresión es porque permite poner a distancia la representación de la propia muerte; esta anticipación de la muerte se pone en escena la literatura. Ciertamente, es una posición narcisista la de aquel que juega con su imagen de muerto. Chateaubriand lo hizo en Memorias de Ultratumba, Proust, Beckett y otros también escribieron sobre este frente a frente con la muerte que permite, una cierta exaltación de la vida. Pero en otros casos como por ejemplo en El diario de Virginia Woolf vemos que está lleno de indicios, de quejas que anticipaban sus suicidios. Lo mismo ocurrió con Alejandra Pizarnik o Alfonsina Storni. A veces la obra con sus quejas, imágenes y lamentos melancólicos se transforma en el lugar donde el escritor está tratando de enfrentar a la muerte y triunfar sobre ella. Kafka, en su diario, también analiza los efectos de la depresión y la bipolaridad y cómo batallarla: “Aquel que, en su vida, no llega a triunfar necesita una de sus manos para separar la desesperación y de la otra mano para registrar lo que percibe bajo los escombros, puesto que él ve una cosa distinta que los otros, él está, entonces, muerto en vida y no es, esencialmente, más que su sobreviviente” (1915). Es a partir de este desdoblamiento “yo como otro” que el escritor puede describir su cuadro clínico a través de la obra artística. Son tantos los enfoques que podríamos darle a esta cuestión de actitud creativa y la salud mental que me gustaría analizar un poco la 61

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cosa desde el otro lado, el de los enfermos. Por ejemplo volviendo al reportaje que le hizo Vicente Zito Lema a Jacobo Fijman: ¿En qué medida la enfermedad mental puede influir en una obra artística? En mi obra, los médicos dicen que no hay en ella signos de enfermedad. Y yo lo creo; ya que no hay en mi poesía nada en contra de la gramática. Hay que estudiar. ¿Por qué está internado en este sitio? Según los médicos debido a que estoy enfermo. Trastornos mentales. Yo creo sin embargo que la mayoría de la gente padece de trastornos mentales, incluso los propios médicos. Es que alguien sabe lo que es el alma, lo que es el intelecto? ¿Se siente un enfermo mental? No. Rotundamente. Mis obras prueban que soy hombre de razón. Los médicos se portan fácilmente bien. Pero no pueden ser lo que no son. Simplemente toman la temperatura de la piel. Dan pastillas, inyecciones, como si se tratara de un almacén. Y olvidan que en el fondo es una cuestión moral. Y es que no conozco a nadie que pueda entender la mente. Hacen lo que pueden. Lo terrible es que nos traen para que uno no se muera por la calle. Y luego todos nos morimos aquí. Aunque Fijman no se reconociera como enfermo mental, en su poema CANTO DEL CISNE del libro Molino rojo, define a la demencia en un sentido total como El camino más alto y más desierto. Ese mismo camino lo transitan/transitaron algunos poetas marplatenses. Ese darse cuenta de las miserias e intentar sobrevivir aun a costa de las convenciones o de su vida es lo que sucede hoy con Lemoine por ejemplo. En la obra de Jorge puede apreciarse cómo su enfermedad lo va minando en lo que son estructuras, coherencia sintáctica, nivel de catarsis, hilación, pero hay que reconocer que lo que dice… Libro: “Cuentos absurdos o de por qué todos ustedes son idiotas”. Lo de que la felicidad es estar conforme con uno mismo pero no tener la más mínima idea, es una linda frase. Cómoda para ustedes que no la entienden pero que se ponen siempre palabras en la boca que les quedan como un clavel en el ojo del culo. ¿Qué? ¿No entienden? El embrollo de siempre. Meterme en un pasillo redondo, que vuelve sobre sí mismo, y de repente perder de vista la puerta. Tengo la manía de empezar a escribir cosas que no sé hacia dónde van. Es como ponerme un par de skis por primera vez. Y echarme pendiente abajo. Y No ver los árboles. Lo catastrófico es que, la solución La Avispa 58

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está en el árbol Pero ponerme una lapicera y un escribir, y una nieve que no sé con qué nombrar… No sé... la locura no nos avisa ni tiende la mano con árboles. En Conversaciones con Pichón Riviere de Zito Lema él dice algo que creo todos compartimos Es la poesía la que muestra como ningún otro medio, la débil línea entre el cielo y el infierno, la vida y la muerte, la salud y la demencia Por eso quiero compartir con Uds. algunos trabajos de mis talleristas en la clínica psiquiátrica Clara del Mar donde se pueden ver claramente aspectos que hemos resaltado durante esta charla: el desdoblamiento, la sensación de soledad y desgarro, la potencia de sus imágenes, la sagacidad y sutileza de su intelecto: Quiero congraciar tu nombre con el demonio y la muerte Yo, que soy sin equidad tu consorte aun deseando la muerte ansío el cielo No comprendo este infierno pero callo. Lo nombro: soledad Siempre fue así. Dios me eligió. Él quiere que me haga solo, pero no soy más que un tumulto de deseos que vierte templanzas. ¿Y qué? Ya no soy científico pero me tienta. No. Nunca más. Ahora soy escritor. Me odio y me quiero. Estoy loco. Qué se le va a hacer. No soy tampoco estratagema sino el mismo odio que me come el cuerpo todo el día. Esta es mi narración. No mato porque sigo a dios y Él me abandona. ¿Qué haré sin Dios? Sumergirme aun más. Voy a fumar. Y luego a suicidarme, esperándolo Quiero que te mires al espejo y te des cuenta de lo absurdo que te rodea Locos son aquellos tipos que prefieren estar enamorados de su libertad Si la locura existe prefiero reír Los poetas son peligrosos La locura dispensa a la locura 63

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Como habrán visto estos textos locos gozan de muy buena salud y tal vez sea cierto lo que escribió Chesterton “El loco lo pierde todo menos la razón.” Por eso me gustaría hacer una breve referencia a la literatura de hoy. Es fácil ver cómo la literatura, de los 90 hasta hoy, describe no al individuo enfermo sino a la toda la sociedad enferma y lo hace precisamente con una escritura “enferma”. • La literatura de hoy igual que en la época de las vanguardias mata lo consagrado, busca otra cosa. • Exige otro lenguaje, uno que refleje que todo está fuera de los límites (y eso es locura), ese lenguaje es fragmentario (Como escribió Diana Bellessi: hoy se da la astillación del lenguaje porque lo que se astilla es el hombre y la sociedad). • Ambas parecen estar al borde… y, qué coincidencia, hay una patología que aparece por asociación sonoro-semántica: el border. Un borderline, presenta los siguientes síntomas que, no me van a poder negar son los de nuestra sociedad toda: Inestabilidad afectiva, episodios de intensa, irritabilidad o ansiedad, Ira y dificultades para controlarla, sentimientos de vacío, relaciones inestables, impulsividad, alteración de la autoimagen, estrés elevado. • Y ahora presten a esto: la literatura puede también tener misión de borde… precisamente para evitar su caída. O sea que tanto la locura como la literatura se transforman en un acto de resistencia, y en algo liberador. • Ya no sólo a los locos o a los creadores sino a todos la realidad nos resulta insoportable, tal vez por eso aparece con increíble fuerza un nuevo arte, esta nueva literatura que como decía Camus: existe para no morir de verdad.

MARCELA PREDIERI

delapalabra@hotmail.com

FOTOS: 1) Jorge Lemoine y Boshardt 2) René Villar 3) Antonin Artaud 4) Edgar Allan Poe 5) Walt Whitman 6) Vincent Van Gogh La Avispa 58

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Notas y ensayos CONTRALUZ - “VIENTOS DEL ESTE” Por CRISTINA LEONIDAS MENDIRY La capacidad que posee la literatura de tener raíces propias y a la vez nutrirse con otras literaturas, constituye una de sus características más importantes. Lafcadio Hearn (1850-1904) pudo captar la música del Japón y su lengua. En sus conferencias desarrolló la teoría de la “poesía desnuda”. De acuerdo con ésta, la parte transferible de la poesía está formada por imágenes que pueden ser evocadas en diferentes idiomas y culturas. Él escuchaba los pequeños suspiros que exhalan las cosas del mundo, lo que Aston llamó “el ¡ah de las cosas!” (mono no aware). Consideró al mundo como el campo donde transmigran las almas. La existencia de obras que gustan sólo a la gente del país donde fueron escritas constituye otro aspecto interesante del fenómeno literario. A esta categoría pertenece la llamada novela personal. Es una narración, no necesariamente en primera persona, de la vida del autor, quien se refiere a hechos y personas reales ampliamente conocidos por el lector a través de distintos medios de información. Su función es interpretativa, pone el acento en la expresión de cómo el autor interpreta su propia vida; como la tradición de la poesía japonesa –tanka o haiku– que también se basa en los sentimientos personales del autor en el momento de escribir el poema. La expresión “novela personal” (watakushi shösetsu) se aplicó por primera vez a Futón, de Tayama Katai, en 1907, y ya para los años ’20 era la forma más común de describir este género. Se la consideró como un resurgimiento de los diarios íntimos, iniciada en 935 por el Diario de Tosa, de Kino Tsurayuki. El antecedente 65

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Notas y ensayos

social de la novela personal son los actores y bailarines del período anterior de Meiji, quienes por ser considerados mendigos, constituían un mundo aparte. Los escritores de este género se movían en un mundo semejante. Como los mendigos de antaño, disfrutaban de cierta extraterritorialidad, por lo que nunca eran acusados o perseguidos cuando, con sus escritos, violaban la intimidad de los demás. Yasuoka Shötarö, Shimao Toshio, Shöno Junsö, Kambayashi Akatsuki, Kawasaki Chötaro y Takii Kösaku son los máximos representantes de esta escuela, de gran estima en todo Japón, aunque no integren los listados del mercado mundial de traducciones. La larga supervivencia de este género se explica por el alto grado de alfabetismo alcanzado por los japoneses desde mediados del período Tokugawa. Todos tenían la posibilidad de escribir diarios y poemas cortos que expresaran sus sentimientos acerca de la vida cotidiana. Esta continuidad de la tradición que une al novelista personal con el pueblo japonés muestra la necesidad de mantener la identidad. Ésta fue una de las armas de resistencia contra la ideología militarista del Estado. El eje radica en que el mundo puede ser mejor explicado desde una perspectiva individual. Las teorías totalitarias siempre han intentado aniquilar esa idea del “locus” personal, tratando de imponer una imagen acorde a los intereses del Estado. El yo, en su acepción japonesa, no se concibe nunca como una entidad separada, como lo es el ego de la tradición europea. Las experiencias primordiales se manifiestan a través de kanjiru (sentir) y omou (pensar), sin sujeto personal. Son experiencias que se dan en el seno de la sociedad familiar, de los amigos, o los vecinos y de ahí se proyectan a la comunidad más amplia de la aldea. Surge la necesidad de analizar la naturaleza de esa pequeña sociedad que constituyen la familia, los amigos y el vecindario, pero que nunca sobrepasa los límites del grupo donde los miembros pueden mirarse cara a cara. Las llamadas “novelas del estado de ánimo”, constituyen una evolución de la novela personal, y se ocupan de experiencias que trascienden los límites del individuo. Como En Kimosaki, de Shiga Naoya, Bichos de todas clases, de Osaki Kazuo y La rana roja, de Shimaki Kensaku. Yanagi Muneyoshi inició el movimiento de arte popular en 1936. Descubrió que en la tradición japonesa lo bello es inseparable de lo útil. Llegó a establecer los criterios estéticos La Avispa 58

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Notas y ensayos

prevalecientes entre los japoneses de todas las épocas. Por ejemplo, wabi, que expresa tanto la vida miserable como la soledad; sabi, que es tanto lo oxidado como lo faded; shibu, lo astringente y a la vez lo sobrio; y muji, el color liso y también lo infundado. Estos criterios están en el substrato del gusto y la concepción del mundo de los japoneses. Los adjetivos y los verbos son las categorías fundamentales cuando se trata de describir y evaluar el estilo de vida japonés, a diferencia de la filosofía europea que presupone que sus conceptos fundamentales deben ser expresados por sustantivos. Un tanka de Ito Sachiro: Ikemizu wa Nigori ni nigori Fujinami no Kage mo utsurazu Ame furi shikiru.

El agua del estanque está llena de lodo. Las flores de la vistería no proyectan su sombra sobre el agua y llueve muy fuerte.

Dos poemas cortos de Ishikawa Takuboku: chizu no ue chosen koku ni kuroguro to Sumi o nuritsutsu akikazze o kiku.

En el mapa, donde Corea está manchada con tinta negra, Escucho el viento de otoño.

HIKÖKI AVIÓN Miyo, kyö mo, kano aozora ni Mira, hoy también en ese cielo azul hiköki no takaku toberu o vuela alto un avión. kyüji zutome no shönen ga Un mandadero en descanso tama ni hiban no nichiyöbi en este raro domingo haibyö yami no hahaoya to tatta se queda en casa con su futari no ie ni ite [madre tuberculosa, hitori sesse to rïdä no dokugaku y está muy ocupado leyendo un o suru me no tsukare! libro de texto inglés, ¡solo y con los ojos [cansados! miyo, kyö mo, kano aozora ni Mira, hoy también en ese cielo azul hiköki no takaku toberu o [vuela alto un avión. 67

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Notas y ensayos HAIKUS

Ante este blanco crisantemo, las mismas tijeras dudan. Issa (1763 - 1827) Al Fuji: subes despacio –pero subes, caracolito. Shiki (1866 - 1902)

Un haiku no es una proposición lógica y no debe mostrar el proceso reflexivo. Emplea imágenes tomadas de la fantasía y de la realidad, pero prefiere estas últimas. El tanka es un tipo de poesía tradicional japonesa compuesta por cinco versos de 5-7-5-7-7 sílabas. Según algunos autores, su principal utilidad era la de transmitir mensajes secretos entre amantes. A través de los siglos, los poetas compusieron tanka no sólo para el amor o para conjurar a los dioses, sino sobre la naturaleza y otros asuntos no menos inspiradores. El renga era un género de poesía ligero y de entretenimiento, en el que un poeta recita los tres primeros versos (hokku) y otro compone el pareado final. Se considera que fue el paso intermedio del tanka al haiku, puesto que, de alguna manera, ‘independiza’ esos tres primeros versos que darán lugar al haiku. Faded: deslucido, descolorido, desteñido, marchito.

