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CULTURA MUSICAL AÑO 7 / 2015

TAN FRÍO EL VERANO La metamorfosis de un colectivo TODOSANTOS A diez años de Aeropuerto 10 AÑOS FESTIVAL DE JAZZ DE BARQUISIMETO

MESONEROS

Más... Panzer, Benjamin Clementine, Dúo Sans-Palacios, Dischord, Bolívar Caribano, Vasallos de Venezuela, Pink Floyd, Rafael Zamora, Fimven, Festival Isla de Wight 1970, Discos, Conciertos (Ahí Estuvimos)…


EDITORIAL

H

Hemos arribado a la edición #38 en medio de interesantes expectativas por el inminente lanzamiento de nuestra página web. A las puertas de nuestro 7mo. Aniversario, las razones por las que fundamos este proyecto no solamente siguen intactas sino que se redimensionan. La presente edición es como siempre una muestra de lo amplio que es el espectro musical venezolano. La portada y artículo central lo dedicamos al quinteto caraqueño de rock, Los Mesoneros, una de esas bandas precoces que apenas surgió (estando todavía sus miembros en bachillerato) ya generaba expectativas muy positivas. Entonces era una promesa, un grupo con mucho futuro. Ahora ya ese futuro llegó, es una realidad ineludible y, siendo todavía muy jóvenes sus miembros, la banda es uno de los puntales del rock venezolano. Su crecimiento es notable y su proyección es imparable. Los Mesoneros sabe el momento que vive y don-

de está parada, por ello se adapta a los tiempos y adecúa sus planes. Hemos reconstruido la historia de Todosantos, un grupo que marcó un momento importante en la escena independiente caraqueña de principios de siglo. Nos acercamos al proyecto zuliano Panzer, que lidera Ciro Moreno de TLX; descubrimos al talento tardío del cantautor merideño Rafael Zamora y al joven Bolívar Caribano; recorremos la historia de Vasallos del Sol (ahora de Venezuela); relatamos la historia de Tan Frío el Verano en su nueva etapa en Buenos Aires y la de Dischord en México. A destacar la pareja Sans-Palacios, artífices en la tarea de recuperar buena parte de nuestra memoria histórica musical. Presentamos un resumen de la décima edición del Festival Internacional de Jazz de Barquisimeto y recordamos el 45 aniversario del Festival de la Isla de Wight de 1970, un momento único en la historia del rock. Igualmente celebra-

mos el 40 aniversario de Wish You Were Here, uno de los más importantes discos de Pink Floyd. En nuestra labor continua de difundir lo más relevante del planeta presentamos una semblanza de Benjamin Clementine, una de las voces nuevas más emotivas y distintivas. Además, nuestras acostumbradas secciones Discos para leer y Ahí Estuvimos, más un fotorreportaje de la primera edición de FIMVEN. Nuestro concierto #38 contó con la participación de tres propuestas muy distintas y atractivas con las que seguimos mostrando el diverso abanico musical del país: el blues de Mario Arace; el pop con elementos reggae, soul y rock de Liana Malva; y el noisy rock con elementos psicodélicos de Niño Nuclear. Con ustedes Ladosis #38. Gracias a todos por su interés y fidelidad.

04 PANZER La incisiva realidad

18 TODOSANTOS A diez años de Aeropuerto

06 BENJAMIN CLEMENTINE Un talento innato e indomable

22 VASALLOS DE VENEZUELA Venticinco años cantando

42 FIESTA EN #BASHQUISIMETO Décimo Festival Internacional

Ladosis

ÍNDICE

y bailando la tradición

08 DÚO SANS-PALACIOS 26 LOS MESONEROS “La historia del país la hacen artistas, El futuro ya llegó

12 TAN FRÍO EL VERANO La metamorfosis de un colectivo 16 BOLÍVAR CARIBANO Cuando la pasión es un credo

Edición #38 Año 7 (2015) © Todos los derechos reservados

Una publicación de La Bemba Producciones, C.A. Rif J-31579764-0 Calle París, Res. La Isla, Apto. 11, Las Mercedes. Caracas.

de Jazz de Barquisimeto

46 Ahí Estuvimos 54 FIMVEN (Fotorreportaje)

músicos y literatos, no militares”

10 DISCHORD El metal también se muda de país

32 Discos para leer 38 PINK FLOYD Cuarenta años de Wish You Were Here

56 FESTIVAL DE LA ISLA DE WIGHT 1970 El fin de una era

40 RAFAEL ZAMORA

Editores/Directores JUAN CARLOS BALLESTA jcballesta@gmail.com XABIER LANDA xabilan@gmail.com revistaladosis@gmail.com www.facebook.com/Ladosis www.issuu.com/Ladosis twitter: @revistaladosis Instagram: @revistaladosis You Tube: Revista Ladosis

El biólogo que decidió cantar

Director de Arte: AARÓN LARES Correctora: Reina León Beretta Asistente de redacción: Luisana Díaz Luporsi Portada Los Mesoneros. Campus de la Universidad Metropolitana Foto: Luis Cantillo

Las colaboraciones son rigurosamente solicitadas. Colaboran en esta edición: Alejandro Fernandes Riera, Alieska Moreno, Ary Gutiérrez, Carlos Jaimes, Carlos López, Emilio Méndez, Eugenio Scalise, Gabriella Renzulli, Humberto Sánchez Amaya, IL Gimón, Iván Padilla, José Rafael Colmenares, Leonardo Bigott, Luis Cantillo, Luisana Díaz Luporsi, María Fernanda Bumbano, Mercedes Sanz, Óscar Perfetti, Rodolfo Churión, Tomás Jaimes.

Agradecimientos especiales: Aarón Lares, Carla Montero, Luis Cantillo, Mikott Ingeniería de Audio, Liana Malva, Mario Arace, Movistar, Niño Nuclear, Polar Ice, Reina León Beretta, UV Backline.

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# 38. Centro Cultural Chacao / Septiembre 19, 2015

2. Ni単o Nuclear

3. Ni単o Nuclear

Fotos: Ivan Padilla. 02


Conciertos 1. Ni単o Nuclear

5. Liana Malva

4. Liana Malva

6. Liana Malva

7. Mario Arace

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La incisiva realidad de

Foto: Andrés Ramírez

PANZER

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Otra vez la nostalgia se asoma. Esa añoranza por épocas musicales pasadas aumenta con cada propuesta que nace. Las dos últimas décadas se caracterizan por evocar los años 80 y 90. El periodista inglés Simon Reynolds habla bastante de este fenómeno en su libro Retromanía, texto de cabecera para músicos, investigadores y melómanos que quieran indagar más sobre el tema. Una sola frase hizo que retrocediéramos tres décadas: “El disco es cultura”. ¿La recuerdan? Ese es el nombre del primer sencillo del debut discográfico de la banda zuliana Panzer: Incisiva realidad. Nacida en Maracaibo, en 2012, después de pasar por algunos cambios, actualmente es un trío: Ciro Moreno (voz, sintetizadores, bajo, arreglos, producción y masterización), Yociel Portillo (bajo) y Juan Rodríguez (ex baterista de Tragavenao y Petrula). Para esta grabación participaron

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adicionalmente Daniel González (percusión), Alberth Gutiérrez (teclados) y John Díaz (percusión). Además de tener a colaboradores como el bajista Cornelio Reyes, la diseñadora María Virginia Montiel, a cargo de la portada, y Heberto Áñez (Presidente, TLX) en la elaboración del video del primer single. El álbum contó con el apoyo de las casas disqueras independientes Entorno Doméstico y Moderno Records. Melodías repetitivas, pop electrónico, dream pop, matices psicodélicos, rock experimental e indie son las corrientes que dominan Incisiva realidad. “Nuestras influencias son el krautrock, el rock alemán de la postguerra que tiene un ritmo constante y lineal; el shoegaze, ese estilo británico de música espacial, con muchos efectos y atmósferas psicodélicas. Esa es la base de este disco. Yo no me

rijo por un solo estilo, me gusta la música electrónica, acústica, independiente. La música de los 80 hasta la actualidad. Creo que el próximo disco va a ser electrónico no tan apegado al rock acústico. Me gusta experimentar con los sintetizadores”, asegura Moreno. El bajista zuliano también es parte de TLX. Antes había estado en Un Loft Sobre El Mar, junto a Jan Pawel; y en Cocosets. De esta última banda salen los integrantes de Panzer y en enero de 2015 dan a conocer su ópera prima. “El contenido es un poco de sufrimiento, desgarrador en algunos momentos, pero buscando un lado positivo, manteniendo un equilibrio entre lo negativo y lo positivo. El disco trata de una situación difícil pero también de la superación pues. Hay nostalgia”, dice Moreno respecto al nombre de la placa y las letras.


La banda zuliana bautizó este año su primera placa independiente, convirtiéndose en una de las producciones venezolanas que ha llamado la atención dentro de su propuesta de pop rock experimental y psicodélico. Su líder, Ciro Moreno (también miembro de TLX), asegura que el segundo disco será más electrónico Mercedes Sanz

Fotos: Óscar Perfetti

“De pequeño he escuchado vinilos y tenían esa etiqueta allí: ‘el disco es cultura’. Eso me quedó marcado, y desde que empecé a hacer el álbum quise ponerle a un tema ese lema. Quiero sacarlo en vinilo, por ahora está difícil pero se intentará a futuro. Una edición de por lo menos 500 copias. Esa es la idea con el arte, que fuese un disco grande, llamativo. Esa frase se me quedó pegada, entonces aproveché y escribí la canción aunque no hable directamente de eso. Me di cuenta de que mucha gente la había usado, pero no busco ser original, sino simplemente apegarme a esa nostalgia de lo que me gustaba cuando chamo”, afirma el músico. ¿Y cómo el disco es cultura en esta era digital, cuando descargamos piezas y no la obra en sí? Moreno responde: “Esa era la idea del disco con ese tema. Llamar la atención de la obra material, la esencia

del disco y el Cd también, que están por el suelo, al menos en Venezuela. Con ese track quise recordar la importancia del disco físico. No perder esa forma de compartir la música, que es mucho más significativa que un cuadrito de quince pixeles o una fotico en computadora”.

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BENJAMIN CLEMENTINE Un talento innato e indomable

Cada cierto tiempo aparece algún personaje de características singulares que revoluciona el panorama musical. La irrupción de una voz como la de este joven inglés de 26 años que durante años vagó por las calles de París, ha sido una increíble adición para el ecléctico universo de la canción de autor. Su debut, At Least For Now (2015) es un disco revelador, incisivo, poético, dramático, una mezcla de amor, esperanza, rebelión y melancolía.

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Podría parecer un típico guión de película melodramática de bajo presupuesto, pero la historia es real y prueba que no todo gran talento puede salir a la superficie. En este caso, el guión se enderezó en el camino. Benjamin Sainte-Clementine nació en Londres, epicentro musical planetario, el 7 de diciembre de 1988. Sin embargo, la ciudad y la potente industria musical inglesa ignoraron su existencia por más de 20 años. Tras un exilio en París, regresó a su país con un EP y un puñado de canciones bajo el brazo, dispuesto a cambiar las reglas de juego. No lo tuvo fácil el niño Benjamin como el último de cinco hermanos. Fue dejado con su abuela, pero esta murió y volvió con sus padres. Sufrió de acoso escolar (hoy se denomina “bullying”), pero su personalidad rebelde lo ayudó a superarlo, así como el refugio en lecturas de poesía de William Blake, TS Elliot y Carol Ann Duffy que llevaba a cabo en la biblioteca, escapado de clases. Su primer maestro y guía fue su hermano mayor Joseph, a quien debe su cercanía a libros de filosofía, ciencia, literatura inglesa y diccionarios de donde comenzó a extraer palabras raras para incorporarlas a su vocabulario. Su acercamiento real a la música ocurrió cuando Joseph compró un piano, el cual aprovechaba a tocar cuando su hermano dejaba de practicar. Y así fue combinando su singular voz con las influencias del compositor Erik Satie, a quien descubrió en sus largas sesiones de audición del canal clásico de la BBC en radio FM. Luego llegarían las referencias más obvias de Nina Simone, Antony Hegarty e incluso Scott Walker.

Juan Carlos Ballesta A los 16 años, Benjamin abandonó la escuela y el consecuente encontronazo con su familia lo llevó a comenzar un largo peregrinaje por las calles de Londres, psicológicamente afectado y en serias dificultades económicas. A los 19 años se va a París, donde comienza a tocar en bares y hoteles, en los que también limpiaba las cocinas, mientras dormía en las calles. Con unos pocos euros compró una guitarra deteriorada y un teclado barato y durante los siguientes tres años se dedicó a componer canciones, compartiendo una habitación de hotel con muchas personas. Tras cuatro años de vivir como un vagabundo, fue descubierto por un agente y tras presentarse en Cannes es escuchado por el empresario Lionel Bensemoun, quien lo ayuda a grabar su música aquel 2012. Su creciente popularidad le valió ser descrito como “la revelación inglesa de Francia”. Luego de tocar cuatro noches seguidas en el festival Rencontres Trans Musicales de Rennes, firmó un contrato/ licencia con Capitol/Virgin EMI/Barclay. El primer EP Cornestone apareció en junio de 2013. De vuelta a Londres es invitado al programa Later with Jools Holland, el mismo día que lo hacía Paul McCartney, quien maravillado le ofreció todo su apoyo y buenos deseos. El segundo EP, Glorious You se lanzó un año después y finalmente, a comienzos de 2015, vio la luz el gran debut At Least For Now, con el que ha llegado a los primeros lugares de ventas digitales en varios países europeos. Clementine no ha parado de tocar en prestigiosos teatros y festivales, pasando de dormir en calles y tugurios a hoteles 5 estrellas, de un teclado barato a un piano de cola. Es el triunfo del talento innato e indomable. Foto: Micky Clement

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DÚO SANS PALACIOS “La historia del país la hacen artistas, músicos y literatos, no militares”

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Sans-Palacios conforman uno de los capítulos más relevantes de la historia musical de nuestro país. Han sido partícipes de importantes ciclos, congresos, foros y festivales internacionales entre los que destacan el de Música de Cámara de La Colonia Tovar, los diversos Festivales Latinoamericanos de Música, el Foro de Compositores del Caribe, los Encuentros Nacionales de Compositores Venezolanos, el Festival de Noto en Sicilia, Italia; el Ciclo Brahms, la Música Contemporánea en Guyana, el Congreso Iberoamericano de Musicología sobre la música en los salones del siglo 19, el Festival Reinaldo Hahn y el Festival Caracas En Contratiempo, por mencionar solo algunos. Además, este notable dúo ha tocado junto a la Orquesta Sinfónica Municipal y la Orquesta Juvenil de Chacao. Eximios curadores de la colección de discos y partituras de clásicos de la literatura pianística venezolana, Juan Francisco y Mariantonia han ido dejando testimonios importantes de este encomiable trabajo en, hasta ahora, dos interesantes grabaciones: 9x4 signos de la postmodernidad, y A bailar tocan. Géneros de pataleo en la Venezuela del siglo XIX.

Una pareja de postín

Juan Francisco es uno de los más destacados musicólogos del país. Especializado en música latinoamericana. Es también director orquestal, director orquestal coral y compositor cuya afable personalidad hace de cada conversación una verdadera clase magistral. Discípulo de Harriet Serr, Primo Casale y Pablo Castellanos, entre otros, es también flautista y organista con una visión musical necesaria que clama la importancia de incluir a la música en la educación formal de la escuela primaria. Destacan también su carrera como docente, iniciada cuando tenía 17 años de edad, y su faceta como productor y locutor en Radio Capital, La Emisora Cultural de Caracas y Radio Nacional de Venezuela. Egresado de la Escuela de Música Juan Manuel Olivares y el Conservatorio Juan José Landaeta, Juan

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Juan Francisco Sans y Mariantonia Palacios han estado desarrollando un acucioso trabajo de investigación musical durante casi cuatro décadas. En tiempos recientes, estos excelsos musicólogos/pianistas han mostrado un interés especial en el repertorio latinoamericano y venezolano de composiciones para un piano y cuatro manos, así como también selecciones compuestas para dos pianos. Además de la erudición que les caracteriza, son poseedores de una gran sencillez que se desborda de pasión con cada palabra. Son verdaderos maestros cuyos hallazgos sobre la música del siglo 19 dejan claro que no todo fue tan malo en aquellos días.

Leonardo Bigott Francisco Sans es además el Director de la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela. Mariantonia Palacios, además de ser la esposa de Juan Francisco, es igualmente apasionada y una eximia cultora de la música decimonónica. Edificadora de la memoria musical venezolana del siglo 19 e inicios del 20 junto a Juan, Mariantonia destaca también el rol de la mujer venezolana en el desarrollo de esta música, haciendo hincapié en el indubitable hecho del aprovechamiento de los salones de sus casas para demostrar sus virtudes y lucir sus encantos, lo cual tiene en Teresa Carreño su más excelsa expresión. Destaca también la musicóloga que aunque los estudios se han centrado en Caracas, ya existen testimonios de mujeres músicos en otras regiones del país. Resalta entre otras a Josefa Almenar Núñez, compositora nacida en Maturín quien escribió bambucos, lo

que es significativo pues Mariantonia no ha encontrado composiciones caraqueñas que hayan trabajado este género. Además de las publicaciones periódicas de la época, Palacios y Sans han contado también con material de archivos de familiares para ampliar y estudiar con rigor una parte importante de nuestro acervo histórico musical. A pocos días de su presentación “Piano a Cuatro Manos”, bajo la producción de Gilda Lamuño, importante soprano spinto, acompañante del dúo y ahora productora musical, el dúo compartió con Ladosis en Villa Planchart, lugar mejor conocido como El Cerrito, obra maestra del arquitecto italiano Gio Ponti (†), donde sería el concierto.

¿Qué motiva el estudio de la música del siglo 19 y por qué presentarlo ahora con ese ahínco? JFS: Empecemos por el final. No es ahora sino desde hace tiempo. Tal vez se trata de los frutos que ahora recogemos. Es el resultado de un estudio que comenzó hace 25 años y en el que no somos solo nosotros los involucrados. Hay varias personas en esto de modo consuetudinario.

¿Cuál es el referente bibliográfico?

JFS: Existe un libro sobre la historia de la música en Venezuela llamado La ciudad y su música de José Antonio Calcaño. Es un libro canónico que cuenta la historia de la música en el país desde la colonia. Sin embargo, el libro no trata muy bien a la música del siglo 19 porque enfoca más la atención en lo político militar; pero hay un excelente libro de Mirla Alcibíades titulado La heroica aventura de construir una República (1830-1865) que relata sobre la gente, los civiles de la época y no de los caudillos, ni de las guerras, ni de los militares. En su lugar, cuenta sobre aquellos que construyeron el país con la música, el arte, la literatura, la educación, el trabajo y las empresas. Es una historia que no difiere mucho de la de otros países. Considera la Europa del siglo 19, por ejemplo. Por un tiempo muchos musicólogos pensaron que no había nada que buscar en ese siglo, pero cuanto más te adentras en él, más te sorprende.


Foto: Leonardo Bigott

MP: Siguiendo la misma línea de Juan Francisco debo decir que como no se había hecho levantamiento de fuente, la información no era abundante. Ahora hay personas leyendo periódicos de la época extrayendo noticias musicales. Entonces a partir de allí comienzas a construir la historia que es interesantísima. También está la tendencia de historiadores venezolanos a escribir lo que Pino Iturrieta llama la ‘menuda historia’. Y no es otra cosa que esa historia de la gente y de lo cotidiano, que ha sido registrada por los viajeros extranjeros cuyos diarios recogían esas impresiones.

¿Dónde se ha desarrollado principalmente la investigación?

MP: Mirando atrás, puede decirse desde 1810 hasta el final de Guzmán Blanco. En la actualidad, es el Departamento de Música de la Escuela de Arte de la UCV en donde hay profesores investigando diversos aspectos de la música del siglo 19. Hay uno de ellos estudiando los textos; otros, cómo se formaron las bandas y los repertorios que éstas ejecutaban. Eleazar Torres es uno de ellos, también Hugo Quintana que ha investigado sobre los textos y, Juan de Dios López sobre la masonería en la música en el siglo 19.

¿Sobre esto último que pueden destacar?

JFS: La masonería controlaba la música del siglo 19 porque controlaba todo durante ese período. Es una tesis muy interesante. Era la

masonería la que daba trabajo y esto significó que los músicos se involucraran con ella. MP: Era como una hermandad.

¿Sigue así en la actualidad?

JFS: No. No es así. MP: Tal vez sucede pero no funciona del mismo modo porque ahora hay muchas más opciones.

¿Qué otro hallazgo ha resultado de esa búsqueda?

MP: Otro aspecto interesante es el repertorio, elemento que no puedes desligar de la historia. Había incluso partituras que venían en los periódicos.

¿Da la impresión de que los elementos político y militar dictaron la pauta?

MP: Es una percepción equivocada. No tienes idea de la cantidad de información que hay sobre la música de la época. JFS: Suele suceder, antes y ahora, que cuando los militares escriben la historia se glorifican ellos. Entonces el poder escribe su historia. De allí la maravillosa tesis de Mirla quien demuestra que la historia no la hacen los militares sino las madres, los artistas, empresarios etc…Se tiene la noción equívoca de que todo se detiene en tiempos de conflictos bélicos. La realidad es que la vida sigue y los compositores siguen componiendo, la gente sigue escribiendo, bailando, etc. Muchas de las grandes obras fueron compuestas durante la guerra. Ejemplo de ello es “El cuarteto del fin de los

tiempos” de Messiaen, escrito en un campo de concentración. MP: El famoso cantante alemán Dietrich Fisher-Dieskau también narraba en sus memorias cómo mientras cantaba, la alarma de bombardeo hacía eventualmente que todos fueran a los refugios.

¿Qué aspectos per se de la música del siglo 19 han influido en el desarrollo de la música posterior a ella.

JFS: Lo que conocemos como la música latina se forja en ese siglo. Es muy diferente en Europa porque acá se mezcló con los ritmos propios de la región. Si tomas la contradanza por ejemplo, verás que de allí surgen nuevos géneros. El danzón, merengue, tango…son la salsa casino de la época. MP: Hay otra cosa importante con respecto a eso. Algunos de los viajeros que nos visitaron eran músicos y notaron que el vals, por ejemplo, tenía diferencias con respecto a la forma europea.

¿Cuánto tiempo llevan trabajando en esto y qué importancia reviste este trabajo titulado “a cuatro manos”?

JFS: El concepto engloba un trabajo nuevo complementado con lo que veníamos haciendo pero ampliado a Latinoamérica. Debo decir, aunque no tenga la fuente a la mano, que es un repertorio que no se ha tocado. Es un aporte importante para América Latina. MP: Llevamos más de 40 años juntos haciendo esto.

