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EDITORIAL Tras la breve pausa decembrina y luego de celebrar nuestro séptimo aniversario con un inolvidable concierto con Rafael Pino y los proyectos Recordatorio y Presidente tocando juntos, regresamos con energías renovadas para enfrentar un año 2016 repleto de nuevos retos. Ladosis 39 la dedicamos principalmente a revisar lo más relevante realizado por venezolanos en 2015, donde quiera que se encuentren. Fue un año en el que Venezuela vivió una crisis de grandes proporciones que ha motivado a muchos a buscar otros horizontes. La diáspora producto de la crisis es innegable. Todos, los que se han ido como los que se quedan, tienen un cordón umbilical con su país, incluso aquellos que ya llevan muchos años viviendo en otras naciones. Todos forman parte de la realidad musical venezolana. Durante el pasado año se produjo material de muy alta calidad, quizá no tan abundante en cantidad, pero sí lo suficientemente relevante como para rankearse con otros países de la región que no viven una situación tan difícil. Repasamos, por tanto, lo ocurrido en esos doce complicados meses.

Alineados con el tema de la migración, entrevistamos a varios músicos radicados en ciudades como Nueva York (Neil Ochoa, Juancho Herrera), Miami (Pablo Estacio) y México D.F. (Gustavo Guerrero). Nos acercamos a ellos para conocer sus realidades, unos con mucho tiempo trabajando fuera de Venezuela y otros de data reciente. En el caso de Guerrero lo abordamos por su proyecto en conjunto con José Ignacio Benítez que bautizaron con alter ego: Augusto Bracho y Moisés de Martín. Estacio ha reflotado su esencial banda Bacalao Men con otros 4 venezolanos radicados en Miami y con los que tiene historias musicales en el pasado. Ochoa se fue a fines de los 90 y hoy se concentra en Los Crema Paraíso, junto a José Luis Pardo. Por su parte, Herrera se fue en 1993 y hoy es un afamado guitarrista de la escena world music neoyorquina. Nos acercamos al interesante universo de Rafael Pino y su excepcional voz; a la cantante de fado Andrea Imaginario; al gran bajista y productor Diego Paredes y al fantástico proyecto La Provisional que dirige el guitarrista

Humberto Scozzafava. Además, revisamos algunos importantes discos como el nuevo (y prácticamente póstumo) disco de David Bowie, el segundo álbum del músico electrónico venezolano Arca, lo nuevo de Coldplay, Lana del Rey y Keith Richards, y trabajos de los venezolanos José y El Toro, Augusto y Moisés, La Nota Ignota, Niño Nuclear, María Lavanda, Zarik Medina y Presidente. También nuestra sección de conciertos, que incluye Noches de Guataca, la percusionista Diana Montoya, los Beat 3 y el homenaje a Lennon, la décima edición del Navijazz de Gerry Weil, y dos inolvidables shows: en Toronto (King Crimson) y en Madrid (Peter Hammill). A punto de lanzar nuestra página web (www.revistaladosis.com) que se convertirá en nuestra plataforma principal, presentamos la edición #39. Gracias por estar ahí.

12 RAFAEL PINO “Aburrirse en el arte es lo peor

24 PABLO ESTACIO

Ladosis

ÍNDICE 06 JUANCHO HERRERA Un ciudadano del mundo 08 LA PROVISIONAL Funky-arroz con mango-pop

composición, ella va dictando el resto”

El regreso de los hombres bacalao

28 VENEZUELA 2015 Crisis, diáspora y música de altos quilates

que nos puede pasar”

14 NEIL OCHOA Un venezolano en Nueva York

10 DIEGO PAREDES “Como purista creo mucho en la

18 ANDREA IMAGINARIO “El fado también es alegría”

36 Discos para leer 44 Ahí Estuvimos

20 AUGUSTO Y MOISÉS La suma de dos titanes

Edición #39 Año 7 (2016) © Todos los derechos reservados

Una publicación de La Bemba Producciones, C.A. Rif J-31579764-0 Calle París, Res. La Isla, Apto. 11, Las Mercedes. Caracas.

Editores/Directores JUAN CARLOS BALLESTA jcballesta@gmail.com XABIER LANDA xabilan@gmail.com revistaladosis@gmail.com www.revistaladosis.com www.facebook.com/Ladosis www.issuu.com/Ladosis twitter: @revistaladosis Instagram: @revistaladosis You Tube: Revista Ladosis

Director de Arte: AARÓN LARES Correctora: Reina León Beretta Asistente de redacción: Luisana Díaz Luporsi Portada Composición gráfica con material venezolano de 2015. Autor: Aarón Lares

Las colaboraciones son rigurosamente solicitadas. Colaboran en esta edición: Carla Herrera, Carlos López, Don Ungaro, Emilio Méndez, Erik Galindo, Eugenio Scalise, Facundo Bustos, Gabriel Pérez, Humberto Sánchez Amaya, Leonardo Bigott, Luis Cantillo, Luis León, Luisana Díaz Luporsi, Mercedes Sanz, Rui Cordovez, Tomás Jaimes, Vanessa Alcaíno.

Agradecimientos especiales: Aarón Lares, Carla Montero, Luisana Díaz Luporsi, Movistar, Polar Ice, Presidente (Heberto Áñez), Rafael Pino, Recordatorio (Armando Áñez), Reina León Beretta, Rojo y Negro, UV Backline.

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Centro Cultural Chacao / Noviembre 14, 2015

2. Rafael Pino y El Macuare

3. Recordatorio y Presidente

Fotos: Leonardo Bigot 04


Concierto 1. Recordatorio y Presidente

7mo ANIVERSARIO

5. Rafael Pino y El Macuare

4. PĂşblico presente

6. Recordatorio y Presidente

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JUANCHO HERRERA

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Foto: Kathy Boos

Un ciudadano del mundo

El guitarrista y compositor venezolano decidió buscar otros horizontes hace 22 años, aterrizando inicialmente en Boston, Estados Unidos. Su background en Venezuela incluía estudios en la Escuela de Música Ars Nova, así como la participación en varios grupos, entre ellos Solazul (jazz latino) y el recordado Sus 4, banda de jazz rock de San Antonio de Los Altos. Con tres discos como solista e infinidad de colaboraciones, Herrera está consolidado como uno de los más importantes de la escena world music neoyorquina ligada con lo latino.

Juan Carlos Ballesta

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Juancho viajó sin pensar en no regresar a su país. Casi siempre ocurría así en tiempos cuando muchos músicos tuvieron la posibilidad de salir a estudiar. Los estudios en Berklee College of Music en Boston, que inicialmente serían por un corto período, se extendieron durante dos años y medio, tiempo durante el cual Juancho comenzó a trabajar y a tocar en el circuito de la ciudad. Seis años en Boston fueron el preámbulo para lo que vendría después. Tras una corta estancia en Barcelona, España, la oportunidad de radicarse en Nueva York surgió hace poco más de 15 años. En el epicentro del melting pot, Herrera ha desarrollado una extensa carrera en la que ha colaborado con una inmensa cantidad de músicos y viajado por Europa, Asia y América, tocando en escenarios de todo tipo. Claudia Acuña (jazz), Marta Gómez (folclore), Lila Downs (fusión) y Sofía Rei (jazz), son cuatro de las más grandes artistas latinoamericanas con las que ha tocado y grabado como miembro de sus bandas, pero también ha sido parte de grabaciones

de Branford Marsalis, Mercedes Sosa, The Chieftains, Ryuichi Sakamoto, Alejandro Sanz, Aquiles Báez, Johnny Pacheco, Joe Vasconcellos, Idan Raichel y muchos más. Su guitarra ha sido parte también de bandas sonoras de filmes independientes y de obras de Broadway. En plan solista, Herrera debutó con Buscando (2005) y seis años después lanzó Banda (2011), con muchos invitados con los que había tocado. En 2015 editó El mismo Sol, en formato cuarteto y se presta a publicar el siguiente trabajo. En su reciente visita a Caracas, conversamos un buen rato con Juancho, quien conserva su acento caraqueño noventero.

¿Qué te trajo a Venezuela después de tantos años sin tocar?

Fui invitado a tocar en Fimven. Hace unos meses fui seleccionado para participar en Circular, una iniciativa que funciona como un mercado musical. Ahí había un jurado y fuimos seleccionados veinte para tocar. Allí


conocí a José Jesús Gómez, organizador de Fimven que estaba allí nutriéndose. Me invitó y acepté inmediatamente porque en los últimos años no había pasado más de tres días en Venezuela y quería aprovechar para ver a mi familia, en especial a mi mamá.

¿Cuándo te fuiste y en cuáles lugares has vivido?

Me fui hace ya 22 años, en 1993. Estuve primero en Boston, luego en España y desde hace 15 años vivo en Nueva York. En realidad me fui porque me dieron una beca para estudiar en Berklee College of Music. Era por un año, trabajé en todo lo que pude, incluso en una zapatería, y logré lo que no me imaginaba: graduarme bien. Terminé estudiando dos años y medio y me quedé seis en Boston. Entonces en 1998 decidí irme a Barcelona, España, y cuando regresé a buscar mis cosas me surgió la oportunidad de tocar en Nueva York con una orquesta de folclore argentino con influencias de Piazzola que dirigía Pablo Ablanedo y terminé tocando con el gran compositor Guillermo Klein, uno de los grandes pianistas de Argentina de los últimos 30 años. Era un músico que yo admiraba mucho y eso me hizo darme cuenta de que debía quedarme en Nueva York. De eso hace 15 años y desde entonces me he desarrollado mucho dentro de la corriente world music y también con algunos proyectos más jazzísticos.

¿Con quiénes has tocado y qué lugares?

Con muchos. En jazz comencé tocando con Claudia Acuña y en el plano folclórico con Marta Gómez. Más adelante me involucré con un proyecto más rockero psicodélico como el de Lila Downs con el que grabé dos discos. Cuando yo decidí salirme recomendé al guitarrista venezolano Rafael Gómez (ex Bacalao Men), quien sigue con ella. He tocado desde sitios emblemáticos como el Lincoln Center y el Carnegie Hall, en el Blue Note, hasta un montón de bares de la escena jazzística y latina. También en locales con historia como el Knitting Factory cuando todavía era avant garde, el Bitter End donde tocaba Bob Dylan o el Café Wha en el que tocaba Jimi Hendrix. Últimamente estoy más dedicado a buscar conciertos para mi proyecto y menos bares.

¿Qué recuerdas de aquellos primeros años 90 con tu grupo Sus 4?

Éramos felices y no lo sabíamos (risas). Realmente éramos muy chamos, pero teníamos buenas ideas.

¿En qué se diferencia tu nuevo disco del anterior y cómo lo definirías?

Ahora toco con una banda estable, tres personas y yo. Casi no hicimos overdubs, prácticamente todo es tocado en vivo en el estudio. En el anterior traté de hacer una fotografía de toda la gente con la que había tocado y por eso tiene tantos invitados. Las cosas han cambiado mucho en pocos años, el

formato CD ha ido en declive y la inmediatez es la norma. Uno edita un disco y a los cinco meses ya te están preguntando qué es lo que estás haciendo, como si la música reciente ya fuera vieja. Por eso ahora dejé la mitad del repertorio nuevo fuera del disco, así que lo dejé en formato EP, y el resto, para marzo o abril de 2016. Eso permite estar más presente en el ciclo de noticias, además de poder variar un poco la estética de las canciones. Una diferencia fundamental es que por primera vez no soy el productor sino que lo coproduje con la banda, es mucho más participativo. Trabajo mucho en las canciones con el baterista y el bajista (Yayo Serka, chileno; Ben Zwerin, francés), que han trabajado con Angelique Kidjo, Yanick Noah, Susana Baca, entre muchos. Es un disco más orgánico, menos pre-producido, con elementos venezolanos, peruanos pero con un feeling más bluesero. El primer tema, por ejemplo, es una tonada tocada como un blues.

¿Qué tanto de Venezuela y cuánto de otros países hay actualmente en tu música?

Antes me proponía investigar los puntos en común entre, por ejemplo, la música cubana y la brasileña, y los trataba desde mi óptica. Con el tiempo he ido construyendo un lenguaje, cosa que tiene sus aspectos positivos y negativos ya que por un lado la gente no está acostumbrada pero por el otro si logras engancharlos ya te haces reconocible.

¿En qué te inspiras para escribir los textos?

Este nuevo disco lo ubico dentro de una temática de conflicto, de varios tipos. Hay temas serios, otros más jocosos. Hay un tema sobre la violencia doméstica, otro sobre lo que supone una relación furtiva en un bar y sus consecuencias, sobre la situación política en Venezuela, sobre el tema del Medio Oriente…No pretendo decirle a nadie lo que tiene que hacer, pero sí reflexionar sobre el Foto: Daniel Moreno

hecho de que todos tenemos que pasar por las mismas cosas, hacer las mismas colas, pagar los mismos impuestos. Todos vivimos bajo el mismo Sol, y de ahí el nombre del disco. Hice una versión a la caraqueña del clásico tango “Cambalache”, que tiene una melodía súper contenta para decir que el mundo es una basura.

¿Cuál es tu público primario?

Es la gente que oye world music. En realidad es un público selecto de muchas partes del mundo que vive en Nueva York o norteamericanos que han viajado mucho. Yo estoy claro que lo que más funciona en Estados Unidos es la música blanca o la negra, eso quiere decir hip hop, rock and roll, country y r&b, en general. Lo demás es minoritario, pero dentro de ese nicho he logrado hacerme un puesto por haber tocado con unos cuantos proyectos muy interesantes. Además, soy parte de un colectivo suramericano que organiza un festival que forma parte del mercado que mantiene este circuito en el que me desenvuelvo. En esto hay mucho de autogestión y networking.

¿Cuáles son tus influencias primarias?

Las primeras vienen de mi padre que era serenatero y tocaba muchos boleros y tangos. Luego la música cubana, los Beatles increíblemente, el jazz y en especial John Coltrane, el blues norteamericano -al que llegué tarde-, la música brasileña y luego la africana. Cuando tenía 15 años escuchaba cosas distintas a mis amigos, yo estaba con Fito Páez, Mercedes Sosa…

La música africana se deja colar notablemente en tu música. ¿Qué te interesa más de ella? Me gusta mucho la presencia que tiene la guitarra. La música africana me dio la posibilidad de acercarme a la afro venezolana, que no tiene guitarra. Eso me enseñó a tocarla con guitarra desde una perspectiva africana, un puente que me trajo de vuelta a mi país. Guitarristas como Ali Farka Touré, me han influenciado mucho. Todo se conecta, la mayoría de influencias que tengo vienen de África. Haber vivido en el Caribe tiene eso, estamos en el medio del planeta y recibimos influencias anglosajonas que se mezclan con lo autóctono que a su vez tiene mucho de África.

¿En qué andas y qué viene?

He estado produciendo algunos artistas y trabajando en el próximo disco que será un poco más acústico. Un disco que grabé con Marta Gómez fue nominado para los Grammy. Estoy tocando con Junior Jiménez, un grupo de música cubana de salsa rock.

¿Vives de la música entonces?

De la música nunca se vive holgadamente, hay que hacer de todo. Si tienes la plata no tienes el tiempo porque entonces estás trabajando mucho, y si tienes el tiempo quiere decir que no tienes la plata.

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LA PROVISIONAL

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Funky-arroz con mango-pop Estación Espacial Caracas se convertirá en un álbum al que habrá que regresar. Escucharlo otra vez para descubrirle más elementos sonoros. Al menos así funciona para el melómano. Obviamente se trata de un disco elaborado, pero que nació de forma accidental. Su creador es el compositor, guitarrista, tecladista y programador Humberto Scozzafava, quien tiene una trayectoria que se remonta a los años 80, tocando para diferentes artistas, haciendo música para televisión y versiones, con otros colegas, de temas de jazz a funk, electrónica y acid jazz, hasta llegar a su proyecto La Provisional, cuya placa fue reseñada en Ladosis #38. “En esa época estaba super ocupado haciendo música para otra gente. Entonces ese era el proyecto de desahogo como para vacilar con los panas. Yo llegaba a los ensayos: aquí les traigo este arreglo pero vamos a tocarlo sólo hoy porque es algo provisional, así que no se emocionen mucho porque la semana que viene traigo uno que es definitivo. Pero como estaba tan ocupado, llegaba al siguiente ensayo con lo mismo: bueno les hice unas modificaciones pero es provisional (risas). Entonces en un momento ellos comenzaron a vacilar y dije que definitivamente este proyecto debería llamarse La Provisional, porque me di cuenta de que puede funcionar como nombre. Incluso ahorita, que ya el disco está hecho, todavía me encuentro con situaciones de absoluta provisionalidad. Y bueno es así como la vida,

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Lo que nació como algo lúdico, informal y perecedero, ya tiene identidad y fuerza como para quedarse un buen rato. El grupo caraqueño que dirige el guitarrista Humberto Scozzafava presentó este año su primer disco independiente y se halla grabando material para nuevas producciones.

Mercedes Sanz nada es definitivo. Y me suena a nombres como La Perfecta, La Dimensión Latina, aunque no es un grupo de salsa”. De esta manera Scozzafava reseña cómo se formó la agrupación. Tiene el formato de una orquesta, de trabuco que viene trabajando desde hace diez años. Ellos combinan electrónica, acid jazz, funk; mambo, cha cha chá y más música afrocaribeña, lounge, y el resultado es un jazz latino-venezolano donde convergen sonidos de ayer y hoy. Un experimento que no suena a nada de lo que se ha hecho musicalmente, ni a nada de lo que se está haciendo. Actualmente La Provisional cuenta, además de Scozzafava, con Gerardo Lugo

(piano), Miguel Blanco (bajo); Glenn Tomassi, José Ramoncini, David González y Alain Henriot (metales); Omar Pereira (percusión) y Gerardo López (batería). “Es un proyecto que incorpora electrónica. La idea es hacer batería de verdad, metales de verdad. Hay músicos invitados, hay un cuarteto de cuerdas -el Cuarteto Millenium-. Iba a ser un disco de estudio, pero mucha de la gente que participó después quiso hacer la banda. Fue un proceso inverso, lo que se suele hacer es primero la banda y después un disco, aquí fue al revés, primero se hizo un disco y después surgió una banda (risas)”, señala Scozzafava acerca del nacimiento natural de La Provisional, lo que reafirma que las grandes cosas se crean de forma espontánea, sin rebuscamiento. La Provisional tiene planeado hacer presentaciones en vivo y ya están grabando nuevo repertorio para próximas producciones. Estación Espacial Caracas estará nuevamente en su edición física en varias discotiendas. “Mi objetivo artístico es fusionar cosas. Me di cuenta de ¡oye! tu camino es éste, tú no eres jazzista ni haces música clásica. Por ejemplo, en una hora estoy oyendo salsa, después paso a drum’n’bass. Tengo 46 años y viví la época del cassette. Cuando uno era chamo, grababa seguido una canción de Police, luego rock sinfónico, después un tema de la trova, era un mixtape, un arroz con mango que al final lo que demuestra es que uno tiene afinidad por músicas que son muy diferentes”.


Diego Paredes

Fotos: Facundo Bustos

Fotos: Facundo Bustos

DIEGO PAREDES “Como purista creo mucho en la composición, ella va dictando el resto” Este extraordinario bajista, más conocido en el medio musical como arreglista y productor, ha tenido una agenda copada con el lanzamiento al mercado de su disco Después de ayer. Sumado a ello, su proyecto DiElfo junto al baterista Adolfo Herrera, pronto estará disponible en las tiendas de discos. Su sonido es digno de atención en todo el planeta.

Leonardo Bigott

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El abanico de estilos musicales de Diego Paredes es de una loable amplitud. Rock, jazz, pop, electrónica y otras tendencias, conforman parte de su faena diaria. Su trabajo incluye además las producciones de temas que han logrado posicionarse exitosamente en las carteleras radiales. Dentro de su espectro, destacan proyectos de gran envergadura como el Latin American Idol y también los de reconocidos personajes del mundo artístico como Mariaca Semprún, Nelson Arrieta y Vielka y su Tumbao. Ha sido también bajista de Chino y Nacho, Changuito, Jerry Rivera, Guillermo Carrasco y muchos otros. En 1999 fue merecedor del premio de la Fundación José Ángel Lamas como “Mejor Bajista” y en 2014 Pepsi nominó a su producción Tango remedio de Daniela Bascopé, como “Mejor Álbum Pop del Año”. En 2006 funda Tumbao Music, compañía encargada de la producción y el manejo de artistas que ya cuenta con amplia experiencia.

