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RUTA ARGÁRICA GUÍAS ARQUEOLÓGICAS

VICENTE LULL RAFAEL MICÓ CRISTINA RIHUETE HERRADA ROBERTO RISCH EVA CELDRÁN BELTRÁN MARÍA INÉS FREGEIRO MORADOR CAMILA OLIART CARAVATTI CARLOS VELASCO FELIPE

[·2·]

LA ALMOLOYA [PLIEGO · MURCIA]


Ayuntamiento

de Pliego

Edita:

Colaboraciones: Portada y contraportada: Diseño y maquetación: Impresión y encuadernación: D.L.: ISBN:

Integral, Sociedad para el Desarrollo Rural © ASOME-UAB, 2015 Lourdes Andúgar · Selina Delgado Raack © ASOME-UAB Vélera Impresos Izquierdo MU1306-2015 978-84-608-4013-8

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ÍNDICE • LAS PIEDRAS HABLAN

11 • Situación 16

• EL PRIMER VISTAZO • Una confluencia astral • Las primeras excavaciones: la campaña de 1944 • Los nuevos trabajos • Los tres poblados superpuestos de La Almoloya • LA PRIMERA FASE

2200-2000 antes de nuestra era

• LA SEGUNDA FASE

2000-1750 antes de nuestra era • Guerreros al poder • Élite, ciudadanos y esclavos

• LA TERCERA FASE DE LA ALMOLOYA

16 25 28 30 40 45 51 54 64

• Las actividades económicas de La Almoloya

69 75 85 88 100 102

• CONFLICTOS SOCIALES Y FINAL DE EL ARGAR

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• LA GENTE DE LA ALMOLOYA

119 128 131

• ¿El primer parlamento europeo? • ¿El primer palacio de occidente? • La tumba principesca • Un último hallazgo inesperado

• El sistema funerario • Las personas • NOTAS • BIBLIOGRAFÍA • EQUIPO CIENTÍFICO

138 141 142


RECOMENDACIONES

PARA UNA VISITA SEGURA

La Almoloya todavía no reúne todas las condiciones para que su visita garantice la seguridad del yacimiento y la de la gente que acceda a él. Las estructuras del asentamiento argárico han sido sometidas a tareas de consolidación y conservación para evitar su deterioro. La “puesta en valor” definitiva del yacimiento supondrá una segunda fase de intervenciones que incluirá accesos adecuados, así como itinerarios debidamente señalizados. Por ello, quien visite el yacimiento en su estado actual debe tener en cuenta que se trata de un cerro escarpado y que las protecciones del perímetro en la cima del cabezo también forman parte de esta segunda fase de acondicionamiento. Obviamente, ir a La Almoloya no es un deporte de riesgo, pero sí debemos informar sobre la precaución que requiere su visita.

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CÓMO LLEGAR

A LA ALMOLOYA Hay dos formas de llegar a La Almoloya, ambas por carretera, según sea el punto de origen.

DESDE ALHAMA DE MURCIA Desde el centro de esta ciudad se toma la carretera en dirección a Mula / Pliego (RM-515). A 17,6 km desde el centro de Alhama de Murcia (a la altura de la Oficina de Turismo), se llega al término municipal de Pliego. A menos de 100 m, tras el cartel que marca el principio de este municipio, se llega a un cruce en el cual se abandona la carretera RM-515 girando a la izquierda. A partir de este punto se siguen las indicaciones de la figura.

DESDE MULA Hay que tomar la carretera en dirección a Alhama de Murcia (RM-515) y pasar primero por la ciudad de Pliego. A 6 km del centro urbano de Pliego existe un cruce (localizado a menos de 100 m del fin del término municipal de Pliego). Este es el mismo cruce mencionado en el trayecto anterior, a partir del cual se siguen las indicaciones de la figura.

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RUTA ARGÁRICA

LA ALMOLOYA

RM-515

PISTA RURAL ASFALTADA PISTA RURAL SIN PAVIMENTAR RUTA A PIE

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LA ALMOLOYA | PLIEGO · MURCIA

RM-515

fA PL IE GO RM-515

RM-515

RM-515

A AL HAM A DE C MUR I Ap

RM-515

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LA ALMOLOYA LAS PIEDRAS HABLAN


LAS PIEDRAS

HABLAN

“Las piedras hablan” es una frase hecha, habitual entre las personas que se dedican a la arqueología. En cambio, lo que la gente suele decir después de visitar un yacimiento arqueológico es otra cosa bien distinta. Junto a gestos de cansancio o de decepción se escucha: ¡sólo hemos visto “un montón de piedras”! Lo del “montóooooon” pronunciado así de enfático. Dos factores ayudan a que estos juicios imperen. El principal es que los restos arqueológicos apenas conservan la apariencia o monumentalidad de las construcciones originales. La mayoría de las veces ni siquiera dejan imaginar la intención con que fueron hechas, su función o qué contuvieron. El segundo, aunque no menos relevante, es la ausencia de paneles explicativos e itinerarios adecuados. Además, cuando se cuenta con estos recursos resulta preocupante advertir que están muy lejos de reemplazar a las personas que “en vivo” comunican y justifican lo que se ve. Es ahí cuando aflora la insuficiencia didáctica de los recursos estáticos, evidentemente necesarios pero insuficientes para comunicar la riqueza de contenidos que ofrece cualquier yacimiento y, también, de contestar a las preguntas que se plantea cualquier visitante interesado. Esta guía pretende contribuir a paliar esos vacíos.

Vista de La Almoloya, desde el este, a finales de la campaña de excavación de 2015.

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LA ALMOLOYA

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LAS PIEDRAS HABLAN

Si los yacimientos visitados son prehistóricos, como ocurre en este caso, la experiencia todavía es más árida porque faltan los personajes y las historias narradas por las fuentes escritas de la Antigüedad. El no poder recurrir a figuras históricas o literarias diluye el “encanto cinematográfico”. En cambio, nombrar a Aníbal, Amílcar, a tantos y tantos cónsules, generales y emperadores romanos o remitirnos a las obras de Platón y Aristóteles, cuando no a las homéricas, capta nuestra atención como visitantes y aporta una referencia de autoridad, aunque ninguno de aquellos personajes hubiera tenido nada que ver con el yacimiento en cuestión. En suma, el yacimiento prehistórico exige un mayor esfuerzo explicativo e interpretativo para interesar al público. Es bien sabido que hay tres tipos de yacimientos arqueológicos. El primero es el que provocan las administraciones públicas en evidente dejación de funciones, al no facilitar medidas de protección y mantenimiento. En muchos, los propietarios de los terrenos poseen la llave para otorgar o no los permisos preceptivos de investigación, abriendo la posibilidad de que algunos de dichos propietarios, insensibles, obstruyan las actuaciones que evitarían la degradación de sus yacimientos. Este tipo es el que más abunda en nuestro país y en el mundo. El segundo tipo, en cambio, goza de ciertos privilegios gracias a la monumentalidad de sus restos, a si adquirió notoriedad cuando el cine o la televisión lo tomaron como trasfondo o escenario, o a si es utilizado, no necesariamente con causa, para afianzar el origen de las señas de identidad de algún colectivo. Estos yacimientos son pocos pero afortunados, y en ellos el turismo se ha convertido en la solución para sobrevivir culturalmente. El tercer tipo incluye a los yacimientos que tienen algo sorprendente o insólito que decir, sobre todo por los cambios o avances cualitativos que confieren a la investigación de un tiempo y lugar del que fueron protagonistas y no meros comparsas. Este es el caso de La Almoloya.

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LA ALMOLOYA

SITUACIÓN La Almoloya se sitúa en las estribaciones septentrionales de Sierra Espuña, en el límite de los términos municipales de Mula y Pliego. Se ubica sobre un cerro testigo amesetado de 585 m de altura sobre el nivel del mar, único vestigio de un banco de calizas bioclásticas que se mantuvo incólume al hundimiento de todo su entorno. La meseta tiene una extensión aproximada de 3.100 m2 y la forma de un óvalo de 85 m de longitud y 35 m de anchura máxima. La plataforma domina un amplio llano de formaciones miocénicas de margas, conglomerados y areniscas, que se extiende al norte de Sierra Espuña. Desde el cerro se tendría acceso a las tierras de labor cercanas al río Pliego, que discurre a 3 km, y a los manantiales que alimentan las aguas de Espuña, como La Portuguesa, Las Anguilas y Fuente Higuero. Antes de las excavaciones de 2013, la superficie estaba atravesada por dos ribazos donde se cultivó trigo. Al menos desde mediados del s. XIX, se labraba a punta de reja. Sin embargo, hacia finales de los años 20 la meseta ya estaba cubierta de romeros, tomillos, bojas y malvas. Alguna tumba destrozada por el arado contribuyó a crear la leyenda de que en el cerro había algún tesoro oculto, como, afortunadamente, se confirmó en 2014.

EL PRIMER

VISTAZO Quien llegue a la cima del cerro de La Almoloya, que parece aplanada por un inmenso rodillo, encontrará un paisaje maravilloso y estremecedor que tiene una amplitud y una hermosura asombrosas. No le dejará indiferente el impacto de las extensas e intensas vistas de sierra Espuña a sus espaldas, la ciudad de Murcia

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EL PRIMER VISTAZO

Primera visita de Ricardo Codorniu a Sierra Espuña en 18892.

enfrente en segundo plano y, a lo lejos y al noroeste, la cuenca de los ríos Mula y Pliego, con las sierras que van escalonándose y demarcando el horizonte hasta los altiplanos interiores. Al suroeste divisará el comienzo del paso hacia Lorca. Tendrá la sensación de navegar en un velero sobre un mar de pinos, heredero de aquella primera experiencia de reforestación que llevó a cabo Ricardo Codorniu en 18891. Desde La Almoloya se alcanza a ver no menos de 1000 km2, lo que equivale a casi el 10% de la Región de Murcia. Sin duda, esa amplia visibilidad, de gran valor estratégico, fue uno de los motivos que llevaron a un grupo de personas a vivir aquí hace ahora unos 4.200 años. Con el tiempo, La Almoloya se convertiría en uno de los centros de decisión política más relevantes, acaso el que más, de una de las sociedades más ricas y sobresalientes de la Edad del Bronce europea: El Argar.

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LA ALMOLOYA

La Almoloya, desde el nordeste.

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¿EL PRIMER PARLAMENTO EUROPEO?

La Almoloya, desde el sudeste.

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LA ALMOLOYA

El Argar es conocido desde el siglo XIX sobre todo gracias a los hermanos Henri y Louis Siret, unos ingenieros belgas que vivieron y trabajaron en Almería y Murcia, donde excavaron numerosos yacimientos prehistóricos. La sociedad argárica perduró unos 650 años (entre 2200 y 1550 antes de nuestra era) y se extendió por un territorio de 35.000 km2 en las provincias actuales de Murcia, Almería, Granada, Alicante, Jaén y Ciudad Real.

Barranco de Enmedio y Morrón de Espuña a principios del siglo XX3

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Si bien el paisaje que rodea a La Almoloya es impactante para toda persona que ame la naturaleza, quien visite el yacimiento gozará de otra experiencia única. Nadie hasta ahora había tenido la oportunidad de contemplar y transitar por un asentamiento casi completo de la Edad del Bronce, uno de los primeros trazados urbanísticos europeos. El visitante quedará impresionado cuando su mirada se llene de las construcciones que se distribuyen ordenadamente por la superficie del cerro, totalmente sembrada de complejos


EL PRIMER VISTAZO

Bronce de La Mancha

Bronce del Suroeste

Bronce de las Campiñas y Baja Andalucía

Bronce Valenciano

Territorio argárico 1750 a.n.e.

