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SEMANAL

Oxígeno y cordura para el planeta Rolando Cordera

Jaroslav Hašek y el buen soldado Schwejk contra el statu quo de las autoridades Andreas Kurz

SUPLEMENTO CULTURAL DE LA JORNADA DOMINGO 20 DE OCTUBRE DE 2019 NÚMERO 1285

UN ESCRITOR MEXICANO LLAMADO

Bruno Traven Julieta Martínez Suárez y Antonio Soria


LA JORNADA SEMANAL

Portada: Rosario Mateo Calderón

2 20 de octubre de 2019 // Número 1285

UN ESCRITOR MEXICANO LLAMADO BRUNO TRAVEN Célebre, pero enigmático y anónimo: así podría ser definido, en apretadísimo resumen, el narrador de origen alemán que firmaba como b. Traven, autor de El tesoro de la Sierra Madre, Macario y La rebelión de los colgados, entre otras historias deslumbrantes, quien siempre buscó mantener oculta bajo el misterio su vida personal. Esa vida incluye, entre otros datos poco o nada conocidos, su nacionalización como mexicano, así como un matrimonio previo al que tuvo con Rosa e. Luján, ya que veinticinco años antes se casó con María de la Luz Martínez Hernández. Con una entrañable crónica de familia escrita por Julieta Martínez Suárez, sobrina de aquélla, conmemoramos los cincuenta años de la muerte del mítico b. Traven, mexicano con todo derecho.

OXÍGENO Y CORDURA PARA EL PLANETA Este artículo recoge la participación de su autor, nuestro compañero de páginas Rolando Cordera, en la presentación del libro de José Sarukhán, Ecología, economía, educación, publicado en 2017 por El Colegio Nacional. Como es evidente desde el propio título de la obra, el tema es de actualidad; las reflexiones del doctor Sarukhán ayudan a emplazar mejor la mirada y aguzar el oído para atender y entender la complejidad de los cambios en el medio ambiente.

Rolando Cordera Campos ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||| DIRECTORA GENERAL: Carmen Lira Saade DIRECTOR: Luis Tovar EDICIÓN: Francisco Torres Córdova COORDINADOR DE ARTE Y DISEÑO: Francisco García Noriega FORMACIÓN DE DOSSIER: Rosario Mateo Calderón FORMACIÓN DE COLUMNAS: Juan Gabriel Puga LABORATORIO DE FOTO: Jorge García Báez, Ricardo Flores, Jesús Díaz y Felipe Carrasco PUBLICIDAD: Eva Vargas y Rubén Hinojosa 5688 7591, 5688 7913 y 5688 8195. CORREO ELECTRÓNICO: jsemanal@jornada.com.mx PÁGINA WEB: http://semanal.jornada.com.mx/ TELÉFONO: 5604 5520. ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||| La Jornada Semanal, suplemento semanal del periódico La Jornada, editado por Demos, Desarrollo de Medios, S.A. de CV; Av. Cuauhtémoc núm. 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, Delegación Benito Juárez, México, DF, Tel. 9183 0300. Impreso por Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac núm. 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, México, DF, tel. 5355 6702, 5355 7794. Reserva al uso exclusivo del título La Jornada Semanal núm. 04-2003081318015900-107, del 13 de agosto de 2003, otorgado por la Dirección General de Reserva de Derechos de Autor, INDAUTOR/SEP. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación, por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. La redacción no responde por originales no solicitados ni sostiene correspondencia al respecto. Toda colaboración es responsabilidad de su autor. Títulos y subtítulos de la redacción

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oscientos seis pequeños y bien pensados artículos, organizados en siete capítulos [agricultura y alimentación; diversidad biológica; ecología; economía; educación; energía y sociedad y recursos] escritos quincenalmente durante ocho años en las páginas de El Universal dan cuenta de los intereses, ocupaciones y preocupaciones del doctor Sarukhán pero, sin duda, de su sapiencia. Biólogo con grados y postgrados; maestro de generaciones y merecedor del Premio Tyler, considerado como uno de los reconocimientos mayores a los estudiosos y sostenedores del pulso del planeta. Ilustre rector de la unam por ocho años. En la introducción, nuestro autor anota que cualquier nación que aspire a una vida digna, cimentada e independiente debe ser particularmente cuidadosa de la educación, la ecología y la economía, las tres e fundamentales como son llamadas por él, diríamos que el trípode gracias al cual nuestro planeta y nuestra especie podrán seguir con vida frente a los desafíos de los bruscos cambios medio-ambientales y las no menores convulsiones en nuestras mentalidades, ética y cultura. Se trata, ni más ni menos, que de hacer frente con inteligencia y ciencia al calentamiento climático y la pérdida de los ecosistemas naturales y la diversidad biológica que, entre otros


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No ha dejado de subrayar la importancia fundamental de reorientar los procesos educativos para que los individuos sean capaces de comprender la interdependencia entre el ambiente y el ser..

Jose Sarukhán. La Jornada/ Carlos Ramos Mamahua Página anterior: El riesgo de clima extremo como olas de calor, inundaciones y sequías aumentará por el calentamiento global y el aumento de los mares. Foto: afp / David Mcnew

fenómenos, contribuyen a azuzar –por si hiciera falta– problemas ancestrales en algunos países como el nuestro, donde la pobreza y la desigualdad han sido malhadadas señas de identidad. Y conformado el más rejego círculo vicioso de nuestra coyuntura: deterioro social-deterioro medio ambiental-desperdicio de recursos. La incesante brega del doctor Sarukhán y la pléyade de voluntariosos académicos e investigadores formados y cautivados por él no ha dejado de subrayar la importancia fundamental de reorientar los procesos educativos para que los individuos sean capaces de comprender la interdependencia entre el ambiente y el ser. De ahí su insistencia en el papel clave que la educación tiene. Así lo ha señalado nuestro autor desde hace años. Recuerdo su generosidad y vehemencia cuando en los ya hoy lejanos años noventa, llegó a acompañar varios de los programas televisivos de Nexos. Desde esa tribuna insistía en lo que le sigue ocupando y preocupando hoy: impulsar un desarrollo sustentable a partir de cambios en los patrones de producción, consumo y culturales.

En “Por un mejor indicador de bienestar social” dice “[…] en los círculos de decisión económica mundial se sigue pensando obstinadamente que es deseable y dable crecer de manera indefinida sin considerar que vivimos en un planeta finito […] No hay duda de que países como el nuestro tienen el reto de crecer económicamente […] pero otra cosa es pensar que esto pueda ocurrir de manera sostenida […] El crecimiento económico en México es necesario, pero el país tiene que diseñar un proceso que permita ese crecimiento […] “[…] Mientras las externalidades ambientales y sociales de los modos de producción actuales no estén incorporados en las cuentas nacionales, los precios del mercado estarán burdamente distorsionados y cualquier cálculo de ‘riqueza de una nación’ será falso. Seguir por este camino equivale a intentar pilotear un avión utilizando una brújula descompuesta.” Y más adelante (“Reflexiones económicas ecológicas”), señala: “El sistema económico y el sistema biofísico y ecológico del planeta están indisolublemente ligados. La premisa de la ‘nueva economía’ que toma en cuenta consideraciones de las externalidades de la producción y el deterioro del capital natural –en contraste con la economía neoclásica- es que el sistema económico se desmoronará si el sistema natural se colapsa.

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“Pretender que lo que estos elementos naturales [ecosistemas, aire limpio, atmósfera equilibrada] nos proporcionen diariamente [agua, alimentos, climas estables] puede ser sustituido con ‘tecnologías nuevas’ es, por decir lo menos, aceptar riesgos gigantescos, además de innecesarios y escandalosamente imprudente.” Los retos que se presentan a la compleja relación ecología-sociedad-economía son de tal calibre que, sin exageración alguna, definirán no sólo la viabilidad del desarrollo económico y social, sino el presente y el probable futuro de la especie humana. Estamos hablando, o deberíamos de hacerlo, de un asunto de seguridad global y, desde luego, nacional. Estamos ante grandes temas que tocan y cruzan grandes cuestiones tanto de ética pública, cultura y educación, como de racionalidad económica y uso [que no abuso] de los recursos naturales. Todo esto supone cambios de fondo en los sistemas de producción y consumo, en las tecnologías dominantes, en la regulación, normatividad, organización institucional del sector público. Más que nada, en la percepción cultural de las sociedades. El desarrollo sustentable, entendido como forma de vida, requiere de cotidianas y permanentes acciones, aprendizajes colectivos e involucramiento social. También, de una ética pública que nos ilustre en la comprensión y uso del principio de interdependencia vital de todo empeño civilizatorio. Y crucial para la supervivencia. Nuestro autor no se engaña, sabe que no es fácil cambiar los patrones económicos apoyados sobre enormes cantidades de intereses y recursos económicos y mediáticos. Para ello, nos dice, se requiere ir más allá de la protesta o la mera denuncia aunque sea oportuna y calificada. El avance ha sido lento. Pero al mismo tiempo, insistir en ventilar y visibilizar esta Triple e –ecología, economía y educación- es, sin duda, una apelación a la necesidad de un civismo global –vale decir corduraque ubique en y entre los primeros planos de las agendas la creación de conciencia ecológica, el reconocimiento y respeto de la diversidad, la inauguración de una vía claramente transitable que permita el desarrollo sustentable como eje de la reestructuración institucional de las relaciones planetarias. De aquí la pertinencia global, aquí y ahora, de la Agenda 2030. La apuesta o la esperanza, según quiera verse, es que los ciudadanos seamos capaces de escuchar y atender el mensaje: es posible comprometerse, actuar, cambiar la vida, cuidar nuestro planeta. Y, para ello es preciso, como plantea José Sarukhán, cultivar otra visión económica, educativa e ideológica. Y, en palabras del sociólogo francés Edgar Morin: “La idea de política del hombre conduce a la idea de política planetaria; la idea de política planetaria conduce a la idea de política del hombre […] debemos concebir una política del hombre en el mundo, política de la responsabilidad planetaria, política multidimensional, pero no totalitaria” [Tierra-patria, Edgar Morin y Anne-Brigitte Kern, España, Kairós, 1993]. Ni la economía es opuesta a la ecología ni el progreso económico es sinónimo de dispendio y extinción. Se trata, entonces, de revertir los términos de una relación que se pervirtió. Estamos ante una necesidad central pero básicamente vital. Tal ha sido el evangelio de un científico ejemplar, de un universitario entrañable que, como propone una de las lecturas que debo a su generosidad, bendice la inquietud y promueve un descontento racional e ilustrado, a la vez que comprometido y apasionado con la vida y la naturaleza l


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LOS JUEGOS DE LA ESPERANZA A diferencia del jugador de ruleta y otros juegos de azar en un casino, quien no se da un minuto para soñar entre una y otra apuesta, compulsiva e incluso patológica, el jugador de lotería se da el tiempo para deleitarse con la esperanza. Supersticiosos, creyentes o escépticos, nadie escapa a las reglas del juego.

