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LA MISION DEL DICIPULO ES EL ARREPENTIMIENTO El Arrepentimiento no es opcional. Es un mandato de Dios: Dios declara ahora a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan (Hechos 17:30) Jesús habla de que el arrepentimiento se debe de poder ver: ..den frutos dignos de arrepentimiento.. (Lucas 3:8) ¿Tu porqué crees que eres discíplulo de Cristo (Cristiano)?      

¿Por sólo decir ser cristiano, lo es? ¡No! ¿Porque levantaste la mano en una reunión? ¡No! ¿Por haber orado una “oración mágica”? ¡No! ¿Porque vas a la iglesia? ¡No! ¿Porque diezmas? ¡No! ¿Por haber sido bautizado? ¡No!

El verdadero discípulo inica con el arrepentimiento. ..Jesús comenzó a predicar: “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado.” (Mat 4:17) “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.” (Luc 5:32) .. si ustedes no se arrepienten, todos perecerán igualmente.” (Luc 13:1-5) La predicación superficial que vemos hoy en día no produce cambio verdadero. Debe haber una señal de regeneración. Somos salvos por fe, pero la fe sin obras es muerta. Algunos citan Hechos 16.31 (Cree en el Señor Jesús, y serás salvo, tú y toda tu casa) y dicen que la salvación viene por el arrepentimiento. Creer NO es suficiente Tú crees que Dios es uno (que hay un solo Dios). Haces bien; también los demonios creen, y tiemblan. Pero, ¿estás dispuesto a admitir (¿quieres saber), oh hombre vano (necio), que la fe sin obras es estéril? (Stg 2:19-20) Pues ellos mismos cuentan acerca de nosotros, de la acogida que tuvimos por parte de ustedes, y de cómo se convirtieron de los ídolos a Dios para servir al Dios vivo y verdadero, (1Tes 1:9) Tres Áreas que deben de verse en un arrepentimiento genuino


1. Emociones -Dolor del pecado… 2. Intelecto -Cambio de mente 3. Voluntad. -Cambio de vida …pero ahora me regocijo, no de que fueron entristecidos, sino de que fueron entristecidos para arrepentimiento… Porque la tristeza que es conforme a la voluntad de Dios produce un arrepentimiento que conduce a la salvación, sin dejar pesar; pero la tristeza del mundo produce muerte. (2Co 7:8-10) Los frutos dignos de arrepentimiento se muestran de una manera práctica. Dejas de robar, de tranzar, de hacer cosas deshonestas. La Biblia lo señala por medio de Juan el Bautista: Por eso, Juan decía a las multitudes que acudían para que él las bautizara: “¡Camada de víboras! ¿Quién les enseñó a huir de la ira que vendrá? “Por tanto, den frutos dignos de arrepentimiento; y no comiencen a decirse a ustedes mismos: „Tenemos a Abraham por padre,‟ porque les digo que Dios puede levantar hijos a Abraham de estas piedras. “El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego.” Y las multitudes le preguntaban: “¿Qué, pues, haremos?” Juan les respondía: “El que tiene dos túnicas, comparta con el que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo.” Vinieron también unos recaudadores de impuestos para ser bautizados, y le dijeron: “Maestro, ¿qué haremos?” “No exijan (No colecten) más de lo que se les ha ordenado,” les respondió Juan. También algunos soldados le preguntaban: “Y nosotros, ¿qué haremos?” “A nadie quiten dinero por la fuerza,” les dijo, “ni a nadie acusen falsamente, y conténtense con su salario.” (Luc 3:7-14) Pero, ¿estás dispuesto a admitir (¿quieres saber?), oh hombre vano (necio), que la fe sin obras es estéril? (Stg 2:20) Profesan, pero ¿serán Nacidos de Nuevo? 

Hay personas que piensan que son salvas sólo por haber hecho la oración de fe en algún momento de su vida. Según la revista American Cristianity, en EEUU hay 305 millones de personas, de las cuales 250 millones profesan ser Cristianos, pero sólo 134 millones asisten regularmente a la iglesia. ¿Cuántos serán verdaderos discípulos? ¿Cuántos viven como Cristianos? Cada año se abren 1500 iglesias Evangélicas nuevas… ¡pero cierran 4000! Los Católicos piensan que por haber sido bautizados en su niñez, son salvos. Según el INEGI, sólo 26% de las personas que profesan la fe Católica asisten regularmente a la iglesia. ¿Cuántos serán nacidos de nuevo?

¿Cuáles son las Evidencias de los Verdaderos Discípulos? Veamos el texto de Santiago, comenzando en el versículo 14 ¿De qué sirve, hermanos míos, si alguien dice que tiene fe, pero no tiene obras? ¿Acaso puede esa fe salvarlo? (Stg 2:14)


Recordemos que Pablo afirma en Romanos que “el hombre es justificado por la fe aparte de las obras.” Las obras son la prueba de que tu arrepentimiento fue genuino. En los siguientes versículos Santiago entra en un ejemplo. Si un hermano o una hermana no tienen ropa y carecen del sustento diario, y uno de ustedes les dice: “Vayan en paz, caliéntense y sáciense,” pero no les dan lo necesario para su cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe por sí misma, si no tiene obras, está muerta. Pero alguien dirá: “Tú tienes fe y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin las obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.” (Stg 2:15-18) Si entendemos estos versículos, nos damos cuenta que no hay contradicción con lo que dijo Pablo en Romanos. Si no hay pruebas, tu fe es estéril. Tú crees que Dios es uno (que hay un solo Dios). Haces bien; también los demonios creen, y tiemblan. (Stg 2:19) Hay muchos que tienen la fe de los demonios. Creen, al igual que los demonios, pero no practican. Pero, ¿estás dispuesto a admitir (¿quieres saber?), oh hombre vano (necio), que la fe sin obras es estéril? (Stg 2:20) En la versión NVI se traduce “hombre vano” como “hombre tonto”. ¿No fue declarado justo nuestro padre Abraham por lo que hizo cuando ofreció sobre el altar a su hijo Isaac? Ya lo ves: Su fe y sus obras actuaban conjuntamente, y su fe llegó a la perfección por las obras que hizo. (Stg 2:21-22) ¡La fe actuó! Recapitulando, nadie puede alcanzar la salvación sin creer en Cristo; pero si alguien dice que cree, debe tener obras que lo demuestren

Jesús nos dijo “Así que por sus frutos los conocerán.” El Señor hablaba de cómo podrían reconocerse a los verdaderos discípulos y también a los falsos discípulos. En los temas anteriores vimos cómo los verdaderos creyentes comienzan a serlo con un verdadero arrepentimiento, un giro de 180 grados en forma de vivir. Como dijo el Apóstol Pablo, “las cosas viejas


pasaron, ahora han sido hechas nuevas.” La fe salvadora produce inevitablemente frutos de la nueva naturaleza. Vamos a estudiar el pasaje de Mateo 7:13-20 en detalle. “Entren por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y amplia es la senda que lleva a la perdición (destrucción), y muchos son los que entran por ella. Pero estrecha es la puerta y angosta la senda que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. (Mat 7:13-14) Aquí vemos dos antítesis: Una puerta angosta y una puerta ancha; y un camino angosto y un camino ancho. Ambas son metáforas que nos hablan del caminar de las personas. El camino ancho es muy fácil de caminar… uno se puede decir a si mismo: el camino ancho no es tan malo, todo el mundo anda por él, todos hacen lo mismo. Hay personas que, aunque van a la iglesia, o incluso usan el púlpito, van por el camino ancho. Mientras, quienes van por el camino angosto encuentran que éste se vuelve cada día más angosto.

Tus hechos hablan tan fuerte, que no se escucha lo que dices. Como dice el refrán: “Tus hechos hablan tan fuerte, que no se escucha lo que dices.” “Cuídense de los falsos profetas, que vienen a ustedes con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. (Mat 7:15) Jesús habla aquí sobre la existencia de ministros falsos. ¡Hay lobos entre las ovejas! Cuidémonos de ellos. “Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos? (Mat 7:16)

Las evidencias externas hablan de la experiencia interna. “Así, todo árbol bueno da frutos buenos; pero el árbol malo da frutos malos. “Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. (Mat 7:17-18) El buen árbol es una forma metafórica de referirse al genuino Cristiano. El árbol malo es una metáfora del que dice ser Cristiano, pero no lo es. ¿Y cuáles serán los frutos malos y los frutos buenos? Pablo lo explica claramente en su carta a los Gálatas: Ahora bien, las obras de la carne son evidentes, las cuales son: inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, herejías, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales les advierto, como ya se lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley. (Gal 5:19-23)


Notemos cómo todos los árboles dan fruto. Según Jesús en la Parábola del Sembrador, hay algunos que rinden fruto en diferentes cantidades: 30, 60 o hasta 100 veces. Esto nos habla de que algunos Cristianos van a dar más frutos que otros. El original para la palabra “dar” es el griego “poiéo” que significa hacer cosas, practicar. Esto nos habla de que no se trata de un “fruto invisible”, sino uno que consiste en cosas visibles, tangibles. El nacido de nuevo no puede practicar el pecado (más sobre eso abajo). El árbol malo, el falso Cristiano, puede simular el fruto del bueno, pero su fruto no es genuino. Allí es donde se cumple lo que dijo Juan: “salieron de nosotros, pero en realidad no eran de nosotros” (1Jn 2:19). ¿Habrá pastores o ministros que no han nacido de nuevo? ¡Claro que sí! “Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. “Así que, por sus frutos los conocerán. “No todo el que Me dice: „Señor, Señor,‟ entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de Mi Padre que está en los cielos. (Mat 7:19-21) Esto es serio, porque de esto depende tu eternidad. La santificación es el fruto que se espera de nosotros (Rom 6:22).

Los que profesan ser y no son. “Muchos me dirán en aquel día: „Señor, Señor, ¿no profetizamos en Tu nombre, y en Tu nombre echamos fuera demonios, y en Tu nombre hicimos muchos milagros?‟ “Entonces les declararé: „Jamás los conocí; APARTENSE DE MI, LOS QUE PRACTICAN LA INIQUIDAD.‟ (Mat 7:22-23) Profetizamos: Aquí el Señor se refiere claramente a los que profesan ser Cristianos, pero no lo son. La palabra que se usó para “profetizamos” no es la que se usa para hablar del don de profecía, sino que significa aquí “hablar el mensaje de Dios.” Es decir, hay quienes desde un púlpito hablan las palabras de Dios, pero no las viven. Demonios: Aquí dice que los falsos maestros aún expulsan demonios, pero que no conocen a Jesús. Dejemos claro que los demonios son expulsados por el poder del nombre de Jesús, pero expulsarlos no es evidencia de la santificación del que ora. Aún Judas expulsó demonios (cuando fueron enviados de dos en dos), pero es claro que nunca fue un verdadero discípulo de Cristo. Milagros: Por último Jesús afirma que algunos aún hicieron milagros, pero no conocieron a Jesús. ¿Un milagro garantiza que el sanado y el que oró son Cristianos? ¡No! Algunas personas son engañadas porque piensan que un milagro o un prodigio pueden avalar a los involucrados, pero no es así.

Policías y Médicos Falsos


Para entenderlo mejor pensemos en el siguiente ejemplo: cualquier persona sin entrenamiento, preparación o autorización puede hacerse pasar por policía, o por médico, y ejercer el oficio falsificando un uniforme o una credencial. Muchos pueden ser engañados, otros pueden haber recibido un beneficio de ellos, algunos más pueden incluso haber sido curados, pero los falsos no dejan de serlo por ello. Aquí Jesús les dice “nunca los conocí”, al igual que el falso no podría entrar en el cuartel de policías. 2 Tim 2:19 dice que “El Señor conoce a los que son Suyos“. 1.

Hay muchos creyentes (la Biblia dice que hasta el Diablo cree). Pero pocos discípulos de Jesús. Veamos dos pasajes referentes a ser o no ser discípulos, a ser amigos o enemigos de la cruz. Dirigiéndose a todos declaró: -Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz cada día y me siga. (Luc.9:23) Como les he dicho a menudo, y ahora lo repito hasta con lágrimas, muchos se comportan como enemigos de la cruz de Cristo. Su destino es la destrucción, adoran al dios de sus propios deseos* y se enorgullecen de lo que es su vergüenza. Sólo piensan en lo terrenal. En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde anhelamos recibir al Salvador, el Señor Jesucristo. (Fil 3:18-20) La palabra discípulo viene del griego «mathetes» que quiere decir aprendiz. En el contexto cultural de la época era muy claro: aprendiz es el que memorizaba las palabras de su tutor, conocía el estilo de vida de su maestro, lo vivía, y eventualmente se hacía tutor de otros. Un discípulo debía negarse a sí mismo y ser totalmente obediente a su tutor. Un buen ejemplo de tal relación es el de los filósofos griegos y sus seguidores: Sócrates, Platón y sus discípulos de La Academia, Aristóteles. Otro ejemplo es el de Mahatma Ghandi, quien luchó con pasión para liberar a India de la opresión Británica. Su combate tuvo como base la resistencia pacífica, y aunque sus discípulos tardaron en aprender a no responder a las agresiones con violencia, la mayoría pudo negarse a si mismo y someterse a los valores de su tutor. Si ellos se sometieron a un hombre que tenía una visión netamente terrenal, ¡cuánto más debemos someternos nosotros a Jesús! Algunos que querían seguir a Jesús entendieron el costo de dar ese paso:


Al escucharlo, muchos de sus discípulos exclamaron: “Esta enseñanza es muy difícil; ¿quién puede aceptarla?” (Jua 6:60 NVI) La palabra «difícil» se puede traducir también como severa. La palabra aceptarla se puede traducir también como obedecerla. Es decir, se trata de una enseñanza rigurosa, severa y que debe obedecerse. Jesús, muy consciente de que sus discípulos murmuraban por lo que había dicho, les reprochó: -¿Esto les causa tropiezo? (Jua 6:61 NVI)

Hablar entre Dientes La palabra murmuraban viene del griego «gongúzo» que significa rezongar, gruñir, refunfuñar una orden. En palabras sencillas podríamos traducir esta expresíón como hablar entre dientes. Imaginemos a un muchacho a quien se le ordena deshacerse de la basura… habla entre dientes refunfuñando porque no quiere hacer el trabajo. ¡Hay hermanos que son así! Siguen gruñendo y hablando entre dientes después de 20 años. ¡Se parecen más al Demonio de Tasmania que al Maestro! Desde entonces muchos de sus discípulos le volvieron la espalda y ya no andaban con él. (Jua 6:66 NVI) Estos últimos no llegaron al final, no se graduaron. En Hebreos, Dios dice: “si {alguien} se vuelve atrás, no será de mi agrado.” Jesús dijo que “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.” La esposa de Lot se convirtió en una estatua de sal porque amó más al mundo y se volvió para ver la ciudad de perdición, como si lo de atrás valiera más que lo eterno. Jesús no engaña a nadie. Él nos dijo que no vino a dar paz, sino disensión. Seguir a Cristo te va a poner en disensión. ¿Vas a seguirle? (Cuando Jesús dijo que “La paz les dejo; mi paz les doy” estaba hablando de paz espiritual, paz con Dios, no con el Mundo).

Nuestro Problema es el Pecado Dirigiéndose a todos, declaró: -Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz cada día y me siga. (Luc 9:23 NVI) Notemos a quiénes llamó Jesús: a todos. ¿Y cuántos responden? Algunos. Sólo algunos. Otros vienen a Jesús por una sanidad, pero Jesús no está tan


preocupado por tu sanidad del cuerpo como por salvarte del infierno. Acordémonos de los diez leprosos (que llegaron a Jesús por su sanidad): sólo uno regresó y Jesús le dijo “Tu fe te ha salvado.” Otros llegan a Jesús porque les prometieron “Entrégate a Cristó y él solucionará tu matrimonio.” Esa es una verdad a medias e implica un gran riesgo: podemos “acercarnos” a Dios buscando una solución y no la salvación. Nuestro problema principal -y por tanto el problema fundamental de nuestros matrimonios- es el pecado. ¿Y dónde se soluciona el problema del pecado? ¿Quién es el único que puede solucionar ese problema? Jesús, cuando nacemos de nuevo. La cruz no es sólo un pasito que damos para llegar al bienestar. ¡La cruz pesa tres toneladas! Y alguno dirá, pero… ¡Dios es amor! Sí, pero la Biblia no dice que Dios es amor, amor, amor, amor, amor, amor… Tampoco dice que Dios es misericordioso, misericordioso, misericordioso, misericordioso… El único atributo de Dios que aparece repetidamente es: Dios es Santo, Santo, Santo.

¿Avivamiento o Avivo y Miento? Dice la Biblia que el día de la multiplicación de los panes y los peces había como cinco mil varones sin contar a las mujeres y a los niños. Entonces seguramente eran como veinte mil personas reunidas en torno a Jesús. - ¡Qué avivamiento, veinte mil personas!- podrían decir hoy muchos. Seamos claros: las multitudes no son necesariamente una señal de avivamiento. ¿Avivamiento o avivo y miento? ¿Cuántos de estos realmente eran discípulos? Veamos lo que la gente hizo cuando terminó de comer sus sándwiches de sardina: En cuanto la multitud se dio cuenta de que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, subieron a las barcas y se fueron a Capernaúm a buscar a Jesús. (Jua 6:24 NVI) En el contexto de este pasaje la palabra buscar también se puede traducir como pedir. Fueron a pedirle más a Jesús. ¡Más sándwiches gratis por favor! En el Mundo se dice que si ofrecemos cosas gratuitas la gente no las valorará. Pero este criterio no es válido en el Reino de Dios. Hoy, con tal pretexto, algunos cobran por predicar la Palabra y otros cobran por un milagro. ¡Son corruptos! El precio de nuestra salvación es tan alto que Jesús tuvo que regalarla.

Se hartaron como animales Cuando lo encontraron al otro lado del lago, le preguntaron: –Rabí, ¿cuándo llegaste acá? –Ciertamente les aseguro que ustedes me buscan, no porque han visto señales sino porque comieron pan hasta llenarse. (Jua 6:25-26 NVI)


En estos versículos la palabra comieron viene del griego « fago » que implica que comieron, devoraron hasta saciarse. La palabra llenarse viene del griego «cortazo» que significa hartarse. Las dos palabras se usaban para hablar de animales. Podríamos leer esto así: Ustedes me buscan porque se hartaron y devoraron, comieron como animales. Eran palabras ofensivas. Y tú, ¿por qué buscas a Jesús? ¿Cuál es tu motivación?

Reprendiendo al Maestro ¿Te imaginas a un estudiante reprendiendo al profesor en su primer semestre de clases? ¡Eso no debería pasar! Sin embargo, aquí vemos a Pedro reprendiendo a Jesús: Desde entonces comenzó Jesús a advertir a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas a manos de los ancianos, de los jefes de los sacerdotes y de los maestros de la ley, y que era necesario que lo mataran y que al tercer día resucitara. Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo: –¡De ninguna manera, Señor! ¡Esto no te sucederá jamás! (Mat 16:21-22 NVI) Si no lo hubiera entendido más tarde, Pedro habría sido el precursor de la confesión positiva: “De ninguna manera te suceda esto”. Jesús les declaraba a sus discípulos todo lo que habría de ocurrir: aquí lo vemos anunciándoles cómo iba a morir. Pedro le reprende por tal declaración: no había entendido aún lo que Pablo le advertiría más tarde a Timoteo que “sufriría persecución”. ¿Pablo “confesó negativamente” lo que ocurriría a los cristianos? Hermanos, ¡esa enseñanza de la confesión positiva viene de la carne! Jesús se volvió y le dijo a Pedro: –¡Aléjate de mí, Satanás! Quieres hacerme tropezar; no piensas en las cosas de Dios sino en las de los hombres. (Mat 16:23 NVI) La palabra Satanás significa adversario. Cuando Jesús le llama Satanás a Pedro no está diciendo que éste sea el Diablo, sino que le está llamando adversario, uno que está en contra de los planes de Dios. Imagínate si Jesús le hubiera hecho caso a Pedro. ¿Dónde estaríamos nosotros? ¡Pedro estaba recomendándole no enfrentar al pecado en la cruz, no cumplir la misión que le encomendó el Padre! El hombre no piensa como Dios.

¿Amigos o Enemigos de Dios?


Dice Pablo en Romanos que cualquiera que anda en la carne se hace enemigo de Dios. Por tanto, el verdadero discípulo de Jesús debe dejar sus proyectos personales a un lado. Jesús nos enseñó a orar: “Hágase hoy Tu voluntad.” Tenemos que aprender a negarnos a nosotros mismos, a desechar nuestros proyectos para tomar los de Él. Recuerdo muy bien cuando Dios me llamó: yo no quería ser pastor. Había observado la vida de los pastores y prefería ser un evangelista. De hecho empecé a imitar uno que venía a la iglesia donde yo me congregaba en ese tiempo. (¿Han visto a los imitadores de Benny Hinn? Ahora hay un montón de „Hijines‟, pero no necesariamente “Hijines” de Dios). Dios me dijo muy claro: Tú vas a ser pastor. ¿Vas a hacer lo que tú quieres o lo que yo quiero? Yo me sometí y le pedí el don de ser pastor. ¿Y tu? ¿Vas a hacer lo que tú quieres o lo que Dios dice?

Tomar la Cruz Luego dijo Jesús a sus discípulos: –Si alguien quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme. (Mat 16:24 NVI) En el contexto cultural de hoy no entendemos muy bien el concepto de cruz porque pertenece a otra época. Pero en tiempos de Jesús era muy claro lo que Jesús estaba diciendo: la cruz era el instrumento para el martirio que los Romanos tomaron de los Persas y de los Asirios. El tomar la cruz era un sacrificio, implicaba padecer persecución. La cruz que llevamos hoy en realidad es pequeña y liviana, como un dije, fácil de cargar. Pero la cruz de la que hablaba Jesús era pesada. ¿Recuerdas cuando un profeta le avisó a Pablo que si iba a Roma sería golpeado y maltratado? Los discípulos le dijeron a Pablo que no fuera, pero él dijo “no me desanimes, estoy listo para poner mi vida“. ¿Y tú? ¿Estás dispuesto a todo? “Subió Jesús a una montaña y llamó a los que quiso, los cuales se reunieron con él. Designó a doce -a quienes nombró apóstoles- para que lo acompañaran y para enviarlos a predicar y ejercer autoridad para expulsar demonios.” (Mar 3:13-15 NVI) Ese es el reto que tenemos. El reto de ser discípulos de Cristo que, además, constituye un privilegio. Para aquellos que aman hacer la voluntad de Dios, el Cristianismo no es una carga ni una obligación, es un privilegio.


