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Alemania

letra Y alma (II)

Teatro, joven poesía y nueva prosa en alemán • Las trenzas de Herta Müller

■ Suplemento Cultural de La Jornada ■ Domingo 4 de diciembre de 2011 ■ Núm. 874 ■ Directora General: Carmen Lira Saade ■ Director Fundador: Carlos Payán Velver


bazar de asombros CULTURA Y DIPLOMACIA ( II DE VII )

Con un ensayo sobre la Premio Nobel de Literatura Herta Müller, una breve crónica del mundo cultural alemán contemporáneo, un artículo sobre la presencia del teatro alemán en México y otro sobre la literatura alemana actual –escrito por Esther Andradi, a quien agradecemos su invaluable ayuda para la confección de este número–, así como una constelación de nuevos escritores en lengua alemana, tanto narradores como poetas –algunos de ellos nacidos en Polonia, en Suiza o en Austria–, completamos esta amplia mirada a las letras alemanas, que comenzó en el número anterior y concluye coincidiendo con el cierre de actividades de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, cuyo país invitado especial fue, precisamente, Alemania.

Comentarios y opiniones: jsemanal@jornada.com.mx

Marx afirmaba que “el arte es una dimensión esencial de lo humano”, y sostenía que para su realización plena era indispensable un clima de libertad y de respeto a las libertades del creador artístico. Para Thomas Mann, el arte libera al hombre de las servidumbres impuestas por la historia actuando como mediador, como una especie de demiurgo nietzscheano. Los seres humanos buscan su liberación por este medio e intentan acercarse a la divinidad o conseguir unos momentos de plena beatitud. Estas trascendentales funciones le otorgan al arte esa “dimensión esencial”, y aunque pertenece a una esfera distinta a la de la vida, precisamente por eso tiene una importancia fundamental en las existencias individuales y en el acontecer de las sociedades. A través de sus cambios y de su permanencia, de sus revoluciones y su carácter de valor estable, el arte se realiza en una historia a la que niega para afirmar los valores míticos. En él todo es ambiguo. No posee las tajantes certezas de la razón, pero la ayuda; no posee tampoco las simplistas recetas de la ideología, pero mejora la convivencia. Por eso es necesario insistir en la defensa humanista del arte y hacer la crítica de las atractivísimas, pero ya superadas, opciones esteticistas. No olvidemos el papel desempeñado por el esteticismo a ultranza en nuestro siglo. Walter Benjamin advirtió, con notable lucidez, que “la estetización de la política es común a todos los fascismos”. Si el arte es una provocación, una transgresión, una actitud belicosa frente a la vida (Buñuel decía que su película Un perro andaluz era una invitación al asesinato) y un enfrentamiento a las llamadas “buenas costumbres”, es normal que vaya delante de la sociedad y que mantenga con ella un permanente conflicto. El vello

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Hugo Gutiérrez Vega

púbico de los retratos de Modigliani, por ejemplo, provocó protestas y motines, así que no es extraño que al arte le resulte difícil y tormentosa la relación con los poderes políticos. De naturaleza delicada, requiere apoyo de las instancias políticas y sociales, pero no puede admitir que ese apoyo tenga el más mínimo asomo de formas de control o de censura. Por lo tanto, los gobiernos deben renunciar a controlarlo y a programarlo, pues al hacerlo lo único que logran es desnaturalizarlo y empobrecer a la sociedad. Recordemos el trágico ejemplo del llamado “realismo socialista” y los horrores perpetrados por los totalitarismos de todas las épocas. Si bien bajo ellos y a contracorriente, el arte ha seguido su camino y, en ocasiones, ha triunfado sobre las barreras impuestas por los mecanismos de control (se han dado, por otra parte, muchos casos de verdadera creación coincidentes con las pautas culturales de las ideologías dominantes), la regla general indica que requiere de un clima libérrimo para desarrollarse en plenitud. En este campo, México tiene, en los últimos años, buenas calificaciones, pues ha sabido mantener un amplio margen de libertades para la creación artística y la ha promovido y estimulado a través de programas que, generalmente, no tienen intenciones mediatizadoras. De ninguna manera intento soslayar los errores cometidos por quienes en México nos hemos dedicado a la difusión, promoción y enseñanza del arte desde las instancias estatales o universitarias, pero afirmar que las calificaciones de nuestro país en este campo son satisfactorias significa, simplemente, rendir culto a la verdad. (Continuará.) h

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Portada: Escultura en homenaje a los literatos alemanes, Bebelplatz, Berlín

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En el mar de la

Alia Lira Hartmann

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lgunas de las palabras que vienen a la mente a la hora de definir lo que, en cuanto a cultura, ocurre en Alemania, son “abundancia” e “inmensidad”. En efecto, aquí hay mucho, sucede mucho y se hace mucho, aunque para algunos ni ese mucho es demasiado. La política cultural se define en Alemania de manera independiente en cada uno de los dieciséis estados federados y, dentro de éstos, también los municipios funcionan de manera autónoma. Si un municipio tiene la suerte de contar en su territorio con alguna empresa próspera, recabará más impuestos y en las arcas habrá más recursos para desarrollar proyectos culturales. La iniciativa privada también cuenta con infinidad de fundaciones e instituciones propias, como plataformas culturales y de comunicación que hacen lo suyo. Son innumerables los festivales culturales de corte internacional que contemplan diversas disciplinas, repartidos por toda la geografía nacional. Integration sigue siendo la palabra favorita de los alemanes, lo cual revela que el pasado reciente y los horrores del nacionalsocialismo siguen ocupando espacios importantes en el imaginario colectivo. En nombre de la integración pretendida de los cerca de 7 millones de ciudadanos extranjeros que viven en este país (otros 7 son de origen extranjero) de casi 82 millones de habitantes, la política y los políticos alemanes ven a la cultura como un asunto relativamente cómodo. No existe, por ejemplo, un ministerio de cultura a nivel nacional; pareciera tratar de evitarse lo que podría ser considerado como una exaltación cultural nacionalista. De cualquier manera, la competencia cultural de Berlín como capital, que además es la ciudad más poblada en Alemania, sigue siendo el imán tanto para el alemán promedio como para quien viene de fuera. La inmensa oferta cultural invade de publicidad los espacios públicos.

POR EL OÍDO Se sigue y seguirá definiendo a Alemania como una nación musical. En nombre de los grandes músicos como Beethoven, Bach, Brahms, Händel, Strauss o Schumann se desarrollan infinidad de festivales clásicos y el número de agrupaciones orquestales suma ciento treinta. El referente más importante de la música de con-

cierto es la Filarmónica de Berlín, con el director estrella británico Sir Simon Rattle al frente des-

Gerhard Richter Foto: Shaun Curry

Sir Simon Rattle al frente de la Filarmónica de Berlín

cultura alemana de 2003. Desde hace dos años, seis cámaras de alta definición transmiten la última función del programa de la temporada por internet. La Filarmónica de Berlín desarrolla también una importante labor educativa con interesantes programas para atraer a los más jóvenes al mundo de la música clásica. No obstante, hay que resaltar que en este país la mayoría de las ciudades, por pequeñas que sean, cuentan con una escuela de música. Empero, son las escuelas superiores de música de Dresde, Colonia, Düsseldorf o Berlín las que atraen a un sinnúmero de estudiantes alemanes y extranjeros para formarse como instrumentistas, cantantes, directores de orquesta o pedagogos musicales. Únicamente los más dotados, consiguen alguna de las codiciadas plazas. Las Jornadas Musicales de Donaueschingen celebraron este año su noventa aniversario. Se trata del festival más antiguo dedicado a la música contemporánea. El Festival de Ópera de Bayreuth, la llamada meca de los wagnerianos, está consagrado a representar las óperas de Richard Wagner y se celebra desde 1876. Adquirir entradas para asistir a alguna de las representaciones puede implicar una espera de años.

POR LA VISTA La inmensidad del paisaje museístico alemán lo componen más de seiscientos museos de bellas artes. La isla de los museos en Berlín, con sus cinco recintos, fue declarada por la Unesco patrimonio cultural de la humanidad. La Documenta en Kassel se celebra cada cinco años durante 100 días; es considerada como la exposición de arte contemporáneo de mayor importancia mundial y constituye un espacio para la polémica sin fin. En la pasada edición en 2007, la estrella de la Documenta fue el cocinero español Ferrán Adriá. Se instaló en un pabellón su restaurante El Bulli, al que se ha llegado a considerar el

Pina Bausch

mejor del mundo. El debate devino sobre lo que se considera una disciplina artística fuera de espacios museísticos. El pintor Gerhard Richter, quizá el artista vivo más cotizado a nivel internacional, es desde luego uno de los artistas contemporáneos más importantes del mundo. Los antiguos vitrales de la catedral de Colonia han compartido espacio con una obra también vitral realizada por Richter, que habrá de quedar para la posteridad. El referente del cine es el Festival de Cine de Berlín, la Berlinale, el segundo evento cinematográfico más importante después de Cannes. Cerca de cuatrocientos filmes son proyectados cada año. En el Talent Campus de la Berlinale se invita a jóvenes cineastas de todo el mundo para convivir con realizadores de renombre mundial y llevar a cabo algunos proyectos experimentales. Pero hay festivales de cine en cada esquina de Alemania, para todos los gustos: entre otros, de cine ecológico, de derechos humanos, de cortometrajes en el metro de Berlín, de cine latinoamericano, y hasta un festival en donde el ganador es quien muestra las mejores aptitudes a la hora de contar una película. Los estudios Babelsberg, el “Hollywood europeo” en las inmediaciones de Berlín celebrarán en 2012 cien años de existencia. Tienen su propia escuela de cine, aunque la Escuela Superior de Cine y Televisión de Munich junto con la Escuela Superior de Arte para los Medios de Comunicación de Colonia, siguen siendo la instituciones más destacadas en este ámbito.

CON EL CUERPO La importancia de Pina Bausch en el lenguaje de la danza y el mítico Tanztheater de Wuppertal, que dirigía desde 1973, quedó plasmado en el documental-homenaje que Wim Wenders realizó el año pasado y se estrenó en la Berlinale. Pina es la cinta realizada por Wenders dedicada a esta coreógrafa y bailarina, icono de la danza-teatro experimental y figura internacional de renombre. Su repentina muerte, en junio de 2009, no mermó los planes de Wenders, aunque sí provocó un cambio total en la concepción de la película •


Esther Andradi

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poco más de dos décadas de la unificación alemana, algunas claves parecen marcar la literatura que se escribe en este país. Por un lado su carácter de mutante dado el renacimiento como cantera literaria de la exRDA, un país que ya no existe; y por otro, por la huella cada vez más decisiva que imprimen escritores provenientes de otros universos lingüísticos y culturales, pero que han hecho suya la lengua de Goethe. Con Nobel incluido. Yo me crié en la RDA . ¿Acaso por eso no debería gustarme recordar mi infancia? Tomas Brussig (Berlín Oriental, 1965), autor de la novela La avenida del sol, está convencido que la ex RDA es un verdadero paraíso narrativo. Brussig, junto con Ingo Schulze, el escritor de más éxito de la generación posterior al

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ratura actual: “sobre todo porque las pautas estéticas, los modelos de escritura válidos en un sistema represivo, el modo de jugar con alusiones o alegorías esquivando la censura produjo textos muy densos, muy crípticos, pero sin sentido en un mundo donde se desconocía ese tipo de censura”. Agrega Berger: Algo muy diferente es la literatura escrita por jóvenes autores que vivían esa época siendo adolescentes y empiezan a articularse en los años noventa. Ahí no sólo hay narradores interesantísimos, también poetas como Tom Schulz, Ron Winkler o Almut Sandig que nacieron en la exrda pero se hicieron escritores en la RFA . Ellos tienen una biografía rara: nacieron en un país que ya no existe, son migrantes, nómades, sin haberse movido jamás de su lugar. Este fenómeno no se da muchas veces en la

