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Emociones: La Caja de música del cerebro

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Juan Pedro Chuet-Misse

CIENCIA A TU ALREDEDOR

3MILENIO

TERCER MILENIO #494 MARTES 25.NOV.2008 HERALDO DE ARAGON

Preferimos música de violín y piano en los momentos melancólicos.

HERALDO

NANAS PARA DORMIR ■ “No es cierto que si

un niño escucha a Mozart en sus primeros meses será más inteligente”, dice Jordi Obiols. Pero tanto el músico austríaco como las nanas maternas pueden cumplir la misma función: emitir tonalidades agradablesaloídodel bebé y estimularlo. Precisamente, las canciones de cuna han existido a lo largo de la historia y en todas las culturas. Ya pasa a ser un fenómeno ‘transcultural’, unprincipiobásicode comunicación donde no importan las palabras de la nana –de hecho, el bebé ni las comprende-, sino el tono que se utiliza. Estassensacionestan tempranas producidas por la música son una de las razones que apoyarían la idea de que las expresiones musicales son previas al lenguaje. Al menos, seguro que sí lo son las emociones: de hecho, los primates pueden sentirlas, pero no expresarlas con palabras.

¿POR QUÉ NOS GUSTA LA MÚSICA? Entre tanta diversidad de tonos, ¿por qué nos relajamos con Beethoven pero saltamos de la silla si oímos el chirrido de las uñas sobre una pizarra? El bebé percibe sonidos antes de nacer y, aunque no entienda qué le dicen, se reconforta con el tono dulce que sus padres utilizan al hablarle. El oído llevará la delantera en el crecimiento: primero identificará los sonidos familiares y, meses más tarde, irá desarrollando los demás sentidos. Nunca se puede dejar de oír. Y pese a estar siempre recibiendo voces, pasos, timbres y toda clase de sonidos, el cerebro necesita ‘alimentarse’ con música. Esa sinfonía, aquella canción, estos acordes llegan al cerebro por el sistema límbico, donde se encuentran las emociones, y de allí se procesan en el hemisferio no dominante, el ‘no lingüístico’, el que es más abstracto y emotivo. Entonces, esa música ya comenzará a despertar emociones –sean positivas o negativas- antes de que se procese racionalmente. La música aviva las emociones y, si bien el sentido común supone que la gente escucha melodías que le agraden, no es extraño que temas de violines y piano, y de tonos lánguidos, sean los favoritos en momentos de melancolía y angustia. O, en una discoteca, la repetición de tonos graves a un ritmo acelerado y los sonidos que llegan como ráfagas es lo que motiva a los cuerpos de los jóvenes a ir a la pista. Si no, cabría probar cuánto tiempo puede alguien resistirse sin mover un músculo al oír el frenesí de una salsa caribeña.

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La resonancia magnética muestra cómo, al oír una obra musical, en la persona no experta solo se activa el lóbulo temporal (recepción auditiva); mientras que en el violinista profesional también se activa la parte del lóbulo frontal relacionada con la entonación y la región premotora, especializada en el control de los dedos en músicos de cuerda. JESÚS PUJOL, HÉCTOR ORTIZ, CARLES SORIANO-MAS (CRC CORPORACIÓN SANITARIA, HOSPITAL DEL MAR, PARC DE RECERCA BIOMÈDICA DE BARCELONA)/JORGE WAGENSBERG (FUNDACIÓN LA CAIXA)

EMOCIONES >LA CAJA DE MÚSICA DE NUESTRO CEREBRO

SIN ENTRAR EN POLÉMICAS SOBRE QUÉ ES BELLO O DESAGRADABLE A LOS OÍDOS, LO CIERTO ES QUE EL SER HUMANO SE CONMUEVE CUANDO ESCUCHA MÚSICA. Y EL CEREBRO ACTIVA ALGUNAS EMOCIONES CUANDO RECIBE DETERMINADOS TONOS. CIERTAS TONALIDADES CONMUEVEN, MIENTRAS OTRAS SON INDIFERENTES O IRRITAN. AÚN NO TENEMOS UNA RESPUESTA DEFINITIVA PARA ESTE FENÓMENO TAN ANTIGUO COMO LA ESPECIE HUMANA.

