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Las masías de Castelldefels · El museo de la cerámica La Rajoleta · Entrevista a Mario Casas · El cíclico resurgimiento de Berlín · y m+s... B a i x

Revista bimensual gratuita · Nº 43

L l o b r e g a t

CONMUEVE CON EL THRILLER “SECUESTRADOS”

MANUELA VELLES

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VIAJES / BERLÍN

Berlín siempre resucita Las postales que encabezan este reportaje grafican la devastación y la reconstrucción de Berlín. Ante a la Puerta de Bradenburgo, en mayo de 1945, la ciudad se despliega en un mar de escombros, destrucción y ruinas. Es la misma ciudad que, medio siglo después, encabeza la vanguardia y la modernidad en Europa. Esta vez, los berlineses no ocultan su pasado debajo de la alfombra, pero ahora miran más allá del presente inmediato. Sus edificios y su ritmo de vida lo evidencian. Texto y fotos: Juan Pedro Chuet-Missé +50


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ué ha quedado del Berlín medieval? Sólo media docena de callejuelas retorcidas. ¿Y del Berlín prusiano de inicios del siglo XX? Pues un ejemplo es su Parlamento. Pero claro, lo que más salta a la vista no es su mole de mármol, sino la cúpula futurista, de vidrio y espejos, diseñada por Norman Foster tras la reunificación alemana. Claro que hay algunos otros grandes edificios y monumentos anteriores a 1945, como la pomposa Berliner Dom (Catedral) o la misma Puerta de Brandenburgo. Pero a grandes rasgos, la capital de Alemania casi desaparece de la faz de la Tierra tras la Segunda Guerra Mundial. Y lo que no se salvó de los bombardeos y la me-

tralla de los cañones cayó, al menos en el lado oriental, por la picota de los gobiernos prosoviéticos, que decidieron que construcciones como el antiguo castillo de la ciudad era un mal recuerdo para el nuevo

El infame Muro de Berlín no ha desaparecido, pero ahora es un motivo turístico

mundo socialista. Y allí levantaron el Palacio de la República, un adefesio de acero y vidrio sin gracia. Sin embargo, gracias a la locomotora que es la economía alemana, los berlineses disfrutan ahora una de las capitales más cómodas, ecológicas y bonitas de ver de Europa. Y para colmo, económicas. Es más barato comer, salir y dormir en la capital que en Munich o Hamburgo. Y bien lo saben los locales, que cuando cayó el Muro se encontraron con miles de pisos y casas a precio de saldo. Conclusión: esos bloques grises y aburridos contruidos por el antiguo gobierno de la RDA ahora son coloridos pisos habitados por artistas, bohemios, o gente que se puede permitir invertir

El Reichstag (Parlamento), con la cúpula de cristal y espejos diseñada por Norman Foster. / J.Ch. +51


Cerca de la Puerta de Bradenburgo, hay una muestra permanente de la historia del Muro de Berlín / J.Ch.

en refacciones, como sucede en el barrio de Mitte. Un buen testigo del resurgimiento berlinés es la Potsdamer Platz. Esta plaza, durante la Guerra Fría, era el patio trasero de las dos mitades de Berlín. Por el medio cruzaba el Muro, y a todos le daba mal fario pasar cerca de allí. Ahora, es un colosal centro de vidrio y acero, moderno, de luces que cambian de colores, con una cúpula que es una maravilla de la arquitectura, y que aloja a un centro comercial, al Sony Center, y a edificios que compiten por llegar más alto. +52

Berlín es una de las capitales más amplias, cómodas y modernas para visitar en Europa

Las mejores vistas de Berlín se obtienen en la Fernsehturm, la torre de televisión de 204 metros de alto que el gobierno socialista había construido como una demostración de poder ante sus vecinos capitalistas. Pero la apuesta salió mal: el arquitecto no tuvo en cuenta que el revestimiento de acero reflejaba la luz del sol en forma de cruz cristiana, todo un fastidio para los gobernantes de la RDA que propugnaban el ateísmo como religión oficial. Movidas políticas aparte, el mirador giratorio de esta torre permite


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La torre nueva y la bombardeada de la Iglesia del Káiser Guillermo. / J.Ch.

El símbolo de paso peatonal de Berlín Este se convirtió en un ícono. / J.Ch.

La fastuosa cúpula de vidrio del Sony Center en la Postdamer Platz. / J.Ch. +54

perder la vista por esta gran urbe de más de 3,5 millones de habitantes. Quien nombre a Berlín seguramente recuerda al famoso Muro. Esta vergonzosa construcción no desapareciódel todo, aunque ahora sólo sirve como un motivo turístico. Quedan unos bloques en el centro, cerca de la Puerta de Bradenburgo, y al Este hay un tramo de un kilómetro que al día de hoy siguen funcionando como una excelente vitrina de arte urbano y graffitis. Y también se puede ver un sector en la Bernauer Strasse, con casetas de guardia, un fragmento de “tierra de nadie” y alambradas. Pero los turistas optan, en su mayoría, acercarse a la caseta -reconstruida- del Checkpoint Charlie, escenario de intercambio de espías; y donde los tanques de Rusia y Estados Unidos estuvieron a un palmo de liarla en 1961. Allí funciona un museo particular, meritorio e interesante, que permite conocer la historia de esta infame pared y de los métodos que más de 5.000 personas utilizaron para pasar del sector oriental al occidental. Y como una metáfora del signo de los tiempos, cada visitante puede llevarse un trocito de Muro a su casa: en el mercadillo de Kunstmarkt se venden trozos de todos los tamaños y pesos. Y también medallas, gorros militares y documentos de identidad de la RDA. Paradójico destino de lo que se supone que eran los mejores recuerdos del paraíso socialista alemán.


Berlin siempre resucita