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Eloísa Domínguez - Página

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Pese a repunte inflacionario baja población en pobreza laboral: Coneval

El alza en la ocupación se concentra en empleos cuyo rango salarial es menor a un minisalario

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Redacción

Ciudad de México

El Consejo Nacional de Evaluación de la política de Desarrollo Social (Coneval) presentó el informe referente a la pobreza laboral del segundo trimestre del 2022 en donde destaca que el porcentaje de la población con ingreso laboral inferior al valor monetario de la canasta alimentaria (pobreza laboral) a nivel nacional disminuyó, al pasar de 38.8 por ciento en el primer trimestre de 2022 a 38.3 por ciento en el segundo trimestre del año.

El estudio señala que esta disminución marginal se obtuvo a pesar de que la inflación general anual promedio de abril a junio de este año se ubicó en 7.8 por ciento, siendo superior en 0.5 puntos porcentuales a la presentada en los primeros tres meses del año (7.3 por ciento) y en 1.8 puntos porcentuales respecto al segundo trimestre de

Porcentaje de la población con ingreso laboral inferior al costo de la canasta alimentaria

(primer trimestre 2016 - segundo trimestre 2022)

2021 (6.0 por ciento).

“La disminución anual del segundo trimestre se debe principalmente a un mayor número de personas ocupadas que abona al aumento del ingreso disponible en los hogares. Sin embargo, este aumento en la ocupación se concentra en empleos cuyo rango salarial se encuentra en menos de un salario mínimo”, se lee en el documento

Entre el primero y segundo trimestre de este año, se presentó un aumento del ingreso laboral real per cápita de 1.1 por ciento respecto al trimestre anterior. Este aumento se observó en todos los datos de ingreso y se dio principalmente en el primer sondeo (el 20.0 por ciento de la población de menores ingresos) cuyo ingreso laboral real per cápita promedio tuvo un incremento de 3.8 por ciento, tasa inferior al 6.9 por ciento reportado en los primeros tres meses de 2022.

Zacatecas, Ciudad de México y Quintana Roo son los estados que destacan por tener una disminución de pobreza laboral. En contraste, Campeche registró un alza de 3.0 unidades; Baja California, 1.7 y Guerrero 1.5 

Denuncia diputada robo de ventiladores y cubrebocas KN95 del Insabi

María Elena Pérez-Jaén Zermeño, diputada federal por el PAN, acudió a la Fiscalía General de la República (FGR) a denunciar el presunto robo de 650 ventiladores -con un a valor de 920.4 millones de pesos –y de un millón 50 mil mascarillas KN95 —con un costo de 40.5 millones de pesos—, equipo que se adquirió en 2020 y del cual se desconoce su destino.

La legisladora señaló que esta información se deriva del análisis y entrega de resultados de la Cuenta Pública 2020 por parte de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) a la Comisión de Vigilancia y Anticorrupción de la ASF de la Cámara de Diputados.

Previo a presentar su denuncia, Pérez-Jaén Zermeño informó en conferencia de prensa que el pasado 10 de marzo se hizo un exhorto a la FGR para iniciar las investigaciones correspondientes sobre la ubicación del equipo médico que no se dispuso para el sector salud cuando se hicieron pagos los adelantado para su adquisición.

“Es importante mencionar que, a la fecha de la realización de la auditoría, es decir, desde diciembre de 2021, la Auditoría Superior de la Federación no contó con evidencia de la recepción de este millón 50 mil mascarillas KN95”, indicó la legisladora federal.

Enfatizó que a la fecha ni el ISSSTE ni el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) han proporcionado a la Auditoría Superior de la Federación la documentación necesaria para verificar recuperaciones de recursos ni la recepción de insumos, además de que carecen de información disponible sobre los contratos de adquisición.

María Elena Pérez-Jaén Zermeño expuso que el sector salud compró en total mil ventiladores, por un monto de mil 416 millones de pesos a la empresa extranjera Viva Enterprise Limited, y 650 de esos ventiladores, que no aparecen, tienen un valor de 920.4 millones de pesos.

En tanto, a China Meheco Co, LTD se le pagó por la distribución de un millón 50 mil mascarillas o cubrebocas KN95, de lo que está acreditada su entrega al Insabi.

Ante esta situación, pidió que el Ministerio Público realice las investigaciones y solicite la separación del cargo de Juan Antonio Ferrer, director general del Insabi, para esclarecer el destinos de los insumos.

La diputada panista hizo un llamado a la fiscal general Anticorrupción, María de la Luz Mijangos Borja, que la considera como víctima para poder coadyuvar en estas denuncias.

