A
unque la frase recurrente es la contraria, «la banca nunca pierde», basada desde luego en hechos reales y más que contrastados, esta semana hemos asistido a un episodio de enfrentamiento muy llamativo entre el Ministerio de Economía y los popes de la banca española. A propuesta de Emilio Botín, la Asociación Española de la Banca anunció hace unos días que José María Roldán sería el nuevo presidente de la patronal bancaria. Este caballero, considerado un hombre de Rato y economista del Servicio de Estudios del Banco de España, ha estado al frente de la Dirección General de Regulación del Banco de España los últimos 13 años. Por más que los expertos subrayen la excelencia profesio-
Al contrataque Julia Otero
¿La banca pierde?
nal de este hombre, a cualquiera de nosotros, pobres ignorantes, se nos abren las carnes pensando que fue Roldán el que tuvo la última palabra en la regulación de bancos y cajas cuando la orgía de sus acciones nos trajo a donde hoy estamos. Roldán fue, por ejemplo, el que cambió el sistema de provisiones de la banca para que Caja Madrid pudiera repartir 1.000 millones de beneficios.
Un pulso ganado El ministro Guindos sorprendió a principios de semana a los patrones de la gran banca considerando «poco ético, estético e inoportuno» que un señor que regulaba desde el Banco de España fuera a presidir a sus regulados. Y tiene razón el ministro. Por eso
de Catalunya
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muchos consideraron también poco estético que él mismo, secretario de Estado con Rato, pasase a dirigir Lehman Brothers en España y, de vuelta a casa, pasase a ser ministro de Economía con Rajoy. Menudencias éticas aparte, el caso es que la AEB replicó al enfado de Guindos con la legalidad vigente: nada impide que seis meses después de abandonar el Banco de España alguien pase por la puerta giratoria hacia empresas privadas del mismo sector. Y aquí llega una bonita lección para quienes sostienen que el poder político siempre está en manos del poder financiero. Ha bastado que Guindos amagase con cambiar la ley de incompatibilidades, para aplicar dos años de carencia a cualquiera que abandone el Banco de España antes de entrar en el
sector financiero privado, para que Roldán haya desistido. O sea, el pulso entre ministerio y poder económico lo ha ganado la política. Si quieren, sí se puede. El BOE es una poderosa herramienta que puede usarse hasta contra Botín, aunque esas batallas en la cumbre suelen producir cadáveres. Es pronto aún para saber cuántos y quiénes. En este episodio para iniciados en el mundo de los dioses solo falta un aspecto: Europa. ¿No habrá sido la troika la que ha forzado al ministro a fijarse en la ética y estética del asunto? ¿Lo ven a él solo capaz de enmendarle la plana al Santander, el BBVA, el Sabadell y el Bankinter? ¿No se envainó Wert su orden ministerial para dejar sin asignación a los erasmus tras la bronca de Bruselas? ¡Ah, Europa! H 12502
Año XXXVI. Número 12.502. D.L.: B 36.860 - 1978
8 420565 002004
Gente corriente
8 DE NOVIEMBRE DEL 2013
«...y le recité el poema a la enfermera que me atendió» JUAN PEDRO CHUET-MISSÉ
–«El poeta de la Vila de Gràcia», leo aquí. –¡Bah! Eso son cosas de Numancia.
–Es lo poco que sé de usted. Que recita en La casa de los cuentos. Y que publicó un libro. ¿Qué recita? –Mire, hablando de Numancia: Las noches de Numancia son noches muy queridas / Las noches de Numancia son siempre divertidas.
–Con el poema estará contenta, su mujer. –¡Claro! ¿Pero sabe qué? A todas las mujeres que conozco se lo regalo y le cambio el nombre. Un día me tocó ir a la Seguridad Social y se lo recité a la enfermera que me atendió. Porque yo recito mis poemas donde puedo, no solo en los recitales.
–¿Eso recita? –No, eso no. Eso es un rodolí, un pareado, que se dice en español. Un rodolí para Numancia. Hago muchos. Y tengo otro.
–Caray. ¿Y qué recita, finalmente? –Le voy a contar algo. Yo llevo 40 años haciendo gimnasia, siempre antes de irme a dormir. Hago todos los movimientos posibles que uno puede hacer tumbado en la cama. La llamo Gimnasia B.V., Básica y Virtual, y la he introducido en La casa de los cuentos. –Me está diciendo que en medio de un recital… –Mire, yo no me quiero morir… aunque sé que me falta poco… Bueno, el caso es que esta es una gimnasia que me he inventado por
–Bueno, ¿qué me iba a leer? –Pepita. Está dedicado a mi esposa, y es un homenaje a la femineidad. Pepita / Ets aigua fresca i clara, / de neu pura i immaculada, / caiguda al llarg de l’hivern / i que el sol de primavera / poc a poc ha anant fonent. Esa es la primera estrofa. Es bucólico porque yo nací en el campo, y nunca he renunciado al campo. –¿De dónde es? –Yo soy de Vilanova d’Escornalbou, un pueblo de Tarragona. De joven era payés. Luego trabajé en el textil, en la fábrica de Salvador Casacuberta, lo que hoy es La Sedeta, pero soy del campo, y estoy muy orgulloso.
–¿Numancia? –Numancia, la chica de La casa de los cuentos. Se inventa esas cosas.
–A ver. –Escuche. Las noches de Numancia son noches de ilusión / Las noches de Numancia no tienen parangón. Tengo siete u ocho de estos.
–Ah, sí. Eso me tiene contento.
Eugeni Anguera Tiene 85 años, ha publicado un libro de poemas y siempre que puede acude a recitales en Barcelona. POR
Mauricio Bernal
salud, y quiero compartirla, que la gente la practique. La última vez tuve que pedir ayuda a un forzudo para poder agacharme. –¿Y la poesía? ¿Qué lee? –Bueno, recito mis poemas, hago algún cuento, invento algo sobre la marcha… –Léame un poema suyo. –Claro. Mire. –Ah. Su libro. Estará orgulloso, ¿no? –Bueno, sí, orgulloso. Me lo pagué yo, ¿eh? –Bueno, pero aun así… Ahí dice segunda edición.
–¿Cuándo empezó a ir a recitales? –Al jubilarme, cuando empecé a dar importancia a mi poesía. Fui a Ràdio Vilassar y allí recitaba poesía en El racó dels avis. Había buenos recitadores, y un señor de 95 años me dijo un día que por qué no íbamos juntos a los lugares donde él recitaba. –¿Disfruta recitando? –Sí, pero lo hago porque creo que es deber de todo ser humano demostrar lo que es. Como dice uno de mis rodolins: El que sempre parla de si mateix, és que poca cosa coneix. –Pero eso quiere decir lo contrario. –Justamente, la paradoja. A mí me gusta hablar de mí mismo, hacerme el simpático, y que les agrade lo que pienso. H gentecorriente@elperiodico.com