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En ese sentido José F . A . Oliver (Hausach, 1961) es emblemático. Hijo de trabajadores andaluces, la crítica lo considera uno de los mejores poetas alemanes contemporáneos. Con una docena de poemarios publicados, este trovador moderno transformó la lírica alemana, recuperó la estética de la lengua popular al traducir sus libros al dialecto de la Selva Negra donde nació y vive; inventa palabras, escribe todos los sustantivos en minúscula, como ya lo habían hecho los concretistas, y su poesía se canta y se baila. “Dos mundos viven en mí –sintetiza el poeta–. Escribir en alemán sin ser alemán, ese es el tema. Me toca resistir [...] porque en mis versos y en mis sentimientos yo soy judío, turco, gitano y cholo.” En medio de estas corrientes movedizas de la alta literatura, la industria del libro, que en Alemania

Nómade, mutante y migrante: literatura alemana actual Marcel Beyer

Ingo Schulz

cambio, no son los únicos. También en Occidente ejerce la exrda una atracción especial, como es el caso de Marcel Beyer (Tailfingen, 1965). Kaltenburg, su novela más reciente, explora las secuelas del bombardeo de Dresde en febrero de 1945, paradigma del horror y la destrucción de la guerra. Claro que una cosa es la ex RDA como cantera de historias para los más jóvenes, y otra muy distinta la que vive una generación anterior, según lo expresa Monika Maron (Berlín Occidental, 1941), quien creció en la RDA , donde su padrastro fue ministro del Interior entre 1955 y 1963. Aunque los libros de Maron, dado su carácter crítico, se publicaban generalmente en Occidente, sólo hasta 1988 consiguió emigrar. “Soy las dos cosas ‒escribe ahora‒. Soy la que se queda y también la que se va.” Esta definición es tal vez la que expresa con mayor claridad el desgarramiento de la literatura que proviene de un país que ya no existe. Otro exponente de esta generación es Christoph Hein (Heizendorf, hoy Polonia, 1944), un autor crítico en la ex RDA , que se convirtió también en un crítico de la nueva Alemania. ¿Qué queda de la literatura del país que fue? Para el poeta Timo Berger (Stuttgart, 1974), “la influencia de la literatura de la ex RDA tiende a ser nula” en la lite-

Monika Maron

historia y de ahí sacan su tremenda sensibilidad, pero también un inusitado escepticismo lírico.

La presencia de una literatura de autores alemanes de otro origen lingüístico y cultural no es nuevo ni lo era en el tiempo de la unificación, pero fue adquiriendo cada vez una fuerza mayor. El Premio Nobel 2010 para Herta Müller, migrante y exiliada, proveniente de la minoría alemana en Rumania, constituyó un detonante para la crítica que no supo cómo posicionarse. ¿Es alemana o rumana? Para el profesor Ottmar Ette, investigador de lo transcultural y autor de la trilogía Escribir entre los mundos, el caso de Herta Müller no es una excepción. “Tampoco es casualidad –agrega– que el Premio del Libro Alemán 2010 le fuese otorgado a Melinda Nadj Abonji, una escritora nacida en la Voivodina, la minoría húngara de Serbia, refugiada en Suiza, donde aprendió el dialecto suizo, y escribe en alemán estándar. Asimismo, la literatura de Herta Müller se nutre de otros idiomas, construyendo una poética que en su movimiento translingual, constituye la característica más importante de esta literatura sin residencia fija que, no sólo en Alemania sino a nivel global, es la expresión artística más profunda de un mundo en movimiento.”

Timo Berger

mueve nada menos que 9 mil millones de euros, superada solamente por Gran Bretaña y China, explota con creces los títulos que se convierten en fiebre de lectura. Es el fenómeno Charlotte Roche con su novela Partes húmedas, entre la erótica y la pornografía, que ha vendido ya más de un millón y medio de ejemplares, y su más reciente Schoßgebete (Rezos del regazo). En este afán urgente por descubrir lo más transgresor, la crítica sufrió un duro golpe cuando hace un año creyó encontrar un talento único en la novela de una joven autora casi adolescente. La obra resultó ser una suma de plagios –por cierto excelentes– de blogs. Un fenómeno que no tuvo repercusión sino por el escándalo, pero que obliga a afinar la puntería en bien de la lectura. Porque, según las estadísticas, un setenta y tres por ciento de los alemanes declara que le interesan los libros, porcentaje aún mayor si se trata de mujeres. No por nada en la flamante Librería Moritzplatz de Berlín, en el corazón del Kreuzberg, que alberga a un público joven y multicultural, entre los títulos más vendidos de octubre figura un libro de poesía. Es uno de Erich Fried, poeta austríaco poco conocido en español, pero autor de una de las mejores poesías en alemán •


L

a dramaturgia alemana, pródiga y portentosa, tiene como hilo común, al igual que en varios países de Latinoamérica, su conocimiento y reconocimiento más evidente a través de las puestas en escena, donde se acude de continuo a la firma de algunos grandes: Goethe, Bertolt Brecht y Heiner Müller. Claro, los libros de dramaturgia, incluso los de alemanes, son poco comunes en su circulación y distribución, que sigue quedándose en tribus muy reducidas. Pero ojo: en México la situación parece estar mejor que en otros lares del continente, al menos porque pasaron ya los tiempos en que eran prácticamente inconseguibles algunos textos de Müller o las obras completas de Brecht. Cuarteto, por ejemplo, que vio la luz con el montaje lúcido del fallecido Ludwig Margules, se publicó en una bitácora de montaje cuyos ejemplares ya no se consiguen; si alguien tiene la fortuna de tener el suyo, consérvelo como lo más preciado. Desde hace unos siete años o quizá menos, las editoriales independientes le han apostado desde su trinchera a la edición de textos dramáticos de lo más granado de los autores germanos de diversas épocas, a contracorriente de las grandes casas editoriales públicas, como el Fondo de Cultura Económica y Conaculta. La revista PasodeGato ha incluido ejemplos de noveles autores alemanes en sus páginas y en la colección de Dramaturgia Internacional (cuadernillos con un precio irrisorio de 20 pesos), están editadas Noche árabe y La mujer de antes, ambas de Ronald Schimmelpfenig. Ediciones más recientes son las obras Siete segundos, de Falk Richter y La guerra de Klamm, de la au-

Bertolt Brecht

Escena de Natán el Sabio. Foto: María Teresa Adalid

toría de Kai Hensel. El primero incluso estuvo en México para impartir un taller de dramaturgia en 2008, por iniciativa del INBA y el Instituto Goethe. Y con todos sus dimes y diretes, la creación de la Compañía Nacional de Teatro trajo torta bajo el brazo porque, a la par de sus montajes, la Editorial Jus publica los textos de referencia que incluyen a manera de diario de a bordo, algunos entretelones de la puesta en escena y las voces de los creativos que participaron en ellas.

Goethe

Número 874 • Jornada Semanal

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De Alemania están a disposición las obras Egmont, de Goethe, en una magistral traducción y adaptación de Juan Villoro. Menos conocido, Gotthold Ephraim Lessing escribió Natán el Sabio, considerada su obra cumbre y que dos de los artífices de la CNT , Luis de Tavira y Stefanie Weiss, entregaron a Jus una versión por demás luminosa. Pero también hay rarezas en el campo de las editoriales independientes. Una de las mejores ediciones de Máquina Hamlet, es la de La Cifra Editorial, cuyo diseño y lectura de la singular obra de Müller marcó un buen antecedente en cuanto a calidad y concepto del libro en su conjunto se refiere. Este texto tampoco existe ya en el mercado, sólo en las bibliotecas, aunque todavía puede encontrarse uno que otro en las ferias del libro. El Milagro, la empresa cultural que ha dado los mejores títulos de teatro en el país, tiene en preparación desde hace meses una antología de teatro alemán contemporáneo y, al parecer, está a la espera de reu n i r l o s re c u r s o s s u f i c i e n t e s para regalarnos a todos un volumen magnífico que es por demás necesario y urgente •

En México la situación parece estar mejor que en otros lares del continente, al menos porque pasaron ya los tiempos en que eran prácticamente inconseguibles al gunos textos de Müller o las obras completas de Brecht.

Juan Manuel García

Teatro alemán en México

Heiner Müller


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Joven poesía Los siguientes poemas pertenecen al Catálogo remesa poética de ultramar, Nuevos poemas de Latinoamérica y Alemania publicado por Latinale 2011, el Festival Rodante de Poesía latinoamericana de Berlín, Bochum, Bonn, Colonia, Düsseldorf y Wuppertal, de Alemania, que este año también se presentará en Guadalajara y San Luis de Potosí, en México. Agradecemos la amable autorización para reproducir esta selección de nueva poesía alemana.

Triesen Stan Lafleur (Karlsruhe, Alemania, 1968) Dinero fermenta, vacas sospechosas, calmo y saxífrago gesto. Las colinas engañan al día en calles de estruendo. Besarse en la fuente, en ataques del reflejo verdelima, tristes los buses directo, no se deambula las calles son largas, de horizontes deformes, todo muy bien ornado. en compás, tempraneros al café: sudan peones los poros del tiempo señalan ellos el jardín: cuidados perfectos señalan ellos el cielo: en diálisis cuelga señalan ellos a los chicos: skaters, hondos resuellos de vapor: siempre fritanga del Mcdrive tal los chicos todos del mundo, en las imágenes empañadas de nuestras cámaras de vigías V ERSIÓN DE D ANIEL B ENCOMO

El lago

Dust Bunnies

Monika Rinck

Uljana Wolf

(Zweibrücken, 1969)

(Berlín, 1979)

Oigan esto, así escarnecen los protocolos de miel, esos dos hombres jóvenes se hacían al lago en una cama elástica. Ésta tenía una cubierta acolchonada sobre la que ellos acampaban, tres mástiles y, sí, los mástiles se bamboleaban y hacían tambalear la cosa hacia los lados y, no, ninguno de los dos se caía por la borda Yo primero veía todo desde abajo, ahí era un alga. Luego lo vi sombreado, de lado, yo era carrizo. Después, cuando fui cielo los vi a ambos desde arriba. Navegaban atizando, con prisa, parecían tener un tema. ¡Luego vi como se ladeaban y se hundían! El lago se tomó a pecho la cama elástica. Cuando esto pasó yo había sido orilla. Lo juro ¡nunca fui el lago! ¿Qué hubiera debido hacer? Me volví fondo y me sumergí cavando. Luego reboté, sí, casi como una cama elástica, y escupí a ambos, haciéndoles trazar un alto arco hasta el paseo de la costa. El mar volvió en sí, convergió nuevamente conmigo. Sólo el carrizo se movía, nada más. El cielo reposaba por encima.

Queríamos hablar sobre pequeñas bestias, ponernos de rodillas por las pequeñas bestias, aquellas de polvo y estrías, en ranuras y zaguanes, aquellas que tienen frío en las pieles canosas, nuestras bestias de nada. queríamos también muy cerca en tu lengua y en mi susurrar, dime amor has mamado hoy ya. no, no queríamos atemorizar a nuestras bestias, pequeñas como manchas, son el mismo manchar, no tienen rabos peludos ni orejas largas de conejo, o rabos largos y orejas de ratón, no queríamos fumar poco, toser poco, ser poco esto o lo otro. solitario estaba ayer el rincón del cuarto en su chirriante abandono. hoy es una guardería, hoy las hordas tiernas son un puerto, queríamos ser silenciosos, escuchar de rodillas: nuestras pequeñas bestias, cómo ellas intercambian sus lanudos nombres gris perla

V ERSIÓN DE C ARLOS D ANTE C APELLA

Todo lo que conocía: lentamente oxidándose las bobinas, los rodillos de un tiempo en su imparable marcha. Afuera se asomaba ya el pasado golpeando sobre el techo carcomido. Adentro habitaban los ruidos metálicos de los obreros, quienes sacaban el día inútil en largos alambres. Eso era todo lo que conocían. Y a veces se sentaban al sol, comiendo sus rebanadas de pan bien untadas

V ERSIÓN DE V LADIMIR G ARCÍA M ORALES

Alambre Adrian Kasnitz (Orneta, Polonia, 1974)

( BASADO EN S EAMUS H EANEY ) V ERSIÓN DE J OSÉ M OLINA


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alemana Cracovia en la niebla Tom Schulz (Großröhrsdorf/Oberlausitz, 1970) en la calle de las palomas llueve desde las ventanas un hombre vende libertad a su perro descendí hasta el mar no había ni uno tal uno sentía el viento, lo inalcanzable reposaban en las olas pocos gramos del mundo mientras una mujer más oscura que la hermana de Trakl junto a mí se esfumaba en el sueño V ERSIÓN DE D ANIEL B ENCOMO

Los poemas que siguen pertenecen a la antología de poetas y activistas literarios residentes en Berlín, titulada El mecanismo de estar acá, recientemente publicada por Editorial Milena. La selección estuvo a cargo de las poetas Nikola Richter y Rery Maldonado. De Rery Maldonado son también las siguientes traducciones al español. Milena Berlín es una editorial sin computadora ni impresora propia que nace en octubre de 2010 a raíz de la ocupación de un stand durante la Feria Internacional del Libro de Frankfurt. En cooperación con Milena Caserola de Buenos Aires y Milena París declaran conectar “a poetas y escritores para pensar juntos el próximo aporte a la confusión general”.

