Revista de Estudios de Juventud. Nº 72. Jóvenes y Campamentos de verano

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ÍNDICE

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Jóvenes y campamentos de verano

72 EL TEMA | pág. 5 Introducción | pág. 7 1. De los campamentos de aire libre a las vacaciones en la naturaleza. | pág. 11 José Moreno Serrano

2. El campamento como medio educativo. | pág. 25 Andrés Mellado Santamaría y José Luis Mellado Santamaría

3. El progreso personal del adolescente en los campamentos. | pág. 39 Agustí Béjar Vernedas

4. La culminación de un viaje: los campamentos asociativos. | pág. 59 Fabian Mohedano

5. Reflexiones en torno a la dinámica interna campamental. | pág. 71 Carlos Granero y Juan Carlos Lesmes

6. La formación de educadores en el tiempo libre: campamentos y centros de vacaciones. | pág. 87 Adolfo Carnero Peón

7. Los campamentos internacionales y la construcción de la ciudadanía europea. | pág. 105 Santiago Fernández Martínez

8. La juventud y los campamentos formativos: el caso de los campamentos con idiomas. | pág. 117 Juan Manuel Marcos García

9. Jóvenes y multiaventura: un modelo de éxito. | pág. 129 Miguel Angel García Crespo

MATERIALES | pág. 139 COLABORACIÓN | pág. 147


EL TEMA

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EL TEMA

Al reflexionar y describir a los campamentos de verano como objeto de ocio juvenil estructurado, estamos analizando no sólo las actitudes, valores y características de las diferentes generaciones de jóvenes que han ido participando desde su desideologización paramilitar, sino también, a la sociedad en su conjunto. Así, la evolución de las necesidades de las familias, los cambios en los dispositivos del bienestar social, o las modas en el ocio activo, son transformaciones sociales que se han reflejado en los campamentos cada verano. El desinterés mostrado desde el mundo académico por su desarrollo e impacto, tanto cuantitativa como cualitativamente, hace de este medio educativo en el aire libre, una representación social y un hecho sociológico a investigar.


El monográfico “Jóvenes y campamentos de verano”, es una aproximación, un análisis y una reflexión actual sobre un fenómeno íntimamente relacionado con la juventud, un primer paso en el estudio de una realidad compleja, que en constante evolución, creemos experimenta una demanda creciente. Y que, posiblemente, merezca de una exhaustividad que no hemos podido emprender. Por tanto, atípico pero iniciativo, cada artículo recoge, tanto la experiencia condensada de un mundo por descubrir, como la experiencia de muchos años de trabajo educativo directo con jóvenes en el tiempo libre, la sistematización y la metodología de un tipo de ocio que mueve cada verano a cientos de miles de participantes en todas las comunidades autónomas. Aún abriendo todo lo posible el abanico de visiones, experiencias, temáticas y perspectivas, somos conscientes de que se nos escapan realidades a tener en cuenta dentro de un campo tan poliédrico. Los campus deportivos o campamentos urbanos, por poner un ejemplo, son modelos que únicamente no aparecen por falta de lógico espacio. Nos ha sido necesario acotar y limitar el concepto campamentos o colonias de verano, para poder así abordar con mínimas garantías de profundidad las partes que lo conforman y definen, que pesan sobre sus repercusiones y hacen nítida su evolución. Sin embargo, muchas de las reflexiones y propuestas metodológicas aquí expuestas, son igualmente válidas para estos y otros ejemplos de ocio en el aire libre. En el artículo que abre el monográfico, se jalonan los cambios sociales, y por tanto campamentales, de los últimos 30 años. Un recorrido desde el fin de los campamentos ideológicos hasta nuestros días. Una mirada crítica que desvela la pérdida de peso educativo de los campamentos, en favor del mero entretenimiento, del concepto vacaciones, turismo, por mucho que quieran poner detrás la palabra activo. El autor repasa las metodologías educativas más utilizadas, desde las técnicas de aire libre como vivaquear, las marchas, supervivencias,…, acciones en la naturaleza hechas actividades lúdicas, hasta el campamento como parque temático y extensión turística de la vida en la ciudad. Donde la relación con el entorno se difumina y los objetivos de aprendizaje y convivencia pasan a un segundo plano. En el segundo artículo, Campamentos educativos, se rotula lucidamente el campamento como una “experiencia educativa de primer orden”. La actividad se analiza y describe como un medio ideal para el desarrollo personal de la juventud, donde el espacio abierto y natural, y las herramientas metodológicas de los/as jóvenes monitores/as (palabra, juego, ejemplo) como forma y fin, convierten a los campamentos en espacio feliz de aprendizaje y de adquisición de conocimientos significativos. Propuesta radical en boca de los autores, que además de crear ciudadanía, se puede considerar escalón evolutivo, recurso socializador, hacia la independencia y formación de personalidad de los y las adolescentes. El campamento como marco de progreso personal, gracias a una intervención educativa capaz de colmar las expectativas de los/as adolescentes, es el asunto central del tercer artículo dedicado a los participantes, los cambios en sus perfiles y actitudes, y las características de los campamentos y del trabajo de los monitores como agentes educativos. Sistematización de la práctica y reflexión sobre el objeto de las diferentes actividades campamentales, el autor indaga en los valores de la juventud y la sociedad con una mirada valiente y limpia de prejuicios. En el cuarto artículo, La culminación de un viaje: los campamentos asociativos, nos adentramos

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en las naturales, antiguas e íntimas relaciones de los campamentos o colonias de verano y el tejido asociativo, en este caso, como la culminación de un trabajo directo con jóvenes durante todo el año. Como contraposición (cercana a la contracultura) a los valores dominantes de la nueva economía, la actividad asociativa se muestra herramienta educativa indispensable, para que las nuevas generaciones de jóvenes afronten los retos de un futuro donde, como se puede concluir tras leer el artículo, cuestiones tan relacionadas con los campamentos asociativos como la ecología, la reflexión, la tolerancia o desobediencia cívica, serán elementos imprescindibles a tratar y ejercitar. El dinamismo y la acción del campamento, las relaciones que se establecen y su impacto en la actividad cotidiana, son algunos de los temas analizados en el quinto título del monográfico: Reflexiones en torno a la dinámica interna campamental. A través de un modelo y de una sistematización de la práctica como método de estudio y evaluación, los autores señalan la creación de un universo simbólico propio en cada actividad, representación social, y sus implicaciones educativas como el tratamiento de la cotidianeidad y el recuerdo significativo. El sexto artículo, dedicado a la formación de educadores en el tiempo libre que intervienen en los campamentos y centros de vacaciones, examina la evolución de los aspectos formativos y legales de una profesión todavía en periodo de crecimiento y asentamiento. Recorriendo los eventos profesionales más importantes en la formación de monitores, el autor nos acerca a los retos y las tareas pendientes de un sector de tradicional calidad educativa. Los campamentos internacionales y la construcción de la ciudadanía europea, es el título, y la declaración de principios, de un artículo que se centra en el fenómeno de los campamentos o colonias de verano desde su vertiente más europea y ciudadana. Las experiencias vividas por los y las jóvenes participantes, que no sólo viajan al encuentro en otra región o ciudad, sino que interactúan en otro país, en otra cultura, enriquece y flexibiliza la forma de ver y entender al diferente. Así, estos campamentos son, el ensayo y la esperanza, de un futuro más tolerante donde los pactos y los acuerdos fluyan al ritmo de las necesidades. El octavo artículo, La juventud y los campamentos formativos: el caso de los campamentos con idiomas, expone un modelo de actividad educativa que está directamente relacionada con los aspectos curriculares escolares. En este caso, el aprendizaje o perfeccionamiento de un idioma, materia como temática campamental, que tradicionalmente ha ejemplificado la formación específica en el tiempo libre de los jóvenes. El juego más que nunca, y el tratamiento cotidiano de la materia, son las claves de unos campamentos que, explícitamente, proponen trasladar los contenidos escolares al campamento.

Carlos Granero Juan Carlos Lesmes

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Por último, cierra el monográfico otro modelo campamental exitoso; el de la multiaventura. Término relativamente reciente, que directamente hace referencia a un conjunto de actividades relacionadas con la naturaleza: raffting y escalada, trekking, tirolina o piragua. Experiencias tendentes al reto donde los/as adolescentes encuentran una forma de canalizar la energía y acceder a un tipo de actividad “de riesgo”. Programaciones atractivas, necesidad de monitores especializados y entornos adecuados, caracterizan a unos campamentos donde la aventura se hace deportiva.

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DOCUMENTOS

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José Moreno Serrano Coordinador de los Programas de Ocio y Tiempo Libre, Verano Joven y Multiaventura Joven de Castilla-La Mancha

De los campamentos de aire libre a las vacaciones en la naturaleza

Reflexionar sobre los campamentos juveniles en los últimos veinte-veinticinco años es como mirar la evolución de nuestra sociedad, de cómo ha sido y es nuestra juventud, de cómo han cambiado las relaciones y comunicaciones familiares, de cómo ha sido el proceso del movimiento asociativo juvenil e incluso cómo han avanzado las nuevas tecnologías. Por regla general estas actividades han tenido una falta de reconocimiento social debido al desconocimiento de sus funciones educativas, y aunque sea un tópico, es obvio que no se ha observado más allá de “la primera fila de árboles del bosque”. Un campamento ha sido, es y será algo más que una experiencia lúdica, es ante todo una oportunidad única para potenciar las habilidades sociales y contribuir en la formación integral de la juventud, un lugar donde contamos con la ventaja de la participación voluntaria, el carácter lúdico de las actividades y la intensidad de las interrelaciones.

Palabras clave: Acción formativa, metodología, asociación, cambio, voluntarios, aire libre, profesionales, monitor.

Conceptos y metodologías Las nuevas necesidades y exigencias sociales han hecho necesaria la permanente adaptación de los programas y de todos aquellos elementos que integran una acción educativa como es un campamento. Intentaré desde este espacio mostrar en gran medida aquellos aspectos básicos que han resultado más destacables para alcanzar la situación actual. En lo que respecta a las metodologías, no podemos dejar de lado la historia de los campamentos juveniles, marcada por una herencia política que utilizó estas actividades como impulsor de la ideología nacional y como formación bajo el espíritu del Jefe del Estado, al igual que ocurre con todos los países no democráticos. Teniendo en cuenta que pocas organizaciones eran las que podían desarrollar este tipo de actividades, salvo el Estado y los movimientos eclesiásticos, recuperar el sentido de estas actividades como acción formativa sin aspectos ideológicos probablemente haya sido nuestro mayor obstáculo. No obstante, el cambio político también trajo consigo las ansias por la recuperación de las libertades, lo que supuso la diversificación del movimiento asociativo juvenil con capacidad para organizar sus propias actividades en periodos estivales. La metodología generalmente se basó en una participación competitiva, donde el recurso para alcanzar ciertos objetivos de los y las participantes tenía siempre su valoración cuantitativa y cuyo resultado era premiar al mejor al final del día y/o del campamento. Palabras como premio, competición, concurso, clasificación, etc. estaban presentes en un buen número de

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actividades y momentos, como en el aseo personal y de las tiendas de campaña, en el orden o la puntualidad e incluso en la participación de las actividades, sin contar con otras herramientas que indujeran a la motivación que no fuera la superación para ser los mejores. Evidentemente con esta fórmula un campamento podría resultar más una competición deportiva y de permanente supervisión que una experiencia lúdica, donde muchos de los que realizaban esfuerzos sin conseguir compensación experimentaban sentimientos de frustración. Los cambios en este aspecto han sido sustanciales, las actividades no han estado exentas del proceso de adaptación a las necesidades sociales, a nuevas metodologías o a los perfiles de los/as participantes. Orientados ahora por aspectos más participativos y motivadores, con un trabajo más grupal que la búsqueda de los individualismos, el uso de lo lúdico como herramienta de estimulación y la eliminación de las diferencias entre iguales, hacen de la convivencia una experiencia agradable donde el objetivo principal es el enriquecimiento de las relaciones personales y donde la visión hacia tus nuevos compañeros sea de amistad y no la mera competición. Los premios pasaron de ser individuales y calificativos de un aspecto determinado, a premios por valores de carácter positivo que todos los/as participantes podían recibir (a su simpatía, a su colaboración, a su amistad, etc.). Éstos a su vez sirvieron a lo largo del campamento como motivo de taller o de actividad diferente, donde los/as participantes elaboraban su propio recuerdo.

Una aventura inolvidable Independientemente del ámbito privado o público, de una metodología u otra, generalmente los campamentos servían para vivir situaciones de aventura, para experimentar momentos inolvidables por la satisfacción de conseguir ciertas metas, pero sobre todo servían para aprender de la naturaleza. La aventura era en sí misma todo el campamento, la experiencia de una vivencia en un espacio natural, desde el alojamiento en tiendas de campaña hasta el cuidado de tus propios utensilios, el lavado de tu propia ropa o la limpieza de tus cubiertos. Las actividades en un campamento giraron en torno a las técnicas de aire libre: aprovechar, conocer y respetar la naturaleza. Suponía salvar los inconvenientes naturales en los desplazamientos, dormir al aire libre, vivaquear, realizar una marcha, un raid, franquear un río o pasar un día de supervivencia. En algunos casos, ante la falta de recursos e instalaciones fijas, la principal actividad era la construcción de la propia instalación y sus servicios, de su mantenimiento e incluso de la cocina. En estos casos la valoración y el cuidado de las infraestructuras por parte de los y las participantes era infinito, algo realizado por sus propias manos no es tratado de la misma forma, incluso la aparición de problemas se afronta desde otra perspectiva. Algo más que aportar a nuestro aspecto educativo. En lo que respecta a las actividades, generalmente el eje central de las programaciones eran las técnicas de aire libre, la ecología y la naturaleza, completados con deportes, juegos y actividades nocturnas que se desarrollaban alrededor del famoso “fuego de campamento”. Las “canciones de campamento” también jugaban un importante papel, en cierta medida suponía la identificación y la tarjeta de presentación de los grupos compuestos durante

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el campamento. Eran normalmente aquellas canciones que los/as participantes seguían canturreando a su vuelta a casa, durante los dos o tres meses siguientes al campamento.

Del riesgo y el compromiso a unas pseudo-vacaciones Hasta la fecha la evolución de las actividades en los campamentos ha ido variando en función de multitud de aspectos: desde las obligaciones sanitarias hasta las medioambientales, desde las relaciones familiares a las nuevas tecnologías, desde los propios participantes hasta los/as monitores/as, de quienes hablaremos más adelante. El concepto de aventura, vivenciado durante los quince días, ha variado para pasar al concepto de campamento como vacaciones, como momento lúdico y de diversión en compañía generalmente de amigos o conocidos, donde la ejecución de actividades sin carácter lúdico o práctico manual que requiera un esfuerzo suponen un sacrificio. En estos momentos hemos trasladado la palabra aventura a un concepto en teoría con mayor amplitud pero más específica de la combinación de varias actividades, es decir “la multiaventura”. La inclusión de actividades con incremento de intensidad y motivación como por ejemplo la bicicleta de montaña, las actividades náuticas, el tiro con arco, la escalada, las rutas a caballo, el raffting, el descenso de barrancos, la espeleología, la orientación, etc., supone la vivencia de experiencias puntuales y de gran interés, formando en su conjunto una actividad de disfrute de la naturaleza en otras dimensiones. Mientras hace años podíamos hablar solo de campamentos, todos ellos de aire libre cuya única diferencia era la dificultad e intensidad del tipo de actividades en función de las edades de los y las participantes, ahora sin embargo podemos distinguir claramente dos tipos: los que llamamos campamentos infantiles o juveniles, para niños menores de trece años con actividades muy básicas de ecología y multitud de talleres y manualidades; y los llamados campamentos de multiaventura, normalmente para jóvenes entre trece y diecisiete y con combinación de varias de las actividades anteriormente citadas. En algunos casos se han utilizado anglicismos para olvidar antiguas expresiones y mostrarlas como nuevas actividades. La eterna “marcha”, renovada por “senderismo” y después por “treeking”, ha estado y debe estar presente siempre dentro de la filosofía de un campamento, no se concebiría ir a una instalación en plena naturaleza y no realizar ninguna salida para explorar y descubrir el entorno natural, social o cultural más cercano, o no conocer la flora y la fauna de sus alrededores. La importancia de este tipo de salidas a pie supone conocer inicialmente y de primera mano conceptos como ritmo, adecuación de la vestimenta y del calzado, tiempos de reposo, posiciones de descanso, etc. Pensar ahora en la realización de rutas de senderismo con una intensidad media, es decir en torno a 10 kilómetros, supone que muchos padres y madres duden de la capacidad de sus hijos o hijas para realizar este esfuerzo, especialmente en una sociedad donde el uso del vehículo es permanente y el sedentarismo de nuestra juventud cada día más en aumento. Tampoco debemos dejar de lado el resto de actividades que completaron los programas y que han pasado a un mayor protagonismo en los últimos años, me refiero a los talleres y juegos. Lo que venía siendo un complemento de

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las actividades de aire libre, ha pasado a ser el tronco central de las actividades, aquí el trabajo práctico manual y lo lúdico conforman el noventa por ciento de las actividades. La escasez de monitores especializados, así como otros motivos en el campo de la animación que se expondrán más adelante, ha generado la transformación de las actividades de aire libre a campamentos socioculturales. No quisiera, ni mucho menos, que pareciera que por mi parte existe una enérgica defensa sobre los campamentos que se realizaban con anterioridad, todo lo contrario, me gustaría resaltar aquí la importancia que tiene para el ser humano aprender siempre de la experiencia y es por esto que no debemos dejar pasar aquello que nos resultó positivo y desechar lo negativo.