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oco después de mi llegada a París, compraba el diario en un puesto de periódicos, entonces aún no existía internet, antes de instalarme a leerlo en un café-bar provisto de un expendio de tabaco. Sentada a la terraza, veía entrar a la gente para comprar cigarros. Sin prestar especial atención, terminé por percatarme de que los compradores eran más abundantes los martes. Con el paso de las horas, se formaba una fila creciente. Y la cola se extendía, al atardecer, fuera del establecimiento. Igual sucedía los miércoles. Las personas formadas parecían ser las mismas los dos días, pero sus expresiones eran distintas. Los martes, sus fisonomías mostraban un cierto optimismo. Los miércoles, al contrario, dominaba en sus caras una actitud pesimista, cuando no abiertamente triste. A partir del jueves, los consumidores salían con la frente más serena, un dejo de ensoñación, un toque de esperanza. Terminé por desinteresarme del periódico. El asunto no dejaba de ser curioso y, la verdad, me

Vilma Fuentes ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

intrigó su misterio. El secreto, que no era precisamente el de un oráculo, se debía sólo a mi ignorancia: en el expendio de tabaco se adquiría también la lotería. Es decir, las personas marcaban con una cruz seis de los cuarenta y nueve números impresos en columnas antes de hacer registrar su papelito por la máquina que manipulaba el vendedor, mismo que recibía la módica suma que les daba derecho a soñarse ricas durante uno, dos, siete días. Comprendí, al observar los cambios de expresión en los rostros de los jugadores de lotería, que Karl Marx había entrado a la Historia, es decir, al pasado. Ya no era la religión el opio del pueblo. Acaso por la sencilla razón de la decadencia religiosa y la pérdida de la creencia en el paradisíaco más allá. Todas esas personas soñaban con el Edén en esta vida, mañana mismo. El milagro debería y podría ocurrir el próximo martes. Así, entre la adquisición del billete y el resultado de la lotería, el jugador se daba la libertad de soñar sus deseos cumplidos. Entre más pronto registrara sus números escogidos y pagase una o varias columnas, según la suma invertida, más horas de placer imaginario se regalaba. A diferencia del jugador de ruleta y otros juegos de azar en un casino, quien no se da un minuto para soñar entre una y otra apuesta, compulsiva e incluso patológica, el jugador de lotería se da el tiempo para deleitarse con la esperanza. Se sabe de personas que se hacen prohibir la entrada a los casinos, ejemplo notorio fue la autora de Bonjour tristesse, Françoise Sagan, pero no se sabe hasta ahora de gente que se haga prohibir el juego del loto, como lo llaman familiarmente los franceses. El delirio frenético que hace un poseso del jugador de ruleta es genialmente narrado por Fedor Dostoievski en El jugador, novela inspirada en su propia pasión, misma que lo hace olvidar incluso a la amada, hipnotizado por la bolita que rueda entre los números y borra de su mente el resto del mundo.

Sin la misma pasión, pero con la magistral observación y su conocimiento profundo de nuestra naturaleza, el autor del vasto panorama de La condición humana, Honoré de Balzac, pone en escena dos jugadores, el de casinos y el de lotería, en una de sus apasionantes novelas, Un ménage de garçon (Un menaje de soltero). El vicioso de casinos es un vago que vive a costa de su pobre familia cuando no del juego. La jugadora de lotería es una honesta viuda. Se aproxima el gran tiraje de Navidad. El tipejo roba los ahorros de la viuda y los pierde en un casino. La viuda se queda sin dinero para jugar sus números, siempre los mismos, conocidos por sus amigos. Uno de ellos, al saber el resultado, corre para felicitar a la viuda a gritos. La pobre mujer sufre un ataque mortal. Si algunos consideran la lotería el opio del pueblo, otros, drásticamente escépticos, la califican de impuesto de los pobres, en lo cual se equivocan pues no sólo los pobres se permiten soñar con fe. Esta misma fe que llevó a la Iglesia a prohibir la lotería en distintas épocas, al considerarla una costumbre pagana. Lo que no le impidió autorizarla a comunidades religiosas necesitadas de fondos. Los orígenes de la lotería se remontan hacia 200 ac en China, durante la dinastía Han. En Roma, acompaña fiestas religiosas como las saturnales. En Europa aparece durante el Renacimiento: de Italia pasa a Francia bajo François i, quien necesita fondos para el Tesoro Real. Tolerada cuando no prohibida, la Pompadour la relanza para financiar la Escuela militar. Suprimida durante la Revolución, Napoleón la reinstala. En 1933, después del crack del ’29, se crea en Francia la Lotería Nacional. Hoy, los juegos de lotería se multiplican. Si la cola de fumadores disminuye, la de jugadores aumenta. La fe en la suerte debe ser, como el amor según Dante, una palanca que mueve al mundo. Supersticiosos, creyentes o escépticos, nadie escapa a las reglas del juego. Un coup de dés jamais n’abolira la hasard, escribió con clarividencia Stéphane Mallarmé l


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“EL ERROR ES UN DESTINO QUE SE ABRE” LOS OJOS DEL HERMANO ETERNO, DE STEFAN ZWEIG Glosa sobre un personaje de novela – Los ojos del hermano eterno, de Stefan Zweig (Viena 1881-Petrópolis, Brasil, 1942) que se plantea, como juez y antiguo guerrero, la imposibilidad real de la justicia, y su periplo físico y espiritual en la búsqueda de sí mismo a través de la impartición de justicia y la reflexión profunda que ésta le impone.

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omo toda obra valiosa, Los ojos del hermano eterno (1922) merece ser releída para encontrar en ella claves de enseñanza. Hoy en día, Virata, figura principal del relato, podría no entusiasmar tanto: nuestro héroe busca trascender la individualidad, vivir alejado de toda riqueza, ser útil pasando desapercibido. Virata personifica el negativo de aquellas representaciones hoy tan deseadas por algunos jóvenes: “celebridades” que actúan de forma espontánea, trivial e insensata, y que además les apremian los reflectores. Denodado y justo, templado y reflexivo, así es el protagonista del texto escrito por Stefan Zweig, Los ojos del hermano eterno. He aquí, a la luz de dos grandes, Joseph Campbell y Rene Guénon, de qué va el relato.

El fratricidio involuntario de Virata Virata vive en una paz frugal, posee valor y maneja las armas de modo insuperable; así le nombran: “Espada Centelleante.” Pero alguien cansado de subordinarse al rey Rajputa decide levantarse en armas con una hueste poderosa. Abatido, el soberano busca la protección de “Espada Centelleante”. Entre el soberano y Virata la deferencia es recíproca: el respeto que Virata le profesa al gobernante, éste se lo ha ganado siendo inflexible en sus decisiones y duro en sus sentencias, mas nunca injusto. Y es que el rey Rajputa es ignorado por quienes le consideran severo en demasía.

Alejandro Anaya Rosas ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

Mientras el vasto ejército duerme, el guerrero y unos pocos combatientes de igual coraje asaltan las tiendas de los sediciosos, dando muerte con la espada a gran número de hombres y recuperando las sagradas garzas blancas, efigies de la divinidad del reino. Mas una mórbida curiosidad mueve al héroe a ver los rostros de los yacentes, y entre ellos encuentra “a quien su madre había parido antes que a él”, Belangur. Virata se siente desolado: ha matado a su propio hermano. Dice Joseph Campbell: “El error puede significar un destino que se abre”; y pretender saber quién era ese prójimo, fue el impulso reprimido que delineó la aventura de nuestro héroe. Así, Virata transpondrá la vida propia, desaparecerá buscando el conocimiento profundo, pues sabe que cada uno de sus actos tiene consecuencias en quien le rodea. Los ojos del hermano muerto inauguran la posibilidad de un proceso de purificación en el héroe. El camino de pruebas de “iniciación” de Virata sigue su curso, su mundo se vuelve inestable y piensa que el equilibrio será restituido por medio de la equidad, mas no ya de su espada, símbolo universal de la justicia y la fuerza. Virata pide al rey que le quite de encima el peso brutal de ser guerrero. El soberano le vuelve juez, entonces el héroe administra la ley creyendo ser ecuánime. Así, el alma de Virata se restablece poco a poco, hasta que alguien rasga el manto de la serenidad que le cobija. El mismo héroe no es capaz de saber hasta qué punto “su justicia” puede llegar a ser arbitraria. Un homicida es quien exige a Virata informarse antes de otorgarle un castigo, averiguar primero las causas que llevaron al inculpado a ser asesino. Es más, pide valorar la atrocidad de los correctivos que el juez decreta. Airados y odiosos parecen los reclamos del reo, pero no podían ser de otra forma, pues éste representa un “heraldo”, y como tal es, volviendo a Campbell, “lo que el mundo juzga como el mal, pero si uno pudiera seguirlo, se abriría un camino a través de las paredes del día hacia la oscuridad”. El preso cumple su encomienda

Imagen de Revista literaria novelas y cuentos nº 1414, Los ojos del hermano eterno, Stefan Zweig, 1958

mítica: conduce a Virata al siguiente nivel de la travesía heroica. Si la sentencia para el asesino era pasar una Luna encerrado en la oscuridad de una atroz y profunda celda, desconectado de la sociedad, ahora será Virata quien sufra la penitencia: el juez debe aquilatar si las sanciones que impone son justas, empero, nadie puede enterarse. Confinado, Virata lucha contra los demonios que moran en el abismo de su alma y que le traen a su mente los ojos del hermano muerto. Después de una Luna, el héroe renacerá al mundo.

