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Juguetes y

énero G

FUNDACIÓN CRECER JUGANDO


Juguetes y Género A

Lunes antes de almorzar una niña fue a jugar pero no pudo jugar porque tenía que planchar...

sí cantaban Los Payasos de la Tele, estrellas de la televisión en blanco y negro de los 70, una de las canciones más coreadas por las criaturas de la época. La misma niña tenía después que hacer un montón de cosas, unas muy “femeninas”, como lavar, y otras más “unisex”, como cantar, o también veíamos a un niño jugando con un Madelman en un terreno sólo apto para “machotes”. En cualquier caso, la canción respondía a estereotipos poco cuestionados por la sociedad, estereotipos que hoy en día, afortunadamente, empiezan a estar superados. ¿El juego y los juguetes siguen marcados por esos estereotipos?

No existe el juguete sexista, existe el juego sexista. Y lo será en la medida las niñas que el niño y la niña, o el adulto, lo utilicen. Tanto los niños como pueden disfrutar jugando con un muñeco, de la misma manera que tanto unas como otros pueden reírse y gritar de emoción con una carrera de coches autodirigidos. Es a partir del momento en que el adulto les permite o no jugar con determinado juguete, que se convierte a ese juguete en un juego sexista. Y esa actitud responde a un factor cultural, por lo tanto educable. La división entre juguetes de niños y juguetes de niñas contribuye a perpetuar los papeles que nuestra sociedad ha atribuido tradicionalmente al hombre y a la mujer. En este sentido, estimular un desarrollo infantil sin diferencias, aprovechando las capacidades y actitudes positivas de unos y otras es el camino a seguir. Porque los juguetes no sólo nos permiten una relación favorable entre sexos sino que, además, ayudan al desarrollo de los niños y las niñas. Quizás a ellos se les debería educar más en la ternura, la preocupación por el otro o la reflexión. A través del juego y los juguetes ellas podrían ver estimulada su capacidad de iniciativa, la audacia, la valentía o la rapidez. De la misma manera que enseñamos a las criaturas que los juguetes tienen un valor y que hay que cuidarlos, también debemos mostrarles que pueden jugar con lo que les plazca. Por todas estas razones, este año dedicamos esta revista de la Fundación Crecer Jugando al tema juguetes y género. Porque los juguetes son un objeto de transmisión cultural y quizás están avanzando en el camino que parece evolucionar la sociedad. ¿Avanzamos todos los implicados en la misma dirección?.


S er niño o niña hoy La evolución de los tipos de familia y la participación de padres y madres en la sociedad influye en la manera de ser de los niños y niñas y, por lo tanto, en sus juegos. No hay duda. En las familias en las que los adultos aprecian el juego y se dedican a disfrutar de él con sus hijos e hijas, jugar es una actividad que se alarga más tiempo, lo que afianza la actitud de comunicación y diálogo entre unos y otros. ¿Es a este modelo al que nos encaminamos? Hacia una sociedad más igualitaria

Q ue la sociedad de hoy es muy distinta a la de hace cuarenta o cincuenta años es evidente. Antes, a las mujeres se las educaba para cuidar de su casa y criar a sus hijos y a los hombres se les transmitía la idea de que debían ser el “cabeza de familia” con la responsabilidad de sacarla adelante con su trabajo. En cambio, hoy las mujeres también se preparan para tener su propia vida profesional y los hombres toman partido en la vida familiar con mayor implicación. Hoy, tanto ellos como ellas tienen muchos frentes abiertos, más intereses, más inquietudes. Esquemas que se resquebrajan

que imitarán en el momento del juego. Cuando los niños muestran preferencias a ejemplos diferentes a los estereotipos no están más que solicitando aquello que ven a su alrededor y que los adultos todavía no hemos asumido como una situación ya habitual. El adulto piensa en su hijo o hija en su propio recuerdo de pequeño, pero la realidad es que esa criatura vive un momento social y una realidad exterior completamente diferente y por lo tanto sus preferencias serán también de otra índole. Se hace necesario entonces estar abierto a otras posibilidades, en beneficio al propio infante, y aceptar y no coartar esas preferencias por unos prejuicios establecidos en una sociedad anclada todavía en otros tiempos y modelos sociales.

La sociedad ha cambiado…

y más que evolucionará. Ya no existe un único modelo de familia. Cada vez son más comunes las familias monoparentales, en las que un padre o una madre crían y educan en solitario a su hijo o hija. Por no hablar de las parejas separadas en las que los hijos viven unos días en una casa y el resto de la semana en la otra, o los divorciados y casados de nuevo que aportan a la nueva familia los hijos e hijas del anterior matrimonio. Y si las familias son distintas también lo serán las criaturas, que estarán en contacto con una mayor diversidad de modelos. Y estos modelos son los

Compartiendo la crianza

L os

padres cambian pañales, compran, juegan con sus hijos… ¿pero “comparten” tareas o “ayudan” a realizarlas? En este caso, el matiz es importante. Aunque el compromiso con la familia por parte de los hombres ha crecido mucho en los últimos años, parece que aún las responsabilidades se reparten de manera desigual ¿Todo lo relacionado con médicos y colegios es cosa de mamá y las gestiones con el banco o con el proveedor de Internet las lleva papá? ¿Quién conduce el coche de la familia? Al final, todos colaboramos a que se mantengan los estereotipos.


