colaboración Mejor carbón que las maletas... DAVID VELA MONGE
C O N
F I R M A
Nuestros Pueblos #271 ene 2019
De niños la noche de Reyes es mágica. Nos acostamos con una sensación extraña, sueño e impaciencia a partes iguales, que nos impide conciliar el sueño, manteniéndonos en estado duermevela, interrumpido por cualquier pequeño ruido que nos pone en alerta. ¿Serán ellos? Así hasta caer derrotados por el cansancio y los nervios. La mañana se encargará de despertarnos para correr al salón a desenvolver los regalos. Hoy, con cierta edad sobre la espalda, la magia torna en nostalgia y si tenemos pareja puede pasar de noche nostálgica a terrorífica. ¡Tapiemos las ventanas, que ningún zapato quede fuera del zapatero, ni una gota de agua ni un polvorón a la vista! Si algún ruido perturba nuestro sueño no dudemos en salir gritando y haciendo aspavientos. ¡Ahuyentemos a los Reyes, que no lleguen a dejar nada bajo el árbol! Es preferible que no nos echen nada a que nos echen de casa pues éste, por lo visto, ha sido el regalo estrella entre los que hacemos vida en común. Parece ser que el dicho “año nuevo vida nueva” lo llevamos cada vez más a la práctica. No hay mejor manera de comenzar el año que deshacernos de lo que nos impide avanzar, llevar a cabo esos sueños que con tanto fervor pedíamos cuando sonaban las campanadas y nos repetíamos una y otra vez: ¡Este va a ser mi año, esa carga, eso que nos limita, siempre es la pareja!
El oro que recibimos de nuestra pareja, la primera noche de Reyes, va perdiendo quilates ¡Tal vez no sea ni oro, pues comienza a oxidarse! El tenue incienso se convierte en un espeso humo, una densa niebla que nos impide vernos. La mirra, la peor mirada, cumple con su mejor función, actuando como analgésico para moribundos. Y, una mañana de Reyes, en vez de regalos encontramos las maletas con un lazo, invitándonos a partir.
¡La pareja está condenada a la extinción! Se está convirtiendo en esporádicos encontronazos, exentos de cualquier sentimiento, momentos que en pareja no se dan: un cambio de aires o una cana al aire, que nos hace sentir vivos.
Nos unimos para no defraudarnos e invitamos a nuestra unión a trescientas personas para ser testigos de un teatro donde prometemos amor y fidelidad hasta que la muerte nos separe, llorando en un altar o en un juzgado. Sería más sincero prometer hasta que me canse o se me cruce alguien que me cuadre más que tú. Nos hacemos un montón de fotografías, muestra patente y latente de lo dichosos que somos, que terminan escondidas en un trastero porque ya no se quieren ver ¡Todas las virtudes se convierten en defectos, setenta metros cuadrados son una celda y tu vida una prisión! Somos como animales, incapaces de ser fieles; la soledad no va con nosotros. Pocos son los que se acomodan en ella. El "necesito estar sol@" se torna de un significado encubierto que viene a decir: "con tod@s menos contigo". Todo se centra en abrirse a nuevas experiencias; en disfrutar y vivir la vida. Pero asegúrate bien: cuando vayas a vivir tu vida no “jodas” la de los demás.
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