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Expresando nuestros ideales

30 años del cud / saber de leyes no es saber de derecho /crónicas de devoto demolición y falacias La materialización del tiempo / entrevista a luz en la piel / entrevistas en el/el cudcentro - educación y encierro / entrevista a berdugo de producción de / Cuento + Poesía -accesibilidad reclamo de derechos laborales

Buenos Aires, julio de 2018, número 18 – ISSN 2 314-3797 FFyL - UB A XXII - Centro U niver sit ario Devoto


Hay equipo Acercaron material y editaron la revista Carlos Alberto Arzamendia, Luis Fabián Bareiro, Con st a n z a Cáceres Mon ié, Gu i l ler mo Ca no Pa lom i no, Jav ier Ca rdozo A rg üel lo, Ma nuel Martín Charca Taype, Gustavo Choque Miranda, Ro q u e D av i d M a c i e l , Fe r n a n d o E m m a nu e l Delgado, José Antonio Ferreras, Cristian Ramiro Gomez, Pedro Huaman Montes, Gonzalo Iván Insaurralde, Miguel Ledezma, Andrés Fernando Leis, Omar López Rosales, Juan Carlos Martínez, Walter Gregorio Martínez Huarote, Daiana Melón, Carime Morales, Joseph Odunukwe, Carlos Eduardo Paz, Pablo Alejandro Pedernera, John Pérez Álvarez, Benjamín Polio, Gabriela Presentado, Edgardo Oscar Quintero, Azul Romanin, María José Rubin, Franco Salas, Alfonso Carlos Salvatierra Matute, Miguel Ángel Sánchez, Sol Severi, Emiliano Matías Sosa, Gabriel Ricardo Sosa, Gustavo Spadoni, David Valdes Peña, Fernando Vezenyi, Sebastián Alejandro Viamonte. Agradecemos A Germán Frers, que sumó su trabajo y compromiso en este número de la revista, a través de la cátedra de Pasantía de Práctica Profesional en Instituciones Públicas u ONG de la Carrera de Edición. A Marcelo García, Martín Ale, Beatriz Busaniche, Gabriela Uassouf y Em ma nuel Gia rd ino, que compartieron generosamente tardes y saberes con el Taller Colectivo de Edición (TCE). La Resistencia es producto del trabajo realizado por el TCE. Este número se llevó a cabo en la materia Edición de Publicaciones, en el marco la Diplomatura en Gestión Sociocultural para el Desarrollo Comunitario creada y coordinada por el Programa de Extensión en Cárceles de la Facultad de Filosofía y Letras. Foto de contratapa: Taller de Fotografía Estenopeica. Ilustración de tapa: Fernando Vezenyi.

Facultad de Filosofía y Letras - Universidad de Buenos Aires DecanA Graciela Morgade VICEDECANO Américo Cristófalo Secretaria Académica Sofía Thisted SecretariA de Extensión y Bienestar Estudiantil Ivanna Petz Secretario de Posgrado Alejandro Balazote Secretario de Investigación Marcelo Campagno Secretario General Jorge Gugliotta Secretaria de Hacienda y Administración Marcela Lamelza Subsecretaria de Bibliotecas María Rosa Mostaccio Subsecretario de Publicaciones Matías Cordo Subsecretario de Transferencia y Desarrollo Alejandro Valitutti Subsecretaria de Relaciones Institucionales e Internacionales Silvana Campanini

Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras ISSN: 2314-3797 © De la edición: Facultad de Filosofía y Letras - UBA, 2015 Subsecretaría de Publicaciones Puan 480 - Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Argentina Tel.: 4432-0606, int. 213 - editor@filo.uba.ar © De los textos y las ilustraciones: sus respectivos autores La Resistencia se publica bajo una licencia: http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/deed.es Para leernos online, descargar la revista en pdf o dejarnos tus comentarios, te esperamos en: tallercolectivoedicion.wordpress.com laresistenciacud@gmail.com Facebook: Taller Colectivo de Edición


editorial Carlos Martinez

Muchos de nuestros derechos son vulnerados en el contexto en que nos encontramos, además de no poder acceder muchas veces a necesidades básicas y necesarias para una vida digna. En nuestro país existe una ley suprema que abarca todo el territorio argentino. Esas leyes son inquebrantables, nadie debería ir en contra de nuestra Constitución Nacional. En ella podemos encontrar muchos derechos y garantías. El Art. 16 dice que todos los habitantes somos iguales ante la ley. Algunos derechos nos garantizan un trabajo en condiciones dignas. También dice en el Art. 14 que somos libres de enseñar y aprender. Más adelante, dentro de los acuerdos internacionales, hay derechos enumerados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que dice en su Art. 25 que toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado, a la salud, al bienes tar y la asistencia médica. Y, volviendo a la Constitución, no nos olvidemos del Art.18 que establece: “las cárceles serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo”, entonces yo me pregunto: ¿Por qué sufrimos tantas vulneraciones? ¿Por qué sufrimos la ausencia de herramientas para nuestro desarrollo como personas? Muchos no saben que en nuestra trayectoria en el medio libre no hemos podido acceder a la educación y hemos sufrido carencias.Muchos han experimentado múltiples exclusiones del contexto del que provienen, ¿no creen que deberían compensar las carencias sufridas? ¿Por qué no tengo un espacio adecuado donde los profes y los pibes puedan desarrollar bien el proceso educativo? ¿Por qué tanto deterioro y falta de espacio? ¿Por qué no andan la luz y la ventilación? ¿Por qué no se termina esta escasez de materiales de estudio? ¿Por qué las tecnologías de información y comunicación son prácticamente inexistentes? Me parece que no tendríamos que tener problemas con los dispositivos de seguridad (como ser la requisa, el tránsito de detenidos), ni con los factores administrativos (la famosa boleta), ni de logística, que también afectan a docentes. ¿Por qué no tenemos oferta educativa en la temporada de receso escolar?

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Posters de Luis Tagliapietra Taller de Diseño Gráfico. 2013

CÓMO VULNERAN NUESTROS DERECHOS DENTRO DEL SISTEMA PENITENCIARIO


¿Por qué no hay ofertas de actividades educativas, culturales y deportivas suficientes y variadas para las personas privadas de su libertad? Tengo la certeza que a más de uno le ha costado y hasta ha afrontado obstáculos para acceder a una atención médica mínima, básica; que ha tenido que esperar una semana para ser atendido, sin un control adecuado, en buenas condiciones sanitarias. Tendría que haber un poco más de capacidad de respuesta, ¿no lo creen? No quiero olvidarme de esta cuestión del trabajo en contexto de encierro. Poder acceder a una actividad ya es muy limitado, es baja la proporción de pibes afectados, son muchas las restricciones en cuanto a las remuneraciones; y si de formación laboral hablamos, creo que estamos últimos en el ranking, porque contamos con tareas escasamente formativas. Varias son las preguntas que me hago en cuanto a la educación y muchos son los cuestio­namientos que tengo con respecto a cómo se desarrolla el sistema de salud y trabajo en situación de encierro: ¿Cómo hace este sistema para garantizarte un modo de sostener el vínculo fami­liar cuando hay exigencias para admisión, turnos de visitas por sexo y por edad, prohibiciones de vestimenta...?¿Qué mejor para un ser humano que se encuentra privado de su libertad que reunirse con toda su familia y que pueda sentirla contención general? Uno no debería ver a su familia por separado. Me parece que hay muchas cosas que repensar con respecto a estos temas tan complejos que afectan a gran cantidad de la población carcelaria a nivel nacional. ¿No se pusieron a pensar que, gracias al estudio, más de un pibe sale y no reincide? ¿Acaso los poderes del Estado se darán cuenta de que con su apoyo puede haber un gran ­cambio? Con una mejor calidad de vida y un buen tratamiento, tenemos la oportunidad de obtener las herramientas necesarias para ganarle a esta forma tan precaria de vida.

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Devoto Andy

REFLEXIÓN A RAÍZ DE LA DEMOLICIÓN DE LA UNIDAD 2 Me nace una simple y breve reflexión con base en el impacto de la noticia sobre la posible demolición de esta unidad penitenciaria; a partir del llamado de mi madre asustada, que me preocupó mucho cuando me preguntó: “¿Hijo, te van a trasladar?”… Era una mañana fría, yo estaba acostado mirando el noticiero y pensando justo en mi madre e hija, sabiendo que la noticia iba a impactar a mi familia (se me ocurre que varios conocidos deben estar pasando por la misma situación...). La alegría de algunos vecinos se vuelve tristeza o angustia para diferentes perso­ nas, por ejemplo los profesores, estudiantes, coordinadores internos y externos del Centro Universitario Devoto, y también a toda persona que tiene su empleo en esta legendaria institución. Todos ellos, con mucho esfuerzo, mantienen de pie esta estructura universitaria que tiene mucha importancia, que brinda edu­ cación, bienestar y cierta paz dentro de este contexto. Y en mi mente nacen varias preguntas: 1. ¿Todos los vecinos de Devoto estarán felices a raíz de esta posibilidad, que para nosotros se vuelve una problemática? 2. ¿Pensarán en el daño colateral que puede significar? 3. ¿Sabrán que el Centro Universitario Devoto contribuye a construir y dar he­ rramientas, y que a su vez ayuda a bajar la tasa del delito?

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Estas preguntas me hacen dudar de que sean todos los vecinos los que están demandando la demolición de la unidad... Al ver la noticia, un grupo pequeño de vecinos bien vestido, alimentados, poco educados, que no parecen seres racio­ nales, deberían pensar en todo lo bueno y lo malo que produciría esa acción. Ojo, es mi opinión, porque noto a la legua que esta estructura en Devoto no les ha incomodado en su vida y su bienestar. En fin, este análisis subraya la dimensión material aunque soy consciente de que hay una dimensión simbólica que condiciona la mirada. ¿A qué me refiero con esta otra dimensión? A que probablemente la existencia de una cárcel en medio de un “barrio bien”, molesta, perturba, desluce la vista. Esta es una mirada sociológica que, en esta situación, resalta los valores de es­ tas personas (a mi parecer, de clase alta); valores construidos en su vida familiar, construida por su entorno, inculcados… Remarco lo de mi mirada sociológica ya que hago una analogía con la Unidad 39 de Ituzangó, del distrito provincial pero a unos 15 minutos de acá...o de esta misma estructura: es una unidad de la misma dimensión, en un barrio con una población similar a la de Devoto y nunca hubo un reclamo en contra de ellos. Sos­ tengo que esta mirada no es objetiva, solo propia de quienes tienen esta idea de la cárcel como un factor perjudicial en el panorama cotidiano.

Walter Martinez Huarote

La transferencia de devoto Un negocio inmobiliario enorme para la cuidad. Un plan de sistema de recreación y un plan inmobiliario para los ciudadanos. Pero nadie mira lo que hay detrás de ese plan inmobiliario. El Penal de Devoto es un lugar que solo es una cárcel para la sociedad. En este penal vemos nuestra realidad; en este lugar trabajamos, estudiamos y, el que puede, se prepara con conocimientos terciarios. Tratamos de hacer las cosas bien, pero a pesar de todo lo que hacemos vivimos una represión psicológica y moral. La sociedad no tiene idea delo que nosotros, a pesar de estar privados de nuestra libertad, tenemos que luchar día a día. La sociedad no tiene idea de lo que cuesta el ingreso a un penal, de lo que cuesta instalarse en un pabellón y adaptarse a la convivencia interna. De la discriminación social y política, de la represión carcelaria y los diversos problemas sociales que sufre un preso. La familia pasa por un tormento para poder vernos. Los presos luchamos para que nos dejen ver a nuestras familias y poder pasar una linda tarde allado de ellos. Somos conscientes de que cometimos un error, pero tratamos de reinsertarnos a la sociedad. Al Estado y aparte de la sociedad no les importa eso. Muchos de nosotros somos conscientes de lo que hicimos y lo estamos pagando, pero para el sistema solo somos un preso, un gasto más. Si nos transfieren de un penal a otro, muchos de nosotros perderemos esa esperada visita; esa posibilidad de estar cerca de la familia o de esa persona que uno ama, porque estando en Capital es más cerca para ellos poder venir a vernos. Perderemos ese logro a ­ cadémico que hemos logrado, porque será más difícil estudiar y convivir. Mientras más lejos nos lleven, más solos estaremos, más represión viviremos y perderemos todo lo que hemos l­ogrado. Es más difícil de reclamar un derecho, la distancia hace al olvido y es volver a empezar de nuevo.