Territorio argárico en 1750 antes de nuestra era

habitacionales, estancias, talleres, una cisterna, una sala de consejos o asamblea, casi un centenar de sepulturas y calles angostas que articulan lo que podríamos llamar una “retícula prehistórica”. La Almoloya ofrece una instantánea de cómo era una pequeña pero decisiva ciudad en la fase final de El Argar, hacia 1750/1550 antes de nuestra era, con una planificación y calidad constructivas sin parangón en la Europa continental de su tiempo. No volverá a producirse algo parecido en la península hasta muchos siglos después, cuando las colonizaciones fenicia, púnica y griega modelaron las sociedades ibéricas de la Edad del Hierro.

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LA ALMOLOYA

En torno a 1550 antes de nuestra era, hace unos 3550 años, las comunidades argáricas dejaron de existir. Desde entonces, nadie más volvió a vivir en La Almoloya, lo cual ha favorecido una conservación urbanística y arquitectónica excepcional. Como si de una Pompeya prehistórica se tratara, los vestigios poseen una gran

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EL PRIMER VISTAZO

importancia monumental e histórica que perdura como herencia social. Pero, además, brindan una dimensión personal e íntima al verlos de cerca, tocarlos y pasear entre ellos, entrar en sus casas y talleres o sentarse en la sala de

Vista cenital de la trama urbana de la fase final de La Almoloya (año 2015)

audiencias donde se tomaban, como en las asambleas o parlamentos actuales, las principales decisiones políticas.

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LA ALMOLOYA

Perspectiva de la fortificación, aún por excavar, que protege la entrada al poblado.

Rampa habilitada para el acceso al poblado. A la derecha, rampa de similares características en el yacimiento argárico de Ifre (Mazarrón).

Muro de ortostatos que delimitaría una segunda entrada, ya en la cima del altozano.

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EL PRIMER VISTAZO

Con la satisfacción de disfrutar de la naturaleza y a bordo de una máquina del tiempo que nos ha transportado 4.000 años atrás, nos encontramos ahora en la cima del cabezo. Para subir hasta aquí hemos seguido la misma senda en pendiente que habilitaron sus pobladores, labrando peldaños en la roca y colocando bloques donde convenía. Para acceder a esta rampa desde el pie del cerro hemos franqueado una puerta situada entre un gran bastión defensivo y una potente línea de muralla. Aún están pendientes de excavar, pero se nota que fueron levantados con el mismo oficio que las fortificaciones de otros asentamientos argáricos en altura, como las de la ciudad de La Bastida (Totana). Superada la rampa y ya en la cima, una segunda entrada limitada por un muro que conserva algunos de sus ortostatos era el último obstáculo antes de acceder al área habitada. Justo en este punto, una senda habilitada en los afloramientos de la roca natural facilitaba el tránsito por el perímetro del poblado.

UNA CONFLUENCIA

ASTRAL

Si fuéramos supersticiosos, tendríamos que suponer que alguna alineación planetaria permitió salvar esta joya de la Prehistoria. No sabemos si los astros se confabularon para ello, pero lo cierto es que la historia reciente de La Almoloya es el resultado de la confluencia afortunada entre un equipo del Departamento de Prehistoria de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) dedicado a la investigación de la Edad del Bronce en la cuenca mediterránea (Grupo de Investigación en Arqueología Social Mediterránea – ASOME); unos propietarios de los terrenos que ocupa el yacimiento (CEFU S.A.) que siempre estuvieron comprometidos con la herencia social monumental que debían velar4; y una administración autonómica diligente en sus funciones que habrá de sufragar las obras para que este legado del pasado pueda ser visitado por el público en general.

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LA ALMOLOYA

Vista del yacimiento de La Bastida (Totana)

Vista aérea del yacimiento de Tira del Lienzo (Totana)

La Almoloya que se puede contemplar ahora fue excavada por un nutrido grupo de profesionales durante tres campañas de duración variable (tres, cuatro y seis meses), entre 2013 y 2015. Aún queda un 20% de la superficie por explorar, así como buena parte de los estratos más profundos.

Imágenes de los trabajos efectuados en La Bastida y en Tira del Lienzo

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EL PRIMER VISTAZO

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LA ALMOLOYA

La investigación se desarrolla en el marco del “Proyecto Bastida”, que tiene también como objetivo la excavación, estudio y difusión de otros dos yacimientos de primer orden de la Edad del Bronce argárica: La Bastida y Tira del Lienzo (Totana). La Bastida cuenta con un pasado salpicado de intervenciones desde 1869 hasta 1950, mientras que los precedentes en La Almoloya se limitan a una intervención puntual en 1944. Desafortunadamente, la notoriedad adquirida levantó la veda de las rebuscas clandestinas que, a la “caza de tesoros”, sembraron de hoyos ambos yacimientos.

LAS PRIMERAS EXCAVACIONES:

LA CAMPAÑA DE 1944

Antes de que iniciáramos nuestros trabajos en 2013, el conocimiento sobre La Almoloya se reducía a una intervención de Emeterio Cuadrado Díaz (ingeniero) y Juan de la Cierva López (propietario de la finca). Excavaron durante sólo cuatro días, desde el 5 al 7 de junio y el 11 de agosto de 1944, y descubrieron ocho sepulturas y restos de una vivienda. Estos resultados tuvieron la suerte de ser publicados en dos artículos gemelos5, y la desgracia de propiciar que el yacimiento fuera conocido y sufriera así importantes expolios sobre todo a partir de finales de la década de 1960. En la visita que efectuó en 1976 uno de los miembros del equipo actual de investigación, los rastros de intervenciones clandestinas eran ya muy patentes, aunque lo peor iba a llegar en los años siguientes. Las pérdidas patrimoniales6 son difíciles de evaluar y a menudo irreversibles. Pese a ello, una profesora de la Universidad de Murcia elaboró una tercera publicación donde rescató para la investigación algunos de los objetos expoliados, en manos de coleccionistas privados7.

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EL PRIMER VISTAZO

Imágenes del desarrollo de la excavación de 19448 Materiales rescatados para la investigación por Mª Manuela Ayala

10 cm

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LA ALMOLOYA

LOS NUEVOS

TRABAJOS Paralelamente a las nuevas excavaciones, hemos tratado de recuperar información y piezas dispersas procedentes de La Almoloya9. Así, sabemos que los hallazgos realizados en 1944 recalaron inicialmente en el Museo Arqueológico Provincial de Cartagena, hasta que, al menos en parte, fueron trasladados al Museo Arqueológico de Murcia. Las fotografías originales tomadas durante aquella campaña están custodiadas en el Archivo General de la Región de Murcia. Por otro lado, periódicos como “La Verdad” y “Línea” se hicieron eco de las excavaciones.

Vista de La Almoloya desde el este en agosto de 194410

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Antes de empezar a excavar también teníamos que estimar hasta qué punto habían “mordido” los furtivos la meseta. Para ello, situamos en un plano topográfico todos los hoyos resultantes de las rebuscas clandestinas que, por estas tierras, reciben el nombre de “toperas”.


EL PRIMER VISTAZO

Plano de La Almoloya tras la limpieza superficial realizada en 2013. Las toperas están señalizadas con números, mientras que a las tumbas expoliadas se les asignó la abreviatura AYE, seguida por un número. Las áreas tramadas al sur y el noroeste corresponden posiblemente a sectores excavados por Cuadrado y de la Cierva en 1944.

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LA ALMOLOYA

E. CUADRADO (1945)

ASOME (2013)

10 cm

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EL PRIMER VISTAZO

E. CUADRADO (1945)

ASOME (2013)

10 cm

Vasija procedente de las excavaciones de 1944 en La Almoloya, dibujada por E. Cuadrado en 1945 (imagen superior izquierda). En 1966 fue trasladada desde el Museo Arqueológico Municipal de Cartagena al Museo Arqueológico de Murcia pero con una referencia errónea, tal y como se refleja en un acta manuscrita (imagen central). Gracias a la fotografía que la acompañaba (imagen inferior izquierda), pudimos identificarla correctamente, redibujarla (imagen superior derecha) y fotografiarla (imagen inferior derecha).

Comparación entre el dibujo de una vasija publicado en 1945 por E. Cuadrado y el nuestro (arriba). Fotografía de la exposición del Museo Arqueológico de Murcia en la década de 1980 (abajo, izquierda), junto a una fotografía de la pieza en la actualidad (abajo, derecha).

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LA ALMOLOYA

Noticia de portada en el periódico “La Verdad” (Murcia, 1 de septiembre de 1944)

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EL PRIMER VISTAZO

Localizaciรณn y aspecto actual de algunas sepulturas expoliadas

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LA ALMOLOYA

La meseta desde el noroeste, antes de comenzar las excavaciones en 2013

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EL PRIMER VISTAZO

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LA ALMOLOYA

La meseta, desde el este, al finalizar la tercera campaĂąa en 2015

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EL PRIMER VISTAZO

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LA ALMOLOYA

LOS TRES POBLADOS SUPERPUESTOS

DE LA ALMOLOYA

Recurrir a las instantáneas de un antes y un después es ilustrativo para observar los cambios que ha sufrido la superficie del cerro en las tres campañas arqueológicas realizadas (2013-2015). Sobre la meseta se distingue una sofisticada planificación urbanística estructurada en nueve complejos arquitectónicos separados por angostos callejones. Cada complejo está subdividido en un número variable de estancias, talleres y almacenes, bajo cuyo subsuelo se ha documentado casi un centenar de sepulturas. Además, uno de los complejos septentrionales cuenta con una cisterna. Un recinto destaca sobre los demás: se trata de una espaciosa sala de reuniones, creemos que una verdadera sala de audiencias, que fue el primer recinto específicamente político y permanente en la prehistoria de Europa continental. Todo este entramado arquitectónico estuvo en uso durante los dos últimos siglos de la sociedad argárica. El método de datación por Carbono 14 sitúa esta fase entre 1750 y 1550 antes de nuestra era. La Almoloya cuenta, además, con testimonios anteriores en los estratos situados unos metros por debajo de la trama urbanística más reciente. Hemos accedido a estos depósitos en un pequeño sector del sur de la meseta, sin alterar la riqueza patrimonial de esta última fase. Gracias a ello, sabemos que hubo dos “Almoloyas” previas a la de la fase final de apogeo.

Resaltadas en rojo, las áreas donde se ha excavado por debajo de los niveles de la fase reciente. En ellas se documentaron los dos poblados subyacentes

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Estos dos poblados subyacentes estaban organizados de manera distinta y contaban con edificaciones de calidad y trazado diferentes al que ocupa hoy la superficie. Al sur de la meseta, y puntualmente en otras áreas, hemos conseguido llegar hasta la roca madre o sustrato geológico. La secuencia sedimentaria, es decir, la superposición de estratos correspondientes a las tres fases principales en la ocupación de La Almoloya, ilustran un sorprendente desarrollo social en el que se suceden notables cambios en arquitectura, útiles, armas, rituales y, sobre todo, en las manifestaciones del poder.


