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11 de agosto 2017

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Edición: Alejandra Olay Coedición: Marreyna Arias Información: Carlos Sánchez, Samantha Leyva Corrección: Rosy Orozco, Óscar Grajeda Diseño: Argelia Juárez Fotografía: Juan Casanova

Por Marreyna Arias

S

i hacemos referencia al teatro de provincia en Sonora, es obligado hablar de San Luis Río Colorado, ubicado en la punta del noroeste, lejos de Hermosillo como Sonora de Ciudad de México. Desde su tierra de origen, Damián Zavala construye su propuesta, primero con niños de La Bodega Teatro, a quienes lleva a cuatro encuentros nacionales de teatro representando a nuestro estado. Hoy llega a la Muestra como director de la compañía invitada del mismo nombre, que cobija a un grupo de niños del Albergue Bethel, a quienes dirige en Farsa del valiente Nicolás. Apasionado siempre, nos comparte sus inquietudes y procesos, aquí nuestra conversación:

Lo mío es formar ciudadanos:

Damián Zavala

—¿Por qué decides trabajar con niños de un albergue? —Mira, tengo dos años trabajando con los niños del albergue Bethel; hace muchos años había trabajado con ellos, pero lógicamente ya no están con los que inicié. ¿Por qué trabajo con ellos? Los niños del teatro La Bodega crecieron, volaron en un proyecto de diez años, entonces se me hacía difícil volver a empezar. Trabajé con dos generaciones, incluso unos se vinieron a estudiar a Hermosillo, unos a Los Ángeles, otros a Tijuana; se regaron pero nos seguimos viendo. Iba a comenzar una tercera generación, pero ya no quería volver a enfrentarme con lo que me enfrenté con ese grupo: uno de los principales problemas que tienes como director no son ni los niños ni los jóvenes, son los padres. Es una lucha, pues les enseñas la visión que tú tienes del teatro y esto es abrir mentes, darles alas, llevarlos a que su visión sea periférica… promueves mucho el pensamiento crítico, analítico. Cada obra que montamos es un tema, pero cada obra que montas con niños y jóvenes es un crecimiento. En La Bodega nunca pensé: Voy a formar actores. No. Yo dije: Voy a formar buenos ciudadanos. Esto que aprendieron los lleva a un arte escénico interesante. Lo mío es formar ciudadanos. Los que ya somos directores debemos ser congruentes y ser excelente ciudadanos, no buenos ni malos, hay que ser congruentes, entonces yo hago eso, yo no hago actores. —Platícanos de la obra que van a presentar en la Muestra, Farsa del valiente Nicolás de Jorge Ibargüengoitia. —Mira, todos los que nos dediquemos al teatro debemos leer a Jorge Ibargüengoitia. Hizo muy pocas obras infantiles. En sus obras de teatro para adultos y sus novelas nunca te encontrabas a niños, pero hay un libro que publicó: Cuentos y piezas de teatro para niños. Estoy maravillado con

sus cuentos. Mis alumnos de La bodega vinieron y representaron a Sonora con cuentos de Ibargüengoitia ¡maravillosos! Los niños se dan cuenta de que las moralejas las agarran y las tiras, se dan cuenta que en el cuento de Caperucita roja pueden ser el lobo, que nadie es tan bueno ni es tan malo, hay muchas cosas. Pues ahí al encontrarme en el albergue veo el entorno en que han vivido estos muchachos y dije: Voy a ver si esta obra puedo montarla con ellos. Farsa del valiente Nicolás es una obra que habla de justicia, de valores. Cuando nos sentamos a hablar no solucionamos nada, aún si hubiera más conversatorios no se soluciona nada, porque la única forma para solucionar es accionar; cuando accionas no dices vamos a hacer el plan a-b-c. No. Por eso me gustó esta obra, es una obra muy sencilla, muy suave y actual. Les dice a los niños ¿Qué aprenden ustedes? Hay que ser justos. Yo creo que la sociedad no ha sido justa con estos niños porque hay muchos que tienen problemas en su entorno. Por eso les digo: Ustedes deben tener su propia identidad, no hay que hacerse chiquitos, hay que hacerse grandes. Es muy cansado, pero aquí estamos, ¡ando feliz! —¿Estamos hablando de teatro con niños para niños? —Yo no trabajo teatro con niños, me da risa que me digan: Hay teatro con niños. Yo hago teatro con personas. El teatro es el teatro; me da flojera y mucho coraje. También Sonora ha sido sede de muestras infantiles de teatro. También nosotros hemos ido cuatro veces la Muestra Nacional de Teatro donde nuestro trabajo es un marco de referencia. Suelen decir: Hay mucho centralismo, no podemos con ese centralismo. Yo puedo decir lo mismo, aquí no debe de haber ni teatro regional, ni teatro verde, ni teatro amarillo, ni teatro de niños, ni teatro de mayores. El teatro es el teatro, mientras manejemos la poesía. Como dijo Imanol Caneyada: Las etiquetas le hacen mal a la literatura, le hacen mal a la sociedad. El teatro es para contar historias, y si es una historia que diga algo, que nos repercuta a todos, será interesante. A los niños hay que tratarlos como personas. Yo no estoy trabajando con niños, estoy trabajando con personas, y al trabajar con personas pongo reglas a su nivel. Hay que hablar de todos los temas, ¡ah, pero como dijo mi maestra Bertha Iriarte!: Hay que ser poéticos y para hacer poesía hay que capacitarse y estudiar. ¡Es muy difícil, pero es difícil todo, hay que echarle ganas!

