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Espacios Naturales en la Serranía Suroeste Sevillana

Fotografías:

TRES FOTÓGRAFOS Textos:

FRANCISCO CONEJERO PEREA


Edita: Asociación Serranía Suroeste Sevillana, Grupo de Desarrollo Rural. www.serraniasuroeste.org © de la edición: Asociación Serranía Suroeste Sevillana. © del texto: Francisco Conejero Perea. © de las fotografías: Manuel Gil, Adolfo Garcerán y Enrique Gordillo (Tres Fotógrafos, S.C.) Coordinador de la edición: J. Fernando Alcaide. Colaboración en las fotografías: Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía. Miguel Romero Suárez. Manuel Díaz Palma. Francisco Conejero Perea. Manuel Teófilo León Serrano Diputación de Sevilla. Área de Urbanismo y Medio Ambiente

Anexo cartográfico: Francisco Conejero Perea Diseño y maquetación: Oficina de Arte. Depósito legal: SE-XXXX/04 ISBN: XXXXXXXX Impreso en España. Printed in Spain. Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático.


Presentación

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a publicación que estrenamos corresponde al segundo volumen dedicado al Patrimonio promovido por el Grupo de acción local Serranía Suroeste Sevillana. Se trata de una comarca ubicada en la provincia de Sevilla que comprende parte de municipios de la Campiña: Arahal, Paradas, Marchena, La Puebla de Cazalla; y de la Sierra Sur de Sevilla, Morón de la Frontera, Coripe, Montellano y Pruna. Hemos querido dejar muestra del hermoso patrimonio natural y el rico y variado contraste de paisajes que se suceden entre la Campiña Sevillana y las primeras estribaciones de la Sierra Sur de Sevilla. La apuesta del Grupo de Acción local por dar a conocer los espacios naturales de nuestro territorio, es un constante esfuerzo de información a la población y a los visitantes del enorme valor que tiene la conservación de los mismos, y abarca tanto los espacios naturales, como los cultivados donde las intervenciones de sus pobladores han ido esculpiendo paisajes diversos, los cuales son necesarios proteger y conservar. El Programa Leader Plus de Andalucía ha supuesto en nuestra comarca la puesta en marcha estrategias de desarrollo basadas en el la mejora de la calidad de vida y en la reflexión sobre el potencial del territorio, y es éste último sentido el que nos mueve a plantear el aprovechamiento turístico de nuestro patrimonio natural. Es fundamental que los habitantes del territorio se reconozcan, valoren su patrimonio y sepan el valor de sus propios recursos. El mundo rural necesita ser abordado desde una perspectiva de sostenibilidad en todos los sentidos actividades industriales, agrícolas forestales, de servicios, compatibles con garantizar la biodiversidad del medio natural. En definitiva apostamos por un mundo rural habitable y habitado. Los espacios naturales son patrimonio de los habitantes del mundo rural y de los del mundo urbano, su uso sostenible, su conservación y su diversidad es competencia de todos.

TERESA BENÍTEZ LORA Gerente del Grupo de Acción Local

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Prólogo

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a riqueza natural, los valores que la naturaleza nos ofrece, pueden pasarnos desapercibidos o podemos darles no demasiada importancia, más debemos ser conscientes de que formamos parte de ellos, en un frágil equilibrio dinámico, que normalmente alteramos para nuestros propios intereses; por ello, para no romper definitivamente con esta tierra que nos acoge, el ser humano, su sociedad, debe encontrar la forma de compatibilizar su desarrollo, su civilización, su tecnología con el mantenimiento de los recursos de los que se nutre para subsistir; este concepto es el que se encierra bajo dos palabras muy pronunciadas en estos tiempos: desarrollo sostenible. Precisamente, en esta somera descripción de algunas de las riquezas naturales que aún perduran en los territorios de los municipios que se engloban en la Serranía Suroeste Sevillana, nos podemos acercar a la realidad natural de nuestra comarca, una realidad probablemente marcada por nuestra historia común, historia que debemos seguir escribiendo desde el convencimiento de que con la educación, la concienciación y la sensibilización hacia el respeto de nuestro entorno, hacia el uso racional de los recursos naturales de los que dependemos, podemos llegar a dejar a nuestros hijos un medio ambiente, por lo menos igual al que heredamos de nuestros padres. FRANCISCO CONEJERO PEREA

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Í N D I C E

La Serranía Suroeste Sevillana 06

INTRODUCCIÓN

La Campiña INTRODUCCIÓN

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DEHESAS

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VÍAS PECUARIAS

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RÍO CORBONES

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RÍO GUADAIRA

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La Sierra Sur INTRODUCCIÓN

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SIERRA DE MONTELLANO

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S I E R R A D E E S PA R T E R O S

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SIERRA DE SAN JUAN, DE LA PEÑAGUA Y DE LAS ENCARNACIONES

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VÍA VERDE DE LA SIERRA

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S I E R R A D E L TA B L Ó N

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EL PINALEJO

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l carácter propio de los territorios que se unen bajo la denominación de Serranía Suroeste Sevillana reside en dos grandes unidades morfoestructurales y de paisaje claramente diferenciadas: La Campiña y la Sierra Sur. Mientras que la Campiña está formada por materiales del Terciario y del Cuaternario, constituidos fundamentalmente por margas y margocalizas, los materiales que integran la Sierra Sur son en su mayoría del Triásico, correspondiéndose con margas yesíferas, calizas y margocalizas, siendo parte de la Subbética Andaluza que toma contacto con la depresión del Guadalquivir. Los procesos geológicos junto a la naturaleza propia de los materiales han ido conformando un relieve suave y alomado en la Campiña, resultado de la casi ausencia de plegamientos; y un relieve abrupto y joven, en la Sierra Sur, consecuencia de los pliegues y levantamientos que durante el Terciario la conformaron. De forma consecuente, las características y estructuras que los distintos territorios han ido adquiriendo, han determinado la capacidad de los mismos para los distintos usos que de ellos podía hacer el ser humano.

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Introducción

Mientras que los suelos en la Campiña poseen una excelente o buena capacidad de uso, donde predominan los cultivos herbáceos y leñosos, en las zonas serranas la capacidad pasa a ser moderada dándose una mayor proporción de zonas forestales o dehesas, junto con otras utilizaciones no agrarias. Estos diferentes usos, paralelamente, han provocado que los espacios naturales sean más abundantes y estén mejor conservados en las zonas serranas que en las zonas campiñesas donde los procesos de antropización han alterando profundamente los ecosistemas previamente existentes. Mientras que en la liviana Campiña el girasol, el trigo y el olivar definen el paisaje al viajero, conforme nos desplazamos hacia el sur, es el olivo y la dehesa quienes perduran ante el incipiente relieve, hasta que ya en las estribaciones de la subbética nos dejamos rodear por la naturaleza mediterránea, formando todo un conjunto la variabilidad de formas geológicas con la diversidad de especies de fauna y flora. Únicamente el Corbones y el Guadaira osan romper el paisaje campiñés, rasgando la silueta de los cultivos y regalando la riqueza natural que comparten desde sus inicios con las altas tierras serranas.

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La Campiña DEHESAS

VÍAS PECUARIAS

RÍO CORBONES

RÍO GUADAÍRA

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Trigal en la CampiĂąa donde perduran algunos retazos del bosque mediterrĂĄneo en las lindes.

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La Campiña

La Campiña

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Colorido campo de amapolas.

Vista aérea de un regular olivar rodeado de tierra calma.

l cerrar los ojos e imaginarnos un paisaje campiñés quizás nos aborden trigales, maizales, olivares o algodonales, como campos que nos rodean y que marcan la línea del horizonte de nuestras miradas. Esta concepción predeterminada que tenemos de la Campiña no está muy alejada de la realidad, pues estos territorios poseen unos marcados usos debido fundamentalmente a sus características topográficas, geológicas, hidrológicas y edáficas. Los campos de Marchena, Arahal, Paradas, La Puebla de Cazalla y Morón de la Frontera, contando estos dos últimos de extensiones campiñesas junto a las primeras estribaciones serranas, son campos de gran fertilidad, con suaves y alomados relieves que atravesados por diferentes cursos fluviales han ofrecido a lo largo de la historia sus atributos agrícolas al aprovechamiento del ser humano. Estos usos agrícolas determinan en gran medida el paisaje que nos podemos encontrar en un viaje a través de la Campiña Sevillana. En nuestro recorrido nos puede sorprender una gran variabilidad en función de la época del año en que decidamos conocer estas tierras. A finales del invierno y en primavera, nos puede sorprender la viveza y los contrastes cromáticos del paisaje. El verde intenso del trigo en su crecimiento y maduración, campos de cereales en los que a veces perduran algunos ejemplares de chaparros que despuntan a modo de islas rodeados por el denso cultivo. Los tonos marrones-grisáceos del suelo desnudo de los olivares, en los que resalta el verde apagado de sus finas hojas sobre el retorcido tronco que los caracteriza, se acompañan de la exuberancia de las dehesas donde alrededor de los pies de alcornoques y pinos se abre un mar de especies herbáceas y arbustivas en floración que forman una auténtica alfombra de múltiples colores y formas. Con el verano cambia la visión que nos ofrecen estas llanuras y lomas, que provistas ya de un cereal de tonos pajizos nos recuerda

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que ya está próxima su siega. Estos campos dorados por el sol son un espectáculo inusual al ser sus tallos mecidos por el viento originando olas sin mar, olas que se expanden sobre las lomas hasta que se funden en la lejanía. Los campos de girasoles tras un generoso invierno, con la luz y el calor que asolan nuestras tierras, alcanzan su vigor característico ofreciéndonos otro de los paisajes más típicos y bellos con la marcada regularidad de sus esbeltas cañas, sobre las que se engarza los gruesos y redondos almacenes de semillas rodeados de amarillas pinceladas de ese sol que los orienta hacia sí, originando la peculiar estampa de un ejército de girasoles con la firme orientación hacia la luz de Helios. El viaje por estas tierras además de sorprendernos con su paisaje, de manera subyacente también nos puede desvelar la estrecha relación que se establece entre el “hombre y la naturaleza”, binomio que gira alrededor del uso del territorio en aras de una producción agraria más o menos intensiva. En esta interdependencia se mantiene un frágil equilibrio entre lo que la tierra es capaz de producir y lo que nosotros queremos que produzca, equilibrio que normalmente

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La Campiña

Encinas aisladas entre tierra de cultivos.

La vegetación ruderal aporta diversidad al paisaje.

se desplaza hacia nuestro lado pero que es imposible mantener en ese sentido a largo plazo sin agotar los recursos naturales de los que nos servimos. Por ello es necesario regresar a ese tramo intermedio que permita una producción agraria sostenida en el tiempo, que permita la renovación de los recursos que ella misma utiliza sin sobrecargar el ecosistema natural sobre el que se desarrollan las actividades productivas. Por ello, la Campiña es compleja en cuanto a la concepción del territorio como espacio natural y en cuanto a los usos que en ellos se realizan, puesto que a pesar de la elevada antropización forma parte de un ecosistema que aunque alterado posee una dinámica propia que es necesario respetar y comprender para mantener esa estrecha relación existente y profundizar en sus características y condicionantes. El descubrir la riqueza ambiental y cultural de estas tierras es comprender los usos que de ellas se han venido realizando a lo largo de la historia del ser humano, los que se siguen realizando y los valores paisajísticos, ambientales y antropológicos que subyacen en ellos.

