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Juan Balaguer PINTURAS 2004-2017


Juan Balaguer PINTURAS 2004-2017

Utilizo la pintura como medio de comunicación. Cada decisión que tomo, desde el formato hasta la técnica, pasando por la elección del modelo, forma parte de mi estrategia. Trabajo con una mirada crítica hacia la realidad inmediata, intento producir una obra inseparable de su tiempo. Me considero un traductor de imágenes

Gané el Segundo Premio del concurso UADE en 2011 Fui dos veces finalista del Premio Itaú entre 2009 y 2011. Me seleccionaron en dos oportunidades para residencias en Estados Unidos (en 2010 y 2014) Soy docente en la Licenciatura en Bellas Artes en la Universidad Nacional de Rosario. Curadores como Eduardo Stupía o Fernando Farina seleccionaron obras mías para diferentes muestras

al lenguaje pictórico. En esa tarea de reinterpretación intervengo de manera consciente para manipular los significados presentes en la escena. Creo en la pintura imitativa como una poderosa arma para desenmascarar significados. Recorto y copio porciones de la realidad y las pinto para generar nuevas miradas sobre hechos que se consumen en su acontecer cotidiano.

Mi CV completo se puede ver al final de esta presentación


TURISTAS 2014-2017


“La movilidad conectada, el nomadismo de los objetos y de las personas es lo que ilustra cada vez mejor la ligereza ultracontemporánea.” Gilles Lipovetsky, De la ligereza Esta serie ironiza sobre la idea del turista como modelo del mundo que Bauman definió como “líquido” y Lipovetsky como “ligero”. El hombre light, nómade, sin compromisos. Hedonista, alegre y feliz. Pero también consumidor, acrítico y superficial. La vida es un viaje permanente en el que el hombre es, como el turista, mero espectador. Sólo disfruta como un simulacro viralizable que calma su angustia.

El boludo alegre 2016. Acrílico sobre tela, 140 x 160 cms


Tren 2016. AcrĂ­lico sobre tela 140 x 160 cms


Calesita 2015. AcrĂ­lico sobre tela 140 x 160 cms


Piscina 2015. Óleo sobre tela 220 x 160 cms

Asador 2015. Acrílico sobre tela 195 x 140 cms


Skype 2016. AcrĂ­lico sobre tela 80 x 80 cms


Vacaciones 2014. Óleo sobre mdf 40 x 30 cms cada pieza


TURISTAS

RECURSOS HUMANOS

“Las grandes empresas exigen acortar plazos, hacer más con menos: una implacable lógica de la urgencia ha invadido la esfera del trabajo” Gilles Lipovetsky, De la ligereza Estas obras son un capítulo de la serie “Turistas”. Está compuesta por pinturas de pequeño y mediano formato que buscan representar con ironía el paradigma del éxito del mundo empresario. “Jóvenes gerentes” felices y livianos, especialistas en optimización, sinergia, marketing, management y empowerment. Peones de un tablero de juego, recursos humanos.

Recursos humanos 2016. Acrílico sobre MDF 2 piezas de 75 x 150 cms c/u


Los fantรกsticos 2017. ร“leo sobre tela 60 x 75 cms


Cafecito 2017. Óleo sobre tela, 45 x 35 cms

Chequera 2017. Óleo sobre tela. 70 x 55 cms


TURISTAS SELFIE

Otro capítulo de Turistas. Estos cuadros intentan una mirada crítica desde la pintura a la versión contemporánea del autorretrato. Un tema clásico resignificado hoy por la circulación masiva de las imágenes. Una cadena que amplifica hasta el absurdo la exposición de la vida privada y hace que ya no tengan sentido las vivencias como experiencia introspectiva o individual.

Selfie 1 2016. Acrílico sobre tela 80 x 80 cms


Selfie 2 2015. AcrĂ­lico sobre tela 100 x 100 cms


Selfie 3 2015. AcrĂ­lico sobre tela 100 x 100 cms


Meta selfie 2016. AcrĂ­lico sobre tela 200 x 115 cms


DOMINGO 2012-2014


DOMINGO

Esta serie retrata un domingo familiar de clase media argentina. A través de las imágenes “robadas” a mi propia familia reinterpretadas en el lienzo, intento comunicar ese clima tan particular del domingo. Un día que mezcla connotaciones culturales, religiosas, familiares; reposo, angustia, sordidez y placer mezclados en estas imágenes.

Domingo 10:30 2013. Óleo sobre tela 160 x 140 cms


Domingo 13:30 2014. Ă“leo sobre tela 100 x 150 cms


Domingo 16:00 2012. Ă“leo sobre tela 140 x 160 cms


Domingo 17:00 2014. Ă“leo sobre tela 80 x 80 cms


Domingo 18:15 2013. Ă“leo sobre tela 140 x 195 cms


Domingo 18:30 2013. Ă“leo sobre tela 80 x 80 cms


Domingo 19:00 2014. Ă“leo sobre tela 140 x 195 cms


Domingo 19:30 2013. Ă“leo sobre tela 140 x 160 cms


Domingo 21:00 2012. Ă“leo sobre tela 150 x 150 cms


NATURALEZA MUERTA 2005-2011


NATURALEZA MUERTA LO CRUDO Y LO COCIDO

Los cuadros de esta serie retratan materia prima de alimentos, crudos y cocidos, como metáforas visuales de nuestra cultura. Los títulos interactúan como anclaje de los múltiples significados de la imagen.

