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Un Mojito castizo Carlos Boix es un pintor cubano. Un artista insolente, que arroja en nuestros rostros un mundo fuera de control. Un ejercicio de creación neta donde su ojo curioso y atento hurga en la sociedad de consumo, encuentra sus excesos y nos los muestra sin piedad y con mucho humor.

Portada: Touch and Go. Acrílico sobre tela [211 x 42 cm]

Un humor, omnipresente en su obra, que actúa como catalizador estético de algo que, de otra manera, se nos haría insufrible. El resultado es una pintura jubilosa, que disfruta el placer cotidiano de la creación, tarea en la que traza un cosmos de signos y símbolos cuyo interrelación provoca un maravilloso delirio visual, acompañado, casi siempre, de un breve apoyo verbal. Nacido en La Habana, en 1949, tras un largo periplo europeo, Carlos Boix recala en Madrid, en plena Calle Mayor, donde ha abierto un estudio luminoso y acogedor, dispuesto a profundizar, desde la pintura y con humor, las múltiples contradicciones y paradojas de la sociedad capitalina. Siete meses lleva, meses intensos y productivos, en los que su creación se ha materializado en medio centenar de obras que, en su mayoría, encuentran en el agua el tema y el argumento. Retratos urbanos de un artista cosmopolita y castizo.

Con Fidel Castro en La Habana, 1980

Con Luis Martínez Pedro y Portocarrero en la inauguración de la exposición de Boix en la Galería Plaza, La Habana, 1979

Con Micheline Catti y Ghérasim Luca en París, 1988

Con Antonio Seguí y Ceres Franco en París, 1988

Con Ernesto Cardenal en Estocolmo, 1983

Con Roberto Matta en la exposicion de Boix en París, 1988


Carlos Boix moja sus pinceles en el Caribe. El color, el humor, la fantasía mágica y un cierto eco musical son las señas de identidad de este pintor cubano que ha recorrido tres continentes con su arte antes de instalarser en Madrid. En su juego, Boix nos hace perder las certezas y forja vínculos incongruentes, que nunca son inocentes. El pintor nos deslumbra con su destreza, nos seduce con trazos, formas y colores y nos entretiene con sus burlas y humoradas. Un delirio y unos colores en los que Cuba y el Caribe nunca quedan ajenos. Excesiva y radical, la pintura de Boix se nos muestra como el mejor antídoto a los excesos de una sociedad acelerada y caótica. El grito y metáfora definen su estupor. En la tela, sus relatos se enriquecen con multitud de detalles, observaciones de una imaginación plena, que encuentra en el dibujo y el color el mejor interface con el espectador. La brutalidad de Boix es de hecho su energía. Su lirismo natural le permite crear un mundo que nos lleva alegremente por los caminos menos transitados del espíritu. Una poética errante, siempre inventiva, a menudo deslumbrante, capaz de exorcizar nuestros temores. Su insolencia nos fascina porque nos permite trascender el drama humano. De su Cuba natal le queda una auténtica adicción a los cigarros, una marcada predilección por la comida picante y un carácter explosivo. Su formación pasó por la Academia de San Alejandro, que abandonó para crear su propio código.

En el taller de Artur Piza, París 1989

En casa de Cruz-Díez, París 1989

Con 18 años ganó el primer premio en el Salón du Dibujo de La Habana, asistió a los talleres de René Portocarrero (1912-1986) y Mariano Rodríguez (1912-1990). En 1974 realizó un mural en La Habana, a petición de Fidel Castro, misteriosamente desaparecido. Luego marchó a Europa, a reencontrase con un pasado en el que brilla un abuelo catalán que, en Barcelona, fue mecenas de Gaudí. En estos años Boix ha movido sus queridas macetas suecas de colores y sus escogidos trajes italianos por cuatro continentes, esparciendo una estela de exposiciones personales en las galerías del mundo, en las que ha ido cuajando una importante nómina de fieles coleccionistas. Estocolmo, Argelia, París, Cartago, Ginebra, fueron las escalas de su particular odisea, en las que se enfrentó a la inteligencia de amigos como Alain Jouffroy, José Pierre, Roberto Matta, Eduardo Manet, Fernando Arrabal, Olle Granath y Regis Debray. Cubano, catalán y sueco, Boix balancea con habilidad un renovado espíritu estajanovista con una férrea fe epicúrea. El resultado es un artista paradójico, devoto de la energía vital y del fuego sagrado.

Con Michel Butor, Peverelli y Michel Sicard en Ginebra, 1990

Con Agustín Cárdenas y su familia en París, 1994

Silla en el atelier.

