S
i fuéramos antropólogos llegados de más allá de las estrellas entenderíamos a los terrestres con la simple contemplación de su arquitectura. Pensaríamos que a los humanos no les gusta la lluvia y que, desde los albores de su especie, buscaron cuevas y construyeron techos para guarecerse de las gotas. Pero enseguida veríamos que el gran invento que permitió la eclosión de la humanidad fueron las murallas. Tras las murallas llegaron las reglas, más tarde denominadas leyes. Y se organizó para hacerlas cumplir un cuerpo de trabajadores armados al servicio de la polis al que le llamó policía. Construir una policía nueva no es tarea fácil. El problema es cuando
Al contrataque Joan Barril
La muralla corporativa
la policía concebida como un servicio al buen ciudadano a veces se convierte en una civilización corporativa. Los errores y la mala praxis policial, afortunadamente minoritaria, se intentan resolver erróneamente en el interior de las sedes policiales. Es entonces cuando los políticos se ven incapaces de hacer frente a ese espíritu de cuerpo y acaban siendo secuestrados por la necesidad de mantener la cohesión y la eficacia policial para que el edificio de la seguridad no se nos venga abajo. Las leyes están para cumplirse y la policía está para prevenir. Si encima la policía consigue un éxito no hay duda que los ciudadanos se sentirán embargados por una doble sensación de seguridad y de orgullo. Pero si a alguno de esos policías se les va la
de Catalunya
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mano el orgullo se transformará en vergüenza y la seguridad en temor. Y eso no es lo que se espera de una policía democrática.
Nuevo cuño Ni que decir tiene que el conseller Espadaler, un hombre cabal y al que se le puede comprar un coche de segunda mano, no tiene responsabilidad directa en las falsedades del caso Quintana, en el brutal desalojo de la plaza de Catalunya (por mucho menos el tripartito cesó al director general Rafael Olmos) o en la actuación policial en el caso Benítez. La pregunta no es por los hechos de ahora. Sino intentar que alguien nos explique los motivos por los que una policía de nuevo cuño continúa desempeñan-
do a veces los mismos modos de hacer que las policías viejas. Si hay que detener a alguien, se le detiene, naturalmente. Sabemos que no es fácil. Los tiempos han cambiado. Cada ciudadano es hoy un reportero anónimo provisto de un vídeo en su teléfono. Hay jueces que no acaban de ver con buenos ojos a los Mossos y hay un ministro del Interior que, en un alarde de estulticia infantil, daría lo que fuera para que los Mossos cometieran un error que disminuyera –como ya está sucediendo– la popularidad y el aprecio del que gozaban antes. Para ello el conseller debe recordar el espíritu fundacional de los Mossos y ahuyentar con hechos la sospecha de ser un mero rehén de un organismo al que manda pero que todavía no acaba de controlar. H 12500
Año XXXVI. Número 12.500. D.L.: B 36.860 - 1978
8 420565 002004
Gente corriente
6 DE NOVIEMBRE DEL 2013
«El 15-M me hizo cambiar las ciencias por las humanidades» JUAN PEDRO CHUET-MISSÉ
El premier británico, David Cameron, la diputada y activista pro derechos humanos birmana Aung San Suu Kyi y la difunta primera ministra de Pakistán, Benazir Bhutto, son algunos de los líderes mundiales que se graduaron en Filosofía, Política y Economía por la Universidad de Oxford. Estos reputados estudios han empezado a impartirse en España y Judit es una de los 41 privilegiados que estudian el primer curso en la Universitat Pompeu Fabra (UPF). ¿Por qué esta joven extremadamente modesta que se formó en un instituto público, que ha estudiado inglés, italiano, alemán y ruso y que toca el violín, canta ópera y es castellera de Sabadell optó por este nuevo grado universitario? –Así que ustedes son los elegidos, los futuros líderes del país... –Eso nos dicen a veces, pero nos lo tomamos a broma. No me gusta este aspecto de élite que se les da a estos estudios. Yo, personalmente, no he escogido esta carrera para ser un líder del futuro, ni mucho menos, sino por la materia en sí. La filosofía y la política se comunican a menudo entre sí y la política y la economía también, pero la filosofía y la economía casi nunca. –Así nos va. –Es muy importante relacionar la moralidad con la economía, porque además de números existen personas. El mercado ya no pertenece solo al ámbito económico, sino que está dentro de nuestras vidas: todo lo compramos, todo lo vendemos y todo lo valoramos con dinero, ¿Dónde está el límite?
Judit Prados ¿A qué aspira una joven que decide estudiar la nueva carrera de Filosofía, Política y Economía? POR
Gemma Tramullas
–Tiene el país entero para hacer prácticas... ¿La crisis influyó en su elección de carrera? –Sí. Primero hice bachillerato científico, pero el 15-M, el nivel de compromiso social que se vivía en el instituto Pau Vila de Sabadell donde estudiaba y también el proceso político hacia la independencia me hicieron cambiar las ciencias por las humanidades. Las letras y las humanidades son mucho más importantes de lo que nos hacen creer a la hora de transformar la sociedad. La física y la química son muy interesantes, pero no tienen tanto peso en la vida cotidiana. –Podía elegir cualquier carrera porque sacó matrícula de honor en Bachillerato.
–Había gente que me decía: ‘¿Filosofía? ¡Pero si podrías estudiar Medicina con las notas que tienes!’ Las humanidades están desvalorizadas y es una lástima porque son necesarias. El conocimiento abstracto que te da la filosofía parece que no sirva para nada y sirve para todo. –Pues en secundaria está desapareciendo. ¿Cómo influye en la sociedad la ausencia de humanismo y pensamiento crítico? –Por un lado, este ultracapitalismo en el que cada uno mira por sí mismo y pugna por ganar más que el de al lado comporta ya una crisis de los valores humanos y nos hace olvidar que compartimos con el de al lado algo que se llama cultura, sociedad, que yo dependo de él y él de mí. Por otro lado, la falta de conocimiento político comporta poca participación en los procesos sociales y no me refiero a saber cuál es la última chorrada que ha dicho un político sino a saber en quién radica la soberanía, en qué consiste una verdadera democracia y que los políticos están a nuestro servicio. –Su carrera se imparte a lo largo de cuatro años en cuatro universidades (la Autònoma de Barcelona y la Autónoma y la Carlos III de Madrid, además de la UPF). ¿Ir y venir de Barcelona a Madrid es un hándicap? –Qué va, es un plus. La mitad somos catalanes y la otra mitad viene de todas partes de España: Badajoz, Madrid, Burgos, Asturias... Esto nos da una visión muy amplia de diferentes opiniones. –El fotógrafo le pidió que escribiera en la pizarra y puso «repte [reto]». ¿Por qué? –Porque esta carrera es un reto: combinar tres materias la hace, a priori, más compleja; porque tirar adelante con el panorama que hay es un reto para los jóvenes, y porque la vida, en general, es un reto. H gentecorriente@elperiodico.com