Picado grueso, picado fino 2011. Óleo sobre tela Díptico, 70 x 150 cms cada pieza


Con la lengua afuera 2010. Óleo sobre tela 140 x 200 cms


Tripas corazรณn 2007. ร“leo sobre tela 165 x 234 cms


Riñonada 2009. Óleo sobre tela 165 x 230 cms


Narciso 2009. Ă“leo sobre tela 150 x 180 cms


Churrasco 2005. Óleo sobre tela 160 x 160 cms


El ego de la salchicha 2006. Ă“leo sobre tela 142 x 180 cms


Matrimonio 2006. Ă“leo sobre tela 160 x 190 cms


Vacío 2007. Óleo sobre tela 170 x 165 cms


Bodegรณn neoliberal 2005. ร“leo sobre tela 135 x 165 cms


Bodegรณn populista 2010. ร“leo sobre tela 135 x 165 cms


NATURALEZA MUERTA PLATOS

Estas imágenes ironizan sobre el rol de la comida, más allá de su rol de subsistencia. El alimento como moda y espectáculo, en un país donde mucha gente muere de hambre.

Matrimonio y tira 2010. Óleo sobre platos de cerámica Díptico, 31 cm de diámetro cada pieza


MenĂş ejecutivo. Lunes 2009. Ă“leo sobre tela 80 x 80 cms


MenĂş ejecutivo. Martes 2009. Ă“leo sobre tela 80 x 80 cms


Menú ejecutivo. Miércoles 2009. Óleo sobre tela 80 x 80 cms


Menú ejecutivo. Jueves 2009. Óleo sobre tela 80 x 80 cms


MenĂş ejecutivo. Viernes 2009. Ă“leo sobre tela 80 x 80 cms


MenĂş gourmet 2006. Ă“leo sobre tela estampada Tres piezas de 45 x 45 cms


Luciano 2006. Óleo sobre tela 100 x 100 cms


Andrés 2006. Óleo sobre tela 100 x 100 cms


Claudia 2006. Ă“leo sobre tela 100 x 100 cms


Autorretrato 2007. Ă“leo sobre tela 100 x 100 cms


CRÓNICA 2004-2005


CRÓNICA

Esta serie es el inicio de mi camino como pintor. En estos cuadros empiezo a experimentar con la potencia resignificadora de la pintura imitativa. Los modelos son fotografías tomadas a fines de la década de 1990.

Encendidas. La venta del Paraná 2004. Óleo sobre tela 173 x 220 cms


Representaciones 2004. Ă“leo sobre tela 52 x 68 cms cada pieza


La leyenda del Litoral 2004. Ă“leo sobre tela 240 x 125 cms


Autorretrato 2004. Ă“leo sobre tela 225 x 170 cms


Gente sonriente 2005. Ă“leo sobre tela 140 x 210 cms


TEXTOS

ACERCA DE JUAN BALAGUER


Enfermos de pintura Nota de María Laura Carrascal acerca de la muestra “Incurables”, publicada en el diario La Capital, de Rosario, el 7 de septiembre de 2014

M

ario Godoy y Juan Balaguer conforman la dupla que presenta Incurables en el Espacio Cultural Universitario (ECU). Una muestra que los reúne nuevamente luego de exposiciones colectivas como Me importas tú en las galerías del Parque España (2007) y PicFic (2011) en el Espacio de Arte de la Fundación Osde. En esas muestras habían integrado un grupo más amplio de creadores que, por diversas cuestiones, se circunscribió a ellos en esta ocasión. Ambos vienen trabajando en sintonía respecto a la materialidad y la forma en que abordan la obra porque la pintura les sigue resultando una fuente inagotable y, al mismo tiempo, un desafío que les permite encontrar nuevas posibilidades de exploración. Un pequeño manifiesto inicia el recorrido y anticipa la impronta de los trabajos presentados: “No escondemos la pintura, no queremos que la anécdota o los efectos la fagociten. Temáticamente autorreferenciales – infancia, familia y sociedad se mezclan en su superficie–, los cuadros de esta muestra son sobre todo pigmentos y solventes depositados sobre lienzos. Queremos pintar como pintores. Sin mayores excusas, solemnidades o pretensiones. Así nos sentimos, enfermos de pintura. Incurables”. Estas palabras refuerzan una decisión consciente de remarcar que lo que hacen es pintura, en definitiva, juegan con el concepto de realidad y el artificio que implica su representación. Quizás resulte innecesaria la aclaación pero la torsión de este grupo de obras está sustentada en cierta incomodidad sobre lecturas de sus obras previas como realistas o hiperrealistas. Visiones tautológicas porque, aunque nunca se pierde de vista que lo que se ve es un cuadro, el dominio sobre los materiales suele generar una pared ante el espectador que sólo señala los efectos del simulacro sobre el mundo circundante. Si bien los resultados pueden ser altamente exitosos en la imitación de lo real, se termina en un regodeo de la técnica que le resta subjetividad a lo representado. En este grupo de obras se sigue advirtiendo el dominio técnico, pero desde una perspectiva más relajada que auizás se vincule con la madurez de los recorridos personales: “Queremos pintar porque es lo que nos gusta.