Discípulos y Cristianos “… Durante todo un año se reunieron los dos con la iglesia y enseñaron a mucha gente. Fue en Antioquía donde a los discípulos se les llamó “cristianos” por primera vez.” (Hec 11:26 NVI) Vamos a analizar dos de las palabras que aparecen aquí:  

“Discípulo”, significa alumno. Tenemos un Maestro. “Cristiano”, viene del griego «jristianós». De manera literal, significa “Cristo Pequeño”. No es el nombre del afiliado a una religión.

Tanto el Discípulo como el Cristiano buscan ser como Cristo. El Señor dijo que los discípulos no son mayores a sus maestros (Luc 6:40), pero deben ser como el Maestro. La palabra Cristiano en sus orígenes era un término peyorativo, una burla, un apodo asignado no sólo a los doce que lo seguían de cerca sino a cualquiera que siguera sus enseñanzas. Los apodos suelen describir muy bien a quienes les son adjudicados.. ¿Te pondrían “el chambeador” por ser trabajador? ¿Seremos dignos del apodo “Pequeño Cristo”? Hoy las burlas contra algunos “creyentes” -que no discípulos- suelen ser por otra razón: porque los tales dicen que son como Cristo pero en realidad no lo son.

¿Elegiste o te eligieron? ¿Sabías que eres Cristiano no es meramente porque lo elegiste? ¿Has escuchado hablar a la gente: escogí a Cristo? Eso no es cierto: Jesucristo es quien se decidió por ti. Es común que presentemos a Jesús equivocadamente cuando decimos: ¿Quieres aceptar a Cristo en tu corazón? Es como si estuviéramos vendiendo algo. El precio de aceptar a Jesús es darle la vida, y no se debe pagar en abonos. Debes darle todo: tu noviazgo, tu trabajo, tu carácter, tu matrimonio, tus hijos, etc. Debemos entregar nuestra vida, sin reservas. No podemos tomar a Jesús como si fuere un hobby. El pasaje que estamos viendo en Marcos dice que Jesús llamó “a los que él quiso.” El compromiso de ser Cristianos se ha rebajado tanto que pareciera que Dios está rogando que lo aceptemos, que nos necesita. ¡Somos nosotros quienes lo necesitamos a Él! ¿Se acuerdan de Juan el Bautista cómo le hablaba a la gente? Arrepiéntase porque el Reino de los Cielos está cerca. Así hacía entender a la gente que ser cristiano y discípulo de Jesús es el reto más grande que alguien puede tomar.


No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes y los comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure. Así el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre. (Jua 15:16 NVI) Tenemos el honor de haber sido escogidos por Dios y debemos tomar el reto de seguir a Jesús.

Determinó y Redimió Volvamos a ver el versículo de Marcos: Subió Jesús a una montaña y llamó a los que quiso, los cuales se reunieron con él. Designó a doce –a quienes nombró apóstoles*–, para que lo acompañaran y para enviarlos a predicar y ejercer autoridad para expulsar demonios. (Mar 3:13-15 NVI) “Quiso” significa “Determinar“. También dice que Jesús tuvo una inclinación con alegría. Jesús nos escogió con amor, con una sonrisa en su cara. Le dio gusto escogernos. “Designó” se puede traducir como “Redimir, sacar (pagando por un precio)”. ¿De dónde sacó a Marcos? ¿A Pedro? Los sacó de sus vidas anterirores.

Tres Razones El versículo de Marcos muestra tres razones por las cuales Jesús llamó a sus discípulos:

1- Que lo Acompañaran Jesús pasaba tiempo con ellos para perfeccionarlos. No eran perfectos, pero estaban con Jesús. Si no tenemos comunión con Dios no tenemos nada bueno que ofrecerle a la gente. En ese contexto, nuestro tiempo de oración debe ser un tiempo más de relación que de petición. Muchas veces buscamos a Dios con una larga lista de peticiones, en lugar de sencillamente buscarlo a Él. Dios ya conoce nuestras necesidades. Debemos ver qué es lo que Él nos pide. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no está al tanto de lo que hace su amo; los he llamado amigos, porque todo lo que a mi Padre le oí decir se lo he dado a conocer a ustedes. (Jua 15:15 NVI)


Aquí Jesús usa la palabra griega fílos para hablar del amor, es decir, está hablando del amor fraternal. Es posible y deseable tener esta relación con Jesús.

2- Enviarlos a Predicar Los envió a la gente. Cuando estamos con Jesús, lo primero que desaparece es el egoísmo. Las doctrinas modernas que enseñan que debemos „reclamarle a Dios‟ las cosas que nos „corresponden‟ rebosan de egoísmo. Jesús miraba a las multitudes y tenía compasión de ellos porque los veía como ovejas sin pastor. Yo creo que igualmente Jesús mira a la iglesia mundial y los ve como ovejas sin pastor. Nuestra compasión debe ser igual a la de Jesús, por su gente, por su salvación.

3- Autoridad Aquí vemos un proceso: primero estar con Jesús, luego tener compasión y al final tener autoridad. Hoy en día muchos quieren empezar por autoridad y no por la relación con Jesús. El egoísmo y la autoridad no se llevan: juntos producen autoritarismo. Debemos seguir el orden de Jesús: empezar por cultivar la relación con Él, mostrar su compasión y al final ejercer la autoridad que nos da. Una definición casera de autoridad sería: Autorización para cambiar las cosas de mal a bien. Si se cambian las cosas de mal a peor, es autoritarismo. Un ejemplo es el voto democrático: escogemos a alguien para que cambie las cosas de mal a bien. Muchos hoy en día no tienen autoridad ni siquiera sobre su propio dedo gordo para apagar el televisor, para dejar de ver obscenidades. La autoridad se muestra primero en uno mismo, ejerciendo el dominio propio -que no el demonio propioLa autoridad es precedida por la responsabilidad.

Conclusión Recordemos el orden del discípulo: 1. Empezar por la Relación. 2. Tener compasión. 3. Obtener la autoridad.

Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró


frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre. Y ya han olvidado por completo las palabras de aliento que como a hijos se les dirige: “Hijo mío, no tomes a la ligera la disciplina del Señor ni te desanimes cuando te reprenda, porque el Señor disciplina a los que ama, y azota a todo el que recibe como hijo.”* Lo que soportan es para su disciplina, pues Dios los está tratando como a hijos. ¿Qué hijo hay a quien el padre no disciplina? Si a ustedes se les deja sin la disciplina que todos reciben, entonces son bastardos y no hijos legítimos. (Heb 12:1-8 NVI) Quiero ser su discípulo, tomo el reto este día. Quiero ser como mi Maestro Jesús. ¿Y usted? Una de las evidencias más claras para identificar a los discípulos verdaderos de Jesús es la obediencia. El verdadero discípulo es el que transita el camino angosto de la obediencia a Dios. Si alguien dice que es verdadero discípulo y hace sólo lo que siente y quiere, se puede dudar de él: sus hechos muestran lo contrario. Samuel respondió: “¿Qué le agrada más al Señor: que se le ofrezcan *holocaustos y sacrificios, o que se obedezca lo que él dice? El obedecer vale más que el sacrificio, y el prestar atención, más que la grasa de carneros. (1Sa 15:22 NVI) Esta palabra, obedecer, viene del hebreo shamá. Aparece más de mil veces en la Biblia y significa: oír inteligentemente (no sólo oír, sino escuchar), prestar atención, prestar oídos. Con docilidad. Sólo el hecho de que aparezca más de mil veces en la Biblia nos habla de la importancia de la obediencia. Vamos a estudiar la historia de este rey desobediente.

Destruye por Completo Recordemos que Samuel era un profeta, un verdadero siervo de Dios. Un siervo de Dios no tiene su propio mensaje, sino que predica el mensaje que Dios le da. Notemos en el versículo 1 el mensaje de Dios. Un día Samuel le dijo a Saúl: “El Señor me envió a ungirte como rey sobre su pueblo Israel. Así que pon atención al mensaje del Señor. Así dice el Señor *Todopoderoso: He decidido castigar a los amalecitas por lo que le hicieron a Israel, pues no lo dejaron pasar cuando salía de Egipto. Así que ve y ataca a los amalecitas ahora mismo. *Destruye por completo todo lo que les pertenezca;


no les tengas compasión. Mátalos a todos, hombres y mujeres, niños y recién nacidos, toros y ovejas, camellos y asnos.” (1Sa 15:1-3 NVI) La historia de los amalecitas aparece en Éxodo 17. Los Amalecitas no permitieron que los Israelitas pasaran por su tierra en su camino entre Egipto y la Tierra Prometida, y Dios se acordó de eso. La palabra “Destruye” en el hebreo tiene alusión a un golpe con el puño cerrado en la nariz. ¿Por qué Dios trató tan drásticamente a este pueblo pagano? Porque simbolizaba todo lo que Dios rechaza: inmoralidades, fraudes, asesinatos, etc. Esto tipifica el pecado. Como Dios es santo no admite el pecado. Destruir a todos los Amalecitas simboliza la destrucción de Jesús sobre el pecado. Saúl reunió al ejército y le pasó revista en Telayin: eran doscientos mil soldados de infantería más diez mil soldados de Judá. Luego se dirigió a la ciudad de Amalec y tendió una emboscada en el barranco. Los quenitas se apartaron de los amalecitas, pues Saúl les dijo: “¡Váyanse de aquí! Salgan y apártense de los amalecitas. Ustedes fueron bondadosos con todos los israelitas cuando ellos salieron de Egipto. Así que no quiero destruirlos a ustedes junto con ellos.” (1Sa 15:4-6 NVI) Al igual en el caso de Sodoma y Gomorra (otro símbolo del pecado), Dios sacó a los piadosos de allí, en este caso a los Quenitas.

¿Más Buenos que Dios? Saúl atacó a los amalecitas desde Javilá hasta Sur, que está cerca de la frontera de Egipto. A Agag, rey de Amalec, lo capturó vivo, pero a todos los habitantes los mató a filo de espada. Además de perdonarle la vida al rey Agag, Saúl y su ejército preservaron las mejores ovejas y vacas, los terneros más gordos y, en fin, todo lo que era de valor. Nada de esto quisieron destruir; sólo destruyeron lo que era inútil y lo que no servía. (1Sa 15:7-9 NVI) Agag era el título que se le ponía al rey, no su nombre (como el título “Faraón” entre los Egipcios). “Agag” significa techo, algo que está por encima. No debemos poner nada por encima de Dios. Cualquier cosa que pongamos por encima de Dios, lo llamamos ídolo. Precisamente el Rey era el primero que había que destruir y Saúl lo capturó vivo. Saúl se sintió “más bueno que Dios.” Hoy en día esto sucede también. Si se pone a alguien en disciplina en la iglesia, por ejemplo, no faltará quien diga que falta amor, que tenemos que tener más compasión, etc. Dios es drástico con el pecado, como veremos al final de esta historia, ¿por qué nosotros pensamos que no debemos también drásticos?


Fíjese cómo dice “Nada de esto quisieron destruir”. No fue un error, sino deliberada la decisión de no destruir. Aquí vemos a Saúl, un Rey, un Líder; buscando sus propios deseos, y por tanto arrastraba al pueblo. Un líder no debe buscar sus propios deseos. Tampoco deben buscar complacer los deseos del pueblo. Recordemos cuando Moisés tardaba y el pueblo vino con Aarón y le pidió que les hiciera dioses para adorar y Aarón les complació elaborando el Becerro de Oro. No deben ser ni los deseos del líder, ni los deseos del pueblo, sino obediencia a los deseos de Dios.

El Celo de tu casa me consume La palabra del Señor vino a Samuel: “Me arrepiento de haber hecho rey a Saúl, pues se ha apartado de mí y no ha llevado a cabo mis instrucciones.” Tanto se alteró Samuel que pasó la noche clamando al Señor. (1Sa 15:10-11 NVI) Es como cuando Pablo le dijo a los Efesios, que no contristaran al Espíritu Santo. Aquí la actitud y desobediencia de Saúl contristó al Señor. La palabra hebrea que se tradujo “alteró” significa que ardió de enojo. Es el mismo celo de Jesús cuando sacó a los mercaderes del templo con un látigo diciendo “El celo de tu casa me consume.” Un verdadero discípulo de Jesús debe tener celo por la Palabra de Dios y por las cosas de Dios. Si no hay celo en un supuesto Cristiano, no es un verdadero discípulo. Nuestro celo no nos debe llevar a agredir, como los fanáticos orientales que matan en nombre de Dios, pero sí hay un lugar para el enojo sin pecado en la Biblia. La palabra “clamando” aquí significa “lanzar gritos de peligro, de dolor.” Es como si Samuel estuviera diciendo “¿Qué va a pasar? ¡El pueblo va a llevar las consecuencias!” Igual, cuando un ministro desobedece, la iglesia es afectada. Cuando un Padre de familia desobedece, la familia lleva los golpes.

Dios Puede Revelar Dios le reveló a Samuel la culpabilidad de Saúl. Entre nosotros podría suceder de igual forma. Dios puede revelar a los pastores el pecado de las ovejas. También puede revelarle a las ovejas cosas sobre sus pastores, así que estamos a mano. Recuerdo una vez que hablaba con una mujer que me dijo que orara por ella y por su esposo. Le pregunté cuál era el negocio de su esposo y me dijo que era agricultor. Mientras ella me hablaba, escuché la voz de Dios que me dijo que su esposo era narcotraficante. Directamente le pregunté: “¿Por qué me mientes? ¡Tu esposo es narcotraficante!” La mujer me miró y me preguntó: “¿Cómo supiste?”


¡No tengas temor de hablar la verdad! Una vez en una reunión pastoral Dios me dijo que le dijera públicamente a un pastor que dejara de golpear a su esposa. Me lo dijo dos veces y yo no quise escuchar, me estaba haciendo el loco. Los pastores me pidieron que despidiera la reunión en oración. Me puse de pie para orar y otro pastor me dijo, “Chuy, yo siento que Dios te ha dado una palabra para uno de nosotros y que debes decirla.” Así que me armé de valor y le dije al pastor que dejara de pegarle a su esposa. El pastor hizo cara de santo y lo negó, pero su esposa, que estaba escuchando, salió y nos dijo a todos que era verdad! El hombre no se arrepintió: hoy su familia está destruída y por supuesto él ya no es pastor.

Confrontación Por la mañana, muy temprano, se levantó y fue a encontrarse con Saúl, pero le dijeron: “Saúl se fue a Carmel, y allí se erigió un monumento. Luego dio una vuelta y continuó hacia Guilgal.” Cuando Samuel llegó, Saúl le dijo: ¡Que el Señor te bendiga! He cumplido las instrucciones del Señor. Y entonces, ¿qué significan esos balidos de oveja que me parece oír? le reclamó Samuel. ¿Y cómo es que oigo mugidos de vaca?. (1Sa 15:12-14 NVI) Salió Samuel a confrontar a Saúl. Hoy en día no se hace suficiente confrontación. Cuando hay confrontación, llueven las críticas argumentando que a los pastores nos “falta amor”. Recordemos que Pablo confrontó a Pedro delante de todos. Saúl sabía el lenguaje religioso: “¡Que el Señor te bendiga!” le dijo a Samuel. ¿Ven cómo quería bajarle el enojo al profeta? Luego quiso justificarse. Cuando alguien anda mal, lo primero que hace es justificarse, sin que nadie se lo pida. Si tu hablas con alguien y lo primero que hace es justificarse, es un indicador de que probablemente está escondiendo algo. En el caso de Saúl, Samuel no le creyó.

A Dios no se le puede tapar la boca con un billete. Son las que nuestras tropas trajeron del país de Amalec respondió Saúl. Dejaron con vida a las mejores ovejas y vacas para ofrecerlas al Señor tu Dios, pero todo lo demás lo destruimos. (1Sa 15:15 NVI) Cuando Samuel confronta a Saúl, este empieza diciendo que era el pueblo quien había perdonado lo mejor del botín. Luego trata de “sobornar” a Samuel


diciéndole que lo hicieron para ofrecer las mejores ovejas a Dios. Dios no se puede engañar de esa manera. Por ejemplo, si tú tienes una gasolinera y modificas la bomba para dar “litros” de 800ml, estás robando. Luego llegas y le ofreces a Dios los diezmos de tus fraudes ios – es más, le diezmas el 15% - ¡Dios no puede ser burlado!. El no acepta “mordidas”, “coimas”, sobornos. No podemos tratar a Dios de esa manera.

Echando mano al botín ¡Basta! lo interrumpió Samuel. Voy a comunicarte lo que el Señor me dijo anoche. Te escucho respondió Saúl. Entonces Samuel le dijo: ¿No es cierto que, aunque te creías poca cosa, has llegado a ser jefe de las tribus de Israel? ¿No fue el Señor quien te ungió como rey de Israel, y te envió a cumplir una misión? Él te dijo: Ve y destruye a esos pecadores, los amalecitas. Atácalos hasta acabar con ellos. ¿Por qué, entonces, no obedeciste al Señor? ¿Por qué echaste mano del botín e hiciste lo que ofende al Señor? (1Sa 15:1619 NVI) La palabra hebrea para “comunicarte” es «nagád» que significa denunciar. Samuel sale a confrontar a Saúl, a denunciar su pecado. Hoy en día escasean los que se atreven a denunciar y confrontar. Una vez en España hablé con un ministro de alabanza muy famoso. Estábamos hospedados en un hotel y me llamó para invitarme a McDonald‟s. Dios me había dado muchas veces palabras para él, así que cuando me invitó me quedó claro que era el momento para decírselo. Estando en el restaurante le dije: “Oye hermano, te voy a compartir lo que Dios me dijo que te dijera.” “Dime Chuy”, me respondió. “Te has corrompido. Has torcido la Palabra de Dios. Has construido un ministerio grande pero sin Él. ¿Estás dispuesto a renunciar a todo eso que has construído y seguir a Dios?” Me dijo que Dios le había hablado ya tres veces por medio de diferentes personas y que lo iba a analizar. Sin embargo le dio la espada a Dios, no reaccionó a la denuncia. Aquí Samuel denuncia que Samuel le ha echado mano al botín. Hoy en día la historia es la misma: hay muchos ministros que miran únicamente el botín, la ganancia.

Como si fuera telenovela ¡Yo sí he obedecido al Señor! insistió Saúl. He cumplido la misión que él me encomendó. Traje prisionero a Agag, rey de Amalec, pero destruí a


los amalecitas. Y del botín, los soldados tomaron ovejas y vacas con el propósito de ofrecerlas en Guilgal al Señor tu Dios. (1Sa 15:20-21 NVI) Aquí Saúl se comporta como en las telenovelas, cuando la esposa se encuentra al marido con “la otra” y éste intenta justificarse diciendo “¡Esto no es lo que parece! Mi amor, no es lo que estás pensando.” Es obvio lo que está sucediendo, pero igual trata de justificarse. Saúl lo intenta, y lo hace culpando otra vez al pueblo. Supongamos que realmente fue el pueblo quien retuvo parte del botín: igual era responsabilidad del rey detenerlos y conducirlos a la obediencia a Dios. Ay del pastor que no estorba al pueblo de descarriarse de los caminos de Dios. En el día del juicio, ante el tribunal de Cristo, no va haber nadie contigo. Vas a estar delante de Él tú sólo rindiendo cuentas por tus obras. Todos vamos a comparecer delante del tribunal de Cristo. ¿Estás listo? ¿Qué le dirás?

Rebeldía y Arrogancia: Adivinación e Idolatría Samuel respondió: “¿Qué le agrada más al Señor: que se le ofrezcan *holocaustos y sacrificios, o que se obedezca lo que él dice? El obedecer vale más que el sacrificio, y el prestar atención, más que la grasa de carneros. La rebeldía es tan grave como la adivinación, y la arrogancia, como el pecado de la idolatría. Y como tú has rechazado la palabra del Señor, él te ha rechazado como rey.” ¡He pecado! admitió Saúl. He quebrantado el mandato del Señor y tus instrucciones. Los soldados me intimidaron y les hice caso. Pero te ruego que perdones mi pecado, y que regreses conmigo para adorar al Señor. (1Sa 15:2225 NVI) ¿En qué se complace más Dios? ¿En que dejes de comer carne (por la cuaresma) o en que dejes de mentir? ¿En un rito externo o en una actitud interna? El precio del discipulado es hacer la voluntad de Dios. Si Dios te dice algo y no lo haces, es rebeldía, y aquí dice que es equivalente al pecado de la brujería. La arrogancia, la obstinación, es persistir en un error. Si persistimos en algo, dice Dios que es como idolatría delante de Él. Saúl sigue con sus escusas y clama a Dios con supuesto arrepentimiento. Pero le pide perdón a Samuel, no a Dios. El único que puede perdonar pecados es Dios.