La experiencia será su grado Entiendo que un campamento no debería suponer un desaprovechamiento para el aprendizaje de valores, para la vivencia de nuevas experiencias fuera de su entorno. No debería ser una continuidad o repetición a las actividades que se realizan en su propia localidad, pues los talleres y manualidades pueden realizarlos durante el resto del año en actividades extraescolares o extracurriculares, en su barrio y con amigos. Es por esto que todo aquel que se plantee realizar un campamento no debe desperdiciar la ocasión para aprender sobre convivencia y estancia en un espacio natural. No tendrán lugares más adecuados para empezar a conocer las estrellas, a respetar y querer la naturaleza, para que entiendan in situ del peligro del fuego, o para que valoren la vida de los animales y de las plantas. Debemos seguir manteniendo como filosofía del campamento su aprovechamiento y el conocimiento de la naturaleza y el medio ambiente, necesariamente bajo la adaptación a las nuevas exigencias, tanto sanitarias como medioambientales o de seguridad, así como olvidar aquellas metodologías y acciones que no tengan como objetivos inculcar valores que sirvan para formar a ciudadanos y ciudadanas más demócratas, pluralistas y solidarios/as. El notable incremento de la demanda de participación en los últimos años, quizá motivado por la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, además de factores sociales y culturales, hace que estas actividades ofrezcan a nuestra juventud la posibilidad de pasar una parte del largo verano, independientemente de la programación que se desarrolle. Es en cierto modo un lugar de acogida o, sin que parezca una crítica, más bien un espacio de “guardería”, donde los padres y madres envían a sus hijos o hijas para resolver parte de sus problemas al finalizar la escuela, especialmente cuando ambos trabajan, sin importarles si finalmente han aprendido de la naturaleza o han realizado multitud de talleres de manualidades. Han sido los campamentos, precisamente por el incremento de la demanda, los que han obligado a incorporar otro tipo de instalaciones y una mayor diversidad de actividades con el fin de ofrecer nuevas alternativas. Si bien antes un/a joven podía volver a la misma instalación un año después, ya que siempre encontraba una motivación en la intensidad de las actividades, en el incremento de la aventura o asumiendo nuevos roles, en estos momentos la amplia oferta, tanto de albergues, residencias o colonias, como de actividades especializadas (náutica, equitación, teatro, culturales, música, informática, inglés), ha hecho que sean otros los factores a la hora de tomar una decisión sobre su participación, aparte de las fechas o el lugar.

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Es evidente que las diferencias con las nuevas instalaciones son considerables, pero sin lugar a dudas nunca llegarán a conseguir el nivel de convivencia y aventura que aporta un campamento.

Cantidad y calidad en justo equilibrio Otro de los aspectos que entiendo deberían ser tratados en este apartado es la duración. Sobre este tema conviene dejar clara la diferenciación entre las entidades que han venido realizando campamentos a lo largo de estos años; por un lado los desarrollados por entidades privadas con ánimo de lucro y por otro los convocados por las administraciones públicas. Mientras que los primeros ya venían organizando desde hace años campamentos con una duración de 10-12 días, más bien por objetivos lucrativos, las administraciones han ido reduciendo los tiempos. Varias son las causas que han motivado a algunas entidades públicas a esta reducción, destaca sobre todo la necesidad de atender a un mayor número de demandantes, tanto de manera individual como a nivel de grupos que solicitan el uso de sus instalaciones en las denominadas “ofertas concertadas”. Con esta reducción las entidades privadas sin ánimo de lucro, asociaciones, ayuntamientos, etc. tienen más posibilidades de utilizarlas al incrementarse turnos, además de que supone una reducción de costes a la hora de afrontar los gastos que supone la organización de un campamento. La reducción está justificada, según qué edad, a la necesidad de adaptación a la situación social actual, las relaciones familiares, y a un mayor aprovechamiento de los recursos de los/as monitores/as, cada vez con mayor escasez en conocimientos sobre naturaleza y medio ambiente. Tampoco quiero, ni mucho menos, olvidar a aquellas asociaciones juveniles o recreativo-culturales, sin fines lucrativos, que mediante escasos recursos, tanto económicos como de infraestructuras, han llevado a cabo excelentes actividades en campamentos, especialmente por su tarea educativa con sus jóvenes. Ellos son los que más han sufrido la falta de apoyos institucionales para llevar adelante este tipo de actividades que servían como colofón a su labor durante el resto del año, siempre desde el altruismo y el voluntariado. En muchos casos han sabido aprovechar instalaciones con pocos medios, como pueden ser áreas o zonas dependientes de las delegaciones territoriales de los departamentos de Medio Ambiente, incorporando sus propios servicios de limpieza y cocina, con el objetivo de abaratar costes y mantener su autonomía sobre unas instalaciones compartidas. Sus actividades, desarrolladas con metodologías similares pero con la participación de sus propios jóvenes en grupos homogéneos, suponen un mayor y mejor aprovechamiento de los objetivos educativos a conseguir. Hablamos entonces de verdaderos y verdaderas jóvenes partícipes de su propio campamento, y no meros “clientes” cuya intención es la de recibir unos servicios a cambio de una cuota.

Las Asociaciones Juveniles a la cabeza de los campamentos No podía pasar por alto a estas entidades, ahora en decadencia quizá por la falta de apoyos o por la existencia de una juventud generalmente apática y poco comprometida. De la experiencia de estas organizaciones y de sus

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miembros se han beneficiado y siguen beneficiándose entidades y administraciones, especialmente por sus conocimientos y formación en el ámbito de la educación no formal y en actividades de aire libre y naturaleza. No es mi papel en este monográfico profundizar sobre la situación actual del asociacionismo juvenil en nuestro país, de la cómoda juventud o de la falta de planes por parte de las administraciones educativas para empezar a introducir una “educación para el compromiso”, “una educación para la participación social”, etc. ¿Pudiéramos ver algo de luz con la incorporación de una nueva asignatura en las escuelas denominada “educación para la ciudadanía”? El tiempo lo dirá, hasta que no conozcamos sus contenidos y los profesionales que lo desarrollen, me temo que no podremos emitir una valoración. Como citaba anteriormente, tanto entidades públicas como privadas han aprovechado la experiencia del mundo asociativo y/o de sus miembros para llevar adelante unas programaciones de actividades con calidad. No sólo la posesión de las titulaciones oficiales en animación juvenil, sino su trabajo continuado durante el resto del año, aportan en la mayoría de los casos mayores conocimientos del trabajo con grupos y sobre todo de las técnicas de animación y de actividades en la naturaleza y aire libre. Si echáramos la vista atrás comprobaríamos que inicialmente solo contábamos con una normativa para regular las Escuelas de Aire Libre, obviamente porque las únicas actividades reconocidas y con valor formativo eran las acampadas y campamentos. Con el traspaso de competencias en materia de juventud a las Comunidades Autónomas, cada Región, allá entre los años 1984 y 1988, procedió a regular las condiciones mínimas sobre las Escuelas de formación y los contenidos mínimos de las materias que se deberían impartir en los cursos de monitores y directores. Según qué Comunidad estas escuelas pasaron a denominarse de Ocio y Tiempo Libre, de Animación Juvenil, de Animación Sociocultural, etc., y en lo que se refiere a las titulaciones dejaron de llamarse Directores de Campamentos y Colonias para denominarse directores y monitores de ocio y tiempo libre, de actividades juveniles, de animación juvenil, etc. Se entiende con estos cambios que las actividades de trabajo con jóvenes no se debe limitar única y exclusivamente a las citadas actividades en la naturaleza, comprendiendo que el abanico de actividades a realizar con este colectivo y con fines educativos es muchísimo más amplio y por lo tanto se hace necesario regular todos los aspectos. Es importante reconocer que con estas nuevas normativas se sentaban las bases de la futura educación no formal, de la importancia que puede tener el desarrollo integral de la juventud y de la preparación de sus formadores en el tiempo libre. Es posible que la citada regulación diese paso a la decadencia de las actividades de aire libre, aunque cuando se pensó en la apertura a todas las áreas del trabajo con jóvenes -sociocultural, técnicas, organizativas, psicológicas, etc.- se tuvo en mente la capacitación de monitores especializados para cualquier tipo de actividad, la necesidad de elaborar planes de formación específicos en las distintas materias: medio ambiente, dinámicas de grupos, teatro, etc. y cómo no, en la parte que nos interesa, “monitor de aire libre”. Esto viene a demostrar que hoy en día podemos encontrar miles de monitores y monitoras de animación juvenil cuyos conocimientos en materia de actividades de naturaleza y aire libre son escasos. De cualquier forma, por

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muy buena que sea esta formación en aire libre y aun siendo muchos sus conocimientos, lo que verdaderamente cuenta es su experiencia. Por eso, las entidades, principalmente públicas, aprovecharon la experiencia del mundo asociativo a través de sus actividades realizadas a lo largo de todo el año. En muchos casos estos monitores y monitoras han encontrado una fuente de ingresos y compensación económica por una tarea que generalmente en su asociación realizan voluntariamente. Para algunas asociaciones, la contratación directa ha supuesto su mantenimiento y la organización de actividades durante todo el año, e incluso la posibilidad de sufragar su propio campamento de verano. A veces, el intercambio de servicios ha facilitado la supervivencia de la asociación, parte de la compensación se recibía por la organización y la animación de un campamento, cuyos monitores y monitoras desarrollaban su trabajo de manera gratuita o a cambio de una pequeña gratificación, y por otro lado cubrían gastos a través del alquiler de materiales de su propiedad.

La profesionalización de las Asociaciones: un hecho Hoy en día las cosas han cambiado bastante, aunque todavía quedan colectivos que utilizan este sistema a través de contratación con empresas para su subsistencia, podemos decir que hemos pasado del voluntarismo de las personas en el mundo asociativo a la profesionalización en muchos casos. Algunas asociaciones encontraron en esta clase de actividades una forma de autoempleo; unas crearon sus propias empresas de animación y actividades, otras adquirieron sus propias instalaciones juveniles para la organización de sus turnos de campamentos. Es evidente que las actividades de campamento en época estival no son suficientemente rentables para mantener el empleo, lo que ha generado por un lado mayor diversidad de actividades y por otro la ampliación a colectivos y fechas. Estamos hablando de la participación de centros de enseñanza en estancias cortas en temporada de primavera y de la inclusión de nuevas actividades con mayor atractivo como equitación, tiro con arco, visitas culturales, etc. Para ello se transforma necesariamente el entorno de las actividades por instalaciones mejor preparadas, en función de la climatología. En algunos casos se habilitan edificios como albergues o casas de colonias, como se denomina en Cataluña, en otros casos se dotan de cabañas de madera, comedores cubiertos, aulas, etc. No se puede generalizar sobre los monitores y monitoras de las distintas Regiones a la hora de crear empresas. Si tuviéramos tiempo para realizar un estudio exhaustivo podríamos comprobar que en regiones como Aragón o Cataluña se han creado muchas empresas de aventura o actividades de riesgo, pues cuentan a su favor con espacios naturales que permiten la realización de actividades a lo largo de todo el año; esquí en invierno, raffting y aguas bravas en primavera y otoño, y campamentos en verano, entre otras. Hablamos aquí de actividades relacionadas con el tema que nos ocupa, porque es evidente que el desarrollo del trabajo social y de animación con ayuntamientos también ha motivado que algunas asociaciones se hayan inclinado más por esta otra clase de empleo en el ámbito de la juventud.

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En definitiva, del voluntarismo de los equipos de animación hemos pasado a su profesionalización, aunque en el caso de campamentos únicamente en lo que respecta a nivel de su contratación laboral, donde estos reciben un salario por el desempeño de una función. En el caso de empresas es cierto que las contrataciones son de mayor duración y por lo tanto estaríamos hablando de verdaderos profesionales, aunque esto tampoco garantice mayor calidad, pues la experiencia nos ha dicho que en aquellos campamentos en los que el monitor o monitora lleva realizados varios turnos de diez o quince días, aunque tuviera sus tiempos reglamentarios de descanso, no llega en las mismas condiciones. De todos es sabido que es una tarea que genera cansancio y estrés, tanto por la intensidad de las actividades, como por la situación de las instalaciones, los conflictos, etc. En cualquiera de los casos, el éxito de un campamento depende en gran medida de la vocación de estas personas en el trabajo con jóvenes. A una gran parte de este tipo de contrataciones temporales acceden estudiantes o titulados de las áreas profesionales relacionadas como educación física, magisterio, educación social, animadores socioculturales (TASOC), técnicos deportivos (TAFAD), etc. En el caso de la Comunidad Canaria la titulación específica en materia de animación juvenil recae sobre los técnicos deportivos. Lo que viene a demostrar que efectivamente puede ser la vocación de estos formadores la que nos garantiza un mínimo de la calidad, aunque no se alcancen los objetivos educativos previstos que se deben contemplar cuando organizamos un campamento, como es todo lo relacionado con la naturaleza y las actividades de aire libre.