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CARLOS PAZ

EL RECUENTO

Ilustración de Fernando Vezenyi

Allá por la década del 90 el neoliberalismo dominaba todo, con un presidente títere y muy corrupto como Menem estaba todo pago… Todas las instituciones quebraron, exceptuando la cárcel, en particular la de Devoto (que estaba devoto en voto), y la superpoblación era algo normal, como el hambre y la muerte, que eran moneda corriente. Toda la cárcel era una gran villa violenta y sucia. En todos los pabellones había más de 100 personas, cuando el cupo era de 80 internos. La cosa no era esa, sino la gran mortalidad que había. En esos tiempos, de gran lavado de dinero, al menos un preso moría por mes. Para imaginar todo aquello es bueno recordar que en el pabellón Nº12 llegaron a vivir 400 personas, y en el resto 120, 150, 180, 200 personas. El hacinamiento y el hambre fueron un caldo de cultivo para que la muerte fuera algo normal e impune. Una de esas muertes destapó un poco la olla sobre lo que se vivía muros adentro. En el pabellón Nº 8 mataron a un pibe, sin razón seria. Como en aquellos tiempos te contaban a ojo o directamente no lo hacían, al asesino, junto a un grupo de soldados o gatos a su merced, no se le ocurrió mejor idea que dejarlo en la primera cama. Pasó por vivo 72 horas, 3 días… En esos días lo bañaban, lo cambiaban y el matador, haciendo de hijo del diablo, le hablaba mientras tomaba mate junto al muerto. Pero el cuerpo comenzó a hincharse y a despedir olor, y por más lavandina que le echaban ya no se podía ocultar más. Un día en el que correspondía visita, de una forma astuta lo sacaron por el entrepiso del 8º. Desde aquella muerte, nos cuentan dos veces al día, como si fuéramos ganado. Para ser un poco más crítico, lo único que cambió en comparación con aquellos tiempos fue contar con otros sistemas. Tenías que levantarte y pasar del pabellón al denominado “palito”, lugar donde supuestamente uno se recreaba, pero lo gracioso era que los que dominaban dicho lugar tenían que salir hacia el pabellón para volver a entrar. Era solo un recurso para salir del paso y justificar lo injustificable: el hambre y la muerte seguían reinando, llevándose puestos a débiles y fuertes. Recuerdo que tuve la oportunidad de tener una entrevista con el Director y el Jefe de Seguridad Interna por un tema muy personal: mi hermana se estaba muriendo y yo no comprobaba el vínculo; eso era un tema para poder salir a verla. Una vez llegado al arreglo, lo que me llamó la atención de esos dos campesinos vestidos de soldados fueron sus ostentosos Rólexy sus grandes anillos de oro haciendo juego con gruesas pulseras. Mientras tanto, adentro se seguía disputando una mini guerra de pobres contra pobres en un lugar muy reducido. Las muertes y los heridos graves siguieron sin ton ni son, y las autoridades miraban para otro lado sin un atisbo de humanidad.

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Educación Matias Mendoza

enseñando en contexto de encierro Entrevista a Gustavo Aponte, profesor de computación que dicta clases en la Cárcel de Devoto desde el año 2009 en cursos universitarios y extracurriculares, dando a los estudiantes la oportunidad de aprender y capacitarse para manejar una computadora La Resistencia: ¿Dónde te recibiste y cuándo? Gustavo Aponte: Me recibí en el Normal N° 2, “Mariano Acosta”, de la Facultad de Ciencias Exactas Naturales de la Universidad de Buenos Aires. LR: ¿Desde cuándo venís a Devoto? GA: Bueno, es una hermosa experiencia de 9 años, vengo dictando clases desde el 2009. LR: ¿Qué cambió en el Centro Universitario Devoto en los últimos 10 años? GA: Veo que concurren menos alumnos a mi taller de computación, pero también veo que en el mismo centro de estudiantes hay menos gente también. No sé por qué, tal vez sea el servicio penitenciario o las pocas ganas de los estudiantes. Sería lindo para mí ver concurrido de alumnos este espacio que es de vital importancia para la reinserción social de los detenidos. LR: ¿Dónde más dictás clases? GA: También doy clases en la Facultad de Ciencias Exactas, donde empecé mi carrera como profesor y donde me encuentro muy a gusto con lo que hago desde hace tiempo. LR: ¿Y que cambia de dar clases en la cárcel de Devoto a darlas en la facultad, en la calle? GA: Cambia mucho porque los tiempos no son los mismos, ya sea en práctica o por distintas necesidades, porque en la cárcel son pocas computadoras y no hay internet, y en la facultad tenemos todo los recursos para dar una clase completa. LR: ¿Qué te gustaría hacer como profe para poder mejorar el lugar? GA: En primer lugar, que las autoridades de la facultad intervengan para que puedan bajar más alumnos al centro. Que mejoremos el espacio con computadoras nuevas, y en cantidad, que sea un llamado a la población. Después de realizar esta entrevista pienso que si aportamos todos un poco sería lo mejor para este espacio social que compartimos: las autoridades del penal, la facultad y las mismas personas que están privadas de su libertad; todos podríamos mejorar mucho las cosas.

Poster de Juan “Patón” Villanueva Taller de Diseño Gráfico. 2013

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FRANCO SALAS

ENCERRADO TAMBIÉN SE APRENDE Despierto de una horrible pesadilla. No recuerdo mi nombre. Segundos después reflexiono y me doy cuenta, es más, “caigo en la realidad” de que la pesadilla no era un mal sueño, de que esto realmente lo estoy padeciendo en carne propia. El silencio en la noche y la reja me confirman que ya no estoy más libre y que realmente estoy encerrado. No solo físicamente sino también espiritualmente: mis sueños, mis anhelos, mis proyectos, mi vida propia... Atrás quedan esos recuerdos que con el pasar del tiempo se desvanecen en un vago recuerdo triste; como la ausencia de esos seres queridos que ya no podré disfrutar o como ese beso tierno de mi madre que jamás tendré... Por no dejar que frecuente este lugar, me quedo sin verla para siempre. También el abrazo cálido de mi compañera, amante y amiga de muchos años; todo quedará inconcluso. De repente la vida me golpea mucho más fuerte: el grito desgarrador de una persona muy particular, que nos recuerda todas las mañanas en qué sitio estamos. Automáticamente las reglas empiezan a ser muy diferentes comparadas con las de afuera, todo forma parte de una agobiante rutina generada por un sistema carcelario, desde allí vamos tomando magnitud de las diferentes problemáticas que padecemos a diario. Después de un tiempo, cansado de sobrevivir en un mundo desconocido, alguien se sienta a mi mesa y me dice: “Che, ¿querés estudiar una carrera?”. Le respondo: “¿Acá, en la cárcel?”. Me responde muy seguro: “Sí, mañana hablo en la coordinación y hago que te bajen, tenés que presentar una documentación reglamentaria”. Lo miro y le pregunto: “¿Como una universidad de afuera?” y me responde. “Sí. Mañana hablamos”. Ese día se me hizo más largo que de costumbre. A la mañana siguiente emprendería mi viaje hacia ese lugar lleno de incertidumbre, sin saber si ese loco realmente me decía la verdad. Llega la mañana. Desayuno lo que puedo, un guardia poco amigable me llama por mi nombre. Recuerdo que esos pasillos se hacían eternos, cada vez que pasaba por una reja que separaba cada sector mis palpitaciones se aceleraban. Mis manos no dejaban de transpirar. Llegamos a un punto en el que una especie de control te revisa completamente, hasta dejarte sin ropa (como se solía hacer años atrás en el servicio militar). Después de ese mal momento, sigo hasta llegar a una reja enorme custodiada por dos guardias con caras muy intimidantes, con unas planillas en sus manos. Uno corrobora que mi nombre está allí, me mira y me abre la reja. Comienzo a transitar un pasillo diferente lleno de caras nuevas, degente yendo y viniendo. Algo se me hacía agradable, no sé si era el aire, la gente o la vibra del lugar; pero sí pude reconocer inmediatamente el cambio de ambiente en un mismo sitio. Por primera vez me sentí LIBRE, aunque seguía encerrado. Así fue mi primer día en el CUD (Centro Universitario Devoto). Ahí se cursan diferentes carreras, y no podés pasar por alto un hermoso mural que te informa de los egresados recibidos desde el año 1991 hasta 2017. Diferentes universidades dictan clases allí desde el año 1985. Ofrecen carreras como Abogacía, Administración de empresas, Psicología, Sociología y Letras. También ofrecen diferentes talleres extracurriculares académicos, con orientación a una salida laboral. Sigo en una pequeña excursión recorriendo el lugar. Allí me reciben con un cálido apretón de manos seguido de unos buenos mates amargos. Comenzamos la charla, intercambiamos ideales y después de unas horas conocí la gran importancia del SUTPLA (Sindicato Único de Trabajadores Privados de la Libertad Ambulatoria). Este sindicato creado en el año 2012 es el único sindicato en el mundo creado por gente privada de su libertad y siempre trata de orientar y ayudar desde su pequeño espacio al trabajador y trabajadora en el contexto de cualquier tipo de encierro. Con la lucha diaria y constante, le muestran a la gente que trabaja que no importa en qué contexto se encuentren, le hacen saber que es un trabajador o una trabajadora y que, como tal, tiene derechos que son violados por el servicio penitenciario. Después de ese día, cada vez que despierto sí recuerdo mi nombre. También recuerdo que, a pesar de estar sin libertad, tengo esa segunda oportunidad que la vida no nos da a menudo; esa revancha me da el CUD. Ahora sí puedo decir que me estoy preparando con buenas herramientas para cuando llegue mi LIBERTAD.

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Adicciones DAVID VALDEZ PEÑA

La adicción en contexto de encierro

HIPÓTESIS condena de ocho años, pero piensa ser Mi hipótesis se basa en que la adic­ expulsado a mitad de la condena, o sea, cción dificulta la reinserción cuando a los cuatro años. uno egresa de la cárcel, y crecen las probabilidades de que el individuo de­ PREGUNTAS linca nuevamente. 1. Yo: ¿Cómo comenzaste a consumir drogas? INTRODUCCIÓN Jairo: Comencé a consumir desde muy En la siguiente entrevista les voy a chico, por curiosidad, y al juntarme con contar cómo es la adicción en este con­ chicos más grandes pude acceder fácil­ texto, que es el de encierro. Entrevisté mente a ellas. a un chico que se encuentra en el mismo pabellón que yo, así que pude ha­ cerlo 2. Yo: Contame, ¿a qué edad comen­ sin dificultades y logré que respon­ zaste a delinquir y por qué? da a todas las preguntas que le hice. Jairo: Arranqué a drogarme a los Jairo es colombiano y tiene 25 años de 14 años y a delinquir a los 13, desde edad, hace tres años que muy chico, con los chicos del barrio, y está detenido y tiene ahí fue que probé las drogas. Como que hacer una consecuencia, salía a robar cada vez más, hasta terminar preso. Lo empecé a hacer por la necesi­ dad de querer tener cosas que de chico nunca había tenido, veía que los chicos más grandes lo hacían y tenían sus cositas, así que quise hacerlo yo también.

Ilustración de Fernando Vezenyi

3. Yo: ¿Qué drogas con­ sumiste o consumís? Jairo: Consumo marihuana, pastillas para dormir y cocaína. Comencé con la marihuana y luego probé la cocaína. Dentro de la cárcel me habían recomendado esas pastillas para poder dormir y pasar el tiempo fácilmente, así que comencé a tomarlas diariamente y empecé a sen­ tirme mejor; o, mejor dicho, fuera de la realidad.

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4. Yo: ¿Pensás a volver a delinquir cuando salgas? Jairo: Cuando salga, sinceramente lo que pienso y quiero hacer es estar con mi familia que tanto extraño y pedirles disculpas por todo lo que los hice sufrir. Soy consciente de que drogándome no voy a llegar a nada, sino todo lo contrario, y lo más probable es que delinca cuan­ do salga de acá. Necesito rehabilitarme para no volver a la cárcel de nuevo. Tener lo más precavido, que es la libertad. Estando acá adentro es fácil decir que no voy a volver a robar, pero cuando uno sale la realidad es totalmente diferente y las necesidades, sumadas a las tentaciones, hacen que vuelva a robar. Con­ testando a tu pregunta, es difícil contestar, pero existen probabilidades que salga y robe nuevamente. 5. Yo: ¿Te sentís una persona adicta? Jairo: Es muy feo reconocer los pro­ blemas y aceptarlos, pero sí, soy adicto a las drogas y, aunque me cueste decir­ lo, voy a reconocerlo porque sé que es lo primero que debo saber y admitir para poder tratar ese problema.

Jairo: Estoy yendo a la psicóloga una vez al mes, siguiendo mi tratamiento individual. Los temas que tratamos son justamente los problemas que tengo con la droga. Mi problema es siempre cuan­ do llego al pabellón, que es donde quiero drogarme y que se me pase el tiempo lo más rápido posible. 9. Yo: ¿Qué salida buscas para salir de tu adicción? Jairo: Mi salida, sé muy bien y tengo en claro que es el estudio. Cumplo con las demás áreas para progresar con mi tratamiento individual de progresivi­ dad, pero lo habitual es que uno saca las audiencias y los profesionales del servicio no te atienden. 10. Yo: ¿Qué drogas consumís hoy fre­ cuentemente? Jairo: Consumo cocaína y marihua­ na cuantas veces más pueda, al igual que las pastillas para poder descan­ sar. Las adicciones y las drogas son un camino de ida, ¡y qué difícil es salir de ellas! Por eso, si puedo aconsejar algo es que no entren en ellas, porque cuando las probás, sin darte cuenta te atra­ pan y cuando te querés dar cuenta ya estás dentro.

6. Yo: ¿Por qué consumís? Jairo: Consumo para que se me pasen rápido los días y no pensar y depri­ mirme. Estar preso es horrible y se me CONCLUSIÓN hace muy difícil estar “careta”, acá de­ En esta entrevista que realicé a uno tenido dentro del pabellón. de los chicos que vive en el mismo pa­ bellón que yo pude comprobar y refu­ 7. Yo: ¿No pensás hacer nada para sa­ tar la hipótesis planteada, según la cual lir del pabellón? la adicción en contexto de encierro es Jairo: Para salir del pabellón comencé el problema que más dificulta reinser­ a estudiar la primaria y eso me ayudó tar en la sociedad a los recién salidos a despejarme un poco, y como conse­ de la cárcel. Pude analizar que cuan­ cuencia a drogarme menos. Yendo a la do se es adicto, es muy probable que escuela aprendo y el tiempo no es tiem­ al salir en libertad se vuelva a delin­ po perdido. quir para satisfacer las necesidades que son, en general, drogarse, dejando siem­ 8. Yo: ¿Asistís a psicólogo, al pre en segundo plano la realidad en la asistente social? cual vivimos.

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Salud “Salud para todos” es un convenio nacio­ nal que fue lanzado en el año 2000 por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en la Declaración de Alma-Atá, en 1978, a la suscribe Argentina junto a otros países. Esta línea de trabajo ha sido indicada a los servicios médicos del Servicio Penitencia­ rio Federal (SPF). Fue recomendada por el Mi­ nisterio de Salud de la Nación en el dictado de política sanitaria. En el país existe un sistema bipartito de administración carcelaria. Esto quiere decir que el SPF depende del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación y de los sistemas penitenciarios provinciales. Las provincias autónomas, de acuerdo al Art.5 de la Constitución Nacional, conforme las provincias crearon su propio servicio pe­ nitenciario y alcaldías para la custodia de los detenidos bajo su jurisdicción. El 29 de julio del 2008 se firma el convenio marco de c­ ooperación y asistencia “Justicia con Salud, Salud para Incluir” entre los ministerios de Justicia y Derechos Humanos y el Ministerio de Salud de la Nación. Tiene el objeto de progresar en la ca­lidad de atención en las cárceles federales y extender el control del recluso al reintegro social, según explicó Ocaña, la ministra de Salud. Convenio: El primer plan nacional de salud para incluir a la población carcelaria intra y extra muros. Justicia con salud para incluir, promover, facilitar e implementar los programas existentes la libertad y a quienes egresan de cárceles fe­ derales y el de justicia. El plan de capacitación coordinado para el personal médico penitenciario, la Ley N° 24.660 del Art. 143 refiere que “el interno tiene derecho a la salud”. Debería brindársele oportuna asistencia médica integral, no pudiendo ser interferida su accesibi­ lidad a la consulta y a los tratamientos médicos que les serán suministrados sin cargo. Se encuentra enmarcada en la libertad en establecimientos penitenciarios.

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Los datos recopilados me permiten deducir que las normativas que reglamentan el funcionamiento del subsistema de salud pública dentro del SPF ayudan a determinar que es una tarea interministerial que depende de un trabajo en conjunto entre el Ministerio de Justicia, Derechos Humanos y Salud de la Nación, que hoy genera el programa nacional de salud en contexto de encierro. En el ámbito de salud, debo decir que es errónea al respecto del informe recopilado, ya que las condiciones sanitarias carecen de una estructura completa y efectiva, no se realizan consultas y practicas requeridas, los equipos obsoletos y desatendidos sobre los pasillos del mismo Hospital Penitenciario Central (HPC), los consultorios médicos que carecen de especialistas (los cuales hacen oídos sordos a los reclamos y no derivan a un profesional sin resultados de análisis, sin un control adecuado cada 6 meses). El Art. 18 de la Constitución Nacional estipula que las cárceles serán “sanas y limpias, para seguridad y no para el castigo”. Poca cantidad de profesionales para atender a una amplia cantidad de promesas de la Organización Mundial de la Salud y del Ministerio de la Salud de la Nación. ¿Dónde quedó el convenio? ¿Cuándo le darán más importancia a la salud?

Poster “Derecho a la salud” realizado por alumnos del Taller de Diseño Gráfico. 2014

RICARDO GABRIEL SOSA


sociedad MIGUEL ÁNGEL SÁNCHEZ

EL DETENIDO, SU FAMILIA Y LA SOCIEDAD Desde el momento en que una persona es encerrada y privada de su libertad, suceden dos situaciones: por una parte, esta persona es puesta bajo el cuidado y guarda del Servicio Penitenciario Fe­ deral; no pretendo abrir jui­cios de valor en el presente escrito sobre la forma en que lo hace, sino sobre las condiciones generales de detención. Por otro lado, sucede que nadie se ocupa de la familia del detenido, que queda absolutamente a la deriva. La sociedad que perma­ nece ajena a los sufrimientos de sus integrantes no es una sociedad que se pueda arrogar el adjetivo de “justa”. Veamos algunos puntos que se podrían considerar como positivos en términos de las familias que quedan sin el ampa­ ro del preso: El peculio consiste en estos casos en una ayuda económica que, sumada a lo que ANSES provee por cada hijo menor, permite alcanzar una suma a todas lu­ ces insuficiente para que el grupo fa­ miliar pueda sostenerse mínimamente, es decir, para comer, vestirse, viajar y cuidar de su salud. Esta situación tiene consecuencias desastrosas para la unión familiar. La madre, como único sostén obliga­ do de la familia, debe dividirse entre su trabajo, contando con que lo encuen­ tre, y sus hijos quedan abandonados a su suerte en los prolongados momentos en que se encuentra ausente. Los hijos mayores deberán ocuparse de los meno­ res, pese a que en muchos casos todos son menores de edad, sin preparación y conciencia necesaria para ello. No hay una explicación posible de cómo po­ drán autoabastecerse durante los pro­ longados periodos de soledad a los que

se encuentran sometidos. Pensemos ahora: ¿quién, desde el Es­ tado, se ocupa de ellos?, ¿quién intenta mantener a esa familia unida, con una relación interna y externa lo más armo­ niosa posible? Considerando a la familia como célula básica de la sociedad, la madre y los hijos librados a su suerte ya no forman parte de una estructura estable, auto­ sostenida; cada uno se defiende, por necesidad, como puede. Comienza a im­ perar la ley de la selva, tanto dentro del seno familiar como en su relación con el resto de la sociedad. La asistencia social es insuficiente, y mucho más la asistencia económica. La relación con la persona privada de la libertad se diluye. Puede mante­nerse en un primer momento, pero luego se desbanda. Los hijos crecen y, como pueden, siguen su vida. No lo hacen de la mejor manera; contra su voluntad, al verse privados de medios para desa­ rrollarse, caen en el camino de la deses­ peración y el delito. Es una espiral que tiende a incrementarse con el tiempo. La fábrica de prisiones será la única que progrese mediante este sistema. La madre seguirá visitando a su pare­ ja, viendo y sintiendo en carne propia cómo todo lo que se hubo construido a nivel familiar se desintegra, transferirá a su pareja la situación degradante en que se encuentran y aumentará la impo­ tencia y la desesperación en conjunto. Se dirá: “Eso le pasa por actuar fuera de la ley, que pague su delito”. Puede aceptarse el argumento, pero ¿qué cul­ pa tiene el resto de la familia?, ¿también tienen que sufrir las consecuencias, la limitación de su derecho a estudiar,

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a desarrollarse socialmente, a vestirse decentemente, a comer?, ¿deben sopor­ tar la restricción que de hecho se ejerce sobre sus propias personas? Si una persona detenida le resulta tan cara al Estado (nótese que digo “cara” y no “costosa”, ya que lo erogado es pura perdida), ¿por qué no se racionalizan los fondos dando un trabajo realmente ren­ table a esa persona, haciendo que ejerza un oficio que luego le sirva tanto para su reinserción social como para man­ tener decentemente a su familia? ¿Es tan difícil organizarse de esta manera? No se piden subsidios, a todas vistas, ineficientes. Se pide trabajo y un ingre­

familiar, sino también su propia valía, la cual será una herramienta indispen­ sable para seguir desarrollándose una vez reintegrado a la sociedad. Ahora bien, este fue el pensamiento original que primó en la formación de los diversos talleres dentro de los ám­ bitos de la prisión. Hoy en día, la ma­ yoría de ellos se encuentra en estado de abandono. Este sistema buscaba que el encierro fuera más humano y escapara del concepto medieval, sobre la base de la capacitación y el trabajo de las perso­ nas privadas de su libertad. La pregunta que debe hacerse la socie­ dad es la siguiente: ¿Existe la voluntad

so rentable en base a su productividad o a su capacitación, por ejemplo, para que aquellas personas privadas de su liber­ tad puedan sentirse realmente útiles para su familia, al permitir que esta se desarrolle de manera más conveniente, acorde a los preceptos sociales, hacien­ do de todos sus integrantes personas de valía tanto para sí mismos como para los demás. Consecuentemente con esta situación (ideada e idealizada), la perso­ na privada de su libertad logra ver que con su trabajo recupera no solo el orden

de todos los sectores públicos y priva­ dos para forjar una sociedad más justa, dando oportunidades a aquellos que, habiéndose equivocado, pueden volver a ser útiles para sí mismos, para su fa­ milia y para el conjunto social del cual forman parte?, ¿o seguiremos, como en la actualidad, construyendo más cárce­ les para que aquellos sin oportunidades las sigan poblando una y otra vez hasta el infinito? ¿No será esta la verdadera puerta giratoria?

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sociedad PABLO P. (“CORDOBÉS”)

REINSERCIÓN POSPENITENCIARIA El servicio penitenciario y el Estado deberían trabajar en la rehabilitación y reinserción social y laboral de las per­ sonas que cumplen condenas en prisión, tanto desde el propio sistema peniten­ ciario como desde afuera, contribuyendo a una sensibilización social que sea más favorable a las segundas oportunidades. Para esto, deberían plantearse no solo la importancia del estudio como forma de refutar lo que se dice de la cárcel como una máquina de reproducir de­ lincuentes, sino también la responsa­ bilidad de dar continuidad, una vez fi­ nalizada la condena, a los procesos de rehabilitación que se inician en el cum­ plimiento de la medida de privación de la libertad. El tema del estudio, en mi opinión, presenta una complicación, que es la reformade la Ley 24.660. Por lógica, se tendría que revisarsi lo que se quiere lograr es una verdadera reinserción, ya que esta reforma regresiva elimina el incentivo para estudiar. Sin los benefi­ cios del estímulo educativo se pierde la motivación de los pibes para acercarse a un aula; por lo tanto, no hay progre­ sividad del interno que desea reinser­ tarse, y esto a su vez infla los niveles de encarcelamiento. Dentro del ámbito laboral, hay que fomentar la capacitación de los inter­ nos para oficios que les puedan servir verdaderamente en un futuro, cuando salgan en libertad,y así brindar talleres de formación profesional con salida la­ boral y la posibilidad de seguir formán­ dose una vez afuera, o facilitándoles la inserción en un ámbito laboral donde se sientan útiles. Tengamos en cuenta que, si le cuesta conseguir empleo a una

pe­rsona con curriculum, imagínense a una persona con antecedentes penales. Otro tema que afecta la reinserción es que nuestra sociedad estigmatiza de forma muy negativa el paso por prisión, por lo que los ex-presos deben afrontar la discriminación propia de su condición, que encontrarán en los entornos laborales, vecinales e incluso fami­ liares. Son víctimas de una des­ confianza social. Deberíamos todos, como sociedad, empezar a reconocer y explicar que la condena de prisión implica haber pa­ gado por el daño infligido, que además puede haber conllevado una restaura­ ción a las víctimas del delito. Hay que considerar que la pena de prisión bien ejecutada implica un proceso de res­ ponsabilización y rehabilitación en el que se han invertido recursos y esfuer­ zos por parte del penado y de la red pro­ fesional. Si queremos disponer de más seguridad ciudadana y reducir la rein­ cidencia en el delito, debemos facilitar la incorporación de los expresos a la so­ ciedad con igualdad de oportunidades respecto del resto de los ciudadanos ante, por ejemplo, un puesto de trabajo. En caso contrario, estamos victimizan­ do dos veces a quienes fueron agresores o rompieron las reglas de convivencia, negándoles la oportunidad de ser per­ sonas y coexistir. Tristemente, la sociedad, en su ma­ yoría, sostiene “que se pudran en la cárcel”; pero les recuerdo que en algún momento las personas que colocaron en prisión salen, vuelven a la calle, y que si no se trabajó con ellas será difícil su cambio de actitud al integrar nueva­ mente la sociedad.