Cómo son los padres de hoy

L as parejas que se deciden a tener su primer hijo han madurado tanto esa decisión que sienten que tienen que ejercer su papel poniendo toda la carne en el asador. Durante la primera infancia juegan mucho con sus hijos e hijas. Les dedican todo el tiempo que pueden. Pero a medida que van creciendo desean que se entretengan solos para recuperar parte de la libertad, de la independencia que han perdido. Sienten la obligación de darles juguetes que fomenten su desarrollo. Eligen muchos juegos educativos de última generación, pero también los que les gustaban a ellos y los que creen poder manejar y disfrutar. Tienen tendencia a no poner límites. Son padres con más de 30 años, pero lo que de entrada parece una ventaja (más seguridad económica y en uno mismo, más experiencia) se torna en un arma de doble filo. Con menos tiempo y más dinero se tiende evitar conflictos y a compensar a las criaturas con posesiones materiales.

Se sienten inseguros. A los padres de hoy les faltan referencias: no han compartido ni han sido testigos de la experiencia de otros en la crianza de los hijos. El conocimiento ha pasado a las manos de los medios de comunicación y de los profesionales (médicos, maestros…). ¿Quién educa?

La escuela forma, los padres educan. La escuela puede

transmitir valores, pero es esencialmente un lugar que instruye, que aporta conocimiento. Los padres son quienes con sus actitudes muestran a sus hijos e hijas el valor del esfuerzo, de la dedicación, del placer del tiempo compartido, de la importancia del diálogo y el respeto. ¿Podremos llegar a superar la contradicción en la que vivimos? Cuando parece que los padres y las madres están más implicados y más motivados que nunca en la crianza de los hijos, más soledad infantil hay y más deseo tienen los niños y las niñas de que se les dedique más tiempo. Éste es el desafío.

SEGÚN EL CRISTAL CON QUE SE MIRE A VECES LAS ACCIONES TIENEN UN EFECTO TOTALMENTE INESPERADO Intención de los padres y las madres.

Riesgo para los hijos.

Quieren potenciar su autoestima al máximo. “Queremos que nuestros hijos se sientan seguros y crean en ellos”.

Autoengaño. Sienten que no tienen límites y que pueden hacer todo lo que les apetece.

El trabajo y los logros profesionales son decisivos. “Les ayudamos en sus estudios tanto como podemos. Tienen que preparase para el futuro que les espera”.

Crecer con un exceso de estímulos. Se les genera estrés. Pueden sentir frustración por no llegar donde creen que esperan los padres. No se sienten escuchados ni aceptados tal como son.

Quieren obtener y asegurar su felicidad, y la de la familia, a través de las posesiones materiales. “¿Por qué no darles lo que desean si nos lo podemos permitir?”.

Apología del consumismo. A las criaturas se les transmite la idea de que todo es posible, que todo se puede comprar.

No regatean medios para que sean felices.

Sobreprotección. No se les educa en la gestión de emociones. Los padres y madres evitan el enfrentamiento, y los hijos e hijas no soportan ni un “no” ni el fracaso.

“Mi hijo y su bienestar es lo más importante”.


A prendemos a ser niño o niña

Aunque es cierto que la biología a veces les impulsa a actuar de maneras opuestas, en realidad los roles que terminan adquiriendo niños y niñas se transmiten culturalmente. Ellos son impulsivos, ganadores, dominadores y seguros de sí mismos. Ellas, intuitivas, pacientes, reflexivas y algo inestables emocionalmente. ¿Pero siempre es así? ¿Tan determinante es la naturaleza? ¿Tanto poder tiene la química en la manera de ser tan distinta de nuestros hijos e hijas? Mirando a nuestro alrededor a través de la lupa de la incredulidad, nos daremos cuenta de que también existen niñas seguras de sí mismas y activas, y niños de lágrima fácil que tienen un gran deseo de agradar. Y es entonces cuando se hace evidente que el carácter, la forma de actuar, la personalidad de los niños y niñas se construye a partir de la educación y las relaciones con los demás. Sexo y género, dos cosas bien distintas

E ntre los 18 y los 24 meses los niños y niñas ya

son conscientes de su identidad sexual. Saben que son un “nene” como papá o una “nena” como mamá y reconocen objetos sexualmente marcados como una falda o una corbata. Pero hay que hacer una distinción entre la identidad sexual y la identidad de género. Ésta no es otra cosa que la adquisición de las funciones, rasgos de personalidad o formas de comportamiento que la sociedad ha asignado a cada uno de los dos sexos. Los niños y las niñas quieren ante todo gustar a sus padres. Para ellos es muy importante que papá y mamá se sientan satisfechos con su forma de ser y que por encima de todo les quieran. Es por ello que muchas veces juegan a modo y semejanza del modelo parental que tienen en casa. Otra cuestión es lo que se pide a cada uno de ellos en función del sexo, es decir, muchos padres, inconscientemente, inculcan a sus hijos varones que deben ser fuertes, valientes, atrevidos, mientras que a sus hijas les transmiten que deben actuar de manera prudente, sensible, que lloren si la situación les supera, etc. Ahí ya estamos marcando unas diferencias que, sin darnos cuenta, determinan una forma de actuación que afecta también en la manera de jugar. Bajo esta petición encubierta, seguramente los niños manifestarán

su valentía y carácter pidiendo un juguete más “guerrero”, mientras que las niñas no esconderán sus sentimientos y los volcarán en cualquier tipo de juego o juguete más tierno. Soy como tú

L os niños y niñas van construyendo su identidad

de géner o según la cultura imperante y, prácticamente siempre, por imitación de los modelos más cercanos. Ensayando una y otra vez, muchas veces a través del juego, van interiorizando el rol sexual que les identifica, siempre de acuerdo con las expectativas de las personas que les rodean: sus padres en primera instancia, y luego los hermanos, abuelos, educadores… La familia es el primer referente, el lugar donde empieza a formarse su personalidad y donde se ejercen las primeras discriminaciones, porque en familias y entornos fuertemente estereotipados, los niños y la niñas construyen un rol mucho más rígido que en otros más abiertos. Un doble rasero

A unque socialmente cualquier desviación en lo

que se considera típico de cada sexo está mal tolerada, incluso cuando hablamos de niños y niñas pequeños, la realidad se empeña en hacernos dudar de los estereotipos.