Con José Pierre en París, 1994

Con Celia Cruz, Pedro y Orlando Blanco en la exposición de Boix, Ginebra 1995


Autoretrato Nací en 1949 en una clínica privada del barrio de la Víbora en La Habana. De niño observaba los ex esclavos que vivían cerca de la avenida 10 de Octubre. Conocí sus ritos abacuá, traídos de Africa, del Congo. Ví sus sacrificios, sus ofrendas, sus firmas (símbolos llenos de mensajes). Me sumergí muy pronto en el estudio de lo afro-cubano leyendo a Fernando Ortiz y Lidia Cabrera y, más tarde, con mi buena amiga Natalia Bolívar. El asma me atrapó con un año y en el hospital descubrí el dibujo como placer y entretenimiento. Las enfermeras, su coquetería cubana, canalizaron la sensualidad de mi enfermedad, reinterpretando el mundo con dibujos acuarelados, como Paul Dufy, que era alérgico como yo.

Con Carlos en París, 1996

Con Eduardo Manet en Neuilly s/ Seine, 1998

la playa Cojímar, donde Hemingway escribió El Viejo y el Mar. El mismo lugar donde, años antes, Hemingway tocó mi cabeza y dijo con su acento característico de whisky americano: “Este niño tiene el pelo muy negro”.

La enfermedad me unió a diversas creencias y religiones. Mis padres piden remedios para curarme a católicos, santeros, chinos y hasta a un especialista japonés de vías respiratorias, venido a Cuba en la segunda guerra mundial. En su consulta observaba con gran placer grabados de erotismo japonés de Utamaro.

En estas escapadas me relaciono con pintores y escritores. De la mano de Juan David, conozco a Raúl Roa Kourí, a los pintores Martínez Pedro, René Portocarrero, Mariano Rodríguez y a los escritores Nicolás Guillén, Alejo Carpentier y Eliseo Diego. Combinaba su amistad con las clases en la escuela de Bellas Artes San Alejandro, de donde me expulsaron.

Me fascinan los gigantescos automóviles “americanas”, Cadillac, Buick y Chevrolet de colores pasteles. Postales kitch en un Caribe perfumado entre palmeras, mojitos y el característico olor a fruta de las piernas de las mujeres. Todo con una buena dosis de violencia social y política, ritornelo característico del Caribe. Tras la Revolución, todo se vuelve un teque político. Cambio la escuela por el magnífico “sofá popular” del Malecón habanero y su fondo marino de arco iris. Frecuentaba también

Mariano Rodríguez, pintor y director de artes plásticas de la Casa de las Américas, me invitó a un almuerzo con el pintor español Antonio Saura. Nació una amistad para siempre. Saura me transmitía las diferentes tendencias y corrientes en Europa en sus periódicas visitas a la casa de mis padres en la Habana Vieja. Allí se enfrascaba con mis obras, una especie de pop art del subdesarrollo. En un de sus viajes me presentó a su gran amigo Roberto Matta, una amistad sellada en la Habana y revalidada en París.

Con Lou Laurin-Lam y Alain Jouffroy en la exposión de Boix, en París 1996

En casa de Fernando Arrabal, París 2007

Con Luc Chessex en la exposición de Boix en Ginebra, 2005

Con Najla Dabinovic en la exposición de Boix en el Palacio de Naciones Unidas, Ginebra 2009


“Mi pintura se mueve entre el caos sideral y el caos social y cultural que nos rodea. También tiene sus vasos comunicantes entre los placeres, el sexo y las religiones, el subdesarrollo y las tecnologías de punta de una sociedad líquida. Son los sueños y contradicciones de nuestra sociedad”. En su estudio del boulevard St. Germain, Matta me presentó al filósofo Régis Debray, gran amigo suyo, que luego lo sería mío y de mi obra. Allí conocí también a artistas como Cruz Diez, Soto, Julio Leparc, Seguí, Erro y a escritores como Eduardo Manet y Fernando Arrabal. Discutiendo con Matta, que fue uno de mis primeros coleccionistas en París, le dije que yo no era surrealista, que no lo necesitaba, porque era cubano “y eso es mucho más que el surrealismo” y le conté el viaje Wifredo Lam y André Breton en destartalado autobús desde La Habana a Marianao en medio de una cortina de agua tropical y con el agua entrando a raudales. La escena era tal que Bretón le dijo que Cuba era más surrealista que el surrealismo mismo. En La Habana, en el bus 132, conocí por azar a Pontus Hultén. Me preguntó si yo era pintor. Yo le dije que por qué me lo preguntaba. Dijo que mis zapatos estaban llenos de muchos colores de pintura. Le dije que sí. Fue a casa de mis padres y vio la pintura que hacía. Fue Nati Revuelta, el amor de Fidel Castro y madre de Alina, quien me presentó a Wifredo Lam y a Fidel Castro. Nati posee una buena colección de pintura cubana y entre ella pinturas mías. En la boda de Alina, conocí a Fidel, que me pidió que pintara un mural en la escuela Lenin, que se iba a inaugurar en esos meses. Una de la figuras del mural era un Martí que tenía zapatos tenis. Algo que no gustó a todo el mundo. En los años 60 no era políticamente correcto vivir de la pintura, así que comencé a trabajar como ilustrador en el Caimán barbudo, revista literaria y cultural de gran prestigio. Allí conocí a escritores cubanos como Norberto Fuentes y Antonio Benítez Rojo y a extranjeros como Mario Benedetti, Julio Cortázar y García Márquez.