Autoaniquilación: el tercer nacimiento Virata sale de lo que Campbell denomina “el vientre de la ballena”, de un lugar axial, es decir, del “eje del mundo”. Sin embargo, su restauración, o iniciación, se lleva a cabo de forma tan profunda, que lo que muchos denotan como autoaniquilamiento, según Rene Guénon es, más bien, un “tercer nacimiento”, ya no al estado “psíquico”, sino al estado “espiritual”. Cerca está Virata de alcanzar la “absoluta plenitud, la realidad suprema ante la cual todo el resto no es más que ilusión”, y para ello no sólo se perderá del mundo: el mundo mismo debe olvidarlo. Abandonado de la sociedad, trasciende, y es entonces que el héroe consigue la gracia máxima, que es, en palabras de Guénon: “El fin supremo, el estado absolutamente incondicionado, liberado de toda limitación.” Dadas las actuales condiciones, cerramos el texto con la pregunta que, referente a la negativa del héroe a reintegrarse al mundo, Joseph Campbell hace: “¿Y quién podría decir que esta decisión carecía de razón?” l


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JAROSLAV HAŠEK

Y EL BUEN SOLDADO SCHWEJK

CONTRA EL STATU QUO DE LAS AUTORIDADES

A partir de Las aventuras del buen soldado Schwejk en la guerra mundial escrita entre 1921 y el 3 de enero de 1923, de Jaroslav Hašek (1883-1923), aquí se hace una espléndida reflexión sobre el caos generado y nutrido por la primera guerra mundial que, casi intacto y quizás más robusto que nunca, permea nuestro tiempo, encumbra la estulticia, condona los excesos del poder y despoja de significado al lenguaje.

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aroslav Hašek (1883-1923) es un epígono de la literatura europea. Lo es, como Kraus, por selección. Sin embargo, le falta la soberbia del vienés. Su obra se basa en la convicción de que hay algunas palabras que no pueden ser destruidas por los humanos, entre ellas se hallan la risa y la burla, dos fenómenos que la pluma del escritor checo convierte en armas que amenazan la vida de todas las autoridades, que apuntan a las jerarquías de nuestras instituciones políticas. En un episodio reciente de Last Week Tonight, John Oliver discute las consecuencias nefastas del “public shaming”, de difamaciones públicas a través de los medios de comunicación y redes sociales. Suelen ser desastrosas, como el comediante inglés lo ilustra con el caso de Monica Lewinsky. Pero el mismo Oliver vive de ese tipo de humillación, es decir: hay un dilema. Se resuelve si una investigación y un cuestionamiento concienzudos preceden al acto. En otras palabras: primero hay que saber que el atacado merece ser humillado, que de hecho es un cruel poderoso que inflige daño a la comunidad. Una vez asegurado e investigado el carácter deplorable de la víctima, la humillación acompañada por risa y burla se transforma en esa arma potente que Hašek, hace unos cien años, había empleado para suavizar la caída de la memoria hacia la primera guerra mundial. Deliro con una escena en la que Schwejk, la genial criatura del checo, se enfrenta a Donald Trump para fastidiarlo con una de sus historias interminables y revelar así la ignorancia del presidente magnate. Es posible que, en este contexto, John Oliver y otros comediantes políticos sean los Schwejk contemporáneos que se oponen con la risa a unas autoridades que carecen tanto de inteligencia, como de humor.

Schwekj, el buen soldado contestatario

Andreas Kurz ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

Schwejk figura a partir de 1911 en la obra de Hašek. Protagoniza una sátira teatral, varios cuentos y, en 1917, una primera versión de la novela. Las aventuras del buen soldado Schwejk en la guerra mundial se redactan entre 1921 y el 3 de enero de 1923, día del fallecimiento de Hašek, quien estaba debilitado por la tuberculosis contraída en la guerra y el abuso del alcohol, costumbre que data de muchos años antes de la contienda. Schwejk se populariza pronto en Checoslovaquia y otras naciones, entre ellas Rusia, Polonia, pero también Alemania y Austria. Sin embargo, su popularidad y, sobre todo, las versiones cinematográficas producidas en los años cincuenta, suavizan el carácter anárquico

y contestatario de la figura, carácter que, sin duda, comparte con su autor. Hay varios episodios autobiográficos en la novela que Hašek reparte entre sus alter ego: el mismo Schwejk y el voluntario Marek. Ellos revelan las pretensiones y la clarividencia lingüísticas de un autor y una obra que fueron criticados por su despreocupación formal y estilística. Nada más injusto que este reproche que, como Karl Kraus lo sabe, es la muletilla de una crítica inepta ante la literatura real y efectivamente popular, ante la literatura que habla un idioma que existe y opera. En Praga, antes de la guerra, Schwejk vive de un negocio con perros camuflados que Hašek había practicado alrededor de 1910. Es lucrativo. Perros callejeros abundan y con un poco de pintura cualquiera, chico o grande, se convierte en su equivalente de sangre pura: salchicha o gran danés. Sólo hay que pagar a un ladrón hábil si el perro tiene dueño. Además, se requieren los servicios baratos de un falsificador que pueda emitir el certificado de pedigrí. Los clientes se convierten en felices dueños de animales prestigiosos de cuya nobleza sanguínea algo ha de transmitirse a sus amos. Hay una clara alusión a las pretensiones de una burguesía checa que quiere ser noble, que imita a condes y barones austríacos y alemanes, que ocupa el papel del perro callejero pintado y despiojado. Hay también un ejemplo práctico del funcionamiento de una lengua violada por sus usuarios. Las palabras se vacían de su significado y cualquiera puede darles nuevos. Y cualquiera lo hace y el truco funciona y es fácil, hasta espanta su simpleza. Espanta aún más la ingenuidad de quienes escuchan los mensajes y los creen porque se trata de palabras, de signos infalibles. En alemán, ingenuo es traducible como blauäugig, de ojos azules. Los clientes preferidos de Schwejk son de ojos azules, pertenecen a una nobleza real o imaginaria que ama el engaño, que necesita creer las mentiras para poder arrastrar unos años más sus privilegios caducos, su superioridad ficticia, su propio delito de la violación lingüística que los guía hacia Isonzo, los Cárpatos y Verdun.

Marek y la zoología del engaño Marek, más sutil y consciente de su cinismo que Schwejk, es colaborador de una revista especializada en la fauna. Hašek había trabajado, antes de dedicarse a su negocio canino, como redactor de El Mundo de los Animales. Los paralelismos no se disfrazan con metáforas, es decir, Marek hace lo mismo, tal cual, que su autor. Ambos inventan nuevas especies, criaturas tan sensacionales como inexistentes. De Hašek se dice que llegó a descri-


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bir papagayos alcohólicos y dar consejos para la cría de hombres lobo. Marek se especializa en la invención de mezclas fantasiosas. Nada es imposible en el reino natural. ¿Por qué no cruzar un gato con una ardilla? ¿Por qué no ganarse algunas monedas con la descripción estrictamente científica del resultado final? Lectores hay, entre ellos biólogos renombrados, que mandan cartas en las que dudan de alguna u otra característica de la criatura descrita, mas no de su existencia. La creencia ciega en la palabra es necia, pasan meses antes de que algún lector sensato proteste contra las mentiras y geniales tonterías inventadas y propagadas por Hašek y Marek. Pero incluso la protesta es ridícula porque toma en serio la mentira, sigue creyendo en la operatividad del significado falso y no quiere aceptar que se trata sólo de una burla, una inmensa que revela el abuso de –diría Kraus– todos los que usan la lengua, de la lengua. Una burla trágica porque da un ejemplo práctico y tangible de cómo las palabras mal usadas, mal pronunciadas, generan realidades nuevas en las que hasta los lectores y escuchas clarividentes y oyentes creen, dado que protestan no contra la burla, sino contra el contenido que ésta había inventado. No sé si Kraus dio el ejemplo a Hašek o al revés, o quizás ambos detectaban, gracias a su pasión por el idioma, al mismo tiempo las amenazas del idioma. No importa el orden cronológico: Kraus, en 1908, escribió varias cartas a la Neue Freie Presse, el periódico que más odiaba. Tomó el papel de geólogo experimentado para inventar una teoría tan telúrica como metafísica sobre la naturaleza de los terremotos. Ni el medio ni sus lectores dudaron acerca de la autenticidad del científico y sus hipótesis. El mismo Kraus tuvo que revelar el fraude.

Hašek y la anarquía del lenguaje En su novela y con su figura (su doble), Hašek radicaliza la burla, le agrega elementos grotescos e hiperbólicos que se justifican por la realidad grotesca y exagerada de la primera guerra mundial. La estupidez, la que Kraus flagela desde la redacción de la Fackel, es decir, desde el Café que debería llamarse Kaffeehaus, celebra orgías y bacanales lejos y cerca del frente, lejos y cerca del enemigo y de la muerte heroica. Las jerarquías se invierten y esta inversión implica un desorden lingüístico anárquico. Los más brutos son orgullosos dueños de cargos políticos y militares altos, bien protegidos, por ende, de los peligros concretos de la guerra. Su idiotez cómica les salva la vida y garantiza el bienestar. Una pizca de inteligencia y un algo de ética y respeto

Las palabras se vacían de su significado y cualquiera puede darles nuevos. Y cualquiera lo hace y el truco funciona y es fácil, hasta espanta su simpleza.

ante el lenguaje son suficientes para que el infeliz se exponga al peligro, a la muerte y a la humillación que los imbéciles ejercen sobre los no tan imbéciles. No puede sorprender que el más inteligente e íntegro de todos, el buen soldado Schwejk, fuera declarado oficialmente idiota incurable por un gremio de médicos militares. Lo que está arriba, cae; lo de abajo se eleva; la bestialidad forma la base del éxito social y político de los humanos y, de paso, le permite la supervivencia en medio de la barbarie. No hay reglas en el mundo de la guerra, como no hay estructura ni conclusiones alcanzables en las historias eternas de Schwejk con las que se y nos explica el mundo. Sus narraciones no acaban porque nadie tiene paciencia suficiente para escucharlas hasta el final. La explicación se pierde. Schwejk se la guarda más allá del triste 3 de enero de 1923.