La pasamos bien y disfrutamos haciéndolo”, sostienen. Las discusiones sobre la vigencia de la pintura frente a otros soportes resultan perimidas a partir de su presencia sostenida en el tiempo y su articulación con nuevas herramientas. Dispositivos que suman a la resolución pictórica final y que no generan ningún desvelo en estos creadores que se consideran “sobrevivientes de los 90, cuando la pintura estaba mal vista”. El ámbito donde discurre la cotidianidad es el elegido por los artistas para el ejercicio de esta nueva etapa de producción y para ello recurren a la reelaboración de grandes temas de la historia del arte como naturalezas muertas, banquetes y retratos. En el caso de Juan Balaguer, la serie presentada se llama Domingo y remite a las particulares percepciones sobre ese día de la semana en que pueden convivir momentos de alegría celebratoria y, al mismo tiempo, una sórdida tristeza. Apuntes fotográficos de él y su familia fueron “una excusa” y el punto de partida de estas obras en donde ahora son visibles chorreados, pinceladas y salpicados porque “tenía ganas de volver a la figura humana y a pintar de otra manera”. Las tradiciones son un tema reiterado en este pintor interesado en trabajar sobre las construcciones sociales que terminan naturalizándose. De esta forma, asados en la terraza, ropa colgada, piletas de lona y familiares almorzando en traje de baño configuran un “particular estado de bienestar”. Mario Gogoy reelabora la temática iniciada con juguetes y otros objetos vinculados a su infancia y, en este caso, recurre al imaginario televisivo que alimentó a toda una generación. “Series que venían de afuera, trabajadas con la mirada de un chico”, protagonizan este grupo de obras: Kojac, El Superagente 86, El Gran Chaparral, Viaje a las estrellas, El Capitán Escarlata, Los locos Adams, El agente de CIPOL, Batman y Robin se convirtieron en reservorio de inspiración para el creador. Godoy trabaja con programas digitales con el fin de lograr una imagen atravesada por la afectividad que determina el relativismo de la percepción: “Hay como un filtro que tiene que ver con el paso del tiempo”. Quizás por eso el trabajo de manchas

recortadas de color que se suman, capa sobre capa, genera un juego entre la representación figurativa y abstracta logrado en relación a la distencia con que se aprecia cada obra. Finalmente, de manera lúdica y a partir de un juego de palabras, Incurables alude a la figura del curador poniendo en discusión esa figura que en los últimos tiempos se ha vuelto casi insoslayable. Es saludable la postura porque pueden hacer una lectura crítica de muestras en las que han participado y en las que consideraron fundamental la mirada externa que dio sentido al cuerpo de obra pero, al mismo tiempo, saben que en otras ocasiones el artista es el que tiene la última palabra.


Fieles al gusto por pintar Artículo crítico de Beatriz Vignoli acerca de la muestra “Incurables”, publicada en el diario Página/12 del 12 de agosto de 2014

“Queremos pintar como pintores. Sin mayores excusas, solemnidades ni pretensiones. Así nos sentimos, enfermos de pintura. Incurables”, dicen Juan Balaguer y Mario Godoy sobre la muestra que comparten, que se exhibe hasta el 30 de septiembre.