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DISCHORD

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El metal también se muda de país

En julio, Dischord se despidió de Venezuela. La agrupación venezolana pasó a ser parte de la diáspora, una palabra que cada vez más se convierte en folclórica, con rituales que se vuelven comunes para cada familia o grupo de amigos. Cuando lo anunciaron, los músicos no se fueron sin antes decir chao a sus seguidores. Lo hicieron en dos presentaciones en Caracas hace tres meses, antes de emprender el viaje a Ciudad de México, lugar que eligieron para tratar de alcanzar objetivos que consideran se esfumaron del país. Primero se fueron el cantante Víctor Villanueva y el bajista Andrés Buitrago. “Hasta ahora todo ha estado bien. Busco trabajo y la mayor cantidad de contactos posibles

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para cuando llegue el resto de la banda”, dice el vocalista y compositor de las letras del grupo, que también está compuesto por los guitarristas Daniel Silva y Jesús Otero, y el baterista Jorge González. Asegura que desde hace años sabían que llegaría un momento en el que tendrían que emigrar. Este año la ocasión se hizo realidad. “Pensamos en México por ser una plaza bastante grande. Hay varias disqueras independientes con las que nos gustaría trabajar. Además, acá gusta mucho el rock en español. Es un buen lugar para empezar y llegarle a más gente. Ahora, con el disco nuevo tenemos una carta de presentación”, cuenta quien la noche antes de abordar el

avión que lo llevaría al norte terminó de grabar el próximo álbum de Dischord. Aun no tiene nombre, hay canciones que no poseen todavía título. Solo revela una: “Obligado a dejar”. Lo que sí es seguro es que serán en español. Se acabaron las canciones en inglés, por los momentos. “Estamos orgullosos de los discos en inglés, pero queremos tratar de hacer algo diferente. En Venezuela se nos hizo cuesta arriba cantar en ese idioma, pero hace 10 años la situación era diferente. Considero que el metal en español tiene mucho más público ahora”, explica Villanueva desde la capital mexicana, donde vive por ahora en el apartamento de una pareja de amigos.


Fotos: Luis Cantillo

Otro de los objetivos de la agrupación es llegar a un público más amplio, no solo a los seguidores del género. El cantante menciona como referencia a Metallica, cuyos conciertos suelen ser concurridos por los leales al metal, pero también por aquellos que disfrutan de otros ritmos, incluso los que se consideran más afines a las claves de la salsa o el merengue. “El nuevo material tiene influencias muy punk, como en nuestros comienzos. Sin embargo, espero que le guste al fanático de grunge y de pop también. Hay un trabajo más importante con la melodía y la estructura de la canción. Tampoco es que se van a encontrar con una balada como las de Katy Perry”, añade. Si en The Constant Fear (2013) Dischord cantó sobre la vida diaria del venezolano, sus vicisitudes, pero también logros; esta vez la banda se adentra en los sentimientos de quien se va. “Hablamos del éxodo que vive la nación, de lo difícil que es irse de un lugar para llegar solo a una parte desconocida. Es nuestra forma de quejarnos. Estamos diciendo cosas de las que todos hablan”, acota el compositor. Villanueva advierte que si bien el EP de seis canciones que prevén editar en 2016 no sea tan optimista en algunos temas, sí hay momentos dignos de resaltar en la temática de las piezas. “Hay una en específico sobre cómo veo a la banda y mi lugar en ella, lo que me da como persona. Todos conocen el amor que le tengo. Por

La conocida agrupación venezolana de metal, con una historia de 10 años, es otro de los capítulos de la diáspora musical de estos tiempos recientes. La banda decidió mudarse a México, desde donde espera llegar a un público mayor con su próximo disco, ahora con canciones cantadas en español. Consideran que el inglés pudo limitar su alcance a un público mayor. El venidero EP, que aún no tiene nombre, se prevé que esté listo en 2016 y con él penetrar el mercado mexicano.

Humberto Sánchez Amaya eso hago todo lo posible para que sigamos juntos”, indica el músico, que espera que en el primer trimestre del próximo año todos estén reunidos en Ciudad de México. “Ese es el plan inicial. Por los momentos nadie se ha arrepentido”, dice. La idea es que en una década hagan giras no solo por México, sino por el continente. “Queremos tocar el disco

nuevo en Venezuela. Tal vez eso ocurra en dos o tres años. Todo depende de la situación política y social. No espero que los problemas acaben, pero que sí disminuyan. Todos estamos muy cansados de lo que ocurre”. Hay otro aspecto que le gustaría que cambiara. “Me fastidia predicar esto como la palabra del rockero, pero es necesario que la gente vaya a los shows. No entiendo cómo hay tanta gente que se queja por una entrada de 300 bolívares, pero compran una caja de cigarros o una botella de ron en 7.000 bolívares. Uno no le debe nada a nadie, pero si te gusta un grupo no encuentro una razón para no pagar una entrada. Prefiero que me digan que no asisten por temor a la inseguridad que por el valor de un ticket”, exclama el intérprete, que también es diseñador gráfico. Hasta finales de septiembre aun finiquitaban algunos detalles del EP, grabado en Remoto Estudio con Ricardo Martínez y Estudio Pararrayos con Luis Daniel González. Hasta ahora no se ha reunido con otros músicos venezolanos que han emigrado a ese país, aunque sabe que hay varios. “Sé que los muchachos de La Vida Bohème están acá. Sí me he encontrado por casualidad en la calle a personas de la producción de eventos que conocí en Caracas y se vinieron para acá, gente que uno conoció en la movida”, añade Villanueva.

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Foto: Gabriella Renzulli

TAN FRÍO EL VERANO

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La metamorfosis de un colectivo

Con el enigmático y paradójico nombre de Tan Frío el Verano (ver Ladosis #16), quince jóvenes larenses comenzaron su aventura, en principio con el interés de desarrollar el sonido ligado a la escena post rock instrumental con referencias obvias a grupos como Mogwai, Explosions in The Sky, Mercury Program o Sigur Rós y una estética visual basada en el impresionismo y el misterio. El resultado fue una propuesta avasallante, densa y emotiva. Después de presentarse con éxito en Barquisimeto y Maracaibo, despertando elogiosos comentarios, el colectivo en pleno se trasladó a Caracas para presentarse por primera vez en nuestro concierto #16, el 10 de julio de 2011. A partir de entonces repitieron las visitas, despertando siempre expectación entre los amantes del rock no convencional. Para entonces, habían editado el disco Invierno (2010) y su respectivo disco de remezclas, Pulsar Nebula (2010), además de participar activamente en el compilado El Soundtrack de tus Historias Vol 1 (ver Ladosis

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#11). Poco después editarían el fabuloso Primavera (2012), con un empaque antológico que incluye postales, un libro con ilustraciones y pines, todo en un bolso de gamuza. Pero las cosas comenzaron a cambiar hasta llevar al alma motora a cambiar de aires, no solo geográficos sino también musicales. Tras una breve estancia en Caracas, Rafael García (RG) (teclados, programaciones), líder del proyecto, decidió mudarse a Buenos Aires, una decisión compartida por Diego Blanco (DB) (diseño, visuales) y Carlos Sánchez (bajo). Hoy, siete años después de aquella primera piedra fundacional, Tan Frío el Verano es un proyecto muy distinto. Su mutación hacia la electrónica, sin perder su estética visual, representa, de nuevo, un riesgo y una aventura. Así quedó plasmado en el tercer disco del ciclo de las estaciones, Otoño, recientemente editado (ver Ladosis #36) Sobre todo este proceso nos hablan, por separado, Rafael y Diego, el dúo responsable de seguir adelante con este proyecto audiovisual.

Foto: Ary Gutierrez

Rafael García (teclados, programación) ¿En qué momento y por qué decides darle un giro a tu vida?

Lo decidí hace un año atrás cuando se dio la posibilidad de estudiar producción musical e ingeniería de sonido acá en Buenos Aires. Creo que sentía también que TFV estaba llegando a su final por estar en Venezuela. Yo sabía que necesitábamos salir y sabía que necesitaba un cambio drástico.

¿Habiéndose expuesto TFV como un colectivo, cómo afectó en el seno del grupo el hecho de que decidieras irte del país y llevarte el nombre contigo?

Bueno seguimos siendo un colectivo, solo que ahora vemos las cosas distintas, se puede decir que ya aprendimos de nuestros errores. Uno no puede pretender que tener más gente en un grupo te va a garantizar abarcar más espacios, creo que nos generábamos más problemas de los que podíamos atender. Generalmente siempre fuimos Diego y yo quienes dábamos la cara ante esos


En 2008, un grupo de inquietos jóvenes de Barquisimeto unieron sus talentos para darle vida a uno de los más arriesgados y atrayentes proyectos ligados con el rock experimental y las artes visuales. Músicos, diseñadores, fotógrafos, VJs y artistas plásticos conformaron un colectivo dispuesto a cambiar las reglas y a ofrecer una propuesta vanguardista dentro del panorama nacional. Hoy quedan apenas vestigios de aquel proyecto, que se ha reinventado desde Buenos Aires de la mano de dos de sus fundadores, Rafael García (música) y Diego Blanco (visuales y diseño).

Juan Carlos Ballesta Foto: Ary Gutierrez

problemas, como por ejemplo llevar la prensa, estar pendiente de los festivales, el networking con otros artistas; yo haciendo remixes, Diego haciendo el arte…La gente siempre pensó que hacíamos todo juntos, pero eso no es así, nunca en la vida ha sido así, y por esa razón yo llevo hoy por hoy TFV conmigo, ya que he cuidado esto como si fuera mi hijo. Nunca busqué la fama con mi nombre, siempre puse a TFV por encima de cualquier cara o cosa, pero era doloroso ver cómo gente que estaba conmigo desde hace años nunca agradeció todos esos esfuerzos. Yo me dediqué siempre 100 % a TFV, mientras otras personas vivían sus vidas de una manera más simple. La vida del músico no debería ser nada más ir a los ensayos o tocar en tal o cual evento, creo que es mucho más amplio todo esto de la música.

¿Cómo se lo tomaron los miembros?

El problema no fue haberme ido con todo esto que yo construí, creo que nadie podía decirme nada al respecto. Creo que el problema fue el cómo se vino abajo un grupo de amigos por no entendernos musicalmente. Tengo mucha culpa ahí, ya que yo no podía hacer más música con ellos, yo estaba en otro lado completamente distinto, y ya no quería una banda de rock, quería IDM, glitch y breakcore. Yo realmente necesitaba explorar otros territorios musicales, me sentía infeliz en TFV,

ya que no sentía que mi trabajo era valorado como tenía que ser. Hoy por hoy, agradezco todo eso que pasó, porque estoy viviendo mis mejores días como músico y productor. De los miembros anteriores puedo destacar que Juan Rojas fue el que más entendió todo esto que me estaba pasando, el colaboró en dos temas con su voz y letra, y estoy muy agradecido por eso. Diego Roque y Leo, también ayudaron en par de temas. Lamento que no todo terminara de la mejor manera, sobre todo perder amigos como Juan Rojas o Diego Roque que eran como mis hermanos, pero TFV es mi vida, así que solo me tocó aceptar las cosas como son.

¿Por qué elegir Buenos Aires? ¿Qué tal han ido las cosas?

Buenos Aires era perfecto solo porque teníamos unos contactos que habíamos logrado captar en el festival SXSW de 2013, y así la aventura no iba a ser tan loca. Allí conocimos a Pablo Hierro de Scatter Records, y él amó el proyecto desde ese momento así que teníamos rato hablando Diego y yo con él. Realmente no sabíamos cómo iban a ir las cosas, la gente nos metió miedo, nos dijeron que nuestra música no iba a encajar, que en Buenos Aires cada vez hay menos curiosos, y que la escena acá es cruel. Y todo eso es verdad, pero no para una banda como TFV, y menos en esta nueva etapa. Creo que ahora mismo somos únicos

en Argentina, o al menos eso es lo que nos dicen personas como Pablo Hierro o Yumber Vera. Hasta ahora hemos tenido dos shows en Argentina (en Niceto), y los dos han sido alucinantes. Hay gente de Venezuela que nos había visto tocar en Discovery Bar o La Quinta Bar en Caracas, y fueron a estos toques en Niceto Club en Buenos Aires, y los comentarios fueron muy positivos, dijeron que esto que estamos haciendo supera por mucho al antiguo TFV, que es más maduro y más sobrio.

El estilo post rock instrumental que identificó al grupo parece haber quedado atrás en favor de un sonido más electrónico y quizá más intrincado. ¿Fue una decisión consciente o una necesidad de explorar otros territorios no necesariamente tan lejanos?

Fue una decisión consciente, ya que desde hace mucho tiempo vengo escuchando Nine Inch Nails, Aphex Twin, Atari Teenage Riot, y cosas de ese estilo. Uno de mis artistas favoritos en Venezuela era Cardopusher cuando hacía breakcore, yo realmente amaba todo lo que ese pana hacía, y trabajé duro para poder llegar al nivel de esos beats, para poder lograr las texturas de Trent Reznor y poder lograr los glitch y el IDM de Richard D. James. Así que siempre quise hacer este tipo de música, solo que con la banda que tenía en Venezuela no se podía, estaba más

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¿Qué tal te sientes?

Siento que me acoplo bien a los lugares a donde voy, siempre por lo general conozco mucha gente y por suerte en Buenos Aires he tenido buen contacto con personas de la movida, que si bien me han dado muchos consejos también las he ayudado en parte de mi trabajo como Vj, es por eso que de momento todo va muy bien.

¿Ha sufrido cambios tu concepción de la imagen visual de TFV al mudarte de país? ¿El entorno te ha influenciado?

Foto: Gabriella Renzulli

orientado a ser una banda y a componer las cosas como banda y yo ya no podía más con eso. Actualmente casi no tolero el post-rock, fue todo un proceso el que tuve para poder hacer esta música que ahora mismo hago, tuve que dejar de escuchar música, tuve que odiar todo lo que hacía antes para entender que necesitaba empujarme a mí mismo para poder lograr este objetivo que es Otoño.

aplaudir, así que toda la experiencia es más completa ahora. Las máscaras se mantienen, y todo el concepto que llevamos de las estaciones.

En el tiempo que llevan en Buenos Aires, sientes que el proyecto encaja? ¿Tú mismo sientes que encajas?

Siento que le damos un aire fresco a Buenos Aires, no quiero sonar arrogante, pero creo que Buenos Aires nos necesita.

¿Cómo ha sido el proceso de reinventar TFV?, en ¿Qué música te inspira actualmente? especial en vivo ya que la banda siempre contó ¿Qué has oído en tiempos recientes que te con una atractiva puesta en escena (al menos las máscaras siguen siendo una señal distintiva). “vuele los tapones”? Fue muy rudo todo el proceso, ya que me tocó montar una banda desde cero, creo que ni yo mismo sabía cómo íbamos a poder tocar estos temas en vivo. Claramente podía hacerlo en un formato DJ, pero yo mismo me odiaría si hubiese llevado TFV a ese formato. Así que de casualidad todo se fue dando, ahora mismo cuento con músicos increíbles como John Guarenas, Carlos Astros (exbaterista de Billy Se Fue), Humberto Isea (ex-guitarrista de Nomeolvides) y Carlos Sánchez, que después de mucho tiempo volvimos a encontrarnos. Montar los temas fue muy loco, porque es como que Aphex Twin monte sus temas con baterías de verdad, guitarras y bajos eléctricos, o sea es IDM, montar todo eso sobre los beats electrónicos sonando fue súper rudo, pero lo logramos y ahora mismo creo que tenemos algo único. Estoy con personas muy profesionales ahora mismo, cada quien entiende su puesto y su función. Acá no hay problemas de ego ni nada por el estilo. Las visuales de Diego ahora mismo van sincronizadas con las pistas electrónicas, así que todo va de la mano, todo es un show completo, como una película. Todos los temas están conectados y no hay chance ni para

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Lo único que escucho en este momento es Arca. Ahora mismo estoy muy cerrado musicalmente, fue parte del proceso alejarme de todas esas cosas que me gustaban.

¿Piensas quedarte en Buenos Aires por tiempo indefinido?

Ahora mismo es mi casa, y estoy disfrutando cada segundo acá, pero me iré a donde TFV vaya, creo que Diego y yo tenemos claro eso.

Diego Blanco (visuales, diseño gráfico) ¿Qué te motivó a irte a Argentina?

Desde hace más de un año Rafael visitó Argentina y estaba decidido a venir a estudiar acá, es por eso que desde ese entonces ya teníamos en mente aprovechar los contactos que teníamos y mudar el proyecto ya que sentíamos tanto él como yo que TFV está para grandes cosas y teníamos que ser ambiciosos y arriesgados. Uno de esos riesgos fue precisamente el de salir del país con el proyecto y encarar a una nueva escena y una nueva cultura musical, que si bien tiene algunas cosas similares  con la de nuestro país, es de un nivel mucho mayor y si se puede decir, hasta monstruoso.

Desde antes de venir a Buenos Aires, ya teníamos claro en cuanto a dirección de arte, que este disco sería diferente al anterior. Todo lo que involucra a Otoño es caos, destrucción, mal, entre otras cosas. Es por eso que ya desde antes de mudarme tenía en mente lo que sería este disco en cuanto a diseño y arte. Además de tener parte del trabajo adelantado, al estar acá ya me tocaba el trabajo de las visuales que bien sabemos es otro fuerte de la banda. Esto es algo que tocó reforzar muchísimo, trabajé arduamente para que cada tema tuviese un clip visual durante la presentación y se acoplara justamente al concepto del disco. Ahora las visuales son poderosas y van de la mano con toda la presentación, la cual prácticamente no tiene espacios de silencio; ya luego de nuestro primer show se escucharon comentarios como “El recital completo fue una película”. Estoy seguro de que el entorno me ha influenciado y mucho, hay algo que le pasa a muchos artistas y es que dónde te encuentres siempre plasmas algo en tu arte, son distintas cosas y emociones las que se viven ahora, al dejar a tus amigos, familia y encarar un nuevo reto por algo en lo que crees ciegamente te hace ver las cosas de muchas maneras y así sea de manera indirecta todas estas cosas tienen gran influencia en la vida de cada artista.

¿Cómo avizoras el futuro a mediano plazo?

El futuro es difícil saberlo, pero ahora mismo Rafael y yo estamos trabajando mucho para que el proyecto siga el buen camino que lleva, ya tenemos dos shows acá en Buenos Aires, los cuales han sido impecables, es sólo un comienzo. Nuestros dos shows han sido en uno de los recintos más importantes de Argentina, donde siempre han asistido y pisado bandas de renombre. Si no me equivoco somos la cuarta banda venezolana en estar en Niceto Club, luego de Los Amigos Invisibles, Todosantos y La Vida Bohème. Tan Frío el Verano ahora está en una nueva faceta, que si bien es arriesgada, es la que se tenía que tomar, es por eso que nos esforzamos para que siga teniendo éxito y demostrando que somos un proyecto distinto y con un poderío audiovisual.


B

Bolívar Caribano apareció en el ruedo musical en el año 2012 con el álbum Pisada y huella, trabajo que le regaló el desafío de conquistar público dentro y fuera de Caracas en un proceso de gestión independiente que efectivamente dejó rastros. En el 2014 fabrica un concepto unipersonal con una cámara de video y una grabadora estéreo con la intención de registrarse interpretando las canciones en un estado más orgánico y natural; esta aventura evidenció su particular talento para tocar la guitarra y componer. Fue así como consiguió una invitación al “Festival llegando a Montevideo” y comenzó una gira que orbitó entre Uruguay y Argentina. En la primera fecha se presentó en la sala Cita Rosa de Montevideo y terminó en un bar de la ciudad de la furia. Con 12 fechas en 26 días dejó un saldo memorable de grandes amigos, seguidores, importantes recuerdos, muchos proyectos y canciones en el tintero. Ahora alimenta el proyecto Enemigo Imaginario, trabajo que nos va presentando tema a tema y que ya suman tres. A finales de año, Caribano espera completar un álbum conceptual que, por lo adelantado, promete.

¿Cómo te encontraste con la música?

La casa de mis viejos es una casa donde la música es algo bien cotidiano, es como un canto de trabajo permanente, todo se acompañaba con música. Desde los siete años ya tenía nexos, había estado en la banda marcial del colegio, tocaba la flauta, había tocado algo de percusión. Era una banda marcial, no se hacía gran cosa pero había al menos trabajo musical. Como a los 14, cuando ya tenía cierta autonomía de la música que yo escuchaba, me llegó Abre de Fito Páez y ahí dije: esto es algo que yo puedo llegar a ser. Así me conecté con la canción en castellano, fue como mi primer gran hallazgo concreto. Ya yo había oído la canción latinoamericana, pero Páez fue quien me conectó con el rock en mi idioma. Mi viejo buscó cualquier academia en el periódico y caí en la Juan Sebastián Bach (Av. Universidad, Caracas). Estuve un año estudiando ahí y en ese tiempo fui conociendo todas las aristas formativas fundamentales. Estudié guitarra clásica en el conservatorio Prudencio Isaac, pero fue en el IUDEM en donde realmente me hice músico, en donde empecé a hacer carrera musical en el mundo académico y contemporáneo. Ahí estudié composición.

Háblanos de tu vida como músico acompañante. Fuiste guitarrista de la cantante Biela Da Costa.

Yo había sido músico de sesión, ya como guitarrista me llamaban para hacer cosas. Biela fue evidentemente un escándalo porque no me lo esperaba, además entré por una vía bien indirecta. Se había ido un guitarrista y Álvaro Falcón (que es la llave de Biela, muy buen guitarrista y además

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Víctor Manuel Bolívar pertenece a las nuevas generaciones de cantautores venezolanos que intentan alejarse de algunos clichés propios de la canción de autor largamente explotados. Su carrera es aún corta, pero en ella ya muestra las señales que lo diferencian. Ahora, auto rebautizado como Bolívar Caribano, el caraqueño prosigue su aventura.

Alieska Moreno

me había dado clases) estaba haciendo los bajos, el tecladista de esa banda era un amigo con el que yo coincidía en algunas materias y un día me dice: ‘mira a Biela se le fue el guitarrista y hace falta alguien que asuma eso’. Fui a una audición con todo el rigor y Álvaro estaba tocando el bajo, imagínate, esa siempre fue la oportunidad que yo agradecí, porque él perfectamente podía ser el guitarrista de ese momento.

¿En qué momento decides ser solista?

En el 2011 ya estaba trabajando mucho, tenía mucha música suelta y a la vez, mucha música lista, pero desperdigada en varios proyectos. Nunca lo había asumido de esa manera, siempre había estado haciendo la guitarra o coros para otras agrupaciones. En el 2011, con 26 años, me pareció que ya era necesario comenzar a vaciar algunas cosas en un proyecto que realmente pudiera defender yo solo, con posibilidad de hacerme cargo de él y asumir la responsabilidad con todos los pro y contra y me fui por la canción, que además no era mi territorio común. Ni siquiera podía decir que era cantante, ni siquiera puedo decir ahora que soy cantante, yo soy un tipo que hace canciones y las puede cantar, no en rigor, así como puedo decir que soy guitarrista... Hacer esto me reconectó, fue como un flashback que me volvió a traer todos los discos de la adolescencia, me reconcilió con la canción como medio expresivo, a cómo decirlo en tres minutos y medio, después de haber hecho obras de 25 minutos en una tira entera, era todo un desafío volver a dos versos y un coro.

¿Cómo suena Bolívar?

Me acompaño con la guitarra y además mi manera de tocarla responde a una manera de ser muy sincrética, yo estudié guitarra clásica y eso me conecta con todo ese acervo, con todo ese lenguaje y esa manera de tocar, sobretodo la forma de la

escuela latinoamericana, y evidentemente la escuela guitarrística venezolana se transformó en mi columna.

¿De qué vienen tus nuevas publicaciones y Enemigo Imaginario?

Viene como producto de la dicotomía de hacer un disco y hacer sencillos. Llegué a la conclusión de que puedo hacer sencillos que en un tiempo sumen un disco conceptual. Enemigo Imaginario es todo lo contrario a Pisada y huella, que fue un disco muy contestatario planteando cosas desde terrenos muy generales, casi como parándote en un satélite y viendo a la tierra desde afuera y hablando desde ahí. Enemigo Imaginario es todo lo contrario, es un conflicto interior, de esquizofrenia, de nuestros propios demonios y miserias que se plantea desde un plano de mayor intimidad, desde adentro hacia afuera y es una manera muy linda de abordar la canción con algo que te toca en un punto de mucha profundidad y puede terminar conectando o siendo común con otras personas porque aunque no nos pase lo mismo, sí tenemos cosas en común.