Discernimiento Samuel tenía discernimiento, no creyó en la palabrería de Saúl. Discernimiento es distinguir


entre lo bueno y lo malo, entre lo vil y lo puro. Hoy en día hace falta más discernimiento. Recibí un e-mail donde un muchacho me preguntó “¿Qué tan malo es que esté fornicando con mi novia?” ¿Qué tipo de pregunta es esa? ¿Qué tan cauterizado está el corazón? Le respondí: “Tan malo es, que vas directo al infierno.” No voy a regresar contigo le respondió Samuel. Tú has rechazado la palabra del Señor, y él te ha rechazado como rey de Israel. Cuando Samuel se dio vuelta para irse, Saúl le agarró el borde del manto, y se lo arrancó. Entonces Samuel le dijo: Hoy mismo el Señor ha arrancado de tus manos el reino de Israel, y se lo ha entregado a otro más digno que tú. En verdad, el que es la Gloria de Israel no miente ni cambia de parecer, pues no es *hombre para que se arrepienta. ¡He pecado! respondió Saúl. Pero te pido que por ahora me sigas reconociendo ante los *ancianos de mi pueblo y ante todo Israel. Regresa conmigo para adorar al Señor tu Dios. Samuel regresó con él, y Saúl adoró al Señor. (1Sa 15:26-31 NVI) Saúl aquí estaba pensando en su imagen delante de las personas, en su reputación, igual que muchos políticos y ministros. Al final, la Biblia dice que Saúl adoró al Señor. ¿Ustedes creen que Dios recibió esa adoración? ¡No! Adoración de labios no es recibida por Dios si no es acompañada de un corazón humillado.

Duro con el Pecado Mientras Saúl estaba “adorando”, Samuel completó la orden que se le había dado a Saúl. Luego dijo Samuel: Tráiganme a Agag, rey de Amalec. Agag se le acercó muy confiado, pues pensaba: “Sin duda que el trago amargo de la muerte ya pasó.” Pero Samuel le dijo: Ya que tu espada dejó a tantas mujeres sin hijos, también sin su hijo se quedará tu madre. Y allí en Guilgal, en presencia del Señor, Samuel descuartizó a Agag. (1Sa 15:32-33 NVI) Agag aquí simboliza el pecado, y Samuel trató drásticamente con Agag: lo hizo pedacitos. Dios trata drásticamente con el pecado, no podemos jugar con él.

Sin Trato Esa fue la última vez que Saúl y Samuel se vieron:


Luego regresó a Ramá, mientras que Saúl se fue a su casa en Guibeá de Saúl. Y como el Señor se había arrepentido de haber hecho a Saúl rey de Israel, nunca más volvió Samuel a ver a Saúl, sino que hizo duelo por él. (1Sa 15:34-35 NVI) Samuel no volvió a tener trato con Saúl. ¿Por qué? Porque ya no tenían nada en común. San Pablo nos dice que no debemos tener trato con personas que dicen ser hermanos pero toleran el pecado en sus propias vidas y en la de los demás: ni siquiera deben juntarse para comer. (1Co 5:11) ¿Notan hasta qué punto es importante para Dios que sus discípulos le obedezcan? Tomemos el ejemplo de Noé y de Moisés:  

Y Noé hizo todo según lo que Dios le había mandado. (Gen 6:22 NVI) Moisés hizo todo tal y como el Señor se lo mandó. (Exo 40:16 NVI)

Queremos ser hijos obedientes, Señor. Corría el año 1501 en Italia. Se buscaba insistentemente a un escultor para hacer una figura del Rey David, con la honda en la mano, en el momento en que recién había matado a Goliat. La obra le fue encomendada al gran artista Miguel Ángel, a quien le fue dada una mole de mármol de cinco metros de altura con la cual se dedicó durante dos años continuos a darle forma a ésta que es considerada una de las obras maestras de la plástica mundial de todos los tiempos: el David. Esta historia me hace pensar seriamente en Jesús como el gran escultor de discípulos. Un verdadero discípulo no nace, sino que se hace. El verdadero discipulado no se recibe por herencia (”Soy cuarta generación de predicador por parte de mi madre“). En la mente de Jesús nunca anidó la idea de, producir discípulos en serie, como si se tratara de la mentalidad de un moderno fabricante de productos de dudosa calidad en China: “hagamos muchos, aunque sean malos“).


La Relación Maestro-Discípulo Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros, a fin de capacitar al pueblo de Dios para la obra de servicio, para edificar el cuerpo de Cristo. De este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo. (Efe 4:11-13 NVI) Jesús tiene una visión clara: formar discípulos y formarlos bien, capacitados, perfeccionados para ser como Él, que a su vez preparen a más discípulos conforme a la plena estatura de Cristo. En los días de Jésús, la relación entre los maestros y sus discípulos era sumamente importante: un discípulo obedecía más al maestro que a sus propios padres. Jesús, sin embargo, fue diferente a los otros maestros en varios aspectos:

1- Jesús nos Escogió En aquel tiempo, una persona pedía ser discípulo de un maestro, tal como ahora un estudiante escoge dónde estudiará. Pero, como el mármol no escogió a Miguel Ángel, tampoco nosotros escogimos a Jesús: No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes y los comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure. Así el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre. (Jua 15:16 NVI)

2- Relación Permanente Los discípulos seguían a sus maestros por cierto tiempo y luego se separaban de ellos. Sin embargo, los de Jesús son discípulos permanentes. Jesús dijo que, el que pone su mano en el arado y luego mira atrás, no es digno de ser su discípulo. Si usted dice ser Su discípulo, debe dejar el estilo de vida del mundo. Recordemos por ejemplo la historia de la esposa de Lot, la cual no pudo contenerse de mirar hacia Sodoma y Gomorra -símbolo del pecado- y se convirtió en una estatua de sal.

3- Beneficio Espiritual, no Carnal En tiempos de Jesús, además, un discípulo se revestía del prestigio de su maestro, es decir, obtenía fama o riqueza por causa de su tutor. El Apóstol Pablo fue discípulo de Gamaliel, un hombre tan reconocido que superaba el título de “Rabí” (maestro) y era llamado “Rabán” (Nuestro maestro). Sin embargo, Pablo tuvo aquello por basura al contrastarlo con la riqueza espiritual del conocimiento de Cristo. Los discípulos de Jesús no debemos esperar fama, todo lo contrario:


“Dichosos serán ustedes cuando por mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias. (Mat 5:11 NVI) A Jesús le llamaron demonio, borracho, comilón, amigo de publicanos y pecadores. Aún hoy se difama a Jesús. No hace mucho, por ejemplo, se estrenó una película donde se afirma que Jesús tenía a María Magdalena como amante y que a la vez sostenía relaciones homosexuales con sus discípulos.

Calumnias Si usted se dice cristiano, pero la forma en que vive no pone en evidencia el pecado de los demás, se duda de que sea usted un verdadero discípulo. Haga la prueba: viva como Jesús dice y verá cómo el mundo se vuelve contra usted. Jesús no ofrece bienestar, riquezas, prosperidad, o que usted “pare de sufrir”: “He venido a traer fuego a la tierra, y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! Pero tengo que pasar por la prueba de un bautismo, y ¡cuánta angustia siento hasta que se cumpla! ¿Creen ustedes que vine a traer paz a la tierra? ¡Les digo que no, sino división De ahora en adelante estarán divididos cinco en una familia, tres contra dos, y dos contra tres. Se dividirán el padre contra su hijo y el hijo contra su padre, la madre contra su hija y la hija contra su madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra su suegra. Luego añadió Jesús, dirigiéndose a la multitud: -Cuando ustedes ven que se levanta una nube en el occidente, en seguida dicen: „va a llover‟, y así sucede. Y cuando sopla el viento del sur, dicen: „va a hacer calor‟, y así sucede. ¡Hipócritas! Ustedes saben interpretar la apariencia de la tierra y del cielo. ¿Cómo es que no saben interpretar el tiempo actual? (Luc 12:49-56 NVI) Si Jesús fue calumniado… ¡cómo pensar que sus seguidores no lo seremos! En 1989 mi esposa y yo fuimos misioneros en Argentina por dos años. Allá nació mi hija. Cuando volvimos a México, una hermana de la iglesia me saludó y me preguntó si nos habíamos ido a Argentina para ocultar el hecho que mi esposa, Vicky, había quedado embarazada de otro hombre. ¡Puras calumnias! Para ser honesto, cuando alguien te difama así, duele. Contrariado me fui a orar y Dios me preguntó: “¿la acusación es falsa o verdadera?”. “Es falsa, Señor” le respondí. “No te preocupes entonces. Preocúpate cuando te acusaren de algo cierto,” me dijo, “pues entonces te las verías conmigo”. El discípulo verdadero ha sido esculpido por Jesús.

La Iglesia es como el Arca de Noé ¿Qué debemos hacer para no llenarnos de amargura? Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen,* para que sean hijos de su Padre que está en el cielo. Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa recibirán? ¿Acaso no hacen eso hasta los recaudadores de


impuestos? Y si saludan a sus hermanos solamente, ¿qué de más hacen ustedes? ¿Acaso no hacen esto hasta los gentiles? (Mat 5:44-47 NVI) Por alertar a los creyentes acerca de los falsos profetas, los líderes de Casa de Oración hemos recibido amenazas de muerte, muchas de ellas por teléfono, anónimas. Luego de identificar el origen de una de aquellas llamadas nos comunicamos con la persona que nos amenazaba, quien resultó ser -nada menos- ¡el hijo de un pastor! Alguien dijo que la iglesia es como el Arca de Noé: soportamos el amontonamiento, las apreturas y hasta los malos olores con tal de evitar el jucio de afuera. La iglesia está llena de ovejas, pero también hay potros salvajes, serpientes, cabritos, lagartos, y uno que otro Diablo rojo. ¡El colmo de lo que ocurre al interior de la iglesia de hoy es un video que circula en Internet: un pastor maldice a todos los que se pronuncien contra su ministerio! Que quede claro: ese no es un verdadero discípulo de Jesús.

Martillo y Cincel En contraparte, es hermoso observar la formación del Apóstol Pedro en la Biblia. Su enseñanza no se parece nada a lo que se predica hoy en día: Pero ¿cómo pueden ustedes atribuirse mérito alguno si soportan que los maltraten por hacer el mal? En cambio, si sufren por hacer el bien, eso merece elogio delante de Dios. Para esto fueron llamados, porque Cristo sufrió por ustedes, dándoles ejemplo para que sigan sus pasos. “El no cometió ningún pecado ni hubo engaño alguno en sus labios.”* (1Pe 2:20-22 NVI) Dichosos ustedes si los insultan por causa del nombre de Cristo, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre ustedes. Que ninguno tenga que sufrir por asesino, ladrón o delincuente, ni siquiera por entrometido. Pero si alguien sufre por ser cristiano, que no se avergüence, sino que alabe a Dios por llevar el nombre de Cristo. (1Pe 4:14-16 NVI) Ser llamado Cristiano era una burla durante el primer siglo. Hoy parece ser una moda: Un montón de artistas se dicen Cristianos, pero viven según el mundo.

Un Discípulo debe ser como el Maestro Un verdadero discípulo, debe llevar una vida como la de su Maestro. He aquí algunos ejemplos de las áreas de su vida en las que debemos imitar a Jesús:


1- Vida Moral Nuestra vida debe ser moralmente limpia. Entre nosotros, en la iglesia, hay personas sin esta cualidad básica. Sin ir más lejos, hace unos días me trajeron un mensaje de correo electrónico escrito por una mujer casada quien le escribía a su amante: “Mi amor, el domingo fui a la iglesia con mi marido y luego salimos de vacaciones. ¡Cómo me hiciste falta!” La mujer y su marido acuden a otra iglesia en esta misma ciudad y el amante de ella, el destinatario del correo, ¡viene a Casa de Oración! La persona que me trajo el mensaje me explicó: “yo ya he confrontado a este hombre pero no recibe la exhortación, así que ahora lo traigo a la iglesia”. Esta persona estaba siguiendo el método Bíblico de Mateo 18 para enfrentar el pecado en la iglesia, aunque más de algún ignorante de las Escrituras aún diría que a éste “le faltó amor” o que “no debería juzgar”.

2- Vida Familiar Nuestra vida familiar debe ser como lo desea Jesús el Maestro. Una jovencita me buscó llorando hace unos días, diciendo que su papá golpea a su mamá y los maltrata a todos en casa. Le pregunté si su papá es Cristiano y ella me dijo, “sí, usted lo saluda aquí en la iglesia.” Una verdadera vergüenza. Nuestra vida familiar debe ser agradable a Dios; no creo que alguien no entienda en qué consiste ésto.

3- Vida Laboral Nuestra vida laboral también debe ser conforme a lo que dice el Maestro. Si usted le miente a su patrón o le cobra cuentas falsas o alteradas, seamos claros: usted no es un verdadero discípulo.

¿Simpatizantes o Discípulos? Aquí la Palabra hace una distinción entre los discípulos y la multitud de simpatizantes: Jesús se retiró al lago con sus discípulos, y mucha gente de Galilea lo siguió. (Mar 3:7 NVI) Los muchos simpatizantes sacaron ramos de palma y clamaron “Hossana al Hijoi de David”, pero apenas unos días después le pidieron a gritos a Pilato que liberara a Barrabás y crucificara a Jesús. ¿Es usted un simpatizante… o un discípulo? De esto hablaremos mucho más extensamente en nuestro próximo tema de esta serie.


Hoy en día muchos buscan a Jesús por lo que Él da: vienen por su sanidad, a presenciar un avivamiento o a recibir polvi de oro, pero los verdaderos discípulos se interesan por lo que dice Jesús, por su enseñanza.

Enséñanos a Orar Un día, los discípulos le pidieron a Jesús que les enseñara a orar. Jesús les respondió con las que ahora son las palabras más recordadas de la Biblia. Examinemos este pasaje en el que se encuentran algunas pruebas de quiénes son los verdaderos discípulos. Estas son las instrucciones del Maestro formando discípulos:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre ¿Reconoce usted que Dios es el Altísimo? ¿O es usted de los que “pone a Dios entre la espada y la pared para que cumpla sus promesas”? O peor, es usted de los que le dan órdenes a Dios diciendo “a la cuenta de tres haz caer la unción y la riqueza: Uno… Dos… Tres… ¡Ahora!”

Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. ¿Hágase la voluntad… de quién? ¿Hágase mi voluntad o la de Él? Cristo no vino a morir en la cruz para que usted haga su lista de exigencias. ¿Quiénes deben hacer su voluntad aquí en la tierra? ¡Nosotros!

Danos hoy nuestro pan cotidiano. Aquí Jesús no está hablando de riquezas ni de abundancia. Jesús nos dice que pidamos lo necesario, lo imprescindible. Hoy es común que se interprete equivocadamente el versículo que habla de que Jesús vino para darnos “vida en abundancia”: muchos dicen, sin sustento, que ahí dice que Jesús vino para darnos abundancia material. No, Jesús nos vino a dar abundancia espiritual.

Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores. ¿Perdona usted a quienes le hacen daño? Los verdaderos discípulos de Jesús sí lo hacen.

Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno. Santiago habla de que debemos “resistir al Diablo” y que este huirá de nosotros. Huirá, sí, pero regresará. Tenemos que luchar contra el Diablo de la misma manera en que lo


hizo el Maestro: con la Palabra de Dios, no con aceite mágico que uno esparce desde un helicóptero.

Resistencia El barro no se resiste al Alfarero. El mármol no se resistió a Miguel Ángel. El verdadero discípulo no se resiste a la mano de Jesús. El cincel del Escultor sobre nuestra vida dolerá, pero su intervención valdrá la pena. Señor, sólo en tus manos puedo ser formado. No quiero ser formado por las filosofías de este Mundo. Según el diccionario, “Simpatía” es una “comunidad de sentimientos, es decir, tener sentimientos en común. Es, también, el modo de ser de una persona, el cual le hace agradable ante los demás y produce una inclinación afectiva. La simpatía está llena de emociones y sentimientos, pero tal vínculo no incluye ninguna especie de compromiso. La Iglesia Cristiana es, por así decirlo, simpática: son muchos los que se sienten atraídos hacia ella por una especie de identificación con valores como “lo bueno” o “lo bello”, pero no porque deseen establecer alguna relación estable, firme o comprometida. Así es nuestra iglesia: está llena de muchos simpatizantes y de pocos discípulos verdaderos. Para Jesús no es importante que muchos le digan “yo te sigo” sino que, quienes lo decian, lo hagan íntegramente y con buenas motivaciones, que sus seguidores tengan una buena razón para seguirle. El siguiente versículo deja muy claro que ciertamente hay discípulos, pero que hay “de otros” entre los que vienen al Señor: … salió Jesús de la ciudad acompañado de sus discípulos … y de una gran multitud… (Mar 10:46 NVI)

Lo Espiritual antes de lo Material Vamos a ver varios pasajes donde se establecen diferencias entre los discípulos y los “simpatizantes”. Comparemos la actitud contrastante de las personas que aparecen en estos dos pasajes: –Ciertamente les aseguro que ustedes me buscan, no porque han visto señales sino porque comieron pan hasta llenarse. (Jua 6:26 NVI) Luego entró en una casa, y de nuevo se aglomeró tanta gente que ni siquiera podían comer él y sus discípulos. (Mar 3:20 NVI)


En el primer pasaje vemos a un grupo de simpatizantes que le seguían a Jesús porque, gracias a Él, habían comido gratis. En el segundo pasaje vemos que Jesús y los Discípulos no podían saciar sus necesidades físicas porque tenian como prioridad lo espiritual. En Mateo 4 se relata la historia de la tentación del Maestro: vemos cómo Jesús cita la Escritura dando prioridad a lo Espiritual: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” Cuando usted escuche un mensaje que intente conducirle a la búsqueda de lo material antes de lo espiritual, está frente a un mensaje falso, ajeno al Espíritu de las Escrituras. El verdadero discípulo pone lo espiritual antes de lo material. El verdadero discípulo está agradecido con Dios, tanto cuando tiene pan en abundancia como cuando sufre escasez.

Gratitud Un día vinieron a Jesús unos leprosos, usted debe recordar la historia. Este relato nos muestra de nuevo el contraste entre discípulos y simpatizantes. Recordemos que la lepra era una enfermedad incurable en ese tiempo, y que en la Biblia aparece como símbolo del pecado. Cuando estaba por entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres enfermos de lepra. Como se habían quedado a cierta distancia, (13) gritaron: –¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros! (14) Al verlos, les dijo: –Vayan a presentarse a los sacerdotes. Resultó que, mientras iban de camino, quedaron limpios. (15) Uno de ellos, al verse ya sano, regresó alabando a Dios a grandes voces. (16) Cayó rostro en tierra a los pies de Jesús y le dio las gracias, no obstante que era samaritano. (17) – ¿Acaso no quedaron limpios los diez? –preguntó Jesús–. ¿Dónde están los otros nueve? (18) ¿No hubo ninguno que regresara a dar gloria a Dios, excepto este extranjero? (19) Levántate y vete –le dijo al hombre–; tu fe te ha sanado. (Luc 17:12-15 NVI) Notemos que en el versículo 13 que lo llaman “Maestro.” Al llamarlo maestro están afirmando que están dispuestos a ser sus discípulos. ¡Pero sólo uno regresó con Jesús! En el versículo 14 vemos que Jesús los envía con los sacerdotes (que diagnosticaban la lepra y podían proclamar sanidad). Es claro que todos le creyeron a Jesús, ya que fueron. Tuvieron suficiente fe para ser sanados de su enfermedad. Pero, insisto, sólo uno de ellos decidió regresar agradecido. El verdadero discípulo tiene, además de fe, gratitud a Dios. Todos recibieron sanidad, pero los otros nueve, cuando recibieron lo que querían, siguieron su camino.

Adoración


El el versículo 16 dice que “cayó su rostro en tierra a los pies de Jesús“, acto de adoración que únicamente se le da a Dios. Jesús recibió esta adoración. Cayó rostro en tierra a los pies de Jesús y le dio las gracias, no obstante que era samaritano. (17) –¿Acaso no quedaron limpios los diez? –preguntó Jesús–. ¿Dónde están los otros nueve? (18) ¿No hubo ninguno que regresara a dar gloria a Dios, excepto este extranjero? (19) Levántate y vete –le dijo al hombre–; tu fe te ha sanado. (Luc 17:16-19 NVI) Los verdaderos discípulos siempre adoran a Dios. Seguramente usted ha escuchado a gente que dice “mejor lleguemos tarde al culto ya para la Palabra, porque la adoración aburre. Mucha cantaleta”. Los verdaderos discípulos están llenos de adoración a Dios. No vienen únicamente a buscar lo que Jesús les puede dar, sino vienen a darle. Hace unos años hubo una campaña evangelística en la Plaza de Toros de Guadalajara, a la cual invitamos a una persona que venía en silla de ruedas. Al terminar el evento pude ver a esta persona ya sana, saltando, con la silla de ruedas levantada en sus brazos. Me pregunto… ¿dónde está esa persona hoy en día? Hizo lo mismo que los nueve leprosos; recibió su sanidad, mas ya nunca regresó. Jesús le dijo al hombre sano que regresó “Tu fe te ha salvado” (RV60). Los otros nueve tuvieron fe para ser sanados, pero éste recibió además la salvación. ¿Qué es más importante, una sanidad o la salvación eterna? ¿Que prospere tu negocio o que viva tu alma?

No Buscando Comodidad Si pusiéramos un anuncio en la entrada de un auditorio que dijera “Venga a recibir su milagro” o “Venga y oraremos por su prosperidad”… ¡seguramente se llenaría de personas buscando usar a Dios para alcanzar sus metas materiales! Pero si pusiéramos uno que dijera ”Venga y vea le costo de ser discípulo” llegarían dos o tres. Aún a Jesús se le fueron: –¿También ustedes quieren marcharse? (Jua 6:67 NVI) Muchos predicadores intentan convencer a la gente diciendo “Acepta a Cristo… Dios está llorando desconsolado afuera de tu corazón… ¡déjalo entrar!”. Grave error: Dios NO es ningún mendigo. Ciertamente nuestro Dios es un Dios de misericordia y de amor, pero también es un Dios que demanda fidelidad. Los predicadores debemos enseñar sobre TODO el carácter de Dios y no únicamente la “parte bonita”, la que tiene que ver con recibir benciones, favores, milagros y recompensas. El Verdadero Discípulo no anda en búsqueda de su comodidad.