“N

o escondemos la pintura, no queremos que la anécdota o los efectos la fagociten. Temáticamente autorreferenciales (infancia, familia y sociedad se mezclan en su superficie), los cuadros de esta muestra son sobre todo pigmentos y solventes depositados sobre lienzos. Queremos pintar como pintores. Sin mayores excusas, solemnidades ni pretensiones. Así nos sentimos, enfermos de pintura. Incurables”. Con este manifiesto, Juan Balaguer y Mario Godoy abren su exposición, que puede visitarse hasta el 30 de septiembre en el Espacio Cultural Universitario (San Martín 750). El título de la muestra, Incurables, “es un juego con la ausencia de curador y la insistencia con la pintura”, cuenta Balaguer, quien presenta un díptico de 2010 y una serie de nueve óleos pintada entre 2012 y 2014, titulada Domingo. Crónica o diario íntimo visual, ensayo en imágenes, Domingo narra una tarde en familia, en verano. Parece un cruce entre la saga pictórica La vida de un día, de Fernando Fader, y el film El asadito, de Gustavo Postiglione. Se inicia con la imagen de un parrillero en la terraza. Detrás se ven un árbol, un edificio y el cielo. Alrededor, la pintura cede ante los bordes del lienzo y deja ver el artificio, exponiendo el medio. Siete de los cuadros abren panorámicas o planos medios y dos muestran detalles. Desde afuera, en la cartela correspondiente, los números de un reloj digital subtitulan cada instantánea. Son tomas efímeras que la pintura adensa en tiempo, escenas que podrían ser de la vida de cualquiera: los hermanos y las cuñadas a la mesa, la abuela en la pileta con el nieto, los primeros pasos del niño bajo los últimos rayos de la tarde (el cuadro más bello de la serie) y hasta un autorretrato que dialoga con las figuras lúdicas sobre paisaje urbano de Antonio Berni, en su serie de Juanito Laguna pero en versión clase media. Otro interlocutor de la tradición local podría ser Juan Grela, en su período intimista. Balaguer retoma aquí sus comienzos como pintor: la serie de los bañistas en el Paraná. Pero aquel tono de ironía, ahora se ha convertido en ternura. Sí se mantiene, “incurable”, el gusto por pintar el volumen muscular, el tono de la piel, los brillos del agua o los claroscuros de la luz. Incluye, a modo de aperitivo, un guiño a su período de los bodegones: el díptico Picado gruesoPicado fino (2010), donde con técnica pictórica virtuosa expone la analogía

entre el corte casi científico de un embutido y la textura de una multitud. Puede pensarse Domingo como una síntesis entre ambos períodos: el tema del alimento está presente y también su vinculación con lo humano. Mario Godoy también retorna a su primera búsqueda, aquella serie de divas televisivas que en alguna “clínica de obra” le fueran cuestionadas. Tras años de explorar la propia infancia pintando juguetes y objetos de presencia inquietante, se puso a traducir al idioma del color aquellas series que miraba en blanco y negro, como cualquier chico que haya vivido su niñez en Argentina en los 70. En un año pintó esta magnífica serie de series: una galería de alto impacto y gran riqueza cromática donde El Zorro, El súper agente 86, Viaje a las estrellas, Kojak, Combate, Batman, El agente de CIPOL, El gran chaparral, Capitán Escarlata y Los locos Adams vuelven al presente en un gesto de apropiación muy bien logrado, con un antecedente en las serigrafías pop de Andy Warhol pero abordando la visualidad planimétrica de la gráfica desde la técnica del óleo. Ni realistas ni hiperrealistas, Balaguer y Godoy pintan pintura. Filosóficamente, se presentarían como neopositivistas, hablantes centrados en el propio lenguaje: el de los “pigmentos y solventes”. Un rasgo contemporáneo de esta nueva pintura es su forma de representar el espacio como ligado al tiempo, concebido a su vez como un instante en un continuo. El espacio ya no es lo que era: no van a verse en esta muestra rigurosas perspectivas, sino que las figuras tienen detrás como fondo el infinito. Si en la paradoja del espacio plano todo está cerca, en la paradoja del tiempo instantáneo todo es ahora. Godoy y Balaguer reelaboran el pasado pictórico desde el presente, que no es sinónimo de inmediatez. Las mediaciones son otras. Además de una vasta cultura pictórica, sus miradas contemporáneas están moldeadas por viejos y nuevos formatos audiovisuales y de la comunicación: la televisión, o las fotos con el teléfono celular. Ambos expusieron juntos, y con otros representantes locales de la misma tendencia, en otras tres muestras colectivas: Me Importas Tú (CCPE, 2007), RGB (Biblioteca Argentina, 2009) y Pic Fic. Siete pintores rosarinos contemporáneos (OSDE Rosario, 2011). Acerca de esta última, un periodista radial le preguntó a la curadora de turno si los cuadros se entendían. La respuesta: “Vaya a verla y me cuenta”. El periodista fue. Vio un Falcon verde, un chupete, una tira de asado. Se reconoció. Nada puede ser más comprensible para el espectador rosarino que estas obras, que no necesitan explicarse.


Realidades y ficciones simultáneas Fragmento del artículo de Victoria Ciaffone sobre la muestra “Pic-Fic, siete pintores rosarios contemporáneos”, publicado en el diario Página/12 el 3 de mayo de 2011

La muestra recoge obras con diversas poéticas dentro de la pintura figurativa. Todas ellas incorporan dispositivos que simulan un registro verosímil de lo real a la vez que lo ponen en abismo, en contra de los modos habituales de ser pintor.