Mi abuelo Emilio Boix fue comerciante y mecenas de Gaudí y huyó de Barcelona en compañía de mi abuela Marina Bofill a ultramar para fundar su nueva familia, ya que en la época no se aceptaban divorcios en España. Marina poseía una tienda de moda en Paris llamada Odette. Mi abuela paterna nació en un cañaveral en el centro de Cuba en plena guerra hispano-cubana. Su madre la abandonó cuando nació y fue rescatada por una señora llamada María de orígen isleño. Ella la crió junto a sus siete hijos. Después mi abuela se casó con el hijo mayor de María, que se llamaba José Cruz. Mi madre María Josefa Boix Bofill estudió ballet con Alicia Alonso. En su juventud, mi padre Carlos Cruz Reyes ayudó al escultor italiano Camporino en su atelier. Al igual que Lam, soy cubano, pintor y casado con una Sueca. He vivido en Paris y ahora en Madrid, para estar más cerca del cielo. Conocí a Eva en La Habana en los años 70. Fue un encuentro mágico: amor y arte, con telón de playa. Después de varios años viviendo en La Habana, decidimos tomar rumbo a Estocolmo, donde nació nuestra hija Amanda. Luego una gira que nos llevó a varios países en África del Norte y en Europa. No puedo pintar en lugares solitarios. Me gusta la compañía de la urbe, sus palpitaciones. Todo esto me nutre y me ayuda a pintar la configuración del mundo que vivimos hoy. Mi pintura se mueve entre el caos sideral y el caos social y cultural que nos rodea. También establece vasos comunicantes entre los placeres, el sexo y las religiones, el subdesarrollo y las tecnologías de punta de una sociedad líquida. Son los sueños y contradicciones de nuestra sociedad. Una pintura que en su perfume mezcla el olor del Caribe y el smog y los ruidos blancos de las grandes ciudades. Una mezcla de América, Europa, África y Asia, resultado de la globalización y la transculturización. Un diálogo entre culturas con azúcar al gusto.


Raining Cats & Dogs. AcrĂ­lico sobre tela [211 x 342 cm]


Sans titre. AcrĂ­lico sobre tela [213 x 317 cm]


La Ducha 3. Acrílico sobre tela [100 x 81 cm]

La Ducha. Acrílico sobre tela [100 x 81 cm]


El Baño de Danae. Acrílico sobre tela [211 x 342 cm]


Café. Acrílico sobre tela [73 x 59 cm]

Táxi. Acrílico sobre tela [63 x 206 cm]

Anorexia. Acrílico sobre tela [95 x 218 cm]


La Ducha de Venus [211 x 342 cm]


Detalles de: Traffucked

Traffucked 2. AcrĂ­lico sobre tela [152 x 173 cm]


“La brutalidad de Boix es de hecho su energía. Su lirismo natural le permite crear un mundo que nos lleva alegremente por los caminos menos transitados del espíritu. Una poética errante, capaz de exorcizar nuestros temores. Su insolencia nos fascina porque nos permite trascender el drama humano”. Biografía Premios y distinciones 1973 Primer Premio del Salon Nacional de Dibujo, La Habana. 1974 X Premio Salon Nacional de Pintura, La Habana. 1980 Primer Premio Salon Nacional Carlos Enrìquez, La Habana. Obras en Colecciones Públicas: Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana Moderna Museet, Stockholm Obras en Coleccioens privadas Alemanía, Bélgica, Colombia, Cuba, Dinamanrca, España, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Gran Bretaña, Italia, Noruega, Países Bajos, Suecia, Suiza y Venezuela.