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La Campi帽a

Clara divisi贸n del territorio en tierras de labor.

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La Campi単a

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Alcornocal en distribución adehesada. Disiectam Aeneae, toto videt aequoreclassem, fluctibus oppressos Troas caeliq ue ruina.

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La Campiña

Las Dehesas

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Cría de caballos en semi libertad.

na palabra tan común en nuestro vocabulario como es “dehesa” procede del término latino defensa, haciendo referencia a los terrenos acotados por lo común destinados al libre pastoreo, apareciendo por primera vez en el año 924, según el diccionario de Corominas. Tiene pues, un origen histórico que se remonta a épocas remotas y que hace referencia a los antiquísimos usos e intervenciones que se hacían en el territorio con fines productivos. Aunque se han dado multitud de definiciones de dehesa, quedémonos con la de Campos Palacín (1992) que la define como “un sistema agroforestal cuyos componentes leñosos, pascícolas, ganaderos, y agrícolas interactúan beneficiosamente en términos económicos y ecológicos en determinadas circunstancias de gestión”. Así pues, debemos entender a las dehesas como sistemas seminaturales de los que el ser humano sabe extraer rendimiento económico y como ejemplo de equilibrio entre una gestión sostenible del bosque mediterráneo original y un aprovechamiento económico de la producción de ese ecosistema parcialmente modificado, pero sin llegar dicha modificación a alterar de forma significativa los ciclos y flujos propios de este entorno natural. Cualquier dehesa otorga al territorio en el que se enclava un valor natural añadido, pero en el caso de dehesas rodeadas de tierras de cultivo, este valor añadido adquiere una mayor relevancia, dado que se constituyen como reservas seminaturales en plena Campiña, auténticos baluartes de lo que hubo en otros tiempos y de lo que hemos perdido con la intensificación de la actividad agrícola. En este contexto agrícola, enclavada en la zona más occidental del término municipal de Morón de la Frontera, encontramos la dehesa de Arenales, un espacio de singular valor natural localizado en un área de 2.800 hectáreas denominada Cortijo de Arenales, una explotación agrícola y ganadera, atravesada por los arroyos El Barro y El Cuerno, arroyos que desembocan en el río Guadaira.

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Amanita Caesarea.

Del total de la superficie del Cortijo de Arenales, en un tercio se han querido mantener los valores culturales y naturales que suponen la dehesa como forma de explotación de un territorio, desarrollándose en Arenales la típica dehesa donde la encina es la especie dominante del estrato arbóreo, acompañadas de especies de matorrales del sotobosque mediterráneo, jaras, aulagas o retamas junto al típico pastizal, conformando un ecosistema seminatural mantenido por la acción humana. Así mismo abundan especies animales como abubillas, muflones, grullas, liebres, buitres, etc. La dehesa de Arenales junto con la dehesa de Montepalacio suponen quizás las últimas dehesas que perduran como tal en la basta Campiña Sevillana. Ambas se sitúan sobre margas arenosas del Terciario y Cuaternario respectivamente, materiales que determinan la riqueza del cortejo florístico que poseen. Precisamente en el sureste del término municipal de Paradas nos encontramos con el espacio adehesado denominado en su conjunto como Montepalacio, en el que podemos apreciar como especie vegetal principal o dominante al regio alcornoque (Quercus suber), dentro de cuya población existen un gran número de ejemplares de porte majestuoso que son acompañados en su distribución de otra especie arbórea significativa como es el pino piñonero (Pinus pinea); ambas especies determinan el paisaje característico de esta dehesa y a su vez determinan el resto del cortejo florístico característico de la acidez de estos suelos.

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Pino como especia arbórea acompañante a las encinas.


La Campiña

Macrolepiota rhacodes.

Liebre.

El alcornoque es un árbol robusto, de talla mediana, de copa amplia formada por hojas coriáceas ovado-lanceoladas, de base asimétrica, verde lustroso en el haz y blanquecinas en el envés, ligeramente denticuladas. Llegan a desarrollar un grueso tronco sobre el que se dispone una corteza de tipo suberoso, compuesta por corcho, esponjosa, de poco peso y con unas características grietas muy profundas. Esta corteza suberosa protege al alcornoque frente a los incendios, ya que al quemarse, la parte interna se cierra y evita la entrada del oxígeno y con ello se impide la combustión, protegiendo de esa forma a sus partes internas. El corcho supone el principal aprovechamiento del alcornoque, con multitud de aplicaciones industriales. Producen un fruto tipo bellota, que aunque más amargas que las de la encina, tienen también aprovechamiento en la alimentación del ganado, madurando de forma escalonada a lo largo del otoño y del invierno. La flora acompañante a la especies dominantes que, aunque dispersa es de gran riqueza está integrada por arbustos tales como lentisco (Pistacea lentiscus), durillo (Viburnum tinus), mirto (Mirtus communis), aulaga (Genista hirsuta), majuelo (Crataegus monogina), retama (Retama sphaerocarpa), zarza (Rubus ulmifolius), jaguarzo morisco (Cistus salvifolius), jara rizada (Cistus crispus), lavanda (Lavandula stoechas), madreselva (Lonicera etrusca), Atrapamoscas (Aristolochia baetica), zarzaparrilla (Smilax aspera), como especies más características.

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Abubilla.

En algunas zonas de Montepalacio, el pinar aparece como especie principal y dominante.

Merece ser destacada la presencia de un endemismo íberonorteafricano, un arbusto cuyo nombre científico responde a Thymelaea lythroides, especie de la que únicamente existen dos poblaciones en la Península Ibérica, una en el municipio toledano de Velada y la que se encuentra situada en esta área adehesada del término municipal de Paradas, formando parte del sotobosque del alcornocal que perdura en la zona. Se trata pues de un pequeño arbusto que no llega a alcanzar el metro de altura, pero que posee una singular importancia debido a su restringida distribución. Por ello se encuentra incluido en la Lista Roja de Flora Vascular de Andalucía bajo la categoría de peligro crítico, siendo sus principales amenazas los cambios en los usos del suelo y el aumento o modificación de la carga ganadera. En cuanto a los integrantes del numeroso y variado estrato herbáceo, destacar el lirio silvestre (Gynandriris sisyrinchium), la campanilla (Convolvulus althaeoides), la correhuela (Convolvulus arvensis), los tréboles (Trifolium sp.), la lechetrezna (Euphorbia helioscopica), etc. Estas comunidades vegetales conforman distintos hábitats que permiten la existencia y desarrollo de multitud de especies animales, pudiendo encontrarnos reptiles como el lagarto ocelado (Lacerta lepida), cuyo nombre proviene de los grandes ocelos de color azul, que aparecen alineados longitudinalmente en sus costados; es grande y robusto, pudiendo alcanzar los 65 cm de longitud, correspondiendo casi dos tercios a su larga cola. Su coloración es verde amarillenta, aunque en ocasiones pueden poseer color gris parduzco. Se encuentra dotado de una fuerte mandíbula y garras, que le permiten defenderse ante sus predadores naturales como águilas perdiceras, culebreras, zorros, mustélidos, milanos, etc. Se alimenta de insectos grandes, aunque ocasionalmente puede cazar nidos de pájaros o pequeños mamíferos. Cuando se ven atrapados, se desprenden de la cola, que permanece en movimiento durante varios minutos desconcertando al predador, permitiéndole la distracción suficiente para poder escapar de él, teniendo la capacidad de regenerar la

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La ganadería es uno de los tradicionales aprovechamiento de las dehesas.

Lagarto ocelado.

Alcornocal de la Mocheta.

porción de cola sacrificada. Se trata de una especie que aparece en el Catálogo Nacional de Especies Protegidas desde 1980. Destacan los ofidios como la culebrilla ciega (Blanus cinereus), la culebra bastarda (Malpolon monspessulanum), la culebra de escalera (Elaphe scalaris), etc., y aves tales como la abubilla (Upupa epos), pájaro fácil de identificar, incluso por personas no habituadas a la observación de aves, por su larga y eréctil cresta de color pardo con las puntas negras y por sus características y llamativas alas blancas y negras que despliegan en su peculiar vuelo. Es una especie migradora que en gran parte marcha a África para invernar. Se alimenta sobre todo de insectos y larvas que rebusca con su largo pico entre la hierba o lo introduce por grietas y agujeros del suelo. Además habitan en este ecosistema la lavandera blanca (Motacilla alba), la lavandera boyera (Motacilla flava), la perdiz roja (Alectoris rufa), la tórtola (Streptopelia turtur), la paloma torcaz (Columba palumbus), la bisbita común (Anthus pratensis), el verderón común (Carduelis chloris), el cernícalo primilla (Falco naumanni), el cernícalo vulgar (Falco tinnunculus), el mochuelo (Athene noctua), el autillo (Otus scops), las águilas perdiceras, el aguilucho cenizo (Circus pygargus), el milano negro (Milvus migrans), etc. Entre las poblaciones de mamíferos, podemos destacar al erizo común (Erinaceus europaeus), al conejo (Oryctolagus cuniculus), la liebre (Lepus capensis), la gineta (Genetta genetta), y al zorro (Vulpes vulpes), etc.

Alcornoque en fecha de descorche.

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La Campiña

La dehesa de Montepalacio supone una isla donde la biodiversidad animal y vegetal ha encontrado un refugio, un espacio donde permanecer ante la pérdida de hábitats naturales que ha conllevado la roturación de estas fértiles tierras desde tiempos inmemoriales. Por ello constituye toda una joya natural que adquiere aún más valor por el lugar en el que se encuentra enclavado. Dentro del conjunto, merece una mención especial, el denominado “alcornocal de la Mocheta”, paraje donde los alcornoques se encuentran en un excelente estado de conservación, alcanzando un diámetro de hasta 4,30 metros, con edades estimadas de 400 años. Este paraje está recogido en el catálogo de árboles y arboledas singulares de Andalucía.

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Red de Vías Pecuarias

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En numerosas ocasiones, las pitas marcan el recorrido de las vías.

Pino piñonero.

pesar de que en el pasado las vías pecuarias supusieron unas infraestructuras vitales para la trashumancia del ganado a escala nacional, en la actualidad, con el cambio de los sistemas y de los medios productivos, esta red de comunicación ha contribuido a preservar los valores naturales de los territorios por los que discurren, adquiriendo especial relevancia en zonas como la campiña donde las vías pecuarias, en su trazado, han conservado parte de la vegetación natural existente, contribuyendo de esa manera a evitar la pérdida total de nichos ecológicos por el uso agrícola de las tierras adyacentes. Las vías pecuarias tienen distinta denominación atendiendo a sus dimensiones. De esta manera, las cañadas poseen una anchura máxima de 75 metros, los cordeles 37,5 metros y por último las veredas, que no superan los 20 metros de anchura máxima. Junto a estos caminos también se sitúan los abrevaderos, majadas y descansaderos, áreas asociadas al antiguo tránsito ganadero. Debido al abandono de su funcionalidad original, la gran mayoría de ellas han sufrido grandes mermas en sus anchuras legales, por lo que es tarea de todos comprender que cumplen una misión fundamental en cuanto introducen la variabilidad ecológica necesaria para mantener estables algunos de los procesos naturales que hemos eliminado del resto del territorio; procesos ecológicos que proporcionan estabilidad a las tierras de labor aledañas, evitando la erosión, protegiendo a los cultivos del viento y minimizando los procesos de desertificación. Estas sendas actualmente están sufriendo un proceso de deslinde y puesta en valor, otorgándoles nuevas funcionalidades como auténticos recursos ambientales: vías verdes, senderos naturales o corredores ecológicos.