J

uan Balaguer, Javier Carricajo, Mario Godoy, Paula Grazzini, Pedro Iacomuzzi, Fernando Rossia y Jorgelina Toya son los siete pintores rosarinos contemporáneos que reúne la curadora Beatriz Vignoli en la muestra que lleva ese subtítulo, en el Espacio de Arte de la Fundación Osde (Oroño 973, pisos 4 y 5) hasta el 21 de mayo. Dentro del marco de actividades programadas como anexos de la muestra, hoy a las 18 podrá asistirse, con entrada libre y gratuita en el auditorio del Espacio Osde (Oroño 949, tercer piso), a la conferencia El aura recuperada, a cargo de la crítica de arte Ana Martínez Quijano (Buenos Aires), ilustrada con imágenes de cine. Titulada Pic Fic en una original combinación de palabras que significan “pintura” o “cuadro” y “ficción”, la muestra recorre pintura contemporánea reciente de estos autores con diversas poéticas dentro de la pintura figurativa. Todos incorporan dispositivos que simulan un registro verosímil de lo real a la vez que lo ponen en abismo, elaborando una contracorriente sobre los modos habituales de ser “pintor” sin que por ello dejen de ser pintores de oficio con un uso exquisito y virtuoso de la técnica. Construcciones en abismo, o la pintura como simulacro, serían formas posibles de clasificar y unir a las pinturas de Fernando Rossia, Juan Balaguer, Mario Godoy, Paula Grazzini, Javier Carricajo, Pedro Iacomuzzi, Jorgelina Toya que trabajan sobre cierta organización y desorganización de las apariencia, en un doble movimiento que a la vez representa la realidad y pone en tela de juicio los dispositivos con que se construye su relato. Estos pintores jóvenes rosarinos representan simultáneamente en cada cuadro dos espacios: una imagen, tendiente a lo real en tanto referente externo o contexto, tiene como soporte una falsificación que paradójicamente es la verdad pictórica. Lo que se ve a primera vista es un relato engañoso acerca de un contenido para luego toparse con otro, plenamente veraz, que trata de la forma y de la técnica, donde la pintura como representación es el tema. Y esta idea del “engaño” se instaura en el tratamiento naturalista de algunos tramos del lienzo. Lo abismal se expresa mediante la técnica tradicional de óleo o acrílico sobre lienzo, no en el uso de elementos insólitos. De ahí lo vertiginoso de estas pinturas.

Las pinturas en Pic Fic se vuelven sobre sí mismas, se hacen autorreflexivas. Esto requiere de un espectador al menos atento. “Es en el interior del trazo de los artistas que se ve la doble idea de habitar realidades y ficciones de manera simultánea. En el interés en hacer notorios los mecanismos de construcción de sus cuadros, los artistas acentúan en primer plano los indicios ficcionales para luego concluir demostrando lo concreto de estas pinturas hiperrealistas, algunas monumentales. La singularidad de este nuevo relato (una epistemología de la pintura, como dijera Javier Hernández) es su estatuto ya no de real o irreal sino de “posible”. Los monumentales óleos sobre tela de Juan Balaguer parecen estar pensados desde un concepto arquitectónico. Son monumentales construcciones organizadas en capas geológicas de pinceladas sobre órganos vitales del ser humano: la lengua, el riñón que se van relacionando, entre los distintos cuadros de esta muestra, con sus otras funciones. De ahí que en el montaje de la muestra a Tripas Corazón, le siga Con la lengua afuera hasta llegar a Riñonada.


Imágenes que hacen fantasmas Osvaldo Aguirre entrevista a Beatriz Vignoli, curadora de la muestra Pic-Fic, siete pintores contemporáneos, publicada en el diario La Capital, de Rosario, 15 de mayo de 2011

E

l ascensor se detiene con un zumbido. Una voz metálica, tipo robot, dice “quinto piso”. La puerta se corre y aparece Beatriz Vignoli. Ella será la entrevistada, pero hace las primeras preguntas: quiere saber si estuvimos en el cuarto piso, donde comienza Pic-Fic. 7 pintores rosarinos contemporáneos, la muestra que expone con su curaduría la Fundación Osde, y si tenemos el material de prensa. Vignoli condensa su experiencia como poeta, crítica de arte y traductora en su oficio de curadora. Pic-Fic es una palabra que se inventó. Viene del inglés, de picture, imagen o cuadro, y de fiction, ficción. Bajo ese nombre reunió obras de Juan Balaguer, Javier Carricajo, Mario Godoy, Paula Grazzini, Pedro Iacomuzzi, Fernando Rossia y Jorgelina Toya. El título podría haber sido también pintura-ficción o ficciones en imágenes. Pero Pic-Fic tiene un plus de sentido: “es nombrar una caja de herramientas, un simulacro”, explica. Y comienza a rebobinar la historia de la muestra. El plan. Empecé a pensar en esta muestra a partir de otra, que fue la que curó Eduardo Stupía en el Parque de España en 2007. Se llamaba Importas tú e incluía a cinco de estos siete pintores. Tenía una fuerte reivindicación de la pintura en un campo cultural dominado por el objeto, la instalación y otros géneros de conceptualismo. Al ver esa muestra entendí que la pintura también podía trabajar con estrategias conceptualistas, que no por ser pintura iba a ser menos contemporánea que un objeto o una instalación. Al año siguiente, se me ocurrió sumar a otros pintores. Juan Balaguer me recomendó a Carricajo y a Grazzini, a quienes yo no conocía. Los visité en sus talleres y después visité a Godoy y a Pedro Iaccomuzzi. Me acerqué