Así, de una niña que se pasa el día corriendo y jugando con otros niños de su edad se dice que es “un caballo” o “un chavalote”. Pero se acepta que quiera jugar a fútbol o con coches teledirigidos. En cambio, de un niño que juega a hacerse coletas, disfruta con muñecas o haciendo cocinitas se dice que es “raro”. Esta actitud es, desde luego, absurda y discriminatoria porque nuevamente debemos insistir que los niños y niñas no hacen más que reproducir los modelos que ven a su alrededor. Los hombres de hoy en día tienen más cuidado de su aspecto personal; los anillos, pendientes, el pelo teñido, la depilación, la manicura,... cantidad de cosas que formaban parte sólo del territorio femenino acceden al masculino sin distinción y con convencimiento. En ese caso es absolutamente normal que un niño quiera jugar a hacerse mechas en el pelo o a vestir su muñeco para llevarlo muy guapo a una fiesta o a ponerse un delantal y preparar una comida exquisita para los amigos o a coger un cochecito y pasear al bebé. Tal cual lo haría papá... ¿Quien saca provecho?

No faltan especialistas que afirman que esta diferencia

en la socialización y en los comportamientos reside en que con los chicos se suele ser más estricto y, por lo tanto, se le permiten menos transgresiones. Ellos son los futuros protagonistas de una sociedad fuertemente masculinizada. A la niña se le enseña a ser disciplinada, dulce y adaptable, lo que, paradójicamente, la ayuda a tener un mejor rendimiento escolar. Soñar...o querer ser

L os niños y las niñas proyectan su “yo” futuro a partir

de la información que obtienen de su entorno y los patrones culturales dominantes. Un estudio publicado en la Revista Española de Pedagogía este mismo año afirma que las niñas tienen mucho más claro qué quieren ser cuando sean mayores y están más dispuestas a esforzarse que los niños. Ellas quieren ser cirujanas, arquitectas, veterinarias o maestras. Ellos se decantan por profesiones que aportan prestigio y beneficios económicos (dinero) y psicológicos (seguridad y reconocimiento), como futbolista o piloto de fórmula 1. Eso sí, hacia los 11 años, un baño de realidad les hace apartase de ese sueño. Una vez más, la realidad que les envuelve se convierte en un factor determinante para su desarrollo personal. Todos formamos parte de un colectivo y es muy importante escuchar y atender las peticiones que niños y niñas hacen frente a cuestiones que se traman en la colectividad.

Nuevos modelos

Tras años de modelos ingenuos e inofensivos, seguidos

después de otros algo cursis, parece que se está permitiendo que los personajes de ficción que se asoman a las pantallas de cine y televisión, y creados especialmente para ellos, se empapen de retos, conflictos y necesidades de hoy, incluso de rebeldía. Ciertamente, parece que algo se mueve. Personajes de animación como Atomic Betty, Las Supernenas o Mulan se presentan como chicas más decididas, más valientes y que toman la iniciativa. Pero ¿y al revés? ¿Para cuándo un personaje masculino que muestre más sus sentimientos y que no piense sólo en ganar?

L A TR AMPA DEL LENGUAJE ¿HABLAMOS IGUAL A LOS NIÑOS QUE A LAS NIÑAS? ÉSTA ES UNA REFLEXIÓN QUE NOS ATAÑE A TODOS. A ellos Cuidado, que harás daño a alguien.

A ellas ¡Te harás daño!.

No te alejes demasiado.

¡Cuidado, que te manchas!.

Venga, salta.

Dame la mano, sujétate bien.

¿MEZCLAMOS LOS PAPELES? QUIZÁS HA LLEGADO LA HORA DE ROMPER LOS VALORES APRENDIDOS Y ACEPTADOS POR SISTEMA. ¡QUIÉN NO QUERRÍA TENER ALGO DE CADA UNA DE ESTAS HABILIDADES! Valores tradicionalmente. FEMENINOS. Compasión.

Valores tradicionalmente. MASCULINOS. Estrategia.

Ternura.

Tenacidad.

Solidaridad.

Competitividad.

Prudencia.

Capacidad de decisión.

Cuidado de los demás y por el detalle.

Impulsividad.

Paciencia.

Audacia.

Deseo de agradar a los demás.

Seguridad en sí mismos.

Reflexión.

Despreocupación.


¿H

a cambiado el juego en nuestros días?

Más modernos, igual de divertidos

Nunca habían tenido tantos juguetes a su alcance.

Hoy los niños y las niñas tienen mucho entre lo que elegir. Sólo es necesario dejarles escoger y jugar en libertad. Un niño y una niña sanos son curiosos, unos personajes llenos de energía que preguntan y miran, que entran en contacto con un mundo que van descubriendo poco a poco a través de lo que ven y lo que experimentan. Es en este contexto que el juego se erige en un puntal del desarrollo infantil. Jugar es una actividad libre y espontánea, un impulso totalmente gratuito que anima a los niños y las niñas a saber más de su entorno… pasándolo bien. A través del juego nuestros hijos e hijas se expresan y crecen, pero sobre todo se divierten. Y así ha sido en todas las épocas y todas las culturas. En el espejo

L os juegos y los juguetes reflejan la sociedad en la que vivimos. Responden, y así ha sido a través de la historia, a los valores y el desarrollo tecnológico de la sociedad que los ha creado. Ahora estamos en la sociedad del bienestar: construimos nuestra identidad a través de los que consumimos, lo que se refleja en una oferta inmensa de productos, no sólo de juguetes, también de ropa, electrodomésticos que nos hacen la vida más fácil… y que tienen poco tiempo de vida. Ese es el desafío, resistirse al cambio por el cambio: siempre hay una tele mejor, unos zapatos más modernos, un juguete más sofisticado.