La idea de autoridad como confirmación del statu quo Esta revolución en el mundo de los valores, esta anarquía lingüística no pretende ser una escenografía del pensamiento nietzscheano. Los valores no se destruyen, las jerarquías no se tergiversan para crear un nuevo mundo. Al contrario: la anarquía de la novela, tanto la del lenguaje, como la de los valores, sólo es aparente, es decir, no es anarquía, sino la confirmación del status quo. Los estúpidos efectivamente gobiernan y las jerarquías altas se reservan para los idiotas. Al mismo tiempo, la verdadera inteligencia es declarada retrasada mental incurable. Si no fuera esto el status quo, no habría guerra. La lógica de Hašek y de su Schwejk es limpia y, agregamos, no sólo explica la existencia histórica del primero, sino también –¡pobre Schwejk!– la del segundo cataclismo del siglo xx. No en balde, todas las figuras de la novela del checo se basan en modelos reales, incluso éstas cuya

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ignorancia parece inverosímil y cuyo uso del lenguaje se halla a la altura del de un loro. La palabra autoridad, en este contexto, es la que más abusos sufre; a tal grado que el que escribe ahora se declara incapaz de definir el término. ¿Qué es autoridad? ¿Qué debería ser y a qué ha degenerado? El significado real de autoridad continúa, pero perdido o escondido o negado por los muchos usuarios de la palabra. La autoridad en la novela de Hašek equivale a violencia, ignorancia, arbitrariedad, cobardía, altanería, falta de empatía, ausencia de ideas. En resumen: un hoyo negro mental, intelectual y sentimental que, sin piedad, absorbe todo lo que se halla a su alrededor. Queda patente que autoridad no significa esto, pero que los abusarios del lenguaje, todos según Kraus, a lo largo de siglos le inventamos el significado al término. Ahora, en el mundo ficticio no tan ficticio de Schwejk, en las trincheras de la primera guerra mundial, encarcelados por ideologías huecas, atrapados en ideas e “ismos” carentes de sentido, convencidos de opiniones y prejuicios tan sádicos como irracionales, ahora el lenguaje se venga de nosotros y ni siquiera le pide la pluma a un Kraus para humillar y castigar a los que lo torturamos. Las historias de un pícaro moderno, un comerciante de perros falsificados e inventor de especies biológicas nuevas, son el instrumento del que el lenguaje se sirve para su venganza. ¡Vean, lean y descubran! Unos marchan a la guerra orgullosos y felices con sus canciones nacionales a punto de ser escupidas por gargantas no hechas para cantar. Otros van porque sí, porque el emperador, el rey, el presidente, el canciller lo exigen. Hay otros que, los pantalones ensuciados por el miedo, titubean, quieren desertar o regresar a sus familias. Pero siguen a los demás. Hay algunos que corren rápido. Se esconden. Los encuentran y fusilan. Los que se ven por ahí, inalcanzables ya, se entregan al enemigo. Luego descubren que el enemigo es igual que uno, igual de engañado, violado; cruel, tonto; miedoso, inseguro. A todos ellos, un soldado que oficialmente, firmado y sellado, es un idiota, les dice: “He ahí la autoridad que los manda a la mierda. Vean su cara deformada e imbécil. Escuchen sus palabras sin sentido. Observen sus movimientos torpes que precipitan todo a un abismo. ¡Vean y contéstenme! ¿Esta autoridad vale nuestras vidas?” Cien años después escuchamos la voz de Schwejk, clara y sonora. Nos habla desde un pasado que es nuestro presente. Nos permite contestar, formular un eco, reconstruir significados perdidos o callados y construir con conciencia nuestro día a día. ¿Lo hacemos? Seguimos siendo los “tebanos expertos” que Kraus quiso erradicar l


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JULIETA MARTÍNEZ SUÁREZ Un escritor mexicano llamado

Bruno Traven (A 50 AÑOS DE SU MUERTE) El autor de El tesoro de la Sierra Madre y La rebelión de los colgados fue sin duda una figura que osciló siempre entre la celebridad y el anonimato. De ciertos rasgos de su personalidad y sus primeros años en México nos habla la crónica que sigue a esta breve presentación, escrita por Julieta Martínez Suárez, sobrina de María de la Luz Martínez Hernández, con quien se casara el narrador en 1932, en Corpus Christi, Texas.

Antonio Soria |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

L

a leyenda en torno a Bruno Traven comienza desde su lugar de nacimiento: ubicado en Schwiebus, Alemania, se trata de una localidad que ya no existe, pues hoy no es otra que la actual Swiebodzin, en Polonia. Todos coinciden en el mes y año en que nació el autor de El tesoro de la Sierra Madre y La rebelión de los colgados: febrero de 1882. Empero, el mito vuelve a bifurcarse cuando se trata de su nombre: Otto Feige, Traven Torsvan, Hal Croves, Ret Marut… No falta quien sostenga que se trata de pseudónimos pronto desechados, ni tampoco quien afirme que el primer apelativo es el verdadero, y vayan las cursivas para indicar lo obvio: Bruno Traven, tantas veces con el nombre reducido a “b.”, fue quien decidió cómo llamarse, del mismo modo que eligió su nacionalidad: bien sea que haya visto la primera luz en Alemania o en Polonia, un día Traven decidió ser estadunidense. Es también sabido que

Traven contrajo nupcias con Rosa Elena Luján, su traductora, en la segunda mitad de la década de los cincuenta, doce años antes de su muerte acaecida el 26 de marzo de 1969, hace cincuenta años y pico. Lo que pocos saben, porque de eso escasamente se habla, es que ya cerca del final de una vida plagada de misterio y renuencia a ser pasto de la fama literaria, Bruno Traven se hizo mexicano. Pero no sólo eso, pues la voluntaria secrecía de su vida íntima mantuvo a la sombra la existencia de un primer matrimonio, igualmente con una mujer mexicana: quien escribiera Macario, La rosa blanca y la Canasta de cuentos mexicanos, se había casado con María de la Luz Martínez Hernández en 1932, en la ciudad de Corpus Christi, en Texas.

Recuerdo y figura del Míster La sombra bajo la cual Bruno Traven mantuvo su vida privada siempre estuvo amenazada por el natural asedio que, a nivel internacional, la prensa, así como el medio literario e incluso el cinematográfico, mantuvieron sobre la figura de este escritor que, de esta manera, experimentó una suerte de permanente ambivalencia: saberse célebre y quererse anónimo. La siguiente crónica revela una faceta poco o nada conocida de Traven, en la que se cuentan algunos de los primeros pasos dados y los iniciales años vividos en México y, de manera muy destacada, su relación con la citada María de la Luz Martínez Hernández. No se trata de una infidencia ni, mucho menos, de una especulación indemostrable que se sumaría a las innumerables que han rodeado, como un aura, la vida de Bruno Traven. El motivo es poderoso, pues la autora de la crónica es sobrina de María de la Luz: cercana a las ocho décadas de vida, Julieta Martínez Suárez ha querido compartir sus recuerdos, fotografías y documentos que acompañan a estas líneas, así como las imágenes que le trae la memoria, en donde la figura del Míster puede ser vista desde uno de sus flancos más personales y privados. Agradecemos Julieta Victoria, su sobrina, a su nieto Héctor –quien fue el primero en revelarnos este secreto–, y muy especialmente a la propia Julieta, este regalo brindado de manera absolutamente desinteresada, con el que conmemoramos de la mejor manera posible los cincuenta años de la desaparición física de Bruno Traven, ese magnífico escritor mexicano siempre rodeado por el mito y el misterio l María de la Luz Martínez y Bruno Traven. Foto cortesía de la familia.


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Mis recuerdos de B. Traven

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ara nosotros, siempre fue el Míster: así nos referimos a él, hasta la fecha, en la familia. El primer recuerdo que tengo suyo es en su casa de Acapulco, durante el bautizo de mi hermano Julio Francisco. Todos estábamos comiendo un rico pozole y él se acercó, curioso, a probar el platillo; después salió corriendo, muy alterado, por haberle puesto más picante de la cuenta. Para mí, él era simplemente el esposo de mi tía; no supe, hasta después, que era un escritor conocido. Me gustaban sus visitas a nuestra casa en la calle de doctor Valenzuela. Nunca voy a olvidar sus hermosos ojos azules, sus camisas a cuadros y lentes amarillos, ni los deliciosos caramelos con pasita que nos regalaba. Le debo a él la fortaleza de mis pulmones ya que, preocupado por mi salud, me traía varios frascos de aceite de hígado de bacalao que yo apuraba hasta la última gota, a pesar de su horrible sabor. Aunque no quisiera, llamaba la atención con su porte y su presencia magnética. Recuerdo cómo los chicos –traviesos incorregibles que siempre estaban jugando en el patio de nuestra privada– se detenían para dejarlo pasar sin que él tuviera que pedirlo; tal era la impresión que causaba en las personas. Con la que le gustaba mucho platicar era con mi abuelita Eloísa, quien le contaba interesantes historias. A mí me encantaba acompañar a mi tía a las diversas actividades que realizaba cuando venía de Acapulco y estaba de visita con nosotros: al panteón a visitar la tumba de la señorita Esperanza López Mateos, al Café Campoamor (Bolívar 38) a buscar al escritor que solía pasar algunas

Julieta Martínez Suárez |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

tardes allí, a la oficina de correos dónde tenían su apartado postal (núm. 2529), así como a comprar alimento y vacunas para los animales. Como es de todos conocido, durante varios años la hermana de quien fuera presidente fungió como su traductora. Siempre amable y cariñosa con mi tía, que le estaba muy agradecida por haber guardado el anonimato del Mister, la señorita Esperanza mantuvo su secreto hasta el final, a pesar de las especulaciones que había alrededor.

La historia con María de la Luz Imagina una hermosa mujer mexicana, en toda su altura y elegancia, una mujer independiente y fuerte en los tardíos años veinte del siglo pasado. Así era mi tía María de la Luz Martínez Hernández. Desde la primera vez que se encontraron, algo floreció: un amor tan especial que ni la gran traición ni el dolor más profundo pudieron destruir. El primer encuentro, alrededor de 1930, fue en una academia para mujeres sobre la calle de San Juan de Letrán (hoy Eje Central Lázaro Cárdenas), adonde él fue a buscar una traductora para sus libros y donde mi tía estudiaba artesanía mexicana. Ella le causó tan gran impresión, que él buscó la manera de volver a verla. María era dueña de una tabaquería que estaba sobre la calle de Independencia y ahí la encontró. En poco tiempo se hicieron inseparables. Él se convirtió en su “Dulce”; ella, en su “Mujercita Mery Luz”. Mi tía lo acompañó en muchas de sus aventuras; fue de las primeras mujeres en México que usaron pantalones, para poder ir con él a la selva chiapaneca y a otros lugares apartados de la civilización. b. Traven amaba los lugares rústicos, salvajes y coloridos de México. Recuerdo una anécdota que mi padre contaba con cierta frecuencia, acerca del primer viaje que hicieron María y b. Traven: habían quedado

Izquierda: familia de María de la Luz. Derecha: María de la Luz. Abajo: Carta escrita por Traven a María. Fotos cortesía de la familia de María de la Luz.

de verse en la estación Colonia del ferrocarril en Ciudad de México. Él esperaba con ansias a que ella acudiera a la hora acordada, pero María de la Luz, fiel a su costumbre, llegó tarde y él no tuvo más remedio que partir sin ella; con lo que no contaba era con el arrojo de mi tía que, ni tarda ni perezosa, tomó un taxi y persiguió al tren hasta alcanzarlo dos estaciones después, para regocijo de el Mister, quien la recibió totalmente feliz. Ellos contrajeron matrimonio en la Ciudad de Corpus Christi, Texas, en el año de 1932 (no contamos con el acta de matrimonio porque ella personalmente la destruyó cuando se enteró de su traición). Las referencias que tenemos son una copia de la factura del automóvil –un Chevrolet de Luxe Spt. Coupé– que compraron para regresar a México ya casados, y fotos del mismo coche, tanto nuevo como ya muy deteriorado, en los terrenos de su casa de Acapulco.