Su formación musical incluye estudios en el prestigioso Bass Collective de New York City. Allí tuvo la oportunidad de estudiar armonía, técnica e improvisación, lectura avanzada, técnicas de grabación y ensamble. Su participación en los cursos del SOJ Jazz Study Center le llevó a estudiar con grandes músicos entre quienes destacan John Patittuci, Lincoln Goines y Gary Willis. La lista es considerable. Su reciente proyecto DiElfo, dúo junto al baterista Adolfo Herrera, está enmarcado dentro de la exploración de sonoridades electrónicas y acústicas empleando bajos en vivo.

¿En qué onda musical vibra Diego Paredes?

Yo creo que las composiciones van dictando el género. Por ello la dinámica, la orquestación y cómo produces todo, te va diciendo si es más jazz, fusión, rock…


¿Qué dirías sobre Después de ayer?

Yo lo veo más como el disco de un productor. Claro, la línea principal la lleva el bajo pero también participan como invitados grandes solistas.

¿Cuántos músicos participan en esta grabación? Participan 17 músicos.

¿Entonces pudiera decir que tus exigencias son similares a las de Donald Fagen y Walter Becker de Steely Dan?

Van sucediendo cosas. Por ejemplo, Diego Álvarez es un gran amigo. Le llamé cuando grababa a Daniela Bascopé y en ese momento lo aproveché para que grabara una de mis composiciones. Igualmente con Gerald “Chipi” Chacón, quien vino a grabar en las sesiones de la gran cantante venezolana Tania y entonces tomaba esa oportunidad para pedirle que grabara para mi CD. A otros sí los llamaba.

¿Cómo ves el desempeño de cada músico para tu CD?

Lo veo como algo puntual. Si tomo el caso de Adolfo Herrera, él aparece en cuatro temas como baterista y en uno como percusionista. Él es el músico más recurrente, pero de pronto llamo a Eric Chacón para que me haga un solo específico en la parte de algún tema. No se trata de un grupo en formato de trío o cuarteto de jazz para grabar el álbum.

¿Significa que tu preocupación es más por un sonido específico para cada tema teniendo presente no un grupo sino el aporte individual? Sí. Yo soy un gran fanático del “sound design”.

¿A eso te refieres cuando dices que el disco es más el trabajo de un productor?

Sí. En cada uno de los instrumentos que se graba, se pone el máximo de ejecución. Esto

también significa mayor libertad en mi trabajo como productor que las propuestas más comerciales como las de Daniela Bascopé, Víctor Muñoz y Víctor Drija. Es decir, no tengo restricciones ni formatos preestablecidos. A esto se le suma mi estudio diario de la improvisación, el jazz, etc., lo cual también me da una gran libertad.

¿En sí, qué da origen a Después de ayer?

Todo comenzó con un tema llamado “Trabuco” que hice con Patricio “El Chino” Díaz cuando tocábamos en un grupo llamado Cabijazz donde estaban Vielka Prieto, Roberto “El Lobo” Moreno y Álvaro Paiva. Esto también significa la existencia de la influencia afrocubana y mis vivencias neoyorkinas que trajeron el jazz y el funk. Y por supuesto la música venezolana. También me gusta el pop, me encanta John Mayer y Alejandro Sanz. Me gusta mucho el rock, yo vengo de un background rockero. Todo eso está en el disco como parte de algo que me es natural.

¿Los ocho temas que conforman el álbum son de data reciente o se fueron haciendo en los últimos años?

De los ocho, siete son míos. El otro es un estándar, no tan estándar, llamado “I Wanted to Say” que hice a trío con Adolfo Herrera y Gabriel Chakarji. Los temas fueron compuestos con el pasar de los años. “Trabuco” fue la chispa que inició esto y fue compuesta hace siete años. Entre ese momento y ahora fueron surgiendo los otros pero no de manera regular así que fue un proceso largo similar a armar un rompecabezas. En ese proceso también tuvo que ver el desarrollo tecnológico porque eso permitió otras ideas que dieron mayor capacidad expresiva a mi bajo. La idea del CD me vino aproximadamente hace año y medio. “Trabuco” se puso en Youtube y obtuvo unas 80 mil visitas e incluso tuvo una influencia en músicos más jóvenes. Esa pieza

fue simplemente la pieza de unos músicos queriendo hacer música y ya.

¿Significa entonces que también los músicos fueron apareciendo con el paso del tiempo?

Así es. Santiago Bosch, Rubén Márquez, Yoel Patiño, Mariaca Semprún y los que hemos mencionado en esta conversación fueron apareciendo con el paso del tiempo en diferentes proyectos cuya producción estaba a mi cargo. Es decir, el CD está hecho con músicos incidentales.

¿Cómo defines tu proyecto? ¿Qué tanto hay de improvisación?

Debo decir que una de las características de los temas es que todos tienen espacio para la improvisación. Ese elemento deriva de mi apego por el jazz y la influencia de bajistas menos preocupados por las piruetas y más interesados en lo melódico o en las texturas y el empleo de acordes, como es el caso de Jimmy Garrison (John Coltrane) o mi profesor Matt Garrison, cuya técnica empleando acordes combinados con melodía están más dentro de lo que hago. También está Janek Gwizdala, un bajista increíble a quien invité a Venezuela hace varios años, y mi influencia como productor.

¿Existe un conflicto entre el productor y el músico cuando se es la misma persona?

Creo que el productor debe estar al servicio de la música. Yo pienso primero como arreglista y productor antes de pensar como bajista. No es que yo grabo una línea de bajo y luego se la doy al productor a ver qué hace con eso. De ahí que Germán Landaeta sea para mí uno de los mejores ingenieros del mundo porque el trata la música de modo especial tomando la interrelación entre los instrumentos y lo maneja con los espacios existentes. Lo otro es sacarle el jugo a los músicos que te acompañan, es decir que su personalidad quede plasmada en el trabajo. Por ejemplo, les permito que se desarrollen en un momento dado dentro de un espacio específico. De allí que sea más un CD de pinceladas. Lo otro es que participé en cada parte del proceso menos en la mezcla y masterización, eso se lo dejé a Germán.

Para terminar, ¿qué tema te atrae más del disco? ¿El orden fue premeditado?

No me hagas esto. Creo que depende del estado de ánimo. En cuanto al orden, no soy bueno en eso pero comencé con “Chimp” porque es mi forma de presentarme como bajista, porque interactúo e improviso. Todo eso se va desarrollando pero no como una estructura tradicionalmente jazzística. El tema posee una densidad muy interesante que se torna muy libre. En la medida en que oyes el álbum vas experimentando cambios interesantes que van desde el funk hasta un rock explosivo pasando por matices increíbles como el tema que concluye en la voz de Mariaca.

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RAFAEL PINO

“Aburrirse en el arte es lo peor que nos puede pasar”

Uno de sus atributos es tener esa voz auténtica y adaptable a ritmos tradicionales y actuales venezolanos. Por eso es muy solicitado. Ahora presenta sus propios proyectos: Rafael Pino y el Macuare, y el audiovisual Catálogo y Materia Pendiente. El año próximo piensa mostrar su primer disco.

Mercedes Sanz

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Una voz melodiosa y afinada convocó el silencio y la quietud en la sala. El público estaba atento a la figura del intérprete, su grupo y la canción a capella “Avión de papel”. Pero cuando entonó el golpe tuyero “Malvada mía”, ¡bueno pues, se prendió el baile! Hasta el más rockero estaba allí moviendo los pies. El ambiente fiestero siguió creciendo. “Ese tipo me recuerda un poco a Francisco Pacheco”, dice un músico asistente acerca de Rafael Pino, quien abrió el concierto. Era el aniversario de Ladosis (Nov 14, 2015) en el Centro Cultural Chacao, que también contó con los invitados Presidente y Recordatorio. Cuando dice algo que lo emociona, mueve los brazos como si fuese a tocar maracas. Es inquieto y dicharachero. Tiene 29 años de edad y parece que tuviera al menos unos 50 por sus anécdotas y experiencia. “Mi mamá siempre me lo decía, es que he compartido con mucha gente mayor (risas)”, comenta Pino.

Foto: Daniel Moreno

Productor, compositor y percusionista, es una de las voces más prometedoras en la música venezolana, muy versátil, capaz de amoldarse a diferentes ritmos. Es un futuro crooner. “Mi abuela es de Carayaca y la primera vez que oí joropo tuyero fue por ella. Escuchaba mucha radio. Ese joropo tiene un son de baile y de fiesta increíble, es el que rodea todo el valle de Caracas”, agrega el músico. Es caraqueño y con orígenes andinos y orientales, quizás por eso su sensibilidad hacia los sonidos de nuestra tierra. Ha colaborado con artistas disímiles como Los Vasallos del Sol, Mixtura, Herencia, Afrocódigos, McKlopedia, Domingo en Llamas, Edward Ramírez, entre otros. Ahora trabaja con Los Cañoneros, Víctor Morles, con su propuesta acústica Rafael Pino y el Macuare -un grupo abierto a invitados (Abelardo Bolaño, Gustavo Medina, Miguel Siso y más)- y con el proyecto audiovisual Catálogo y Materia


¿Qué estilos te atraen de la música tradicional? los bailes de Zaragoza. La música indígena Fíjate, ahorita siento que me gusta el asunto de las agógicas, que es el tumbao.

¿La cadencia?

Puede ser la cadencia. Hay varias cumbias y cada una tiene su tumbao. Del joropo, me llaman la atención el oriental y el central. Y de los tambores, el de las costas de Aragua, hay varios golpes, yo no conocía el golpe de Puerto Maya, que es sabroso. Conozco esto desde la visión de la ciudad, no soy cultor ni investigador. Estoy buscando un discurso propio, uno va y viene. Tengo ocho años aprendiendo. El joropo central tiene arpa, buche y maraca, es más libre, se centra en el espacio lúdico del yaguazo, donde el “arpisto” dispara melodías y se improvisan letras. Quizás si estas manifestaciones estuvieran más expuestas otro gallo cantaría. Hubiera más Un Solo Pueblo o Mario Díaz en las fiestas y menos reguetón, sin menospreciar. Las expresiones están allí.

Hay quienes dicen que no se ama lo que no se conoce.

Es justo así. Cada vez que conoces más, aprecias más, buscas más. Me he tomado la libertad de ver esa identidad cultural a través de la música. Uno a veces es objeto de estudio, y cuando ves a un músico en su espacio natural haciendo música, te quedas loco, eso no te lo enseña la academia que se quedó atrás en ese sentido. Yo me quedé pegado con una frase de José Julián Villafranca que dice: “Voy a comprarme un puñal de punta, piral y fuerte para matar a la muerte cuando me venga a buscar”. Una persona que lo que escribe tiene que ver con su imaginario rural, él creció con eso, esa manera de vivir no es igual a la de uno. Es ese ser de la cultura que no trasciende. Pendiente, que consiste en hacer videos de canciones y colgarlos en Youtube. Con esos temas espera hacer un disco el próximo año.

Buscar la identidad

Comenzó desde niño en el camino musical, pero su participación en los talleres de cultura popular en la Fundación Bigott fue decisiva en su inclinación por hurgar en sus raíces musicales.

¿Has ido a los sitios donde se dan las manifestaciones?

Me gustaría ir a más lugares. He estado en Tarma, en La Guacharaca, cerca de Turmero; en Guatire. Es importante mantener la esencia de las tradiciones y aportar desde lo que uno hace y tener una riqueza musical. Las cosas también mutan. Yo me interesé mucho por la percusión. Uno aprende la forma social de esas manifestaciones.

¿Por qué no trasciende?

Fíjate que hace tiempo yo entré en un conflicto por tratar de entender por qué no trasciende y qué tanta responsabilidad tiene un país en su aparato político estructurado en lo que respecta a su servicio público, y qué tanto hay de responsabilidad en uno que tiene la posibilidad de darlo a conocer. Siento que todos tenemos responsabilidad: los medios, el Estado, el público, los productores, los músicos y las instituciones que no tienen que ver con el Gobierno. Siento que es un tema de darle continuidad. Para mí la música venezolana es la que hace el venezolano.

de Delta Amacuro que se le puede sacar provecho. La guasa en Bolívar, no he explorado ese universo; tampoco la música andina, que también es rica; la música campesina que se parece a los porros. Hay que ir a distintas búsquedas. La música alternativa también me llama la atención. He participado en proyectos como Domingo en Llamas. No hay que encasillarse, porque uno se puede aburrir, y aburrirse en el arte es lo peor que nos puede pasar, uno se deprime. Uno se hace preguntas locas, hay que mantenerse abierto. No quedarse con lo que uno ve, sino decirlo con tu propia visión.

¿Actualmente se apoya la música tradicional?

Siento que uno se va haciendo eco de la referencia que tiene. Insisto, sin entrar en espacios de si es buena o mala. Es lo que pasa y ya. Cuando estuve en los talleres de cultura popular me di cuenta de un montón de tradiciones que estaban vivas. Después me preguntaba si esto se apoyaba. Luego por un comentario de Omar Orozco, ex director de danzas de Los Vasallos del Sol, él decía que eso siempre ha estado allí, ningún pobrecitos nosotros. Lo que hacemos con nuestras fiestas de salsa y merengue, ellos también lo hacen pero con su cultura. La música tradicional venezolana goza de buena salud, la calidad se mantiene. Creo que hay que prestarle más interés a que los cultores tengan mejor forma de vida.

¿Qué te inspira?

Yo todavía estoy por responderme esa pregunta (risas). Yo escribo letras. Me voy a los extremos, o son lúdicas infantiles, crípticas, melancólicas o reflexivas. Yo no me inhibo de decir lo que siento y pienso.

¿Qué le falta a la música tradicional?

Que se muestre como lo que es y no como un adorno, como algo lejano. Pero hay que romper una rosca y meter eslabones en esos círculos.

¿Y a la alternativa?

Sincerarnos un poco para ir avanzando. Es un espacio muy subjetivo, a mí hay cosas que no me gustan pero tienen calidad. Hacer las cosas con el corazón y no lo que un mercado espera que hagas.

¿Qué música nacional te falta por conocer?

Toda la música del suroccidente del país. Por interpretar un montón, y conocer también un montón. En estos días conocí el quimbángano, un golpe de tambor que se toca con un cumaco pequeño en el centro del país. El tambor largo del Sur de Lago, no he tenido contacto con eso. No he ido a

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NEIL OCHOA Un venezolano en Nueva York

El percusionista caraqueño tiene ya dos décadas fuera de Venezuela, tiempo suficiente como para haber desarrollado una fructífera carrera que lo ha llevado a tocar con importantes proyectos radicados en Nueva York como Si*Sé, Chicha Libre y Los Crema Paraíso, con el que acaba de editar el segundo disco, De película. Ochoa cuenta su historia desde el día que decidió aventurarse fuera de su país y sus planes actuales.

Juan Carlos Ballesta / Luisana Díaz Luporsi

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Neil Ochoa es un tipo afable y conversador, un pana para ser precisos. No ha perdido nada de las características de su gentilicio a pesar de tener la mitad de su vida viviendo fuera de Venezuela. Sus orígenes están totalmente identificados con la escena caraqueña de los años 90 en la que se vivió una interesante confluencia de estilos musicales y todavía los coletazos de una intensa vida cultural con afamados festivales internacionales de teatro. Fue, sin embargo, un difícil período económico y político -que derivó en la actual situación- que motivó a algunos jóvenes a partir y buscar suerte en otras latitudes. Fue la primera camada, todavía tímida, que avizoró la crisis profunda que se avecinaba. Neil Ochoa fue uno de los que tomó esa decisión. Hoy lleva adelante a Los Crema Paraíso junto a José Luis Pardo (ex Los Amigos Invisibles), produce a otros artistas e imparte clases.

Fotos: cortesía de Neil Ochoa

¿Cuándo te fuiste de Venezuela? En 1995, hace justo 20 años.

¿En qué andabas en esos años previos? ¿Qué te motivó a irte?

Varias cosas. Yo tenía un grupo llamado El Octavo Pasajero con el que tocábamos punk rock. Trabajé con Art-O-de Caracas, grupo de teatro que estaba apoyado por el Conac y que dirigían los esposos Arnaldo Maal y Marisol Martínez. Teníamos una casita en Santa Fe, una playa cerca de Playa Colorado en el estado Sucre, entre Mochima y Cumaná. En esa zona presentábamos las obras. Nos vinimos a Caracas a montar una obra de Broadway (“Una vez en esta isla”) de la que el escritor y teatrero César Sierra (hermano de Marisol), junto a un socio que ponía el capital, habían comprado los derechos para montarla en Venezuela. Habían conseguido el apoyo financiero del Banco Latino. Se hizo un montaje muy bueno, con una escenografía excelente, pero una semana


antes del estreno, el socio se desapareció y a los dos días revienta la crisis financiera y el Banco Latino es intervenido como cabeza de toda aquella crisis en enero del año 1994. Tenía 22 años y había estudiado Sociología en la UCV. Se empezaron a cerrar los pocos locales para tocar que había, como El Basurero, así que las cosas se pusieron difíciles. Entonces decido irme a Nueva York a probar, no con la idea de que fuera definitivo.

¿Tenías contactos en Nueva York o fue la ciudad que te sedujo?

Tenía un amigo bajista venezolano, Celer Linares, que se había ido antes. Obviamente la ciudad me interesaba por su aspecto musical sumamente amplio y yo estaba metido en la percusión afrovenezolana en ese tiempo estudiando con Miguel Urbina y en San Agustín con Faride Mijares. Al principio fui y vine varias veces, y me fui quedando. En ese vaivén conocí a la que se convertiría en mi esposa Mirian Troconis y 20 años después tengo casa, dos chamos con ella…

¿Cuál fue tu primer proyecto estable en NY?

El primer proyecto estable fue Si*Sé que se armó en el 2000 y fue con el que entré en el plano profesional.

¿Cómo llegas a Si*Sé, un proyecto multicultural que tuvo relativa relevancia en varios países, incluyendo Venezuela? La historia comienza con un encuentro con la cantante Carol C (neoyorquina hija de dominicanos), que era además DJ. Antes de Si*Sé yo vivía en un loft con algunos artistas, entre ellos el venezolano Argenis Brito (en Alemania desde hace años, cantante de Sr. Coconut). Nos hicimos panas de un grupo de chilenos entre los cuales estaba Jorge González (Los Prisioneros) que luego de la ruptura del grupo le dio un vuelco a su música acercándola a la electrónica y por ello caen en Brooklyn. Estaban todos en una onda electrónica, en ese ambiente. Un día llegaron a la casa el alemán Uwe Schmidt (Atom Heart, Sr. Coconut) y el chileno Dandy Jack, también la DJ VV Veronika. Hicimos un grupo muy chévere y dentro de él había varias mujeres DJ. Una noche conocí a Carol C mezclando en un club y nos pusimos a hablar. Fue la semilla.

¿Qué fue lo último que hiciste en Venezuela en aquellos años en los que aún ibas y venías?

En 1999 estuve de visita en Venezuela y grabé percusión (overdubs) para el disco de PAN (el último proyecto de Cayayo Troconis). Grabamos también un tema en la sala de su casa llamado “Leonardo Montes”, con Pablo Estacio (Bacalao Men) como ingeniero. Fue muy bonito, con mucha energía, lo último grabado por Cayayo, con quien el año antes había hecho algunas cosas cuando viajó a Nueva

York, para lo que iba a ser el segundo disco de Dermis Tatú.

¿Y cómo te integras definitivamente a Si*Sé?

Recuerdo que un representante de Luaka Bop (el sello para entonces de David Byrne) visitó Venezuela y se llevó un disco de PAN. Al regresar a Nueva York me contactan porque Luaka había firmado a un grupo que necesitaba un percusionista y me vieron en los créditos de PAN, además Carol C se acordaba de mí. Ese grupo resultó ser Si*Sé. Carol comenzó la banda con Cliff, que en ese momento tocaba un MPC 2000 para hacer los loops y todas las secuencias, pero ellos querían armar una banda. Me llaman y se conforma la banda con el bajista, el baterista, una violista, respaldados por Luaka Bop. Sacamos el disco y comenzamos a girar. Estuvimos 10 años juntos, yo dejo la banda en el 2010.