100 años de relatividad Rainer Stolz (Hamburgo, 1966) 100 años de relatividad –es lo que dice en una estampilla, y de alguna manera soy feliz inesperadamente: así la tradición puede contener todo, el colapso del clima y el escenario de la cajera en el banco, que me aconseja buscar un tercer trabajo. No puede seguir así, dice, para siempre– aunque de todas maneras no importa, uno fracasa de caso en caso hacia adelante: ¡hacia el éxito! Así se desvía, con un movimiento de muñeca, de ser el ángel de la catástrofe, alegremente hacia la última página de un contrato de por vida.

efemerópteros

Transformado

Annina Luzie Schmid

Denis Utlu

(Zürich, 1983)

(Hannover, 1983)

han construido una cosa en una caldera que calienta y da cobijo en el cerro viejo que no se ha interesado pero ha confiado su sabiduría de equilibrio y estática a sus hijos transparentes (ellos en sus sueños se rasguñan heroína bajo la piel) acepto la naturaleza infinita en un punto y muchos de ellos he izado un poema en ese pico como bandera para la gran nada yo he dicho una plegaria en todas las lenguas a la inversa y ahora nada más que un día en la vida un aleteo

Después de eternidades en la pesca, descubrí las aletas a lo largo de mi columna vertebral la membrana entre los dedos La piel es húmeda y fría. Los ojos son de cristal. De cristal blindado.

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stos relatos fueron presentados en el reciente simposio Ni una palabra de más, dedicado al microtexto en idioma español y en alemán, realizado en Lettrétage, la Casa de la Literatura Joven de Berlín. Du rante el fin de semana del pasado 22 y 23 de octubre, autores y autoras de España, Argentina, Suiza, Austria y Alemania intercambiaron lecturas, discusiones y experiencias en torno a la escritura de prosa mínima. Gracias a la cortesía de Lettrétage, que ha autorizado a La Jornada Semanal la reproducción de una selección de los textos, se pueden conocer las versiones inéditas en español de esta prosa alemana de gran originalidad y precisión poética, atravesada por ráfagas de humor y misterio.

QUOD ERAT DEMONSTRANDUM ¡Nivel tiburón nadando hasta India, felicitaciones, Vasco da Gama! Sin el rodeo de un cierto C., no te rías. La circunnavegación más allá de tus narices terminó en un baño de cuerpo entero, no te preocupes, Maga-

Judith Keller

Katharina Bendixen

llanes. Todos los gatos son mortales. Y la tierra es redonda, nuevo intento. El descubrimiento de la papa no es tu problema, Gagarin. Solito a través del universo, buen trabajo, camarada: no hay Dios, no hay gatos, demasiado oscuro para las papas. ¡Baja, cosmonauta! Apaga el sol y cuelga las estrellas, Yuri Alekséyevich. Dios es un gato, la tierra es una papa.

SOLICITUD DE TRABAJO Por favor, contráteme como corzo alemán. No por las patas sino por la rima. Entre otras cosas soy especialista en precipitaciones acompañadas de un descenso brusco de la temperatura y en pequeños miembros de la parte más inferior del cuerpo (singular). Quisiera ser empleado de rima pareada, sólo separado un renglón de mi hada. Soy un animal puro: rehúyo bromas y gonorrea, mejor me uno con la teodicea. Los germanistas me consideran como rima masculina, ¡pero se equivocan! De género neutro me adapto a mi entorno. Vago gentilmente por los cuentos de hadas o salto expresivo a través de un cántico. Como palabra poseo una larga historia. Mi carrera profesional comienza en el indoeuropeo. Nunca fui la peor palabra del año. Uno me puede reprochar monovocalidad pero ya en plural sirvo de troqueo. Querido songwriter, estimados productores de la televisión privada: mi peculiar campo de acción son los sonidos de los lamentos, ¡inténtenlo! Déjenme pacer en sus versos. Todo lo que ustedes necesitan es un lago azulado, un trébol verdoso y de una pareja el sollozo. ¿Quién falta? ¡Yo... y su redondilla está completa!

¡HIC! A partir de hoy seré prosaica. Esto de hablar en frases completas, seguramente una cuestión de edad. Pero mi diente de leche es y será mi apuntador, lo llevo siempre conmigo en el bolsillo de mi abrigo. Responde al nombre de Habacuc, a sí mismo se hace llamar Cacho, quizá un seudónimo. Su especialidad: la lengua popular. Habla todos los dialectos desde la Guerra de los Treinta Años hasta el Canciller Federal y sin acento. Su debut: la tesis 96 que profiere cuando brinda. A mí me causa desagrado, particularmente

ser rápido el que quiera entrar a ese mundo porque si no llega hasta la vía de maniobras en menos de cuatro minutos será arrollado por el próximo tren.

MUDANZA Luego de varios años decidimos con mi novio irnos a vivir juntos. Nos mudaremos a su departamento que es extraordinariamente grande. Hace mucho que le digo: “Pero tanto lugar no necesitas.” Mi novio, hasta ahora, siempre asintió tercamente con la cabeza. La mañana antes de la mudanza hicimos el amor,

Nueva Rike Bolte

entre especialistas. Sin despeinarse escande maldiciones, un verdadero veterano. A mí me parece que me trata como a su secretaria y me habla en lenguas. Sobre todo cuando hay luna llena, ahí me la paso horas enteras despierta para descifrar sus dictados. Entre dos eructos creí escuchar La Internacional en su versión abreviada. Lentamente tengo la sospecha de que ya no es tan tímido. O qué opina usted de expresiones como ésta: la palabra es silencio, pero la plata es oro. Ruth Johanna Benrath (1966, Heidelberg) T RADUCCIÓN DE J UAN M ORELLO

UN KILÓMETRO EN CUATRO MINUTOS Quien quiera entrar a otro mundo que baje las escaleras de la estación de metro de la Plaza Brandt. Debe esperar hasta que la línea uno desaparezca en el túnel, luego saltar del andén y correr detrás. Al cabo de un kilómetro se llega a la vía de maniobras. Allí hay acordeonistas que tocan tango y alegres parejas que bailan al compás. Hay serpentinas de papel y guirnaldas y mesas cubiertas de manteles blancos con fuentes de chocolate fundido como las que se ofrecen en los catálogos de ventas por correo. Un lechón observa el espectáculo aunque para los vegetarianos hay calabacines, berenjenas y zanahorias. En una habitación lateral se muestran películas francesas, en otra hay libros a disposición, en una tercera esperan interlocutores para todos los problemas posibles, para todos los tipos de personas posibles. Sólo debe

Andreas Unterweger

Ruth Johanna Benrath

en silencio, lentamente, casi como de paso. Luego cargamos libros, ropa y mi gran escritorio. Desde que me mudé a lo de mi novio su departamento se achica semana a semana. No se debe a que yo vaya ocupando terreno, todo lo contrario. Yo intento adaptarme a los nuevos cuartos de la manera más discreta. Cada día que pasa coloco algunos libros en un estante, hago lugar amontonando sus pulóveres y pongo mis camisetas al lado. Pero esto no sirve de nada ya que mi novio cierra los cuartos con llave, primero uno y después otro. Le echa candado a todo: al cuarto de huéspedes, al baño pequeño, a mi cuarto de trabajo. Yo lo observo y tengo la sensación de que es mejor no preguntar nada. Ahora estoy sentada en un rincón de su cuarto de trabajo con la computadora sobre las rodillas y escribo este texto. Mi novio bajó a un café para trabajar allí. Quizá después traiga pizza y la comamos de pie en el pasillo. Quizá le pregunte cómo vamos a hacer en el futuro para cocinar sin cocina o dormir sin dormitorio. Quizá no le vuelva a decir nada.

DORMIR II Cuando me despierto una mosca zumba entre mis dedos. Parece que flotara pero sin avanzar. Sólo después de un tiempo me doy cuenta: la mosca está atrapada en una red que debe haber construido una araña en mi mano mientras dormía. Con las sábanas blancas de fondo los hilos finos de la telaraña casi no se ven. Permanezco tendida sobre un costado y me quedo quieta, sólo muevo los ojos. A la araña no la veo por ningún lugar, en cambio descubro amontonadas delante de


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mi barriga las agujas de un pino que tengo en mi cuarto y el camino de hormigas que se extiende desde allí hasta la cocina. Musgos y líquenes me causan picazón en la corva: un mirlo construyó allí su nido. No me sorprendo. En las últimas semanas estuve rara vez despierta. Pudieron haber pasado varios meses desde que me dormí. Observo cómo las hormigas transportan migas de pan a través de mi departamento, cómo la araña retorna a la red con sus ágiles patas. Pasado un rato vuelve el mirlo volando a través de la ventana abierta. Cuando aterriza enci-

zó a llorar. Cuando su madre le acarició la cabeza, escondió el rostro entre sus brazos y sollozó. Ella no era una madre que hiciese muchas preguntas, noso-

sí, cantando a coro puedo escribir la canción sobre la chica que es como tú cuando te veo en tu foto. Si cierro los ojos veo la foto.

prosa en alemán

Lentamente tengo la sospecha de que ya no es tan tímido. O qué opina usted de expresiones como ésta: la palabra es silencio, pero la plata es oro.

ma del huevo verde siento el delicado aletear de su ala en mi corva. Cierro los ojos y me interno en el próximo sueño. Katharina Bendixen (1981, Leipzig) T RADUCCIÓN DE J UAN M ORELLO

TRANSMITIR Ella llamó a su padre por teléfono. Su voz decía que no se encontraba disponible, que volviera a intentarlo más tarde. Volvió a llamar. Su voz decía que no se encontraba disponible, que volviera a intentarlo más tarde. Llamó una y otra vez y la voz del padre decía siempre lo mismo. El padre había muerto repentinamente hacía un par de días. La hija tenía la sensación de que él no lo había entendido. Quería transmitírselo de a poco.

AMBICIÓN Ella quería hacer las cosas bien pero consideraba que no le salían. Acepto que no todo pueda hacerlo bien, decía, pero no lo aceptaba. Escribió una carta de despedida. En su opinión tampoco estaba bien. Sólo a su ambición le debía la vida. La carta de despedida no llegó nunca a ser lo suficientemente buena.