Ensayo en general

En este proceso de crecimiento y descubrimientos

el juego tiene una importante pareja de baile: la imitación. Y si nuestra sociedad ha cambiado, también se han modificado nuestros anhelos y nuestros deseos, nuestras maneras de obtener placer y compartirlo… y nuestros hijos e hijas también lo demuestran cuando juegan. Asumiendo responsabilidades

L os padres tenemos que ser muy conscientes de

nuestro papel en todo este escenario. Si la imitación se convierte en el juego de crecimiento por excelencia habrá que procurar que los modelos más próximos a los niños y niñas sean lo más cercanos posible a los valores que consideramos más humanos y sociales (comprensión, solidaridad, respeto, igualdad…). Y, además, demostrarles que papá puede cuidar un bebé de la manera más cariñosa del mundo y mamá ser una gran deportista. Los tiempos cambian ¿o no?

El juego sigue respondiendo a una necesidad vital

de niños y niñas y, además, es la principal manera que tienen para aprender. Y si el juego es una vía de aprendizaje, los juguetes son una herramienta del juego. Con los juguetes los niños inventan, exploran, descubren, crean, representan, aprenden… Hoy en día la oferta es muy diversa; en los últimos tiempos parece que las nuevas tecnologías propician que el juguete se use como en un sustituto de los padres: muñecos que cuentan cuentos, peluches que cantan nanas, libros que enseñan inglés, móviles que se activan ante el balbuceo de un bebé…


Nuevos retos

Actualmente los niños y las niñas dejan de jugar antes

de lo que debieran. Hacia los siete años empiezan a abandonar muchos de los juguetes que les han acompañado hasta entonces, aunque, paradójicamente, casi todos se resisten a deshacerse de ellos. ¡Es tanto el cariño que les tienen! Pero aun así, los consideran “de niños pequeños”. Sienten que necesitan algo más, más difícil, más desafiante, más adulto. Muchas son las influencias que reciben. La tele, los compañeros, las presiones de los padres para que se superen a sí mismos. Entran en juego otras aficiones como la música o los deportes, y los deberes del colegio toman un protagonismo que también les permite trabajar en grupo con otros compañeros y relacionarse con ellos de un modo diferente. Poco a poco van adquiriendo unas costumbres y unos hábitos que hacen que ellos se sientan mayores, importantes porque van aumentando

los retos a superar. Su comportamiento en sociedad también efectuará un cambio y se verán implicados en situaciones que requerirán una actitud más responsable. Y todos estos cambios también encontrarán su aliado en el juego porque ahora tendrán muchas posibilidades, entre otras, de jugar en familia o en grupo, con personas adultas y esto les hará sentir realmente mayores.

El pasado nunca muere

A pesar de todos los avances técnicos, el juguete

tradicional no se resigna a desaparecer. El actual resurgimiento del yoyó muestra que los juguetes “de siempre” responden a una necesidad que existe por encima de modas y tendencias. Que con años de historia sobre sus espaldas, aún tienen mucho por ofrecer. Peonzas, muñecas, combas, hula-hops, canicas, cromos… siguen ahí, esperando ser disfrutados tanto por niños como por niñas. Ésa es la mayor ventaja.

UN VAL OR SEGURO AHORA Y SIEMPRE, LOS JUGUETES AYUDAN A ESTIMULAR EL DESARROLLO INTEGRAL DE NIÑOS Y NIÑAS, ESPECIALMENTE: Los sentidos. Con móviles, mantas, caleidoscopios, juegos de modelar. La motricidad. Usando correpasillos, pelotas, hula-hoops. La inteligencia. A través de juegos de mesa, puzzles, construcciones. La afectividad. Con muñecas, peluches, muñecos de todo tipo. La sociabilidad. Compartiendo juegos y juguetes de tipo simbólico.

CUESTIÓN DE PERS ONALIDAD A TRAVÉS DEL JUEGO SIMBÓLICO, NUESTROS HIJ@S NOS HABLAN DE SUS DESEOS. CÓMO ES

A QUÉ LE GUSTARÁ JUGAR

QUÉ DEMUESTRA

Creativ@

Cocinitas, pasta de modelar, disfraces, elementos de construcción con personajes.

Le gusta inventar y el juego le facilita la tarea. Necesita: Ampliar sus espacios de juego para potenciar esa virtud.

Sociable

Muñecos, sets de médico, cajas registradoras y tiendas.

Elige juegos en los que la participación de otra persona es importante. Necesita: Ir al parque, invitar a sus amigos a jugar a casa.

Activ@

Muñecos de acción, caballos o animales de gran tamaño, casas y tiendas de campaña.

Le cuesta elegir juegos estáticos. Necesita: Que de vez en cuando se le propongan actividades que le ayuden a relajarse.

Introvertid@

Peluches, animales “de bolsillo”, coches autodirigidos.

Le gusta jugar tranquilo o, al menos, marcar su propio ritmo... Necesita: Que se le sugieran juegos que necesiten la participación de más de una persona.