Nuevos retos para los monitores En cuanto a su tarea como educadores, conviene destacar que en todo momento esta tarea ha tenido mucho que ver con el perfil de los “educandos”, a quienes destinaremos el apartado siguiente, pero no podemos pasar por alto otro aspecto, ya que debido a los cambios sociales y de nuestra juventud producidos en los últimos años, se hace necesario cada vez más el apoyo de profesionales especializados en situaciones de conflictos, de normalización de los procesos de integración o de situaciones socio familiares. Se están haciendo imprescindibles monitores y monitoras con habilidades suficientes para detectar y tratar los nuevos problemas de la juventud, como el consumo de drogas, la anorexia o el “bulling” (acoso). Naturalmente durante el transcurso de diez a quince días que puede durar una actividad, surgirán problemas de este tipo imposibles de resolver, pero al menos existe el deber de detectarlo e intentar al menos controlarlo durante la estancia, así como de comunicarlo a los padres o tutores. Asimismo se están incorporando a nuestros campamentos recursos para el aprendizaje intercultural y la diversidad, principalmente por la llegada de jóvenes de otros países y la participación de jóvenes con distintas necesidades especiales. También nos vemos en la necesidad de tener conocimientos básicos socio- sanitarios de las características de algunos/as participantes alérgicos, con tratamientos alimentarios (celíacos, diabéticos, etc), o bien discapacidades de cualquier tipo. Me gustaría resaltar que en ningún caso debemos referirnos a estos colectivos como enfermos con menos oportunidades, puesto que no lo son, y en estas actividades deben ser tratados como jóvenes, al igual que el resto, sólo

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tienen otras necesidades aparte. Debe quedar claro, aunque no me corresponda en este monográfico, que un objetivo de estas actividades, especialmente las promovidas por entidades públicas, es la de “normalizar” las situaciones para aquellos y aquellas jóvenes que lo requieran, bien sea por aspectos sociales, económicos, culturales, psicológicos, físicos, etc., y donde los animadores y animadoras no deben desaprovechar el aspecto educativo que supone su participación para hacerles ver sus posibilidades de participación social y al mismo tiempo romper prejuicios entre el resto de asistentes inculcando valores como solidaridad o tolerancia, y todos aquellos que sean susceptibles de ejercer una función educativa, como prevención de accidentes, mejora de la salud, hábitos saludables, etc. En estos casos “no podremos allanar el monte para un niño o niña en silla de ruedas, pero al menos intentaremos que encuentre el menor número de piedras en su camino”. Bastantes le pone la sociedad. Quiero destacar que, mientras hace años era requisito imprescindible la presentación de certificados médicos demostrando su capacidad para realizar actividades en la naturaleza, esto se ha eliminado paulatinamente, si bien muy pocos y pocas jóvenes con dificultades se han atrevido a inscribirse, quizá porque desconocen cuál es el papel de las Administraciones o seguramente duden de sus posibilidades. Padres, madres, participantes e incluso monitores y monitoras se han llegado a sorprender de los resultados de aquellos campamentos donde se ha contado con su presencia, naturalmente allí donde contaron con todos los recursos para la normalización. En estos últimos años se está detectando un pequeño incremento en su participación y ello genera la necesidad de adaptación y formación de los equipos de animación. También es cierto que en muchos casos los monitores, aun estando muy bien preparados para afrontar ciertas necesidades o problemas, no reciben la mínima ayuda de los padres, madres o tutores sobre comportamientos o problemas mentales, por ejemplo, que les permitan poder prever las necesidades, controlar las situaciones y en definitiva normalizar para que todos y todas las participantes puedan disfrutar plenamente de su estancia en el campamento.

Objetivo: La participación integral de la juventud Por último y continuando con las funciones de los monitores y monitoras, conviene no olvidar que todo lo que concierne al mundo actual de los y las jóvenes influye en cierta manera en sus comportamientos durante un campamento, y que sin lugar a dudas, ha hecho posible que también estos formadores hayan visto complicada su función. Una de las primeras funciones de los equipos de animación es conseguir hacer de un número heterogéneo de jóvenes participantes, la formación de un grupo homogéneo que facilite la participación y el disfrute de las actividades. Hace no muchos años esto era posible. Se daba un proceso de integración en el grupo, en las actividades y en definitiva en la dinámica del campamento, de forma que el participante se iba interrelacionando y adaptando. Ahora nos encontramos nuevos problemas que no facilitan esta tarea. Me estoy refiriendo a los teléfonos móviles, un problema al que se buscan cientos de soluciones, pero que es inevitable, lo que obliga a tratar la integración del participante desde el primer minuto del campamento. En la mayoría de los casos, una comunicación telefónica puntual, casualmente efectuada en un momento delicado como una comida que no gusta, un

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pequeño y absurdo accidente o enfermedad, o una situación de conflicto con algún compañero, supone una alarma para los padres y hasta el abandono, no por deseo del participante sino por la preocupación de los padres y su desconfianza sobre la resolución del problema por parte del equipo de animación. Se hace preciso igualmente para los monitores y monitoras un trabajo añadido de comunicación directa y verbal con los familiares, complicado a veces por sus exigencias.

Un cambio sustancial He querido terminar el apartado anterior, dedicado a los equipos de animación, con algunos aspectos referentes a la evolución de los y las jóvenes, por considerar que ésta ha influido notablemente tanto en las metodologías como en la parte que concierne a las funciones de los monitores y monitoras. Si nos centramos única y exclusivamente en los cambios de nuestra juventud, podremos encontrar el reflejo de una gran parte de los cambios sociales en la influencia de los avances tecnológicos. Como en toda sociedad, a lo largo de veinte años se suceden cambios y progresos económicos, culturales y sociales, y en este caso todos ellos son también palpables entre los que participan en este tipo de actividades. Familias en las que ambos cónyuges trabajan, poderes adquisitivos más elevados, nuevos tipos de familias (desestructuradas, monoparentales, etc), participantes en un gran porcentaje procedentes de localidades con mayor número de población, nuevas enfermedades, etc. son aspectos que han cambiado el perfil y la actitud general de los/as participantes. Si hace años nos encontrábamos con jóvenes cuya intención a la hora de asistir a un campamento era la de aprender, vivir nuevas experiencias, afrontar nuevos retos o asumir ciertas responsabilidades, en estos momentos comprobamos la presencia de una juventud muy acomodada, apática a la hora de asumir responsabilidades organizativas o actividades que supongan ciertos esfuerzos físicos, bastante libre de asumir compromisos y arropada permanentemente por lo general por unos padres que asegurarán siempre que su hijo o hija “no puede” o “no hace esto o aquello”, tanto si es para una actividad positiva como algo negativo, difícil de asumir por los padres y madres. En definitiva una juventud “protegida” en exceso.

De la mochila a la samsonite Revisando el día a día que supone para los y las jóvenes una actividad en la naturaleza, podemos observar cómo ha cambiado el concepto de campamento, empezando por los propios padres y madres, o por nuestra sociedad, por no echar siempre la culpa a los mismos. Si bien antes los y las participantes asumían gran parte de responsabilidades, como por ejemplo el cuidado y lavado de su ropa y enseres, tareas básicas sobre el orden y limpieza de sus espacios (tiendas, instalaciones y alrededores), actividades con esfuerzo e intensidad, etc., hemos pasado a jóvenes para quienes su estancia en un campamento no puede suponer la realización de algunas de estas tareas básicas. Mostrando todo esto con casos prácticos podremos comprender mejor estos

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cambios. Podemos empezar por la ropa que los y las asistentes llevan al campamento. Si bien antes asistían con un número de camisetas, pantalones, ropa interior o calcetines contado, con el deber asumido de realizar su propia colada a lo largo del campamento, ahora hablamos de jóvenes que asisten con una ingente cantidad de ropa, generalmente en mayor número de camisetas o ropa interior que la duración del propio campamento, dispuestos a cambiarse en más de una ocasión al día y acompañarlo además con complementos. Esto ha generado nuevos problemas de diferente índole. Al generalizarse el uso de grandes maletas surgen problemas de espacio en las tiendas de campaña o cabañas, falta de capacidad de los maleteros de los autobuses en su transporte de incorporación o regreso, exceso de peso del equipaje para el propio participante que ni siquiera puede trasladarla del autobús a la tienda o cabaña debido a que el terreno no facilita el arrastre de maletas con ruedas. Pero sobre todo, se pierde uno de los objetivos educativos implícitos en esta clase de actividades, como es que aprendan nuevas tareas, asuman nuevas responsabilidades, empiecen a valorar y cuidar sus propiedades o a saberse administrar durante los días que dura el campamento. Estamos viviendo, si no lo hemos hecho ya, el proceso de pasar de la “mochila a la samsonite”, expresión que creo define en gran medida todo este texto. Del mismo modo ocurre con la participación en actividades que suponen cierto esfuerzo físico o personal, generalmente considerada por los padres excesiva o superior a la capacidad de sus hijos e hijas. Las pretensiones entonces se muestran principalmente lúdicas, piensan en una estancia en compañía de amistades y tiempo para hacer nuevos amigos, en muchos casos una forma diferente de “estar” de vacaciones, y no de “aprovechar” las vacaciones, motivo por el cual van aumentando los casos en los que una vez iniciado el campamento aparecen las negativas a realizar determinado tipo de actividades.

“No mobil – no Camp” En lo que respecta a los cambios tecnológicos, destacar que las relaciones y comunicaciones familiares a través del teléfono móvil son uno de los avances con los que la juventud está más familiarizada. Son un elevado número de jóvenes mayores de doce años los que en estos momentos poseen móvil. Esto genera verdaderos problemas por pérdida, robo, imposibilidad de recargar baterías, falta de cobertura, juegos,… son aspectos que han pasado a formar parte del lenguaje campamental. Con su llegada se han perdido momentos especiales que se vivían en los campamentos de hace pocos años, por un lado los momentos de sentarse a escribir a sus familiares y contarles cómo se encontraban o cómo se lo estaban pasando, y por otro el reparto de cartas recibidas, momentos que suponían gran expectación, alegría o desilusión. Pero lo más importante indiscutiblemente no es ni mucho menos toda esa tecnología que la juventud viene incorporando a su vida cotidiana, discman, mp3, cámaras digitales, Internet, consolas, videojuegos, Messenger, etc. y que lo importante en un campamento es que el o la joven tiene la oportunidad de experimentar durante un número determinado de días que existen otras formas de pasarlo bien y de ocupar el ocio, que ha podido pasar todo ese tiempo sin echar de menos sus aparatos o sin ver la televisión.

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No obstante debemos sacar siempre las aportaciones positivas, no debemos olvidar que un campamento es una oportunidad única para conseguir nuevas amistades y conocer otras formas de vida. Sin duda estas tecnologías de la información y la comunicación están ayudando en el mantenimiento de las nuevas relaciones. Herramientas como Internet, Messenger, chats o mensajes SMS y MMS facilitan un nuevo sistema de comunicación, con reuniones y conversaciones virtuales, con intercambio de información y de material fotográfico, están en definitiva contribuyendo en la prolongación de estas nuevas amistades, que generalmente tenían una corta duración una vez finalizada la convivencia. Por último destacar como diferencia en aquellos campamentos en los que participan jóvenes entre trece y diecisiete años, a los que, como citaba anteriormente, se han incorporado nuevas situaciones sociales; las drogas, la anorexia, el alcohol, etc. son algunas de las consecuencias que se están encontrando en algunos participantes. No debemos escandalizarnos sobre esta situación, puesto que en definitiva es muy inferior a las que nos podemos encontrar en la actualidad en los institutos o cualquier fin de semana con jóvenes de su misma edad. Todo lo contrario, debemos aprovechar la situación privilegiada que supone la intensidad de la convivencia diaria entre monitores y participantes, para poder detectar situaciones de este tipo y poder informar a los padres y madres. Para finalizar quisiera volver a resaltar por encima de todo que los campamentos han sido y serán siempre una oportunidad única para la formación integral de nuestra juventud y por lo tanto una contribución importante en su educación no formal. Miles de jóvenes participan anualmente y son cada vez más los que desean asistir a estas actividades, resultando en escasa proporción aquellos casos donde los objetivos no son alcanzados. Vaya desde aquí mi convencimiento de que los campamentos deberían ser promocionados por cualquier tipo de entidad y apoyados por los organismos públicos, de forma que cualquier joven pudiera elegir en función de gustos, actividades o ideologías. Espero que al mostrar las distintas realidades de ayer y hoy, con todo lo positivo y lo negativo de ambas épocas, no haya dado una visión negativa o crítica hacia nuestra juventud o nuestros avances sociales, todo lo contrario, mi propósito es lanzar un llamamiento a nuestro deber de saber adaptarnos a las nuevas necesidades y estar siempre preparados para afrontar nuevas situaciones sociales.

BIBLIOGRAFÍA: Aparicio, Manuel (1997) “Aire Libre: un medio educativo”. Ed. CCS. Madrid. Asín Castillo, Felix (1997) “Cómo organizar una colonia o campamento de verano”. Ed.Flash Book. Valencia. Frechoso Arranz, Ana Isabel. Martínez Solera, Maribel. García Gacía, J.J. (2004) “Guía de aire libre en España”. Ed Madrid: Dirección General de la Juventud: La Cueva del Oso. Madrid Vigo, Manuel. “Manual para dirigentes de campamentos organizados”. (1999) Ed Stadium.

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Andrés Mellado Santamaría Animador sociocultural

DOCUMENTOS

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José Luís Mellado Santamaría Psicólogo y Psicoanalista

El campamento como medio educativo

Los campamentos de verano han sufrido muchas transformaciones en los últimos años, tantas como para permitirnos estar en el convencimiento de su vital utilidad para los/as niños/as, adolescentes y jóvenes monitores/as en su proceso vivencial, de crecimiento y maduración respectivos. Por ello nos gusta ponerle apellidos, el de educativos, porque estamos convencidos de que en un clima propicio de afectos y al aire libre se pueden conseguir muchos de los objetivos pedagógicos que son impensables en la enseñanza reglada. Apostamos por una metodología diferente, rabiosamente divertida, y comprometida con nuestras comunes señas de identidad. Una metodología que nos distancie de otras actividades similares concebidas como meros espacios de entretenimiento o socorridos “aparcaderos” de niños y niñas. Una manera de hacer y actuar donde la palabra, el juego y la imaginación cobren determinante sentido como imprescindibles herramientas de trabajo y comprometan e impliquen por igual a educando y educador.

Palabras clave: Lúdico, educativo, juego, campamento, metodología

Introducción: La educación y el juego Cada vez con más frecuencia se va incorporando la idea de los vínculos entre lo que sería del ámbito lúdico y los aspectos estrictamente educativos. No parece sensato en la actualidad el pensar que lo lúdico no tiene un importante componente educativo. Bien sabemos que el ser humano comienza su aprendizaje en el juego que establece con el medio, aspecto por otra parte que es común en otras especies animales, sobre todo en las más evolucionadas, aunque no es infrecuente el observar en algún tipo de aves, por ejemplo, el mismo comportamiento. Este aspecto es compartido por todas las disciplinas comprometidas en el proceso evolutivo-educativo del ser humano. Tanto las teorías de lo radicalmente cognitivo, como las disciplinas dinámicas, la epistemología genética de Piaget, o todas las ciencias de la pedagogía moderna, nos hablan de cómo el juego estructura la mente del niño en los distintos momentos de la evolución, tanto en el área del conocimiento como en el del afecto o el de las emociones. Pareciera que el consenso está representado por la idea de que lo que se juega se aprende. Pero por extrañas cábalas, probablemente de índole social o social-económico, hay un momento en el desarrollo en que este vínculo entre lo lúdico y lo educativo se rompe y empieza un tipo de enseñanza mucho más desarrollada en su aspecto formal, con estructuras alejadas del juego y que sólo responden a la formación parcializada del aprendizaje del sujeto. Lo que hasta un momento era válido entre el juego y el aprendizaje, se quiebra bajo la forma de la escolarización. Bien cierto es que han cambiado algunas cosas y no nos encontramos, en la mayoría de las veces, con formas victorianas de educación, pero la realidad nos muestra la paradoja de que si, en la actualidad, una persona que vivió hace quinientos ó mil años resucitara, con toda seguridad donde no encontraría aspectos diferentes sería si reapareciera en

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un aula de un colegio o de una facultad. En cualquier otro ámbito sería absolutamente impactante, no sólo por la evolución tecnológica o las diferentes modas o maneras, sino por la propia concepción de las cosas: el tiempo, el espacio, las costumbres, la moral, la ciencia, la religión, han visto absolutamente modificados sus ejes, tanto de transmisión como de la propia estructura. Si un hombre del siglo X pudiera volver a la vida, en sus formas actuales, sufriría un impacto posiblemente mucho mayor que si un hombre de hoy pudiera toparse con los usos y costumbres de una civilización extraterrestre. La única excepción sería si pudiera reaparecer dentro de cualquier aula de cualquier colegio de hoy, excluyendo, por supuesto, los avances tecnológicos (me refiero a la luz eléctrica, la calefacción, las vestimentas, etc.). La enseñanza reglada a partir de la edad escolar (concepto que ya en sí mismo está alejado de lo lúdico) rompe con lo que venía siendo la costumbre familiar y social con niños y niñas, de entender que la manera de sostener un aprendizaje siempre establece un vínculo entre el juego y lo educativo. Esto nos lleva a radicalizar un poco nuestra concepción, al punto de pretender no sólo que lo lúdico sea educativo, sino que lo educativo sea lúdico. Un aprendizaje en cualquiera de las áreas del conocimiento o de la experiencia, se multiplica hasta el infinito si es divertido.