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Izquierda: María de la Luz frente al Chevrolet de Luxe Spt. Coupé Derecha: Fotos tomadas por Traven. Abajo: acta de defunción de Traven.

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Al principio, vivieron en un departamento sobre la calle de Independencia, con sólo dos habitaciones: su alcoba matrimonial y otra que usaban como bodega y cuarto oscuro (la fotografía fue otra de sus pasiones). Luego se mudaron a la calle de Revillagigedo, también en el centro de la ciudad, y más adelante a Sonora casi esquina con Insurgentes, en la colonia Condesa. De ese espacio recuerdo que estaba adornado con varios tapetes de lana de colores muy mexicanos; los usaban como alfombra, pie de cama e incluso carpetas. Durante ese tiempo en la ciudad tuvieron descendencia, aunque, para su desconsuelo, los bebés murieron al poco tiempo de haber nacido. Para entender un poco la relación que tenían, recordemos que él era una persona que guardaba celosamente su anonimato y parecía estar todo el tiempo escondiéndose; salía primordialmente de noche y no se dejaba tomar fotos por nadie (son contadas las que existen de él). Por esa razón, mi

tía era su “brazo derecho”, la que hacía los trámites de todo tipo: lo relacionado con el banco y con las entregas del producto (nuez de ndia), que más adelante cultivaron en Acapulco; también se encargaba de los cobros y de la mayor parte de las compras. Todo esto consta en las varias cartas que conservamos en las que, con su máquina Remington y su español “a medias”, él le explicaba lo que era necesario hacer. En las mismas cartas podemos adivinar la complicidad que los unía, la preocupación de el Mister por su bienestar y salud. A pesar de que no era un hombre abiertamente cálido, la trató siempre con mucho cariño.

El Acapulco de Traven Con la intención de “cambiar de aires “y debido al amor que Traven sentía por el mar”, la pareja se fue a vivir a Acapulco. Compraron un terreno muy grande sobre la carretera hacia Pie de la Cuesta (Costa Grande núm. 901), del cual hay fotografías de cuando recién lo adquirieron, en las que se puede apreciar que casi no había vegetación; ellos trabajaron mucho para convertirlo en un vergel, en donde cultivaban algunos frutos como mangos, limones, nanche y nuez de India. La nuez de India fue la única que lograron vender, a Sanborns, en cantidades importantes. Recuerdo haber acompañado a mi madre en algunas ocasiones al centro para hacer entregas en el Sanborns de los Azulejos. Otra cosa que caracterizaba a b. Traven era su gran amor por los animales. En el terreno tenían gallinas finas, gansos, un chivo llamado Feito, varias guacamayas –una se llamaba Julieta, como yo–, iguanas, su loro consentido, Henry, que imitaba la voz de María de la Luz a la perfección, puercos, conejos, y también llegaron a tener alrededor de veinticinco perros (Blanquita, Nebraska, Bobby, Akela, Tila). En algunas cartas habla sobre los animalitos, su alimento, vacunas y las adecuaciones necesarias para los espacios donde vivían. b. Traven tenía tres trabajadores de confianza: Salvador y Efraín Oseguera y Epifanio Antunes, que lo apoyaban en todas las labores; mi papá nos contó que en una ocasión estuvo a punto de darle un infarto por la frustración y el coraje que hizo cuando uno de ellos mató a un colibrí con una resortera.

Naturalizado mexicano Por su carácter reservado y cauteloso confiaba en muy pocas personas; mi padre era una de ellas.

Como mencioné anteriormente, era su abogado y le apoyaba en sus asuntos importantes. Alrededor de 1950, Traven decidió que necesitaba obtener la nacionalidad mexicana, pero no deseaba presentarse ante las autoridades para hacer el trámite, como es indispensable, y encargó a mi papá esta difícil labor. Le dijo: “No quiero presentarme a ninguna audiencia ni trámite alguno, Julio, usted tiene que ayudarme.” Mi papá argumentó ante la sre que los libros y películas del escritor habían contribuido a la difusión de México alrededor del mundo y, gracias a un gran esfuerzo, por fin, en septiembre de 1951, mi padre consiguió que el Estado Mexicano le otorgara la carta de naturalización.

Entonces, ¿por qué traicionó a María? Es una pregunta que hasta la fecha me hago y que no tuvo ni tendrá respuesta. Mi tía nunca lo entendió, sólo sintió un dolor que puso a su corazón en carne viva y un golpe del que jamás se recuperó. A partir de ese terrible evento, y hasta el final de sus días, mi tía sólo fue una sombra de la mujer que siempre había sido. Él era su razón de existir y, cuando partió, ella se derrumbó. Pudo haberlo perjudicado de diversas maneras (simplemente descubriendo su anonimato); pero por encima de su dolor de mujer estuvo siempre su amor y su lealtad. En el año de 1955 –como consta en unas fotos que ella le envió–, él la convenció de que se fuera a Estados Unidos a perfeccionar su inglés, para que pudiera hacer de su traductora, ya que la señorita Esperanza López Mateos había fallecido en 1951. María de la Luz estuvo estudiando alrededor de un año en Mississippi, Estados Unidos. Cuando regresó, su esposo la envió fuera de nuevo, esta vez a Europa, y de nuevo le dijo que para practicar su inglés. Cuando mi tía volvió del viaje, descubrió que él se había ido con otra mujer… Sin embargo, como consta en las cartas que conservamos, después de un período de alejamiento y duelo profundo, volvieron a tener contacto y mantuvieron siempre una relación de cariño. Todavía una semana antes morir, él acudió a nuestra casa donde mi hermano Julio Francisco lo recibió y le dijo que tenía algo importante que tratar con mi padre. Desafortunadamente, mi papá estaba trabajando y nunca pudieron hablar. Unos días después, el 27 de marzo de hace cincuenta años, b. Traven murió y su imagen tan celosamente guardada fue expuesta a la opinión pública. En su testamento dispuso que al morir lo cremaran y la mitad de sus cenizas se le entregaran a mi padre, el licenciado Julio Martínez Hernández, para llevarlas a Acapulco. A pesar de todo, el misterio alrededor de su vida siempre existirá l Con la colaboración especial de Karla Mercado Victoria.


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LOS PASOS EN LA SENDA DEL PEREGRINO Hugo Gutiérrez Vega

El viajero que solía volver. Aproximaciones críticas a Hugo Gutiérrez Vega, Marco Antonio Campos (compilador), Universidad de Guadalajara, México, 2019.

Julio Vallejo ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

DE ACUERDO CON un conocido adagio popular, “no hay plazo que no se cumpla”, y aplica muy adecuadamente a la aparición de este volumen colectivo, emanado de un gran esfuerzo editorial pero, sobre todo, fruto de la generosidad, la paciencia y el tesón de Marco Antonio Campos, no sólo compilador de los textos que lo integran sino asimismo gestor y, valga el neologismo, insistidor gracias al cual el proyecto no acabó naufragando, lo que habría sido un auténtico y gran oprobio para la jalisciense udeg, universidad albergadora de la Cátedra Hugo Gutiérrez Vega, sobre todo si se toma en cuenta que el bien querido Hugo dejó físicamente este mundo hace ya cuatro años, contados desde el 25 de septiembre de 2015. Para fortuna de todos, el libro es ya una realidad en cuyas páginas está reunida buena cantidad de las múltiples facetas del viajero incansable que fue y será el autor de Cuando el placer termine, Georgetown blues, Cantos del despotado de Morea, Bazar de asombros y Lecturas, navegaciones y naufragios, entre decenas de títulos lo mismo de poesía que de ensayo. Además del poeta y prosista, se habla aquí del periodista cultural, el hombre de teatro, el diplomático, el oriundo jalisciense orgulloso de su origen… y, visto en conjunto el panorama, del amigo leal, el hombre íntegro, “bueno en el buen sentido de la palabra”, como él tanto gustaba decir de las personas que más apreciaba. Los autores convocados, en orden estricto de aparición, son Jorge Souza Jauffred, Rafael Alberti, Juan Gelman, Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis, Guillermo García Oropeza, Fernando Curiel, Evodio Escalante, Francisco Hernández, Marco Antonio Campos, Eduardo Hurtado, Víctor Manuel Cárdenas, Leandro Arellano, León Guillermo Gutiérrez, Pedro Serrano, José María Espinasa, José Ángel Leyva, Juan Domingo Argüelles, Carmen Villoro, Guillermo Vega Zaragoza, Luis Tovar, Jorge Moch y Alonso Arreola. Veintitrés autores, e igual de válido sería decir veintitrés deudores, de

un modo u otro, de la generosidad ilimitada que siempre caracterizó a Gutiérrez Vega –con Alberti, el primero de todos, en sentido inverso: el poema que abre este libro es el mismo que abre Buscado amor, el libro inaugural de hgv, y con Juan Gelman, autor del segundo poema incluido aquí, en sentido de reciprocidad en tanto a Hugo y a Juan los unió el amor a la poesía y el amor humano en el sentido más amplio. Escribe Elena Poniatowska: “Me basta con abrir Peregrinaciones. Poesía reunida (1965-1999) para que su amor [el de Hugo y Lucinda, su pareja de siempre y en todo] me caiga encima como una lluvia bienhechora”, y uno sabe que eso mismo le sucede a todos aquellos que lo han leído con la atención debida, pero sobre todo con el clima espiritual idóneo para aprehender cabalmente el sentido último de la palabra poética de hgv, ésa que Marco Antonio Campos, también poeta por supuesto, conoce y entiende a la perfección. Cierren estas líneas con una cita, por fuerza un tanto extensa en tanto inmejorable, precisamente a cargo de Marco Antonio Campos, a propósito de quién fue y es Hugo, así como en qué consiste y cuál es el cometido principal de esta compilación: “Hugo Gutiérrez Vega fue una de nuestras figuras literarias más queribles. Infatigable viajero, nunca se sintió ajeno en ninguna parte. Mucho de su paso por la tierra se encuentra en sus poemas, a los que no en balde, cuando los reunió en un solo tomo, tituló Peregrinaciones. Su poesía, libre de todo adorno, escrita con las palabras de todos los días, es una flecha que atraviesa directamente el corazón. “Conversador amenísimo, con una memoria oceánica, era un deleite hablar con él de poesía, literatura, teatro, cine y de instantes vividos en pueblos y ciudades del mundo. […] “Este libro reúne ensayos, crítica, poemas, una pequeña obra de teatro, una entrevista y páginas de recuerdos sobre una figura mayor de la poesía mexicana del siglo xx.”