U n juego para cada edad...

¿ un juguete para cada género?

Los juegos de los primeros años son comunes e igualitarios. Es tarea de todos conseguir que sean así cuanto más tiempo mejor. A medida que van creciendo los niños y las niñas van descubriendo qué les gusta más y con quién se avienen. Con el paso de los años acostumbran a formar grupos de niños y niñas porque sienten una innegable afinidad. De todos modos, en entornos más relajados y libres de prejuicios el juego en común sigue vigente durante más tiempo. De los 0 a los 3 años: componiendo una personalidad

L os

cambios de los niños y niñas en esta etapa son espectaculares. Pasan de ser bebés que exploran su entorno más inmediato a través de los sentidos a convertirse criaturas con personalidad propia que se expresan con mayor o menor locuacidad pero siempre con decisión. Durante el primer año sus conquistas van encaminadas a desarrollar sus sentidos, su fortaleza y habilidad física, y a tomar primero conciencia de su propia persona y, después, a empezar a relacionarse con los demás. Cada vez serán más hábiles y fuertes y llegarán a los tres años queriendo reafirmar su independencia y disfrutando de sus primeros amigos.

Cómo juegan: Tras una primera etapa en la que el padre o la madre son los que reparten juego, pronto serán los más pequeños los que les invitarán a iniciar el juego. Durante meses jugarán en solitario o en paralelo con otros niños y niñas, compartiendo espacio pero aún incapaces de hacer algo juntos. Qué les gusta: Sonajeros, mantas de actividades, pelotas, móviles… Más adelante correpasillos, encajables, centros de actividades, muñecos de trapo, toboganes, teléfonos, elementos de juego simbólico…


De los 3 a los 6 años: ¿Los niños con los niños y las niñas con las niñas?

S e empiezan a hacer “mayores”. Hablan con soltura

y les entusiasma dialogar y jugar con los adultos. Persiguen agradarles. Ya son capaces de escuchar con atención y concentrarse en tareas más minuciosas. Poco a poco, el grupo tomará importancia para ellos. Son capaces de explicar lo que sienten y, en pronto, podrán controlar sus emociones… hasta cierto punto. Entran en una etapa que ampliará su campo de acción: aprenden a leer y a escribir. Cómo juegan: Han aprendido a jugar con los demás y disfrutan haciéndolo. Su imaginación es desbordante y eso se manifiesta en sus juegos, en los que la imitación tiene un papel importantísimo. En poco tiempo ya sabrán participar en juegos regidos por normas

sencillas, ¡aunque mejor si no se alargan mucho en el tiempo! Aunque se forman parejas de amigos en los primeros años de escuela los niños y niñas juegan mucho juntos. Qué les gusta: Coches, pelotas de todo tipo y tamaño, lápices y plastilinas, construcciones, instrumentos musicales, marionetas, disfraces, muñecos, cassetes, juegos de ordenador adecuados a su edad… y el juego simbólico se convierte en la estrella de esta etapa. Reproducir las situaciones de la vida real, imaginar una profesión, soñar con princesas y palacios o jugar a ser papá y mamá tiene un gran atractivo para ellos.


De los 6 a los 9 años: el otro sexo existe

S u curiosidad no tiene límites, ni las preguntas

De los 9 a los 12 años: los juegos comunes se mantienen y transforman

para satisfacerlas, tampoco. Los niños y niñas de esta edad pueden prever los efectos de sus acciones y se interesan por ellos. Físicamente han adquirido una gran habilidad y les gusta ejercitarla. Definitivamente, los amigos tienen gran importancia. Hacen sus primeras elecciones en firme e incluso empiezan las primeras rivalidades, peleas y reconciliaciones.

Y a son preadolescentes: empiezan a trazar sus propios planes, independientemente de los adultos. Se muestran cada vez más individualistas pero los lazos con algunos de sus amigos se van estrechando. Muestran sus opiniones con valentía, incluso con descaro. Son consumidores de televisión y las nuevas tecnologías les interesan cada vez más.

Cómo juegan: Es la eclosión de los juegos en equipo con pelota: básicamente el fútbol. Los niños colocan el cartel de “reservado el derecho de admisión” si escogen esta actividad “porque no es un juego de niñas”, aunque también es cierto que no todas están interesadas en participar. Ellas también apartan a los que consideran excesivamente brutos. En cualquier caso, en los colegios es una época de juego en grupo y bastante físico: a cuerda, a baloncesto, a esconderse, a gomas.

Cómo juegan: A pesar de que hacen deporte al aire libre, sobre todo los juegos de las niñas cada vez son más pausados. Aumentan los momentos en los que se juntan para comentar vivencias. Tanto para unas como para otros irrumpe con fuerza el coleccionismo, aunque la locura por los cromos suele empezar en la anterior etapa. A pesar de que niñas y niños tienen claros sus intereses, mantienen espacios de juego en común, básicamente juegos al aire libre.

Qué les gusta: Bicicletas, puzzles, coches teledirigidos, muñecas maniquí y muñecos articulados, juegos de experimentos, de magia, multimedia, cartas, construcciones más complejas …

Qué les gusta: Complementos deportivos (patines, monopatines, patinetes), mecanos, juegos de creación artística, puzzles complejos, juegos de deducción y que ponen en jaque sus conocimientos, videojuegos…


A partir de los 12 años: un nuevo universo

Definitivamente

quieren organizarse su propio tiempo y el contacto con sus íntimos amigos se convierte en algo vital. A muchos les gusta e l d e p o r t e y c o m p e t i r. Viven intensamente las nuevas tecnologías: Internet, ordenadores, reproductores de música en nuevos formatos… Están entrando en el mundo adulto. Cómo juegan: Algunos de ellos afirmarán que ya no juegan, pero, en realidad, siguen haciéndolo. Es indiferente como lo llamen. De todos modos, el tiempo dedicado al juego es cada vez más sedentario y privado. El deporte y las actividades al aire libre siguen teniendo su importancia pero ahora están claramente separadas, chicos y chicas cada grupo por su lado.