El campamento como espacio de aprendizaje Nuestra alternativa a lo anteriormente dicho, es la defensa de lo que hemos dado en llamar campamentos educativos, campamentos con nombre y apellido. El apellido, indisolublemente unido al nombre, parte de la radicalización de conceptos que podrían ser determinantes en los procesos educativos generales, no sólo en los llamados de ocio y tiempo libre, como en el caso de los campamentos. No defendemos solamente el concepto de que una cosa lúdica entraña una educación, que ya es bien sabido, defendemos que el proceso educativo ha de ser rabiosamente divertido. Los campamentos educativos pretenden justamente esta alianza (perturbada y pervertida en un momento de la vida), entre lo lúdico, la diversión, el juego y el proceso educativo. El tiempo, si no es libre, en la educación, no es tiempo. No se trata de divertir los tiempos de ocio, se trata de utilizar el juego, todos los aspectos lúdicos y divertidos en el proceso de aprendizaje, en la enseñanza. Cuando un niño o niña aprende en un campamento a hablar en público, ante sus iguales, a sostener un discurso, sea cual sea este, en un fuego de campamento, seguramente ha significado un aprendizaje de la misma importancia que cuando aprende a despejar una incógnita en una ecuación. Ha aprendido a transmitir un concepto, una emoción, o un cúmulo de sensaciones, pero lo ha hecho con un método que implica la aparición de un interés que emana del juego, de la diversión. Su implicación en ese aprendizaje es mucho mayor que la que sostiene en una labor pasiva intelectualizada o racionalizada, en la que nada le atañe, ni en su participación, ni en su concepción, ni en su creación. Lo verdaderamente curioso e interesante es que la mayor parte de los procesos de formación, en cualquiera de las áreas que un muchacho/a pueda estudiar en sus años escolares, tienen mucho más que ver con las cotidianeidades de la vida, que lo que señalaba anteriormente como actividades de un campamento, como la de hablar en público, orientarse, saber protegerse de la lluvia o del frío, apañarse sin la ayuda de los padres, construirse un vivac, mirar las estrellas como si fueran mapas, tirarse por una tirolina, participar

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con los compañeros en la creación de una representación, saber qué madera es para un fuego y cuál es para una construcción, amarrar dos cosas que sean después fácilmente desatables, hacer un puente o una escala, seguir una pista de señales de rastreo, usar correctamente un saco de dormir, aprender a caminar con lo necesario, eliminando lo superfluo para evitar el exceso de carga, hacer bien una mochila y un larguísimo etc, son cuestiones frecuentemente inusuales en la juventud actual, sobre todo de ciudad. Pero despejar incógnitas, utilizar el lenguaje, saber del sitio en donde vives y de fuera, conocer los antecedentes tanto personales como sociales, ver leyes físicas inexorables, o conocer de qué están hechas las cosas que nos rodean, es algo completamente usual, cotidiano, al alcance de cualquier mortal, adolescente o adulto, lo que significa entrar en el mundo de las asignaturas regladas de la matemática, la lengua, la geografía, la historia, la física y la química. ¿Cómo es posible que algo tan cotidiano, tan usual, sea de tan difícil aprendizaje? Un campamento es una experiencia educativa de primer orden, pero con algunas características particulares. La primera es que está limitada en un corto periodo de tiempo. Además carece de un seguimiento posterior a largo plazo, está separada y aislada de experiencias similares, no tiene profesores a la usanza tradicional, se desarrolla normalmente en un medio desconocido y más hostil que el cotidiano. Tiene, por otra parte, características que hacen que el sujeto esté más comprometido con esa experiencia, dado que es algo que normalmente eligen los propios/as chicos/as, están fuera del dominio y la normativa estrictamente familiar, el nivel de tolerancia a las cosas, por otra parte propia de la adolescencia, es mayor, dado que hay normas de carácter general adecuadas a un tipo de convivencia de mayores responsabilidades que en el ámbito doméstico, se vive fuera de la obligatoriedad reglada particular de cada familia, hay una serie de normas, muchas de ellas pactadas por un acuerdo de convención y de facilitación social, no hay exámenes, los horarios tienen que ver con la posibilidad de realizar muchas más cosas; respetando el lógico descanso, las actividades son, como hemos dicho, inusuales, se favorece el contacto y el intercambio entre ellos, se fomenta de manera clara la creatividad, se pondera la originalidad y la diversidad, se respeta y se potencia el hecho diferencial, se mezclan los más variados aspectos y actividades en la vida campamental: aire libre, deportes, juegos de habilidades, talleres activos de todo tipo, salidas fuera del campamento, vivaqueos… Otra de las características que determinan la eficacia del aprendizaje en la vivencia de un campamento estriba en el hecho singular de que se aprovechan todos los agentes educativos existentes, así como todos los recursos didácticos que puedan favorecer una mayor eficacia en la adquisición de los objetivos que se marcan; son agentes educativos, desde el monitor/a hasta el especialista de alguna actividad, pasando por personal de servicio o no vinculado directamente al seguimiento de los chicos y chicas: personal de cocina, administrativos, personas invitadas, encargados del mantenimiento de la instalación y los propios acampados que, en la transmisión de algún tipo de conocimiento o habilidad, realizan una labor educativa muy importante. En lo referente a los recursos didácticos, se cuenta desde el propio medio al aire libre hasta con todos los que la propia instalación tenga a su alcance: una tienda de campaña puede ser desde un castillo hasta un laboratorio, y una campa puede ser desde una pista deportiva hasta un lugar donde se realizan justas y torneos medievales.

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En definitiva, como se podrá seguir en la exposición, de lo que se trata es de incorporar el sentido lúdico y de diversión a todo lo que se realiza en un campamento, desde la higiene personal, pasando por el cuidado y mantenimiento de su hábitat temporal, hasta la hora de irse a dormir. Por último, uno de los aspectos igualmente relevantes en la eficacia educativa de un campamento, es el hecho de que se aprovecha la propia experiencia del sujeto, sea de las características que sea, así como sus rasgos de personalidad. Cada uno de los acampados y acampadas puede saber algo que puede a su vez trasmitir, enseñar a otros: desde sus habilidades a su humor, desde su locuacidad hasta su capacidad de organización, desde sus vivencias a sus conocimientos. El hecho de que el tipo de campamentos por el que abogamos tenga nombre y apellido -“campamentos educativos”-, tiene que ver con la particularidad de desvelar la redundancia de los dos términos, reforzando ambos. Bien sabemos que el término campamento va indisolublemente unido al término educativo, porque de no ser así flaco favor haríamos a los chicos y las chicas en primer lugar, a la comunidad familiar en segundo, y a nosotros mismos en tercero, pero dado que en los últimos tiempos la oferta campamental pareciera destinada a una suerte de “aparcadero de niños/as, más o menos divertido”, rescatamos el término campamento, por hacer referencia a un modelo de aprendizaje al aire libre, temporal y de acogida de una serie de personas en torno a un programa de actividades. Nos alejamos de cuantas connotaciones marciales pudiera haber tenido el término a lo largo de nuestra historia más reciente, pero reivindicamos justamente el término de acampar, de acampada, donde diferentes personas se agrupan temporalmente, para darse mutuamente apoyo. Incorporamos lo que hemos dado en llamar el apellido, “educativo”, justamente porque no queremos situarnos en el concepto de aparcadero, ni activista, en el que el reclamo de una serie de actividades estelares pareciera ser el objetivo. Nuestra posición, tiene que ver con el hecho que señalábamos al principio, de utilizar lo lúdico, el juego como metodología para la consecución de una labor educativa, en torno a una serie de objetivos, y utilizar todo lo que pueda constituir el universo de lo educativo, como una manera de divertirse. Nuestra experiencia, con actividades realizadas bajo esta égida, así lo confirma en los últimos 20 años de campamentos de esta naturaleza.

Diferencias entre una actividad lúdica en el aire libre y un campamento de verano Después de un largo recorrido en el mundo de los campamentos, de haber sido parte activa en su transformación, paralela a la de la sociedad española, cada vez nos parece más oportuno incluir esta actividad como un apartado más del currículum escolar de niños/as y jóvenes en tanto en cuanto supone un escalón más en esa gradual separación del núcleo familiar en el tiempo y la distancia que toda persona experimenta a lo largo de su vida. Pero vayamos al principio de esta idea: Desde que nacemos hasta que morimos (la “separación” definitiva), vamos transitando por una escala de separaciones cada vez más largas en el tiempo y la distancia: salimos del cuerpo de nuestra madre (primera separación), de alimentarnos de su pecho pasamos a una alimentación que ya nada tiene que ver con aquel contacto corporal, comenzamos a gatear, luego a caminar, luego nos llevan a la guardería, luego al colegio, luego vamos – algunos- a la

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universidad (antes, los varones, al servicio militar) y, finalmente, nos independizamos del núcleo familiar que nos cobija hasta que esta penúltima separación se produce. Pues bien, hay quienes pensamos que en este recorrido vivencial existe una laguna importante que interrumpe y fractura la gradualidad de esa secuencia. Según esta idea, desde nuestra incorporación al ámbito escolar, hasta que vamos a la universidad -cuando es fuera de nuestra localidad, por eso antes hacía la alusión a la “mili”, o se produce directamente la emancipación, hay un espacio demasiado largo de nuestra vida en el que apenas hay variación de tiempo y de distancia en lo que deberían ser esas graduales separaciones. Este hecho, por sí sólo, daría más sentido del que pensamos a la existencia de los campamentos de verano trascendiendo de la mera actividad lúdica; parece la pieza adecuada que falta en ese puzzle secuencial que conformaría una equilibrada y progresiva independencia de nuestras vidas: un lugar suficientemente distante de nuestra localidad, una separación total de nuestro ámbito familiar y un período de tiempo que introduzca un escalón más durante nuestra edad escolar (una semana, diez días, quince, un mes…). Estas características marcan la diferencia ya de partida con otras actividades lúdicas al aire libre y darían una de las respuesta válidas a nuestra primera pregunta ¿Por qué un campamento de verano? Empezaremos por recordar que la palabra “campamento”, en este país, aunque fuera acompañada de distintos adjetivos (juvenil, escolar, parroquial, etc.), llevaba incorporado un inevitable significado casi más militar del que le concede el diccionario de la real academia española en dos de sus posibles acepciones. Aun hoy es frecuente escuchar, entre las razones que esgrimen no pocos padres por las que envían a sus hijos e hijas a un campamento, algunas como: “Para que se endurezca un poco”, “para que espabile”, “para que coma de todo”… Suenan muy parecidas a las que escuchábamos aquellos que cumplimos el servicio militar. No fue tarea fácil recuperar el término para lo meramente educacional y/o vacacional y despojarlo de su connotación meramente disciplinar y excesivamente jerarquizada, cometido para el que aquí estamos invitados. Por otra parte, y atendiendo a otros de los posibles riesgos a los que se enfrenta cualquiera que acomete esta actividad, ¿cómo conseguir realizar campamentos sin sucumbir a lo comercialmente activista o, aún peor, a la tentación adoctrinadora? Un campamento debería servir para que sus participantes continuaran su proceso de desarrollo tanto afectivo como intelectual y motórico, a ser posible equilibradamente, sin poner especial énfasis en los conocimientos (técnico-laborales, de idiomas…) o en el cuerpo (campamentos únicamente deportivos). Huelga decir que elegimos decir campamentos educativos DE VERANO, además de por las obvias bondades climatológicas, porque es el período vacacional lo suficientemente largo para la temporalidad que exige la actividad que defendemos. Un/a niño/a, un adolescente, no paran de aprender de lo que les rodea en vacaciones. Es más, es en el período de las vacaciones de verano, después del ritmo impuesto durante todo el año por el estudio, cuando pueden estar más despiertos a otros aprendizajes inabordables en la enseñanza reglada.

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Este aprender al aire libre, lejos de casa y junto a otros muchos chicos y chicas de su edad viene a aumentar su capacidad de aprendizaje, viene a ampliar el marco ambiental donde cabeza, corazón y cuerpo pueden caminar simultáneamente. El marco ideal en el que ubicamos el campamento del que hablamos, contiene participantes de distintas procedencias geográficas, distintas condiciones socioeconómicas, distintas culturas y diferentes edades, además de un espacio al aire libre acondicionado y suficientemente dotado para ello, es decir, la suma de más estímulos para esos “nuevos” aprendizajes. Ejercitar la capacidad de observación de otras peculiaridades en los demás, la capacidad de escucha, aprender a tomar decisiones sin la supervisión familiar, manejar en un tiempo más amplio el dinero de bolsillo que posee, comprobar algunos fenómenos naturales en directo -no en los libros-, practicar el compañerismo y respetar la intimidad, entre otras, son razones suficientemente poderosas para valorar la acción pedagógica de un campamento correctamente planteado. Un campamento al que nos atrevemos a llamar educativo. La importancia de este valor pedagógico nos lleva irremediablemente a pensar que sólo profesionales de la esfera de la educación y la salud, expertos en asuntos infantiles y juveniles son quienes pueden y deben gobernar este campamento. En los tiempos que corren, cuando más importancia damos a una buena salud, una educación de calidad, no podemos reducir el campamento de verano a un mero lugar de entretenimiento o un socorrido aparcadero de niños y niñas dirigidos por voluntariosos/as amateurs. Progresivamente, atentos a las transformaciones sociales y tecnológicas, han de irse incorporando nuevos recursos didácticos, pero sin hacer de ellos lo fundamental, pues sólo son eso: recursos, medios. Contemplamos frecuentemente cómo se valoran campamentos en función de la gama de recursos de que disponen, como si fueran parques de atracciones, carentes de programas educativos, de la mínima teoría pedagógica, para acabar por conducir a sus participantes a una constatada desilusión, pues todos esos recursos, por espectaculares que sean, carecen de “alma”, de afecto. Y para hablar de “alma” y afectos, dirigimos nuestra mirada a un elemento diferenciador de capital importancia que tiene que ver con las señas de identidad grupal. Una actividad grupal nace de manera natural, por una necesidad de ese grupo, es imposible dotar de animación –en su sentido etimológico- a un grupo desde el plano meramente teórico, de arriba a abajo, son los propios grupos quienes se abren paso por su propia voluntad, por todo aquello que les une: sus señas de identidad. Y es por ello que así, desde su génesis, defendemos la existencia entre los componentes de cualquier grupo de un mínimo vínculo afectivo que permita facilitar la tarea que se persigue si este grupo nace para la realización de un campamento educativo. En sentido contrario, observamos con frecuencia un buen número de campamentos organizados, con la mejor de las intenciones, por distintas instituciones públicas. Se lo encargan al funcionario de turno, del que depende esa sección, y se contrata a un grupo de monitores/as que normalmente ni se conocen entre sí y cuyas señas de identidad grupal, por tanto, no existen de partida. Lo normal, en este tipo de actividades, es que cada uno intente hacer lo mejor posible el trabajo para el que ha sido contratado, pero no tenga más motivación inicial que su efímera incorporación al mercado labo-

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ral y la posibilidad incierta de participar en una experiencia más o menos grata. La experiencia nos ha enseñado que la tarea educativa de un monitor o de una monitora, en un campamento, crece como la levadura cuando su vínculo con el grupo para el que desarrolla tan noble labor es algo más que contractual o económico. Los proyectos, las asociaciones, los grupos, nacen en torno a una idea común, no por el capricho institucional, cuya tarea debería limitarse a desplegar todos los medios posibles para que esos grupos ya existentes pudiesen desarrollar mejor sus objetivos.