¿Por qué dejaste de ser Víctor Manuel Bolívar y empezaste a ser Bolívar Caribano?

Era un momento, en 2012, ya iba a salir el primer álbum Pisada y huella y por esa época había una nota de tener los dos nombres y el apellido. Después me parecía largo, me producía la analogía con Víctor Manuel (cantante de salsa) que es como pavosa y me gustó desde siempre ser Bolívar, es algo que de


alguna manera me enorgullece y lo cargo como con una responsabilidad, es también como una relación rara con esa cosa de ser Bolívar, es lo que representa el nombre con su carga semántica, la densidad y la polémica que puede haber ahí. Me gusta. Y luego pensé, es Bolívar, pero debería ser Bolívar algo, entonces fui desglosando la cosa, vivo un tiempo en el que estoy asumiendo el Caribe, asumiendo Caracas, como tiempo-espacio y como razón de ser de la canción, y ahí vino la Caribana que es la forma precolombina de llamar al Caribe, lo conecté directamente con Caracas y con toda la lucha que hay aquí, entonces nació el gentilicio Caribano, ahora soy Bolívar Caribano.

¿Qué quiere cantar ahora Bolívar Caribano?

Eso puede cambiar cada dos segundos. Pero tal vez algo que tiene que ver en este momento es contar a Caracas, contar la Caribana, es algo esencial. Tal vez de eso se trata también el disco, desde un territorio bien íntimo pero de alguna manera está ahí, es la esquizofrenia caraqueña y es también un momento de introspección.

BOLÍVAR CARIBANO Cuando la pasión es un credo

Foto: cortesía Víctor Bolívar

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TODOSANTOS

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A diez años de Aeropuerto

El proyecto Todosantos comienza como la inquietud de dos adolescentes (Alberto Stangarone y Ernesto Pantin) que se fueron nutriendo de muchas vertientes artísticas para convertirse poco a poco en referencia de vanguardia audiovisual. Si bien es cierto que ellos habían recorrido ciertos caminos ya explorados por algunas de sus influencias nacionales como Babylon Motorhome y el colectivo Los Andes Electrónicos, el reconocimiento que se les dio provino de su acercamiento al pop y así llegar a una mayor audiencia.

Origen y primeras presentaciones

Pantin y Stangarone eran amigos desde la infancia, pero no fue sino hasta el 2002 cuando reconectaron a través de conversaciones sobre música. Atraídos por la música electrónica, el dub y otros géneros distintos al mainstream, inician experimentando con guitarras y programaciones hechas en computadora con aplicaciones (software) de composición y producción musical como Rebirth, FL Studio y ACID. A manera de registro, se efectuaron unas primeras grabaciones compartidas con Carlos Julio Molina, primo de Ernesto y conocido como DJ Tre-

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ce, quien había tenido repercusión por su trabajo con La Corte (y luego con Tres Dueños). Molina les ofrece todo su apoyo hasta el punto de regalarles el sampler con el que trabajaron los beats para aquella mítica agrupación de hip hop. Poco tiempo después, en una presentación del grupo merideño Dioslepague, Alberto se reencuentra con Francisco Mejía, un ex compañero de colegio que había sido parte del grupo de ska-punk Farándula Popular, quien se muestra muy interesado en la idea de banda que éste le presenta. Francisco colabora grabando unos bajos para la primera presentación del dueto –cuando se llamaba Todosantos Dub- en el Festival Intercolegial de Rock de la Fundación Nuevas Bandas en abril de 2002 y poco después se une a tiempo completo. Con una propuesta tan disímil a la de sus contemporáneos, logran la atención de algunos de los colaboradores del festival como Vicente Corostola y Oswaldo Graziani y así continúan desarrollando su proyecto con ese sonido novedoso escuchado en programas de radio como Rockadencia, Radio Pirata y Acto de Fe.

Fotos: archivo Ladosis / disco

Primeras grabaciones y el entorno musical

A principios de 2003, Roberto Castillo, guitarrista de Farándula Popular (luego en Telegrama), regresa a Venezuela después de estudiar música en Berklee y al poco tiempo fue invitado a un ensayo de Todosantos para que escuchara la banda de su ex compañero musical. Sorprendido por la propuesta, Roberto les da la posibilidad de grabarles un primer disco y pasan unos meses trabajando en el álbum en un estudio casero que Ernesto tenía en el sótano de su casa, con Dominique Vogler como vocalista en varios de los temas. Los diez temas de ese disco inédito van en una onda chill out y trip hop, influenciados por los compilados Café Del Mar, Massive Attack y la carrera solista de Gustavo Cerati. Roberto le presenta a la banda el software de producción musical que se convertiría tal vez en la herramienta de trabajo más útil de la banda, el Ableton Live, además de darles nociones de microfonía, acústica, producción y grabación. Algunas de estas canciones son mostradas a Álvaro Partidas (ex mánager de Farándula Popular) y a Abraham Araujo, quienes apoyan el proyecto y, en retribución, este par comparte un


mundo nuevo de influencias desde noise y drones hasta electrónica de Warp Records y Morr Music, además de la corriente de indie rock y emo que Abel Murillo (fundador del sello El Cartero Valiente e integrante de Furia De Buzo Ciego) le había presentado a Francisco mientras estudiaban en la universidad a principios de los 2000. La banda comenzó a formar parte de una coalición de artistas de diversas corrientes. A Brave New Radio, que se separaba un poco de lo que se venía haciendo en Caracas y en el país. Beachehese, Perroroboto, Jimmy Flamante, entre otros, resuenan dentro de ese pequeño colectivo vanguardista. Al finalizar las grabaciones, la banda requería de alguien que los ayudara con la parte visual y es entonces cuando conocen a Luis Montenegro-Lafont, egresado de Prodiseño; había vivido en Italia y España donde tuvo contacto con propuestas de música electrónica que llamaron su atención por fundir visuales con la propuesta sonora, sobre todo en el festival barcelonés Sónar. MontenegroLafont logró conectar con algunos de los temas instrumentales y sintió que había algo que podría desarrollarse en conjunto. La banda le pidió que los apoyara visualmente en un evento en el auditorio de la Facultad de Arquitectura de la UCV. Después de dos días de arduo trabajo con Vidvox, Montenegro presentó un primer trabajo animando el logo de la banda y algunas imágenes para acompañar la música.

De izquierda a derecha: Luis Montenegro, Ernesto Pantin, Alberto Stangarone, Francisco Pacheco

yoría eran compañeros de clases de Luis, y esto les da una buena dimensión de la vibrante escena electrónica del momento con una marcada tendencia hacia el drum and bass y el hip hop. Gracias a un show que tuvieron en uno de los eventos del colectivo, conocen a quienes luego se convertirán en sus mánagers: César Elster (uno de los organizadores de estas fiestas, luego mánager de La Vida Bohème), Mariana (Nana) Cadavieco, Jesús Lazo y Tatyana Santana.

santos, eliminando el sufijo dub. El nivel de las presentaciones comenzó a subir, lo que ayudó a establecer la reputación de la banda como un proyecto interesante y atractivo: la participación en el Indie Fest, concierto realizado en el ciudad de Maracaibo, organizado por El Cartero Valiente, contó con bandas de la escena local de indie rock, electróEn búsqueda de apoyo nica y no wave; así como el concierto en el Con miras a conseguir la atención de alCafé del Museo Contemporáneo en un ciclo guien que los apoyara para sacar ese primer de presentaciones de las bandas que formadisco con la nueva alineación, la banda se ban parte del colectivo A Brave New Radio. traza como meta buscar disqueras en el exEs también importante destacar la colaboratranjero, como Tomlab (que aunque no los Todosantos crece firmó, sí mostró interés por la presentación Por sugerencia de Álvaro Partidas, también ción del colectivo audiovisual Hnte, donde del paquete de la banda: un trabajo audiovi- conocido por su proyecto de ruido Die Ur- destacan nombres como Cardopusher, Hesual prometedor). Como buenos hijos de in- sache, la banda cambia su nombre a Todo- lios 7.0, Peach, Hmto y Gota54. A mediados de 2004, participan en el ternet, del aprendizaje informal por ensayo Festival Nuevas Bandas como banda invitay error, realizan un demo reel/press kit coda y, como una declaración arriesgada acermo carta de presentación que representaca del rock nacional, deciden usar franelas ba el continuo proceso creativo de la banda, El comienzo del con los nombres de los integrantes de Cay es por eso que lo llaman Proyecto Beta. siglo 21 trajo consigo nuevas ramelos de Cianuro, hecho que les meCarlos Molina junto con Mara Montauti corrientes musicales que derivaron reció reconocimiento en prensa y otros y Alberto Cabello estuvieron interesamedios; y hacia finales de año fordos en lanzar a Todosantos en Black en la aparición de nuevos términos man parte del festival Rock en Ñ en Bombay Records, sello disquero como indietrónica o folktrónica, referidos Argentina, una excelente oportudonde Trece y Bélica estaban, pea la comunión entre sonoridades pop, folk y nidad para empaparse de lo que ro debido a problemas legales inhacían músicos en otras partes ternos la banda culmina con un electrónica, una mezcla orgánica de todos esos de Hispanoamérica. disco terminado bajo el brazo y elementos. En el primer lustro de la década de los con cierta frustración por no ha2000 existió una banda que marcó pauta no sólo en ber podido consolidar la oportuLa rebeldía hacia su propio pasado: cuanto a música, sino a toda una propuesta visual nidad de presentar su música. nuevas metas artísticas Afortunadamente, entre los inteDe una manera u otra, habían y estética que, sin duda, significó un antes y un resados estaba José Luis Pardo decidido comenzar desde cero y después en la escena nacional y que se movió en (Los Amigos Invisibles) y es así componer nueva música cargaesos novedosos terrenos. A diez años del único como se rescata la canción “Plada de las nuevas influencias tanto y recordado disco de Todosantos, Aeropuerto netario” para el compilado Chillout foráneas como locales que habían Venezuela, lanzado en el sello de la adquirido. Apuntando a un norte dis(2005), revisamos su historia. banda Gozadera Records. tinto y con colaboraciones diversas, el Los cuatro integrantes asisten a fiesdisco toma aproximadamente un año de Il Gimón tas del colectivo Simpl3, que en su macomposición y grabación. En esta época

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Aeropuerto: el disco

Contraportada del disco Aeropuerto

deciden trabajar con Luis Ricardo Garbán (Cardopusher) y Claudio Ramírez en el estudio Cromo Audiolab combinando fuerzas de producción, composición y ejecución. Die Ursache, Jimmy Flamante, Roberto Castillo, DJ Trujillo, Cardopusher y Helios 7.0 prestaron su ayuda en condición de colaboradores con el producto final, así como habían sido influencias de la joven banda que seguía aprendiendo de sus amigos. Al mismo tiempo, Luis y César Elster trabajan juntos en La Superagencia, que comienza como un proyecto para la tabacalera más grande del país y que se consolida como una agencia de comunicación y diseño muy ligada a la música, orientada a la televisión por cable. El trabajo en conjunto fue el paso lógico para

apoyar el lanzamiento del disco a modo de sello disquero, porque establecía el conjunto de un modo más serio y con mayor proyección. Para mediados de 2005, tenían un grupo de canciones que sintetizaba mejor lo que se planteaban con la música y que demostraba la evolución de unos primeros experimentos tres años antes. Aeropuerto es un disco en el que se nota una rebeldía casi adolescente y angustia juvenil pero también cargado de esperanza por un mejor futuro. Hay una gran amalgama de influencias que logran enlazar para confeccionar los 15 tracks y sus respectivas muestras visuales. También destaca que en sus presentaciones, la banda había adoptado una estética casi uniformada, todos de suéter y corbata.

El tema “1999” comienza con una furiosa guitarra distorsionada para continuar con la dinámica fuerte-suave-fuerte (loud-quietloud) de una de sus influencias más fuertes: la banda de rock norteamericana Pixies. “A Veces” es el tema más pop y no en vano fue su primer sencillo; una oda a la distorsión y añoranza de tiempos más felices. Con su discreto sample de Cap’n Jazz, la influyente banda de indie rock de Chicago, “Estúpido” es un ejemplo perfecto del desarrollo de su código dentro del género de la indietrónica. La preciosa balada “Diciembre” cuenta con las guitarras adicionales de Roberto Castillo, así como Cardopusher colabora con la programación en el instrumental “Providencia”. Salpicados por la tendencia de principio de siglo denominada freak folk, así como guitarras que recuerdan a Joan Of Arc, “Folk U” es uno de los temas más austeros del disco, proveniente de unas grabaciones de un 4-track (un grabador de cassette de cuatro pistas). “Panám” es otro ejercicio instrumental donde el breakcore característico de Cardopusher se hace más presente, y “Épica” contiene la frase ‘somos como el Ed Wood de la música’, definiendo el carácter experimental y casero que domina la mayoría de las canciones de Aeropuerto. “Ian Curtis” es el corte más oscuro, con una marcada tendencia hacia el post punk y Ernesto Pantin vociferando con desenfado a Xiu Xiu, Le Tigre y al enigmático pero carismático vocalista de Joy Division. “Antes era mejor” es una de esas canciones donde se notarían más las influencias del post rock de Explosions In The Sky y Mogwai, con altos y bajos. El descarado homenaje a la década de las luces de neón y la ropa de spandex es un híbrido entre un inocente punk rock y un bailable new wave; “Atrapado en los 80’s” cuenta con la colaboración vocal de Helios 7.0, Gota54, Mariana Martin (actualmente conocida como MPeach) y el productor/ingeniero de casi toda la placa discográfica, Claudio Ramírez. “Panda Sonora” constituye un juego de palabras entre Panda Bear (proyecto para-

Afiche que acompañó el lanzamiendo de Aeropuerto

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Entrada para el showcase del disco

lelo de uno de los integrantes de Animal Collective) y la banda experimental de Maracaibo, Bandasonora; es en este pasaje musical donde encontramos samples (¡usados con permiso!) de aquel disco solista del artista neoyorquino de 2004 y beats electrónicos cortesía de Jimmy Flamante. Frustrado por unos resultados electorales y ante un panorama incierto, la preocupación de Alberto se ve plasmada en “Año Nuevo”, la última canción compuesta para Aeropuerto, que cuenta con una guitarra tocada por Cardopusher. “Ilegal” es un chiste interno que parte de un mensaje de voz de un amigo de Francisco de la universidad sobre Iron & Wine, y no en vano, el tema se desarrolla en una tónica similar: una pequeña sonata acústica que hace referencia al éxito radial “Another Night” de Proyecto Uno. A modo de bonus track y prácticamente sin modificaciones, “Bahía” viene de las sesiones del disco inédito del año 2003. Una canción minimalista que combina una impecable base electrónica con bossa nova. Aeropuerto se perfila entonces como una postal de una ciudad más amistosa, de fraternidad e inocencia, de vanguardia y una delicada curaduría de referencias que iban de elementos casi desconocidos a lo más pop con un empaque muy especial: una obra de arte minimalista, impecable.

bata. Ya en la sala, la espera aumentaba con el tenue sonido de turbinas de aviones. Cardopusher en guitarra, Claudio Ramírez en batería, Helios y Gota54 cantando, fueron los invitados de la noche que cerró como en muchas ocasiones con la canción “Bahía”. Una velada que sin duda sirvió de influencia para muchas de las personas asistentes, como integrantes de Jóvenes y Sexys, Boom Boom Clan, La Vida Bohème, Americania, entre otros. En la misma época del exitoso estreno de Aeropuerto, la banda realiza periódicamente una serie de fiestas temáticas en el local Elmo Bar de Las Mercedes. Las fiestas 1234567 eran una perfecta oportunidad para escuchar hip hop, punk, indie rock, grime, dancehall, breakcore, ghettotech, baile funk y más. Alternando con estas fiestas, la banda tuvo la oportunidad de ir al Encuentro Electrónico y Sonidos Industriales en Colombia, así como participar en shows importantes en el país como el concierto Playa Belmont y el cierre del festival VIART.

do en Toluca, México. La disquera Flamin’ Hotz lanza un colorido vinil del EP que la banda había presentado en Venezuela antes de radicarse en los Estados Unidos. Luego de años de componer canciones nuevas y dar shows regularmente, Todosantos cesa sus actividades en el 2009.

Nuevos formatos y disolución

La actividad posterior

El 2006 tiene un comienzo agridulce para la banda ya que mediante un comunicado emitido por email el cuarteto se disuelve por diferencias personales para retomar el formato de dúo entre Stangarone y Pantin. En este formato realizan una serie de shows tanto en Caracas como en Maracaibo, que coincide con la reinterpretación de una canción de Simón Díaz para el compilado realizado por David Rondón, Simón Díaz Remixes. Para agosto de ese año, deciden pasar un tiempo en Nueva York para empaparse del ritmo de la ciudad. Al regresar a finales de año, Ernesto y Alberto deciden finalmente llevar el sonido de la banda hacia una electrónica más bailable, cargada de las influencias que obtuvieron en su estadía en la ciudad que nunca duerme así como un acercamiento al sonido tuky que se había popularizado a través de videos en youtube. Inicia el 2007 con la adición de Mariana Martin en la agrupación para dedicarse al apoyo visual y mediante un showcase del mismo corte audiovisual, presentan un nuevo EP, Acid Girlzzz. En marzo se despiden de Venezuela y se estableció el trío en Nueva York una vez más. Participan en eventos de gran magnitud como el SXSW de 2007 y 2008, así como en el MX Beat 2008 realiza-

El showcase y las fiestas

El viernes primero de julio de 2005, en un evento agotado días antes, la banda realiza una presentación para celebrar el estreno del disco. El público era recibido en la puerta de la sala del Centro Cultural Corp Banca (actualmente BOD) por unas señoritas ataviadas como aeromozas que se encargaban de recibir la entrada y entregar un ejemplar del disco además de una postal con la famosa instrucción de cómo amarrarse una cor-

Portada del disco Aeropuerto

Francisco Mejía retomó algunas de sus influencias de indie y post rock en la banda Pijamistas a finales de 2006, junto a integrantes de Lis y Retrovértigo, a la par de trabajar en Estudio Pararrayos junto a Cardopusher, quien lo ayudó y guió a seguir creando música electrónica. Pacheko, su seudónimo, fue mutando desde dubstep y pequeños acercamientos al breakcore hasta su investigación junto a Pocz, otro productor local, sobre los orígenes de la changa tuky, género que mezcla techno y house hecho de una manera primitiva en algunas zonas de bajos recursos en Caracas. Actualmente vive en Barcelona y lanza música bajo nombre Phran. Luis Montenegro-Lafont, se dedicó a trabajar en su firma de diseño y producción audiovisual, en contratos con canales de televisión por cable con proyección internacional. Reside en Madrid y continúa trabajando con su compañía Beta Studio. Alberto Stangarone comienza Sunsplash en 2009 explorando el sonido bailable de los últimos años de Todosantos, y en su estadía en Venezuela desde el 2011 lanza dos discos, Live In Maracaná y Fantasma en el Netlabel Cocobass Records. Llevó su música a muchas ciudades del país y finalmente en 2015, decide mudarse a Guadalajara, México, para continuar desarrollando su trabajo personal con la música. Ernesto Pantin establece una conexión importante con el hip hop venezolano desde 2004 produciendo temas para los artistas más importantes de esta escena. Entre Nueva York y Caracas, ha estado haciendo música como Pharaoh y Pantin, más recientemente. Los cuatro protagonistas de esta historia han madurado y continúan siendo grandes amigos. Y aunque en ocasiones han colaborado en los trabajos personales de sus compañeros de Todosantos, no planean reunirse como banda; prefieren que el legado de la agrupación permanezca intacto.

Volante del club de fans, Todasdiablas

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VASALLOS DE VENEZUELA Formación actual de Vasallos. PDVSA La Estancia, Caracas.

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25 años cantando y bailando la tradición Un giro inusitado de la vida dio inicio a una de las agrupaciones más sólidas del folclore venezolano. Durante cinco lustros, este colectivo artístico ha sido un bastión fundamental de la investigación y el aprendizaje de la música y danza de diversas comunidades de la geografía nacional. Siete producciones discográficas, tres videos documentales, giras nacionales e internacionales, reconocimientos y premiaciones, avalan a una de las más loables iniciativas culturales del país.

Leonardo Bigott

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En aquella Venezuela que muchos recordamos con añoranza, no tan remota, surgió Vasallos del Sol. En sus incipientes días, esta agrupación fue un proyecto de Fundación Bigott que tenía como objetivo principal investigar y conocer las diversas manifestaciones de la música y la danza existentes en distintas localidades del país. No pasarían muchos años para que Vasallos del Sol se convirtiera en una de las agrupaciones culturalmente más atractivas surgida de la conocida fundación. Apenas en sus inicios, este colectivo se hizo merecedor del prestigioso Premio Casa del Artista 1991 y 1992. Año tras año, estos servidores del sol fueron consolidando su concepto hasta convertirse en uno de los referentes más importantes de los saberes de la danza y música venezolanas. En el umbral de un nuevo milenio, Vasallos del Sol fue galardonado con el Premio Municipal de Danza,

mención Mejor Musicalización (1999). Posteriormente obtuvo la mención Mejor Grupo de Danza (2001). Luego, el Premio Monseñor Pellín como Agrupación Musical del Año (2001), y Premio Municipal de Música de la Alcaldía del Municipio Libertador (2007), en las categorías de interpretación y, a Jesús Rondón, su director musical, en composición popular. En 2009, Premio Municipal de Danza de la Alcaldía del Municipio Libertador, mención Grupo de Danza Folclórica Tradicional. Entre sus innumerables reconocimientos está también la reseña que le brindara The Rouge Guide, incluyendo además varias de sus composiciones en un CD. También la enciclopedia Encarta de Microsoft los señaló como un vivo referente de la música tradicional venezolana, y han tenido presentaciones en Alemania, Brasil, Corea, España, Francia, Guatemala, Inglaterra,


Homenaje a Olga Falcón. Teatro Armonía, Coro, Edo. Falcón. Foto: Jesús Ochoa

Japón, México, Portugal, Puerto Rico y Estados Unidos, que dan fe del prestigio que posee esta agrupación. Jesús cuenta a Ladosis cómo comenzó su travesía en la música y qué enseñanzas ha dejado su experiencia en esta historia que hace tres años se transmutó en Vasallos de Venezuela pero sin perder el norte.

¿Qué te motivó a crear la agrupación?

Iniciando los 80 formé parte del Grupo El Valle con el que hacíamos música tradicional venezolana. Luego, en 1983, ingresé en Con Venezuela donde permanecí por 5 años. Yo no vivo de la música, soy desarrollador de aplicaciones en informática aunque ya jubilado. En aquellos días trabajaba en el INCE (Instituto Nacional de Capacitación y Educación) de cuya coral formé parte. Allí aprendí mucho de los maestros Raúl Delgado Marín e Israel Pérez. En 1988 dejé Con Venezuela y estuve dos años sin querer hacer algo formal. Más bien estuve esperando que algo surgiera. Yo fui alumno de Fundación Bigott en esa década y ya a finales fui invitado a un concurso para directores. Allí comenzó todo.

Gira por los circuitos del Festival de CIOFF (Consejo Internacional para la Organización de Festivales Folklóricos) por los 500 años de la llegada de Colón a América. Quart de Poblet, Valencia, España, 1992. Trajeados como Giros de San Benito, manifestación merideña. Foto: Rodrigo Benavides.

