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Two roads diverged in a wood, and I took the one less traveled by, and that has made all the difference. Robert Frost, US poet, 1874 – 1963.


¿Qué es esto? Esta revista recoge una selección de las 500 entradas de los blogs de la asignatura de Filosofía en 1º de Bachillerato Minorías creativas y Tras la caverna. Esperamos que la disfrutes y tú también te animes escribir.

¿Por qué mi madre es la mejor del mundo? José María Serra Bellver Esta entrada ha sido para mí un verdadero quebradero de cabeza. Una de las principales razones es que siempre que intento escribirla, no encuentro las palabras adecuadas para ello, ni las ideas, ni nada por el estilo. Lo único que hacía era escribir y luego borrar lo que había escrito, ya que no me parecía ajustado a la realidad que trato de plasmar. Supongo que todos os preguntaréis:”¿Cuál es el problema de hablar sobre tu madre?”. Yo no conozco la situación personal de cada familia, pero en mi caso es difícil porque ella está muerta. Mi intención es honrar su memoria en esta entrada, ya que para mí lo fue todo,: me dio cariño y atención a pesar de tener otros seis hijos. También porque yo solo tenía doce años cuando murió, y me marcó para el resto de mi vida. Yo no estaba preparado para perder a mi madre. Por esas razones, he dejado atrás cualquier tipo de perfeccionismo y paso a hablar de lo que representaba para mí. Siempre la madre es muy especial para todos los hijos, pero el hecho de que entre todos tus hermanos, que me sacan más de nueve años todos, se concentre en ti, crea una relación de amor irrompible. Era perfecta, dentro de lo que puede ser un ser humano, y toda descripción acerca de ella es poca. Era mi universo, hasta que me despojaron de él, dejándome como única salida aceptar este hecho y madurar. Duele que me olvide de ella algunos días, pero cuando me acuerdo de ella es duro, pero a la vez reconforta saber que aun la sigo queriendo, sin importar la cantidad de años que pasen. No detestéis a vuestras madres porque no os dejen salir, o se enfaden y os echen una bronca, porque en el fondo, es uno de los mayores bienes que podéis tener en la vida terrena.


Vivir en una familia numerosa. Pablo Guerrero Alzola Soy el décimo hijo de mis padres. Mi familia está formada por mi padre, mi madre y quince hermanos, cuatro de ellos esperemos que en el cielo. Cuando empiezo a contar situaciones cotidianas que ocurren en mi familia, la gente se queda pasmada, y es ahí donde me doy cuenta de que algo no concuerda. Yo pensaba que hacer túneles en el jardín era lo más normal del mundo y, en mi inocente cabeza pensaba, ¿quién no ha hecho alguna vez fuego en una barca situada en mitad de la piscina y ha bailado alrededor de ella? ¿Quién no ha cantado canciones con dos guitarras a la luz de la luna y de las amarillentas llamas de una hoguera? ¿Acaso no era normal eso de hacer bombas y experimentos extraños aunque luego las consecuencias fueran catastróficas? Y cuando contaba que ese día nos habíamos levantado a toque de corneta no entendía la cara de asombro de mis compañeros. Yo pensaba que hacer auténticas películas de dos horas era una cosa corriente que ocurría en todas las familias y ¿quién no iba a tener un periódico interno para informar de lo que pasaba dentro de la familia? Todas estas preguntas se han ido respondiendo según pasaba el tiempo. Y según pasa el tiempo te vas dando cuenta de que quizá los amigos son la familia que tú eliges pero la familia no la eliges tú, y esto le da un toque tan misterioso a la naturaleza… Esta familia numerosa me ha tocado a mí y solo a mí (bueno, y a otras catorce personas más). Vivir en una familia numerosa no es fácil, sobre todo cuando se es mayor. Mis mayores nos cuentan cómo lo pasaron cuando aún yo no había nacido. Había que estar todo el día haciendo cosas en la casa, desde planchar hasta hacer cemento para colocar mejor el suelo. Yo viví parte de esa época porque en casa nada es definitivo. Hay una especie de atracción de mis padres por cambiar los muebles de sitio y por tanto siempre estamos moviendo sillones de un lado para otro. Esa es la parte mala (o buena según se mire). Vivir en una familia numerosa es la mejor experiencia que un ser humano puede experimentar. Vivir en una familia numerosa ya de por sí te enseña a ser valiente en la vida, generoso con los demás, amable con tus hermanos. Te enseña a dar un beso a tu hermano cuando te has enfadado con él. Es capaz de hacerte comprobar que aunque estés enfadado con un hermano, cuando lo necesitas siempre estará ahí, y si no está ahí, tendrás a otros trece que te respalden. Te enseña el valor del sacrificio y del esfuerzo, el amor por el trabajo. Todos esos valores que, debido a mi inexperiencia no sé si se podrán conseguir en una familia normal, en una familia numerosa están garantizados. Estas palabras que me han salido del corazón van dedicadas a mis padres. Cuando eres pequeño dicen que a tu padre le consideras un superhéroe y, según entras en la complicada edad de la adolescencia, le vas teniendo menos en cuenta. Para mí, mi padre siempre será un ejemplo de tenacidad, constancia y paciencia. Creo que no me sorprendería si viniese una persona a decirme que mi padre no es una persona, sino que es un “algo” que ha venido de algún sitio lejano, y que gracias a eso es capaz de soportar todas las responsabilidades que ha ido recogiendo por el camino de la vida. ¿Y qué decir de mi madre? Pues que no sé cómo lo ha hecho. Si ya de por sí es difícil educar a una familia de tres hijos, cuánto más a una de once. No solo me educó en valores, sino que me enseñó a leer (yo nunca he ido a una guardería), me enseñó a pintar radiadores, me enseñó a limpiar coches y un larguísimo etc. Como se puede comprobar mi madre es una mujer práctica. Solo hay una cosa que quiero decir antes de terminar. GRACIAS.