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Traducci贸n

Una rosa para Emily de William Faulkner traducido por Marcelo de la Plaza 69

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William Faulkner

Una rosa para Emily I Cuando Miss Emily Grierson murió toda la ciudad fue al velorio; los hombres, por esa especie de cariño respetuoso que se les tiene a los ídolos caídos; las mujeres, solo por la curiosidad de mirar dentro de la casa lo que nadie, salvo un viejo sirviente mezcla de jardinero y cocinero, había visto en los últimos diez años. Era una casa grande, cuadrada, de madera, en algún tiempo blanca, decorada con cúpulas y agujas y balcones con volutas en el estilo trabajosamente sencillo de los setentas, ubicada en lo que alguna vez fue nuestra calle más exclusiva. Los garajes y las desmotadoras de algodón habían invadido y borrado hasta los augustos nombres del barrio; solo quedó la casa de Miss Emily que obstinada y presumida exaltaba su decadencia sobre los carros de algodón y los surtidores de nafta –un horror entre horrores–. Y ahora, Miss Emily tenía que ir a encontrarse con los representantes de esos augustos nombres ahí donde descansan, en el cementerio atestado de cedros entre las alineadas tumbas anónimas de los soldados de la Unión y de la Confederación caídos en la batalla de Jefferson. Viva, Miss Emily era una tradición, una preocupación y un deber: una especie de obligación hereditaria para la ciudad desde ese día de 1894 cuando el Coronel Sartoris, el Alcalde –el mismo que había firmado el edicto para que ninguna negra pudiera salir a la calle sin delantal– la eximió de los impuestos, una exención a perpetuidad a partir de la muerte del padre. No era que Miss Emily hubiera aceptado una caridad. El Coronel Sartoris inventó un complicado cuento para la ocasión sobre un préstamo que el padre de Miss Emily había hecho a la ciudad y que la ciudad, como una cuestión de negocios, prefería devolver así. Solamente un hombre de la generación y de la forma de pensar del Coronel Sartoris podría haberlo inventado y solamente una mujer podría haberlo creído. Cuando los de la siguiente generación con ideas más modernas se convirtieron en alcaldes y concejales, el acuerdo provocó alguna incomodidad. A principios de año le mandaron por correo la boleta de los impuestos. Llegó febrero y no hubo respuesta. Mandaron una notificación en la que le pedían que pasara por la oficina del comisionado cuando le resultara cómodo. Una semana después, el La Avispa 58

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alcalde mismo le escribió ofreciéndose a pasar o a mandarle un coche y recibió como toda respuesta una esquela de estilo antiguo con una fina y fluida caligrafía de tinta desvaída por la que le hacía saber que no era de salir por ningún motivo. Sin más comentario, agregó la boleta de los impuestos. Convocaron una sesión extraordinaria de la Junta de Concejales. Una comisión le hizo una visita formal. Golpearon esa puerta que nadie había atravesado desde unos ocho o diez años antes cuando dejó de dar clases particulares de pintura sobre porcelana. El viejo negro los hizo entrar a un hall sombrío desde donde una escalera llevaba hacia una mayor oscuridad. Olía a polvo y desuso: un olor cargado y desagradablemente húmedo. El negro los acompañó al salón. Estaba decorado con muebles pesados tapizados de cuero. Cuando el negro abrió las celosías de una de las ventanas pudieron ver que el cuero estaba ajado, y cuando se sentaron, un polvo ligero subió suavemente entre sus muslos girando en lentas motas en el único rayo de sol. En un deslustrado caballete dorado junto a la chimenea había una fotografía coloreada del padre de Miss Emily. Se levantaron cuando entró; una pequeña mujer gorda, de negro, con una fina cadena de oro que le bajaba hasta la cintura y desaparecía en el cinturón, apoyada en un bastón de ébano con un deslucido puño de oro. Sus huesos eran chicos y desmedidos y tal vez por eso, lo que hubiera sido mero sobrepeso en otra, en ella era obesidad. Se la veía hinchada, como un cuerpo que hubiera estado mucho tiempo sumergido en aguas estancadas, y de ese tono pálido. Sus ojos, perdidos en las protuberantes gorduras de la cara, parecían dos pequeños pedazos de carbón encajados en un bollo de masa cuando se movían de cara en cara de los visitantes que exponían su misión. No les pidió que se sentaran. Simplemente se quedó parada en la puerta y escuchó silenciosamente hasta que al portavoz se le trabaron las palabras y se detuvo. Entonces pudieron oír el tictac del reloj invisible al final de la cadena de oro. 71

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Su voz fue seca y fría. –No tengo impuestos en Jefferson. El coronel Sartoris me lo explicó. Acaso alguno de ustedes pueda revisar los registros municipales para convencerse. –Pero claro que podemos. Somos las autoridades municipales, Miss Emily. ¿No le llegó el reclamo del comisionado, firmado por él? –Recibí un papel, sí –dijo Miss Emily. Tal vez él se considere el comisionado... Yo no tengo impuestos en Jefferson. –Pero no hay nada en los libros que lo demuestre, comprenda usted. Debemos ir  a... –Vean al Coronel Sartoris. Yo no tengo impuestos en Jefferson. –Pero, Miss Emily... –Vean al Coronel Sartoris –el Coronel Sartoris había muerto hacía casi diez años. Yo no tengo impuestos en Jefferson. ¡Tobe! –el negro apareció. Muéstrele la salida a los señores. II Así los derrotó, a caballo y a pie, precisamente como había derrotado a los padres treinta años antes por el asunto del olor. Eso fue dos años después de la muerte de su padre y un poco después de que la abandonara el novio, el que creímos que podría haberse casado con ella. Después de la muerte del padre salió muy poco, después de que el novio la abandonara prácticamente nadie la volvió a ver. Unas pocas señoras tuvieron la temeridad de llamar, pero no las recibió; el único signo de vida del lugar era el negro –un hombre joven entonces– que iba y venía con la canasta de los mandados. “Precisamente como si un hombre, cualquier hombre, pudiera llevar adelante una cocina decentemente” decían las mujeres; por eso no se sorprendieron cuando apareció el olor. Era otro vínculo de ese mundo vulgar y desmesurado con el mundo de los patricios y poderosos Grierson. Una vecina se quejó al alcalde, el Juez Stevens, de ochenta años. –¿Pero qué quiere que haga, señora? –le dijo. –Mándenle una notificación –dijo la mujer. ¿No hay una ley para eso? –Estoy seguro de que no hará falta –dijo el Juez Stevens. Probablemente no sea más que una víbora o una rata que su negro mató en el patio. Hablaré con él. Al día siguiente recibió dos quejas más; una, de un hombre que La Avispa 58

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llegó vacilante con su reproche: “Tenemos que hacer algo sobre este asunto, Juez. Soy el último en el mundo que quisiera molestar a Miss Emily, pero tenemos que hacer algo”. Esa noche se reunió la Junta de Concejales: tres ancianos y un joven miembro de la nueva generación. –¡Basta! –dijo. Mándenle una notificación para que limpie el lugar. Se le da un tiempo para que lo haga, y si no... –¡Maldita sea, señor! –dijo el Juez Stevens. ¿Usted acusaría de oler mal a una señora en su propia cara? Así que al día siguiente después de medianoche, cuatro hombres atravesaron el jardín de Miss Emily y rodearon sigilosamente la casa como si fueran ladrones y olfatearon a lo largo de los cimientos de ladrillo y en las aberturas del sótano mientras uno de ellos realizaba de manera regular un movimiento de siembra, sacando la mano de una bolsa que llevaba colgada de los hombros. Rompieron la puerta de la carbonera y tiraron cal ahí y en todas las construcciones anexas. Cuando volvieron a cruzar el jardín, una ventana oscura se iluminó y apareció Miss Emily sentada, a contraluz, con el torso inmóvil y erguido como el de un ídolo. Se arrastraron silenciosa y cautelosamente por el jardín hasta las acacias que bordean la calle. Después de una o dos semanas el olor desapareció. Cuando eso sucedió la gente empezó a sentir verdadera pena por ella. Nuestra gente, que recordaba cómo la vieja señora Wyatt, la tía abuela, se había vuelto completamente loca al final, creía que los Grierson se consideraban mejores de lo que realmente eran. Ninguno de los jóvenes resultó suficientemente bueno para Miss Emily y su estilo. Pensábamos muchas veces en ellos como en un cuadro: en el fondo, la esbelta figura blanca de Miss Emily; en primer plano de espaldas, el padre, una silueta chueca con un látigo en la mano; ambos enmarcados por la puerta principal abierta. Cuando llegó a los treinta, y todavía soltera, no nos pusimos precisamente contentos, pero nos sentimos justificados; incluso con la locura en la familia ella no tendría que haber desaprovechado todas 73

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las oportunidades, si es que realmente las tuvo. Cuando murió el padre se supo que la casa era lo único que le había dejado y de alguna manera la gente se alegró. Finalmente podrían compadecer a Miss Emily. Al quedar sola y pobre, tendría que humanizarse. Ahora ella también iba a conocer ese viejo estremecimiento y esa vieja desesperación por un centavo más o un centavo menos. Al día siguiente de la muerte del padre, todas las señoras se prepararon para visitar la casa y ofrecerle sus condolencias y ayuda, como es nuestra costumbre. Miss Emily las atendió en la puerta, vestida como siempre y sin ninguna señal de dolor en la cara. Les dijo que el padre no estaba muerto. Hizo lo mismo por tres días cuando la visitaron los pastores y los doctores y trataron de convencerla de que los dejara disponer del cuerpo. Precisamente cuando estaban a punto de aplicarle el peso de la ley, ella se derrumbó y, así, rápidamente pudieron enterrarlo. No dijimos que estuviera loca entonces. Creímos que eso era lo que tenía que hacer. Recordábamos a todos esos jóvenes ahuyentados por el padre y sabíamos que, al haberse quedado sin nada, ella tenía que aferrarse a quien la había despojado de todo, como debe ser. III Estuvo enferma mucho tiempo. Cuando la volvimos a ver, se había cortado el pelo bastante corto y parecía una niña, con una ligera semejanza a esos ángeles entre trágicos y serenos de los vitrales de iglesia. El pueblo acababa de aprobar los contratos para pavimentar las veredas y los trabajos se empezaron en el verano siguiente a la muerte del padre. La empresa constructora llegó con zanjeadores y mulas y maquinaria y un capataz llamado Homer Barron: un yanqui, grande, morocho, decidido, con voz potente y unos ojos más luminosos que la cara. Los chicos lo seguían en grupos para oírlo insultar a los zanjeadores y los zanjeadores cantaban al compás del subir y bajar de sus picos. Muy poco después ya conocía a todos en el pueblo. Siempre que se oía un montón de risas en algún lugar de la plaza, Homer Barron estaba seguramente en medio del grupo. Pronto empezamos a verlo con Miss Emily los domingos a la tarde en un buggy de ruedas amarillas, con su yunta de bayos, alquilado en el corralón. La Avispa 58 74


Al principio nos pusimos muy contentos de que Miss Emily hubiera conseguido un pretendiente aunque todas las mujeres decían: “Claro que una Grierson no podría pensar seriamente en alguien del Norte, un jornalero”. Pero también había otras, mayores, que decían que ni siquiera la pena podía hacer que una verdadera señora olvidara que noblesse oblige, aunque no decían noblesse oblige. Solamente decían: “Pobre Emily. La familia debería ayudarla”. Tenía parientes en Alabama, pero hacía años que el padre se había peleado con ellos por la herencia de la vieja señora Wyatt, la loca, y las dos familias no se trataban. Ni siquiera estuvieron en el entierro. Y en cuanto las señoras dijeron “Pobre Emily”, empezó el rumor. “¿Usted supone que es así realmente? –se decían unas a otras. ¡Claro que sí! ¿Qué otra cosa podría...?”. Eso, tapándose la boca con las manos y con el roce de la seda y el satén de los cuellos estirados detrás de las celosías cerradas al sol del domingo a la tarde cuando pasaba el suave y rápido clop clop clop de la yunta de bayos. “Pobre Emily”. Llevaba la cabeza bien alta, aun cuando todos creíamos que había fracasado. Como si pidiera más que nunca el reconocimiento de su dignidad como la última Grierson; como si quisiera un cable a tierra para reafirmar su impenetrabilidad. Como al comprar el veneno para ratas: el arsénico. Fue más de un año después de que empezaran a decir “Pobre Emily” y durante la visita de sus dos primas. –Quiero un poco de veneno –le dijo al farmacéutico­. Claro que ya tenía más de treinta y era todavía una mujer delgada, aunque más de lo habitual, con ojos negros, fríos y altivos en una cara de carne tirante en las sienes y alrededor de los ojos, como uno se imagina que debería ser la cara de un guardafaros. –Quiero un poco de veneno. –Sí, Miss Emily. ¿De qué clase? ¿Para ratas y cosas por el estilo? Le recomien... –Quiero el mejor que tenga. No me importa de qué clase. 75