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En el recorrido de estas vías subsisten ejemplos de la flora mediterránea.

Tanto Arahal y Paradas como Marchena poseen dentro del trazado de vías pecuarias, algunas que merecen ser destacadas por los valores naturales que encierran y como senderos ecológicos que permiten el disfrute de los que se adentren en ellas. En Arahal, podríamos destacar dentro de la vereda de Mariserrana el “seto del Saltillo Sillita”, localizado en la zona central del término municipal, limitando al norte con el cerro Saltillo y al este con el cortijo Saltillo-Sillita. Está formado por bosquetes intermitentes de encinas, coscojas y acebuches. En la misma vereda de Mariserrana, más hacia el sur, resaltar un seto formado por encinas, lentiscos, jaras, coscojas y acebuches entre otros. Dentro de la vereda de Barros, el seto homónimo, situado en la zona sur del término municipal, limitando al oeste con el cordel de Morón y al este con la vereda de Mariserrana, podemos encontrar transectos con encinas, pinos piñoneros, lentiscos, coscojas, mirtos, palmitos, jaras, etc. En la localidad de Marchena cabe destacar la cañada real de Morón, que comienza desde el núcleo urbano hacia el sur del término municipal, estando flanqueada por olmos hasta el cortijo de Vista Alegre. A partir de este punto, si abandonamos este sendero y nos desviamos hacia el suroeste por la vereda de los Pozuelos, llegaremos al descansadero del mismo nombre, recientemente reforestado con alcornoques, almeces y fresnos entre otras especies, donde aún se conserva una pileta en la que bebía el ganado que pacía en este área.

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Descansadero de los Pozuelos. Áreas típicas en la confluencia de varias vías pecuarias.

Detalle de copa de un pino piñonero.


La Campiña

Autillo.

Resaltar igualmente el cordel de Jarda, la vereda de los Abrigosos, algunos transectos de la cañada real de Pruna y de la cañada real de Paradas, salpicadas de ejemplares de porte considerable de pinos piñoneros, chaparros, lentiscos, algarrobos, etc., donde se pueden apreciar esbozos del sotobosque mediterráneo, gracias al esfuerzo conservador de algunos colectivos. Del trazado de vías pecuarias de Paradas, destacamos el descansadero de Paterna, situado en la intersección de la cañada real de Sevilla-Marchena con el cordel de Paterna, próximo al cordel de los Tunantes y a la vereda de Fuentes de Andalucía. En este paraje, es donde se sitúa la denominada Fuente de la Guitarra, en la que según Isidro Salvago Pérez, “los romanos bebieron de sus aguas”. Paradas es una localidad ligada a sus fuentes, como la fuente del Birrete, la más antigua de todas y la de mayor calidad de sus aguas, de la que todavía perdura el edificio abovedado y el sistema de calles. Otras fuentes son El Pilar, dentro del municipio, de la que Madoz dijo “teniendo una de ellas un espacioso pilón de sillería, donde puede beber con desahogo un escuadrón de caballos” y El Cañuelo, en el acceso al municipio desde la carretera de Marchena. Siendo un deleite para el viajero, recorrer las fuentes de Paradas, que encierran recuerdos de otros tiempos en los que suponían fuentes de vida, fuentes que regalaban agua a los paradenses y transeúntes, fuentes con historia y de historias unidas a nuestra común cultura.

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Las vías pecuarias actúan como corredores naturales através de la Campiña.

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Río Corbones

N El Corbones riega con sus aguas la Campiña sevillana.

Carpas.

ace el río Corbones entre las provincias de Cádiz y Málaga, en las faldas de las Sierras de Blanquilla, Mollina y de los Borbollones, cerca de la Sierra del Tablón. Su longitud total es de 177 Km, con un desnivel de 780 m. y su cuenca ocupa una superficie de 1.826 Km2, enclavada toda ella, salvo su zona de nacimiento, en la provincia de Sevilla. Su confluencia con el Guadalquivir se realiza frente a la localidad de Alcolea del Río, atravesando en su discurrir términos municipales de poblaciones significativas, entre las que se encuentran La Puebla de Cazalla y Marchena. En su recorrido, el Corbones parte desde la Sierra Norte de Cádiz, en los afloramientos de calizas y arcillas del Paleoceno, cruza parte de la Sierra Sur Sevillana para terminar su recorrido en la Campiña, donde se abre camino en las clásicas margas arcillosas y en las areniscas rojas y margas yesíferas del piso inferior del Triásico. Esta diferenciación morfológica y estructural influye en los procesos erosivos que se generan. Así las escasas pendientes y los relieves poco accidentados de su parte inferior en la Campiña no presentan gran importancia, mientras que, al atravesar la Sierra Sur Alta, la erosibilidad presenta uno de los mayores niveles de susceptibilidad de toda la provincia tanto por su intensidad como por su extensión. Posee numerosos aportes fluviales a lo largo de todo su curso; de entre todos sus afluentes, podemos destacar por la margen derecha el Arroyo del Salado del Término, en el término municipal de Marchena, al que se une el Arroyo Salado de la Jarda, el cual, a su vez, recibe el Arroyo del Peinado. Y por la margen izquierda, recibe, en primer lugar, la aportaciones del Río de la Peña, con el que se une en la denominada “Junta de los Ríos” zona enmarcada por las serranías del tercio sur del término municipal de la Puebla de

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Ribera bien estructurada en su vegetación.

Cazalla; y ya en plena Campiña, recibe las aportaciones del Arroyo del Galapagar, en el término municipal de Carmona. Las características de las aguas del Corbones son reflejo de los materiales que atraviesa y junto con las propiedades del propio sustrato determinan las características propias del ecosistema fluvial del río. La estructura básica de éste la forma la vegetación riparia que jalona sus orillas; esta vegetación determina la creación de multitud de estratificaciones, originando los nichos ecológicos apropiados para el desarrollo de otras poblaciones vegetales y animales, generando el espacio para el mantenimiento del complejo y rico sistema natural de los cauces fluviales. El bosque de ribera lo podemos estructurar en una serie de bandas que desde la línea de agua están formadas por un cinturón de helofitos, constituido por especies como Phragmites australis, Arundo donax y Thypha spp. Tras esta banda, y menos próxima al cauce, se localiza una segunda banda de vegetación de choperas (Populus alba). En el momento que la chopera se abre, aparecen los tarajales coexistiendo ambos o bien terminando por abundar el taraje (Tamarix gallica) como especie más invasiva. En la tercera banda, intercalada con ésta última aparecen las fresnedas (Fraxinus angustifolia). Dentro del estrato arbustivo e integrantes de las dos últimas bandas riparias aparecen adelfas(Nerium oleander), Rosales silvestres (Rosa canina), Arum italicum, etc. como ejemplares más abundantes. El olmo (Ulmus minur) integra el cortejo propio del bosque de transición hacia el bosque perennifolio en la zona no inundable junto a especies como Smilax aspera o Vitis vinifera. De entre todas las poblaciones animales, que tienen al río como referente vital, podemos destacar varios grupos: la fauna piscícola que, aunque bastante diezmada en su número y diversidad, todavía perdura con ejemplares de Barbos, Bogas o Carpas, teniendo que lamentar la casi segura desaparición del Calandino (Rutilus alburnoides) de las aguas del Corbones, especie endémica de la Península

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Álamos mostrando sus blanquecinas figuras ante la caída de sus hojas en otoño.

Vista aérea del embalse de la Puebla de Cazalla.


La Campiña

Nutria.

Ibérica, depredadora, de pequeño tamaño, con la línea lateral muy marcada, y por la que el río está propuesto como zona de Lugar de Interés Comunitario (LIC) desde el Tarajal de la A-364 en Marchena hasta la zona denominada Pinalejo en Puebla de Cazalla. La avifauna, cuenta con numerosos ejemplares de garcillas, fochas, ánades, jilgueros, espátulas, palomas torcaces e incluso se han avistado águilas pescadoras en la zona de la presa de la Puebla de Cazalla (el Pinalejo); destacar también la presencia del galápago europeo, rata de agua, rana meridional, e indicios de alguna población de nutrias (Lutra lutra) en algunas zonas de su tramo medio, a pesar de las agresiones directas, con la eliminación de sus hábitats o indirectas, mediante la contaminación de las aguas que termina por afectar notablemente a las poblaciones de peces, anfibios o cangrejos de los que se alimenta; sobre estos indicios se está investigando para confirmar su presencia. La nutria, mamífero carnívoro de la familia de los mustélidos, vive a la orilla de los ríos y suele ser un animal solitario excepto durante el apareamiento y cuidado de las crías por parte de la hembra. Los individuos adultos ocupan un territorio o área de campeo, que es patrullado de noche con regularidad en busca de alimentos, llegando a recorrer varios kilómetros, cambiando a menudo de madrigueras provisionales para explotar diferentes áreas dentro de su territorio. En esta área de campeo es frecuente encontrarse deyecciones en forma de defecación, orina o sustancias oleaginosas que emiten a través de glándulas anales que juegan un papel esencial en las relaciones entre machos y hembras así como en el marcaje del territorio. Se las considera un superdepredador dentro de la cadena trófica, ya que su único depredador es el hombre y actúa como reguladora del ecosistema fluvial al atacar preferiblemente a los peces más débiles y a las especies más numerosas frenando el crecimiento desmesurado o las epidemias dentro de las poblaciones de individuos de los que se alimenta. Posiblemente halla

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Junta de los ríos: donde el río de la Peña confluye en el Corbones.

dejado de ser ese indicador natural de aguas limpias y cristalinas, teniendo que hacerse predominantemente generalista para sobrevivir en un medio en el que cada vez escasean más algunas de sus presas preferidas. El ecosistema fluvial del Corbones padece graves perturbaciones en su estructura y funcionamiento como consecuencia de los impactos a los que está sometido a lo largo de su recorrido. Tales perturbaciones provocan una fuerte degradación en la calidad de sus aguas y en el estado de conservación del bosque de ribera asociado, abocando a la persistencia del río como un canal de desagüe a cielo abierto en alguno de sus tramos. A pesar de ello, el Corbones aún mantiene el espíritu de eje vertebrador, que actúa como corredor ecológico entre el sur y el centro de la provincia. Constituye un auténtico refugio verde para un gran número de comunidades animales que o bien tienen como ecosistema de referencia al propio río, o bien aprovechan la diversidad de hábitats que en alguno de sus tramos se genera como espacio donde desarrollar o completar sus ciclos vitales. Supone un enorme empuje moral acercarnos al río y ver cómo a pesar de la ingente degradación que poseen sus atributos naturales fundamentales, la naturaleza, la vida, es capaz de abrirse paso a través de multitud de estrategias de supervivencia, de subsistencia, lo cual nos permite aseverar que el Corbones aún es un río vivo. Todavía es un indescriptible placer visual ver como rodeado, aislado entre campos de cultivos, aparece rompiendo la línea del horizonte una banda de árboles que tímidamente casi van marcando la ribera de un río que no se deja amedrentar ante la monotonía de un paisaje que a veces, un poco más adelante termina por reducir a nuestro río a un triste cauce de agua vacío de vida, viejo canal en donde en otros tiempos existía un vaso comunicador de historias, un contenedor de naturaleza que irradiaba diversidad allá por donde su serpenteante curso surcaba las tierras.