Conoce al Maestro


Los verdaderos discípulos se diferencian de los simpatizantes en cómo conocen al Maestro: Cuando llegó a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: –¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? Le respondieron: (14) –Unos dicen que es Juan el Bautista, otros que Elías, y otros que Jeremías o uno de los profetas. (15) –Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? (16) –Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente –afirmó Simón Pedro (Mat 16:13-16 NVI) Los simpatizantes tenían un montón de respuestas: decían que Jesús era Juan el Bautista, que era Elías el mata profetas o Jeremías el llorón. Hoy en día los simpatizantes tienen también respuestas erróneas sobre Jesús: dicen que Jesús se fue de muchacho al Tibet a estudiar con los Lamas, que tuvo hijos con María Magdalena, o que se fue a Grecia a estudiar la filosofía de Sócrates. Los que dicen estas cosas no conocen a Jesús. El verdadero discípulo conoce a su Maestro. Para Jesús es importante que sus discípulos sepan quién es Él. Para Jesús es importante que sepamos porqué Él hace lo que hace, piensa lo que piensa, dice lo que dice.

Revelación de Verdades de Dios Jesús le dijo a Simón Pedro que, la revelación que éste tenía sobre quién es Aquél, le vino de parte de Dios: –Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás –le dijo Jesús–, porque eso no te lo reveló ningún mortal,* sino mi Padre que está en el cielo. (Mat 16:17 NVI) Al verdadero discípulo le son reveladas las verdades de Dios.

Obediencia Luego de predicar con denuedo en las calles e incluso luego de hacer milagros en el nombre de Dios, los apóstoles fueron apresados. Un ángel los sacó de la prisión y les dijo “Vayan, preséntense en el templo y comuniquen al pueblo todo este mensaje de vida.” (Hec 5.19) No podemos comunicar sólo una parte del mensaje, notemos que hay que comunicarlo TODO. Luego de esto, la gente se enteró que ya no estaban en la cárcel y veamos qué respondieron los verdaderos discípulos:


En esto, se presentó alguien que les informó: “¡Miren! Los hombres que ustedes metieron en la cárcel están en el templo y siguen enseñando al pueblo.” (26) Fue entonces el capitán con sus guardias y trajo a los apóstoles sin recurrir a la fuerza, porque temían ser apedreados por la gente. (27) Los condujeron ante el Consejo, y el sumo sacerdote les reclamó: (28) –Les hemos prohibido terminantemente enseñar en ese nombre. Sin embargo, ustedes han llenado a Jerusalén con sus enseñanzas, y se han propuesto echarnos la culpa a nosotros de la muerte* de ese hombre. (29) –¡Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres! –respondieron Pedro y los demás apóstoles–. (Hec 5:25-29 NVI) El Verdadero Discípulo entiende que las órdenes del Señor son más altas que las de los hombres. Un amigo mío me buscó hace no mucho y me dijo que “le bajara” a mi predicación, porque estaba perdiendo amigos al denunciar prácticas contrarias a la Biblia infiltradas en la iglesia moderna. No estoy dispuesto a ”bajarle”: ningún discípulo verdadero debe bajar el mensaje de Dios para agradar a los hombres.

Sacrificio Para terminar, veamos el caso de unos mártires del evangelio. Timoteo, con Maura su esposa, no llevaban siquiera tres semanas de casados cuando fueron separados uno del otro por la persecución. Timoteo fue llevado ante Arriano, gobernador de The-bais, que hizo todo lo posible para inducirlo a abrazar la superstición pagana. Percibiendo que sus esfuerzos eran vanos, y sabiendo que Timoteo tenía las Escrituras, el gobernador le ordenó que las entregara para quemarlas, a lo que Timoteo respondió: “Si tuviera hijos, preferiría entregarlos para ser sacrificados, antes que separarme de la Palabra de Dios“. El gobernador, airado con la respuesta ordenó que le sacaran los ojos con hierros candentes, diciendo: “Los libros serán inútiles para ti, ya que no podrás leerlos”. Timoteo soportó el castigo con tal paciencia que el gobernador se enojó aun más y ordenó que lo colgaran de los pies, con un peso atado en su cuello y una mordaza en su boca. Timoteo soportó este nuevo trance con gran valor. Cuando el gobernador se enteró que este hombre era recién casado y que estaba muy enamorado de su esposa, mandó a buscar a Maura y le prometió como generosa recompensa la vida de su marido, si ella lograba que él ofreciera sacrificio a los ídolos. Maura, vacilante en su fe e impulsada por el amor a su marido, aceptó la impía propuesta. Ante su esposo, Maura trató de minar su constancia con el idioma del afecto. Cuando le sacaron la mordaza a Timoteo, éste le señaló a su esposa el error que ella cometía “por


amor” y ratificó su resolución de morir por su fe. Maura insistía en salvar la vida de su esposo, hasta que Timoteo la censuró tan fuertemente que la hizo recapacitar y volver a su fe. El gobernador ordenó que la torturaran junto a su marido, lo cual fue hecho con gran severidad. Timoteo y Maura fueron crucificados uno cerca del otro, en el año 304 después de Cristo. [De Desarrollo Cristiano] Un verdadero discípulo está dispuesto a sufrir y aún a morir antes de negar su fe. Éstos entregaron sus vidas por amor a su Maestro. ¿Lo haría usted? El carácter del dicipulo 1 Las enseñanzas de Jesús respecto a sus discípulos están enfocadas primordialmente a la formación del carácter, y no como ahora se insiste, a los dones o a los carismas de Dios. Empecemos viendo el término “Carácter” en el diccionario: Carácter es el conjunto de cualidades de una persona que la distingue de otras (en su modo de ser, de vivir, de obrar). (Diccionario de la Real Academia Española) Ser discípulo de Jesús consiste primordialmente en tener un estilo de vida diferente al de aquellos que no lo son. La Biblia nos dice acerca de Jesús que “su fama se extendió” y que tenía muchos seguidores que querían escuchar lo que Él decía. Notemos que Jesús hablaba de las cosas internas del corazón, del carácter. Cuando vio a las multitudes, subió a la ladera de una montaña y se sentó. Sus discípulos se le acercaron, y tomando él la palabra, comenzó a enseñarles diciendo: “Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece. (Mat 5:1-3 NVI)

Pobres en Espíritu La palabra griega que se traduce como “dichosos” es «makários» que significa supremamente dichoso y feliz. La palabra “pobres” es «ptojós» que significa mendigo. Un mendigo es alguien que tiene múltiples necesidades sin resolver, que no tiene recursos. Como no tienen nada, los mendigos piden ayuda con una actitud de humillación. Los pobres en espíritu reconocen que tampoco tienen nada: reconocen que por sí mismos no pueden alcanzar la salvación, reconocen su miseria espiritual. El verdadero discípulo tiene es totalmente dependiente de Jesús. Esta es la base para recibir las riquezas del Espíritu.

Josafat


Podemos encontrar la base de las bienaventuranzas en el Antiguo Testamento, comenzando con la historia de Josafat. ¡Mira cómo nos pagan ahora, viniendo a arrojarnos de la tierra que tú nos diste como herencia! Dios nuestro, ¿acaso no vas a dictar sentencia contra ellos? Nosotros no podemos oponernos a esa gran multitud que viene a atacarnos. ¡No sabemos qué hacer! ¡En ti hemos puesto nuestra esperanza!” Todos los hombres de Judá estaban de pie delante del Señor, junto con sus mujeres y sus hijos, aun los más pequeños. Entonces el Espíritu del Señor vino sobre Jahaziel, hijo de Zacarías y descendiente en línea directa de Benaías, Jeyel y Matanías. Este último era un levita de los hijos de Asaf que se encontraba en la asamblea. Y dijo Jahaziel: “Escuchen, habitantes de Judá y de Jerusalén, y escuche también Su Majestad. Así dice el Señor: No tengan miedo ni se acobarden cuando vean ese gran ejército, porque la batalla no es de ustedes sino mía. (2Cr 20:11-15 NVI) El ejército que enfrentaba al de Israel contaba con el doble de efectivos en sus filas: todo haría pensar que el ejército de Dios sufriría una aplastante derrota. Josafat no podía hacer nada en sus fuerzas contra el enemigo, pero había depositado su confianza en Dios. Igualmente nosotros, cuando no sabemos que hacer, o cuando no podemos hacer nada… debemos refugiarnos en Jesús, no en el licor o en los bienes materiales de otra persona. Debemos esperar a que Dios pelee por nosotros.

Salomón Salomón tuvo también una actitud de pobreza y dependencia de Dios: “Ahora, Señor mi Dios, me has hecho rey en lugar de mi padre David. No soy más que un muchacho, y apenas sé cómo comportarme. Sin embargo, aquí me tienes, un siervo tuyo en medio del pueblo que has escogido, un pueblo tan numeroso que es imposible contarlo. Yo te ruego que le des a tu siervo discernimiento para gobernar a tu pueblo y para distinguir entre el bien y el mal. De lo contrario, ¿quién podrá gobernar a este gran pueblo tuyo? Al Señor le agradó que Salomón hubiera hecho esa petición, de modo que le dijo: Como has pedido esto, y no larga vida ni riquezas para ti, ni has pedido la muerte de tus enemigos sino discernimiento para administrar justicia, voy a concederte lo que has pedido. Te daré un corazón sabio y prudente, como nadie antes de ti lo ha tenido ni lo tendrá después. Además, aunque no me lo has pedido, te daré tantas riquezas y esplendor que en toda tu vida ningún rey podrá compararse contigo. (1Re 3:7-13 NVI) Salomón reconocía que era débil, que dependía de Dios. Se limitó a pedir un corazón entendido, discernimiento para gobernar al numeroso pueblo que ahora dirigía. Algunos me preguntan cómo hago para pastorear a varios miles de personas. Mi respuesta es siempre la misma: sólo con la fuerza de Dios se puede hacer eso. Dios nos da la fuerza y la sabiduría para enfrentar las cosas que Él mismo pone en nuestro camino. De


igual modo, por ejemplo, cada padre de familia ha de pedir sabiduría para pastorear a su familia. Jesús dijo “separados de mí, no pueden ustedes hacer nada.” Un verdadero discípulo depende de Dios. Cuando buscas trabajo, presentas tu currículum vitae y el departamento de Recursos Humanos dedide si te contrata con base en tus capacidades. En el mundo es necesario enfatizar los logros, pero el Maestro no está interesado en la trayectoria de los suyos. A nosotros se nos pide que seamos pobres en espíritu.

David David, aunque era Rey, también reconocía su dependencia de Dios: Y a mí, pobre y necesitado, quiera el Señor tomarme en cuenta. Tú eres mi socorro y mi libertador; ¡no te tardes, Dios mío! (Sal 40:17 NVI) Hay personas que se niegan a buscar apoyo en otros. ¿Has escuchado que ”la ropa sucia se lava en casa“? Aquí vemos cómo David le pide socorro a Dios, reconociendo su pobreza, no ocultando nada. El verdadero discípulo no es orgulloso y pide ayuda a Dios.

Pablo El Apóstol también reconocía su pobreza y rogaba a Dios: Tres veces le rogué al Señor que me la quitara; pero él me dijo: “Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad.” Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo. Por eso me regocijo en debilidades, insultos, privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. (2Co 12:8-10 NVI) Este sí era un Apóstol de verdad, no como los “apóstoles” de hoy que presumen sus jets, sus trajes y las estampas de su pasaporte. Pablo dice que se goza en sus debilidades porque muestra la supremacía de Cristo.

Infeliz, Miserable, Pobre, Ciego y Desnudo En Apocalipsis, Jesús se dirige a una de las iglesias: Conozco tus obras; sé que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras lo uno o lo otro! Por tanto, como no eres ni frío ni caliente, sino tibio, estoy por vomitarte de mi boca. Dices: „Soy rico; me he enriquecido y no me hace falta nada‟; pero no te das cuenta de que el infeliz y miserable, el pobre, ciego y desnudo eres tú. Por eso te aconsejo que de mí compres oro refinado por el fuego, para que te hagas rico; ropas blancas para que te


vistas y cubras tu vergonzosa desnudez; y colirio para que te lo pongas en los ojos y recobres la vista. Yo reprendo y disciplino a todos los que amo. Por lo tanto, sé fervoroso y arrepiéntete. (Apo 3:15-19 NVI) ¿Qué sucedió para que se hicieran tibios? Sencillo: confiaban en sus logros y en sus posesiones (‟soy rico… no me hace falta nada‟). Mostraban orgullo, autosuficiencia. Pero Dios les llama infelices, miserables, pobres, ciegos y desnudos. Eso mismo les dice Dios a quienes no son pobres en espíritu.

Los que lloran serán consolados Regresemos a Mateo 5 para ver una característica más del discípulo verdadero: Dichosos los que lloran, porque serán consolados. (Mat 5:4 NVI) Cuando Jesús dijo “los que lloran”… ¿se refería a cualquier tipo de llanto? ¿Bienaventurado el homosexual que llora porque su novio lo dejó? ¿Bienaventurado el ateo que llora porque murió su esposa? ¿Bienaventurado el idólatra que llora porque perdió su trabajo? ¡No! El Señor les está hablando a sus discípulos, no a toda persona. Bienaventurado es el verdadero discípulo que llora, porque Dios le consuela. Aquí en la congregación una matrimonio acaba de pasar un momento muy amargo. Su hija de 21 años enfermó de cáncer y, luego de sufrir por mucho tiempo, murió hace pocas semanas. Cuando hablé con ellos me dijeron que tenían una paz y un gozo indescriptibles. El Consolador les dio gozo en medio de la tribulación, en medio de su llanto. Un día, Dios enjugará toda lágrima de nuestros ojos: Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, lo mismo que el mar. Vi además la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios, preparada como una novia hermosamente vestida para su prometido. Oí una potente voz que provenía del trono y decía: “¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir.” El que estaba sentado en el trono dijo: “¡Yo hago nuevas todas las cosas!” Y añadió: “Escribe, porque estas palabras son verdaderas y dignas de confianza.” (Apo 21:1-5 NVI)


Los verdaderos discípulos son consolados cuando lloran. Si usted lo es, reciba la consolación de Dios. El carácter del dicipulo 2 1.

En el artículo pasado veíamos cómo las multitudes quieren cosas de Jesús, pero no quieren ningún compromiso. A diferencia de lo que ocurre con el mundo, la formación del carácter es una prioridad para el Maestro Jesús. Él quiere que seamos como Él, que vivamos como Él, que pensemos como Él. Esta es la medida que el Señor estableció para aquellos que han vivir en el Reino de Dios. El mundo enaltece el talento, el carisma… y se olvida del carácter. Un ejemplo es el del futbolista Diego Armando Maradona, quien en un partido del mundial México 86 metió un gol con la mano. A los aficionados no les importa que ese logro no haya sido honesto. Al mundo le encanta lo que hacen sus ídolos, pero no le importa cómo hacen éstos para alcanzar sus “logros”. Hace no mucho, otro jugador, Messi, metió también un gol con la mano. ¿Será acaso discípulo de Maradona?

Bienaventuranzas del Mundo. Imaginemos una lista de “las bienaventuranzas del mundo”:       

Bienaventurados los listos que engañan a medio mundo, porque ellos serán triunfadores. Bienaventurados los ricos y famosos porque disfrutarán las riquezas de este mundo y de la vida. Bienaventurados los exitosos y triunfadores porque no hay obstáculo que se les oponga. Bienaventurados los campeones porque no saben lo que es la derrota. Bienaventurados los que piensan positivo porque todo lo que proclaman recibirán. Bienaventurados los que confían en sí mismos, gócense y disfruten de los Óscares y de los Grammy’s que merecen sólo los triunfadores. Felices los que han salido de la pobreza y de la mediocridad porque de ustedes son los reinos de este mundo.

Atentamente, su maestro, el Lucero de la Mañana.

Bienaventurados los Humildes


La enseñanza de Jesús es diametralmente opuesta: Dichosos los humildes, porque recibirán la tierra como herencia. (Mat 5:5 NVI) La palabra que se traduce “humildes” es el término griego praús, que se usa en referencia a un caballo que ha sido domado. Se habla de un caballo que es manso, obediente y sumiso. La obediencia a Dios debe ser parte del carácter del Verdadero Discípulo. Si el Maestro te dice que hables, debes hablar. Si dice que vayas, debes ir. Debes obedecer.

Humildad NO es falta de poder Humildad no es falta de valor para enfrentar cosas grandes. Tampoco es actitud pasiva, actitud de abandono o conformismo, no es decir: “Va suceder lo que tiene que suceder.” En Lucas 9, cuando los discípulos vieron a alguien que no estaba haciendo lo que a ellos les parecía correcto le preguntaron a Jesús: “¿quieres que hagamos bajar fuego del cielo para que los destruya?” Notemos cómo ellos sabían que tenían poder, pero pedían permiso para usarlo. Eso es ser humilde, manso. Un Verdadero Discípulo obedece las órdenes del Maestro.

Moisés, 40 años en preparación La Biblia habla muy bien de Moisés: A propósito, Moisés era muy humilde, más humilde que cualquier otro sobre la tierra. (Num 12:3 NVI) Pero no nació humilde. Durante sus primeros 40 años lo que menos tenía Moisés era mansedumbre. Recordemos que Moisés nació en un pueblo perseguido y que, para ponerlo a salvo, su madre lo puso a flotar dentro de un canasto en el río. De ahí lo recogió la hija del Faraón. Así, Moisés fue criado en un lugar privilegiado y con la mejor educación posible, lo cual tiende a producir orgullo y soberbia. Eso se muestra luego cuando Moisés mató a un Egipcio que abusaba de un esclavo Hebreo. Evidentemente, no era entonces un hombre humilde.


Por causa de eso Moisés huyó al desierto, donde pasó 40 años sin fiestas ni glamour, sólo alacranes y ovejas. Dios usó esta situación para hacerlo manso. Cuarenta años en preparación para el liderazgo. Y hoy, ¿de dónde sacan que en 40 días se preparan líderes en las iglesias?

Moisés, humilde. Mientras pastoreaba ovejas, Moisés vio la zarza ardiendo y fue a investigar qué ocurría. Dios le dijo: “Moisés. Moisés. Quítate las sandalias, porque estás pisando tierra santa.” En ese mismo instante Moisés obedeció, no se puso a discutir con Dios. Dios le informa a Moisés que lo va a enviar a servirle y la respuesta es “No Puedo.” Eso era exactamente lo que quería escuchar Dios; cuarenta años antes probablemente hubiera dicho que sí podía, aunque confiando en sus propias fuerzas. Al final Moisés va a cumplir la voluntad de Dios, diciendo que “Yo Soy” lo enviaba. La humildad consiste en someterse a Dios.

Desobediencia con Milagro Un día el pueblo deseó linchar a Moisés. La gente, en pleno éxodo en el desierto, extrañaba la comida de Egipto. Su líder fue delante de Dios a pedir lo que el Pueblo quería. Dios le dijo que le debía hablar a la roca, que de ella iba a brotar agua para todo Israel. En ese momento el enojo de Moisés rebasaba los límites y en lugar de hablarle a la roca, la golpeó. Así, desobedeció, pero igualmente Dios hizo el milagro y brotó agua y bebió todo el pueblo. Hoy en día a muchos no les importa violar la Palabra de Dios, con tal de ver un milagro. Dios le dijo a Moisés: “me desobedeciste. Yo te dije que hablaras a la roca y le pegaste dos veces.” El Señor no es un padre consentidor, no nos deja hacer lo que sea. Por esa razón, a Moisés no le fue permitido entrar en la tierra prometida: Moisés ascendió de las llanuras de Moab al monte Nebo, a la cima del monte Pisgá, frente a Jericó. Allí el Señor le mostró todo el territorio que se extiende desde Galaad hasta Dan, todo el territorio de Neftalí y de Efraín, Manasés y Judá, hasta el mar Mediterráneo. Le mostró también la región del Néguev y la del valle de Jericó, la ciudad


de palmeras, hasta Zoar. Luego el Señor le dijo: “Éste es el territorio que juré a Abraham, Isaac y Jacob que daría a sus descendientes. Te he permitido verlo con tus propios ojos, pero no podrás entrar en él.” (Deu 34:1-4 NVI) Parece drástica la decisión de Dios, pero quién puede discutir con Él. Moisés no lo hizo tampoco, lo cual comprueba su mansedumbre. En contraparte, muchos no pueden pasar un problema sin reclamarle a Dios: “¡Yo Diezmo! ¿Por qué me haces esto?” Mis queridos hermanos: no se engañen. Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y que no cambia como los astros ni se mueve como las sombras. Por su propia voluntad nos hizo nacer mediante la palabra de verdad, para que fuéramos como los primeros y mejores frutos de su creación. Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse; pues la ira humana no produce la vida justa que Dios quiere. Por esto, despójense de toda inmundicia y de la maldad que tanto abunda, para que puedan recibir con humildad la palabra sembrada en ustedes, la cual tiene poder para salvarles la vida. (Stg 1:16-21) El verdadero discípulo acepta la disciplina de Dios.

Meditemos la Palabra Terminemos este artículo meditando en algunos pasajes Bíblicos que hablan de la humildad: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana.” (Mat 11:28-30) La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, (6) quien, siendo por naturaleza* Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. (7) Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza* de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. (8) Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! Fil 2. Se humilló a si mismo. (Fil 2:5,8 ) Él realiza maravillas insondables, portentos que no pueden contarse. Él derrama lluvia sobre la tierra y envía agua sobre los campos. Él enaltece a los humildes y da seguridad a los enlutados. (Job 5:9-11)


Yod - Él dirige en la *justicia a los humildes, y les enseña su camino. (Sal 25:9) El Señor es excelso, pero toma en cuenta a los humildes y mira de lejos a los orgullosos. (Sal 138:6) Los pobres volverán a alegrarse en el Señor, los más necesitados se regocijarán en el *Santo de Israel. (Isa 29:19) Porque lo dice el excelso y sublime, el que vive para siempre, cuyo *nombre es *santo: “Yo habito en un lugar santo y sublime, pero también con el contrito y humilde de espíritu, para reanimar el espíritu de los humildes y alentar el *corazón de los quebrantados. (Isa 57:15) Fue mi mano la que hizo todas estas cosas; fue así como llegaron a existir afirma el Señor. “Yo estimo a los pobres y contritos de espíritu, a los que tiemblan ante mi palabra. (Isa 66:2) Carácter del dicipulo 3 Mateo 5:6-7 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

En estos versículos, Jesús nos habla metafóricamente de dos necesidades básicas del ser humano: el hambre y la sed. En el idioma original se hace referencia a un hambre y una sed tan intensas que casi nos llevarían a desfallecer, las cuales serían saciadas con pan y con agua. Por extensión, el Señor nos habla de nuestra necesidad de Dios, de nuestra necesidad de Justicia. La palabra que se traduce “Justicia” es el término griego dikaiosúne, el cual se refiere a las cualidades de rectitud y justicia en el carácter. La Palabra nos habla de que ambos rasgos forman parte del carácter de Dios: es recto y justo. Cuando Jesús dice “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia”, nos está hablando de un rasgo de carácter que deben desarrollar y mostrar sus discípulos. Un Verdadero Discípulo tiene hambre y sed de justicia, es decir, desea ser recto y justo. Así se va conformando a la imagen de Dios. Otro significado de la palabra dikaiosúne es Justificación.