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El farmacéutico nombró varios: –Matarán cualquier cosa, hasta un elefante. Pero lo que usted quiere es... –Arsénico –dijo Miss Emily–. ¿Es bueno? –Es... ¿arsénico? Sí, señora. Pero lo que usted quiere... –Quiero arsénico. El farmacéutico la miró. Ella le devolvió la mirada, erguida, la cara como una bandera tensa. –Por supuesto que sí –dijo el farmacéutico–, si eso es lo que quiere. Pero la ley exige que me diga para qué planea usarlo. Miss Emily simplemente lo miró fijo, acomodó la cabeza para mirarlo directo a los ojos, hasta que él desvió la mirada y se fue y buscó el arsénico y lo envolvió. El negrito de los mandados le alcanzó el paquete, el farmacéutico ni siquiera apareció. Cuando lo abrió en su casa, encontró escrito debajo de la calavera y los huesos: “Para ratas”. IV Así que al día siguiente todos dijimos “Se va a matar” y dijimos que sería lo mejor. Cuando se la había empezado a ver con Homer Barron dijimos: “Se casarán”. Después dijimos: “Todavía lo tiene que convencer”, ya que Homer había comentado que no era hombre de casarse –le gustaban los hombres y era sabido que iba con los más jóvenes a emborracharse al Club del Alce–. “Pobre Emily” dijimos después detrás de las celosías cuando pasaban los domingos a la tarde en el coche reluciente, Miss Emily con la cabeza en alto y Homer Barron con el sombrero ladeado, un cigarro entre los dientes y con las riendas y el látigo en sus guantes amarillos. Entonces algunas de las señoras empezaron a decir que era una desgracia para la ciudad y un mal ejemplo para los jóvenes. Los hombres no quisieron intervenir, pero al final las señoras forzaron al pastor bautista –la familia de Miss Emily era episcopal– a visitarla. El pastor nunca quiso contar lo que habían conversado, pero se negó a volver. El domingo siguiente pasearon otra vez por las calles y al otro día la mujer del pastor les escribió a los familiares de Miss Emily en Alabama. Y otra vez con parientes en casa, y nosotros nos sentamos cómodamente a esperar novedades. Al principio no pasó nada. Un poco después estuvimos seguros de que estaban listos para casarse. Nos enteramos de que Miss Emily había ido al joyero a encargar un jueLa Avispa 58 76


go de toilette de plata para hombre con las iniciales HB grabadas en cada pieza. Dos días después nos enteramos de que había comprado un ajuar completo de hombre, incluido un pijama y dijimos: “Se casaron”. Nos pusimos realmente contentos. Nos pusimos contentos porque las dos primas resultaron ser más Grierson de lo que Miss Emily había sido nunca. Por eso no nos sorprendió que Homer Barron (las calles estaban terminadas ya hacía algún tiempo) se fuera. Nos decepcionó un poco que no se anunciara públicamente, pero pensamos que tendría que seguir con los preparativos para la partida de Miss Emily o para darle tiempo para deshacerse de sus primas. (A esa altura ya se trataba de una conspiración y todos nos habíamos aliado a Miss Emily para ayudar a engañarlas). Suficientemente seguras, después de otra semana, se fueron. Y como habíamos esperado desde un primer momento, a los tres días Homer Barron llegó de nuevo al pueblo. Un vecino vio al negro abrirle la puerta de la cocina uno de esos días al anochecer. Y esa fue la última vez que vimos a Homer Barron. Y a Miss Emily por algún tiempo. El negro entraba y salía con la canasta de los mandados, pero la puerta del frente permanecía cerrada. De vez en cuando la veíamos en alguna de las ventanas por un instante, como les pasó a los hombres la noche que esparcieron la cal, pero por casi seis meses no apareció por las calles. Entonces supimos que también eso era lo que se esperaba; como si esa cualidad del padre que había desbaratado su vida de mujer tantas veces fuera tan virulenta y feroz para morir. Cuando la volvimos a ver, Miss Emily había engordado y el pelo se le estaba poniendo gris. Durante esos años se le puso gris y más gris hasta que, cuando dejó de cambiar, alcanzó el homogéneo gris entrecano del acero. Hasta el día de su muerte, a los setenta y cuatro años, mantuvo ese vigoroso gris acero, como el pelo de un hombre activo. 77

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Desde aquella época, la puerta del frente permaneció cerrada, salvo por un período de seis o siete años, cuando andaba por los cuarenta, durante el cual dio clases particulares de pintura sobre porcelana. Se acomodó en un taller que armó en uno de los cuartos de la planta baja, donde le mandaban a las hijas y nietas de los contemporáneos del Coronel Sartoris con la misma regularidad y el mismo ánimo con que se las mandaba los domingos a la iglesia con una moneda de veinticinco céntimos para la limosna. En esa época se la eximió de los impuestos. Entonces fue cuando la siguiente generación se convirtió en la columna vertebral y el espíritu del pueblo y las alumnas de pintura crecieron y se fueron y no le mandaron más hijas con cajas de colores y pinceles aburridos y fotos recortadas de revistas de señoras. La puerta del frente se cerró con la última y quedó así para siempre. Cuando el servicio gratuito de reparto postal llegó al pueblo, únicamente Miss Emily se negó a colocar los números metálicos y el buzón en la puerta de entrada. No les hizo caso. Cada día, cada mes, cada año veíamos al negro cada vez más canoso y encorvado ir y venir con la canasta de los mandados. Cada diciembre le mandábamos la boleta de los impuestos, que iría a volver del correo una semana después, sin reclamar. Siempre la veíamos a través de una de las ventanas de la planta baja –evidentemente había cerrado la planta alta– como un torso esculpido de un ídolo en un nicho, mirándonos o no mirándonos, nunca podremos saberlo. Así le pasaba la vida, de generación en generación: respetada, inevitable, insensata, serena y obstinada. Y así murió. Se enfermó, sola, en esa casa llena de polvo y sombras con un negro tembloroso que la atendía. Ni siquiera supimos que estaba enferma; hacía ya mucho que habíamos abandonado los intentos de sacarle alguna información al negro. No hablaba con nadie, probablemente tampoco con ella, por eso la voz se le había puesto áspera y hosca, como por el desuso. Murió en una de las habitaciones de la planta baja, en una pesada cama de nogal con dosel y cortinas, su cabeza gris apoyada sobre una almohada amarillenta enmohecida por los años y la falta de sol.

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V El negro recibió a las primeras señoras en la puerta del frente, y las dejó entrar con sus murmullos y voces sibilantes y sus miradas rápidas y curiosas, y después desapareció. Cruzó la casa, salió por la puerta de atrás y nunca más se lo volvió a ver.

Las dos primas vinieron enseguida. Hicieron el velorio el segundo día y todo el pueblo fue a ver a Miss Emily detrás de una masa de flores compradas, con la fotografía coloreada del padre sumergido en profundas cavilaciones sobre el ataúd y con las señoras sibilantes y macabras; y con los más viejos –algunos con sus uniformes de la Confederación recién cepillados– en el porch y en el jardín y hablaban de Miss Emily como si hubiera sido su contemporánea, creyendo haber bailado con ella y quizá haberla cortejado, confundiendo el tiempo con su progresión matemática, como hacen los viejos, para quienes todo el pasado no es un camino que se estrecha, sino una enorme pradera no alcanzada por ningún invierno, separado ahora de ellos por el angosto cuello de botella de los años más recientes. Ya sabíamos que había un cuarto en esa parte de la planta alta que nadie había visto en cuarenta años y que debía ser forzado. EsperaGRUPO DELAPALABRA 79


mos hasta que Miss Emily estuviera decentemente enterrada para abrirlo. La violencia de la rotura de la puerta pareció llenar el cuarto con aquel polvo persistente. Un velo fino y rancio, como de tumba, parecía yacer por todas partes en esa habitación engalanada y amoblada como suite nupcial: sobre las cortinas rosa descolorido del dosel, sobre las lámparas rosadas, sobre la cómoda, sobre la delicada decoración de cristal y sobre el juego de toilette de hombre con los mangos de plata deslustrada, plata tan deslustrada que el monograma quedaba oculto. También había un cuello y una corbata, como si recién se los hubieran sacado, que al levantarlos dejaron marcada una medialuna pálida en el polvo. Sobre una silla colgaba el traje cuidadosamente doblado; debajo, los dos zapatos silenciosos y las medias. El hombre estaba echado en la cama. Por un rato largo nos quedamos ahí, mirando la sonrisa profunda y sin carne. El cuerpo, aparentemente, había sido acostado alguna vez en la actitud de un abrazo; pero ahora el largo sueño que dura más que el amor, que vence aun la mueca del amor, le había hecho los cuernos. Lo que quedaba de él, podrido, debajo de lo que había sido un pijama, se fundía con la cama en la que descansaba; y sobre él y sobre la almohada de al lado, yacía esa capa uniforme de polvo paciente y tenaz. Después nos dimos cuenta de que la segunda almohada tenía la marca de una cabeza. Uno de nosotros levantó algo de ahí y al inclinarnos, con el imperceptible e invisible polvo seco y rancio en la nariz, vimos un largo pelo gris acero. Traducción Marcelo de la Plaza 2003/2011 La Avispa 58

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Ciney

Tv

Gabriel Cabrejas

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Cine y TV

Comedia, terror, policial, biopic La Botica del Diablo

No alcanzarían las páginas, ni las Avispas, para compendiar lo más importante del 2013 en el renglón cine. Lo siguiente es una selección caprichosa de algunos de los rollos más vistos en el segundo semestre. El que desee ver tanta abundancia, viaje a la capital o consulte a su mantero amigo.

Un Almodóvar pequeño pequeño. El travieso manchego decidió, después de tanto dramón escatológico y oscuro, tomarse unas vacaciones en paso de comedia. Simplemente Almodóvar no quiso hacer sino lo que hizo, una música de cámara dentro de los concerti grossi, buenos o mediocres, de su producción previa. “Me alegró no haber perdido la ligereza”, meditó en un reportaje. Entre la nostalgia de La Movida setentista y la alegoría política, Los amantes pasajeros quiere ser deliberadamente eso, un opus fugaz, que regenera su estética como un puente de cáñamo cruzando dos robustos promontorios, la obra anterior y la venidera. Vayamos por partes. Un avión de la compañía Península (sic) boya en redondo sin poder decolar, roto el tren de aterrizaje, y los pilotos deciden no informárselo a la clase turista, a la que de paso dopan durante la travesía. El pasaje de primera parece más afortunado, o menos, según se mire: no puede evitarse que sepan de la avería, pero se les administra agua de Valencia, un poderoso erógeno líquido hecho a base de mescalina sintética y alcohol. Unos roncando y otros en plan partuza cachonda e hiperlúcida, mejor alegoría de la España actual no hay. Dicho de otro modo, el poder narcotiza a los pobres previo mentirles, y euforiza a la alta burguesía, tan nostálgica de los 70 que hasta succiona la droga fiestera de aquellos años irrepetibles, cuando no se conocía la gragea de éxtasis. Ecuánime, si abajo moran los recién casados mersas, o un moro gracias al cual la vidente-virgen (típico personaje almodovariano) Lola Dueñas pierde el virgo sin enterarse aquél, seráficamente dormido, arriba los vipers no son ángeles. Así, Cecilia Roth compone a una ex actriz del Destape, actual puta de lujo y dominatrix; José María Yazpik es un sicario al servicio de los narcos mejicanos, y José Luis Torrijo, un empresario corrupto que pensaba tomarse las de villadiego mediante el vuelo. Como en las fábulas, el loco dice la verdad, y el enfervorizador sexual sirve de pentotal. Cada cual confesará lo inconfesable. La Roth, que se La Avispa 58

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acostó con el “nº 1 de los nº 1”, equivalente ya no a Marianito Rajoy sino al mismísimo Rey; Yapzik-Infante que su “último trabajo” antes del retiro era, precisamente, la demasiado enterada Norma Boss-Roth y que Torrijo-Mas estafó a medio país merced a sus lavanderías políticas, un caso Bárcenas apenas disimulado. Hasta figura un galán maduro (Guillermo Toledo) con sus devaneos de faldas, la parte más dramática, como para balancear el disparate. No sirve de mucho el injerto en onda cameo de Antonio Banderas y Penélope Cruz, excepto de gancho extra o demostrando que los hispano-hollywoodenses todavía aceptan un bolo de su maestro. El huis clos o encerrona claustral, propuesta para enfrentar conciencias y a unos contra otros, teatraliza en parte al film, fuera de los espacios de apartamentos, caros a Almodóvar. Los colorinches arrebatados, la sobreactuación con funciones cómicas, las referencias sexuales desembozadas y casi porno, como una gota de esperma en el labio superior del azafato Arévalo-Ulloa, direccionan a Pedro hacia sus inconfundibles marcas estilísticas. Comedia loca y de locas, se lucen Carlos Areces, Javier Cámara y Raúl Arévalo, los azafatos, incluso haciendo un numerete coreográfico-karaoke entre las filas de asientos. Para Almodóvar el que no es gay lo será o lo esconde, cuestionable trasunto que vuelve definidos sólo a los delincuentes del pasaje, y el final feliz, una suma de nuevas y viejas parejas homo. Se le puede reprochar la excesiva liviandad en la resolución, después de semejantes confesiones y guantadas de director comprometido, pero el contexto no pide tragedia y hubiera sido un despropósito. Tampoco pidamos originalidad. El microcosmos dividido en sirvientes y patrones, y una escalera uniendo y separando, fue la prioridad simbólica de bien británicas lecturas dialécticas como Lo que queda del día (Ivory, 93) o Gosford Park (Altman, 2001). En muchos sentidos, Los amantes significa un avance en la filmografía del manchego picarón. En otros, un autohomenaje ramplón que no llega a divertir, porque recuerda cuando se despachaba con Pepi, Lucy y Bom, Laberinto de pasiones o Entre tinieblas, esas sí, revulsivas a más no poder. Y pasaron treinta años1. La tragedia de Z. Las pelis de zombies están en plena exploitation: podría postularse que es el subgénero del terror slasher del capitalismo tardío. El placer de matar sin culpa al semejante que ha dejado de serlo o se convirtió en un monstruo irreconocible, y en 83

