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REVISTA JUDICIAL C2
MARTES 22 DE JULIO DE 2014 La Hora QUITO, ECUADOR
muestra 93 puñaladas, un balazo de revólver y huellas de estrangulamiento. El presunto criminal tenía apenas 14 años de edad. Anteo Zamboni era apenas un niño. Jamás apareció el arma con la que Zamboni habría disparado según el Duce. El atentado de Bolonia fue el pretexto para las leyes fascistísimas de noviembre de 1931 que reformaron el Código Penal. A partir de este momento se legalizó la anulación de los pasaportes para todos los opositores, se suprimieron los periódicos antifascistas, se declaró ilegales a todos los partidos opositores, se institucionalizó la prisión domiciliaria, emerge la policía secreta, se declaró la caducidad del mandato parlamentario de 120 diputados críticos al fascismo, y lo más grave de todo se reinstauró la pena de muerte para quien cometa un atentado contra la vida, la integridad o la libertad personal del rey, de la reina, del príncipe heredero o del presidente del Consejo y por derivación se aprobó el funcionamiento del Tribunal especial o Comisión de la Verdad, que entró inmediatamente en acción contra la «central comunista» o la izquierda violenta como la denominaba Mussolini (que estaba formada por Gramsci, Terracini y otros históricos del movimiento revolucionario cuya bandera fue prácticamente hurtada por el fascismo) 3.- PRINCIPALES RASGOS DEL FASCISMO EN MATERIA PENAL Mussolini repetía con febril histeria que el fascismo era la «religión de la patria» y es conocido su Discurso justificando el Código Penal elaborado por una Comisión integrada por sus amigos que “todo aquel que se oponga es un terrorista, un saboteador, un enemigo que merece ser reeducado” (mediante el encierro prolongado para que comprenda que está atentado contra la voluntad de una secta divina) o eliminado, pues carece de toda garantía. Es que para el fascismo, el enemigo merece un trato especial por parte de la legislación punitiva. El onus probandi se invierte en todo proceso penal contra un enemigo del estado fascista. Así, no es la Fiscalía la que debe probar que un procesado es culpable, sino que es obligación del acusado probar que es inocente. Si el poder judi-
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cial se niega a condenar a alguien a quien el líder supremo reputa como traidor a la patria, entonces esa decisión judicial no tiene valor y habrá que hacer nuevos juicios, tantos como sean necesarios hasta encontrar jueces que se atrevan a condenar, aun sin que existan pruebas, a quien, el Jefe Supremo ya ha etiquetado como saboteador a su proyecto cuasi-divino. El fascismo divide a los seres humanos, en materia procesal penal en: 1) ciudadanos, que son todos aquellos que son miembros o adherentes al Partido único para quienes, aun cuando cometan delitos como peculado, violación de menores, falsificación de documentos no existen penas pues para ellos predomina la impunidad; y, 2) terroristas, denominación que abarca a todos aquellos que protestan bien dentro de las vías institucionales y amparados por los derechos a la libre expresión, libre asociación y derecho a la protesta pacífica o bien a quienes deciden asumir la vía armada para derrocar a quienes reputan sus opresores. El fascismo no distingue cuando
PENA DE MUERTE para aplicarla en contra de “los enemigos de la Italia” y así 5836 presos por delitos contra la seguridad del estado fueron reducidos a prisión y 302 personas fueron condenadas a pena de muerte por injuriar al líder o por realizar labores contra la seguridad interna de la nación italiana. En una entrevista que el propio Grispigni le hizo al Duce y que apareció publicada en Diario Il Popolo, Mussolini dice que si existe un brazo con gangrena hay que amputarlo y por consiguiente, los elementos podridos de la sociedad (notoriamente vagos, homosexuales, gitanos, socialistas, comunistas) debían ser eliminados. Entonces no se trata de ser tan irresponsable y decir que un criminal como Mussolini no era un mal gobernante porque hizo carreteras. Ordenar que una masa de obreros lance cemento sobre ciertos kilómetros de vías no convierte a ningún déspota en un líder democrático, pues son los hombres y mujeres que padecieron la persecución judicial (en la Italia fascista se instauraron 5.836 juicios
EXISTÍA CONDUCTA HUMANA QUE NO MERECIERA UN TIPO PENAL y los delitos contra la seguridad nacional se confundían con acciones absolutamente licitas como salir a protestar por mejoras salariales u organizar un sindicato, por eso concluye Dahm, que en algo si tienen un rasgo identitario los nazis y los fascistas, en Italia toda acción critica terminaba encapsulada al tipo penal de “atentado a la idea nacional”; mientras en Alemania la menor resistencia se subsumía en los tipos penales relativos a “traición a la comunidad” 4.- ELECCIONES, EJERCICIO DEL PODER Y DERECHO FASCISTA Hay quienes dicen que el fascismo se opone a los procesos electorales. Nada más falso. Los fascistas, comunistas y nazis siempre llegaron al poder en procesos tumultuosos usando la violencia pero inmediatamente enmascaran sus métodos violentos con elecciones fraudulentas para lo cual meses antes de convocar a elecciones reforman la ley de la materia a su conveniencia y captan