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Adelfa.

Martín Pescador.


La CampiĂąa

Bosque de Tarajes abrazando el curso del rĂ­o.

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Disiectam Aeneae, toto videt aequoreclassem, fluctibus oppressos Troas caeliq ue ruina.

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El Río Guadaira

Q Carricero.

Rana común (Rana perezi).

uizás al hablar del Guadaira en primer lugar asalte a nuestra memoria recuerdos de reivindicaciones y movimientos sociales en lucha por la recuperación de un río que formó parte de muchos recuerdos y de muchas vidas cuando el Guadaira mantenía condiciones próximas a la naturalidad. Estas acciones no por antiguas dejan de tener vigencia, pues el Guadaira dista aún mucho de considerarse un río vivo, pues son muchas las agresiones que reciben sus aguas y profunda la degradación que padecen sus riberas. Este curso fluvial que atraviesa la provincia de Sevilla desde el sureste, hasta su encuentro con el Guadalquivir, es el último gran afluente que vierte sus aportaciones al río Grande en su margen derecha. Tiene origen en la zona serrana conocida como Pozo Amargo, en el término municipal de Morón de la Frontera, desde donde parte hacia el Guadalquivir atravesando los términos municipales de Arahal, Alcalá de Guadaira, Dos Hermanas, Coria del Río y Puebla del Río. En su curso alto, discurre sobre margocalizas y margas yesíferas hasta abandonar las estribaciones de la Subbética y adentrarse en las llanuras de la Campiña cambiando a un sustrato de margas, pero siempre sobre aluviones del Cuaternario. El Guadaira está sometido a fuertes impactos que degradan su estado natural quizás de forma demasiado temprana en su recorrido, recibiendo los efluentes contaminantes de gran cantidad de industrias y factorías que se encuentran distribuidas a lo largo de toda su cuenca vertiente. Ello unido a la degradación debida a la presión agrícola, que de manera directa con las agresiones progresivas al bosque de ribera o de manera indirecta con el empleo abusivo de productos químicos, provocan la desestructuración del ecosistema fluvial relegando los diferentes componentes del bosque de ribera a meras hileras de eucaliptos salpicados de algunos grupos de tarajes

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Azúa de Morillo.

que aún resisten. Casi han terminado por desaparecer el resto de especies integrantes de los diferentes estratos vegetales frente a la presión de estos impactos. Por ello es patente el decremento consecuente en la cantidad y cualidad de hábitats que a partir de la diversidad florística se pudieran generar desde tramos relativamente iniciales en su recorrido. Aunque la situación del Guadaira es en muchos casos extremadamente crítica, es posible encontrar zonas donde su curso todavía conserva las características de “naturalidad” que en otros tiempos podían apreciarse en todo su recorrido. En estas áreas, en las que por diversos motivos los impactos no son tan agudos, es posible apreciar bosques de galería relativamente bien estructurados con integrantes en los distintos estratos: herbáceo, arbustivo, trepadoras, lianas y arbóreo. Sirvan como ejemplo algunas de las especies más representativas: álamos (Populus alba), tarajes (Tamarix africana), sauces (Salix babilonica), chopos (Populus nigra), olmos (Ulmus minur), fresnos (Fraxinus angustifolia), y eucaliptos (Eucaliptus camaldulensis), y dentro de los estratos herbáceos y arbustivos: adelfas (Nerium oleander), aros (Arum spp.), juncos (Scirpus holoschoenus), carrizos (Phragmites communis), rosales silvestres (Rosa canina), zarzas (Rubus ulmifolius), hiedras (Hedera helix), zarzaparrillas (Smilax aspera), y majuelos (crataegus monogyna),

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La Campiña

Monótono paisaje agrario roto por la vegetación riparia.

Carrizo mecido por el viento.

como las especies más representativas de un cortejo ripario cada vez más concentrado y escaso en su distribución espacial. En cuanto a la fauna asociada al Guadaira, como no puede ser de otra forma, se halla gravemente diezmada por los efectos de la contaminación de las aguas y de la pérdida de sus hábitats tanto acuáticos como riparios. Dentro de la ictiofauna podemos señalar representantes de las siguientes especies: La carpa (Ciprinus carpio), que habita ríos de aguas remansadas, siendo bastante tolerante a la escasez de oxígeno disuelto. Tiene un régimen alimenticio variado comiendo tanto plantas acuáticas como invertebrados y hasta pececillos. El barbo (Barbus comiza), que se caracteriza por sus labios carnosos y por la presencia de dos pares de barbillas bucales. Su dieta es omnívora. La boga de río (Chondrostoma polylepis), con boca en posición ínfera y con el labio inferior rectangular y de naturaleza córnea cortante adaptado a “segar” las algas que crecen sobre las piedras de las cuales se alimentan. La anguila (Anguilla anguilla), la gambusia (Gambusia affinis), o el sábalo (Alosa alosa). Como anfibios perduran la rana común (Rana perezi), ranita meridional (Hyla meridionalis), sapo común (Bufo bufo), sapo corredor (Bufo calamita), entre otros, el galápago europeo (Emys orbicularis), etc.

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La Garza real encontró un hábitat apropiado en este río antes de su degradación.

Con las precipitaciones invernales aumenta notablemente el caudal del Guadaira.

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Las distintas tonalidades son reflejo de la diversidad florística de la ribera.


La Campiña

Rosa silvestre.

En lo que respecta a la avifauna asociada, podemos localizar especies tales como: la garcilla bueyera (Bubulcus ibis), la garza real (Ardea cinerea), el ánade azulón (Anas platyrhynchos), la focha común (Fulica atra), el carricero (Acrocephallus scirpaceus), o la cigüeñuela (Himantopus himantopus), entre otras. Tanto el Guadaira como el Corbones, son dos cauces fluviales semejantes en cuanto a su morfología, dinámica y recorrido pero también son dos cauces similares en cuanto al estado de degradación en el que se encuentran algunos de sus tramos tanto en lo referente a la calidad de sus aguas como a la desestructuración de su bosque de galería. Este estado de alteración natural, afecta notablemente a una función esencial que cumplen ambos ríos, al suponer auténticos corredores naturales que vertebran, unen, conectan los territorios que atraviesan, y proporcionando a lo largo de su recorrido islas o refugios donde la diversidad natural encuentra un desahogo, un lugar donde permanecer ante la pérdida progresiva de hábitats naturales y el aislamiento de los que aún perduran. Es por ello que intentar devolver al recorrido de estos ríos parte de su estado natural supone salvaguardar, quizás los últimos reductos naturales de interés que perduran en la Campiña sevillana.

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La Sierra Sur SIERRA DE MONTELLANO

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SIERRA DE SAN JUAN

VÍA VERDE DE LA SIERRA

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EL PINALEJO

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Convivencia entre el olivar y las zonas naturales.

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La Sierra Sur

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C Atardecer desde la Sierra de San Pablo.

onforme nos desplazamos hacia el sur, vemos como aparecen los primeros mantos de corrimiento, las primeras elevaciones testigo mudo de pasados procesos geológicos que nos avanzan que se va ha producir el cambio del suave paisaje campiñés al agreste y a veces anárquico paisaje serrano. Poco a poco estas sierras que destacan entre las cercanas lomas, dejan de estar aisladas y se presentan como un continuo encadenado, una serie coordinada de formaciones serranas, que son a su vez suave preámbulo del resto de formaciones Béticas que muestran su acentuada, robusta y profunda estructura en el hondo horizonte que se aprecia en los días claros. Este trasiego de lo que conocemos como Campiña hacia la Serranía es progresivo. Los usos agrícolas se resisten a desaparecer a pesar de la incipiente pendiente, y aún en nuestro recorrido por la Sierra Sur son los olivares y los campos de cereales mecidos por el viento los que pueden describirse como acompañantes en gran parte de nuestro camino, camino en el que también comienzan a asomar algunos encinares adehesados que tapizan las zonas de mayor elevación mostrando retales de lo que fue anteriormente la vegetación natural que predominaba en esta zona. La pérdida de capacidad agrícola de los suelos va marcando el cambio hacia una mayor abundancia de las formaciones naturales. Formaciones naturales que aún perduran en un mejor estado de conservación en las mayores estructuras serranas de todo el complejo, estructuras que constituyen la Sierra Suroeste Sevillana. Son en estos enclaves donde apreciamos la auténtica belleza de numerosos parajes que aún conservan el encanto de lo agreste, la atracción de lo natural, lugares en los que la frondosidad de la vegetación mediterránea se mezcla con la fría pero artística geología caliza de los puntos más elevados, en contraste con la rica profundidad de los

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Cernícalo.

valles excavados por el cristalino discurrir de los ríos; ríos que fluyen serpenteando sus brazos de vida por estos territorios. Gracias a esta fastuosa diversidad geológica, orográfica y por ende paisajística, se generan multitud de hábitats naturales que acogen a numerosas poblaciones y comunidades faunísticas que encuentran lugares apropiados para su supervivencia y desarrollo. En nuestros paseos con la clara luz de la mañana, deleitando nuestra vista sobre cualquier monte o valle de estas sierras, podemos descubrir que el modesto color verde posee una gran gama de matices, escondiéndose tras cada tonalidad o matiz una especie diferente del rico bosque y sotobosque mediterráneos formando un bello tapiz cromático, tapiz que si nos detenemos y miramos con más detalle está a su vez formado de otras muchas tonalidades, muestra de la elevada diversidad vegetal que aún alberga estas sierras. La Sierra Sur Sevillana que nos ocupa, está constituida por los territorios de Morón de la Frontera, La Puebla de Cazalla, Montellano, Coripe y Pruna, municipios de marcado carácter que se funden en la belleza de los territorios donde se enclavan. Es precisamente esa transformación del paisaje llano de la Campiña en el cada vez más acentuado relieve de la serranía, la que conforma la valía del conjunto, enriqueciéndose unos con los otros y dotando de personalidad propia a la suma de ambas unidades. Las sierras de Espartero, San Pablo, Coripe, El Tablón, San Juan, El Pinalejo... y la propia Vía Verde como eje vertebrador de todo el conjunto, constituyen auténticos núcleos donde la diversidad florística y faunística puede conservarse, mantenerse y evolucionar, proporcionando la posibilidad de que gracias a la acción de los cursos fluviales que la surcan (los ríos Guadalete, Guadalmanil, Guadalporcún, Guadaira y Corbones), se interconecten funcionalmente con otros ecosistemas en regresión o ecosistemas degradados evitando o imposibilitando la pérdida de la estructura y funcionamiento ecológicos por completo de estos hábitats que se encuentran sometidos a mayores impactos negativos. Por tanto, entre los múltiples valores naturales, culturales o

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Flor del Almendro.