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el cual no puede advertirse ya al padre o a la madre, resucitado en una bestia caníbal presta a devorarse a los hijos, encaja perfecto en la amoralidad posmoderna, amén de reforzar la paranoia relativa ambiente —no otra cosa que el pánico a las masas descontroladas. Nunca, sin embargo, había logrado juntar tanto presupuesto, y mucho menos encabezado por una superstar como Brad Pitt. Cuestión que un virus ataca, tópico en esta clase de films, y una mordedura de zombie transforma al individuo masticado en ídem en apenas doce segundos, y a correr. World war Z del bávaro Marc Forster arranca igual a muchas, con una megalópolis rutinaria de pronto caotizada, (New York, siempre), fenómeno que se repite en otras ciudades hasta devastar, tout court, a la humanidad. De variante, el héroe no es un ex agente de la CIA o el FBI sino de la ONU, Pitt-Gerry Lane, en viaje de placer junto a su familia y atascado en una avenida donde la plaga humanoide se viene a paso redoblado y únicamente el certero balazo en el cráneo puede parar. Guerra Mundial Z consta del nervio exigible: acción masiva permanente, suspenso, chorros de hemoglobina y despliegue de efectos especiales, pero, a pesar del gasto, no rompe el molde. O sea, no deja de ser un zombie film convencional a escala mayestática, y sin la metáfora socio-política filosa de un George Romero (Night of the living deads,1968; Zombie, también llamada Dawn of the dead o El amanecer de los muertos 1978; Day of the dead, 1985 y Land of the dead, 2005), ni el grotesco-sátira (Shawn of the dead: Edgar Wright. 2004, Zombieland. Ruben Fleischer, 2009). Que ahora se agigante a tamaño baño e ingrese en el maistream de Hollywood no hace sino revelar la fatiga del material, destino fatal de cualquier subtipo del terror. Pitt, ya maduro para galán pero no lo suficiente para héroe, hospeda a su esposa e hijas en un buque de refugiados y sale comisionado en busca de playas despejadas, o bien, un improbable antídoto. Le cuentan sobre Jerusalem tras las murallas de contención, en apariencia segura, pero los zombies se apilan en pirámide y se arrojan a miríadas, contagiándola a dentelladas. Luego se trepa a un avión bielorruso, también libre de invasores, y de nuevo —como si los guionistas hubieran visto Los amantes…—un infectado de la segunda clase envenena velozmente al pasaje y Lane lo libera mediante una granada que abre un boquete y lanza al vacío a todos. La Avispa 58

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El logro proverbial del modelo zombie consiste en trocar las crueldades más horripilantes en anticrímenes, tanto como los bípedos se animalizan, y plantear el simple y llano genocidio en solución ineludible a fin de salvar algo. No extraña del país que botó la bomba atómica encima de japoneses civiles e inermes y sostuvo entonces que habría sido peor continuar la world war. Hoy se habla de daño colateral y, a diferencia de estos celuloides, jamás vemos en imágenes cómo y sobre quiénes se desata. El montaje digital no necesita reclutar extras. Los z se multiplican ante nuestros ojos, anónimos y tumultuosos, des-concientes y famélicos, y nos castran toda piedad. “Perdí a mi hijo en Roma a manos de lo que recién era mi mujer”, sintetiza, duro y preciso, un médico durante la fase última, y un ex CIA, David Morse, cuenta cómo los coreanos del norte (comunistas, claro) hallaron la salida: arrancarle la dentadura, previsores, a su población entera. En la secuencia de títulos se pasan documentales de fieras predadoras manducándose a sus víctimas indefensas. Algún inverosímil se cuela, considerando que hasta en fantasías tan irreales se nos debe coherencia. Lane, Héroe-Americano-Redentor-General, propone inocular a los todavía sanos con otras patologías, pues observó en Israel que los z no mordían a los enfermos. De qué manera los antropófagos intuyen eso previo hincar los dientes, y cómo harán los infectados ex profeso por las enfermedades para curarse de ellas, se nos oculta, y antes de que lo pensemos, el film termina. ¿Habrá secuela? Lane espera que no descansemos tranquilos. “La guerra acaba de empezar”, sentencia. ¿Seguirán los árabes? Darín atrapado sin salida. Popular a ambos lados del Atlántico, Ricardo Darín da otro batacazo en la coproducción hispano-argentina Séptimo, que no obstante dirigirla un navarro, Patxi Amezcua y su coprotagonista femenina Belén Rueda, puede estampillarse de nacional, dado el elenco prácticamente criollo y suceder en un edificio de Buenos Aires. Un policial concebido según las reglas estrictas del policial, de factura impecable en lo técnico pero presuroso en el desenlace, como un atlético maratonista rengo. No se explica su eficacia sin Darín, distante del depresivo de El aura o XXY, del chanta entrador de Nueve reinas, el valiente de una pieza de Elefante Blanco y El secreto de sus ojos o el timador culposo de Carancho. Ocupando 85

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todo fotograma disponible, el actor expande sus registros y se torna convincente en la máscara de un padre desesperado a quien acaban de secuestrarle sus dos hijos apenas a un palmo de sus ojos. Como leguleyo en una audiencia comprometida a la que debiera acudir sin dilación, parece al comienzo uno los tipos darianos, el que se las sabe todas más una, y de pronto se le derrumba la compostura. Su ex, Rueda, planea llevarse a los dos párvulos a Madrid y, como menores de edad, necesita la firma autorizada del padre, que duda; junto a ellos se pone a jugar a ver quién termina antes en la planta baja, él en ascensor o ellos corriendo escaleras abajo. Y al pisar él la cancel, zas, los chicos desaparecieron. Y sale, o mejor dicho, entra a buscarlos. Desconfía del portero (Luis Ziembrowski) y del comisario del 4º piso (Osvaldo Santoro), que lo acompaña en la pesquisa y dice mover cielo y tierra. El telefonema de los secuestradores esclarece el paradero, y a volar: tiene dos horas para recabar las cien lucas verdes que le reclaman. Hasta ahí, la trama prospera a través de una cuidada dosificación del suspenso, la adecuada música de Roque Baños, el otro español en los rubros artísticos y, sobre todo, la intensa presencia de Ricardo, pegado a su celular, a veces brotado y otras contenido, que logra transmitirnos la angustia de una situación con la que resulta fácil identificarse —qué haríamos si nos chupan a los nenes por dinero. Después, conocer al responsable del rapto, el whodunit del policial de escuela. El pobre relieve de los caracteres, el inexpresivo rostro de Rueda, con el mismo gesto siempre, el desbarranque de una intriga que se resuelve en cinco minutos, decepcionan al cabo de un planteo prometedor e inteligente. El final de otra película, pegado a éste. La Avispa 58

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Impresionismos. Hace tiempo que estas páginas no escriben sobre cine francés, poco o nada de él llega a nuestras costas y suele durar un soupir. Renoir de Gilles Bourdos, que arriba rezagado (2012) es el típico film d´art galo, bello de mirar por donde se lo mire, aunque no deja huella visible en la memoria.

Bourdos y sus co-libretistas (Jérôme Tonnerre y Michel Spinosa) no asumen el biopic total de Auguste Renoir (el histórico actor Michel Bouquet) sino un breve lapso, cuando el provecto pintor, rico y retirado a su bucólico cottage de la Riviera, contrata a una nueva modelo joven (Christa Theret) y vuelve del frente en licencia su hijo Jean (Vincent Rottiers), no otro que el futuro cineasta. Allá lejos de la avifauna del Mediterráneo, se desenvuelve la sanguinaria Gran Guerra y al subteniente de caballería en convalescencia de un costurón ya le interesa el bisoño séptimo arte, que desagrada al padre, (“arte es lo que hace uno con sus manos”) y de paso caerá seducido bajo los voluptuosos encantos de Andrée, esa musa pelirroja que, le agradecemos, posa desnuda ante la paleta del anciano durante casi todo el film. La sabiduría científica del artista de Le moulin de la Gallette, sus agachadas e infidelidades pasadas, la hesitación de Jean entre retornar a las trincheras o quedarse en el ocio culposo del burgués refugio paterno, y las ambiciones de estrella de la escultural Andrée, cubren las dos horas de Renoir. Que carece, penosamente, de dramaticidad. No hubiera aburrido menos si se le recortaba media hora, ni tenido un climax pasional si se la extendía otra media. 87

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Se adivina el conflicto de Bourdos director y autor, que deja el lienzo a medio hacer. La fotografía (del taiwanés Ping Bing Lee) alude al grano y el salpicré de Renoir pintor, pero habrá que aguzar mucho el ojo para reconocer la pincelada plumosa, el sensual húmedo sobre húmedo de aquél en el paisaje retratado. Y definitivamente no nos imaginamos cómo el cineasta de La regla del juego y La gran ilusión, o sea, el sutil indagador de la dialéctica social y el antibelicista convencido, pudo creer, y crear, a partir de esta sesgada y tibia muestra de familia. Eso sí, la tal Christa está buenísima.

Mag. Gabriel Cabrejas

lacocuzza@gmail.com www.lacocuzza.blogspot.com.ar

1 La crítica española e internacional pulverizó a Los amantes, y las expectativas de taquilla lo defraudaron, a pesar de que en la web de su productora El Deseo Almodóvar se mostró confiado en continuar su idilio americano. Sin embargo, hubo matices, aunque esta vez lejos de la unanimidad laudatoria: “Su incapacidad para abrir nuevos caminos puede hacer que la audiencia sienta que ya ha visto algo de esto antes, y mejor hecho” (Jonathan Holland, Variety); “es un obsceno y agitado regreso a las piezas excéntricas del director de finales de los 80/principios de los 90” (Jordan Mintzer, The Hollywood Reporter); “parece como una película que Almodóvar tenía que sacarse de dentro—una especie de piedra en el riñón cinematográfica— y tu instinto te dará punzada de simpatía” (Robbie Collin, Telegraph); “Comedia ligera, alocada, sumamente estilizada que se ofrece como diagnóstico moral de un país sumido en una crisis profunda (y) se espeja en el vértigo surrealista de las ‘sophisticated comedies’ de los años 30” (Carlos Reviriego, El Mundo); “haciendo equilibrio imposible entre el kitsch trasnochado y la genialidad. Cámara-Areces-Arévalo, auténticos Chicos Almodóvar, tres personajes para la historia del cine español” (Carlos Marañón: Cinemanía); “la sensación permanente que me asalta padeciendo la ridícula (película) es algo ingrato llamado vergüenza ajena” (Carlos Boyero: El País); “intenta retomar el camino de Mujeres al borde de un ataque de nervios, pero el director ha cambiado mucho como cineasta y lo que antes fluía de un modo absolutamente natural, ahora se atasca en las arterias del artificio” (Sergi Sánchez, La Razón).

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Primera Marath贸nica de Bah铆a Blanca Salutaci贸n a Mar del Plata desde Punta del Este 89

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Notiavispa 1° MARATHÓNICA LITERARIA EN BAHÍA BLANCA Semblanza

por ROBERTO ROMEO DI VITA

Fue todo un éxito la Primera Marathónica de Narrativa y Poesía, realizada en la sede de UPCN, de Bahía Blanca, en la calle Rodríguez 241 que generosamente puso a disposición de los escritores por espacio de tres días, ese acogedor sitio. Le cupo al poeta Hernán Beltramo, ponerse la Marathónica al hombro, (como se dice en el futbol), y la llevó adelante con férrea voluntad, corazón y esa “prepotencia de trabajo”, que escribía Roberto Arlt. Del 20 al 22 de junio, desde la mañana a la noche, funcionó la Marathónica y la concentración y la ejemplar atención de más de medio centenar de escritores, puso la nota relevante de este cálido y feliz encuentro. Desde el momento de las acreditaciones, a las 9 horas del 20 de junio, ya con el mate, el café y otros… para atenuar el intenso frío bahiense (sensación térmica de 6 grados bajo cero), la llegada de los poetas, irradiaba calor y alegría. Por la tarde se presentó la novela colectiva “Nubes de Pasiones” del taller literario Punto Seguido, de Punta Alta. Luego del libro “Grito en el silencio” de Leyden Roberta Fontanini, escritora entrerriana. El libro “Pueblo”, de Sonia Barrenechea Arriola. Los Cuentacuentos de Mirta. la presentación del libro “Feria de la Cultura de Bahía Blanca” una construcción colectiva, por Victoria Torre y Daniel Martínez. Y la Ronda de lectura, con el horizontal y celebrado “micrófono abierto”. El viernes 21, por la mañana se realizaron distintas muestras a cargo el Espacio El Aleph, grupo de Bahía Blanca, coordinado por el escritor Edgardo Epherra, presentadas durante diez años, en la Feria del Libro Internacional de Buenos Aires. A las 9,30 horas un taller coordinado por Leticia Marconi, luego ronda de lectura. Por la tarde Mauricio Moday expuso su taller “Propuesta lúdica de ciudades invisibles”. Luego la intervención “Carlos Marx y la literatura” por Roberto Romeo Di Vita. El Micrófono abierto y luego fogón literario “La palabra dicha”. El ágape de confraternidad hasta altas horas, con brindis literarios y de los otros. La Avispa 58 90


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El sábado 22, comenzó con la muestra temática y luego la ronda de lectura.

De tarde “Emboscadas, amores y Patria” nouvelle histórica, de mi autoría, con relatos de la Patria Grande Latinoamericana, con la presentación de la poeta Josefina Rodríguez. Mas adelante Mauricio Moday y su “Poesía y prosa poética de mi mundo” Graciela Barbero, su “Singular y Plural”. Las intervenciones a cargo de Marcela Predieri y Luis Escobar, la lectura de poemas de Edda Sartori y Vilma Sastre, el poemario “No cantes noche” y el cierre con la presentación de Giustino Carrea “P 82”, humana y valiente novela verdad, donde relata sus 38 días de encierro y el brutal secuestro por los esbirros de la última dictadura cívico militar. Todos los poetas, todos los escritores presentes, las delegaciones de Mar del Plata, de Mar de Ajó, de Punta Alta y otros lugares del país, nos llevamos en nuestra retinas la tristeza de la despida por tanta poesía en el corazón: pero con la alegría de saber que nos encontraremos en noviembre en la legendaria Mar de Ajó, de los hermanos Gómez.