¿En qué momento empezaste con Chicha Libre? ¿Cómo surge ese proyecto? Yo empecé con Chicha Libre en 2010. Olivier Conan, un francés dueño de un bar que se llama Barbès en Brooklyn, tenía junto a su esposa un grupo llamado Las rubias del Norte, y en ocasiones me llamaban para tocar con ellos. Hice un par de cosas y me hice muy amigo de Olivier, quien tenía familia en los llanos venezolanos. A principios de los 90 en uno de sus viajes se compró un cuatro y le encantó, se enamoró de la música venezolana. Es un tipo muy interesado en la música latinoamericana en general. Él se va a Perú a mediados de 2004 y descubre la música chicha y le vuela los tapones, o sea descubre la música de Juaneco y su Combo, Mirlo, Los destellos…y empieza a comprar música y se la lleva a Nueva York y dice “yo quiero hacer una compilación”.

Él tiene una disquera (Barbès Records) y hace esta compilación y se devuelve a Perú, empieza a contactar a todos esos compositores por el tema de los derechos y se encuentra con que toda esa gente está abandonada porque la música chicha se hizo en Perú en los años 60 y 70 pero era una música marginalizada. Los chicheros eran los que venían de la selva, ellos mezclaban los ritmos de la zona amazónica con la cumbia que viene de Colombia, pero escuchaban Los Beatles, los Beach Boys y le incluían Fender-Rhodes y se metían ayahuasca. Esa era la nota de los tipos y como venían de afuera, llegaban a la ciudad y no les paraban, entonces la música chicha siempre fue totalmente marginada. Cuando Olivier llega empieza a contactar a esta gente y se da cuenta que muchos se han muerto, están viejitos o nadie sabe dónde están y el típico rollo de derechos. Lo cierto es que logra establecer la parte legal y hace un rescate muy bonito. Vuelve a Estados Unidos, el disco pega y se pone a hacer chicha, de ahí sale Chicha Libre, como un homenaje a esta música y con una versión muy “agringada y afrancesada”. Graban un disco y yo los veía tocando por ahí de vez en cuando, hasta que un día él me llama y me dice “mira pana yo sé que tú estas ocupadísimo pero uno de los percusionistas se va de la banda, ¿tú no podrás recomendar a alguien?”. Y le digo: “yo mismo soy” y ahí consolidamos a un grupo chévere, nos trajimos a una mexicana, una baterista timbalera buenísima, giramos por todas partes, fuimos a Europa un montón de veces. Fuimos a Perú también, fue interesante porque vimos al verdadero público de la música chicha y le tocamos a un público que estaba como redescubriendo su música pero vía Nueva York.

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¿Cómo definirías la evolución del grupo?

¿El grupo sigue activo?

No, paramos de tocar en diciembre de 2014, pero fue un acuerdo en común porque todos estábamos con miles de proyectos…

¿Cómo se produce ese encuentro con Los Crema Paraíso?

José Luis y yo somos amigos desde hace años. Si*Sé y Los Amigos Invisibles estábamos en la misma disquera, teníamos el mismo booking agent, hacíamos muchos shows juntos, giramos en Estados Unidos. Cheo y yo siempre hemos colaborado, he tocado con Los Amigos, etc. En el año 2008 consigo un estudio con un amigo en Manhattan, pero al año mi amigo se va, entonces me quedo yo con el contrato del estudio pero necesitaba a alguien para pagarlo y llamo a Cheo. Hasta el sol de hoy tenemos este estudio de grabación (Producciones Cutuprá), un estudio pequeño donde ensayamos, grabamos y hemos producido algunas cosas. También doy clases, o sea ese es nuestro centro de operaciones. Un día yo estoy escuchando música y me cae “Shine on Your Crazy Diamond”, y me pongo a disfrutar ese blues y la rítmica del vals, y le digo a Cheo para hacer algo así metiéndole como vals, y me comenta que él tenía la necesidad de retomar vainas venezolanas. Llamo a Álvaro Benavides, bajista venezolano, y nos metemos en el estudio y por ahí arranca la idea. Empezamos a jugar con eso, Cheo traía un tema, una idea, no necesariamente queríamos hacer un grupo de versiones pero empezamos a jugar con la rítmica y luego empezamos a meter temas originales. Lo que yo disfruto de Los Crema Paraíso es que tenemos el estudio y lo hacemos todo con calma. Con el primer disco invitamos a Aquiles Báez cuando todavía vivía en Nueva York y tocó todos los cuatro.

¿Cómo hicieron con el copyright del nombre Los Crema Paraíso?

Ese es un cuento simpatiquísimo. Nosotros en aquel momento montamos la página

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de My Space, empezamos a registrar el nombre en varias redes sociales y un día nos escribe el gerente de la tienda Crema Paraíso diciéndonos que se topó con nuestra música, que le parece muy chévere pero pregunta si estábamos autorizados para utilizar el nombre. Le muestro el mensaje a Cheo y le respondimos de muy buena nota diciéndole que éramos tres venezolanos en Nueva York, que habíamos crecido en las tiendas Crema Paraíso y que pusimos el nombre en homenaje y les preguntamos cuáles eran las maneras legales para esto. Al pasar los días nos escribió la hija del fundador de las tiendas Crema Paraíso diciendo que le gustaba mucho nuestra música y que era un honor que utilizáramos su nombre, la madre hizo lo mismo días después. Fue una cosa muy bonita, ella nos dijo que la música de nosotros los inspiró a retomar la marca.

¿Qué estás escuchando ahora?

Yo particularmente escucho música de todo tipo y cuando viajo me gusta escudriñar sonidos. Afortunadamente vivo en una ciudad que me ofrece muchos espacios, muchos nichos, hay lugares donde vas a escuchar cierto tipo de música específica, más allá del mainstream. Con el tema del internet también hay posibilidad infinita de meterte en donde quieras, en ese sentido soy bastante ecléctico. Estuve un tiempo pegado con la música chicha, y además descubriendo los sonidos de la periferia urbana de Latinoamérica (cumbia villera, por ejemplo). A mí me interesa tanto la parte sonora y cualitativa de la música como todo el componente social, yo soy sociólogo y por eso me interesa saber de dónde viene, cómo es y cuál es la reacción de la gente. Damas gratis es un grupo que me llama bastante la atención, me gusta mucho el rock de los Arctic Monkeys, David Byrne siempre ha sido uno de mis artistas favoritos de todos los tiempos, St. Vincent, me gusta mucho la música árabe por la percusión, el darbuka es un instrumento que siempre me ha gustado, también el flamenco.

Primero, está la evolución natural de cualquier banda o artista que va de un disco a otro, en términos de influencia, en términos de ejecución, de producción. El concepto de este disco se basó en buscar sonidos más cinemáticos, se llama De Película. En vivo tenemos un show con visuales. Para este álbum empezamos a meter videos entonces agarramos películas venezolanas de los 70 y 80, las reeditamos, e hicimos cortes en cada tema. Como no tenemos cantante en vivo, quisimos tener una experiencia en el show, hay una parte visual, hay una parte musical que se complementan. Alguno de los cambios más notables es que aquí metimos cantantes, la mitad del disco es cantada, creo que queremos seguir en esa línea de invitar a artistas. En ese sentido yo creo que ese fue el salto del primer álbum a este. Estamos súper contentos con este trabajo, hay más temas originales y creo que cada vez se define para dónde va montando la banda. No tenemos apuro, seguimos trabajando en lo que queremos, a donde lo queremos llevar y en lo que le gusta a la gente. Hicimos la presentación del disco en Nueva York, estuvimos en varios festivales en Nueva York y en Chicago, en octubre un show con los Aterciopelados; estamos trabajando sobre todo para giras de la primavera que viene.

¿Por qué cambiaron de bajista?

Álvaro Benavides quién fue el bajista de Los Crema desde los inicios, dejó la banda en diciembre 2014 para dedicarse de lleno a Pedrito Martínez Group, el otro proyecto del cual forma parte y estuvo participando en paralelo con Los Crema por varios años. Bambam Rodríguez, venezolano también, entra a formar parte de Los Crema Paraíso en enero de 2015 justo para tocar en todos los conciertos y giras promocionales de este segundo disco (aunque él no grabó). Bambam, es un músico muy versátil, educado en el conservatorio, compositor, arreglista y bien entrenado no solo en el bajo eléctrico sino en el contrabajo también. Vive hace tres años en Nueva York pero viene de Holanda y Austria donde vivió y se desempeñó como músico en los últimos diez años.

¿Qué planes tienen con este disco? ¿Piensan tocarlo en Venezuela?

Sí, nos encantaría muchísimo, el tema es que alguien nos lleve.

Viendo la Venezuela actual, ¿crees que eso puede pasar?

Bueno pensándolo así fríamente creo que no puede pasar, sería todo muy cuesta arriba. Aunque nosotros vendríamos encantados, tenemos nuestra familia acá, el público de Los Crema acá, sería un honor tocar en nuestro país.


Fotos: Leonardo Bigott

ANDREA IMAGINARIO:

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“El fado también es alegría”

La excelsa cantante de fado se encamina hacia su tercera producción discográfica con gran entusiasmo. Luego de reafirmar su doble nacionalidad con el álbum Entre dos orillas y posteriormente el ambicioso Andrea em Pessoa, la luso-venezolana ha logrado labrar un camino importante dentro de un género poco conocido en el país pero que ahora comienza a proyectarse gracias a los trabajos de Andrea, Iliana Goncalves y Sandra Rodríguez.

Leonardo Bigott

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La soprano venezolana Andrea Imaginario egresó de la Escuela de Música Lino Gallardo y se graduó en Artes y Magíster Scientiarum en Literatura Comparada en la Universidad Central de Venezuela. Fue merecedora del primer lugar en el III Concurso Nacional de Canto para Estudiantes de la Escuela Superior de Música José Ángel Lamas. Ha tomado clases magistrales de canto en Estoril, Portugal, bajo la guía de Sarah Walker, Graham Johnson y Robert White. También ha dado numerosos recitales como solista, interpretando diferentes géneros acompañada de notables músicos como Mariantonia Palacios, Juan Francisco Sans y Morella Ruscitti, entre otros. En lo popular, sus recitales han incluido a grandes músicos como Nené Quintero, Roberto Jirón y Miguel Chacón. Es miembro de la reconocida agrupación venezolana de música antigua Música Reservata y además es profesora e investigadora de la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela y autora del libro “Visiones de la religiosidad popular: Auto da Compadecida de Ariano Suassuna y su adaptación fílmica” (2010). El vocablo fado deriva del latín fatum, que en términos simples significa destino.

Sin embargo, sería injusto buscar un camino reductible para hablar de la riqueza que envuelve a la expresión musical más representativa de Portugal que, en consecuencia, es una de sus más importantes expresiones artísticas ante el mundo. Al igual que el blues en Norteamérica, el fado suele expresar melancolía, nostalgia y el diario vivir de quienes habitan zonas, económica y socialmente, desfavorecidas. Si bien su temática puede en esencia percibirse como fatalista y portadora de los más desgarradores aires de frustración, hay intérpretes que, parece, buscan nuevos aires para el género. Una de ellas es Andrea Imaginario. Según algunas fuentes, el fado tiene su origen en los cantos árabes de la colina del Castillo de San Jorge de Lisboa, anteriormente Castillo Dos Mouros, hace ya siete siglos. Otras mencionan como referente su similitud con el modo de los cantos del norte de África. Sin embargo, existen documentos que referencian al fado desde 1838 y citan su origen en los cantos de la gente de mar. Cierto es que a la fecha, el origen del fado es desconocido y su definición sigue siendo desafiante pero sea cual fuere su origen, la historia del fado será siempre


Dulce Ponte comienzo a investigar con más agudeza y vuelvo a Amália e incluso a otras referencias como Misia y grupos como Madredeus que, aunque no era de fado, se relacionaba con él. Fue entonces cuando comencé a aprenderme el repertorio con las letras y la música con la ayuda de papá.

¿Fue esto algo empírico?

Sí. Yo empecé a estudiar formalmente canto a los 19 años con Mariela Valladares en la escuela Lino Gallardo. Esencialmente, dentro del canto lírico aunque esporádicamente hacía algo popular.

¿Qué aspectos del canto lírico son disímiles al compararlo con la música académica? incompleta si no se menciona a Amália Rodrigues quien no sólo puso toda su emoción de fado a los poemas de Luis de Camoens, Manuel Alegre y Homens de Melo sino que sentenció con atinada grandilocuencia que “Amor, celos, ceniza y fuego, dolor y pecado. Todo esto existe; todo esto es triste; todo esto es fado”. Esta lapidaria sentencia refleja un paralelismo con otras formas populares como el tango en Argentina, el rebético en Grecia y el flamenco en España. El ciclo de Noches de Guataca sentó un precedente en este género musical que suele cantarse a una voz y ser acompañado por la guitarra portuguesa que está conformada por 12 órdenes o cuerdas. Desde su incierto origen a la fecha, el fado ha estado ganando adeptos entre las nuevas generaciones, Andrea Imaginario es una de las más notorias representantes del género en nuestro país. Hoy nos cuenta su historia.

¿Cuándo nace tu interés por el fado?

Llegué al fado de un modo singular pero prefiero decir que fue el fado que me encontró a mí. Mi padre, Joao Carlos, pianista y acordeonista, siempre tocaba fados en casa pero yo cantaba música venezolana, religiosa y de la nueva trova cubana. Con un grupo de amigos guitarristas comencé a cantar boleros y otras cosas. Yo tenía tan solo 14 años y a uno de ellos le debo bastante porque me preparó un repertorio en las ruedas de canto que se daban en reuniones. Todo era sencillo. Entre los 16 y 17 años un disco de Dulce Ponte que papá me regaló, inició mi interés en el fado. Mi experiencia con el fado también tiene que ver con la madurez porque ya yo reflexionaba sobre los aspectos existenciales de la vida.

Uno de ellos está en el lugar de la resonancia. En el canto lírico está en la máscara del rostro pero depende también de la técnica del maestro o de la escuela estilística. Tiene más que ver con una posición alta del sonido. La popular tiene más que ver con una posición de pecho pero dependiendo también del estilo del cantante y su técnica. Pero hay una base que es común a las dos que tiene que ver con la respiración, el fraseo y esa búsqueda que haga que tu voz tenga la mayor proyección y durabilidad posible. Sobre esto último me refiero a mantener tu voz en el tiempo ya que ésta también envejece.

¿Qué puedes decirme sobre el fado como expresión popular?

El fado nace de los lugares nocturnos y es esencialmente, sin ser peyorativa, una música arrabalera como lo es el tango. Eso es lo interesante del fado porque es una canción que viene de los lamentos populares.

Has hecho canto lírico pero eres cantante de fado también. ¿Cuál fue ese momento determinante en relación al fado?

En 2007 participé en la audición de una obra de teatro. Allí me preguntaron de donde era mi apellido. A mi respuesta preguntaron si sabía algún fado. Canté y fue entonces cuando decidieron adaptar el guión e incluir un fado en la obra. Así que pude cantar tanto lírico como fado. Fue sin dudas un momento clave.

En uno de tus conciertos insistías que el fado también es alegría. ¿Puedes comentar un poco tu afirmación? Yo insisto mucho en ello en mis conciertos. La razón es porque existen diferencias culturales entre los países. Lo que quiero decir es que hay una especie de estereotipo que enmarca al fado y la saudade con la tristeza y la nostalgia. Esto a veces hace que el prejuicio impida que las personas escuchen este tipo de música y en una cultura como la venezolana que suele ser muy alegre, hay gente que se cierra a la posibilidad de escuchar esta música tan maravillosa. Acá es importante decir que el fado no sólo habla del amor romántico, habla de una forma de vida como es el caso de María Severa quien fue básicamente una prostituta. Fue la primera cantante de fado mucho antes que Amália Rodrigues.

¿Te has sentido discriminada u ofendida por tu origen portugués?

Sí. Es importante decir que mi trabajo es una muestra de la diversidad portuguesa y que los portugueses no somos solamente comerciantes. Mis padres llegaron a Venezuela y fundaron el colegio Nuestra Señora de Fátima contribuyendo así a la formación y cultura de muchos venezolanos y portugueses. Mi trabajo busca borrar ese estigma con el cual somos vistos con frecuencia.

¿Qué nos ofrecerá tu nuevo trabajo?

En el primero quise reflejar ese ser y no ser, ese estar y no estar cuando se es hija de inmigrantes. Es un trabajo que me reconcilia con mi historia. El segundo me ha gustado mucho porque tiene de todo, salero, intimidad y creatividad. Es el camino que continua pero en ambos está el hecho de ser venezolana y portuguesa. El tercero, que ya está casi listo, es un disco concepto que saldrá en formato digital y pretende ser el primero de una serie bajo un concepto intimista. Se trata de la voz con el acompañamiento de un instrumento, que en este caso será el piano en las manos de Pepe Valdez.

¿Sucedió como parte de un proceso de crecimiento personal?

Ya yo había escuchado a Amália Rodrigues pero con esa grabación de

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AUGUSTO Y MOISÉS

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La suma de dos titanes Cuando dos talentos que se manejan en dimensiones particulares se juntan puede ocurrir cualquier cosa. Si además son amigos, ambos guitarristas, compositores y cantantes, el resultado puede convertirse en algo fuera de serie. Así ha ocurrido con estos dos caraqueños de exquisito intelecto y sensibilidad, que han confeccionado su disco debut a fuego lento. El resultado es sorprendente.

Juan Carlos Ballesta

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La escena caraqueña de hace unos años produjo algunos afortunados y genuinos encuentros. Corría el segundo lustro del siglo 21 y un joven guitarrista y cantante llamado Gustavo Guerrero iniciaba su periplo musical con un grupo llamado Cunaguaro Soul (ver Ladosis #2), una especie de híbrido entre Dermis Tatú y Luis Alberto Spinetta. Su impacto fue tremendo, aunque la vida del trío cesó demasiado pronto. Guerrero pasaría por varios grupos, entre ellos Bacalao Men, Monsalve y Los Forajidos y Cabezón Key, antes de decidir cambiar de aires. Primero sería Buenos Aires y luego, gracias a un golpe de merecida suerte, México D.F., donde se desempeña como director de la banda de Natalia Lafourcade. Por su parte, otro joven guitarrista, cantante y compositor llamado José Ignacio Benítez, asiduo de esta revista, había comenzado un poco antes con una banda llamada Master Gurú, con la que ganó el Festival Nuevas Bandas de 2003. De inmediato la disolvió y formó Domingo en Llamas (ver Ladosis #10 y #29), un alias que ha tomado diversas formas (solo, trío, cuarteto, quinteto, sexteto, septeto) y que se transformó en un proyecto de culto muy influyente para

Fotos: Vanessa Alcaíno

los nuevos cantautores de espíritu indie. Durante 10 años, ha ido construyendo una legión de seguidores, sin dar concesiones. Su generosa discografía (digital, no hay un solo disco físico) es, como su poesía urbana, única en el panorama venezolano. Ambos se encontraron en el camino y la química fue inmediata. Así surgió este proyecto al que bautizaron con dos heterónimos, Augusto Bracho (Gustavo) (G) y Moisés de Martín (José Ignacio) (JI), cuyo primer disco, Pajarera vertical, fue cocinado a fuego lento entre tres ciudades, Caracas, Buenos Aires y México D.F.

¿En qué momento surgió la idea de este dúo?

JI: Surgió de manera inevitable después de muchas horas de reflexiones y comentarios acerca de nuestros artistas favoritos y del oficio que habíamos escogido, que más allá de cualquier disertación poética o filosófica, tanto nos divierte. Tuvo como cimientos valores en común y un profundo afecto mutuo. G: En principio, la admiración mutua y el interés por las guitarras eléctricas y los pedales nos fueron acercando; de ahí pasamos naturalmente a la bohemia: echarse unos tragos en un restaurante


chino, cantar y brindar primero por la buena amistad y en seguida por la búsqueda de la honestidad en la música y la poesía. El intercambio personal o por correspondencia de héroes y villanos musicales, películas o poemas nos sigue divirtiendo mucho. Inevitablemente, como dice José, esa unión derivó en bosquejos, melodías y versos que desde el primer momento deseábamos registrar en libretas y discos. Estamos más que seguros de que Pajarera Vertical es la primera de muchas grabaciones en conjunto que nos esperan. Felizmente, cuadernos llenos de ideas ya tenemos.

¿En que se inspiraron para los pseudónimos?