Qué les gusta: Las colecciones, los videojuegos, los juegos de mesa y sociedad, de estrategia, rol y simulación, material deportivo, maquetas y construcciones complejas, slots. El juego se transforma con la edad, es cierto. Pero no debe desaparecer porque todos, niños y niñas, padres y madres necesitamos alternativas sanas y creativas para nuestro tiempo de ocio.


I mitando la realidad No se puede criminalizar a los juguetes porque ellos simplemente reproducen la realidad: a través de ellos los niños y niñas se encargan de imitar los roles que ven a su alrededor. La discusión sobre si los juguetes son sexistas, es decir, si hay juguetes específicos para niños o para niñas se acerca peligrosamente a una discusión en bucle además de inútil. ¿Los niños juegan a coches y con muñecos de acción porque son los que responden a su manera de ser? ¿O los eligen invariablemente porque se les ha transmitido que ése es el juguete que les corresponde? Y con las niñas nos podemos plantear lo mismo: ¿Juegan con muñecas porque con ellas pueden mostrarse como realmente son? ¿O las piden porque en casa, en la calle y en la televisión ven a mujeres que cuidan a sus bebés?

Tráfico de influencias

E n realidad, lo que hacen los niños y las niñas al jugar es reproducir los roles que identifican a su alrededor. Necesitan jugar sobre la realidad que conocen para poder reinventarla, imaginarla, reproducirla… conocerla tal como es. Practicar lo que serán en un futuro. En definitiva, hacen lo que ven, no lo que quizá harían libr emente sin todo ese cúmulo de influencias. Así que no hay que cargar las tintas sobre el juguete en sí mismo sino en el uso que se le da, un uso indiscutiblemente influido por la actitud de los adultos. Jugar sin juguetes

D emasiadas

veces relacionamos juego con juguetes. Pero el juego es una actitud existencial que permite, tanto a criaturas como a adultos, disfrutar de manera gratuita con unas pompas de jabón o unas hojas de árbol lanzadas a un riachuelo para que se las lleve la corriente. Por otra parte, existen juguetes imaginarios: una rama puede ser una espada poderosa y un montón

de tierra una montaña más alta que el mismo Everest. También los hay auto construidos o inventados: una cinta a la que se atan globos de colores puede convertirse en un móvil y una caja de cartón ser la guarida de un pirata. Ningún juguete, institucionalizado, garantiza la diversión. Y, por supuesto, más juguetes no equivalen a más diversión ni a mejor juego. Buscando más estímulos

Para que exista juego

realmente tiene que haber la posibilidad de tratar los objetos, incluso las ideas vinculadas al juego, de manera poco convencional. Es decir, tener libertad para hacer con ese objeto lo que nos plazca. En este contexto, los juguetes son herramientas que ayudan y posibilitan la actividad lúdica, por lo tanto son mediadores entre el niño, la niña o el adulto y el juego. Cada vez se otorga a los juguetes un papel más importante y comprometido, ya que cada vez son más imprescindibles como recursos complementarios para jugar.


El papel de los adultos

En las guarderías las criaturas juegan a preparar pasteles,

hablar por teléfono, comparten animales, pelotas... todos juntos, niños y niñas, ¿por qué cambian las cosas? Si bien es cierto que el juego de este tipo, fuertemente estereotipado, les ayuda a tener más clara su identidad sexual, no es necesario ni deseable influir aún más en la diferenciación. Frases como “seguro que no le gusta, nunca me ha pedido un juguete así” o “no le van este tipo de juguetes, es muy movido” tantas veces pronunciadas demuestran cómo los padres y las madres deciden según sus propias creencias e impresiones. De muchas niñas se comenta: “no ha cogido nunca un coche teledirigido”. ¿Es posible que eso sea así porque nunca se le ha puesto uno al alcance?. De algunos niños se dice: “Ahora le ha dado por pedir una cocina, si se la compro en dos días la tiene olvidada y un trasto más”.

Los niños y las niñas notan el rechazo social cuando eligen juguetes o juegos que, en teoría, no corresponden a su sexo y eso no es bueno. Quizás detrás de estas actitudes de los mayores late un miedo a la homosexualidad, aparentemente aceptada, pero ante la que aún hay recelos. Es probable que algunos padres tengan miedo al qué dirán o teman que a su hijo se le imponga una etiqueta. Y aún más, finalmente transmiten esas actitudes a sus hijos, que pueden hacer comentarios desaprobadores ante un compañero que no juega con lo que se supone que debería.

Compartimentos estancos

A los niños se les buscan juegos de monstruos, bélicos, de ingenio, deportivos…que responden al modelo masculino de hombre fuerte, con iniciativa, valiente. De esta manera se potencian valores como el coraje, la habilidad, la fuera o la iniciativa, valores que le permiten enfrentarse a la realidad con seguridad y autosuficiencia. A las niñas se le ofrecen juguetes de futura mamá o para triunfar gustando, juguetes que potencian una actitud dependiente de los demás, de sus deseos y opiniones. Ser ama de casa o mujer deseable, esa es la elección. En terreno neutral

A jenos a esta batalla de sexos están los juguetes

comunes, los juegos que podríamos llamar unisex, los que permiten compartir el juego sin que intervenga la identidad sexual del jugador Son básicamente los denominados juegos de mesa, juegos de sociedad: cartas, juegos de estrategia, puzzles, mosaicos... que además facilitan en muchas ocasiones el juego en familia y en equipo. Hay que elegir los juguetes pensando en los intereses del niño o niña y no en los propios. Los adultos ni siquiera deberían escoger, inmersos en la nostalgia, aquel juguete que tanto les gustaba cuando tenían la misma edad porque, sin pretenderlo, así se perpetúan estereotipos. Hay que dejar elegir a los propios protagonistas, poniendo a su alcance varias posibilidades, sin coartar su libertad.