con la pregunta de por qué pintaban, cuando tenían una imagen tan si se quiere fotográfica. Después, viendo cómo trabajaban, me di cuenta que lo fotográfico era una fuente entre muchas. Ellos pintan porque decidieron seguir pintando. Reunirlos en una muestra era una buena operación dentro del campo local. Poética. Preparar la muestra fue un trabajo colectivo, de muchas reuniones y conversaciones sobre el por qué de la pintura hoy, sobre cuál es la vigencia de la pintura. Empecé a pensar con ellos en la pintura como ese espacio ilusorio que ofrecen las artes plásticas donde es posible pensar la imagen como ficción. Estos son pintores que entienden la pintura como simulacro y juegan con los dispositivos de representación, los complican, reflexionan sobre el lenguaje. Ayer y hoy. Las políticas culturales locales reflejan lo que internacionalmente se muestra en los bienales. Los curadores viajan, ven que a lo mejor una obra premiada es una lámpara que se enciende y se apaga y entonces dicen “¿cómo, nosotros todavía estamos con la pintura?” (risas). Como si el arte tuviera un desarrollo lógico. Pero hoy la situación cambió muchísimo. La pintura está muy revalorizada. Ya no necesitamos salir con capa y espada a defenderla, porque la pintura está reinstalada, por una serie de movimientos internos y de reacomodamientos de la política cultural. En este momento, por ejemplo, está la muestra Santa Fe pinta bien en el Museo Castagnino. La gente que vino a esta muestra, las más de 500 personas que estuvieron en la presentación, dieron por sentado que la pintura es un arte indudablemente legítimo.


Afinidades. Las afinidades entre las obras me parecían claras. Costó por ahí integrar todo, porque son artistas que están mutando en su lenguaje, porque todavía están experimentando, si bien tienen una gran madurez. Entre que surgió la idea y comenzamos a preparar la muestra, Fernando Rossia pasó por ejemplo de la pintura al digital. Además venía de una crisis personal donde decide que va a seguir siendo un pintor, aunque en vez de pincel use un mouse. Desde un punto de vista más tradicionalista se lo puede considerar como obra gráfica, pero está concebida pictóricamente. La ilusión de lo real. Convencionalmente la pintura es pensada como composición, como imagen. En esta muestra lo que aparece es un juego entre por un lado la ilusión de lo real, una imagen con un alto grado de iconicidad, emparentada con el hiperrealismo, aunque no sea estrictamente hiperrealista, y por otro lado la sensación de que cada cuadro podría ser el fotograma de una película y además es una imagen a la que se llegó a través de procedimientos que tienen que ver con otros géneros de la contemporaneidad. Pedro Iaccomozzi decía que las fotos que saca de gente que no conoce para él son personajes de una novela no escrita. Esa asociación se puede ver en la obra de los demás, como si sus imágenes fueran parte de un relato, como si mostraran fragmentos de un mundo imaginario.

Tradición y novedad. Todos los artistas de la muestra dialogan con la tradición. Por momentos la cumplen y por momentos la subvierten. Toya hace un animalismo que no es el tradicional sino que pone la vaca en el lugar donde tradicionalmente habría estado la figura humana, en la tradición del género retrato. Ella está utilizando esa tradición para decir algo sobre el presente, del mismo modo que Juan Balaguer recupera el género bodegón con una mirada muy educada por el cine, la publicidad y la imagen digital. Paula Grazzini se inscribe en tradiciones artísticas modernas que tienen que ver con el descubrimiento del inconsciente. Está emparentada un poco con el surrealismo y un poco con el dadaísmo; ella es quizás la que más libremente compone sus imágenes y también tiene un diálogo muy potente con el teatro barroco. Clarito. En la curaduría se trabaja siempre con otros. Curiosamente se parece más a mi otro trabajo, como traductora. Como curadora tengo que estar traduciendo: el artista dice “desaturado” y yo al público le tengo que decir “clarito”. Son como mundos distintos que normalmente no se tocan. Por un lado está la institución, por otro lado los artistas, por otro lado la prensa, por otro lado el público y yo estoy como corriendo entre esas cuatro bases y tratando de que todos entiendan algo (risas).


Me importas tú Fragmento del texto curatorial de Eduardo Stupía para la muestra Me importas tú, realizada en 2007 en las galerías del Centro Cultural Parque de España de Rosario, publicado en el catálogo de la exposición.