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UNA NOVELA EN BUSCA DEL PADRE Todos mis padres, Fernando Yacamán, Ediciones Periféricas, México, 2019.

Roberto Feregrino ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

SEGÚN LUIS MARIO Schneider, la primera novela con temática gay en México fue El diario de José Toledo (1964), de Miguel Barbachano Ponce —el mismo año que se publicó La tumba, de José Agustín— a la que le siguió Después de todo (1969), de José Ceballos Maldonado y, años más tarde, Luis Zapata publicaría El vampiro de la Colonia Roma (1979); es decir, la década de los sesenta fue importantísima, no sólo en los grandes cenáculos donde se movían Fernando del Paso, Juan García Ponce o

Sergio Pitol, sino también debido al destape de una generación preocupada por el sexo, las drogas y el rock and roll. Margo Glantz fue quien bautizó como movimiento de la Onda a un grupo de jóvenes escritores cuyo objetivo “pretende ser en el fondo una narrativa de ruptura”. Sin embargo —continúa Glanz en “Onda y escritura: jóvenes de 20 a 33”—, “crea a fin de cuentas un terreno nuevo en el que deberá surgir de verdad la gran novela mexicana”, y en dicho movimiento incluye a Gustavo Sainz, Parménides García Saldaña, Juan Tovar, Héctor Manjarrez y José Agustín, entre otros, cuyos personajes se movían en diferentes zonas de Ciudad de México: Condesa, Roma, Del Valle, Narvarte y la Zona Rosa, donde realizaban sus andanzas y devaneos de chavos de onda contra la “momiza”, la “tira” o los “rucos”. Fernando Yacamán (df 1985) acaba de publicar Todos mis padres, que le valió el primer Premio Siníndice de Novela (La Rioja, España) y narra la búsqueda de la figura paterna —por parte de Luis Habib, el protagonista—, la cual ha tenido que construir con los retazos de recuerdos que le quedan de él y unos más contados por su madre, Sofía. Luis nació justo el día del terremoto de 1985, lo cual será significativo para la historia, porque todo es inestabilidad en su vida, una suerte de temblor constante que se acentúa con todos los hombres que le rodean, porque, digámoslo de una vez, Luis es gay. La narración, también hay que decirlo, está finamente trabajada en lo concerniente al uso del pasado y el presente con la filigrana propia de un escritor consolidado. Todos mis padres tiene trece capítulos —¿superstición?— señalados con una sola palabra, la cual delata contundencia para el devenir de cada uno. Luis será atacado por su sexualidad, catalogado como promiscuo, putita o, en el mejor de los casos, como un enfermo que pronto se curará de ese mal. La carencia paterna la irá llenando con diversos hombres que le demuestran su afecto “chupándole el pito” o “desgarrándole el culo”: Mateo (El Centauro), Santiago y Sebas-

tián, serán acaso los más importantes en su vida; Centauro, por ejemplo, le conminará en diversas ocasiones a que busque a su padre porque, si no, se arrepentirá. Algunos hombres los busca él por medio de Grindr —una aplicación gay— y otros su madre, para fungir como imagen paterna. Aunque la historia se centra en Luis, la soledad de Sofía es evidente, no parece encontrar con quién compartir su vida: ni con Eugenio, un “gordo de cabello chino” al que Luis apoda el Búfalo, que no hace otra cosa que llevarle cajitas felices de McDonald’s los fines de semana, entrar al baño y encerrarse en el cuarto de Sofía; ni con Julio, un contador de Pemex que los invitaba al cine, al parque y enseñó a dividir a su hijo, pero de un momento a otro eso se terminó y nunca más volvieron a saber de él, aunque lo esperaban todas las tardes. Mucho menos con Vicente —su jefe— o Howard, un gringo viejo al que conoce por internet y la trata mal, pero es lo que hay, no habrá otro tren y tiene que apechugar con tal de no quedarse sola. Luis convivió con todos ellos (y con los amantes que tiene en su haber y a los que incluye en una libreta roja donde anota nombres, dibuja “el tamaño de la verga y estrellas dependiendo de la calidad de su cogida, […] su edad y número de contacto”), y son ellos quienes conformarán a este personaje en búsqueda constante de sí mismo mediante los demás, hasta el momento en que se mira a través de los ojos de su padre y comprende el dolor que lo habita: “Su rostro era mi rostro. Mi padre era un espejo”, dice el narrador al enfrentarse a él por última vez. Fernando Yacamán nos regala constantes referencias a la música, nos sitúa en el Centro Histórico, en la Roma, haciéndonos pensar en aquellos albores de la literatura gay y el movimiento de la Onda, no como una copia, sino como una búsqueda constante del ser relegado, de una manera decorosa, confirmando que Margo Glanz no se equivocaba en sus apuntes sobre el terreno de la novela, fincado en la década de los sesentas por un grupo de jóvenes entusiastas 

EN NUESTRO PRÓXIMO NÚMERO

Muertes, desgracias e ilusiones: el itinerario creativo de

PETER HANDKE


Arte y pensamiento

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Las rayas de la cebra/ Verónica Murguía

La otra escena/ Miguel Ángel Quemain

Bienvenida Tomasa

Convergencia, teatro y discapacidad en 17 estudios críticos

PARA REFUTAR la afirmación presidencial que ha dictaminado que a los artistas, en este caso los escritores, les “hace falta baño de pueblo”, sólo hay que hojear el catálogo de las editoriales mexicanas. Casi todos los narradores de este país, hombres y mujeres –aquí se podría intercalar una lista larga, pero sólo nombraré a Fernanda Melchor, a Yuri Herrera y Antonio Ortuño–, se han preocupado por denunciar, contar o explicar las razones y sinrazones de la violencia que nos desgarra; una violencia, hay que decirlo, que se ha ensañado con todos, pero especialmente con los pobres. Naturalmente, los lectores están ávidos de entender, pero también fatigados por la ubicuidad del dolor y la muerte. Por eso se agradece una novela como Adiós, Tomasa, de Geney Beltrán Félix, una narración que hilvana las vidas de los habitantes del pequeño poblado de Chapotán, en Durango: un lugar remoto con nulas oportunidades para la educación, donde el narco no es glamour, sino la vía para sobrevivir sin dejar la salud en la milpa. Beltrán Félix apostó en Adiós, Tomasa por un lenguaje abundante en regionalismos, que se mezclan de forma fluida con un castellano rico en giros coloquiales, y por contar la historia desde el punto de vista de un niño, Flavio. No se arredra ante las dificultades que esto implica: en un capítulo memorable cuenta, incluso, desde el punto de vista de Flavio cuando era bebé. Las descripciones de paisajes, comidas, personas; la cadencia, los cambios de perspectiva hacen de la novela un texto lleno de ideas e imágenes, pero el ritmo es tan natural que el lector sólo se da cuenta de la cantidad de recursos usados por el autor cuando se detiene a pensar o releer por puro placer. El universo emocional de los protagonistas es, también, retratado con precisión, incluyendo sueños y sensaciones, ideas, intuiciones y culpas. Esto, con Chapotán como escenario, éste sí, pintado con trazos realistas y sin adornos. Beltrán Félix ha encontrado un método propio para escribir esta ardua reconciliación con la infancia, tan norteña, que la magdalena proustiana es una gordita: “Puede que en mi vejez olvide muchas cosas; nunca olvidaré el sabor de las gorditas que hacía mi madre”, dice el narrador. Flavio es el menor de la familia Carrasco, una de tantas en Chapotán que intenta evitar inmiscuirse en El negocio y que adopta a una muchacha hermosa y dócil llamada Tomasa. La anécdota se puede resumir en la triste ecuación que cifra tantas angustias: muchacha hermosa más hombres machos armados y autoridad corrupta, igual a muerte y ausencia. Pero esta novela es mucho más que la suma que nos desvela: Beltrán Félix ha creado en Flavio y su familia, incluyendo al padre mujeriego y violento, a un puñado de seres humanos creíbles. Chapotán, una prisión con algunas bellezas como el río o la huerta de los Carrasco, es un lugar donde el machismo reina, de tal manera, que es imposible que se juegue futbol americano porque los hombres “no se agachan con la cola al aire”; donde los varones no lloran, pase lo que pase; donde un grupo de muchachos que bebe cerveza puede convertirse en motivo de alarma, en presagio de muerte. Las mujeres no son casi nada en Chapotán, pero son casi todo en la novela. Aquí es donde la originalidad de Beltrán Félix es más evidente: en lugar de regodearse en las humillaciones y dolores, decidió mostrar la resistencia, la terca capacidad de la madre, de la nana, la de Tomasa –la víctima–, para crear belleza en un mundo donde toda poesía es prescindible. Se dice, con razón, que la historia la cuentan los vencedores. ¿Quién contará la historia de este México, donde casi todos somos los vencidos? ¿Cómo contar la historia ajena sin apropiarse de su voz y su desgracia? Quizás la decisión de que la historia fuera contada por el niño más frágil, el menos apto para seguir los pasos rencorosos de los violentos, sea la más sabia posible  Geney Beltrán Félix