Sucesión de cadenas montañosas visible desde Pruna.

turísticos que debe tener para nosotros la existencia y conservación de estos enclaves, hemos de ser conscientes de que cumplen una importante función como reductos o reservorios de una biodiversidad bastante diezmada en otras áreas que aunque muy próximas han perdido parte de su valor natural. Es el cambio de altitud del territorio, el que va marcando el abandono de la Campiña y la aproximación a las zonas serranas. Esta progresiva transformación del paisaje se va haciendo patente a partir de una banda que desde el suroeste de la comarca, coincidiendo prácticamente con la mitad sur del término de Montellano, va discurriendo hacia el noreste, atravesando el término municipal de Morón de la Frontera, hasta alcanzar el tercio superior del término de La Puebla de Cazalla donde toma una orientación este. En esta banda, se produce un cambio en la altitud general, que pasa a ser de unos 100-200 metros de media a 200-300 metros siguiendo este ascenso paulatino conforme nos adentramos hacia el sureste. Este aumento de altitud es indicativo de las nuevas formas del relieve que comienzan a aparecer como consecuencia de los plegamientos alpinos que levantaron los orógenos de la subbética cuya datación geológica predominante corresponde al Triásico, y en el que abundan las margas yesíferas junto a otras zonas de margocalizas del terciario con calizas del jurásico ya en áreas más concretas. Los usos que del suelo se realizan, se adaptan a las nuevas condiciones morfológicas y estructurales lo que se traduce en un predominio de los usos forestales y dehesas, fundamentalmente en los términos de Coripe, porción oeste del término municipal de Morón, sur del término de La Puebla de Cazalla, zonas centro

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Buitre leonado posado en un roquedal.


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Álamo blanco.

y oeste del término de Montellano y las zonas no ocupadas por olivares del término municipal de Pruna. Las áreas en las que se reflejan estos usos se corresponden con sierras de particular interés ecológico y ambiental: Sierra de Esparteros, Sierra de San Juan, Sierra de Montellano, Sierras de Coripe, Vaquera y Zaframagón y la Sierra del Tablón fundamentalmente. Asociadas a la gran variedad de hábitats que generan las formaciones geológicas y vegetales aparecen gran cantidad de poblaciones faunísticas, cuya importancia y distribución se identifica en gran medida con el estado de conservación de los distintos parajes, es decir, con su grado de naturalidad. Por ello no es raro encontrarnos con multitud de tipos de animales: aves, que desde los vistosos abejarucos y abubillas hasta los majestuosos buitres leonados y distintos tipos de águilas pueden acompañarnos en nuestro recorrido. Mamíferos como liebres, cabras montesas, tejones, erizos, conejos, meloncillos o zorros que pueden ser sorprendidos en sus habituales comportamientos antes de que inicien su huida. Al igual que numerosos reptiles como los llamativos lagartos (el ocelado o el lagarto verde), culebras o diversas lagartijas que también podemos avistar con algo de suerte. Sin olvidarnos de la multitud de invertebrados, algunos de los cuales nos asombran por su frágil belleza como las distintas especies de mariposas que podemos encontrarnos. En nuestro paseo, vamos a ir describiendo éstas y otras especies animales, especies que enmarcaremos dentro de los distintos paisajes, de los diversos entornos que por su relevancia vamos a distinguir en nuestro recorrido para facilitarnos nuestra orientación, nuestra visión del conjunto del complejo serrano.

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Sierra de Montellano

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Vista desde la Sierra.

Vista de Montellano en la falda de su Sierra.

pesar de que una gran superficie del territorio de Montellano se dedica al olivar y a los cultivos herbáceos de secano, el propio municipio está situado en las faldas de la denominada sierra de Montellano o sierra de San Pablo, formación caliza que se eleva hasta los 600 metros de altitud y en la que destacan formaciones boscosas de coníferas y de quercíneas junto a otras zonas de matorral. En estas formaciones vegetales el pino carrasco (Pinus halepensis) junto al pino rodeno o resinero (Pinus pinaster) constituyen las especies dominantes. El Pinus pinaster, árbol que puede alcanzar los 30-40 metros de altura de porte regular en su juventud (copa piramidal) aunque en la madurez su porte es más variable, con la copa irregular y reducida a un tercio de su altura posee una característica corteza muy gruesa y resquebrajada de color rojizo. Sus hojas son aciculares, grandes y envainadas en grupos de dos. El pinar, acompañado de encinas (Quercus rotundifolia) y algarrobos, determina sobre la base de un sustrato calizo común un complejo cortejo florístico de especies arbustivas y herbáceas, (jaras, romeros, lirios, algarrobos, palmitos, rosaceas, aulagas, lentiscos, mirtos, majuelos, etc.), destacando quizás la presencia de alguna orquídea singular. Caben destacar tres elementos singulares de esta formación serrana: el castillo de Cote, construcción defensiva, de original estructura arquitectónica del siglo XIII situado estratégicamente para la defensa del acceso desde el río Guadalete, los Tajos de Mogarejo, zona de gran valor paisajístico, declarada Monumento Natural por la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, que posee grandes escarpes de más de 30 metros de altura y que mantiene gran riqueza en especies vegetales destacando el algarrobo (Ceratonia siliqua) como especie asociada al los primitivos bosques de encinas, y ,por último, merece señalarse la celebración, en la

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Tajos de Mogarejo.

sierra de San Pablo, de la romería de San Isidro Labrador, fiesta popular del primer domingo posterior al 15 de mayo, declarada de Interés Turístico Nacional de Andalucía y en la que se disfruta de un día de esparcimiento en plena naturaleza Hacia el sur del término municipal, bordeando sus límites, encontramos el río Guadalete curso fluvial que surca la provincia de Cádiz, en cuyas riberas todavía perdura la frondosidad vegetal característica. Álamos, fresnos y tarajes flanquean su cauce, otorgándole gran valor natural y paisajístico, acompañando parte de su recorrido a la Vía Verde de la Sierra, corredor que conecta Puerto Serrano con Olvera, atravesando territorios de gran calidad natural, que describiremos más adelante.

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Ophrys Lutea.


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Vista general de la Sierra de San Pablo.

RĂ­o Guadalete.

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Atardecer en el interior del bosque de pinos.

Barlia Robertiana, una orquidea de las bellas de la Sierra de Montellano.

Vista aĂŠrea del Castillo de Cote.

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Sierra de Esparteros

S Candil (Arisarum vulgare).

Hornos de Cal.

i se prosigue el recorrido sobre esta banda, cuyas características morfoestructurales son netamente serranas, ya en el término municipal de Morón de la Frontera, en dirección noreste, localizamos la Sierra de Esparteros, manto de cabalgamiento que alcanza los 587 metros de altura, sobre el que se encuentran varias explotaciones mineras que extraen el sustrato calizo del que está constituido principalmente. Este aprovechamiento, aunque no con el rendimiento de las canteras actuales, se viene realizando desde tiempos remotos, en los que suponía toda una economía tradicional de subsistencia para la zona. Desde muy antiguo se obtenía la cal viva a partir de la piedra caliza sometiendo a la piedra a un proceso de calcinación, por acción del fuego, “se cocía la cal” en unos hornos especiales, de manera artesanal, situados próximos a las canteras en las que se extraía la piedra caliza. Actualmente la mayor parte de la producción está asociada a una forma de explotación industrial, que redunda en una serie de impactos sobre el medio natural de Esparteros, impactos que repercuten en la alteración de la estructura y morfología de esta formación y en la consecuente degradación del ecosistema mediterráneo que prevalecía anteriormente. Como consecuencia de estos impactos sobre el medio, la vegetación existente se encuentra en un estado serial regresivo correspondiente a la serie termomediterránea básica de la encina predominando zonas de matorral mediterráneo, en las que ha desaparecido el estrato arbóreo como tal, encontrándose ejemplares de algarrobos, lentiscos, matagallos, palmitos o acebuches con una baja densidad de población. Anexas a estas áreas de matorral, en un estado serial más estabilizado, aparecen espacios adehesados, donde se conserva la

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Vertiente sur.

interrelación entre los distintos estratos vegetales, lo cual a su vez permite la creación de los hábitats necesarios para la persistencia y desarrollo de las especies vegetales y animales complementarias. Por último señalar unos espacios más reducidos de pastizales, una pequeña extensión de coníferas antrópicas y en la porción norte de Espartero discurre un río Guadaira en el que ya es patente su estado de degradación ecológica tanto en la calidad de sus aguas como en la diversidad y estructura de su bosque ripario. Pascual Madoz, en su “Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España” editado entre 1845 y 1850, cita a la sierra de Espartero en los siguientes términos: “Sería difícil enumerar los cerros y gargantas que se encuentran en este partido judicial, especialmente al este donde empieza el montañoso país de la serranía de Ronda, por cuya proximidad tomó el nombre de Morón de la Frontera la capital del partido judicial que nos ocupa. La montaña ó sierra mayor que en él se encuentra es la de Montegil ó Espartero, distante ½ legua de Morón, en el camino de herradura que vá a Montellano, los Puertos y campo de Gibraltar: tiene

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Las formaciones calizas coronan la cima de Espartero.

Algarrobo de hermoso porte.

de elevación por su centro unas 500 varas y ½ legua de largo; su figura es oblonga, su posición de este a oeste, y toda ella es una gran masa de piedra caliza, de que se saca excelente cal.” Esparteros, de la que ya dio cuenta de su singularidad económica y paisajística Madoz, otorga una marcada personalidad al paisaje natural de Morón; es fácil asociar su peculiar silueta desde cualquier punto en que la divisemos con la población de Morón bajo cuyas faldas se asienta y de cuyos materiales se enriquece. Se trata de su sierra, de su historia y de su identidad, de un patrimonio común que ofrece una diversidad biológica que poco a poco va disminuyendo en aras de usos y aprovechamientos cuya planificación no se compatibiliza con el mantenimiento de los recursos de los que se nutren. Por ello, la compatibilidad entre los usos industriales y la conservación del medio natural se hace necesaria, se han de conciliar ambas necesidades en pro de un desarrollo que no comprometa el futuro, en aras de un desarrollo sostenible y duradero en el tiempo, en aras del bien común.

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Disiectam toto videt aequoreclassem, fluctibus oppressos Troas caeliq ue ruina. Sierra de laAeneae, Peñagua.

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Sierras de San Juan, de la Peñagua y de las Encarnaciones

L Abejarruco.