JI: Nos inspiramos en señoríos de un constructo diseñado en la poética que queríamos desarrollar para nuestras voces estéticas. Cada uno por su cuenta exploraba y estudiaba conceptos de la música contemporánea pero queríamos mirarlo con un ropaje folclórico y tradicional. Los pseudónimos nacen por separado y se confirman cuando llega la hora de trabajar. G: Cuando empezamos a trabajar juntos le planteé al compadre cambiarnos los nombres; hace tiempo venía con la idea de utilizar a Augusto Bracho para camuflar mis búsquedas musicales más personales. Automáticamente Jonacho entró en el juego y desde un principio él

sabía que quería bautizarse como Moisés de Martín para el dúo. Es una manera divertida de llevar otro timón mientras nos ponemos un par de sombreros prestados, proyectar el pregón con voces postizas y alborotar la jaula de la identidad. Para ello nos inspiramos en la locura humorística, en la libertad carnavalesca de la infancia, el delirio brillante de los hermanos Marx ¡o el de Pérez Prado haciendo un solo de piano! En el fondo todos somos personajes. Más adelante y durante la evolución de las canciones, José propuso que inclináramos esos nombres más hacia el heterónimo; que se emplea sobre todo dentro de la literatura. El pseudónimo consiste en adoptar otro nombre, en cambio el heterónimo es básicamente la forma en que el autor establece una o varias obras asumiendo personalidades ficticias, decide convertirse en una especie de materia espiritista. José Ignacio y yo podremos hablar acerca de lo que son o hacen Moisés y Augusto, no obstante, ellos tienen sus propias historias, vidas amorosas, asuntos de salud y hasta tendencias deportivas. También existen ejemplos de este interesante recurso en un ámbito no tan estrictamente literario: Les Luthiers con su célebre Johann Sebastian Mastropiero o John Lurie con su perturbado Marvin Pontiac.

¿Cómo fue la dinámica de trabajo dada la distancia geográfica? JI: El disco fue grabado prácticamente en vivo y compusimos casi todas las canciones juntos, a dos voces, a cuatro manos, por lo que la distancia geográfica sirvió para delegar la postproducción, nos dividíamos los arreglos y las grabaciones que faltaban las fuimos haciendo cada uno en su casa o en estudios, nos las mandábamos y hacíamos las observaciones que nunca fueron más allá de un asunto de volumen o frecuencia, cada uno hizo lo que creyó adecuado y oportuno y a su vez eso nutría las ideas posteriores, todo fue muy armonioso y cooperativo. G: Las primeras sesiones de “Pajarera Vertical” se registraron en Caracas a mediados de 2010. Nos encerrarnos en casa de José Ignacio a grabar la mayoría de las bases en directo. Era importante y casi necesario para nosotros que Simón Hernández –baterista, percusionista y leal amigo– participara en el proyecto aportando su ritmo y sensibilidad extraordinarios. El soporte de la pajarera estaría constituido inicialmente por dos guitarras eléctricas, una batería/ percusión y una que otra voz de guía. Nos encantó el resultado y sabíamos que era apenas el principio. En agosto de ese mismo año, mi pareja y yo nos fuimos a vivir a Buenos Aires, aunque tuve que volver a Caracas en enero de 2011; aprovechamos que me quedaría un par de meses e inmediatamente preparamos nuevas sesiones en casa de Jonacho para finalizar las bases restantes. Incluimos a continuación más guitarras eléctricas, guitarras acústicas, cuatros y la mayoría de los coros. Volví a Buenos Aires en marzo pero con un compromiso grupal en mente: que en octubre nos reencontraríamos todos –incluyendo a Simón– en la capital argentina. Así lo hicimos y fue una excelente ocasión para añadirle nuevos arreglos y el resto de las guitarras acústicas a ciertas piezas del disco; igualmente conseguimos tocar las canciones en casas de amigos, parques y algunos café/bares porteños que gentilmente nos abrieron sus puertas. La dotación musical que escogimos en ese entonces fue: voces, mirlitones, guitarra de doce cuerdas, guitarra criolla, cuatro y percusión; de todas maneras no había mucha alternativa. Estábamos un poco limitados por la ausencia de amplificación y micrófonos, por lo tanto sacamos el mayor provecho acústico de los instrumentos y de la proyección de nuestras voces, es decir, literalmente tocábamos a bordón, cumaco y buche. Esta configuración nos hizo felices y a su vez nos permitió desarrollar mejor las canciones a nivel interpretativo; nos dimos cuenta de que aquello nos resultaría muy útil para la grabación

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2012 fueron nuestro punto de partida para representar nuestra música en vivo y desde ese momento soñamos con continuar todo eso, poco a poco nos acercamos para darle continuidad con presentaciones y con más grabaciones. G: Por supuesto, nos ilusiona mucho tener el trabajo editado en varios formatos. En cualquier momento mandaremos a realizar el número de copias que esté a nuestro alcance. Al mismo tiempo estamos confabulando para tocar en Caracas y Ciudad de México en un contexto más eléctrico. Deseamos hacerlo el próximo año, que así sea.

Teniendo tantas canciones, ¿cómo escogieron las que formarían parte de este proyecto? ¿Hubo criterios temáticos o simplemente cada quien aportó lo que creía adecuado? Fotos: Vanessa Alcaíno

de las voces que meses después sí haríamos por separado y a distancia. A principios de 2012 a mi mujer y a mí se nos presentó una nueva oportunidad de migrar, esta vez a México. Como salíamos de Argentina, lógicamente tuvimos que hacer una parada técnica por Caracas que se extendió por casi un mes, permitiéndonos coincidir con la pandilla nuevamente. Por aquellos días, el genial colectivo Sincroniciudad nos animó e invitó a presentarnos por primera vez –y única hasta el momento– en nuestra capital. Fue un recital íntimamente hermoso, adornado por luciérnagas y cocuyos. En menos de lo que cantó un gallo nos tocó ver llegar el 2013, a José desde Caracas y a mí desde México. Hablamos varias veces sobre lo beneficioso que sería para el trabajo final todo ese proceso de maduración por el que ya estaba pasando nuestra música desde que compartimos los primeros acordes. De esta manera y cuidando lo valioso de ese aspecto, convinimos agregar las voces definitivas y varios timbres adicionales como teclados, percusiones y algún efecto que consideráramos oportuno. Buscamos a Ernesto “Neto” García –respetado ingeniero de audio y cuate mexicano– proponiéndole participar en el proyecto. Afortunadamente aceptó y empezó a llevar a cabo la mezcla de diez temas. El 2014 arrancó dichosamente para el disco y para la hermandad: José Ignacio vino a pasar un mes a Ciudad de México y aprovechamos entre otras cosas para juntarnos con Neto y así concluir con su fantástico trabajo. El resto de los audios nos los campechaneamos nosotros, aprendimos muchísimo con ambas experiencias de mezcla. Finalmente, este año las guacharacas estaban preparadas para alzar el vuelo y nosotros para

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dejarlas volar. Poseído por “Nacho de Villamediana”, José Ignacio selló desde una platabanda en Caracas el corte final del máster con tinta indeleble; debíamos valernos de sus conocimientos técnicos para completar el material y él mismo se encargó de publicarlo digitalmente el pasado 27 de noviembre. Muchas cosas siguen sucediendo desde que compusimos la primera canción juntos, sin embargo el enamoramiento que le tenemos al proyecto sigue intacto a pesar de nuestros constantes cambios de vida o trayectos recorridos, siempre le hemos brindado tiempo de calidad. Es lo que se merece un propósito tan querido.

¿Hay planes a corto o mediano plazo de editar el disco en físico y de tocarlo en vivo? JI: Sí. Nuestras 6 o 7 presentaciones en Buenos Aires en el 2011 y la de la bellísima iniciativa de Sincroniciudad en

JI: Pareciera que ellas se hubieran escogido solitas, fue como hacer una convocatoria y ellas mismas se presentaron al casting, ahí les tomamos las medidas, les propusimos vestimenta y maquillaje pero lo que ellas no sabían era que solo evaluaríamos su oratoria. Por suerte fueron muy sensatas y se postularon las adecuadas, cosa que nos motivó muchísimo para aportar nuestros mejores esfuerzos mientras trabajábamos las secciones que traía uno o el otro, encajándolas y probando que funcionaran de cabo a rabo, así fuimos armando un rompecabezas sabiendo a priori que las piezas tenían que encajar natural y suavemente y al limitarnos a ordenar esas piezas todo lo demás cayó por su propio peso: los arreglos, las estructuras, el carácter y las letras.

¿Qué cosas tenían en mente o les inspiraron?

JI: Tuvimos en mente muchas cosas fuera de la música, como la infancia, la idiosincracia caraqueña, los lugares que


marcaron nuestras experiencias, el cine, nuestra identidad como venezolanos, el brindis en la barra, nuestras pasiones, tentaciones y debilidades, los libros y cómo no: el intercambio constante de discos y correos. Musicalmente puedo recordar algunos artistas que nos inspiraron: Cuco Sánchez, Rafael Escalona, Paolo Conte, Terry Riley, Benito Quirós, Tom Zé, Camarón de la Isla, Captain Beefheart y El Cazador Novato. G: Coincido una vez más con Jonacho: para la creación de Pajarera Vertical, más allá de la música, la poesía y el aprecio mutuo, nos entusiasmaron también muchas experiencias, lugares y personas. Nombres aleatorios y situaciones inspiradoras para este disco que no puedo dejar de mencionar son: el Barrio de Saavedra en Buenos Aires –donde nació el gran “Polaco” Goyeneche–, el humor caraqueño de principios del siglo 20, el olor del palo santo quemado, Laura Nyro, Rafael Greco, la yerba mate, el parque Morichal, Alberto Beltrán, Fray Luis de León, Armando Reverón, Chabuca Granda, Leonard Bernstein tocando “You Really Got Me” de The Kinks, Nico, Don Pío Alvarado, el Banco del Libro, las milanesas napolitanas “para-dos-personas-pero-comentres” del barrio Núñez (Buenos Aires), el grupo Los Zafiros, “Cómo la puedo

dejar” de Los Memphis, Jane Birkin, Markolino Dimond con Ángel Canales, Paul Desenne, Eduardo Mateo, Celia Cruz cantando “Rinkinkalla” con La Sonora Matancera, Claudio Arrau tocando “Vallée d’Obermann” de Liszt, Los Hermanos Naturales, el registro vocal de Jorge Negrete, Gustavo Dudamel dirigiendo obras de Wagner, Acerina y su Danzonera, el papel lustrillo, Tin Tan, Connie Converse, La Billo’s Caracas Boys, la urbanización Santa Mónica, Bello

Campo y el pueblo de Baruta; la manera en que los perros desenmascaran la falsedad de algunas personas, todo Georges Brassens, el pulque curado de la Colonia Portales y el mercado Lázaro Cárdenas (ambos en Ciudad de México); las carcajadas mágicas que produce leer a dos voces poemas al azar de Humor y Amor de Aquiles Nazoa y la taquicardia que genera ver un concierto de The Who en DVD a todo volumen... es poco. ¡Y lo que falta!

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PABLO ESTACIO El regreso de los hombres bacalao Qué duda cabe de que uno de los proyectos venezolanos más originales e identificables de este siglo es Bacalao Men, una amalgama de influencias basada en el songo, el bugalú y la salsa en la que se mezclan el rock, el dub, el hip hop, el bossa e incluso el joropo. De la mano de su fundador, el bajista, cantante y compositor Pablo Estacio, los hombres bacalao se reinventan en la ciudad de Miami sin perder su esencia.

Juan Carlos Ballesta

Formación Actual de Bacalao Men. De izquierda a derecha: Julio Andrade, Rolando González, Germán Quintero, Luis Quintero. Al frente: Pablo Estacio Foto cortesía de Pablo Estacio.

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C

Cuando Bacalao Men se prestaba a editar su tercer disco Sabaneando, Ladosis #10 fue dedicada a la banda. Mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces. De aquella formación ya no queda nadie, pero su líder Pablo Estacio (bajo, voz) no ha dejado que el espíritu musical del grupo desaparezca. Estacio es uno de tantos músicos venezolanos que decidió emigrar y ahora su base de operaciones está en Miami, ciudad que cobija a miles de venezolanos. Allí ha reinventado a Bacalao junto a otros legionarios con los que ya existían vínculos más allá de la nacionalidad, sin perder nada de su esencia en la que la crítica socio política, el fino humor y un cierto hedonismo siguen presentes. Julio Andrade (saxo) es parte importante del pasado de la banda, y Germán Quintero (batería) fue miembro de la última etapa como trío. Por su parte los hermanos Luis (guitarra) y Rolando González (sintetizadores, percusión, voz), son músicos con los que Estacio ha compartido otras experiencias, como el caso del grupo de jazz GED Trío que mantienen Luis, Pablo y José Román Duque (que eventualmente también participa como baterista en Bacalao). Con nuevo repertorio (del que se lanzó el videoclip hace unos meses de “El maletín”) que se une al ya conocido, Bacalao Men comienza su nuevo recorrido. El cuarto disco es inminente y, si no hay cambio, se llamará Sangre. Desde el nuevo epicentro, Estacio conversa con franqueza de los retos por venir y de lo que queda atrás.

¿Cuánto tiempo hace que te fuiste de Venezuela?

Hace tres años. Parece que acabo de llegar, pero estoy instalado.

¿Ya estás produciendo? ¿Cómo viviste ese proceso de mudarte de país?

Después que pasas los primeros meses para instalarte y comenzar a engranarte, lo que sigue es el tema laboral. Ese proceso hay que vivirlo y asumirlo. En Venezuela conocía a todo el mundo y eso en buena medida se pierde, empiezas casi de cero a construir un nuevo networking. Pero ya estoy encaminado. En realidad no me tomó mucho tiempo. Al principio me vine por cuatro meses, sin saber del todo que me iba a quedar definitivo. Fue una provisionalidad durante el primer año que fue algo raro porque estaba en Miami pero aun trabajaba con cosas en Caracas. Ya en el segundo año me di cuenta que no iba a regresar. Y no he parado de producir.

¿Y cómo te ganas ahora la vida?

He abierto más el abanico. Ahora toco con más gente y eso ha sido bueno para ampliar mi rango con el instrumento. También he estado dando clases de bajo y eso me obliga a estudiar. He sido bastante consistente con eso. En Caracas estaba dedicado a mi estudio y solo tocaba con Bacalao.

Con la cantidad de venezolanos que hacen vida en Florida, ¿qué tanto te ha costado construir una nueva red de contactos (networking) y así integrarte no solo con el entorno latino?

Ese es el problema cuando uno se va de su país. Pero en Miami te consigues a mucha gente conocida y eso ayuda a que no sea tan complicado. Sin embargo, debes conocer el funcionamiento de cosas de un país que funciona diferente y de alguna manera volver a cuando uno tenía 20 años con la disposición de hacer de todo.

¿Cómo ha sido el proceso de reconstruir Bacalao en versión mayamera?

Ha sido muy bueno y divertido. Me encontré con varios panas que estaban aquí con los que ya había tocado antes. Con Rolando y Luis González había tenido un grupo de salsa cuando estudiábamos en Berklee y pude montar un estudio en un sitio que ellos me alquilaron. Luis tocó con el grupo Alter Ego a principios de los 90 y tiene formación rockera, por lo que se adaptaba muy bien a lo que yo estaba buscando, en el sentido del bugalú y songo con guitarras rock. Rolando, su hermano, es baterista pero también toca sintetizadores y percusión, y canta bien. Está bien formado con los tambores y es un duro con los sintes y los kaos pads, que fue lo que estudió. Es el equivalente a lo que hacía DJ Hernia, salvando las distancias. La última etapa en Venezuela estaba trabajando como un power trío, sin necesidad de tener un percusionista dedicado. El sonido latino va en el ADN. Julio Andrade y Germán Quintero también se vinieron a Miami, así que la cosa se fue armando de manera natural.

Otro proyecto interesante en el que estás involucrado es GED Trío. ¿Cómo surgió?

El responsable es el baterista José Román Duque, con quien también estudié en Berklee. Él se quedó viviendo en New Hampshire pero se vino hace poco a Miami. Nos encontramos en el estudio de Luis y nos invitó a los dos. A José Román le gusta mucho el rock progresivo y a mí también y aunque el proyecto es de jazz hay algo de eso porque fue lo que nos vinculó. El disco lo hicimos muy rápido y algunas ideas no están reflejadas todavía en él. Ha sido un reto para mí tocar jazz porque nunca lo había hecho. Hemos tocado bastante.

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¿Cómo percibes el ambiente musical en Miami y como te ves allí?

A mí me parece un terreno bastante virgen. Por supuesto que existe la escena que ya conocemos de música latina, pero en realidad hay una movida muy incipiente en lo que se refiere a circuito de bares y lugares para tocar. El rock en Miami es absolutamente underground. La ciudad es como un multi gueto, cada quien se reúne con su gente y dependiendo de cuanta población haya de esa nacionalidad los grupos tendrán más o menos infraestructura y apoyo. Es más fácil llegar a los medios pequeños porque necesitan contenido. Se está viniendo gente de todos lados y eso ayuda. Hay un circuito de arte más arriba del downtown donde están todos los talleres de artistas, galpones, etc. Se hacen caminatas por las galerías todos los meses; es una movida interesante.

Desde la distancia, ¿cómo percibes la situación venezolana?

Caótica. Todos me dicen que me vine en el momento preciso, incluso me lo dice gente que simpatiza con el gobierno. Es difícil imaginar la situación actual. La crisis ha sido algo exponencial. Es insólito seguir oyendo a los voceros del gobierno con un discurso insostenible.

Pablo Estacio, el bacalao mayor.

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“El maletín”, el primer tema del nuevo Bacalao, parece relacionado con la corrupción. El videoclip refuerza esa percepción. Claro, un maletín puede llevar cualquier cosa adentro, incluyendo dólares. La historia se repite en muchos países, en Venezuela, Argentina, Brasil, Uruguay, México, Panamá… Siempre nos salen con los mismos cuentos. El maletín es un mal siempre presente en nuestra cultura. Es un tema que ni siquiera tiene bandera política, simplemente el que no lo vea está ciego. Ese tema lo escribí hace tiempo y no se pudo incluir en Sabaneando por los problemas políticos dentro de la banda en aquel momento. El videoclip es idea de una agencia venezolana llamada El Autobús, que también se vino para Miami. El disco tiene de todo.


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VENEZUELA

2015 Crisis, diáspora y música de altos quilates

Juan Carlos Ballesta

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E

El año que recién finalizó es probablemente el más difícil al que se han enfrentado los venezolanos en su historia. Las condiciones económicas se recrudecieron, y ello incluye una inflación desatada nunca antes sufrida y una escasez de productos de todo tipo, insólita en un país que siempre se jactó de su condición de productor petrolero, y por tanto de nación rica. A ello se une la omnipresente inseguridad que azota la cotidianidad en todo el territorio. Las elecciones del pasado 6 de diciembre arrojaron un resultado contundente, una respuesta de la mayoría de los venezolanos contra el precario estado actual de las cosas y un primer paso para tratar de cambiar el curso de la historia reciente y mejorar así las condiciones de desarrollo y las oportunidades. No será fácil, pero es el inicio. Es una situación inocultable, más allá de posturas políticas, que afecta a millones de venezolanos sin distingo de condiciones. Este crítico cuadro ha incidido directamente en las actividades relacionadas con la cultura, con el sector musical seriamente afectado en varios flancos. Desde cosas tan sencillas como conseguir cuerdas para una guitarra o los cueros para una batería, pasando por lo costoso de las horas de ensayo y grabación, hasta asuntos como la compra de pasajes para tocar en otros países. La lista de dificultades es amplia y no sorprende por tanto que en 2015 hayan decidido irse del país varias bandas y músicos de importancia, entre los que podríamos mencionar a Okills, Tan Frío el Verano, los miembros de Viniloversus que aún faltaban, Mcklopedia, el percusionista Diego “El Negro” Álvarez, el bajista Enrique Pérez (Mojo Pojo), el baterista Simón Hernández, el Laura Guevara.

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Foto: Rui Cordovez

Arawato.

guitarrista Hugo Fuguet, los cantautores Carlos Angola y Andrés Puche (Holy Sexy Bastards), Javier Domínguez (Los Chevy Nova, Los Domingues), los hermanos Nana y Rafael Cadavieco y otros más que se suman a los que se fueron en años previos como La Vida Boheme Ulises Hadjis, Carlos Reyes (Chucknorris, Claroscuro), Pablo Estacio (Bacalao Men), Fabby Olano, Oswaldo Grillett, Tato Cedeño y muchos más. Eso sin mencionar el largo listado de los que ya llevan bastantes años radicados fuera del país y a los que planean mudarse en 2016. Lo positivo que arroja esta desbandada es la proyección de la cultura musical venezolana en el mundo, una circunstancia que han vivido otros países de la región que en el pasado sufrieron de dictaduras (Argentina, Brasil, Chile) o crisis económicas y políticas severas como Colombia. Mención aparte merece el caso cubano, que hace décadas provocó que muchos músicos salieran de la isla contra su voluntad, llevándose consigo la música y expandiéndola por el mundo. Con todo en contra, sin embargo, los venezolanos se las arreglaron para que el 2015 haya sido un año productivo e interesante, lleno de música de alta calidad. Alrededor del mundo y en el propio territorio los músicos nacidos en Venezuela y que empezaron su carrera en el país, han producido material de excelente factura.

