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© Obra, Pamela Hurtado © Había una vez… Ediciones El Apuntador, 2013 Derechos de la obra concedidos por el autor para la presente edición. Edición: Genoveva Mora Toral Textos: Armando Busquets y Genoveva Mora Fotografía: Alexandra Cuesta, Xavier Patiño,

Joshua Degel y Marina Paolinelli

Diseño: Azuca, JLB info@elapuntador.net, www.elapuntador.net Este libro es un regalo exclusivo de Banco Promerica. Un reconocimiento al arte y sus protagonistas. Se terminó de imprimir en diciembre de 2013 en Ediecuatorial, Quito, Ecuador.


Estimados Clientes y Amigos:

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ontinuando con nuestra tradición y compromiso de impulsar, apoyar y difundir el arte ecuatoriano, para brindar un espacio que nos permita valorar desde varias perspectivas la expresión y sensibilidad de nuestros artistas, este año les

invitamos a compartir la obra de la guayaquileña Pamela Hurtado, a través del libro: Había una vez… En sus páginas se recoge un resumen de su obra producida a lo largo de dos décadas que emana de la memoria y la evocación de su pasado íntimo, de su propia historia y realidad personal. El trabajo de esta artista rebasa el óleo, su obra se compone de elementos que parecieran no caber en un cuadro o en una exposición; el uso de técnicas distintas y materiales impensados confieren a este trabajo, no solamente un concepto, sino que transforma todo este material en lenguaje que le permite hablar también de arte. Al igual que Pamela, en Banco Promerica mantenemos nuestro enfoque de transformar las necesidades de nuestros clientes en soluciones diferenciadoras y con valor agregado. Es así que con mucho orgullo celebramos con ustedes, nuestro doceavo aniversario desde que Banco Promerica Ecuador se consolidó como institución bancaria en el país. Como resultado de nuestra labor durante estos 12 años, nos ubicamos dentro de los diez bancos más importantes del Sistema Financiero Ecuatoriano. El compromiso con la convivencia armónica con nuestros grupos de interés se ha visto reflejado a través del apoyo que durante los últimos 10 años hemos brindado a destacados artistas ecuatorianos como: Pilar Bustos, Eudoxia Estrella, Félix Arauz, Ricardo Dávila, Jorge Velarde, Hernán Cueva, Juana Córdoba, Paula Barragán, Enrique Madrid y Pamela Hurtado. Nuestra perspectiva para el 2014 se llena de optimismo y oportunidades. Desde nuestra responsabilidad profesional y social seguimos apoyando el desarrollo de los sectores productivos y de la sociedad en general de nuestro país; continuamos con nuestro espíritu positivo y compartimos la necesidad de construir un Ecuador justo para todos, afrontando los retos del presente. Nuestros mejores deseos para el 2014, Ricardo Cuesta Delgado Presidente Ejecutivo


Entre el espanto y la ternura

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a obra que Pamela Hurtado ha producido a lo largo de dos décadas emana de la memoria y la evocación de su pasado íntimo, de su propia historia y realidad personal. A pesar de las derivas en los recursos visuales y de expresión utilizados por la artista durante todos estos años: objetos, instalaciones, pinturas y fotografías, el conjunto de toda su obra se obstina en reactivar la huella del pasado, como un trauma que persiste en torno a los recuerdos, a los sentimientos maternos, a los afectos conyugales y al cuestionamiento de la vida doméstica, pero también a los tabúes de la familia y a las frustraciones en torno a su condición de mujer, muchas veces marcada por la experiencia del dolor y de la cólera reprimida1.

En una peculiar continuidad narrativa, Hurtado ha canalizado las oscilaciones de su memoria, hilvanando historias y recuerdos que, al ser procesados en su trabajo profesional, devienen en una suerte de nueva función curativa, como de terapia y exorcismo, asumiendo sus procesos creativos como garantía de

salud mental, de restauración, de sanación y alivio. Personalmente creo que este es el principal campo de interés de la artista, una actitud que, al menos en este sentido, conecta con la de Louis Bourgeois cuando inscribe la frase “El arte es garantía de salud mental”, en su famosa instalación Precious Liquids, de 1991.


