
7 minute read
Antimio Cruz - Páginas
from 06-04-2022
Especial

Advertisement
Carmen Artigas Se puede evitar la desaparición de la producción artesanal del pigmento azul añil
Este proyecto, en Oaxaca, implica también el rescate de un río, un ecosistema y una comunidad de productores que transmite por generaciones el conocimiento para obtener el tinte que ahora produce la industria por medio de síntesis química, añade
Diseñadora
Antimio Cruz
antimioadrian@gmail.com
Pionera en promover en México el concepto de moda ética, desde 1999, la diseñadora Carmen Artigas trabaja con pobladores de Santiago Niltepec, Oaxaca, para evitar que desaparezca la producción artesanal del pigmento azul añil, extraído de la planta jiquilite (Indigosfera).
Anteriormente, Artigas fue muy vinculada con la moda ética por lanzar en la tienda de diseño del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) la línea Viva la vida, con productos y tejidos elaborados en las prisiones de México, como parte del proyecto llamado El Cereso.
Ahora, en conversación para los lectores de Crónica, la diseñadora mexicana explica que este proyecto va más allá de una extravagancia pues implica el rescate de un río, un ecosistema y una comunidad de productores que ha transmitido por generaciones el conocimiento para obtener un tinte que ahora produce la industria por
medio de síntesis química.
Tras obtener donaciones privadas para renovar la infraestructura de los artesanos, ahora busca que el gobierno mexicano reconozca la obtención de azul añil como patrimonio cultural intangible.
«Esta también es una oportunidad para que la industria de la moda demuestre su compromiso con las conductas correctas pues hasta ahora nada en la moda ha sido ético, por la explotación de personas, recursos naturales y generación de desechos», apunta la exprofesora de The Fashion Institute of Technology, en Nueva York.
Localizada en la región el Itsmo de Tehuantepec, en Oaxaca, la comunidad de Santiago Niltepec ha experimentado una grave caída de 80 por ciento en su producción y venta de añil desde 2017. Las causas son múltiples pues por una parte la planta jiquilite se ha producido menos por sequías o lluvias extremas, posiblemente asociadas al cambio climático; pero por otra parte hay presión de los compradores