Foto prensa

Dentro del país cabría destacar varios aspectos, algunos de ellos ligados con la constancia. Desorden Público celebró sus 30 años con una serie de conciertos alrededor del país y también en otros países de la región. La intensa actividad les impidió editar el box set con toda su discografía y material inédito, así como el álbum en colaboración con C4 Trío, otro grupo que celebró en grande, en este caso 10 años. Un gran concierto en el Teresa Carreño y la edición de un DVD fueron la guinda de un año sumamente productivo para el grupo que elevó a otro nivel el cuatro venezolano. Otro acontecimiento de gran relevancia fueron los 25 años del Festival Nuevas Bandas, una iniciativa que contra viento y marea ha podido subsistir a los embates del entorno reinventándose de manera exitosa. Fue un año en el que muy pocos artistas y bandas pisaron Venezuela.

Singles

La cantidad de buenos singles fue significativa, en circunstancias en las que muchos artistas han optado por ir editando su música a cuentagotas, es decir, canción por canción, muchas veces acompañada de un videoclip o por la nueva modalidad del “lyric video”. Es una forma inteligente de rendir la inversión, que se adapta a las formas de mercadeo musical en tiempos de inmediatismo y exceso de oferta. Tal es el caso de bandas de


Desorden Público

rock como Los Mesoneros (“El paraíso”), el prometedor grupo Dandy León (“Cómprame”, “Manuela”), el circunstancial proyecto Arawato (“La apertura”), el grupo Vltravioleta (“Sombra”, otro grupo con integrantes recién mudados de país) o la cantautora Laura Guevara (la mayor ganadora en los Premios Pepsi), cuyo tema “El Constructor” tuvo gran exposición. Laura, sin todavía publicar su esperado debut en estudio, ha sido una de las triunfadoras del año, colaborando con muchas bandas y artistas y haciendo sus primeras presentaciones fuera del país. Un grupo de especial interés fue Cosaspasarán, que se mueve en un terreno que emparenta el rock más experimental con el reggae, el jazz y la música venezolana. También Desorden Público lanzó el adelanto de su próximo disco, el controversial tema “Todo está muy normal”, además de una colaboración con Guaco (“Amparito”). Por su parte, Edward Ramírez y Rafael Pino crearon la canción “Viernes de quincena”, mientras que el cantautor Garc1a (Kreils García) se aventuró con “Gravedad”, en un estilo más íntimo, menos eléctrico. Bolívar Caribano también estuvo activo, ofreciendo varias canciones sueltas a lo largo del año. Luis Irán (ahora trabajando solo con su apellido) fue otro que abordó el tema de la diáspora en su tema “Maiquetía”. Desde Londres, Baldomero Verdú

Los Mesoneros

junto a su banda Tonto Malembe no se olvida del país, ofreciendo un valioso tema de denuncia llamado “Tú estás robando”. El veterano Yatu reapareció con el tema “Lo que vendrá”, mientras otro falconiano, Vargas, publicó “Honesto” (con Laura Guevara en la segunda voz), parte de su segundo disco Ciudades mareadas. Por su parte, Bacalao Men, ahora en Miami, volvió con “El maletín”, otro de sus distintivos temas con crítica socio-política y humor.

Discos rock

Dentro del pop-rock se editaron discos magníficos como Y/O de Charliepapa,

Foto: Erik Galindo

Foto: Luis Cantillo

con el que la banda merideña ha llegado a los Latin Grammy; el segundo de Okills, América Supersónica, con el cual pretenden abrirse camino en México; Re&Sol abierto, el nuevo zarpazo noisy del quinteto de Barquisimeto, Niño Nuclear y los Mutantes de Saturno; Incisiva realidad, el debut de Panzer, el proyecto paralelo de Ciro Moreno, bajista de Tlx, otra banda marabina con excelente disco, 46dpi. El teclista/cantante de Tlx, Heberto Áñez, también estuvo muy activo, tanto con su proyecto Sr. Presidente (antes sin el Sr.) con el que editó el estupendo Ilustre ventanal de estrategias, como en su rol de

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Charliepapa

productor de Recordatorio, el nuevo proyecto solista de Armando Áñez (ex Americania). El disco Lógica resbalosa es una joya del indie pop y el de empaque más atractivo. Otros discos de rock relevantes fueron el esperado regreso de Caramelos de Cianuro (8), con una notable producción; de Valencia, la banda La Nota Ignota con el disco Cherry; la reaparición y despedida de Los Telecaster con Ateneo; y Unco con Sesiones del cable negro. Otros grupos más nuevos como Versed (Visiones), Retrovisor o Los J (No nos [J] más) dieron su primer paso discográfico. Por su parte, Zombies No con el disco La única culpa que tengo y Melancólicos Anónimos continúan con su frontal y valiente crítica al sistema político actual. Varias bandas de reciente formación lanzaron EPs de buena

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factura como I/O, Quincalla, Dos proyectos de Barquisimeto, con background muy diferente, produjeron discos a comienzos de año. Por un lado, Arbiza, el grupo del guitarrista Gabriel Arbiza -con larga historia desde los años 90- publicó Amor Oscuro; asimismo, La Corriente, grupo más joven, editó Safari. El teclista de Los Beat3 editó Retro Pop. Desde Barcelona, España, Willbert Álvarez irrumpió con su primer esfuerzo paralelo a Luz Verde, el disco Musical Aninal. Otro legionario, Ramsés Meneses con Mcklopedia expande sus límites mucho más allá del hip hop que lo dio a conocer con Frontera. Un venezolano con años en Barcelona, España, Gabriel Millán, sigue adelante con su interesante proyecto de rock experimental llamado Etermortífera.

Foto prensa.

Canción de autor

El terreno que sin duda ha arrojado los trabajos más interesantes es el de la nueva canción de autor. El cantante y guitarrista de Viniloversus, Rodrigo Gonsalves, sorprendió con No estás solo, su debut como solista bajo el pseudónimo de Rodrigo Solo, un trabajo íntimo y reflexivo. Otro vocalista de una banda de rock, Andrés Puche de Holy Sexy Bastards -radicado ahora en Toronto, Canadaeditó su disco solista Sur (que ya el año pasado había comenzado a dejar colar). El marabino Diego García con su proyecto Hotel ofreció el mini-LP Paisajismo Nocturno; desde San Cristóbal, José y El Toro (William José Cacique Toro) debutó con el delicado Retrato; el zuliano Ulises Hadjis editó Pavimento, un excelente tercer disco (ahora radicado en México DF); Loocila volvió con


Domingo en Llamas

Foto: Emilio Méndez

Sin miedos y sin esperanzas. Un intento muy interesante es el EP homónimo de Del Siervo, vehículo creativo de Alejandro Silva Diez. El cantautor Franco Tintori con su vehículo creativo Macu, finalmente lanzó su disco debut. Un caso aparte es el del merideño Rafael Zamora, quien debutó con Cuando vestía de Kilt, casi a los 60 años de edad. Hay que mencionar especialmente el gran y generoso ofrecimiento de José Ignacio Benítez con su proyecto Domingo en Llamas, publicando cuatro discos en simultáneo, cada uno con su propia personalidad : Adolfo Prieto 232, Canciones sobre un éxtasis de harta contemplación, El clan de las luces y Nicanor, conforman un cuerpo de trabajo de excepcionales dimensiones. A ellos se une el magnífico álbum junto a Gustavo Guerrero, (director de la banda de Natalia Lafourcade, ex Cunaguaro Soul/Bacalao Men/Monsalve y Los Forajidos/Cabezon Key) bajo el alias de Augusto Bracho y Moisés de Martín. El disco Pajarera Vertical es una joya del folk-rock latinoamericano cocinada a fuego lento.

Fusión, latina y tradicional

El campo de la fusión arrojó varios discos notables como De película, el nuevo álbum de Los Crema Paraíso (José Luis Pardo, Neil Ochoa), joropo, onda nueva y rock desde Nueva York; Estación espacial Caracas, funky-lounge-jazz de La Provisional, proyecto del guitarrista Humberto Scozzavaba; el bugalú psicodélico del grupo falconiano María Lavanda; la electrónica con ritmos afrovenezolanos de Zoom Soon Bao y Diablos; el joropo con ponzoña jazz de Víctor Morles Natural; el segundo

Okills

volumen de Rock and MAU, proyecto que dirige Álvaro Paiva (que también debutó como solista con un disco de canciones pop), con una diversa cantidad de adaptaciones de temas pop-rock a los ritmos venezolanos. Tras muchos años trabajando y dando conciertos, finalmente Tobería’s, la banda de Barbacoas (el pueblo de Simón Díaz), editó el esperado disco debut, Habemus Tuyero. La banda de reggae fusión de Maracaibo, Jahkogba regresó con Lo que soy. Los Amigos Invisibles lanzaron su esperado disco acústico, que acompañaron con una exitosa gira. Su percusionista, Mauricio Arcas publicó Tropicalia 6.0 con su conocido alias de Maurimix. El guitarrista venezolano Juancho Herrera, radicado en Nueva York, publicó su tercer disco solista, El mismo Sol. C4 Trío, en su décimo aniversario, puso a la venta un ambicioso DVD, con invitados de todo tipo, ampliando cada vez más su espectro musical.

Foto: Don Ungaro

En el terreno estrictamente latino hay que mencionar especialmente al segundo disco de La Séptima Bohemia, así como lo nuevo de Alfredo Naranjo y El Guajeo (con varias colaboraciones), grupos emblemas del son y la salsa.

Electrónica

La electrónica no tuvo particularmente mucha producción discográfica. Pero como pasó en 2014 el gran Alejandro Ghersi, aka Arca, lleva el nombre de Venezuela en alto con su segundo disco, Mutant. Tan Frío el Verano, ahora en Buenos Aires, prueba que no importa dónde se esté si se está claro con lo que se quiere proponer. TVF dio un golpe de timón hacia la electrónica menos obvia de la mano de Rafael García con el tercero de la trilogía de las estaciones, el arriesgado Otoño. Majarete Sound Machine, como el nombre del disco lo indica, Real, orgánico y de baile, abordó ese lado funky disco de la electrónica. Desde Barcelona, Francisco Mejía (antes Pacheko y ahora Phran) editó dos interesantes EPs, mientras Juan

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Garbán aka Cardopusher lanzó el excelente disco Manipulator; Bumbac Joe (antes Demetrio de Caracas, ahora en Chicago) lanzó el EP The Hot Revolution; Los Humanoides publicaron Abducciones y Mutaciones Vol 1, que como su nombre indica son versiones y temas bizarros. Cheo Martinz, por su parte, sigue con sus exploraciones dentro del lado más atmosférico de la electrónica.

Jazz

Como ha sido costumbre en los últimos años, el jazz no produjo muchos discos aunque los músicos se mantuvieron muy activos en diversos escenarios, colaboraciones y otras iniciativas. El veterano bajista Gerardo Chacón lanzó Sueño de niños, mientras que sus dos hijos, el flautista-saxofonista Eric Chacón publicó Flautístico y el trompetista Gerald “Chipi” Chacón el álbum Melodies for the Soul. El baterista Pancho Montañez hizo su debut con Improvisto, un disco en el cual se hizo acompañar de grandes del jazz, entre ellos el maestro Gerry Weil (que prepara varios discos para el 2016).

Bumbac Joe

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Foto: Cristina Córdova


Arca en Sónar Festival 2015, Barcelona, España.

Recordatorio y Presidente en Concierto Ladosis 7mo Aniversario Foto: Leonardo Bigott

Foto: Ariel Martini

Ulises Hadjis en 1er Festival de Cantautores Ladosis, mayo 2013 Foto: Emilio Méndez

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DISCOS PARA LEER

David Bowie

Blackstar

ISO/RCA. 2016. Inglaterra

“Look up Here, man, I´m in Heaven” (“Mira hacia arriba, estoy en el cielo”), son las primeras palabras de “Lazarus”, que para una gran mayoría que escuchó el disco apenas se editó el 8 de enero (coincidiendo con el cumpleaños 69) pasaron desapercibidas. La canción podría ser entendida como una resurrección artística -una más- en la extensa carrera de Bowie en la que pasó de ser el andrógino Ziggy Stardust al enigmático y críptico cantautor del siglo 21. El videoclip de “Lazarus” lo muestra acostado, enfermizo, con una venda tapando parte del rostro incluyendo los ojos. El mensaje estaba claro, pero solo lo entendimos el 11 de enero, cuando amanecimos con la desconcertante noticia de su muerte mientras aún saboreábamos las siete intensas canciones que componen Blackstar. Al final del video se introduce en un armario y cierra las puertas, desapareciendo para siempre. De acuerdo al productor del disco Tony Visconti (con quien Bowie trabajó en su influyente y controversial período de los años 70), el álbum fue influido por Kendrick Lamar, el dúo electrónico Boards of Canada y el grupo experimental de hip hop Deaths Grip, y fue concebido por su autor como su canto del cisne y como un último regalo para sus fans. De la celebración que significaba la aparición de un nuevo trabajo en estudio, a la postre el #28 y último, se pasó a la sorpresa y de inmediato a la tristeza, cuando apenas estábamos digiriéndolo. Blackstar queda indisolublemente asociado a la despedida de Bowie, quien -se supo después- estuvo luchando 18 meses contra un cáncer. Cuesta imaginar el esfuerzo que tuvo que hacer para llegar al día de su cumpleaños 69 y lanzar el álbum. Hasta en la forma de morirse, supo hacerlo artísticamente. Blackstar comenzó a concebirse en las postrimerías de The Next Day (2013), el disco que lo devolvió al primer plano tras el silencio que siguió a la gira “A Reality Tour” en 2004, una pausa consecuencia de un infarto sufrido esos días que obligó a cancelar las últimas doce fechas. Esa circunstancia hizo que Bowie replanteara sus actividades futuras. Hace tres años manifestó su deseo de no presentar aquel disco en vivo, lo que ratificó el pasado año afirmando su intención de retirarse de los escenarios.

Este nuevo álbum contiene dos potentes temas (“Sue (Or in a Season of Crime)” y “‘Tis a Pity She Was a Whore”) que fueron lanzados como single bandera del compilado Nothing Has Changed (2014) y aquí regrabados con el saxo de Donny Mcaslin en lugar del que tocó Bowie. El homónimo tema de casi 10 minutos que abre el disco sienta las bases del sonido, con momentos de cierta claustrofobia pero también con pasajes liberadores. “Lazarus” por su parte es probablemente el momento más revelador y sobrecogedor. “Girl Loves Me” es un tema que destila cierta angustia, con Mark Guiliana aplicando un ritmo de batería que refuerza ese efecto. La canción más sosegada es “Dollar Days”, en la que también destaca el saxo. “I Can´t Give Everything Away” es un cierre perfecto, con un ambiente de melancolía y la magnífica guitarra de Ben Monder que recuerda a Robert Fripp. Son 41 minutos que conforman un disco redondo y sólido, que refleja la última etapa de la vida de uno de los más genuinos creadores de nuestro tiempo. Solo alguien como él podría despedirse de una manera tan particular e inquietante.

Juan Carlos Ballesta

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DISCOS PARA LEER

Keith Richards

Coldplay

Crosseyed Heart

A Head Full of Dreams

Republic. 2015. Inglaterra

Parlophone Records. 2015. Inglaterra

Richards, qué duda cabe, está indisolublemente asociado con The Rolling Stones, banda que cofundó en 1962 y con la que ha protagonizado una buena cantidad de los más grandes momentos en la historia del rock. Sus riffs de guitarra son memorables y su actitud de eterno rebelde le convierten en un ícono inmortal. Richards no ha necesitado mucho de los devaneos en solitario. El último que protagonizó fue hace 23 años con el disco Main Offender (1992) y antes de ello Talk is Cheap (1988), ambos publicados en un período en el que Mick Jagger también lo intentó tres veces como solista. En medio de los rumores que meten de nuevo a los Stones en los estudios y los acerca a Latinoamérica, Crosseyed Heart es probablemente el disco menos esperado y al mismo tiempo más interesante que el inefable Richards haya publicado. Junto a The X-Pensive Winos, la misma banda de los primeros dos discos, Keif construye un disco sólido con aroma folk-country-blues-rock con baladas y temas más uptempo, así como brillantes acercamientos al reggae (“Love Overdue”, de Gregory Isaacs).

Richards comparte créditos en composición con Steve Jordan (batería, percusión) en ocho temas, uno de ellos (“Illusion”) con la participación de Norah Jones. Ivan Neville (teclados), Waddy Wachtel (guitarras), el tristemente fallecido Bobby Keys (saxos) y los coros de Babi Floyd y Sarah Dash, completan la banda, además de una gran cantidad de invitados entre ellos Pino Palladino, Aaron Neville y Larry Campbell. Si estas canciones estuvieran cantadas por Jagger sería un gran disco de los Stones, aunque ello no significa que Richards desluzca en el rol de vocalista ya que las composiciones están adaptadas a su limitado pero expresivo rango vocal. Aunque a estas alturas podría ser entendido como un divertimento, este álbum es una excelente adición al catálogo que involucra a uno de los personajes más genuinos del rock and roll.

Juan Carlos Ballesta

Como si de obras y pinturas se tratase, Coldplay llega una vez más al ruedo con un disco definitivamente colorido, el cual continúa esa tendencia de la banda británica que viene ocurriendo desde Mylo Xyloto. Apenas comienza, nos encontramos con la canción que da título al disco, un gran adelanto de lo que nos espera: sonidos eclécticos genialmente combinados, guitarras estruendosas y voces que forman armonías en sintonía con una alegría propia de quien tiene grandes sueños. “Oh, I think I’ve Landed in a World I hadn’t Seen” canta Chris Martin en el primer verso de la canción, de modo que la invitación a este viaje de paisajes musicales se abre al subir el telón de la obra. A pesar de recientes rumores que indican que éste podría ser el último disco de Coldplay, no deja de ser un proyecto ambicioso, pues cuenta con la colaboración de diversos artistas, como Noel Gallagher (ex-Oasis) que brinda un solo de guitarra en el tema “Up & Up”, una balada suave con frases reflexivas de parte de Martin “How can people suffer, how can people struggle, how can people break your heart?”. Entre otros artistas invitados está el proyecto Tove Lo, en la canción “Fun”, así como Beyoncé, Gwyneth Paltrow y el genio productor de los discos de Kendrick Lamar, Daniel Green.

El primer single promocional que muestra a la banda como simios explorando una selva y divirtiéndose con instrumentos musicales en el video, bien pudiera representar si seguimos hablando de pinturas y colores, el equivalente a un cuadro de Jackson Pollock no tan abstracto. “Adventure of a Lifetime” es exactamente lo que describe el propio nombre de la canción, con un riff de guitarra que se queda dentro de la cabeza de todo el que lo oye y un bajo rítmico que da la sensación de un corazón palpitando. Todo parece encajar como un bonito rompecabezas en esta tonada, incluyendo las letras que son poesía pura y efervescente, como un Bubblicious de cereza que comíamos de pequeños. En general el álbum comprende una lluvia de colores y sonidos brillantes fusionados, sin embargo se asoman también, como en casi todos los discos de la banda, temas más suaves o baladas donde el espacio es más hacia lo reflexivo y nostálgico. Como ejemplo se puede destacar el track “Army Of One”, donde predomina mucho más la voz, piano y sintetizadores, mientras que la guitarra cumple una función acompañante, en la onda de sus canciones en discos como “Parachutes” o “A Rush Of Blood To The Head”, que tienen menos intención de hacernos olvidar del mundo y solo preocuparnos en la felicidad momentánea.