Qué elementos hacen de un campamento una experiencia educativa, más allá de la convivencia Ya hemos hablado de la importancia intrínseca que, en lo educativo, tiene cualquier actividad convivencial, pero somos más ambiciosos y, sobre todo, estamos convencidos de que la propia convivencia abre un sinfín de posibilidades con las que dar un mayor lustre al campamento del que hablamos. Y para empezar bien (“lo que bien empieza bien acaba”, decían nuestros mayores), empecemos por tener en cuenta que toda programación de actividades, también la de un campamento, debe dar respuesta a las siguientes preguntas: ¿Por qué se quiere hacer? Donde abordamos los antecedentes, el origen y la fundamentación por los que creemos necesaria esa actividad. ¿Qué se quiere hacer? La actividad en sí. Descripción y naturaleza del proyecto. A quién va dirigido. ¿Para qué se quiere hacer? Objetivos que nos marcamos. ¿Cómo se quiere hacer? Metodología de trabajo. ¿Con qué se quiere hacer? Recursos materiales con los que queremos acometer la actividad. Presupuestos. ¿Con quién se quiere hacer? Recursos humanos que necesitamos. Contrataciones. ¿Cuánto se quiere hacer? Metas que nos trazamos. Sistemas de evaluación y análisis que utilizaremos después de la actividad. Y las más domésticas: ¿Cuándo? Temporalización, fechas. ¿Dónde? Lugar o lugares donde se pretende desarrollar el proyecto. De todas estas preguntas que nos hacemos para acometer cualquier proyecto, es la metodología un capítulo al que otorgamos capital importancia, y es en el que queremos detenernos, por cuanto entendemos que es el factor más diferenciador a la hora de acometer un campamento. Para ello es necesario dotarla de aquellos elementos que nos permitan alcanzar el mayor número de objetivos que nos trazamos cuando diseñamos y realizamos una actividad. Algunos de estos elementos que nosotros consideramos fundamentales, y para los que el ámbito campamental facilita claramente la tarea frente a otros marcos, son: La Palabra. El primero de los recursos, porque estamos convencidos de que emprender una labor educativa supone antes que nada transmitir una serie

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de valores. Proponemos una palabra discrepante, lejos de adoctrinamientos o servilismos, una palabra para disentir, para abrir las puertas a la imaginación, no para cerrarlas, para estimular, en fin, la conversación frente al monólogo, otorgando el mismo valor a la del educando que a la del educador, pues ambos se encuentran inmersos en una actividad excepcional, mutuamente enriquecedora, a la que invita el marco campamental. Dialogando, escuchando, permitiendo que a través de la palabra se regulen los conflictos, se internalicen las normas para la convivencia, se intercambie, es como damos la mejor de las funciones a tan valiosa herramienta. Poniendo palabras a los afectos, a las emociones. Poniendo palabras allí donde a veces sólo hay agresión como práctica educativa. Sabemos que es más cansado, que exige más tiempo, temple, pero de nada serviría una tarea educativa sujeta en el hacer por el hacer, en el predominio de lo imaginario sobre lo simbólico. El Juego. Tanto si son matemáticas como si es la interiorización del esquema corporal, usar un juego nos conduce en línea recta a que nuestros adolescentes aprendan lo que les queremos enseñar. Por tanto, es jugando como podemos estar todo el tiempo transmitiendo e intercambiando aprendizajes, sin olvidar otras funciones de desfogue, funcionales (de desarrollo de áreas motóricas…), de creación y sociales. Es a través del Juego como más fácilmente conseguimos reclamar su atención, convocarle a un sitio y a una hora concretas, que mantenga un mínimo aseo personal u orden en el espacio que comparte con otros. A veces, a un chico o chica, le cuesta horas de estudio aprender una lista de mamíferos o de ríos o la tabla de multiplicar, sin embargo comprobamos cada año que, al final del campamento, es capaz de llevarse aprendidas las letras inventadas de cinco a diez canciones, nuevas para él, que nadie le impuso, sólo de escucharlas unas cuantas veces. El Grupo. Allí donde se gestan la mayoría de las acciones educativas, las más de las veces incluso sin la intervención del monitor/a. Del pequeño grupo (tienda de campaña, cabaña) al gran grupo (aquellos momentos mágicos en el que todos se ven las caras, como un fuego de campamento) pasando por los grupos de edad (con sus programas específicos), en todos ellos tienen cabida equilibrada las distintas actividades o reuniones que realiza el acampado y la acampada desde que llega, reconociendo la misma importancia a todos los aspectos de los que aquí hemos hablado. Impresiona ver, cuando en una asamblea están sentados todos los grupos, cómo los más pequeños absorben cada gesto, cada canción, cada parodia de los más mayores, haciendo bueno el adagio que dice: “el mejor maestro de un niño es otro niño”. Participar en un grupo supone intercambiar ideas, gestos, expresiones, bromas, reflexiones… Las Reuniones: Suponen un alto en el camino, el mejor momento para aprender a ser operativos, para tomar decisiones, para escuchar y ser escuchado, para sentirse parte del grupo, tripulación en vez de pasaje. Por eso es importante no malgastar este recurso con sesiones interminables o innecesarias, apostar por la calidad frente a la cantidad. De entre estas reuniones, creemos imprescindible aquella que, una vez al día, a ser posible cuando la jornada toca a su fin, reúne a todo el campamento en torno a la palabra, donde hacer balance del día y poder expresar nuestra opinión, nuestra alegría, nuestra satisfacción. O por el contrario, nuestra críti-

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ca o descontento, como aquella costumbre del educador francés Celèstin Freinet al final de sus clases, cuando proponía a sus alumnos que manifestaran sus críticas, sus propuestas y sus felicitaciones. Las Actividades Especiales. No podemos olvidar que cada grupo tiene su “DNI”, sus características especiales e intransferibles, aquellas que va mostrando cada día, es por ello que debemos estar muy atentos al rumbo que marca su orgánica condición. Por ello, por esa naturaleza cambiante, en ocasiones es preciso cambiar parte del programa que habíamos planteado con actividades especiales, nacidas de la reflexión a la que nos obligó esa especificidad del grupo. Estas modificaciones también pueden venir dadas, por agentes externos al grupo (climatología, carencias en la instalación, etc.). En este sentido, creemos que los programas de actividades están al servicio de cada grupo, y no al revés. La Memoria. Es el legado donde dejamos constancia de todas las aportaciones de quienes participaron en un campamento. A pesar de que, desde hace años, la estadística nos indica que sólo en torno al 40 % de participantes repite en un mismo campamento, no podemos tirar a la basura todo ese acervo que va conformando las señas de identidad grupal de las que antes hablábamos. Nos van a ser de gran utilidad para ayudar a ese otro 60 % que se incorporará por primera vez en la siguiente actividad, es la primera cuerda que le tendemos al novato para integrarse con rapidez. A su vez, creemos que la continuidad de un colectivo, una entidad, depende de cómo van calando sus propuestas a lo largo de su historia, por eso es de capital importancia y de suma utilidad recogerlo en una memoria.

Al aire libre Un campamento al aire libre invita a voces a usar de la tan manoseada enseñanza globalizada. En un espacio más o menos reducido, en permanente compañía, recibiendo un sinfín de estímulos excepcionales, en un clima sano y afectuoso de permanente diversión ¿cómo separar lo cognitivo de lo afectivo? ¿Cómo no aprovechar para incorporar simultáneamente todos aquellos conocimientos que en otros ámbitos educativos son servidos por separado? Y mejor aún: carecemos de la tiranía de una materia o un programa “que hay que impartir” en determinado tiempo. No hay aprobados ni suspensos. Lejos de nuestro ámbito familiar y social, en el campamento sólo nos diferencian nuestras propias personalidades. Todo parece apuntar a una oportunidad única de crecer en todo lo que nos diferencia de otras enseñanzas regladas, de escarbar en aquello para lo que no están preparadas las escuelas y colegios de invierno, por falta de tiempo, de recursos…o de ganas: el compañerismo, la solidaridad, las buenas maneras en la mesa, los correctos hábitos higiénicos y de salud, las ventajas de la cordialidad y la amabilidad, la sociabilidad, la tolerancia con las diferencias del otro o el respeto también se pueden aprender. Y lo que es mejor, se pueden aprender a la vez que mostramos la Osa Mayor, enseñamos a hacer el nudo de los zapatos, a nadar, a distinguir un petirrojo de una lavandera, un castaño de un roble, o por qué se produce la tormenta que en ese momento empapa nuestra tienda de campaña. En un grupo abierto y orgánico, en permanente debate, es el momento de revisar prejuicios, vicios atávicos sobre los roles del educando y el educador. Es el cobijo ideal para las permanentes transformaciones pedagógicas. Por todo ello nos gusta, más que nunca, llamar educativos a los campamentos.

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La responsabilidad de los jóvenes monitores Es notable el interés por mejorar la formación de monitores y monitoras de actividades en el tiempo libre que se han tomado las administraciones de las distintas Comunidades Autónomas a lo largo de los últimos años, pero nos consta que cada vez hay más centros, asociaciones y empresas autorizadas para impartir la parte teórica de los cursos a través de los cuales se obtiene la titulación requerida, y menos de los mismos donde poder realizar la parte práctica, lo que deja a una pléyade de jóvenes con el curso “a medias” –sólo lo completan cuando un coordinador o director de actividades de tiempo libre les firma las prácticas después de participar en alguna de las actividades autorizadas, sobre todo campamentos-, buscando desesperados donde poder desarrollar la parte práctica y completar el curso. Creemos que ese desamparo podría corregirse si quienes imparten la parte teórica asumieran una mayor responsabilidad en la parte práctica de los cursos. Aun considerando los temarios que se imparten en las distintas Comunidades Autónomas bastante completos, la experiencia nos dicta, como casi en todas las profesiones, que es con la práctica como más se aprende y, como indicábamos anteriormente, si hay otros vínculos además del contractual o laboral con el proyecto en el que se participa, la tarea se torna más grata y por añadidura más eficaz. De entre todos los recursos que niños y niñas, adolescentes o jóvenes valoran después de un campamento -cuando el grupo que lo gobernó alcanzó sus objetivos-, es a sus monitores y monitoras a quien dedica sus mayores elogios, por muy sofisticados o espectaculares que fueran los otros recursos, los materiales, que pasan a un segundo plano si aquellos desplegaron todos sus conocimientos y, sobre todo, crearon el clima afectivo y la empatía grupal suficientes. Ese clima de afecto y empatía, del que también necesitan los/as monitores/as para poder transmitirlos, no es fácil conseguirlo si estos se ven por primera vez al comienzo de la actividad. No podemos olvidar que hablamos de jóvenes de 18 años en adelante, una edad en la que, habitualmente, no están acostumbrados a asumir demasiadas responsabilidades, sus mayores aportaciones son el entusiasmo y la energía, pero también necesitan del clima propicio para desplegarlos. Son muchas las líneas que se han escrito acerca del perfil ideal de un/a monitor/a de actividades de tiempo libre, creemos que no es necesario abundar más en ello, pero sí queremos incluir aquí algunos aspectos que en nuestro grupo consideramos importantes, es nuestro particular libro de estilo, algunas recomendaciones que ponemos a disposición de todos aquellos que trabajan con nosotros por primera vez. Forman parte de nuestras señas de identidad, de nuestra manera de entender la tarea del monitor/a, la suma de aportaciones de muchas experiencias anteriores. No son tanto un catecismo de obligado cumplimiento si no más bien una guía de recomendable lectura: “Para la realización de sus actividades y la consecución de objetivos que se traza, nuestra escuela despliega un modo de actuar, una metodología, que es la suma de aquellos principios que inspiraron su creación y la acumulación de aportaciones de todos los que desarrollaron una tarea educativa en ella y dejaron, inevitablemente, un poso, un eco que va transmitiéndose de generación en generación.

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Nuestra metodología pretende distanciarnos de aquellas convocatorias similares que conciben los campamentos como meros “aparcaderos” de niños, y lo hace, sobre todo, a través del estilo, para lo que desde el principio, la escuela propuso una serie de recomendaciones de obligada lectura, recogidas en lo que hemos dado en llamar así, “Libro de Estilo”: - Respetando estilos personales, conviene mantener algunas actitudes, usos y maneras en común por parte de todos los que transmitimos una acción cultural en la Factoría de Acción Cultural. - Los chicos son los auténticos protagonistas. Ceder, guardar silencio, observarles, ser espectadores, aprendernos sus gestos, aplaudirles, animarles. Somos espectadores y guías, no actores. - Los adolescentes son acampados. Mimo, pero exigencia. Cariño, pero respeto. Tolerancia y firmeza en los límites. Escucha y diálogo, pero mucha motivación. Preparemos un estilo de futuro, un aprender rebelde y radicalmente divertido. - En el trato, dirigirse a cada uno por su nombre, y desde los primeros días, si se puede. Es en los primeros momentos cuando más hace falta. - En el vocabulario, en nuestras palabras, las que luego son como un eco en sus bocas, ahí habla nuestro estilo. - Si la palabra convence, el ejemplo arrastra. Difícilmente podemos inculcar entusiasmo por la lectura si nunca leemos, o respeto al medio ambiente si tiramos colillas al suelo, u orden en la tienda de campaña junto al caos en la nuestra. Y así todo o casi todo. - Cien ojos son pocos en la playa, en la carretera, en la tirolina... De mostrar una actitud expectante y sin histerismos, tranquila pero al acecho, a una actitud descuidada, de vacaciones, ensimismada con el mar o el paisaje, media un abismo, en estilo... y en riesgos. - Sin autoritarismo, menosprecio, injerencias en su intimidad, amenazas, conservemos hasta el final el capital infinito de autoridad que nos otorgan. No lo malgastemos con voces, violencia o castigos. Usemos con agotadora paciencia de la palabra. - Detalles mínimos, como llegar un poco tarde, no madrugar o comer antes que ellos, son observados con lupa. Y juzgados. - Alejémonos con prudencia, busquemos el momento oportuno, lejos de las miradas, para hacer aquello que discretamente ha de pasar inadvertido para los acampados, incluidas las conversaciones personales entre nosotros. - Cumplir horarios. Ser generosos en la entrega y prudentes en el sobreesfuerzo. - Antes y después, cuantos debates y discrepancias sean necesarios, durante la actividad es uso conveniente respetar las decisiones del Director y actuar como una piña junto a él como último responsable de que la partitura que escribimos entre todos no suene desafinada. - Aportemos nuestro estilo individual al conjunto. Revisemos y cuestionemos nuestros prejuicios. - Si el estilo diferencia, que gradualmente nos diferenciemos de otros colectivos... por el estilo.”

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Nos gusta recordar a los/as monitores/as más jóvenes que para los /as chicos/as, en casi todas las ocasiones, son “supermanes”, pero deben tener muy presente que no lo son, que también se hayan inmersos en su personal crecimiento, en el que está presente el intercambio y la aportación de todos, grandes o pequeños. Estas recomendaciones abundan en la idea que preside nuestra concepción de la relación entre educando y educador, no sólo en los campamentos, sino en cualquier acción educativa, donde la honestidad del educador y el respeto por el educando deben establecer un vínculo de partida propicio para el aprendizaje pero también para la vivencia de una experiencia feliz, donde ambos se vean recompensados y gratificados. Finalmente, volvemos a comprobar cuan difícil es ponerle letra a los sentimientos que circulan a lo largo de un campamento, a las pulsiones que se agitan en cada rincón, a todas las vivencias de las que son protagonistas todos y cada uno de los que participan en él. Hay tantos campamentos en un sólo campamento como participantes hay en él, tantos prismas y perspectivas como ojos que lo contemplan. La recompensa de todos/as los que nos dedicamos a organizar campamentos es comprobar que quien pasó por ellos vivió una experiencia feliz y se llevó en la mochila un montón de nuevas cosas aprendidas. Y la creencia de que aprendiendo se puede ser feliz, pero la certeza de que es más fácil aprender siendo feliz.

BIBLIOGRAFÍA: Ander-Egg, Ezequiel (1983). “Metodología y Práctica de la Animación Sociocultural” Publicaciones del Instituto Ciencias Sociales Aplicadas. Faure, Gérard y Lascar, Serge (1981). “El Juego Dramático en la Escuela” Editorial Cincel. Freire, Paulo (1969). “La educación como práctica de la libertad”. Siglo XXI de España Editores, S.A. Madrid Lederach, John Paul (1983). “Educar para la paz” Editorial Fontamara. Mellado Santamaría, J.L. y Martín Adúriz, F. (1992). “Campamentos Educativos. Ciudad del Nhorte. Ideas y Propuestas” Fac. Nhorte.

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Agustí Béjar Vernedas Profesor de secundaria y director de campamentos

DOCUMENTOS

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El progreso personal del adolescente en los campamentos

El autor reflexiona en torno a la intervención educativa como marco del crecimiento personal, las expectativas que los campamentos generan en la juventud y las realidades que se derivan, haciendo especial hincapié en la figura del monitor, el/la joven que con su apoyo posibilita el progreso personal de otros jóvenes. También valora las estrategias de la pedagogía del proyecto y acaba analizando los recursos que la educación no formal comparte con la educación formal.