¿Qué es la Justificación?


Es el acto por el cual Dios declara absuelto, sin delito ni pecado, a todo aquel que ha creído en el sacrificio de Cristo. Él es Justo y debe castigar el pecado, por el cual nosotros deberíamos de haber sido castigados, pero por amor a nosotros envió a su hijo Jesucristo a que pagara por nuestros pecados en nuestro lugar. Por lo que ahora la justicia de Dios es satisfecha con el sacrificio de su hijo Jesús en la cruz. Cristo fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación, según Romanos 4:25. Un Verdadero Discípulo necesita reconocer la justificación de sus pecados: el castigo que merecíamos ya fue pagado por Cristo en la cruz. Rom. 5.1 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo) Rom. 3.22-25 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados. 2 Cor. 5.21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. Cuando una persona es justificada, Dios empieza a trabajar en su carácter. Así, es llevada a obedecer, a hacer lo recto y lo justo, a desarrollar y manifestar un deseo intenso de agradar a Dios. Martin Lutero, el gran reformador de la Iglesia en la Edad Media, sufría mucho porque tenía un gran vacío en su corazón. Sabía que iría al infierno al morir. En medio de su necesidad desesperada ingresó a un convento donde se aplicaban castigos físicos como método para limpiar los pecados y conseguir el favor de Dios. Lutero seguía vacío. Un día fue a confesarse ante un sacerdote y duró 11 horas declarando sus pecados; tampoco pudo obtener la paz que necesitaba. Tenía una carga inmensa y un gran deseo de encontrar a Dios. En esa búsqueda encontró a un sacerdote, quien luego sería su tutor: él le recomendó leer la Biblia y buscar a Jesucristo, convencido de que sólo en la Palabra de Dios encontraría la paz y el perdón que necesitaba. Al estudiar, Lutero encontró el texto que dice: “El justo por la fe vivirá” y entendió que creer en el sacrificio de Cristo le daría la vida eterna, la seguridad de la salvación y la paz que tanto necesitaba. Fue así como


Lutero encontró la forma de relacionarse correctamente con Dios, así como la equidad y la justicia de su carácter.

¿Afán, en el Verdadero Discípulo? Mateo 6.31-34 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal. El Verdadero discípulo debe primeramente tener un hambre y una sed intensas de hacer lo justo para agradar al Señor. El resto Dios lo dará como añadidura. Todos hemos escuchado y hasta memorizamos este texto, pero son pocos los discípulos que lo practican. La agitada vida del mundo nos ha llevado a tener otro tipo de hambre: la de una mejor posición económica y de poder. Si nos descuidamos, podemos vernos inmersos en la dinámica del mundo que nos empujará a buscar más y mejores cosas materiales. Y Dios nos cuestiona… ¿De qué tienes hambre hoy? ¿Para qué trabajas? ¿Cuál es tu afán en la vida? ¿Cómo estás edificando tu vida espiritual? ¿Cuál es tu prioridad? Buscar el reino de Dios y su justicia es una actitud del corazón del discípulo, el cual tiene en ello su tesoro. Donde está nuestro tesoro, está nuestro corazón. Preocupémonos por hacer ante todo la voluntad de Dios y no nos afanemos en buscar cosas terrenales. Buscar primero lo material es la actitud de cualquier incrédulo. Un verdadero discípulo tiene como prioridad buscar al Señor y hacer lo que Él dice. Debemos estar contentos con nuestra situación actual, como decía Pablo en Filipenses 4.12: Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado. Muchos no están contentos con su escasez, pero otros van incluso más allá y, aunque poseen bienes, no están contentos con lo que tienen porque quieren más. Un verdadero discípulo espera la provisión de Dios y está conforme con ella, independientemente de lo abundante o lo escasa que ésta sea.


Los Misericordiosos Mateo 5:7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Las primeras cuatro bienaventuranzas nos hablan sobre el carácter de Discípulo. En ellas el Señor nos describe la pobreza de espíritu, el llanto producido por la necesidad de Dios, la humildad y la mansedumbre, y luego del hambre y la sed de Dios y su justicia. Esto nos habla de un orden establecido por Dios: primero forma nuestro carácter y, una vez desarrollado, podemos ser misericordiosos. Sólo así se formará en el verdadero discípulo un corazón que siente compasión por las miserias y las tragedias de los demás. Dios tuvo compasión cuando vio la condición en la que estábamos: muertos en nuestros delitos y pecados. Él, grande en misericordia, mostró su amor para con nosotros en que siendo aun pecadores Cristo murió por nosotros. El Verdadero Discípulo sabe que ha recibido misericordia de Dios y que, por lo tanto, debe mostrar misericordia y perdonar a los que le ofenden. Jesús nos cuenta una historia sobre la misericordia: Lucas 10.25-37 El buen samaritano Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo. ¿Cómo actuamos hoy ante escenarios parecidos al que Jesús nos describe en esta historia?


¿Reaccionamos como verdaderos discípulos, haciendo el bien al prójimo si Dios nos presenta la oportunidad? ¿Nos compadecemos de nuestro prójimo en su necesidad y hacemos algo para ayudarle a satisfacerla? ¿Qué tanto nos paremos a Jesús? Reflexionemos en estas preguntas y pidamos a Dios que produzca en nosotros una profunda hambre y una intensa sed de Él. Señor, forma tu carácter en nosotros y danos un corazón misericordioso. En el nombre de Jesús. Amén. El carácter del dicipulo 4 Mateo 5:8 Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

Esta bienaventuranza tiene que ver con la parte más íntima del ser humano: EL CORAZÓN. El corazón es: Limpio o Sucio Sincero o Hipócrita Bueno o Malo Tengamos claros los dos elementos de esta bienaventurados: los limpios de corazón son herederos de una promesa inconmensurable: verán a Dios. Estudiemos estas dos palabras: Limpio y Corazón. Así entenderemos en toda su magnitud esta promesa que el Señor hace a sus discípulos.

Limpio La palabra “limpio” se traduce de la palabra griega katharos que significa libre de impureza, sin fraude, genuino, real. Esta palabra se usaba en tiempos de Jesús para referirse 1) al agua pura, transparente, que se podía beber; 2) al oro puro, libre de impurezas; 3) a las personas sin deudas con la sociedad o con las autoridades; 4) a los caballos pura sangre o genuinos, sin mezcla; 5) a una mujer pura y virgen, que se había guardado hasta el matrimonio; 6) a la leche pura que no era mezclada con agua.


Así, cuando Jesús dice “bienaventurados los de limpio corazón”, se refiere a los discípulos cuyos motivos son sinceros, puros, transparentes como el agua limpia, diáfanos como el cristal, transparentes como la luz. Cuando Jesús seleccionó a sus primeros discípulos se encontró con Felipe y con Natanael. El Señor Jesús reconoció en Natanael a un verdadero discípulo. Veamos este pasaje en Juan 1:47 Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve. Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. Jesús reconoció en Natanael a un hombre sin engaño, sincero, limpio en sus aspiraciones por encontrar a Dios. La pregunta ahora es: ¿Qué dice Jesús de ti, que dice Jesús de mí? Los de limpio corazón son aquellos discípulos: 1) cuyas acciones son sin malicia 2) que hacen misericordia sin sacar ventaja del otro; 3) que no hacen cosas para dañar a otra persona; 4) cuyas acciones son sinceras, sin hipocresía; 5) que cuando se acercan a Dios lo hacen con sinceridad; 6) que cuando hablan con su prójimo son transparentes, sin engaño; 7) cuyos motivos son genuinos, no tienen doble cara. El Corazón de Judas, por ejemplo, no era genuino: escondía avaricia, traición, hipocresía. Jesús no ignoraba la condición del corazón de Judas, como tampoco ignora la de nuestro corazón. Salmo 24:3-4 ¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño. ¿Puede usted levantar sus manos al Señor y decir: todo lo que tengo, mi automóvil, mi casa, la ropa que uso, los he conseguido limpiamente? ¿Puede afirmar que todo lo que posee lo logró con manos limpias, sin engaño, sin mentiras o fraudes? Tómese un tiempo para reflexionar y responder esta pregunta. ¿Quiénes son pues los discípulos de limpio corazón? Aquellos que piensan y hacen las cosas sin malicia y sin hipocresía. El Señor está seriamente interesado en limpiar diariamente su corazón de sus discípulos. Nuestro corazón debe estar siempre limpio, ser transparente y puro.


Corazón La otra palabra del versículo Mateo 5:8 que vamos a estudiar es “corazón” que se tradujo de la palabra griega kardía, cuya definición es el órgano principal en la vida física de los seres humanos. Pero cuando la Biblia habla de corazón, lo hace una manera simbólica: se refiere a lo más profundo del ser humano donde se asientan los pensamientos morales (o inmorales), donde se encuentra todo lo que tiene que ver con la vida espiritual (buena o mala), donde se hallan los elementos racionales y emocionales de nuestra vida. Jesús hace énfasis en que los discípulos deben de ser de corazón limpio, porque él observa lo más profundo e íntimo de nuestros pensamientos. El ser humano ciertamente ve lo exterior, pero el Señor ve el corazón. Alguna vez se le acercaron a Jesús ciertos escribas y fariseos y le dijeron: ¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan. Y Jesús les responde en Mateo 15:19-20, leámoslo: Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre. Lo que realmente somos está en el corazón; lo que tú ves en mí es solo una fachada, pero Dios ve nuestro ser interior. Lo que piensas, lo que hablas, lo que sientes, lo que haces, revela lo que hay en tu corazón. Cuando estás solo y nadie te ve, ¿que ves en la televisión? Recuerda: Dios no está ciego. Puede ser que no te vea tu esposa, tus hijos, tu mamá o tu papá, pero Dios te está viendo. Siempre. Jeremías 17:9. Engañoso es el corazón, más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? ¿Te has preguntado alguna vez cuántos pensamientos del corazón nos han llevado por caminos torcidos? El corazón no sólo es engañoso (más que todas las cosas), sino también perverso, lo cual se traduce en frágil o quebradizo. Esto quiere decir que hay circunstancias que quiebran el corazón, luego de lo cual anidamos pensamientos y deseos malignos: homicidios, robos, venganzas. Por naturaleza el corazón es así. Por eso dice la Biblia: sobre todas las cosas que guardas, guarda tu corazón. El Verdadero Discípulo debe cuidar su corazón de la avaricia, del rencor, de la envidia, de todo aquello que pueda dañarlo. No debemos confiar nada en nuestro corazón.


Proverbios 28:26. El que confía en su propio corazón es necio; más el que camina en sabiduría será librado.

Las inclinaciones del corazón ¿Cuáles son las inclinaciones del corazón? • Avaricia • Bienes materiales • Lujos • Dinero • Concupiscencias Desear algo material no es malo en sí mismo. Tú puedes desear por ejemplo tener una casa propia, pero por si por obtenerla te olvidas de Dios, o no lo tienes a Él como prioridad, ese deseo sano en principio puede convertirse en avaricia y podrá dañar tu corazón. Si no puede confiar en su corazón, ¿en qué puede confiar un Discípulo de Dios? Salmo 34:8. Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él. El corazón del discípulo debe confiar en Dios en medio de cualquier circunstancia y de cualquier necesidad, siempre pidiendo a Dios la sabiduría necesaria para la vida. Veamos algunos versículos que nos explican cómo debemos confiar en Dios: Salmo 37:5 Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará. Salmo 118:8 Mejor es confiar en Jehová que confiar en el hombre. Jeremías 17:5-8 Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová. Será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada. Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando


viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto. El verdadero discípulo ha sido lavado y limpiado del corazón por Cristo, pero no por ello debe confiar en su corazón, pues éste sigue inclinado a las cosas del mundo y de la carne. El discípulo ora y pide cada día al Señor de la siguiente manera: Crea en mi oh Dios un corazón limpio y renueva un espíritu recto dentro de mí. Examíname oh Dios, y conóceme, y prueba mi corazón, y ve si hay en mi camino de perversidad, y guíame en el camino eterno, y líbrame aún de los pecados que me son ocultos. En el nombre de Jesús. Amén. La verdadera paz

Sigamos estudiando el sermón del monte, una enseñanza fundamental del Señor para nosotros sus discípulos. Mateo 5:9 Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios Como ya es costumbre habremos de remitirnos al significado de los términos escritos originalmente en la Escrituras. En este caso, vamos al griego. “Bienaventurados” viene de la palabra Makários que significa supremamente bendecido, dichoso y glorioso, persona que disfruta la bendición recibida. “Llamados” viene de kaléo que significa decir en voz alta, invitar. Es usado en una amplia variedad de aplicaciones, principalmente como sobrenombre. Haciendo una paráfrasis, este versículo diría: Sumamente bendecidos son los pacificadores, porque a ellos les pondrán por sobrenombre hijos de Dios. Ahora, dejemos claro que EL MERO HECHO DE BUSCAR, PREFERIR O PROMOVER LA PAZ NO NOS HACE HIJOS DE DIOS: creerlo sería erróneo, producto de una mala interpretación, pues la Biblia dice que ser hijo de Dios sólo puede ser producto del sacrificio de Cristo. Juan 1:11-13 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; Es decir, no somos llamados Hijos de Dios sino por Jesucristo. La palabra clave para entender bien estos versículos es “llamados”. Como consecuencia de tu fe y de tu llamado ejerces como pacificador, y es entonces que serás conocido como Hijo de Dios.


¿Quién es un Pacificador? Cuando Jesús dice que sumamente feliz, o sumamente bendecido es el pacificador… ¿a quién se refiere? La palabra “Pacificador” es la traducción de Eirenopoiós (pacificatorio), la cual viene del vocablo Eirene (paz), derivada a su vez de Eiro, que significa unir. Esta cadena de significados nos muestra que pacificador es el que propicia la paz, entendida como la capacidad de unir, de lograr la unidad. Veamos un ejemplo clásico: una madre de familia ve a sus dos hijos peleando por la posesión de un juguete y decide, simplemente, enviar a cada uno de sus hijos a una habitación diferentes, es decir, separarlos. La pregunta aquí es… ¿los puso en paz? No, simplemente los aquieto: paz significa unir, así que sólo los habría puesto en paz si hubiera terminado uniéndolos. El pacificador es un promotor de la paz, uno que es capaz de unir. ¿Y qué es lo que une? ¿A qué paz y a qué unidad se refiere Cristo? Veamos Romanos 8:7 Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Aquí se trata de tener paz con Dios, ¿Será que estamos peleados con Dios? No, pero como el pecado sí tiene enemistad con Dios, luego entonces el pecado nos separa de Dios. El hombre por sí sólo no busca estar en paz con Dios; más bien se ocupa en tener paz con el hombre… pero ni ese tipo de paz puede lograr. No es lo mismo vivir en paz con uno mismo o con los demás, que vivir en paz y tener la paz de Dios. Estar en paz con Dios es estar unido a Dios. ¿Podemos estar unidos a Dios mientras vivimos llenos de pecado? Claro que no. Necesitamos del perdón y del arrepentimiento para tener paz con Dios. Necesitamos estar en guerra con el pecado. Necesitamos que la sangre de Cristo que nos limpie de todo pecado. 1 Juan 1:7-9 Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.


Jesucristo es el pacificador por excelencia: su sacrificio en la cruz es lo único que hace posible que el hombre tenga paz con Dios. En el antiguo testamento, en el libro de Levítico capítulo 7 se nos habla de los sacrificios que pedía Dios a sus hijos para tener paz con Él, antes –por supuesto- de la venida de Cristo. Ahí la Biblia nos habla de la palabra paz que en el hebreo es shélem que significa retorno: por el pecado estoy distanciado de Dios pero puedo regresar a Él y unírmele. La raíz de la palabra shélem es el vocablo shalám que significa ser amistoso, reciprocar, hacer enmiendas, pagar el daño, volver. De aquí viene la palabra Shalom, que significa Dios es mi Paz. Efesios 2:14 Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Romanos 5:1 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; Romanos 5:10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Hermanos, que quede claro: no hay forma de tener paz con Dios, salvo por el sacrificio de Cristo. 2 Corintios 5:17-20 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. De todo lo anterior se entiende que un pacificador es un reconciliador, un embajador que Cristo usa como canal para dar el mensaje de salvación, para que la gente tenga paz con Dios. Cuando guiamos a una persona a los pies de Cristo, somos pacificadores. A esos pacificadores se refiere Cristo, a los que unen a los hombres con Dios. Ahora veamos este otro pasaje: Mateo 10:34 No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija


contra su madre, y a la nuera contra su suegra; 36 y los enemigos del hombre serán los de su casa. Qué pasa… ¿se está contradiciendo Cristo? No. La disensión de la que el Señor habla aquí es la que surge en las diferencias que hay entre los miembros de una familia, entre los que creen en Jesús y los que no creen. Es común que en una familia algunos se convierten, pero otros no. Y viene división. ¿Quién tendrá paz en esa familia? Evidentemente, los que tienen a Cristo. Ampliemos el contexto en torno a esta enseñanza sobre los pacificadores: Mateo 10:37-39 El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará. Aunque los lazos que unen a la familia suelen ser muy fuertes, no pueden impedir que Cristo llame a reconciliación a alguno de sus miembros. El tal, seguramente, tendrá disensión con aquellos que no han creído. Entonces ¿qué debemos hacer si pertenecemos a una familia como esta? ¿Debemos ahogar nuestro anhelo de unirnos más a Dios porque nuestro padre, madre o pareja no comparte nuestra fe? ¿Debemos estar en constante contienda por la fe con algún miembro de la familia, al grado de tener poca o nula comunicación con él? Santiago 3:13-18 nos responde: Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no


os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz. Así que, hermano, hay que pedir sabiduría a Dios: no discutas con tus familiares incrédulos, no uses su posición de cristiano para alardear ante ellos mejor ofréceles tu testimonio de una vida en paz con el Señor para que, entonces, ellos también deseen reconciliarse con Él. ¿Eres pacificador en tu casa? ¿Incitas a los de tu casa a estar en paz con Dios? Cuándo la gente observa tu comportamiento ¿experimenta el deseo de reconciliarse con Dios… o, por el contrario, desea alejarse más de Dios? Que la gente en tu trabajo, en tu casa o donde quiera que te estés, encuentre en tu vida un motivo para reconocer que también necesita a Cristo, en lugar de seguirlo rechazando. Para ser pacificadores primero hay que ser sabios. Un pacificador es constante en su deseo de reconciliar a la gente con Dios. La oportunidad de predicar el evangelio de la paz se presenta continuamente. No deberíamos desaprovecharla. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Porque persiguen a los dicipulos

Mateo 5:10-12. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. Jesús transforma a los suyos en mejores seres humanos, más tiernos, humildes, mansos y apacibles. ¿Por qué razón entonces estos bellos rasgos de carácter provocan ataques, burlas, agresiones, menosprecio y persecución?

Agresión a los rasgos de los Verdaderos Discípulos. El que es pobre de espíritu reconoce que sin Dios no puede hacer nada, que depende totalmente de Dios. Esta sola premisa se contrapone absolutamente con el espíritu de autosuficiencia que tiene la gente que no conoce a Dios. De ahí la agresión. El incrédulo se burla del creyente diciendo cosas como “tú para todo mencionas a Dios, tú para todo usas la Biblia, ¿qué no puedes hacer nada por ti mismo?”.


Algunas veces con sus palabras, pero siempre con su testimonio, un verdadero discípulo confronta a los incrédulos con su pecado; situación por demás incómoda para estos últimos y que llega a derivar en agresiones. Una persona humilde de espíritu por la obra de Cristo en su vida contrasta seriamente con una persona agresiva que no conoce a Dios. Cuando somos humildes, mansos y tememos y amamos a Dios nuestras acciones provocan las reacciones de los que no aman a Dios, las cuales pueden ser el vituperio y la agresión. Cuando nos arrepentimos de nuestros pecados, entramos en inevitable oposición con los que, desde la incredulidad, se complacen en sus pecados. Pueden decirnos cosas como “no exageres santurrón, la vida es una y hay que vivirla”. Los que tienen hambre y sed de justicia, los discípulos de Jesús, contrastan evidentemente con aquellos que andan en la vanagloria de la vida, en los deseos de los ojos. Los misericordiosos contrastan con la insensibilidad de aquellos que son egoístas, que dicen: “ lo mío es mío y lo tuyo es mío” pero nunca dicen “lo mío es del Señor y puedo ser generoso”. Los limpios de corazón contrastan con los hipócritas; una persona limpia de corazón, pone en evidencia la falsedad y la hipocresía de los demás, provoca agresiones de todo tipo, entre ellas las verbales: “ay sí, monja guerrillera, monje loco, santurrón” Los pacificadores, los que ahora tienen paz con Dios y que por medio del mensaje de la Palabra reconcilian a los hombres y los llevan a la paz con Dios, contrastan con los que son rencorosos, amargados y vengativos. Y provocan una reacción agresiva. El contraste entre la luz de Cristo reflejada por un discípulo y las tinieblas reflejadas por un incrédulo produce agresión y hasta persecución. Pero Jesús nos advirtió al respecto y veamos estos versículos:

Juan 3:19-21 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios. Juan 7:7 No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas. Juan 15:18-19 Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Ahora retomemos una porción de Mateo 5:10 para estudiarla: Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.