LITERATURA El chico entró y se sentó a la mesa. Había su comida favorita, pero no dijo palabra. De pronto, luego de meterse una papa frita lentamente en la boca, comen-

tros, sin embargo, sabemos que él lloraba por Winnetou, que murió en la página 474. Judith Keller (1985, Lachen, Suiza) T RADUCCIÓN DE C ARLOS C APELLA

UNA FOTO TUYA Olvidaste en mi casa una foto tuya. Es una foto muy, muy pequeña de ti, con una vela y detrás de ti, en la ventana, un cielo nocturno totalmente negro. Un cielo matinal todavía muy, muy negro. Una foto tal vez como el café que estás tomando en la foto. Muy negro, fuerte, con miel adentro y cardamomo. Quizá con un par de trocitos de tostada, quizá con un trocito de queso de leche de oveja, quizá también con un trocito de aceituna. O de algo de todo lo que siempre hay sobre la mesa a la que tú te sientas, ahí, en tu foto. Una foto que es como una canción, quizá como una de alguien como Van Morrison. O quizá de alguien como Townes Van Zandt. Pero no es una canción de ninguno de ambos. Es una canción que habla de una chica como tú. Que ya está sentada a la mesa de la cocina y bebe café, negro, con miel cuando todavía está oscuro, cuando en la ventana detrás de sí todavía es aún mucho más noche que ya mañana. Esa cosa dulce como la miel, de aquella noche, sería, dice la canción, la esperanza que trae la chica. Que con sólo contemplar el rostro de la chica en la canción, que es como el tuyo, experimenta aquel que le canta. Si éste tan sólo pudiera verla, sólo una vez, aunque más no fuese tan temprano en la mañana, cómo ella está, desveladamente hermosa, sentada a la mesa de su cocina, en su apartamento, y bebiendo el café que él ha preparado, muy negro y con miel adentro. Y de los ojos de la chica dice la canción que son verdes por fuera y negros por dentro, como el cardamomo. “Verdes como la esperanza” dice, un tanto kitsch, tú sabes cómo son los letristas, “profundos como el océano, negros como la noche”. Muy como son tus ojos. Como son tus ojos aquí en la foto, la foto tuya que olvidaste. Puedo escuchar la melodía de la canción sobre la chica que es como tú y cantar a coro,

ROCK’ N ’ROLL SUIZID “La vida Яdijo HansЯ es un cigarrillo. Algunos lo apoyan enseguida, apenas comenzado, en el cenicero, donde lenta, muy lentamente, alejado de las manos de Dios y de los hombres, éste se consume... Otros, en cambio Яdijo mientras le daba una pitada tan fuerte a la colilla de su cigarrillo, que llegó a arder hasta el filtro, chamuscándole los pelos de la barba alrededor de la comisura del labio, donde lo tenía encajadoЯ otros, en cambio Яdijo arrojando a cada palabra torrentes de humo amarillo sucio por la boca y los agujeros de la narizЯ, otros, en cambio Яdijo HansЯ hacen como yo.” Andreas Unterweger (1978, Graz, Austria) T RADUCCIÓN DE C ARLOS C APELLA

CUERPOS CELESTES I Al lado de los gigantes, las enanas, blancas y de frialdad estable, demuestran su agotamiento. Saben que abundan y que los gigantes las enceguecen. Su consuelo está en que cuando además ennegrezcan, no las verá nadie.

CUERPOS CELESTES II Esta tarde vino el señor del gas. Me comentó que sufría inestabilidades de temperatura y contracciones. Cuando lo intenté tranquilizar –me parecía que su malestar tenía que ver con la edad y con la altura de la ciudad donde él no hace mucho ejerce su trabajo– me dijo que le pusieron una sonda. No supe contestarle. Después de que se fue, abrí una ventana en la red que estaba a mi alcance y lo vi acercarse otra vez hacia mí, en otras dimensiones. Entendí que era un hombre de gran intensidad, de una estructura interior compleja. También me enteré que vivía lejos, por la ciudad satélite. Desde ese momento me imagino algún tipo de alianza • Rike Bolte (1971, Kassel) T RADUCIDOS POR ELLA MISMA

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le eer El cobrador, Rubem Fonseca, Cal y Arena, México, 2011.

EL CUENTO DE NUNCA ACABAR ENRIQUE HÉCTOR GONZÁLEZ

Los géneros literarios, decía Ortega y Gasset en famosa, famélica alegoría, son sólo “estructuras formales dentro de quienes la musa, como una abeja dócil, depone su miel”, vale decir, envases de índole diversa donde el polígrafo aloja, a instancias del instinto, su lujosa creatividad. Es impropio hablar de ellos, hoy en día, como de compartimentos estancos –para usar el lugar común– porque se sabe que unos y otros se trasvasan en promisoria promiscuidad. Y sin embargo, de Las mil y una noches a Chéjov, de Boccaccio al espléndido cuentista israelí Etgar Keret (pasando por Maupassant, Quiroga, Borges, Chaucer, Poe, Kipling, Bábel, Saki, Twain, Bierce, Cortázar o el infante don Juan Manuel) el cuento, siendo el más generoso de los géneros, el de más amable lectura, no cobra ya los dividendos que solía en la taquilla de las preferencias del lector. La razón no es desconocida: el ensayo sigue siendo (cuando lo es en verdad, cuando propone una lectura y no es recopilación de artículos dispersos o dispepsia ilegible de un académico con influencias en el mundo editorial) material erudito que al amplio público no atañe; la poesía, muchas veces y para su desgracia, se queda hablando sola; el papel del teatro no es para el papel. Nos quedamos pues, entonces, con la novela, que tiene algo de “almohada durable”, opinaba Bioy Casares, una cómoda continuidad en la que el lector “conoce a un grupo de gente con la que vivirá una temporada”; o, dicho a la manera de Enrique Serna, quien seguramente conocía la ocurrencia de Bioy, la novela es una suerte de “alberca de agua tibia donde la mente del lector sólo trabaja en la primera zambullida”. En cambio, los libros de cuentos (sigo a Serna) “exigen renovar el esfuerzo imaginativo al inicio de cada historia”, requieren un lector más activo que no se abandone a la molicie, dispuesto a cambiar de casa a cada tanto, anotará el inventor de Morel. Así, la novela atiborra las mesas de novedades de las librerías porque ofrece favorable ingreso –que más parece entrada libre– al espectáculo de una historia realista más o menos vasta, atractiva y complaciente, aunque a menudo ajena (también para su infortunio) a los prodigios de la verdadera elaboración. Pero el cuento resucita cada y cuando para beneplácito de una feligresía que no se explica el relativo abandono en que sobrevive. Las ediciones antológicas se multiplican, acaso como llamando de ese modo a la regeneración del género, tal vez cumpliendo con la mínima cuota de osadía de que no dispone la narrativa de largo aliento, pues nada resultaría más absurdo que reunir novelas

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en un solo tomo si no son breves y persiguen un fin didáctico; y cuando el criterio fuere el de la reunión de capítulos memorables de novelas imperdibles (el de la cena lezamiana de Paradiso, “Eter-El regreso” de La muerte de Virgilio o el monólogo final de Molly Bloom) estaríamos frente a un volumen no muy distinto del que recogiera cuentos asimismo imperiosos de autores fundamentales. Todo lo anterior viene (precisamente) a cuento, quiero pensar, vista la reedición mexicana de un libro esencial del género: El cobrador, de Rubem Fonseca, narrador brasileño que, a sus ochenta y seis años, sigue siendo referencia inevitable si de lo que se trata es de hablar de la literatura de su país, tan cercana geográfica como separada editorialmente de la que se produce en español. Ni la filmación de sus historias, ni el Premio Juan Rulfo recibido antes de que se convirtiera en presea polémica, ni el Premio Camoens de 2003, ni el acabado magnetismo de su prosa han servido para acercarnos suficientemente a sus cuentos, siempre espléndidos y letales. Cierto, Alfaguara recogió hace años una buen muestra de sus relatos, y en Argentina, España y México no resulta inédita su obra. Sin embargo, el arte de su prosa, elogiada casi siempre en fórmulas lapidarias y contundentes, lo mismo por Vargas Llosa que por Eric Nepomuceno, tiene en este libro, publicado en español por la vieja editorial Bruguera en 1980, apenas un año después de su aparición en portugués, una decena de impecables muestras de cómo funciona o debe funcionar el género. Ante todo, para Fonseca el cuento es un texto por definición económico, liberado de cualquier asomo de ripio, que dice lo que ha de decir de manera sucinta y sin ambages. Si en “Pierrot de la Caverna” presenta a un escritor que lleva a una chiquilla (con la que tiene relaciones sexuales) a que aborte, está por demás la reflexión moral explícita si con el buen trazo de la anécdota el lector obtiene la suficiente dosis de impacto que se requiere. Si en “Once de mayo” un asilo de ancianos deja ver, en todo su patetismo, el ánimo de sobrevivencia y la paranoia y la inutilidad de la vida, no sirve de nada que el narrador editorialice cuando los hechos rudos ponen a prueba al que lee respecto de su capacidad de pensar sin atavismos. Y si apelo al lector al aludir a dos de las historias del libro es porque, con este escritor brasileño, como con los grandes maestros de la creación verbal, el destinatario no sólo se siente involucrado, sino hasta cierto punto lúcido y a la altura de lo que lee, como ocurre en las conversaciones inteligentes o en cualquier forma de la interlocución que nos provoque. Fonseca desfonda cualquier apatía del lector, lo llama al abismo desde el abismo mismo, lo deja ser y pensar, lo apela sin disminuirlo o atajarlo: porque la verdadera astucia, el arte del gran narrador, es el de contarnos lo que nos hace descubrirnos, alertarnos, suspender por un momento lo que sabíamos, como anotó alguna vez Noé Jitrik. Se trata de la lectura como vértigo o como un apacible descanso en el que poco a poco se descubre un descenso incómodo, una disensión que hace mella en el ánimo. Por lo demás, rara vez entra

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uno en la psicología de los personajes de un libro de una manera tan directa como en el protagonista de “Comida en la sierra el domingo de carnaval”, dispuesto a aventar al precipicio el automóvil que conduce (“¡Qué diablos me estaba ocurriendo!”) luego de advertir que su prometida es dueña de la mansión que él mismo habitó en mejores épocas de su familia, o en la impasible parsimonia con que los forenses y policías de “Crónica de sucesos” realizan su trabajo. Y aquí arribamos a uno de los tópicos de Rubem Fonseca: el arte de radiografiar la violencia, la intimidad, la hipocresía de un mundo que ha hecho de la componenda y el fraude su razón de ser, sin ningún perfil declamatorio, sin la menor obscenidad. Puede haber escenas de intraducible agresividad en el cuento que da título al libro, por ejemplo, sin que ello signifique esa inocente recreación en la violencia en sí propia del gore, sino un aséptico ajuste de cuentas con la realidad interior y más profunda de una sociedad que, al producir tal desencanto y frustración en los individuos, termina por volverlos dóciles al viejo apotegma latino: soy humano y hiero al que me hiere. En este sentido, la pasmosa capacidad de vejación y de resentimiento que aloja un personaje como el cobrador, que en sus ratos libres se dedica a la poesía y puede cercenar con lujo de crueldad una cabeza sin dejar, asimismo, de compadecer y cuidar a una pobre anciana a la que inyecta periódicamente la medicina que la mantiene viva, habla de un personaje trazado con verdad, sin la aparatosa rispidez exacerbada por la mala literatura. Celebro la decisión editorial de Cal y Arena de reparar, con la publicación de El cobrador, tan lamentable omisión en el catálogo de los libros que ya habían traducido de uno de los autores fundamentales de la lengua portuguesa, porque la enmienda nos hace mirar de nuevo un volumen de relatos que, luego de treinta años, confirma en su agudeza, en su precisión, en la violenta intransigencia de su espontaneidad, la salud del género •


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lee er

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El patrimonio cultural cívico: la memoria política como capital social, Lourdes Arizpe (coordinadora), Ed. m. a. Porrúa, UNAM, Cámara de Diputados, México, 2011.

