Select 23
17/9/04
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Myrtha Casanova, fundadora del Instituto Europeo para la Gestión de la Diversidad
L
as tecnologías hacen que el planeta sea más pequeño. Pero aunque el mundo se globalice y las fronteras se diluyan, persisten las diversidades culturales, idiomáticas, de género o físicas. Y si el mercado es cada vez más heterogéneo, también lo son las plantillas de las empresas. Según Myrtha Casanova, fundadora del Instituto Europeo para la Gestión de la Diversidad, el éxito de una empresa reside en gerenciar las diversidades de sus empleados y clientes. Si se valoran correctamente las diferencias, se gana creatividad y eficacia mientras se conquista el mercado con mayor precisión.
¿Vivir en un mundo cada vez más globalizado significa vivir en un mundo que apunta a la homogeneidad? Para nada. Vivimos en un mundo diverso: el 52% de la población es femenina, el 10% es blanca; en los países desarrollados, la natalidad es baja: el 95% del crecimiento demográfico se da en las 10
naciones en vías de desarrollo. Hay una gran diversidad de lenguas, culturas e identidades. Y de capacidades: una de cada diez personas tiene algún tipo de discapacidad. Reconocer estas diversidades es el nuevo paradigma del siglo XXI.
¿Y cómo puede una empresa aprovechar esto? Antes, las empresas buscaban la igualdad de oportunidades para resolver los problemas de las minorías. De este enfoque, se pasó a la estrategia de la diversidad. La idea es que el entorno externo es diverso y, por ende, también lo es el interno. Y, antes que segmentar a una organización por minorías, es mejor incorporar a todas las personas diversas en un mismo objetivo corporativo. Si estas diversidades se gestionan de forma responsable, se generara más innovación, más creatividad y, por supuesto, más desarrollo. Así es cómo se consigue que dicho desarrollo sea sostenible.
¿Hay alguna manera de evaluar la diversidad? Las diversidades son como un iceberg: existen diversidades visibles e invisibles, y todas impactan en la empresa de manera positiva o negativa. Las visibles son las que se ven: las de raza, género o discapacidad. Y las no visibles son las competencias, el idioma, la cultura, etcétera, que hay que manejar con cuidado porque incluye la forma de pensar y de expresarse. Si unas personas en una empresa interactúan positivamente respetando sus diversidades y se convierten en un grupo positivo, son eficientes porque realizan su trabajo con el mínimo de conflicto y el máximo de creatividad. Pero si un equipo dice ‘tenemos que integrar a personas que no son iguales, de otros perfiles’, y si ese grupo no es gestionado, si a las personas no se las incorpora y se las mete en una caja y se deja que la interacción sea espontánea, pueden surgir conflictos.