Pérez-Jaén Zermeño indicó que ya ha presentado una iniciativa ante la Cámara de Diputados para que los denunciantes de un hecho, que pueda ser constitutivo de un delito, sean considerados “víctimas” y puedan acceder a las carpetas de investigación.

“Presentamos la iniciativa en la Cámara de Diputados, para que a los denunciantes se nos considere como víctimas en estos procesos y tengamos la facultad de revisar el expediente”. (Eloísa Domínguez) 

Zoe Robledo anuncia salud para todos en San Luis Potosí.

Acuerdo para implantar IMSS-Bienestar en SLP

El gobierno federal, a través del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), firmó con el gobierno de San Luis Potosí el Acuerdo Marco para la Ampliación del Programa IMSS-BIENESTAR en la entidad, con el objetivo de brindar servicios de salud gratuitos a la población sin seguridad social y contar con personal médico suficiente, medicamentos, equipamiento e infraestructura adecuada.

El gobernador José Ricardo Gallardo Cardona y el director general del Seguro Social, Zoé Robledo, suscribieron dicho acuerdo para transformar el sistema de salud estatal en el Centro de Convenciones de la entidad, con lo cual San Luis Potosí se convirtió en el octavo estado donde se firman convenios marcos.

Zoé Robledo subrayó el compromiso del gobierno estatal para mejorar el sistema de salud y su voluntad para trabajar de manera coordinada con las autoridades federales, a fin de lograr que el Plan de Salud IMSS-Bienestar “ocurra más rápido” y “que la burocracia no pueda más que la voluntad de transformar las cosas” 

Las insólitas momias de la Unidad Tlatelolco

Desde que en 1861 se encontraron, entre las ruinas del convento de Santo Domingo, los cuerpos momifi cados de Fray Servando Teresa de Mier y otros once frailes dominicos, la ciudad de México no había vuelto a alborotarse por un fenómeno de esta clase. Pero los hallazgos en el modernísimo conjunto habitacional revelaron una historia criminal y una existencia desdichada.

Historias Sangrientas

Bertha Hernández

historiaenvivomx@gmail.com

A los capitalinos no los impresionaban las momias, cuando aparecían por aquí o por allá, generalmente rodeadas de leyendas fantásticas. Formaban parte de la memoria remota de la capital, y el eco relativamente lejano de las famosas Momias de Guanajuato, que, en el frío enero de 1975 habían ganado una cierta notoriedad gracias al cine y a la televisión, Ni por asomo se le ocurría a ningún habitante de la ciudad de México que, repentinamente, en la vida de todos los días, se supiera de una momia mexicana.

Pero en ese invierno aparecieron dos momias, dos, nada menos que en la moderna y famosa “Ciudad Tlatelolco”, que era el nombre publicitario y coloquial con el que todos los habitantes de la ciudad de México conocían a la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco, uno de esos conjuntos enormes, donde vivían cientos de familias y que empezaban a cambiar la fisonomía de la capital.

Ciudad Tlatelolco era muy joven; se había inaugurado en 1964 y ya tenía mucha historia: a nadie se le olvidaba la cruenta represión a los estudiantes que se manifestaban en la Plaza de las Tres Culturas, el 2 de octubre de 1968. Con el tiempo, y quizá para disipar un poco ese oscuro recuerdo, se había filmado, precisamente en el edificio Chihuahua, una película, una comedia romántica, “Los Novios”, con la joven y guapa Silvia Pinal y uno de los galanes del momento, Julio Alemán.

Tlatelolco, además, había soportado el sismo de 7.3 grados Richter que se sintió en la ciudad de México en julio de 1964. El conjunto habitacional no había salido indemne: las altas torres que se ubicaban en Paseo de la Reforma se desnivelaron y fueron recimentadas para devolverles la verticalidad. En los años 60 y 70 del siglo pasado, se hablaba de aquella “compostura” como uno de los grandes momentos de la ingeniería mexicana de esos días.

En fin, que vivir en Ciudad Tlatelolco era tener un pedacito de modernidad, un sueño posible para las clases medias de la capital, y una muestra de que el progreso nacional era una realidad.

A nadie se le hubiera figurado que se encontrarían dos cuerpos momificados en los tiraderos de basura del edificio Nuevo León.

¿MOMIAS?

Si le hubieran preguntado a cualquier viandante en las calles de la ciudad de México, sus referencias cercanas sobre las momias, en 1975 se podían contar con los dedos de la mano. En San Ángel estaban, desde luego, las momias del Museo del Carmen, antiguos monjes carmelitas cuyos cuerpos habían sido encontrados en los días revolucionarios y, desde 1929, año de la apertura del museo, formaban parte del recorrido. Claro, había quien se acordaba de aquella telenovela —antecedente de las ac-

Una foto de la dentadura de la primera momia hallada en el Edificio Nuevo León, fue lo único que del cuerpo del estudiante Eliseo Gutiérrez Aragón se conoció en la prensa.