EL PRIMER VISTAZO

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LA ALMOLOYA

PlanimetrĂ­a de la fase final (1750-1550 a.n.e.) de La Almoloya

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EL PRIMER VISTAZO

12 m

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LA ALMOLOYA LA PRIMERA FASE


LA ALMOLOYA

LA PRIMERA FASE (2200-2000 ANTES DE NUESTRA ERA)

Resaltados con colores los ámbitos de la primera fase de ocupación

En la primera fase destaca la tendencia a realizar viviendas con muros de tendencia curva o en ocasiones rectilínea. Tenían zócalos de piedra de una hilada poco regularizada, o a lo sumo dos, paredes con alzado de barro amasado pero poco apelmazado, postes de madera embutidos o adyacentes a las mismas, y techos de ramajes y arcilla. Las viviendas estaban orientadas al abrigo de poniente y con las cabeceras resguardadas por la roca natural. Ésta presentaba un fuerte buzamiento hacia el este y, es precisamente en el sector oriental donde, por el momento, se han descubierto las primeras casas.

H32 Gran sala de reuniones

H42 H38

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LA PRIMERA FASE

Estancia H16, desde el nordeste, con su muro sur y un gran molino in situ. Sus restos fueron afectados posteriormente por la sepultura en cista AY21, cuyas lajas laterales vemos en el centro de la imagen Vista de la estancia H14 desde el suroeste. H14 se levantรณ sobre los escombros de H16

AY21

H14

H9-E

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LA ALMOLOYA

5 cm

Brazaletes encontrados sobre los pisos de las habitaciones H14 (izquierda) y H31 (derecha).

Vasija globular localizada en la habitación H42 de la zona 3 y conjunto de restos faunísticos de los ámbitos H14 y H16.

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Entre los objetos más notables destacan una pulsera de concha de aro cerrado y otra de marfil formada por dos semicircunferencias con perforaciones distales por donde pasarían los hilos para unir las mitades. Estas piezas y algunas vasijas de clasificación incierta acompañaban a un conjunto mayoritario de recipientes netamente argáricos. La abundancia de huesos de animales concentrados en ciertas dependencias reviste gran importancia económica. Las marcas de corte en muchos de ellos revelan procesos de descuartizamiento y carnicería, aunque su elevado número y densidad apuntarían también a prácticas de redistribución y consumo de carne todavía por aclarar. En cualquier caso, la abundancia de restos de diversas especies pone de manifiesto el notable peso de la ganadería y la caza en la subsistencia durante los primeros momentos, en contraste con lo que sucederá en las fases posteriores. También están en proceso de análisis los objetos de marfil, a fin de determinar si la materia prima procedía de África o de Próximo Oriente. En cualquier caso, son una buena muestra de la amplitud de las redes de intercambio en las que se integraron los primeros pobladores de La Almoloya.


¿EL PRIMER PARLAMENTO EUROPEO?

5 cm

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LA ALMOLOYA LA SEGUNDA FASE


LA ALMOLOYA

La “cubierta del barco”, desde la proa

Vista cenital de la tumba infantil AY19 que venía acompañada de una tulipa, un pendiente y un collar con tres cuentas de cyprea.

LA SEGUNDA FASE (2000-1750 ANTES DE NUESTRA ERA) En la segunda fase, el fuerte desnivel hacia el este se redujo notablemente gracias a la acumulación de los restos de las primeras viviendas. En la fase reciente todavía seguirá notándose este desnivel aunque más atenuado, lo que confiere a la cima del cerro el aspecto de un barco escorado a estribor. Los testimonios domésticos de la segunda fase han sido escasos en la zona sur, pues sólo alguna estructura transicional mantenía las funciones de antaño. Habrá que esperar a futuras excavaciones para certificar la calidad y extensión de los recintos domésticos. Sin embargo, destacan los hallazgos funerarios documentados en otros sectores, como las sepulturas AY15, AY18, AY19, AY21, AY24, AY60 y AY71 (identificamos las tumbas con estos códigos; se componen de la abreviatura “AY”, por “Almoloya”, seguida de un número que respeta el orden en que fueron descubiertas). La visita a La Almoloya permite contemplar, en el extremo sureste, las huellas de algunas sepulturas de esta segunda fase y restos de las construcciones más antiguas.

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LA SEGUNDA FASE

Interior de la urna funeraria AY18, donde apareció una mujer acompañada de dos tulipas, un punzón, dos pendientes y ofrenda de carne.

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GUERREROS

AL PODER No tenemos todavía constancia de guerreros en la fase fundacional de La Almoloya, debido a la falta de sepulturas que permitiesen identificarlos. Sin embargo, sí se han hallado picos de asta de ciervo sobre el suelo de algunas casas. Dado que su cinemática es similar a la de las alabardas, es posible que sean su prototipo y que convivieran con ellas a lo largo de su desarrollo. Además, estos picos también se han constatado en niveles antiguos de La Bastida. La alabarda es la primera arma especializada que conocemos en El Argar. Se trata de un objeto contundente, de impacto, compuesto por un mango de madera al que se incorpora en uno de sus extremos una punta de cobre de entre 14 y 24 cm de longitud, y con forma más o menos triangular. Picos de asta de ciervo hallados en La Bastida

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Dibujo de Louis Siret que se conserva en el Museo Arqueológico Nacional (Madrid) y que ilustra cómo iría enmangada la alabarda metálica

Pico de asta de ciervo en el ámbito H14 de La Almoloya

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LA ALMOLOYA

Sepultura AY60. Los huesos de la mujer, desarticulados, fueron recolocados sobre el cuerpo del hombre. En la fotografía inferior, el alabardero de AY60 con su ajuar, una vez levantados los restos de la mujer. Obsérvese la flexión forzada de codos, rodillas, tobillos y muñecas. Sepultura AY60. Momento en que empieza a aparecer el cráneo del guerrero con la alabarda junto a su cara.

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Aunque no podamos afirmar el carácter bélico de las personas que fundaron La Almoloya, cierto número de tumbas a partir del 2000 antes de nuestra era contenían varones acompañados de alabardas que certifican su condición de guerreros. La última campaña de excavaciones, en 2015, proporcionó dos sepulturas con alabardas, ambas en proceso de estudio. La primera se encontró en la tumba AY60, que contenía los esqueletos de un hombre adulto maduro y una mujer posiblemente anciana, enterrada en primer lugar y cuyos huesos desarticulados fueron recolocados sobre el cadáver de él. La segunda sepultura, AY71, contenía un hombre adulto joven. El hombre de AY60 tenía la alabarda en posición, es decir, con el enmangue hacia arriba y la hoja sobre el hombro derecho, mientras que el astil de madera, desaparecido, estaría encima del costado derecho. Un puñal, sobre el pecho,


LA SEGUNDA FASE

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5 cm

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5 cm


¿EL PRIMER PARLAMENTO EUROPEO?

estaría desplazado de su posición original cerca del antebrazo. A los pies y junto al cráneo desplazado de la mujer, había una vasija y huesos de la pata de una oveja o cabra. El alabardero de AY71 también fue envuelto en un fardo muy compacto y apretado, como el anterior. Ocupaba el centro de una gran cista donde había espacio de sobra para colocar al menos otro cuerpo. La alabarda estaba en posición y sobre la cara, con la punta orientada hacia uno de los laterales de la tumba. A los pies del cadáver se depositó una vasija y una porción de carne, como en la sepultura anterior.

La gran sepultura en cista AY71, todavía sellada por las lajas de la cubierta

Arriba, ajuar completo de la tumba del alabardero AY60. Abajo, alabarda (izquierda) y puñal (derecha)

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LA ALMOLOYA

Momento en que empiezan a aparecer los huesos del alabardero de AY71, su arma y una vasija cerámica a sus pies.

Extraña en esta sepultura la ausencia de un puñal, un objeto habitual en tumbas de alabardero. No obstante, quizá la pesada alabarda, una de las mayores que se conocen, le bastaba para el combate. Si la blandía a dos manos, no requeriría el complemento del puñal. En los casos en que conocemos la posición de la alabarda y se ha medido la longitud del esqueleto amortajado en un fardo, suponemos que el astil del arma tendría entre 50 y 70 cm de largo, lo que permitiría asirlo con una o dos manos. No obstante, el ajuar de un alabardero (se conocen 39 bien contextualizados en tumbas) suele contar también con un puñal, además de adornos y ofrendas cárnicas. En el sistema

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LA SEGUNDA FASE

ALB

F5

FAUNA

El guerrero de AY71 con el arma junto a la cara y los restos de las ofrendas alimentarias a los pies. Obsérvese la posición forzada de las articulaciones, pese a que no faltaba espacio en el interior de la cista.

de combate que implicaba el uso conjunto de ambos objetos, la alabarda actuaba como arma contundente y, el puñal, como arma oportunista. Es bien sabido que para combatir no basta con tener un arma, sino que hay que saber usarla. Sin duda, esta modalidad de lucha habría requerido un adiestramiento específico. Las armas no sólo inauguran una nueva producción, la armamentista, sino también una nueva conducta que exige destreza y formación, maña y táctica, que educará los gestos y movimientos de sus portadores dotándoles de una disciplina necesaria para su supervivencia.

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LA ALMOLOYA

5 cm

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LA SEGUNDA FASE

Como algunos de los miembros del equipo de La Almoloya escribieron en otro lugar:11 “La alabarda argárica es una arma inequívoca, al igual que la espada, porque a diferencia del hacha, el puñal o el cuchillo carece de utilidad fuera del ánimo coercitivo y su simbología. Hachas, puñales y cuchillos son polifuncionales. Pueden ser usados como armas, pero esa no es su función exclusiva. Creemos que el controvertido término “guerrero” puede sugerirse para las personas portadoras de alabarda, por ser las únicas de la sociedad argárica que merecieron que estas armas fueran depositadas en sus sepulturas”. “Las alabardas incrementan la magnitud de la fuerza del portador y establecen nuevos límites físicos y espaciales a la contienda, al alejar al contrincante o disuadirlo del conflicto. Las mejores armas son las que con su presencia intimidatoria no necesitan ser utilizadas”. “El valor de uso del arma varía, pero siempre partiendo del principio material de su poder de aniquilación. Podemos imaginar el arma como un instrumento disuasorio, o como un signo de respeto, admiración o pleitesía, pero todo emerge de su poder de destrucción, del hecho de ser una fuerza destructiva”. “Las armas son las fuerzas productivas de la destrucción, las fuerzas destructivas por antonomasia”. Las alabardas materializan y concretan, por tanto, ese poder de destrucción y disuasorio de los primeros argáricos”.

Ajuar completo de la tumba del alabardero AY71. Abajo, alabarda que formaba parte de ese ajuar.

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LA ALMOLOYA

ÉLITE, CIUDADANOS

Y ESCLAVOS Detalle de la tumba AY21. Resaltados, los restos óseos de la criatura

Aspecto general de la tumba AY21 con los restos expuestos de una mujer y un recién nacido.

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Gracias a otras investigaciones sabemos que portar alabarda significa pertenecer a la clase dominante argárica12. Tan sólo un 10% de la población pertenecía a esta élite que, con el paso del tiempo, haría hereditarios sus derechos13. El resto estaba compuesto por personas con ciertos derechos sociales o de “ciudadanía” (50%) y servidores o esclavos (40%). En la segunda fase de La Almoloya se han documentado sepulturas de todos estos grupos. Las tumbas AY21 y AY24 son una buena muestra de las ofrendas que se depositaban en los rituales funerarios de los individuos con derechos de ciudadanía.


¿EL PRIMER PARLAMENTO EUROPEO?