Luis León

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DISCOS DISCOS PARA PARA LEER LEER

Niño Nuclear y Los Mutantes de Saturno

Re&Sol Abierto

Independiente. 2015. Venezuela

La Nota Ignota

Cherry

Independiente. 2015. Venezuela

La banda ganadora del Festival Nuevas Bandas 2014 edita su segundo disco, con un sonido ya distintivo que no pierde sus influencias ni su desparpajo, tal como quedó demostrado en el Concierto #38 de Ladosis. Niño Nuclear es una banda que no puede ser entendida sin su faceta en directo, en la que explotan al máximo las canciones con un show catártico. Re&Sol Abierto es otro manifiesto guitarrero, más depurado y maduro como cabía esperar, inspirado en las grandes

bandas del noisy rock como Sonic Youth (nada casual el tema “Kim Gordon”, nombre de la bajista) y The Jesus & Mary Chain. Mechu (guitarra y voz), Obi1 (guitarra y voz), Ferchio Red (bajo), Orekio (batería) y la nueva adquisición, Samuel (teclados, ex Tan Frío el Verano), logran confeccionar un disco redondo en el que las melodías vocales navegan sobre el mar de guitarras y una sólida base rítmica. Desde la psicodelia folk en clave india de “Val Paraíso (Re)” hasta la distorsión tropical de “B3” hay

un catálogo de canciones sin desperdicio entre las que destacan la poética “Las Cruces”, los tres temas de sonido clásico nuclear, “No sé”, “Dinastía” y “Amor plutónico”, y la corta “Las tumbas”. Niño Nuclear y Los Mutantes de Saturno confirma su potencia y deja de ser una promesa para convertirse en una realidad y en uno de los nombres propios del rock venezolano.

Anclado en la ciudad de Coro, estado Falcón, este cuarteto conformado por Pemo Jiménez (voz, percusión menor), Rómulo Peña (voz, guitarra), Ignacio Peña (bajo, coros y producción) y Jaime Garvett (congas, percusión menor, coros), desarrolla una propuesta muy atractiva en la que mezclan todo tipo de influencias caribeñas. En este disco debut hay sobre todo bolero, son, bugalú y songo, con ciertas reminiscencias al sonido de Bacalao Men e incluso Aldemaro Romero y Billo´s. María Lavanda impregna con humor y elementos tomados del inconsciente colectivo

todo el disco, algo que se nota en los textos y en títulos como “Frank Psiquiatra”, “Psicodelia Fiallo” o “Vacileo Vacilei”. La aparición de Los Hermanos Naturales en el interludio “Hermanos radiales” refuerza ese concepto. Con una instrumentación minimalista y una magnífica ejecución, estos cuatro corianos han logrado concebir un disco redondo que deja con ganas de repetir la audición.

Juan Carlos Ballesta

María Lavanda

En sintonía con Radio Lavanda Independiente. 2015. Venezuela

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Tomás Jaimes

El quinteto valenciano autodefine su propuesta como “rock and roll en tiempos de crisis”. Y no les falta razón. Tener una banda de rock en la Venezuela actual es un acto de fe, en especial en ciudades en las que las oportunidades para tocar son escasas. La Nota Ignota no es una banda nueva, llevan ya más de una década trabajando, aunque solo es ahora cuando debutan repotenciados con su primer larga duración (tras el EP Monocromático), un álbum sólido influido por el sonido de una de las bandas más importantes del país: Tomates Fritos, cuya presencia orbita cada vez más como una inspiración no solo estética sino también de principios y constancia. Héctor Marsicobetre (guitarra y voz), Hernán Rivero (guitarra), Carlos Echezuría (guitarra), Luis Del Risco (bajo) y Carlos Padrón (batería), logran en diez canciones plasmar un honesto espíritu rocanrolero, con una ejecución contundente, apuntalada por una excelente grabación realizada entre Valencia (Máximo Álvarez y Elliot Da Silva) y Punto Fijo (Roberto García). La mezcla estuvo a cargo de Jean De Oliveira (Candy66). Destacan los temas “Tu razón”, “Cherry”, “Punta Brava” y “Rocanroll”.

Juan Carlos Ballesta


DISCOS PARA LEER

Sr. Presidente

Lana Del Rey

José y el Toro

Pale Honey

Entorno Doméstico. 2015. Venezuela

UMG Recordings. 2015. EE UU

Independiente. Venezuela. 2015

Instant Records. 2015. Suecia

Ilustre Ventanal de Estrategias

Honeymoon

Retrato

Pale Honey

Impredecible es la palabra que cobija a Heberto Áñez y/o Presidente. El músico zuliano presentó su disco Ilustre Ventanal de Estrategias que había anunciado meses antes y que de pronto lanzó de forma imprevista. Cuando escuchamos el single “La sociedad” nos imaginamos que el pop y la nostalgia iban a estar presentes, pero más allá, ¿qué otros estilos? La primera sorpresa es que el álbum abre con una balada que hace recordar el momento efervescente de este género en los 80. El sonido lo-fi de producciones anteriores no se siente. Áñez se tomó su tiempo para mostrar un disco más elaborado y diverso, ya que nos encontramos con matices afro, de golpe de gaita, de bossa nova y más elementos, todos unidos por el dream pop, la melancolía y el piano desgarrador que adquiere un protagonismo esencial. Discazo.

Después del esperado Ultraviolence en el 2014, Lana regresó con un álbum, que aunque se distingue de todos los demás, sigue transmitiendo su nostalgia y melancolía característica, con la agradable sorpresa de que esta vez, Del Rey incluyó algunos ánimos que se distinguen del triste azul. Ha crecido y ha hecho un autorretrato que deja entrever algunos rayos de luz. Más introspectiva pero continuando las referencias culturales contemporáneas y emulando algunos sonidos ajenos reconocibles. Logró combinar, otra vez, melodías modernas con la emotividad de su voz mezzo-soprano entre orquestas y coros. La lista de temas se reproduce alternando tramas con inclusiones experimentales y sonidos del mundo. Definitivamente un viaje más suave y honesto que los anteriores, con varias tonadas pegadizas. Otra obra del subgénero pop barroco.

Honestidad es lo primero que resalta en el debut discográfico de José y el Toro. Un sonido casero, lo-fi, característico de la nueva ola de cantautores; los ambientes electrónicos, el trabajo de percusión y guitarra, la tenue voz y las composiciones son los elementos clave de Retrato. William José Casique Toro, joven tachirense, decidió lanzarse al mar de la canción de autor, después de haber sido parte de Übercafé. Con su proyecto desnuda su faceta intimista, llena de poesía y cierto halo de misterio lírico y sonoro. Cuando dio a conocer su primer single, “Luna voyerista”, dejó una fuerte expectativa y no defraudó. Retrato fue grabado en La Casa en la Costa (Puerto La Cruz), contó con la producción de Juan Chi y Daniel Saud (de The Zeta) y la participación del bajista colombiano Víctor Gamboa.

El álbum debut de este dueto es el cuarto en su lista, por lo que estas chicas empiezan a tener trayectoria. Las influencias de PJ Harvey son claras, y el sonido tiene esa vibra distinta que caracteriza a la música independiente salida de Europa. Una guitarrista y una baterista le dan un nuevo significado al girl power, con letras reflexivas y propuestas de altura que analizan los cuestionamientos típicos de los 20. El disco se mueve entre mundos imaginarios que inician de manera acogedora y jovial, hasta que explotan en un animado y profundo estallido de energía. Tiene el gancho para dejarte queriendo escuchar la siguiente, la siguiente y la siguiente. Violines, ecos, riffs junto a la batería se unen a la nostálgica y segura voz de la vocalista que lo hacen casi cinemático. Ideal para el camino al trabajo o una tarde de sábado.

Mercedes Sanz

Carla Herrera

Mercedes Sanz

Carla Herrera

The Arcs

Zarik Medina

Nonesuch Records. 2015. EE UU

Independiente. 2015. Venezuela

Yours, dreamily

“Good morning children, welcome to school”. Así empieza el primer promocional “Outta my Mind” del álbum debut y cátedra de uno de los mejores grupos colaborativos del momento, organizado por Dan Auerbach, co-protagonista de The Black Keys, y compuesto además por cinco grandes creativos y productores musicales de la escena neoyorkina y californiana. Una buena oportunidad para sumergirse en ese rock artesanal bien hecho donde el blues es el ingrediente principal. Todos los integrantes de la banda participaron en la creación de las letras de historias musicales de

Retro Pop

cuatro minutos, llenas de múltiples influencias rítmicas como el jazz, lo-fi y rock psicodélico. Una de las pocas agrupaciones en el mundo que pensaron que dos baterías son mejor que una y con mucha razón. Sentirse inmerso en un disco no ha sido tan fácil como ahora.

Carla Herrera

El inquieto músico caraqueño, mejor conocido por ser teclista y uno de los vocalistas de las excelente bandas de versiones Los Beat 3 y The Invasion, regresa con un nuevo disco en solitario luego de tres años. El título del álbum da una clara señal de la orientación estilística, algo que Medina se ha encargado de desarrollar a lo largo de varios años. Sus influencias primarias vienen de los grupos pop de los años 60, muy en especial de la primera invasión británica (The Kinks, The Zombies, The Beatles –lo que incluye versión en español de “I’ve Just Seen a Face” ), pero también se dejan colar nuevos elementos en este

álbum provenientes de la canción latina de décadas pasadas. Medina se encarga prácticamente de todo, en un alarde de autogestión que lo lleva a tocar todos los instrumentos, cantar, producir, mezclar y masterizar. Solo el acertado diseño lo delega en Carlos Beracierto.

Tomás Jaimes

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DISCOS DISCOS PARA PARA LEER LEER

Domingo en Llamas

Adolfo Prieto 232/El Clan de las luces /Nicanor/ Canciones sobre un éxtasis de harta contemplación Independiente. 2015. Venezuela

Es extremadamente inusual y muy improbable que un artista lance cuatro discos en simultáneo. Pero tratándose de José Ignacio Benítez cualquier cosa puede ocurrir. Desde que decidió desarrollar en serio y de forma consistente (a su manera, claro) la faceta en vivo de su proyecto Domingo en Llamas (ver Ladosis #29) tras el disco Harto tropical (2010), paradójicamente su producción discográfica sufrió un parón. Las canciones, nuevas y viejas, fueron madurando y tornándose poliformes a medida que Benítez iba conformando una banda de altos quilates que durante este pasado lustro adoptó varios formatos: trío, cuarteto, quinteto, sexteto, septeto, e incluso solo. Los músicos que han formado parte de Domingo en Llamas han sido no solo cómplices de este maravilloso vehículo creativo, sino parte esencial en el sonido de las canciones que surgen del privilegiado y muchas veces alucinado talento de este caraqueño comenzando a transitar sus 30 años de edad. Y lo mejor, en este tiempo ha construido una seria, consecuente y exigente legión de seguidores. Esta cuádruple oferta (grabada al completo en su propio estudio La Madrigalera) es, a todas luces, una obra indisoluble. Si bien cada disco posee su propia entidad, el propio Benítez quiso que se entendieran como una ofrenda relacionada, trabajada en paralelo en estos años recientes y lanzada el 6 de noviembre a través de esdomingoenllamas. bandcamp.com. Adolfo Prieto 232, grabado entre abril y mayo de 2014, es un compendio de poesía urbana, compuesto por piezas de corta duración en las que José Ignacio no canta sino que declama textos de increíble imaginación, inspirados por Caracas, el entorno inmediato, la cotidianidad y diversos elementos de la vida que le interesan. Eso incluye acercamientos al fútbol, con el director técnico argentino Marcelo Bielsa, mordiéndose la cola sobre sus verdades o conmovedoras

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historias callejeras como “Jardines colgantes de la colonia”. Lo acompañan sus amigos Juanma Trujillo (guitarra), Enrique Pérez (bajo) y Simón Hernández (batería), quienes le dan un cuerpo bárbaro a este álbum de diecisiete tracks. El Clan de las Luces es un trabajo que obedece a su distintivo y singular formato de canción de autor, grabado, mezclado y masterizado por Benítez, quien se encarga de todo, pero utiliza dos pseudónimos para los créditos: Moisés de Martín (producción y audio) y Nacho de Villamediana (guitarras, teclados, programaciones y voz), quizá para

diferenciar los varios alter ego que conviven dentro de su rica psiquis. Hay aquí algunos de los más geniales ejercicios intelectuales ligados con la historia venezolana, con puntos álgidos como “Recuerdos de la democracia”, en el que recorre los 40 años de la llamada etapa “puntofijista” post Pérez Jiménez. Un tema digno de ser analizado (y disfrutado) en cualquier clase de historia contemporánea, representando un excelente reto para las nuevas generaciones. Instrumentalmente hay en El Clan de las Luces psicodelia y synth pop bizarro, que a veces retrotrae al indie pop y post punk más intimista de los años 80.


DISCOS PARA LEER

Canciones sobre un éxtasis de harta contemplación, a pesar de su enigmático título y la portada de San Francisco orando (pintura de Francisco de Zurbarán, máximo representante del naturalismo tenebrista en el barroco español), resulta en once composiciones de estructura más tradicional, con elementos de country-folk, blues rock, canción latinoamericana e indie pop firmadas sin pseudónimos. Varias de estas canciones habían sido interpretadas en vivo en diferentes formatos, como “Cy Young”, “Botánica elemental” (dedicada a las señoras que trabajaban en su casa cuando era niño), “La balada del mielero” y “Diógenes Escalante”, en las que trata diversos temas autobiográficos, viajes, estampas de memoria visual u olfativa. Canción “pop” de alta factura y gran emotividad. Nicanor (con otra portada de Francisco de Zurbarán) es de los cuatro el disco más accesible, con estructura folk rock que sirve para que Benítez demuestre su gran crecimiento como ejecutante ya que se encarga de tocar todo de manera solvente. Lo componen diez temazos que se cuelan en el oyente por todos los resquicios. Es ideal para ser escuchado en cuarto lugar, si es que se desea (recomendable) disfrutar al completo de esta mega obra que hemos revisado en el orden que creemos más adecuado de escuchar. Canciones como “Himno Nacional”, “Sol amén”, “Propiedades ocultas de la luz”, “Cruz de estrellas”, “La novilla” o la increíble “Si Dios quiere y no me muero” (perfecto cierre) son auténticas joyas. Afirmar que José Ignacio Benítez es el cantautor venezolano transmutado en cronista y “escritor melódico” más interesante del siglo 21, ese que despierta la curiosidad intelectual e invita a esforzarse en cada escucha, no es descabellado ni un desprecio a los demás. Quizá convenga decir que él juega en otra liga, su propia liga. Ese esfuerzo al que nos reta es plenamente reconfortado, sea en vivo o en el ejercicio fantástico que significa la audición de estos 46 temas de absoluta y honesta libertad creativa. En ellos están los ecos de Jacques Brel, Tom Waits, Tom Zé, Ray Davis, Sparks, Charlie Parker, William Blake, Bob Dylan, Fernando Pessoa, Walt Whitman, Allen Ginsberg, Jack Kerouac, Arthur Rimbaud, García Lorca, Aquiles Nazoa, Dylan Thomas, Baudelaire, Rimbaud, Frank Zappa, The Beatles, los Stones, Neil Young, Lope de Vega, Kurt Weill, Fellini, Woody Allen, Ingmar Bergman, la visita a un mercado o una plaza, el fútbol y el béisbol con sus estrategias… Domingo en Llamas es un universo de inagotable riqueza y todos los que hemos seguido a José Ignacio Benítez desde sus ya lejanos tiempos con Máster Gurú agradecemos su entrega, su entereza de espíritu y sobre todo su indoblegable actitud como narrador musical de nuestro tiempo.

Juan Carlos Ballesta

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DISCOS PARA LEER

Arca

Augusto Bracho y Moisés de Martín

Mutant

Pajarera vertical

Mute Records. 2015. Venezuela

Independiente. 2015. Venezuela

El segundo disco auto producido por el caraqueño Alejandro Ghersi bajo el pseudónimo que lo ha colocado definitivamente como uno de los grandes nombres de la música electrónica en el planeta, es otro despliegue de libertad y auto confianza. Si en Xen (2014) abordó el lado espinoso de la electrónica con ritmos quebrados e imágenes perturbadoras, en Mutant va unos pasos más allá agregando atmósferas abrasivas y opresivas, y también gentiles y placenteras, en un recorrido de 62 minutos que apabulla, impresiona y atrapa al mismo tiempo. Hasta donde llegan las influencias de Björk o FKA Twigs, artistas con las que ha trabajado recientemente, es difícil medirlo. Incluso podría ser que él represente más influencia para ellas. Quizá lo que más llama la atención es la capacidad de Ghersi para transformar a Arca en una especie de conflicto, como si fuese su manera de expresar lo difícil que es el mundo que le (nos) ha tocado vivir, dando rienda suelta a todos los demonios pero también a los sentimientos más nobles. En temas como “Sinner”, nos dispara una serie de complejos ritmos sobre los que deja colar gentiles

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sonidos de piano. Y sin darnos cuenta estamos en el siguiente tema, “Anger”, que refleja lo que indica su título. Chambertronic podía ser un término para definir su propuesta. La obra está concebida como un continuum, recorriendo una serie de emociones que van del drama (“Vanity”, “Snakes”, “En”, “Soichiro”), el hedonismo (“Else”, “Front Load”, “Extent”, “Enveloped”), la irritación (“Umbilical”, “Faggot”) y el misterio (“Mutant”, “Gratitud”). El resultado es un disco que debe ser digerido con la calma que requiere todo trabajo de laberínticas cualidades. Arca, tal como sucedió en los 90 con Autechre o Aphex Twin, está construyendo una propuesta distintiva que dentro del vastísimo universo de la electrónica es posible reconocer. Y eso en sí mismo es un inmenso logro.

Juan Carlos Ballesta

Desde que esta unión entre dos de los más imaginativos y talentosos músicos caraqueños se produjo han pasado casi cinco años. Durante ese tiempo, Gustavo Guerrero y José Ignacio Benítez -Augusto y Moisés, respectivamente- cocinaron a fuego lento este disco debut, entre México, Argentina y Venezuela. Los ayuda el excelente baterista Simón Hernández. Trece canciones de alto contenido emocional, unas cargadas de guitarras eléctricas y otras de sonoridades más acústicas, conforman Pajarera vertical. Folk latinoamericano envenenado y blues tropicalizado conforman la columna vertebral, con el aderezo fundamental de los textos poéticos y prosa singular que caracterizan a estos dos musicazos. Ambos se turnan en el rol de vocalista principal, logrando un atractivo balance a lo largo del disco, complementándose de forma brillante y haciendo que el hilo conductor sea perfecto. La sinergia que logran no es común y se basa, no solo en el talento que cada quien atesora, sino en la complicidad entre ambos construida durante el crecimiento

de su amistad y la convivencia musical en proyectos de alto impacto como Monsalve y Los Forajidos. El background de ambos es lo suficientemente potente como para ubicarlos en el Olimpo del rock de autor venezolano. A Guerrero lo avala su primer proyecto Cunaguaro Soul, el paso por Bacalao Men y Cabezón Key, y su actual rol como director de la banda de Natalia Lafourcade. Por su parte, Benítez ha demostrado sobradamente con Domingo en Llamas y El Regaño, así como en colaboraciones con Laura Guevara, su desbordante imaginario como poeta beatnik caribeño, como guitarrista y cantante. Es difícil destacar unos temas sobre otros, pero hay algunos especialmente destacables como “Desde la vitrina”, “Algodón o nylon”, “Las azucenas”, “Montpellier”, “La finca de los bólidos”, “Tiempo” o la guinda final, “Simulación de circo”. 20 puntos.