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Mi manta, mi escudo Pablo Mingote Lladó ¿Nunca habéis tenido una sensación de desprotección total cuando un pie se asoma por fuera de la sábana? Hablo en nombre de todas aquellas personas que no pueden dormir sin algo encima que les cubra todo el cuerpo. Tranquilas, no estáis solas, yo soy igual. Para los que nunca hayan experimentado esta sensación les describiré cómo es la situación: Te vas a tu cuarto, apagas la luz y corriendo te metes en lo más hondo de tu cama, debajo de innumerables capas de sábanas en invierno, una o dos en verano. Descuidadamente se te escapa un pie por el final de la cama exponiéndose al frío y oscuro exterior. Al instante, una sensación de frío seguido por una sensación total de desnudez te llega a la mente. Tiemblas. Un escalofrío. “Seguro que hay algo, alguien, un monstruo debajo de mi cama, un nazgul, gollum, un asesino en serie que ahora mismo va a aprovechar mi desprotección para matarme” -piensas. Rápidamente te tapas el pie que ha quedado fuera de la sabana y vuelve tu calidez al cuerpo y a la mente. “Ya no pueden matarme, estoy cubierto por mi manta” vuelves a pensar. Supongo que en ese momento la lógica no entra en acción, simplemente tu sensación de frío o de tener un pie destapado te hace sentir completamente vulnerable, pero… ¿ALGUNA VEZ HAS SIDO INVULNERABLE? Vamos, que ahora que estás debajo de la manta el monstruo no te podrá comer el pie, el cuchillo no podrá atravesar la gruesa capa de sábana que se interpone entre su hoja y tu piel, no pueden tocarte, nadie, es tu refugio infranqueable. ¿Es una verdadera “fobia”? Como padecedor de esta “fobia” puedo hablar con la experiencia de mi lado, realmente no sé por qué se produce, pero sé que es terriblemente incómoda si eres lo suficientemente alto como para que tus pies siempre sobresalgan de tu sábana, pues esta sensación no te deja dormir hasta que tienes el susodicho pie tapado. Sé también que, una vez los tienes tapados, tu cerebro experimenta una gran satisfacción y seguridad o sea que realmente no es una fobia, sino una especie de hábito que tienes que cumplir por costumbre sí o sí. Por mucho que intentes sobreponer la razón, a tu cerebro le dará igual, el pie tiene que estar tapado por narices y si no no me duermo porque me matan. Mucha gente pensará que estoy loco. Obviamente ellos no lo padecen pero los que la sufrimos sabemos de lo que hablamos. Evidentemente cada uno tiene este hábito en mayor o menor medida, lo que significa que para unos será un dedo del pie, otros el pie entero, otros una pierna, y otros no la tendrán. Realmente los envidio y a la vez pienso que me deberían envidiar, no se imaginan lo que se siente al tener tu superhipermegarrefugio a prueba de bombas en tu casa y estar cómodo y dormir en él y sentirte seguro, verdaderamente seguro.


¿Normal o habitual? Pablo Cuesta García Últimamente he estado reflexionando sobre nuestro vocabulario. Cuando digo NUESTRO quiero decir con el que utilizamos hoy en día los jóvenes. Estaba yo sentado en la parte trasera del autobús cuando un chico de aproximadamente dieciocho años se sentó en el asiento contiguo al mío. Sonó su móvil y empecé a escuchar su conversación. Al principio no me sorprendieron nada las expresiones o las palabras que utilizaba, pues yo de vez en cuando también hablaba así, hasta que me di cuenta de lo raro que se me hacía escucharle. Solo oía su parte de conversación, por lo que se me hacía más raro aún:” sí, sí… debuti… sí tío… eso te renta… pero mazo eh… te renta mazo… píllame un para… bueno, luego le dices que se rule unas… vale debs… perfe, yo le digo… vale mazo gracias tronco… sí macho… debuti… sí tío… va va debuti… Hasta lué. Esto me hizo pensar que hay veces que tienes que ver de lejos lo que haces diariamente para darte cuenta de nuestros “errores”. A veces vemos las cosas tan de cerca que parecen normales, pero no hay que confundir lo normal con lo habitual.

Cosas de la infancia Álvaro Álvarez Álvarez-Rementeria -La noche de Reyes quedarte despierto para verlos. -Jugar a saber lo que decía otro bajo el agua de la piscina.

-Subirte a un carro de la compra. -Tener miedo de ir al baño por si te encontrabas con el fantasma que había. -Peleas contra el sexo opuesto. -Montar una ciudad playmobil. -Intentar hacer una chilena de Oliver y romperte el cuello.

-Hacerte el dormido para que tus padres te lleven a la cama. -Saludar a un avión. -En verano salir después de comer y llegar a la hora de cenar. -Sentirte un ninja al esquivar la zapatilla que te tiraba tu padre.

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Queridos profesores… Martín Velarde Falcón Queridos profesores,

Pido disculpas públicamente. Será que envidian mi moreno o quizá es porque más de uno se ha llevado a casa algún que otro ‘caño’ al intentar quitarme el balón por jugar en clase. No lo sé… Aunque si de algo deben ustedes estar hartos es de oír ritmos por aquí, ritmos por allá, que si en la silla, que si en la mesa, que si en la cabeza del compañero de delante, etcétera. Muchos de ustedes han perdido la paciencia conmigo, han tenido que parar la clase para llamarme la atención, apuntarme en el parte, mandarme a por un autógrafo del jefe de sección, o incluso perdido el juicio y lanzado tizas a la cara, sin ningún tipo de piedad, como si de un ‘pitcher’ de béisbol se tratara. Y además, siempre por la misma razón… ¿verdad? Sí, lo admito. El de los golpecitos constantes en la mesa soy yo. Es como pedirle a un pez que no nade, pedirle a Fernando Alonso que gane con ruedas cuadradas o pedirle a Álvaro Arbeloa que juegue un partido brillante con las botas del revés (bueno, puede que este ejemplo no sea válido). Cuando uno es batería de grupo, el cuaderno más voluminoso del que uno dispone pasa a ser el bombo, el estuche y la calculadora pasan a ser los timbales, las patas metálicas de la silla los platillos, y el lápiz y el boli azul pasan a ser las baquetas.

Tienen que entenderme. A mí no se me puede pedir que me esté sentadito de bracitos cruzados, quietecito en mi silla. Lo siento de verdad, y por ello todo aquel profesor que lo desee tendrá reservada su entrada para el próximo concierto que haya, siempre y cuando paguen el doble, algunos incluso el triple, de lo que cuesta en realidad, aquí sin rencores. Un abrazo y un cordial saludo, Martín

Mis prioridades Carlos Lobejón Yravedra Mis prioridades en la vida son: Lo siento, empieza el partido de Champions. Hasta otra.


8 frases que deberíamos temer de una mujer Luis Velo de Sebastián Siempre se ha dicho que la mayoría de la información cuando estamos hablando se envía a través de los gestos y expresiones en vez de en las propias palabras. Pero aquí da igual, hay una serie de frases que independientemente de la situación o contexto te van a hacer temblar. Y mucho. 1. Da igual, déjalo: se traduce por un “como no me preguntes e insistas, la ira de Zeus caerá sobre ti”. Así que por tu bien, no lo dejes pasar, algo habrás hecho. 2. Hablamos después: tras metedura de pata, y de las gordas. Ese comentario que sonaba tan ingenioso en tu cabeza para ella no lo era tanto. 3. Nada, no importa: IMPORTA y mucho. Probablemente no tengas tú la culpa, quizá sea una bronca entre amigas pero si te dice esa frase, amigo, te toca preguntar el motivo. 4. Tú sabrás: imprescindible en la lista. LA FRASE. Hagas lo que hagas estará mal, pero recuerda, lo que tengas en la mente olvídalo, haz todo lo contrario y quizá eso te salve. 5. Como quieras: frase trampa. No la creas. Menos aún si te lo dice afirmando con la que cabeza. Sabes de sobra que no será lo que tú quieras, será lo que ella quiera.