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MIÉRCOLES 27 DE JUNIO DE 2018 MIGUEL LEDEZMA

FLEXIBILIZACIÓN LABORAL Y CRIMINALIZACIÓN DE LA POBREZA personas a las que, en otro contexto, no me hubiese acercado. Dentro de una cárcel de mierda, colisionar con un centro universitario, con una universidad, te salva y te cambia la vida. Entonces, lo poco que le ayuda a uno a mantenerse a flote con salud mental, coherencia y sentido común es leer, leer y leer, razonar, formar y guardar criterio propio, analizar ciertas cuestiones con sentido crítico, sobre todo aquello que miramos, escuchamos y leemos o en donde navegamos, en medio de un racimo de líneas editoriales, que no son más

Poster de Cespedesl Taller de Diseño Gráfico. 2014

Luego de “algunos” años de permanecer en la cárcel, formándonos en la Universidad Pública (esa misma a donde dicen que “los pobres NO llegamos”), comprendí la importancia de la Educación, esa que no habían tenido mis padres, hermanxs, amigxs y algunas personas del barrio. De un momento a otro me vi inmerso en un universo académico, compartiendo clases de distintas facultades y departamentos de Ciencia Sociales, momentos inolvidables, vivencias con docentes, talleristas, alumnxs, compañerxs y amigxs entrañables,

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que unas cáscaras vacías que no hacen más que conducirnos a un solo lugar, que todos llaman hegemonía capitalista y neoliberal, que todo se lo lleva puesto. Por ello trato de no perder de vista mis convicciones y por lo que luchamos todos los días, en la casa, la fábrica, la escuela y la cárcel por ello vemos que después de tantos cuentos, idas y vueltas, la flexibilización (de valores) laboral llegó a la vida de los trabajadxres argentinxs y colateralmente a los que habitamos la cárcel. Cuando la criminalización de la protesta avanza sobre los derechos fundamentales de una ciudadanía cada vez más arrinconada, solo se crea más desigualdad social, se erosiona silenciosamente el estado de derecho, en una sociedad cada vez más crispada, dividida, seducida y abandonada. Los votantes, obnubilados por tanta parafernalia televisiva, de marketing, operaciones políticas, mediáticas y globos de colores, de a poco se van dando cuenta del grave error que fue dejarse influenciar por tantas mentiras, que una a una van cayendo como un gran castillo de naipes. Incluso la desencantada clase media, con la asfixia que les provocan las últimas medidas económicas del gobierno, no comprende por qué no les tiran un centro, ya que la minería y todo el sector energético, sojero y de capitales especulativos, que lucran con la timba y renta financiera, no han sido perjudicados en lo absoluto. Ello conforma un nuevo orden social, que solo acrecienta las diferencias sociales, que solo consolida a una clase que no permite la movilidad social y condena a cientos de miles de personas a la pobreza más extrema, en condiciones fuertemente marcadas por la desigualdad e indigencia, con el florecimiento de roperías, merenderos

y comedores comunitarios. Todos estos factores por separado no dicen mucho, pero unidos son una clara planificación de la miseria, miseria de la cual somos parte muchos de los cientos de personas que habitamos las cárceles y que con amargura dejamos de sorprendernos de que nuestros hijos, sobrinos y pibes del barrio ya estén dando sus primeros pasos por alcaldías, comisarías y penales de nación y de provincia de Buenos Aires. Estas son cada vez más violentas, producto de lo que llamamos la conformación de un Estado gendarme, que solo brinda mayores posibilidades para unos y restricciones para otros, produciendo uno de los índices más altos de detenciones de jóvenes, que deberían estar en las escuelas y universidades, y no en prisión o explotados por la patronal con contratos basura de 3 meses. En contraposición, deseamos esa batalla cultural que aún nos falta dar. Por lo tanto, continuamos reivindicando la política como herramienta de transformación de la realidad, y trabajos estables en plantas permanentes y bajo las leyes de contratos de trabajo, con una justa distribución de los ingresos, traducidas en políticas públicas inclusivas. Por ello, observamos que desde hace un tiempo a la fecha, nuevas maniobras se visibilizan dentro de las cárceles del SPF; eso sí, siempre en desmedro de las personas detenidas y sus salarios –lo cual se traduce en menos dinero y menos colaboración para su grupo familiar–. Entonces, para partir de un principio hipotético, ya que desde siempre anomalías y desprolijidades se registran semana a semana en la prisiones Argentinas, podríamos estimar una cronología de acciones, omisiones, chicanas y avivadas de la administración para con

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de las cárceles, y esas viejas prácticas ilegítimas utilizadas para amedrentar con amenazas de sanciones, disgregar a los grupos organizados con extorciones y amenazas de elaborar informes negativos ante el requerimiento judicial para acceder a los distintos derechos que nos asisten, intentar dividir a sus dirigentes y conductores sobornando con mejores alojamientos o “ciertos beneficios”, como por ejemplo disciplinar a las bases o pretexto de repetirles las calificaciones a cualquiera que se niegue a recibir los alimentos, firmar peticiones colectivas, apoyar cualquier tipo de reclamo de índole doméstico o laboral, tanto al estudiantado como a los detenidos en general, y en particular a los compañeros-trabajadores que mientras están detenidos, desarrollan distintas tareas y oficios dentro de las cárceles. Entonces, de varias maneras la flexibilización laboral también llegó para convertirse en un nuevo

Poster de Wilfredo Rodriguez para el Taller de Diseño Gráfico. 2014

lxs compañerxs, y referenciarnos más o menos desde principios del corriente año en curso, ya que, como es de público conocimiento, el o los recortes presupuestarios se habían materializado de manera directa o enmascaradamente de forma engañosa, e intespestivamente en varias reparticiones del Estado en casi todos sus niveles, como así también en el sector privado (por el cual, ante el guiño, el empresariado sonríe y acumula). Todo este proceso de aplicación de políticas neoliberales y capitalismo salvaje no hace más que redireccionar los modos en que se distribuían los ingresos per capita de la Nación (esto es recortarles a los sectores más pobres y vulnerables, para beneficiar a los acumuladores de siempre) en medio de un clima enrarecido, con corridas bancaria y financiera que le quitan fluidez y dinámica a la economía local y familiar, desprecian el salario y reducen el poder adquisitivo de los trabajadores, estén de uno u otro lado de la reja, con una marcada criminalización de la protesta y acentuada individualización, persecución, despido o suspensiones arbitrarias de empleados, contratados y estatales con llamativa antigüedad. Más aún, si en el presente o en el pasado desarrollaron alguna actividad gremial o sindical, como delegados de planta o de algún modo de organización para adentro de la superestructura, o sencillamente si en alguna oportunidad participaron o formaron parte de alguna lista o comisiones internas para defender los derechos propios y los de todxs lxs trabajadorxs. Entonces bien, estas prácticas y vías de hecho transpoladas a menor escala al interior de las cárceles, son un calco de los métodos y procedimientos de acción del SPF, que criminaliza la protesta dentro


sociedad agravamiento en las condiciones y formas de detención, concesantías injustificadas, suspensiones breves y las recientes no afectaciones con el alta laboral y afectación a los nuevos ingresantes a los penales, sean estos nuevos detenidos o trasladados de otras unidades. Una vez más, se percibe el abuso de autoridad y el empoderamiento de esta y otras fuerzas de seguridad, con el clima de época, tanto adentro como en el medio libre, al mejor estilo doctrina Chocobar-Santiago Maldonado, etcétera; y lo arbitrario de los procederes penitenciarios en cuanto a los distintos tipos de limitaciones que presentan los “nuevos escenarios”, como por ejemplo la más convencional de todas –la quita o baja de horas, el recorte de los haberes mensuales de quienes trabajamos dentro de los penales, el no abono de horas laborables mientras unx se encuentra desarrollando algún curso de capacitación, o mientras concurre a una externacion por salud, compareciendo a tribunales, visitas ordinarias o extraordinarias, audiencias con algunas de las áreas de “tratamiento” (psicología, sociales, criminología o consejo correccional, etcétera) o sencillamente estudiando algunos de los niveles dela educación obligatoria (CBC, o carrera universitaria de grado).

En la práctica cotidiana y manejos del SPF, todas sus falencias y atropellos se venían percibiendo con total normalidad, y los mismos compañerxs, sean estas de forma individual o de forma organizada, realizaron todo tipo de reclamos judiciales por los derechos tutelados en nuestro ordenamiento jurídico, constitucionales y de relaciones del trabajo, peticionando a través de una de las herramientas que nos asiste, el Derecho del Habeas Corpus. Entonces, una y otra vez se presentaban acciones de este tipo con varios resultados positivosy otros adversos en nuestro haber (en favor del colectivo de privadxs de libertad), cuando no lo hacían nuestras compañeras de la Unidad 31, como así también el fallo Luna Vila, Daiana del Complejo IV; o los muchachos de la Provincia de la Pampa; los del Complejo 2 de Marcos Paz; el Fallo Kepych del Complejo I de Ezeiza, también de la “colonia” U-19 y como ocurre en la mayoría de las veces e históricamente lo hizo el Centro de Estudiantes del CUD en Devoto, entre ellos y más recientemente de manera colectiva el Habeas Corpus de incidencia colectiva por parte de la actual conducción de nuestro Sindicato SUTPLA el día miércoles 13 de junio, y a la espera de una resolución favorable.

Los Sueños, la Amistad, el Trabajo, la Protesta, el Amor, la Vida, la Humildad, la Educación, el Respeto, las Convicciones, la Dignidad y la Sensibilidad NO se flexibilizan. Miguel Ledezma: Estudiante Universitario del CUD y CEUE de Ezeiza Transitoriamente alojado en la Nefasta Colonia U-19 SINDICATO UNIDO de TRABAJADORES PRIVADOS de la LIBERTAD AMBULATORIA

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GONZALO INSAURRALDE

LEY 24.660 El Congreso de la Nación modificó la Ley el prejuicio, se busca atacar a quienes muchas 24.660 de progresividad de la pena. En esta ley veces por necesidad infligen la ley para sobrese contempla lo siguiente: vivir. Sin ofrecer oportunidades dignas para quien recupera su libertad, el Estado ha veniPRINCIPIOS Y MODALIDADES BÁSI­ do asegurando la reincidencia delictiva y no la CAS DE LA EJECUCIÓN, NORMAS DE reinserción social. TRATO. DISCIPLINA. CONDUCTA Y Al sacar la motivación principal para la bueCONCEPTO. RECOMPENSAS. TRABA­ na conducta, se perderá en el preso toda vo­ JO, EDUCACIÓN, ASISTENCIA MÉDICA luntad de buscar un cambio en su vida, para Y ESPIRITUAL, RELACIONES FAMILIA­ que el día que tenga que salir en libertad salga RES Y SOCIALES, ASISTENCIA SOCIAL reformado para bien y no para mal, como va Y POSPENITENCIARIA, PATRONATOS a ocurrir, lamentablemente. La posibilidad de DE LIBERADOS, ESTABLECIMIENTOS. recuperación y humanización será nula, ya que PERSONAL. CONTRALOR JUDICIAL Y no habrá resocialización. Se multiplicarán el ADMINISTRATIVO. INTEGRACIÓN DEL hacinamiento, la superpoblación y la violencia SISTEMA PENITENCIARIO NACIONAL, dentro de las cárceles. DISPOSICIONES COMPLEMENTARIAS, Esta ley incrementará los efectos negativos TRANSITORIAS Y FINALES. del encierro y en el regreso a la sociedad. Es la peor decisión que se pueda tomar para con el ARTICULO 1ª -La ejecución de la pena pri­ ciudadano “de bien”, que cree que endurecienvativa de libertad, en todas sus modalidades, do la pena tendrá más “seguridad”. tiene por finalidad lograr que el condenado adLos poderes político y jurídico han hecho de quiera la capacidad de comprender y respetar las delincuencias un gran negocio de derechos, la ley, procurando su adecuada reinserción so- gracias a la ignorancia y el prejuicio social concial, promoviendo la comprensión y el apoyo tra las leyes y sus verdaderos efectos en la sode la sociedad. ciedad. Y contra nosotros, sobre todo. Con la reforma se pretenden eliminar todas las libertades anticipadas de los presos y no solo la de los delitos más graves. Esta medida es tremendamente perjudicial, no solo para el preso común, sino que afectará a todos; hasta al servicio penitenciario, que perderá el control y la correcta individualización de la población penal para su debido tratamiento durante la privación de su libertad y posterior seguimiento en su reinserción social. Las consecuencias serán catastróficas para la misma sociedad: producto de la ignorancia y

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NO

TODOS LOS PRESOS SOMOS FEMICIDAS NI VIOLADORES.

Deben separar las aguas. Distinguir los delitos más leves y recuperables socialmente, y rescatar a los primarios, sobre todo, para que no entren al círculo delictivo, implementado ya por ley, y del cual no debemos salir aunque queramos, podamos y lo hayamos logrado. Es necesario que se concientice y se refle­xione respecto de todos los que se puedan recuperar.


sociedad JOHN PEREZ ALVAREZ

El derecho al trabajo

¿QUÉ ACTIVIDADES PUEDEN REALIZAR? Existen varios tipos de actividades que un preso puede realizar, aunque, lamentablemente, las actividades laborales que se ofrecen en prisión son muy limitadas a nivel formativo. Uno de los trabajos más comunes es hacer bolsitas de papel; trabajo que solo nos ocupa el tiempo, pero no nos deja tener productividad ni avanzar en algo técnico que nos permita reinsertarnos en el marco laboral cuando salgamos de la cárcel. Considero que los trabajos están pensados en función del sistema penitenciario. Es decir, ayudan a pasar el tiempo, reducir la conflictividad y los efectos del encierro en la cárcel, lo cual es bueno, pero no son una verdadera formación profesional para los internos. La ley dispone que, si los bienes o servicios producidos se destinan al Estado o a entidades de bien público, el salario del interno no será inferior a las tres cuartas partes del salario mínimo vital y móvil. En los demás casos o cuando la organización del trabajo esté a cargo de una empresa mixta o privada, la remuneración será igual al salario de la vida libre correspondiente a la categoría profesional de que se trate.

Vemos claramente que no hay ningún compromiso de cambiar el sistema estancado que se viene repitiendo año tras año. No hay de parte del Estado una solución al problema laboral, ni empresas privadas que se comprometan y nos den trabajo digno y bien remunerado; el sueldo que recibimos no alcanza para cubrir los gastos en nuestros hogares. No queremos nada regalado, necesitamos un trabajo que nos dignifique y nos permita adquirir una remuneración más alta, acorde a nuestro esfuerzo laboral. Sin embargo, el servicio penitenciario aclara que, al ser trabajadores por jornada, los detenidos cobran, en definitiva, según la cantidad de horas que la autoridad penitenciaria sostiene que han trabajado. No existe ningún tipo de instancia en la cual se pueda rebatir esa Poster “Derecho al trabajo digno” realizado por alumnos del Taller de Diseño Gráfico. 2014

La Ley 24.660 de ejecución de la pena privativa de la libertad establece que las personas detenidas en las cárceles argentinas tienen derecho al trabajo remunerado. La norma determina que el trabajo no se impondrá como castigo; no será aflictivo, denigrante, infame ni forzado; responderá a la formación y al mejoramiento de los hábitos laborales; se procurará la capacitación del interno para desempeñarse en la vida libre y deberá ser remunerado.