¿Qué representa 25 años de Vasallos de Venezuela?

grupo de amigos que no incluía a ninguno de los músicos consagrados de los grupos de proyección, y comenzamos a trabajar.

¿Cómo surgió ese sueño?

Formalmente ¿cómo llegan a ese punto de inflexión?

La realización de un sueño. A veces digo que Vasallos nunca tuvo tiempo de ser proyecto. Comenzó como una realidad que desde el primer momento tuvo una dinámica voraz.

Nuestra conversación ocurre exactamente el 3 de agosto, fecha que han tomado como cumpleaños. ¿Cómo fue ese inicio? Todo ocurrió tan solo 20 días después de la audición de los músicos. Yo llamé a un

Me habían hablado de una oportunidad para actuar en el Teatro Teresa Carreño. Era un concierto en ocasión de la visita de la Comisión del Sur -países petroleros- y estaban la India y Nigeria, entre otros. Me preguntaron si lo podía hacer y yo acepté. La presentación incluyó a Soledad Bravo, un grupo de la India y otro de Nigeria. Nuestra participación fue de 15 minutos. Es por ello que tomamos este día como la fecha fundacional.

¿Qué motivó el cambio de nombre de Vasallos del Sol a Vasallos de Venezuela?

El cambió ocurre porque Vasallos del Sol es un proyecto de Fundación Bigott que está registrado por ella. En 2012 yo renuncié a la Fundación por una discrepancia sobre el modo en qué se iban a hacer algunas cosas. Eso hizo que cambiáramos a Vasallos de Venezuela.

¿Cuántas personas lo conforman?

Somos 12 músicos y 10 bailadores. En ocasiones tenemos dos invitados que, pueden estar dentro de las danzas, o un guitarrista y percusionista en la parte musical.

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de todo, una buena intención y no posturas arrogantes. Debe existir el elemento docente para que la gente se enamore y se quede. En Bigott el índice de deserción es de un 20% tal vez, lo cual no es particularmente significativo en un universo de 400 mil.

¿Qué experiencia ha habido al respecto?

Fundación Bigott promovió unas charlas de apreciación sobre los géneros venezolanos en ocasión de una nueva ley que obligaba a mencionar dichos géneros. Asistieron unos 16 DJs que fueron con unas expectativas muy simples pero que encontraron un mundo sumamente complejo. Si alguien dice que la música venezolana es muy diversa, bien sea por conocimiento o como un clisé, esa persona dice la verdad. Después de 30 años aún encuentro cosas que no había escuchado. Vasallos en la época de sus 18 años, cerca de 2008.

Dentro del trabajo de investigación que haces ¿existe algún aspecto relevante que nos ayude a comprender aún más la música popular? Sí, hay muchos. Uno que es importante a destacar es que si bien la música popular de algún modo emplea fórmulas de la música formal, esta última tiene aspectos que no aplican. La música indígena es una de ellas porque posee códigos que no se pueden transcribir, como se observa en un canto indígena donde existen inflexiones y modos en los cuales un sol-fa no tienen cabida.

¿Puedes explicar eso de tambor terapia como una de las actividades del grupo?

Fue algo surgido espontáneamente hace 10 años. Básicamente es el uso de ritmos venezolanos empleando los tambores de Caraballeda, el tambor redondo, tambor de Patanemo y otros, unidos a movimientos referidos por un instructor. Es importante aclarar que el término terapia aquí es más limitado. La idea es disfrutar bailando y así apoyas la enseñanza de la música venezolana. Vasallos en La Antigua, Guatemala en Festival de Folklore. Fotógrafo desconocido

¿Qué audiencia internacional se ha mostrado más interesada en el trabajo de ustedes?

Diría que la gente de Japón y también Corea.

Después de tantos viajes al exterior y 25 años, ¿qué necesitamos?

Necesitamos más espacio en los medios de comunicación. Siempre existe el argumento de que nuestra música no va a gustar. La realidad es que eso no lo sabes hasta que la difundes. Es común ver cómo se promueven espectáculos cuya música suele ser pobre pero calan por la difusión que hacen los medios. Si eso lo hiciéramos con la música venezolana, ya todo sería otra cosa. Por ejemplo, en estos momentos es muy difícil que surja otro Gualberto Ibarreto, ¿dónde sonaría? Jesús Sevillano es otro ejemplo. Ellos llenaban salas. Antes podías escuchar “Pajarillo verde” de Cecilia Todd o “Montilla” de Lilia Vera. Hoy no.

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Tu reflexión me lleva a preguntarte sobre otras tecnologías, ¿las empleas?

Claro. Hoy hay otros canales. Para nuestra próxima presentación tengo claro que debo hacer algo en físico pero también en digital. Es probable, incluso, que esta última la hagamos primero. Hoy es importante comprender que hay nuevas formas que ya no requieren del elemento físico. Antes tenías que exportar el producto o esperar a que alguien lo llevara. Hoy todo eso cambió porque ahora puedes colocarlo, digamos, en iTunes. Es vital entender que hay nuevos espacios para promover.

¿Sientes que hay una necesidad imperiosa de educar?

Absolutamente. Es importante porque hay que evitar que se digan cosas inexactas sobre la música venezolana e incluso cosas que no están bien hechas. Debe haber, por encima

¿Cuáles han sido las exigencias de aprendizaje en las áreas rurales en la labor de Vasallos?

Son diversas e inesperadas. El caserío Mendoza de Barlovento es un ejemplo. Hace 23 años ellos nos enseñaron a tocar la música de allí. Sucedió que la fiesta de San Juan fue disminuyendo porque no había interés de las nuevas generaciones en aprender todas esas manifestaciones. Entonces nuestra tarea fue conectar a los adolescentes con sus ancestros y así retomar ese hilo conductor. Aquello dio para una tesis. En Puerto Ordaz querían saber cómo tocábamos el calipso. La conclusión es que cada una demanda algo diferente.

¿De qué hablamos cuando decimos grupo de proyección? Este es un término que no se tiene claro y es importante. A lo que se refiere es a toda actividad o proceso de intermediación entre una manifestación cultural de una comunidad y el entorno. Así tenemos grupos, cantantes, fotógrafos, escritores, etc. El 95% de las actividades artísticas son de proyección. Es nuestro trabajo.


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LOS

MESONEROS El futuro ya llegó

Fotos: Luis cantillo

Entre la camada de bandas surgidas a finales de la pasada década, siempre ha destacado el quinteto caraqueño Los Mesoneros, que desde su irrupción y triunfo en el Intercolegial de Rock 2008, no ha parado de crecer. El lanzamiento de nuevo material audiovisual y la inminencia de su segundo disco, vuelven a colocar a la banda en primer plano con un sonido maduro de proyección internacional, a pesar de la juventud de sus integrantes. Los Mesoneros han abandonado los uniformes y apuntan lejos. Juan Carlos Ballesta

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Cuando en el Intercolegial Nuevas Bandas de 2008 apareció en tarima un quinteto de imberbes representando al Colegio San Ignacio de Loyola, ataviados con trajes de mesoneros, se despertó la curiosidad de inmediato. Su set de 15 minutos de pop rock saltarín con aroma post punk -bastante bien ejecutado tomando en cuenta la edad de sus integrantes- dejó a todos maravillados. Era el comienzo de una historia que han estado escribiendo por casi diez años, con trazo fino y la suficiente calma, Luis Jiménez (guitarra, voz principal) (LJ), José Ignacio Sucre (guitarra, coros) (JIS), Carlos Sardi “Calín” (teclados, coros) (CS), Andrés Belloso (bajo, coros) (AB) y Andrés Sucre (batería, coros) (AS). De aquellas 25 bandas participantes ninguna permanece activa, salvo Los Mesoneros. Luego llegaría el paso natural de presentarse en el Festival Nuevas Bandas 2009 y aunque lucían como favoritos junto a la banda merideña Charliepapa, el jurado otorgó el primer lugar a Fordelucs, de Puerto La Cruz, ante la sorpresa de casi todos. El varapalo tempranero lo acusaron con madurez, sabiendo que tenían toda una vida por delante. El 13 de septiembre de aquel año se presentaron en el Concierto #5 de Ladosis, cuando el tema “Cuando llegue el momento” de su primer EP, era ya un himno entre sus contemporáneos. Para nadie era un secreto que entre la generación de bandas que encabezaban Viniloversus y La Vida Bohème, el relevo lo encarnaban bandas apenas dos o tres años más jóvenes como Americania, Rawayana, Okills y Los Mesoneros, con lo que la dinámica del pop-rock venezolano se tornó sumamente interesante. En 2011 llegó Indeleble, un disco lanzado con un soberbio concierto en la sala BODCorp Banca con invitados de lujo como Gerry Weil y Alfredo Naranjo (ver Ladosis #17). Con ese álbum debut se posicionaron como una de las más prometedoras bandas venezolanas, dejando de ser una promesa para convertirse en realidad en una etapa en la que sus cinco integrantes apenas salían de bachillerato y comenzaban la universidad. Cuatro años han pasado y Los Mesoneros están a las puertas de editar su segundo disco, diez canciones que reflejan muy bien el crecimiento de sus integrantes, el roce en diversas tarimas y el aprendizaje en grabación, producción y composición. El lanzamiento de “El Paraíso” (canción y videoclip) es apenas un adelanto. El resto de los temas suenan sólidos, musical y líricamente. Los cinco mesoneros no escapan a las vicisitudes de un país en severa crisis social, política, moral y económica, y en medio de ella han desarrollado su propuesta. Ellos pertenecen a la generación 2.0, a una realidad en la que el disco ha perdido buena parte de su atractivo, en el que el consumo musical de los más jóvenes pasa por encima del concepto de obra integral y se centra en las canciones que pueden ser escuchadas en Internet. Si no está colgado en un servicio de streaming audio, no existe. Pocos piensan en comprar música. En medio de esa realidad y con el telón de fondo de la crisis, Los Mesoneros golpean de nuevo, pero de forma diferente.

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Fotos: Luis Cantillo

¿Cuáles son los planes con el nuevo material grabado?

LJ: El tema “El paraíso” y su videoclip se lanzó el 15 de octubre, el cual estaremos promocionando por lo que queda de año. Comenzando el 2016 lanzaremos el segundo tema, seguido del disco completo. Esta vez lo haremos de ese modo.

¿Por qué no lanzan el disco este año 2015 si ya está listo?

JIS: Originalmente teníamos planeado lanzarlo en octubre, pero nos hemos dado cuenta de que la industria ha evolucionado poco y cambiamos de opinión. Hay demasiada oferta musical que se consigue muy fácilmente. Nos dimos cuenta que teníamos que montarnos en ese barco y entender cómo suceden las cosas hoy. El consumidor ha cambiado mucho y debemos adaptarnos. LJ: Todo se consume muy rápido. Snapchat, Instagram, Twitter…la gente se ha acostumbrado a consumir todo de inmediato y seguir adelante. Así que no podemos gastar ni revelar todos los cartuchos de un solo golpe. Esa es la tendencia ahora de las bandas, sacar un par de sencillos primero y luego el disco.

JIS: En 2011 funcionó porque no teníamos material en la calle y la banda no se conocía mucho, pero ya no. No sabemos si de otra manera hubiera funcionado.

No hay duda de que hay una sobreoferta y cada vez hay menos paciencia para escuchar discos completos. Atrás quedó el tiempo en que las bandas editaban un disco por año. Nos guste o no, esa es la realidad.

JIS: Antes las disqueras descubrían un talento e invertían en él desde el principio. Ahora las disqueras solo apuestan a los talentos ya creados y probados y que aseguren su inversión. Ya no arriesgan capital. Cada disco hay que pensarlo mucho, es una inversión.

Una estrategia que también se ha popularizado es colocar el disco completo en Internet para ser escuchado (no necesariamente para ser descargado), de modo que la gente se lo aprende, lo canta en los conciertos y cuando finalmente lo editan en físico la compra es algo natural. CS: Esa es una buena herramienta, porque ya casi nadie compra discos para descubrir un artista. Lo compra porque le gustó bastante.

¿Cómo fue el proceso de concepción del nuevo disco? ¿Cuánto tardaron en grabarlo?

¿Significa que lo que hicieron con el primer LJ: Fue en varias sesiones. Comenzamos en marzo de este año con unas cinco semanas disco, lanzado con un gran showcase y en un empaque muy atractivo ya no funciona en 2015? en Tumbador Estudios en Caracas y luego en

LJ: En nuestra opinión ya esa no es la mejor forma, pero en aquel momento nos estábamos dando a conocer y era necesario hacerlo así.

Madrid trabajamos un poco con el productor argentino Didi Gutman las estructuras y texturas en las canciones que ya estaban listas. Este disco prácticamente lo grabamos


Luis Jimenez

Andrés Belloso

Andrés Sucre

Carlos Sardi

José Ignacio Sucre

dos veces puesto que como ya tenemos nociones de grabación hicimos primero las maquetas tocando en vivo en nuestro propio estudio, las mezclamos y se las enviamos a Héctor (Castillo) en Nueva York. Así fuimos haciendo el ping pong de ideas antes de entrar al estudio. Hay tracks en los que usamos el mismo feeling de los demos. Voces que grabé en el estudio no tenían la misma alma y se dejaron como en las maquetas. El disco tendrá diez canciones, de doce que grabamos. CS: Hay algunas grabaciones de teclados que se perdieron, lastimosamente. Problemas con una computadora “extraviada”.

¿En qué se diferencia este nuevo disco de Indeleble?

LJ: Son bastante diferentes, aunque el brinco no es tan grande. Hay una diferencia importante en el sonido y en la manera en que usamos los instrumentos. Hay más teclados y sintetizadores, algo que en Indeleble no explotamos al máximo. AB: Las canciones en Indeleble se parecen más unas con otras. Este es más amplio musicalmente, incluso tiene algunas melodías ligadas a la música venezolana. No es un disco caribeño, sino que tiene algunos colores a lo Aldemaro Romero o Simón Díaz. Pero el sonido es completamente Los Mesoneros. El primer disco lo hicimos con 17 y 18 años y estábamos aprendiendo todo, desde componer hasta grabar en un estudio. Ahora ya sabemos más de eso y al llegar al estudio teníamos mucha más noción de cómo hacer las cosas. Eso incluye cómo escribir las canciones y cómo producir el disco. Lo bueno es que contamos con el mismo equipo de productores del disco pasado (Héctor Castillo y Carlos Imperatori), que nos gustaron mucho y dieron buen resultado. Esta vez añadimos a Didi Gutman. El disco es un poco más groovy, hace mover cabezas. JIS: A la hora de componer utilizamos distintos métodos y partimos de diferentes ideas y referencias. Hay varias vertientes dentro del disco, las cuales se amalgamaron. Una de ellas es el post punk citadino que se vivió en los años 80. Otra es la que nos llegó en el período que fuimos a Mérida

a componer, que tiene que ver con lo venezolano. Eso se siente en el ADN del disco, son aromas, colores. CS: En el estudio fueron dos situaciones completamente distintas. En el primer disco nos sentíamos más regañados. En esta oportunidad proponíamos, no teníamos tanto miedo a los equipos. Conocíamos más lo que queríamos hacer.

¿Qué influencias llegaron a las vidas de cada uno de ustedes durante el tiempo que separa al primero del segundo disco? JIS: Han pasado varios años, lo que quiere decir que hemos estado influenciados por varias cosas de nuestro entorno, tanto en el plano lírico como en el musical. Eso ha permitido la llegada de varias influencias, lo que se nota en una evolución respecto al disco anterior cuando éramos más chamos y con menos experiencia.

¿Qué destacan sobre las letras de las nuevas canciones?

LJ: Son muy honestas. Hay más malicia ahora. JIS: Hay una honestidad relacionada con lo que vive alguien de nuestra edad en Caracas. Se escucha un contexto citadino, urbano, de una ciudad con problemas. AB: No es como el primer disco que era platónico tipo “mariachi con el corazón roto” sino más bien se siente la desesperación

y el caos que se vive en Caracas. Está influenciado por lo que sentimos en el día a día, la hostilidad. La oscuridad que domina, el miedo a salir, las noches de esta ciudad.

¿Si alguien de habla hispana lo escucha, identificaría que se hizo en Caracas?

JIS: No es tan directo, pero sí se identifica que se hizo en una urbe problemática. LJ: Depende de cuál tema escuche. La gente se puede identificar no importa en qué gran ciudad viva. Si eres de Caracas lo vas a entender mejor. Hay mucha inconformidad y también historias casuales. Lo que agarramos de Venezuela son más que todo melodías, no tanto lo rítmico. En el disco hay un aroma de Aldemaro Romero y María Teresa Chacín, a quien encontramos cuando fuimos a los Grammy y terminamos tocando con ella como su banda base.

¿Qué han estado escuchando en este tiempo? AB: Escucho PJ Harvey, Spinetta, Tom Waits, Recordatorio, Eddie Palmieri, The Strokes, Mac Demarco, Tyler The Creator, Caribou, afrobeat. Me encantan El Regaño y Raúl Monsalve y Los Forajidos y toda esa generación de Gustavo Guerrero y José Ignacio Benítez (Domingo en Llamas). Mis bajistas favoritos son Bootsy Collins y Jaco Pastorius. JIS: Television, banda que influenció a The Strokes que a su vez me influenció a mí.

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Voy conociendo las cosas al revés. Toda esa movida neoyorquina del CBGB de los 70 está presente en este nuevo disco. Tengo influencia del David Bowie de Let´s Dance hacia el presente. Como no me considero un guitarrista, a pesar que es el instrumento con el que crecí y toco, a la hora de hacer un arreglo pienso más en la canción que en la guitarra. Por eso me encanta lo que hace Kevin Parker en Tame Impala. El nuevo disco es poco guitarrero. CS: Creo que de los cinco soy el que escucha más música moderna. Ahora estoy escuchando los nuevos discos de Wilco y Foals. Mi banda favorita de todos los tiempos es Radiohead. Me encanta cómo usan los sintes fantasmales que crean intriga. LJ: Mi visión es muy pop. Puedo escuchar bandas o artistas que no me gustan tanto para sacar de ahí algunas cosas interesantes. Estoy oyendo Spoon, Tame Impala, James Blake, cuya voz es brutal y lo acabo de ver en Barcelona. Es de lo mejor que he visto. Natalia Lafourcade me gusta mucho y me ha influenciado bastante.

¿Qué aporte hace Los Mesoneros al rock venezolano actual? Foto: Juan Carlos Ballesta Hard Rock Cafe, Rock & Ron, Julio 18, 2009

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AB: Creemos que nuestra música proyecta cosas buenas y reales, que viene algo mejor para el país.

¿Cómo conciben la situación del mercado musical en Venezuela y la internacionalización de la banda?

CS: El mercado venezolano tiene un mini techo y otro techo alto. En el medio de los dos hay un vacío. Dentro de poco llegaremos a ese espacio donde no hay nada. Hay pocos espacios para tocar. No hay un término medio, la infraestructura es deficiente. LJ: Todo artista busca internacionalizarse, no importa donde viva. Por supuesto que lo intentaremos, tenemos que tocar en otros países de habla hispana. JIS: A toda banda le toca intentarlo, sin que eso implique mudarse necesariamente de país. AB: Se está haciendo el trabajo de internacionalización. El mercado venezolano está mal.

¿Qué debería pasar para que ese mercado funcione mejor?

JIS: En primer lugar, factores como la infraestructura deben tomarse en serio. CS: Hay que crear medios de difusión, estudios de grabación, lugares para tocar… en otras palabras mucha más inversión. Pero bien planificada.

¿Imaginaron alguna vez cuando estaban armando la banda en el colegio que llegaría a ser su proyecto de vida? ¿Cuándo comienzan a sentir que estaban pasando a otra liga? JIS: Yo empecé a sentirlo cuando se armó un equipo de trabajo con el cual comenzamos a girar por el país. También cuando grabamos el primer videoclip. Es decir, cuando empezamos a emplear a gente teniendo apenas 19 años. AB: En el momento en que personas importantes como Héctor Castillo, Carlos Imperatori y Gustavo Casas estaban interesados en trabajar con nosotros, sentí que el proyecto tenía sentido.

entendieron cuando me ausentaba un mes (Comunicación Social en la Monteávila). Mi hermano Andrés tuvo que abandonar el Diplomado de Música Electrónica en la Unimet porque nos tocaba encerrarnos a ensayar durísimo por varias semanas. AB: Yo estudié ingeniería de sonido en el TAS, así que no tuve tantos problemas. CS: La universidad te ayuda en todo, especialmente a desarrollar un pensamiento lógico que sirve para manejarnos mejor en la banda. Yo estudié Ingeniería en Telecomunicaciones en la UCAB y eso ayuda en la gerencia de proyectos y a crear un proyecto autosuficiente. JIS: Eso es el aporte más importante de haber estudiado. No necesitamos “tercerizar” muchas cosas, nosotros mismos estamos capacitados para manejar muchas cosas.

¿Cómo repercutió en ustedes, siendo para entonces muy chamos, no haber ganado el Festival Nuevas Bandas?

LJ: Nos pegó, no lo vamos a negar, porque además de no ganar nosotros, tampoco ganó Charliepapa. Nos habían generado una expectativa de que íbamos a ganar, pero en realidad nosotros no estábamos claros. Al final nos dimos cuenta de que era más importante tocar ante 3000 personas que ganar, porque eso no define tu carrera. AB: A mí me dijeron los jueces que nosotros no éramos una banda nueva, que ya teníamos mucho tiempo tocando. Eso me dio risa porque en realidad éramos la banda más nueva del festival, tanto que algunos tocamos con cédula falsa porque no teníamos 18 (risas)

Los Mesoneros parece ser una banda dispuesta a cambiar ciertas premisas. Por ejemplo, no tienen mánager. CS: Algunos mánagers quieren tener siempre la última palabra. Es una actitud “vieja escuela”. Crean discrepancias en el seno de la banda porque no están alineados. Por otro lado es complicado aferrar a alguien más a la banda cuando no tienes shows cada fin de semana y entonces ese mánager también lo es de otro grupo y se da el caso que no siempre lo tienes disponible. LJ: No estamos cerrados a eso, pero tiene que ser una relación que fluya. En Venezuela hay deficiencia de buenos mánagers. JIS: Los mánagers se llevan un 20% que por ahora creemos innecesario.

¿En qué lugares sueñan con presentarse?

JIS: En ciertos festivales grandes como Primavera Sound. Asistimos este año y vimos a Ratatat, Patti Smith, Marc Ribot con Ceramic Dog, Thurston Moore. Fue increíble. AB: En los festivales de Latinoamérica como el Stereo Picnic. LJ: En el Luna Park de Buenos Aires y en El Poliedro de Caracas. CS: Me encantaría tocar en algunos shows como el de Jimmy Fallon o el de Jools Holland. También en el Brixton Academy.

La pregunta de rigor: ¿Qué pasó con los uniformes de Los Mesoneros?

LJ: Se acabaron. Ahora tendremos un concepto que resalte quién es cada quién, dentro de una coherencia. JIS: Yo fui el promotor de eliminarlos porque representan lo contrario a la autenticidad, que es lo que queremos demostrar en tarima. Ahora queremos, con la personalidad de cada uno, explotar nuestro sonido e imagen, sin parecer tan “uniformes”.

El crecimiento de la banda coincide con la entrada de todos a la universidad. ¿Cómo conjugaron esa dicotomía de actividades e intereses?