LA MEMORIA COMO CAPITAL SOCIAL HILARIO TOPETE

Los humanos somos adictos al placer, de allí nuestra proclividad por las cosas dulces, por las caricias, el sexo, los ritmos, las palabras y las imágenes; de allí nuestra fascinación por los poemas y los cuentos, por la novela y las canciones, y nuestro gusto por la pintura, por los videos. A veces el placer nos llega en ramillete y el goce no tiene límites, como cuando llega a nuestras manos El patrimonio cultural cívico. La memoria política como capital social, coordinado por Lourdes Arizpe quien es, además, autora, conjuntamente con Cristina Amescua, Edith Pérez, Érika Pérez y Alejandro Hernández, de una obra que aventura, con la humildad de Simitrio y con la timidez de una mimosa, que el patrimonio cultural inmaterial incluye también el componente cívico. Se trata de un paquete que incluye texto, fotografía y un cd con cuatro documentales. El paquete es de quien lo usa y puede leerse casi como se lee Rayuela: por artículos, en el orden que sea, o “de corridito”. Pero puede no ser leído para antes regodear la vista con las fotografías que ilustran el texto, o se puede iniciar colocando CD en la reproductora de compactos. En todo caso, cuando uno toma el libro, los placeres infantiles salen a flote: los ojos inician una visita a un desfile de rostros morenos, personajes enfundados en ropajes que parecen copiados de las estampitas con que ilustrábamos nuestros trabajos escolares de la Revolución mexicana y de la Independencia. Asistimos a un desfile casi surrealista, inverosímil, como extraído de tiempos amojamados a donde sólo la nostalgia nos puede llevar, pero, inmediatamente, con el mismo golpe de vista, viajamos al presente donde los símbolos pueden llevar ropajes contemporáneos, donde el contenido es más importante que la forma. Se trata de una inmersión en un pasado redivivo, cuasi lúdico, en el que participan hombres, mujeres, niños, muchos de ellos ataviados con vestuarios sin tiempo. Es un viaje a nuestro país de pieles curtidas por el sol, miradas duras, sonrisas de satisfacción; a vestidos lentejueleados o bordados con colores que envidiaría el arco iris; a representaciones épicas o dramáticas de episodios de la Independencia y la Revolución; al sobrevue-

lo por rostros serios, personajes parodiados o como suponen que debieron ser los héroes y personajes que los actores representan; a miradas que eluden la cámara o que la buscan; a rebozos que serpentean con su lluvia cromática por los hombros y las cinturas de Adelitas en cuyos cuellos los collares de papelillo aumentan el colorido, cuando la imagen es a color, porque también hay material para los nostálgicos, en blanco y negro; a maquillajes que se aderezan en la ingenuidad o la maestría para resaltar rostros, enmarcar sonrisas… Ese mismo viaje visual, pero enriquecido con el sonido, se puede emprender a través de los cuatro documentales que acompañan al libro, breves pero no por ello menos ilustrativos. Empero, todo esto no basta para valorar la obra en conjunto. A propósito, aun en esta circunstancia será difícil no reconocer que incluso las más frescas y aparentemente ingenuas etnografías contenidas en el libro tienen su encanto y respaldo de investigaciones responsables. Entonces, con el texto se completará el diálogo, la escena toda de un proceso de observación, registro de imagen y sonido, investigación documental, entrevistas y reflexión. Justo en el tema de la entrevista podemos encontrar una práctica loable del quehacer antropológico: la visibilización de informantes. Este libro es, por ello, un libro cálido, humano y, si se quiere, cómplice que trae la viva voz de los actores. Por último, la obra es fundadora de una nueva categoría dentro del Patrimonio Cultural Intangible (PCI): el Patrimonio Cultural Cívico que, a no dudar por las etnografías y los documentales, pronto será preocupación académica. Además, es claro que acudimos a una reconfiguración de la categoría de capital social, diferente de Fukuyama, Putnam y, entre otros, de Osstrom. Asimismo, asistimos a la reafirmación de una idea antropopolítica: quien controla un bien significativo tiene poder. El control deviene en poder y se usa como moneda de canje en la arena política; sin embargo, el control de un símbolo o de un objeto no siempre se usa para dominar, para aplastar al otro, para someter su voluntad, sino para proyectos colectivos… y en ese tipo de poder aún hay que profundizar •

TOMÁS SEGOVIA Y LA PLENITUD

Un poema inédito y una entrevista con Tomás Segovia

en nuestro próximo número

Lounge, Ricardo Pohlenz, Libros Magenta, México, 2010.

LA INUSUAL VIDA COTIDIANA ALEJANDRO GASPAR

Esta es una serie de relatos sobre los acontecimientos más inusuales de la vida cotidiana, una epopeya de los días comunes y un diagnóstico de la cultura postmoderna, donde el narrador omnisciente da paso a la primera persona. En la voz autorreflexiva, irónica y obsesiva del libro se asoman el profundo nihilismo, la voluntad del sinsentido y de la repetición que definen nuestra época. Una desconstrucción de los acontecimientos avanza línea a línea, aquellos a los que usualmente no otorgamos un papel decisivo al transcurrir de la vida, pero que contienen la densidad del peso metafísico de nuestra existencia. Asistimos a un juego de improvisación en el que, sin embargo, podemos advertir una base melódica repetitiva: caída, freno, ascenso –a la manera como se describe una pieza de jazz en uno de los cuentos. El título del libro no podría ser más certero: obedece a un estado anestésico, aquel en donde las experiencias han quedado reducidas al placer, la comodidad y la elegancia.

Reloj de pulso. Crónica de la poesía mexicana de los siglos XIX y XX, Rogelio Guedea, UNAM, México, 2011.

En este libro el lector encontrará un análisis muy acucioso de lass corrientes poéticas y los poetas que conforman nuestra lírica desde el período neoclásico hasta nuestross días. A la vez que se detallan lass particularidades literarias, culturaless y sociopolíticas que circunscribieron a cada movimiento estético, el autor ofrece una re-lectura de poetass que forman ya parte “inamovible” del canon y, sobre todo, revalora a autores que no han merecido la atención debida y cuya obra, a la luz de las producciones actuales, vuelve a cobrar importancia. Con una detallada revisión del corpus bibliográfico y sin obviar ninguna de las tendencias hasta hoy dominantes, Reloj de pulso… brinda atención principal a dos líneas escriturales que han evolucionado al “margen” de la tradición pero que, no por ello, son menos significativas: por un lado, la poesía de carácter popular y, por otro, la vertiente que fusiona ironía y crítica social. De esta manera, la obra se convierte en una herramienta imprescindible para aquellos que busquen conocer, desde un nuevo enfoque crítico, el pasado y presente del acontecer poético nacional.

próximo número

Textos de Xabier F. Coronado y Francisco Segovia jsemanal@jornada.com.mx da a..co com om mx


Juan Domingo Argüelles Poesía y no poesía Poesía y contrariedad. La idea de que los poetas deberían estar blindados contra las contrariedades cotidianas, o que deberían estar exonerados de ellas es, absolutamente, una ingenuidad. Si no es por esas contrariedades, y por la parte de dicha que pueden disfrutar, ¿de qué diablos escribirían? Los poetas no son más que este o aquel ciudadano que trabaja y paga sus impuestos. Lo que ocurre con ciertos poetas es que se creen esa fatuidad de que son faros de luz y detectores del futuro en relación con la tribu espesa y el vulgo ingente. Craso error. El poeta no es un ser muy diferente a los demás habitantes del planeta. Los riesgos de vivir no se anulan por ser poeta; al contrario, por serlo, se potencian. Tiene razón Witold Gombrowicz en su diatriba contra los poetas. El mal no está en la poesía, sino en los poetas; no en el oficio, sino en los oficiantes.Y tiene razón, también, Pablo Neruda cuando afirma que el poeta no es “un pequeño dios”, ni mucho menos un dios. Es necesario que algo o alguien los haga bajar de su torre de marfil o de su nube. Es bastante benéfico para los poetas y para el mundo que los rodea. Los poetas también son gente de a pie: peatones. Si no comprenden esto, la realidad se encargará de enseñárselo. Lección de zoología. Los artistas y los escritores son como los gatos: si los acaricias con delicadeza, ronronean y te lamen las manos, pero ay de ti si les pisas la cola: arman un escándalo de Dios padre. Los políticos lo saben. Por ello los acarician con delicadeza, los consienten, los llenan de reconocimientos y aplausos, y cuando alguien, por equivocación, les pisa la cola, mandan los políticos a sus criados a que los acaricien para que vuelvan a ronronear y dejen de hacer escándalo. Nadie se cree el cuento de que los políticos piensan que los escritores y los artistas son necesarios para la sociedad. Lo que les interesa es que ronroneen en vez de lanzar alaridos. Escritores y políticos. Son risibles los escritores que se reúnen con los políticos y se hablan de tú con ellos. Primero se muestran entusiasmados (y lo dicen y lo escriben) sobre la “sorprendente cultura literaria” que encontraron en sus interlocutores. Es que los políticos, viejos zorros, les hablaron de sus libros y ellos se sintieron complacidos de que dichos políticos los conocieran y casi los recitaran. Ingenuos, bobos. ¿Qué, no saben acaso que antes de una reunión con artistas y escritores, los políticos instruyen a sus asesores para que les preparen tarjetitas informativas sobre los bichos que estarán a su lado? Pero, luego, cuando se “desilusionan” del político, le escriben artículos incendiarios y “cartas abiertas” donde le reprochan sentirse engañados, traicionados.“¡Y pensar –le dicen al político– que usted me pareció culto e informado!” Muchos escritores viven en la Luna. De la cartilla de guerra alemana. Hay dos formas infalibles para conocer a las personas: por sus actos y por lo que dejan de hacer. En cuanto a sus actos, hay quienes creen que lo que hacen por vanidad es indispensable no sólo para ellos, sino para los demás; en cuanto a su inacción, hay quienes piensan que los demás tienen obligaciones morales para con ellos, aunque ellos no las tengan para con los demás. Los primeros versos de la famosa “Cartilla de guerra alemana”, de Bertolt Brecht, siguen siendo perfectamente descriptivos en cuanto a estos comportamientos: “Entre los de arriba/ hablar de comida es considerado bajo./ Ésta es la razón: ellos/ ya han comido.” Modestia y vanidad. En la detestable vanidad literaria hay dos detestables extremos que se tocan: el

del escritor hipócrita que finge modestia pero que espera que ensalcen sus elevadas virtudes y, al mismo tiempo, su modestia, y el del escritor arrogante que se cree un dios y que más que lectores lo que espera, y exige, son parroquianos y fanáticos, miembros de una secta de la cual él es el ídolo. Los dos especímenes son unos tontos, y la realidad se encarga, todos los días, de decirles que son unos tontos, porque hasta los tontos cuando se quedan a solas consigo mismos saben, por supuesto, que son unos tontos. Mal chiste. Henry Hitchings, autor de Saber de libros sin leer, se quiere hacer el gracioso al final de su libro y escribe: “Por cierto, en este libro he tenido la suficiente picardía para escribir (en una ocasión) sobre un libro que no he leído, y hay otro par que no he acabado. Dejo en tus manos descubrir cuáles son.” ¿Cómo carajos lo vamos a descubrir? ¿Cómo vamos a saber cuál es el libro que no ha leído si es imposible saber siquiera cuáles son los que ha leído? •