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LA ALMOLOYA

La primera de ellas, AY21, contenía los restos de una mujer y una criatura. Ambas fueron enterradas simultáneamente, pues sus miembros aparecieron entrelazados: el brazo derecho de la mujer descansaba sobre la cabeza del bebé, mientras que una pierna de éste lo hacía sobre la pierna derecha de ella. Los dos cuerpos estaban orientados en la misma dirección y con las piernas semiflexionadas, pero el del recién nacido descansaba sobre su costado izquierdo, mientras que la mujer yacía sobre la espalda aunque con los miembros hacia la derecha. Dado que generalmente las mujeres eran depositadas sobre el costado derecho y los hombres sobre el izquierdo, es posible que estemos ante el entierro de una madre con su hijo, fallecidos poco después del parto.

Puñal de AY21 con restos de tejido adheridos a la hoja

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5 cm


LA SEGUNDA FASE

Las ofrendas consistían en un punzón de cobre, localizado sobre los restos del bebé y cerca del codo derecho de la mujer, donde también apareció un puñal de cobre y los huesos de dos porciones de carne de una oveja. En El Argar los punzones de cobre solo aparecen en tumbas femeninas. Los ajuares característicos de las ciudadanas con derechos incluyen, además de un punzón, un puñal o cuchillo.

A la izquierda, AY24 con las lajas de cierre caídas hacia el interior de la tumba. A la derecha, las huellas del ataúd de madera.

Otra sepultura de la “clase intermedia” argárica es AY24. Se trata de una tumba muy interesante porque el gran sepulcro de piedra contenía a su vez otro, esta vez de madera, cuyas huellas se han conservado. Se trata, nuevamente, de una tumba doble. Los restos del cuerpo enterrado en primer lugar, el de un hombre, se apartaron para dejar sitio a una mujer que, como era de esperar, yacía sobre su lado derecho. El ajuar estaba formado por la consabida asociación de puñal y punzón, además de dos vasijas de cerámica y una porción de carne.

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LA ALMOLOYA LA TERCERA FASE


LA ALMOLOYA

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LA TERCERA FASE

DE LA ALMOLOYA Hacia 1750 antes de nuestra era se planificó la gran trama urbanística que ocupa toda la superficie del cerro. Hasta el momento hemos excavado, aunque no por completo, seis de los nueve complejos arquitectónicos que se distinguen en superficie. Once estrechísimas calles o más bien callejones los separan unos de otros y, además de facilitar el tránsito, servían como vías de drenaje y evacuación de aguas.

Los restos desarticulados del varón de la sepultura AY24 fueron apartados hacia un lateral y en parte recolocados sobre el cadáver de una mujer.

Las “islas” urbanísticas que constituyen estos agregados arquitectónicos varían en extensión y en número de habitaciones, desde los 156.56 m2 del complejo 5 hasta los 332.12 m² del complejo 3, y desde las dos o tres que tendría el complejo 5 a las diez del complejo 2. El Complejo 6 contaría con una estancia más de las que hemos podido detectar hasta ahora y el 5, probablemente, con dos más. Estas tres estancias se situarían cerca de la cornisa oriental del cerro, una de las áreas más castigadas por las intervenciones clandestinas y todavía por explorar. El Complejo 7 ocuparía el límite sur. La intensidad del expolio en este sector es de tal calibre que se halla prácticamente arrasado. No obstante, entre los grandes hoyos se insinúan restos de algunos muros. Los complejos 8, al oeste, y 9, al este, igualmente muy alterados, completarían el plan urbanístico. La superficie urbanizada cubre casi todo el espacio disponible en la meseta y lo aprovecha al máximo al ocupar 2.280 m2 de los 3.050 m2 disponibles proporcionando al enclave un aspecto muy compacto y abigarrado. Las angostas calles que separan estas unidades arquitectónicas apenas dejan pasar una persona, pues varían entre 40cm y 80cm. La única excepción es la vía que inaugura el eje vertebrador de la retícula, pues uno de sus tramos se ensancha hasta 1,20 m.

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LA ALMOLOYA

Complejo habitacional 1 de La Almoloya. La Gran Sala y la habitación contigua están resaltadas en color. En ocre claro, el piso, en ocre intenso, el banco corrido, en marrón intenso, el gran hogar y el podio, en verde.

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LA TERCERA FASE DE LA ALMOLOYA

ESTRUCTURAS ORIGINALES ESTRUCTURAS HIPOTÉTICAS

16 m

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LA TERCERA FASE DE LA ALMOLOYA

¿EL PRIMER PARLAMENTO

EUROPEO?

Un gran edificio situado en el Complejo 1 se distingue tanto desde un punto de vista arquitectónico como por su función social. Tal es su significado, que no podríamos entender el resto del poblado sin su presencia. No es extraño que esta estructura insólita en el ámbito argárico y en el Bronce Antiguo de Europa continental se haya documentado en la época de apogeo en La Almoloya y en El Argar en general. Entre el 1750 y el 1550 antes de nuestra era se produjo la máxima expansión territorial argárica y la reafirmación del poder estatal en las comunidades. Sin embargo, también aumentaron exponencialmente las contradicciones sociales que acabaron desembocando en la destrucción de un modo de vida con 650 años de historia, que dominó todo el sureste de la península Ibérica.

Diversas perspectivas de algunos accesos que conforman la retícula urbanística y separan los complejos habitacionales de la última fase de ocupación de La Almoloya.

El gran edificio, todo él cubierto, ocupa 127 m² de superficie y está dividido en dos estancias. La más grande ha conservado hasta 2,20 m de su alzado original en alguno de sus tramos. Sus muros, de un metro de espesor medio, están compuestos por dos paramentos muy sólidos de piedras medianas colocadas en hiladas más o menos paralelas. La superficie de las paredes estaba revestida con un enlucido de cal y arcilla del que se han podido documentar hasta seis capas superpuestas. El piso se pavimentó con una fábrica similar y en algunos puntos alcanza 30 cm de espesor, debido a las sucesivas capas acondicionadas para reparar los desperfectos. El eje central de la sala principal estaba recorrido por una hilera de siete hoyos de poste, encajados en una sólida zapata subterránea de piedra y mortero. Esta estructura garantizaba la estabilidad de los fustes de columnas de madera que soportaban la techumbre, ayudadas por 11 postes adosados a los muros a modo de pilastras y dos refuerzos exteriores.

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LA ALMOLOYA

Al zócalo de las paredes se adosó un gran banco corrido, interrumpido únicamente por una escalera de acceso y un podio. Hemos estimado que en el banco podrían sentarse unas 50 personas. Cerca del rincón noroccidental y al pie del podio se acondicionó un gran hogar de algo más de 4 m2, sobre el cual se abrió una salida de humos con un techo suplementario sustentado por cuatro columnas de madera.

H9O

H12

H13

H11 H10 H9E

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Un muro de piedras pequeñas, enlucido como el resto de las paredes, separaba la sala principal de otra subsidiaria al oeste. Para acceder a ella se atravesaba un vano elevado al que se subía mediante dos peldaños. La distribución interior de los complementos arquitectónicos de la sala principal respeta una jerarquía de tres niveles. La estructura más elevada es el podio, que supera el metro de altura. Está ubicado junto a una escalera de la que se conservan tres peldaños. A través de ella se descendía desde el exterior hasta la sala. El podio quizá fuera el soporte del sitial de algún personaje decisivo de la comunidad. Frente a él y a sus pies estaba el gran hogar, con sus cuatro columnas en las esquinas. Quizá el objetivo de este hogar fuera el de guardar y mantener el fuego eterno del que hablan las fuentes escritas orientales y que algunos investigadores interpretan a partir de estructuras similares documentadas en las riberas del Egeo. Una pequeña superficie en el centro del hogar, de unos 50 cm2 y muy afectada por el fuego, podría apoyar esta sugerencia. El segundo nivel jerárquico corresponde al tramo occidental del banco, que es bastante más alto que en el resto de su recorrido. Este banco elevado podría tener una significación destacada al estar dispuesto en la cabecera de la estancia, a la derecha del podio y “por encima” del resto. En el segmento más próximo al podio, el banco hace las veces del tercer peldaño de acceso a la plataforma elevada que proporciona el firme de la pequeña dependencia contigua. Quizá desde ella haría su “aparición” el personaje principal de la reunión, como sucedía en los edificios curiales de época romana. ¿Qué podrían estar haciendo 50 personas reunidas en esta sala? No lo sabemos con seguridad, pero gracias a unas pocas pruebas positivas, y sobre todo a pruebas negativas cruciales, proponemos que estamos ante la primera arquitectura política de Europa continental.

Destacados en color, los dos espacios más singulares dentro del Complejo 1 de La Almoloya. En un ocre claro se resalta el piso, en ocre intenso los bancos corridos, en verde, el podio y, con una gradación de gris a naranja, el gran hogar ubicado frente a aquél.

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Recreaciรณn 3D de la Gran Sala de reuniones.

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La Gran Sala vista desde el este. Destaca el eje longitudinal de hoyos de poste diseĂąado para sostener la cubierta.

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LA TERCERA FASE DE LA ALMOLOYA

Los motivos que sugieren esta interpretación son varios. En primer lugar, no se documentaron elementos cultuales o religiosos y, a diferencia del resto de las habitaciones que conocemos en El Argar, tampoco aparecieron restos de consumo alimentario ni evidencias de procesos productivos relacionados con la subsistencia ni con ningún otro tipo de trabajo. Es decir, ninguna actividad alimentaria o artesanal fue realizada allí. Solo han aparecido unos escasísimos y exquisitos vasos.

Vista de la esquina sudoccidental, donde se preserva un alzado de 2,20 m parcialmente enlucido con estucos.

Quizá estemos contemplando el primer eslabón histórico que conduce a los edificios dedicados a hacer política, lugares de debate, acuerdo o decisión, como en nuestras asambleas y parlamentos. Si dentro de 500 o 1000 años se excavaran las sedes de los actuales congresos de diputados y senados, se encontraría sobre todo medios para fijar y registrar ideas y palabras, acompañados, todo lo más, por herramientas específicas para comunicarlas o

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H9O

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AY38

AY5


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H9E

AY10

AY14

AY13

AY3

AY12

Planta de H9 (Este y Oeste) con sus diferentes tumbas asociadas.

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La Gran Sala de Reuniones vista desde el suroeste.

archivarlas, y quizá, emblemas de identidad y pertenencia. La Almoloya documenta esa posibilidad. La evidencia arqueológica que ha brindado este edificio es diametralmente opuesta a la que ofrecen las restantes estancias. Ello, unido a su porte y relevancia, apunta a una estructura permanente y central de orden político-social. En 2013, cuando excavamos el subsuelo de una parte de la sala, quedamos perplejos ante el cuadro que ofrecían las tumbas allí descubiertas. Todos sus ocupantes parecían ser individuos de condición humilde afectados por patologías severas, fundamentalmente traumas. ¿Cómo era posible que una sociedad estratificada, con una organización piramidal de carácter estatal, destinara la sala donde se tomaban las decisiones políticas al funeral de servidores o esclavos?