Las autoridades indagaron a fondo: el hallazgo de aquella momia, en los respiraderos del gran edificio de quince pisos, era un auténtico enigma.

tuales series— que en 1960 se transmitió en el Canal 2: “Las Momias de Guanajuato”, producida por Ernesto Alonso, y que narraba historias ficticias en torno a cada uno de aquellos célebres cuerpos desecados que se exhibían en una alucinante habitación, larga y estrecha, junto al cementerio municipal guanajuatense.

Los más jóvenes tenían referencias cinematográficas: en 1972 se había estrenado con aplauso y entusiasmo, “Santo contra las Momias de Guanajuato”, que había tenido mucho público, porque, aparte del Enmascarado de Plata, aparecían nada menos que Blue Demon y Mil Máscaras. Puesto que los tres luchadores eran ídolos populares, enfrentarlos a las famosas momias que, repentinamente habían cobrado vida para cobrar extrañas venganzas virreinales, era un recurso creativo que emocionó a un México que no se perdía las funciones de lucha libre televisadas y narradas por el legendario Enrique Llanes. Si se insistía un poco en la pregunta, los adolescentes podían asegurar que, en alguna de las matinés del Cine Estadio, en la orilla de la colonia Roma, seguramente habían visto a Boris Karloff en la viejísima película de 1932, “La Momia”, donde encarnaba a un personaje cuyo amor por una mujer había sido más poderoso que el tiempo y que la muerte.

Eso era lo que los habitantes de la ciudad de México podían decir acerca de las momias. Las otras, las de Egipto, eran cosa de documentales y de enciclopedias. Demasiado lejanas para tener presencia en la vida diaria.

EL HALLAZGO

Pero el 11 de enero de 1975 se empezó a fraguar otro capítulo de la historia de Tlatelolco. El periódico La Prensa dio cuenta del hallazgo de “un cadáver parcialmente incorrupto”. La nota, aunque interesante, era extraña: La Prensa tenía magníficos fotógrafos de nota roja, a los que no se les iba una. Pero al narrar la historia de aquella “momia”, el diario no la acompañó de la que, ineludiblemente, sería una fotografía que se iría a la contraportada, espacio reservado a los grandes casos criminales, tremebundos y sangrientos.

Pero ahí está, en esas páginas ya amarillas, la historia: los modernos edificios de Tlatelolco tenían respiraderos, cercanos a los cuartos de baño, y a los que los habitantes de la unidad habían convertido en vertederos de basura. En enero de 1975, un plomero agujeró la pared. A nivel de piso, para instalar un lavabo, y se encontró con el respiradero, lleno de basura. Enterrado por los desperdicios, estaba el cuerpo.

Naturalmente, se dio aviso a las autoridades, que recogieron el cuerpo, y lo enviaron al Servicio Médico Forense. La momia del desconocido se convirtió en un reto para los especialistas del Se-

La policía estaba segura de que el estudiante había sido asesinado. Los del Semefo estaban de acuerdo

mefo. Pronto se supo la causa de muerte; un golpe contundente en la base del cráneo. Se desechó la posibilidad de que hubiera caído de alguno de los pisos del edificio Nuevo León, porque, si hubiera sido así, el cuerpo tendría múltiples fracturas.

Poco a poco se avanzó en descifrar el misterio. De entre las ropas lograron rescatar dos identificaciones. La momia, en vida, se llamó Eliseo Guadalupe Sergio Gutiérrez Aragón, estudiaba la preparatoria y trabajaba en la Secretaría de Comunicaciones.

Surgieron las especulaciones: cobró fuerza la versión de que el joven era uno de tantos que había sido herido durante la represión del 2 de octubre de 1968, y que, de alguna manera, había llegado a ocultarse en el edificio Nuevo León, donde se escondió y habría muerto a causa de las heridas. Pero la momia no tenía más lesión que el golpe en la cabeza.

Rastreando, los especialistas del Semefo desecharon la hipótesis. Había una denuncia, levantada ante el Servicio Secreto, poco antes de la Navidad de 1967, para que se investigara la desaparición del muchacho. La investigación creció. Fueron interrogados los habitantes del Nuevo León; los compañeros de trabajo del muchacho. De aquellas indagaciones se pudo establecer que Eliseo fue visto por última vez el 17 de diciembre de 1967, cuando se fue a tomar unos tragos, en un bar de la calle de Allende, en compañía de otros empleados de Comunicaciones.

