DICIEMBRE 2007
Luces y sombras del botellón La costumbre de beber en la calle ha crecido en las dos últimas décadas en España, al punto que crea una alarma social por el consumo excesivo de alcohol en la juventud. Mientras que los jóvenes se quejan de los precios de los tragos en los bares y reclaman su derecho a la diversión, los vecinos sufren por las conductas incívicas de sus protagonistas. Juan Pedro Chuet Missé Atardece un sábado en el barrio de Malasaña, en Madrid. Como si fuera un ritual del que todos saben sus códigos y los horarios de llegada, varios grupos de jóvenes, de entre 17 y 25 años, van ocupando bancos, pórticos y todo lugar en el que puedan acomodarse. Portan bolsas de plástico y en su interior botellas de cerveza, whisky, refrescos de dos litros, vasos de plástico y –si hay buena logística– un poco de hielo. La imagen se repite, quizás en el mismo momento, en las plazas del Humor en A Coruña, de la Merced en Málaga, en la Santa Ana de Granada, en la Mayor de Cáceres y en la del Sol en Barcelona. Durante buena parte de la noche, combinarán sus tragos y pasarán las horas bebiendo, fumando, conversando y, si hay música cercana, bailando. Bienvenidos al mundo del botellón. No se puede establecer una cifra exacta de cuántas personas se adhieren a este movimiento: las cifras oscilan entre 180 y 500 mil jóve-
nes por noche, número que desciende en la época de exámenes, y que crece a sus picos máximos en agosto. Los orínegenes del fenómeno hay que rastrearlos en las movidas universitarias de Cáceres y Salamanca de finales de los 80, aunque otros prefieren situarlo
No se puede establecer una cifra exacta de cuántas personas se adhieren a este fenómeno: las cifras oscilan entre 180 y 500 mil jóvenes por noche. en las reuniones espontáneas que en la misma época se sucedían en la Plaza de la Merced, de Málaga. El fenómeno fue creciendo por toda España y hoy casi no hay joven que no participe o no haya vivido una noche de botellón. Y la polémica está servida: por un
lado, quienes defienden el derecho a la libertad de consumir, sazonado con las quejas por las restricciones de las discotecas y los altos precios de las copas. En la acera de enfrente, los vecinos que sufren con los ruidos, la suciedad y los destrozos. Y en el medio, como un espectro cada vez más visible, el fantasma del alcoholismo que acecha a la juventud. Según el estudio de la Universidad de Valencia, un 67% de los jóvenes de entre 14 y 18 años bebe en la vía pública. La edad de inicio en la ingesta de alcohol se situaría en los 13 años, aunque cada vez se dan más casos de menores de 11 años que lo han probado. La población mayoritaria la conforman los universitarios: 8 de cada 10 son habituales de esta práctica. Este estudio, presentado el año pasado en el seminario Menores y situaciones de riesgo, revela que de media cada joven bebe entre tres y seis copas por noche. Y en cantidades generosas.
Razones ¿Qué impulsa a los jóvenes a practicar el botellón?
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