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LA TERCERA FASE DE LA ALMOLOYA

¿EL PRIMER PALACIO

DE OCCIDENTE? Durante un año entero intentamos resolver esta paradoja, hasta que las excavaciones de 2014 nos brindaron una explicación. En un lugar de privilegio en la sala, frente al podio, excavamos un enterramiento excepcional que no había visto la arqueología de la Edad del Bronce española en los últimos 130 años. La pareja enterrada en un ángulo de la gran sala estaba acompañada por un tesoro formado por una treintena de objetos, la mayoría de plata y oro. Esta tumba “principesca” daba nueva luz a la función del edificio y a una realidad política acorde con el conocimiento previo sobre la sociedad argárica. A partir de 1750 antes de nuestra era, esta sociedad estaba bajo el mando de personajes decisivos que la controlaban y organizaban. Cobraba fuerza la idea de que en la última fase argárica, una estructura netamente vertical, un poder casi unipersonal, tomó el relevo a un sistema de pares oligárquicos que se repartían el poder. Esta hipótesis se ajusta también a la jerarquía arquitectónica que organizaba el espacio amplio y diáfano de la gran sala. Por otro lado, hay que tener en cuenta que este recinto no es un edificio exento, sino que forma parte de un complejo arquitectónico formado también por varias habitaciones adosadas. Aunque el estudio de los hallazgos apenas ha comenzado, parece que el contenido de dichas habitaciones no difiere del de las que integran los restantes complejos: áreas de producción de alimentos y artesanías en talleres polifuncionales, y almacenes de víveres y utensilios. Tal vez el Complejo 3 se salga un poco de este guión porque es el único que incorpora una cisterna. Su forma recuerda a la de un tronco de cono irregular. El alzado conserva poco más de 2 m de altura y estaba revestido con arcilla amarilla impermeabilizante al igual que su

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LA ALMOLOYA

Vista aérea de la cisterna desde el nordeste

base plana, que aprovecha el manto calcáreo del cerro. Esta estructura tenía capacidad para recoger unos 12000 litros de agua. Nos preguntamos quiénes y cuánta gente podía vivir rodeada de tantos talleres de producción. La escasez de viviendas en sentido estricto plantea incógnitas apasionantes que esperamos aclarar conforme avance la

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LA TERCERA FASE DE LA ALMOLOYA

investigación sobre los objetos recuperados. En otros lugares, como por ejemplo ciertas regiones del Levante mediterráneo, combinaciones similares a las de los complejos habitacionales de La Almoloya reciben la denominación de “palacio”; es decir, un conjunto que aúna las funciones residencial y productiva con la máxima instancia de decisión del poder político.

Detalle del alzado norte de la cisterna con parte de su enlucido preservado

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LA TUMBA

PRINCIPESCA En agosto de 2014 se descubrió la extraordinaria sepultura que ya hemos mencionado, la número 38 de La Almoloya. La mayoría de los objetos de ofrenda eran de plata, unos pocos de oro y otros más de cobre o bronce, además de collares hechos con cuentas de materiales diversos, vasijas cerámicas y ofrendas de carne de ganado vacuno. Esta riqueza material suele definir en arqueología las sepulturas principescas.

Vista del interior de AY38, en la que se aprecia la disposición de los dos esqueletos y de algunas de las ofrendas.

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La tumba acogió dos cadáveres dentro de una misma vasija cerámica de grandes dimensiones, muy bien sellada mediante grandes losas de piedra. El primero era de un hombre fallecido entre los 35 y 40 años de edad, y el segundo el de una mujer de 25 a 27 años, colocada encima de él. Los datos preliminares del estudio osteológico han identificado en ambos esqueletos variantes anatómicas que pueden compartir parientes de sangre. Actualmente se están realizando pruebas de ADN para determinar el tipo de vinculación que tuvieron. El hombre, de 1,65 m de estatura, presenta una herida inciso-contusa cicatrizada en el cráneo, un fuerte desarrollo asimétrico del tren superior, así como remodelaciones articulares en caderas y rodillas compatibles con la práctica de la equitación. Ante este cuadro, cuesta resistirse a relacionar este personaje con la figura de un “mandatario” guerrero. Por su parte, la mujer poseía un aspecto grácil, una estatura de 1,55 m e indicios de una actividad sostenida en el antebrazo derecho. Aunque no hay evidencias concluyentes sobre la causa de su muerte, cuando ésta le sobrevino padecía un proceso inflamatorio o infeccioso de la pleura que dejó su impronta en la cara interna de algunas costillas.

De esta sepultura excepcional se han hecho eco las principales revistas europeas de divulgación arqueológica, siendo noticia de portada en alguna de ellas.

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La posición articulada de ambos esqueletos sugiere que no debió pasar demasiado tiempo entre un enterramiento y otro, circunstancia que ha corroborado el C14. Este hecho resulta inusual en las tumbas argáricas con dos adultos, porque entre los dos sepelios suele haber una distancia temporal de entre una y tres generaciones. Ambas personas fueron enterradas hacia 1650 antes de nuestra era, en plena época de apogeo de El Argar. Los objetos que componen el ajuar pertenecen a los tres grupos habituales en el mundo funerario argárico: herramientas o armas, adornos y ofrendas alimentarias. Sin embargo, en esta ocasión todos pueden considerarse excepcionales por diversos motivos.


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Momento del descubrimiento del primero de los dilatadores de oro junto a otro de plata y varios pendientes en espiral, también de plata

Los adornos eran muy llamativos y algunos del gusto actual, como los cuatro dilatadores de oreja, dos de oro y dos de plata. De algunos pendían además espirales de plata y bronce. En total se documentaron diez pendientes, ocho de plata y dos de cobre, la mayoría en forma de espirales de cuatro o cinco vueltas. También se hallaron tres brazaletes, dos de plata y uno probablemente de bronce, dos anillos de plata y al menos un collar formado por cuentas de ámbar, hueso, concha, marfil y piedras semipreciosas. Sobre el pecho de la mujer se encontraron dos cintas de plata con una hilera de perforaciones y, ceñida en su cabeza, el objeto más valioso de todos, un emblema distintivo que describiremos más adelante. Los dilatadores están hechos aplicando una técnica novedosa para aquellos tiempos, la técnica anticlástica,

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LA TERCERA FASE DE LA ALMOLOYA

que permite conseguir una concavidad continua en una banda de metal que se cierra en círculo sobre sí misma. Los dilatadores de oro contaban, además, con una decoración de puntos continuos logrados mediante repujado.

Dilatadores de oro de la tumba 38

Otros artefactos, como el puñal o el punzón, no son menos espectaculares. El primero tenía cuatro remaches de plata para fijar la empuñadura. Estos remaches no aportaban ninguna ventaja técnica o funcional, pero demuestran de manera evidente la importancia de sus poseedores. En toda la península ibérica sólo se han documentado treinta y cinco armas prehistóricas con remaches de plata (veinticinco de las cuales están en territorio argárico). Más extraordinario es el punzón, pues conserva un mango de madera de encina revestido completamente de plata gracias a una compleja tecnología

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de ensamblado. Se trata de una obra maestra de la orfebrería argárica, fruto de un taller al servicio de las élites en el poder. Por último, se depositaron dos porciones de los cuartos delanteros de un bovino, así como probablemente bebidas y/o alimentos indeterminados dentro de tres recipientes: un cuenco y una olla y un vaso carenados. El más sofisticado es el más pequeño. Se trata de una pieza insólita provista de una cinta de plata que revestía la carena, y de otra que hacía lo propio con el borde del vaso. Da la impresión de que las manos y la boca de quien se sirviera de él no podían tocar nada que no fuese de plata.

Una gran parte de los objetos que componen el ajuar de la Tumba 38

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LA ALMOLOYA

5 cm

Puñal con remaches de plata (arriba) y punzón con enmangue de madera revestido en plata (abajo) de la tumba 38

5 cm

Hemos dejado para el final, la pieza más emblemática: una diadema de plata con un apéndice en forma de disco que coronaba la cabeza de la mujer. Se conocían con anterioridad cuatro ejemplares de este tipo y material, todos procedentes del yacimiento de El Argar, en Almería. Tres de ellas se encuentran repartidas en varios museos europeos (Ashmolean Museum en Oxford, British Museum en Londres y Musées Royaux d’Art et d’Histoire en Bruselas). Desconocemos el paradero del cuarto ejemplar. La diadema se colocaba en la cabeza con el disco hacia abajo y sobre un tocado que permitía que este elemento cubriera parte de la frente.

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Diadema de plata con apéndice discoidal hallada en la tumba 38

Montaje, a partir de los dibujos de Siret, de los ajuares que acompañaban a las diademas de plata descubiertas a finales del siglo XIX en sus excavaciones en El Argar, Antas, Almería.

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LA ALMOLOYA

El peso total de los objetos de plata de la tumba AY38 es de unos 220 g. Para que nos hagamos una idea, en la Babilonia de Hammurabi, que fue más o menos contemporáneo de los dos personajes de La Almoloya, esta cantidad de plata permitía adquirir casi 8.000 litros de cebada. A su vez, con esta cebada se podía pagar, en la misma Mesopotamia, el jornal de unos 530 trabajadores. En la sepultura también se documentó tejido de lino. La anchura de las hebras que componen la trama y la urdimbre es finísima y revelan una confección exquisita. En diferentes sociedades del antiguo Oriente el lino poseía un elevado valor por razones prácticas e ideológicas. Por un lado, su cultivo necesita unas condiciones especiales de humedad y nutrientes, y su uso para la producción textil requiere procesos laboriosos. Por otro, el tejido lino era considerado “puro” al proceder de una planta, por oposición a la lana que, al ser de origen animal, se creía “impura”. El lino debió tratarse, sin duda, de un elemento de gran valor en esta época, pues sólo cuatro siglos después de que se sellara AY38, en el Egipto de Ramsés II diez camisas de lino fino equivalían a 36,5 g de plata. La segunda piel que constituye la ropa que vestimos, indica, en ciertos contextos, la condición social de quienes la portan, como ahora ocurre con las marcas. El significado de esta tumba y de su contexto inmediato nos traslada a un escenario apasionante y lleno de interrogantes. Las ofrendas la sitúan a la cabeza de las cinco más ricas del mundo argárico, por lo que sin duda corresponde a miembros destacados de la clase dirigente. Ahora bien, los detalles nos llevan más allá. La diadema de plata es un símbolo de poder y distinción reservado a unas pocas mujeres. El ejemplar de La Almoloya es prácticamente idéntico a los otros cuatro conocidos del yacimiento de El Argar, situado a más de 100 km al sur (Antas, Almería). No sería atrevido afirmar que estas piezas fueron producidas por un único taller especializado, bajo cuya tradición también pudo fabricarse la célebre

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diadema de oro de Caravaca. La semejanza morfológica, tecnológica y simbólica que comparten todas ellas, nos lleva a pensar que hubo una estrecha relación entre los grupos aristocráticos argáricos a partir de 1750 antes de nuestra era. Solo así se puede entender que comunidades tan alejadas compartieran las mismas directrices sociales y simbólicas que hacen de La Almoloya un centro capital en la toma de decisiones políticas. En resumen, podemos concluir que esta sepultura aglutina unos objetos cuyo valor de cambio se mantuvo elevado a lo largo de varios siglos en sociedades que así lo dejaron escrito. Desgraciadamente, las gentes de El Argar no nos dejaron textos, pero la distribución de los objetos en las sepulturas nos ha permitido calcular el valor social que sus miembros les atribuyeron15. Gracias a ello, podemos concluir que esta tumba es la que exigió el mayor dispendio de todas las conocidas hasta el momento. Además de lo ya dicho en referencia a la diadema, si nos fijamos en la distribución geográfica de otros símbolos de distinción poco corrientes, los dilatadores de oro y plata, veremos que sólo aparecen en unos pocos yacimientos, como El Argar (Antas, Almería), La Bastida (Totana, Murcia), Monteagudo (Murcia) y Cabezo de la Escoba (Villena, Alicante)16. En suma, los elementos más emblemáticos de la “regalía” argárica se concentran en las áreas nucleares de la cuenca de Vera y el pasillo del Guadalentín, el entorno septentrional de Sierra Espuña y, tal vez, en una prolongación hacia las comarcas del Noroeste (Caravaca), ya en la última frontera. Posiblemente, demarcan una gran entidad política constituida tras un proceso de unificación y centralización. A la cabeza de esta entidad vislumbramos un grupo dirigente formado por miembros emparentados (¿un linaje dinástico?), en cuyo seno ciertas mujeres pudieron ostentar un papel determinante en la gestión y transmisión del poder.