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decisión, por lo que un detenido puede percibir hasta un máximo de 200 horas mensuales, horas que hoy en día se vienen reduciendo gradualmente, hasta el punto de que en el último recibo nos obligaron a firmar solo 168 horas de jornada laboral.

este es un incentivo eficaz para que podamos reintegrarnos a la sociedad: a través de la adopción de hábitos laborales y competencias que permitan evitar la reincidencia delictiva.

PROPUESTAS DESDE ADENTRO Se necesitan propuestas de corto, mediano CAPACITACIÓN Y BENEFICIO DEL y largo plazo que apunten a fortalecer la TRABAJO reinserción laboral como pilar fundamental Los datos muestran que los presos no reciben e insustituible de la reinserción social de capacitación laboral en la cárcel. El Ministro las personas: de Justicia y Derechos Humanos y el Ministro de Trabajo de la Nación llevaron a cabo convenios • la creación de un registro que relacione con diversos organismos, que dictaron cursos la oferta de capacitación con la demanda del de capacitación en diversas especialidades y mercado laboral y nacional; entregaron certificaciones a los participantes. • la implementación de un registro Estos cursos deberían ser constantes especial de organismos técnicos de capacitación y profundizarse en las prácticas en los talleres que permita la certificación para el trabajo de distintas especialidades; no solo para aquellos de personas que están bajo custodia del que están afectados en dichas especialidades, establecimiento penitenciario; sino para todos, y que así podamos tener una • la creación de un sistema de herramienta de salida laboral. especialización técnico para nuestras familias, Un compañero nos cuenta su experiencia en que se encuentran desamparadas en lo laboral. un taller de herrería: “Me costó mucho llegar, La creación de trabajo para nuestras familias a esta área solo se llega por algún conocido... que se pueda hacer desde los hogares; empecé sin saber nada, hace un año que trabajo • la incursión de empresas privadas en el unas ocho horas diarias por día. He aprendido sector, en todos los talleres habilitados por muchísimo, me mantiene ocupado todo el el servicio penitenciario, para así poder obtener día; sé que cuando recupere mi libertad podré más ganancias por nuestro esfuerzo; trabajar en lo mismo”. • el dar lugar a emprendimientos y cooperativas de trabajo como herramienta EL TRABAJO COMO HERRAMIENTA y experiencia social. DE REINSERCIÓN SOCIAL Reclusión no es sinónimo de exclusión. Son muchas las propuestas para el avance y Privación de la libertad no es sinónimo de crecimiento de los que hoy nos encontramos privación de la dignidad. La reinserción en este contexto de encierro, solo depende como uno de los pilares, como lo esencial; la del Estado y el Poder Judicial y de Derechos reinserción de las personas privadas de Humanos hacerse eco de nuestras propuestas. la libertad a la sociedad es la reinserción laboral. La legítima aspiración de las personas que nos encontramos detenidas es acceder a un empleo permanente y un sueldo justo,

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sociedad FERNANDO VEZENYI

TODOS SOMOS PRIVADOS DE LIBERTAD las órdenes de sus jefes, que a su vez obedecen las órdenes del sistema y del mercado (maquinaria perfecta del consumo que sigue construyendo imaginarios, alimentando deseos para seguir generando riquezas). Todos obedecemos las reglas. Aceptamos sin dudar las leyes del mercado, cueste lo que cueste. Te venden el auto, la pilcha, la minita y el culo de la minita. Ahí vamos todos corriendo detrás de la liebre, obedeciendo a quienes nos obligan a correr esta carrera. Aceptamos las reglas y entregamos toda nuestra vida a cambio de eso que vemos en

Poster realizado por alumnos del Taller de Diseño Gráfico. 2014

Poster realizado por Derlis Ulora en el Taller de Diseño Gráfico. 2014

Desde que nacemos se nos impone el respeto a las reglas y la obediencia. Nuestros padres son el primer eslabón de la cadena que nos ata a un sistema donde unos pocos ponen las reglas y el resto las obedece, por más ridículas que parezcan. La escuela imparte “educación bancaria” que enseña a seguir las reglas. Se instala la necesidad de prepararse para servir mejor al sistema, se forman empleados eficientes y, sobre todo, obedientes. Ya inmersos en el mercado laboral, uno sigue reproduciendo la relación desigual, respetando las reglas y obedeciendo

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propagandas por todos los medios. Nos dejamos aplastar a cambio de fantasías. Nos educan, nos preparan, nos programan para que sigamos siendo los que sostenemos la desigualdad, y lo aceptamos. Tan profundamente grabadas están estas reglas, que peleamos para obedecerlas. Queremos entrar sí o sí en la rueda del hámster. No queremos ser excluidos. Nos sentimos confortados dentro de un sistema que nos aplasta, pero que todas las noches nos da Tinelli; que nos saca todo, pero cada tanto trae cocaína de la buena. A cambio de la sumisión accedemos a la aceptación social, entramos al rebaño, somos tan mansos como el burrito sencillo, ese que, según Divididos, “va solito al corral”. Tanto nos taladran con propagandas, tanto nos imponen el consumo que creemos realmente que no somos nada si no manejamos determinado auto. Nos convencieron de que si no usamos “esa” marca de ropa o no bailamos en el boliche de moda los temas de moda, estamos afuera. Somos excluidos. ¿Quién quiere ser excluido? ¿Quién quiere quedar afuera del paraíso? Quien se queda afuera también está contemplado en esta perversa escena y pasa, con suerte, como digno de caridad (que es la única forma de solidaridad aceptada y legítima, ya que parte de la misma relación desigual que construyeron los grandes capitalistas y que sostenemos todos). Muchas veces, por más que lo intentemos, no llegamos.

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Para que pocos se sostengan, muchos tienen que caer, y la caída es pesada. Ahí quedan los que no llegaron: reducidos, condenados a la miseria, utilizados como estadística y como excusa para justificar la acumulación de bienes, que en algún momento rebalsará y caerá sobre los pobres. Cuando tus hijos se cagan de hambre, el Estado, instrumento del capital, mira para otro lado. Pero cuando salís a la calle a reclamar por el hambre de tus hijos, el Estado aparece, está ahí en forma de palos, de gases y de balas (que a veces son de goma), haciendo respetar las leyes creadas para proteger los beneficios obtenidos por las clases dominantes mediante la explotación. ¿Qué cosa más perversa existe que la imposición de un sistema que obliga a consumir determinados bienes a quienes no llegan a satisfacer las necesidades básicas? Yo robé porque me impusieron la necesidad de consumir, porque me vendieron un ideal de vida al cual difícilmente se pueda acceder por la vía legal, y por eso soy castigado. Caí en la trampa y acá adentro encontré un montón de gente que, como yo, compró un ideal ficticio, entre otro montón de gente que, si no robaba, no comía. Varios son los motivos por los que estamos presos, pero la razón es siempre la misma: en este sistema, si no sos cliente, sos delincuente, por lo cual algunos estamos presos, pero todos somos privados de libertad.


sociedad CRISTIAN GOMEZ

lo dejo a su criterio

Quisiera hablar de criterio, criterio de jueces que hoy son noticia, jueces que desde hace ya una década y sin sorprendernos produjeron detenciones; que, lejos de representar a la justicia, representan a los poderes de turno. Y a otros poderes o, por lo menos, eso demuestran y aparentan, al no ser para todos igual. Es por esto (y entrando en detalles de los abusos de la justicia penal) que no parecen preguntarse si las pruebas son las suficientes como para privar a los acusados de su libertad ambulatoria durante el proceso, por ejemplo. Podemos mencionar bisagras de estos abusos: el caso Blumberg es emblemático. En este caso, a raíz de las protestas y presiones tanto políticas como sociales y mediáticas, se modificaron leyes que agravaron las penas y dieron la potestad a los magistrados de detener, juzgar y condenar por presunción del delito (a criterio del juez). En casos de secuestro, las penas se elevaron por encima de las que se aplican en un homicidio o una violación (es decir, desproporcionadamente). Todo esto ocurre desde hace ya más de diez años. De la misma manera, hoy en día estamos viendo estas maniobras en los fallos que, sin fundamentos ni razones legales, dictan prisiones preventivas con motivos políticos, solo a sectores opositores al poder que, directamente y en forma deliberada,se relaciona con esos jueces de amplio criterio. A lo largo de estos años se encarceló y se juzgó a personas con estos principios que son totalmente subjetivos, injustos y anticonstitucionales. Se justificaron condenas por razones de seguridad que, al tratarse de personas detenidas por delitos comunes, no fueron tan públicas como la detención de políticos, sindicalistas, empresarios y otros.

No se trata de simpatizar con el Kirchnerismo o con el PRO, sino de Derechos que nos corresponden y que garantizan la aplicación de las leyes, la legalidad, y que todos los acusados de algún delito continúen siendo considerados inocentes hasta que se demuestre con pruebas lo contrario. Esto depende de nuestra Constitución y de nuestros Códigos, que rigen la aplicación de esas normas. En base a ellos tendrían que regir las leyes y no sobre los criterios arbitrarios de hombres que puedan ofenderlas. “Lo dejo a tu criterio” surgió como una frase de la farándula argentina y parece haber hecho eco en los jueces que hoy deciden sin fundamentos. Con esto quiero decir que dejar descansar la justicia en el criterio de los jueces es un peligro enorme, ya que si hoy pasa así, mañana cualquiera que no coincidiera con los distintos poderes de turno podría ser detenido y encarcelado por una simple acusación, sin más (“cuestión de criterios”): para no entorpecer la investigación, por el peligro de fuga e, incluso, en casos en los que los que ejerzan el poder, por exigencia de los medios y su influencia social, necesitasen algún culpable por un hecho más o menos mediático, fuera culpable o no, las pruebas serían lo de menos, ya que contarían con la sana crítica y la libre convicción (“presunción”, un criterio más). Todo esto sucede porque todo detenido, sea o no culpable, es considerado un enemigo de la sociedad a la que hoy hay que conformar, y así manipular o engatusar a costa de lo que seacon el solo objetivo de poder aplicar una justicia para oficialistas y ninguna para opositores. Esta pérdida de garantías a corto y largo plazo nos afecta a todos bajo este cielo, PRO o Kirchneristas, políticos o delincuentes, todos a la merced del “criterio”.

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experiencias DRAGÓN NEGRO

siempre somos observados Qué piensa Usted de Intercambiar Jactancias Anormales

QUIJA Ante todo, me presento: mi nombre es Pedro. Y les presento a un amigo de ciudadanía peruana, Drago, quien está muy interesado en compartir sus experiencias “anormales” y por qué no decirlo, “paranormales”, que hoy en día se ven en el mundo bajo el aspecto de OCULTISMO. Yo, por mi parte, siempre me hago las siguientes preguntas: ¿Hay vida después de la muerte? ¿Las almas quedan en este mundo? Y si es así, ¿por qué siguen acá? ¿Qué buscan? Bueno, acá mi amigo Drago les va a contar una de sus experiencias con el tema de las almas y las puertas para llegar a ellas: la QUIJA. Hola soy Drago acá les voy a narrar una de mis experiencias vividas con el mundo de las almas.

Era una noche muy hiperactiva, con muchos chicos de mi adolescencia jugando y corriendo por la calle, cuando veo venir corriendo muy espantado a mi mejor amigo, David, un amigo de escuela, que me decía “¡Drago! ¡Drago! Por favor ayúdame”, “¿qué sucede? dime, ¿qué pasa?”, le contesté. “Mis hermanas están convulsionando”, me dijo, y salimos corriendo de inmediato a la casa de David. Al entrar, nos dimos con la sorpresa (¡y qué sorpresa era!), un espantoso momento: las hermanas de mi mejor amigo, Yanina y Camila, estaban sentadas, todas alborotadas, despeinadas, y emergían de su ser unas voces desconocidas que hablaban como en lenguas raras, nunca antes escuchadas. Tratamos de hacerlas entrar en sí, pero de un fuerte empujón una de ellas me aventó hasta la puerta de entrada y empezaron otra vez a convulsionar y a botar espuma por la boca. De repente, entraron los padres y familiares a auxiliarlas, y junto a David salimos corriendo muy espantados. Yo le pregunté qué era lo que había sucedido, qué había pasado, y mi amigo David me respondía“¡la QUIJA, la QUIJA!”. Yo no entendía para nada a qué se refería, y me dijo “acompáñame, ven”. Cruzamos una calle donde había un descampado y, levantando una piedra, me mostró un pozo en el que había un papel doblado. Al sacarlo vi que era el papel que, luego sabría, pertenecía a la QUIJA. En ese momento, al observar aquel papel, quedaron registrados en mi mente de por vida esos gráficos; ver la palabra “QUIJA”, el abecedario completo, los números del 0 al 9, el sol y la luna, las palabras “sí” y “no” y la palabra “adiós”, al final de la hoja. Muy despavorido y desconcertado me fui a mi casa y conté lo sucedido a mi familia. Ellos me retaron diciendo que no vaya a hacer lo que hicieron esas amiguitas. Luego me fui a dormir, pero no pude dormir esa noche, sentía que había alguien en mi habitación. Al amanecer preparé todas mis cosas para ir a un evento de la escuela de teatro: un concurso de teatro en el que se enfrentaban muchas instituciones. Me dirigí a mi escuela y de ahí partimos a otra provincia que quedaba a una hora de viaje. Nos hospedamos en un viejo hotel con mis compañeros de teatro y maestros y nos juntamos a organizar todo para las