Lavanda.

as Sierras de la Peñagua, de las Encarnaciones y de San Juan, son tres formaciones que merecen ser destacadas del conjunto de promontorios que se alzan en la zona oriental del término municipal de Morón de la Frontera. Si proseguimos nuestro recorrido hacia el este, dejando atrás Espartero y atravesando campos de olivares y de cultivos herbáceos de secano, nos encontramos con una nueva formación geológica interesante, la Sierra de San Juan, que aún en término municipal de Morón, nos ofrece un rico paisaje de espacios adehesados, tiempo atrás dominantes en todos los territorios de la provincia, y que hoy en día perduran en los enclaves serranos de la misma. Este conjunto de elevaciones otorgan continuidad a la banda de cabalgamientos, a la banda de elevaciones que van marcando este cinturón orográfico, sirviendo de puente, de conexión con las formaciones que se asoman ya por los territorios de La Puebla de Cazalla. Sobre un sustrato de margas yesíferas predominantes, la vegetación potencial de esta zona se corresponde con la serie termomediterránea básica de la encina en la porción norte y con la serie mesomediterránea básica de la encina en la porción sur de la Sierra de San Juan. Cabe destacar en este paisaje como en sus dehesas se cultiva el cereal aprovechando las zonas donde la pendiente no es tan acusada y con una densidad de pies de chaparros más baja; nuevamente se practica un uso agrícola en aquellas áreas donde sus características edáficas posibilitan cierta productividad. En el área centro-oriental de dicho término se vislumbra una loma alargada, que en su cota más alta alcanza los 454 metros de altura, la denominada sierra de la Peñagua, formación geológica de naturaleza margocaliza, al igual que las otras, que es acompañada desde su origen por el discurrir del río de la Peña en su vertiente este. Destacar de este promontorio el farallón o tajo de la Serena, sobre el que se desarrolla

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Espacio adehesado en la falda de la Sierra de San Juan.

Perdiz.

una diversa cubierta vegetal, adaptada a las especiales características climáticas que debido a su orientación en él se generan. Como continuación de la Peñagua se alza con sus 661 metros de altura la Sierra de las Encarnaciones, siguiendo una progresión hacia el sureste. Constituyendo ambas formaciones un área en la que los espacios adehesados junto al matorral predominan en el horizonte. Señalar por último en la Sierra de las Encarnaciones el quejigal de la ladera norte.

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Culebra de Escalera.

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Disiectam Aeneae, toto videt aequoreclassem, fluctibus oppressos Troas caeliq ue ruina.

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Vía Verde de la Sierra

D Viaducto de la Vía Verde.

Buitre.

esde el sur del término municipal de Montellano, dejando al norte las formaciones de la Sierra de San Juan, iniciamos un nuevo periplo que nos guiará a través de profundos parajes serranos de enorme riqueza natural, adentrándonos en la denominada Vía Verde de la Sierra, corredor que atraviesa transversalmente las entrañas de estos montes, y que se abre paso gracias a las infraestructuras creadas para la línea de ferrocarril Jerez-Almargen, una vía de comunicación que comenzó a proyectarse desde finales del siglo XIX con fines comerciales inicialmente, aunque también se le encontraron intereses estratégicos para los movimientos militares de la época; sin embargo hasta 1927 no comenzaron las obras, que tuvieron que detenerse con la guerra civil, tras la cual continuaron de forma intermitente hasta la década de los 60, en la que se paralizaron definitivamente. Todas las infraestructuras que se habían creado para la proyectada línea de tren: viaductos, puentes, túneles, el propio recorrido, sufrieron un gran deterioro a causa del abandono, hasta que a finales del siglo XX, distintos colectivos decidieron reutilizar el ingente esfuerzo realizado tiempo atrás y transformarlo en un corredor natural que posibilitara descubrir de manera cómoda parajes, lugares y paisajes desde una nueva perspectiva que permitiera conocer y adentrarse de una manera fácil en los valores de una naturaleza olvidada y la creación de una nueva oferta cultural, turística y ambiental para toda una comarca necesitada de empujes dinamizadores de sus gentes y economía. Así pues, la Vía Verde de la Sierra, se constituye como eje vertebral de los territorios que recorre entre las provincias de Sevilla y Cádiz iniciándose en Puerto Serrano y concluyendo entre las poblaciones de Pruna y Olvera. Su recorrido en el tramo inicial es paralelo al curso del Guadalete hasta la “Junta de los ríos” ya en el término municipal de Puerto

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Sierra de Coripe.

Municipio de Coripe flanqueado por sus sierras.

Serrano en donde el Guadalporcún confluye en el Guadalete en este singular paraje, próximo al área recreativa de “la Toleta”. A partir de aquí el Guadalete se separa hacia el sur, tomando el relevo el Guadalpocún con un sinuoso recorrido casi paralelo en algunos de sus tramos a la vía verde. Durante nuestro itinerario se han alternado olivares en rigurosas pendientes con el robusto monte mediterráneo que perdura en los promontorios calizos que culminan el abrupto recorrido por los marcados valles del Guadalporcún, valles y sierras que son salvados mediante puentes, viaductos y túneles que jalonan todo el camino ofreciéndonos la posibilidad de penetrar en las entrañas de los montes que a nuestro paso se nos enfrentan. Ya en el término de Coripe nos adentramos en el túnel del castillo, que atraviesa la Sierra Vaquera de Coripe durante 990 metros en un trasiego de silencio, penumbra y humedad donde somos partícipes de la capacidad del ser humano de modificar su entorno unido al sobrecogimiento de encontrarnos en el corazón de una sierra que se vislumbra cual estrella al final de la oscuridad. Son más de treinta los túneles que nos permiten avanzar de manera singular perforando las sierras y sorprendiéndonos con la variabilidad de los paisajes que nos descubren al atravesarlos. Poco a poco, al abandonar el túnel del Castillo y acomodarnos a la claridad del día, nos comienza a sobrecoger el paisaje que se nos regala ya que nos adentramos en un área marcada por un profundo valle por el que serpentea el Guadalporcún flanqueado por formaciones calizas tapizadas de bosquete mediterráneo, formaciones en las que su naturaleza geológica queda patente, vislumbrándose caprichosos y marcados roquedales calizos moldeados por la lenta pero continua meteorización del agua y el viento. Salvando el valle del Guadalporcún se alza majestuoso uno de los cuatro viaductos que podemos encontrar a lo largo de la Vía

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Chaparro de la Vega.

verde. Es el denominado Viaducto de “la perdiz”, que nos acompaña durante los 237 metros de longitud que posee, teniendo un arco central de 25 metros de luz. Tras pasar el viaducto, encontramos un camino a la derecha que baja hasta el Guadalporcún, sendero que merece ser recorrido, pues nos conduce hasta un meandro donde nos aguarda el “chaparro de la vega” una espectacular encina de más de 700 años, que con 13 metros de altura y un diámetro de 1,20 metros, alza su copa con un vigoroso porte que ha acompañado a los lugareños durante estos siete siglos, siendo testigo mudo de gran parte de su historia. Actualmente este extraordinario ejemplar de Quercus rotundifolia está declarado Monumento Natural de Andalucía desde el año 2000 y acompaña a los Coripeños en su Romería de la Virgen de Fátima, constituyéndose en el alma del área recreativa allí situada. La visión de sus poderosas ramas alejándose del tronco, describiendo un prefecto arco hasta casi posarse, acariciando el suelo al final de su recorrido, nos traslada a recordar que este magnífico ejemplar cuyo porte nos sobrecoge fue una humilde bellota, desde lo más frágil y pequeño hasta lo más robusto y grande. Ahí reside la magnificencia de la naturaleza.

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Uno de los túneles de la Vía Verde.

Siguiendo por la Vía Verde llegamos a la Estación de Coripe, edificio que forma parte de las infraestructuras de la antigua línea de ferrocarril y que se ha rehabilitado como hospedería y restaurante donde disfrutar de una típica gastronomía en este singular enclave. Además de ésta, hay otras tres estaciones que tras ser restauradas ofrecen diversos servicios al visitante: Puerto Serrano, Olvera y Zaframagón. En esta última se está trabajando para situar un Centro de Interpretación Ornitológico de vital importancia para conocer en profundidad la biología de la avifauna que abunda en los inaccesibles roquedos calizos de las cumbres de estas sierras. Tras nuestra estancia en la Estación de Coripe proseguimos nuestro trayecto atravesando cuatro nuevos túneles, acompañados en algunos momentos por el Guadalporcún, protegidos por los enclaves rocosos que marcan la ruta a seguir y flanqueados por una exuberante vegetación hasta aproximarnos a unos de los parajes más interesantes de todo el recorrido: el Peñón de Zaframagón, formidable macizo calizo, de 1 km2 de superficie en la base y con una altura máxima de 584 metros, que erosionado durante miles de años por el Guadalporcún, surge como un auténtico escudo vertical que contiene una de las mayores colonias de buitres leonados de la Península.

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Buitre leonado sobrevolando la Sierra.

Por la existencia de esta especie emblemática junto a otras especies de aves y mamíferos que encuentran en él los hábitats más adecuados para vivir, el Peñón de Zaframagón se encuentra protegido bajo la figura de Reserva Natural, por lo que el acceso al mismo y la gestión y manejo que se realiza del entorno están reguladas por la autoridad autónoma ambiental. El Buitre leonado o buitre común, Gyps fulvus, que en el Peñón encuentra un hábitat ideal para su supervivencia y desarrollo, es una de las mayores rapaces ibéricas, con 100-110 cm de longitud, 236-280 cm de envergadura y 6-9 kg de peso. Poseen un largo cuello, que al igual que la cabeza se encuentra desprovisto de plumas, aunque sí tienen un corto plumón blanco que acaba en un collar o gorquera blanco, ofreciendo la típica estampa de este ave. Suelen ser de color pardo o marrón pálido, con las plumas de las alas de color negro que en vuelo contrasta con el color del resto del cuerpo. Es un animal muy gregario que nidifica en los perfiles rocosos de estas sierras y peñones. Se alimenta de carroñas de grandes y medianos mamíferos, domésticos y salvajes, pero nunca cazan una presa viva. Buscan los cadáveres en zonas abiertas y cuando un individuo se percata en sus vuelos de la presencia de un cadáver desciende en círculos para avisar al resto de la colonia, concentrándose en la zona y descendiendo hacia el animal muerto. Por lo general son individuos monógamos, teniendo lugar el cortejo en vuelo. Las cópulas se producen entre diciembre y febrero, poniendo un único huevo, ya que dependen totalmente del muy variable y específico alimento. Durante la incubación, que suele durar entre unos 54-58 días, en la que colaboran macho y hembra, pueden abandonar fácilmente el nido a consecuencia de perturbaciones humanas; por ello hemos de tener especial cuidado de respetar los límites de la reserva natural y no realizar ruidos

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Vista desde la cima del Peñón.