Aunque Pamela no se considera una artista feminista, el cuerpo de obras que produjo en los años 90 acusa evidente sintonía con los planteamientos visuales y discursivos que movilizaron la práctica artística feminista desde los años 70. En obras como Totem y Hogar dulce hogar2, la artista cuestionaba los valores de género de la cultura patriarcal, apelando a controvertidos aspectos de la condición femenina como la sexualidad, el erotismo femenino, la violencia, el maltrato y alienación de la vida doméstica. Temas que resultaban francamente subversivos en una ciudad como Guayaquil, marcada social y culturalmente por el protagonismo irritante de una moral religiosa que modelaba la estructura de las relaciones sociales y de poder, exaltando a la mujer sufrida y desexualizada, que se debe a legitimados papeles domésticos. Si bien la obra de Pamela Hurtado difícilmente pudo haber sido hecha por un hombre, tampoco pudo ser hecha por otra mujer. Su trabajo no procede de la voluntad expresa de militancia o afiliación a los discursos del arte feminista, se construye a partir de la complejidad y las contradicciones de sus vivencias personales, articulando un relato más individual que colectivo, atado a los episodios problemáticos de su existencia y desplazado de la lucha política sustentada por una ideología de la opresión común a todas las mujeres. En este sentido su obra conecta más con las poéticas

del feminismo tardío. En muchas de las piezas de Hurtado no hay asomo de queja o rencor, en las más recientes series de sus bordados3 se perfila un acercamiento más hedonista y festivo del llamado arte femenino, un arte de entrecasa que la artista realiza en medio de las tareas cotidianas – cocinando, atendiendo a los amigos- con obras que reivindican los oficios tradicionalmente considerados femeninos, como despliegue y exaltación de manualidades. Entre las preocupaciones que animan la obra de Pamela, está la de rescatar y tensar, a través de sus referencias al mundo de la casa y lo cotidiano, las relaciones entre arte y cultura popular, así como de las artesanías, y el diseño. En la más reciente producción de Hurtado se asoma una voluntad resignificante de aspectos relativos a los afectos y entornos domésticos, al deseo de exaltación de la casa y de lo cotidiano como lo más sentido. De este modo, objetos que personalizan su entorno privado, tradicionalmente reconocidos como baratijas adquiridas en tiendas de artefactos de bajo coste: figuritas de porcelana, floreros, piedras de falso brillante, tapetes y modelos de papel tapiz, constituyen su principal arsenal significante. En una peculiar operación repotencializadora de su valor, estos objetos son fotografiados, pintados o sencillamente intervenidos por la artista, haciéndolos aparecer ante el espectador como grandes artefactos, suntuosamente ricos a pesar de su bajo coste productivo. El gesto de Pamela Hurtado parece hurgar en el particular interés que puede despertar esta contradicción.


Es el caso de sus abigarradas instalaciones escultóricas, obras como Mi casita, Hogar dulce hogar, Decodificación de un mito, o la serie Mujer, hazme caldo de bolas, elaboradas en su totalidad de objetos de uso doméstico y ornamental, que directa o simbólicamente representan y atesoran recuerdos y situaciones del entorno familiar de la artista pero que al fin y al cabo son baratijas de quincalla, tradicionalmente consideradas antiartísticas por su procedencia industrial y de fabricación seriada, habitualmente relacionas a situaciones de acumulación en espacios reducidos, situaciones que no son del todo ajenas a los principios que suelen signar las locaciones kitsch. Sin embargo, es este abigarramiento y horror vacui de particular abolengo barroco y rococó enciende la riqueza física y visual de las obras de Hurtado. Resulta de un peculiar interés cómo esta estética suntuaria tan reconocible en el trabajo de Pamela, le llega de las experiencias visuales de su niñez. La madre de la artista, de origen alemán, gustaba de pomposos decorados domésticos, al tiempo que coleccionaba objetos de diversa procedencia: figuritas, flores, brillantes, caracolas, angelitos, gemas falsas. La serie de pinturas que Hurtado realizó en el 2008 bajo el título de Blumenmuster4, -al castellano se traduce algo así como patrones de flores- tiene origen en el recuerdo, que aún acosa a la artista, sobre cómo le afectaban los colores y el diseño de patrones florales que adornaban el papel tapiz de las pa-