ESTADOS DE ÁNIMO De forma inconsciente, el ser humano musicaliza sus emociones y expresiones: “Hay una relación entre estados de ánimo y la música –explica el psiquiatra Jordi Obiols, catedrático de la Universitat Autònoma de Barcelona-. En los casos de trastorno bipolar, hay pacientes que cuando están eufóricos cantan de forma espontánea, más de lo normal. Todo lo contrario que cuando se deprimen: se pierde la tendencia al cante y el lenguaje es monótono y pierde musicalidad”. Por eso mismo, la información que se obtiene al escuchar un tono de voz (de alegría o tristeza) en el teléfono es mayor que el primer “hola” que se oiga. Esta distinción es otra de las claves: el lenguaje tiene una función comunicativa, y, juzgando la historia del hombre, era lógico que surgiera tras evolucionar el cerebro y modificarse las cuerdas vocales. Pero la música es una abstracción construida sobre una serie de tonos. Y, mientras que los tonos musicales se procesan de forma irracional, las palabras –que en definitiva también son soni-

Formación , espacio diseñado y creado para los jóvenes con inquietudes e iniciativas en el campo de la creación audiovisual, continúa su programación durante el mes de diciembre de 2008 con el siguiente bloque formativo: Diciembre. Mes de la multimedia. Miércoles, de 19 a 21 horas. Día 3: Formatos audiovisuales en Internet. Día 10: Formatos audiovisuales para telefonía móvil. Día 17: Formatos audiovisuales interactivos. Información: C/ Costa, 13, 50001 Zaragoza. Teléfono 976 48 28 12 E-mail: zentrum@ibercajaobrasocial.org Web: www.ibercaja.es

dos- se procesan racionalmente. ¿Es que acaso los humanos primitivos aprendieron primero a comunicarse por una armonía de tonos y luego por palabras? El debate no está resuelto, y la aparición de unos huesos con agujeros, que serían un tipo de flauta de 30 a 40.000 años de antigüedad, no termina de aclarar el panorama. Pero si la anatomía y el cerebro de los primeros seres humanos ya estaban listos para hablar, ¿por qué no lo habrían estado para cantar y componer? Claro, a falta de hallar pentagramas prehistóricos, es difícil tener una respuesta concreta.

EXPLORANDO EL CEREBRO

La actividad cerebral se intensifica en los momentos de transición entre los movimientos de una obra musical. NEURON MAGAZINE, EDITORIAL ELSEVIER

■ Gracias a los sistemas de tomografía y escáneres es posible conocer la actividad cerebral cuando se escucha música. Y, ya entrando en campos extremos, es interesante analizar qué ha sucedido en casos de accidente. La neurología y la psiquiatría recuerdan el ejemplo del músico Maurice Ravel (el autor del ‘Bolero’), quien sufrió un traumatismo cerebral, tras un accidente que dañó su hemisferio izquierdo: Ravel podía escuchar música y recordar sus composiciones, pero no podía volver a plasmarla en el pentagrama. “La ópera está en mi cabeza, la oigo, pero no puedo escribirla”, decía en su empeño por finalizar la obra ‘Juana de Arco’. Fue lo contrario de lo que le sucedió a otro compositor, al ruso Vissarion Shebalin, quien, tras un accidente cerebral vascular, perdió la capacidad del habla, pero podía seguir escribiendo partituras. Y así lo hizo hasta que murió, diez años después. Uno de los factores que determina el efecto de la música es la forma en que se construyen la melodía y las armonías. Es la llamada ‘escala’, y a cada una le corresponde una emoción determinada. Se supone que con intervalos armónicos se obtienen sensaciones agradables. Pero el efecto negativo también puede ser un filón interesante. Si lo sabrán los productores de cine, que construyen el andamio de cualquier película gracias a las emociones que ciertas melodías, y no necesariamente bonitas, logran catapultar. Sobre todo si se trata de cine de terror o suspense, donde el miedo, la incertidumbre o la angustia llegan gracias a esos ritmos acompasados y vibrantes. ¿O es que alguien puede imaginarse la escena del cuchillo en la ducha de ‘Psicosis’ con música de Vivaldi de fondo?


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Emociones: La Caja de música del cerebro by Juan Pedro Chuet-Missé - Issuu