“M

e importas tú”, anuncian, y habrá que creerles. La cita de la conocida canción es más una incipiente declaración de principios que una ironía; la confesa devoción por la pintura que necesitan hacer explícita de movida, como si no les bastara suponer que ese apego ya estaría razonablemente garantizado no sólo por la entidad misma de sus cuadros, sino porque es lógico presumir que todo aquél que pinta ama la pintura. Pero no; de algún modo se sienten monjes aislados, protagonistas públicos con alma de ermitaños, rodeados por epifenómenos locales y políticas de época que vieron a la pintura lejos del centro de la escena, y más allá de la constatación de que ella ahora, una vez más, parece haber vuelto revitalizada, restaurada y sorprendentemente al cobijo de tendencias y variables ideológicas que la multiplicidad contemporánea se permite en cuanto a formatos, prácticas, tecnologías y fenómenos, y que no son sino las mismas que antes decidían relegarla..Y aunque lo saben, ellos, humildemente recelosos, desconfían como fanáticos que pintan como única posibilidad y único reaseguro de que la pintura vive no sólo porque se pinte sino en tanto se crea en ella, como si pintar y creer en la pintura fueran dos instancias no siempre coincidentes. Por otra parte, esa creencia encarna en ellos allí donde la claridad expositiva es capital, donde la visibilidad es sinónimo de legibilidad, y en ese sentido quieren que ese “me importas tu” también aluda al establecimiento de un vínculo nítido de la pieza con el espectador, sin reducir la imprescindible incógnita y elusividad artísticas a una digerible sociología comunicacional, pero con indicios suficientes como para estimular la autonomía perceptiva de quien mira, hoy un tanto anestesiada por la epifanía de recursos colaterales que completan discurso y sentidos “fuera de” la obra. Nada de eso; aquí se trata de que cada pieza sea su propio texto. Asimismo, otro tercero incluido en ese “tu” podría tratarse de la sociedad, de “su” sociedad, no tanto como platea tácita sobre la cual proyectar

reproches o denuncias sino como factor crítico; los cinco la interrogan interrogándose a sí mismos, escrutando escenarios, farsas y dramas, verdades y mentiras, mientras revisan su auténtico origen, afirmándose en las conflictivas circunstancias que los formaron como pintores, para ensayar un marcado eclecticismo. A la vez, los rasgos constitutivos de sus pinturas quizás lleven a adscribirlos al hiperrealismo, y eventualmente al llamado superrealismo sesgado con resonancias de la Nueva Objetividad, aunque no hay aquí una rutina de estilos ya probados, sino la recuperación de géneros como escuelas clásicas, ante lo cual ellos pasarían a ser una suerte de neoclásicos hard edge, fríos, tomando la carga histórica como una herramienta más, aprovechando productivamente la retórica tensa y todavía vigorosa de una fase hipercrítica en la historia del arte más reciente del ultimo siglo. Con la vehemencia colorística de una paleta tan saturada como precisa, Juan Balaguer elabora una inclemente galería de íconos sagrados de la opulencia culinaria, gastronómica, sobreexpuestos en su evidencia tan verosímil como desolada, desnudados en el delgado filo que une tentación con repugnancia. Su voluntad de examinar la absurda fascinación inmediata que imponen los rituales visuales de la comida, o de revelar las formas físicas de abrumadora materialidad que adquiere el tránsito del plato servido a la desangelada sobremesa del plato consumido, se apoya en una minuciosidad casi molecular para detallar lo crudo y lo cocido, las verduras transpirando aceite, las atmósferas maceradas y voluptuosas. Todo es intolerablemente visible en la poética de Balaguer, que hunde al espectador en un corte que reverbera más bien como una herida, evocada en la vibración constructiva del color exacto, en el crepitar casi sobrenatural de los reflejos sobre la carne quirúrgica, que embriaga y sofoca en la ampliación forzada e induce a percibirla como ajena a cualquier posible identificación degustativa.


Un arma cargada de realidad Nota de Beatriz Vignoli acerca de la muestra “Me importas tú”, en las Galerías del Centro Cultural Parque España de Rosario, publicada en el diario Página/12 del 23 de octubre de 2007

Una serie de pinturas en gran formato rescata la tradición de aquellas estrategias antidiscursivas de significación de las mismas neovanguardias que la daban por superada y abolida. O de los neoexpresionismos que la redimen.

S

egún Mari Carmen Ramírez, el conceptualismo latinoamericano de fines de los años sesenta hizo del objeto real el soporte de unas estrategias que apuntaban a producir significados relativos a su posición estructural dentro de un contexto o circuito social más abarcador. En algunas cátedras de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Rosario enseñan artistas que fueron protagonistas de aquel conceptualismo. Varios de los seis pintores que exponen hasta el 11 de noviembre en las tres galerías del Centro Cultural Parque de España (Sarmiento y el río) se formaron o enseñan o enseñaron allí. También han recorrido talleres de artistas como Noé o Gorriarena. Por eso no es casual que su pintura tenga la densidad de “lo real” y una mirada crítica. Juan Balaguer, Mario Godoy, Pedro Iacomuzzi, Fernando Rossia y Jorgelina Toya, con la curaduría de Eduardo Stupía, presentan bajo el título común de “Me importas tú” una serie de pinturas en gran formato que rescata para la tradición de la pintura aquellas estrategias antidiscursivas de significación de las mismas neovanguardias que la daban por superada y abolida. O de los neoexpresionismos que la redimen. A semejanza de algún monstruo invencible de ciencia ficción, la nueva pintura se alimenta de las mismas armas ultramodernas con que se creyó darle muerte. No sólo del conceptualismo, sino de las nuevas tecnologías de la imagen: el cine, la fotografía, la historieta, la publicidad, los efectos especiales digitalizados, sus durezas y brillos de fetiche inmaterial, todo lo devora esta pintura con su mímesis insaciable. Lo devora, lo incorpora y por supuesto lo muestra. Las imágenes resultantes son oscuras: exhiben algo así como demasiada realidad, sufren la realidad como exceso; denuncian una violencia que no sólo es extrapictórica, del país y de la época, sino más soterrada,