Café 2. Acrílico sobre tela [73x59 cm]

Exposiciones individuales 2009 Palais des Nations, Office des Nations Unies, Ginebra. 2008 Banque Ventobel Genève S.A., Ginebra. 2007 Galería de José de Ibarra, Barcelona. 2007 Deutscher Ring, Hamburgo. 2005 Galeria Sonia Zannettacci, Ginebra. Artevie, Abbaye de Cercanceaux, Souppes sur Loing, Francia. 2004 Modern Art Gallery Studio f.22, Palazzolo s/O 2002 Eskilstuna Konstmuseum, Eskilstuna, Suecia. Monastère de San Francisco, La Habana. Galeria Sonia Zannettacci, Ginebra. 2001 Dalarnas Musuem, Falun, Suecia. 2000 Modern Art Gallery Studio f.22, Palazzolo s/O 1999 Salon Art open, Essen Galerie Cherif Fine Art, La Marsa-Tunez. 1998 Galerie Arte Monaco, Monte Carlo 1996 Galerie Ar Présent, París. 1995 Galerie Editart, Ginebra. 1994 Moderne Art Gallery Studio f.22, Palazzolo s/O Galleria Severgnini, Cernusco-Milan 1993 Galerie L’Orangerie, Neuchâtel 1992 Centre d’Art en l’Ile, Ginebra. Galleria Severgnini, Cernusco-Milan 1991 Galleria Linea 70, Verona Galleria de Clemente, Brescia 1990 Modern Art Gallery Studio f.22, Palazzolo s/O Galleria Rinaldo Rotta, Gênes 1988 Galerie L’Oeil du Boeuf, Paris 1984 Konstfrämjandet, Estocolmo. 1983 Latinamerikansja institutet, Estocolmo. 1980 Museo de Artes Decorativas, La Habana Fundación Wifredo Lam, La Habana 1979 Galería de la UNEAC, Habana Galería de Plaza, La Havane Konstfrämjandet, Stockholm 1975 Prensa Latina, La Habana

Exposiciones colectivas: 2009 Galerie Editart, “post-scriptum”, Ginebra. 2006 Art en Capital. Grand Palais, Paris. 2003 Modern Art Gallery Studio f.22, Palazzolo s/O 2001 Galerie Reinhold Ketelbutere, Bruselas. 1997 Galleria Artistudio, Milán Galleria del Rigoletto, Milán 1996 Salon de Mai, París Galleria Severgnini, Cernusco-Milán 1995 Galerie Editart, Ginebra. Salon Comparaisons, París Salon de Mai, París Grands et jeunes d’aujourd’hui, París 1994 Modern Art Gallery Studio f.22, Palazzolo s/O Galleria Severgnini, Cernusco-Milán 1993 Galerie de l’Orangerie, Neuchâtel 1991 Art Gallery Pewny, Ginebra. Galerie Editart, Genebra. Institut National Genevois, Ginebra. 1990 Galerie Editart, Ginebra. Salon Comparaisons, París Espacio Latinoamericano, París Modern Art Gallery Studio f.22, Palazzolo s/O 1988 Espacio Latinoamericano, París 1984 Bienal Internacional de La Habana, Cuba


“La pintura de Boix es una sonorización lírica de sensaciones pero también la visualización de un sentimiento épico y dionisíaco de la vida. Con Boix, lo grotesco y lo grandioso no se oponen sino que bailan una misma danza frenética”. Alain Jouffroy “En la pintura de Boix, el color, además de función cardinal, ha cumplido frecuentemente otra, menos evidente: la de esclarecer y deslindar casi como un mapa poético las zonas temáticas, las figuras y contrafiguras y las metáforas visuales”. Mario Benedetti “Sus cuadros son un trasunto de su ansia inextinguible de gozar la existencia, de su volcánico poder de invención”. Raúl Roa Kourí “Conocí a Boix a través de Roberto Matta y ambos “pintores-poetas” tienen en común “recuerdos surrealistas en un sincretismo feliz y sin complejos”. Nada de mitología ni de reivindicación mágica, la fuerza plástica es libre”. Regis Debray “El arte de Boix apela tanto a los sentidos como al intelecto. Asomarse a ella conlleva el placer de escuchar un concierto de formas y colores sugerentes, pero las voces que lo animan no parten del coro mecánico y azaroso del calidoscopio, sino que fluyen de las esencias, de las raíces, de la miel de la tierra que Boix sabe reconocer e interpretar”. Antonio Benítez Rojo “Para domar su energía Boix pinta cuadros ¡Cuán únicos parecen! Como mariposas de fuego Chisporrotea Entre las ramas de la imaginación. Ver fluir su pensamiento Como río Al pie del caballete Su cuerpo y su lienzo se transforman en campo de batalla Recluso, como grillo En minúscula jaula, Se siente cercado Por una composición de elementos En la raya de la descomposición.

Carlos Boix

Atelier: Calle Mayor, 40. Madrid Teléfono: +34 622 194 919 carlosboix.artiste@gmail.com What’s up. Acrílico sobre tela [142 x 107 cm]

Fernando Arrabal


Carlos Boix