LJ: Yo la pasé mal porque tenía que faltar mucho a clases en etapas de grabaciones y giras. No todos los profesores entienden eso y te hacen la vida de cuadritos. Yo siempre lo tuve claro, nunca dudé en que la banda y la música estaban por delante. La carrera (Ingeniería Civil) la hice como un plan B. Siempre me he sentido con más propiedad y más cómodo dentro de la música, sin que ello signifique que en la carrera haya sido malo. JIS: Una de las razones por la que este segundo disco se retrasó un poco es debido a que todos estábamos en la recta final de los estudios y debíamos salir de eso para concentrarnos totalmente en la banda. Yo tuve profesores que me

Foto: Carlos López Estacionamiento de El Nacional, Concierto con Zoé, Sept 16, 2012

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DISCOS PARA LEER

McKlopedia

Frontera

Azotea Records. 2015. Venezuela

Aunque Ramsés Meneses decidió mudarse a México, este segundo disco de McKlopedia (uno de sus pseudónimos y al mismo tiempo nombre de su banda. Ver Ladosis #20) fue concebido en Venezuela con los músicos con los que conformó inicialmente este proyecto hace ya casi un lustro. Arturo Soto (guitarra), Eddie Cisneros (teclados), Simón Hernández (batería), Rafael Pino (percusión) y Enrique Pérez (bajo). Solo este último y el nuevo baterista Orestes Gómez se movieron también a México. Fue grabado en la última etapa de los Estudios Tumbador por Fidel Goa y Chapis Lasca, y mezclado en Nueva York por Héctor Castillo. El disco sigue musicalmente la línea del debut, Superlirical, pero aquí la ruptura con el hiphop -el género que le dio notoriedad a Ramsés- es más notable. El rock domina, pero a lo largo del disco hay dub, balada, merengue, cumbia, funk y blues. Los textos se mueven entre la reflexión sobre el mundo actual (“La merengue Corp”); la denuncia anti armamentismo en “Himno” (“Comprarán más armas/ no compran guitarras/ por eso hay más balas/ ¡detrás de tu

TLX

46 dpi Independiente. 2015. Venezuela

espalda!”); la crítica contra los políticos en “Vampiro” (“Llegaron los Drácula volando como unas ratas / Perfumaos bien vestíos de traje y corbata / Salameros, traicioneros brincan por la plata / A ninguno les importa si el hambre nos mata / Vienen por lo tuyo, por lo mío y por la ñapa / Lo que quieren es billetes les gustan las trampas / Una casa con piscina y un carro sin placa / Escoltaos y apoderaos hasta las patas”); el amor/desamor en “Los locos”; la libertad en “Libre”…

Frontera es una obra profunda, de contenido personal y subjetivo, pero también universal. Instrumentalmente impecable, este es un disco que refleja la madurez de Meneses. Atrás parecen quedar definitivamente los tiempos de la confrontación hiphopera cuando se convirtió en uno de los mejor freestylers de habla hispana.

Donde mucha gente ve con gríngolas, a una banda que “se vendió al mainstream”, yo veo a una banda que lleva trabajando en un país como este 25 años y adaptándose a nuevos mercados. CDC ha descubierto una nueva musicalidad, evidenciada en todos los temas de 8, un álbum con arreglos magníficos en el apartado de cuerdas y synths, en el que la banda se autohomenajea en temas como “El Instante Pasó (La Casa 2)” y “El Jazz” (sofisticada versión de “El Martillo”, la mejor del disco), sin dejar mucho espacio a la experimentación,

salvo “Secreto”, que logra clavarse en el subconsciente a pesar de la ausencia de coro. La pluma de Asier sigue en la misma onda desfachatada de siempre (“Baile Rock”) con su innegable sensibilidad romántica (“Tú eres de esas”, “Suerte de principiante”). Hay temas prescindibles y otros que se ganarán un replay automático. Eso sí, muy en zona de confort, olvídense de Cuentos para Adultos y Harakiri City.

Juan Carlos Ballesta

Caramelos de Cianuro

8

Independiente. 2015. Venezuela

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Alejandro Fernandes Riera

Una ciudad hundida, lugares añorados, la muerte que acecha, la posible derrota y el amor son algunos de los temores cantados en el más reciente disco de la banda marabina TLX. Si bien la música pareciera invitar al jolgorio, las letras del grupo derivan en una nostalgia y alusiones a la soledad. El grupo tiene claras influencias del new wave, además de referencias claras a Soda Stereo, Virus y en algunos momentos a Sentimiento Muerto. 46 dpies un disco de apenas 30 minutos, que se escucha sin cansancio, sin pensar en pasar a la próxima canción. La banda, conformada por Roberto Jiménez, Heberto Áñez -quien también lidera el proyecto musical Presidente-, Ciro Moreno (ver Panzer en esta edición) y Andrés Morillo, presenta un trabajo sólido, enigmático y agradable que solo tiene en su contra la ausencia hasta los momentos, de un formato accesible para su escucha. Los 10 temas solo se pueden disfrutar en el canal de Youtube de Entorno Doméstico. Humberto Sánchez Amaya


DISCOS PARA LEER

élansson

Fito Páez & Paulinho Moska

Low

Fabi Cantilo

Jacobino Discos. 2015. Chile

Sony Music. 2015. Argentina-Brasil

Sub Pop. 2015. EE UU

Sirena Records. Argentina. 2015

Naufragio y Orfanato. Pt. 5

Locura Total

Ones and Sixes

Superamor

Un explorador de sonidos. Eso es Élansson (Alvar Lázaro), uno de los proyectos más experimentales y vanguardistas de América Latina. Nacido en Chile, el músico acaba de presentar su más reciente álbum, Naufragio y Orfanato Pt.5, relacionado con el agua. Este artista se propuso armar una tetralogía de discos conceptuales que plantean los cuatro elementos: agua, tierra, viento y fuego. Menos críptica que la primera -Articulata-, esta nueva producción se escucha más orgánica, volátil, con arreglos vocales en las texturas electroacústicas y ambientales que hilvanan paisajes humanos. De igual forma, es una obra que no se digiere a primer oído. Sus trece tracks abundan en pequeños detalles que ameritan detenimiento. El trabajo de Élansson es una oda a la naturaleza y la sensibilidad.

Los cantautores rioplatenses siempre se han acercado a la música brasileña y Paulinho Moska ha colaborado con artistas como Kevin Johansen, Lisandro Aristimuño, Jorge Drexler, Fernando Cabrera, entre otros. Un disco como este es una consecuencia natural y una buena oportunidad para que Moska sea más conocido en Latinoamérica. Los mejores resultados están en las composiciones donde mezclan sonoridades de ambas culturas (“Locura Total”, “Garota Muchacha”, la samba-noir “Nuestra historia de amor”, “Hijos de amor” y “Flores de Abraços”). Destacan también el funk brasileño “Onde Você Passou a Noite”, el rock directo “Imposible escribir sobre nada” y el guiño a Caetano Veloso de “Todas las cosas que están en el mundo”. Disponible también la edición en portugués para el mercado brasileño.

Desde “Gentle”, la canción que abre el onceavo disco del trío abanderado del slowcore, queda claro que Low se aleja de lo accesible que fue The Invisible Way (2013, ver Ladosis #26) y vuelven a sus raíces pero experimentando con percusiones electrónicas minimalistas (“Congregation”, “Into you”) y con ruidos experimentales más ásperos (“Landslide”). Como resultado este disco ofrece una combinación de la tensión y ruido presentes en The Great Destroyer (2005) y el acercamiento a la electrónica y letras oscuras de Drums and Guns (2007). Ones and Sixes también incluye canciones abiertamente pop (“What part of me”, “Kid in the Corner”), incursión en el dream-pop (“Lies”) y momentos sombríos (“No comprende”, “The Innocents”). Hacia la mitad se hace un poco flojo, sin embargo es un disco desgarrador.

Desde los 80, Fabiana Cantilo ha sido protagonista del pop-rock argentino como miembro de Los Twist y como corista de Charly García y Fito Páez. De la mano de estos, inició su prolífica carrera solista, siendo Superamor su doceavo trabajo; primero editado de manera independiente. Para esta ocasión contó con Lisandro Aristimuño en la producción artística, dirección musical, arreglos de cuerdas, voces e instrumentos varios. La influencia de Aristimuño es notoria, sobre todo en los temas compuestos a cuatro manos (“Girasoles”, “Superamor”, “Cápsula de escape”, “Bailarines de Cartón” y “Miedo”). De los compuestos por Cantilo destacan “Terra”, el power pop “Payaso” y “Tren (volar en círculos)”. A la fórmula tradicional del poprock se le suman sonidos del folclore argentino y texturas electrónicas. Altamente recomendable.

Mercedes Sanz

Eugenio Scalise

Eugenio Scalise

Eugenio Scalise

Dengue Fever

A Place to Bury Strangers

Tuk Tuk Records. 2015. EE UU

Dead Oceans Records. 2015. EE UU

The Deepest Lake

Uno de los más interesantes grupos de Los Ángeles esta especie de melting pot formado en 2001 por los hermanos Zac (teclados) y Ethan Holtzman (guitarra), tras un viaje de este último a Camboya, cuya música lo cautivó. Tras descubrir a la cantante camboyana Chhom Nimol en un bar de Long Beach, California, la banda tomó forma, convirtiéndose en un sexteto con la adición de David Ralicke (saxo, trompeta, flauta), Senon Williams (bajo) y Paul Dreux Smith (batería). La singular mezcla de pop camboyano, psicodelia, rock e influencias de la jazz etíope, resultan en una propuesta cautivadora, nada

Transfixiation

convencional. Lo que al principio era visto como una extravagancia, con cada disco se fue consolidando como una propuesta muy fina, trabajada a conciencia. Este sexto disco encuentra a Dengue Fever con un sonido maduro lleno de sensualidad, uniendo Oriente y Occidente de manera brillante.

Tomás Jaimes

El proyecto formado en Brooklyn, Nueva York, en 2007, comandado por Oliver Ackermann (bajo, guitarra, voz) es uno de los mejores vestigios del post punk más experimental, del shoegaze menos ensoñador y del noisy rock. Ecos de The Jesus and Mary Chain, My Bloody Valentine, Spacemen 3 y Suicide recorren los 39 minutos de este fantástico documento a medio camino entre la euforia, la claustrofobia, el ruido sensual y la lisergia guitarrera. A partir del tema central, “Deeper”, seis minutos inquietantes, se desarrolla la estética densa de este cuarto álbum. A destacar “We’ve Come So Far”, “Supermaster” (con

reminiscencias a Joy Division) y la explosiva “Straight”, sin que las demás piezas desluzcan. Este es un disco coherente, sin resquicios. Ackermann junto a Dion Lunadon (bajo, guitarra) y el recién llegado Robi González (batería), han logrado un disco tan áspero como envolvente.

Juan Carlos Ballesta

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DISCOS DISCOS PARA PARA LEER LEER

La Provisional

Estación Espacial Caracas Independiente. 2015. Venezuela

Desde que Caracas se convirtió en una urbe moderna en los años 50, ha ejercido una especial fascinación en muchos creadores. Una ciudad que se montó en el tren de la modernidad pero que al mismo tiempo nunca dejó de poseer todas las características de una ciudad caribeña y del tercer mundo. Entre la añoranza por un pasado en que Caracas prometía ser una de las capitales más importantes de Occidente y un futuro que todos soñamos sea mejor, se mueve el concepto retrofuturista de este debut de La Provisonal. A todas luces es muy interesante el proyecto ideado por el guitarrista y compositor Humberto Scozzafava (guitarra, bajo, teclados) en el que confluyen y conviven, sin pelearse, diversas corrientes musicales como el acid jazz, nu jazz, el funk, los ritmos latinos (bugalú, cha cha cha, mambo), el space disco y el lounge. Lo acompañan en la aventura el saxofonista y flautista Glenn Tomassi, los trompetistas José Ramoncini y Alain Henriot, el trombonista David González y el baterista Manuel Montañez, quienes grabaron el disco

Macu

Macu

Independiente. 2015. Venezuela

debut. También participan en las cuerdas el Cuarteto Millenium (Ollantay Velázquez, Miguel Nieves, Jesús Pérez y Valmore Nieves), Francisco “Coco” Díaz (percusión menor, mezcla) y Gerardo López (batería). El álbum comienza con el tema “Baile con la Billos en la Estación Espacial Caracas el 29/8/2098”, que funciona como una declaración de intenciones. A lo largo del disco hay imaginativos títulos como “Volando por la Cota 1000”, “Cha Cha Cha interpretado

por el Robot Cheo 3000”, “Matisse toca el Cha Cha Cha” y “Arsenio Vicious Cruz, el hijo de Sid Vicious y Celia Cruz”, que sumados al diseño de arte del venezolano Yitzhak Fowks que muestra a una Caracas suspendida en el espacio, dan idea clara de la orientación de este trabajo, muy bien ejecutado y grabado. La Provisional parece que llegó para desmentir a su propio nombre.

Una agradable sorpresa la aparición de este disco concebido por un cantautor y guitarrista que pasó toda su vida vestido de melómano, absorbiendo influencias de la nueva trova, el rock argentino, la canción chilena, el rock sinfónico y otras corrientes de los años 70. Finalmente, con casi 60 años, Zamora ha decidido hacer su debut discográfico con este puñado de composiciones que hablan de amor, soledad, ausencia y distancia, sentimientos que afloran al estar lejos del hogar y los amores.

Zamora es biólogo y profesor en la ULA, Mérida, y durante sus estudios de doctorado en Escocia decidió al fin darle rienda suelta a su faceta musical, en medio de la añoranza y el frío. Con guitarra acústica y eléctrica y una expresiva voz, las nueve canciones fluyen de manera natural y grácil, con un componente de nostalgia notable, recordando a veces a Sui Generis, Spinetta, Crosby Stills Nash & Young, o incluso Silvio Rodríguez.

Juan Carlos Ballesta

Rafael Zamora

Cuando vestía de kilt

Independiente. 2015. Venezuela

Juan Carlos Ballesta

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El homónimo disco debut del proyecto liderado desde 2008 por el cantautor Franco Tintori, finalmente ve la luz tras un largo proceso de maduración y grabación. Junto a una banda que incluye a Víctor Morles (teclados, co-producción), Manuel Churión (bajo), Isaac Sasson (batería) y Jonathan Angarita (guitarra, mezcla y masterización), músicos de gran solvencia, las canciones adquieren un peso específico propio. Tintori, en medio de las dificultades que azotan a Venezuela y su entorno, ha escrito un puñado de canciones de aire optimista en las que ha decidido dejar de lado las angustias y enfoca sus intenciones hacia la paz interior y los aspectos destacables del momento y lugar que habita, sin que ello signifique desconectarse. Hay canciones sobre la Caracas amable, pero también de amor y desamor, cuyos textos -nada complicados- navegan entre baladas con pinceladas bossa, funk gentil y trip hop. La aparición de Onechot y Hana Kobayashi son un valor agregado. Juan Carlos Ballesta


DISCOS PARA LEER

Nick Cave

Richard Hawley

Mute Songs. 2015. Australia

Atlantic. 2015. Inglaterra

Live at The Royal Albert Hall

El domingo 3 de mayo, como parte de la gira europea 2015 que llevó al cantautor australiano y su banda a Inglaterra, Escocia, Alemania, Dinamarca, Suecia, Bélgica, Holanda, Francia, España y Rusia, quedó registrada para la historia la fantástica presentación en uno de los más emblemáticos recintos londinenses. Cave (voz, piano), acompañado por Warren Ellis (violín, mandolina, samples), Larry Mullins (teclados), Martin Casey (bajo) y Thomas Wydler (batería), desgranaron un repertorio representativo de todas las etapas, desde el primer disco con The Bad Seeds, From Here to Eternity (1984) hasta el más reciente Push the Sky Away (2013). De la oscuridad al romanticismo, de la intensidad a la pureza, así es Cave y su espíritu indomable. El que no conozca a Nick Cave, puede sumergirse en su universo comenzando con esta obra, lo que permitirá recorrer todos sus recovecos, desde lo más atormentado hasta lo más lúcido y romántico a través de estas dos horas y 20 minutos que funcionan como un auténtico remolino emocional. Las versiones de viejos temas de los años 80 como

Hollow Meadows

“From Here to Eternity” y “Tupelo” son espeluznantes, verdaderamente telúricas. En contraste, el lirismo de “Into my Arms”, “The Weeping Song” y “West Country Girl” demuestra cuán romántico puede llegar a ser Cave. En medio de eso hay un universo de inmensas proporciones y colores que nos conduce del infierno al cielo, del caos al orden, de las miserias a la belleza humana, como solo un escritor con grandes dotes de cantante puede lograr. En “Higgs Blossom Blues” destaca su rol de cronista ante una audiencia entregada que lo sigue con atención. “Red Right Hand” suena como siempre, bestial. No hay ni un tema de los 23 que componen este disco que sobre, a pesar de lo extenso. Los cinco músicos logran conectar de manera brillante, pero sobre todo Cave, sobre cuya voz y letras recae la mayor atención, luce especialmente inspirado durante aquella noche. Este disco no es una simple adición a la extensa discografía, sino un documento de gran valor emocional y una descarnada fotografía de un momento excepcional.

Juan Carlos Ballesta

Cada disco del cantautor británico es un certero flechazo a las emociones. Tras el guitarrero y más psicodélico Standing At The Sky’s Edge (2013), Richard Hawley (ver Ladosis 33) regresa a un terreno más conocido, el de las canciones que hieren y al mismo tiempo enamoran, las baladas para cortarse las venas o flotar. Como ha sido su costumbre, el título está relacionado con su amada ciudad Sheffield -en la que su familia ha habitado desde la edad media-, en este caso referido a una histórica edificación en las afueras de la ciudad que funcionó como escondite de los soldados británicos durante la segunda guerra mundial y ahora como hospicio psiquiátrico. Quizá una metáfora sobre su mundo interior, reflejado en sus canciones con poesía y a veces crudeza. “Hollow Meadows” es probablemente el disco más personal de su carrera como crooner, que comenzó con este siglo, luego de su paso como guitarrista de la banda Longpigs en pleno apogeo del britpop en los 90. Una convalecencia que lo mantuvo encerrado en su casa con una pierna fracturada, se tradujo en un tiempo reflexivo e

introspectivo que lo llevó a abordar temas como el de su hija yéndose de la casa en “What Love Means” (en la que dice cosas como “Child of mine bereft, I’ll never forget the day you left”), cavilaciones poéticas sobre la vida y el amor en “Sometimes I Feel”, deseos de salir del encierro en “Welcome the Sun” o reconocimientos a la amistad en “Nothing Like a Friend”. En temas como “Which Way” suena entre Morrissey, Pulp y The House of Love, en la estupenda “Tuesday pm” podría recordar a las baladas más románticas de Nick Cave, mientras en “I Still Want You” se desgarra de desamor con una voz premeditadamente ronca. En la siniestra y al mismo tiempo cautivadora “Long Time Down” es acompañado por Martin Simpson en el banjo y slide guitar. Hawley también rinde homenaje a la cantante folk Norma Waterson en la eléctrica y emotiva “Heart of Oak”.“Serenade of Blue” es una de las distintivas baladas, con la aterciopelada voz de Hawley en su plenitud. Uno de los discos del año, sin duda, y una de las obras maestras de Hawley, el último de los románticos.

Juan Carlos Ballesta

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DISCOS PARA LEER

The Chemical Brothers

Born in the Echoes

Virgin/EMI. 2015. Inglaterra

Los Crema Paraíso

De Película

Cutuprá. 2015. EE UU

Han pasado 21 años desde que Ed Simons y Tom Rowlands irrumpieron como The Chemical Brothers y aún son capaces de impactar con su octavo disco, en el cual despliegan todo su arsenal rítmico y de efectos. Acostumbrados a los poderosos beats que en los 90 los llevaron a liderar la corriente del Big Beat, han sabido mantener un estilo propio sin repetirse. En este octavo disco regresan a la fórmula que usaron en los seis primeros trabajos con voces invitadas, algo de lo que habían prescindido en Further (2010). Así desfilan entre otros, Cate Le Bon, Kammal Fareed (Q-Tip), Ali Love, Annie Clark (St. Vincent) y Beck. La primera parte transcurre inmersa en los pegadizos ritmos

químicos, algo que apenas en el primer temazo “Sometimes I Feel So Deserted” con las voces de Moise Laporte y Kenneth Bobien, queda patente. Ya el rapero Q-Tip había colaborado en “Galvanize” de Push the Button (2005) y aquí lo vuelve a hacer en gran forma en “Go”. “Under Neon Lights” (con St. Vincent) es otro de esos temas que encienden las tarimas y hacen mover a audiencias de miles, algo que han demostrado desde los 90 incluso en festivales de rock. En “I´ll See You There”, otro de sus “trademarks” rítmicos con elementos psicodélicos, incluyen al poeta canadiense Bill Brissett, repitiendo el título en plan mantra.

Otra colaboración notable es la del saxofonista Colin Stetson (quien ha tocado con Arcade Fire, Bon Iver, Bell Orchestre, Tom Waits, The National entre muchos otros) en el hipnótico tema “Radiate”. El disco cierra con “Wide Open”, un melódico electro pop cantado por Beck que bien pudiera convertirse en un éxito de cualquier radio pop. The Chemical Brothers resiste el paso del tiempo y las modas musicales, en especial dentro del universo de la electrónica.

El caraqueño Gabriel Millán (guitarra, efectos, voz) emigró a Barcelona, España, hace una década para estudiar ingeniería de sonido. Nunca regresó. En 2007, ayudado por Martín Del Litto (violín, melódica) editó Rojo esperanza, primer disco de Etermortífera. Tres años después, la formación se amplió con la entrada de Diego Caicedo (guitarra, teclados) y como trío se lanzó Quebranto. El rock experimental bañado de electrónica atmosférica ha seguido desarrollándose hasta llegar a este estupendo tercer

álbum, más estructurado y con temas más cortos, pero no por ello menos arriesgado. Millán y Caidedo (ya sin Del Litto), junto a los nuevos miembros Owen Kilfeather (guitarra, sintetizador, percusión) y Orvonton (batería, efectos) han logrado construir una obra que se mueve entre los pasajes sosegados y los más intrincados con total naturalidad. El arte gráfico pertenece a otro venezolano de la diáspora, Pablo Slam.

