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Reyna Paz Avendaño - Páginas
from LCDH190122
Juan Domingo Argüelles “El arte no debe intentar ser popular, las personas son las que deben intentar ser artísticas”
La élite que forman los lectores está abierta para todos, añade. Bajar precio a libros no crea un consumo masivo. Los libros más baratos son los clásicos, por ejemplo ‘La metamorfosis’, de Kafka, lo encuentras desde 24 hasta 300 pesos, entonces ¿dónde está la carestía de ese libro que es tan extraordinario?, añade
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Poeta y ensayista
Reyna Paz Avendaño
reynapazavendano@gmail.com
El arte no debería intentar ser popular, las personas son quienes deberían intentar volverse artísticas; si se piensa que los lectores son una élite esta élite es una a la que cualquiera puede acceder; y es una falacia que al bajar los costos de los libros habrá un consumo masivo y muchos lectores. Esas son algunas ideas que retoma Juan Domingo Argüelles (Quintana Roo, 1958) en su libro “El vicio de leer”.
En entrevista con Crónica, el poeta y ensayista cuestiona la creación de una república de lectores y la obligatoriedad de la lectura como imposición moral.
Desmientes el argumento de que los libros son caros, al menos los clásicos… Quise hacer un ejercicio práctico en uno de los capítulos del libro para demostrar que es una falacia esto de los libros caros, es decir, ha sido siempre un argumento, un pretexto el decir: no leo porque los libros son caros. La gente lo dice con una tranquilidad y lo aprovechan los políticos para presentarlo como si fuera una verdad cuando se trata de una falacia.
Los libros más baratos son los libros clásicos, ejemplifico con ciertos títulos, por ejemplo, un libro de Kafka, ‘La metamorfosis’, lo encuentras desde 24 hasta 300 pesos, entonces ¿dónde está la carestía de ese libro que es tan extraordinario? Cuando leemos ‘La metamorfosis’ de Kafka nos cambia el mundo y nos cambia la imagen que tenemos de nosotros, seres humanos. Y si me dicen: ‘yo no lo leo porque está carísimo’, le diría: ‘hay ediciones de 24 pesos que puedes leer’.
Juan Domingo Argüelles enumera los diversos precios que hoy tiene la historia de Gregorio Samsa: 24, 25, 37, 38, 43, 47, 52, 59, 66, 98, 112 y así hasta 443 pesos. El mismo ejercicio hizo con los títulos: “Guerra y paz”, de Tolstoi; “Fábulas”, de Esopo; “El príncipe”, de Maquiavelo; “La divina comedia”, de Dante, e “Ilíada”, de Homero. Precios que comparó con lo que cuesta comprar cigarros, bebidas alcohólicas o alimentos chatarra.
Otra comparación —en el supuesto de que sean tan buenos como los clásicos o al nivel de los libros de Paco Ignacio Taibo II, aunque éstos últimos son más caros— que aplicó el autor fueron en los libros de Andrés Manuel López Obrador que tienen, en promedio, precios arriba de los 100 pesos: el más barato es “Neoporfirismo” (87 pesos) y el más caro es “El poder en el Trópico” (306 pesos ya con descuento).
“Hice ese ejercicio para demostrar que hay cosas que se consumen y que no aportan ningún alimento o nutriente a nuestro organismo, sin embargo, nunca chistamos por el precio que tiene, pero cuando hablamos de libros siempre nos parecen caros”, precisa.
Reflexión
No descalificar
“El vicio de leer”, editado por Laberinto ediciones, fue escrito por Juan Domingo Argüelles durante el confinamiento que obligó la pandemia por COVID-19 y por tanto es un libro que busca la reflexión entre sus lectores.
“Es un libro que tiene el propósito de hacer una reflexión dentro de este mismo momento que estamos viviendo que es el de la pandemia, es decir, qué leemos, porqué leemos y cómo leemos porque ahora es cuando hemos tenido más tiempo encerrados”, destaca.