EL TERCER ENCUENTRO de Estudios Críticos del Teatro, con el tema: Cuerpos indóciles en escena: teatro, “discapacidad” y enfermedad, organizado por Beatriz Miranda y Fernanda del Monte, es un conjunto de experiencias que buscan –a través de mesas de reflexión, conferencias, talleres, puestas en escena y performances– promover una visión del cuerpo y sus avatares, desde la enfermedad hasta la muerte, de la discapacidad a la despatologización y desmedicalización de “una anormalidad”, mostrar los velos y develamientos del vínculo arte-cuerpo, discapacidad y enfermedad, así como el lugar de las artes plásticas en este universo. Benjamín Mayer, fundador y promotor fundamental de diecisiete estudios críticos, ha logrado trenzar, de una manera muy creativa y de alto compromiso intelectual, los puntos en común entre disciplinas y maneras de pensar y permitir la expresión académica, organizada en exigentes y rigurosos postgrados, cursos, asesorías, talleres, conferencias, cursos, diplomados y seminarios. Este encuentro es resultado de una comunicación fecunda entre Estudios Críticos del Teatro, Estudios Críticos de la Discapacidad y las disciplinas de los estudios críticos que van de la filosofía a la antropología y el psicoanálisis. Durante tres días, del 23 al 25 de octubre, se discutirán varios temas que preocupan y obseden a toda una red de investigadores de las artes escénicas que han encontrado respuestas muy positivas a sus preocupaciones en la conformación de una red mucho más abierta y receptiva que sus propias instituciones académicas. Es muy interesante el programa que ofrecen, aunque siempre es deseable que estas iniciativas sean capaces de recuperar la propia historia de las búsquedas mexicanas y, claro, latinoamericanas, siempre tan atomizadas. Las operaciones sobre lo corporal también deberían tomar en cuenta las disciplinas militarizadas de algunos estilos dancísticos, corrientes, escuelas, que han acabado con los tobillos, la cadera y las rodillas de sus intérpretes, desde las laureadas técnicas de ballet ruso, estricto y agotador,

Benjamín Mayer

hasta la rigurosa técnica Graham y sus dolorosos derivados. Algún instructor de esa escuela me dijo alguna vez que las mexicanas eran muy rodillonas. Y le pregunté si había remedio. Me dijo que sí, que habría que cortárselas y que la articulación se venciera hacia atrás. Para la mayoría de las escuelas, la originalidad consiste en ofrecerle un corsé al cuerpo, que lo haga moverse distinto al de los demás. Esa originalidad puede dar como resultado un molde, un bello producto en serie como el que manufacturan las grandes compañías de danza y teatro en el mundo. Pero lo que hace muy importante este encuentro es que las ideas de Benjamín Mayer sobre la heterogeneidad, sobre el desmontaje de las ficciones sobre la normalidad, han introducido una reflexión sobre el cuerpo, su medicalización, su aislamiento desde la mirada teórica sobre las artes, en este caso sobre el teatro, la teatralidad y lo escénico, que sumen lo transfronterizo. El programa es interesante, cargado de gente joven que está empezando a reflexionar con lucidez, comprometida con estos temas, muy vinculados a las experiencias en sus propios lugares de origen, aunque todavía evidencian poco trabajo de reconstrucción histórica y escasa indagación en las historias de cada compañía. Los estudios de caso son muy importantes; todos se sostienen en lo local, en lo que desde cada espacio preciso se puede hacer con lo que se cuenta. El testimonio, el registro de lo diario es lo que se puede conseguir para enriquecer la observación y compartir los logros. Eso está pendiente, aunque el formato del taller permite que estos caminos que se desbrozan se conviertan un día en un mapa con sus coordenadas precisas. Hay que asomarse al programa e inscribirse en la siguiente liga: https://17edu.org/iii-encuentro-de-estudios-criticos-del-teatro/ 


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20 de octubre de 2019 // Número 1285

Arte y pensamiento

Galería/ Saúl Toledo Ramos

Un retrato de Edgar Allan Poe EN 1829, Niepce y Daguerre unieron sus talentos para desarrollar un sistema que fijara imágenes a partir de la impresión de luz en una placa, cuyo componente principal era la plata, misma que al pasar por un proceso químico ofrecía retratos y paisajes de una calidad nunca antes vista. Las primeras pruebas del daguerrotipo, como llamaron a su invento, llegaron a Estados Unidos hace 180 años, cuando Edgar Allan Poe andaba por su tercer década (el 19 de enero pasado se celebró el 210 aniversario de su nacimiento). La coincidencia en esas fechas provocó que el bardo originario de Boston, Massachusetts, fuera en varias ocasiones motivo frente a la lente de aquella caja oscura. La estampa de Poe ante nosotros, capturada en aquellos años, deja ver un rostro sereno, de frente amplia, mentón delicado y labios delgados, el superior casi completamente cubierto por un tupido bigote, y la boca un poco torcida hacia la izquierda; el pelo crecido y no bien peinado indica que su poseedor no era dado a las frivolidades. Se le ve una camisa blanca con cuello de paloma, sujeto con una antigua corbata, de las llamadas cravat, de moda en esos tiempos. Sobre los hombros lleva un abrigo oscuro, cuyo último botón está preso en el ojal correspondiente. Lo que más llama la atención, sin embargo, son los ojos, que nos ven de frente y son dueños de una mirada triste y cargada de una trágica emoción. “El espejo refleja el rostro, los ojos revelan la personalidad”, se lee en la escritura; los de Poe son transparentes y melancólicos, pero capaces de ahondar en las inescrutables profundidades del alma humana.

Edgar Allan Poe vivió poco más de cuarenta de edad, y su muerte alcanzó 170 años el pasado 7 de octubre. Para festejar tales aniversarios -el de su natalicio y el de su muerte- los que saben han hablado mucho del escritor: revolucionó la manera de abordar el relato corto; le dio una dimensión diferente a la literatura de terror y de misterio y hasta la policíaca, y aportó una serie de poemas, como el celebérrimo “El Cuervo”. Además, según su experiencia, legó siete consejos para bien escribir –escribir, no redactar, como decía Sergio Pitol- cuentos y poemas. Todomundo sostiene que el autor era un genio y sus obras son elaboraciones de una mente portentosa y lúcida. Finalmente, para redondear la información y adentrándonos un tanto en lo morboso y el escándalo, del que nunca son ajenas las grandes personalidades, se ha recordado que, con cierta perversidad incestuosa, Poe contrajo nupcias con una prima suya de únicamente trece años de edad, con quien compartió escasos meses, ya que ella falleció pronto. Que era afecto a beber alcohol y tenía aprecio por ciertas drogas, cuyo consumo, quizá, influyó en su muerte prematura. Tanta ligereza disfrazada de panegírico fue y será recordada durante estas fechas. Para no repetir más datos biográficos, que ya se han reiterado ad nauseam, sólo queda decir que este autor, estadunidense universal, es buen ejemplo de cómo, en muchas ocasiones, la vida no da tregua, lo tira y lo humilla a uno. A pesar del talento del demiurgo, de que cobró cierta popularidad por el estilo único con el que confeccionaba sus obras, y de que buscó denodadamente vivir de su labor como periodista y escritor, la mayor parte de su paso por este mundo estuvo contra la pared; la alternativa se le negó. Por sus obras, sin importar la magnitud, el artista recibió nada más que un puñado de billetes y monedas de escasa denominación, por no decir limosnas, mientras otros hicieron fortuna con ellas. Su mirada sencilla, pero ciertamente perturbadora, cae sobre nosotros. Nunca en vida se le dio el reconocimiento que merecía. ¿Cuál sería la opinión de Poe al saber que, sin importar la lejanía de su desaparición física, sus escritos se mantienen vigentes? Tendría que suceder una catástrofe absolutamente inimaginable para que quedaran en el olvido  Edgar Allan Poe

Después de la muerte de un bebé quemado vivo Nikos Fokás Dentro en esta habitación oscura Cerré las puertas, las ventanas, las grietas Para que no entre incertidumbre Para que no entre la que corta flores en el jardín. Con nuestra carne preciada como sueño –Juntos y quietos los miembros– tendidos En la sombra interminable y profunda de una mujer No sentimos a los demás –es aire No sentimos nuestra propia muerte– Es alguien más. Dentro de esta oscura y amplia habitación Hace años torturan a alguien. Juegan con sus sentidos frente a su alma. Mañana y tarde, mañana y tarde. Hablo de la luna, su pecho, el mar Las luces de las aguas desde la ciudad. Se fatiga el alma frente a todo eso Sin saber qué debe hacer. Hace años que lucha por una acción verdadera... Tú que me torturas Dale fuego a mis miembros Dale a mi cuerpo el martirio (tú que quemas a los bebés). Tú que quemas a los bebés Muestra también a mí tu maldad Sin rodeos. (1956-1962) Nikos Fokás (Cefalonia, 1927) estudió Historia y Arqueología en la Universidad de Atenas y alemán en la Universidad de Munich. Junto con Eleni Blajo editó el boletín Doric News, de resistencia contra de la dictadura de los coroneles (1972-1973). Es autor de alrededor de catorce libros de poesía, la mayoría de ellos incluidos en los volúmenes Poesía reunida: 1954-2000 y Tema libre: poemas en prosa (2005), y ha traducido al griego a Robert Frost, Gustave Flaubert, Thomas de Quincy y Thomas Hardy, entre otros. La crítica lo ubica en la Primera Generación de Postguerra, junto con Nanos Valaoritis (1921) y Héctor Kaknavatos (1920). Véase La Jornada Semanal, núm. 1227, 9 /ix/ 2018. Versión de Francisco Torres Córdova


Arte y pensamiento

LA JORNADA SEMANAL 20 de octubre de 2019 // Número 1285

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Cinexcusas/ Luis Tovar @luistovars