E n defensa de los fabricantes

El papel de la publicidad

Las reglas del juego

Los niños y niñas son, hoy en día, tres mercados

en uno: primario, de influencia y de futuro. Tienen deseos y los manifiestan, sus padres no tienen inconveniente en gastar dinero. En este panorama, los fabricantes y la publicidad eligen sus estrategias. Es una discusión propia de nuestros tiempos. ¿Los consumidores piden lo que realmente desean o están influidos por la oferta que perciben? En la elección de juguetes, como sucede con los contenidos televisivos o las películas de más éxito, es difícil dilucidar quien es el auténtico responsable. ¡Si es que sólo hay uno! En defensa de los fabricantes: ¿quién pone el cascabel al gato?

L os fabricantes están interesados en saber qué

ocurre, cómo se mueve el mercado, para poder anticipar el futuro del juguete y establecer estrategias. Según un estudio realizado por la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes, el sector juguetero experimentó una tasa de crecimiento en el año 2005 del 8%, situó a las grandes super ficies, tiendas especializadas e hipermercados como líderes de distribución y constató el incremento del esfuerzo en publicidad de las empresas.

Carreras por la originalidad

Un estudio de la Feria de Juguetes de Hong Kong

situaba la vida media de un juguete en Europa en un año y nueve meses, mientras que en Estados Unidos se reduce a un año y medio. Estos datos muestran a las claras la constante innovación a la que se ve obligado al fabricante, que sigue atentamente los mensajes que le llegan por parte de los consumidores. Este esfuerzo creativo, de inventar juguetes nuevos temporada tras temporada, no consigue resolver las marcadas diferencias de género. Así, se constata la tendencia a incrementar la variedad de juguetes para niños, mientras que las niñas tienen más oferta pero más repetitiva. Los fabricantes innovan pero no pueden ir más rápido que la sociedad. Y con esto volvemos a la pregunta inicial ¿Quién marca los tiempos? Una vez más, ésta parece una tarea de todos. Por un lado, los niños y niñas muestran sus preferencias en cuestión de juego y juguete y ese podría ser uno de los índices de actuación para los fabricantes, pero la adquisición del juguete se produce a través de los adultos que reproducen un tipo de mercado mucho más conservador. De esta forma, si un niño pide a sus padres un cochecito con un bebé para reproducir probablemente una escena familiar que es para él habitual, es difícil afirmar que lo conseguirá. Porque, en el fondo, el convencionalismo de que ese juguete es más propio de una niña impera y es fácil que los padres acaben adquiriendo otro tipo de juguete. ¿Qué pasaría si un fabricante de juguetes diseñara, por ejemplo, una casa de muñecas que fuera un loft? ¿Si su hijo la pidiera, la compraría? En el mercado infantil, aunque el producto está destinado a los pequeños de la casa, el consumidor final, en la mayoría de los casos, en materia de elección, sigue siendo el adulto.


El dónde también importa

La distribución es muy importante porque es el puente

entre los fabricantes y los consumidores. Los principales formatos de distribución utilizados por los jugueteros han ido evolucionando a través de los años. En primer lugar se sitúan las tiendas especializadas con un 30%, después las grandes superficies con 28%, los grandes almacenes con 20%, nuevos detallistas con 10% y los grandes almacenes especializados con 10%. Éste es el vivo reflejo de los hábitos de consumo de los españoles, que se concentran cada vez más en grandes superficies en las que pueden adquirir la mayoría de las cosas que necesitan, sean productos de alimentación, vestido y calzado o, en este caso, juguetes. Así, la publicidad se convierte en la principal vía de información y consejo. La publicidad, vendiendo satisfacción

M ientras son pequeños la decisión de compra es exclusivamente de los padres, así que la publicidad y el marketing van dirigidos al público adulto. Pero sobre los cuatro-cinco años las cosas cambian, y es entonces cuando la publicidad y las estrategias de venta se centran directamente en los niños y niñas. Ellos y ellas son los que tienen menos posesiones y, por lo tanto, los que más desean… y lo desean todo porque aún no han aprendido a poner límites ellos mismos. Los jugueteros, conscientes de ellos, destinan un porcentaje de su facturación a publicidad, con tendencia a aumentarlo cada año. Pero no todo vale en la publicidad. Para proteger a la infancia

de mensajes que puedan ser una mala influencia, seis son los principios básicos que constituyen el código deontológico para publicidad infantil, código de autorregulación que ha sido promovido principalmente por la Asociación de Fabricantes de Juguetes. La interpretación e implantación de los Principios y Directrices estarán, en todo caso, siempre de acuerdo con la Comunidad Europea y la legislación nacional. En efecto, las Directrices anticipan y se aplican en muchas de las áreas que exigen un estudio sobre la publicidad infantil, pero son más ilustrativas que restrictivas. Cuando no exista una directriz específica con relación al tema que se trate, habrá que aplicar estos Principios en un sentido amplio para evaluar la publicidad dirigida a esa audiencia tan influenciable y vulnerable como es la infancia. Cuestión de formas

D e todos modos hay que valorar los cambios que se

perciben. Algunos fabricantes han empezado a mover ficha y en la publicidad empiezan a verse niñas montadas en un quad último modelo. Es un avance, tímido, pero avance al fin y cabo tanto de los fabricantes como de la sociedad. Y el avance empieza por presentar modelos femeninos que acceden a escenarios masculinos porque nuestra sociedad t a m b i é n e s t á i n c o rporando mucho más deprisa a la mujer en el terreno del hombre que al revés, pero la tendencia es que cada vez más los papeles se unifiquen y entonces seguro, veremos también en un anuncio de televisión, un niño paseando un cochecito con un muñeco bebé.