4 de diciembre de 2011 • Número 874 • Jornada Semanal

Ana García Bergua El asunto de las presentaciones Hace poco vi a un loco de presentación. Los locos de presentación pertenecen a una estirpe inmortalizada, si no recuerdo mal, por Luis Ignacio Helguera en un texto o un poema que hablaba de una presentación vacía cuyo único público era el famoso loco. Los locos de presentación son aquellos que acuden a las presentaciones literarias, se sientan y ponen una atención sibarita a todo lo que ahí se lee y se dice, con el único fin de llegar al coctel y beber lo más que puedan. Este loco que vi tenía aires de intelectual setentero, barbón, vestido de mezclilla y camisa a cuadros, y la única manera de reconocer su condición era que, en lugar de cinturón, portaba un lazo de mecate bien amarrado, y sus zapatos eran los huaraches desvencijados de los vagabundos. Si uno es distraído, se puede dejar engañar por la finta; lo digo porque casi casi le leí a él todo mi texto aquel día, imantada por su sonrisa bonachona, la barba bohemia, aquellos ojos atentos que parecían entender cada una de mis palabras como si fueran suyas. Cuánta razón tienes, parecía decirme, qué bárbara. Siempre hay una mirada, un rostro en el público al que nos asimos como a un cómplice para poder hablar con cierta soltura, y en esa ocasión lo elegí a él. Cuando se levantó y vi el cinturón de mecate, me di cuenta de que había presentado aquel libro para el loco. No me sorprendió en lo absoluto que fuera el primero en acercarse a la mesa donde se ofrecía el vino, ni que saludara al aire como si estuviera acompañado de una alegre banda de amigos invisibles. De todos modos agradecí que hubiera fingido escuchar de esa manera tan profesional; quién sabe, en realidad, en qué pensaría mientras todos nos poníamos sesudos, mientras yo le comunicaba mis ideas pensando que las entendía mejor que nadie en aquel salón; quizá en la marca del vino que irían a ofrecer, quizá en que faltaba cada vez menos para que la palabrería terminara. Quizá en todas las presentaciones debería haber un loco que asintiera a lo que los presentadores dicen. Eso sí, hay que tener cuidado a la hora de dar la palabra al público: el loco es el primero que levanta la mano para preguntar algo que no tiene nada que ver ni con el libro, ni con el autor, ni con nada. Es tal su paciencia, que se da incluso el lujo de aportar su granito de arena antes de correr a la mesa de los tragos. Todas las casas de la cultura, las librerías y los lugares donde se presentan libros tienen sus locos de toda índole y sus presentaciones. Mucha gente dice que las presentaciones de libros deben terminarse porque nadie va. Ahora las editoriales grandes hacen grandes ruedas de prensa con el autor y con ello queda saldada la principal finalidad de las presentaciones de libros, que es justamente la de dar a conocer a la nueva criatura, que se entere el mundo de que a book is born. De esta manera expedita y declaradamente mercadológica –la que vería en un asistente a la presentación un comprador forzoso–, los autores terminan contando su libro veinte veces en un solo día a otros tantos periodistas con muchas cosas que hacer y nadie aplaude, ni muestra demasiado interés; ni siquiera hay un loco dedicado a asentir, no hay catarsis. Antes las presentaciones eran más interesantes, pues la gente iba y a veces, incluso, los presentadores se animaban a hablar mal del libro, había pleitos, interesantes escándalos. Ahora son, muchas veces, lugares desérticos, habitados por autores que para no deprimirse se repiten a sí mismos que ya se lo imaginaban, que era

PASO ADE RETIRARME LAS RAYAS LA CEBRA

........ LA CASA SOSEGADA JORNADA DE POESÍA

a

de esperarse, etcétera. Los acompañan presentadores en fuga, organizadores acongojados, expertos en culpar al tráfico, amigos y parientes que se querrían multiplicados por mil, y locos sedientos. Como consuelo, muchos autores han convertido las presentaciones más en una fiesta donde él o ella y sus amigos nos damos vuelo –a veces me toca ser autora o amiga– cantando loas a la obra, lo cual también está bien: quizá será el único día en que alguien hable bien del libro o en que, por lo menos, hable del libro. Para atraer más gente a la presentación, no ha faltado quien organice bailes, representaciones, conciertos, degustaciones, disfraces, enigmas y otras amenidades, como se dice en inglés. Pues las presentaciones son eso, una celebración, y vale la pena que continúen, organizadas y sufragadas muchas veces por autores, editores y amigos. Son lugares de la palabra donde campean los locos gesticuladores, que también cumplen su función •

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........ arte y pensamientto

Alonso Arreola alarreo@yahoo.com

Desde Londres, el Million Dollar Quartet Hace frío. La función comenzará en un par de horas. Los restaurantes que circundan el llamado West End, área de teatros de Londres, ofrecen sus menús preshow sumándose a un movimiento que no se detiene ni un solo día a la semana, pase lo que pase con el clima o con la luz, esa huidiza que ahora se despide desde las cuatro de la tarde. Estamos a unas cuadras del Noël Coward Theatre, que desde hace apenas diez meses presenta Million Dollar Quartet, un proyecto que levanta sospechas pues, es inevitable pensarlo, tras los musicales de Mamma Mia! (dedicado a ABBA ), We Will Rock You (dedicado a Queen), BackBeat (dedicado a los Beatles) y Rock of Ages (dedicado al glam de los ochenta), parece sumarse al negocio de la melancolía con algo de cinismo. Pero no es así. Se trata, digamos, de una fotografía (la misma del disco a que hace referencia) que cobra vida momentáneamente para hacernos imaginar y compartir lo que pudo haber sucedido aquella noche en la que cuatro genios de la música estadunidense se juntaron en torno a un mítico productor. Historia conocida, su montaje y estructura es encomiable en todo sentido y nivel. El elenco es realmente notable. Todos los actores cantan de maravilla (obviamente), tocan de maravilla (raro) y, por si fuera poco, se parecen físicamente a quienes interpretan (rarísimo). El guión, atinadamente, no se anda por las nubes ni inventa más allá de lo probado. El vestuario es simple y perfecto, tanto como la escenografía que nos introduce a la intimidad de una sesión de grabación. Pero vayamos al principio. Mientras el público toma asiento, suenan de fondo grandes clásicos del rock estadunidense. En la pantalla que hace las veces de telón se lee: “El 4 de diciembre de 1956, en Memphis, Tennessee, un hombre trajo a Johnny Cash, Jerry Lee Lewis, Carl Perkins y Elvis Presley para tocar juntos por primera y única vez. Su nombre era Sam Phillips... El lugar, los estudios Sun… Esa noche ellos hicieron historia en el rock & roll.” Y sí, no sólo está esa fotografía hecha por el propio Phillips (que aquí reproducimos), también la grabación que todo lo prueba. Tras un energético inicio de “concierto” a cargo de un sexteto a cuatro voces, dos guitarras, piano (los actores Oliver Seymour-Marsh, Derek Hagen, Michael Malarkey y Matthew Empson, como Carl Perkins, Johnny Cash, Elvis Presley y Jerry Lee Lewis respectivamente) y base rítmica (Gez Gerrard en bajo y Adam Riley en batería). Uno a uno, van apareciendo los jóvenes personajes, mostrando la manera como firmaron contrato con Sun Records para después abandonarlo en pos del famoso “siguiente paso”, el de la gran disquera trasnacional contra la cual Phillips poco podía hacer en aquel entonces. Además de ellos, y como importante aderezo, la actriz y cantante Francesca Jackson encarna a Dayanne, novia de Elvis e interpreta formidablemente “Fever” (original de John Davenpor t y Eddie Cooley, conocida mundialmente gracias a Peggy L e e ) , quien funciona como t e s t i g o e h i l o c o n ductor para la audiencia neófita. Lo más conmovedor, empero, es la apuesta que los escritores Colin Escott y Floyd Mutrux hicieron junto al director Eric Schaeffer: mostrar a Sam Phillips no sólo como un héroe que supo reconocer e impulsar talentos en una época sin globalización ni redes sociales, sin patroci-

nadores ni rockstars, sino como un hombre que supo respetar la independencia de sus artistas incluso en momentos de “traición” o falta de solidaridad. Termina la obra y salimos a la calle St. Martin, cerca de la plaza Trafalgar. Cruzamos por unos cigarrillos; de entre las revistas en el mostrador sobresale Music Week, la más respetada en el mutante mundo de la música y sus dineros. En portada está la noticia que ha puesto a temblar al mundo de los negocios, y que en México pocos comentan: “The indies, the majors and the super major.” Se refiere a la compra que Universal ha hecho recientemente: nada menos y nada más que EMI Music. Lucian Grainge, ahora rey del monopolio, explica lo feliz que está por su nueva adquisición. Contrariamente, los más respetados de la independencia británica ponen el grito en el cielo y mantienen esperanzas de que la compra se declare fuera de la ley. Mientras son peras o son manzanas, tomamos camino de Picadilly, pensando en esa noche de hace cincuenta y cinco años, cuando aún había pasión en este negocio, cuando el oro era oro y no chapa de baratijas •

Jerry Lee Lewis, Carl Perkins, Elvis Presley y Johnny Cash

Luis Tovar cinexcusas@yahoo.com

Palabra de cinéfilo (I DE II) En la cuarta de forros de Vértigo, veinte años de crítica cinematográfica, el maestro Jorge Ayala Blanco sostiene, y con razón, que a Ernesto Diezmartínez, “como a todos los críticos de cine mexicanos de nuestra historia, le tocaron tiempos difíciles en que escribir: la época postGuerra de los Críticos, caracterizada por la desintegración paulatina y el desdeñoso desinterés gradual por el cine culto, que precedieron al generalizado desmantelamiento cultural de hoy y el consecuente triunfo del banal comentario proHollywoodproImcine, indistinguible del promocional o el lenguaje del marketing dominante”. Valga lo extenso de la cita para refrendar el alto grado de acuerdo que este sumaverbos declara respecto del aserto ayalablanquiano: jamás han sido verificables, en el mexicano entorno, buenos tiempos para ejercer un oficio que, aunado a los contratiempos arriba expuestos –desdén, desinterés, desintegración, desmantelamiento, banalidad–, históricamente le ha tocado lidiar con la distorsión perceptual emanada directamente de todo lo anterior. Es decir, al público en general, expuesto permanentemente a la proliferación de la publicidad cinematográfica disfrazada de periodismo, se le ha metido en la cabeza –literalmente “se le ha metido”– que la crítica cinematográfica consiste sobre todo, si no que única y exclusivamente, en dar puntual cuenta de los estrenos fílmicos semanales. Tal pavlovianismo mediático pareciera forzado a llevar, como un tatuaje, la ignominia del invariable encomio, reiteración que ha prohijado una curiosa esquizofrenia, en virtud de la cual una paradoja tremendamente simplona se ha erigido en norma: ahora se le llama “crítico de cine” a cualquiera que de modo periódico y sistemático haga públicos sus entusiasmos por este o por aquel filme, para lo cual basta –en la i-lógica del consumismo mediático incapaz de sustraerse a lo que “está de moda”, lo que es “del momento” o peor, “la nota”– con apersonarse en el estreno fílmico reciente, taquillero de preferencia, y luego declararle al mundo que la película esto o aquello, bajo la forma de comentarios que, sin trascender la esfera del gusto personal, son elevados a valoraciones críticas. Lo que ha hecho Ernesto Diezmar tínez a lo largo de las dos décadas más recientes y contando, y de lo cual este libro de hitchockiano título es prueba, es remar a contracorriente de dicha empobrecedora tendencia pobre. Dueño de un discurso personalísimo, riguroso en lo teórico y desabrochado en lo estilístico, esculpido en la lid constante de la publicación lo misdi i l mo en medios masivos tradicionales –verbigracia el diario Reforma– que en otros igualmente masivos pero de distinta índole en cuanto a quien los frecuenta –como el blog: cinever tigo. blogspot.com–, Diezmartínez debe ser considerado como uno de los pocos críticos mexicanos realmente capaces de navegar en muy distintas aguas y no naufragar en ninguna: las del cine más comercial y mercachifle, por un lado, y las del cine más mediáticamente anónimo y reacio a la complacencia. La clave, simple y hábil, ha consistido en aplicar siempre el mismo grado de conocimiento, seriedad y honestidad en la valoración y el análisis del fenómeno

CINEXCUSAS CINEXCUSAS

Jornada Semanal • Número 874 • 4 de diciembre de 2011

BEMOL BEMOL SOSTENIDO SOSTENIDO

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cinematográfico, ya se trate del más reciente petardo perpetrado por Hollywood, o del más fresco ejercicio de cuasiclandestinidad fílmica de algún oscuro operaprimista nacional. En este Vértigo, Ernesto recupera lo expresado en su momento en torno a media centena de películas, entre las que se incluyen la tril logía cromática kiesl lowskiana, dos de las t tres partes que comp ponen Toy Story, el cic violento del coreaclo n Park Chan-wook, no a como una consteasí l lación de obras lo mismo de autor –por e ejemplo las de Kiarostami o Mullholland Drive del infinito L Lynch–, que híbridas –como alguna del i inefablemente contrad dictorio Spielberg–, q francamente paque l lomiteras pero no por eso menos memorables y decididamente buenas –se habla de Wall- E . Desde luego, no se omite la inclusión de cine mexicano, siempre bajo la condición, expresada en la presentación que hace el propio Diezmartínez, de que forme parte de su muy personal y muy interesante top 50. Ahí, entonces, El crimen del padre Amaro, de Carrera y En el hoyo, de Rulfo, por mencionar un par. Puestos a leer sobre cine, para trascender la consistente mediocridad convenenciera de la pseudocrítica servida como si fuese un plato gourmet, pocos bocados tan sabrosos como éste que nos ofrece el respetado colega Ernesto Diezmartínez • (Continuará.)