Juan Carlos Ballesta

Etermortífera

Tiempo de cigarras

La Justa Entropía. 2015. España

Juan Carlos Ballesta

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La agrupación venezolana radicada en Nueva York liderada por José Luis Pardo (guitarra) y Neil Ochoa (batería, percusión), sorprende una vez más con la salida de su segundo álbum titulado De Película. Esta agrupación, bastante lejos de ser una banda tradicional, revela en esta nueva producción su combinación musical basada en ritmos de raíz tradicional, entre ellos joropo, tambor, vals, onda nueva e incluso gaita, con una fuerte presencia de psicodelia, rock, pop y jazz. Con la ayuda de grandes músicos como Andrea Echeverri (Aterciopelados), Carol C. (SiSe), Juan Rivas, Argenis Brito (de Sr. Coconut), el virtuoso Jorge Glem (C4 Trío) en el cuatro y el poeta Alberto Ferreras en el rol de Rocco Tarpeyo, Los Crema logran una obra maestra de 11 canciones. Entre ellas se incluyen inesperadas versiones de “Personal Jesus” de Depeche Mode, “Everybody Wants to Rule the World” de Tears for Fears y “El Curruchá”, popularizado por Jesús Sevillano. De película es un disco que juega con el entorno cinematográfico venezolano, pretendiendo recrear una experiencia similar a la de escuchar el soundtrack de un film, ofreciendo un viaje audiovisual y logrando un resultado bastante interesante. Luisana Díaz Luporsi


DISCOS PARA LEER

David Gilmour

The Rolling Stones

Columbia. 2015. Inglaterra

Rolling Stones Web Exclusive. 2015. Inglaterra

Rattle that Lock

En una larga carrera ligada desde 1968 a Pink Floyd, el guitarrista David Gilmour apenas había editado tres discos de estudio como solista. El más reciente, On an Island (2006) fue una auténtica joya y la gira que lo continuó fue la última aparición para su compañero de banda Richard Wright, al que terminó dedicando Endless River (2014), un anodino disco de Pink Floyd con material repescado de 20 años atrás (ver Ladosis #34). Gilmour es uno de los más exquisitos guitarristas del universo rock. Su ritmo de trabajo en las últimas décadas no ha sido precisamente prolífico, por ello cada nuevo paso en su carrera genera tantas expectativas. Expectativas que para un músico de su talla, se transforman muchas veces en deseos particulares de cada fan que espera un nuevo Wish You Were Here o Dark Side of The Moon, sin percatarse de que a los 69 años, Gilmour tiene otra vida muy distinta a la que llevaba en los años 70. Rattle that Lock es un disco otoñal, salvando quizá el tema homónimo y el estupendo funky “Today” (que recuerda en algo al Brian Eno de los años 70). Su prístino sonido de guitarra

Sticky Fingers Live

está, por supuesto, presente, así como los ritmos lánguidos y envolventes. Su voz, algo más ronca, conserva la emotividad y sello distintivo. Colaboran en el disco una lista larga de músicos, entre ellos los bateristas Steve DiStanislao y Andy Newmark, Danny Cummings (percusión), Phil Manzanera (teclados, guitarra, producción), Yaron Stavi (bajo), Zbigniew Preisner (orquestación) y Roger Eno (piano), además de varios coristas como David Crosby, Graham Nash, Louise Marshall, The Liberty Choir y Polly Samson (esposa y letrista). También hace su debut discográfico Gabriel Gilmour, hijo de David, tocando el piano en “In Any Tongue”, uno de los temas de sonido más reconocible. El disco está lleno de grandes momentos, como la sosegada “A Boat Lies Waiting”, la jazzeada “Dancing Right in Front of Me” o la sensible instrumental “Beauty”. La foto de la portada muestra a unos cuervos saliendo en libertad de una jaula, quizá una metáfora que busca expresar que a pesar de lo oscuro que pinta el mundo y de las cadenas del pasado, aún hay oportunidad para ser libre.

Juan Carlos Ballesta

El comienzo del Zip Code Tour por Norteamérica no pudo iniciarse de mejor manera que con un concierto sorpresa en el Fonda Theatre de Los Ángeles el pasado 20 de mayo. El show para 1200 personas -la mayoría invitadas y unas pocas con suerte con entradas a 8 $- estuvo concentrado principalmente a interpretar en su totalidad el famoso disco Sticky Fingers con motivo de su reedición con material inédito extra. Este disco funcionó como un gran punto de inflexión en la carrera de los Stones. Tras una etapa fantástica en los años 60 cuando la banda construyó su fama de rebelde, la necesidad de romper con el sello Decca/Abkco era inevitable. El contrato leonino no les dejaba chance para manejar su propio material, por ello con la llegada de la nueva década decidieron romper y comenzar una nueva etapa bajo su control. El material que habían acumulado en dos años finalmente vio luz en 1971 en un álbum que tenía todas las papeletas para convertirse en clásico. No solo era la música, sino la provocativa carátula con el cierre en cuyo interior mostraba a un hombre en interiores con el pene marcado. Además, fue introducido por primera vez el famoso logo de la lengua, convertida en una de las

más reconocibles imágenes de la sociedad contemporánea. Este disco contiene solo las canciones del disco original -sin el resto de los temas tocados aquella noche- pero en diferente orden. “Sway” comienza el repaso del disco, seguida por el magnífico country rock “Dead Flowers” y la inmortal balada “Wild Horses”. La controversial “Sister Morphine” suena realmente bien con nuevos arreglos de guitarras. El viejo blues “You Gotta Move” suena increíble gracias a las guitarras acústicas y los coros de Lisa Fisher y Bernard Fowler. No había sido tocado en concierto desde 1976. La enérgica “Bitch” sigue sonando como en 1971, fresca y lozana, con la inestimable colaboración de los saxos, al igual que en “Can´t You Hear Me Knocking”. El poderoso blues “I Got the Blues” y la exquisita “Moonlight Mile”, no habían sido interpretados en vivo desde 1999 y aquí adquieren una gran emotividad. El cierre del disco corresponde a uno de los temas infaltables de todo concierto: Brown Sugar. Los Stones poseen una amplia discografía en vivo y entre todos, este es uno de los mejores y más coherente.

Juan Carlos Ballesta

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PINK FLOYD 40 años de Wish You Were Here En la lista de discos inmortales e influyentes de la historia del rock, hay varios del cuarteto londinense. En 1975 se editó el noveno disco de Pink Floyd, dedicado a su genio fundador Syd Barrett, pináculo del space rock y fin de la etapa más creativa de David Gilmour, Roger Waters, Richard Wright y Nick Mason. Han pasado 40 años y su vigencia sigue a tope.

L

La década de los 70 dio para todo. Comenzó de una manera y terminó de otra muy diferente. El año 1975 fue no solo el meridiano de aquella década, sino casualmente el momento que divide con notoriedad dos mitades, musicalmente hablando, muy distintas entre sí. El primer lustro había sido el escenario del rock progresivo y sinfónico, el glam rock, el hard rock, el folk rock, el funk y el southern rock. Todavía los coletazos de la contracultura encarnada por el rock, el movimiento hippie, la psicodelia y la estética Woodstock se notaban. La segunda mitad, en cambio, tuvo a la música disco y al movimiento punk como auténticos fenómenos musicales, de origen, desarrollo, impacto y estéticas muy distintas, ocurriendo en simultáneo. Sobre todo ello cabalgó Pink Floyd, una banda que nació en plena era psicodélica y transitó por todo lo anterior mientras creaba un estilo único gracias al cual nació el adecuado término space rock. Los punks se jactaban de usar franelas con el lema “I Hate Pink Floyd”, sin percatarse que en sus textos había una crítica abierta al estado de las cosas. Pink Floyd pudo con todo y no solo editó obras con mensajes críticos a la clase política dominante como Animals (inspirado en “Animal Farm” de George Orwell) o The Wall a finales de los 70, sino que seguían vendiendo millones de discos sin necesidad de hacer concesiones.

40 años dándole brillo al diamante

Justo hace 40 años, el 12 de septiembre de aquel año de transición entre estilos y corrientes musicales, PF editó el que para muchos (incluyendo a dos de sus miembros: David Gilmour y Richard Wright) es su mejor disco. Wish You Were Here (1975), fue la culminación de un período creativo sin igual que llevó al grupo a establecer un estilo único y distintivo de rock espacial, con elementos del progrock y la psicodelia, el cual alcanzó su primer gran cenit con el disco Meddle (1971).

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Juan Carlos Ballesta

En 1973, se había editado Dark Side of The Moon, piedra angular de su discografía, con el que la banda logró ubicarse en el pináculo del rock y establecer paradigmas de producción y grabación. Aquel disco se instaló en las listas y no las abandonó en años, convirtiéndose en el segundo álbum más vendido de la historia en Estados Unidos. La gira que siguió a DSOTM en 1974 incluyó dos sets, el primero compuesto por material totalmente nuevo y el segundo con todo el famoso disco ejecutado al completo. Nada común esa circunstancia, pero su púbico fiel escuchaba con ansiedad no solo los temas de Dark Side sino todo lo que Gilmour, Wright, Mason y Waters tuvieran a bien presentar. Y más de una hora de material nuevo era un suculento manjar. Así se mantuvo la banda tocando invariablemente el mismo repertorio durante 1974 y 1975, dejando que ese material madurara y pasara de ser desconocido a referencial. Entre los temas que estrenaron en 1974 estaban “Shine on Your Crazy Diamond” y “Have a Cigar”, más otros dos, “Raving and Drooling”


y “You´re Got to Be Crazy”. Los primeros dos se convertirían en la médula espinal de Wish You Were Here, mientras que los otros fueron descartados pero terminaron dando forma al disco Animals (1977), rebautizados como “Sheeps” y “Dogs”. Fue sin duda, el último gran período creativo en el que funcionaron como cuarteto, antes de que afloraran las tensiones y los egos comenzaran a hacer mella en la relación entre los cuatro. Para el momento de The Wall, Pink Floyd se había convertido en el vehículo de Roger Waters.

Tributo a Syd

Wish You Were Here fue dedicado al fundador del grupo y malogrado genio Syd Barrett, que había quedado en un limbo mental desde 1968, desgraciadas circunstancias que los llevó a prescindir de

él. La temática principal del álbum fue una crítica a la industria musical. Entraron a los estudios Abbey Road en enero de 1975, pero las ideas aún no estaban claras a pesar de que ya habían tocado buena parte del disco en los conciertos. Habían quedado exhaustos tras el largo período que siguió a Dark Side of The Moon, dejando claro que no estaban preparados para tal impacto. El fallido matrimonio de Nick Mason incidió en su apatía y por tanto en su forma de tocar, algo que tuvo que ir corrigiendo durante las sesiones a pedido de los demás. El proceso comenzó a fluir gracias a las ideas musicales de Gilmour y Wright y al concepto plasmado en los textos por Roger Waters. A pesar de ello, todos citaron años después que al comienzo el proceso de grabación fue difícil e incluso tedioso. Aunque en los conciertos de 1974, “Shine on Your Crazy Diamond” era tocada al completo en sus más de 20 minutos, Waters se empeñó en dividirla en dos grandes bloques para abrir y cerrar el disco, ante la negativa de Gilmour. Su idea obtuvo el apoyo de Wright y Mason. En medio ubicaron los otros tres temas, “Have a Cigar” (con la voz del gran cantautor folk Roy Harper), “Welcome to the Machine” y la emotiva “Wish You Were Here”. El 5 de junio apareció en el estudio la irreconocible figura de Syd Barrett, gordo y calvo, poniéndose a la orden. Aunque al principio nadie lo reconoció, una vez que Gilmour notó quién era la conmoción no se hizo esperar. Syd había aparecido como un fantasma, pero realmente él ya no pertenecía a la misma dimensión. Ese encuentro reafirmó la intención de dedicarle el disco.

Arte y ventas

El cuidado arte del disco estuvo a cargo una vez más de Storm Thorgerson y la casa diseñadora Higpnosis, responsable de muchos discos en los años 70 y muy en especial de los de Pink Floyd. La famosa imagen de dos hombres estrechando sus manos y uno de ellos en llamas se hizo más icónica incluso que la propia portada que mostraba dos manos mecánicas estrechadas. También la metáfora del hombre nadando en un desierto o mar de arena (tomada en el desierto Yuma en California) o la mujer desnuda con velo, o el nadador de cabeza en el lago Mono (también en California), son imágenes simbólicas asociadas con la soledad y la ausencia. El disco fue envuelto en una especie de celofán negro que ocultaba al completo el arte de carátula y despertaba la curiosidad. La discográfica EMI Records se vio desbordada al quedarse muy corta con el tiraje inicial de discos. Antes de editarse ya había sido certificado como Plata y Oro en Gran Bretaña y para la semana de su lanzamiento ya era disco de Oro en Estados Unidos, con ventas de 100.000 discos apenas siendo lanzado. En 2004 el disco había vendido alrededor de 13 millones de copias alrededor del mundo. Wish You Were Here permanece como uno de los momentos más memorables en la historia del rock.

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RAFAEL ZAMORA

H

Fotos: Jesús León

El biólogo que decidió cantar El universo musical ofrece casos que escapan a la norma. Uno de ellos es el de este biólogo venezolano dedicado a la docencia e investigación, que durante toda su vida se nutrió de música pero nunca se atrevió a afrontarla como cantautor. Hasta ahora, a los 59 años, cuando finalmente edita su álbum debut con el nombre de Cuando vestía de kilt (2015)

Juan Carlos Ballesta

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Hace unos años el norteamericano Charles Bardley hizo su debut discográfico a los 62 años, tras una larga relación con la música soul mientras hacía todo tipo de trabajos. Su talento era evidente. Este tipo de casos no es frecuente, pero existen. Uno de ellos lo tenemos en Mérida y se llama Rafael Zamora, biólogo de profesión, melómano desde muy joven y músico de vocación oculta hasta hace poco. Zamora es Licenciado en Biología de la Universidad de los Andes (ULA) y, actualmente, jefe del Departamento de Biología de la Facultad de Ciencias, con Maestría en Biología Molecular y Fermentaciones y PhD en Microbiología en la Universidad de Glasgow, Escocia, precisamente la estancia que lo motivó a componer un primer lote de canciones en medio de la distancia y añoranza. Aunque eso ocurrió entre los años 2001 y 2002, solo fue en 2014 que se atrevió

finalmente a grabarlas y luego editarlas. El disco Cuando vestía de kilt (2015), es un reflejo de ese período escocés. Su caso es, sin duda, revelador de que nunca es tarde para emprender y acometer lo que realmente se desea. Antes de estudiar biología, Rafael había mostrado inquietud también por las letras, con un año de estudios en Letras en la ULA. Rafael nació en Bucaramanga, Colombia, de padre venezolano y madre colombiana. Llegó a Venezuela a los dos años, vivió los primeros meses en Caracas y otros meses en Valera, hasta radicarse en Mérida hasta el día de hoy. Aunque tuvo acercamientos a la música en el coro del Colegio La Salle, la Cantoría de Mérida bajo la dirección del profesor Rubén Rivas, y como integrante del grupo Tinjacá, dirigido por Luis Alberto Moncada, su timidez lo mantuvo alejado por demasiado tiempo. Todos esos obstáculos los ha ido derribando.


¿Cuál y cómo ha sido tu relación con la música y específicamente con el rock?

Recuerdo ensimismarme escuchando las canciones de un disco con cantantes colombianos en los años 70, cuando visitaba la finca de mi tío Ernesto en las cercanías a Bucaramanga, quienes interpretaban algunas canciones de los Beatles y otras no relacionadas al rock. Se me quedó grabada “Michelle”, aunque todavía no escuchaba a los de Liverpool, a quienes realmente conocí tarde, después de beber de Sandro y The Archies primero, y luego Black Sabbath, quienes fueron mis primeros grupos favoritos. Inmediatamente mi compañero en el colegio Luis Alberto Moncada (Lúa), se convierte en mi maestro y gurú musical y me da a conocer a The Doors, Led Zeppelin, Hendrix, Joan Manuel Serrat, Ars Nova, Jethro Tull, King Crimson, Deep Purple, Blood, Sweat & Tears, If, Renaissance, y desde allí no dejé de beber rock, casi volviéndome una enciclopedia ambulante. Pero si he de nombrar una banda favorita, tendría que ser Moody Blues. La vena cancionística de Justin Hayward fue y todavía es, soberbia. Leía las revistas Pelo (argentina) y Pop (mexicana), las cuales nutrían mi conocimiento temprano de una manera muy sostenida. Luego me fui independizando un poco de mi gurú y conocí las bandas italianas Premiata Forneria Marconi, Il Cervello, Il Rovescio della Medaglia y su magnifíco Contaminazzione, y también Banco del Mutuo Soccorso. En esos momentos también conocí a Genesis.

¿Desde cuándo has estado tocando?

Casi como pecado de juventud, pero por lo político, Lúa me dio a conocer a Silvio Rodríguez, Noel Nicola y Pablo Milanés, y como al inicio siempre se hacían acompañar solo de sus guitarras, me señalaron el camino que no pude visualizar con Serrat. Para ese momento, formé parte de la agrupación Tinjacá, basada en el cancionero latinoamericano, sobre todo el ligado a la llamada Nueva Canción Chilena. Me hice de una guitarra y comencé a escribir mis primeras canciones, cuyos textos eran ridículamente poéticos, románticos. Entonces me quedó el drama de cómo abrazar con esas canciones delineadas por la Trova Cubana, el rock que me hacía bullir la sangre. Tuvieron que pasar muchos años para ello. Dos discos de Arco Iris (el grupo de Gustavo Santaolalla), una cinta con el primer disco de Almendra, el primer disco de Sui Generis, y las ediciones colombianas del primer disco de Leon Gieco y de la banda Aquelarre, fueron mi ventana al rock argentino de los años 70. Antes de ello no entendía cómo podrían sonar bien esas canciones en nuestra lengua castellana, pero la respuesta no me la dio Argentina sino el tremendo ingenio y genio de nuestro Frank Quintero y su Fe Perdida de entonces (“Escaleras de tu mente”, por ejemplo). Igual a mi pesar no pude casar a la

Trova con el rock hasta que cumplí 40 años. Problemas vocales y de autoestima cambiante me llevaron a postergar el oficio que más satisfacción me da, el de escribir y cantar esas canciones.

respectivas para dejar el testimonio. Luego de recopilar buena parte de dicho material, retomo esporádicamente la creación de nuevas canciones en esta década.

¿Cuál fue el detonante para decidirte a exponer tus canciones al público?

No me parece muy encasillable. En los inicios, la presencia de la trova cubana era indiscutible. Supongo que el estilo se forja a partir de las cosas que uno escucha, aunque a veces no sea necesariamente lo que más nos gusta. Solo me atengo a decir que es folk rock.

Salto al año 2000, cuando llego a la ciudad de Glasgow en busca de un PhD, y de reafirmarme de una vez por todas con la biología. Allí, solo, deprimido, añorando a mi esposa e hija, me sincero con el oficio de escribir canciones como el evento que más mueve las fibras de mi ser y salgo a buscar y comprar una guitarra, la Seagull canadiense que desde aquel momento me acompaña. Y hago el juramento de reconocimiento, y decido, que a pesar de problemas vocales, alergias, depresión, saudade, biología, y la existencia del chavismo, volver a escribir canciones, tocarlas y cantarlas. Decidido el asunto, escribo en Glasgow unas siete canciones, luego mi tutor renuncia a la Universidad de Glasgow y se muda a la de Durham en el noreste inglés. Muy buenas instalaciones en el campus de Thornaby, pero Stockton-on-Tees está todo lo lejos posible de un alma soñadora y tengo que escribir canciones casi que frenéticamente para sobrellevar el espíritu y la soledad, y también la angustia de no obtener los resultados experimentales que esperaba para la tesis. Una treintena de canciones surgieron de mi estadía en Britania. Vuelta a Venezuela en el 2004, pendiente la reescritura y modificación de la tesis de grado para una segunda y definitiva defensa para optar al título de PhD (a otorgar por la Universidad de Glasgow, que mantiene mi colegiatura). Cerrado este compás angustioso de espera, después de cumplir con éxito el objetivo original de obtención del título académico, decido dedicarme al rescate, lo más completo posible, de mi cancionero de los primeros años, concluyendo con sus

¿Cómo defines tu estilo?

¿Qué artistas y discos favoritos te han influido?

Aunque no los he nombrado, amo la música de los 4 fabulosos, cosas de los primeros discos de Pink Floyd, con Barrett e inmediatamente después. Me gustaron Simon & Garfunkel. Crosby Stills Nash y Young fueron fabulosos. Cuando Queen apareció estaba algo alejado del rock, escuchaba cantautores italianos, siendo Francesco De Gregori mi favorito, pero reconozco que eran extraordinarios. La banda que me mató fue la inglesa If, que en su sección de vientos no usaban trompetas. Dick Morrisey era un genio en el saxo, y Dave Quincey un maestro flautista. Amaba también a JW Hodkinson, su cantante. Me gustaron bastante Tears for Fears, y Living Colour en los 90. Como un aparte quiero mencionar a Mike Porcel, cofundador de la entonces banda cubana de rock sinfónico Síntesis. Mike es uno de los cantautores más extraordinarios que conozco, fiel a su filosofía y a sus creencias. Condenado por ello y por el ostracismo que le impuso el régimen castrista, a que sus canciones solo en estos momentos, sean conocidas por un pequeño grupo de personas además de quienes lo conocieron en su Cuba natal. Mike es el triste ejemplo de un talento grandísimo negado por un gobierno dictatorial. La música forjada a finales de los 60 y principios de los 70 sigue siendo la que más me conmueve, pero también tengo algunos cantautores jóvenes que sigo, como los británicos Ed Harcourt, Jim Moray, Laura Marling y Nick Mulvey, el irlandés Damien Rice, y los estadounidenses Rhett Miller, Ben Kweller, Ian Moore, Mindy Smith y Neal Casal, y el australiano Bernard Fanning. Aunque no soy seguidor me gustó el Dr Dee de Damon Albarn. En su momento admiré sobre todo lo que hizo Ílan Chester, también algunas cosas de Yordano. En un listado de canciones deberían figurar varias de Silvio Rodríguez, Mike Porcel, Pablo Milanés, Noel Nicola, Santiago Feliú, Diego Gutiérrez, Eduardo Gatti, Javier Ruibal, Víctor Jara, Carlos Gardel, Jorge Fandermole, Pedro Guerra, Chico Buarque, Vanessa Da Mata, Jacques Brel y Leonard Cohen.

¿Por qué pasó tanto tiempo para que decidieras grabar tus canciones y exponerlas al público? Por flojo, inseguro, inmaduro y enrollado.

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Crónicas del Jazz

Federico Lechner y Antonio Serano

Martín Bejerano y Pablo Gil

FIESTA EN #BA

F

Federico Lechner desnuda el piano de cola que reposa silente en una especie de isla del lobby del Lidotel. Se sienta y empieza a acariciar el marfil, drenando sutilmente las notas evocadoras del tema de amor de “Cinema Paradiso” de Ennio Morricone. Solo minutos antes, hablando de lo mundano y lo trascendental, le había preguntado si por casualidad tenía previsto interpretar esa pieza en la Noche de Gala. El vigilante se acerca presuroso y altivo donde me encuentro sentado disfrutando, como otros, de la magia que envolvió el espacio. -“¿El señor tiene permiso para tocar el piano?” - “No… pero él es una de las estrellas invitadas del Festival de Jazz…” - “Pero no puede tocar el piano sin permiso…” - “Ah ok… pero si en verdad usted tiene que decirle algo y levantarlo de ahí, por favor, se lo ruego…sea discreto”. El gendarme pareció ser repentinamente arrullado por la melodía y su entendimiento se iluminó. Me miró, apenas sonrió de pena lejana y se dio media vuelta. “Cinema Paradiso” tuvo final feliz. ****** La 10ma Edición tenía que ser especial. Una década ininterrumpida del mejor jazz en la capital musical de Venezuela había que celebrarlo por todo lo alto a pesar de los pesares. La fiesta comenzó con desfile inédito de 16 bandas shows de todo el país,

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con sus uniformes vistosos y estruendo, por las calles de Barquisimeto donde la gente le dio la bienvenida al festival que, nuevamente, brindó conciertos gratuitos con variado menú a lo largo de una semana: Onda Guara, Soto Blues Band, Big Band Mérida, Acarigua Jazz Project, Trío de Guitarras, Pandijazz, Margarita Urbana, Dax Trío, Ale Jazz Trío, Henry Martínez, Juan Ángel Esquivel, Orquesta Afro Venezolana Simón Bolívar. Como nunca antes, el jazz se sintió en las calles. ****** Jowee Omicil antes de irse a descansar, oye a lo lejos un piano que llama su atención. Sube a la azotea del hotel donde Alejandra Moreno teclea llenando de sutileza los espacios del restaurant. Entusiasmado con la rubia, busca su flauta piccolo y arma un improvisado jam. El delgado haitiano-canadiense-francés es un gigante de la cordialidad. ****** Los Benoit Martiny Band, luego de sacudir con su poderoso jazz-rock los cimientos del Gran Salón Doral 4 del Lidotel, querían más. La adrenalina aún bullía y Morfeo ni asomaba cosquillas. Una vieja taberna sudorosa a rock en el centro de la ciudad recibió una nueva descarga de los representantes del Gran Ducado de Luxemburgo. Los “luxenburgueses” se sienten como en casa en estas tierras convulsas y afirman que quieren regresar pronto.