Palabras Clave: interacción, progreso personal, intervención educativa, expectativas, convivencia interesada

Un mundo en transformación La juventud cambia, evoluciona. Me repito esta máxima permanentemente, no vaya a ser que se me olvide. Vivimos en un mundo sujeto a cambios permanentes: varían las ideas, se transforman los comportamientos, las costumbres cambian, las estructuras socioeconómicas se reforman y la tecnología no nos da tiempo a sobreponernos de la última sorpresa, y ya nos sacude con otra novedad revolucionaria. Las condiciones de vida del género humano no cesan de variar. La juventud, evidentemente, no puede mantenerse al margen de esas continuas variaciones. La juventud cambia. Me lo repito una y otra vez. Y a veces se me olvida, porque es que cambia todo. Yo también. Pero el día a día en la práctica educativa me conduce inevitablemente a los mismos principios que me motivaron desde que yo era uno de ellos: la intervención educativa con los/as jóvenes se fundamenta en la interacción. Esta es una ley que, a mí entender, es universal. Y parece que no cambia. El mundo de la juventud está cargado de tópicos seculares a los que no puedes mantenerte ajeno. Periodistas, padres, educadores, los mismos jóvenes no cesan de repetir consideraciones en torno a la crisis que vive la juventud actual, el aumento de la conflictividad... y a veces resulta difícil sustraerse a tanto pesimismo social. No es la juventud lo que está en crisis sino la sociedad. Los problemas vienen provocados por el mismo contexto social, que no ofrece respuestas claras y satisfactorias a las circunstancias que los crean. La juventud siempre ha estado en crisis, porque es crisis, es inestabilidad, es vivir el día a día, la provisionalidad, la contradicción. Es cierto que nuestro entorno social ha traído nuevas circunstancias, pero creo que sólo son nuevas formas de presentarse problemas ya clásicos. El individualismo no es un problema nuevo, ni la competitividad. Si hay algo realmente nuevo es la sociedad de la información y de la comunicación, y ésta no crea verdaderos problemas, sino que nos abre una ventana inmensa para ensanchar nuestros horizontes de forma fácil y económica. Yo suelo responder a este pesimismo

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imperante con un discurso contrario. Nunca antes había habido tantos jóvenes participando a través de asociaciones, nunca antes había habido tantos voluntarios/as en las ONG, nunca antes tantos jóvenes habían sacrificado gran parte de su tiempo libre para encontrarse con otros jóvenes y organizarse en clubes deportivos, asociaciones culturales, grupos creativos, campamentos... En definitiva, exista o no la famosa crisis, el grado de implicación nunca había sido tan alto. Mi objetivo, ahora, es reflexionar sobre éstos últimos, los jóvenes que participan en los campamentos.

¿Cómo es la juventud que participa en campamentos? Una de las aportaciones de la sociedad postmoderna ha sido la industrialización del tiempo libre. Ese espacio que puede convertirse en puro ocio y en un negocio terriblemente lucrativo es también el marco de lo que la UNESCO llamó educación no formal. Un territorio donde siempre se han movido con soltura las personas que fácilmente se animan a participar en proyectos educativos. Antes era un territorio reservado para esos individuos que, voluntariamente, sacrificaban parte de sus vacaciones para ofrecer una posibilidad de desarrollo a los/as jóvenes que quisieran disfrutarlo. El objetivo primordial era crear ese escenario donde los individuos encuentran oportunidades de progreso personal y de auto educación. Los años ochenta aportaron la mercantilización de ese espacio. Se crearon muchas empresas, algunas serias y competitivas, con ideas frescas y objetivos realmente educativos, pero la mayoría tan sólo pretendían ocupar el tiempo con actividades de las que muchas veces no se desprendía ningún contenido formativo pero sí beneficios sustanciosos. Las circunstancias me han llevado a participar y dirigir campamentos de todo tipo. A mi entender, si abordamos las distintas formas de asumir la organización y programación de un campamento, llegaríamos a la conclusión de que existen en la actualidad tres modelos básicos de campamento que conviven en el ámbito del tiempo libre juvenil. 1. Campamento comercial Se trata de una tipología creada recientemente. No tendrá más de dos décadas de vida, pero ya ocupa un buen lugar en cuanto al ranking de participantes. Es una oferta elaborada por una entidad o empresa cuyo fin último es producir beneficios. Como es lógico, el fin es lícito, pero la forma de llegar a él puede entenderse de maneras diversas. Algunas empresas explotadoras de instalaciones contratan la planificación pedagógica a entidades pedagógicas o grupos de monitores. Queda en manos de esa entidad contratada la calidad del servicio, aunque las limitaciones de presupuesto son la coartada que la condicionan. Nadie duda de la buena voluntad de los equipos que quieren realizar su tarea de la forma más profesional posible, pero generalmente es la empresa la que marca el carácter. Suelen asistir jóvenes que acceden a través de la publicidad directa o indirecta, y algunos comerciales que venden directamente el campamento disfrutan de suculentas comisiones. Acostumbran a ofrecer actividades estrella y rellenan el resto del tiempo con actividades baratas y poco ambiciosas. Muy a menudo se abusa del balón (¿Hay algo más barato?). Ocasionalmente la calidad de las actividades puede verse limitada porque se subcontratan a empresas cuyo interés es económico y no pedagógico, y los monitores responsables de esas actividades corren el peligro de estar más pendientes del reloj que de los asistentes al campamento. Para algunas de esas empresas lo más importante es que

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pasen 50 jóvenes por hora por el rocódromo, no que aprendan a escalar. En una ocasión un monitor que controlaba el freno de un puente tirolés abandonó su puesto a las seis en punto. Debía cumplir su horario. Faltaban sólo tres chicos por bajar. Otras empresas se plantean muy seriamente la calidad de su oferta. Eligen bien al equipo responsable y se preocupan por la eficacia de las actividades. Pero generalmente el precio es bastante alto, muy poco asequible para la mayoría. Las instalaciones pueden variar desde cabañas hasta hoteles, pero siempre con servicios amplios y comodidades, como lavandería. Algunos campamentos gozan de subvención. Hay colegios privados que organizan sus turnos de campamentos. 2. Campamento abierto Una institución o una entidad sin ánimo de lucro son los titulares de este tipo de campamento. La preocupación y el interés por la calidad formativa de la oferta es muy superior al tipo anterior, así como la profesionalidad con que se asumen los objetivos pedagógicos. Dado que todo gira alrededor de la satisfacción del participante, las actividades se programan con responsabilidad y seriedad. La mayoría de estos campamentos entienden que su objetivo fundamental es potenciar la formación del individuo, y plantean la estancia como un proceso de enriquecimiento y progreso. Muchos de los monitores son personas motivadas que provienen de la propia estructura del campamento; es decir: que han avanzado desde la condición de participante a la de responsable. Algunos de ellos son voluntarios y no reciben sueldo alguno, aunque sí un buen bagaje de experiencias y mucha práctica. Otros miembros del equipo son profesionales o se dedican a la educación en el tiempo libre a tiempo parcial. Las instituciones subvencionan muchos de estos campamentos, mediante convenios o aportación directa. La gran intensidad de las vivencias suele motivar a algunos asistentes a repetir año tras año y a incorporarse a la estructura cuando la edad lo permite. Las instalaciones acostumbran a ser fijas y básicamente cabañas de madera o tiendas sofisticadas, con literas, armarios, etc. Pueden asistir jóvenes de procedencias distintas, que se inscriben en la propia entidad o a través de las instituciones que los apoyan. 3. Campamento como objetivo final Es el origen de los campamentos. Se inspira en las prácticas de Baden Powell, que impulsó la educación al aire libre de los muchachos y de las chicas a principios del siglo XX. Su método, el escultismo, scouting en inglés, se sigue en todo el mundo. El campamento se entiende como la fase final en el proceso educativo del joven, que se realiza durante todo el año. Rara vez se acampa en instalaciones fijas, sino que se civilizan terrenos libres. Siempre plantan tiendas. Le dan mucha importancia al proceso de aprendizaje técnico y al juego institucional, que sirve en definitiva para formar individuos independientes y dispuestos al liderazgo. La mayoría de grupos que siguen esta metodología abandonaron hace años el carácter y la liturgia militares de los principios. En España se practica mayoritariamente un escultismo moderno y abierto, pero el compromiso que exige a sus afiliados es algo rígido y está suavizando sus formas para adaptarse a la sociedad del siglo XXI. Tanto la metodología como los campamentos marcan una huella tan profunda entre sus practicantes que sus equipos pedagógicos se nutren casi exclusiva-

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mente de jóvenes que proceden de sus filas. Generalmente participan en los campamentos de verano tan sólo los miembros de los grupos constituidos, aunque no se descarta realizar turnos paralelos con participantes ajenos a la organización. Gozan de convenios con las instituciones y acostumbran a tener peso en los Consejos de Juventud porque están muy organizados. Existen, evidentemente, otros modelos, seguramente híbridos entre los tres anteriores. Categorizar significa habitualmente simplificar. El grado de implicación de los y las jóvenes que participan en el proceso de realización de los campamentos y las vivencias que de ellos se derivan depende, como es lógico, de la profundidad de su planteamiento. La mayoría de participantes en el campamento comercial son jóvenes no encuadrados en ninguna asociación juvenil, de padres comprometidos profesionalmente, sin tiempo de dedicación fuera de las vacaciones. Para algunos es una forma saludable y práctica de “aparcar” a su hijo/a durante un tiempo para que esté controlado y no se desvíe del camino. Cabe decir que también asisten jóvenes que han efectuado conscientemente su elección e hijos/as de padres comprometidos en darles una educación completa que piensan que a más coste, mejor servicio. Al campamento abierto asisten también algunos jóvenes “aparcados/as”, que a pesar de no estar muy motivados/as acaban integrándose bien en la estructura campamental. La mayoría, sin embargo, son jóvenes activos que buscan un espacio de convivencia y aventura que sólo allí pueden encontrar. Muchos/as son asistentes fijos/as, fieles incondicionales que muy probablemente se incorporarán al equipo. El campamento cerrado se reserva para los afiliados/as que han completado el curso, jóvenes perfectamente motivados/as y concienciados/as de su responsabilidad.

¿Qué busca la juventud en los campamentos? Las necesidades son una forma primaria de motivación. Nuestra conducta tiene como finalidad la satisfacción de necesidades. Cuando hemos satisfecho esas necesidades, dejan de ser elementos de motivación. Entonces el ciclo se regenera y desarrollamos espontáneamente otras necesidades que nos disponemos a satisfacer. A medida que desplegamos este proceso nos desarrollamos como personas. Cada persona realiza el proceso en forma y ritmo diferentes. Las motivaciones de un individuo pueden diferir enormemente de las de otro, pero el interés y el deseo de satisfacción no varían. Ante la idea de asistir a un campamento, como ante cualquier otra oferta opcional, las personas encaramos las perspectivas con multitud de planteamientos distintos. No sería muy atrevido afirmar que hay tantas maneras de asumir las expectativas que se abren ante un joven que se prepara para el viaje como personas que se lo plantean. Cada uno/a tiene sus intereses, mayoritariamente conjugables con los de los demás jóvenes, y el campamento dispone de herramientas suficientemente persuasivas como para no defraudar a -casi- nadie. Entre todas las expectativas que se abren ante sus ojos, yo destacaría:

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Diversión La mayoría de los y las jóvenes a los que he preguntado por sus preferencias han marcado ésta como la más importante. Casi todo el mundo procura ocupar su tiempo libre con actividades que resulten entretenidas, recreativas, pero ante todo, divertidas. Naturalmente, buscar diversión no significa negarse a planteamientos serios ni eludir responsabilidades, pero el buen humor, y el aire festivo deben presidir el tono general de las actividades que llenan nuestras horas de vacaciones. Cabe destacar que uso el término diversión en un sentido muy amplio, procurando alejarme de las connotaciones que los adultos solemos atribuir al concepto. Debemos recordar que los y las jóvenes confiesan que se divierten, incluso, pasando largos ratos de inactividad junto a los compañeros/as, charlando simplemente con un amigo/a, compartiendo ratos y temas con otros jóvenes sentados en el respaldo de un banco de un parque o plaza. Acción Es decir: movimiento. Incluso las personas más vivencialmente intelectivas necesitan sus recesos. Lo más común es que las actividades programadas en un campamento tiendan a motivar o promover la acción. Los juegos, las rutas, los talleres, procuran que la mente y el cuerpo estén permanentemente ocupados, y por lo tanto resulta natural que después de unos momentos de relajación se desarrollen actividades que potencien el movimiento, el ejercicio, la actividad física, la concentración. Aprendizaje Muchos adultos opinan que los/as jóvenes de hoy no manifiestan curiosidad. Yo diría que tienen curiosidad, pero que sin embargo se centra en otros intereses. Descubrir el mundo que les rodea sigue siendo una actividad preferente entre los/as jóvenes, pero siempre orientado hacia su particular manera de ver y comprender el entorno, al mismo tiempo que se plantea de forma libre y alejada de cualquier imposición. Durante un campamento internacional en Italia visitamos Ravenna y en especial la tumba de Gala Placidia. Algunos de los jóvenes asistentes se habían preparado una breve exposición para motivar la curiosidad de sus compañeros/as, pero vieron –vimos- frustrados nuestros propósitos. Su curiosidad por el mérito y la perfección en la colocación de los mosaicos que cubren las bóvedas del mausoleo fue casi nula, y los responsables manifestamos nuestra sorpresa porque considerábamos que el grupo era bastante permeable a la apreciación del arte y la cultura. Sin embargo, fuera ya del recinto artístico, sin que nadie decidiera provocar una parada intencionada, nos encontramos observando atentamente cómo un grupo de obreros colocaba con paciencia y profesionalidad el pavimento en las calles. Se trataba de las típicas pequeñas piedras en forma de media luna que cubren centenares de calles y plazas en media Europa. Nuestros chicos y chicas contemplaban extasiados cómo los trabajadores construían el pavimento casi con el tacto, agarrando una piedra con la mano izquierda, midiéndola y calculando su tamaño sin mirarla mientras con la mano derecha se procedía a implantar una piedra en su sitio mediante pequeños golpes con un martillo. En aquella situación la curiosidad brotó espontáneamente; antes no habíamos podido cautivarla. Estoy convencido que si hubiéramos realizado la visita al recinto histórico después de haber observado el trabajo complejo y eficien-

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te de los pavimentadores se hubiera producido una respuesta mucho más motivada. Los/as jóvenes tienden al aprendizaje de técnicas y conceptos nuevos. Buscan constantemente, experimentan, innovan, replantean sus ideas. Por ello los programas de los campamentos suelen ofrecer elementos apasionantes que favorecen el aprendizaje artístico, musical, artesanal, etc., y habitualmente las actividades que giran en torno a ese eje suelen obtener triunfos importantes. Convivencia La convivencia en grupos de características parecidas es una tendencia natural de los seres vivos, pero en los/as jóvenes está quizá, algo acentuada. Creo que ante estas circunstancias no son demasiado reflexivos, y cualquier intento de profundizar demasiado en objetivos o estrategias por parte de los educadores suele terminar chocando con la realidad. Los/as jóvenes se juntan según los aspectos más imprevisibles: una mirada, un olor, una palabra escuchada en un momento determinado, una prenda o un estilo de ropa, cualquier excusa es válida para establecer un contacto y comenzar una relación interpersonal. Un campamento cuenta con numerosas actividades que tienen por objetivo potenciar el sentido de grupo, la conciencia de colectivo movido por unos intereses parecidos, pero también ofrece muchas posibilidades para el intercambio de vivencias no mediatizadas, espontáneas, que habitualmente son igualmente enriquecedoras. Un campamento debe contar con ratos de libertad que permitan que los/as participantes se agrupen a su manera y nazcan posibilidades de profundizar en el conocimiento del otro y la distribución del tejido social. Los/as jóvenes lo saben, y solicitan informaciones de esta índole, como la cantidad de personas de su edad, su procedencia geográfica, su sexo... La preocupación por conocer el ámbito de relación que se producirá en el campamento delata un interés por asumir un rol, dentro de un grupo, por desarrollar el sentido de pertenencia. Respeto Si no es que se trata de un grupo de jóvenes que decide inscribirse en bloque a una actividad campamental, que presenta otras coordenadas, el y la joven espera que su integración en el escenario donde se desarrolla la actividad se basará en el respeto. El y la joven tiende a evitar el conflicto, por lo que intentará aportar al grupo dentro de su personalidad pero sin alterar sus principios. El candidato/a a asistente es a veces receloso cuando descubre grados de competitividad que dificultan la integración. Los grupos cerrados, o casi cerrados, los grupos de jóvenes que asisten juntos a un mismo campamento desde hace años, suelen ser temidos por los recién llegados, porque demandan mucho más esfuerzo de adaptación ya que tienen constituida una dinámica interna difícil de romper. El y la joven velan por su seguridad, y por ello agradecen que el marco en el cual van a integrarse sea abierto, considerado y cordial. Alternativas Asistir a un campamento es también una forma de romper con la rutina. Por ello un aspirante confía que participar sea una forma de practicar deportes distintos a los habituales, realizar actividades que rompan con lo que gene-