Juan Carlos Ballesta


DE LOS 60 AL SIGLO 21

6 DÉCADAS DE VANGUARDIA MUSICAL DOMINGOS 8PM POR HOT 94 @ACTODFE

OYENTES DE ACTO DE FE

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AHÍ ESTUVIMOS

Gerry Weil

Fotos: Leonardo Bigott

Gerry Weil - Navijazz 2015 Centro Cultural B.O.D., Caracas (Diciembre 10, 2015)

Una década de jazz en Navidad celebró el maestro Gerry Weil el pasado jueves 10 de diciembre en la sala del B.O.D. Bajo la producción de Orlando Zurita, Navijazz 2015 demandó un día adicional tras agotar su primera noche. Y es que el evento se ha convertido ya en una tradición como la navidad misma para quienes gustan de la excelente música que siempre ofrece el maestro. Su fórmula es simple: música de actualidad con músicos de actualidad, siempre cargada de un mensaje lleno de optimismo y de espiritualidad. Gerry Weil es, a sus 76 años de edad, la viva representación del lenguaje del jazz más desarrollado del país. Su música conjuga la influencia de Debussy, Gulda, Hancock y Jarrett con los más exóticos ritmos venezolanos y las nuevas tendencias, siempre logrando, con admirable finesse, composiciones propias y de autores como Leigh Harline y Ned Washington cuyo estándar “When You Wish Upon a Star” abrió la noche con el maestro en solitario. Su versión, delicada y apropiada, dio inicio a un variado repertorio de más de 10 temas. Tras la conocida canción, uno de los más renombrados contrabajistas del país, Freddy Adrián, y el legendario Carlos

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“Nené” Quintero, se unieron a Gerry para conformar un trío acústico que interpretó “El encuentro”. Esta interpretación fue seguida de la presentación de la primera invitada, Prisca Dávila, quien se unió al trío para cantar junto a Gerry el conocido tema de George Gershwin y DuBose Heyward, “Summertime”. Siempre dando espacio a los nuevos talentos, Gerry cedió el piano a Prisca para que interpretara “Pikitango” a solo piano. El siguiente invitado, Gilberto

Bermúdez, ha sido una constante en este navideño evento. Su voz, una de las más afamadas del país, ofreció dos excelentes versiones de “Christmas Song” de Robert Wells y Mel Tormé, y el estándar “I’m Beginning to See the Light” de Duke Ellington, Harry James, Don George y Johnny Hodges. Gilberto fue acompañado por Gerry en las voces, añadiendo así un elemento pocas veces evidenciado y que esta noche hacía su segunda intervención dándole al concierto un aire diferente que de algún modo evocó las texturas vocales de Louis Armstrong. Una de las más gratas sorpresas fue la entrada del bajista Gustavo Márquez, quien junto a Freddy, interpretó “Chimantá”, tema del hasta ahora inédito álbum de Gerry titulado Makunaima. Aquí los bajistas sorprendieron al mismo maestro quien jamás imaginó esa pieza en tan bien lograda versión a dos bajos. El beatboxer Jhoabeat se apoderó de la tarima para acompañar a Gerry con sus efectos vocales en “God Bless the Child” e “Imagine”, demostrando entre una y otra, su paleta politonal colmada de los más impresionantes efectos simplemente con un micrófono.


AHÍ ESTUVIMOS

Los Beat3 – 100% Lennon

Los Beat3

Foto: Leonardo Bigott

Centro Cultural B.O.D., Caracas (Diciembre 17, 2015)

El cuarteto se vio convertido en septeto con la incursión de Pablo Gil al saxo, Noel Mijares en la trompeta y Adolfo Herrera en la batería en “Falling Grace” y “Wiener Schnitzel”. Adolfo y Nené tuvieron el espacio necesario para demostrar porqué son dos de los más importantes músicos de la percusión en nuestro país. Un prolongado tetê a tetê y un final preciso sentenciaron uno de los solos más provocadores de la noche. Luego el octeto interpretó “Caracas a las once” para dejar el escenario a los inmortales Desorden Público con “Del Cazador al Volta” y “El hombre con la pistola”. Es necesario acá comprender la relación de vieja data que existe entre Gerry y Desorden Público, pues el Weil produjo su segundo álbum, En descomposición (1990) que incluye la segunda pieza mencionada. La velada culminó con “Año viejo” y la sentida “Vytas”, pieza ya obligada en el repertorio del maestro. No pudieron faltar las palabras alentadoras y libertarias de Gerry quien expresó su afecto por una nueva Venezuela. Leonardo Bigott

Armados con un repertorio de 30 canciones, el afamado cuarteto que cuenta desde hace algunos meses con la voz y el bajo de Andrés Seger, tomó la tarima para rendir un tributo al más carismático y controversial de los Fabs 4, John Lennon, a 35 años de su asesinato. El concierto comenzó con la emblemática “Nowhere Man”, tema que en su momento se deslindó del amor y el romance ampliando así el espectro lírico del cuarteto. Frecuentemente acreditada a Lennon-McCartney, fue escrita por Lennon y ahora escogida por los Beat3 para abrir el excelente concierto que reafirmó cómo Alejandro, Andrés, Iñigo y Zarik mantienen viva la llama de una música que ha desafiado los embates del tiempo por más de cuatro décadas. Una sala casi llena recordó al estandarte pacifista de The Beatles y de Lennon, quien fuera asesinado el 8 de Diciembre de 1980. Clásicos como “Please Please Me”, “You Can’t do That”, “Help”, “In My Life”, “Don’t Let me Down”, “Dig a Pony” se hicieron escuchar por una audiencia variopinta y desbordada de emociones. Uno de tantos momentos estelares fue la sentida interpretación del tema “Julia” a cargo de Zarik acompañado en la guitarra por Iñigo. No sólo el dúo destacó por la sensibilidad de temas como éste sino que, a lo largo de la noche, pudieron establecer un diálogo humorístico que supo encajar imitaciones de algunos personajes de la política actual y destilar una espontaneidad pocas veces vista. Andrés también hizo un certero comentario sobre una Venezuela que pareciera respirar aires libertarios. Tras la batería, siempre discreto, Alejandro Pérez, artífice de este evento, marcó el ritmo de todos los temas desde “Lucy in the sky with diamonds” hasta “Twist and Shout”, destacando en la legendaria “Mother” cuyo peso en la batería resonó junto a la voz de un Iñigo desgarrador, quien previamente había dedicado a sus padres esta canción de especial significado para él. Si bien hubiera querido escuchar más de un Lennon solista en temas como “Working Class Hero”, “Watching the Wheels”, “9 Dream” o “Mind Games”, los Beat3 explicaron que el motivo para no hacerlo yacía en el temor de que esos temas no tuvieran el impacto deseado. Sin embargo, la escogencia me dejó muy satisfecho en las interpretaciones de una de las más hermosas baladas “Woman” y temas como “Instant Karma” y la inmortal “Imagine”, que ha llegado a ser una especie de himno pacifista universal. Apoyado en unos excelentes visuales dispuestos y desplegados por el manager del grupo, Luis Alegrett, cada uno de los temas fueron revividos con aires de nostalgia pero al mismo tiempo con poderoso sonido que ya es característico en los Beat3 y que impregna la música de una vitalidad contemporánea. Aunque el grupo ha tenido cambios importantes en su formación, cada músico que ha pasado por ahí ha dado importantes aportes. Andrés Seger, además de ser un erudito en la materia, ha demostrado un respeto absoluto por el concepto del grupo. La audiencia participó en “Give Peace a Chance” y una hermosa “Happy Xmas” que puso en la escena a las niñas coristas Alejandra y Camila Santos al tiempo que Iñigo y Zarik les acompañaban. “Roll over Beethoven” y “Twist and Shout” terminaron por reventar la sala. Leonardo Bigott

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Carlos Rodríguez

Virginia Ramírez

Fotos: Leonardo Bigott

Noches de Guataca Teatro Trasnocho y Espacio Plural, Trasnocho Cultural, Caracas. (Septiembre 9 a Noviembre 4, 2015)

Virginia Ramírez (Septiembre 9) La excelsa pianista de jazz abrió la segunda temporada 2015 de Noches de Guataca con un repertorio presentado en formato de dúo, trío y cuarteto. Su banda, conformada por el bajista David Rubio y dos de los más prominentes instrumentistas del país, el baterista Willy Díaz y el guitarrista Rubén Rebolledo, destiló una musicalidad de alto nivel a lo largo de un variado repertorio en el cual lo tradicional venezolano y el bolero se entrelazaron con las interesantes armonías del jazz. Mucha agua ha corrido desde que Virginia incursionó en el ámbito discográfico con Espiral de Fuego (2005) y este concierto resumió, de algún modo, lo que ha venido experimentando hasta la fecha. “Historias Secretas”, “Juan José”, “Qué vale más” y “Cuando me dejes”, marcaron el inicio de la noche con tintes de bolero en la fina pluma de autores como Henry Martínez, Herrera/Barrios, y Simón Díaz. En este inicio destacaron solos de Rubén y Virginia. A voz y piano continuó la segunda parte con clásicos como “Si pudiera ser”, “Esta tarde vi llover” y “Lo que pasa contigo”, las dos últimas de Manzanero y Aldemaro, respectivamente. Con tintes muy especiales en la voz de Virginia, cuya emotividad es notoria pese a no ser cantante de boleros, la noche continuó con el clásico “Caramba” de Otilio Galíndez y “La gloria eres tú”. El repertorio tuvo un interesante giro con los temas “Loro”, “Bebe” y “Don Allen”

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donde una vez más destacaron los solos de Rubén y Virginia con una base rítmica envidiable que dejó clara su versatilidad en estos temas de ritmos brasileros. La noche cerró con la participación especial de dos de los más importantes cantantes de salsa en el país: Edgar Dolor y Carlos Hurtado, quienes cantaron “Zoológico” y “Santo Moro”. Ensamble Enarmonía (Septiembre 16) Esta es una agrupación fuertemente enraizada en lo venezolano dirigida por el cuatrista y compositor Merlyn Briceño. El trío y sus invitados presentaron un repertorio de 12 temas que iniciaron con una versión del clásico de Aldemaro Romero, “De repente”. La pieza, muy bien ejecutada por demás, fue el preámbulo conformado por varias de las composiciones emblemáticas del repertorio popular venezolano. “Añoranza”, de Pablo Camacaro, y un zumba que zumba, continuaron una noche que, como todas las del ciclo, presentó sorpresas interesantes. La velada tuvo su punto de inflexión con la cantante Iliana Goncalves, cuya invitación especial para interpretar “Oriente es de otro color” de Henry Martínez, embrujó a una audiencia que recién se preparaba para oír a una de las voces femeninas contemporáneas más importantes. Es necesario resaltar que esta artista luso-venezolana viene desarrollando un atractivo proyecto musical con el cual nos sorprenderá antes de fin de año. Iliana continuó con “Media luna andina” de César Prato, “Tremenda”, y lo que fue el tema más emotivo de la noche, “O Infante” cuya letra del poeta Fernando Pessoa con arreglos musicales de Dulce Ponte en la voz de Iliana, representó un interesante segmento dentro del repertorio de esta incipiente agrupación.

Destacaron también las presentaciones del flautista Ulises García y el sempiterno Aquiles Báez. La sección rítmica de Carlos Lozada en el bajo de 6 cuerdas y José Betancourt en las maracas fue una prueba más del alto nivel musical que palpita en cada rincón de este país. El ensamble continuó con “A mis hermanos”, tema ya estandarte del repertorio popular contemporáneo compuesto por Báez y “Niña de hilos de rojos” compuesta por Edwin Arellano. Como suele suceder en estos conciertos, entre un momento y otro, los músicos pudieron demostrar sus habilidades en sus respectivos instrumentos bajo un ambiente armonioso con una sala decorada con unas lamparitas que pendían del techo y hacían el ambiente aún más íntimo. Un recio pajarillo y “El catire y el negro” sellaron con sobrada pasión la segunda noche de la segunda temporada de este ciclo que comienza a expandirse por el territorio nacional y el mundo. Es importante destacar la labor gerencial de Kimberly Zambrano y todo su equipo en hacer de la sala Espacio Plural una opción importante para el disfrute de propuestas artísticas en el sureste de la ciudad. Carlos Rodríguez (Septiembre 23) El contrabajista ofreció un excelente repertorio de composiciones propias, rasgo que ya satisface mis exigencias en estas presentaciones de los miércoles, y temas de Duke Ellington, Simón Díaz, Carlos Bonet y otros. Anthony Gutiérrez (batería), César “Chagu” Bolívar (percusión), Juan Hidalgo (teclas) y William Flores (saxo tenor y flauta), colectivamente conocidos como Jazztrata, abrieron el concierto con “Una esperanza”, tema original de Carlos


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Ensamble Caramba

que fue seguido del estándar venezolano “De Conde a Principal”, compuesto por Aldemaro Romero. La primera mitad del concierto presentó dos composiciones más de Carlos, “Otro amanecer” y “Aquí estoy”, y el clásico “Sabana” de Simón Díaz. Un toque personal en los arreglos de la conocida pieza de Juan Tizol, erróneamente acreditada a Duke Ellington, “Caravan”, reveló a un Carlos Rodríguez madurado. Si bien en algunos instantes la banda pareció necesitar un poco más de entusiasmo, la calidad musical de Jazztrata resaltó en los temas “El sinvergüenza” de José Antonio Naranjo y “Lamento” compuesto por los brasileros Pixinguinha y Vinicius de Moraes para luego Carlos presentar su composición titulada “Puedo”. “Quitapesares” de Carlos Bonet pondría la guinda de la noche. Es vital decir que los cuatro invitados de la velada inyectaron una energía muy especial a la propuesta musical de Carlos, en la cual la música de grandes compositores venezolanos y foráneos son parte indisoluble de su repertorio. Igualmente la exposición de nuevos talentos y grandes veteranos del ruedo musical que en esta oportunidad puso tras el micrófono a Valentina Becerra y el laureado Alfredo Naranjo tras el vibráfono. Si bien cada uno puso un toque personal, la participación de Alfredo en los dos últimos temas destacó por la energía que siempre irradia este veterano maestro cuyo reconocimiento internacional motiva a otros grandes músicos, como Carlos, a darle un picor especial a una música que ya viene cargada de esa vibra latina irresistible. Cosaspasarán (Septiembre 30) El cuarteto formado en Caracas por músicos de Puerto Ordaz y Puerto La

Claudio Dam - Bandolero Recio

Cruz, fue el encargado de cerrar el primer mes de la segunda temporada de Noches de Guataca. Esta incipiente formación musical se presentó con nueve composiciones propias enmarcadas en una fusión de géneros que se deslinda notoriamente de las frecuentes propuestas de este ciclo. Su peculiar sonoridad brota de unas prodigiosas manos cargadas de espontaneidad. Ellos son Arturo Soto y Gustavo Medina en las guitarras, Abelardo Bolaño en el bajo de cinco cuerdas y José Núñez en la batería. El cuarteto se vio aumentado con la participación de la excelente vocalista Ana Carmela Ramírez. Es necesario reconocer el profesionalismo del personal de la sala Espacio Plural que, no siendo del todo idónea para ciertos formatos y estilos musicales, el sonido suele estar a un nivel deseado. Sin embargo, ciertas dificultades en el audio de las voces no le restaron calidad a la banda que a pesar de ello logró cautivar a la audiencia con un sonido arriesgado, fresco pero al mismo tiempo duro y con una sección rítmica digna de las más inusitadas aventuras. Iniciando con “Me cambiaste para bien”, la banda mostró un desapego por lo convencional y era notorio ver en la expresión corporal de los músicos una entrega plena a una música que exige al oído entera atención. “Antillana” y “Caracas” mostraron dos perspectivas caribeñas con una acentuación rítmica muy diferente. Es necesario decir que Cosaspasarán toma de un modo notorio riesgos armónicos y rítmicos pero sus melodías, que no son precisamente el silbido de un ángel, también destacan por su dinámica. Gustavo es particularmente explosivo, rasgo que puede extenderse a esa envidiable dupla conformada por Abelardo y José. La presentación duró aproximadamente una hora y fue

Cosaspasarán

suficiente para atrapar el interés de los asistentes. Cosaspasarán tiene mucho que decir con su provocativa propuesta. Ha sido también muy placentero escuchar al guitarrista Arturo Soto. La banda está próxima a editar su primer CD. Ivor Osorio (Octubre 7) El guitarrista clásico abrió el mes de octubre con un excelente repertorio conformado, en su primera parte, por composiciones del venezolano Efraín Silva, el jazzista austríaco Wolfgang Muthspiel y el estadounidense David Qualey. Así los temas “Canción panameña”, “Santa Cruz” y “Tonspiel”, respectivamente, dieron inicio a un concierto intimista y cálido que si bien no estuvo concurrido, fue una buena oportunidad para descubrir a este guitarrista que pese a su formación clásica no ha dudado en incluir temas como “Luiza” de Tom Jobim, “Cariñoso” de Pixinguinha y “El manicero” de Moisés Simons, temas que son ya parte del repertorio popular universal. De éstas, cabe resaltar que la composición de Moisés fue interpretada a modo de lo que se dio por llamar en Cuba, filin y que no es más que la influencia de la canción estadounidense que estuvo en boga entre los años 40 y 60. La noche continuó con “Alma” y la presentación del cuatrista Alfonso Moreno quien de modo articulado compartió con el público aspectos relevantes de las composiciones venezolanas que incluyeron fulías, joropos con estribillo y punto cruzao, entre otras. El cuatrista enfatizó la importancia de dejar registro de las autorías de las composiciones venezolanas ya que hay muchas composiciones de la zona oriental que han pasado a ser emblemáticas y cuyos autores se desconocen. Tal es el

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Fotos: Leonardo Bigott

caso de “Cochabamba” cuya autoría es atribuida en ocasiones a Atanasio Rodríguez y en otras al Morocho Fuentes. La mencionada composición del brasilero Pixinguinha trajo a escena a Sergio Duque, guitarrista recordado por aquellos graciosos “sketches” de los músicos mendigos junto a Joselo (“Don’t Worry be Happy”). Un interesante arreglo de “La comparsa” de Ernesto Lecuona con improvisación de Sergio, y “La negra tierra”, del fallecido Luis Ochoa, fueron otros de los temas relevantes de la noche que junto “I’ll be There” de Gordy, Davis y Hutch e inmortalizada por the Jackson 5 en la voz de Michael Jackson, fueron redondeando el concierto para cerrar con una tradicional “Fulía cumanesa”, “El trigueño” y un “Punto cruzao”. El recital, como suele ser costumbre, estuvo colmado de ese humor que ya es una salvación en estos tiempos que corren. Ivor trabaja actualmente en la grabación de lo que será su primer CD. Ensamble Carora (Octubre 14) Esta agrupación presentó su propuesta musical con un formato inspirado por la agrupación Ensamble Recoveco, y la inclusión del guitarrón mexicano. Interpretado por Aníbal Rodríguez, éste sirvió de eje rítmico para acompañar a la flauta de Oscar Adjunta, al cuatro de Ricardo Torrealba y a la guitarra de Héctor Morillo a lo largo de un repertorio que en su primera parte estuvo conformado por las composiciones que incluye el primer CD de la agrupación titulado Herencias. Así, “Sabana / Caballo Viejo” de Simón Díaz, “Deambulando” de Cruz Salas, “El norte es una quimera” y El tramao” de Luis Fragachán y Luis

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Ensamble Carora

Laguna, respectivamente, y “Quinta Anauco” de Aldemaro Romero, dieron a conocer la alta musicalidad del cuarteto. “Sinopsis” fue el primer tema de la noche no incluido en el CD. Cabe destacar la formalidad de Oscar Adjunta en la precisa presentación de cada uno de los integrantes y la descripción de los temas interpretados por el Ensamble. Igualmente destaca el hecho de ser Ensamble Carora merecedores de una beca para estudiar música en Brasil, la cual le fue otorgada por la Fundación Festival Internacional de Jazz Barquisimeto que preside la gestora cultural Zuly Perdomo. La noche continuó con dos temas de Pablo Camacaro, “Dr. JOU” y “Grabando” interpretados magistralmente. El ensamble destacó por la interacción de sus integrantes y la dinámica como factor prevalente en cada tema. Esto llevó a la agrupación a permanecer unos 90 minutos en escena pues la audiencia pudo conocer de cerca un sonido decantado en la sutileza de sus cortes y un volumen bien controlado que sólo se vio afectado en el guitarrón por esos breves detalles técnicos que nunca dejan de faltar. “Viajera del río”, “Complicado” y “Canta y toca”, de Ramón Yánez, William Hernández y Henry Linares, respectivamente, continuaron la noche. Destacó el tema del brasilero Rudas Brown, “Río Caracas”, que además sirvió de preámbulo para los dos mosaicos que signaron el final de la noche y que fueron además los momentos donde Ensamble Carora pudo desplegar con toda libertad la ilimitada musicalidad que posee. Fue la oportunidad para escuchar fragmentos de “Austurias” de Isaaz Albéniz, “Concierto