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Cráneos que trabajan, se puede ver al facultativo Moday, Graciela Barbero, Vilma Sastre y Horacio Gómez entre otros... Marathónica Bahía Blanca 2013

SALUTACIÓN A MAR DEL PLATA El recuerdo, brumoso por ser de la primera infancia, de Divitto dibujando en la casa puntaesteña de Horacio Parravicini, lo asociamos siempre con sus bocetos de Mar del Plata. Una especie de “Rosebud” personal, al tiempo que es una buena oportunidad para tener una palabra de reconocimiento a los pioneros como Vigil en su “Atlántida” o Peuser. De aquel “Rosebud” como el del Ciudadano Kane, pasamos una realidad para ver en Mar del Plata la misma Virgen de los pescadores; el mismo Nogaró; los mismos lobos que ameritan la novela de Borthiry o aquellas barcas pesqueras noruegas parecidas a una cáscara de nuez que se dejaron de usar en Mar del Plata, según afirma sir Richard Arthur Seymour allá por 1914 y que acá contumacialmente seguimos usando hasta bien entrados los sesenta. Ya vendrá la amistad de Astor Piazzola con Punta del Este y su “Sinfonía a Punta del Este” como otras realidades como el gran La Avispa 58

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amor que le cobró a La Barra, Inés Victorica Roca, la descendiente directa de don Pedro Luro. Carlos Seijo, historiador de nuestra vecina ciudad de San Carlos, tiene un recuerdo para Moreno Alvariza; fundador de la biblioteca Dante Alighieri de Tucumán y otra en Mar del Plata. Un brillante director de cultura marplatense instala Pueblo Blanco en Punta del Este allá por 1987 con vistas a una universidad de verano el mes de enero: su nombre Luis Alberto Melodrano Lecuna. País de grandes comunicadores, la Argentina de la talla de Héctor Coire; Aragor, Pipo Mancera, Silvio Soldán y un recuerdo en particular para Luis Eduardo (Muñeco) Mateyco, que hace algunos años tenía una audición que daba Mardel a los que estaban en Punta del Este y la Punta a los que veraneaban en Argentina, cosa linda de recordar.

UN FRUTO OPTIMO DE MAR DEL PLATA Bastaría con decir que, como Director de Cultura de Mar del Plata, el Dr. Luis Alberto Melograno Lecuna salvó para Mar del Plata la Villa que en esa ciudad tenía Victoria Ocampo (de más está decirle a un marplatense que ella fue el único argentino que estuvo presente en los juicios de Nuremberg). Si algo prueba la grandeza de Alfredo Toscanini fue la oportunidad en que vio en Colombia a dos humildes campesinos tocando la zampoña y decidió que merecían una oportunidad y lo decidió así; con ese mismo espíritu, el Dr. Melograno Lecuna decidió jugarse por un desconocido muchacho de diecinueve años y le consigue una muestra en el Museo de la Ciudad en la Villa Ortiz Basualdo: resultó ser Eduardo Capilla.   Allá por 1987, o tal vez antes, el Dr. Melodrano ya está entre nosotros y se pone en contacto con el Director de Cultura de Maldonado (Uruguay) para hacer Pueblo Blanco en un médano de San Rafael; en uno de esos médanos que vieron pasar a Ramón Franco y al “Plus Ultra”. Pueblo Blanco pondrá en contacto a la población estable y la flotante de Punta del Este a lo mejor de la “intelligentzia” de esta parte del mundo. GRUPO DELAPALABRA 93


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Jaime Barylko, Marcos Aguinis, Felipe Pigna, Magdalena Ruiz Guiñazu, Pancho O’Donell, el economista Ley, Felix Luna, Mariano Grondona... apenas unos nombres que, a título enunciativo, su palabra, su paleta o su música, pudimos disfrutar mediante una entrada libre y gratuita y establecer con ellos uno de esos contactos que en la psicología llamamos contactos primarios y que los ufólogos llamarian del tercer tipo.   Una dependencia de Pueblo Blanco se llamará “Jaime Barylko” en homenaje a la admiración del dueño de casa por el hombre de letras, tal vez mutua admiracion como diría Nathaniel Ward.   “Vivir se debe/ la vida/ que viva quede en la muerte” dice el escudo de la egregia estirpe de los Zorrilla en España. El Dr. Luis Alberto Melograno Lecuna era un hombre así.   Prof. Enrique Castells, un amigo puntaesteño.

Prof. ENRIQUE CASTELLS

enriquealbertocastells@hotmail.com (Punta del Este, URUGUAY) La Avispa 58

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Víctor Clementi Pedro Videla Gustavo Olaiz Hebert Poll Gutiérrez 95

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“Y la muerte no tendrá dominio punto com ni punto org.” Dylan Thomas

Personajes olvidables: el Gaucho Rapero Otra que el hiphop, ustedes no conocieron a Don Heterónimo Reyes (en realidad Obdulio es su primer nombre) el primer payador urbano de verdá, lo afirmo. Decía que fue rebautizado por la Real Academia del Chamuyo, aunque otros sostienen que fue a causa de un representante que tuvo. Es más, cuando Hernández compuso el Martín Fierro, tomó ciertas alegorías al respecto.Y como todo fierro acabará oxidado, le dedicó nuestro personaje en póstuma ocasión. Cuentan allá por los pagos que lo vieron frasear, que el hombre le ganó la pulseada al mismísimo Diablo, logrando así la eternidad, apenas a los treinta y tantos. Ya Don Heterónimo no tenía rivales, los desintegró uno a uno, a tal punto que payaba y se contestaba solo el tipo: nunca alguien tan rápido. Y como no quedó con quien competir, tuvo que retar al Colorado Cornudo a una payada por su vida. Ni el Diablo lo pudo, che, así que viene fraseando hace siglo y pico, de provincia en provincia. Pero como la costumbre de payar en los pueblos se perdió, el verborrágico tuvo que emigrar a la ciudad, donde inauguró la payada urbana. Iba a las esquinas con la criolla a improvisar consigas contra la opresión y la injusticia, inculcándoles a los guachos de la prole epítetos tales como Milico puto, gorra, andá a ortivar a tu vieja, mal culeao y otros desafíos. De allí nace el hiphop nativo, los negritos del norte nos birlaron el yeite. Aunque el auténtico es y será Don Reyes, un mago que andará perdido como todo mesías en esta babilonia sangrante.

Vittorius Dementis - www.lacocuzza.blogspot.com.ar

Personajes olvidables: los Pesimísticos Comenzaron siendo un grupete de forajidos del karma, gente dolida por diferentes motivos y que consolidaron una catarsis semanal donde compartían sus desgracias. Para no abundar en groserías y desafiar al buen gusto sólo comentaré tres especímenes: Daniela: a cargo de ocho hijos, todos de padres distintos. Una deLa Avispa 58

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“La carne es débil, los huesos, en cambio, son más fuertes.”

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primida crónica que era abandonada siempre y que, además, le cancelaron las dos últimas asignaciones por hijo por exceso de vagina. Fabio: un marica frustrado por tener hemorroides. Jamás fue penetrado y para colmo los mates de leche le producen arcadas. Luciano: un perdedor acostumbrado a que le roben en todas las casas que habitó. No hacía más que mudarse y al poco tiempo era asaltado. Un total de 19 veces. Junto a otros forman un clan restringido de nefastos poco y nada favorecidos por las circunstancias. ¿Qué dios pergeñó tales engendros portadores de un muro de lamentos portátil? Ellos peregrinaron por cuanto libro de chantayuda les cayera sin hallar la respuesta que resuelva tanta inequidad. Eran individuos polarizados hacia lo negativo, portadores del Síndrome del Bajón Absoluto. Amantes de la tragedia, leían a Angustiógenes, aquel filósofo griego fundador del drama cotidiano, y que como tantos transitaban el anonimato en escala gris. Todas las semanas se reunían para comentar alguna decepción y lamentarse en conjunto. Socializaban la pena. No era precisamente una horda de autoayuda, más bien los definiría como unos nefastos autoinmunes. Si bien es cierto que el dolor atrae más que la inocencia, nuestros depredadores de la buena onda exageraban la caída, se alimentaban con desgracias propias y ajenas, las regurgitaban una y otra vez, masoquistas, cómplices del lamento. Aunque no es la primera tribu que llega al éxtasis a partir de la autoflagelación. Entre sus costumbres, le rezaban a San Tristán, patrono de los yeta quienes creen que sufrir aquí es asegurarse el Cielo. También adhirieron a la Izquierda Amarga, respaldando la consigna: ¡Humillados del mundo, Uníos...! Además presentaron un proyecto de ley para la Despenalización de la Pena, cuya campaña se fundó en el lema: No te sientas culpable por sufrir. Al fin liberados nuestros antihéroes del paso traumático por el cuerpo, trascendieron el suicidio. Hoy son los apóstoles del escepticismo, la Escuela Pesimística por excelencia.

Vicius Clem - www.lacocuzza.blogspot.com.ar 97

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“Dios no juega a los dados, al menos no por dinero porque es pecado.”

Producto de estación

Primavera desbordante agradable sensación floreció una relación, tradicional, de las de antes. Un caballero galante y una dama en esplendor ambos llenos de candor al cruzarse se miraron, se sonrieron, se gustaron se florecieron de amor.   Él tendría unos setenta ella, una edad similar. Medidos en su accionar, con la forma antigua, lenta se vieron, dándose cuenta que la pasión regresaba. Más ninguno confesaba, eran gente con pudor, que la sangre con ardor por las venas les quemaba.   Cena va, paseo viene, teatro, baile, café, el deseo avanza y después el volcán no se contiene. Les latían ya las sienes, decidieron intimar, no les importó el lugar, los dos estaban a full con una ayudita azul, se unieron contra un tapial.  

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Así, el hecho consumado, dijo el hombre con piedad. Ante su virginidad, debí tener más cuidado. Quede usted despreocupado, dijo la Eva a su Adán, los hechos, hechos están talvez si yo me enteraba que ese pájaro cantaba, me habría sacado el can can.

PEDRO VIDELA 19/09/12 pedrocel58@hotmail.com (Punta Alta)

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“El gauchito Gil: era gil pero gauchito.”

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Los Poemas más espantosos de Abelardo Festivo

Una recopilación de poemas (otros críticos hablan de regurgitación de poemas). Son muchos, casi ninguno quedó afuera. Son del período de decadencia de Festivo, unas 4 décadas aproximadamente. Poema objetivista de Abelardo Festivo: El viento mueve con dificultad los papeles húmedos por la lluvia. El trapito frota sus manos frías y se resguarda en la garita. Su aliento humea un poco y se desvanece. Poema erótico de Abelardo Festivo: Sus nalgas anudan en mi panza mi cachalote varado en su muslo sus pechos respiran el aire húmedo del deseo y yo medito y me dicto este arrugado poema

GRAFFITTIS arriba de página Gustavo Olaiz.

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“Era tan mal escritor que no tenía pánico a la hoja en blanco sino a la hoja por él escrita.”

Poema inspirado Mi muzza inspiradora a la piedra orégano origami aceite una bizca Poema inspirado 2 La Inspiración: 99% de transpiración y un 1% de plagio. Lord Birome1

Mi musa inspiradora inspira e inspira mas luego expira revientada como un escuerzo que fuma

GUSTAVO OLAIZ

gsolaiz@gmail.com

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Pronunciesé bairom.

VIVA LA POESÍA —¿Entendieron el poema? —No. —¿Seguro que no entendieron el poema? —No lo entendimos. ¿Algún problema? —No. Entonces… ¡El poema está buenísimo y ganará un premio! —contesta alegre el poeta, le paga a sus musas por su sinceridad y continúa haciendo su arte

HEBERT POLL GUTIÉRREZ

evertpollg@atenas.cult.cu - (CUBA)

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Rese単as

Olga Bertinetti Graciela Barbero

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Reseñas

FUEGOS EN FUGA Berbari/ Caffarello/ Cevasco/ Rotonda/ Ed. Dunken En marzo de 2013, editorial Dunken publica FUEGOS EN FUGA. Cuatro mujeres poetas de distintas ciudades argentinas, se sumergen desde ópticas conceptuales vívidas, en la poesía como una representación acabada del pensamiento. Cristina Berbari con su visión de la historia, trae antiguos gritos venidos a primer plano, en prosa y poesía. Sobre Camila O’Gorman a quien describe con su apasionado torrente de juventud lanzado contra viejas beatas, intuye la envidia de Rosas por no poder ser él y no el cura, el amante prohibido. En tanto ella siguió camino hacia el mantel tendido del altar, el libro de Ovidio descansa en la falda de alguien que celebra la conversión de Rimbaud y la pianista Schumann contempla a sus siete hijos como si fueran las notas de la escala musical. El amor es el soporte de estas historias dignas de leerse, por ser tratadas con la brevedad de los tiempos alegóricos de la poeta. Acerca de Lina Caffarello, se podría decir que en sus poemas asoma cierta revancha de su niñez. Adagios y andantes configuran su fantasía de trinos, arpegios y silencios. Habitan historias detrás de cada historia, en tanto flota y sufre la urgencia de aprisionar fantasmas. Seguramente tiene en la poesía, un baúl lleno de gente. Vale la pena levantar la tapa y encontrar sus huellas. La escritora Mirta Cevasco se nutre de la naturaleza desde un horizonte que abandona la costa hasta el verdín de las rocas. Vibra el cincel en la escultura de sus poesías, se refleja en los trinos digitales de Heredera, en medio de bodas entre el viento y el cielo de vino derramado. Pinta cuadros con sus versos existencialistas mientras los frutos amasan perfumes. Da gusto disfrutar de su lectura, transmiten aire fresco. Marta Rotonda arranca con Sibelius, en sinfonías donde los instrumentos se oyen a través del poético pentagrama que los toca. Luego como en un museo, ve el esplendor de la belleza en Renoir, quien despereza la luz sobre nenúfares y estanques. Escribe con arte sobre el arte, algo mutante y permanente y desde los silencios, descansa en el milagro de la siesta, como si fuera un sentimiento doblado en cuatro… en el fondo del alma. No debe perderse este disfrute al leer cada poema. “FUEGOS EN FUGA” produce placer y ganas de meterse en sus historias unidas por la poiesis, sensible modo de transmitir sensaciones. Olga Bertinetti pinochafiestas@yahoo.com.ar La Avispa 58

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REVISTA CULTURAL: POESÍA POETAS ORGANIZADOS EN UN ESPACIO SOCIAL INTELECTUAL Y ARTÍSTICO