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Variedad cromática en la ribera del Guadalporcún en otoño.

innecesarios. Los pollos del buitre pasan en los nidos entre 110118 días, dejándolo a los tres meses y medio, progresivamente, hasta independizarse. Es inconfundible la marcada silueta del buitre sobrevolando estos cielos oteando el territorio en busca de alimento, en su lento pero riguroso planeo. Junto al Peñón de Zaframagón se alza un viaducto sobre el Guadalporcún, río en el que en este punto confluye el Guadalmanil, pudiéndose admirar desde esta privilegiada posición la composición y estructura de su bosque de ribera, así como una vista del progresivo encajonamiento del río en el peñón, conocido éste como el cañón del Guadalporcún y bautizado por los lugareños como la garganta del Estrechón. Se aprecian desde esta privilegiada posición algunas formas erosivas típicas como marmitas de gigante o pozas en el fondo del río. En este enclave confluyen un conjunto de características que realzan sus valores naturales: la existencia de formaciones de bosquete mediterráneo y del bosque de ribera provocan el solapamiento espacial de estos dos ricos y diversos ecosistemas, marcando una elevada diversidad natural, al sumarse integrantes de ambos. Cabe destacar igualmente la presencia de comunidades rupícolas en las zonas más elevadas, sobre las rocas calizas, bien adaptadas a la escasez de suelo. Por ello, podemos encontrar manchas donde se conservan ejemplares de encinas, acompañadas de acebuches y por un matorral constituido fundamentalmente por madroños, palmito, espino albar, lentisco, olivilla, jaras, aulagas, coscojas, etc. Formando las bandas riparias en los ríos encontramos especies como sauces (Salix alba), mimbreras púrpura (Salix purpurea), tarajes (Tamarix africana), chopos (Populus nigra), mimbreras (Salix fragilis), adelfas (Nerium oleander), etc.

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La silueta del Peñón de Zaframagón rompe el horizonte.

Mapa de la Vía Verde

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Ricos matices cromáticos asoman entre el tapiz herbáceo.

La visión conjunta de las formaciones geológicas calizas que marcan la silueta del peñón, en contraste con el tapiz vegetal que se abre paso hacia las profundidades de las riberas del Guadalporcún y del Guadalmanil, va guiando nuestras miradas hasta que observamos en lo alto las siluetas planeadoras de los buitres leonados que buscando las corrientes de aire ascendentes surcan el área de Zaframagón ofreciéndonos un espectacular conjunto natural difícil de igualar. En estos roquedos, suele ser habitual que aniden otras especies de rapaces como el halcón peregrino, (Falco peregrinus), águilas culebreras, águilas perdiceras, (Hiraetus fasciatus), el alimoche, (Neophron percnopterus), el búho real (Bubo bubo) o el cernícalo. Dentro del grupo de las paseriformes podemos encontrar al avión roquero, (Hirundo rupestres), cogujada montesina (Galerida theklae), collalba negra (Oenanthe leucura), y el roquero solitario (Monticola solitarius), entre otros. En su conjunto la diversidad faunística en este paraje es bastante elevada, pudiéndonos acompañar observándonos desde las cumbres algunos ejemplares de cabras montesas que grácilmente continúan su actividad sobre las empinadas lomas. Dejando el Peñón de Zaframagón y un poco hacia adelante en nuestra ruta, nos topamos con el poblado de Zaframagón –conocido en la zona como Siete Humeros–, sobre una loma que atravesamos mediante un túnel, dejando sobre nosotros la visión de sus casas blancas sobre la ladera. A lo largo de la Vía Verde de la Sierra hemos podido apreciar la enorme diversidad geológica, florística y faunística que atesora: la diferente consistencia de las rocas que constituyen el terreno y la acción erosiva de los cursos fluviales configuran un relieve en el que se conjugan valles y barrancos donde predominan las margas yesíferas junto a roquedos y lomas con canchales lo que denota la

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Estación de Coripe.

presencia de calizas en estas formaciones, y ofrece una alta geodiversidad al paisaje que disfrutamos. Paralelamente, la vegetación que nos acompaña es un compendio entre el olivar de secano, algunos cultivos herbáceos también en secano (cereales fundamentalmente) y el espacio adehesado junto a zonas de matorral y pastizales. En estas zonas la vegetación existente es la correspondiente a la serie termomediterránea básica de la encina, cuyo principal integrante, como su propio nombre indica es la encina (Quercus rotundifolia), árbol de crecimiento lento pero hermoso porte, con corteza rugosa y de hojas pequeñas y coriáceas, adaptadas al fuerte estiaje veraniego de estas zonas. Como especies integrantes del resto del cortejo florístico de esta serie podemos encontrarnos el lentisco (pistacia lentisco), el acebuche (Olea europaea) variedad silvestre del olivo, el palmito (Chamaerops humilis) o palmera enana, el matagallo (Phlomis purpurea), diversas jaras (Cistus albidus, Cistus crispus, Cistus ladanifer), el espino majuelo (Crataegus monogyna), con sus espinas defensoras del pastoreo, etc. Hemos de prestar especial relevancia a las especies de ribera, que acompañan al Guadalete y al Guadalporcún, dos cursos fluviales que discurren en muchos de sus tramos paralelos a la Vía Verde, y que enriquecen con su flora riparia el acervo general; entre éstas podemos destacar al taraje (Tamarix spp.), arbusto con porte arbóreo, de corteza parda y agrietada, con hojas escamiformes y caedizas y flores agrupadas en racimos que surgen de las ramas terminales de

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Xxxxxxx.


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Lechuza.

Águila Culebrera.

Chopos.

color blanco o rosado; se trata de un árbol tolerante a la salinidad de las aguas, a las inundaciones y a las sequías, por lo que resiste condiciones bajo las que otros integrantes del cortejo ripario sucumbirían; suelen disponerse en la primera banda de ribera, próximos a la línea de agua. En la misma línea de agua surgen los helófitos como las cañas (Arundo donax), juncos (Juncos spp.) o carrizo (Phragmites australis), grandes colonizadoras de cauces y márgenes si no tienen otras especies que compitan por el espacio y por la radiación solar. Intercalados con los tarajes o en una banda tras ellos se alternan poblaciones de álamos (Populus spp.), árboles de corteza blanquecina en los ejemplares jóvenes, agrietándose longitudinalmente en los viejos. Poseen unas características hojas con un tomento blanquecino en el envés, que originan un curioso efecto visual al ser mecidas por el viento; y los fresnos (Fraxinus angustifolia), árboles de hermoso porte, pudiendo alcanzar hasta los 25 metros de altura, con hojas imparipinnadas con 3 a 13 foliolos lanceolados y de borde aserrado. Estas especies principales se encuentran acompañadas del resto de integrantes del cortejo florístico ripario, constituido por multitud de especies trepadoras, arbustivas y herbáceas. Sobre el sustrato geológico se desarrolla un suelo fértil y profundo, en íntima relación con las especies vegetales que sobre él coexisten; este complejo y variado cortejo florístico, a su vez, crea los nichos ecológicos necesarios para el desarrollo y supervivencia de multitud de especies animales, una fauna diversa y variada

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Meloncillo.

gracias a la variedad de hábitats interconectados; por ello, durante nuestro periplo por la Vía Verde de la Sierra, podemos reconocer gran cantidad de animales, siempre y cuando nos acerquemos de manera respetuosa y sigilosa a los diversos enclaves naturales. La avifauna es variada y fácil de observar, pudiendo aparecer en nuestro recorrido especies como: el zorzal común, (Turdus philomelos), el petirrojo (Erithacus rubecula); la curruca mosquitera, (Sylvia borin); la tarabilla común, (Saxicola Torcuata); el zarcero pálido, (Hippolais pallida); el buitrón, (Cisticola juncidis); la perdiz roja, (Alectoris rufa); grajillas (Corvus monedula); o el roquero solitario, (Monticola solitarus). En cuanto a las rapaces, aparte de las ya referidas en el Peñón de Zaframagón, podemos encontrarnos con el águila culebrera, (Circaetus gallicus); el busardo ratonero, (Buteo buteo); el cernícalo vulgar, (Falco tinnunculus); o el águila calzada, (Hieraaetus pennatus). Dentro de las aves nocturnas podemos encontrar al búho real (Bubo bubo), la lechuza (Tyto alba), el cárabo (Strix aluco) o el chotacabras (Caprimulgus europaeus). Dentro del grupo de las coraciformes, que reúne pájaros que nidifican en el interior de cavidades y que son capaces de trepar por paredes verticales, encontramos algunos como el martín pescador, (Alcedo tais); la abubilla, (Upupa epops); la carraca (Coracias garrulus) o los vistosos abejarucos (Merops apiaster), aves coloniales que migran en otoño para invernar en la sabana africana y regresan a comienzos de la primavera, entre abril y mayo, a la Península Ibérica para nidificar. Los abejarucos realizan sus nidos en taludes y cortados arenosos, con especial preferencia por los situados cerca de los ríos, excavando una galería que puede alcanzar el metro de profundidad, en donde depositan entre cuatro y seis huevos. Se trata de uno de los pájaros europeos de mayor colorido: dorso verde, vientre amarillo o azul grisáceo y garganta amarilla brillante, resaltando las partes negras del cuello, rostro, collar y borde de las alas. Se

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Cima del Peñón.


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Flor de la Jara.

Cabra Montesa.

trata de un volador extraordinario, cuyas piruetas en el aire cuando persigue a un insecto más rápido que él, son un verdadero espectáculo. Se alimenta pues, cazando al acecho y capturando en pleno vuelo a insectos, prefiriendo en su dieta a los himenópteros como abejas y avispas o bien coleópteros, lepidópteros, odonatos... En cuanto a los mamíferos, podemos ver, con algo de suerte, al meloncillo, (Herpestes ichneumon), depredador oportunista, de hocico afilado y con unos curiosos ojos dotados de una pupila rasgada en horizontal; se trata de la única mangosta autóctona del continente europeo. Otro depredador, pero en este caso generalista que campea por estas zonas es el zorro (Vulpes vulpes), caracterizado por su agudo hocico y su espesa cola. Hemos de remarcar la presencia de otro mamífero, pero en ese caso de hábitos y costumbres acuáticas, la nutria (Lutra lutra), mustélido cuya actividad comienza al atardecer, subiendo río arriba varios kilómetros en busca de alimento (cangrejos, peces, frutos...) y regresando a su guarida al cumplir su cometido. Ha sido considerada durante muchos años como indicador de la calidad de las aguas en las que habita, pudiendo observarse en el Guadalporcún y en el Guadalete. También es posible encontrar ratas de agua (Arvicola sapidus) en los cursos fluviales. Otros mamíferos son más fáciles de ver como el conejo (Oryctolagus cunniculus) y la liebre (Lepus granatensis); otros sin embargo son bastante huidizos como el tejón (Meles meles), la comadreja (Mustela nivalis) o el erizo europeo (Erinaceus europaeus). En estos ríos habitan peces del grupo de los barbos (Barbus comiza), colmillejas (Cobitis taenia) o bogas (Chondrostoma polylepis), junto a anfibios como la ranita meridional (Hyla meridionalis), la rana común (Rana ridibunda), el sapo de espuelas (Pelobates cultripes), el sapo común, (Bufo bufo) y galápagos como el galápago leproso (Mauremys caspita).