redes de su habitación. Estos patrones son recuperados ahora y abordados por Hurtado desde una perspectiva enteramente nueva, descontextualizados y reacomodándolos en los nuevos espacios de sus pinturas y fotografías. Muchas son las tensiones que afloran en el trabajo de Pamela Hurtado, a medio camino entre el pasado y el presente, entre lo público y lo privado, así como entre lo artesanal y tecnológico. Relaciones que entretejen un discurso muy personal, en todo el despliegue de un universo referencial que, en virtud de sus prolijas apelaciones y compleja significancia, escapa a cualquier intento de interpretación única. Armando Busquets, septiembre 2013

1 La juventud estuvo marcada permanentemente por situaciones familiares de violencia y de muerte. 2 Totem. Una escultura hecha a base de almohadillas sanitarias. Con esta obra la artista gano el 2do. Premio del Salón de Julio en 1994. 3 Ver la serie de objetos escultóricos, hechos con maniquíes y gemas falsas y la serie de bordados de cuentos infantiles. 4 Serie de pinturas con motivos florales.


retrato

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a posibilidad de concebir la pintura, como un oficio que no solamente está delimitado al pincel, la intuyó a esta artista en los tempranos años de su vida gracias a un profesor de arte de la escuela que los instaba a usar distintas técnicas y materiales, a encontrar en objetos inusuales ‘algo’ que disparaba la imaginación. Joachim Schwerdfeger entusiasmaba a sus alumnos con frecuentes visitas a museos, espacios que agrandaban la perspectiva de aquellos adolescentes interesados en algo más que el colegio.

Definir su carrera no fue un problema porque Pamela sabía que el ámbito del arte era el suyo, sin embargo cuando la “metieron” en decoración de interiores no encontró en esos maestros ninguna posibilidad, así que partió a la capital; pero la montaña y ella no hicieron buenas ligas, retornó entonces a su natal Guayaquil y empezó a estudiar

arquitectura. En su vida personal fueron tiempos difíciles y será, precisamente, la pintura uno de los oficios que le permitirá ‘hablar’, experimentar, y sobre todo confirmar que esa era la actividad que transformaba el sentido de su vida. Sin embargo, entendió también que necesitaba una técnica, así que empezó sus clases con Xavier Patiño, en él encontró al


maestro, al amigo y, como el tiempo está lleno de puertas que se abren para agrandar el horizonte de la vida, el maestro se convertirá más adelante en su compañero de vida.

blar de temas oscuros y dolorosos”, señala Pamela, y de hecho hay toda una simbología para cada etapa de su trabajo, todo un recurso metafórico para plasmar sus vivencias.

Conforme avanza en su carrera siente de manera natural que el collage va tomando preponderancia, así también que los materiales de la cotidianidad van ingresando a sus cuadros. Artefactos domésticos, muebles, y más, empiezan a transformarse en objetos singulares que ocupan un espacio en su creación artística.

De igual manera, fue un dibujo de su hija Irina el que inspiró Había una vez una niña que quería una casa, pintura con la que participó en el Salón de julio en el 2004. Encontró en esa sintaxis infantil una posibilidad para decir muchas cosas que estaban enterradas en su memoria.

Otro de los hallazgos que pasará a convertirse en un sello del trabajo de Pamela son ‘los trapos de la bisabuela’, pues además de la evidente significación inscrita en sus leyendas, como aquel que tenía en la mesa y decía “Grüss Gott tritt ein, bringt Glück herein (saluda a Dios, entra a mi casa y tráeme mucha suerte) fue para la pintora como una doble bienvenida al mundo de los símbolos; ella leyó en esa frase algo así como una invitación a pensar en un espacio propio, para su vida y su arte. Los blumenmuster son una renovación temática y vital, “veo en ellos la alegría, cuando los veo colgados siento que hay algo positivo”. Algo que marca su obra, son los pretextos para transformar lo impensable en arte. Así, un recuerdo de la infancia fue el detonante; sin duda aquella sensación de incomodidad cuando era niña y dormía en un cuarto de paredes repletas de flores y cortinas que hacían ruido en su atmósfera, fue el preámbulo para en la adultez resarcirse de esa sensación y transformarla en una extensa serie de tapices que iluminan el recuadro de su vida. “En el color pongo unos que no combinan- en sentido decorativo- ahí encuentro la fuerza para ha-

