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20 de abril 2018 Colabora en el Fanzine. Escríbenos al correo medios@isc.gob.mx

Edición: Alejandra Olay Diseño: Argelia Juárez Fotografía: Juan Casanova

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WWW.ISC.GOB.MX “Este programa es público ajeno a cualquier partido político. Queda prohibido el uso para fines distintos a los establecidos en el programa”.

l hablar de los foros más importantes para la difusión del arte y la cultura en Sonora, “Un desierto para la danza” es una referencia. Este esfuerzo que se coordina desde el Gobierno del Estado y en el que se involucra de manera directa la comunidad dancística de So-

nora, se ha consolidado gracias a la sinergia entre instituciones federales y estatales, grupos, artistas, estudiantes, periodistas y público. Los retos, sin duda, siguen existiendo: logísticos, presupuestales, de difusión e incluso, creativos y de alcance. Sin embargo, los resultados hablan por sí solos: estamos celebrando 26 ediciones de una muestra internacional valorada, apreciada y reconocida como una plataforma profesional y arraigada que sucede en un espacio geográfico lleno del simbolismo que lo acoge: el desierto. Hoy, las y los jóvenes demandan mayor participación y presencia en su organización mientras que el público asiduo al Desierto ha contribuido a generar nuevos espectadores, testigos de la generosidad de grupos que comparten su saber sobre la danza contemporánea, cosechan aplausos, reconocimiento y generan nuevas responsabilidades. Desde el Instituto Sonorense de Cultura reiteramos el compromiso de seguir con el esfuerzo que conserve lo valioso pero también de dar nuevos pasos para continuar abriendo brecha en equipo, unidos por objetivos que nos lleven a más público, a reflexiones y determinaciones que nos permitan generar mayor sensibilidad entre la ciudadanía, con experiencia pero también asumiendo el rol que rompa paradigmas y mute a las nuevas necesidades de la danza en todos sus procesos: de creación, formación, investigación y gestión, reinventándonos para corresponder al compromiso social de una realidad que aspira a un desarrollo humano integral jamás exento del arte. Es fundamental una autoevaluación constante que nos permita, con certidumbre, retomar nuevos caminos para seguir creciendo. Y eso haremos, convencidos de que la grandeza del Desierto es y seguirá siendo la comunidad artística que en él participa y el público que año con año se da cita.

Mario Welfo Álvarez Beltrán Director General Instituto Sonorense de Cultura

Benito González

SIENTO QUE EN EL IMAGINARIO RELIGIOSO HAY COSAS SÚPER VALIOSAS

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L. Carlos Sánchez

s preciso mirar el espacio, conversar con los técnicos del teatro, saber que cada cosa está en su lugar. Puede que sea la obsesión o el profesionalismo. O ambos elementos. Benito González está aquí un día antes de que den tercera llamada. Puntual y constante, Benito quien es codirector (junto a Evoé Sotelo) de Quiatora Monorriel, esa empresa dancística que llega a los veintiséis años de existencia, aporta su entereza, su bagaje, en esta edición de Un Desierto para la Danza. La conclusión precisa de González, es que la inclusión de las propuestas de jóvenes en el cartel de esta edición, es de suma importancia. Los espectadores, lectores, los mismos coreógrafos y bailarines sabemos los por qué. De lo que él propone como tema en la coreografía con la que abre el Desierto, a continuación nos los platica: --Danza de las cabezas es el nombre de la coreografía, básicamente es porque todo el movimiento de la pieza surge de la cabeza. Yo quería hacer una danza partiendo de lo tribal y mezclarlo con lo industrial, hacer un poco esta cuestión medio religiosa por un lado, como de rituales paganos mezclado desde una visión más fría, abstracta, y un poco el resultado fue algo que se pasea entre la religión y la máquina. En el proceso empecé a encontrar muchas analogías con 1984 de George Orwell y siento que la coreografía de alguna manera se permea de ahí también. --¿Qué te detona para armar estos temas? --Un poco la estética general de la obra ya iba un poco hacia esta distopía gris que plantea Orwell en 1984, pero se fue reforzando en el camino, y me gusta que la coreografía es muy abierta en lectura, de repente pueden sentirse rituales paganos, de repente se puede sentir como algo dirigido específicamente, como una celebración evangélica, la fe exaltada, lo que me gusta es rescatar de estos rituales que seguido podemos encontrar en internet, incluso los comparten en memes de repente de gente que está como en el éxtasis, la divinidad, justo esas corporalidades me interesan rescatarlas. Y el movimiento de la cabeza me parece algo muy primitivo, por eso parto de la cabeza esencialmente, únicamente, y exclusivamente de la cabeza para generar el movimiento. --¿Cómo es el proceso de construcción con los bailarines? Te lo pregunto por la trayectoria que tienes, hay muchos años de trabajo. ¿Cómo va evolucionando tu estrategia y cómo te diriges hacia los bailarines?