Voz fílmica femenina The Cure

Bemol sostenido/ Alonso Arreola @LabAlonso

Viva The Cure LLEGANDO AL FORO SOL nuestra pareja hacía preguntas sobre porcentajes, cobros, garantías, mercancías y todo lo que suma ganancias a un grupo con la altura y trayectoria de The Cure. Como pudimos le explicamos que ese nivel de negocios es muy particular, pues los músicos y sus representantes se llevan una tajada enorme del boletaje, al tiempo que están protegidos por fianzas y seguros. Además venden playeras y productos oficiales. Etcétera. O sea que la banda no pierde (acaso no gana tanto si las cosas salen mal). Esa posición de poder se obtiene tras años de éxitos. Quien más arriesga en tal ecuación es la empresa productora. Desde luego que la responsable de este concierto –la más conocida en Latinoamérica– se maneja con perspectivas “macro” y puede darse el lujo de perder dinero en algunos conciertos mientras otros –como éste de los comandados por Robert Smith– garanticen enormes dividendos. Ingresando a la zona conocida como General a, nos percatamos de que la asistencia será mayor a la usual. Las bandas abridoras que pudimos escuchar: Rey Pila y The Twilight Sad, cumplen con entrega. Ambas suenan bien y acometen con cariño la difícil empresa de pisar el escenario antes de las leyendas británicas. Ambas tienen cantantes con cualidades indiscutibles, aunque sus manierismos y estilos de pronto parezcan más estereotipados que originales. Esto les otorga carácter de clásicos, pero también los deja al borde de su distinción más íntima. De cualquier forma los aplaudimos como la mayoría de los presentes. Lo que sigue, empero, supera por mucho nuestra más adolescente expectativa. Treinta y seis canciones rasgan la noche, saltando caprichosamente de un disco a otro, trazando el camino para una aplanadora sentimental de inmensa generosidad. En el pecho se reacomodan recuerdos. En la cabeza resuenan vibraciones olvidadas. Tiempos de construcción visitan nuestras venas al tiempo que ella brinca y brinca y brinca sonriendo, agradeciendo su regreso a la preparatoria… cuando nos conocimos y pensábamos que el color negro y las botas grandes definían parte de nuestros días. Revisando la lista de canciones, una semana después, entendimos la historia que The Cure quería contarnos esa noche. Comenzaron cariñosamente con “Plainsong”, entonces le dijimos a ella: “Pictures of You”, “A Night Like This”, merecerían “Just One Kiss”. Ella respondió argumentando que “Lovesong” sería su “Last Dance” si tuviera “39”, pero que a sus cuarenta y cinco se impulsaría con “Burn”. Respondimos que el bajeo de “Fascination Street” es “Never Enough” y que le daríamos un “Push” hacia adelante, “In Between Days”, como si fuera “Just Like Heaven”. Ella cambió de ánimo y mirando la Luna susurró: “From the Edge of the Deep Green Sea”, yo “Want” (y tras un silencio)… “Play for Today”. Aceptamos sin pensarlo y así nos sumergimos en “A Forest”, “Primary” y terminamos sumándonos al “Shake Dog Shake” colectivo. A cielo transformado (luego de nubarrones pasajeros), ni los “Prayers for Rain” evitaron la hermosa “Disintegration”. Llegó así el primer encore, preámbulo para un “Lullaby” animalesco en el que sonaron “The Caterpillar” y “The Lovecats”. En ese punto estábamos “Hot Hot Hot!!!” y la invitamos a “The Walk” frente al puesto de chelas para prontamente gritarle “Let's Go to Bed”. Y es que, aun siendo martes, sabíamos que “Friday I'm in Love” si nos manteníamos “Close to Me”, preguntándonos “Why Can't I Be You?”. Así llegó el último descanso, antes de la despedida final: “Three Imaginary Boys”, porque “Boys Don't Cry” aunque nos la pasemos “Jumping Someone Else's Train”. Entonces sucedió: los súper señores remataron con “Grinding Halt”, “10:15 Saturday Night” y la muy brincolina “Killing an Arab”, causante de dos hot dogs derribados. Qué felices fuimos. Qué felices fueron. Cobrarán mucho y arriesgarán poco, pero esa categoría y entrega es propia sólo de quienes respetan el encuentro con lo sagrado. Gracias Robert. Gracias Simon. ¡Viva The Cure! Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos 

NACIDA EN GUADALAJARA a principios de la década de los setenta, Kenia Márquez egresó de la carrera de Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac, así como de guionismo en el Centro de Capacitación Cinematográfica. Su trayectoria fílmica es breve y sustanciosa: comenzó hace veintidós años con un memorable cortometraje de ficción titulado Cruz (1997), con guión de su autoría, en el que Damián Alcázar y Ana Ofelia Murguía hacen magnífica mancuerna. Tres años más tarde escribió y dirigió La mesa servida (2000), una vez más con Alcázar como protagonista, con el que ganó el premio al mejor cortometraje de comedia en el neoyorquino Shorts Internacional Film Festival. Poco más de un lustro después concluyó el multipremiado cortometraje Señas particulares (2006), antecedente directo y punto de partida dramático/ narrativo de su debut largometrajista, producido, escrito y dirigido por ella misma: Fecha de caducidad (2011), asimismo merecedor de gran número de reconocimientos en México y fuera del país. Tanto en sus tres cortometrajes como en su primer largoficción, la también exdirectora del Festival Internacional de Cine en Guadalajara demuestra ser una cineasta más bien orientada al humor negro, no sin ciertos tintes de fascinación por las atmósferas derrotistas y decadentes: en los cuatro filmes referidos, el de Márquez es un universo de apocados, taciturnos, antisociales y otro tipo de inadaptados, cuyas vidas y suertes parecen pender de los hilos de un destino inescrutable, incorregible y necesariamente cruel.

Un (buen) cambio de tono Tales antecedentes creativos dan pie a cierta sorpresa cuando uno se enfrenta al segundo largoficción de la igualmente directora y productora del documental El secreto de Candita (2001). Recién estrenado esta semana, a propósito de Asfixia (2018) hace un año y días se publicó lo siguiente en este mismo espacio: “Kenia Márquez dirige y coescribe con Alfonso Suárez Romero su segundo largometraje de ficción titulado

Asfixia

Asfixia, historia sencilla y bien contada que habla de un tipo peculiar de racismo: el que se da por prejuicios y estigmas pararraciales contra los albinos. Lo que padece Alma, la protagonista, es una triple marginación: albina, expresidiaria y mujer, no tiene nada fácil una reinserción social agravada por el hecho de que su expareja le impide ver a la hija que tuvieron en común.” La autora sigue siendo fiel al ámbito social en el que suele instalar una historia pero esta vez cambió, por cierto muy adecuadamente, el tono para contarla. No suelen ser los recursos habituales de la comedia negra la mejor elección dramática para generar empatía y solidaridad emocional con el personaje principal cuya vida está repleta de contratiempos cotidianos, súbitos inconvenientes, insuficiencias de origen, pequeñas injusticias, enormes vejaciones y, para rematar, una triple discriminación. Márquez, bien consciente de eso, se apartó de la zona creativa en la que tan bien se ha desenvuelto y se ciñó a las reglas simples y claras del drama, así como a un punto de vista narrativo sin digresiones ni distracciones para enfocarse casi de manera exclusiva en Alma (Johana Fragoso), su protagonista, víctima revictimizada numerosas ocasiones a lo largo del filme y, no obstante, perseverante en dos atributos que la definen: capacidad amorosa vertida en un sentido práctico y una entereza admirable frente a la crueldad ajena y las adversidades. El “casi” se debe, una vez más de manera muy adecuada, al vigor histriónico de Enrique Arreola, notable al darle un enorme peso específico en la trama a Clemente, un hombre hipocondríaco a quien Alma, capacitada como enfermera mientras estuvo reclusa, cuida por razones de estricta subsistencia económica, pero con quien logra establecer un vínculo afectivo determinante para la trama. Con sólo tres cortometrajes, un documental y dos largoficciones –además de otros trabajos fílmicos audiovisuales en los que ha participado con menor o mayor grado de responsabilidad–, Kenia Márquez demuestra ser una voz cinematográfica femenina sólida y propositiva como pocas 


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LA JORNADA SEMANAL 20 de octubre de de 2019 // Número 1285

Ensayo/ Anitzel Díaz

El Partenón de los libros de Marta Minujín: breve historia de la censura Documenta es una de las exposiciones de arte contemporáneo más importantes del mundo. Desde 1955 se lleva a cabo cada cinco años –originalmente, cada cuatro– en Kassel, Alemania, y dura cien días.

L

a historia de la censura del mundo se escribe con la ceniza de libros quemados. En mayo de 1933, más de 20 mil libros fueron destruidos en la Alemania nazi. En 2017, Marta Minujín, artista conceptual argentina, construyó un Partenón en Kassel, Alemania, con casi 70 mil libros para la exposición Documenta. Al finalizar el evento la pieza fue desmantelada y los libros donados a lectores. The Parthenon of Books, como se llama la instalación, se hace eco del templo griego y es una postura estética y visual contra la censura; una biblioteca ambulante. La pieza original fue concebida y construida en 1983, en Buenos Aires, al finalizar la dictadura militar. En ese momento fue la utopía

de la democracia en respuesta a la necesidad de la libre expresión de las ideas. Fue la solidez de la construcción con el pegamento de libros como vehículos del pensamiento. Para la pieza de Alemania (que se erigió en el parque Friedrichsplatz, donde fueron incinerados los libros en los años treinta) Minujín se asoció con la Universidad de Kassel y los profesores Nikola Roßbach y Florian Gassner para compilar una lista de libros actualmente prohibidos en varios lugares del mundo. Esos ejemplares fueron el soporte del Partenón. En esta ocasión, la premisa fue poner la cultura en el centro de la situación global. Una crítica bella, fuerte y original a los intentos por callar el murmullo de la historia. En la era de la hiperinformación, la instalación se levanta como un abstracto tangible. Hoy no se queman libros, pero sí se silencian palabras. Como es sabido, en 2015 doce periodistas fueron asesinados en las instalaciones del semanario satírico francés Charlie Hebdo. En México, uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo, tan sólo este último año han muerto quince periodistas. Desde 2000, la cifra ronda los 145 y no ha dejado de aumentar.

Aunque cada vez se democratiza más la libre expresión –las redes sociales han abierto el espacio para que todos seamos, si queremos, periodistas o escritores– todos censuramos. Normas sociales, estereotipos, nacionalidades… inscriben en nuestro bagaje cultural la censura. En países como China, Arabia Saudí, Irán o Egipto el uso de internet se restringe; el pensamiento se controla. Cuba apenas vislumbra un mundo sin censura. En México, en 1814, en aras de garantizar una mayor protección al incipiente periodismo, la Constitución de Apatzingán estableció que nadie podría prohibir a ningún ciudadano la libertad de hablar y manifestar sus opiniones mediante la imprenta. El gesto del arte contemporáneo es a veces percibido como invisible. Es cuestionado y anulado. Pero a veces es permanente  Fe de erratas En el número 1283 (6/x/2019) la imagen Araucaria de Xalapa, de Sebastián, fue erróneamente atribuida a Yvonne Domenge. Pedimos una disculpa a nuestros lectores.

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Suplemento Semanal editado por La Jornada: 10/20/2019

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