6. Cinco minutos: no hace falta explicar que el concepto temporal de las mujeres es distinto al del resto del Universo. Cuando te hablen de minutos, a la cifra que ella diga añade 40 más (mínimo). 7. Tenemos que hablar: no habrá terminado de decirlo y ya estarás temblando, y lo mejor de todo, la habrás pifiado tú y ni lo sabes, o habrá sido ella la que ha hecho algo y tiene que contártelo.

8. OK: témelo siempre. Un Ok de un colega es un OK de toda la vida y no hay más. Si viene de una mujer… peligro, lo utilizará para terminar una conversación y pasar del tema.

Las teclas Las teclas más usadas en los trabajos del colegio:

Alvaro Pampillón Alonso de Velasco

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ESAS FRASES MÍTICAS JUGANDO AL FIFA Rafael Masoliver Oñoro ¿Qué sería de todos nosotros sin el Fifa? Esas tardes de fifas con los amigos, en los días de lluvia, o simplemente aquellas tardes en las que no hay plan… Esta es una recopilación de esas frases que todos los fiferos hemos dicho alguna vez mientras jugábamos: 1. Cuando vas perdiendo por goleada y te echas hacia delante y dices: ¨venga ahora empiezo a jugar en serio¨. 2. Cuando se trata de una jugada clave, te roban el balón limpiamente y sueltas: ¨¡árbitro, eso es falta!¨. 3. Cuando te equivocas en un pase, te enfadas y dices: ¨obviamente no quería pasar ahí¨. 4. Cuando un jugador te mete un gol y sueltas la típica excusa: ¨es que está sobrevalorado en este juego¨.

5. Fallas una ocasión clarísima de gol y dices: ¨qué tío mas malo, no entiendo cómo puede fallar eso!¨. 6. Alguien entra en el cuarto en el que estas jugando en el momento en que fallas una ocasión y decirle: ¨la he fallado por tu culpa, que me has distraído¨. 7. Ir perdiendo 5-0, no haber tirado ni una vez a puerta y decir: ¨tío es injusto, te estoy dominando por completo, mira la posesión!”. 8. Perder contra tu colega y poner como excusa: ¨si es que este mando está roto¨.

9. Que te metan un gol utilizando el famoso pasa de la rata y gritar: ¨¡eres un tramposo tío, no vale el pase de la rata!¨. 10. Jugar un partido importante que te metan un gol y soltar al momento: ¨mañana mismo vendo este juego¨. 11. Empezar un partido y que justo te llamen porque has quedado, y decirle a tu amigo: ¨en dos minutos salgo, que no me queda nada¨.


Recuerdos de la Guerra Luis Wesolowski Valenzuela Queridos lectores: El 28 de julio de este año se cumplen 100 años del comienzo de la Primera Guerra Mundial. Me parecía apropiado dedicarle algo. No se trata tanto de una celebración como algunos lo están planteando, sino un memento por todas aquellas vidas humanas que murieron a causa de la codicia de los Estados. Perdonad que lo haga en verso, pero lo cierto es que la poesía me apasiona.

No puedo recordar aquella mañana. No, no sin que ellos vuelvan a mi mente. Aquellos hombres que morían y mataban, aquellos desgarradores gritos del frente. El soleado día comenzaba ensombrecido, ensombrecido por el velo de sangre y muerte. Aquel soleado día todavía hoy maldigo. Pues, por su culpa, jamás volveré a verte. ¿Quiénes son ellos para quitar una vida? ¿Por qué, Dios mío? ¿Por qué me atormentas? Mi alma se estremece de dolor, marchita. Hermano mío, hermano ¿dónde te encuentras? A tu muerte nada podía consolarme. Hermano, hemos triunfado en la guerra. Mamá preguntó por ti. ¡No pude salvarte! Le dije la verdad, que caíste en la contienda.

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Tus padres vs Tú (tanda de penaltis) Gonzalo Ruiz Toribio Todos tenemos esa tanda de penaltis con nuestros padres para hacerles la siguiente pregunta: ¿Puedo salir esta noche? El penalti lo marcamos o no según el momento en el que se lo preguntemos. Estos son los penaltis que componen la tanda: 1) Primer penalti: Fin de semana normal, sin nada especial. Este penalti lo marcas porque tus padres no tienen ninguna razón para no dejarte salir, sin embargo ellos tampoco lo fallan, ya que, aunque te dejan salir, te ponen una hora de llegada muy por debajo de tus expectativas. 1-1 2) Segundo penalti: Fin de semana que por alguna razón quieres salir hasta más tarde de lo normal. Tienes dos opciones: pedirles a tus padres que te dejen más hora, en cuyo caso te dirán que no, o decirles que te vas a dormir a casa del amigo al que más hora le dejan (obviamente esto último no se lo dices). Suponiendo que eres inteligente y usas la segunda opción: 1-2 3) Tercer penalti: Fin de semana previo a los examenes de evaluación. Este penalti no lo luchas mucho, ya que a muchos amigos tuyos no les dejan y además sabes que tus padres, en este caso, tienen razón. 2-2 4) Cuarto penalti: No tienes cómo volver. Has preguntado a todo el mundo y nadie te puede llevar a casa y no estás dispuesto a pagarte un taxi tú solo. Tus padres te dicen que puedes salir pero que a tal hora tienes que estar en casa. Está claro, no sales. 3-2

5) Quinto penalti: Este es el penalti favorito de todos los adolescentes: ¡Tus padres se van de Madrid todo el fin de semana! Es tu momento de gloria. Tiras el penalti a puerta vacía. 3-3 6) Sexto penalti: Entramos en los penaltis de vida o muerte. Este penalti es diferente a los demás, ya que hay mano negra. Fin de semana después de la entrega de notas. Perdón lo he dicho mal, ya que por alguna razón las notas no son entregadas antes de un fin de semana normal y corriente, sino que, por alguna casualidad, siempre, y cuando digo siempre es ¡siempre!, las notas son entregadas antes de un puente o unas vacaciones. En condiciones normales este penalti lo tiras a las nubes y te quedas sin salir mínimo ese puente y un fin de semana más, pero hay una posibilidad, ya sea por pelota o porque eres superdotado o porque has estudiado, de que hayas sacado buenas notas, en cuyo caso puedes salir sin ningún problema hasta las próximas notas. Esta segunda opción es equivalente a aquella acción de Antonín Panenka que dio a Checoslovaquia la Eurocopa de 1976. Tú verás cómo tiras este último penalti…