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participaciones. Recuerdo estar con mi mejor amigo, David. Nos dieron una habitación para los dos y tocamos el tema de sus hermanas; le pregunté qué había sucedido en realidad esa noche y él me contestaba muy atemorizado, “fue horrible Drago”. Para no provocarle temor le propuse: “vámonos a reunirnos con nuestros compañeros así nos preparamos para el concurso”. Era ya el mediodía y estábamos todos reunidos y conversando, cuando de repente toqué el punto de la QUIJA otra vez y todos me miraron. Me decían “Drago” (ya que sabían que yo era muy hiperactivo y me la pasaba asustándolos), “es un juego de almas”, contestó uno de ellos. “Y por qué no lo jugamos, así le preguntamos en qué puesto vamos a quedar en esta competición”. Algunos decían que no y la mayoría decía que sí; “dale, Drago, quiero saber en qué puesto vamos a quedar”. Bueno, pedí papel y la picera y empecé a dibujar todo lo que tenía aquella hoja, y mi amigo David me miraba muy desconcertado, con un poco de ira por el atrevimiento de repetir ese acontecimiento, aunque finalmente aceptó. Éramos como catorce alumnos, todos en mi habitación, y yo le preguntaba a David “dale, ¿cómo se juega, cómo se empieza?”, y él me dijo que para empezar tenía que poner una moneda en el centro y teníamos que apoyar un dedo todos los que querían participar del juego de preguntas con las almas, por no decir nada más. Pero David poniendo en claro dijo: “yo no juego, observo solamente... observo”. “Bueno”, le respondí. Cinco de nosotros empezamos y apoyamos el dedo sobre la moneda. “¿Y qué más hay que hacer?, acá no pasa nada...”, me hacía el gracioso. Comencé a mover la moneda y mi amigo David me observaba y me decía “no te burles, te están observando las

almas”. “Dale ¿qué hago?, dime”. Era tanta mi curiosidad... él me dijo: “tienes que decir unas palabras para que el alma que está observando entre a comunicarse contigo”. Ya las cosas se tornaban más elevadas, sentía una corriente en el cuerpo, por qué no decir, se me escarapelaba el cuerpo con un presentimiento de algo malo que estaba a punto de suceder. “Di estas palabras”, me dijo mi amigo, “y espera un momento, no se te vaya a ocurrir levantarte y sacar el dedo de la moneda porque si no el alma se te mete en tu cuerpo”. De repente el clima se puso muy hostil, mis compañeros sacaron el dedo de la moneda y me dejaron solo para que empiece el juego yo solo. Y yo seguí muy entusiasta, no torcía el brazo. “¡Por la santísima trinidad!”... y unas palabras más que no quiero mencionar: de repente la moneda comenzó a moverse como loca por toda la hoja y me guiaba. Comencé a decir “¡ya está acá, ya está acá!, ¡qué hago, dime!”. Me puse pálido y frío, tenía ganas de salir corriendo cuando de repente sentí un fuerte abrazo; era mi mejor amigo, David, que me decía “dale, Drago, no estás solo, yo estoy contigo. Pregúntale su nombre”. “¿Cómo

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experiencias te llamas?”, dije, y de letra en letra me escribía “Patricia”. Le pregunté: “¿Sabes cómo me llamo?”. “Sí, Drago”, me escribía. “¿Cuántos años tienes?”, “9 años”, me respondía. “¿Y qué te pasó?”. “Me violaron y asesinaron”, escribió. “¿Quién fue?”, pregunté. “José”, respondió. Nos quedamos muy sorprendidos y le dije que necesitaba que me respondiera unas preguntas. “Tú sabes que estamos acá por un concurso de teatro. Dinos por favor en qué posición vamos a quedar”. “Quinto puesto”, respondió. Empezamos a reírnos, ya que éramos el número uno en la escuela, cuando de repente se cerró la puerta del baño de un solo golpe, y muchos gritaron del susto y salieron corriendo. Entonces mi amigo me dice que le pida que se retire, “dile que se retire con la palabra ‘ADIÓS’. Invítale a retirarse...”, así que le dije a Patricia que se retire llevando la moneda ala palabra “ADIÓS”, y se retiró. De inmediato mi amigo David dio vuelta la hoja, dando por finalizada esa sesión o encuentro paranormal, se podría decir. Llegaba la noche y los grupos de atrás salían a participar mientras nosotros no creíamos lo sucedido y salimos a la competición. Cuando finalizó la participación de todos los grupos, comenzaron a dar las posiciones de cada grupo: era verdad, le dieron el quinto lugar a nuestro grupo teatral. Todos nos miramos las caras muy sorprendidos y, llegando al viejo hotel, hicimos otra vez lo mismo para entrar en contacto con la niña; pero esta vez no era ella, sino un hombre, el tal José, que de una manera muy agresiva movía la moneda. Como que nosotros estábamos interrumpiendo su espacio. Se volvió a cerrar la puerta del baño y la ventana de una manera muy violenta y mis amigos salieron corriendo espantados. Yo le invitaba a retirarse del juego una y otra vez y se rehusaba, no quería irse. Comenzaba un pánico en nosotros y mi amigo David se puso a dar gritos enfurecido para darme coraje; era una manera de enfrentarnos con esa mala alma. No le teníamos miedo y yo estaba a la par gritando junto a mi amigo “¡retírate!,

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¡retírate!”, una y otra vez hasta que se fue. En ese momento entró el profesor y me retó, “¿qué crees que estás haciendo, Drago?”, y yo espantado le conté y le pedía disculpas. El profesor me comprendió y me dijo que nunca más lo volviera a hacer, y nos fuimos a dormir. En realidad, no pude dormir... El día siguiente me lo pasé pensando en todo lo que había sucedido. A la hora de partir y despedirnos del viejo hotel, de las personas de recepción, le dijimos que el hotel era muy malo y pesado por la noche,que no se podía dormir tranquilo, que se sentía que alguien nos observaba. La recepcionista nos dijo “Bueno, chicos, la realidad de las cosas es que este hostal era la casona de un hacendado muy poderoso del pueblo llamado José que, tras haber violado y asesinado a su nieta, se colgó de la puerta de su dormitorio, hace ya muchísimos años”. Nos miramos las caras entre todos y salimos corriendo. Sacamos la conclusión de que las almas que entraron en contacto con nosotros eran el abuelo, José, y la nieta, Patricia; algo para no creer, pero era la realidad, las almas vagan por este mundo sin paz alguna.


GUSTAVO SPADONI

Poster realizado por a Mariano Loaldi Taller de Diseño Gráfico. 2014

Imaginar que a Juan le podía ocurrir algo así no estaba en su mente ni en la de sus amigos, allegados y familiares. Un 1 de julio, lunes, se levanta como todos los días para dirigirse a su trabajo. Al salir de su casa lo emboscan entre diez y doce policías al grito de “¡estás preso!”. Lo tiraron al piso y lo llevaron nuevamente hacia su domicilio. Una vez allí comenzaron con todo el protocolo y papeleo de la detención. Además de revisar y revolver toda su casa, también lo robaron y se llevaron los artículos de valor que encontraron a su paso. Fue ahí donde comenzó la larga y dura odisea de Juan. La primera noche la pasó en una comisaría federal, dentro de un pequeño calabozo con puerta ciega, húmedo, sucio, casi sin respiración. Durmió sobre el cemento frío sin comida ni abrigo.

Al despertar, con mucho frío, casi hipotérmico y en ayunas desde el día anterior, lo subieron a un camión del Servicio Penitenciario esposado de pies y manos. Entre muy malos tratos, lo pasearon casi todo el día. Juzgados, trámites, mucha burocracia y una impunidad total. Así fue el principio de este camino oscuro que empezaba a transitar. Entrada la madrugada Juan recibía un pedazo de pan y un poco de agua, como un perro de la calle, pero que degustó como si fuese su cena preferida. Luego de saborear su manjar para la ocasión, llegaron a una delegación de La Federal, y ahí otra vez… gritos, maltratos, revisiones: un infierno. Nuevamente lo llevaron a una pequeña celda a la que llamaban “buzón”. En esta al menos encontró un colchón, sucio y húmedo pero colchón al fin, que le iba permitir descansar un poco mejor que la noche anterior. Esa mañana, a pesar de haber sido despertado de mala manera, se sorprendió al recibir un mate cocido lavado y un pan. A media mañana lo subieron nuevamente aun camión de traslado del SPF que iba en busca de internos por diferentes lugares. Luego de varias horas, caía la tarde. Llegaron a “La 28”, así la llamaban; acá sí empeorarían las cosas para él. Al ingresar, el maltrato fue terrible: gritos, humillaciones y hasta algunos cachiporrazos en la espalda y en las piernas. Una indiferencia total por parte del personal de esa dependencia. Después de un buen rato de papeleo, soberbia y algunos golpes, lo llevaron a un calabozo bastante más grande que los otros donde había estado, de unos 10x5 metros aproximadamente, en el cual ya se encontraban unos 20 internos. Contaba con un solo baño, ducha de agua fría y dos bancos de cemento. La comida era la misma día tras día, un sándwich de milanesa de soja seca y sosa, y por la mañana un mate cocido igual que agua sucia, acompañado de un pan. Juan trataba de buscarle el lado positivo a la situación y rescataba que en ese lugar no pasaría

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experiencias

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un poco el frío del alma. Al día siguiente llegaron al mismo lugar algunos con los que había estado en La 28, haciendo así la estadía más amena. Habiendo pasado una semana, Juan recibió su primera visita, que le llevó elementos de higiene como maquinita de afeitar, jabón para lavar su ropa, comida, dulces; de a poco las cosas iban cambiando. Después de lavar su propia ropa, se detuvo a sentir el aroma del perfume en su campera, algo a lo que jamás en su vida le había prestado atención alguna. Luego de dieciocho días de ingreso, le dieron piso: Pabellón 47, tercer piso de planta seis; once paraguayos y él, el único argentino. Todos hablaban en guaraní menos él, por supuesto, y como es habitual en todas las cárceles, tuvo que pelear para ganarse su lugar. Esto duró poco, un mes, más o menos, ya que a dos pabellones de distancia se encontraba un conocido de su ciudad, y se fue al Pabellón 45. Una vez instalado en ese nuevo lugar, las cosas cambiaron considerablemente: comía como

Poster realizado por a Luis Suarez Taller de Diseño Gráfico. 2016

frío. Allí pasó ocho largos días, que le sirvieron de sobra para ver de todo… discusiones, peleas (hasta llegar a apuñalarse); dormían como podían, en el piso o sentados y no se duchaban, ya que no había agua. Era realmente un caos. Al octavo día de estar ahí lo trasladaron a otro calabozo o “leonera” (como le dicen en la jerga), que si bien era mejor, porque había calefacción y televisor, tenía solo agua muy fría y contaban con un único inodoro. La comida mejoró, ya que le daban viandas de pollo o carne (medio incomibles, pero un manjar para el momento). Lo que era terrible de este lugar era la superpoblación, en un lugar de 10x5 metros se encontraban 35 presos hacinados, durmiendo sentados o espalda con espalda, y durante el día parecían vacas en camión jaula, imposible caminar, pero igual no faltaban peleas y discusiones. Todos los días salía gente, pero llegaba más; era imposible estar en esa situación. Cada vez que llamaban para los traslados y decían “Marcos Paz”, se podían escuchar los lamentos de muchos a los que les tocaba irse hacia allá, como cuando nombraban a Ezeiza. En cambio, era alegría y euforia para los que eran llamados a Devoto. Después de siete días (ya quince, en total), para las 12 de la noche del sábado, fue llamado él, Juan,y escuchó gritar “Devoto”. Muchos lo felicitaban y Juan no entendía el porqué, si bien los que conocían el lugar le decían “Devoto, toda la plata”. Devoto contaba con un lugar único, el CUD, donde no se sentía tanto el estar preso. Otra vez las revisiones, los malos tratos, y otra vez al camión. Llegando a Devoto casi a las 3am, nuevamente tuvo que soportar la soberbia y altanería del personal del SPF; más revisiones y protocolo… Terminó en el Pabellón 28. Este era un pabellón de ingreso donde al menos tenía un colchón y una almohada, donde después de diecisiete días pudo darse una ducha caliente y comer un plato de puchero que repartían de una olla; estaba algo resentido, pero calmaba


si estuviese en su casa, descansaba bien; todo era diferente. Al tiempo comenzó a trabajar y a concurrir al CUD, el centro universitario, donde se eligió una carrera y se anotó en varias materias. Tenían un gimnasio, un patio, y pudo cumplir con todas las solicitudes impuestas por Educación y el SPF. Ahí comenzó a recibir visitas de sus familiares. Él creía que iba a pasar allí toda su estadía; un lugar chico, solo doce personas, dos duchas, dos inodoros y una cocina con todas las comodidades. Habían pasado dieciocho meses de su detención y una tarde, mientras estaba en el gimnasio, lo fueron a buscar para un cambio de pabellón, a lo que automáticamente Juan se negó, pero no hubo caso. A las 21.30h tuvo que preparar el mono y lo trasladaron a Planta 1, Pabellón 2. Al llegar, no le gustó. Lo recibieron conocidos, se sentía raro, era un lugar mucho más grande,con ochenta personas, un baño con duchas colectivas para todos, poca limpieza; no se encontraba a gusto. Después de unos días se dio cuenta de la libertad con la que contaba ahí dentro; mucho espacio para caminar, hacer gimnasia, la cocina inmensa y buena relación con los demás compañeros; compartía mates, cenas. Tenía mejores beneficios estar en este lugar, se autorizaba la entrada de ciertos elementos, tenía mejor lugar para recibir a su visita, y así los días de Juan se hacían más llevaderos, en paz y armonía. Su estadía allí duró dos años y medio, lo que le hacía pensar que terminaría ahí su condena, ya que le habían otorgado confianza; hasta que le ofrecieron mudarse al 52, un lugar extra muros, semiabierto, con muchísimos más beneficios. Él se negaba, porque creía que donde estaba era mejor. Al tiempo llegó la orden de traslado y no había vuelta atrás, no se podía rehusar a la progresividad. Llegó al 52, un lugar todo nuevo que había sido inaugurado hacía poco tiempo, más chico, con menos internos pero muy limpio… Otro ambiente. Realmente le cambió la manera de pensar; pasaban casi todo el día en el patio, al