****** Martha Gómez es toda dulzura. La mesa vestida sobre el stage sostiene una rosa solitaria y el incienso apenas se percibe en primera fila. Su propuesta no se puede decir que es jazz, más bien es música latinoamericana contemporánea, más bien world music. La colombiana apuntó al corazón con su letra socialmente comprometida y la sensibilidad afloró. Lágrimas furtivas engalanaron el inicio de la noche. Notas apacibles, sin sobresaltos. Ovación cuando el todoterreno Aquiles Báez la acompaña en dos temas. Nadie imaginaba lo que venía a continuación. ****** Jowee Omicil aparece en escena arropado por una bufanda tricolor y se paró al frente del escenario con un rudimentario saxo de bambú para tocar la primera estrofa del himno nacional de Venezuela. Era más que evidente el plan para meter en su bolsillo a la gente que abarrotaba el Gran Salón del Lidotel. Estrategia exitosa. Jowee machaca decentemente el idioma y logró a través de su grito de batalla: “Barquisimeto! Bash! Barquisimeto! Bash!..” crear un relajado ambiente de gozo y fiesta musical. Su propuesta ante todo fue divertida. Su más reciente trabajo está enmarcado en una especie de etno-jazz con claras raíces haitianas pero quizás al no tener la banda de colaboradores completa, su sonido estuvo más enmarcado hacia el funk y el smooth jazz.


Crónicas del J azz

Fotos: José Rafael Colmenares Anzola Banda Show

Benoit Martiny Band

ASHQUISIMETO En un país en el que casi todas las actividades culturales se centran en la capital, que el Festival Internacional de Jazz de Barquisimeto haya llegado a su décima edición es un grandísimo logro. Pero si además lo hace sin haber sacrificado calidad es mucho más loable. Todo el equipo dirigido por la excelente gerente Zuly Perdomo, es digno de admiración y merecen todo el apoyo posible. La 10ma Edición fue otra gran fiesta del jazz, con invitados nacionales e internacionales, talleres, exposiciones, charlas, becas…

Texto y Fotos: José Rafael Colmenares Anzola @conexionjazz

El fraseo pegajoso y melodías de fácil decodificación de su saxo, llevaron a la audiencia a momentos climáticos interesantes donde hizo gala de depurada técnica, amasada en Berklee College of Music, donde a los 16 años envió un demo y recibió una beca completa a los pocos días. El éxtasis total de este jazzista con alma de rock star se dio cuando bajó del escenario y caminó entre las mesas para sorprender a los asistentes, tocando el instrumento con histrionismo y sentido absoluto del espectáculo. Nunca antes en la historia del Festival se había presentado alguien con mayor sentido de interacción con el público. El propio “showman”. ****** Benoit Martiny Band descosió la apacibilidad con su estruendo marcado por virtuosos (bajo-batería-saxo y guitarra eléctrica) que demolieron el silencio desde el primer tema. El cuarteto proveniente del país con mejor calidad de vida del planeta fue una pesada máquina aceitada de adrenalina. Reminiscencias de Frank Zappa, Soft Machine y King Crimson con desvaríos de free-jazz muy a lo Ornette Coleman, matizaron una vertiente nada frecuente en el festival: jazz-rock. En verdad, los de Luxemburgo mostraron una notable cantidad de influencias en su peculiar propuesta donde se podían adivinar riffs tipo Porcupine Tree o Led Zeppelin fusionados con gemidos del saxo que recordaban a Jan Garbarek. Eclectisismo puro y duro.

Al final de la jornada, aturdidamente extasiado, logré dirigir mi mirada hacia el Gran Salón, curioso por medir la reacción de la gente ante semejante tren descarrilado y sorprendentemente aún permanecía estoico ¾ partes del aforo. Alguien citó a Marty McFly de Volver al Futuro: “Sus hijos amarán esta música” ****** La relativa ausencia de jazz, en su acepción más ortodoxa, del viernes, fue compensada con creces el sábado en el Teatro Juares. Antonio Flinta dibujó en el aire con maestría el más elegante “neo-clasisismocool-jazz”. Concepto estéticamente impecable y arrullador de temas acústicos originales. Su grito ahogado fue de simple y profunda paz. Flinta, chileno-romano, hilvanó prolijamente cada nota, cada tecla, mientras el contrabajista, Roberto Bucci, lo hacía absorto en cada cuerda y el rostro del baterista, Claudio Gioannini, era un poema mientras rozaba la pajilla sobre el tenso plástico del redoblante. El sonido puro, el silencio cortaba el aire. Una experiencia delicada y sutil. Los solos se extendían hipnóticamente mientras que dos asistentes trataban desesperadamente de avisarle al trío desde un lado del stage que solo le restaban 10 minutos. Los de Italia, obsequiaron un delicioso remanso onírico del más puro jazz acústico “billevansiano” En términos romanos imperialistas: vaya bacanal de sutileza.

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C rónicas del J azz

****** El placentero sopor que inundaba el teatro fue sacudido de inmediato con el vigor dinámico, el entendimiento sincronizado, vertiginoso y contemporáneo de Martin Bejerano y Pablo Gil Trío. El cubano-americano, además de ser un pianista técnico y certero, se mostró como compositor de postín, capaz de desarrollar discursos densos y complejos pero con una irresistible frescura armónica. Notables del piano jazz contemporáneo como Chick Corea, Lyle Mays y Brad Melhdau son perceptibles como musa vital en el estilizado y vigoroso estilo de Bejerano. Pablo Gil es un vendaval de notas precisas, exacerbadas o glamorosas según el caso. Siempre discreto, entra y sale en los cortes con suma clase, el venezolano, vaya nuestra disculpa por las algunas veces necias analogías, es nuestro Michael Brecker. Mención aparte para la sección rítmica: Carlos Sanoja y Abelardo Bolaño, que entretejieron con creces y vértigo las armonías y melodías que exudaban Bejerano y Gil. Hacía tiempo que Venezuela y Estados Unidos de Norteámerica no sonaban con tanta armonía. ****** Me gozo la velada por todos los flancos, poniendo a prueba cada sentido. Veo desde los lados de la plaqueta, camino por las catatumbas del viejo coso donde aprecio la peculiar acústica del arte que se teje arriba, tomo fotografías, percibo los sonidos y el espíritu se atiborra de puro hedonismo sónico, apoyo a Willy McKey desde la tarima en un homenaje sorpresa a Zuly Perdomo. La verdad es que me he buscado una manera bien agitada de vivir esta fiesta y ni modo, estoy gozosamente resignado a no explayarme en una butaca para deleitarme, como en teoría debería ser, esta fiesta barquisimetana. ****** Antonio Serrano y Federico Lechner indirectamente han tenido relación con Venezuela. La actual pareja del armonicista es marabina y de hecho los padres de ella, sus suegros, estuvieron presentes en el Juares. Mientras que la hermana del pianista es la recordada Karen Lechner, “Tinita”, de la serie infantil de los 70 “Sopotocientos”. ¿Recuerdan? “Po, po, po, Potamito…” ****** Un piano y una armónica bastan para crear magia. Bueno…un piano y una armónica ejecutada por prodigios. El plato más fuerte y esperado de la cartelera: Federico Lechner y Antonio Serrano entraban al ruedo.

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Antonio Flinta

“Desde que llegamos a Barquisimeto nos sentimos como si estuviésemos de vacaciones, nos han tratado con lujo exquisito, hoy hemos entrado en realidad y vamos a tocar en concierto…” Las manos entrecruzadas sobre las teclas emanaban intrincadas armonías y alguien suscitó: “parecen 2 colibríes volando”. El propio pianista asintió y celebró la metáfora después del concierto: “siempre me han gustado los colibríes, habían muchos en casa de mi abuela y me recuerdan a ella”. La armónica se toca con los labios, el corazón, los pulmones y las vísceras. La relación que se genera es íntima, tanto, que difícilmente, por la postura adoptada, es visible el instrumento. Eso hace aún más misterioso pensar ¿cómo es posible tal catarata de sonidos en un artefacto casi imperceptible? Toots Thielemans es un referente legendario del instrumento pero por lo visto Antonio Serrano ha tomado el relevo y con claros visos de sobrepasarlo. La armónica de Serrano suena a bandoneón. Escuchar para creer. Versiones de Luiz Bonfá, Neal Hefti, Charlie Parker, tangos propios, sirvieron de sobremesa para el clímax que llegó con “Cinema Paradiso”. Una versión impecable de un tema que no estaba en agenda pero los maestros ante mi humilde petición, un día antes, accedieron a ejecutarla. Para rematar la descarada manipulación de emociones, fusionaron la inmortal melodía con el tema de la “Lista de Schindler”. Trago grueso y ojos nublados. El “blues del tren” fue la apoteosis, una demostración inverosímil de cómo exprimir hasta el infinito el registro sonoro de la armónica. El expreso salido de los orificios del instrumento arrollaron a los atónitos presentes que no daban crédito lo que sus

tímpanos recogían. Las notas juguetonas del piano de Lechner se entrelazaron para dar paso al simpático tema “Sesame Street”. La abstracción surrealista de la imagen de la 10ma Edición (pianista de tres manos) se hizo tangible casi al final cuando Serrano dio rienda suelta a su pasión por el piano y se sentó al lado de su “compadre” para tocar no a 3 sino a 4 manos. Dos bis, ovación de pie, felicidad hecha vítores. Habíamos experimentado una de las noches más memorables en la historia del festival. La expectativa generada por el dúo fue superada con creces. Pienso muy subjetivamente que solo Yellowjackets, en 2010, había llenado de tanta majestuosidad jazzística los venerables espacios del recinto de la 25. En definitiva, Antonio Serrano & Federico Lechner y la instauración del dicho: “no sabía que la armónica sonara así”. ******* Todo tiene su final. El cierre con la Orquesta Afrovenezolana Simón Bolívar en la tarima central del Sambil, fue la chispa que incendió de cueros templados “culo e puyas” y madera de la costa los esqueletos de cientos de personas que meneando sus emociones despedían el Festival, con la participación nuevamente del carismático Jowee Omici, que junto con el resto de la banda, dejaron bien claro que por ser descendientes del continente negro no es necesariamente cierto que sacudan con gracia y ritmo sus humanidades; aunque justo es decirlo, todo compensado por entrega y simpatía total. La Venezuela posible donde el espíritu se alimenta y no solo sobrevive, hizo un notable guiño en Barquisimeto. Luego de 10 años, la fiesta apenas comienza.


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Antonio Flinta Trío

El Hatillo Jazz Festival Anfiteatro Centro de Arte El Hatillo, Plaza Bolívar y restaurantes (Septiembre 5 al 12, 2015)

Septiembre 5

El inicio de la 12va edición de este variopinto Festival -la segunda consecutiva después de un silencio de más de 5 añosno pudo ser mejor. Las propuestas de Antonio Flinta Trío (Italia), Martín Bejerano y Pablo Gil (Estados Unidos, Colombia y Venezuela) y el dúo Antonio Serrano y Federico Lechner (España), dejaron a todos los asistentes al anfiteatro, plenamente satisfechos. Venían de presentarse en el hermano Festival Internacional de Jazz de Barquisimeto (ver reseña en esta misma edición), algunos incluso viajando el mismo día. El pianista Antonio Flinta, nacido en Chile y radicado en Italia, de padre italiano y madre española, acompañado del contrabajista Roberto Bucci y el baterista Claudio Gioannini, presentó un repertorio sobrio y elegante, compuesto por piezas propias e interpretaciones, entre ellas del estonio Arvo Part. Destacaron los temas “Be at Once with this World” y el movido “In the Blink of an Eye”. La atracción de la noche fue sin duda el sensacional dúo conformado por Federico Lechner (piano) y Antonio Serrano (armónica), que se paseó por un variado repertorio que incluyó jazz, blues, country, tango y más. Ambos poseen una habilidad

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innata para maravillar con la ejecución de sus instrumentos, pero realmente Serrano dejó a todos atónitos con su forma de tocar la armónica, en algunos casos logrando un sonido muy cercano al bandoneón. Temas del soundtrack del film “Undeground” de Emir Kusturica, compuesto por Goran Bregovic, de “Sesame Street”, de Charlie Parker (Donna Lee), “All Blues” (Miles Davis) y más, sonaron magistrales. La ovación de pie les hizo tocar tres encoré. La noche fue cerrada por Martín Bejerano (piano), Pablo Gil (saxo), Carlos Sanoja (bajo) y Abelardo Bolaño (batería). Si bien el comienzo fue algo tibio, tanto que algunos se retiraron, el performance fue ganando en intensidad y al final recibieron merecidos aplausos. La semana continuó con una serie de clases magistrales dictadas por el baterista Willy Díaz, el guitarrista Pedro Barboza y el bajista Oscar Fanega; una conferencia dictada por Antonio Serrano y Federico Lechner; y tres presentaciones fílmicas: “Bird”, “Jazz on a Summer Day” y “What Happened Miss Simone”.

Septiembre 11

El segundo fin de semana llevó a una concurrida audiencia a encontrarse con Aquiles Báez Trío y Betsayda Machado con su San Miguel. El trío conformado por Adolfo Herrera en la batería, Gustavo Márquez en el bajo y Aquiles Báez en la guitarra acústica, tuvo como invitada especial a Nereida Machado, hermana

Foto: Juan Carlos Ballesta

de Betsayda, para hacer los coros junto a la cantante Ana Isabel Domínguez. El repertorio santoral estuvo conformado en parte por otros temas afamados: “Tonada de Luna llena” como homenaje a Simón Díaz, “Canto de lavandera”, un tributo a Morella Muñoz, y el tema “Baiao du bon fin” en el cual el trío demostró, además de su sensibilidad artística, su altísimo nivel musical con excelentes solos que dejaron perpleja a la nutrida audiencia. La presentación también incluyó a una pareja del cuerpo de baile de los Vasallos de Venezuela que motivó aún más a un público embrujado por el sonido y el movimiento. Esa misma noche del 11/9, tras el concierto del trío, seis locales nocturnos presentaban las propuestas musicales de Desensamblados, Blackoffee Blues Band, Luca Vicenzetti Quartet, DJ Torkins, Gang Jazz, Martes Jazz Sound y Eduardo Dávila, un amplio catálogo de estilos que incluyó también blues y que atrajo a muchos amantes del jazz.

Sábado 12

La jornada del sábado 12 comenzó desde las 2 de la tarde en la Plaza Bolívar de El Hatillo con dos grupos de jóvenes músicos que impresionaron tanto por su edad como por el nivel musical que destilaron esa cálida tarde. El primero de ellos fue Ars Nova: Música Emergente y el segundo bajo el apropiado nombre de Alta Tensión. Este último conformado por el guitarrista Alejandro Merkl; el


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Gerald “Chipi” Chacón

Foto: Leonardo Bigott

baterista Andrés Briceño, Jr; el bajista Jesús Bartolacci; el saxofonista Leonardo Boccardo; y la teclista de 12 años de edad Diana Valero, quienes impresionaron con un repertorio de 9 temas que incluyó clásicos como “Sandu”, “Sea Journey” y “Footprints” de Clifford Brown, Chick Corea y Wayne Shorter, respectivamente. Además de composiciones representativas del jazz fusión de Russell Ferrante, Jeff Lorber y Marcus Miller, temas que permitieron a cada miembro del grupo destacar sus habilidades con particular precisión, especialmente el solo de Andrés Briceño, Jr. quien demostró estar encaminado a alcanzar el nivel musical de su padre en un corto plazo. El grupo se vio aumentado con la participación de la excelente voz de Beatriz Occeas para interpretar dos composiciones de Duke Ellington, “Don’t get Around Much Anymore” y “Do Nothing ‘till You Hear From Me”. Es importante resaltar que si bien el repertorio de esta novel banda estuvo conformado esencialmente por estándares, su nivel musical está muy bien encaminado a compartir en un futuro cercano con los grandes ligas del jazz local e internacional. Ya al inicio del concierto con el tema de David Benoit, “Snap”, uno de mis favoritos, se sentía esa precisión y pulcritud de músicos dedicados y conocedores que sólo necesitan ganar experiencia. Un repertorio propio bien pudiera consolidar a estos jóvenes como una de las fuerzas

Quintillo Ensamble

jazzísticas más promisorias del país e incluso del continente. En esas grandes ligas estuvo precisamente la segunda presentación de la tarde con Pedro Barboza Quartet. El guitarrista estuvo acompañado por tres excelentes instrumentistas que también habían tocado una semana antes con Bejerano: el bajista Carlos Sanoja, el baterista Abelardo Bolaño y el saxofonista Pablo Gil, quienes garantizaron una presentación digna de cualquier afamado festival de jazz del mundo. El estilo de Pedro está caracterizado por composiciones propias extensas y con una amplia libertad expresiva que promueve la improvisación tanto de su guitarra como de quienes le acompañan. Pedro suele prácticamente bailar mientras toca. Su repertorio estuvo conformado por cuatro temas de su autoría que serán parte de su trabajo discográfico próximo a salir y que lleva por título La Gran Brisa. Ciertamente un cuarteto que debe rodar por las principales ciudades del mundo. El canadiense Jowee Omicil fue una de las principales atracciones del festival. Todo un showman y un gran instrumentista que presentó su propio repertorio acompañado de unos músicos que demostraron estar plenamente acoplados con el saxofonista. Sin embargo, más allá de las composiciones propias y la limpia ejecución, su música es directa y con poca malicia aunque

Foto: Leonardo Bigott

plenamente disfrutable. Idónea para los que gustan de ese mote tan incómodo que es “smooth jazz”. La noche del sábado cerró con la presentación de la Orquesta Simón Bolívar Big Band Jazz en el anfiteatro. Dirigida por el gran baterista Andrés Briceño, esta orquesta se ha ido consolidando como una gran escuela formadora de talentosos músicos que ya tienen, en algunos casos, proyectos independientes. En esta ocasión y con toda la fuerza y vitalidad de las grandes orquestas, la SBBBJ interpretó los instrumentales “Ya Gotta Try Harder”, “Love for Sale” y“Nightfall”, compuestos por Sammy Nestico, John Coltrane y Charlie Haden, además de “A Tribute to Miles”. La sección vocal incluyó los clásicos “Angels Eyes” interpretada por Ocmaly Sierra, “All of me” cantada por Génesis Brito y “The Man I love” en la voz de Marianny López. Rompiendo un poco el habitual molde femenino, destacó Samuel Silvera con el clásico de Lorenz Hart y Richard Rodgers “The Lady is a Tramp”. Los solos instrumentales estuvieron a cargo de Javier Pinto en el saxo tenor, Darwin Manzi en la trompeta, Diana Valero y Anthony Utrera en las teclas e Irwin Blanco. Pero ninguna presentación de un Big Band de jazz está completa sin un tête à tête y un solo de batería. El primero con Oscar Zabala y Javier Pinto en los saxos alto y tenor respectivamente, y un impresionante

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solo de Andrés Briceño, Jr. en la batería, quien tras romper su baqueta por la fuerza del toque no perdió el hilo del discurso rítmico. Los locales nocturnos presentaron las propuestas de Glenn Tomassi y los Dixeland Ramblers, Jazz It Up, Javier Alarcón Trío, DJ Mario Romero, Gang Jazz, Laurent Lecuyer y Valentina Becerra, y Eduardo Carlos Dávila. La tarde también dio la oportunidad para conocer el arte impresionista del pintor Puchi Sonatore, quien desarrolló obras pictóricas in situ además de obras participativas. Todas teniendo como motivo a músicos.

Domingo 13 Betsayda Machado

Diego Paredes

Foto: Leonardo BIgott

Foto: Leonardo BIgott

El domingo13, día de la clausura, inició en la Plaza Bolívar con El Ensamble Maestro Jorge Serrano dirigido por Glenn Tomassi, Escuela de Artes Integradas Centro UNESCO. Un repertorio estándar donde jóvenes músicos tuvieron la oportunidad de dar a conocer su desarrollo musical. Luego se presentaron dos ensambles del Taller de Jazz de Caracas quienes interpretaron temas como “Summertime”, “Chameleon”, “Blues para ti” y “Greensleves”. Tras esa presentación lo que vino fue, como se dice en el argot, “pura cabilla”. El primero fue el veterano cuarteto del Taller de Jazz de Caracas TJC conformado por Oscar Fanega al bajo, Manuel Barrios en el saxo tenor, Willy Díaz en la batería y Roberto Martínez en la guitarra. El variado repertorio fue idóneo

para demostrar por qué están entre los mejores instrumentistas del país. Le siguieron los virtuosos neoespartanos de Quintillo Ensamble, quienes en esta ocasión presentaron tres temas nuevos: “Cacao”, “Dengue y Diana y Media”, y “La Bufanda”, con el mismo rigor y virtuosismo de los temas de su CD Suácata. Ya entrada la noche, tomó la tarima Diego Paredes, conocido principalmente como productor, quien presentó parte del repertorio de su primer CD Después de ayer (recientemente lanzado) que se vio aumentado con tres temas de Juan Ángel Esquivel, guitarrista de la banda. El baterista Adolfo Herrera y la trompeta de Eric Chacón redondearon el cuarteto. Pocas veces se ven grupos tan cohesionados y coherentes pero además llenos de tanta energía como éste. La versatilidad instrumental de este cuarteto y su espontaneidad es fuera de serie El Festival culminó con la presentación de Los Chacón. Gerardo, Eric y Gerald “Chipi”, acompañados por Alberto Lazo en las teclas y Antonio Da Vincenzo en la batería. Estos dos músicos también forman parte de esa pléyade de veteranos músicos. Un cierre con broche de oro. Leonardo Bigott/Juan Carlos Ballesta

Federico Lechner y Antonio Serrano

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Foto: Juan Carlos Ballesta


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La Séptima Bohemia Aula Magna, Universidad Central de Venezuela (Julio 4, 2005) Foto: Leonardo BIgott