El año 2008 es importante en su trayectoria porque además logra una exposición amplia y diversa donde pintura, bordado, fotos con objetos infantiles y mandalas expresan el amplio universo construido por la pintora. Luego de los tapices, vuelve a los objetos, pero ya no los interviene sino que los pinta en el lienzo, siempre figuras de su casa, cosas que tienen que ver con sus raíces familiares, como los muranos por ejemplo. “Tengo una obsesión con los objetos, me encantan porque encierran historias familiares y cobran mucho significado”. El día a día de Pamela sucede entre el taller y la casa, trabaja en horarios que se alargan de acuerdo a la intensidad de sus búsquedas. Su vida la comparte con su compañero de vida y colega, Xavier Patiño, pero esto no ha sido tema de competencia, cada quien respeta los logros del otro, “estamos en el mismo canal” dice ella. Cuando viajan no hay conflicto porque las rutas del arte y el interés por descubrir lugares especiales son parte de un deseo simultáneo.


Además aquellos personajes que en su momento fueron parte de Artefactoría, entre los que cuenta Xavier, ya eran consagrados cuando Pamela empezaba a bregar en el universo artístico. Recuerda que sus conversaciones fueron un gran alimento para ella, para ampliar su mirada que apenas vislumbraba. De Patiño recibió referencias de un tal Beuys, de Álava le interesó todo el trabajo con objetos; de ese grupo de gente recibió siempre el afecto y la mirada atenta. Genoveva Mora, septiembre de 2013


Gris con rojo De la serie “Blumenmuster” 250 x 130 cm, 2010.

Murano rojo 133 x 83 cm, óleo sobre lienzo. Galería Patricia Meier, 2012.

Blumenmuster Seite 46 90 x 90 cm, óleo sobre lienzo. Modelos de propiedad privada en DPM, 2008.

Botella verde 113 x 90 cm, óleo sobre lienzo. Galería Patricia Meier, 2012. Blumenmuster Seite 9 80 x 80 cm, óleo sobre lienzo. Modelos de propiedad privada. en DPM, 2008. Perros chinos 86 x 62 cm, óleo sobre lienzo. Galería Patricia Meier, 2012.

Murano humo 220 x 110 cm, óleo sobre lienzo, 2012.

Blumenmuster Seite 47 80 x 80 cm, óleo sobre lienzo. Modelos de propiedad privada. en DPM, 2008.

Amarillo con rosado y turquesa De la serie Blumenmuster, 120 x 120 cm. Exposición Playlist Guayaquil, Museo Municipal, 2010.

Blumenmuster Seite 7 80 x 80 cm, óleo sobre lienzo. Modelos de propiedad privada en DPM, 2008.

Cajita azul 150 x 150 cm, óleo sobre lienzo, 2012.

No me toques 145 x 90 cm, óleo sobre lienzo con sellos de papa. Salón de Julio, 2011. Museo Municipal, Galería Patricia Meier, 2012.

Rosado con rojo De la serie Blumenmuster, 40 x 40 cm, 2010, óleo sobre lienzo.

Azul con turquesa De la serie Blumenmuster, 100 x 70 cm, óleo sobre lienzo, 2012.


Verde con café De la serie Blumenmuster, 80 x 50 cm, óleo sobre lienzo, 2012.

Blumenmuster Seite 23 80 x 90 cm, óleo sobre lienzo. Modelos de propiedad privada en DPM, 2008.

Concho de vino De la serie Blumenmuster, 120 x 120 cm, óleo sobre lienzo. Playlist Galería Proceso-Bienal de Cuenca, 2009, Playlist Guayaquil Museo Municipal, 2010.

Blumenmuster Seite 15 80 x 90 cm, óleo sobre lienzo. Modelos de propiedad privada en DPM, 2008.

Café con rojo y turquesa De la serie Blumenmuster,140 x 140 cm, Galería Patricia Meier, 2011.

Verde y rojo De la serie Blumenmuster, 210 x 90 cm, óleo sobre lienzo. Galería Patricia Meier, 2011.