sol; era otra cosa, otra vida. Para la visita era mucho mejor: no tenían que hacer largas colas, entraban una hora antes y les permitían entrar cosas que en otros pabellones no se podía. Caminábamos todos los días casi 100 metros hacia el CUD mirando el cielo, disfrutando del aire libre, una sensación de alivio inexplicable. Pasábamos todo el día afuera, desayunando, almorzando bajo el sol. ¡Poder pararse bajo la lluvia era lo más cerca de sentir la libertad! Lo mejor llegó cuando el celador abrió la puerta del patio hasta las 12 de la noche, la noche que tanto amaba Juan, y así pasó horas contemplando emocionado las estrellas, la luna, casi al borde de las lágrimas. Pensó que era lo mejor dentro de ese contexto de encierro. Pero llegó el día que tuvo que dejar el 52 para pasar al último lugar antes de salir a la calle, antes de la libertad: el Pabellón 50. Ahí lo esperaban sus amigos, los pocos que ganó en todos esos años y con los que compartió pabellón en otras ocasiones. Ellos lo recibieron con los brazos abiertos y con un espectacular asado. Sí, un asado; el 50 tiene parrillero, un gran patio que te hace sentir como en un club con árboles, mucho verde, abierto las 24h, una gran cancha de tenis y fútbol. También tiene un gimnasio propio con todos sus aparatos en el que se puede entrenar a toda hora, un SUM muy cómodo para las visitas, donde no pasás frío y muchos beneficios más que solo se pueden obtener estando en ese lugar. El hecho es que Juan, una persona que amó toda su vida la libertad, de a poco fue luchando, tratando de estar mejor dentro de esa situación de encierro de máxima seguridad en la que se encontraba y, a pesar de todo, de sentirse un poquito libre. La reflexión es que todos podemos llegar a donde está Juan si nos lo proponemos y luchamos desde adentro, intentando hacer las cosas bien, todo desde el alma.

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experiencias RO QUE

tribunal en lo criminal

El golpe es tan duro que no bastará la condena para sobreponerme. En efecto, no fue un golpe cualquiera. Es el 20 de mayo de 2011, a las cinco de la mañana, me sacan del penal de Devoto para llevarme a juicio. Estoy recién afeitado y bien vestido, tengo 35 años y llevo detenido más de 2. Llegamos al Palacio de Justicia a las 8 de la mañana. Custodiado por seis guardias, estoy esperando en una sala desnuda. Un frío hiela el ambiente. Afuera todo es gris. Adentro todo pinta negro. Una mujer policía abre la puerta y nos invita a pasar. Escoltado por los guardias, hago mi entrada en la sala, que parecía inmensa. Para calzármela antes, me ofrecen ahorrarme el juicio y firmar mi propia condena, o dentro de unos instantes seré acusado y la condena será aún mayor. Mi abogado, que no conoce la causa porque la está estudiando mientras nos conocemos, me dice: “no hay ninguna prueba seria en contra de usted, confío en que seremos absueltos”. No sé si reír o llorar ante ese “seremos”. Pareciera que él también, el defensor, comparecerá ante el tribunal como yo, y que si hay condena él también deberá sufrirla. Todo se ve negro: la alfombra, las cortinas de los ventanales y hasta la ropa de los magistrados que enseguida van a juzgarme. –¡Señores de la corte! Por una puerta a la derecha aparecen seis hombres, uno detrás del otro. El presidente y cinco magistrados más. Delante de la silla del medio se detiene el presidente. A derecha e izquierda, sus asesores. Un silencio impresionante reina en la sala donde todo el mundo ha quedado de pie, incluso yo. La corte se sienta y es imitada por el resto de los presentes.

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El presidente me mira a los ojos sin dejar traslucir ningún sentimiento. Más tarde dirigirá los debates con imparcialidad, y con su actitud hará comprender a todo el mundo que, precisamente por ser un magistrado de carrera, no está muy convencido de la sinceridad de los testigos y de los policías. No, él no tendrá ninguna responsabilidad en el golpe, él no hará más que servírmela. El fiscal es el otro magistrado más temido por todos los abogados de oficio. Él representa la venganza pública. Es el acusador oficial y no tiene nada de humano. Representa a la ley. A la balanza, es él quien la maneja y hará todo lo posible para inclinarla para su lado. Tiene ojos de gavilán. Baja un poco los párpados y me mira intensamente desde su altura (es más alto que yo, por lo menos 1,90 metros, que lleva con arrogancia). Se apoya sobre sus dos manos, grandes como palas. Se inclina un poco hacia mí para dominarme mejor. Pareciera decirme: “No tengo por qué saber si sos culpable o inocente. Solo debo usar todo lo que hay en contra tuyo: los testimonios aportados por la policía y sus declaraciones. Con todo eso más tus antecedentes conseguiré volverte lo suficientemente repugnante para hacerte desaparecer de la sociedad”. Me parece que, con toda claridad, oigo que me habla realmente; a menos que sueñe, porque estoy en verdad impresionado por esta farsa que tenemos por justicia. Son las diez de la mañana y estamos listos para abrir los debates. Delante de mí están los magistrados, entre los cuales hay un procurador agresivo que utilizará todo su poder maquiavélico, toda su inteligencia para convencer de que, sin lugar a dudas, yo soy el culpable y que solo el presidio puede ser el veredicto del día.


LOS SUEÑOS SE CUMPLEN

la distancia y el tiempo Era viernes 25 de agosto. Las cosas parecían marchar bien, aun sabiendo que nada es indispensable y que la felicidad es instantánea. Todo comenzó a la madrugada, como a las 6:00; entre la tormenta, afuera, y el sueño en la habitación, hablando. Un ruido que rompe el sueño proviene de la puerta del departamento. Apenas oía lo que pasaba afuera. Un cruce de palabras llamó mi atención, eran voces familiares: mi hermana y mi sobrino, envueltos en un cuadro del cual yo soy el protagonista. Sabía que venían por mí,

solo era cuestión de tiempo. Después de un año, la investigación llegaba casi a su conclusión. Se escuchó el grito de mi hermana poniéndome alerta: “¡Mi hermano no está ahí!”. Fue solo un instante que tuve para reaccionar. Mi mujer, a mi lado, con todo el alboroto ya estaba despierta. Di un salto al piso para buscar y descartar cosas que me comprometían. Le dije a mi mujer que se vistiera mientras yo iba realizando la hazaña de derramar lo que me quedaba de la noche anterior en el chop, que aún tenía cerveza, para disolverlo. De pronto, una voz imponente me

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Poster “Grito”, realizado por alumnos del Taller de Diseño Gráfico. 2016

Me juzgarán por un crimen que no cometí. No hay ninguna prueba, pero los agentes de policías–que consiguen un ascenso cuando descubren al autor de un delito –sostendrán que yo soy el culpable. A falta de pruebas,dirán que tienen informes “confidenciales” que no dejan dudas. Un testigo preparado por ellos, de identidad reservada, será la pieza más eficaz de la acusación. Como yo sostengo que no lo conozco, en un momento dado el presidente, muy imparcialmente, me pregunta: “usted dice que este testigo miente. Bien. ¿Pero por qué tendría que mentir?”. “Señor presidente, si paso las noches en blanco desde mi detención no es por el remordimiento de haber asesinado, puesto que yo no lo hice. Lo que busco es precisamente el motivo que ha impulsado a este testigo a encarnizarse conmigo y a presentar, cada vez que la acusación se debilita, nuevos elementos para reforzarla. He llegado a la conclusión de que los policías lo usaron para cometer un grave delito haciendo negocios con él”. No sabía si decirlo. El testigo presentado ante el tribunal como honesto y sin condena, no lo era y mintió. Mi abogado procura defenderme, pero no tiene la talla del fiscal. Solo la indignación de mi defensa consigue poner en dificultades al fiscal por algunos instantes. ¡Qué lástima, eso no dura mucho! La habilidad del fiscal lo hace ir más rápido en ese duelo. A las cuatro de la tarde, la partida de ajedrez ha terminado, mis defensores están en jaque mate. Y yo, que soy inocente, estoy condenado.


Poster “Grito”, realizado por Juan Pedro Melgarejo Quispe Taller de Diseño Gráfico. 2014

exigía que abriera la puerta. Le respondí que cesara de golpearla, que yo abriría. Mientras entraban en la habitación, me invadió la incertidumbre de los hechos que acontecían en la escena: los de la policía federal efectuando su trabajo, me reducían; mi mujer, sorprendida. Solo pensaba en inventar alguna excusa para salir de ese problema, incluso sabiendo que no sería posible. Me vinieron muchas cosas a la cabeza, pensaba en qué pasaría después... Conforme transcurría el tiempo, se iban cumpliendo todas mis expectativas. Mientras nos llevaban a la otra habitación, veía muchos efectivos rodeando todo el departamento. Venían con cámaras. Logré ver a mis hermanas. Mis sobrinos y cuñados estaban en la terraza del otro departamento. Una vez en la habitación, vi a alguien sentado, era mi sobrino con los grilletes puestos. Había una persona de traje elegante escribiendo en una computadora, nos preguntaba nuestros datos y nos acusaba de cosas de las que yo no tenía conocimiento; me nombraba personas de las que no había escuchado en mi vida. En el acto fueron a buscar a dos testigos que, según

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dispone la ley, “pasaban por ahí”, para empezar el allanamiento. Revisaron habitación por habitación buscando pruebas para acusarme de comercialización de estupefacientes. En mi habitación encontraron un poco de marihuana y un blunt para armar, así como un alucinógeno. Entraron en la otra habitación, en la que vivía una señora que no estaba en ese momento. Desordenaron, dejaron todo patas para arriba. Faltaba una sola habitación, la de mi sobrino. Luego de buscar un rato largo, apareció medio kilo de clorhidrato de cocaína que no me pertenecía; no sé en qué momento llegó ahí… Me lo mostraron, les respondí que no tenía conocimiento, me pidieron que declarara, me negué. Le dijeron a mi mujer que qué hacía conmigo, a lo que ella respondió que la noche anterior nos habíamos cruzado en una fiesta después de unos meses separados y que ahora tenía que irse porque no tenía nada que ver en esto. Al rato la soltaron, y a mi sobrino y a mí nos llevaron enmaromados hasta Drogas Peligrosas. Nos tuvieron ahí una noche. Estuvimos en el tercer piso con otros once detenidos. Nos hicieron el proceso de rutina al ingresar: nos mancharon los dedos, nos separaron, nos pusieron a cada uno en una celda (apenas podíamos vernos entre nosotros). Le hablaba a mi sobrino, que estaba del lado de enfrente, y le pregunté si se encontraba bien (es obvio que nunca te sentís bien estando encerrado, pero quería saber si estaba asimilando lo que nos pasaba). Me dijo que sí y me preguntó lo mismo a mí. Así se hizo de noche. Nos dieron unas empanadas que mi mujer había dejado para nosotros. Al día siguiente era domingo; me acuerdo de que había una pelea de box entre Floyd Mayweather y Conor McGregor. Ya empezaba la charla con otros detenidos, preguntándoles su nombre entre conversación y conversación. De a poco se iba armando el rompecabezas, recordando que, anteriormente, durante el allanamiento, me habían nombrado personas que no conocía. Le dije a uno que su nombre


ya lo había escuchado en el allanamiento y me contestó que a él también le mencionaron mi nombre durante el suyo. De apoco llegué a concluir que los doce que nos encontrábamos en ese piso estábamos conectados como eslabones en la investigación. De pronto exclaman por ahí: “¡Nos quieren poner en una asociación ilícita!”. La que lo decía era una señora llamada Karina Sotelo. Yo aún no entendía qué era eso, aunque algo me imaginaba. Pero si yo no conocía a nadie, cómo podía ser cierto... Mientras pasaban las horas, seguía pensando alguna coartada para salir de todo eso. Mi sobrino, triste; yo, preocupado. ¿Qué será de mi familia? Entre pensamiento y preocupación se hizo de noche. No pude dormir, solo quería ir a casa, estar con mi mujer e hijos, pero eso era apenas un anhelo. La realidad era que ya estaba de camino al tribunal conocido como “La 28”. Primer día ahí, solo daban de comer mate cocido a la mañana y sándwiches de soja como almuerzo. No cualquiera podía obtener el teléfono para poder comunicarse con sus familiares, había que demostrar actitud y había que llegar a algún extremo para conseguirlo; sabía de antemano que esa podía ser una de las alternativas para manejarse entre gente delincuente. Mi cama era el piso del lugar. Dormíamos como ganado, era inhumano; hacía frío, apenas podías estirarte o moverte. Era novedoso para mí. Solo sabía que tenía que ser precavido. Así pasaron cuatro días de incertidumbre y presión. Esa noche, a eso de las 10:00 pm escucho mi nombre y el de mi sobrino. Lo primero que se me ocurrió fue: “¡Uh, mi libertad!”, pero era todo lo contrario. En pocos momentos ya me encontraba en el camión de traslado al penal conversando con mi sobrino. Le prometí que íbamos a estar juntos y que yo cuidaría de él, pero pasó todo lo contrario: me bajaron de ese camión y me llevaron a otro, que era de traslado para el Penal de Devoto. De pronto todo era confuso, pensé que mi sobrino iría, no yo. En el camión éramos cinco, entre paisanos míos