En este momento de crisis, en todos los sentidos, hay que reflexionar, añade. “No se trata de descalificar sino de reflexionar y debatir. Estar en contra de algunas ideas no tiene que ser razón para no leer un libro con el que estamos en desacuerdo. Yo leo libros con los que estoy en desacuerdo y me sirven mucho, creo que todas las personas tenemos esa necesidad de saber qué piensan los demás y no solo qué pensamos nosotros”, indica. ¿Regalar libros o abaratarlos no Cuando el Estado y los preceptos gubernamentales establecen qué es bueno para leer porque es moral, hay algo erróneo porque debería de abrirse el abanico de títulos y de obras
generará un consumo masivo ni muchos lectores? No, decir que como son caros, los vamos a abaratar y a regalar. El principio de regalar libros es erróneo porque no toda la gente a la que se le regala libros los lee, es decir, nosotros podemos hacer el ejercicio de tomar mi libro, regalarlo por las calles y ver cuántos me leen.
Es como repartir volantes por las calles, ¿qué hace uno con ese papelito? La mayoría de las veces, lo arrugamos y lo tiramos. Eso está pasando con el falso concepto de que hay que regalar los libros, los libros obviamente se pueden regalar desde el Estado, pero las editoriales privadas no pueden porque forman parte de un negocio, una cadena del libro que necesita apoyos para seguir funcionando.
Ante la crisis que ocasionó y sigue ocasionando la pandemia, se necesita apoyar a las editoriales para que puedan seguir publicando esa variedad y diversidad de libros, temas y autores, no quedarnos nada más en aquello que el Estado está dando. Todo gobierno obsequia lo que le conviene.
¿Eso aplica a todos los mexicanos? Hay muchísima gente en pobreza que no puede comprar y leer libros porque tiene otras necesidades que atender pero de lo que estamos hablando no es de esas masas que no pueden leer porque no tienen recursos, estamos hablando de los universitarios, de las personas que tiene recursos para comprar y que no consumen libros.
El otro sector que no tienen recursos para comprarse los alimentos es hasta paradójico que vaya uno a llevarle la ‘Cartilla moral’ a ver si de ese modo mejora su situación alimenticia. Es una cosa muy burda.
Domingo Argüelles retoma una idea de Oscar Wilde escrita en “El alma del hombre bajo el socialismo”: Al público se le ha acostumbrado mal en todas las épocas. Le pide al arte que sea popular (…) es el público quien debería intentar volverse artístico.
Ese argumento al que se opone Wilde, hoy suena mucho… Suena mucho porque se politizó todo, incluida la cultura y la lectura; comenzó a decirse: ya que tenemos un gobierno que busca el beneficio popular, tenemos que hacer libros para el pueblo.
Pero esto ya lo había discutido Dostoievski en su “Diario de un escritor” donde decía que si queremos darle al pueblo libros que solamente estén al ras porque consideramos que el pueblo no puede apreciar lo bueno, entonces estamos haciendo todo lo contrario de lo que debemos de hacer para educar al pueblo. Es decir, evitamos la cúspide de pensamiento.
Entonces, cuando Oscar Wilde dice que en lugar de bajar la literatura al pueblo, tenemos que subir al pueblo haciéndolo de pensamiento artístico para que eleve sus conocimientos y pueda apreciar la gran creación, creo que Wilde tiene absoluta razón y Dostoievski también.
Retomas a Alberto Manguel quien dice que los lectores son una élite, una élite a la que cualquiera puede acceder… Leer ha sido siempre una actividad de minorías en relación con los grandes públicos que van al fútbol o a espectáculos masivos; pero ese sector culto ha movido la cultura, es el que va renovando y moviendo a una sociedad con ideas diferentes y conceptos distintos.
Manguel nos dice que todos podemos pertenecer a esa élite lectora, es decir, no hay nadie que nos impida leer para pertenecer a esa élite. Nadie le impide a otra persona, salvo en los países musulmanes y en donde las libertades están condenadas. En un país democrático todos tenemos derecho a leer lo que se nos pegue la gana.
Cuando el Estado y los preceptos gubernamentales establecen qué es bueno para leer porque es moral, hay algo erróneo porque debería de abrirse el abanico de títulos y de obras. La moral no se aprende en los libros de moral, la moral se aprende en la relación que tenemos con los demás. Si entendemos que los demás están cometiendo inmoralidades y nosotros participamos de ella, por más libros de moralidad que leamos seguimos siendo inmorales.
Concuerdo con Oscar Wilde quien dijo que los mejores libros son los que le muestran la vergüenza de ser a una sociedad que comete actos vergonzosos” .