“Persecución” se tradujo de la palabra griega dióko que significa perseguir, agredir verbal y físicamente. En el versículo se añade “por causa de la justicia”, que significa por causa de las verdades del evangelio, por causa de caminar como Dios quiere. Veamos un ejemplo: Sabemos que hay falsos cristianos, falsos maestros de la Biblia que engañan a la gente y que cuando usted o un predicador les confrontan con la verdad y exponen su corrupción dicen: “estoy siendo perseguido por causa de Cristo” ¡CUIDADO!, no caigamos en el engaño, hay que saber distinguir cuando alguien está siendo reprendido por conductas que violan los principios de Dios y cuando realmente es perseguido por vivir como Dios quiere o por predicar lo que Dios quiere que se predique.

Agreden a Jesús… agreden a sus discípulo s. Jesús fue agredido verbal y físicament e por decir la verdad. Hoy, más de de dos mil años después, el Señor sigue siendo calumniado mediante agresiones verbales: unos dicen que tuvo una hija con María Magdalena, otros más que era homosexual y amante de Juan el apóstol porque éste se acostaba en su pecho.

Si eso dijeron de Jesucristo, ¡¿qué no van a decir de sus discípulos?! A Pablo también lo difamaron, a Juan el Bautista le cortaron la cabeza por decir la verdad. Es un destino común para los que siguen al Señor. 1 Pedro 9:14-17 Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado. Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno; pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello.


Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? Analicemos otra porción de Mateo 5: Mateo 5:11 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.

¿Cuál es la causa de Jesús? La causa de Jesús es el Evangelio, su mensaje, el hecho de que de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en el cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Esta bienaventuranza nos viene cuando defendemos celosamente el mensaje del Evangelio, cuando defendemos lo glorioso que fue su sacrificio y proclamamos que su sangre derramada nos limpió de todos nuestros pecados. Así, cuando alguien habla herejías y aberraciones respecto al sacrificio de Cristo, respecto a su muerte expiatoria, a su resurrección, al mensaje de santidad, de rectitud y de arrepentimiento, entonces, el verdadero discípulo defiende con celo el Evangelio. Judas 1:3-4 Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo. Bienaventurados sois cuando por mi causa os… Vituperen viene del griego oneidizo que significa injuriar, reprochar. Y os… Persigan, que es traducción de la palabra dióko que ya explicamos anteriormente. El texto continúa diciendo “y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo”. Toda clase de mal viene de la palabra griega onerós que significa toda clase de cosas perversas, inmorales contra vosotros, y Mintiendo de la palabra griega pseudos que significa falso, o sea que dirán falsedades de vosotros. Cuando un discípulo defiende el evangelio se echa encima a esos falsos en contra, quienes aún llegarán a agredirle física y verbalmente. Veamos un ejemplo: Daniel 6:1-12 Pareció bien a Darío constituir sobre el reino ciento veinte sátrapas, que gobernasen en todo el reino. Y sobre ellos tres gobernadores, de los


cuales Daniel era uno, a quienes estos sátrapas diesen cuenta, para que el rey no fuese perjudicado. Pero Daniel mismo era superior a estos sátrapas y gobernadores, porque había en él un espíritu superior; y el rey pensó en ponerlo sobre todo el reino. Entonces los gobernadores y sátrapas buscaban ocasión para acusar a Daniel en lo relacionado al reino; mas no podían hallar ocasión alguna o falta, porque él era fiel, y ningún vicio ni falta fue hallado en él. Entonces dijeron aquellos hombres: No hallaremos contra este Daniel ocasión alguna para acusarle, si no la hallamos contra él en relación con la ley de su Dios. Entonces estos gobernadores y sátrapas se juntaron delante del rey, y le dijeron así: !!Rey Darío, para siempre vive! Todos los gobernadores del reino, magistrados, sátrapas, príncipes y capitanes han acordado por consejo que promulgues un edicto real y lo confirmes, que cualquiera que en el espacio de treinta días demande petición de cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, sea echado en el foso de los leones. Ahora, oh rey, confirma el edicto y fírmalo, para que no pueda ser revocado, conforme a la ley de Media y de Persia, la cual no puede ser abrogada. Firmó, pues, el rey Darío el edicto y la prohibición. Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes. Entonces se juntaron aquellos hombres, y hallaron a Daniel orando y rogando en presencia de su Dios. Fueron luego ante el rey y le hablaron del edicto real: ¿No has confirmado edicto que cualquiera que en el espacio de treinta días pida a cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, sea echado en el foso de los leones? Seamos como Daniel, hermanos: valientes y rectos, confiados siempre en el Señor. Nada debe alterar nuestra fe en Cristo. Terminemos con la última parte del versículo que estudiamos: Mateo 5:12 Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. Este versículo lo vamos a ilustrar con un ejemplo oportunísimo a la luz de lo que la Palabra nos muestra sobre Micaías profetizando la derrota de Acab: 1 Reyes 22:1-28. Tres años pasaron sin guerra entre los sirios e Israel. Y aconteció al tercer año, que Josafat rey de Judá descendió al rey de Israel. Y el rey de Israel dijo a sus siervos: ¿No sabéis que Ramot de Galaad es nuestra, y nosotros no hemos hecho nada para tomarla de mano del rey de Siria? Y dijo a Josafat: ¿Quieres venir conmigo a pelear contra Ramot de Galaad? Y Josafat respondió al rey de Israel: Yo soy como tú, y mi pueblo como tu pueblo, y mis caballos como tus caballos. Dijo luego Josafat al rey de Israel: Yo te ruego que consultes hoy la palabra de Jehová. Entonces el rey de Israel reunió a los profetas, como cuatrocientos hombres, a los cuales dijo: ¿Iré a la guerra contra Ramot de Galaad, o la dejaré? Y ellos dijeron: Sube, porque Jehová la entregará en mano del rey. Y dijo Josafat: ¿Hay aún aquí algún profeta de Jehová, por el cual consultemos? El rey de Israel respondió a Josafat: Aún hay un varón por el cual podríamos consultar a Jehová, Micaías hijo de Imla; mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza bien, sino solamente mal. Y Josafat dijo: No hable el rey así. Entonces el rey de Israel llamó a un oficial, y le dijo: Trae pronto a Micaías hijo de Imla. Y el rey de Israel y Josafat rey de Judá estaban sentados cada uno en su silla, vestidos de sus ropas reales, en la plaza junto a la entrada de la puerta de Samaria; y todos los profetas profetizaban delante de ellos. Y Sedequías hijo de Quenaana se había hecho unos


cuernos de hierro, y dijo: Así ha dicho Jehová: Con éstos acornearás a los sirios hasta acabarlos. Y todos los profetas profetizaban de la misma manera, diciendo: Sube a Ramot de Galaad, y serás prosperado; porque Jehová la entregará en mano del rey. Y el mensajero que había ido a llamar a Micaías, le habló diciendo: He aquí que las palabras de los profetas a una voz anuncian al rey cosas buenas; sea ahora tu palabra conforme a la palabra de alguno de ellos, y anuncia también buen éxito. Y Micaías respondió: Vive Jehová, que lo que Jehová me hablare, eso diré. Vino, pues, al rey, y el rey le dijo: Micaías, ¿iremos a pelear contra Ramot de Galaad, o la dejaremos? El le respondió: Sube, y serás prosperado, y Jehová la entregará en mano del rey. Y el rey le dijo: ¿Hasta cuántas veces he de exigirte que no me digas sino la verdad en el nombre de Jehová? Entonces él dijo: Yo vi a todo Israel esparcido por los montes, como ovejas que no tienen pastor; y Jehová dijo: Estos no tienen señor; vuélvase cada uno a su casa en paz. Y el rey de Israel dijo a Josafat: ¿No te lo había yo dicho? Ninguna cosa buena profetizará él acerca de mí, sino solamente el mal. Entonces él dijo: Oye, pues, palabra de Jehová: Yo vi a Jehová sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto a él, a su derecha y a su izquierda. Y Jehová dijo: ¿Quién inducirá a Acab, para que suba y caiga en Ramot de Galaad? Y uno decía de una manera, y otro decía de otra. Y salió un espíritu y se puso delante de Jehová, y dijo: Yo le induciré. Y Jehová le dijo: ¿De qué manera? El dijo: Yo saldré, y seré espíritu de mentira en boca de todos sus profetas.Y él dijo: Le inducirás, y aun lo conseguirás; ve, pues, y hazlo así. Y ahora, he aquí Jehová ha puesto espíritu de mentira en la boca de todos tus profetas, y Jehová ha decretado el mal acerca de ti. Entonces se acercó Sedequías hijo de Quenaana y golpeó a Micaías en la mejilla, diciendo: ¿Por dónde se fue de mí el Espíritu de Jehová para hablarte a ti? Y Micaías respondió: He aquí tú lo verás en aquel día, cuando te irás metiendo de aposento en aposento para esconderte. Entonces el rey de Israel dijo: Toma a Micaías, y llévalo a Amón gobernador de la ciudad, y a Joás hijo del rey; y dirás: Así ha dicho el rey: Echad a éste en la cárcel, y mantenedle con pan de angustia y con agua de aflicción, hasta que yo vuelva en paz. Y dijo Micaías: Si llegas a volver en paz, Jehová no ha hablado por mí. Enseguida dijo: Oíd, pueblos todos. Hermanos, ¿cuántos profetas hoy en día “profetizan” lo que el pueblo quiere escuchar? ¿Es usted de quienes prefieren que se les declare sólo el bien, el éxito y la prosperidad… o de quienes reciben con agrado la verdad? Entonces sepa usted que la verdad de la Palabra de Dios anuncia persecución para los verdaderos discípulos. Y, ciertamente, también un galardón… pero no en la tierra como anuncian los profetas de la prosperidad, sino en los cielos, luego del sufrimiento por la persecución a causa de la fe.


Mateo 5:10-12 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. Señor, fortalécenos la fe, afirma la convicción de los que titubean. Que no tengamos miedo de confrontar a nadie con la palabra de Dios. Señor, danos convicciones sólidas, fuertes. Si nosotros fuésemos vituperados, injuriados o agredidos por causa del evangelio… ¡nos gozaremos Señor! Ayúdanos a cumplir con la misión de ser verdaderos discípulos. Nos encomendamos a ti Señor y a la palabra de tu gracia. Amén. La sal de la tierra

Mateo 5:13 Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.

¿Qué es la Sal? La sal es el condimento más antiguo usado por el hombre. Ya en el año 2700 a.C. en China se usaba la sal para sazonar la comida. El libro de Job que fue escrito hace unos 3500 años hace una mención sobre la sal en el capítulo 6:6. ¿Comeráse lo desabrido sin sal? ¿O habrá gusto en la clara del huevo? El uso más primitivo de la sal es la conservación de los alimentos, por lo cual en la antigüedad se trataba de un producto muy apreciado. Incluso se le llegó a llamar “oro blanco”. De “sal” viene la palabra salario, (del latín salarium). ¿Qué tiene que ver la sal con el salario? Sencillo: a los soldados de la antigua Roma se les retribuía su trabajo con una porción de sal. Cuando éstos salían a la guerra salaban sus alimentos para mantenerlos en buen estado por largo tiempo. Se dice que la sal tiene por lo menos catorce mil usos benéficos diferentes. En cantidades adecuadas la sal ayuda a regular el ritmo cardiaco, previene espasmos musculares, evita la osteoporosis, regula el sueño y mantiene el equilibrio de azúcar en la sangre. De hecho el cuerpo humano no puede vivir sin sal. Sin embargo el exceso en la ingesta de sal produce males como la hipertensión. La presencia de sal en un alimento puede generar un sabor agradable o desagradable según la porción que contiene: menos sal o más sal de la necesaria hace que un alimento sea desagradable al paladar.


Podríamos seguir enumerando los usos de la sal, pero baste por ahora con los mencionados. Ahora surge una pregunta:

¿Por qué Jesús les dijo a sus discípulos que ellos eran la sal de la tierra? Jesús les habla a los suyos en Mateo 5:13 y les dice “vosotros sois la sal de la tierra”. Esto quiere decir que al nacer de nuevo, el ser humano ya tiene la capacidad o la cualidad de sazonar, de ponerle el ingrediente necesario en la porción exacta a las cosas de la vida. El discípulo no llegará a ser, sino que ya es sal de la tierra. La palabra que se tradujo aquí como “sal”, viene del griego jàlas que por supuesto se traduce sal (el condimento), pero que tiene también un sentido figurado que se traduce como prudencia. Prudencia se entiende como cautela, moderación, equilibrio y balance. También significa sensatez, buen juicio. El Diccionario de la Real Academia Española define prudencia como una virtud que consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o malo para seguirlo o huir de ello. Dos de las cualidades de la Sal que Jesús tenía en mente eran: 1.- Su poder de conservación y 2.- La cualidad de dar sabor y sazón. Jesús nos pide que conservemos y guardemos las verdades del evangelio y aplicar esas verdades en la medida exacta para darle el verdadero sentido y el mejor sabor a las cosas que nos pasan en la vida. En Apocalipsis, el Señor le habla a la iglesia en Filadelfia, la cual constituye el prototipo de lo que Él espera encontrar en nosotros cuando vuelva: Ap. 3:8 Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre. Observemos las dos cosas que los cristianos de Filadelfia hicieron: 1.- “Has guardado mi palabra”. La palabra guardado aquí, significa conservado, obedecido. ¿Qué conservó la iglesia en Filadelfia? Conservó las verdades del evangelio sin diluirlas para que no pierdan su sabor. Si uno prepara una olla de sopa para diez personas y la sazona sólo con 5 gramos de sal no va a saber a nada, estará insípida; pero si se le agrega un kilogramo de sal tampoco servirá: hay que usar la cantidad exacta de sal para que tenga buen sabor.


2.- “No has negado mi nombre”. Aunque hacerlo provoca persecución y ataques verbales o físicos como ya lo vimos en estudios anteriores, esta iglesia era fiel al respecto. La sal en la Biblia tiene diversos simbolismos en la escrituras. Por ejemplo cuando se ofrecían los sacrificios en el Antiguo Testamento se ofrecía a un animal de lo mejor del ganado o las primicias de la cosecha, lo cual habla de que al Señor se le debe ofrecer lo mejor de nuestro ser. Enseguida el sacerdote esparcía sal sobre el sacrificio: Ezequiel 43:23-24 Cuando acabes de expiar, ofrecerás un becerro de la vacada sin defecto, y un carnero sin tacha de la manada; y los ofrecerás delante de Jehová, y los sacerdotes echarán sal sobre ellos, y los ofrecerán en holocausto a Jehová. La sal, como conservador de los alimentos, simboliza incorrupción, preservación, pureza. La sal era, en estos versículos, un símbolo de que el adorador conservaba un corazón limpio y puro delante del Señor.

Pacto de Sal Levítico 2:13 Y sazonarás con sal toda ofrenda que presentes, y no harás que falte jamás de tu ofrenda la sal del pacto de tu Dios; en toda ofrenda tuya ofrecerás sal. El pacto de sal simboliza el compromiso de Dios de cumplir su palabra y sus promesas; mientras el sacerdote por su parte se comprometía a consagrarse solamente al Señor. Más adelante Dios ofreció a su propio hijo en sacrificio para limpiar nuestros pecados y lo selló con su sangre: es ésta la sangre del nuevo pacto de la que habló Jesús, y la sal que preserva el nuevo pacto es el Evangelio, ya que éste es perdurable (su palabra durará por siempre). Por lo tanto la Palabra es la sal que preserva las promesas de Dios. Cuando Jesús dice que somos la sal de la tierra, deja claro que sus discípulos tenemos la misma función que esa sal: nos conservamos, nos guardamos caminando en santidad para con Dios. Romanos 12:1-2 Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.


En estos versículos, el apóstol Pablo nos exhorta a ser santos, exclusivos, agradables a Dios, actuando de manera racional, es decir, de acuerdo con los razonamientos de Dios y no mediante nuevos cultos o pactos ajenos a las escrituras. Pablo nos anima a no conformarnos ni amoldarnos al estilo de vida de estos tiempos y al pensamiento del mundo, sino que transformemos nuestro entendimiento y nuestra mente. Aquí la palabra transformaos viene del griego “metamorfos”, que es la misma palabra que se usa para describir la conversión de la oruga en mariposa. De igual manera Jesús nos pide que nos convirtamos de nuestra vieja manera de vivir terrenal a la de un verdadero discípulo, que pasemos de la naturaleza de gusanos a la de águilas por medio de la metamorfosis que Jesús obra en nosotros para que vivamos en la buena voluntad de Dios y ser así agradables y perfectos ante Él al obedecer su palabra. Dios ofreció a su hijo Jesús por los pecados y selló tal sacrificio en un pacto eterno por medio de su sangre, por lo que su palabra es como la sal que preserva y conserva sin corrupción el pacto que Dios hizo con sus hijos: es así como Dios nos asegura que conservará la vida eterna que nos regaló. La sangre de Cristo que tuvo la eficacia para perdonar los pecados de los cristianos del primer siglo tiene la misma eficacia conservada por el Evangelio para perdonar también nuestros pecados.

¿En qué sentido somos la sal de la tierra? Jesús ha dicho que sus discípulos hacen lo mismo que la sal: conservar, guardar y preservar, cualidades aplicadas en este caso a las verdades eternas que se nos han depositado. Esta afirmación implica también que un verdadero discípulo no mancha su vida con inmoralidad o con fraudes, sino que se mantiene honesto e íntegro. No se deben diluir las verdades del evangelio, necesitamos la medida exacta de la palabra de Dios para aplicarla en cada situación de la vida. Y sin embargo esa es una de las constantes del evangelio entre muchos cristianos de nuestros días: se ofrece un alimento impuro, sin sabor o demasiado salado, que no se puede comer, si alguien lo ingiere le hace daño. Como la sal, el discípulo debe de conservar las verdades del evangelio. ¿Cómo? A través de su testimonio, de vivir y reflejar la palabra de Dios a los demás.


Ahora, es necesario entender que cuando un cristiano preserva las verdades del evangelio contrasta con los que no son creyentes, quienes se ve así confrontados con su pecado e incluso pueden responder con agresión. Y es que un verdadero discípulo no busca la gratitud o el reconocimiento de los hombres, está lejos de necesitar el aplauso del mundo: Marcos 9:33-35 Y llegó a Capernaum; y cuando estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino? Mas ellos callaron; porque en el camino habían disputado entre sí, quién había de ser el mayor. Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos. Hoy es común ver a supuestos ministros de Dios peleando por ser los primeros en aparecer sobre la plataforma de un evento, esforzándose por predicar un mensaje cuyo único fin es recibir el reconocimiento. En contraste, Jesús nos enseño que cuando hacemos lo que Él nos encomendó digamos “siervo inútil soy, porque hice lo que tenía que hacer”. Jesús no nos deja siquiera una milésima de espacio para que nosotros recibamos reconocimiento: toda la gloria es enteramente Suya. Alrededor del año 1625 hubo un reformador de la iglesia llamado Jorge Fox. Dice la historia que un día llegó a predicar frente a miles de personas y, cuando iba a subir al estrado, todos lo saludaban, le aplaudían y, de algún modo, lo adoraban. Muy molesto, Fox les reprendió por su actitud, les recriminó que lo idolatraran y se alejó del lugar sin predicar. El corazón del hombre tiende a idolatrar, pero Jorge Fox sabía que un verdadero discípulo debe ser prudente. Así nos deja también un valioso ejemplo respecto al ser usados por Dios: también en esta área hay que sazonar con sal, con la medida justa según la Palabra. Lucas 14:34 Buena es la sal; mas si la sal se hace insípida, ¿con qué se sazonará?

¿Distinción de la buena sal? Para terminar, regresamos a nuestro versículo inicial: Mateo 5:13 Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Encontramos aquí la palabra “desvaneciere” que viene del griego moraino y tiene dos significados, uno literal y otro alegórico. El literal es cuando la sal se desvanece y pierde su sabor. El simbólico implica volverse un necio, enloquecer. Un verdadero discípulo tiene la Biblia como norma de vida y no requiere respuestas ajenas a las sana Palabra de Dios. En contraparte, muchos buscan respuestas en los motivadores, en los estudiosos de la mente humana, en los filósofos o en doctrinas novedosas. Con ello muestran que no son discípulos, en su necedad, en su falta de sabor, en su ausencia de sal.


1 Timoteo 6:3-10. Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales. Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. En el Israel de la antigüedad la sal era traída desde el Mar Muerto, pero había una sal que al contacto con otros productos químicos naturales a la intemperie se hacía amarga y no servía: esa sal era distinguida fácilmente por los comerciantes, quienes la separaban, pues ya no servía para consumo humano. Esta sal se esparcía por las orillas de los caminos para matar las hierbas que estorbaban el paso, esto es, una sal para muerte. El evangelio que muchos predican hoy ha perdido su sabor porque, precisamente, tales cristianos han perdido su sabor. Y su “sal” es para muerte también. A los discípulos del Señor nos corresponde guardar la sal del Verdadero Evangelio. Guardémonos en el señor. Y que nuestro mensaje y nuestras vidas confronten el pecado. Señor te damos gracias porque podemos entender a lo que te referiste cuando les dijiste a tus discípulos sois la sal de la tierra: somos la sal que preserva tus verdades a través de nuestro testimonio, esa sal que tú dijiste que era buena. Buenos son los cristianos que no se comprometen con el mundo, buenos son los cristianos que renuevan su mente, que cambian su conducta, que cada día se van renovando, que van quitando de su vida la envidia, el rencor, los pleitos. Buena es la sal, pero si la sal se desvanece no servimos para nada. Nos comprometemos contigo a quitar cualquier mancha de nuestras vestiduras con las convicciones que tú consolidas en nosotros. En el Nombre de Jesús. Amén. Somos luz del mundo

Mateo 5: 14-16 Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no


se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. En 1 Juan 1:5, el apóstol nos dice que Dios es luz y que no hay ningunas tinieblas en Él. De manera simbólica, Juan pone en contraste la LUZ con las TINIEBLAS: la luz representa la pureza, lo santo, lo justo y lo bueno de Dios, mientras que las tinieblas representan la condición de corrupción, de depravación, de maldad, de pecado de los hombres.

