Issuu on Google+

Las Trillizas doradas Iván Moiseeff Diseño editorial: Adriana Morán Sarmiento ©Iván Moiseeff 2011 ©La Vaca Mariposa Editora 2011 Colección Hecho a mano Libro artesanal Ejemplar /100

Moiseeff, Ivan Las trillizas doradas. - 1a ed. - Buenos Aires : La Vaca Mariposa Editora, 2011. 30 p. ; 22x16 cm. ISBN 978-987-26006-6-2 1. Narrativa Argentina. 2. Cuentos. I. Título CDD A863

El fin de los osos polares

(1 de 3 cuentos)

3

Me senté junto a él en el avión: Michael, un inglés de unos 50 años, rapado, arrogante y de buen humor. Me preguntó de qué trabajaba. Le dije que estaba terminando la escuela y que pensaba estudiar Arquitectura. Me contó que él vendía automóviles (“Bentley, Roys, Koenigsegg, de esa clase: lujo en cuatro ruedas”) y que era presidente de una fundación ecologista. Aseguró que al mundo le quedaba poco tiempo, “uno de cada cuatro mamíferos se extingue”. Luego sacudió la mano en el aire y dijo que era un mal tema para entretenerse en un viaje. Después me preguntó si tenía novia. Le dije que sí. Me dijo que él también, que salía con una top model. Se llamaba Katie. Me mostró fotos de ella en su teléfono. Una rubia lánguida y refinada, de pelo corto. La vi avanzando por pasarelas y sonriendo junto a mercancías en paisajes encantados. Me dijo que ella era divina. Y una verdadera top model, que salía en revistas. Mencionó W y Dazed and Confused. No las conocía. “¿Vogue?”. Vogue sí. “En Vogue también salió”. Me preguntó si no me gustaría cogerla. Le contesté que era muy linda. “Pero, ¿no te gustaría cojerla?”. Le pregunté si de verdad era su novia, las fotos podían ser de una revista. Volvió a encender la pantalla de su teléfono. Katie sin maquillaje en la cama, boca abajo, comiendo una tostada sobre el diario. Con Michael, sonriendo delante de un puente. Con Michael y dos

parejas más en un pub; los vasos vacíos sobre la mesa, la sonrisa para la cámara, los párpados semicerrados. Me dijo que, si quería, podía cogerla, que lo único que tenía que hacer antes era hacerle un “blowjob” a él, después podía hacer lo que quiera con Katie. Bueno, lo que ella quisiera. Me dijo que si yo le caía bien, ella tenía la mejor. Y que en la cama era “such a whore”. Me explicó que se nos quedaría mirando. No nos tocaría, estaría ahí, en un sillón. ¿Haciendo qué?, le pregunté. “Nada que te interese mucho”. Me dijo qué me parecía la propuesta. Le contesté que era heterosexual. Dijo que ya lo sabía, que no le importaba. “La chupas bien y después te acost{s con una supermodelo”. Le pregunté si me hablaba en serio. Respondió que sí. Le pregunté si hacía esta propuesta a menudo. “Sí, bastante seguido”. Le pregunté si le iba bien con la pregunta. Me dijo que bastante. ¿Cuánto, en porcentaje? “Uf, es difícil decirlo. Pero bastante bien. ¿Sabés por qué? Porque a la gente le encanta que la desafíen”.

5

En la ventanilla, empezó el Atlántico. Él lo señaló y dijo que los océanos se estaban muriendo. Después me mostró otra foto de él con Katie en el zoológico. “En unas décadas, los polos se derretirán y la fauna ártica desaparecer{”. Miré a Katie apoyada contra una baranda, fingía cara de sorpresa, la boca abierta, los ojos inmensos como en un aviso de Lancôme mientras la mano de Michael desparecía en su escote. Detrás, un oso polar contemplaba con tedio la piscina de su jaula. Me dijo que, si quería, lo odíamos hacer ahí. Katie estaba en París, pero yo le podía pagar por adelantado, que cuando vuelva a Londres podríamos juntarnos. Tal vez ir a comer y mostrarme, de paso, algunos lugares. “La pasaríamos bien”. Le dije que no creía y que, además, por ahí a Katie no le gustaba. En un segundo me sacó una foto con su teléfono y se le mandó un mensaje: “DY Like the kid?”. Me explicó que ella nos contestaría, por ahí no ahora, pero sí en el transcurso del viaje. Me aseguró que Katie no iba a tener problema, que una vez él la hizo acostarse con un gordo de unos 55 años sólo para degradarla. “A horrible pig”. Contó que a ella le gustó, que el gordo transpiraba por todos los poros, que él podía verlo, como a un dibujito animado ametrallado. Me dijo que él la pasó muy bien, que los gordos son “great cock suckers” porque siempre están con ansiedad de llevarse algo a la boca. Me explicó que era la primera vez que el gordo chupaba una pija y tuvo que conducirlo un poco porque, finalmente, él también quería recibir su parte y si te acostabas con una mujer increíble

como ésa, le tenías que poner onda. Y, si no, él se encargaba de que fuera así. Le dije que no. Apagaron las luces. Miré la oscuridad en la ventanilla, una luz parpadeaba en la punta del ala. Escuché su voz: “Miles de especies avanzando hacia la aniquilación, los cadáveres de los osos polares, flotando entre las olas. Y, entonces, no existirá nada más de lo que cada ser haya hecho consigo mismo, las decisiones que hayan tomado. Eso, al final, es siempre lo único que importa”. Después agregó que él prefería ahora. Que si cambiaba de idea le avisara. Me dijo que iba a ser un viaje largo.

7

Iván Moiseeff nació en Buenos Aires en 1975. Es escritor y creador del sello editorial Clase Turista (www.edclaseturista.com.ar). Publicó las plaquetas de poemas ¡Adiós, pomeraniam! y Supranatural, el libro de poemas Troll y el Manual de Supervivencia para los Días del Gran Desastre. www.ivanmoiseeff.com.ar

La Vaca Mariposa Editora Colecci贸n Hecho a Mano (Todos los derechos reservados)

http://lavacamariposaeditora.com E-mail: contacto@lavacamariposaeditora.com En Facebook: LA VACA MARIPOSA EDITORA En Twitter: @UnaVacaMariposa ____________

Este libro se termin贸 de imprimir en EQB Impresiones (Paran谩 1011) Telf. 5272.6676 Buenos Aires, en el mes de mayo 2011

9


La Trillizas Doradas