Encuentro de opiniones sobre el teatro regional Por Samantha Leyva

L

os límites y la extensión del panorama del quehacer teatral se discutieron el día de ayer durante el quinto conversatorio Horizontes del teatro en Sonora, presidido por exponentes del arte dramático sonorense como Fernando Muñoz, Hilda Valencia, Juan Carlos Valdez, Rafael Evans y Marcos González. La formación y generación de públicos, la descentralización, las propuestas actuales y el trabajo de comunidad fueron temas destacados que generaron diversas opiniones, creando un diálogo entre los teatristas y asistentes. Rafael Evans platicó describió así su experiencia: “Hacer teatro en Sonora es una peripecia”. En este sentido, abundó sobre lo costoso de llevar el teatro a la gente. “Aún así, -expresólos programas de las instituciones nos motivan a crear un producto y difundirlo”.

Desde luego, se manifestaron sobre la infraestructura cultural, los recursos, el presupuesto y la circulación de las producciones sonorenses, así como al apoyo de las instituciones. En su intervención, Juan Carlos Valdez platicó sobre la importancia del público y la conexión; la interacción y los espacios de encuentro con la audiencia. Durante su trabajo en comunidades, ha confirmado que quienes han son tocados de alguna manera por este arte, se interesan en conocer más: “La gente está interesada en el teatro más de lo que manifiestan”, puntualizó. En Sonora, el teatro sigue siendo un campo fértil, en espera de muchas más propuestas. Y como señaló Hilda Valencia: “El teatro es la fiesta de las artes escénicas, dónde todos los lenguajes encuentran su plenitud”.


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Nada más fuerte que

el amor y la muerte

A

Inmortales en el tiempo

Por Óscar Grajeda

yer por la noche llegó a su fin la contienda que busca elegir a la compañía que representará a Sonora en la Muestra Regional de Teatro, a celebrarse en Hermosillo el próximo 28 y 29 de septiembre; y lo hizo con una de las obras más esperadas por el público en esta Muestra Estatal. Hablo de R&J, segundo montaje que la compañía Abemvs Teatro presentó en esta muestra y en el que nuevamente las visiones de la dramaturga Mónica Perea y del director Cut López hicieron mancuerna para impactar a los asistentes con un ejercicio escénico fresco, emocionante, crudo, mordaz, crítico y por demás subversivo. La obra vaticinaba su éxito desde que el pasado martes 8 de agosto se presentó Jauría, propuesta que dejó relucir la afortunada conjunción López-Perea en un desplante de recursos escénicos y exploraciones que dispararon la expectativa para la función del viernes. La razón resultaba obvia: si toda esta argamasa de elementos y propuestas dieron un resultado tan satisfactorio como alucinante en un guion que aunque no menor, asequible ¿qué podríamos esperar de este lenguaje escénico en una renovada adaptación del clásico Romeo y Julieta? La respuesta llegó pocos días. En el escenario Edgar Garalt, Luz Karen Valencia, Iban Gil, Kelly Key, Daniel Borbón y la maestra Hilda Valencia dieron vida a la inmortal disputa de los Montesco y los Capuleto, pero no en la Verona del siglo XIV, sino en una ciudad cualquiera de Occidente donde las pugnas entre pandillas y el asedio del narcotráfico condena la existencia de los jóvenes. Aquí, en un paralelismo eterno, en medio de esta trampa de la muerte, la triste tragedia de Romeo y Julieta se repite.