Hogar dulce hogar Bordado. Hogar dulce hogar en el Museo. Municipal Guayaquil, 1995.

Él y ella Bordados. La Huella de EuropaEcuador 95 en Archivo Histórico Colegio de Arquitectos Quito. Exposición 7 Artistas de Guayaquil en Buenos Aires, Centro Cultural La Recoleta, 1996.

Verde con café Detalle del cuadro, 80 x 50 cm, óleo sobre lienzo, 2012.

¿Qué está haciendo el lobo? Bordado, 33 x 30 cm, de la serie cuentos, 2013.

Uno de los 3 chanchitos Bordado, 38 x 33 cm. De la serie cuentos, 2013.

Y el caballo volvió a ser ratón Bordado, 38 x 33 cm. De la serie cuentos, 2013. Y el príncipe llego a rescatarla Bordado, 40 x 35 cm. De la serie cuentos, 2013.

Turquesa De la serie Blumenmuster, 1.20 x 1.20, óleo sobre lienzo. Exposición colectiva Playlist, Cuenca, 2009. Guayaquil, 2010.

Se le salió el zapato en la escalera… Bordado, 30 x 30 cm. De la serie cuentos, 2013.

Caperucita roja Bordado, 2012, 136 x 106 cm. De la serie cuentos.


Conejo en el bosque

Chuchaqui

Él

Hora del té

En el bosque... Zorro en el bosque

Reunión

3 nubes con arcoiris

Fotos, 2008, del Álbum con 46 fotos. Exposición individual Modelos de propiedad privada en DPM, 2008.

Venado en el bosque Objetos escultóricos, 2013, de la serie cuentos.

Mujer hazme caldo de bolas Objetos de cocina en cajas de madera, 16 cajas de 30 x 40 cm. Mixtura en Galería Manzana Verde,1992.

En el bosque hay flores

Yo soy el patito feo

Él 120 x 120 cm, collage de lienzo sobre lienzo y gemas falsas , pintura acrílica sobre lienzo. Hogar dulce hogar en el Museo Municipal. Guayaquil, 1995. Hogar dulce hogar, decodificación de un mito Instalación con cama, 2 veladores, 4 bordados, hormas de zapatos , 4 cajitas y pared pegada con flores, todo adornado con pan de oro líquido y gemas falsas,1995. Museo Municipal Guayaquil, 1995. La Huella de Europa Quito, 1995. La Recoleta Buenos Aires, 1996.

Cortina Azul y Plato Azul 110 x 110 cm, collage con objetos cotidianos caseros con acrílico sobre lienzo. Galería facultad de arquitectura. Universidad Católica de Guayaquil, 1994.

Blusa 90 x 90 cm, collage de blusa con lentejuelas y pintura acrílica sobre lienzo. Hogar dulce hogar en el Museo Municipal Guayaquil, 1995.


Cajita 90 x 60 cm, 1994, collage con espejos , encaje, gemas y flores con óleo sobre lienzo. Galería facultad de arquitectura Universidad Católica de Guayaquil, 1994.

Mandalas rosados Instalación en pared de 33 mandalas rosados, óleo sobre lienzo, 9 x 3 m, Galería DPM, 2008.

Menstruación 90 x 90 cm, collage con tampones y pintura acrílica. La huella de Europa-Ecuador 95 en Archivo histórico Colegio de Arquitectos Quito.

Conejito y Zorrito 90 x 70 cm, óleo sobre lienzo, de la serie cuentos, 2013.

Mi casita Objeto escultórico, casa de muñecas de mi hija de madera decorada con chaquiras, gemas, pan de oro muñecos de piñata, pintura acrílica y letras impresas, 100 x 80 x 120 cm, Salón Mariano Aguilera 2003, Centro Cultural Metropolitano Quito, Mención de Honor.

Historias de una niña 4 cuadros de 80 x 80 cm, acrílico sobre lienzo. Exposición Propiedad privada DPM, 2008.

Objetos escultóricos realizados con partes de maniquies, cabezas y manos, pintados con acrílico y gemas falsas. Galería facultad de arquitectura. Universidad Católica de Guayaquil, 1994.

Mi casa azul Bordado con hilo azul, 120 x 90 cm, Galería DPM, 2008.



Pamela Hurtado: había una vez...