habla de enemigos, los busca debajo de las piedras. El terrorista es, por consiguiente desde el periodista que pretende hacer un reportaje sobre la corrupción en instituciones estatales hasta el estudiante de 12 años que trata de cerrar una calle para expresar su descontento con una política colegial. Cierto es que Grispigni trató, por todos los medios posibles de presentar a Mussolini como la directa continuación de la más gloriosa tradición penal italiana, es decir, la prolongación del pensamiento de Beccaria, de los hermanos Verri, de Romagnosi, de Filangeri, de Carmignani, de Antonio Rosmini, de Cattaneo, como un estadista acostumbrado a analizar los hechos sociales en la profunda complejidad de sus causas, con sentido de realismo y, al mismo tiempo, de sana humanidad. Pero los HECHOS nos dicen que esa “sana humanidad” que habría motivado cada uno de los actos del Duce lo llevó a RESTAURAR LA
contra periodistas y pensadores críticos por delitos como injurias y absolutamente todos terminaron con sentencias condenatorias), es el grado de respeto a la libertad de expresión (Mussolini creó la Oficina de Prensa para censurar diarios y radios, asfixiando a los medios independientes con multas, intervención en sus tirajes y frecuencias hasta lograr callar por completo cualquier intento de investigación de sus absusos) los parámetros que sirven para definir el grado de democracia que existe en una sociedad y no los discursos huecos y banales de quien embriagado por el poder quiere convertir a criminales como Hitler, Stalin o Mussolini en próceres dignos de homenajes. El Código Penal del fascismo italiano, conforme a las tradiciones del Derecho de Roma, liga el juez a la ley y el principio nulla poena sine lege, limitándose la interpretación a la regla escrita, pero la trampa está en que PRACTICAMENTE NO
los tribunales electorales con sus militantes más abyectos. Es decir, no se puede alegar que un gobierno no es fascista porque gana elecciones. Además, como nos enseña el profesor Ferrajoli ninguna mayoría convierte en verdadero lo que es manifiestamente falso ni viceversa. En esencia, estos son los rasgos claves para advertir si un régimen es o no fascista: 1) Captan la Corte Constitucional, las Cortes de Justicia, las Fiscalías con ex funcionarios o militantes incondicionales del mismo partido único en procesos en los que se escandalosos y viciados de nulidad; 2) Controlan a la prensa independiente, a la cual descalifican permanentemente pero de la cual se valen para transmitir su propaganda. 3) Desde medios de comunicación a su servicio, presentan, sin el menor recato, por anticipado y públicamente -a todos los enemigos como culpables de delitos
contra la seguridad nacionalmientras correlativamente exigen que se respete la presunción de inocencia de sus militantes caídos en desgracia por actos públicos de corrupción o delitos comunes. 4) El fascismo insiste en hablar de una revolución moral mientras sus militantes más importantes asaltan el tesoro nacional y no reciben ninguna sanción penal. Su discurso gira siempre en torno a aquello que hicieron los anteriores administradores del estado. Todo lo pasado fue malo no obstante que reciclan cuadros dirigentes de ese mismo pasado y en esencia son una copia carbón de todo lo que sucedió antes de su ascenso al poder sólo que con mayor desprecio a la razón. 5) Para el fascismo el Derecho es una forma adaptable a cualquier contenido, que debe su vigencia a una situación de fuerza, “causal”, hoy distinta que mañana. Es preciso aclarar que mientras el fascismo acentúa la actividad del estado sin normas que lo regule a diferencia del positivismo que propugna la norma sin contenido. 6) Heller nos explica que precisamente en el oportunismo ideológico y valorativo del fascismo, “cínicamente destructor” y reflejo de “un ocaso espiritual e histórico” reside su absoluto desprecio a la coordenadas elementales de un estado de Derecho Es manifiesto que el presupuesto clave para que Mussolini haya llegado al poder fue la crisis de la democracia liberal italiana. La tuberculosis de la estructura política facilitó el éxito de la “marcha sobre Roma”. El fascismo se alimenta siempre de la perdida de fe de una sociedad en sus líderes conocidos. Hartos de una izquierda confundida y sectaria y de una derecha rapaz e igualmente demoledora del más débil, las masas sucumben ante el primer grupo de aventureros ávidos de saquear lo que queda de la res pública, enemigos de toda crítica y todo escrutinio ciudadano logren captar el poder y lo conviertan en su estupefaciente preferido. *Juan Vizueta es Profesor desde hace 25 años ininterrumpidos en las Universidades Estatal, Católica y UEES de Guayaquil. Con estudios de Postgrado en materia procesal penal en Chile ha capacitado a jueces y fiscales a partir de la introducción del modelo acusatorio en Ecuador. **Pedro Granja es Premio Cum Laude por la Universidad de Guayaquil. Especialista en Derechos Fundamentales por la Universidad de Castilla La Mancha en España. Discípulo de Edmundo Durán Díaz, Jorge Zavala Baquerizo y Juan Vizueta dirige la Clínica Gratuita de Defensa de menores víctimas de abuso sexual de la FNAE.