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A la luz de estos y otros datos, sugerimos que La Almoloya fue la sede de una institución vinculada con el gobierno de un amplio territorio. Sus relaciones con el enclave almeriense de El Argar son claras, aunque falta descubrir si funcionó como una delegación regional o si fue el lugar donde las o los mandatarios se congregaban periódicamente para deliberar o para recibir las órdenes que iban a afectar la vida de miles de personas. En cualquier caso, tratamos con el reflejo material de una sociedad disimétrica y dividida, donde las decisiones políticas beneficiaban materialmente a un sector restringido de la población.

UN ÚLTIMO HALLAZGO

INESPERADO

Si bien la descripción de la Gran Sala destacó en la calidad del revoco y los enlucidos que recubrían los muros, en el subsuelo de la pequeña habitación contigua nos topamos con un hallazgo sorprendente: las primeras manifestaciones de pintura muraria doméstica detectadas en poblados argáricos y una de las pocas conocidas de la Edad del Bronce europea. Aunque en posición secundaria, localizamos un buen número de fragmentos con motivos lunares, cenefas lineales y de triángulos continuos rellenos de pintura roja y, por último, algunos figurativos, por ahora de difícil interpretación. Algunas representaciones aparecían recubiertas por una o más capas de encalados posteriores que ocultaron la decoración pero informan de las labores de refacción.

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FIGURATIVOS

LUNARES

CENEFA DE TRIÁNGULOS CONTÍNUOS

LINEALES

5 cm

Muestras de los diversos motivos representados en las pinturas.

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LAS ACTIVIDADES ECONÓMICAS

DE LA ALMOLOYA

En La Almoloya se produjeron, distribuyeron y consumieron alimentos y enseres cualitativa y cuantitativamente relevantes, aunque todavía no hemos tenido oportunidad de calcular en qué proporción, ni qué cambios se dieron a lo largo del tiempo. Pese a ello, vislumbramos la naturaleza de los cambios económicos que acontecieron en la fase final. Piezas fabricadas con rodelas de asta de ciervo, posiblemente fusayolas, dedicadas a la producción de hilo.

A partir de 1750 antes de nuestra era se invirtió la importancia de la explotación agropecuaria. Creemos que el aporte de la caza y la ganadería no tuvo la importancia de las fases precedentes y que, en cambio, asistimos al desarrollo de una agricultura centrada en el cultivo de cebada.

5 cm

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LA TERCERA FASE DE LA ALMOLOYA

5 mm

Pesas de telar documentadas en varias estancias.

En el ámbito de las manufacturas, La Almoloya ha brindado materiales de los que poco sabíamos hasta ahora. Así, la abundancia de fusayolas resulta sorprendente y pone de manifiesto la importancia de la producción de hilaturas. En el mismo sentido, la distribución de numerosas pesas de telar en diversas estancias y la conservación de gavillas de lino en la base de una sepultura y de tejido de lino en otras, atestiguan todo el proceso de la producción textil. En suma, hay razones para pensar que La Almoloya tuvo un claro protagonismo en esta manufactura. El trabajo metalúrgico puede inferirse a partir de ciertos objetos. Uno de los más significativos es un crisol de arcilla, que se cuenta entre los escasísimos ejemplares encontrados en yacimientos argáricos. Destacan también un molde para fundir hachas y otro para varillas o cinceles, varios yunques-martillos y unos pocos fragmentos residuales de cobre. Todos estos útiles y restos de trabajo apuntan a que la segunda fusión y la forja se realizaban en el poblado. El alto valor social otorgado a los metales quedó de manifiesto en el asombroso ajuar de la tumba principesca. Sin embargo, no creemos que los objetos más destacados se

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LA ALMOLOYA

Conjunto de pesas de telar de la habitación H48 En primer término, conjunto de más de 20 pesas de telar hallado in situ en la habitación H55

Microfotografía del lino mineralizado en el puñal de la Tumba 21

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5 cm

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Picos de asta de ciervo hallados en La Almoloya

10 cm

fabricaran en La Almoloya: la diadema, el punzón, el puñal y el vasito revestido de cintas de plata podrían tener su origen en otros centros, como Tira del Lienzo (Totana), donde hemos hallado un taller donde se forjaban láminas de plata. Por primera vez también se han documentado áreas dedicadas a producir útiles de asta de cérvido, como espátulas, picos y, probablemente, fusayolas. En dichas áreas se han hallado tanto las astas de ciervo listas para trabajar, como

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Algunas de las hachas y azuelas de piedra recuperadas en La Almoloya.

5 cm

los objetos elaborados. Entre éstos llaman la atención los “picos”, que se fabrican seccionando los candiles de la cornamenta hasta lograr una herramienta que tiene como parte útil la luchadera, es decir, la punta más dura y resistente. Las astas de los ciervos se obtenían recogiendo las mudas anuales y también mediante a la caza. En La Almoloya sorprende la cantidad de hachas y azuelas de piedra, muy comunes en periodos anteriores (Neolítico, Edad del Cobre) pero supuestamente en desuso durante la Edad del Bronce. Unas pocas fueron reutilizadas como martillos o percutores, pero parece que buena parte conservó su función de corte. Inicialmente pensamos que las gentes argáricas reaprovechaban ejemplares de otros tiempos, pero su gran número y disposición en los talleres arrojan dudas sobre nuestra primera impresión. Habrá que esperar a los resultados de análisis más detallados para despejar estas dudas. En cualquier caso, la abundancia de azuelas de piedra apunta a la importancia de los trabajo sobre la madera, ya sea en la recogida de leña, la preparación de vigas y postes para la construcción u otras labores de carpintería. A ello apunta también un hallazgo que casi nunca se da fuera de las tumbas: un hacha de cobre o bronce sobre un piso de habitación.

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LA ALMOLOYA

Crisol recuperado en los niveles de colmataciรณn de la habitaciรณn H4W

5 cm

Molde de hacha recuperado en H55

5 cm

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LA TERCERA FASE DE LA ALMOLOYA

Cincel y hacha localizados en contextos domésticos

5 cm

Puntas de flecha recuperadas en contextos domésticos

5 cm

Espátulas halladas en La Almoloya realizadas con asta de ciervo

5 cm

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LA ALMOLOYA CONFLICTOS SOCIALES Y FINAL DE EL ARGAR


LA ALMOLOYA

CONFLICTOS SOCIALES

Y FINAL DE EL ARGAR Los tres poblados superpuestos de La Almoloya fueron probablemente destruidos como consecuencia de conflictos con otros enclaves argáricos. Estas luchas intestinas se han identificado en muchos otros yacimientos, como El Argar, Gatas, Fuente Álamo (Almería) o Cabezo Negro (Murcia). Quizá fuesen el efecto de rivalidades por el poder, intentos para ganar territorios de influencia o por necesidades subsistenciales derivadas de la falta de alimentos en unas u otras comarcas. Estas luchas se tradujeron hacia 1550 antes de nuestra era en la masiva destrucción y abandono de los asentamientos argáricos. La hipótesis de un final violento a causa de una revolución interna va cobrando fuerza al apoyarse en varias clases de evidencias: 1. El abandono de la mayoría de los poblados argáricos se produjo más o menos a la vez. 2. En los pocos lugares que siguieron habitados se sustituyó el equipaje material argárico, tan característico y homogéneo, por otro en el que se mezclaban innovaciones y aportaciones de tradiciones diversas: las fronteras argáricas habían desaparecido.

Niveles de incendio y derrumbe de H18. Bajo el colapso del techo y de los tabiques de barro amasado se conservó en excelentes condiciones un conjunto de vasijas de almacenamiento

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CONFLICTOS SOCIALES Y FINAL DE EL ARGAR

Algunos fragmentos de materiales constructivos preservados por la termoalteración de los contextos en los que se documentaron. Conservan improntas de troncos (arriba), ramajes (abajo - derecha) y revestimientos (detalle abajo - izquierda).

5 cm

5 cm

3. Los signos de la “identidad argárica”, tanto físicos (símbolos de poder, objetos estandarizados) como conceptuales o metafísicos (rituales funerarios “en casa”, mecanismos de aprendizaje y obediencia) dejaron de manifestarse. A partir de 1550, el “sujeto” argárico, entendido desde un punto de vista político, se diluyó. Las personas, dejaron de estar “sujetas”, sometidas. Un ejemplo de la destrucción de 1550 la constatamos en La Almoloya a través de ejemplos muy ilustrativos. Como si se tratara de instantáneas fotográficas que detuvieran el tiempo y nos transportaran allí, algunas estancias recogen pruebas de incendios devastadores que consumieron la madera de paredes y techos, arruinando completamente los edificios. Uno de los casos más claros es el del área de molienda que conservaba en su posición dos molinos en sendas piletas para facilitar la recogida de la harina. En el resto de la estancia había grandes vasijas para almacenar cereal y harina, que, al desplomarse el techo, se rompieron y derramaron su contenido.

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Expectaciรณn ante la apariciรณn de un acopio de cebada carbonizada en los niveles recientes.

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En varias habitaciones hemos recuperado gran cantidad de cebada, trigo y habas, y sospechamos que muchas más semillas permanecen todavía bajo los trozos de derrumbes de paredes y techos que, por su magnífica conservación, hemos dejado donde cayeron. El impacto térmico propició la conservación de algunos elementos arquitectónicos casi siempre desaparecidos. Uno de los ejemplos más llamativos corresponde a las jambas de una puerta, identificadas gracias a la auténtica cocción y endurecimiento de la capa de arcilla y

Piletas de molienda localizadas en una de las dependencias dedicadas al procesado del cereal con restos del desplome de paredes y techo en primer plano (H2) El resto de la estancia H2 donde se localizaron las piletas de molienda. Los niveles de incendio poseen esos tonos grises y anaranjados ocasionados por efecto del fuego. Paradójicamente, el fuego destructor permitió una preservación excelente de muchos de los talleres y sus contenidos

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cal que recubría los listones de madera. En el mismo sentido, el fuego ha permitido conservar los enlucidos en extensos tramos de las paredes de varias habitaciones. El impacto de la destrucción fue tan imponente que, o bien pocas personas sobrevivieron, o bien fueron muy pocas las que decidieron seguir viviendo unos pocos años más entre las ruinas del poblado.