arte y pensamiento ....... LA JORNADA VIRTUAL

Naief Yehya naief.yehya@gmail.com

Siria ante el precipicio (I DE II) REVUELTAS INCONCLUSAS Nada se ha ganado aún en las revueltas de primavera-verano-otoño árabes. Con la excepción de Túnez, un país relativamente marginado del mundo árabe, donde lentamente los cambios parecen comenzar a encauzar a esa sociedad hacia una tímida democracia–aunque el incremento en salarios y empleos no se ha materializado. Tras la caída de Mubarak, ahora el pueblo egipcio tiene que confrontar a un enemigo aún más peligroso: el general Mohamed Hussein Tantawi, líder del Concejo Supremo de las Fuerzas Armadas, que no respetará la voluntad popular a menos que EU se lo imponga. En Bahréin los manifestantes han sido aplastados y sus simpatizantes han sido amedrentados. Incluso el personal médico que cometió la ofensa de atender a los manifestantes heridos fue encarcelado, torturado y condenado a penas absurdas. Kadafi fue derrocado y asesinado, pero en su lugar ha quedado una turba intensamente comprometida con sus colegas golpistas de la OTAN, sus aliados europeos y estadunidenses. En Yemen la gente sigue en las calles mientras el presidente Ali Abdulah Saleh sigue maniobrando con la ayuda de sus amigos saudíes en busca de la fórmula para conservar aunque sea algo de poder. Por su parte, Arabia Saudita ha podido reprimir bestialmente a su minoría chiíta sin que la prensa haya tenido la oportunidad siquiera de observar.

OPORTUNISMO Y MIOPÍA Inicialmente las revueltas árabes eran malas noticias para los socios, proveedores y cómplices de los sátrapas de la región. Sin embargo, sucedió algo milagroso. De pronto también los regímenes considerados hostiles a Occidente

A LÁPIZ

comenzaron a tener problemas con sus muy desilusionadas y frustradas multitudes. Un dolor de cabeza para EU y Europa se convirtió en una oportunidad de oro para deshacerse de viejos enemigos. Así se colapsó Kadafi, a pesar de haber coqueteado con Occidente hasta perder todo pudor, y ahora parece tocarle su turno a Siria, el único Estado árabe que ha mantenido una postura congruente durante las últimas cuatro décadas respecto al conflicto palestino-israelí. Siria ha estado en la lista de villanos de la Casa Blanca desde los años sesenta y, en gran medida, es uno de los principales protagonistas de lo que aún puede considerarse como una posición árabe independiente. Lamentablemente, el régimen de Hafiz al Assad que heredó, en uno de esos vomitivos rituales despóticos, nepotistas y autoritarios, su hijo Bashar, practica el viejo sistema de que la paz interna equivale al silencio y la sumisión del pueblo. La brutalidad policíaca, la tortura, las desapariciones y las masacres están en la lista de los recursos con que el régimen baathista de Damasco controla la disidencia. Como otros regímenes cercados por potencias extranjeras, el sirio usa la amenaza externa como justificación para mantener un férreo control de todas las expresiones populares y de cualquier activismo político de oposición (un concepto casi inexistente en un país donde el dictador tiende a reelegirse con el noventa y nueve por ciento de los votos). Como otros detestables

Hace más de sesenta años, una parte del joven grupo de escritores hispanomexicanos decidió aparecer en público mediante cinco revistas de muy diversos perfiles, talantes e importancia; todas tendieron a ser de vida efímera, salvo Presencia e Ideas de México, que alcanzaron una duración de dos y tres años, respectivamente. Asimismo, su persistencia fue diversa: Clavileño publicó dos números; Presencia, ocho (dos de ellos fueron dobles); Hoja, cinco; Segrel, dos; e Ideas de México, dieciséis (cuatro de ellos, dobles). En las cinco fueron apareciendo todos los autores nacidos entre 1925 y 1934, con distintas proporciones y colaboraciones. En la última de ellas fue muy relevante la actividad de José Pascual Buxó (1931) como responsable de Ideas de

tiranos paranoicos, el gobierno sirio no permite ahora la presencia de corresponsales extranjeros, una medida miope y contraproducente, ya que si bien no impide que corran noticias (miles de blogs, videos y artículos de periodistas y ciudadanos circulan por la red) o rumores de lo que sucede en el país, sí permite que los enemigos del régimen difundan cualquier cantidad de mentiras, distorsiones y auténticas incitaciones a la violencia.

CON AMIGOS COMO ÉSTOS… Siria no es un país que cuente con muchos aliados y en estos momentos la mayoría de sus amigos la han abandonado: Turquía ha pedido la renuncia del Assad y ha declarado: “Siria ya pasó el punto de no retorno”; el emir de Qatar se ha aliado con sus vecinos para acosarlo, al grado de que ha convertido a la usualmente respetable Al Jazeera en un vehículo propagandístico (repitiendo rumores y noticias sin confirmar, en una campaña en contra de Siria comparable a la del fraude noticioso que se conoce como Al Arabiya) para atacarlo. Las potencias occidentales, Arabia Saudita (sin duda uno de los peores enemigos de los derechos humanos en el mundo) y sus vecinos incondicionales del Golfo Pérsico, ya planean irresponsablemente lanzar en contra de Damasco una ofensiva semejante a la que usaron contra Libia; el primer paso, que es la suspensión de la Liga Árabe (esa pandilla de tiranos reaccionarios que jamás han defendido otro derecho que el de oprimir a sus pueblos y que permanecieron impávidos mientras los ejércitos de Egipto, Marruecos, Omán, Bahréin y Jordania mataban a sus compatriotas civiles) tuvo lugar hace varias semanas • (Continuará.)

Enrique López Aguilar alapiz@hotmail.com

José Pascual Buxó, el poeta (I DE II)

4 de diciembre de 2011 • Número 874 • Jornada Semanal

México, ambicioso espacio juvenil que anticipó muchas de las preocupaciones posteriores de José Pascual como docente, investigador, editor, funcionario universitario, ensayista y poeta (este último, un aspecto suyo que no es del conocimiento general, pues casi todo mundo lo reconoce como catedrático, académico de la Lengua, autor teórico, investigador especializado en el barroco mexicano, destacado semiólogo y profesor emérito de la UNAM). Así es que una persona con obra abundante alrededor de sor Juana y Nueva España, de los estudios semiótico-literarios y de sus actividades docentes además de su trayectoria en labores de funciones administrativas y de investigación en la Facultad de Filosofía y Letras y en el Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM (y en otros muchos lugares que aquí no digo), resulta destacable, también, por su trabajo como promotor cultural desde joven y por el desarrollo de una obra poética desgranada entre los siguientes seis títulos: Tiempo de soledad (1954), Elegías (1955), Memoria y deseo (1963), Boca del solitario (1964), Materia de la muerte (1966) y Lugar del tiempo (1974); Memoria de la poesía (2010), publicado por la UNAM , es un libro que reúne toda su obra poética y fue impulsado y prologado abundantísimamente por el investigador boliviano Óscar Rivera-Rodas, radicado en Estados Unidos. Los de Pascual Buxó son seis poemarios repartidos en tres décadas: dos en los años cincuenta, tres en los sesenta y uno en los setenta. Bajo pregunta expresa hecha en la ciudad de Puebla, el mes de julio de 2011, el docto(r) Pascual Buxó intelectualizó la separación entre el poeta y el académico, el aparente silencio del poeta y la voz predominante del estudioso, y la aparente conclusión de que el erudito sigue poetizando con la inteligencia las cosas que ya no se

dicen con los versos. La explicación fue razonadora y elocuente; me pregunto si persuasiva. ¿Dónde quedó la musa? ¿Hay guardaditos poéticos en el escritorio de José Pascual, como Federico Patán supone que los hay narrativos en el de Arturo Souto? Parece que sí, pues Buxó leyó dos poemas del guardadito, completamente inéditos y no incluidos en la recopilación de 2010. La pregunta no es ociosa. En el mundo “real”, el enorme trabajo intelectual y sabio del profesor y académico ha logrado que, para muchos, sea cosa de olvido o de ignorancia otro muy fino, sutil y no menos brillante: el del poeta. ¿Cuándo decide un artista que deja de serlo? ¿Cuándo son las otras aptitudes intelectuales y expresivas las que vencen? Citaré a Antonio Carreira, quien afirma en una “Reseña de Ecos del exilio…”, publicada por la Nueva Revista de Filología Hispánica, en 2005: “Lo que sí parecen haber sufrido varios de ellos [los poetas hispanomexicanos], tal vez como sustituto de aquella España o de aquel Mediterráneo soñados, es la fascinación de Italia […]: Pascual Buxó […] se doctoró en Urbino con una tesis de Ungaretti traductor de Góngora […] Cualquiera puede comprobar a simple vista que […] algo más cantarín es el verso en Buxó y Xirau, transido de luz mediterránea, helénica.” Eso dice Carreira, en una inteligente, informada y extensa reseña: el verso canta más en Ramon Xirau y José Pascual Buxó, nacidos en Cataluña y luego llegados a México, que en otros poetas hispanomexicanos del mismo horizonte. ¿Será por lo catalán, por lo cercano de esta lengua con la provenzal y toda la tradición del sur de Francia, que proviene desde la Edad Media, y de la que Cataluña no se ha despegado? Las diferencias entre ambos poetas son sustanciales, aunque compartan una luz mediterránea diferente al sol del centro de España: a Xirau la musa le habla al oído en catalán (según confesión de parte, para diferenciar sus textos filosóficos), y Pascual Buxó ha puesto las palabras de su musa en español •

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Jornada Semanal • Número 874 • 4 de diciembre de 2011