Reseñas

Recibimos desde Los Ángeles, California, la Revista Cultural Hispanoamericana, edición N°58 (enero-febrero 2013) dirigida por Mauricio Campos y un diseño editorial de La Caverna Dizqueléxica. La portada muestra un encuentro entre los escritores Elena Poniatowska y Luis Alberto Ambroggio. En el editorial se percibe “el manantial de agua fresca y cristalina que los artículos destilan”, en palabras del director, en colaboración con escritores “orgullosamente hispanos”: Luis A. Ambroggio, Federico Luque, Marcela Loaeza, Julio Benítez, Margarita Noguera, Marcela Urrutia. Escritores que por cuestiones variadas, exilio, búsqueda de seres perdidos, formación profesional, residen en Estados Unidos. Reunidos crean la revista cultural con notas interesantes, por ejemplo la de J. Benítez sobre el poeta de origen cubano, Richard Blanco, quien con un poema participó en la inauguración del nuevo período presidencial de Barack Obama, o la “La trashumancia de un escritor argentino-estadounidense, Luis A. Ambroggio”, notable exponente de la poesía vanguardista. Artículo del Lic. Federico Luque en “Dime cómo hablas y te diré quién eres” en el que hace referencia al lenguaje y los modos de comunicación o “Perseo vuela sobre una aldea surrealista” de Margarita Noguera sobre Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. Poemas, narrativa poética y mucho más en veinticinco páginas de excelente nivel literario. Acceso: larevistacultural@yahoo.com Diseño editorial: flora.calderon@gmail.com (Los Ángeles, California, USA) Graciela Barbero gracnobar@gmail.com

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Reseñas

ELLAS Karina Cartaginese

Ellas en todas y en una. Ella en una en muchas y en una de mis orillas. Las poesías de Karina Cartaginese nos traen la delicadeza de la mujer, de la hembra, género primigenio, nos remiten a Eva. Eva es, según el Mito de la Creación de las religiones Abrahámicas, la primera mujer que Dios creó sobre la Tierra. Su nombre, en hebreo, significa “madre de los vivientes” o “dadora de vida”. Fue engañada por la serpiente, vio que el árbol era bueno y comió el fruto prohibido. Evas todas/ Eva una/…Creo en los árboles frutales de su Paraíso. Dios informó a Eva como castigo: “Aumentaré tus dolores cuando tengas hijos, y con dolor los darás a luz”. Y Eva es Ana, y es Clara y son todas en ese enhebrar palabras de perfume y piel en un tiempo donde las horas sean letras/ y los segundos de felicidad / definan / eternidad. Gloria, Rosario, Ave María, metáforas de rezo y deseo clandestino. El juego poético de las palabras danzan, tornean el cuerpo como Karina Cartaginese cuando baila. Eva es Flora y es Fauna/ Eva es todas Ellas/ ¿Y Adán?/ fue a comprar manzanas para Eva/ ¿Y cuánto habrá pagado?/ Un Paraíso. Karina Cartaginese es bailarina y poeta. Vive en José C. Paz. Ellas es su primer libro publicado en una editorial, La parte Maldita. Otros escritos, AvE, inédito, Hilo que viajas, Saltar los pies, Antepasadas y Tríptico, con ediciones casero-artesanales. Ellas, un libro repleto de sutilezas que se deslizan por los bordes del cuerpo de mujer, que las dibuja y nos nombra. Para leer y releer. Graciela Barbero gracnobar@gmail.com

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Talleres Literarios MARCELO DI MARCO DANIEL CASAS SALICONE SILVIA MATEO

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TALLERES LITERARIOS Tríptico in concert MARCELO DI MARCO – Poeta, cuentista y ensayista argentino. Ha escrito cuatro libros sobre la enseñanza de la escritura. Ganó concursos literarios e integró Antologías de poesía argentina contemporánea. Fue cofundador de la Escuela Literaria del Teatro IFT, primer secretario de redacción de la revista de cine La Cosa y coordinador de Talleres de Literatura Fantástica en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

INSPIRACIÓN VS. JUEGO/ LUGAR DE TRABAJO Y REELABORACIÓN/ DISCUSIÓN VS. PASIÓN/ NOSTALGIA DE LAS REUNIONES LITERARIAS DE LOS ‘80/ DE LO CORRECTO A LO LITERARIO/ RELACIÓN CON LA TEORÍA/ ¿LA TEORÍA ENRIQUECE?/ LO ÚNICO QUE PODEMOS HACER ES REESCRIBIR/ ESCRITORES, MAESTROS Y ALUMNOS/ ENCUENTRO DE PARES/ ELEGIR LA PROPIA FAMILIA DE MAESTROS/ EL MEJOR MAESTRO ES LA PROPIA BIBLIOTECA DE UN ESCRITOR La gente busca un Taller Literario porque es el único lugar donde se puede aprender a escribir. Algunos se anotan equivocadamente en la carrera de Ciencias de la Comunicación o de Letras y se dan cuenta que allí no les dan los elementos para que puedan armar una frase, mucho menos una frase literaria. Otros descubrieron que hay ciertos talleres literarios que les permiten una llegada a su tarea. También en internet, con el Taller de Corte y Corrección y en el Programa de Youtube. Suma a eso mi tarea como poeta y novelista. Descubrieron también, por ejemplo, que el 1° y 3° puesto del Fondo Nacional de las Artes salieron ambos de “mi escudería” y subieron al podio de los premiados. Yo trabajo en esto desde 1979, y vienen a ver si los puedo ayudar. Ellos buscan desesperadamente a alguien que les diga la verdad. Cuando yo veo que entra en el Taller gente que manifiesta que no tiene tiempo para leer… cuando no se preguntan por la biblioteca La Avispa 58 106


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que tengo acá, alrededor…, o dicen que no leen porque no se quieren contaminar de otros escritores —cuando no se trata de contaminación sino de una alimentación—. ¿Cómo me pueden decir que un texto de un autor determinado no los puede ayudar? A la larga, ¡esa gente se va! Se va o se queda sólo hasta aprovechar el pago de las cuatro clases del mes. Hasta hubo gente que me dijo con tono de enojo: “—¡Ah. Pero esto es en serio!” Fue la primera vez que me dijeron como insulto que yo hago mi trabajo. ¡Hay de todo! Desde los 21 años, cuando empecé, 34 años de talleres, y siempre me sorprendo con algo nuevo. El juego es una de las tantas variantes que tiene la inspiración para manifestarse. Nos proponemos la actividad lúdica, pero la inspiración, si no se traduce en una obra materializada, quedó como un “jueguito”. Nos proponemos la formación integral. El juego es parte del trabajo de la inspiración, pero la inspiración puede confundirse con las ganas de escribir. Las ganas es la voluntad que uno pone. Lo que hay que hacer en esos momentos que uno iba a dedicar a la escritura, si no sale nada, es dedicarlos a leer. Inspiración y juego pueden darse de la mano, pero suelen existir de forma paralela. La sensación de estar jugando con las palabras es maravillosa, pero yo tengo otros juguetes. Soy como un cachorro. A veces siento, en el fondo del corazón, que soy un adulto. El Taller es un lugar de trabajo. A veces se confunden y hablan de venir al curso. Un curso es una cosa y un taller es otra. La palabra Taller “es evocadora de virutas en el piso”. Rompernos el alma trabajando como un lugar especial. El Gran Genio es el talento puesto al servicio del trabajo, puesto en acción para lograr una obra sin demasiados errores. Antiguamente la gente se equivocaba mucho, cometía errores dentro de su propia obra —errores de datos que en un taller literario se advierten—. Nuestros textos son libretas de corrección permanente. Eso es un taller. Taller es trabajo. La discusión siempre viene aparejada a la pasión. Apasionarse en una posición y defenderla. Pero no permitimos la discusión por la discusión misma. No la disputa por el poder. En el taller el poder lo tengo yo, pero al servicio del otro. El narcicismo funciona si lo volcamos al servicio de la obra. Yo no hablo en cuestiones del “me gusta o no me gusta”, sino en “funciona o no funciona”. Puedo demostrarle a una persona por qué un texto sirve o no sirve. La gente viene con talento, un talento determinado. Algunos tienen 1 otros 107

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10. A veces empezamos a describir cosas, personajes y pequeñas acciones, según las condiciones de cada uno. Hay que distinguir la cuestión personal. Existió toda la vida el taller literario. Lo que pasa es que no se lo llamaba así. ¿Qué fue si no lo que hacían Guy de Maupassant y Flaubert, o la gente de las Revistas? Se llame Tertulia o amistad con un escritor… ¡El que dice que no necesita de la opinión del otro es ignorancia! El escritor necesita de la opinión del otro para poder crecer. Una especie de acompañamiento mutuo. Nosotros diferenciamos entre el punto de vista gramatical y el punto de vista literario. Uno puede estar escribiendo excelentemente siempre desde el punto de vista gramatical y nunca desde lo literario. Una cosa es la información y otra muy distinta la puesta en acción de eso. Novaris decía que hay palabras que corresponden al lector y no al autor. Los textos de los primerizos vienen escritos correctamente, en el peor sentido de la palabra. Debemos ayudarlos a pasar de la información a la acción. Los sustantivos abstractos connotan una carga afirmativa muy fuerte. El narrador debe darle pistas al lector que revelen los sentimientos. Si vos querés una llave maestra para saber qué es o qué no es literatura, pensá en todo lo que tiene que ver con la información, cómo pasarla en términos de acción. Si no, no transmite nada. Una cosa es el argumento en sí, y otra muy distinta es la concreción literaria. La relación del tallerista con la teoría es “teoría-para-la-práctica”. Eso es lo que hacemos. Poe hablaba de la unidad de efecto, “cepillar” todo aquello que obstruye la fluidez del texto. Me importa que la gente pueda aplicar la teoría al servicio de su texto. No nos enzarzamos en cuestiones académicas. La teoría enriquece la producción cuando se aplica al texto y a cada caso. Es algo que llamamos educación emergente. Hago clara distinción siempre entre corrección —que es hacer que un texto sea lo mejor posible— y reescribir, como decía Abelardo Castillo, que es hacer con un texto otra cosa. Uno lo ve en las grandes obras de la literatura universal, el escritor sabe que siempre va a tener que corregir algo. Hay siempre distintas versiones de una misma obra, según el año, la editorial. Siempre hay un remake, como en el cine cuando comparamos distintas versiones de una misma película. La última siempre es la mejor. Joyce tiene en “Dublineses” un cuento , al final, con una carga muy fuerte, que tras 10 años de laburo llegó a ser el “Ulises”. También en “El Matadero” La Avispa 58

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Esteban Echeverría quería hacer una descripción de la tiranía rosista hasta que se le cruzó un personaje, un cajetilla, que le cambió la obra. La escritura tiene dos patas, corrección y reescritura. La visión del mundo que uno tiene, la cosmogonía , puede llevarte a plantearte siempre lo mismo, el mismo tema. Pero en poesía debe haber una gran variedad de elementos para que no parezca muy monotemático. Borges era un caleidoscopio. Chejov decía que hay un solo tema en literatura y que es la pareja humana o la ausencia de ella.

Uno debe cuidarse de los males que se repiten y que es que los talleristas escriban todos iguales entre sí, o iguales al coordinador del taller. Eso se relaciona con el relativismo cultural, donde todos creen que pueden hablar de cualquier cosa. Es una falacia. En esencia somos todos iguales, pero por suerte somos todos distintos. Cada persona que viene al taller tiene un estilo determinado y, dentro de él, una temática particular. Yo trato cada caso con la teoría que le sirva más para sus propios resultados: “El buen pastor conoce el nombre de cada una de sus ovejas”. Somos una comunidad, de estilo medieval. Un encuentro de pares para ayudarse mutuamente, felicitarse. No hay lugar para la envidia. La envidia es el dolor por el bien ajeno. Nosotros nos alegramos cuando alguien publica su obra. No aceptamos a la gente como es, eso es un mito. Nosotros tratamos de mejorarlo, transformarlo. Es un trabajo mucho más difícil. La literatura transgresora no sirve, es otro mito o dogma de la modernidad. La gente se da cuenta de la diferencia 109

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entre el que lo hace trabajar y el que sólo le dice que todo está bien. Nuestros maestros, nuestros escritores. E. Pound, E. A. Poe, Abelardo Castillo. Cada uno tiene su limbo privado, Chejov, London, Borges. Hay que buscar también lecturas nuevas para las distintas variables de la literatura. London para la descripción. Pero a partir de Edgard Allan Poe se cambió el rumbo de la literatura mundial. Todo se cifra en él. Un antes y un después. Es el maestro de todos los tiempos. Sello estético, personal, espiritual. Y dejó un mundo de hijos espirituales. Liliana Heker nos aconsejaba antes de escribir un cuento, leer a Maupassant para manejar el discurso narrativo. El mejor maestro es la propia biblioteca de un escritor, son los grandes maestros de papel. Nosotros podemos ayudar a formar las primeras bases clásicas. También se pueden hacer leer obras de actualidad y luego mostrarles cuáles vendrían a ser sus antepasados. Aplicamos la teoría en forma bien práctica, bien concreta. Tendiendo siempre a mejorar la escritura. Técnicas y estrategias. Con la gente que no lee, no hay un lenguaje común. Saber cómo resuelve un autor determinado una situación enriquece al escritor. En mi programa de internet del Taller de Corte y Corrección, coincido con Abelardo Castillo que no se puede enseñar a escribir, pero sí se puede enseñar a corregir. La espontaneidad en la escritura no sirve. Hay una tecnología que uno puede aplicar para mejorar la escritura. Hay cuentos que no empiezan nunca. Hay historias que sólo se plantean la psicología de un personaje y luego no sucede nada más. Hay historias que nunca se cuentan. En un relato apasionado todo era finalmente un sueño. O cuando el final es una gran sorpresa sin sentido. El conocimiento de la teoría permite comprender las técnicas posibles que mejoran la literatura. Y ahí está la aplicación que realiza quien dicta un taller literario. No creo en la nostalgia de las reuniones literarias de los ´80, porque en esa época no se reunían para hablar de literatura. Al menos aquellas a las que yo asistía.