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ralmente se le ofrece a través de las entidades que a ello se dedican. Sin duda existen ofertas que carecen de ideas innovadoras y ofrecen en su programa un exceso de balón y piscina. Esta pobreza de alternativas es detectada con facilidad por el joven y acostumbra a provocar descontentos. En el Pirineo, donde la densidad de actividades provoca coincidencias en el tiempo y el espacio de campamentos de titularidad y enfoques distintos, se dan casos de transfuguismo difíciles de remediar: algunos/as jóvenes, atraídos/as por la variedad y característica alternativa de las actividades del campamento vecino, abandonan disimuladamente el grupo propio para integrarse de forma camuflada en el campamento contiguo, hecho que provoca a veces malestar entre los dos equipos de responsables. Los horizontes, por tanto, deben ser cuanto más anchos, mejor, y las posibilidades de contrastar los automatismos, los hábitos, las experiencias que pueden llegar a resultar tediosas deben ofrecerse como un objetivo inmediato. Utilidad El sentido práctico que parece presidir la mayoría de las acciones de los/as jóvenes se manifiesta también en relación a los campamentos de verano. Por lo que parece, esa esperanza de utilidad de las actividades que se van a realizar es algo instintivo, ligado según mi opinión más a la diversión y al aprendizaje que a otros aspectos más sociales de las estancias veraniegas. No le niego utilidad a la convivencia, por supuesto, simplemente constato que los y las jóvenes perciben la relación con sus congéneres como algo natural que nada tiene que ver con la utilidad, sino que más bien piensan que lo más provechoso es lo que se desprende de una técnica aprendida o de un momento cargado de simbología, algo más palpable y evaluable, en definitiva. Posibilidad de aportar Un campamento es también una oportunidad para contrastar el yo de ese ser en crecimiento y continua experimentación que es el joven, con los otros yo que se encuentran en su área de influencia. Es un buen marco de afirmación personal, un ámbito ideal para aportaciones espontáneas pero también enriquecedoras. Creo que a estas ganas de merecer consideración se debe la facilidad con que los jóvenes participantes en nuestras actividades se brindan para colaborar en la organización, para participar en las decisiones, para asumir responsabilidades que, en principio, suelen depositarse sobre miembros del equipo dirigente. Los/as educadores/as sabemos bien cuán importante es contar con esas aportaciones voluntarias y desinteresadas y la capacidad educativa de primera mano que nos brindan. Nadie debe abandonar su puesto y los equipos de responsables no deben renunciar a sus compromisos, pero tampoco debemos olvidar que sólo se puede aprender a ser responsable si uno/a puede asumir responsabilidades. Formar parte de un grupo donde desarrollar su seguridad Relacionado con todo lo anterior, el grupo es el marco que permite afrontar los retos y desenvolver un determinado protagonismo pero al mismo tiempo es la masa donde uno puede esconderse, es el ámbito que da entidad a los individuos que lo forman porque es una suma de identidades. El grupo es el sitio donde nacen y se refuerzan los liderazgos pero también el lugar donde se manifiesta con más claridad la uniformidad de la masa. Esta característica poliédrica del grupo permite que cada cuál encuentre respuestas a sus nece-

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sidades particulares y la mayoría se sienta cómoda y satisfecha. Naturalmente, el grupo no es un ente cerrado y estático, sino que, como el joven, se encuentra en evolución constante, progresa y retrocede, pero generalmente ofrece atractivos para todas las sensibilidades. Intimidad Hasta ahora he procurado no plasmar de forma prosaica las opiniones que he recogido durante los años que he estado al frente de campamentos de toda índole. Seguramente el lector habrá echado de menos una de las motivaciones más claras que los/as jóvenes manifiestan abiertamente cuando son preguntados/as en relación a sus expectativas de cara a un campamento. Muchos jóvenes afirman que un campamento es un buen sitio donde ligar, y así esperan que sea la propuesta que tienen ante sí. Pero la mayor parte de las veces que la conversación deriva hacia estas ideas, terminan por reconocer que lo que en realidad buscan no es otra cosa que un campo abierto de convivencia que pueda llegar a tener carga sexual. Dicho de otra forma: lo importante es que el grupo sea heterogéneo y lo suficientemente numeroso para que se puedan obtener compensaciones respecto a la afectividad, la intimidad o el sexo. Preguntados abiertamente, los interesados suelen responder que aunque les encantaría encontrar pareja, no desean alejarse del grupo. La realidad suele ser otra, pero eso es una cuestión distinta. Hasta aquí las expectativas. Pero, una vez dentro de ese torbellino cautivador que es un campamento, e incluso finalizado éste, ha llegado la hora de las constataciones.

¿Qué encuentran los jóvenes en los campamentos? El campamento es el escenario de una serie de descubrimientos que se enlazan: los demás, uno mismo, los jóvenes adultos (es decir, los monitores), el sentido de grupo, la responsabilidad, la renuncia... Las expectativas disminuyen o se multiplican, según las realidades, pero la estancia genera un poso que, si nos encontramos ante una actividad sólida y bien regida, pasa a ser fundamental en la formación del individuo. En sus valoraciones, los jóvenes suelen destacar lo siguiente: La acción Arriba. Abajo. No parar. Tener muy poco tiempo para uno mismo. Mucha actividad física. Bastante actividad intelectual. Las canciones, el teatro, los servicios a la comunidad. No parar. Falta de tiempo libre. Y la noche. Esa magia que desprende, que nos empuja a las más íntimas confesiones, a entregar algo que guardábamos celosamente para nosotros mismos... Creo que la tónica general es que los campamentos actuales están repletos de acción. En ese sentido, los educadores comentamos que un objetivo implícito es que los/as jóvenes lleguen derrotados/as a la noche. Pero me parece que esto es más una leyenda que una realidad objetivable. Desde luego, no hay nadie tan insensato como para programar actividad tras actividad sin dejar ratos para el descanso y la convivencia no mediatizada. Se percibe que tras la concepción de la actividad los equipos de responsables incluimos también esos ratos, esos momentos que pueden tomarse como un respiro pero que no son un descanso, porque son muy importantes para el ritmo del campamento y la consecución de los objetivos finales. Concretando: como

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director de campamentos, pocas veces me he encontrado con un monitor/a que, llegada la hora de la piscina, se siente en un rincón a tomar el sol y abandone el grupo, desperdiciando unos momentos que son básicos para que se estrechen lazos y se establezcan relaciones espontáneas. Esas pocas veces he intentado reconducir la tarea pedagógica, pero hay que constatar que si un monitor/a no entiende algo tan básico difícilmente llegará a ser un buen educador. Progreso Generalmente, los/as jóvenes quieren expresar que han avanzado, que han progresado, que han evolucionado, pero no saben con qué palabras definir lo que les ha sucedido. Han experimentado una variación en su forma de ver el mundo, de asumir sus responsabilidades, de relacionarse con los demás, pero les faltan –como es lógico-, elementos de juicio para realizar un análisis más profundo. Por ello he decidido que el progreso personal ocupe el segundo plano en cuanto a los logros o consecuciones de un campamento. Se trata de un enriquecimiento global que en campamentos de gran profundidad pedagógica es fácilmente evaluable por parte del equipo dirigente, pero que en campamentos más “sueltos” resulta algo complicado de sistematizar. De hecho, los epígrafes que vienen a continuación lo desarrollan convenientemente, pero me parece que se podría sintetizar definiéndolo como un reto encadenado. La mayor parte de las veces el grupo se forma progresivamente a medida que la estancia avanza. Al principio se trata de un colectivo absolutamente heterogéneo (excepto en la edad, aunque a veces incluso en ese extremo) de personas que esperan mucho y están poco dispuestas a dar. El primer reto es hacer comprender a los acampados/as que ese grupo es como un cuerpo en desarrollo, y que su participación es absolutamente indispensable para que el desarrollo sea exitoso. Como es obvio, no son las palabras las que explican estos conceptos, sino la actitud educadora de los responsables, las demandas de respuesta a los problemas que se presentan a diario, la necesidad de adaptar a una realidad objetivable lo que hasta entonces no era más que un proyecto imaginable. Yo soy de los que piensan que el éxito de un buen campamento depende sobre todo de su preparación. Incluso he llegado a afirmar que más de la mitad del campamento es la planificación. Pero no olvidemos que la capacidad de conducción de los procesos por parte del equipo responsable es la otra mitad del éxito. En esto consiste el segundo reto, en conseguir que de una forma natural y sin imposición el grupo se dote de una organización interna que asegure la superación colectiva. Valen los razonamientos, valen argumentos y convicciones, pero no vale obligar, ni amenazar, ni sustituir a los jóvenes en su papel en el grupo. El tercer reto vendría como consecuencia: se trataría de obtener un compromiso tanto individual como colectivo de respeto a la norma que nos hemos dado. Estamos construyendo una sociedad nueva desde abajo, desde el principio. Los procesos naturales deben guiarnos hasta lograr un grupo de jóvenes compacto y comprometido en sus responsabilidades y su crecimiento, su auto educación. El grupo no debe ser la excusa para la disolución de las identidades individuales, sino la suma de esas identidades, el ámbito donde cada cual ocupa su lugar y se siente cómodo ocupándolo. Trabajo en equipo La primera estrategia para reconducir la individualidad es el trabajo en equipo. Multitud de realizaciones dependen de una buena distribución del traba-

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jo, y generalmente las programaciones suelen incluir elementos de autoaprendizaje de estas técnicas durante los primeros días. Haciéndolo todo entre todos se refuerza al individuo –porque encuentra una posición cómoda de colaboración- y se refuerza al grupo –porque el éxito es debido a la coordinación de tareas. El trabajo en equipo hace que surjan los aspectos más elementales de la personalidad de sus miembros. Dado que es una herramienta que explicita las responsabilidades, aclara el lugar que ocupa cada uno y su grado de implicación. Ante el logro colectivo el líder natural refuerza su papel de coordinador y la persona tímida o insegura dispone de mecanismos para sentir el apoyo del grupo y avanzar hacia el autodominio y el progreso personal. Organización La organización permite que cada cual pueda desarrollar su itinerario de progreso personal de acuerdo con sus posibilidades. Las responsabilidades se explicitan, de manera que los avances y retrocesos son directamente comprobables. Si hay retrocesos, no se trata de culpar a nadie, sino de mejorar la organización. Si se avanza, se debe resaltar el triunfo de todos basado en el papel de cada uno. Referencias de identidad De esta manera, el grupo ofrece un manto donde cada joven puede sentirse cobijado siendo él mismo, aportando según sus posibilidades, creciendo según sus retos, comprometiéndose según sus capacidades. El grupo da por superados aspectos que corresponden a etapas anteriores de la vida, como la autogestión, para poner su acento en la cogestión. El sentido de pertenencia al grupo puede manifestarse, y de hecho muchas veces se manifiesta, mediante la competitividad con respecto a otros grupos. Siempre que esta competencia sea sana y permita el desarrollo equilibrado del individuo puede colaborar en el proceso del crecimiento personal y social. Se debe, por tanto, huir de los conceptos primarios que conducen a algunos/as jóvenes y a los grupos que les dan amparo a autoafirmarse por exclusión. Es decir, que los grupos deben existir por sus cualidades y no por oposición a los demás grupos. Tienen que existir para si, nunca contra otros. Ello conduce a la marginalidad, a la provocación de conflictos gratuitos, a la estupidez. El placer de compartir Se establece entonces una dinámica que genera satisfacción porque la pertenencia al grupo se basa en unas aportaciones que se apoyan en la satisfacción general. Esto acarrea consecuencias como la renuncia voluntaria al individualismo y se adquiere un profundo sentido de colectivo que promueve la participación y la entrega. El grupo tiende a la madurez, y los esfuerzos se centran en mantener esa intensidad de organización que está proporcionando ventajas para todos. El sentido de grupo es el terreno en el que se mueven todas las aportaciones. La colaboración de todos es importante y valorada de forma semejante. La coeducación El campamento es asimismo el marco donde se manifiestan hábitos que tienden a mantener una distribución de los roles sociales de acuerdo con el

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género de los componentes. La tarea educativa consiste en replantear todo el sistema para llegar a una igualdad de responsabilidades en cuanto al sexo se refiere. Este objetivo básico es muchas veces difícil de explicitar, y en muchos casos no es el rol masculino, que acostumbra a ser más cómodo, el que tiende a conformarse. El educador debe tender a ligar el principio de la igualdad de sexos a la madurez del grupo, considerándolo un éxito más –si se da el caso-, pero también un elemento básico de la organización. El consenso La democracia orgánica conduce a veces a la simplificación de los fenómenos y a la destrucción de la participación. Es, por lo tanto, un principio que debe revisarse de cara a la organización de un campamento. Porque en muchas ocasiones la tendencia del joven participante es la de eludir las responsabilidades mediante la delegación. Al fin y al cabo es lo que ha visto a su alrededor. Y todo ello se agrava en el momento en que la toma de decisiones se complica porque exige debate. Muchos participantes huyen del debate porque exige esfuerzos y planteamientos claros: hace falta argumentar, hay que saber ceder, hay que saber reconocer las razones de los demás... La tendencia a tomar decisiones por la vía directa de la votación empobrece la concepción del grupo. Un grupo maduro sabe que las decisiones se toman por consenso, que hay que escuchar todas las opiniones, que hay que respetar a la minoría... Los miembros de un grupo maduro entienden que su progreso depende de los apoyos que saben dar y recibir, de la solidaridad que son capaces de demostrar... La comodidad de cada uno dentro de esa estructura tan ambiciosa depende de cómo se sienta aceptado. Por eso es tan básico evitar la tan recurrente tendencia a solucionar mediante votaciones que niegan el debate las problemáticas que el día a día del campamento genera. El consenso es el valor de la cohesión del grupo. Muchos jóvenes aprecian, en las inmediatas valoraciones que se hacen al finalizar un campamento, pero también con el distanciamiento que proporciona el análisis transcurrido un tiempo, como muy positivos los apoyos que como persona han recibido, no tanto de parte del equipo pedagógico, que cumple con su obligación, sino más bien por parte de sus compañeros de grupo. Algunos chicos/as a los que les ha costado integrarse admiten que las decisiones tomadas por consenso contribuyeron enormemente a conseguir que se considerara parte integrante del grupo constituido. Pero no sólo eso. Algunos aseguran que saben leer con más profundidad la realidad que les rodea, otros que ahora ven las cosas más claras, otros que hay que mojarse más, que hay que intervenir, reivindicar, exigir. Pocos manifiestan abiertamente que han adquirido sentido crítico, pero en el fondo todos saben que han aprendido a mirar las cosas con ojos distintos y a proyectarse hacia los demás. El éxito de los campamentos como elemento formador de la personalidad se aprecia en tanto que uno comprueba el grado de persuasión que este mundo de aventura planificada tiene sobre los/as jóvenes que los y las empuja a adoptar una actitud participativa y comprometida ante la sociedad. Esta actitud participativa puede centrarse en ofrecer un servicio dentro del mismo ámbito de los campamentos –llegar a ser monitor/a, en definitiva-, pero también en su relación con las estructuras sociales o el tejido asociativo juvenil. Muchos jóvenes han aprendido en los campamentos el respeto a la naturaleza, la importancia de participar en la sociedad, la forma de organizarse, el respeto a las opiniones de los demás, la pertenencia a un colectivo que sabe gobernarse mediante sus propias normas... y se inscriben en aso-

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ciaciones juveniles, deportivas, ecologistas, organizaciones no gubernamentales, etc. Naturalmente, todo eso no es exclusivo de los campamentos, y puede aprenderse en la familia, en la calle. A mí me gusta decir que los campamentos son una especie de curso intensivo de civismo. Es un aprendizaje concentrado, inyectado, vivido. Por eso crea adicción. Brinda oportunidades para todos –los/as educadores/as también aprenden- y desarrolla aspectos de la personalidad de forma rápida y definitiva. Participar en un campamento enseña un estilo de vida.