Caída de la red Pablo Guerrero Alzola El fin de semana pasado hubo un gran desconcierto ante el cese temporal de la red social Whatsapp. Fue un apagón tecnológico de apenas cuatro horas. Cuatro horas que para algunos parecieron eternas. Nada mas caer la red ya había gente comentando por Twitter el nuevo hallazgo y lamentándose de tan desesperada situación. Ahí me di cuenta de que el ser humano es un individuo social. Pero ¿dónde han quedado esas llamadas telefónicas a los fijos de la casa de tus amigos? ¿Ese grito de insistencia de la madre para decirle a su hijo que le están llamando? ¿Y qué decir de esa pequeña espera incómoda entre que tu amigo era avisado y cogía por fin el teléfono? Todas esas cosas se han perdido. Muchos pensarán que ahora todo es mucho más rápido pero ¿qué pasa cuando cae el sistema? La gente ya no sabe qué hacer, se queda atada de pies y manos porque se le ha quitado todo aquello en lo que se basaba su vida. El fin de semana pasado la gente salió por donde salían nuestros padres, por el barrio. Yo a veces me pregunto ¿cómo sería un mundo sin móvil? ¿Acaso subiría la media de las notas? ¿Saldría mas gente inteligente? En mi casa no tenemos tele y cuando la gente se entera me pregunta con escepticismo, pensando que es una broma, y asombro ¿Y QUÉ HACES EL RESTO DEL TIEMPO? La verdad es que esa pregunta la hago yo también a la gente que me dice que no tiene móvil. La elección que surgió en mi casa de no arreglar la televisión ha sido una de las mejores que he votado, pero si la gente piensa que una vida sin tele es inconcebible… ¿por qué yo veo que una vida sin móvil pueda resultar costosa? Por la misma razón que mis compañeros, que están locos por no tener televisión. Nos hemos acostumbrado a lo cómodo, a estar desparramados en la silla dejando que nuestra mente se encargue de hacer oraciones simples sin ningún tipo de complejidad en mensajes de texto en la pantalla de un móvil, y cuando por fin tenemos algún momento de liberación tecnológica de la mente ¿qué sucede? Colocamos dos tapones en las orejas que nos llenan la cabeza de música, una música que nos impide pensar con claridad y por eso creo que a esto se debe el pasotismo de la sociedad actual. En la antigua Roma para tranquilizar al pueblo daban pan y circo. Hoy en día pon fútbol y pantallas y tendrás la paz social asegurada.

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¿Quién va antes, él o yo? Gabriel Miquel Uzquiano Esta es una historia real que me sucedió hace un par de meses. Estaba saliendo un sábado a medianoche del cine con los amigos y todo fue normal: subimos a un taxi y nos dirigimos cada uno a su casa. Cuando estaba haciendo cuentas para pagar al taxista se me ocurrió sacar el móvil para hacer cuentas (soy de letras y no me fío mucho de mi cálculo mental). Y busqué en un bolsillo y en otro. Chaqueta y pantalones. No aparecía. Efectivamente, se me había olvidado en el cine. Por suerte había guardado bien la entrada y sabía en qué butaca me había sentado. Al día siguiente llamé al cine y pregunté por mi teléfono. Me dijeron que no sabían nada, pero que lo buscarían. Les di el teléfono fijo para que contactaran conmigo si aparecía. El primer día que estuve sin móvil me pareció horrible, me creía un tipo aislado y marginado. Estaba de mal humor y aburrido. Al segundo día seguía preocupado, pero no tanto como el primero. Al tercer día me levanté y mientras desayunaba empecé a pensar en las cosas que tenía que hacer ese día. Pero me acordé de todas las veces que había hecho lo mismo y de las pocas veces que había cumplido todo lo que me proponía. Pero será porque soy muy cabezota o por lo que sea, el caso es que seleccioné unas cuantas tareas para ese tercer día. El día fue intenso y se me pasó muy rápido. Por primera vez me había dado tiempo a hacer todo lo que quería. Y lo que es más: ni siquiera me había acordado del móvil en todo el día. Esto último me hizo pensar mucho. ¿Será verdad lo que me dicen mis padres sobre el abuso del móvil? No, claro que no, pensé. Yo pensaba que mientras lo usase para entretenerme sería una ventaja. Pero esos días que no tuve móvil me entretuve como el que más, reí y sonreí como pocas veces lo he hecho. Quedaba con mis amigos lo mismo que habiéndolo tenido, o incluso más. ¡Vivía feliz sin móvil! Cuando pasó una semana empecé a pensar si en realidad se necesita el móvil. Yo personalmente no, me dije. Había cambiado de opinión en una semana. Pensé en lo imprescindible que es en la sociedad actual, en su utilidad en la vida diaria. Pero también en la cantidad de tiempo que nos pasamos mirando la pantalla sin parpadear. Me parecía demasiado tiempo. Descubrí que el móvil es una herramienta secundaria. Estos pensamientos se los comenté a mis amigos y al principio pensaron que estaba loco, pero acabaron por darme la razón. Que me dieran la razón me llenó de alegría y me sentí orgulloso. Dos días después llamaron por teléfono a mi casa. Eran los de Kinepolis. ¡Habían encontrado el móvil Yo pensé que era buena suerte, pero les dije: gracias, en dos días iré a por él. Me había gustado la idea de estar 9 días sin móvil. Pero preferí estar 11.

Cuando lo recogí volví a casa y comencé a usarlo lo suficiente. Y me sobraba tiempo para realizar todos mis propósitos diarios. Vivía yo, y en mi bolsillo había un móvil; no en mi mano. Y me gustaba. Compartiendo esta experiencia os animo a pensar sobre el uso del móvil y los aparatos electrónicos en general. A pensar cómo podemos optimizar su uso. No es tan importante como parece, os lo aseguro. Para los que creáis que lo usáis demasiado, no se necesita perderlo en Kinepolis para empezar un nuevo uso. ¡Es mucho más sencillo! ¡Mucha suerte, valientes!


Síntomas a la hora de apostar Luis Velo de Sebastián • Apuesto hasta que no me queda más dinero en los bolsillos. • Persigo mis pérdidas para recobrar el dinero perdido. • Veo el apostar como una oportunidad real para hacer dinero. • Apuesto más de lo que tenía previsto. • Miento para cubrir la extensión de mis apuestas. • Fallo en los múltiples intentos para reducir mis apuestas o dejar de apostar.

• Menor productividad en el trabajo. • Necesito gastar más dinero para sentir la misma “emoción” en las apuestas. • Tengo problemas para dormir porque estoy pensando en apostar. • Experimento sentimientos de desesperación y miedo. Mucha gente tiene adicción a otras muchas cosas (tabaco, alcohol, drogas…). A diferencia de estos, yo, hoy día 25 de marzo prometo no volver a apostar. Si tienes algunos de mis síntomas te recomiendo recapacitar y pensar. Muchas gracias a todas aquellas personas que me han ayudado a dejar esta adicción y en especial a… él lo sabe bien.

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Aquí y ahora Juan Tello Sánchez-Cortés Iba yo por la calle, cuando me encontré ante un semáforo que acababa de empezar a parpadear. Decidí cruzar, apurando al máximo el tiempo para que se pusiera en rojo. Junto a mí, un joven que paseaba junto a su perro. El animalillo decide que aquel es el mejor momento para hacer sus necesidades: ahí, en medio del paso de cebra, con el semáforo a punto de consumirse, con todos aquellos coches esperando su turno para circular. Inmediatez. Aquí y ahora. No penséis que esto sólo lo hacen los cánidos de vejiga fácil. Nosotros también. No aceptamos un no por respuesta, queremos ver nuestras necesidades satisfechas lo más rápido posible. ¿O acaso nunca has hecho un encargo por Internet esperándolo, como tarde, para el día siguiente? “¡Qué decepción! Llegará en una semana.” Ejemplos como este los vivimos todos los días en nuestra piel. Sé que es duro, pero nos estamos convirtiendo en animalillos maleducados e impacientes.

¿Cuánto cuesta…? Pablo Rubio García-Rozas Esta mañana enciendo el móvil y busco en Google: cuánto cuesta… ; y antes de escribir “pintar una guitarra” me encuentro con que Google había intentado predecir lo que yo iba a escribir. Os preguntaréis que a qué viene esto, y esta nueva entrada se debe a que ,como primera opción, Google proponía que yo buscase: cuánto cuesta abortar. Dejando a un lado mi búsqueda, acepté la “recomendación” , y me sorprendió ver que existen casi 500.000 paginas web sobre el aborto y que Google las hubiese encontrado en menos de medio segundo (0,27 segundos). Después de mi sorpresa, no me quedé de brazos cruzados y busqué: cuánto cuesta tener un hijo; no me esperaba lo que leí, Google había encontrado 44.900.000 resultados que llevasen esta frase y en el mismo tiempo que mi anterior búsqueda. Después de leer el primer artículo que salía sobre cuánto cuesta tener un hijo, me puse a pensar, y llegué a la conclusión de que hoy en día se prestan más servicios y ayudas a promover la destrucción de la familia que al progreso de ésta. Ya que según Google, las recomendaciones que el buscador te ofrece derivan de las más buscadas, vemos claramente: 500.000 páginas sobre el coste económico de abortar; y 44.900.000 sobre el coste económico de tener un hijo. Para concluir quiero dar las gracias a todos nuestros padres y madres de haber escogido la opción aparentemente más difícil pero también la más sensata.


A todos nos ha pasado Javier Acevedo Monar No eres persona si no has mantenido las siguientes conversaciones con tu madre: (Antes de empezar a leer, imagínate cada situación y entona cada frase como realmente la diría tu madre). 1. ¡Mamá! ¿Qué hay de comer? –Comida. 2. Bueno hijo, ¿qué tal la fiesta? ¿Con quién estuviste? -Genial mamá, con los de siempre. ¿Y quién son los de siempre? –Pero mamá… ¡Los de siempre! Mis amigos de toda la vida. –Responde, venga. 3. Después de escribir un largo párrafo por whatsapp explicando algo realmente importante tu madre te contesta con simple: Ok. Vale. 4.Mamá, ¿y mi balón? –En su sitio, hijo. –Que no, ¡que no está! –Como vaya yo y lo encuentre… 5. Mamá, ¿Puedo ir a …? –No. –Pero mamá, ¡si no me has dejado ni acabar! –No. 6.(Hay espinacas para comer) –Mamá, no tengo hambre. –Pues te las tomas para cenar, y si no ¡para desayunar! 7. Te dispones a salir de casa para ir a comer a casa de un amigo y tu madre: Sé bueno hijo, pon la mesa y ayuda a recoger –Que sí mamá… –Y ¡da las gracias!

8. Mamá, mañana tengo una fiesta. –¿De quién? ¿Dónde? ¿Hasta que hora? Dame el número de los padres. 9. Que mal me encuentro mamá. –Tómate un ibuprofeno. 10. (1ª versión) –Mamá, ¿ puedo ir a la fiesta del viernes? –No, lo siento. –Pero es que, ¡todos mis amigos van! –Y si tus amigos se tiran por un puente, ¿tú también? 11. (2ª versión) –Mamá, ¿puedo ir a la fiesta del viernes? –No, lo siento. –Pero es que, ¡Todos mis amigos van! –Mientras estés bajo este techo seguirás mis reglas.

12. Quiero un perro, mamá. –Muy bien, cuando vivas en tu propia casa te lo compras. 13. He sacado un 3, pero da igual, toda clase ha suspendido. –¡A mí el resto me da igual! Mal de muchos, consuelo de tontos. 14. Pero ¿tú que te crees? ¿qué soy tu taxista? 15. En esta casa, la que única que trabaja ¡soy yo! ¡No me he sentado en todo el día! 16. Te acabas de levantar y… ¡Buff mamá! Que mal me encuentro… –Venga ¡anda!, al colegio.

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Nadie me quiere Javier Jáudenes Baillo No me quieren en esta casa. Solo puedo comerme los restos de la comida que dejan ellos, y eso si se dignan en dejarlos en un sitio de fácil acceso. Cada vez que me ven se ponen a chillar como si hubieran visto el mal en persona, y se apartan al pasar por mi lado. Incluso a veces me han querido asesinar. Decidido. Mañana me voy de esta casa y empiezo a buscar otra en que no les moleste mi presencia. No es fácil ser una cucaracha, y menos cuando eres familia numerosa.

Mis gafas Gonzalo Ruiz Toribio En efecto, soy un gafotas. Tiene sus desventajas ser un gafotas: ponerse las lentillas todos los días; los ojos te duelen de tanto llevar las lentillas puestas; llevar las gafas en casa tanto tiempo que se te queda la marca en la nariz y muchas otras desventajas. Yo soy miope, pero, a pesar de todo eso, me encanta ser un gafotas miope, me encanta disfrutar mi vista. Si nunca has llevado gafas no sabes realmente lo que es ver, no has disfrutado nunca de ver porque toda tu vida has podido ver perfectamente. Cuando tienes una miopía decente, en el momento que te pones las gafas o las lentillas ves, ves todo como nunca lo va a ver alguien que no sea miope, porque el que no es miope no sabe lo que es no ver.

A mí me pusieron gafas en tercero de eso, empezaba a percibir mal y era incomodo, pero en el momento en que me puse las gafas disfrute de la vista, disfrutaba mirando un edificio y pudiendo distinguir los ladrillos, un edificio que sin gafas no parecía que tuviese ladrillos. Hay que saber disfrutar de las cosas más comunes: andar, hablar, escuchar, ver, etc, porque hay gente que no puede hacerlas, hay gente que no sabe lo que es hacer esas cosas. Puede que tú algún día no puedas hacer esas cosas. Disfruta de lo que tienes porque puede que algún día no esté ahí.


¿Por qué estoy en BI? Pablo del Nido Recio Muchos nos hemos preguntado durante el curso por qué estamos aquí ya que nos hemos visto presionados con muchas cosas y vemos que el trabajo realizado no se refleja en las notas. Quizá a muchos se os hayan pasado por la cabeza alguna de estas preguntas: ¿Por qué me meto en BI si … … sé que mandan muchos trabajos y actividades laboriosas? … estoy a tope de cosas y no me da la vida? … sé que el nivel de exigencia va a ser mayor? … no voy a tener vida social ya que voy a estar todo el día estudiando? … me van a tachar de friki y empollón?

… me voy a codear con gente antisocial? … todo el mundo va a estar amargado por todo lo que tiene que estudiar? … damos cosas de un nivel superior y yo no estoy al alcance? … todas las conversaciones siempre están relacionadas con el estudio? … el listón de publicar una entrada está muy alto? Pues la respuesta a todas ellas es sencilla, DESEO DE APRENDER.

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¿Qué es el postureo? Adolfo Rivas Toribio Estos últimos años están apareciendo diferentes modas en el mundo de internet y las redes sociales. Algunos ejemplos los hemos podido ver con el famoso “Ola k ase”, el baile del “Gangnam Style” o el último de todos, el “Harlem Shake”. Sin embargo, durante el año pasado, y aún este año, se está dando otro fenómeno conocido con el nombre de “postureo”. La palabra postureo no la podemos encontrar en la RAE, se trata así de uno de los numerosos términos creados y propagados gracias al mundo de las redes sociales. Postureo no tiene una definición clara, se considera una actitud. Es algo que se tiene o no se tiene, pero intentaré explicároslo: Postureo es dárselas de algo que en realidad no eres o simplemente exagerarlo de cara a la gente. Dicho de otro modo, postureo se convierte en un arte que consiste en aparentar y posar ante los demás. Esto es algo que se da más entre los jóvenes, dónde todos los que lo realizan son los conocidos “posturas”. Sin embargo, esto del postureo no es algo nuevo, de alguna manera siempre ha existido, pero nunca habíamos tenido tantas herramientas para practicarlo como las que nos ofrece hoy en día internet. Te pondré algunos ejemplos claros de postureo que se están dando actualmente. Si te sientes identificado con algunos de ellos he de decirte que estás hecho un “posturas” más amigo: • Cantar una canción en inglés sin tener muy claro lo que estás diciendo.

• Abandonar el primero un grupo de whatsapp para que la gente vea que eres una persona ocupada. • Tener un pepinaco 4G para whatsapp y poco más. • Pensar que tienes que estudiar, decir que tienes que estudiar, postear que tienes que estudiar. Y sí, no estudiar. • Esperar a que alguien se levante para entregar el examen, para poder hacerlo tú. • Profesores que se hacen twitter y se creen cercanos a sus alumnos, pero no. • En clase de inglés, poner cara de entender el listening pero no. • Ir a correr y dar saltitos esperando al semáforo. • Decir no tengo un duro cuando te proponen algo que no te apetece. • Gente que juega a las palas en la playa como si estuvieran en la final de Roland Garros. • Dejar de leer mensajes en whatsapp para no aparecer en línea. •Hacer entradas como ésta te convierte también en un “posturas”.


LA CULTURA DE LA QUEJA: UNA PERSPECTIVA ADOLESCENTE PREMIO FILOSOFÍA HOY 2013: VERDAD Y LIBERTAD Jaime Stein González Estarán de acuerdo en que no es lo mismo para un adolescente dedicar una tarde de sábado a salir con sus amigos que ir a visitar a sus primos pequeños en un plan familiar. Cuando ves que el plan va en serio, no es raro que se te escape un: “Yo me quedo” “¡Yo tengo mi vida!”…”Que sepáis que no os pienso dirigir la palabra”. Esto supone en el fondo un ejemplo muy simple de una fiel garrapata que nos visita con el despertador, y nunca se va realmente hasta que tienes la voluntad suficiente para echarla de tu casa, cuando te das cuenta de que no todo es perfecto y no tiene por qué serlo. Con este trabajo mi intención es desgranar lo que compone a la queja adolescente y ofrecer una salida orientada a la verdad. La queja es una crítica apelativa a nuestra realidad. En el momento en que uno acepta libremente los supuestos de su vida, sus circunstancias personales, es cuando se adapta mejor al medio. Tenía razón Ramón Llul cuando afirmaba: “El que no se posee a sí mismo es extremadamente pobre”, y es que el correcto ejercicio de la libertad orientado a la verdad requiere autodominio. Requiere el previo conocimiento de que los actos son más redondos si se piensa antes de llevarlos a cabo, requiere saber que toda conducta tiene sus consecuencias, y que un hacer lo que me da la gana lleva a un desorden vital que nunca conseguirá ajustarse a nuestros objetivos de felicidad. Es de sentido común pensar que si una persona va a un restaurante en el que sabe que tardan en atender y servir disfrutará más de su estancia si charla con su pareja tranquilamente, que si está constantemente llamando la atención al camarero por la tardanza, nervioso por una situación que tiene poco remedio. La cultura de la queja está plenamente relacionada con la libre elección y con cómo nos posicionamos frente a las cosas. Una persona que vive sujeta a lo material nunca estará del todo contento pues sus deseos egoístas, aun cumplidos, nunca llenarán un alma que ansía mucho más. Sin embargo, el camino de la simplificación, el camino del que vive frente a las cosas limitará la queja a aquello que pueda hacer la convivencia más feliz a todos. Distinguimos por tanto distintos tipos de queja. Las no fundamentadas, que protestan sobre algo desde una postura opuesta a la verdad, y las fundamentadas, que protestan sobre algo desde la verdad. Estas últimas son las más frecuentes porque, como regla general, la gente no es imbécil. Todo suele tener un componente de veracidad. El elemento que determina el carácter de la queja es nuestra argumentación. Por ejemplo, en el caso descrito al comienzo de este trabajo el argumento que aporta el adolescente a sus padres no se ordena a la verdad. Ya que una de sus obligaciones es el obedecer y honrar a sus padres. No habla en vano la Declaración Universal de los Derechos Humanos cuando dice: “Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.”. Aunque no hace falta recurrir a la ONU para conocer un derecho al que se llega con el sentido común. De todas formas, hay francamente un abismo entre los dos subtipos de queja fundamentada. La queja por situaciones que consideramos no se corresponde con el orden esperado de la realidad o de nuestros objetivos - un examen, la hora de llegada a casa, el plan familiar, etc.-. Y la queja que, siendo crítica, aporta una solución optimista al problema y está abierta al diálogo; a la que denominamos queja constructiva.

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Con frecuencia se nos presentan en el día a día sucesos que merezcan posiblemente reproche, protesta, reivindicación. El mundo en general, y nuestro mundo adolescente en concreto, está lleno de imperfecciones y desencuentros con nuestras expectativas de independencia. A esto se le une una potente capacidad de llevar la contraria que misteriosamente se desarrolla en esta etapa, y que nos aporta una rapidez de respuesta a las contrariedades que da pie a constantes situaciones de protesta. “-¡Mamá! ¡Ellas no han hecho nada en todo el día! Y yo encima de que estudio toda la mañana ¿tengo que lavar los platos ahora? Venga ya… +Te he dicho que pongas el lavavajillas hace ya media hora ¿Cuándo piensas empezar? ¿Eh? - Y yo digo que no es justo, mamá. Espero que ellas lo pongan por la noche…”. En este caso puede sí estar fundamentada, pero la queja sigue sin aportar ninguna “solución” al dilema de lavar los platos. Y lo único que hemos conseguido es una mala conversación con nuestra madre y tener que limpiar la vajilla a regañadientes. Otra actitud similar puede darse en el colegio, cuando nos avisan de un examen el día antes. “- ¡Pero Don Pablo! ¡Qué injusticia! ¡Es que no vamos a tener suficiente tiempo para estudiar! – Esto ya es bachillerato, deberías estar preparado… tú verás cómo te organizas”. ¿Quién tiene razón en este caso? El denominador común de ambas situaciones es un ejercicio de la libertad que, ordenado o no a la verdad, no nos aporta nada y va en detrimento de nuestra situación en casa o el colegio. Y lo que se echa de menos es una actitud de aceptar lo impuesto en primer lugar. En el fondo de la queja constructiva debemos buscar un ingrediente de agradecimiento. Aristóteles decía que “el agradecimiento envejece rápidamente”, y darse cuenta de lo que uno debe a la persona a la que está replicando –nuestros padres, por ejemplo– es el camino a una queja libre más veraz. Obviamente exige también humildad y una disposición generosa. Nos daremos cuenta entonces de que quizá nuestra queja es inútil o caprichosa, o quizá refuerza nuestra teoría, y nos ayuda a llevar a cabo una propuesta inteligente que siempre conlleva esfuerzo. Me gustaría citar aquí el caso de una amiga mía que vive en el Estado de Michigan, y que un día decidió protestar por algo que se le antojaba injusto. Tiene 16 años y atiende clases en un Instituto público americano, donde era testigo del acoso que recibían algunos compañeros suyos – lo que en inglés se llama “bullying”-. Se quejó al director de su Instituto, pero este le dijo que ya hacían todo lo posible por frenar esto. Ella tenía la ilusión de poder acabar con esto y se lanzó a montar una campaña por las redes sociales. Grabó un vídeo con el lema “Everyone is someone” en el que instaba a todos a parar esta corriente de maltrato escolar cada cual desde sus circunstancias, que comenzaba con dejar de criticar a las espaldas, evitando un ambiente frívolo. Consiguió ir a enseñárselo al senador de su estado y al alcalde de su ciudad. La campaña está todavía en desarrollo. Es justo en el momento en que participas para que tu queja se materialice en práctica eficaz cuando la denominación de protesta se identifica con la de iniciativa. Tu libre búsqueda de lo mejor, lo justo, la verdad es perfecta cuando no sólo reivindicas que el cuadro se ha caído, sino que lo recoges del suelo. 1. Artículo 26, punto nº3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU. 2. Adjunto un link de la página en Facebook de la campaña: https://www.facebook.com/everyoneissomeonecampaign?fref=ts


¿Dónde está Cicerón? José Luis Escobar Rodríguez He terminado hace poco de leerme un libro sobre Cicerón y aun estoy tratando de digerirlo bien. Sin duda fue un personaje muy importante pero no tanto para su época como para la nuestra. Era un romano de provincia, famoso por sus escritos y con una extraña relación con Julio César, se respetaban y llamaban amigos mutuamente pero no se estimaban. Marco Tulio Cicerón fue uno de los grandes de Roma, que comenzaba a entrar en la época de los césares. Fue un famoso abogado, orador, filósofo y político muy desestimado en su época. ¿Y por qué? Porque defendía el interés de todos sin que todos se dieran cuenta de que lo hacía. Todos los de su época amaban a los políticos que se movían por su propio interés porque estos alimentaban al pueblo con espectáculos y comida gratis. Cicerón trataba de parar esto y por eso le odiaban. Fue asesinado pero su legado sigue hoy presente. Es curioso porque hoy en día nos encontramos en la misma situación que esa Roma: nos da igual lo que pase en la política mientras tengamos dinero fácil, comida rápida y pocas dificultades en la vida. La justicia carece de importancia, pero, ay si se comete una injusticia contra nosotros. La diferencia más grande entre esa Roma y nuestra sociedad es que ya no quedan cicerones que nos griten el peligro inminente, que valientemente critiquen la ceguera que tenemos sin importarles su seguridad, hasta el punto de ser asesinados para silenciarlos. Ya no quedan cicerones. Y como él mismo dijo ”No hay cosa que los humanos traten de conservar tanto, ni que administren tan mal, como su propia vida.”

Espanglish Víctor González Castro I voy a write this entrada in espanglish. Espanglish es una combination of español y english. Yo think que we debemos know como speak en both idiomas. Quitando el chinese, estos are los two languages que are más used in the mundo. The inglés es el language que all queremos learn, because es el que more oportunidades gives. Cualquier company en el world busca people que have buen level de english. En cuanto a the spanish, a lot de gente speak español porque there are muchos countries of habla hispana. We tenemos la opportunity de learn this nuevo idioma, que could llegar a be un language oficial. Sabemos english and español y we hemos understood this entrada. ¿Why no speak así always?

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La farsa europea Jorge Hunter Álvarez En Europa gustamos de andar con la cabeza bien alta, proclamando a voz viva lo buena que es nuestra cultura, y lo mucho que de nosotros podrían aprender las culturas más atrasadas: la cultura china, la cultura árabe, la cultura israelí y los anticuados reductos de cultura eminentemente religiosa que quedan en Europa. Pero en realidad somos los más hipócritas. Cuando ocurre en nuestros países despreciamos absolutamente la violencia en las calles, y cuando hay alguna protesta ¡ojo como haya un solo manifestante un poco violento! que se tachará a todos los manifestantes de radicales, violentos y antidemocráticos. Excepto claro está, si se está protestando contra la patriarcal y retrógrada Iglesia Católica, entonces todo vale, y cuanto más bestia seas, más democrático (parece casi la Neolengua de Orwell). En cambio cuando hay gente violenta protestando en países del extrarradio de Europa, con valores diferentes (véase Ucrania y Egipto) les aplaudimos y les apoyamos incondicionalmente, nos da igual que sean países con representantes elegidos democráticamente. Esto más allá de que tengan o no razón en sus protestas, consideración que no afecta al juicio del europeo medio puesto que no tiene ni la más mínima idea de la profundidad de los asuntos que están detrás de las disputas.

Eso sí, como a alguien del ámbito occidental (véase Edward Snowden) le dé por denunciar las faltas de las democracias occidentales, le machacamos y le perseguimos, le tachamos de irresponsable. Ahora, si esto mismo lo hace una persona que viene de otra cultura (véase el disidente chino Liu Xiaobo) se le da un premio Nobel. En Europa premiamos la valentía y la preocupación por los derechos humanos, la letra pequeña es que sólo lo premiamos si no nos resulta inconveniente. Con esto no quiero decir que Liu Xiabo no se merezca su premio Nobel, no quiero entrar en detalles, pero me parece más bien que Edward Snowden también se lo merece. En fin, que de vez en cuando los europeos, en vez de mirar acusatoriamente a todos los países que no se conforman exactamente con nuestros intereses deberíamos intentar ser más consecuentes con lo que afirmamos y así, probablemente, estos países nos tomarían más en serio.


9 razones por las que el “hábito de lectura” debería estar censurado Jaime Stein González 1.Porque nos permite aprender, pensar y descubrir compartimentos de nuestro cerebro que teníamos ocultos. Lo que puede ser altamente peligroso. 2.Porque mejoramos nuestra ortografía y ampliamos nuestro vocabulario. Nos enseñará a escribir y hablar culto. ¿Realmente lo necesitamos? 3.Porque solo una minoría tiene el hábito de leer, y si pertenecemos a esa privilegiada minoría podríamos quedar como unos marginados/freaks. 4.Porque nos hace experimentar otros mundos, otros ambientes, otras personalidades, otras perspectivas. Esto luego es un lío, y corres peligro de desarrollar una mente idealista que quiera cambiar el mundo. 5.Porque es una forma de refugiarnos, de huir del mundanal ruido, negando la realidad. 6. Porque nos quita tiempo de otros importantes quehaceres del día a día, como ver la televisión; suponiendo un claro estorbo. 7. Porque permite desarrollar un espíritu crítico…y en la ignorancia se vive mejor, y más feliz. 8. Porque puede ser adictivo y todas las adicciones son nocivas. Véase la patología psiquiátrica “quijotiana” y sus terribles consecuencias. 9. Porque impulsa a leer entradas como esta.

Entrada escrita a lo “quixotesco” José Luis Pérez de Ayala Bonelli Esta entrada trata sobre la fija de un jeque árabe que habitaba en Dubai. Un día en la playa estaban bañándose ella y sus amigas, cuando apareció una aleta de la nada. Al principio no hiciéronla caso, pues pensaban que era un delfín; y desta manera siguieron nadando; hasta que el hermano mayor desta chica avisóles de que fabía un tiburón. Cuando estaban saliendo del agua, una de ellas cayose y torciose un tobillo. Fueron a ayudarla, pero vieron el tiburón y ninguna atreviose a meterse en el agua. Ella sí. Metiose en el agua y empezó a chapotear para espantar al tiburón. En ese momento, la aleta desapareció. Fue a salir del agua, pero el tiburón coxiola de una pierna y arrastrola al fondo del mar. Ella luchaba y luchaba, pero no podía escapar. En un último esfuerzo, escapose del tiburón y nadó hasta la orilla. Cuando llegó, lleváronsela al fospital, pues fabía perdido una pierna. Fue un acto feroico.

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La Audiencia Luis Velo de Sebastián

Luis V

Era sábado. Llegaba yo de jugar al fútbol con el Castilla como cualquier otro sábado. Mi madre estaba sentada con mi padre en la sala de casa y nos llamó. Nos comunicaron la feliz noticia de que íbamos a ir a Roma. Enseguida mi padre añadió: “¡Hijos, vamos a estar con el PAPA!¨. Tal fue la noticia que no supe qué hacer. No podía imaginar la suerte de estar sentado con la persona más importante de este mundo. Pero así fue. De tal manera que una semana y dos días más tarde fuimos toda la familia al aeropuerto rumbo a Roma. El trayecto fue rápido pero intenso. Llegamos a Fiumicino el domingo por la tarde y nos fuimos al hotel. Yo estaba muy nervioso. Pensaréis que el motivo fue estar en la ciudad donde un día más tarde vería al Papa, pero no era así. La causa real era que me estaba perdiendo el partido de mi Atleti (mi gran amor) frente al Valencia. Llegamos y justo el partido había terminado con el resultado de 3-0. Qué tontería contar esto cuando el tema principal de esta entrada era y es mi audiencia con el Papa dicen algunos… pero qué se le va a hacer… A la mañana siguiente, un lunes invernal muy típico romano, visitamos toda la ciudad y refrescamos nuestros conocimientos de la antigüedad. Comimos, regresamos al hotel, nos cambiamos y nos dirigimos al Vaticano. Al llegar, nos recibió la guardia suiza quien nos dio la bienvenida y permitió el acceso a Santa Marta, la residencia del Papa. Se abrieron nuevamente unas puertas y entramos en una sala muy sencilla y humilde. Había llegado el momento. Al poco rato, entró Su Santidad como si de un ángel se tratase y nos levantamos. Estreché mi mano con la suya y os aseguro que no he sentido mayor paz y tranquilidad en mi vida. Pensé que le daba la mano a Dios. Mis padres preguntaban. Francisco respondía con una sencillez y humildad impresionante, enseñándome una y otra vez la bondad de nuestro padre Dios mediante sus palabras. Nos contó todo tipo de historias, todo tipo de anécdotas, su día a día… Nos lo contó todo. Tanto fue lo que nos contó, ¡que estuvimos 45 minutos! Nos levantamos y saqué de mi chaqueta las fotos de Juan Martiarena que me habían dado con la petición de que fueran firmadas por Francisco. Le conté la historia de Juan al Papa y le pedí si me podía firmar las fotos. Le di un permanente y, ¿sabéis qué me dijo?: ¨Mejor voy a por uno especial para firmar este tipo de papel, que así queda mejor¨. Se retiró y regresó minutos más tarde con él. Alucinante… ¨Gra-gracias¨, le dije. Después de una serie de fotos nos retiramos rumbo a la salida para despedirnos y nada más comenzar el trayecto hacia ella, le pedí si podía abrazarle. Me dio un abrazo. Aquello fue inolvidable. Terminaron en ese momento los mejores 45 minutos de mi vida. (Y eso que he vivido otros como la final del Mundial, Bucarest, la final de la Supercup…). ¿Cómo finalizaré este relato? Con un enorme GRACIAS. Gracias a mis padres y a Dios por esta oportunidad y por hacer que mi vida cambiase desde ese momento.

Revista filosófica 6  
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