Danza, música, actuación y deporte rompen sus límites en una representación sumamente visual, atropellada, dinámica e intensa, que hacen de la puesta en escena un discurso donde el lenguaje hablado pasa a segundo plano para que la expresividad surja de los elementos escénicos, técnicos, simbólicos y representativos; del sentimiento, del furor y de la acción. Así, una obra clásica que encontrara en la palabra y en el verso su vehículo, se refuncionaliza en un nuevo lenguaje, un nuevo discurso escénico. La apuesta de R&J recurre por igual a referentes actuales para construir su propuesta. La música, por ejemplo, responde a una depurada exploración capaz de establecer el contexto espacial y mental de los personajes. Hoy todavía me pesa no haber capturado con Shazam algunos de los fragmentos reproducidos. Las actuaciones son congruentes con todo el aparato escénico. El sentimiento exacerbado de los intérpretes cala profundo en el espectador, quien presencia como los actores entregan todo en el escenario, con coreografías que ponen al límite su concentración e incluso su aliento. Digno de admirarse el compromiso de los actores, sobre todo con la exigencia de dos obras tan extenuantes para el actor como son Jauría y R&J. Admirable también Luz Karen Valencia, quien solo media hora antes de la función escapara de la obra de las 6:00 p. m., Tiempo de pitayas y calabacitas tiernas, para integrarse al elenco en su papel de Julieta. R&J economiza en tiempo, en lenguaje, pero no en la idea. Todo lo contario, recurre a esta historia consabida por todos, al referente universal, para contar de forma diversa la historia de un amor imposible, que solo encuentra su realización en la muerte, y resumo en el famoso verso de Quevedo: “Polvo serán, mas polvo enamorado”.

El Teatro Íntimo Xicoténcatl Gutiérrez, espacio alterno de esta Muestra Estatal de Teatro 2017, fue el escenario que presentó la obra Tiempo de pitayas y calabacitas tiernas, escrita por el reconocido historiador y antropólogo sonorense René Córdova Rascón, quien se estrena con esta comedia en la creación dramatúrgica y con la que nos comparte con jocosidad sus conocimientos sobre la fundación y desarrollo de Hermosillo, capital del estado de Sonora. La puesta en escena, dirigida por el maestro Marcos González, líder de la compañía La Choya, organización escénica, fue pensada para un foro más pequeño que el Teatro de la Ciudad, que permitiera la interacción de los intérpretes con el público en una función poco rebuscada y comiquísma, sin dejar de ser crítica e incluso didáctica. Tiempo de pitayas y calabacitas tiernas es una obra divertida y dinámica que nos invita a hacer un viaje por el tiempo a través de los distintos periodos de la historia de Hermosillo. De la mano de los actores Luz Karen Valencia, Fernanda Polanco y Rubén Araiza, así como del narrador Edgar Véjar, realizamos un paseo temporal que inició siglos antes de la fundación de la Santísima Trinidad del Pitic y nos llevó por el posterior establecimiento del Presidio del Pitic, el reconocimiento como ciudad y cambio de nombre de Hermosillo, la Reforma, la Revolución Mexicana y el siglo XX, para concluir en pleno 2017. Cada una de estas estampas de la historia hermosillense se recrean casi únicamente a partir de los actores en escena y las acotaciones del narrador. Es admirable la versatilidad de Luz Karen Valencia, Fernanda Polanco y Rubén Araiza, quienes, al transmigrar entre múltiples personajes que hiperbolizados en los estereotipos del indio (no indígena), de la “graciosa ridícula” y el desairado francés y de la adelita y su compadre, por mencionar algunos, nos brindan una chusca crítica de las relaciones humanas, particularmente, de la interrelación hombre-mujer, que a pesar de transitar por siglos y siglos, siguen perpetuando ciertos comportamientos y estereotipos de género que nos afectan como sociedad. Esta simpática propuesta no pone ante el espejo del tiempo para decir que, sin importar la distancia histórica y los progresos intelectuales, democráticos, económicos y tecnológicos de Hermosillo y el mundo, no hemos cambiado mucho nuestro comportamiento como especie. Esta retrospectiva nos indica que ya va siendo hora de que nos comprometamos por mejorar como personas y que rebasemos algunos vicios que parecen inmortales. Por Óscar Grajeda

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