Detalle de una de las jambas de la puerta que permitía el paso entre los recintos oriental y occidental de H4 Estructuras (hogar, banquetas, etc.) recubiertas de enlucido en H48

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LA ALMOLOYA LA GENTE DE LA ALMOLOYA


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LA GENTE DE

LA ALMOLOYA Hemos dejado para el final del relato a sus protagonistas: las personas que hicieron posible con su esfuerzo un modo de vida que cambió la historia de la península ibérica. Las sociedades peninsulares nunca volvieron a ser lo mismo tras El Argar. Las diferencias particulares, el divorcio social y los intereses antagónicos irán en detrimento de la colaboración, la solidaridad y el apoyo mutuo que deberían caracterizar a todas las comunidades. Proliferarán identidades excluyentes que impondrán la lucha como mecanismo para sobrevivir. La competitividad entre las personas irá en detrimento de la competencia en los oficios, y el conflicto acabará imponiéndose como base del sistema social. Competencia y competición poco tienen que ver, hasta que la segunda engulle a la primera. ¿Cómo eran las personas que cambiaron el mundo? La sociedad argárica es una de las pocas que puede responder a esa pregunta, ya que tenía la costumbre de sepultar a su gente bajo el suelo de sus edificios o junto a ellos. Este hábito ha favorecido enormemente a la arqueología. Hasta el momento hemos exhumado 76 sepulturas que contenían 86 individuos, testimonios concretos de cada vida y una imagen compacta de historia colectiva, de cómo y quiénes eran. Aunque hoy etiquetemos a estas personas con expresiones tan técnicas, asépticas o incluso “ortopédicas” como “AY5”, “AY12” o AY38, tras estos códigos aparecen biografías a veces crueles y a veces ejemplarizantes.

Exposición de AY5 con la piedra que ocupaba el espacio entre sus maxilares.

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Cráneo de AY5 poco después de su hallazgo. Sobre la órbita ocular conservaba restos del mortero que conformaba el pavimento.

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Entre el pavimento, asoma el cráneo y la cara de AY5. En los recuadros de la derecha, vemos como comienza el proceso de excavación.


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AY5, por ejemplo, designa a un hombre fallecido a los 40 años, maltratado socialmente, que no mereció las exequias que esperaba toda persona argárica. Su esqueleto estaba literalmente atrapado entre los pavimentos reformados de la gran sala: ni siquiera tenía tumba. La gente que frecuentaba este edificio pisaría constantemente su cara, apenas a 1 cm de la superficie. Una piedra metida a presión en su boca parecía querer hacerlo callar para siempre, como si la muerte no bastara. Poco había en ese entierro que se ajustara al rito argárico.

Imagen cenital del enterramiento en cista AY12.

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AY12 era totalmente distinto. Enterrado en una cista de mampostería y lajas, tenía un humilde ajuar, compuesto por una vasija y una porción de carne, colocado junto a su cabeza. Lo interesante de este hombre, de más de 40 años y tan solo 1,63 de estatura, fue su elocuencia. Su esqueleto nos mostró una biografía dolorosa llena de traumas y enfermedades.


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Vivió aproximadamente hacia el 1700 antes de nuestra era, la fase de mayor desarrollo del poblado. Sin embargo, este “progreso” pasó por su lado o, peor todavía, lo atropelló. Apenas adquirida la madurez, una piedra u otro objeto muy pesado, le fracturó el empeine del pie derecho, una lesión que nunca sanó. Antes de ello, creemos que el acarreo continuo de grandes pesos había dañado su espalda, como muestran los osteofitos en sus vértebras lumbares. La fractura en el pie supuso una sobrecarga constante para la rodilla de la pierna izquierda y una inflamación en el tendón de Aquiles que, combinada con un esguince en el tobillo con arrancamiento del ligamento y una fascitis plantar, no le permitían caminar. Pero lo hizo, y durante bastante tiempo, ayudado por bastones. Lo sabemos gracias a la severa artrosis carpiana que padecía en ambas muñecas. Por si fuera poco, también padeció de abscesos dentales porque

Detalle de la artrosis bilateral severa en los huesos centrales de ambas muñecas que indican que el hombre de AY12 utilizaba bastones para poder desplazarse. La posición de los huesos grande y semilunar de la imagen no es la anatómica; el objetivo es que resalte el brillo ebúrneo

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Vasijas funerarias y ajuar cerámico de AY11. En el interior fue enterrada una mujer fallecida a la edad de 30-34 años, con un pendiente de plata y una cinta de cinabrio en la cabeza.

en sus últimos años, para seguir siendo útil a la comunidad, trabajó hasta con los dientes, probablemente masticando fibras vegetales para cordelería. AY12 es un ejemplo de las duras condiciones de vida que los trabajadores de La Almoloya debían sufrir para servir a sus gobernantes.

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LA GENTE DE LA ALMOLOYA

Cara de la mujer de AY11 con huellas de la cinta de tela teñida con cinabrio. Con el tratamiento fotográfico se observa la colocación original de la cinta a modo de diadema y su posterior deslizamiento hacia la cara.

Cada uno de estos difuntos tiene una vida que contar, una vida que los fríos códigos y números parecen uniformar y dejar de lado. Sin embargo, es preciso acudir a ellos para hacer abstracción de las vivencias particulares y esbozar las características generales de las gentes de La Almoloya.

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LA ALMOLOYA

EL SISTEMA

FUNERARIO Tumba doble AY26. A la derecha, los restos del primer inhumado se depositaron con cuidado sobre el cuerpo articulado del último enterramiento. A la izquierda, detalle del segundo inhumado una vez retirados los restos desarticulados del primero

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Las gentes de El Argar acostumbraban a enterrar a sus muertos en vasijas (urnas funerarias), ataúdes de piedra (cistas), fosas o pequeñas cuevas artificiales (“covachas”), pasadas las 72 horas necesarias para superar el rigor mortis. De entre todas las clases de tumbas, las urnas suelen ser las más numerosas en las comarcas orientales del sureste. En cambio, la primera sorpresa que ha deparado La Almoloya es la proporción bastante similar entre urnas funerarias (39) y cistas (32). Otro dato interesante consiste en que se han documentado urnas colocadas dentro de cistas de piedra y, en una ocasión, hemos podido detectar un ataúd de madera dentro de una cista. Igualmente,


LA GENTE DE LA ALMOLOYA

Detalle del acondicionamiento de la tumba AY26, donde se puede comprobar cรณmo los fragmentos del crรกneo del hombre recubren la cabeza de la mujer; una imagen perturbadora. Tumba doble AY22 con los dos esqueletos desarticulados pero recolocados simulando la posiciรณn fetal

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sorprende la exagerada dimensión de éstas y la elevada proporción de tumbas dobles, casi un 15%, algo superior a lo habitual en los poblados argáricos.

Ilustración de las posiciones normativas según el sexo en los ritos funerarios argáricos: a la izquierda, mujer de la tumba AY11, en posición flexionada recostada sobre el lateral derecho; a la derecha, hombre de la tumba AY45, en decúbito lateral izquierdo.

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Las tumbas dobles contienen preferentemente un hombre y una mujer. Los huesos del primer inhumado se apartaban a un lado para depositar al segundo o se colocaban, con esmero, encima de él. Pruebas sobrecogedoras manifiestan, en ocasiones, que los huesos del cráneo del primero cubrían la cara del segundo difunto para manifestar una íntima intención que se nos escapa. En otras, hemos comprobado cómo se esforzaban en reubicar los huesos desarticulados de un esqueleto emulando la disposición original (AY22) e incluso cómo volvían a sepultar los miembros alterados por alguna intrusión no querida. La mayoría de los cadáveres estaban “enfardados”, un neologismo que ilustra adecuadamente la preparación del cuerpo para introducirlo con más facilidad en los estrechos


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sepulcros o, simplemente, transportarlo. Otros estaban constreñidos por ataduras, y unos pocos simplemente colocados cuidadosamente en posición flexionada en algunas tumbas holgadas. Generalmente, las mujeres se disponían recostadas y replegadas sobre su lado derecho y los hombres, sobre su lado izquierdo, respetando una tendencia general argárica.

LAS PERSONAS De los 86 cadáveres exhumados 57 eran adultos, 28 criaturas y tan solo un juvenil. 37 mujeres y 24 hombres de diversas edades. Dos evidencias sorprenden sobremanera. La primera ilustra que en La Almoloya mueren menos infantiles de lo esperado, solo uno de cada tres de los que nacen. En el

AY12 – se aprecian dos abscesos secundarios a la fractura de la dentadura inferior debido al uso de los mismos como instrumento de trabajo. También presenta desgaste diferencial y pérdida antemortem del tercer molar izquierdo.

Fracturas

Abscesos

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Entesopatías Ejemplos de patologías corrientes detectadas en las inhumaciones: arriba a la derecha, inflamación, en forma de espolones, en la inserción del tendón de Aquiles y la que provoca la dolorosa fascitis plantar del calcáneo del pie izquierdo de AY12. Arriba a la izquierda, reacción inflamatoria en inserción de glúteos en coxal izquierdo de AY22/1 y abajo, dedo gordo del pie, con artrosis severa en articulación interfalángica (hombre de AY42/1).

Artrosis

resto de poblados suele fallecer casi uno de cada dos, generalmente. Algo similar nos indican los factores de edad porque en La Almoloya dos de cada tres individuos muere en edad adulta, a diferencia del resto de poblados que presenta cifras inversas, en consonancia con su elevada mortandad infantil. También es el yacimiento con menor mortandad juvenil (apenas el 1%), a diferencia del resto de poblados donde esta proporción oscila ronda el 5%. ¿Quieren decir estas cifras y porcentajes que los habitantes de La Almoloya vivían más y mejor? Probablemente deberíamos contestar que sí, aunque con varias salvedades, ya que estas cifras no aseguran que su vida cotidiana también fuera saludable.

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LA GENTE DE LA ALMOLOYA

Tubérculo púbico

Inflamación de ligamentos

Tumba de la mujer (AY3) en urnas enfrentadas y en posición normativa fetal recostada sobre el lado derecho.

Indicadores osteológicos del embarazo en el pubis izquierdo de la mujer AY3

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LA ALMOLOYA

Arriba: Perspectiva del esqueleto de la mujer que muriรณ durante el parto donde se resalta la localizaciรณn de los restos de un feto en el canal de parto. Abajo: Detalle de la distribuciรณn de los escasos restos fetales.

Costillas

Crรกneo Hemiarco vertebral

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LA GENTE DE LA ALMOLOYA

Multitud de sufrimientos y patologías de etiología diversa les asolaban, todas ellas enfermedades habituales en otros poblados argáricos como procesos degenerativos, inflamaciones en las inserciones musculares (entesopatías), caries, abscesos y otros procesos infecciosos en el poscráneo. Sin embargo, a diferencia del resto de sus coetáneos argáricos, sufrieron un mayor número de traumas, fracturas y contusiones que nos obligan a pensar que, para sobrevivir a todo ello, recibirían un mayor cuidado y atención por parte de sus congéneres, por muy duro que fuera vivir en ese entorno. Curiosamente, el hacinamiento urbano no pasó la factura que sí castigó a otros poblados. También la Sierra de Espuña, a sus espaldas, que potencia una saludable y constante circulación de los vientos, pudo contribuir a mantener un ambiente más saludable. En resumen, parece que el cuidado que se brindaba a las personas, por mucho que trabajaran, combinado con las condiciones medioambientales de las que gozaban, paliarían, hasta cierto punto, el duro y fatigoso régimen de vida que se veían obligados a soportar. Un régimen de vida insuficiente, a pesar de todo, para acabar con su resistencia. Un ejemplo emblemático del cuidado que brindaban a los miembros de la comunidad lo tenemos en la sepultura de la mujer que denominamos AY3. Murió mientras paría una criatura que “venía de pie”. Esta posición podálica impidió un parto normal y las personas que la asistían intentaron, por todos los medios, salvar su vida, incluso cortando las piernas del feto para sacarlo del vientre de la madre. Fracasaron. Testimonio de ello son los frágiles huesos que aparecieron junto al canal de parto de esta mujer que, sin embargo, había tenido, con éxito, otras criaturas con anterioridad. Son estas voces del pasado las que debemos atender para aprender de sus aciertos y errores. Es la memoria histórica la que debemos recuperar para construir el relato de nuestra propia vida. Sin pasado perdemos consciencia de quiénes somos e incluso de hacia dónde nos lleva el hilo social que nos ha traído hasta aquí.