--Antes era muy obsesivo, o lo sigo siendo, pero la obsesión antes iba dirigida a lo que yo quería que sucediera con puntos y comas, pero corporalizado, ahora me gusta partir de una idea que estoy planteando yo pero que se permea en ellos y que ellos la corporalizan desde su historia, no desde la mía, no desde mi cuerpo, sino desde lo que ellos pueden hacer de su lugar. Creo que eso es básico para el trabajo y para que una coreografía fluya, que se vea viva. Antes me pasaba que las coreografías salían a fuerza de chingadazos, creo que hoy el diálogo y el dejar que los cuerpos fluyan y vayan asimilando lo que les planteo como punto detonador, no como única voz, es básico. --¿Tienes algunas premisas en el discurso que quieres decir en este momento? Lo pregunto pensando en el momento que vivimos como país, en el momento histórico que vivimos en el arte y de la misma danza. --En esta obra en específico siento que estoy dejando un campo bastante abierto, sí hay puntos detonadores muy claros en los intérpretes, lugares de donde asirse para la interpretación, es concreto el lugar donde están trabajando, sin embargo justo por el tema, que tiene que ver con lo religioso, no quiero cerrar lecturas, porque no quiero ver esto como una crítica, al contrario, siento que en el imaginario religioso hay cosas súper valiosas y justo es lo que me motiva y fascina, de morrito llegar a una iglesia y ver que alguien a las cuatro de la tarde, solo, estaba rezando, esa sensación como de entrega hacia una divinidad es la que me jala para hacer esto que podría tomarse como una crítica o como un acontecimiento con el que coincides, pero esa lectura siento que no la tengo que dirigir. --Naciste en el desierto. Por favor dame tu punto de vista sobre Un Desierto para la Danza. --Ya esta es nuestra casa, la casa de muchos que nos dedicamos a la danza en Sonora. La primera función de Quiatora Monorriel, hace veintiséis años, ya como compañía y con programa completo, fue en Un Desierto para la Danza. Me gusta pensar que esta oportunidad que tuvimos ahora la pueda tener otra gente, es por eso que este año tratamos de incluir al mayor número posible de jóvenes sonorenses que están trabajando, que tienen rato trabajando y que creo es importante que puedan tener un espacio en este foro tan trascendente. --El Desierto tiene la rúbrica de Quiatora Monorriel en esta edición, porque es el grupo anfitrión. --Ya lo han dicho así, no sé qué tan cierto sea eso, pero sí el enfoque hacia las voces jóvenes en esta ocasión es muy importante para nosotros recalcarlo.


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Un Desierto Para la Danza ISC

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a muestra Un Desierto para la Danza (UDPD) traspasó el cuarto de siglo, contra todos los pronósticos, contra todas las adversidades. UDPD nació en Hermosillo, Sonora, el mes de abril de 1993. Era Sonora un Estado distinto; México era, también, un país muy distinto. Durante estos 26 años, la reducción de los recursos federales y estatales para la difusión y promoción de la cultura ha llegado a límites insólitos. Y no, no nos acostumbraremos a ello, no aceptaremos que el derecho de todo ciudadano al arte y la cultura continúe erradicándose cada día más, y otro poco más, y aún más, porque la danza y el desarrollo del arte son fundamentales para la vida. A lo largo de 26 Desiertos para la Danza, hemos sido partícipes del vasto y diverso desarrollo de esta disciplina en México y el mundo. Hemos reflexionado, debatido y ampliado nuestra concepción sobre el lenguaje del cuerpo escénico, trascendiendo nuestros propios límites intelectuales y sensibles y, también, los límites impuestos por la realidad en la que vivimos. La mayor celebración de la Danza en Sonora, UDPD, se ha fortalecido, se ha expandido y ha florecido con la misma fuerza y vitalidad de una rosa del desierto. En estos 26 años han desaparecido importantes iniciativas para la difusión y promoción de la danza en México, poco queda ya de lo que en otro momento fueron foros y festivales nacionales, fundamentales para el desarrollo pleno de esta disciplina. Contra tal fatalidad, nuestro Desierto para la Danza continúa siendo referente nacional indispensable para enterarnos de lo que sucede actualmente, en términos de acción y pensamiento, dentro del campo dancístico y coreográfico de México y el mundo. Ningún otro escenario como UDPD en el país, genera tal expectativa, tal interés y tal respuesta del público y los artistas de la danza y otras disciplinas (participantes o no) en este evento.

la danza de la región que, en misión compartida y siempre solidarios, año tras año asumen la responsabilidad de defender e impulsar este espacio, ahora vital e irrenunciable, para el desarrollo de la danza local, nacional e internacional. La obstinada misión de sostener, impulsar y prosperar la muestra UDPD, ha sido compartida también, en distintos momentos de esta historia, por importantes aliados provenientes de varios y muy diversos espacios de nuestra comunidad. Su apoyo ha sido crucial para sobrellevar los momentos más críticos de esta travesía, donde, en incontables ocasiones, esa flor del desierto ha estado a punto de perecer en el más desolado de los escenarios. Este año, UDPD arriba a su edición número 26 enfrentando uno de los momentos más preocupantes y críticos de su larga travesía, le acompañan un país con apabullantes recortes presupuestales en todos los ámbitos, especialmente, en el de la cultura. Por esta razón, porque a pesar de todo seguimos aquí reunidos por la danza y para la danza, debemos celebrar, hoy más que nunca la inteligencia y la sensibilidad del cuerpo humano. Esos cuerpos guerreros, implacables, rebeldes y libres que existen y se expresan a pesar de los errados caminos de la política y sus actores principales. Sonora fue, sigue y seguirá siendo un territorio fecundo de danzantes, de pensadores del cuerpo y sus múltiples formas de expresión. Aquí, en este desierto sonorense, el arte coreográfico ha trascendido las fronteras infinitas del impedimento, la dificultad y el tropiezo, marcadas por la lógica del subdesarrollo que define a nuestro país, sumergido eternamente dentro un panorama de desastre general. Es preciso defender el espacio vital para la expresión luminosa de nuestra naturaleza humana, esa parte nuestra aún libre gracias a la capacidad de imaginar. El Desierto florecerá siempre, a pesar de la sequía.

Quiatora Monorriel Evoé Sotelo y Benito González Grupo Anfitrión

Y esto es de tal forma, porque nuestro Desierto se ha nutrido en este tiempo del trabajo incansable de aquellos artistas de

Un Desierto para la Danza 26

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