Issuu on Google+


MERCEDES ARAUJO Selección de textos Selección de textos de la entrevista «El destino de cada uno es el destino común» Realizada por Ana M. Quiroga Larrieu para Revista Lunes Noviembre 05, 2012 www.revistalunes.com

Imagen de portada Martín Castillo Morales

Lunes es una publicación de

www.lavacamariposaeditora.com


ÍNDICE Prosa Abramadero, dormidero, revolcadero (Fragmento de La hija de la cabra. 2012, Bajo la luna) Poesía El peligro no aparece Hay día en los que me hundo Vi lo que vi


Abramadero, dormidero, revolcadero Es la madrugada. Juana ha abandonado el cuchitril y mientras rumia camina una legua. Se arregla el manto. Ahora volvió, ahora sabe que no se puede ir así como vino, ahora sé que quiero que esté. Voy a cazar, porque si no, nos vamos a deshojar, pobres como lavados. Cunampas, ni cuatro caballos galopando tirando de sus extremidades le quitan la palabra. Volver al padre. La flor que cae amorosa. Me gustaría volver, decirle al padre, vuelvo, pero con el blanco, cazo, pero me dejan en paz. Escala el cerro verde-gris, se apoya en una caña seca. Las arenas saltan y rebotan y algunos chivos se descuelgan desde la punta del cerro, remolcados por trombas de tierra que se precipitan. Patas y pezuñas agarradas al suelo como raíces. Sentada sobre una piedra enorme avista hacia la cumbre. Con su mano derecha protege los ojos y escudriña. Divisa una guanaca que camina dando trancos cortos. Es una hembra de pelo largo, suave y de color fuego. El pelo de la panza es blanco. Tiene la cabeza pequeña y las orejas puntiagudas, el cuello es largo y curvado, las patas sueltas y finas. Es curiosa. Vení curiosa, te voy a acorralar. Un halcón plomizo se detiene en la punta de un acantilado, las mira y desaparece con algún bicho rastrero que Juana no alcanza a percibir. Tiene las alas angostas y las plumas abiertas. Anda al acecho. Sus pies alternan, codean el terreno. Abramadero, revolcadero y abrevaderos. La guanaca sola, corriendo, ¿dónde andarán los chulengos? Cuando crezcan se van a desafiar, se darán mordiscos, patadas, cogotazos y escupidas. Son animales de costumbres, como nosotros. Toman la misma senda para ir a sus dormideros, lugar para retozar y lugar para revolcarse, lugar para los bosteaderos. Como el blanco que vuelve, como Cunampas que me acecha, me marca y raya. Somos todos como guanacos.


Juana se yergue, se acerca, sus pies son las pezuñas de una cabra habituada al pedregal, su cuerpo como el de la presa, es abultado en las ancas pero ágil. La guanaca huye, trota con las patas desenvueltas, lastra cortezas de arbustos. El pelaje de la guanaca relumbra oros y óxidos. La piel oscura y transpirada de Juana esparce el aire y derrama vapores. La guanaca da pasos de hasta un metro y medio cambiando tenazmente de dirección. Juana, la sigue en silencio. Sus pasos son ahora tan largos como los de su presa. La hostiga y la hambrea. La lleva, la apura, la inclina a comer, a parar. La hembra camina frágil hasta que se cansa y desploma. No es aún el tiempo de atacarla. Es el atardecer. Mira el cielo que se pone púrpura, corroído de rojos. Fija su atención en unos yales negros. El plumaje negruzco fileteado por blancos y el pico amarillo. Le revolotean cerca. Espíritus de algún enterramiento. Y a mí, cómo me van a enterrar. Me imagino en la cueva, con la cara hacia el poniente. Como la Cabra ¿mamá dónde andarás? El mismo camino. Estrellas que se le meten por los ojos. Cae rendida. Sueña que se cose un vestido de fiesta. Ella y la vieja lo tejen y, una vez listo, lo rematan con hilos de todos colores. Juana está vestida y espera al blanco. La vieja en forma de águila, le habla: El arco del padre está curvado y la flecha en camino, las ánimas de tus hermanos revueltas y el hombre blanco se abalanza sobre otra mujer. Los ojos de la vieja-águila se ponen níveos. Ojos sin pupilas ni mirada. El águila castiga con el pico, las plumas que le cubren la cabeza. Su vestido es de arena y el blanco no tiene ojos ni tampoco barba. Ella está preñada. Despierta dolorida. Busca a la guanaca, si la cazo le darán a las viejas los tendones y yo me quedaré con la piel. A la distancia, ve a la guanaca moribunda, caer, frágil, abatirse. Recoge sus cosas. La remata y marca. Un palo clavado en el monte como mástil. Nadie en los alrededores se ha preciado nunca de arrebatar la presa a un Cunampas. Los animales son de Cunampas. Ella es de Cunampas. La sujeción de la obediencia.


El peligro no aparece al principio, lleva un tiempo comprender que las olas se estrellan contra peñascos y otro tiempo dejar de intentar que el cuerpo encuentre amparo. Cuando lo has perdido, el agua te recuerda que no es posible comenzar de nuevo, en todo caso no con el mismo cuerpo. Como un animal pequeño, de pelo débil con orejas puntiagudas, las manos y los pies de mona, con el pelo liso como el que tengo en estos días, así, creo, será posible sobrevivir en el mar.

(La isla, 2010. Buenos Aires, Bajo la luna)


Hay días en los que me hundo en el agua y no sé si por influjo de la luna o por un simple movimiento del sol puedo deslizarme sobre la tierra tan sinuosamente como una serpiente con aros de color azul intenso desde la cola a la boca, pero ese cuerpo de serpiente pálido y embozado no soy yo, quisiera poder aclarar cerca de tus oídos algunas de estas cosas, me has dicho que no es posible por ahora, ya que las nueva ocupaciones te llevan todo el día y también que tu vida es mejor, más sólida. No me hagas caso, simplemente podrías decirme si es verdad que las escamas de mi cuero siguen brillando a pesar de haber sido arrancadas una por una, y que aún así el cuerpo está contento con esta pequeña vida.

(La isla, 2010. Buenos Aires, Bajo la luna)


Vi lo que vi: movimientos furtivos en la hierba cuatro leones atraviesan la bruma allĂ­ en la nada donde las plantas cambian un bosque que luego es pradera y nuevamente un bosque. No me defendĂ­ esa noche ni la siguiente.

(Viajar sola, Buenos Aires, 2008. Abeja Reina)


MERCEDES ARAUJO Nació en Mendoza en 1972 y vive en Buenos Aires, Argentina. Obtuvo los siguientes premios: Premio Alberto Burnichon al mejor libro editado en Córdoba en el año 2003, Tercer premio del Fondo Nacional de las Artes con el libro La isla, 2010. Primer premio del Fondo Nacional de las Artes con la novela La hija de la Cabra, de reciente aparición (octubre 2012), en editorial Bajo la luna. Publicó los libros Ásperos esmeros (Ed. Del Copista) 2003, Duelo (Ed. En Danza) 2005, Viajar sola (Ed. Abeja Reina) 2009 y La isla (Ed. Bajo la luna). Sus poemas forman parte de la antología Poetas argentinas, 19601980, Ed. Del Dock. Sus trabajos se pueden leer en el blog http://cartasdesdeeljardin.blogspot.com.ar/


www.revistalunes.com


Mercedes Araujo - Selección de textos