¿Por qué Juan comparó a Dios con la Luz? Analicemos las cualidades de la luz. 1.- La luz viaja siempre en línea recta. Dios es justo, su palabra es recta y Dios habla directamente, sin rodeos. 2.- La luz recorre 300 mil kilómetros por segundo, irradiando a toda velocidad todo sitio sobre el cual viaja. Cuando entra usted a su recamara por la noche y enciende la luz, toda la habitación se ilumina de inmediato. Dios por su parte es omnipresente, el no viaja como la luz, el está en cualquier lugar y lo llena todo en todo. 3.- La luz disipa totalmente las tinieblas, no puede haber luz y oscuridad a la vez. De igual manera donde está Dios el mal se aleja. En lo espiritual las tinieblas simbolizan corrupción, pecado, inmoralidad y ausencia de Dios. Su luz las disipa. Veamos algunos versículos que nos hablan de la luz de Dios: Juan 1:4-5 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. Juan 3:19 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. De lo anterior se entiende que al encenderse la luz del evangelio algunos huyen de ella; no quieren escuchar ni recibir nada de Dios, se han habituado a vivir lejos de Él, aman la oscuridad y la inmundicia. Esta es una reacción natural de los incrédulos que se obstinan en permanecer en sus transgresiones. Sin embargo siempre habrá hombres y mujeres dispuestos a recibir la luz del evangelio. Juan 8:12 Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Cada uno, como discípulo de Dios, necesita conocer Su Voluntad manifiesta en el Evangelio, que es luz que alumbra nuestro camino, pues aunque estamos en el mundo


no somos del mundo. Como habitamos en medio de las tinieblas, necesitamos que la Luz de su Palabra nos ilumine. Juan 9:5 Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo. Jesús es consciente de su papel: es luz del mundo: Mas, sabedor de que un día tendría que marcharse, nos deja esa responsabilidad. Juan 12:46 Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas. Si alguien dice que cree en Jesús, está en la luz. Pero si dice que cree y aborrece a su hermano anda en tinieblas. Dios es luz, Jesús es la luz del mundo y su palabra también es luz del mundo. Salmo 119:105 Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino. Proverbios 6:23 Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz, y camino de vida las reprensiones que te instruyen. 4.- La luz participa en un fenómeno físico llamado reflexión, en el cual cada rayo rebota sobre superficies pulidas como un espejo. Si usted despierta en medio de la oscuridad y se planta frente al espejo no verá absolutamente nada, pero si enciende la luz ya podrá observarse en el espejo. Eso ocurre gracias a la acción de la luz, no a la acción del espejo. Asimismo la luz del evangelio es la que nos hace ver la condición en la que nos encontramos, de ahí la importancia de ser iluminado con la luz del evangelio y no con sabiduría o con teorías humanas. 5.- Otro fenómeno asociado a la luz es la refracción, el cual ocurre cuando la luz atraviesa el agua, mas no en línea recta, sino de forma dispersa, lo cual se debe a que en el medio acuoso la luz disminuye su velocidad. La aplicación espiritual es muy similar: la palabra de Dios, que es luz, entra por nuestros oídos y se refracta hacia nuestro corazón, a la mente, a la conciencia y a todo nuestro ser. Hebreos 4:12 Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. De ahí la importancia de hablar de Cristo, de la verdadera luz del evangelio a toda persona, lo cual ilumina el entendimiento. De hecho ahora mismo, al leer estas líneas, ninguno se escapa de recibir Su Luz.

Nuestros ojos son la lámpara a nuestro cuerpo.


Mateo 6:22-23 La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas? Jesús dice que la lámpara del cuerpo es el ojo, pero no nos habla del órgano que hace posible la visión, sino de un ojo espiritual. El globo ocular no ilumina el cuerpo, es obvio, sólo entendiendo estas palabras en el ámbito espiritual comprendemos su significado. La palabra “bueno” se tradujo de una palabra griega que significa ver en una sola dirección, ante lo cual cabe preguntarnos ¿cuál es la dirección hacia la cual, en lo espiritual, nuestros ojos deben de ver? La Biblia dice que debemos poner nuestros ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe; sin embargo en el mundo y aún en las iglesias muchos ponen los ojos en los hombres, en los líderes, en los cantantes. Debemos eliminar toda distracción respecto al mundo y poner nuestra mirada siempre en el Señor. Recordemos cuando dos ángeles vinieron a Lot para advertirle que Dios destruiría Sodoma y Gomorra. Le indican que abandone su ciudad, junto con su familia, sin mirar atrás y sin parar hasta pasar la llanura. Mas la esposa de Lot miró hacia atrás y quedó convertida en estatua de sal. ¿Qué significa esto? Jesús nos lo explica: Lucas 9:62 Ninguno que poniendo su mano al arado mira atrás, es apto para el reino de Dios. Es decir, si tú eres un verdadero discípulo no puedes decir yo amo a Cristo pero me gusta el mundo. Es imposible, el tal no es un discípulo. Por su parte la palabra maligno se tradujo de una palabra griega que significa: ver lo perverso, ver lo corrupto, ver lo inmoral. La forma en que Dios diseñó la anatomía del globo ocular también arroja luz para entender mejor: La retina tiene millones de bastones y conos. Gracias a ellos podemos ver a colores. Cuando baja la intensidad de la luz, los conos que están en la retina no reaccionan y se nos nubla la vista, entonces los bastones se adaptan paulatinamente a la condición de oscuridad, lo cual logran en un lapso de unos cuantos minutos. Es lo que nos ocurre cuando entramos a la sala de cine cuando la cinta ya ha iniciado: uno puede ver la pantalla radiante de luz y, al desviar la vista, nos quedamos en tinieblas y nos es difícil encontrar un lugar vacío para sentarnos. Luego de unos minutos podemos ver nuevamente en la zona oscura. Así ocurre con algunos cristianos que no ponen su vista en la luz de Cristo, en el evangelio de la Luz: giran su vista a las penumbras buscando su lugar y no ven con


claridad; ya han nacido de nuevo, pero un falso evangelio los tiene en penumbras, mostrándoles un Jesús que no es el de la Biblia y que, por lo tanto, carece de luz. En estas condiciones, cuando vienen los sinsabores de la vida, no saben qué hacer porque carecen de la luz del evangelio que les brindaría dirección. Nuestra vista natural puede ser defectuosa por males como la miopía (tienes que acercarte a las cosas para poder verlas bien) o el astigmatismo (tienes que alejarte de las cosas para poder apreciarlas). Una cirugía puede corregir totalmente el problema. Todo indica que en lo espiritual muchos cristianos necesitan una intervención para quitar de sus ojos las tinieblas en las que su vida ya está envuelta. Es el caso de aquellos que habiendo recibido el Evangelio no cambian de vida, que no experimentan los efectos de una verdadera conversión, que se dicen cristianos y pretenden engañar a quienes les rodean y aún engañarse a sí mismos. Afirman que ven, pero viven en la oscuridad.

La luz del evangelio en alta definición. El ojo humano tiene la habilidad de descomponer los rayos de luz blanca para que el cerebro aprecie los colores. Eso nos diferencia de la mayoría de los animales que, aunque también ven, no pueden apreciar el color. Eso me hace recordar cómo, hace más de treinta años, acostumbrados a ver televisión en blanco y negro nos la presentaron “a todo color”: nuestra sorpresa al ver colores sobre la pantalla era mayúscula. Mas ahora ha aparecido la televisión de alta definición con pantallas de cristal líquido o plasma y todo se ve aún más claro, con una calidad francamente impresionante. Esto mismo ocurre en nuestra vida espiritual: cuando estamos acostumbrados a recibir enseñanzas superficiales, sin sustento o desviadas sobre el Evangelio es como si viéramos apenas a Dios como una sombra monocromática. Mas si el líder asume la responsabilidad de estudiar a fondo la Palabra y la enseña con denuedo, sus ovejas comienzan a ver colores. Si el estudioso se esmera más y, por decirlo de algún modo, se lanza desde el trampolín al estanque de la Palabra para profundizar en ella todo se va esclareciendo para él y para quienes reciben sus enseñanzas como si pasaran de la visión a colores a la de pantalla de plasma. Recibimos así, por decirlo de algún modo, la Palabra en alta definición.

Somos luz del Mundo Jesús dijo a que sus discípulos somos la luz del mundo. Eso quiere decir que tenemos la capacidad de reflejar y refractar la luz que recibimos hacia el mundo. Aquí la palabra mundo se traduce de la palabra griega “cosmos” que tiene dos significados, uno literal que es el globo terráqueo, y otro figurado que se refiere a la gente que vive en el mundo. ¿Quién vive en el mundo? En el mundo vive la gente que no conoce a Dios, los que están en tinieblas. Mas Cristo, quien es Luz y nos ha dado la luz, va puliendo y formando nuestro carácter. Mientras más nos parecemos a Él, más reflejamos Su Luz y


la refractamos al mundo, ¿Cómo vamos a reflejar la luz que Cristo nos ha dado? Con nuestra vida, con nuestro testimonio. Por ejemplo, ¿cuántas esposas esperan la conversión de sus maridos al Señor? La Biblia dice cómo hacerlo: 1 Pedro 3:1- Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa. Tristemente muchos líderes de la iglesia de hoy, en penumbras, aconsejan a mujeres que atraviesan por esta situación que le den prioridad a servir en la iglesia aunque ello les cueste descuidar su casa y a su marido, todo en nombre del amor a Dios. Algunos hasta llegan, torpemente, a sugerir el divorcio. La ignorancia hace que olviden lo que dice la Palabra al respecto: que las mujeres estén sujetas a sus maridos para que también los que no creen a la palabra sean ganados sin palabras por la conducta de sus palabras, es decir, por el ejemplo, por su testimonio, atendiendo bien sus deberes primeramente con los suyos.

Nuestro caminar en la luz de Cristo, dice más que nuestras palabras. Oremos. Padre, te damos gracias por tu palabra que es lámpara a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino. Gracias por el privilegio de poder ser iluminados con la luz de tu palabra y contigo mismo Señor, que eres luz. Nos has hecho real sacerdocio, nación Santa, pueblo adquirido por Ti para anunciar Tus virtudes. Nos has llamado de las tinieblas a tu luz admirable, mas si nuestra luz se apaga ¿cómo podríamos alumbrar al mundo? Señor, te pedimos que sigas puliendo cada día nuestro carácter para reflejar más a Cristo, para reflejar mas tu amor, tu perdón y aún tu juicio, como lo hizo Noé por ejemplo. Que cada cristiano haga resplandecer el amor de Cristo, sin que ninguno confunda el brillar de Cristo con hacer lo que hace el mundo. Que nuestra vida permanezca rendida a ti, reflejando a Cristo. En el Nombre de Jesús. Amén. Los obstáculos del dicipulos

A estas alturas de la serie, los Discípulos de Jesús ya entienden que Jesús es su único maestro y rechazan a cualquier otro maestro que pretenda enseñarles cómo deben vivir. Los que realmente son Suyos, saben que Jesús no comparte su enseñanza con Buda, ni con Freud, ni


con el capitalismo, ni con el socialismo y mucho menos con el materialismo. Él trasciende todo conocimiento humano.

Jesús, nuestro único maestro. La enseñanza de Jesús es totalmente opuesta y excluyente de cualquier otra enseñanza. El discípulo lo sabe y, en consecuencia, no acepta las filosofías del mundo como estilo de vida, no acepta gurús como guías espirituales, no adopta filosofías cambiantes ni modas religiosas. El verdadero discípulo sólo sigue a Jesús y sabe que debe hacerlo sin reservas, porque el Señor vomitará a los tibios. Y además sabe que seguir a Jesús es algo irreversible: luego de poner la mano sobre el arado ya no es posible volver atrás. La siguiente porción de la Biblia nos muestra tres tipos de candidatos a ser discípulos. Al conocer sus corazones y sus motivos, el Señor les confronta.

Tres candidatos a ser discípulos de Jesús. 1.- El Candidato convenenciero. Lucas 9:57-58 Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré adondequiera que vayas. Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. Éste había visto a Jesús hacer muchos milagros y señales. Cuando expresa su deseo de seguirle, el Señor la informa que hay un precio a pagar, que a veces habrá estrechez y a veces abundancia, a veces persecución y a veces tiempos de paz, que a veces no tendrá siquiera donde recostar la cabeza, un techo, un lugar seguro donde morar. El Señor deja clara su postura: para seguirlo a Él hay que dejarlo todo. El candidato esperaba lo contrario, creía que seguir a Jesús, hacedor de milagros, le representaría multiplicar sus posesiones. A Jesucristo le costó la vida predicar el Evangelio. Así que no va a rebajar el precio para aquel que quiere ser su discípulo. Los seres humanos somos muy dados a regatear, a pedir rebajas, pero un discípulo no puede negociar con el Maestro, no puede decirle “Te sigo, pero dame todo lo que te pido. Si no me das, no te sigo”. Que quede claro: es Él quien marca las reglas y las condiciones para seguirlo. 2.- El candidato sentimental. Lucas 9:59 Y dijo a otro: Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios.


A diferencia de lo que ocurre con el primero, es Jesús quien le pide a este candidato que lo siga. Éste antepone una condición: deja que vaya y entierre a mi padre, sólo que, contra lo que pudiera pensarse, su padre no ha muerto; es decir, le pide a Jesús que le permita, primero, agradar a los suyos, a sus parientes, esperar a que muera su padre para, entonces sí, ir tras Él. Jesús, en un juego de palabras, expresa: que los muertos en espíritu entierren a sus muertos, es decir, deja que aquellos que no desean agradar a Dios vayan y agraden a su gente hasta la muerte. Y agrega finalmente que la tarea principal de todo discípulo es anunciar el reino de Dios. 3.- El candidato de doble ánimo. Lucas 9:61-62 Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios Este candidato también se ofrece para seguir a Jesús, pero es el típico vacilante, el que duda y titubea. Jesús le contesta con una frase que todo creyente ha escuchado, una figura tomada de la agricultura: cuando el sembrador empieza a barbechar el campo debe mirar en línea recta y guiar a los bueyes; si tiene una leve distracción se desvía y hace mal el surco para la siembra. El verdadero discípulo de Jesús sabe que no debe apartar su mirada del Maestro, pues el que lo hace se desvía y, en consecuencia, no es apto para servir a Dios. En 1 de Reyes 19:21, Eliseo está arando con la yunta de bueyes cuando Elías el profeta de Dios se planta frente a él, se quita el manto y se lo pone a él, lo que en la tradición judía significa el nombramiento de un sucesor. Eliseo acepta la responsabilidad, pero le pide a Elías que primero le permita ir a su casa a despedirse de los suyos. Esta escena contraste con el reproche que Jesús le hace al candidato a discípulo en Lucas 9:62 sobre la oportunidad de despedirse de su familia. ¿Estamos frente a una contradicción? No. Y no lo estamos porque Elías no es Dios como sí lo es Jesús. Cuando Eliseo pide permiso para ir a su casa a despedirse, Elías lo pasa por alto, no le presta importancia pues, al hacerlo su sucesor, sólo está cumpliendo un mandato de Dios al respecto. Ahí la diferencia: Elías es hombre, Jesús es Dios. El mismo pasaje nos muestra cómo, luego de que Eliseo se despide de su familia, dice que tomó los bueyes y los mató, y que con la madera de la yunta hizo un sacrificio y se lo entrego a Dios, lo que significa que Eliseo renunciaba a sus proyectos, a su visión personal, a sus anhelos, a lo que tenia planeado para su vida, a todo, por seguir a Dios. Este es un claro ejemplo de cómo el verdadero discípulo debe seguir a Cristo sin doblez, dejándolo todo, con la absoluta disposición a seguir y a obedecer la voluntad de su maestro porque, como lo vimos en una de las enseñanzas pasadas, en los tiempo de Jesús la gente escogía a sus maestros, pero Jesús escoge que han de seguirle, tal como nos escogió a nosotros. Ahora, ¿significa esto que, si vas a seguir a Jesús, deberás renunciar mañana a tu trabajo? No, claro que no. Lo que la Biblia enseña es que, si Dios te lo pide, debes obedecer de inmediato y no cuando tú lo decidas. Recuerda que Dios nos escoge, pero


no sabemos cuándo Dios nos llamará. Bien podría ser cuando tu negocio esté marchando viento en popa, cuando estés ganando mucho dinero. Es ahí cuando Jesús te pregunta: ¿estarías dispuesto a dejarlo todo por seguirme? Es entonces cuando aparecen los obstáculos, como en el caso del joven rico que le pregunta a Jesús: “Maestro, cómo puedo hacer para ganar la vida eterna”, a lo que Jesús responde: “Ve y vende todo lo que tienes y repártelo a los pobres”: el joven rico estaba dispuesto a “todo”… menos a hacer eso. Ciertamente el Señor no va a pedir a todos los que llama que lo vendan todo y lo repartan a los pobres: lo hizo con éste porque quería tratar con su problema particular, en este caso la avaricia, lo que queda demostrado cuando el joven se retira entristecido porque le resultó más importante conservar sus posesiones que seguir a Jesús. Les voy a confesar algo: desde que me convertí al Señor me surgió la pregunta de por qué Jesús es tan exigente, drástico y determinante cuando llama a alguien a seguirlo. Me resultaba muy difícil entenderlo. Pero, al paso del tiempo, entendí que la grandeza de su sacrificio no puede exigir menos: Él se entregó totalmente a su obra redentora, Él hizo una obra completa, no lo golpearon sólo un poco, no sufrió a medias, no corrió ni se escondió sino que murió en la cruz por mí. Él lo sufrió todo, su entrega fue total y su obra de salvación fue completa. Ahora entiendo la exigencia de amar a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas. El discípulo debe seguir a Jesús las veinticuatro horas, los siete días de la semana, no puede dar menos. En contraparte hay discípulos domingueros, gente que solamente desempolva la Biblia para llevarla a la congregación, lo cual es sumamente triste. Que nos quede claro: Jesús no puede rebajar el precio del discipulado, para Él es todo o nada. Él no admite que sirvamos a dos señores y nuestra decisión de seguirlo debe ser irreversible. Permítame una ilustración: cuando usted toma un avión de México a Madrid abrocha su cinturón y se dispone a la travesía. Jamás podrá ocurrir que, a la mitad del trayecto, vaya usted a la cabina a pedirle al piloto que le permita bajar porque se ha cansado del vuelo o regresar a México porque a usted ahora ya no le interesa llegar a Madrid. Esto mismo ocurre cuando se trata de seguir a Jesús: no hay regreso posible. Pablo compara la vida cristiana con una carrera de obstáculos en la que los corredores salen al disparo del juez y, cuando van corriendo, de pronto se encuentran con obstáculos. El corredor debe ser veloz y, a la vez, muy exacto para saltar sobre ellos. Cuando un corredor salta antes o después del momento oportuno termina impactándose con el obstáculo. Los cristianos son, en este sentido, corredores que tienen sus ojos puestos en la meta y que durante la carrera encontrarán obstáculos. Estudiemos ahora cinco obstáculos que un verdadero discípulo encontrará en algún momento de su vida.

Cinco obstáculos en la vida de un discípulo.


1.- Los lazos familiares. Lucas 14:25-26 Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. ¿Qué quiere decir aquí Jesús cuando afirma que si no aborreces a tu parentela no puedes ser su discípulo? ¿Dirá que aborrezcamos a nuestros padres, hermanos e hijos? No. A diferencia de otros pasajes, el problema para entenderlo fácilmente no es la traducción sino la expresión propia de la cultura judía a la que hace referencia. En este versículo aborrecer significa “amar menos” o “preferir menos” a alguien que a Dios. Lo que Jesús dice es “el que prefiera más a su parentela que a mí, no es digno de mí”. ¿Por qué? Porque Dios es más que nuestros padres, es más que nuestros hermanos y más que nuestros hijos. Esta confrontación con la realidad de nuestros afectos, de nuestros apegos a la gente, es uno de los obstáculos con los que tarde o temprano muchos de los discípulos nos tendremos que enfrentar. 2.- Los proyectos personales. Todos tenemos proyectos personales. Pero cuando Dios viene a nuestra vida, éstos pasan a segundo término. Lucas 9:23-24 Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. Jesús les pide a sus discípulos que se nieguen a sí mismos para ir en pos de él. Les dice que tomen su cruz, que para nosotros siempre ha tenido una connotación religiosa, pero que en el tiempo de Jesús era símbolo de muerte, pues la crucifixión era un castigo común para delincuentes. Lo que Jesús nos dice aquí es que debemos morir a nosotros mismos para vivir en la voluntad de Dios. Ahora: Dios te puede pedir que dejes proyectos, pero también puede no hacerlo. Marcos 1:16-18 Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. Y dejando luego sus redes, le siguieron. Un pescador, un agricultor, un comerciante o cualquiera que tiene un negocio, quiere que su proyecto produzca y crezca, por lo que humanamente Simón y Andrés pudieron haber tenido en mente crecer en el negocio de la pesca, es un deseo natural. Pero Jesús les pide dejar su proyecto personal porque tiene otra tarea para ellos. Imaginemos la escena: qué pudieron haber pasado Simón y Andrés al decidir seguir a Jesucristo.