L a pelota

en nuestro tejado

Para superar cualquier situación adversa todo el mundo tiene que aportar su granito de arena. ¿Qué pueden hacer los padres? No siempre es fácil liberarse de maneras de pensar y actuar que forman parte del subconsciente colectivo. Pero aun así hay que intentarlo.

El mejor ejemplo

Es importante dar a los niños y a las niñas nuevas pautas y modelos de relación entre géneros que les ayuden a valorar la complementariedad y el respeto mutuo. Para ello proponemos un decálogo de actuación: 1 -Ofrecer experiencias positivas a imitar. Hay que enseñar, y mostrar, a las criaturas que los hombres y las mujeres somos diferentes en nuestra genética pero iguales en nuestras oportunidades de desarrollo social y las responsabilidades de uno también son iguales para el otro. Y de igual a igual se les debería mostrar a los hijos e hijas en el día a día que hombres y mujeres son complementarios y donde no llega uno de los dos está el otro para ocupar su lugar, que da igual que sea papá o mamá, los dos pueden hacer lo mismo, los dos me atienden y me quieren por igual. 2.- Dar espacio a la creatividad. Nunca debería molestar el hecho de que una criatura se divierta montando aviones de papel o juegue con chapas de botellas (“¡con la cantidad de juguetes que tiene!”). El placer por el juego puede expresarse de múltiples maneras y es bueno y deseable que así sea. De vez en cuando cabe también ir más allá de los convencionalismos. Eso significa, por ejemplo, no poner el grito en el cielo si el niño o la niña pintan un dibujo en el suelo de un rincón de la terraza o en el pasillo de casa con tizas de

colores. O darle a un juguete un uso distinto del que, en teoría, le corresponde. Mejor aún, conviene hacerlo juntos. 3. -Participar y disfrutar con el juego, juntos. Nunca se debería interpretar el tiempo que se dedica a jugar con los hijos o hijas como una renuncia, una obligación o un tiempo perdido que se podría dedicar a otra cosa. El juego es cosa de todos. La mejor manera de demostrarles afecto y amor es la dedicación, simple y feliz porque no desean otra cosa que sus padres y madres se rían y se muestren felices con ellos. 4. -Reforzar las actitudes democráticas en la familia. Eso no significa que cualquier decisión requiera un acuerdo por unanimidad. Pero sí que es bueno escuchar y dar la oportunidad de expresar opiniones. Que tengan menos edad no significa que no tengan criterio e ideas propias Ser padres, madres o educadores positivos, libres, y sobre todo admitir que nadie es perfecto y no pretender que nuestros hijos e hijas lo sean es una buena filosofía de partida para una convivencia democrática. 5.- Crear espacios de relajación psicológica. Espacios donde los más pequeños de la casa se sientan seguros para actuar en libertad, para ser creativos y poder expresar lo que sienten o piensan. Mostrarse y jugar sin temor a sentirse juzgados. 6. -Procurarles la compañía de otros niños y niñas. Hoy en día jugar se está convirtiendo en


una actividad cada vez más individualista, privada. Hay que darles la oportunidad para convivir y compartir con otros niños y niñas de su edad. 7. -Claves para escoger un juguete. La mejor manera de educar en el consumo responsable es hacerlo con sentido común y con conciencia de la propia responsabilidad como padres. Por eso, los adultos deberían escoger los juguetes desde la comprensión y la tolerancia, sin olvidar que su principal función es que sea una fuente de alegría y estímulos. 8. -Dedicar tiempo a la compra. Si dedicamos más de una tarde de compras a encontrar un electrodoméstico de gran tamaño al mejor precio, deberíamos hacer lo mismo con los juguetes de las criaturas. No es una buena idea salir de casa con la intención de terminar la jornada con todos los regalos tachados de la lista. Por ejemplo, ante la llegada de los Reyes Magos, o en algunas casas Papá Noel, no está de más ir de tiendas, ver los catálogos o anuncios de televisión juntos antes de tomar decisiones.

9.- Pensar en el carácter los hijos y hijas. Si a una niña le gusta correr y jugar al aire libre se le debería poder regalar un balón o un coche teledirigido. Si un niño es muy cariñoso ¿por qué no regalarle una muñeca? Y si cuesta superar los perjuicios se puede optar por un muñeco de sexo masculino, que también los hay. 10. -Observarlos mientras juegan. Los niños y niñas nos dicen muchas cosas sin dirigirse a nosotros. Jugando, se muestran tal como son, expresando emociones y sentimientos. Una buena pista para decidir qué se les puede comprar es observarlos, sobre todo cuando lo hacen en un lugar nuevo, lejos de sus propios juguetes. En casa de un primo, en una ludoteca, en el colegio o jardín de infancia. ¿A qué juguetes se acercan?


Marqués de Urquijo, 6-8, 1º A · 28008 Madrid

juguete y género  

material elaborado por Crecer jugando

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