y argentinos. Cuatro se reintegraban, porque venían del juzgado, y yo era un nuevo ingreso. Hablamos un poco en el camino, me iban contando y haciéndome saber de qué manera debía manejarme en el Ingreso, ya que en ese momento estaba “ATR”, que en el lenguaje tumbero significa “a todo ritmo”. Llegamos al penal; ellos se reintegraron y yo quede solo en “la leonera”, que es el lugar donde los presos esperamos cuando ingresamos y nos vamos a comparendo. Se me acercó un encargado del servicio penitenciario y me preguntó mi nombre. Me requisó y me dijo: “¿Quieres esperar, que faltan once ingresos por llegar, o ya quieres entrar a ‘dormir’?”. Le dije que me sentía cansado y hacía frío, sin saber lo que pasaría al entrar al ingreso. Me llevó la requisa y me dijo: “bueno, solo hay lugar en Ingreso 29”. Le respondí que me daba lo mismo. Llegamos a ese ingreso, me abrió la puerta y recuerdo que lo primero que me llamó la atención fueron las cuchetas: eran seis y había presos despiertos, como si estuvieran esperándome. Ingresé, me presenté y me preguntaron de dónde venía, si bajaba de planta o de la calle. Les respondí que era ingreso. Me preguntaron mi nacionalidad y les respondí que era peruano. Uno se paró de la cama y me dijo: “Mirá, yo vengo de Marcos Paz y no me cabe ni una”, y me preguntó: “¿Sabés pelear?”. Le respondí que yo no había ido a pelear, que solo quería cumplir mi condena, pero que si tenía que pelear para que me dejaran vivir, lo iba hacer. Me respondió que ahí estaban haciendo las cosas bien y que teníamos que convivir. Había una persona sin pelo, con un corte en la cabeza de lado a lado; estaba drogado y tenía un aspecto intimidante. Me invitó a pasar a la cocina y me ofreció algo de comer. Comí algo y luego se fue al dormitorio a buscar alguna cosa. Cuando volvió, tenía entre las manos una planchuela de metal, llamada por nosotros, los presos, “faca”. Me dijo que con ese objeto hacen que los presos se porten bien, y que también sirve para apretarlos; entre

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charla y charla, fumando un porrito. Se hizo tarde y me fui a descansar. A la madrugada del día siguiente me despertaron, a eso de las 7:30 am, para el recuento, que es el conteo de todos los presos que se encuentran en el pabellón. Tienes que salir de tu cama y formar una fila. A las 8:30 am llegaban los ingresos, había que recibirlos decirles dónde se tenían que ubicar. Ya no pude descansar más, me quedé despierto. A las 10:00 am tuve que bajar a la Junta, gente especializada de cada ámbito del penal que te hacen una especie de pruebas psicológicas y preguntas. También te hacen pruebas de sangre. Cuando se acabó la Junta, me reintegré apresurado, tenía visita las 2:00 pm. Venían mi hermana y mujer. Las anoté en mi lista de visita, a mi hermana como familiar y a mi mujer como amiga, porque me asesoraron que así serían más fáciles los trámites. A la hora de visita, los presos fueron serviciales conmigo; la visita se respeta. Me ayudaron a prepararles algo de comer. Llegó la hora de bajar y me encontré con la sorpresa de que solo estaba mi hermana, que mi mujer no había podido pasar por falta de requisitos. Mi hermana, frente a mí, compartiendo la mesa, estaba muy decepcionada y triste, a la vez que me daba palabras de aliento diciéndome que todo iba a salir bien. Compartimos el almuerzo. Cuando se acabó la hora de la visita, me despedí con un fuerte abrazo y me reintegré. Cuando llegué, los presos del ingreso estaban acabando de almorzar y me habían separado un plato de comida. Les dije que ya había comido, que gracias. Levantaron la mesa y nos pusimos a charlar para conocernos un poco y saber con qué clase de personas estábamos conviviendo. Los días se pasaban entre que mirábamos televisión y hablaba por teléfono con mi familia. Recuerdo que había una persona apodada “El Tano”, que llevaba la delegatura del Ingreso en el que me encontraba. El tipo parecía tener clase y llevaba bien la política de ese lugar. Llegó el viernes, eran las 03:00 pm y se acercó la requisa.

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Nos llamaron a mí y al Tano, y como yo no tenía conocimiento del proceso, le pregunte al Tano, que me dijo que nos iban a subir a planta, que en Ingreso solo estábamos de paso y que armara mi mono. Los pibes me ayudaron a armarlo y salí con la requisa. Luego El Tano me dijo que me quedara tranquilo, que me llevaban a un pabellón de paisanos, que solo tenía que entrar y no dejarme abusar: si había que pelear, peleaba. La requisa revisó mi mono para ver si tenía algún objeto que hiciera daño, pero no pudo hacer lo mismo con El Tano, porque había salido sin mono, él tenía “la espina” de que al lugar donde lo enviaban no lo iban a dejar pasar. Nos separaron, nos enviaban a diferentes pabellones. Cuando llegué a Planta 5, subí por unas escaleras y llegué al pabellón Celular Segundo. Ni bien crucé las primeras rejas, se escuchó un grito: “¡Ingreso!”, y se acercaron todos los presos a la segunda reja, del otro lado del pabellón. La verdad es que fue un poco intimidante, lo primero que se me vino a la mente fue “Quieren mis cosas y están esperando a que entre...”. De pronto, salieron los delegados, me preguntaron si tenía problemas con alguien de la población y les respondí que no. También me preguntaron de qué barrio era, les dije que de Pompeya y me abrieron las rejas. Luego de que ingresé, se acercó un chabón que me sacó el mono de las manos. Lo primero que se me vino a la mente fue que me lo quería robar, pero era todo lo contrario: quería ayudarme. Me hicieron entrar a una celda que llamaban “confesionario”, me pusieron los puntos sobre cómo se estaba manejando el pabellón en ese momento y me dijeron que cualquier cosa que me pasara, hablara con los delegados antes de actuar por cuenta propia. Me instalaron en una celda en la que me recibió un tipo que llevaba un rancho de 9 personas, llamas o Chacalón. Me prestaron un teléfono para comunicarme con mi familia, para que se quedaran tranquilos. Acomodé mis cosas en el lugar donde iba a vivir y conversé un poco con los chicos de mi rancho, contándoles cómo lo había pasado en Ingreso.


Cuando llegó la hora de cenar, nos sentamos todos en la mesa y me presentaron a todo el rancho. Chacalón tomó la palabra y me contó cómo se manejaban con los horarios de comida y con el aseo en el pabellón. Así fue durante un mes. Sentía que no podía seguir ranchando con las personas que me recibieron, porque eran muchos y estaba muy estresado. En la calle siempre fui muy autónomo y pensé que, si seguía de esta manera, podían acabar mal las cosas, ya que no coincidía con algunos del rancho. Fui y hable con el líder de mi rancho, le conté lo que pensaba y no tuvo drama, me dijo que estaba todo bien, que si quería ranchar solo, podía hacerlo. Conocí a un pibe llamado Ronald, de Bolivia, con el que me llevaba bien. Decidimos ranchar juntos a la par; siempre extrañando a mi mujer, a mis hijos y a mi hermana en el fondo de mis pensamientos. Me comunicaba seguido con ellos; la verdad es que me siento muy agradecido de tener a esas personas a mi lado, que no me dejan en los momentos buenos ni

en los malos. El tiempo que llevo encerrado ya son casi 10 meses y siempre que pueden, vienen a verme. El tiempo y la distancia no han podido alejarnos en mente y corazón, y mi mujer siempre está conmigo, aunque no sea de cuerpo presente. Yo siento que siempre estoy presente en sus pensamientos. Solo espero el momento en que salga en libertad para poder estar con las personas que amo. Doy gracias a Dios por cuidarme en todo este tiempo encerrado, y por cuidar de mi familia, que me encuentra ausente. Mi lucha por salir es constante. Siempre me levanto con el pensamiento de que ya falta poco: el tiempo se pasa y la distancia se acorta con las visitas, aunque sea solo por unas horas, que no son suficientes para pasar con la familia. Mi mujer y mi hermana me siguen acompañando en este tiempo de encierro. La enseñanza que quiero dejar con esta crónica es que, cuando una idea es firme y hay amor de por medio, el tiempo y la distancia no lo corrompen.

OMAR LÓPEZ ROSALES

Ingreso de primario Estas personas fueron entrevistadas con la finalidad de saber un poco más sobre como es el ingreso al penal por primera vez, desde el punto de vista del detenido. Quizás así podamos entender y sentir un poco más qué sienten aquellas personas que en algún momento fueron libres (en el sentido de no estar privado de la libertad); y también saber qué pueden llegar a pensar y sentir las familias de los detenidos. Llevé a cabo las entrevistas en un horario de la noche, después del recuento. Fueron hechas individualmente, así los entrevistados podían dar sus respuestas sin tener que escuchar las de los demás, para que no hubiera confusiones y, a la vez, pudieran dar sus respuestas más fieles. ¿Cuántos años tienes y hace cuánto tiempo estás detenido? Elieser Cubilla Encina: Tengo 35 años, estoy hace un año y nueve meses. Juan Diego Cabeza Barbarán: Tengo 26 años y estoy detenido desde el 12 de noviembre. Jorge Pinasco: Tengo 39 años y llevo ocho meses.

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¿Qué te imaginabas cuando te detuvieron? ECE: En ese momento no pensé muchas cosas, porque pensé que solo iba a ir a la comisaria. JDCB: Nada, me sorprendió, no sabía lo que estaba pasando. JP: Que no sabía lo que me iba a pasar, y pensaba mucho en mi familia. ¿Qué sentiste cuando estuviste entrando al penal? ECE: Sentí que solo iba a estar un par de meses preso. JDCB: Nervios, mucha pena al pensar en mi familia. JP: Lo peor de mi vida. Nunca pensé que iba a estar aquí adentro. Y una sensación de frío. ¿Qué pensabas a la hora que entraste a Ingreso? ECE: Era todo un suspenso, porque escuché muchas cosas; cómo roban y hacen daño. JDCB: Nada, pensé que se venía lo peor y justo pasó lo peor. Ya había escuchado cómo era. JP: No sabía qué me iba a tocar, pensé que me iba a ir. Cuando saliste de Ingreso, ¿dónde pensabas que te llevarían? ECE: Siempre pensé que me llevarían a un buen lugar, porque soy primario y siempre hice buena conducta. JDCB: A otro pabellón igual y a volver a pasar por lo mismo; que me iban a quitar mis zapatillas, apretar o golpear. JP: A lo peor. ¿Qué puedes decir de todo el tiempo que llevas? ECE: Mucho no puedo decir, porque todo este tiempo estuve estudiando, tratando de que el tiempo pase rápido y poder salir con una profesión. JDCB: Nada, que acabe rápido, que no me gusta estar encerrado. JP: Aprendí algunas cosas y dejé hábitos que tenía.

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Amigos de La Resistencia Cooperativa Esquina Libertad Es un proyecto cooperativo de trabajo de imprenta intra y extra muros, que nace de manera colectiva en el centro universitario de Devoto (dentro del Complejo Penitenciario Nº 2), integrado por compañer@s privad@s de la libertad, familiares y personas desocupad@s. Ofrecen cuadernos artesanales, agendas y remeras, servicios de impresión, afiches, volantes, folletería, etc. Facebook: Coope Esquina Libertad Contacto: cooperativaesquinalibertad@gmail.com

Hombres y Mujeres Libres LTDA. Esta experiencia surgió en 2013. Realizan trabajo textil y serigrafía, con diseños propios. Facebook: hombresymujereslibres Contacto: hymlibres@hotmail.com

SUTPLA (sindicato unido de los trabajadores privados de la libertad ambulatoria) Nació en julio de 2012 en el Complejo Penitenciario Federal de CABA, donde se aloja la comisión directiva nacional, por eso su casa central está en Bermúdez 2651 CABA. Facebook: SUTPLA

Red de Cooperativas de Liberados y Organizaciones Sociales en Contexto de Encierro. Está ubicada en Federico Lacroze 4181, en el barrio porteño de Chacarita.


En la próxima edición de La Resistencia

* Un día en el Reino,

de Carlos Arzamendia * Beneficios en el contexto de encierro, de Luis Fabián Bareiro * Rejas adentro, de Javier Cardozo Argüello * Un día más, de Fernando Emmanuel Delgado * Transformación social, de José Antonio Ferreras Tomas * La cooperativa, de Benjamín Polio * Encerrado también se aprende, de Joseph Odunukwe

* Entrevista a un recluso primario, de Manuel Charca * Trabajando en la cárcel, de Toto Quintero

Y mucho más en...

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¡RESERVÁ TU EJEMPLAR!

La Resistencia Nº18  

Revista realizada en el Taller Colectivo de Edición, Centro Universitario Devoto, como parte de las actividades del Programa de Extensión en...

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