En internet: buscar en youtube TallerCyC La Avispa 58

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Talleres MALDITOS TALLERES LITERARIOS Por DANIEL CASAS SALICONE

Coordinador Taller Flotante (Chivilcoy - Pcia. Bs. As.) casassalicone@hotmail.com

En estos días, de coordinador, es costumbre que al empezar el taller un nuevo integrante, se le obsequie en esa primera reunión en la cual nos empezamos a conocer, una fotocopia de una entrevista al escritor argentino Abelardo Castillo cuyo copete habla de la obsesión por el original perfecto. Pero no es sólo esto lo que me incentiva a ofrecer esta entrevista publicada por el suplemento Cultura y Nación del diario Clarín del 27 de febrero de 1992, sino la siguiente frase de Castillo: “No se puede enseñar a escribir, pero sí a corregir”. Y en rigor de verdad, comulgo totalmente con el concepto de esta frase, sea quizás porque detrás de ese arduo camino de la corrección (el camino más alto y más sinuoso) se encuentran escondidos los tesoros más preciados por los literatos asiduos concurrentes a los talleres literarios, probablemente desconocidos hasta allí por ellos. Aún recuerdo el día en que, en el taller de Enrique Blanchard, precisamente en la casa de Naón, escuché la palabra hermenéutica, y sin dudarlo me dije: yo quiero vivir haciendo eso, yo quiero analizar hasta el cansancio cada texto que aparezca ante mis ojos, empezando por los poemas de mis compañeros de taller, siguiendo por Baudelaire, Ungaretti o Pavese, quiero releer Casa tomada, Bestiario, Continuidad de los parques, descubrir cada artificio utilizado, introducirme dentro de los textos, dentro de cada palabra, cambiar cada fonema, reescribir, decodificar, encontrar la llave, el secreto, la verdad. Y así me sumergí en aquellos 80´s. en las caldeadas aguas de un mundo fantástico, el mundo del taller literario. Hoy, muchos años después, me ha deparado el azar (confluencia inesperada entre lo que el individuo desea y lo que el mundo le ofrece) seguir con esas prácticas creativas, coordinando la GRUPO DELAPALABRA 111


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compleja y circular relación entre las personas y las letras, animando a la escritura, mostrando las herramientas, incentivando la creación despojada de presiones y aceptando absolutamente cualquier tipo de expresión, partiendo de la premisa que no es más ni menos, esa expresión, el primer indicio para la formación de una estética única e irrepetible que redundará en la alimentación de una estética contenedora y formadora del grupo. En aquellos años en el taller de Blanchard, los talleristas, ya convertidos en “nuevomilenistas”, desplegamos nuestra imaginación hasta límites insospechados, ante la ocurrencia constante del coordinador por despertarnos de un letargo que subyacía debajo de nuestras involuntariamente adquiridas prácticas convencionales de lectura y escritura. Adorno, Benjamin, Lukacs, Sanguineti, Carpentier, Barthes, fueron sólo algunos de los teóricos que leímos viernes a viernes; Cortázar, Kafka, Fijman, Huidobro, Poe, Baudelaire, algunos de los mágicos escritores de los que disfrutamos, e insoslayable es agregar la incomparable experiencia de disfrutar los textos de los compañeros generados por las desopilantes e inteligentes consignas propuestas por el coordinador. La idea de la integralidad de las artes como formadora de una, siempre ha sido un punto de suma importancia en mi formación como escritor, pues bien, de allí también vino, desde la propuesta del taller: hemos salido en grupo a ver obras de teatro, conferencias, películas, hemos creado desde la imagen fotográfica, desde la imagen pictórica, desde la música. Y como receptores también únicos e irrepetibles y sin condicionamientos de estilos, cada uno creó su estética literaria reflejando lo recibido de mil maneras diferentes, precisamente por eso, porque nuestros espejos estaban construidos por materiales diferentes: el mismo haz de luz que recibían, invariablemente era reflejado de tantas formas como los tantos integrantes del taller. Me he propuesto mencionar aquí, a pesar de que intuyo traerá discusiones, bienvenidas siempre, (ayúdenme a pensar, algo falla en un taller que carece de discusiones, además, sin disenso no hay discípulo, y sin discípulo no habría maestro y tal vez para que el disenso sea, la figura del maestro o del coordinador debiera desaparecer, fusionarse con la de los talleristas), me gustaría mencionar decía, la creación a partir de agosto en la Universidad de 3 de Febrero, de una “Maestría en escritura creativa”, como un posgrado para los profesionales en las carrera de letras. Aparece esta propuesta como interesante, máxime si pretende realizar todas las actividades que La Avispa 58

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más arriba aparecen enumeradas como privativas de un taller literario o de algunos talleres literarios. Intenta preparar a los alumnos para intervenir en diferentes áreas del arte, para interpretar, para crear en diferentes géneros como novela corta, cuento, cómics, guión, poema visual, experimentación audiovisual, periodismo creativo, todo con la idea de la experiencia colectiva de presentar y discutir los textos en los talleres (Pág. 18 de Ñ 508). Es decir, un taller literario convertido en una Maestría en la Universidad. En buena hora.

Se ha dicho y se dice que los escritores en un taller terminan escribiendo todos iguales, ya he esgrimido mis pensamientos al respecto, se ha dicho y se dice que en un taller sólo se leen los clásicos y yo digo que en el seno de un taller se puede discutir acerca de la noción de “clásico”, y que sin dudas, siempre se ocupa más tiempo en la lectura y análisis de los textos de nuestros contemporáneos. El taller literario es un mundo como cualquier otro, un espacio de crecimiento o no, un lugar de recreación o no, de conocimiento o no, de apertura o no, una elección, simple y definitoria, una elección como cualquier otra. 113

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Talleres ¿QUÉ ES (PARA MÍ) UN TALLER DE ESCRITURA? Por SILVIA MATEO

Lic. En Letras/Buenos Aires smateo@arnet.com.ar Los caminos de la Semiología y la Lingüística me fueron arrimando a un extensísimo campo, donde habitan las infinitas disquisiciones sobre el lenguaje. Se trata de un espacio de conceptos teóricos que —en ocasiones— puede resultar inimaginable para los paseantes no habituales; por su especificidad, por su complejidad, por su insistencia en ciertos aspectos que permanecen invisibles incluso para el que frecuenta la literatura. Recorrer durante años esos parajes me condujo a zonas de investigación en las que la lectura y la escritura son protagonistas centrales: lectura crítica de textos; literatura e interpretación; genética textual; procesos de lectura y escritura; estrategias de escritura; retórica, comprensión y escritura; relaciones entre cultura, oralidad y escritura; psicología cognitiva y escritura; lingüística funcional, sociolingüística y escritura. Infinitas páginas escritas sobre lo que significa escribir, sobre los mecanismos lingüísticos y cognitivos usados para hacerlo; y acerca de las piezas que se entrecruzan en la maquinaria (máquina/imaginaria) que es un texto. David Olson acierta con la frase: el mundo entero al que pertenecemos está sobre el papel. He tenido que hablar y escribir más de una vez sobre el tema de los talleres de lectura y escritura —algunos literarios y otros no literarios—, y justificar la cuestión para algún proyecto concreto. Por ejemplo, (releo un texto que escribí hace poco tiempo): “El espacio de aprendizaje que conocemos como “taller” implica considerar saberes y prácticas que no están presentes en otras modalidades de enseñanza-aprendizaje. No por omisión, sino más bien porque los objetivos y fundamentos de esos otros espacios son de otra índole. En lo que se considera un “taller” se privilegian las acciones llevadas a cabo por sus integrantes y el ejercicio de lo que forma parte esencial del saber hacer en una actividad determinada. Se tiende al desarrollo de ciertas rutinas y experiencias concretas propias de un “oficio” —en este caso el de escritor—, y se capitalizan los conocimientos lingüísticos adquiridos previamente, o durante el transcurso de la experiencia.” La Avispa 58 114


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“Si pensamos concretamente en un “Taller de producción escrita”, allí cuenta tanto el producto que se obtiene como el proceso cognitivo por medio del cual se obtiene; porque es a partir de la conciencia del trayecto que se ha atravesado y de los mecanismos empleados, que el sujeto adquiere la habilidad para volver a producir lo que ya ha realizado —ya sea un poema, un ensayo o un relato—, logrando control de los procedimientos, autonomía y capacidad para evaluar los resultados.” “Al mismo tiempo, en un “taller”, la producción y la adquisición de conocimientos se sostienen en la interacción grupal. Al considerar, analizar e interpretar textos producidos por pares, se torna evidente la necesidad de incorporar información estratégica, se logra construir sentidos más allá de la propia mirada, y la producción individual queda doblemente valorizada: por un lado, como el producto de un sujeto; por el otro, como fruto del trabajo en conjunto.” “Es justamente por los rasgos esenciales que tiene un “taller” —saber hacer, conciencia de proceso, dimensión interpersonal— que en este espacio en el que se plantea el desarrollo de las habilidades discursivas, el trabajo busca poner a los integrantes en el rol de productores de textos o de interpretaciones de textos, con el fin de que alcancen producciones eficaces y acordes a sus intenciones comunicativas.” Suficiente. Pero el texto insiste: “Textos que den cuenta de la reflexión sobre el lenguaje realizada; textos que muestren un estilo personal de abordar un tema; textos en los que se traduce la propia experiencia de escritura en observaciones y comentarios a textos ajenos, al mismo tiempo que desarrollan la habilidad para generar criterios y reglas operativas para construir textos propios.” Tomo nota de la saturación que me provoca releer este fragmento. Y se debe a que, si bien se acerca a lo que puede decirse sobre el tema, está lejos del blanco al que se dirige la flecha cuando se quiere explicar el proceso de generar escritura. De pronto las palabras de este texto, parecen piedras llevadas trabajosamente hasta una cima con la confianza de que allí quedarán aseguradas y, a pesar de lo esperado, sin aviso, vemos que vuelven a caer desordenadamente hasta el lugar de donde salieron. Paradójicamente, como en un relato mítico, la explicación que intenta develar el misterio, finalmente logra afianzarlo. ¿Qué actividades debe proponer un Taller para que los partici115

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pantes produzcan escrituras propias y puedan hacer crecer internamente la capacidad para evaluarlas? Las piedras se desmoronan apenas esbozamos una leve certeza. Es imposible decirlo con claridad. Sin embargo, por imposición de mi propia actividad, me veo forzada muchas veces a conceptualizarlo, y entonces, para poder hacer surgir alguna afirmación que resuene auténtica, cada vez que sobreviene la necesidad de racionalizar la tarea, el mecanismo del flashback es el único que logra provocarme el sobrevuelo de ideas, emociones y certezas sobre lo que nos hace escribir; al volver tratando de recuperar la experiencia plena, puedo reconocer los fermentos puestos a trabajar en otros tiempos; los únicos —aunque inasibles e inconmensurables— que parecen explicar algo. Unos pequeños libritos ajados (en una biblioteca misteriosa en la que se escuchaba el gong de un reloj que parecía llegar del más allá); la voz de mi bisabuela haciendo un relato maravilloso (pero con un gesto en el rostro que hacía pensar que ella creía que realmente había ocurrido); un profesor que no usaba la escritura para calificar a los alumnos, pero que usaba un impermeable morado durante las cuatro estaciones del año, con bolsillos que dejaban sobresalir libritos de poemas; unas largas listas de sustantivos, adjetivos y verbos que aparecieron un día en el pizarrón de un aula, con una leyenda provocativa para que se las reutilizara en un escrito. Fermentos en poca cantidad, esparcidos al azar en circunstancias cotidianas, que prepararon el cuerpo para otras substancias menos habituales; para otras decisiones, como la de internarse conscientemente en las Letras, o como la de decidirse a participar en un Taller Literario y permanecer en él durante muchos años —voy a hablar del Taller de Enrique Blanchard, por supuesto— al que vuelvo en mis flashbacks para buscar explicaciones sobre la escritura, para rememorar vivencias, para encontrar razones e inspiración. Hay una historia de los Talleres de escritura en Argentina. Interesante, muy interesante; con sus liturgias, sus sacerdotes y sus sacerdotisas. Vuelve aquí por ejemplo el recuerdo de la siempre presente Maite Alvarado, que perteneció al grupo Grafein que fue quien sostuvo mucho de lo que luego sostuvieron los que se dedicaron a la coordinación de talleres de escritura, aunque no siempre con la misma llama, la misma falta de metas pretensiosas. El grupo Grafein quería escribir y hacer escribir, fascinando al participante con su propio trabajo; insistiéndole en la no inocencia de lo que se hacía; enfrentándolo con propuestas que eran “tómela o déjela”. Y La Avispa 58

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Legado de Enrique Blanchard a Alicia Guerrero para que continúe con las reuniones de sus Talleres de Estudio y Creación.

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Enrique sabía mucho de todo esto. Enrique Blanchard conocía la alquimia necesaria para que el efecto comenzara: había probado el escanciado, el almacenaje, la mezcla, la transmutación. Tenía presente a cada quien, con su particular espesor —aunque se desinteresaba por sus pasados “literarios”— e intuía qué pasos dar para alcanzar a ese quién, que quizás estaba perdido; que quizá tenía “demasiada” claridad o que pecaba por desmesura o desconfianza en su palabra. Y Enrique sabía que las pocas reglas que aplicaba en este lugar de trabajo, de todas maneras, mantenían el misterio de la escritura. Este saber lo lanzaba a buscar los mil y un caminos, en las mil y una noches de ese taller arrollador que él coordinaba, conducía, provocaba.