Parecería que los peritos del Semefo se tomaron a pecho el caso de la momia de Tlatelolco: convocaron peritos que trabajaron con radiografías superpuestas. Un dentista que atendió al muchacho identificó su trabajo, hecho en oro, en la dentadura de la momia. Curiosamente, esa, la fotografía de los dientes de Eliseo, fue la única que se publicó en la prensa.

EL CRIMEN Y LAS SOLUCIONES

La policía estaba segura de que el estudiante había sido asesinado. Los especialistas del Semefo estaban de acuerdo. El golpe que mató a Eliseo no podría haberse producido por una caída. Se revisaron los archivos de la indagatoria de 1967 y se retomó el caso. Nadie en el edificio se había dado cuenta de la presencia del cuerpo porque las capas de basura funcionaron como una “tapa hermética” que propició la momificación del cadáver. Eso, y el hecho de que, en siete años nadie se había tomado la molestia de limpiar los ductos de ventilación, constituyeron el origen del enigma en torno a la desaparición del muchacho.

Las indagaciones avanzaban cuando se encontró otro cuerpo momificado. No faltó el escandaloso que se refirió al edificio Nuevo León como “un gigantesco cementerio clandestino”. Pero no era para tanto.

El segundo cuerpo estaba en un rincón del sótano del edificio, y el escándalo de la primera momia hizo que la administración de la unidad enviara personal para poner orden y limpieza en sótanos y ductos. Así dieron con otro cuerpo momificado, al que solamente se le pudo encontrar un par de coronas dentales de oro por toda seña particular. Su traje estaba en buenas condiciones, calzaba zapatos Canadá.

Repentinamente, la madeja se desenredó: se dio con el asesino de Eliseo y se identificó a la segunda momia.

Pero el asesino de Eliseo se le escapó por los pelos a la policía: había muerto el 3 de enero de ese 1975. Se regresó a la noche en que desapareció el muchacho: había bebido con un pagador de la Secretaría de Comunicaciones, José Luis Ortega. Lo acompañaban otros empleados, entre ellos, Héctor Cárdenas, quien confesó todo.

En 1967, todos bebieron y siguieron la fiesta en la casa del pagador, en Santa María la Redonda, muy cerca de ciudad Tlatelolco. Hubo pleito. El muchacho reclamó que no había recibido completa la quincena. Se escucharon insultos y reclamos. Ortega tomó un cenicero y golpeó a Eliseo, quien cayó muerto. A poco, llegó a la casa Héctor Cárdenas. Al enterarse de lo sucedido, el pagador y su compañero resolvieron deshacerse del cadáver. Cárdenas vivía en el edificio Nuevo León. Con ayuda de un chofer movieron el cuerpo y se lo llevaron a la unidad habitacional. Desatornillaron la ventana del baño y por ahí arrojaron el cuerpo del estudiante al ducto, donde quedó sepultado en la basura.

Con siete años de retraso, el crimen había sido resuelto. Pero al asesino se lo había llevado la cirrosis hepática, ocho días antes de que el destino revelara el paradero de su víctima.

¿Y LA OTRA MOMIA?

Al segundo cadáver momificado se le identificó nada menos que por la etiqueta del saco que vestía, hecho por la sastrería ACSA. Así, se supo que el muerto era Galo Fabio Valdivieso, profesor y habitante de la colonia Santa María la Ribera. Había desaparecido en 1972, y quienes lo conocieron contaron que solía “beber mucho”.

La momia no tenía huellas de violencia. Como el acceso al sótano del edificio Nuevo León siempre estaba abierto, era perfectamente posible que el profesor ingresara.

Se reveló la historia desdichada del profesor Valdivieso: era alcohólico, y lo habían suspendido en varias ocasiones de su empleo, por llegar a dar clase en estado de ebriedad. Se le ubicó hasta las 11 de la noche en una cantina, el 28 de febrero de 1972. Después, nadie lo había vuelto a ver.

Los peritos del Semefo concluyeron que el profesor Valdivieso había muerto “de congestión alcohólica”, y su cuerpo momificado no tenía ninguna huella de violencia. Se supuso que, en la borrachera, se había refugiado en el sótano del Nuevo León, donde murió.

Así terminó el caso de las momias de Tlatelolco. Un año más tarde, una momia famosa, la de Ignacio Zaragoza, fue exhumada del Panteón de San Fernando para ser trasladada al gran monumento que se le construyó en Puebla. Pero al general decimonónico nadie le hizo demasiado caso 

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