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Los reptiles suelen ser muy escurridizos, aunque no son difíciles de sorprender antes de que emprendan la huida, pudiendo encontrarnos ofidios como la culebra de herradura (Coluber hippocrepis), la culebra bastarda (Malpolon monspessulanum) o la culebra de escalera (Elaphe scalaris); entre los saurios cabe destacar: la lagartija colilarga (Psammodromus algirus), la lagartija roquera (Podarcis muralis), la lagartija ibérica (Lacerta iberica) o la culebrilla ciega (Blanus cinereus) y algún saurio de mayor tamaño como el lagarto ocelado (Lacerta lepida) o el lagarto verde (Lacerta viridis). Toda esta fauna de manera potencial habita en las formaciones serranas de todo el conjunto que describimos en esta obra, con la única condición de que el grado de alteración existente no haya perturbado sus hábitats naturales, sus nichos ecológicos de manera sustancial para su alimentación, supervivencia y reproducción, permaneciendo el frágil equilibrio dinámico (fauna-flora-condiciones ambientales) que integra los ecosistemas de estos parajes. Por ello, tanto la cantidad como variedad de estas poblaciones pueden verse claramente afectadas, incluso pueden desaparecer de ciertos enclaves donde la presión sobre los recursos excede la capacidad de la naturaleza para tolerar las diferentes agresiones a las que la sometemos.

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Meada de Zorra (Narcissus Papyracens).


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Panor谩mica del Pe帽贸n de Zaframag贸n desde el Sur Oeste.

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Sierra del Tablón

S Aulaga.

Arroyo el Molino.

iguiendo hacia el este y dejando atrás los marcados valles y peñones serranos que conforman los paisajes de la Vía Verde, salimos de ésta y nos dirigimos hacia Pruna, una población ligada a la silueta de un imponente peñón, en cuya loma se sitúa el Castillo del Hierro y que nos ofrece un marcado contraste entre las blancas casas y edificios virtuosamente destacados bajo el imponente relieve, que se yergue con la verticalidad de la gran mole caliza, aderezada de olivares que se extienden desde sus faldas. En dirección a la vecina población de Algámitas vamos comprendiendo que estos edificios geológicos constituyen un conjunto más diverso y extenso: la sierra del Tablón, formación calcárea dividida en dos por el Puerto del Zamorano, que contiene el punto más alto de la provincia: el Terril, con 1.129 m de altura y el Peñón de Algámitas con 1.100 m. Está constituida en su conjunto por rocas calizas, margocalizas, y margas yesíferas, donde se desarrollan suelos de los clasificados como Litosoles y Cambisoles cálcicos. Sobre ellos, amplias zonas de matorral que llegan a colonizar lomas casi por completo, se alternan con espacios en los que un estrato arbóreo de chaparros aún puede apreciarse, perdurando zonas donde las encinas y acebuches permiten la existencia de un cortejo florístico más diverso y próximo al climácico. En las zonas de denso matorral, de maqui o maleza, éste está constituido por un sotobosque arbustivo, de hoja perenne y coriácea, dominado por la coscoja (Quercus coccifera), arbusto o árbol pequeño, que soporta muy bien la sequedad y la escasez de suelos, prefiriendo los suelos calizos. La coscoja posee hojas de color verde brillante y lustrosas por ambas caras, a diferencia de las de la encina; coriáceas y de borde espinoso-dentado. Sus flores son de pequeño tamaño, unisexuales; las femeninas originan bellotas gruesas, pero

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Conjunto de formaciones que constituyen la Sierra del Tablón. A la izquierda, el Castillo del Hierro, en el centro la cima de Peñón de Algámitas y hacia la derecha, la cima El Terril.

más cortas que la de otros quercus, cubiertas hasta casi la mitad por una cúpula de escamas que finalizan en espinas, tardando dos años en madurar. Son muy típicas unas estructuras esféricas que penden de las ramas, las denominadas agallas, estructuras de transformación foliar producidas por la parasitación de un insecto que induce el desarrollo anormal de estas protuberancias, de las que además deriva el nombre científico de la coscoja: Quercus, nombre latino de la encina, nos indica que pertenecen al mismo género; coccifera, vocablo que independiza la especie y que deriva del término latino coccifer-a-um: que tiene estas características agallas. Acompañando a la coscoja, encontramos a típicos integrantes del cortejo florístico del sotobosque calizo mediterráneo: el romero

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Coscoja


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Verderón común.

(Rosmarinus officinalis) con su característica fragancia que inunda el ambiente, el lentisco (Pistacia lentiscus) arbusto perennifolio que en otoño madura sus típicos pequeños frutos tipo drupa de color rojo a casi negro cuando maduran, la jara blanca, (Cistus albidus), las retamas, (retama sphaerocarpa), las aulagas, majuelos, palmitos, y zarzas... que en su conjunto constituyen un espeso matorral. Junto a la Sierra del Tablón, se encuentra la Sierra de las Lebronas, con 833 metros de altura. Donde igualmente predominan las formaciones de matorral asociadas a encinas y acebuches formando auténticos tapices vegetales adornados de multitud de tonalidades del verde intenso de nuestras especies esclerófilas mediterráneas.

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El Pinalejo

E Coleóptero en flor de Jara.

Collalba negra.

n el sureste del término municipal de La Puebla de Cazalla, encontramos una zona de sierras y serranías de 9.378 hectáreas de superficie, continuación geológica de las sierras de San Juan y de Las Encarnaciones. El Pinalejo es considerado el tesoro natural de La Puebla de Cazalla, conteniendo una rica flora mediterránea, cuyo integrante principal son los esbeltos pinos piñoneros (Pinus pinea), algunos de los cuales alcanzan portes considerables elevando sus regulares copas sobre el resto de integrantes en el cortejo florístico. Los pinos son acompañados aunque en menor número por encinas, de manera que el verde intenso de las acículas de los piñoneros se complementa por el apagado verdor de los pequeños y endurecidos foliolos de los chaparros, que junto al diverso matorral mediterráneo que monopoliza las zonas en las que debido a los aprovechamientos agrarios y ganaderos se eliminan o aclarean los ejemplares arbóreos, conforman el polícromo tapiz de esta sierra. Ese sotobosque está constituido fundamentalmente por las típicas especies arbustivas y herbáceas: la jara Blanca, (Cistus albidus), la retama, (Retama sphaerocarpa), el gamón, (Asphodellus albus), la lavanda, (Lavandula spp.), el romero, (Rosmarinus officinalis), los lirios, (Iris Xiphium), aulagas, (Genista spp.), espárragos amargeros, (Asparagus acutifolius), mejorana silvestre, (Thymus mastichina), narciso blanco, (Narcissus papyraceus), el acanto, (Acanthus mollis), la olivilla, (Teucrium fruticans), el torvisco, (Daphne gnidium), el matagallo, (Phlomis purpurea), el lentisco, (Pistacia lentiscos)… como ejemplares más abundantes. El conjunto formado por los árboles, arbustos y herbáceas generan los nichos necesarios para el desarrollo de la fauna típica del monte mediterráneo incrementándose la diversidad vegetal con la adición de la vegetación típica de ribera, que si bien en algunos tramos se encuentra bastante dominada por los eucaliptos, aún posee gran

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riqueza en otras especies. Esta banda riparia es la que acompaña al Corbones pues atraviesa literalmente el Pinalejo constituyendo incluso un lago artificial, un embalse, resultado de la acumulación de sus aguas por una presa que controla su caudal y permite el riego a lo largo del curso fluvial. Esta presa situada en el corazón de Pinalejo determina este inmenso lago, de más de 60 metros de profundidad en algunas zonas y que posee un potencial turístico y recreativo por gestionar de manera sostenible compatibilizando los nuevos usos con la conservación de los recursos naturales que precisamente le otorgan ese gran valor al conjunto del Pinalejo. La mejor forma de acceder al Pinalejo es precisamente a través de la carretera que lleva a la presa. Durante nuestro trasiego, dejamos atrás la suave campiña y poco a poco nos vamos adentrando en esta formación serrana que es delatada por la sinuosidad, por las curvas que esta carretera va adquiriendo conforme nos adentramos en él. El paisaje que se nos regala está marcado por montes y valles en los que se vislumbra el curso del Corbones cual brazo que penetra, que avanza en la lejanía hacia nosotros rodeados de pinos y chaparros que flanquean nuestro avance nos dejan asomar de vez en cuando en las cerradas curvas la visión de la cercana Campiña, adornada de olivos, llena de cultivos que nos recuerdan el inmenso valor del monte en el que nos encontramos como reliquia de una diversidad perdida. Así es el Pinalejo, situado en el extremo noreste de una banda orográfica que nos ha servido como referencia en nuestro recorrido por las formaciones serranas de estos territorios de la provincia de Sevilla, vínculo entre campiña, sierras y ríos que denota una cada vez más antropización en lo más profundo de sus valles.

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Embalse del Pinalejo.


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Peñón de Álgámitas visto desde las lomas del Pinalejo.

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Tipos de rocas

Núcleos de la Serranía Arcillas, limos y arenas Areniscas Calizas Margas Margas yesíferas Margocalizas Pizarras

Paisajes

Áreas urbanas e infraestructurales Bosque denso de quercinias Campiñas agrícolas de herbáceos de secano Campiñas agrícolas de olivar Dehesa quercinias Eucaliptales Lagunas Matorral degradado Matorral noble Pinares Riberas fluviales Vegas fluviales regadas Zonas forestales degradadas

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Altitud

Núcleos de la Serranía 100-200 1000-1100 1100-1200 200-300 300-400 400-500 50-100 500-600 600-700 700-800 800-900 900-1000

Capacidad de uso

Núcleos de la Serranía Tierras con buena capacidad de uso Tierras con excelente capacidad de uso Tierras con moderada capacidad de uso Tierras de protección Tierras marginales o improductivas

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Epílogo

E

n numerosas ocasiones podemos pasar cientos de veces por un paraje, podemos vivir en un determinado lugar o hacer un viaje y no percibir los valores naturales que nos rodean en nuestro quehacer cotidiano, precisamente por eso, por lo cotidiano. Pero ello no resta verdadera importancia a nuestro apreciado entorno, es más permite descubrir, cual velo que se levanta, una enorme variedad de recursos que permanecían en el rincón del desconocimiento. Así pues no es otro objetivo el de esta obra que recopilar, poner en conocimiento y adjudicar los valores naturales que posee nuestro territorio, previendo que tras este descubrimiento se encierre un mayor respeto, una mejor comprensión de una naturaleza en la que nos hallamos inmersos. Además, también nos permitimos acercar, aproximar a personas que no conocen nuestra comarca hacia una vertiente, unos paisajes y parajes que quizás no entendieran que pudiesen jalonar esta zona de la provincia de Sevilla, desvelar su riqueza en flora y fauna, su diversidad geológica, mostrando una esencia natural íntimamente ligada a la actividad humana, íntimamente ligada a los usos de unos territorios habitados desde épocas remotas. Por ello, en el convencimiento de que con la sensibilización, la concienciación y divulgación de los valores naturales y culturales contribuimos a la vertebración de nuestra Comarca en el marco de un desarrollo sustentable, un desarrollo compatible con la conservación de nuestro entorno, ponemos fin a estas palabras esperando haber despertado, haber desvelado al menos su interés con ellas.

AGRADECIMIENTOS Es necesario agradecer a todas las personas, organismos e instituciones que han colaborado en la realización de esta obra, aportando sus conocimientos sobre los valores naturales de esta zona de la provincia de Sevilla. Siendo vital la especial sensibilidad que nos transmitieron acerca de la naturaleza que aún encierra el conjunto de nuestro territorio.

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Espacios Naturales en la Serranía Suroeste Sevillana  
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