Enrique provocaba. Porque sabía que mandaba el texto, mandaba el deseo del otro, mandaba la reunión. Sus consignas —siempre inesperadas— podían producir tanto estímulo como alejamiento del deseo de producir, pero ambos efectos potenciaban a los participantes, los dejaban pensando en la cuesta. Presentaba consignas como problemas matemáticos, filosóficos, lingüísticos, existenciales; consignas pared-de-cemento que impedían el paso; consignas “Siga este sendero, usted sabrá más tarde hacia dónde conduce”. Siempre eran el pretexto para escribir y jamás el mapa para hacer117

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lo. Pretextos perfectos para hacer textos que no siempre se producían, pero que amasaban el clima del grupo, lo predisponían al trabajo. Enrique no quería enseñar a escribir —todos sabemos que eso es imposible—, pero elegía con cuidado los senderos que proponía, los textos que debían entusiasmar, y otorgaba su experiencia de viajero de tiempo completo por los textos para que las lecturas cuajaran. Había textos pasados a máquina con copias para todos —convivían algunos que ya tenían computadora con otros que no—. Había lectura conjunta y la institución del comentario al texto ajeno, que no debía ser sobrevalorado ni minimizado. Había reescritura: opcional, obligatoria, sugerida, recordada, necesaria, implementada conjuntamente. Sin embargo no había corrección. La palabra “correcto” tenía tantas acepciones que hubiera requerido una entrada de enciclopedia para abarcarla. Había un placer enorme de escritura in situ; se escribía en el Taller: oteando el silencio para averiguar cómo aparecían las ideas —o le aparecían al otro y no a uno—. Y volvían los textos del otro (¿qué habría hecho el otro en esa ocasión con la consigna?), y el texto de uno, si uno podía. Entonces, con un mismo texto se hacían lecturas con variaciones y tonalidades diferentes, para saber cómo sonaba en la voz de ella o de él; cómo sonaba en la voz de su autor, a quien se descubría siempre haciendo trucos con los silencios y la puntuación para que su texto resultase lo más cercano posible a aquello que tenía en su cabeza —porque las palabras son como “peces escritos”, diría una de nuestras poetas y se escapan de las manos apenas se las roza—. Y más tarde (el taller duraba “hasta que las velas se apagaban” aunque hubiera un horario para su final) se discutían hasta el agotamiento los puntos de vista de cada lector; sin fisurar al grupo. Con la experiencia desmesurada de aquel taller, me embarco hoy con delicia en espacios similares. Hablo de “experiencias de aprendizaje”, de “rutinas de escritor”, de “comunidades de interpretación”, de “estrategias de escritura” porque creo que pueden acercarme a esa forma de pensar el trabajo con otros que quieren escribir, aunque siempre parezca imposible dar cuenta de la experiencia La Avispa 58

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con la tonalidad adecuada. Aun así, trato de transmitir a los estudiantes con los que trabajo esa misma experiencia; maquinando también mil y una consignas-pretexto para que el ensayo prosiga, y aquellos que están allí puedan hacer su propia experiencia maravillosa; para que descubran que pueden salir poemas de los bolsillos de los impermeables morados —es decir de cualquier lado— que las bibliotecas tienen sonidos que nos alcanzan hasta mundos insospechados y que la palabra “corrección” tiene infinidad de acepciones. ¿Qué es aquello que provoca de una manera sutil y arrolladora que alguien escriba, y pueda incluso colaborar con otro en su proceso de generar un texto? A veces, puede parecernos que no hemos adelantado ni un paso para que el otro se lance a la carrera, y otras, sobreviene un ave de la nada, y desde un pico altísimo, enfrentada a la corriente de aire, el ave tiene el valor de lanzarse al vacío; y planea, y se desliza en un texto en el que —entonces sí— observamos “la belleza y la inteligencia” de la que hablaba Enrique Blanchard y que era lo que nos pedía que se admirara en los textos. Cuando así sucede, comprendemos que si bien no es posible guiar con certezas absolutas por esas alturas (muchas veces solo podemos avizorar las “rutinas de escritor”) hay un viaje realizado del que el coordinador puede dar perfecta cuenta, hay una convicción que el coordinador teatraliza. Y el otro toma la posta —aunque sobre este fenómeno no pueda aportarse la evidencia material, como en las ciencias—. El otro logra hacer; encuentra su corriente, el estilo del vuelo, la altura desde donde apilar el aire, penetrarlo y alcanzar el objetivo. ¿Acaso el coordinador de un taller no hace nada? El coordinador está mirando, y el otro ha aprendido a confiar en esa mirada. No se trata entonces de convencer para buscar la gran obra, de entrenar en mecanismos discursivos sofisticados —de eso estábamos 119

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todos seguros en el taller de Enrique—; eran las horas de vuelo las que preparaban para el viaje, que tal vez se haría más adelante. Las tildes, los puntos, los espacios, los verbos; la distancia entre una y otra palabra, el sinónimo: la rima lograda y la que no correspondía: el gerundio mal usado y el relato que no concluía; la falta de claridad que aparecía a cada rato, pero también la línea que dejaba a todos en silencio, porque decía con el sonido de orquesta a pleno lo que quería decir. Todo lo que estaba allí materialmente. Ese era el lenguaje para intercambiar reflexiones sobre el significado y para hablar de un texto, que quizá moría allí, sin pena ni gloria, o proseguía por otra vía que le recreaba su autor. No se aceptaban escritores vedette; los que lo intentaron perdieron el banquito asignado o transfiguraron su vanidad de una manera aceptable para el grupo, que estaba centrado en analizar textos y no en entregar premios. Una ética que se infería. Y así, tampoco se aceptaban lecturas “consagradas” como lecturas consagradas, todos los enfoque teóricos eran medidos y pesados, podían ser rechazados por uno o más de uno, podían ser abominados por todos: un libro “consagrado” podía ser tirado por la ventana si alguien hubiera querido hacerlo, aunque siempre se tuvo precauciones por los vecinos de abajo. Y así, se evitaba el encerramiento teórico y se permanecía disponible para considerar todas las perspectivas. Un mundo de posibilidades. Entonces, aunque no hubiera un escrito que lo justificara, lo valioso era aquel obrar con las palabras artesanalmente, compartiendo un largo tiempo que se volvía palabra en el papel y experiencia imborrable para cada quien. Lo que Enrique Blanchard podía transmitirnos mientras miraba cómo escribíamos —y es lo que pienso ahora cuando trabajo para que otros escriban—, era que podíamos lanzarnos y afrontar las corrientes de aire, y mientras tanto, si no lo lográbamos, disfrutar desde la altura del paisaje.

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Rinc贸n de

los bajit os SIN ZAPATOS NO ME ATO

(Alicia Guerrero, Marcela Osa, Carolina Silva)

TERESITA VAGO 121

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El rincón de los bajitos SIN ZAPATOS NO ME ATO Libro sugerido para poetas de 4 a 9 años Soñadores de más de 30 Y personas con mascotas Alicia Guerrero, Marcela Osa, Carolina Silva Ilustraciones Florencia Capella

LA GALLINA TIENE MATE Y UNA LOMBRIZ EN EL PICO TIENE GANAS DE CHUSMEAR TIENE SOL EL SAPO DE SALTO EN SALTO SE LUSTRA MUY BIEN LA PIEL TIENE UNA MOSCA EN LA LENGUA TIENE SOMBRILLA LA YEGUA LARGO FLEQUILLO TIENE PORTE TIENE ALFALFA SU POTRANCA CORRE TIENE VIENTO EL ÁRBOL TIENE TIEMPO TIENE RAÍCES COMO MESAS TIENE FRUTAS PARA LOS PÁJAROS UN OVILLO PILLO EN LA BUHARDILLA DESPUÉS DEL PASILLO DETRÁS DEL VISILLO SE DESOVILLA La Avispa 58

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El rincón de los bajitos

PASCUAL AL SOL PESCABA PENSANDO QUE BARCO QUE PATO PALOMA O PESCADO PASCUAL PENSABA EN PALOMAS PESCABA UN SOL EMPAPADO EN EL BARCO MOJADO PENSABA PASCUAL PESCABA

RUEDA QUE TE RUEDA UNA GARRA TRAS SU COLA COLA BAILARINA COLA SERPENTINA SALTA PICA SALTA LA PULGA SOBRE EL GATO COLCHÓN LUNA LUNAR RUEDA QUE TE RUEDA UNA GARRA TRAS SU COLA COLA ORONDA COLA EN RONDA ZUMBA PICA ZUMBA EL MOSQUITO AL GATO OREJAS DE RADAR RUEDA QUE TE RUEDA UNA GARRA TRAS SU COLA COLA MEANDRODA COLA VAPOROSA ¡VUELA TRINA VUELA! EL GORRIÓN FRENTE AL GATO NO LO PUEDE CAZAR…

RUEDA QUE TE RUEDA UNA GARRA TRAS SU COLA COLA TRISTONA COLA DORMILONA

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El rincón de los bajitos

PARA ALCANZAR LAS ESTRELLAS HAY QUE IR A LA TERRAZA PONER UNA MESA SOBRE LA MESA UNA ESCALERA —DE MADERA— Y SOBRE LA ESCALERA DOS JIRAFAS EQUILIBRISTAS LA SEGUNDA JIRAFA LA QUE ESTÁ MÁS ALTA TIENE QUE TENER UNA ESCALERA —DE SOGA DE MAGO— HAY QUE SUBIRLA TOCANDO UN CLARINETE Y BAILANDO

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El rincón de los bajitos

¿La Tortuga Manuelita es cosa del pasado?

Por TERESITA VAGO

teresitavago@hotmail.com

Según la Psicología, el niño que está lleno de música convive de otra manera con otros chicos, estableciendo una relación más armoniosa. Les da seguridad emocional, confianza, ya que se sienten comprendidos al compartir canciones e inmersos en un clima de ayuda y respeto mutuo. En las Escuelas, la música ha sido introducida debido a la importancia que tiene en su desarrollo intelectual, auditivo, sensorial, del habla y motriz. En esta etapa de la vida, que va desde el nacimiento hasta los 13 años, escuchar música para ellos es un placer y les encanta. Sin embargo, más allá de las clásicas canciones de María Elena Walsh, los chicos de hoy navegan entre dos aguas: lo comercial y lo independiente. Cris Morena fue sin ninguna duda la pionera en conquistar al público infantil actual: compuso canciones que acompañaron por años sus tiras infantojuveniles (Chiquititas, Floricienta, Casi Ángeles), los espectáculos que eran un clásico en las vacaciones de invierno, para los cuales ella fue la hacedora integral (esto es, idea, producción y dirección), y el Marketing (el disco, la revista, el álbum de figuritas, el cotillón para los cumpleaños, etc), que tiempo después siguieran otros, y constituyeron su Marca Registrada. En la actualidad, el ejemplo tal vez más acabado sea Violetta, la coproducción multicontinental para Disney Channel, protagonizada por Martina Stoessel, una argentina de 16 años, que se convirtió en un fenómeno no solo a nivel nacional sino también internacional. Por otro lado, se encuentra lo independiente: espectáculos a la Gorra, en las plazas, y grupos y solistas (también docentes) que tienen un público fiel. Luis Pescetti —quien presentó el pasado mes de setiembre en el Teatro Güemes de Mar del Plata su espectáculo “Él empezó primero”—, la banda de rock para chicos Papando Moscas, la agrupación Dipdarapeando y Magdalena Fleitas entre otros convocan a muchísimos chicos y los estimulan a cantar, bailar, divertirse, aprender y crecer sanos. 125

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En definitiva, la música destinada al público infantil goza de buena salud y vaya paradoja, crece todos los días.

Amor, Música e Inocencia  

Violetta Telenovela argentina protagonizada por Martina (Tini) Stoessel, cuyo personaje, Violetta Castillo, es una adolescente muy talentosa que regresa a su ciudad natal donde encuentra el amor y descubre su vocación por la música. Tiene 3 discos editados: Violetta, Cantar es lo que soy y Hoy somos más. Posee su propia revista, álbum de figuritas y hasta un videojuego donde se encuentran varias de sus canciones. www.disneylatino.com/disneychannel/series/violetta/   Luis Pescetti   Escritor, músico y actor argentino. Con su humor ácido y provocador, logró llegar al corazón de los chicos, el público más honesto. Vivió algunos años en México, donde trabajó en radio; en el 2000 vuelve al país y se vuelve reconocido a nivel nacional. Sus discos son Casette pirata, Bocasucia, Que público de porquería e Inútil insistir, entre otros. También escribió libros como Querido diario, ¡Buenísimo, Natacha!, Nadie te creería y Frin, por citar algunos. www.luispescetti.com   Dipdarapeando   Proyecto realizado por Flor Fränkel en 2010 en el que disco y libro se juntan para dar vida a una maravillosa caravana musical con La Avispa 58

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canciones para chicos en edad preescolar; el rock, el pop, el blues y hasta el bolero se unen en un disco que vale la pena escuchar. www.dipdarapeando.com.ar Magdalena Fleitas   Docente, Musicoterapeuta y cantante. Creadora del Jardín Musical Risas de la Tierra, su música se basa en la búsqueda de sonidos latinoamericanos para niños. Editó varios discos, entre ellos Barrilete de canciones, Risas del viento, Risas del agua y Risas de la Tierra. www.risasdelatierra.com.ar

Papando Moscas Desde su presentación en el Hard Rock Café para el Día del Niño en 1998, esta banda de rock infantil creció hasta hoy. Sus discos son Mi Primer Rock, Sacando canas verdes, Cabeza de chorlito y La hora de la Pavada. www.papandomoscas.com.ar

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Índice Editorial ....................................................................... pág 3 Poesía ........................................................................... pág 5 de la Cruz / Riveiro / Gómez / Lima / Lobo / Avilés / Giuliodibari / Costa Martínez / García Clavijo / Bertinetti / Hav / Alezones Lau / Posada / Quintana Loudet / Villegas Oromí / Hebert P. G. / Litovska / Kanje Izco / Cuentos y relatos ...................................................... pág 27 Microrrelatos: Ciryl Etche / Villalobos / Politano / Barbero / Predieri / Medina Moreno / Labandal / Notas y ensayos Breves consideraciones sobre el nihilismo                por Daniel Ernesto Losano ......................................... pág 42 Arte, genio y locura por Marcela Predieri .................... pág 48 Vientos del este por Cristina Mendiry ......................... pág 65 Traducción ................................................................ pág 69 “Una rosa para Emily” de William Faulkner traducido por Marcelo de la Plaza Cine y TV por Gabriel Cabrejas ................................... pág 81 Notiavispa ................................................................ pág 89 Primera Marathónica en Bahía Blanca Salutación a Mar del Plata desde Punta del Este Humor ................................................................... pág 95 Clementi / Videla / Olaiz / Hebert P. G. / Reseñas .................................................................... pág 101 Talleres literarios ................................................... pág 105 Marcelo Di Marco / Daniel Casas Salicone / Silvia Mateo / Rincón de los bajitos ................................................ pág 121 Sin Zapatos no me ato / Teresita Vago /

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Revista de Arte, Cultura y Literatura - de Mar del Plata - Argentina - Invierno 2013

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