ÉTICA EN PANTALLA


¿Información o espectáculo?
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¿Información o espectáculo?


El caso de Frida Sofía y los límites éticos del periodismo televisivo.
En 2017, durante la cobertura del sismo en Ciudad de México, el noticiero de Televisa informó sobre una supuesta niña llamada Frida Sofía, atrapada con vida bajo los escombros del Colegio Enrique Rébsamen. La historia, que conmovió a la audiencia, resultó ser falsa. Este caso plantea un dilema ético sobre la responsabilidad de los medios frente a la verdad, el espectáculo y el dolor colectivo.
El noticiero presentó un dilema ético, donde se pregunta: ¿Hasta qué punto puede un medio de comunicación priorizar la inmediatez y el impacto emocional sobre la veracidad de la información? ¿Qué consecuencias trae la desinformaciónencontextosdetragedia?
Durante el terremoto de 2017, más de 300 personas fallecieron, y la historia de Frida Sofía desvió recursos vitales de rescate. El caso se convirtió en un ejemplo global de fake news mediáticas en tiempo real. Tras la revelación de la verdad, Televisa no ofreció una disculpa formal inmediata.


El tratamiento mediático del caso de Frida Sofía, una supuesta niña atrapada bajo los escombros tras el terremoto de México en 2017, fue un escándalo ético protagonizado por Televisa que revela múltiples fallas morales en el ejercicio del periodismo. Desde una mirada comunicativa, este caso permite articular un análisis integral que entrelaza diversas teorías éticasyprincipiosprofesionales.

Desde el utilitarismo, se podría suponer que la cobertura fue defendida conlaideadequegenerabaesperanza, movilizaba a los equipos de rescate y atraía atención internacional hacia la tragedia. Sin embargo, los efectos negativos superaron ampliamente cualquier beneficio emocional momentáneo. La frustración social, la distracción de recursos reales de rescate y la pérdida de confianza en los medios son consecuencias que, en términos utilitaristas, evidencian un saldo ético negativo: el sufrimiento colectivo causado por la desinformaciónnojustificólaacción.


Desde la deontología normativa (Kant), lo central no es el resultado, sino el cumplimiento del deber. Informar sin verificar datos clave como la existencia de una víctima va en contra del deber ético de decir la verdad. Mentir, incluso con una intención aparentementepositiva,esmoralmente incorrecto porque instrumentaliza al público y a los protagonistas del hecho. La ética kantiana exige que toda acción comunicativarespeteladignidaddelas personas como fines en sí mismos, no como medios para obtener audiencia o emociones.
La ética del cuidado también se ve gravemente vulnerada. Este enfoque prioriza la atención hacia el otro, el reconocimiento de la vulnerabilidad y la responsabilidad afectiva hacia quienes están implicados. En este caso, la cobertura mediática desatendió el cuidado hacia los verdaderos afectados: los niños sobrevivientes, sus familias, los rescatistas y los millones de espectadores. En lugar de proteger su dolor, lo explotó para mantener una narrativa impactante, basada en una historianoverificada.


Por su parte, desde una ética profesional en comunicación, los medios están obligados a cumplir principios como la veracidad, la responsabilidad y la sensibilidad frente al sufrimiento humano. Convertir una tragedia en espectáculo es un acto irresponsable que contradice los fundamentos de la ética periodística, especialmente cuando se omite la verificación de fuentes y se propaga un relatosinpruebassólidas.
A esto se suma una fuerte tensión entre una ética reactiva y una ética proactiva. En este caso, la lógica reactiva fue dominante: los periodistas respondieron a la urgencia, a la presión de la competencia mediática y al interés por el rating, sin detenerse a evaluar éticamente las consecuencias de lo que transmitían. En cambio, una ética proactiva habría implicado anticipar los impactos, construir protocolos de cobertura responsable y priorizar el interés público por encima delespectáculo.

La ética discursiva, que apela al diálogo racional y al respeto por todos los involucrados en un proceso comunicativo, también fue vulnerada. El discurso mediático en torno a Frida Sofía se construyó sin considerar a los sujetos reales ni a los públicos afectados. Nadie representó la voz de los rescatistas, las familias o los niños que sí existían y necesitaban ayuda. El relato fue unidireccional y autorreferencial, centrado en el canal y sus fuentes anónimas, sin un espacio real para la deliberación o la búsqueda de consenso sobre lo que debía o no debíacontarse.
Este conjunto de fallos nos remite directamente al principio de la responsabilidad social de los medios, que establece que estos deben actuar como garantes del interés público, contribuyendo al desarrollo de una ciudadanía informada, crítica y participativa. Convertir una tragedia nacional en una narrativa de suspenso, falsa e infundada, no solo va en contra de la ética profesional, sino que erosiona la confianza social en los medios y debilita el tejido democrático. En lugar de generar una conversación colectiva orientada al apoyo y la reconstrucción, se instaló una historia ficticia que acaparó la atención y desvió recursos de lo verdaderamente urgente.
En suma, analizar este caso desde una mirada ética integral no implica solo identificar errores puntuales, sino comprender cómo la desconexión entre valores, virtudes, deberes y responsabilidades genera una práctica comunicativacarentedehumanidad.El reto para los medios no es solo evitar “mentir”, sino actuar con previsión, diálogo, empatía y compromiso con el bien común. Solo así la comunicación deja de ser un riesgo y se convierte en una herramienta real para la transformaciónsocial
Cuando la noticia se convierte en espectáculo, la verdad queda sepultada bajo los escombros de la audiencia.
Este caso deja claro que el ejercicio periodístico debe estar guiado por la ética, especialmente en situaciones de emergencia. La formación de comunicadores sociales debe incluir una sólida base ética que anteponga la verdad, la empatía y la responsabilidad socialanteelrating.
Laura Díaz- UCompensar, 2025