Amphycles, los bogavantes

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Amphycles, los bogavantes Jacqueline Goldberg Diseño editorial: Adriana Morán Sarmiento ©Jacqueline Goldberg 2011 ©La Vaca Mariposa Editora 2011 Colección Hecho a mano Libro artesanal Ejemplar /100

Goldberg, Jacqueline Amphycles, los bogavantes. - 1a ed. - Buenos Aires : La Vaca Mariposa Editora, 2011. 40 p. ; 22x16 cm. ISBN 978-987-26006-4-8 1. Poesía Venezolana. I. Título CDD V861


Entrevista Zoe era una herradura abandonada en el centro de la bañera. Un libro de astutos silogismos marcado en la antepenúltima página con un cuchillo a medio lavar. Quedaba tan sólo una pregunta. Y la respuesta del descalabro. Una contestación sublime, promiscua, arrepentida. La cita sería en un café al aire libre, a las tres de la tarde. Irían ataviados para la faena indagatoria. Él con chaqueta y rayada corbata. Ella con traje sastre y un unicornio esmaltado en el puño izquierdo de la blusa. Acudirían despojados de la antigua cadencia que supone el enamoramiento. Ahora sólo se disputaban la astucia, la sílaba que arremetería sin compasión. La fragilidad que garantiza un tajo de memoria. Quedaba tan sólo una pregunta. El entrevistador inició de inmediato la calistenia que pondría fin al repertorio de encuentros que por tres meses habían ocupado los viernes de Zoe. Con extremada lentitud abrió el maletín, 3


extrajo la pequeña grabadora, una libreta. Acomodó todo junto al café que humeaba demasiado. Le pidió a Zoe que sacara de su bolso un objeto estimado y lo colocara en el centro de la mesa. Con burlona obediencia, ella aportó uno de los siete pintalabios que guardaba en el monedero: el marrón. Lo miró, insistiendo en el próximo paso. El cuestionario comenzó esta vez desde la obviedad: el desparpajo del verano, la lucidez de las hojas extenuadas, la imbecilidad de gente que recorre las calles en la hora más triste. Luego saltaron un par de preguntas capciosas, emanadas del acordonado deseo que a diferencia de otros viernes no se desparramaría en las sábanas de un motel. Pero la respuesta fue siempre la misma, lenta, con mal aliento. Sin puntuaciones ni esperanzas. Una frase matizada por la paliza que tantas veces Zoe recibió al intentar diálogos más pronunciados. Él quería saberlo todo: de qué color se teñiría el agua en caso de cortarse las venas, cómo sería un almuerzo suyo con el cónsul de Samoa, cómo leería un poema de Goethe, quién habría de morderle la oreja, en qué mesa escribiría su peor palabra, quién sería el hombre que la haría desistir de tanta mala racha. El entrevistador quería saber aún más: los antídotos contra el desasosiego,


la marca de jabón con que lavaba ropa interior, su guerra de frivolidad y encanto. Saber cómo cepillaba su cabellera, quién untaría cremas en su espalda, porqué paseaba un lápiz labial marrón, qué somníferos tragaría escuchando sonatas para piano, qué balcón la arrojó a la belleza, qué cansancio la abochornaba. Quedaba tan sólo una pregunta. Y la mísera respuesta. Tenue costra. Zoe respondió con un golpe que decía hartazgo, fe en los abismos, arrogancia, ganas de volver al motel y sólo escupir un acorralado adiós. Pero debía emprender nuevos arrepentimientos, seguir desatendiendo la nostalgia, divagar atenuada por una deliciosa desesperación.

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Jacqueline Goldberg nació en Maracaibo, Venezuela, en 1966. Su trabajo discurre entre la literatura y el periodismo y abarca la poesía, la literatura infantil, el ensayo y el género testimonial. Su obra poética publicada entre 1986 y 2006 ha sido recogida en el libro Verbos predadores (Universidad Simón Bolívar, Caracas, 2007), a la que puede echarse un vistazo en: http://jacquelinegoldberg-poesia.blogspot.com/


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Este libro se termin贸 de imprimir en EQB Impresiones (Paran谩 1011) Telf. 5272.6676 Buenos Aires, en el mes de abril 2011

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