La Séptima Bohemia celebró por todo lo alto el bautizo de su segunda producción discográfica, Ella me lleva. La ocasión tuvo como anfitrión al conocido locutor y animador Ramón Castro, quien fuera alumno del Centro Educativo de la Asociación de Profesores de la Universidad Central de Venezuela (CEAPUCV), a beneficio del cual se ofreció este excelente concierto. La velada inició con el tema que abre el nuevo CD, “Las mujeres son”, jocosa composición dedicada a la celopatía de las venezolanas, interpretada por Toñito Laya y que incluyó un solo de tres de Luis González, director de este súper octeto que puso a mover a la nutrida sala a golpe de son, bolero, guaracha y varios temas que, inteligentemente y con buen gusto, mezclaron mambos, cumbia, salsa y otros géneros. La noche siguió con el clásico “Bilongo” y el “Chan Chan/ Tic tac”, temas impregnados de mambo y reggae donde la trompeta de Félix Gil y las voces de Onechot (ex alumno de CEAPUCV) y Leo Moreno (ex integrante del Gran Tombo y Wannamaker) junto a la guitarra eléctrica de James Calderón y una pareja de bailarines, le dieron un aire aún más alegre al poner en tarima a estos invitados de honor. La hermosa “Caminaré”, con un solo de bajo de Luis Freitas: “El compositor” y “Convergencia”, con las voces de Marcial Istúriz y Santiago Tovar (fundador del Sonero Clásico del Caribe), continuaron

la efusiva noche que en su intermedio presentó un video sobre CEAPUCV ante una Aula Magna llena de color y alegría con un público tan variado como la música de La Séptima Bohemia. Otro de los momentos estelares de la noche puso en tarima a “La Polaca”, bailaora flamenca que estuvo acompañada por la guitarra de Leonte Ortega y el cajón de Eiter“Kiko” González para interpretar “Se acabó”, tema evocador de despecho cantado por Miguel Ángel Guánchez. Siguiendo a esta presentación vino “Él ya no estaba”, un guaguancó de latín mambo que trajo al escenario a dos parejas de bailarines y las voces de Toñito Laya y Marcial Istúriz, este último como otro de los invitados especiales de la noche. Una interesante versión de la clásica “Tonada de luna llena”, de Simón Díaz, nos dio un solo de tumbadoras en las manos de Eiter para luego dar paso a la ceremonia que, con pétalos de girasol, oficializó el lanzamiento de Ella me lleva. Dos momentos muy significativos y colmados de candor fueron la interpretación del tema título con la participación del trombonista Fabricio Castro quien, con apenas 12 años, hizo gala de su talento con un solo que provocó aún más euforia a la alegre audiencia. Fue también idóneo el tema para presentar al grupo infantil de baile Explosión de Ritmos y a una pareja de baile en línea quienes

añadieron un colorido especial al evento. Destaca en Fabricio y el grupo de baile el hecho de ser estudiantes del CEAPUCV. Finalmente, la voz de Miguel Ángel Guánchez interpretó el tema “Te quiero poquito”, compuesto por Luis González quien, desgranando un solo junto a una pareja de baile de bachata y de latín mambo, ponía la guinda de este show que durante dos horas presentó una música original, compuesta con buen gusto y presentada con toda la estatura profesional de una banda que en poco tiempo ha calado en el público venezolano afecto a los ritmos caribeños, especialmente los cubanos. Desde sus inicios en 2009, bajo la dirección del tresista Luis González Aponte, La Séptima Bohemia ha dado importantes aportes a la música latina y caribeña con su interesante fusión de ritmos. Tanto su primer álbum Son sin fronteras y ahora Ella me lleva, son excelentes ejemplares que han revivido, o mejor dicho, acentuado la afición por el son, el bolero y la guaracha bajo el estilo muy especial de este octeto que demuestra con este concierto su sensibilidad por lo social, evidenciado esa noche en cada una de las canciones volcadas a la causa educativa del CEAPUCV. Y como dicen por ahí, ¡Saravá! (¡Buena suerte!). Leonardo Bigott

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Recordatorio Centro Cultural BOD, Caracas (Septiembre 18, 2015)

Hay conciertos que conmueven y dejan una sensación de confort y absoluto agrado. La música de Armando Áñez (ex Americania), ahora grabando con el pseudónimo de Recordatorio, es emotiva y llena de pequeños detalles. La propuesta conecta con la idea de que no todo en Venezuela está perdido y que hay un grupo de jóvenes decididos a explorar un universo de sensibilidades que generalmente está tapado por la selva de problemas y la música perecedera que muchos consumen sin criterio. No son solo las composiciones, ya de por sí suficientemente valiosas, sino la forma en que han sido delicadamente trabajadas por Áñez y su banda, conformada para este concierto/bautizo del disco debut Lógica Resbalosa por Héctor Tosta (guitarra eléctrica, coros), Heberto Áñez (teclados, coros), Luis Otamendi (bajo), Pablo Mora (batería) y Álvaro Casas (percusión, coros). Desde el mismo comienzo con el estupendo tema “Memoria” intuimos que disfrutaríamos de un concierto inolvidable. Y así fue. El incierto comienzo de “AC5” fue apenas un accidente que no se repitió. “La importancia de

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dormir” antecedió a la excelente versión del tema de Simón Díaz, “Como pequeña gota de rocío”, primer tema lanzado por Recordatorio y que no está incluido en el disco. “Detrás” es un de las mejores canciones del álbum y en vivo suena aún mejor, algo que pasó a lo largo del show. Armando dejó colar un sensible estreno que tocó solo en el teclado, canción sobre un amor roto por la circunstancia cada vez más común en Venezuela en la que una de las partes (ella) se va del país. De seguidas, y para no romper la tónica sobre el desamor y el despecho, Laura Guevara salió para cantar junto a Armando el tema “El norte despejado” (que en el disco canta la marabina Linda Sjoqüist). La banda en pleno regresó para tocar “Puerto” -quizá el tema que despertó menos entusiasmo- , la soberbia “Hormiga” y la sensible “Mala idea”. El tema que da título al álbum sonó poderoso y con él se despidieron. Sin embargo, todavía faltaba “Joaquín”, exquisita pieza especialmente arreglada para dejarnos a todos con ganas de más.


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Los Hermanos Naturales Paraninfo Luisa Rodríguez de Mendoza, Universidad Metropolitana (Septiembre 26, 2015)

Foto: Rodolfo Churión

Foto: Emilio Méndez

Fue un concierto redondo. Cada instrumento sonó en su justo lugar. Tosta deja demostrado que es uno de los guitarristas de rock más solventes e imaginativos, y ahora también incursiona con acierto en los coros. El zuliano Heberto Áñez, que ya conocíamos por sus proyectos Tlx y Presidente, creó extraordinarias texturas con los teclados, al tiempo que contribuyó con muy buenos coros. La base rítmica de Mora y Otamendi estuvo fenomenal, con una batería de Parra Drums de sonido prístino y envolvente. El protagonista se intercambiaba entre guitarra y teclado, mientras cantaba con su voz melancólica y expresiva los 12 temas que conformaron el show con las dos salas casi llenas. 20 puntos.

Juan Carlos Ballesta

Un nuevo espacio cultural se abre para Caracas, un recinto que reúne todas las condiciones acústicas, estéticas y de comodidad para convertirse en un epicentro para las artes escénicas, la música y otras actividades culturales. El sitio no tardará en ser apetecido por artistas y público, ya que además ofrece buenas condiciones de seguridad en un agradable ambiente universitario. La apertura para público en general no pudo ser más acertada con Los Hermanos Naturales, un trío conformado por Daniel Pacheco (guitarra, voz), Armando Lovera (percusión, voz) y el polifacético Andrés Barrios (clarinete, percusión menor y voz). En su décimo aniversario, el grupo luce renovado y lleno de ideas, siempre dentro de ese abanico de canciones que se pasean por todo el espectro sonoro latinoamericano y su acertado y fino manejo del humor. El inicio del show estuvo compuesto por una especie de potpurrí con los temas “Señora”, “Madre”, “Las brujitas”, “Bésame mucho” y “Bulevar”, que comenzaron a poner a tono a la audiencia. Luego siguieron “Abuelo”, “Tico Tico” y uno de los temas de su nuevo repertorio “La fuerza de voluntad”, que dedicaron a todos los que hacen dietas. “Conejito” también es otro tema reciente. Tres de sus más emblemáticas canciones, el bolero “No me interesa” (antes del cual Barrios bromeó con que el grupo tiene tres boleros de diferente longitud), “Cocotero” (homenaje a Toña La Negra) y “Machurucuto”. Para entonces ya todo el público -y los músicos- se había relajado y estaba en plena sintonía, riendo las ocurrencia de Andrés, quien de vez en cuando recitaba sus poemas de corte romántico-escatológico incluidos en su libro “Sonetos y aquellos”. Un estreno absoluto fue el tema “Buñuelo”, con un texto de doble sentido, tras el cual siguieron “Inconsolable”, “Incertidumbre” y “Marcapasos”. Es notable la afinación vocal de los tres integrantes. Barrios es el que canta más canciones en plan solista, pero Pacheco asume también ese rol en excelente forma, mientras Lovera apoya con mucho tino a ambos. Instrumentalmente, los tres balancean muy bien el peso de cada instrumento, siempre partiendo desde la austeridad. “Israel”, otro tema nuevo, se basa en el viaje frustrado de Daniel a ese país el pasado año. “Elba” la dedican a la conocida actriz venezolana Elba Escobar, aunque la letra se refiere a El-bachacón. El corto y particular tributo a Walt Disney antecedió a “Hija”, tema en el que se luce Lovera en las cucharas (fabricadas por el lutier Luis Felipe Santos, músico del trío Décimo Nónico, donde también toca Barrios). “Misión Barlovento” (un cruce entre “Barlovento” y “Misión imposible”) presagiaba el final, que ocurrió con “La Horrible Mansión”, un tema siempre adecuado para el cierre. Sin embargo, la gente pidió más y regalaron “La heridita”, con su letra pícara. Ideal para dejar a todos contentos. Cumbia, swing, bolero, polka, guaracha, bossanova, son… la música de Los Hermanos Naturales es un fresco paseo por la Latinoamérica de ayer y de siempre. Juan Carlos Ballesta

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AHÍ ESTUVIMOS

Gerry Weil Teatro Nacional, Caracas (Octubre 2, 2015)

Foto: Carlos Jaimes (Cortesía Alcaldía de Caracas)

El maestro Gerry Weil siempre es una garantía en vivo. Su disfrute es contagioso. Y si lo hace acompañado de otra leyenda, el percusionista Carlos “Nené” Quintero, el resultado se potencia. El concierto estaba pautado para realizarse la semana previa en formato sexteto, pero fue suspendido porque los equipos de audio del teatro fueron destinados a otro evento externo. Al reprogramarse, cuatro de los músicos no pudieron estar presentes y se transformó en un dueto fantástico. A pesar de la lluvia que cayó sobre Caracas ese viernes, el teatro tuvo una magnífica concurrencia. Y valió la pena el esfuerzo de asistir ya que Gerry y Nené ofrecieron un concierto de altos quilates, sumamente inspirado. Lo interesante de este show fue la mezcla de temas clásicos del repertorio de Gerry, versiones magníficas y otras de su nueva faceta en la que ha decidido cantar. La delicada“My Song, del legendario pianista Keith Jarrett, una de las influencias centrales de Gerry, abrió la noche. De inmediato presentó a su invitado especial, Nené Quintero, quien salió de camerinos directo a tocar un corto solo de tambor batá que precedió

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al estreno de la pieza “Caracas a las 11”, compuesta en tempo 11 según explicó el propio Weil. Entonces, Gerry anunció la primera de las canciones cantadas, la emblemática “God Bless the Child” que la cantante Billie Holiday publicó en 1941. Para la gran mayoría resultó una sorpresa agradable ver a Gerry cantando, con una voz ronca que recuerda a Louis Armstrong. Con la simpatía que caracteriza a Weil, anunció una suite de cuatro temas concatenados: “Musach”i (homenaje a la cultura japonesa); “Danza de las tortugas” (parte de la música compuesta para el documental “Azul profundo”); “Brisas del Ávila” (en la que Nené hace un solo utilizando taparas sumergidas en agua y un tubo flexible de PVC con el que simula el ruido del viento atravesando los árboles); y Kingio (peces dorados). La belleza de estos temas y del performance se vio un poco opacada por una tecla del piano que repentinamente se dañó y comenzó a emitir un sonido molesto y desafinado. Gerry se sobrepuso rápidamente, sin perder concentración, pero ese problema seguiría hasta el final.

Otro aspecto molesto fue el de la grúa utilizada para filmar el show, que con mucha frecuencia estorbaba la visión de la audiencia ubicada del lado izquierdo. Uno de los grandes momentos fue la interpretación de la conocida canción de Lennon, “Imagine”, que Gerry arregló de una manera brillante. Tras ella tocaron “El encuentro”, que fue introducida con unas sabias palabras acerca del poder de la música para limar diferencias y servir de punto de encuentro. El tercer y último tema cantado fue “Hallelujah I Love Her So” de Ray Charles, a la que Gerry cambió un poco la letra para adaptarla a su propia realidad conyugal. Asistir a un concierto de Weil es siempre una manera de reencontrarse con los valores más elevados del ser humano. Este austríaco de 76 años, con 57 años en Venezuela, tiene un espíritu de trabajo envidiable. Al final, la Alcaldía de Caracas le otorgó una placa de reconocimiento por sus aportes a la cultura. Y con su reconocible “Caballito frenao”, todos quedamos contentos. Juan Carlos Ballesta


AHÍ ESTUVIMOS

La Vida Bohème Anfiteatro Centro de Arte El Hatillo, Caracas (Octubre 11, 2015)

Un año después de su última visita a Venezuela, regresó La Vida Bohème para ofrecer cuatro conciertos, los dos primeros en Caracas, uno en Puerto La Cruz y el siguiente en Mérida. Como cabía esperar, ambas fechas caraqueñas agotaron las localidades, a pesar de coincidir con un puente feriado. A diferencia de los conciertos que siguieron al lanzamiento de su segundo disco Será (2013) -ganador del Grammy Latino como Mejor Álbum- en los que se acompañaron de músicos invitados, esta vez Henry D’Arthenay (voz, guitarra, sinte), Rafael Pérez Medina (bajo, sinte), Sebastián Ayala (batería, secuencias, coros) y Daniel De Sousa (guitarra, percusión, coros) decidieron volver a su origen como cuarteto, lo cual es sin duda una decisión inteligente tomando en cuenta lo costoso y complicado que en una gira puede ser ese detalle. El segundo show en Caracas comenzó -tras un retraso de media hora- con “Radio Capital”, uno de sus primeros y más conocidos temas, que obviamente puso a la audiencia a cantar desde el minuto cero. El escenario, con una pantalla vertical de leds en el centro que no aportó demasiado, se mantuvo extrañamente en total oscuridad hasta la segunda canción, “Calle Barcelona”, otra que fue coreada por los

presentes. El sonido, al menos desde el lado superior derecho, no se apreciaba definido, y no lo estuvo durante todo el show. La voz de D’Arthenay estuvo casi siempre opacada por la instrumentación. La batería de Ayala tampoco corrió con suerte. La iluminación estuvo deficiente. No obstante estos aspectos, el show estuvo a la altura. Para una banda que se mantuvo tocando las canciones de su primer disco, Nuestra (2010) durante varios años, es lógico que esas canciones sean las que la gente es capaz de cantar de principio a fin a todo gañote. Eso pasó con “Flamingo”, “El Zar”, “El sentimiento ha muerto”, “Danz” y “Nicaragua”, temas que marcaron a una generación que ha crecido en medio de la crisis o abandonado el país. Los temas del segundo álbum (un salto cuántico respecto al debut) también despertaron interés, pero no todos poseen el mismo atractivo para aquellos que descubrieron a la banda a finales de la década pasada y crecieron con ella llenándose de pinturas en plazas públicas, bares o instituciones educativas. Quizá el grupo maduró mucho más que parte de su audiencia y por ello Será genera opiniones encontradas. Las fantásticas “Angelitos negros” y “Hornos de Cal” fueron las primeras que tocaron de ese disco. Después de esta, Henry se dirigió a la audiencia por primera vez, pero no todos entendieron lo que dijo y que se resume en “disculpen por no hablar mucho, queremos que disfruten”.

“Viernes negro”, “La Bestia” y “La piel del mal” reflejan esa atmósfera opresiva del segundo disco, preámbulo a su decisión de mudarse a México, país desde donde ahora llegan a una audiencia mucho mayor y pueden viajar a otros países sin las dificultades de la Venezuela actual. Mención aparte merecen los cuatro temas estrenados, que serán incluidos en el venidero tercer disco, el cual, según explicaron en la rueda de prensa, posee varios temas compuestos hace unos años. “Lejos”, sin bajo, dos sintes y uno de sus típicos coros onomatopéyicos en los que utilizan “oh oh oh oh”, posee un ritmo saltarín que podría recordar a cualquiera del primer disco. Lo mismo ocurre con “Ni mar, ni nada”. En cambio “Pupitres en fuego” tiene un carácter más épico, mientras “Domingo” es un tema sosegado en el que Henry toca cuatro y Sebastián hace un tímido ritmo con ecos de gaita de tambora o tambor de Patanemo, fruto de la relación con la MAU. En vivo sonó inacabado. Con ella se despidieron. Regresaron muy rápido ante la euforia colectiva para interpretar la melancólica “Aún”, con la audiencia cantando a todo pulmón. El cierre correspondió a la estupenda “La vida mejor”, con su guitarra a lo Vampire Weekend, que tocaron en una versión extendida. La próxima gira, sin duda, debe ser para presentar su nuevo disco. Juan Carlos Ballesta

Foto: María Fernanda Burbano (Cortesía de Cusica)

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C4 Trío

Yusa (Cuba)

fimven Feria Internacional de Música de Venezuela (1ra. edición) Del 7 al 11 de Octubre, 2015

Lugar: Complejo Cultural Teresa Carreño, Unearte, Plaza Los Museos Actividades: Conciertos, charlas, talleres, rondas Información detallada: www.fimven.com.ve Tobería’s

Jorge Glem y José Alejandro Delgado

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Fotos: Iván Padilla

Fiesta del joropo


Bailatino, Fiesta del joropo

Desorden Público

A banda mais bonita da cidade (Brasil)

Público Sala Rios Reyna con Desorden Público

Rucaneo del Mabil con Ismael Querales.

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FESTIVAL

DE LA ISLA

DE WIGHT

1970

El fin de una era Hace justo 45 años, en los albores de una nueva y desafiante década, se realizó el más grande y ambicioso de todos los festivales al aire libre de una tradición que se había inaugurado tres años antes con el Monterey Pop Festival y que había alcanzado su cenit con el festival de Woodstock en 1969. Los tiempos cambiaban y los sueños se modificaban. La utopía hippie se desvanecía y la contracultura protagonizada por el rock comenzaba un lógico reacomodo.

Juan Carlos Ballesta

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U

Un año después de la realización del más famoso e icónico festival al aire libre de todos los tiempos -Woodstock Music & Art Fair- se llevó a cabo entre el 26 y el 31 de agosto de 1970 un festival aún más grande y ambicioso –Isle of Wight Festival- con el que, quizá sin saberlo, se daba fin a una etapa de sueños y utopías que apuntaban a cambiar el mundo a través de la música. Acaban de cumplirse 45 años de aquella histórica jornada. La tercera edición del Festival de la Isla de Wight fue de grandes proporciones. Las dos ediciones previas habían probado que la idea podía desarrollarse, a pesar de la resistencia de los pobladores de la isla ubicada al sur de Inglaterra, usada además por gente adinerada como su lugar de vacaciones y de retiro. La convocatoria previa había animado a Bob Dylan a salir de su voluntario retiro de los escenarios, por lo que una nueva edición prometía grandes sorpresas.

Afiche principal

Una pesadilla legendaria

El verano de 1970 se convirtió en una pesadilla para los organizadores (los hermanos Ronnie, Ray and Bill Foulk), el director técnico Ron Smith e incluso para el maestro de ceremonia Rikki Farr, quien tuvo que fajarse para hacer llegar a todos el “Message to Love”, leit motiv del festival, en especial a aquellos que se dedicaron a derribar la cerca perimetral para pasar gratis al tiempo que gritaban consignas anti capitalistas, protestando por el cobro de entrada. Hubo que lidiar también con algunos espontáneos que se subían a la tarima para lanzar discursos políticos o filosóficos, tal como ocurrió durante el performance de la cantautora Joni Mitchell, que la obligó a dar unas emotivas palabras solicitando respeto para los artistas y organizadores. El Festival terminó convirtiéndose, como pasó con Woodstock, en un evento gratuito que sobrepasó


las expectativas y previsiones de sus productores, con una asistencia estimada entre 600 y 700 mil personas, la mayoría viajando en ferry, incluso con vehículos. A los problemas logísticos y también políticos se unieron los técnicos, ya que la mudanza a Alton Down, al oeste de la isla -un lugar más amplio que el de años previos- resultó en complicaciones con el sonido debido al fuerte viento. Tuvo que reforzarse con los equipos de Pink Floyd (que no tocó). Aunque muchos habían pagado por sus boletos de forma anticipada, todo se desbordó y a los organizadores no les quedó más remedio que asumir las pérdidas. Tuvieron que pasar 32 años para que volviera a realizarse de nuevo el Festival de la Isla de Wight, ya en otras condiciones más favorables. Su importancia, no obstante, fue determinante para el nacimiento de otros festivales como Windsor, Stonehenge y el legendario Glastonbury, ya que sus futuros gestores se encontraban entre los asistentes.

Público euforico.Al fondo la tarima. Cortesía de Skierka

Un cartel para la historia

Artísticamente, sin embargo, el festival de 1970 fue una fantástica muestra de lo que ocurría en el momento, principalmente en materia de rock y música folk, tal como quedó registrado en el fantástico documento fílmico dirigido por Murray Lerner que solo pudo ser publicado 27 años después. El cartel estuvo repartido en cinco días, comenzando el miércoles 26 de agosto con varios cantantes folk entre los que destacaba Kris Kristofferson, quien cantó su tema “Me and Bobby McGee”, popularizado póstumamente por Janis Joplin. El jueves creció en interés con la participación, entre otros, de Supertramp (que un mes antes había lanzado su álbum debut), el grupo inglés de blues rock The Groundhogs, la banda canadiense Lighthouse, el cantautor Terry Reid junto a David Lindley, el grupo de progrock Gracious y la participación especial de los brasileños Gilberto Gil y Caetano Veloso, quienes deleitaron a la audiencia con su particular Tropicalia. El tercer día contó con el trío de blues Taste, liderado por el mítico guitarrista Rory Gallagher; Tony Joe White con el gran baterista Cozy Powell; la súper banda Chicago, una de las grandes atracciones; el grupo de country rock Cactus y las fantásticas bandas británicas Family y Procol Harum. Estaba programada la participación de Mungo Jerry, para ese momento en el tope de popularidad con el tema “In the Summertime”, pero a última hora decidió no tocar.

Afiche alternativo

Hippie en la estación Waterloo, Londres, camino al festival.

Público en el festival.

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El sábado contó con un cartel extraordinario en el que destacaron The Who (la banda emblemática de todos los festivales), The Doors (cuyo show estuvo visiblemente afectado por el viento y otros problemas técnicos), la sorpresa de Woodstock Ten Years After, el super trío Emerson Lake & Palmer (en lo que fue su segundo concierto, armado del sintetizador Modular Moog), los cantautores John Sebastian (Lovin´Spoonful), Shawn Phillips, Joni Mitchell, Tiny Tim y Melanie, el soberbio grupo de soul-funk Sly & The Family Stone volvió a representar esa rama de la música. Ese día contó con la presentación del trompetista Miles Davis, con su influyente propuesta de fusión. El día de cierre contó con grupazos como Free, Jethro Tull, Heaven (la respuesta

británica a Chicago y Blood Sweat & Tears), el art rock de The Moody Blues y el fantástico folk de Pentangle. Varios cantantes folk de gran relevancia se lucieron, entre ellos Joan Báez, Donovan, el poeta canadiense Leonard Cohen y Richie Havens, quien abrió Woodstock y cerró este festival. Mención aparte merece la participación de Jimi Hendrix, en lo que sería una de sus últimas y más grandes apariciones antes de morir en Londres tres semanas después, el 18 de septiembre. El Festival de la Isla de Wight de 1970 permanece como el último vestigio de la era de los grandes festivales de la era hippie y la contracultura de los años 60, y uno de los grandes momentos en la historia del rock.

Jimi Hendrix John Sebastian

Joni Mitchell

Pareja con body painting

Leonard Cohen

Pete Townsend con The Who

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Ladosis 38  

Año 7. Edición 38 CONTENIDO: LOS MESONEROS, Panzer, Benjamin Clementine, Dúo Sans-Palacios, Dischord, Tan Frío el Verano, Bolívar Caribano...

Ladosis 38  

Año 7. Edición 38 CONTENIDO: LOS MESONEROS, Panzer, Benjamin Clementine, Dúo Sans-Palacios, Dischord, Tan Frío el Verano, Bolívar Caribano...

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