4 minute read

La Guia del Parnaso por María José Pérez Legáz

Cuando decidí ser guía de turismo, lo hice convencida de que iba a disfrutar mucho de esta profesión, por el trato con la gente, por explicar todo el patrimonio de mi Región y por centrarme en un campo por el que siempre he sentido auténtica devoción, como es el de la historia. De eso hace ya 25 años y sigo sintiendo la misma pasión que al principio.

Un guía tiene que estar continuamente preparándose porque siempre hay un nuevo museo que explicar, un nuevo yacimiento puesto en valor o un nuevo itinerario que llevar a cabo, y nunca falta en un grupo el visitante curioso o interesado que pregunta contantemente “y esto que es”.

Advertisement

Tengo la suerte de vivir y trabajar en una ciudad muy rica en patrimonio arqueológio, como es Cartagena, donde los cartagineses levantaron su imperio en el siglo III a.c. y donde la antigua Roma fijó sus ojos para convertirla en una de las ciudades

más prósperas y ricas del Imperio.

Sin lugar a dudas, lo que más atrae a los visitantes es cuando explicamos cómo vivían los habitantes de la antigua Carthago Nova hace 2.000 años, cuáles eran sus costumbres, dónde vivían, cómo se divertían y su relación con los dioses y sus cultos religiosos.

Desde la antigüedad a Carthago Nova se la ha conocido como “La Pequeña Roma” por tener cinco pequeñas colinas en el interior de la ciudad. En la actualidad nosotros conocemos esas colinas con los nombres de Molinete, Monte Sacro, San José, Despeñaperros y Concepción, pero los nombres que se les dieron en origen fueron otros, conocidos desde hace dos milenios y que nos describió el historiador Polibio como Arx Asdrubalis, en honor al fundador de la ciudad, Asdrúbal el Bello; Cronos, por el dios del tiempo, de los calendarios y de las cosechas; Aletes, héroe local convertido en deidad; Hefesto, dios de la forja, del fuego y de los metales, muy importante por las minas de plata, hierro y plomo de toda la sierra de Cartagena y La Unión y Esculapio, dios de la medicina y de los rituales de curación.

En cuatro de estas cinco colinas se levantó un templo dedicado a cada uno de estos dioses, dejando el del Arx Asdrubalis como lugar donde se edificó el Foro de la Colonia de Carthago Nova, quedando en la parte superior un templo construido en el siglo III a.c. y dedicado a la diosa siria Atargatis, como diosa de la fertilidad, madre de la primera reina de Babilonia y representada como la primera sirena de la historia. A pocos metros de éste se levantó un nuevo templo probablemente dedicado a Venus, diosa de la belleza y el amor y casada con Hefesto.

Carthago Nova

Carthago Nova

La parte inferior de esta colina quedó junto al Decumano Máximo, que era la calzada que unía la puerta principal con el puerto y que atravesaba la ciudad de este a oeste y junto a éste se construyeron el Augusteum, que era un templo dedicado al emperador Octavio Augusto ya que cuando murió se le adoró como a un dios y fue el lugar donde los sacerdotes augustales le rendían culto diariamente. También se construyó la Curia, que fue la sede del senado local, varias termas para el baño y el ocio de la sociedad de Carthago Nova y el templo de Isis, diosa de tradición egipcia pero trasladada a la mitología romana como la diosa madre, diosa de la resurrección, protectora del matrimonio y de los barcos en el mar.

En varios de estos templos se realizaban diferentes rituales y uno de ellos era el de la “Incubatio”, que era una curación mediante el sueño donde, previo pago de unas monedas y el sacrificio de un animal, la persona que buscaba la sanación de cuerpo o de mente, o bien resolver un problema importante, pasaba la noche durmiendo solo y a oscuras a los pies del dios o la diosa. Durante la noche esta persona tendría un sueño revelador que sería interpretado por los sacerdotes del templo. “Carnaval de Isis”, donde los sacerdotes isíacos, después de vestir, preparar y adornar a la diosa, la subían en un trono, siendo transportada a hombros por los devotos, seguidos por una procesión que a voz en grito adorando a la diosa y lanzado flores se dirigían al puerto, llamados por el sistro, elaborado con cascabeles de plata y que servía para llamar a los fieles. Al llegar al puerto, subían a la diosa a un barco adornado con flores donde daba un paseo, quedando inaugurada de esta manera la temporada de navegación.

Estos rituales como tantos otros son sólo un ejemplo de todos los que se realizaban, ya que los romanos celebraban con devoción y profundas creencias estas fiestas, dedicadas a los dioses y a acontecimientos importantes a lo largo del año.

Tan importante era la fiesta como los preparativos previos, ya que toda la sociedad romana los esperaba cada año con gran ilusión y participaban todos con absoluta devoción.

De estos rituales nos ha quedado el testigo de los yacimientos arqueológicos, así como de los textos antiguos que nos los cuentan y nada mejor que vivirlos en una visita transportándose a la antigua Cathago Nova, situados a los pies de cada colina, imaginando el templo levantado y a los sacerdotes iniciando los cultos.

María José PÉREZ LEGAZ,

Guia Oficial de Turismo (España)

This article is from: