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2013

QUEMADO VIVO TESTIMONIO DAVID ROEMER

Colombia, Agosto 7 de 2013


Dave Roever Mi Vida

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Archivo J. PĂŠrez


Dave Roever Mi Vida

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Archivo J. Pérez

TESTIMONIO QUEMADO VIVO A veces pensamos que las cosas se encuentran color de hormiga, que no hay solución, que tenemos a Dios de espaldas a nosotros, que no podemos resistir más la situación, que literalmente el mundo se apagó para nosotros y que la vida ya no tiene sentido, es entonces cuando Solo Dios nos puede sostener, y encontraremos en ese momento como Él envía a personas que ayudarán a dar luz a nuestra vida y terminaremos (si nos disponemos) dándole una paliza al Diablo y no siendo apaleados por el en las diferentes áreas de nuestra vida, leamos este artículo extraído del testimonio de vida de Dave Roever, un veterano de Vietnam, héroe de nuestra época, que pasa por un infierno de zozobra, dolor, muerte y un renacimiento increíble, al lado de DIOS y un verdadera mujer virtuosa. Perdí toda la historia de la Obra. Pero que testimonio tan fabuloso el del marero, cómo Dios lo liberó. Yo en mi vida he tocado las drogas. Jamás he fumado marihuana, no sé que es eso, jamás he introducido una inyección en mis venas. Basta con una aspirina para que tenga alucinaciones. Nunca he tomado drogas, tan sólo una vez probé el cigarro y fue terrible. Un chico se me acercó una vez y me preguntó: “Algunas vez has fumado?” Yo le dije: “Sí, mírame!” Esa es mi historia con las drogas. Mi cuñado me ofreció en una ocasión una cerveza, él tenía miedo que mi hermana nos descubriera. Me dijo: “Bébelo si eres un verdadero hombre”. La cerveza no me apetecía en lo absoluto. Le dije: “Hay algo muerto aquí, olé”. Dijo: “ Deplano, está fermentado”. Tienes que desarrollar un paladar para la cerveza. Me preocupo por las cosas para las cuales tienes que desarrollar un paladar. Tal vez es tan feo porque es la forma en que Dios te dice que es malo. Ha habido personas que buscaban la manera de sentirse importantes, así que agarraron un sapo y lo lamieron, y eso les daba un sentido de éxtasis. Mi pregunta es: Cuántas cosas pasaron lamiendo antes de probar sapos. Yo nunca probé el alcohol, las drogas o el sexo antes, cuando me casé era virgen y mi novia también. Treinta y ocho años después, y seguimos casados. Tenemos dos hijos y no fueron engendrados milagrosamente, tengo cuatro nietos y los amo. Trato de decirte algo, si me miras, mis manos no funcionan, mi pulgar no lo tengo y parte de mi cara lo tuvieron que formar de mi cadera. Al verme, me ves con cicatrices por todos lados. Te conté que me casé siendo virgen y te preguntas si alguna vez me he divertido, pero soy el hombre más feliz de Guatemala, porque es un hecho real que Jesús es mejor que las drogas, el alcohol, el sexo y que cualquier otra cosa. El es el mejor éxtasis que puedes experimentar en la vida, puedes estar borracho en el Espíritu Santo. Me crié en un hogar cristiano, jamás conocí la violencia, ni siquiera conocí quién era John


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Wayne, el de las películas del oeste. Voy a las escuelas públicas y me dicen quién es él, y pienso ahora sí que estoy viejo. Pero si le pregunto por Michael Jackson, sí saben quién es. Nunca conocí la violencia. Sabes porque nunca la conocí? Por qué era virgen al casarme y por qué nunca probé las drogas? Porque no teníamos televisión. Tú eras virgen cuando te casaste? Mi padre nunca me mostró como hacer esas cosas. Para que yo aprendiera, necesitaba un televisor. Mis héroes no eran protagonistas de televisión, mis héroes eran predicadores, hombres y mujeres de Dios. Así que no fui a la universidad para aprender a hacer producciones televisivas, ni para ser un arquitecto, médico o abogado, fui para aprender cómo predicar. Pero había una guerra en Vietnam y me dijeron que tenía que hacerme un examen físico porque iba a ser obligado a prestar servicio militar. Les escribí una carta diciendo que no necesitaba un examen físico, pero ellos insistieron y lo pasé. Así que me dijeron que tenía que ingresar al ejército. Yo sabía que me enviarían y estaría a la merced de las balas. Así que cuando me dijeron que tenía que jurar para prestar servicio, no fui. No estaba protestando por la guerra, era un cobarde. Pude haber huido a Canadá, pero era muy orgulloso. Así que me uní a la marina, porque en una enorme nave en el mar nadie te puede disparar. Me uní a la marina el segundo día de entrenamiento, me sacaron todos los registros académicos, de todos fui el único con estudios universitarios. Trabajaba duro, así que era imposible sacar buenas notas. Aún así, me dijeron que era un líder por el hecho de haber asistido a la universidad, y me enviaron a California. Ahí me enseñaron cómo disparar, cómo plantar bombas para emboscadas, y todo lo necesario para combatir. Me saltaba por encima, de regreso, en fin, todo mi entrenamiento era un chiste. Pero en determinado momento, esto podía ser la diferencia entre la vida y la muerte. A veces pasamos entrenamientos en nuestras vidas pensando cuándo me van servir. Debemos tomar en serio nuestro entrenamiento bíblico porque algún día nos va a servir. Me avisaron que había llegado el momento de ir a la guerra, le di un beso a mi esposa y le dije adiós. Llevábamos muy poco tiempo juntos y le dije “regresaré, y lo haré sin un rasguño”. Regresé, pero con muchas cicatrices. Me enviaron en una navecita, esta nave salió en una película llamada Apocalipsis. Yo era el que manejaba las ametralladoras. Estas podían disparar 1,100 balas en un minuto entre las dos. Estaban las dos ametralladoras cuando entramos al “hoyo del diablo”. Apenas unos días en Vietnam y mi corazón latía. Conforme nos introducíamos al canal, de la nada escuché un ruido que voló sobre mi cabeza. En un segundo me metí debajo de la ametralladora y nunca pensé si debía disparar o no, solamente, empecé a dispararles. Había balas alrededor. Todo quedó en silencio. Mi corazón latía con fuerza, dirigimos la nave en dirección al enemigo, avanzamos muy lentamente. Al llegar a la orilla del río, esperamos ver cualquier movimiento. Pero todos estaban muertos. A este hijo de predicador, que creció sin TV, que desposó a su esposa siendo virgen, que jamás bebió una cerveza, ese día le pasó algo. No podía


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llorar, no más lágrimas. Busqué en cada cadáver para ver si tenía alguna identificación. Sentí que algo dentro de mí murió. Esa ternura, esa paz de Dios, esa cosa que había en mí desde niño de amar a la gente, murió. Esa guerra puede matar tu alma. Recuerdo que esa noche me fui a acostar y grité en mi almohada. Sentía que Dios no me oía. Pasaron ocho meses, muchos encuentros más con el enemigo. Muy a menudo, nuestras naves eran hundidas, algunos hombres murieron. Uno de los muchachos su hermano gemelo estaba con él. Es prohibido que dos hermanos vayan a la guerra, pero debido a que eran gemelos, insistieron en servir juntos, y uno de ellos fue asesinado, el otro se volvió loco, perdió la sensatez. Vi e hice cosas que jamás hubiera concebido e imaginado. Conforme a mi mundo se entenebrecía, Dios seguía tocando mi corazón. A veces, escuchaba un susurro que decía “yo te amo, jamás de dejaré y desampararé”. Sin embargo, conforme avanzaba la guerra, mi corazón se endurecía, me volví muy peligroso porque no me importaba si moría o vivía. Aceptaba misiones para hacer cosas devastadoras, en el fondo de mi mente deseaba que alguien me matara. Un día casi se cumple ese deseo, había sobrevivido un encuentro terrible, había sido gravemente herido y me sacaron en helicóptero, pero ahora estaba de vuelta. Esa herida leve seguía doliéndome con cada latido de mi corazón, pero yo sabía que el enemigo estaba presente, no lo veía, no lo podía oír, pero algo me decía “está cerca”. Busqué en el cajón de municiones y saqué una granada de fósforo blanco, es del tamaño de una lata de Coca Cola. Me hice para atrás, y cuando la tenía justo a la par de mi cabeza, un francotirador disparó y le dio a la granada, a sólo unos centímetros de mi oído. Pensé que me había herido un cohete, fue meses después que los doctores me explicaron todo. Me explotó el pelo, la oreja, las cejas y parte de la nariz. Cuando vi hacia abajo, vi mi corazón latiendo, sangre empezó a salir de una arteria que quedó expuesta. Pero no sentí nada de dolor, me mantuve sensato, estaba en shock, pero no me desmayé, me lancé al agua. El fósforo es un químico muy especial que ni el agua lo puede apagar. El diablo hizo todo lo humanamente posible para matarme ese día, pero la Biblia dice que ningún arma forjada en contra tuya prosperará. Mayor es el que está en ti que el que está en el mundo. El diablo no me dio la vida, por lo tanto, tampoco me la puede quitar, sin embargo, la granada explotó y me dejó cicatrizado por el resto de mi vida. Salí del agua y seguía quemándome. Estaba postrado viendo mi cuerpo ardiendo. Caí para atrás y según todos había muerto, pero estaba cansado. El helicóptero aterrizó para evacuarme. En ese momento, estaba recostado y según todos, estaba muerto, así que me dieron vuelta en la camilla, mi brazos estaban dentro, pero iban arrastrando mis manos, las plantas a mi alrededor se estaban quemando. Hasta la camilla agarró fuego, y caí al suelo. Era uno de esos días cuando nada sale bien. Me envolvieron en una cobija empapada. Me colocaron en otra camilla, me llevaron al helicóptero y nos fuimos. Según el médico, ya había fallecido. Me di cuenta que ni él me estaba ayudando. Y estando en la cobija, le dije: Médico! Se asustó tanto que casi se lanza del helicóptero. El piloto perdió el control y empezamos a caer. Yo me dije “capaz que nos estrellamos y soy el único sobreviviente”. El diablo ni a patadas me mataba ese día. Cuando Dios tiene un plan para tu vida, tal vez te noqueen, pero no te matan. Sientes que a nadie le importa, pero Dios envía a sus ángeles. Te preguntas “será que sobreviviré? Pero hoy te digo “terminarás de primero”. Dios está contigo, el diablo no puede quitarte de


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las manos de Dios. Nunca, nunca te rindas! Cuando las mismas puertas infernales vienen contra ti, afróntalo. Ese día a la orilla del río, el diablo tomó un palo y me apaleó, y cuando pensó que había muerto, me dejó quemándome y sangrando. Pero debió haber esperado un poco más para matarme, porque no morí. Agarré ese mismo palo y lo usé para ponerme de pie, levanté el palo sobre mi cabeza y le dije: “diablo, ven acá, esta guerra no ha terminado”. El diablo trató hasta con Jesús, tomó un palo con semejanza de cruz, y lo crucificaron, de ahí removieron el cuerpo muerto y lo sepultaron. El diablo se apartó burlándose, pero al tercer día, Jesús dijo: “diablo, regresa, estás acabado”. Saben que, algunos de ustedes tal vez se sientan apaleados por un diablo. Hoy les tengo una palabra de consejo: Consíguete un palo y ataca tú al diablo. Apaléalo por toda Guatemala, por toda la tierra, porque mayor es el que está contigo que el que está contra ti. Aleluya! Así que sobreviví, me internaron en un hospital y seguro piensan que lo que pasó en Vietnam fue lo peor en mi vida, pero lo peor estaba en camino. Me llevaron a Japón y trabajaron conmigo seguros de que moriría. Les pedí un espejo, y con un ojo logré ver la mitad de mi cuerpo, era puro esqueleto, toda la piel había desaparecido. El otro lado de mi cuerpo estaba hinchadísimo. Me dieron morfina, dolor, confusión y el espejo, así que empecé a alucinar cosas. Mi rostro en el espejo me empezó a hablar, los mismos demonios usaron mi rostro para hablarme. Me decían “mátate porque eres un monstruo con media cabeza, tu esposa jamás de amará, mátate y acaba con la miseria de tu pobre esposa”. Mis esperanzas se fueron con ese espejo. Dónde estaba ahora el palo con el que había apaleado al diablo? Se fue con el sueño de que ella me amara, así que decidí matarme. No tenía nada para hacerlo, ni cuchillo, ni navaja, nada. Pero hallé la forma: me saqué uno de los tubos que tenía conectados, me recosté, crucé los brazos y esperé morir. Seguí esperando, pero me dio hambre… me saqué el tubo equivocado! Saqué el tubo que me alimentaba, me saqué el almuerzo! Puedes morir así, pero es un proceso largo. Posteriormente, me enviaron a USA, pasé un año y dos meses hospitalizado. Estábamos tres en una habitación, en lo que recuerdo, todos murieron, excepto yo. El varón que tenía a la par tenía el 100 por ciento de su cuerpo con quemaduras de tercer grado. Su esposa entró, lo vio y le tiró la argolla matrimonial. Le dijo: “Eres una vergüenza y no tengo cara para caminar contigo por la calle”. El murió de un corazón quebrantado. Después de esto, entró en mí mucho temor, sabía que mi esposa era apenas una adolescente. Cuando le permitieron entrar, le dijeron “ese es tu marido”. Ella entró, me vio y me dijo: “ese no es él”. Yo pensé: “Quémame, mátame, pero no me arrebates el amor de mi esposa. Perdí mi identidad, casi pierdo mi vida y aun así pude regresar, pero si pierdo a mi esposa, quedaré acabado. La amo y la anhelo, pero no quiero perderla”. Solo pensaba, “por favor, no digas nada en este momento”. El médico me volteó la mano, ahí tenía mi nombre en el brazalete. Ella me vio por largo tiempo. Yo tenía mi mirada en sus dedos, para ver si su argolla era removida. Ella me vio en mi ojo y me dijo: “realmente te amo, bienvenido a casa”. Cuando ella dijo “Davi… mmm… le dije: “mi amor, perdóname, ya no soy guapo”. Ella me dijo: “nunca fuiste guapo”. Ella me amaba por lo que yo era. Escuchen esto “machos”: las mujeres son más inteligentes que nosotros. Las mujeres no juzgan el libro por la pasta. Nosotros vemos sus piernas, su pelo, vemos la figura externa,


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pero ellas juzgan tu carácter. Cómo te comportas, eres caballero, permites que se siente primero, le compras flores, las flores son indispensables. Escuchen, jóvenes, si quieren impresionar a tu novia, abotónate la camisa. Cómprale flores. Algunos dicen: “no tengo dinero”. Yo tampoco lo tenía, ve al cementerio ahí abundan las flores, sé pilas. No cuestan nada. Después de catorce meses, salí del hospital. Los verdaderos hombres conducimos! Pero mi barbilla y mi pecho crecieron juntos, se contrajo la piel y me jaló el hombro y mi codo hacia arriba. Este ojo estaba completamente cubierto. Sólo tenía un ojo, no podía girar la cabeza. Cómo me cambiaba de carril, porque no podía ver si venía carro, traté pero me crucé al otro lado de la carretera, pité y lentamente me crucé. Entonces escuché si había llantas que rechinaban o vidrios que se rompían, si lo escuchaba me regresaba a mi carril. Estaba sentado y el semáforo estaba en rojo. Conforme cruzaba la calle, me vio el rostro, los niños me veían y gritaban. Otro hombre se me quedó viendo, y se estrelló contra un camión, yo estaba atorándome de la risa. El amigo que estaba detrás de mí, me maltrató, así que avancé y estaba en rojo otra vez. El que estaba atrás de mí, se estrelló. Salí para disculparme, todos en el restaurante pensaban que estaba embriagado, pero al verme, pensaron que ellos eran los embriagados. No quería que me le acercara. Pensé: “Debo de decirle, mira lo que hiciste con mi cara”. Ese día fue muy atemorizante. Estuve ahí y había pide vías rotos, luces rotas, refrigerante goteando, y me pregunté si así sería el resto de mi vida. Sólo asusto a los niños y causo accidentes y de ahí pensé: “Voy a sacar aquel carro y no permitiré que el diablo me quite mi gozo. Nunca me rendiré. Nunca te rindas. Ese día le di mi vida a Cristo de una manera que jamás lo había hecho. Le entregué mi vida a Cristo a los 16 años, pero ese día le entregué todas mis cicatrices a Dios. Les prediqué en Irak a los soldados, tuve el privilegio de predicarles de Cristo a personas de diferentes países, pero en su mayoría de USA. Vi hombres con corazones endurecidísimos entregarse a los pies de Cristo. Uno de ellos inclusive murió en mis brazos. Le dije “eres un sacrificio en el altar de la libertad. Y he venido desde USA para decirte gracias”. La última palabra que escuchó fue “gracias”. Más le habría valido al diablo matarme cuando tuvo la oportunidad. Hace más o menos una hora, el pastor Cash, su familia, mi asistente, otros servidores y yo nos unimos para orar por un veterano que sirvió en Irak y entregó su vida a Jesús. Si el veterano esta aquí, quiero que se ponga de pie. Ven. Hoy le diste tu corazón a Cristo, quiero que todos aquí me escuchen. La mayor guerra que este varón ha peleado, la ganó hoy aquí, tú eres mi héroe. El me dio su insignia de la fuerza aérea. Gracias, mi amigo, mi hombre, te amo. Así que concluyo diciéndote que nunca acaba, cuando Dios te llama a hacer algo, el diablo peleará contra ti. Tus amigos


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tal vez te abandonen, tu familia tal vez te rechace, pero Dios está ahí peleando hombro a hombro contigo y “si DIOS está contigo quien contra ti?”. Recuerda que al final a “A los que aman a DIOS todas las cosas le resultan PARA bien” Te amo y muchas gracias. Dios los bendiga.

Comentario final: No importa que tan duro, y horrible es tu problema, solo te garantizo que si se lo entregas a Dios, Él hará un cambio total, pero como entregarlo? Es sencillo, Él dijo, venid a mi todos los que están cargados y cansados que yo los haré descansar, (Mira que dijo TODOS) Comienza desde hoy a conversar con Dios cada mañana, lee una porción de la biblia preferiblemente el nuevo testamento por ahora, (porque es más comprensible mientras das estos pasos iniciales), luego pídele para que alivie tu carga y por último con todo el ímpetu de una bomba atómica declárale a tu problema que tan grande es Dios y quítale todo poder al problema, dile desde hoy tu no dominas mi vida, en el nombre de Jesús te vas, porque el Señor tiene el control! Y te recomiendo esta pequeña oración hazla al menos una vez con toda la convicción y sinceridad con que puedas: PADRE QUE ESTAS EN LOS CIELOS, DIOS ETERNO, HOY ME ACERCO ANTE TU PRESENCIA PARA DECIRTE QUE YO RECONOZCO QUE HE PECADO, QUE HE HECHO LO MALO DELANTE DE TUS OJOS DESDE EL PRINCIPIO, Y QUE ESTOY ARREPENTIDO DE MIS MALAS OBRAS Y DESEO QUE PERDONES TODOS LOS PECADOS Y TRANSGRESIONES QUE HE COMETIDO... POR ESO VENGO HOY ANTE TI PARA PEDIRTE QUE ENTRES EN MI CORAZON, TE INVITO A QUE TOMES EL CONTROL DE MI VIDA. RECONOZCO QUE TU ENVIASTE A TU UNICO HIJO JESUS A LA TIERRA PARA MORIR POR MI EN UNA CRUZ, Y QUE SU SANGRE LIMPIA TODOS MIS PECADOS, QUE EL NO SOLO MURIO SINO TAMBIEN TU LE LEVANTASTE DE LOS MUERTOS, DECLARO Y CONFIESO QUE ACEPTO AL SEÑOR JESUCRISTO COMO MI SEÑOR Y MI SALVADOR , TE PIDO QUE ME CAMBIES Y QUE SEA MI VIDA PARA TI, DESDE ESTE MOMENTO AYUDAME PARA QUE PUEDA SERVIRTE Y AMARTE, HASTA QUE TU ME LLEVES EN GLORIA... GRACIAS SEÑOR POR MORIR POR MI EN LA CRUZ, Y POR CARGAR EN TI TODAS MIS CULPAS, TODAS MIS ENFERMEDADES, TODOS MIS CASTIGOS... GRACIAS PADRE NO TENGO NADA QUE DARTE SOLO A MI MISMO TE PIDO QUE ESCRIBAS MI NOMBRE EN EL LIBRO DE LA VIDA, DESDE HOY YA NADA SERÁ IGUAL EN EL NOMBRE DE JESUS AMEN Y AMEN ......


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Quemado Vivo testimonio,DAVE ROEVER