....... arte y pensamiento Germaine Gómez Haro

Rodolfo Nieto: extraordinario dibujante Documentar la obra sobre papel de un creador cuyo quehacer artístico se caracterizó por la diversidad de técnicas que exploró a lo largo de toda su carrera, resulta un proyecto de gran trascendencia si tomamos en cuenta que el trabajo sobre papel –incluida la obra gráfica– ha sido en muchos casos injustamente catalogado como “el patito feo” en las artes plásticas de nuestra época. Es, por lo tanto, imprescindible insistir en la importancia de este género, teniendo en cuenta que, sobre todo a partir del vertiginoso boom del mercado del arte en la segunda mitad del siglo pasado, se ha privilegiado la pintura sobre tela u otro soporte similar, por encima del trabajo sobre papel, cuya comercialización, en términos económicos resulta, a todas luces, mucho menos atractiva. No exagero al decir que para mucha gente la gráfica y el dibujo o pintura sobre papel son considerados obras “menores”, o inclusive simples “bocetos” dentro del quehacer del artista, y esto por mero desconocimiento o ignorancia de la relevancia y la grandeza que la creación sobre papel significa dentro de la práctica artística. Ya no digamos que hay artistas multicelebrados hoy en día que ni siquiera saben dibujar. ¿Para qué tomarse la molestia si el rigor en la factura ya está en desuso? La obra sobre papel de Rodolfo Nieto cuenta con un amplio y multivariado corpus de dibujos, óleos, estampas, collages, tintas, acuarelas y gouaches sobre papel, como se aprecia en el espléndido volumen Rodolfo Nieto. Trazos ínti-

mos, recién publicado por la Secretaría de Cultura del gobierno de Oaxaca y la Asociación Civil Amigos del Museo de los Pintores Oaxaqueños (MUPO), un hermoso libro-catálogo que registra la exposición que se llevó a cabo en dicho museo para dar a conocer la magnífica colección que esta institución adquirió de la familia del artista. Pero, más allá del registro de esa muestra, este libro es un valioso testimonio de una faceta fundamental del pintor Rodolfo Nieto, figura clave de la plástica oaxaqueña contemporánea cuyo trabajo, dicho sea de paso, me atrevo a señalar que no ha sido reconocido tan ampliamente como lo merece. Este hermoso libro contribuirá también a tan necesaria difusión. Nieto logra una síntesis formal de esencia profundamente lírica y poética, centrada en la representación de figuras humanas estilizadas y animales fantásticos que, en algunos casos, se alejan de la representación formalista para adentrarse en los ambiguos parajes de la semiabstracción. El diseñador Claudio Sánchez Islas (Carteles Editores) logró con maestría conformar un caleidoscopio de dibujos que aparecen bellamente impresos, y que nos llevan de la mano por los diferentes estados de ánimo que suscitaron su realización, revelándonos a un artista a veces lúdico, siempre ensimismado, profundamente poético y quizás también iracundo y angustiado, como lo denotan algunos de sus trazos enérgicos y arrebatados. Se incluye un ensayo de Juan Carlos Pereda y la semblanza realizada por el propio diseñador. Pero, además, hay un detalle que me parece de gran encanto y un acierto en esta edición: se incluyeron cuatro cartas facsimilares escritas por el pintor a su madre, doña Josefina Labastida, y un juego de postales que ilustran escenas y paisajes costumbristas de Oaxaca en la época del pintor. Éstas se resguardan en una carterilla hecha con este propósito y, como guiño lúdico, el diseñador

Jorge Moch Chiflidos y chifladuras La escena es cerrada. Un rostro de hombre joven, un semblante apacible. Silba, despreocupado. Un chaval tranquilo, carga un morral al hombro; va relajado en el transporte colectivo y lleva en el rostro –cosa poco probable en estos tiempos en que solemos ir en peseras y microbuses, para acudir al coloquio, muy a las vivas– una vaga sonrisa de satisfacción. Podría ser cualquiera de nosotros, un compañero de trabajo, el joven que vemos pasar todos los días en cualquiera de las calles de cualquiera de nuestras ciudades. ¿Es un truhán, porque el que ríe solo de sus maldades se acuerda? No. Es sencillamente alguien que va por ahí, de buen talante, vaya. Viaja en un transporte colectivo que puede ser lo mismo un camión urbano que un vagón del Metro. Va encontrando gente amable a su paso. Se diría que es uno de esos múltiples, felizmente anónimos personajes de un cuadro de Lepe, aunque en la anodina grisura de la ciudad. El encuadre se va abriendo mientras el joven avanza en su periplo urbano, y por el beneplácito que sigue mostrando, definitivamente los asuntos de su vida deben llevar buen ritmo. Será que tiene un buen trabajo. Escuchamos la tonadilla mientras el cuadro se sigue abriendo. Es una melodía discretamente alegre, sin estridencias, muy de acuerdo con la sencillez que vamos adivinando en el silbante. En el colectivo no hay apretujones ni malas caras; afortunadamente la televisión es tecnología ajena a la reproducción de humores y sudores, pura cosa audiovisual. La tonadilla, ah, la tonadilla sigue ornando el aire que rodea a nuestro héroe simple; parece impregnar en los transeúntes que circundan su paso por una ciudad tranquila, sin grandes embotellamientos ni orangutanes al volante. Se respira un clima de armonía social. Ah, la tonadilla.

ARTES VISUALES colocó una de las cartas suelta entre las páginas, dando al lector la impresión de que fue dejada casualmente ahí . Este libro es, en sí, un espejo de la sencillez, elegancia y sofisticación que Rodolfo Nieto imprimió a todo su trabajo. Una publicación que va más allá de la estética del libro de arte, ya que su contenido –bien pensado, diseñado y producido– le proporciona al lector una imagen viva de este genial artista que un día sentenció: “Trato de hacer una pintura antagónica, llena de tensiones. Hago materias abyectas junto a materias preciosas”, palabras que, de alguna manera, se leen entre líneas al recorrer las páginas, y sintetizan la dicotomía plástica del artista oaxaqueño, cuya obra oscila entre la poética del imaginario y la expresividad adolorida •

CABEZALCUBO

tumbaburros@yahoo.com

El hombre llega por fin a su destino. Un hospital. Pero no nos llamemos a drama: porque el hombre mira por detrás nuestro, allende el objetivo de la cámara que nos convierte en anónimos espectadores del milagro de la felicidad. La escena corta a la mujer del hombre. Se la ve desmejorada pero feliz, la sonrisa plena, la piel brillante. La acompaña su doctor, al que es fácil intuirle el oficio por la paternal familiaridad con que trata a la joven pareja y porque lleva, claro, una bata blanca: un doctor también amable. En este sitio todo mundo tiene la sonrisa fácil pintada en los labios; yo quisiera estar allí. Una voz en off nos cuenta que la mujer, efectivamente, es esposa del hombre feliz que silbó la tonadilla, ah, la tonadilla, durante todo el trayecto. La mujer se va con él; nos dan la espalda, caminan hacia la puerta. Qué bueno que les fue bien, piensa uno. Vemos de espaldas la bata impoluta, el doctor que dice adiós. Se da vuelta, hace un gesto simpático, poco más y choca los talones, vuelve al trabajo a hacerse cargo de sus obligaciones, a salvar otras vidas en esta feliz república de risueñas gestualidades en que la fortuna lo puso. Va silbando. Es la misma tonadilla que silbaba el esposo de su paciente. La silba hasta desaparecer del encuadre. Disolvencia a blancos y a un rosetón gráfico de colores que es, por cierto, plagiado de un emblema tibetano. La voz en off nos explicó ya que se trata del cotidiano bienhechor que se respira en México gracias al régimen panista (“el gobierno del presidente de la República”, reza puntualmente el locutor para que no olvidemos de quién habla, por aquello de las usurpaciones) en el Seguro Popular, que es, por cierto, un plagio descarado de un programa propuesto por Andrés Manuel López Obrador, ese anatema, y que antes,

los que ahora lo cacarean, llamaron “populismo barato”. Ah, la tonadilla. Sólo que todo es mentira. El anuncio es propaganda realizada para tapar las desnudeces del régimen de uno de los peores presidentes que hemos tenido. O preguntémosle a Jaime. Es ayudante de albañil, tiene veinte años y su novia está embarazada. Fueron al Seguro Popular. Pasillos sucios, enfermeras mal encaradas (¿quizá por mal pagadas?), camilleros insolentes. Los trataron como basura. Los hicieron esperar por horas. Los regañaron y les dijeron que volvieran otro día porque no había médico de guardia, o medicinas, o simplemente ganas de atender jodidos ayudantes de albañil que van a pagar de por vida no haberse puesto un condón. Mejor se fueron al Hospital Civil que es, en muchas de nuestras ciudades, algo parecido a una resignación suicida, a que no haya ni alcohol en las repisas. Debe ser que a Jaime le faltó llegar silbando. Ah, la tonadilla… •


ensayo

46 de diciembre de 2011 • Número 874 • Jornada Semanal

Las trenzas de Herta Müller Lorel Manzano

L

a prosa de Herta Müller es una trenza. Una trenza gigante. Cada mechón, un motivo que se entrelaza con el siguiente y desaparece por un tiempo en el tejido. El tejido, una gran estructura de motivos. Müller entrenza su historia y tararea una canción en rumano, para ella una lengua sensual, hermosa, y cuando un mechón se acaba porque ahí el cabello no es tan largo, rebusca en la selva de mechones. Siempre encuentra uno. ¿Cómo hace para no perder el ritmo ni deformar el tejido? Sólo ella sabe. Sabe muchas cosas: sabe lo que es crecer en Nitzkydorf, Rumania, y pertenecer a una minoría germanoparlante, herencia de los abuelos suabos emigrados; sabe de mujeres rotas, de tierras pobres y de padres que amaron al Führer. Paisajes y personajes que habitan su obra, porque al momento de hilar las trenzas de sus historias, Müller piensa en la realidad, en su experiencia de lo vivido. Las primeras impresiones, las de la infancia, están recogidas en En tierras bajas, libro de relatos publicado en 1982, en una versión censurada por la dictadura rumana, y presentado dos años más tarde de manera íntegra en Alemania. En la serie de relatos El hombre es un gran faisán en el mundo retoma los delicados mechones de una niña perteneciente a una comunidad germano parlante, en una realidad de la provincia rumana. Esa niña que creció pensando en alemán y aprendió rumano a los quince años: entonces se dejó seducir por una lengua de sonidos delicados, de metáforas inauditas; entonces escuchó con mucho interés las cancio-

nes populares rumanas y descubrió en ellas “la más pura lírica”. Müller, tejedora de sonidos inauditos. Como el toque de queda bajo la dictadura de Nicolae Ceauũescu. Un horror estridente en su obra. Su novela La bestia del corazón entrenza, bajo las estridencias de la opresión, la historia de un grupo de muchachos provenientes en su mayoría de tierras pobres, paisajes que se advertían “tal vez en los pómulos, en la comisura de los labios o en el centro de los ojos”. Estos estudiantes de origen suabo despiertan la sospecha de la Securitatea, policía secreta, por su afición a la poesía, a los diarios personales y a las canciones populares. ¿Absurdo? Así es: para Müller los sistemas represivos tienen miedo de la literatura, siempre peligrosa, porque es capaz de despertar el deseo de libertad, porque incita al pensamiento a revelarse contra su domesticación. Y con el tiempo la vida cotidiana bajo la dictadura se vuelve absurda, pues todo en ella es digno de sospecha: los dolores de espalda de las madres, las tijeras de la manicura, los cabellos dentro de las cartas, así como un sector creciente de la población dedicado únicamente a la vigilancia, a la fabricación del miedo y la sospecha. Müller ha publicado más de veinte títulos, entre ellos figuran el ensayo, la novela, el relato, la poesía. En esos años ganó algunos de los premios más importantes en lengua alemana, premios que llevan el nombre de autores que vez tras vez son capaces de exacerbar el ánimo hasta el delirio: Heinrich von Kleist, Franz Kafka, Heinrich Heine, Franz Werfel.

Herta Müller escribe sobre su experiencia y sobre las vidas que le son cercanas; por ello sus temas son la vida rural, la dictadura, los campos de trabajo del stalinismo, la terrible adaptación de quienes emigran del campo a la ciudad. Pero hay algo más: conoce muchos tipos de trenzas. Trenzas de vaina entretejidas, de la paja que pende bajo un asiento, la trenza larguísima hecha turbante en la cabeza. Trenzas con un algo del tejido de Christine Lavant, escritora austríaca que nació por los años de la primera guerra mundial y pasó la mitad de su vida en hospitales psiquiátricos. Aquellas trenzas de Lavant, largas y perversas, cerradas sobre el delirio, el espacio opresivo de la infancia transcurrida entre hospitales. Müller se dice particularmente cercana a la tradición austríaca del lenguaje, y por lo tanto, al alemán del banat rumano que perteneció al imperio austrohúngaro. Las trenzas de Herta Müller son tejidas por una lengua acechada por la imaginación. Desarrolla una serie de descripciones, de sensaciones vivas sólo en el espacio del lenguaje. El lenguaje no sólo narra: se cierra sobre sí mismo en un espacio creado por una sensibilidad terrible y perversa. Al final sólo queda una mujer de ascendencia suaba, entrenzando su historia con la mirada fija a lo lejos y cantando una canción rumana. Nitznitzkydorf y la dictadura rumana ahora habitan otra geografía: la lengua de Müller, quien sigue bordando sus trenzas con los motivos que habitan detrás de sus ojos, y lo hace mientras tararea una melodía triste, la de su imaginación •

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Semanal 04/12/2011  

Semanal 04/12/2011