DOMA DE CLAVILEÑO
Por Jesús García Calero
Fáctico: 1. Perteneciente o relativo a los hechos. 2. Fundamentado en hechos o limitado a ellos, en oposición a teórico o imaginario (DRAE) El caballo tendrá el nombre de un sueño, aunque en su etimología arraiga la materia, el leño, del que se hizo; así como el artificio, el mecanismo, la clave que lo mueve. Basta aferrar la clavija para que su jinete vuele a lomos de la imaginación, pero también, y por lo mismo, basta que su jinete arranque para que la imaginación de los otros cobre cuerpo y las chanzas y burlas meramente imaginadas se conviertan en pura y dura realidad. Porque existe siempre un riesgo cuando jugamos con la maquinaria que permite volar al pensamiento y arder la pólvora de nuestros deseos, de nuestros fantasmas, en todas las direcciones, ya que está prendida con las llamas de algún fuego interior e incontrolable. Por todo ello, el caballo, sin duda, tendrá nombre de sueño. ¿De dónde surge Clavileño? ¿Viene esta criatura directamente de la Guerra de Troya, como se teme Don Alonso Quijano, quien por una vez recupera en un destello la lucidez de sus antiguas lecturas e intuye que el ingenio que se le muestra bien podría ser una trampa, en la estirpe del caballo troyano, cuya panza estaba repleta de enemigos y supuso la ruina de Ilión? Algo de verdad habría encontrado Don Quijote en ese rapto lúcido si hubiera seguido adelante con sus pesquisas, pues el vientre de Clavileño estaba repleto de crueldad pirotécnica; la que después del vuelo, quién sabe si real o imaginario, les hizo morder el polvo de verdad a él y a su escudero. Porque a veces los sueños más altos tienen el mismo sabor de la tierra. Paladión llama Don Quijote al caballo troyano, confundiéndolo, como era común en la época cervantina, con la estatua de la diosa Atenea que guardaba la ciudad homérica, aunque pocos en aquel tiempo sabían que la imagen del Paladión representaba en realidad a la joven Palas, una amiga de la infancia -y casi gemela, por su apariencia- de la diosa griega. Además, muchos desconocen que la estatua la había realizado la propia Atenea con sus manos, como una especie de penitencia olímpica. Porque Palas murió atravesada por la divina lanza de su amiga cuando Zeus la cegó durante un duelo amistoso, asombrado y temeroso del potencial de su parecido con la diosa. Hay un juego de espejos que anida en este mito griego y que cabalga bien sobre los lomos de nuestro caso.