3.- Los bienes materiales. Mateo 6:24 Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Ya sabemos que el dinero en sí mismo no es malo, sino que el problema es la actitud que un discípulo puede tener hacia el dinero. Pablo dice que la avaricia es idolatría. En este pasaje, Jesús nos dice que nadie puede servirle a Él y, al mismo tiempo, al dinero. Ya hemos denunciado aquí la falsedad y el peligro de la doctrina de la prosperidad, la cual afirma que sí se puede servir a los dos: la verdad es que eso es imposible, aunque hoy por hoy muchos cristianos tengan su vida, su corazón y todas sus fuerzas empeñadas en conseguir la casa y el auto de sus sueños, la estabilidad y la abundancia económica, y aún muchos alcanzan todo esto. Pero ¿estarán dispuestos a renunciar a todo ello cuando Jesús se los demande? Los profetas de la prosperidad dirían que no tienen por qué hacerlo, pues aseguran incluso que Jesús murió para hacernos ricos. Éstos predican, evidentemente, un mensaje contrario al espíritu de las Escrituras. Yo le creo a Jesús cuando dice que ninguno puede servir a dos señores. En ese versículo la palabra “servir” se tradujo del griego doulos, que significa esclavo voluntario, uno que decide libremente servir a otro. Respecto a Jesús, cada uno debe decidir si se entrega o no al Señor, si se convierte en esclavo de Jesucristo. Esto implica una renuncia deliberada a sus derechos, a sus sueños, a sus anhelos, por amor a Jesús. 4.- El reconocimiento del mundo. El ser humano, por naturaleza, gusta del reconocimiento, del aplauso, de sentirse admirado. Una frase común entre cantantes y actores famosos dice “yo vivo del aplauso de mis fans”, es decir, de la gloria que la gente les da. Este tipo de admiración o reconocimiento no glorifica a Dios de ningún modo: Juan 5:41 Gloria de los hombres no recibo. Más yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros. Sorprende que, quien habla aquí, es Jesús. ¿Cómo es que el Señor dice que no recibe gloria de los hombres, si en otro pasaje dice que debemos de darle Gloria? Lo que pasa que la gloria de los hombres, es el reconocimiento carnal, convenenciero, lisonjero. Podría decirse que es la gloria hollywoodense, la que se rinde a los famosos vestidos de gala durante una entrega de premios sobre la alfombra roja.


Esa gloria no le interesa a Jesús: no va a recibirla. Juan 7:18 El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia. Esto significa que el verdadero discípulo no predica su propio mensaje, no habla lo que se le ocurre, sino que predica exclusivamente el mensaje de Jesús. Quienes predican otras cosas buscan su propia gloria, tratan de agradar a la gente y no al Señor. Juan 12:42-43 Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios. Pablo dijo que todo lo que había ganado lo tuvo finalmente por basura. Pero ¿entonces es malo adquirir títulos en el mundo? No, pues éstos son el resultado del esfuerzo por especializarse en una materia y el conocimiento ciertamente es útil para muchas cosas. El problema está en gloriarnos en nuestros alcances y logros. Un verdadero discípulo no permite que el reconocimiento humano que se le pueda brindar ocupe el lugar que el Señor tiene en su vida. 5.- Los honores religiosos. Lucas 17:7-10 ¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa? ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú? ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no. Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos. La afirmación de que somos siervos inútiles viene de una expresión hebraica que significa no merecedores. Esto signfica que cuando Dios nos llama a hacer algo y lo hacemos, Él no está en obligación de agradecérnoslo o recompensárnoslo –aunque muchas veces en su amor lo hace-. Dios no “agradece” que oremos por los enfermos o que ayudemos a los necesitados: antes bien deberíamos decir que, sin merecerlo, Dios nos usó para cumplir sus propósitos. Hay cristianos que oran por un enfermo de cáncer al que Dios más tarde sana, pero luego se llenan de orgullo por lo que ellos “hicieron”. Entendámoslo: todos los que servimos a Dios somos siervos inútiles, no merecemos nada. Entonces, ¿de qué nos enorgulleceremos? De ninguna cosa, porque todo mérito y todo reconocimiento es para el Señor.


Un discípulo que desea seguir a Jesús para obtener prestigio personal, para hacer crecer su reputación, para alcanzar una mejor posición económica, prestigio religioso o jerarquía eclesiástica, muestra una conducta tan anti cristiana y tan anti bíblica como pocas. Espero, sinceramente, que no sea tu caso. Padre: te damos gracias. Sabemos que tu palabra nos confronta y nos da luz, pero también nos hace ver nuestra condición. Tú nos conoces, sabes cuáles son nuestras verdaderas intenciones y anhelos. Sabes cuáles son nuestros puntos débiles y entiendes cómo para algunos es más difícil romper con los lazos familiares en el sentido de preferirte a ti o preferirlos a ellos. Bien sabes también que otros luchan porque les cuesta dejar sus propios proyectos y abrazar los tuyos, que otros buscan lo material intentando servir a dos señores y que otros buscan la gloria y el reconocimiento del mundo o, peor aún, de la iglesia. Te rogamos, Padre, que abras nuestros ojos para que seamos voluntariamente esclavos tuyos. Queremos ceder nuestros derechos y entregarte nuestros planes, porque los tuyos son mejores y más altos. Señor, queremos entregarte todo, firmar una hoja en blanco con nuestro nombre para que Tú la llenes como quieras. Te damos gracias porque en tu misericordia aún nos brindas el privilegio de ser usados por ti como siervos inútiles, que sólo hacen lo que deben hacer y que no tienen nada de qué gloriarse, salvo de ser tomados inmerecidamente por las manos de Su Maestro. Que tu Palabra sea lumbrera a nuestro camino, Señor. En el nombre de Jesús. Amén. La misión del dicipulo

Mateo 28.18-20 Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

La Gran Comisión: “Id y haced discipulos a todas las naciones”

El versículo que con el que iniciamos presenta una encomienda que Jesús dejó a sus discípulos y que es llamada La Gran Comisión. El encargo es claro: ir y hacer discípulos en todas las naciones. A lo largo de este capítulo de la Biblia, Jesús afirma tener toda potestad tanto en el cielo como en la tierra. En él, la palabra potestad se


traduce del griego isosia que significa autoridad. Así delega a sus discípulos la tarea de formar más discípulos en todas las naciones. El mandato es claro: cuando expresa “id” lo hace en un modo imperativo absoluto. Se trata de un mandamiento y no de una opción. Formar discípulos es, a todas luces, una responsabilidad que todo discípulo verdadero de Jesucristo deberá cumplir. Notemos cómo -contra lo que suele pensarse- el Señor no nos encomienda “convertir” a las personas, tarea que sólo Él a través de su Espíritu Santo puede hacer, sino más bien formar a los creyentes.

¿Es fácil y rápido formar discípulos?

No, no es fácil. Formar discípulos es una labor a la que los ministros de Dios deben entregarse enteramente. A su vez, los nuevos discípulos formarán a otros. Es una secuencia, es una labor contínua. A Jesús, por ejemplo, le tomó tres años de enseñanza permanente, día y noche, formar a sus discípulos más cercanos. En contraparte hoy se cree que con ayuda de un libro se pueden hacer discípulos en apenas cuarenta días. Absurdo.

Jesús nos manda enseñar sistemáticamente.

Jesús nos manda ir y hacer discípulos a todas las naciones. La palabra naciones viene de la palabra griega etnos, donde se deriva la palabra etnia. Esto quiere decir que hay que enseñar a las personas de toda lengua y de toda raza sin distinción. Y Sus instrucciones continúan: hay que enseñarles a guardar todas las cosas que Él nos ha enseñado. La palabra enseñándoles, se tradujo del griego didasco que significa instruir y enseñar sistemáticamente. La enseñanza sistemática consiste en avanzar paso a paso, progresivamente: el alumno aprende por ejemplo el valor de las unidades primero, luego el de las decenas, las centenas y los millares; primero los sonidos con los que hablamos, luego las letras con las que los representamos, luego las sílabas, luego forma palabras, más adelante frases, párrafos y textos enteros. Es siempre un paso a la vez. Los pastores llegamos a pasar por alto la enseñanza sistemática. Es muy común que se brinden todo tipo de enseñanzas, a veces sin ton ni son, sin antes haber explicado profundamente los fundamentos. Un domingo se enseña sobre la Santidad de Dios, al


siguiente sobre la oración, al otro sobre la segunda venida de Cristo, etc., dejando más dudas que conocimientos sólidos. No perdamos de vista que la Palabra de Dios es tan vasta que es imposible exponer profundamente un tema en una sola exposición. Es vital que retomemos la enseñanza sistemática, pues Jesús mandó a enseñar a las personas a guardar las cosas que Él ha mandado, lo que sólo se puede lograr paso a paso. Ahora: ¿debe el pastor enseñar lo que se le ocurre? ¿Tal vez, para motivar a las personas, debe recurrir a la retórica de moda? ¿Ha de enseñar sus propios criterios? Evidente y rotundamente no. Es claro que Jesús nos mandó a enseñar la Palabra de Dios. Si enseñamos cualquier otra cosa no estamos formando verdaderos discípulos. Si nuestra enseñanza no es bíblica incluso se puede dudar que quienes la reciben hayan siquiera nacido de nuevo, pues sólo el conocimiento de Su Palabra produce la regeneración. E insisto, ésta debe enseñarse sistemáticamente, tal como a un niño se le instruye primero en cuanto al comer, luego en cuanto al caminar, al hablar, al leer, al escribir, en un orden natural y progresivo. Una vez que hemos aprendido sistemáticamente, Jesús nos ordena que guardemos las cosas que Él nos ha mandado. La palabra guardar, en este versículo, se tradujo del griego tereo que tiene, entre otros significados, el de obedecer. La instrucción cobra más sentido: el Señor les dice a sus discípulos que vayan y hagan discipulos a todas las naciones, enseñendoles sistemáticamente a obedecer su palabra. Es lo que Pablo le dijo a Timoteo: predica a tiempo y fuera de tiempo, redarguye, reprende y exhorta con toda paciencia y doctrina, sobre todo porque vendrán tiempos cuando las personas no soportarán la sana doctrina sino que sólo querrán escuchar mensajes que les agraden el oído. Pero también la parabra tereo significa “conservar” y tiene la connotación de permanecer en la práctica de una enseñanza. Retomemos a partir de esto la ordenanza de Jesús: Él dice „vayan y hagan discípulos, enséñenles sistemáticamente a permanecer, a conservarse firmes en la observancia de los mandamientos establecidos por Dios‟. Los pastores y los ministros primero, pero también todos los discípulos de Dios, tenemos la obligación de enseñar sistemáticamente a permanecer y a poner en práctica todo el consejo de Dios, esto es, toda Su Palabra. Jesús dice que si nosotros permanecemos en Él y sus palabras permanecen en nosotros, seremos verdaderamente hijos suyos. Esto significa que debemos cumplir todos sus mandamientos, cada punto y cada coma, sin quitar ni añadir nada a lo que Dios mismo estableció. No podemos tomar sólo una parte de sus ordenanzas, no es posible ser un verdadero discípulo si sólo hacemos lo que nos agrada, si le obedecemos a medias. Esto es algo que deberían comprender aquellos cristianos que afirman que el único mensaje que deberíamos predicar es el amor de Dios. No es así; esa es sólo una parte de la historia, pero no es todo. El apóstol Pablo les dijo a los romanos que miraran bien la bondad y la severidad de Dios. Dios es Santo, cierto, pero también es el Dios de Juicio. Es bueno y misericordioso, sí, es lento para la ira y grande en misericordia, pero también es el Dios que reprende y azota a todo aquel que toma por hijo. ¿Ve usted la importancia de


predicar todo el consejo de Dios? Es fundamental que todo cristiano sea bien discipulado, que conozca lo que ha de hacer en su paso por este mundo.

Predicar solamente la Palabra.

1 Timoteo 6:3-4 Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas… Hoy en día vemos con tristeza cómo muchos maestros de la Biblia hacen a un lado el mensaje de Dios para poner el suyo. Predican sus máximas, sus propios pensamientos, su opinión. No enseñan la sana doctrina, la que nos ha enseñado nuestro maestro, Jesucristo. Peor aún, es común ver en los púlpitos a predicadores que ni siquiera llevan la Biblia consigo. O, si la llevan, no la abren, sino que la usan como un mero adorno o como salvoconducto, como un elemento que les hace aparecer frente a la gente como muy espirituales. 1 Corintios 4:6 Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mí y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros. La palabra de Dios es lo único que necesitamos aprender para seguir los pasos de Jesucristo. Es esa la razón por la que Pablo nos advierte que no pensemos más de lo que esta escrito. Que nadie le engañe: los discípulos de Jesús no necesitamos ninguna doctrina ajena a la que esta escrita a lo largo de toda la Biblia.

¿La gran encomienda ha cambiado?

Notemos cómo la gran comisión consiste en ir y hacer discípulos a todas las naciones. Es claro que muchos que se dicen maestros se han olvidado de ello. ¿Por qué lo digo? Porque, por sus hechos, parece que muchos han escuchado una orden diferente, como si se les hubiera encomendado: „vayan y enséñenles a ser grandes empresarios, vayan y enséñenles a ser hombres exitosos, vayan y ofrézcanles milagros, vayan y obtengan de ellos todo el dinero que puedan ofreciéndoles que pacten con su ministerio, vayan y ofrézcanles todo tipo de productos de apariencia espiritual para que obtengan ustedes jugosas ganancias‟.


¡No! Entendámoslo: Jesús no nos mandó a hacer ninguna de esas cosas. Tales acciones son propias de hombres vanagloriosos que se predican a sí mismos en lugar de presentar a Jesucristo, de hombres y mujeres que viven hablando de su propio currículum y de sus experiencias en el ambiente cristiano, de gente que se hace pasar como ungida de Dios. Los tales alimentan así su propia carne y, no es de extrañarse, alimentan también a los carnales, ávidos éstos de encumbrar ídolos. Si Jesús nos dejó la gran comisión de hacer discípulos, ¿porque la iglesia no esta dedicada a ello? ¿Por qué no estamos haciendo nuestra tarea de enseñar la Palabra? ¿Por qué no estamos formando discípulos? Tenemos que comenzar por ser autocríticos y analizar sinceramente si estamos en la fe, si estamos en la sana doctrina o si necesitamos enderezar nuestros caminos. Y aún muchos le concederán a tal o cual ministerio que enseña falsedades una cierta autoridad espiritual porque sus mega iglesias están repletas cada fin de semana. Seamos claros: congregar a muchas personas no significa que necesariamente se están formando discípulos. En muchos casos, hay que decirlo, ciertamente forman discípulos… pero del apóstol Armando Negocios de la Cruz. Es lamentable obervar cómo muchos falsos profetas abren su boca para proferir verdaderas afrentas contra Jesús sin que nadie diga nada en contra de ellos. ¡Pero cuidado con que alguien diga alguna cosa sobre esos falsos maestros, porque saldrán muchos a defender a sus ídolos con un celo inconmensurable! Durante los últimos años el Señor nos ha guiado a denunciar a los apóstatas; tristemente, muchos creyentes engañados salen fieramente en su defensa, airados porque hemos tocado a sus becerros de oro, a los que idolatran. Hemos denunciado aquí a apóstoles, a cantantes, a falsos maestros, y vemos con tristeza cómo sus seguidores se nos echan encima como leonas despojadas de sus cachorros. ¡No entienden que nuestra denuncia tiene como objetivo ponerles a salvo de semejante peligro! Por el contrario, demuestran que están más dispuestos a protestar cuando se toca a sus ídolos que cuando se afrenta a Cristo y a su Evangelio, lo que deja claro que no se trata de verdaderos discípulos de Jesús.

¿Porque en el cristianismo de hoy se defiende a los falsos maestros y profetas?

Simple y rotundo: porque muchos de estos falsos maestros se han dedicado con todas sus fuerzas a hacer discípulos suyos, a formar seguidores para su propia causa -que no la de Cristo-. Casi siempre la motivación principal de éstos es enriquecerse. Es así como llegan a dominar la conciencia de las personas. Ignoran con ello el ejemplo de los discípulos de Jesús, que no trabajaron para hacer seguidores de sí mismos. Yo creo que semejante idea ni siquiera les pasó por la cabeza a gente como Pedro o como Juan. Tampoco a Pablo, como queda claro a continuación:


1 Corintios 1:11-18 Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas. Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo? Doy gracias a Dios de que a ninguno de vosotros he bautizado, sino a Crispo y a Gayo, para que ninguno diga que fuisteis bautizados en mi nombre. También bauticé a la familia de Estéfanas; de los demás, no sé si he bautizado a algún otro. Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo. Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Hermanos, es clarísimo: la Biblia nos enseña que no debemos seguir hombres ni ministerios. Nuestro deber es ser fieles seguidores y discípulos de Cristo. Y de nadie más. Aún en nuestra propia iglesia, en Guadalajara, llegamos a ver cómo tristemente algunas personas tienden a idolatrar a músicos, ministros y pastores, conducta que rechazamos insistente y rotundamente. Sin embargo y pese a ello, nos encontramos de cuando en cuando a personas que predican de ‟su iglesia‟, poniendo en alto el nombre de su congregación en lugar de levantar el nombre de Cristo y alardeando sobre la calidad de los cantantes, los predicadores, las instalaciones, las actividades y cuantas cosas se les ocurren. Éstos no han entendido todavía que lo único que debemos predicar es el Evangelio de Jesucristo. Y me pregunto: si aún enseñando persistentemente la sana doctrina, siempre quedan personas en esa condición … ¿qué será de aquellos creyentes en cuyas iglesias se les enseña abiertamente a confiar en el hombre?

¿La Gran Comisión o la Gran Omisión?

El mandamiento de Jesús en Mateo 28:18 es tan importante que se le ha llamado con un nombre propio: La Gran Comisión. Creo personalmente que esta ordenanza del Señor se ha convertido en La Gran Omisión, pues es claro que la iglesia de nuestro tiempo no está formando discípulos. Es relativamente fácil identificar si una persona es o no verdaderamente un discípulo de Jesús. De hecho en nuestra congregación cuestionamos constantemente incluso a nuestros mismos ministros para ver si verdaderamente son estudiosos y sabedores de la Palabra. Es común que les preguntemos sin previo aviso cosas como „¿Qué es la redención?‟, o ‟¿Qué significa nacer de nuevo?‟ De repente, alguno titubea, pero ello les conduce a estudiar más, a profundizar en la Palabra. Lo más lamentable es observar cómo algunas personas no saben siquiera a qué van a la iglesia: muchos van porque les han contado que cae polvo de oro y otros fraudes por el estilo, pero no conocen a Dios. Y lo peor: no sólo estamos presenciando La Gran Omisión… sino también La Gran Comi$ión. ¿Qué quiere decir esto? Simple: algunos fraudulentos están cobrando cuotas a los creyentes para discipularlos. Lo ví recientemente en una congregación donde leí un letrero que decía: „Padres de Familia: no olviden pagar los cinco dólares


del material de la escuela dominical, pues si no lo hacen sus niños no podrán entrar a clases‟. ¿Negar el discipulado? ¿Condicionarlo al pago de una cuota? Yo le pregunté a al pastor de esa iglesia: ¿para qué usas entonces los diezmos y las ofrendas? Esos recursos deben usarse precisamente para eso… y para muchas otras cosas que la iglesia debe cubrir sin necesidad de solicitar ofrendas especiales. Juan 17:14 Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Si Cristo viniera ahora mismo y nos llamara a rendirle cuentas… ¿cuántos podríamos decirle ‘yo les he dado Tu Palabra’? Esto es para pensarse seriamente y aún para tener temor. Imagínese que Dios le llame por su nombre y entable con usted este diálogo: Jesús: “Fulano de tal, qué hiciste con mi palabra”. Discípulo: Bueno Señor, yo traía cantantes bien ungidos a presentarse aquí, porque a la iglesia le gustaban los conciertos. Jesús: “Ahh, ¿Y qué le enseñaste a la gente?” Discípulo: Pues les enseñe cómo ser exitosos en la vida para que tuvieran grandes empresas. ¿No viste el gran auditorio que te construí? Jesús: “¿Y mi Palabra? ¿Qué hiciste con mi Palabra?” Discípulo: Señor, tu Palabra no les gustaba, decían que eso de la cruz no era para ellos y que todo se resume en que tú eres amor. Y pues yo les hable del amor. Les dije que todo lo que ellos hicieran estaba bien porque tú nos amas inmensamente y… pues de todas formas todos íbamos todos rumbo al cielo. ¿Se imaginan ustedes este diálogo con Jesús? Evidentemente muchos han aprendido equivocadamente. Muchos cristianos en las iglesias de hoy insisten en que la predicación del Evangelio sólo debe mostrar el amor de Dios, el cual es real ciertamente, pero olvidan que el mismo amor de Dios es el que nos hace ver nuestra propia condición y que aún su paciencia debe conducirnos al arrepentimiento. Hablemos su Palabra, sirvamos a Jesús, no temamos ofender con ello a la gente, prediquemos la salvación ligada, como corresponde, al arrepentimiento, presentemos el Evangelio, no importa que las personas se ofendan con ello, pues ciertamente este mensaje es locura para los que se pierden, pero cuánto bien hace cuando trae a muchos de la muerte eterna a la vida eterna.

Hacer discípulos para el fortalecimiento de la iglesia


Sin producir discípulos de Jesús, una congregación no tiene futuro. Los discípulos, conforme aprenden, se van integrando al servicio de Dios. Los pastores debemos delegar responsabilidades en los discípulos que van madurando; no pretendamos hacerlo todo, pues si por alguna causa no podemos atender alguna responsabilidad por un tiempo, o aún si el Señor nos llama a su presencia, la iglesia no estará lista para seguir caminando y corre incluso el riesgo de desaparecer. No es posible que los pastores sigamos creyendo que somos indispensables para el Señor; recordemos que los discípulos sólo somos siervos, colaboradores. 1 Corintios 3:9-13 Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios. Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Por tanto hermanos, hay que educar a las personas lo mejor posible para que lleguen a ser discípulos de calidad y, cuando sea su tiempo, éstos también hagan más discípulos. 2 Timoteo 2:1-3 Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús. 2 Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros. 3 Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Con esto, hermanos, damos por terminada la serie Verdaderos Discípulos. Le animamos a llevar todas estas enseñanzas a la práctica para llegar realmente a ser discípulos de nuestro Señor Jesuscristo. Padre en el nombre de Jesús te damos gracias por todas estas enseñanzas que nos regalaste. Sinceramente queremos ser discípulos de calidad y fieles a Ti. Señor, danos la gracia para seguir adelante. a nuestra meta, que es llegar a ser semejantes a Ti. Mientras vuelves por tu iglesia, estamos en este mundo como luz y como sal de esta tierra. Te rogamos que envíes obreros a la mies, obreros verdaderos Señor, y no mercaderes. Para que tu Nombre sea levantado, para que seas glorificado. En el nombre de Jesús. Amen.


El arrepentimiento  

...que significa realmente no volver a querer hacer algo...

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