acaecida en el interior del lenguaje artístico mismo. Los géneros tradicionales del realismo pictórico (bodegones, interiores o retratos) retornan como zombis extrañados de sí. La pintura es hoy el sobreviviente que se presenta, es el dado por muerto que aparece. La suya es la hiperrealidad siniestra y alucinatoria del fantasma. Acaso por eso sus temas son los desaparecidos, los secuestrados, las vacas carneadas o por carnearse, las sobras del asadito: el despojo, el residuo, los restos de lo devorado. O por qué no la foto familiar o amistosa, pero sólo en la medida en que adquiera ribetes Unheimlich e interrogue: ¿Qué conspiran las mujeres en un rincón? ¿Qué le hacen el miedo o el tiempo a un cuerpo, a una cara? ¿Tiene alma una muñeca? ¿Qué dice, o mejor dicho, qué calla una mirada? El hiperrealismo de Juan Balaguer (Rosario 1972) supera y trasciende el mero naturalismo en la medida en que se pone al día con las herramientas de reproducción técnica. Con virtuosismo impecable, Balaguer traduce pictóricamente los puntos de retoque donde el resultado se desvía digitalmente de aquella foto a cámara limpia que le servía de base al fotorrealismo de los años 70. “Pinto convencido de que la pintura imitativa convierte la realidad en signo” escribe en su página web, http://www. juanbalaguer.com. Allí, sus textos en defensa de la vigencia de la pintura cargan con la intensidad de los manifiestos. Pero su pasión no está puesta en destruir sino en renovar la tradición. La suya es la segunda fase del banquete edípico: ya matamos al padre, ahora hay que comerlo, parecen decirle sus bodegones al siglo XXI.


Juan Balaguer (Rosario, 1972)

Formación: 2004. Licenciado en Bellas Artes (mención Pintura) por la Universidad Nacional de Rosario. 2005. Asistente al Seminario de Análisis de Obra de Luis Felipe Noé.

Actividad profesional: 2007-2016 y continúa. Docente en la cátedra Dibujo III. Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Rosario. Cargo actual: Jefe de Trabajos Prácticos. 2000-2016 y continúa. Ilustrador y diseñador para las editoriales Fondo de Cultura Económica (Buenos Aires-México DF) y Edhasa (Buenos Aires-Barcelona). 2009-2016 y continúa. Director editorial de la revista cultural MOR, de Rosario.

Residencias: 2014.

Beca, Residencia para artistas Expressiones, New London, CT, EE.UU.

2010.

Beca, Residencia para artistas I-Park Artist’s Enclave, Connecticut, EE.UU.

Salones y premios: 2011.

Segundo Premio, 6to. Concurso Nacional UADE de Pintura, Buenos Aires.

2011.

Finalista, Premio Itaú 2010-2011, Espacio Itaú Cultural, Buenos Aires.

2010.

Selección. 87º Salón Nacional Anual de Santa Fe, Museo Rosa G. de Rodríguez, Santa Fe.

2010.

Finalista. Premio Itaú 2009-2010 Espacio Itaú Cultural, Buenos Aires.

2009.

Selección. LXII Salón Nacional de Rosario, Museo Castagnino + Macro, Rosario.

2008.

Selección. Premio Holz de pintura, Galería Holz, Buenos Aires.


Principales exposiciones individuales: 2014.

Familiar images, Expressiones Cultural Center, New London, CT, EE.UU.

2010.

Still Life, Expressiones Cultural Center, New London, CT, EE.UU.

2005.

Naturaleza muerta, Centro Cultural de la Universidad Nacional de Rosario

2005.

Crónica, Galería Crimson, Buenos Aires

2005.

Crónica, Centro Cultural B. Rivadavia, Rosario.

Principales exposiciones colectivas: 2016.

Imitación de la vida, Pasaje 17, Buenos Aires. Curada por Victoria Piazza y Eduardo Stupía.

2014.

Incurables, ECU (Espacio Cultural Universitario), Rosario.

2011.

Pic-Fic, siete pintores rosarinos contemporáneos, OSDE, Rosario. Curada por Beatriz Vignoli.

2010.

Rituales, Museo del Diario La Capital, Rosario. Curada por Fernando Farina.

2007.

Me Importas Tú, Centro Cultural Parque de España AECI, Rosario. Curada por Eduardo Stupía.


www.juanbalaguer.com


Balaguer2017