La Pagana Trinidad

de Aranjuez” de Joaquín Rodrigo, “El Diablo suelto” de Heraclio Fernández, “Apure en un viaje” de Genaro Prieto y un provocador “A mundo, Barquisimeto” de Tino Carrasco con una polifonía vocal provocadora para la audiencia y sin dudas, retadora para el ensamble. Muy buen concierto pese a la poca asistencia. Claudio Dam (Octubre 22) Bajo el seudónimo de Bandolero Recio, Claudio Dam tomó la tarima del Espacio Plural con un selecto grupo de invitados para interpretar con su bandola un repertorio enmarcado principalmente dentro del joropo. Tras la presentación de Willy McKey y las palabras de los creadores de Noches de Guataca, Ernesto Rangel y Aquiles Báez, se hicieron escuchar las primeras notas de “La holandera”, tema de Claudio que alude a sus ancestros holandeses. Le siguieron “Arreglo para el becerrero” y “El canto de la perdiz”, este último con acompañamiento coreográfico de Eidis Rodríguez y Fernando Dianes quienes añadieron color y movimiento a las composiciones del grupo liderado por Claudio y que incluyó al excelso maraquero Manuel Rangel, al cuatrista José Díaz y al bajista Daniel González. El cuarteto se tornó en un quinteto con la participación del cantante Ángel Fermín en el tema “Un guayabo pequeñito” de Jorge Guerrero. Otro de los invitados especiales fue una de las piedras angulares que conforman C4 Trío, Edward Ramírez. Su participación como acompañante en la interpretación de un “Seis por derecho” estuvo seguida de la voz del tenor del llano, Reinaldo Acuña, quien en su primera participación


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Ivor Osorio

declamó versos dedicados a Simón Díaz y en cuyas estrofas se dejaban colar los nombres de algunos temas que inmortalizó el querido Tío. “Tonada de luna llena” y “Tonada del cabrestero” fueron parte del sencillo homenaje al emblemático músico de Barbacoas. “La copla del becerrero” y “El triunfo, mi canto y yo”, esta última con letra del monaguense Luis Jiménez, evidenciaron la calidad vocal y el sentimiento que caracteriza al cantante de esta forma musical tradicionalmente asociada al gentilicio venezolano y que en manos de músicos como Claudio y quienes le acompañaron esa noche, le están dando un giro interesante al consabido género. Una hermosa “Luna de Capanaparo” fue la primera del bis que sirvió además para que Fernando Dianes explicara un poco a la audiencia el arte de bailar joropo en términos sencillos. Así, los asistentes pudieron conocer que es el valseo, los pasos, las figuras y los adornos. La ya emblemática “Apure en un viaje” de Genaro Prieto, en la voz de Reinaldo, cerró este buen concierto cuya muestra afianza la musicalidad innata del venezolano y que en manos del equipo de Guataca Producciones y la venia del Espacio Plural del Centro Trasnocho Cultural, ha sentado, sin dudas, uno de los precedentes más importantes en la promoción de la música y los músicos venezolanos en los últimos años. Ensamble Caramba (Octubre 30) A golpe de gaita, fulía, sangueo y otras formas musicales venezolanas, el Ensamble Caramba y su cuerpo de baile ofrecieron 13 temas que demostraron

no sólo la riqueza musical del país sino también el arduo trabajo de investigación que agrupaciones como ésta vienen desarrollando y que, gracias a Noches de Guataca, tienen la oportunidad de ser apreciadas por un público creciente que en muchas ocasiones desconocía expresiones musicales como cruz quinal o la gaita tambora. El octeto, que incluyó en sus filas a la cantante Marisela Querales, destiló en su estilo temas como “El panesillero”, “Zaragoza” y “Tambor veleño”. Gaita tambora como “Oye Tomasa” y parranda como “Si fueras al cielo”, fueron temas con una rítmica provocadora que se acentuó con el colorido del cuerpo de baile y sus alegóricos disfraces. Esta presentación y la de Vasallos de Venezuela han sido una de las más completas del ciclo por la integración del elemento dancístico. Otra de las piedras angulares del concierto fue el veterano Ismael Querales, una de las bandolas más emblemáticas del país y eximio cultor del instrumento y los géneros musicales en los cuales es usado. Esta agrupación está conformada por Daniel Gil (cuatro), José Bolívar (bajo), Leo Vargas, Ronald Chacón y Oscar Lista en los cuatros, percusión y voces, y Williams Marcos (percusión). César, Daniela, Jeriznela, Lizkelly, Naomar, Sorleth, Yoember y Yoxelin conformaron el excelente cuerpo de baile que esa Noche de Guataca colmó la pequeña sala con movimiento y color. La Pagana Trinidad (Noviembre 4) Alessandra Abate, Armando Lovera y Fernando Bosch, colectivamente

Ensamble Enarmonia

conocidos como La Pagana Trinidad, fueron los encargados de poner la guinda de Noches de Guataca por este año 2015. Dieciséis temas (originales y versiones) conformaron el repertorio que inició con “Aguacero” y continuó con “Mil horas”, “Less is More”, “Sr. Valéry” y “Quédate luna” (de Devendra Banhart). Ellos fueron muestra clara del original sonido de este trío en el cual el dominio escénico de Alessandra contribuyó a un concierto cargado de buena vibra que se vio aumentada con la participación de Juan Carlos Gómez y Vargas. Otros temas como “Y fue así”, “Suelta el trago”, “Obrero”, “Avispa”, “Sunshine” y “Cosas cursis”, se añadieron al abultado repertorio de esta banda cuyo paisaje rítmico es una provocación a la lujuria. Entre sones, cumbias, guarachas y un tinte de swing, el trío logra amalgamar, con elementos propios, un lenguaje cargado de humor y una música muy buena, que es fiel representante de la nueva generación de músicos venezolanos, que no escatiman esfuerzos en reformular y plantear sonoridades, que dictan un lenguaje propio y único. El verdadero reto de un artista. La participación de Vargas, otro de los artífices de los nuevos sonidos venezolanos, contribuyó, junto a la de Juan Carlos Gómez, a ampliar el horizonte musical de La Pagana Trinidad. El primero con sus teclados y el segundo con un sonido acústico que matizó las texturas eléctricas de Bosch. No pudo faltar la venia al Tío Simón con una interesante versión de “Clavelito”. Leonardo Bigott

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Peter Hammill

Fotos: Juan Carlos Ballesta

Peter Hammill Teatro Lara, Madrid (Diciembre 14, 2015)

Un solo concierto en 2015 no es la norma para un artista que desde 1968 no ha parado de tocar en vivo. Esta velada se enmarcó dentro de la iniciativa “Pequeños grandes momentos 1906” que patrocina la cerveza gallega y el nombre ciertamente es muy adecuado. Esta excepción de Hammill se debe a que se ha dedicado a grabar su nuevo disco solista y otro con Van Der Graaf Generator. El inglés no pudo llenar un teatro de mediana capacidad un lunes lluvioso, con el hándicap del horario simultáneo al promocionado debate pre-eleccionario entre el presidente de España y el líder opositor. Hammill, no obstante, no necesita de audiencias masivas para vaciarse y cautivar. Él sigue cultivando una selecta y fiel legión de seguidores con la que logra conectar de manera directa gracias a sus inclasificables canciones, su impresionante voz y el estilo único de su ejecución. Sus canciones, entre la angustia y el drama existencial, lo sutil y lo misterioso, el amor y el despecho, lograron cautivar y emocionar al extremo a todos los asistentes, la mayoría conocedores de su extensa obra que comprende tres decenas de discos en estudio como solista, varias colaboraciones, compilados y álbumes en vivo, y doce con Van der Graaf Generator. Hammill no deja a nadie indiferente. Su frágil figura, ahora avejentada, y sus gentiles maneras fuera del escenario, contrastan con lo telúrico de su performance, una montaña rusa con viajes que terminan bruscamente o con delicadas notas de piano. Quienes no lo conozcan o recién lo escuchan por primera vez, pueden sufrir un shock ante su desaforado golpeteo del piano o su alud vocal, una actitud totalmente ajena a las imposturas y clichés.

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Cada presentación es un ejercicio de emotividad, un sismo continuado por dos horas en el que Peter va construyendo cada canción tal como un artesano esculpe su obra única, con sus manos y su voz, diferente en cada recital, alcanzando momentos de alta intensidad y otros de suprema delicadeza. Siempre ha sido así, bien con Van Der Graaf, a dúo, con guitarra o con piano solo como fue el caso de esta presentación única en el vetusto pero atractivo teatro construido en 1879, ubicado en el número 15 de la Corredera Baja de San Pablo del madrileño Barrio de Maravillas, en el entorno de lo que desde hace unas décadas se conoce como Malasaña. Ante un público emocionado que viajó desde varias partes de España, y que contó con presencia de varios italianos y británicos, el venerable Peter confeccionó un repertorio de 17 canciones conformado principalmente por clásicos de los años 70 y 80, con algunos temas más recientes.

Vestido, como es su costumbre, de riguroso blanco (color que si no se combina con iluminación suave dificulta las buenas fotografías), salió a escena a las 10 de la noche en punto para sentarse frente al piano de media cola. Sin preámbulos comenzaron los reconocibles acordes de “My Room”, con los que rápidamente atrapó al público. Siguieron temas emblemáticos como “Easy to Slip Away” de 1973; las soberbias baladas con sello hammilliano “Don´t Tell Me” (1982) y “Just Good Friends” (1983); para proseguir con la brutal “Time Heals”, grandísimo momento extraído de uno de sus discos claves, Over (1977) que concatenó con “The Mousetrap”, de su siguiente disco The Future Now (1978). Más adelante interpretó “Time to Burn” (In a Foreign Town, 1988), la siempre bienvenida “The Siren Song” del disco The Quiet Zone/The Pleasure Dome (1977) de Van der Graaf, y la indispensable “Stranger Still” (Sitting Targets, 1981) en cuyo final Hammill deja a todos atónitos cantando con fiereza “…a stranger, a wordly man”, frase que repite varias veces, siempre de forma distinta y visceral. Peter hizo un representativo paseo por todas sus épocas, aunque los años 90 apenas estuvieron representados por la intensidad de “A Way Out” (Out of Water, 1990), la exquisita “Curtains” (Fireships, 1992) y la delicada “A Better Time” (X My Heart, 1996). De tiempos más recientes tocó pocas, a pesar de que sus últimos discos son de notable calidad. En “Friday Afternoon” (Singularity, 2006) y “The Mercy” (Thin Air, 2009) se notó que usaba cierta ayuda en los textos, quizá por haber sido interpretadas pocas veces en directo. El que se suponía era la canción de cierre, “Still Life”, inolvidable tema que da nombre al sexto disco de VDGG de 1976, fue sin duda un supremo pináculo. Tras una sentida ovación, Peter volvió agradecido y como repitió tras cada canción volvió a decir “gracias” y con el dedo índice anunció que tocaría una más. Y con la sensible “Vision” de su primer disco solista de 1971 se despidió de Madrid y de los escenarios en 2015. Solo nos faltó algún tema de nuestro disco más escuchado, PH7 (1979) Diez minutos después, con la afabilidad que lo caracteriza, salió a departir con los fans que decidimos esperarlo para saludarlo. En nuestro caso, el saludo fue especialmente emotivo al recordar su paso por Caracas en febrero de 2000 junto a su “hombre orquesta”, el tristemente fallecido violinista Stuart Gordon. Gracias por tanta entrega, Peter. Juan Carlos Ballesta


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Diana Montoya Centro de Arte Los Galpones, Caracas (Noviembre 8, 2015) Diana Montoya

Fotos: Juan Carlos Ballesta

Bajo el apropiado título de “Resonancias”, la percusionista y docente venezolana Diana Montoya ofreció una presentación íntima ante un selecto público en uno de los más agradables e inspiradores sitios de la Caracas cultural. Armada con tres sets de percusión de muy distintas sonoridades, Montoya se paseó por un amplio abanico de composiciones, algunas de gran dificultad en la ejecución. Tras unas sentidas palabras introductorias en las que dedicó el concierto al pianista y docente José Vicente Torres, recientemente fallecido, comenzó con “Rebonds B”, una composición para percusión sola del francés de origen griego (nacido en Rumania) Iannis Xenakis, con la que de una vez Diana sentó las bases de lo que vendría. De inmediato se trasladó para la marimba para interpretar “Manada”, una composición del venezolano Ricardo Teruel (presente en la sala), disgregada a su vez en cuatro partes: “La quietud”, “El acecho”, “La estampida” y “La calma”. El sonido de la marimba comenzaba a hipnotizar a los presentes. De inmediato Diana pasó al tercer set percusivo, compuesto únicamente por un redoblante. Realmente sorprendente resultó “Kim” (embrión o germen), composición del islandés Askell Masson y más aún la sutil y precisa ejecución de Montoya. Otra obra de un venezolano presente también en la sala, Luis Ernesto Gómez, fue escogida como parte del repertorio. “Resolana” constó de cuatro partes (“Sol de mediodía”, “Calor intenso”, “Resplandor” y “Trópico”), y en su

conjunto resultó demasiado espesa, excesiva en la cantidad de platillazos y golpes atravesados que restaban ritmo y belleza. La pieza que siguió contrastó maravillosamente. La adaptación de “Dreams” del poeta, compositor y conceptualista norteamericano John Cage, fue sencillamente magistral. Pocas veces una marimba sonó tan delicada y emotiva. Otro tema solo para marimba fue “Danza 1”, del neozelandés Ross Edwards, una especie de viñeta. Otra demostración de maestría ante dicho instrumento ocurrió con “Danza mexicana”, la obra del estadounidense Gordon Strout, que dio paso a una maravillosa adaptación para marimba de “Gavotte en Rondeau (Partita para violín solo #3)” de Johann Sebastian Bach. Con ella Diana demostró de manera realmente sorprendente cómo es posible trasponer una obra para cuerdas a un instrumento de percusión melódica.

Tras los calurosos aplausos, decidió aventurarse aún más adaptando “Natalia”, el famoso vals del guitarrista Antonio Lauro. Si algo hay que criticarle a un concierto de tan elevada calidad son detalles relacionados con la lectura de partituras que restan dinamismo e incluso dificultan la visión del perfomance, algo esencial para disfrutar plenamente de los movimientos. Tocar percusión mientras se sigue con la mirada las líneas de una partitura no resulta cómodo, y menos aún pasar la página durante la ejecución. Ya muchos músicos utilizan una tableta. Detalles aparte, Diana Montoya demostró un dominio increíble y una fuerza inversamente proporcional a su menuda figura. Gran presentación. Juan Carlos Ballesta

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King Crimson Queen Elizabeth Theatre, Toronto, Canada (Noviembre 20, 2015) Bill Rieflin por Tony Levin desde tarima

El pasado 20 de noviembre de 2015 tuvimos la fortuna de estar presentes en el segundo de los tres conciertos que la legendaria banda inglesa King Crimson ofreció en la ciudad de Toronto, como parte del Tour Canadiense de 2015. Doce años tenía Fripp y compañía sin pisar un escenario en Toronto, una ciudad que había sido visitada por la banda por primera vez en 1971, con aquella formación efímera de Fripp, Boz Burrell, Ian Wallace y Mel Collins que editó Islands a finales de ese mismo año. Con Mel Collins de vuelta en esta revisada versión de la banda que empezó a rodar de nuevo en el 2014, el sonido de Crimson en 2015 tiene muchas cosas afines con aquella formación de 1971, incluyendo muchos temas compartidos en el repertorio. Los fanáticos de Crimson conocemos algunas de las “manías” de Fripp, en particular con el asunto de no tomar fotos en los conciertos, así que no es sorpresa que al entrar en la sala lo primero que vemos son dos grandes carteles, a cada lado del escenario, indicando que está absolutamente prohibido tomar fotos durante la presentación. Luego, al comenzar a oscurecer la sala una pista de audio nos explica, en voz del mismo Fripp, la “política de fotos” de la banda. Esta grabación presenta una forma un poco más “relajada” de la política, explicando que es aceptable tomar fotos sólo cuando veamos a Tony Levin con su cámara en la mano (al final del set). En fin, tras todas las advertencias empezó el concierto que de entrada presentaba una formalidad más asociada a un concierto de música clásica que a uno de rock: los músicos todos vestidos de traje y corbata, saliendo en procesión, sin hablar con el público (nadie en el escenario se dirigió al público durante las dos horas y fracción de concierto). Y el asunto fue de verdad “clásico” desde el comienzo: con un 1-2 visceral de “Larks’ Tongues In Aspic” y “Pictures of a City”, para remontarnos rápidamente al Crimson de los 70 con toda la fuerza que conocemos, sobre todo referenciando en la memoria la gran cantidad de grabaciones en vivo disponibles de aquellos conciertos legendarios. Luego de esta introducción la banda movió su foco a una serie de piezas más recientes en las que destacaba el espectáculo casi circense de los tres bateristas. Sí...la carta de presentación de Crimson 2015 es la alineación de tres bateristas, dos de ellos con experiencias previas en la banda (Pat Mastelotto y Gavin Harrison) y el tercero, Bill Rieflin (Swans, Ministry, REM…), quien además de la

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batería se encarga de tocar algunas partes de teclados incluyendo los sonidos de mellotron (emulados ahora con teclados modernos) tan característicos en el repertorio de la banda. Este segmento del set incluyó piezas de formaciones más recientes (como la VROOOM y The ConstruKction of Light), así como temas nuevos -estrenados en esta gira- como “Radical Action” y “Meltdown”. Un primer punto alto fue alcanzado -al menos para mi gusto personal- con la interpretación de “Red”, otro clásico de los 70, seguido de la primera pieza que escuché de King Crimson por allá en mis años de adolescencia en la Caracas de esos años, nada más y nada menos que “Epitaph”. Ésta fue quizás la primera vez que la voz de Jakko Jakszyk -guitarrista y vocalista- tuvo un protagonismo de lujo, sin nada que envidiar con la interpretación original que tenemos grabada en el inconsciente con la voz de Greg Lake. Todos los músicos de esta versión de Crimson tienen chance de lucirse, pero aparte del trabajo de los tres bateristas (que para más señas están ubicados al frente del escenario, revirtiendo la ubicación tradicional de los músicos en este tipo de agrupaciones y colocando al resto de la banda detrás de los bateristas sobre una plataforma), el músico que definitivamente destaca más en esta formación es Mel Collins (saxos y flautas). Luego de otro ejercicio circense-percusivo (que en los setlist de la banda identifican como “Banshee Legs Bell Hassle”), el set va a llegar a su segundo punto alto con cuatro

piezas en las que Collins destaca de forma especial: “Easy Money” (que originalmente era con el violín de David Cross), “Level Five” y dos temas de aquel Islands grabado en 1971 al que hacíamos referencia al comienzo: “The Letters” y “Sailor’s Tale”. Durante todo este tiempo, el escenario ha permanecido sin juegos de luces, con todos los músicos iluminados de forma pareja y con luz blanca (de nuevo recordando en algo a un concierto de música clásica), y el único efecto de cambio de luces ha sido reservado para la pieza que cierra el set: “Starless”. Durante su desarrollo el color del escenario se va moviendo lentamente hacia el rojo, con los sonidos de mellotron tocados por Rieflin, el saxo soprano de Collins haciendo filigranas, el bajo sólido de Levin, la voz de Jakszyk (en este caso haciendo un buen trabajo en un tema que siempre habíamos asociado a la voz de John Wetton) y por supuesto la guitarra de un tal Robert Fripp. Al terminar esta épica pieza la banda hace la reverencia de costumbre hacia el público indicando que se van, Levin saca la cámara y la gente finalmente saca sus teléfonos para intentar capturar un recuerdo del momento. La mayor sorpresa es cuando vemos al mismo Fripp sacar su teléfono y hacer lo mismo (hasta una selfie se tomó). Luego de la acostumbrada salida en falso, regresan para el encore -más fotos con celulares hasta que Fripp hace gestos para que el público se calme y se siente. La primera pieza que tocan es otro clásico que jamás imaginamos que escucharíamos en vivo: “The Court of the Crimson King”. Ese primer disco de KC que toma el título de esa canción, es definitivamente uno de los discos más importantes de la historia musical del siglo 20. Y para cerrar la noche otro temazo de ese mismo disco debut de 1969, probablemente el punto de inicio del rock progresivo, que incluso es coreada por parte del público como si fueran fans adolescentes (no hemos hecho el comentario pero una gran mayoría de las cabelleras - de los que tenían cabellera - eran de cabellos blancos). Por supuesto nos referimos a “21st Century Schizoid Man”. Hay que reconocer que parte del placer de asistir a este concierto reside en la nostalgia de escuchar ciertas piezas que asociamos con tiempos pasados, pero la ejecución de los siete músicos en tarima se siente vital y actual, la música de esta versión de King Crimson tiene espacios para la improvisación individual y espacios para la integración y acoplamiento de los músicos. El repertorio es sólo una referencia, una excusa (muy buena) para ver y disfrutar de un grupo de músicos excepcionales tocando música excepcional y atemporal. Gabriel Pérez


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Ladosis 39  

Año 7. Edición 39. CONTENIDO: VENEZUELA 2015 (Crisis, díaspora y música de altos quilates), Juancho Herrera, La Provisional, Diego Paredes,...

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