Fotos: Carmen Artigas

Carmen Artigas impulsa los conceptos y prácticas de moda ética desde 1999.
La producción natural de pigmento añil ha registrado pérdidas económicas que amenazan su existencia.
La cosecha y procesamiento de la planta Jiquilite es la base para la extracción natural del color azul añil.
En Santiago Niltepec, Oaxaca, la extracción del pigmento azul añil se transmite de padres a hijos.
del tinte en la comunidad Teotitlán del Valle, donde es el principal mercado para los productores de Santiago Niltepec.
“Con la ayuda de especialistas de la organización Conservación Internacional y de la Universidad Autónoma de Chapingo hicimos un diagnóstico y vimos que la cosecha de cada hectárea de jiquilite les cuesta a los productores 40 mil pesos; muchos de ellos piden préstamos para realizar la actividad en el campo y luego extraer el tinte; pero al llegar con sus costales a vender les presionan tanto el precio que tiene pérdidas de hasta 41 por ciento. Esto está acabando con la actividad”, indica la mexicana que estudió diseño de modas en el Instituto Marangoni, de Milán, Italia, y que a los 19 años ya era Diseñadora asistente del famoso diseñador de modas Romeo Gigi.
¿Cómo te relacionas con el concepto de moda ética? Yo había estudiado moda en Milán, en 1987, y había trabajado en lo que llamamos las grandes ligas. Disponíamos de los grandes materiales, recursos y teníamos 6 meses para diseñar una colección. Después de unos años, en 1999,
En 1999 yo tomé un año sabático y me fui a India cuatro meses. Ahí se me cayó la venda de los ojos y comencé a ver con más profundidad el color y el vestido como expresiones bioculturales. Específicamente recuerdo que viajé con una antropóloga a un desierto, en el norte de India, y vi que las mujeres bordan con espejos sus ropas y esto indica la tribu a la que pertenecen e incluso si una mujer es casada o no. Ahí reconocí que éste es un lenguaje que también tenemos en México.
Entendí que el vestido y los textiles también son parte de una conversación de las comunidades con la naturaleza; los colores también nos hablan del lenguaje de las plantas. También en India comencé a escuchar sobre el añil a través del maestro Toofan Rafai, que fue muy cercano a Gandhi y nos habló de la pobreza y riqueza que ha rodeado al color añil, a lo largo de la historia. Así me empecé a enamorar del añil y todos sus significados.
Tiempo después me invitaron al programa piloto de un nuevo curso sobre moda ética Fashion Technology Institute, en Nueva York. En las primeras 72 horas me di cuenta de que en esas clases no consideraban el tema del manejo del agua en los procesos de la moda; les señalé esa falta y me volví profesora, cinco años, enseñando aspectos éticos de la moda relacionados con el agua.
¿Cómo te relacionaste con los pobladores de Santiago Niltepec? En 2018 tuve contacto con Stephanie Schneiderman, quien es una persona que ha promovido mucho el turismo biocultural y los tours para mostrar cómo se trabaja con textiles en diferentes regiones de Oaxaca. Ella me dijo que, tras el sismo de 2017, se había llegado a un punto muy triste en las comunidades que producen añil. Así fue como visitamos juntas Santiago Niltepec y comenzamos a escuchar las cataratas de historias de los pobladores, que decían; “Nadie nos escucha”, “nadie nos ayuda”. Y comenzamos a pensar en una forma de ayudarlos, junto con la arquitecta Adriana Osorio. Luego vino la pandemia y tuvimos que parar. Yo logré contactar por Facebook a los miembros de la cooperativa Microproductores Cerro del Jiquilite Oro Azul y comenzamos a dialogar a distancia.
Yo todavía vivía fuera de México, pero en 2021 regresé al país y decidí quédame aquí por lo que comencé a buscar recursos. A través de una amiga de la infancia contacté a grupos como Costco y Comercial Mexicana. Esa persona escuchó deta-
Impulsar la moda ética me ha llevado a antagonizar con la industria que me alimenta, pero al quitarme la venda de los ojos yo ya no podía trabajar igual
lladamente y nos consiguió el dinero para que los productores arreglaran su infraestructura, motobomba, drenaje, etcétera. Se entregaron cuentas claras y se buscó hacer un documental. Pero ahora tenemos que ir más allá y buscar protección a esta actividad y arreglar los problemas del precio y mercado.
¿Y no han recibido algún apoyo adicional para vender? Bueno, el Museo Textil de Oaxaca les ofreció su espacio para dar a conocer su producto. Así lo hicieron cinco años, pero no tenían ningún apoyo económico garantizado y tenían que pagar el traslado. En una ocasión hubo un accidente en uno de los transportes y el productor iba con una de sus niñas, pero el Museo no cubría ninguno de esos gastos médicos. Entones, el año pasado decidieron dejar de trabajar con el museo. La pregunta más compleja es ¿Por qué habría que comprar añil generado con plantas si ya hay laboratorios que lo pueden obtener con síntesis química? Es por varias razones: por un lado, porque Oaxaca se podría convertir en la meca de producción de colores, pues ya hay protección como patrimonio cultural al pigmento grana cochinilla, que se produce en San Pedro Cajonos. Pero más allá de ese argumento, se tiene que proteger esta forma de producción porque es lo correcto, porque es parte de una economía más responsable con el medio ambiente.
Para obtener el color azul añil hay que cosechar la planta jiquilite, dejarla reposar 14 horas, inundarla con agua del Río Niltepec, ponerle otra planta que sirve como coagulante y se llama Gulaber (Cordia alba). Luego el pigmento se recupera con jícaras, se lleva a la casa del añilero y se vacía en trapos para deshidratarlo y amarrarlos en bultos, que se ponen en tejas para dejarse a secar el sol. Todas las manos que trabajan en el proceso son virtuosas y merecen esta protección que buscamos.
¿Y la industria de la moda y el gobierno podrían reconocer esa virtud? Esa es la tarea que yo tengo y por eso hago tanto ruido hasta caer gorda. Quiero decirles que necesitamos recuperar nuestra brújula moral y esta es una gran oportunidad. Esas manos que trabajan con tanta destreza, sin garantías de ningún tipo, son manos que ejemplifican la fuerza y el compromiso de la gente con la naturaleza, con los textiles y con la producción de un color, transmitida de generación en generación. Ahora que se habla tanto de descolonizar deberíamos revisar con más atención lo que es nuestro y saber la gran importancia que encierra tener en México este patrimonio vivo .