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LA GENTE DE LA ALMOLOYA

La Almoloya emerge como un yacimiento de singular importancia en el panorama arqueológico europeo, un hito para recuperar nuestra civilización más importante y, paradójicamente, más olvidada. En sólo tres campañas de excavación La Almoloya ha aportado descubrimientos singulares y espectaculares, que enriquecen el conocimiento del pasado y el legado público arqueológico. Su salvaguarda, investigación y difusión constituyen tanto una necesidad insoslayable como un reto apasionante.

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NOTAS 1. En 1890 se aprobaron los trabajos de repoblación y en 1891 llegaron los primeros fondos para comenzar las tareas. http://www.murcianatural.carm.es/c/ document_library/get_file?uuid=10819ba2-458f-48df-8c398829978adba9&groupId=14 2. Fondo Documental de la Dirección General del Medio Natural de la Región de Murcia 3. Fondo Documental de la Dirección General del Medio Natural de la Región de Murcia 4. CEFU S.A. (Grupo Empresarial Fuertes), ha cofinanciado con la UAB las excavaciones arqueológicas. Roque Ortíz, propietario de uno de los accesos, también nos brindó todas las facilidades para que los trabajos llegaran a buen puerto. 5. Los textos son casi coincidentes (CUADRADO, E. (1945a), “Un nuevo yacimiento argárico: La Almoloya (Murcia)”, Boletín Arqueológico del Sudeste Español, 1, pp. 89-90 y CUADRADO, E. (1945b), “La Almoloya, nuevo poblado de la cultura de El Argar”, Anales de la Universidad de Murcia, Letras, 3, pp. 355-382). 6. La palabra “Patrimonio” resulta hoy un anacronismo, pues viene de la combinación de dos términos latinos, pater (“padre”) y el sufijo monium (“calidad de”), y se refiere a los bienes adquiridos por herencia de varón a varón. Tiene, por tanto, un recorrido poco feliz para las mujeres, ya que recuerda aquellos tiempos donde no eran sino por ellos. El término “herencia social” es más adecuado. Sin embargo, el uso vigente de “patrimonio” obliga en casos como estos a usarlo porque se capta el sentido directo y se le supone superado el excluyente carácter patriarcal que lo originó.

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7. AYALA, Mª M. (1986), “Materiales argáricos de la Almoloya de Pliego- Mula (Murcia)”, Anales de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Murcia, 2, pp. 29-37. 8. AGRM Fondo Emeterio Cuadrado FOT_NEG-017_008 (izda) FOT-NEG-017_020 (dcha) 9. Lull, V., Micó, R., Rihuete Herrada, C., Risch, R., Celdrán, E., Fregeiro, Mª I. y Velasco, C. “La Almoloya de Pliego antes de las excavaciones de 2013”, Verdolay, 14: 46-66. 10. AGRM Fondo Emeterio Cuadrado FOT_NEG-017_002 11. Lull, V. Micó, R, Rihuete Herrada, C. y Risch, R. y N. Escanilla (2015, en prensa). “Alabarderos argáricos y sistemas de combate”. 12. Lull y Estévez 1986, Castro et al 1993-4, Lull y Risch 1995, Lull 2000 y Lull et al 2005. 13. Para cuestiones de propiedad y herencia, véase: Lull, V. Micó, R, Rihuete Herrada, C. y Risch, R. (2005) “Property relations in the Bronze Age of southwestern Europe: An archaeological analysis of infant burials from El Argar (Almeria, Spain)” 14. Láminas 43, 44 y 45 en: Siret, H. y Siret, L. (2006 [1890]) “Las primeras edades del metal en el sudeste de España”. Museo Arqueológico de Murcia, Murcia. 15. Lull, V. y Estévez, J. (1986), “Propuesta metodológica para el estudio de las necrópolis argáricas”, Homenaje a Luis Siret (1934-1984). Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, Sevilla: 441-452. 16. Agradecemos a J. A. Zapata la información sobre Monteagudo, procedente de sus excavaciones inéditas.

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BIBLIOGRAFÍA RECIENTE SOBRE LA ALMOLOYA

• LULL, V., MICÓ, R., RIHUETE, C., RISCH, R., CELDRÁN, E.,

FREGEIRO, Mª I., y VELASCO, C. (2015), “La Almoloya de Pliego antes de las excavaciones de 2013” Verdolay, nº 14, pp. 43-66. • LULL, V., MICÓ, R., RIHUETE, C. y RISCH, R. (2015), “La

Almoloya. Premier palais de l’âge du Bronze occidental”, Archéologia, nº 530, pp. 58-63. • LULL, V., MICÓ, R., RIHUETE, C. y RISCH, R. (2015), “La

Almoloya. Il potere in Occidente”, Archeologia Viva, nº 173, pp. 12-21. • Current World Archaeology (2015),”Spain: Rise and fall

of the Argar. How revolution toppled a Bronze Age civilisation”, nº 69, pp. 16-22.

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EQUIPO CIENTÍFICO COORDINACIÓN

DIRECCIÓN

Vicente Lull, Rafael Micó, Cristina Rihuete Herrada y Roberto Risch (UAB, Universitat Autònoma de Barcelona) Eva Celdrán, Mª Inés Fregeiro, Camila Oliart y Carlos Velasco Felipe (UAB)

ESPECIALISTAS COLABORADORES ANÁLISIS ANTRACOLÓGICOS ANÁLISIS ARQUEOFAUNÍSTICO

ANÁLISIS CARPOLÓGICOS ANÁLISIS ISOTÓPICOS SOBRE MATERIALES BOTÁNICOS

Mireia Celma (Departamento de Prehistoria, UAB) Lourdes Andúgar (Departamento de Prehistoria, UAB) Hans-Peter Stika (Universität Hohenheim, Stuttgart, Alemania) Jordi Voltas (Departamento de Producción Vegetal y Ciencia Forestal, Universitat de Lleida)

ANÁLISIS COMPOSICIONAL David Gómez-Gras DE PASTAS CERÁMICAS (Departamento de Geología, UAB) ANÁLISIS DE RESIDUOS ORGÁNICOS EN RECIPIENTES CERÁMICOS ANÁLISIS DE COMPOSICIÓN ELEMENTAL E ISOTÓPICA DE MINERALES Y OBJETOS METÁLICOS

Elena Molina y Antoni Rosell (Departamento de Prehistoria e Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental, UAB) Ernst Pernicka (Institut für Geowissenschaften, Universität Heidelberg, Alemania) y Nicolau Escanilla (Departamento de Prehistoria, UAB)

ANÁLISIS LÍTICOS Selina Delgado-Raack y Mireia Ache (Departamento de Prehistoria, UAB) e Ignacio Martín Lerma (Departamento de Prehistoria, Arqueología, Historia Antigua, Historia Medieval y Ciencias y Técnicas. Historiográficas, Universidad de Murcia) ANÁLISIS ISOTÓPICOS Y DE ADN SOBRE RESTOS HUMANOS DATACIÓN POR RADIOCARBONO ANÁLISIS QUÍMICOS DE MATERIALES CONSTRUCTIVOS FOTOGRAFÍA AÉREA FOTOGRAFÍA DE ESTUDIO ILUSTRACIÓN CIENTÍFICA

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Kurt Alt (Center of Natural and Cultural History of Teeth, Danube Private University, Krems, Austria) y Wolfgang Haak (Max Planck Institute for the Science of Human History, Jena, Alemania) Ronny Friedrich (Curt-Engelhorn-Zentrum für Archäometrie, Mannheim, Alemania) Franziska Knoll (Institut für Ur- und Frühgeschichte, Friederich Schiller - Universität Jena, Alemania) Ginés Martínez, Totana; Grupo Anainte, Murcia; Habitat Serea, Murcia José Antonio Soldevilla, Barcelona Joana Bruno (Departamento de Prehistoria, UAB)


REINTEGRACIÓN 3D

Sergio Celdrán (Otra Perspectiva, Ávila)

REGISTRO LÁSER 3D

Hendaya Serrano (Departamento de Prehistoria, UAB)

CONSERVACIÓN Claudia Molero (Departamento de Prehistoria, Y RESTAURACIÓN UAB); Bernat Burgaya y Margalida Munar (RestArq, ARQUEOLÓGICA Mallorca); Eva Mª Mendiola (Universidad Politécnica de Valencia); Ioanna Ruiz de Torres (Escuela Superior de Conservación y Restauración de Madrid) TÉCNICO ARQUEÓLOGO TOPOGRAFÍA

Jordi Aguelo Mas (Departamento de Prehistoria, UAB) Antonio López Meca, Murcia

AYUDANTES DE CAMPO

Jacinto Martínez, Fernando Martínez, Francisco Romera, Alejandro Cayuela, Pedro Navarro, Pedro Sánchez, Francisco Ortiz, Manuel Pino

AUXILIARES DE CAMPO

2013 Amaia Aguirre, Judith Alejandre, Bárbara Bonora, Javier Cámara, Robert Carracedo, Sergio Contreras, Eloisa Ferratges, Anna Franch, Antonio Jesús García, Joan Garriga, Laura Juanola, Laura Leiva, Adrià Moreno, Josep Joan Navalón, Daniel Martínez, Irene Navarro, Jordi Pedrerol, Margalida Rivas, Paula Roigés, Eva Ros, Guillem Salvador, Hanna Marie Steffen, Nadia Tarifa, Laura Tenorio y María Villarroya

2014 Francisco Javier del Águila, Dídac Andrés, Jordi Batlle, Bárbara Bonora, Juan Sebastián Corrales, Eloisa Ferratges, Rubén de la Fuente, Laura Leiva, Vicente Martínez, Míriam Montañés, Adrià Moreno, Isabel Orozco, Jordi Pedrerol, Catherine Puello, Jerónimo Rueda y Xavi Sánchez 2015 Francisco Javier del Águila, Patricia Alvarez, Carla Álvarez, Jordi Batlle, Bárbara Bonora, Sergio Contreras, Marina Eguiluz, Xenia Fructuoso, Carla Garrido, Natalia Giménez Bautista, Natalia Hioe Lu, Noemí Hostalet, Álvaro Ibáñez, Míriam Montañés, Daniel Martínez, Vicente Martínez, Adrià Moreno, David Mortimer, Inmaculada Novell, Patricia Núñez Cabezón, Marina Ortíz, Jordi Pedrerol, Asunción Toral Morales, Jerónimo Miguel Rueda, Guillermo Vidal-Quadras

COLABORACIONES Teresa Azorín, Paz Balaguer, Ana Celdrán, Álex PUNTUALES Gonzáles, José Ángel González, Tréder Jáuregui, Pedro Lucas, Teresa Sanz, Felipe Zapata

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Profile for Integral Sociedad para el Desarrollo Rural

La Almoloya. Ruta Argárica 2. Guías Arqueológicas  

La Almoloya Ruta Argárica 2. Guías Arqueológicas

La Almoloya. Ruta Argárica 2. Guías Arqueológicas  

La Almoloya Ruta Argárica 2. Guías Arqueológicas

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