El marco educativo del campamento: construyamos la ciudad Cuando asistimos a un campamento abandonamos temporalmente un marco de referencia –la familia, nuestra ciudad de procedencia, nuestro barrio- para integrarnos a una nueva entidad, un nuevo barrio, una nueva ciudad. Existen unas infraestructuras básicas que nos permiten no partir de la nada, pero todo lo demás está por hacer: - El espacio debe organizarse, debe quedar delimitado, hay que repartirlo, distribuirlo, normativizarlo. - El tiempo debe regularse, cada actividad tiene su momento, su duración, hay que velar por la puntualidad, la simultaneidad. - Las normas deben elaborarse, hay que prever todas las circunstancias, hay que recordar que todos somos iguales, hay que concretar para facilitar, hay que comprometerse a respetarlas. - La organización: las tareas deben distribuirse, hay que constituir instituciones, las decisiones deben tomarse en esas instituciones, hay que aceptar el consenso, hay que respetar todas las opiniones, las asambleas... Como habitantes de la nueva ciudad, debemos sentirnos participes de un gran proyecto y participar con nuestro grano de arena. La ciudad que hemos construido nos define, nos representa, nos exige. Conseguir la civilización, crear la ciudad a nuestra medida, es un juego de lo más estimulante, pero como es lógico, no se trata de una actividad inocente, sino de una actividad apoyada en unos objetivos muy claros que se relacionan con el rumbo hacia la madurez personal. Se establece un juego institucional que hace crecer al grupo mediante fases estructuradas, proceso comúnmente llamado pedagogía del proyecto. El proyecto no es un propósito neutro, sino un mecanismo perfectamente estructurado para obtener rendimientos formativos en cada fase:

La pedagogía del proyecto: 1. detectar las necesidades 2. proponer acciones 3. definir los objetivos 4. trazar los contenidos 5. realizar 6. evaluar para rectificar 7. revisar

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La participación del educador es indispensable en este desarrollo, y debe ser discreta y positiva, basada en la convivencia continua y próxima, buscando más la empatía que el protagonismo, con una presencia estimuladora e interrogadora, ayudando a integrarse de forma crítica y activa en la sociedad.

Un/a joven llamado monitor/a Hay distintos elementos que inciden en el gran potencial formativo de los campamentos, pero sin duda el más significativo es el papel del monitor/a. El/la monitor/a es un joven –y como tal, en proceso continuo de formaciónque por su grado de madurez y por su instrucción ha adquirido unas capacidades que, en contacto con otros jóvenes, generalmente menores que él, potencian los recursos educativos. Las motivaciones que empujan a un joven a tomar el camino son múltiples, y de proyecciones distintas, desde los jóvenes que se dejan arrastrar por la inercia del grupo del que forman parte hasta los que asumen el compromiso de intentar mejorar el mundo que nos ha tocado vivir con su aportación modesta pero significativa. Cualquier persona no es válida para la función de monitor/a, de la misma manera que no cualquier persona sirve para maestro/a, o para sacerdote. Se deben dar unas cualidades básicas que en la mayor parte de las ocasiones pueden adquirirse en contacto con el método de los campamentos, más que en los cursos de formación. Me interesan especialmente esos jóvenes que, afectados por una extraña enfermedad que los empuja a acercarse al mundo del tiempo libre, van descubriendo poco a poco que su papel como formadores en la relación con otros jóvenes es fundamental. Siempre he creído que existe un instinto especial, realmente difícil de explicar, que permite que una persona llegue a ser un buen educador/a. El primer paso, como es lógico, depende de la voluntad y el interés personal, pero la comprensión del papel de monitor/a en toda su complejidad se logra después de una etapa de aprendizaje práctico y muchas horas de vuelo. Para mí siempre ha sido muy interesante asistir a la evolución de los jóvenes que han formado parte de mis equipos, esperando el momento en que sucede el milagro. Horas y horas de psicología, de técnicas de animación, de teorías rebuscadas y a veces alejadas de la realidad no suelen ser el elemento catalizador que empuje al joven a descubrir la magia de su tarea, a sentir sobre la piel el reto de situarse frente al grupo. No quiero parecer esotérico, pero soy consciente de que resulta difícil de entender para los no iniciados. A veces lo simplifico explicando que un buen/a monitor es aquél o aquella que es capaz de estar de vuelta cuando el grupo comienza a caminar. O que puede presumir de saber casi con certeza qué dirá tal componente del grupo cuando toma la palabra, o cómo evolucionará la asamblea. O que es capaz de anticiparse a un problema que se puede intuir. Llegado este momento estamos frente al monitor/a en toda la extensión de la palabra, un ser que como es lógico evolucionará pero que dispondrá ya en su interior de todos los mecanismos que le permitirán ejercer el control sobre su progreso personal. Ese potencial educativo del joven monitor le viene dado por su proximidad al grupo y sus problemáticas, pero sobretodo por la conciencia que su convivencia con el grupo no es inocente.

La convivencia interesada En cualquier fase del proceso de configuración del grupo de jóvenes, las circunstancias exigen la participación de todos los miembros para que el grupo

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sea dinámico, que avance hacia un objetivo más o menos explicito. Como es lógico, del monitor se espera más que de los demás miembros, pero su intervención, que tiene siempre presente el interés por ofrecer elementos de autoformación para el grupo, obedece a un empeño catalizador de procesos más que a la función de resolución de dificultades. El monitor o la monitora ayuda a centrar el tema, a delimitar los límites del conflicto, a establecer los mecanismos necesarios para que sea el grupo el que se autorregule. Son necesarias, en su bagaje de capacidades, unas dosis de capacidad de análisis del entorno inmediato, que le ayuden a enfocar su intervención en un sentido u otro. Su participación por tanto tiene que parecer una más entre las de todos los miembros, pero cualitativamente nunca debe ser una más, porque en el trasfondo de su actuación está siempre el objetivo inmediato del perfeccionamiento grupal. Cada circunstancia exige una intervención distinta. Lo más importante, la convivencia continuada y productiva con los demás jóvenes, le dará la seguridad de conocer la dinámica interna del grupo y, por tanto, las expectativas de éxito en el peregrinaje. Pero estamos ante un proceso, y por lo tanto, las tareas concretas de la intervención, las estrategias que potencien la autorregulación y la resolución de los conflictos, variarán no sólo por causa de la fase en que nos hallamos, sino también en relación a otros parámetros, como por ejemplo el grado de conflictividad del contexto, la actividad que se realiza o incluso la parte del día en que nos encontramos. Siempre con la intención de clarificar y facilitar la comprensión de los elementos que conforman el proceso educativo, me he permitido resumir la intervención educativa del formador en cuatro estrategias: Enmarcar Significa situar, dar las coordenadas, explicar dónde nos encontramos, comentar lo que nos disponemos a hacer, clarificar las normas, exponer qué se espera que suceda. En definitiva, poner un marco comprensible para todos a la situación del momento. Estamos enmarcando cuando explicamos las normas de un juego nuevo, estamos enmarcando cuando recordamos las actividades previstas para el día, enmarcamos cuando recordamos las decisiones que el grupo tomó ayer, cuando presentamos algún cambio en la situación, cuando introducimos a alguien en el grupo, cuando señalamos la distribución del trabajo en equipo... Puede parecer una estrategia poco relevante, pero la experiencia nos confirma que muchos problemas pueden derivarse de los errores en el enmarque: juegos que funcionan mal porque las normas no están claras, lesiones derivadas de interpretaciones erróneas de las medidas de seguridad... Animar Hay quien confunde animar con provocar jaleo. Gritar más no significa decir cosas más interesantes. Para mí, ésta es la tarea más compleja del educador. Supone proporcionar las condiciones necesarias para que todos los miembros del grupo puedan aportar todo lo que tienen de creativo y de personal. El animador –educador- debe disponer de los medios que permitan que el joven crezca, que el grupo crezca, se desarrolle, construya su personalidad. Como en tantos otros aspectos, el animador convence cuando está convencido, por lo que la mayor parte de las ocasiones se anima al grupo a través de la actitud, serena y responsable, siempre dispuesta y al mismo tiempo

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exigente, del monitor. No se trata de que el grupo sea un reflejo de lo que el monitor diga, piense o desee. Se trata de que el grupo se contagie del buen hacer de su animador, de su buen humor, del respeto que muestra por los demás, de la atención que presta a los demás, de la equidad que manifiesta. El animador debe ser capaz de crear un espacio donde comprenderse permita descubrir nuevas experiencias, debe ser capaz de abrir una puerta para que el grupo avance y se dote de una estancia complaciente y acogedora. Animamos cuando apoyamos a alguien que se encuentra alicaído, animamos cuando propiciamos el diálogo, cuando conseguimos que el tímido se lance, cuando afloran problemas latentes, cuando reconducimos una situación para que resulte enriquecedora, cuando conseguimos que el grupo valore su éxito como un reto para seguir avanzando. Coordinar He conocido a jóvenes monitores/as que –como lógica etapa de su vidamanifestaban ante el grupo del cual eran responsables un excesivo protagonismo. Seguramente es el error más básico que todos los que hemos asumido la tarea de educadores hemos cometido en nuestros primeros tiempos. Creo que superar este defecto tiene mucho que ver con ese instinto especial que comentaba antes. Un buen/a monitor/ no se pone ante el grupo para decidir por él, para imponer su criterio, para sentir el placer de mandar. El monitor o monitora capacitado/a sabe conseguir que el grupo se distribuya los roles, que las responsabilidades se asuman, que cada uno sepa en todo momento dónde está y qué espera el grupo de su actuación. Coordinar es repartir medios para que la organización funcione, para que las respuestas mejoren, para que la participación sea automática. A veces es preferible un fracaso, si es que la lección puede llegar a asumirse como elemento generador de motivos educativos, a un éxito rotundo derivado del control excesivo del monitor sobre el grupo, del seguimiento implacable de cada miembro, de la imposición –de nuevo- de una determinada dinámica de funcionamiento que viene dictada por el responsable. Es esencial que el grupo encuentre su camino, ayudado –animado- por el monitor, hasta encontrar su propia organización. La coordinación exigirá entonces el cumplimiento de las responsabilidades, pero siempre de forma amable y abierta, sin culpabilizar ni dramatizar. Es decir: dentro del ámbito de la coordinación, el monitor debe ser capaz de exigir el cumplimiento de las normas que el grupo se ha dado y de las responsabilidades que cada uno ha aceptado, pero nunca debe olvidar que está ante personas que aprenden continuamente de cada circunstancia que viven, que reaccionan sólo ante los estímulos que son capaces de asimilar, que cada uno debe dar hasta donde sea capaz de llegar. Monitores/as demasiado exigentes pueden provocar conflictos que echen abajo los logros anteriores en el proceso de constitución del grupo. Revisar Analizar los procesos por los que pasamos en nuestro camino es una actividad altamente educativa. Celebrar los triunfos es conveniente, pero es mucho mejor comprender las claves que nos han llevado hasta la superación, y, sobretodo, valorar el papel que cada uno ha tenido con respecto a ese éxito. Excelentes educadores se encuentran algunas veces algo descontentos ante un éxito claro. Naturalmente, todo puede mejorar, las personas siempre pueden evolucionar mejor, más rápido, más abiertamente. Es tarea del direc-

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tor, entonces, ayudar al monitor a que encuentre el término exacto de valoración de su actuación, animarle a relativizar, afrontar la realidad desde un punto de vista menos substancial. Porque los grupos de jóvenes sufren infinitas variaciones, siguen rutas contradictorias, avanzan pero a veces retroceden más de lo avanzado, se rigen por unas normas que raramente son unitarias ni gozan del mismo grado de respeto por parte de todos los miembros del grupo. Revisar debe tener un aire de serenidad, de desdramatización. No se trata de conseguir el efecto contrario, que sería contentarse con lo que hemos alcanzado, negar la posibilidad de haber avanzado un poco más. Se trata más bien de extraer las enseñanzas que las conquistas, por pequeñas que sean, nos han proporcionado, y aprender de los pequeños errores que hayamos podido cometer en un proceso que no tiene nada de sencillo. Más bien al contrario: la complejidad de la evolución de los grupos de jóvenes justifica en la mayoría de los casos las limitaciones del proceso, ese lastre que debemos arrastrar. No en vano los educadores en el tiempo libre navegamos contra corriente: potenciamos el grupo cuando la sociedad nos empuja al individualismo; motivamos el compromiso mientras que la sociedad fomenta el conformismo; promovemos la auto educación cuando el mundo parece tender hacia la deseducación... Revisar es, por tanto, un engranaje importante del sistema, pero sin olvidar que puede ser más educativo un fracaso aleccionador, del cual se desprendan enseñanzas directas, que un éxito irreflexivo que genere prepotencia o soberbia. El campamento, concluyo, es el marco ideal para una formación personal y humana, por partida doble: ofrece al joven participante los mecanismos adecuados para progresar como persona y al monitor las oportunidades que le permiten situarse en un plano de evolución personal capaz de motivar y condicionar la evolución de la personalidad de otros jóvenes. Se genera, entonces, una situación de retroalimentación, básica y trascendente: el monitor progresa en cuanto que joven y en cuanto que responsable del grupo, pero también, no debemos olvidarlo, gracias al grupo y a las oportunidades que produce. El grupo es el marco donde cada uno desde su situación –también el monitor- recibe ocasiones de crecimiento.

La intervención educativa en la educación formal He comenzado diciendo que ante las continuas variaciones de los referentes juveniles, yo sigo creyendo que la interacción con los y las jóvenes es básica para su formación. Mi labor de profesor puede hacer suponer que digo esto último con un cierto aire de paternalismo. No confundamos los términos. La juventud es víctima del paternalismo obvio o enmascarado de la sociedad, y reconozco que muchos profesores y maestros no han tomado conciencia de ello e incluso colaboran desinteresadamente en el proceso. No es este el espacio ni el momento de analizar el papel que juega la enseñanza secundaria (por respeto a mí mismo y a los alumnos nunca llamo ESO a la etapa educativa de la primera adolescencia) sino de reflexionar entorno a si es posible aplicar a la enseñanza alguna de las metodologías que la educación no formal nos ofrece. En la educación formal el tiempo viene absolutamente marcado: tantas horas por asignatura, tantos minutos de recreo, etc. Hemos visto antes que la intervención educativa necesita de la convivencia continuada para obtener progresos. El tiempo de convivencia debe ser suficiente como para poder influir en el ambiente. Pues en la enseñanza ese es el principal inconveniente: no se

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dispone de tiempo no regulado para la interacción. Los últimos años las tutorías se han reestructurado y contemplan aspectos que tienden a facilitar procesos de progreso personal, pero depende del centro y de la persona del tutor/a la seriedad de los planteamientos y el interés en realizarlos. A pesar de estos escollos, creo que la actitud individual del profesor/a puede generar situaciones educativas parecidas a las que se producen en la educación en el tiempo libre: ser autoexigente para poder ser exigente, respetar escrupulosamente para ser respetado, mostrarse comprensivo sin renunciar al nivel de exigencia, etc. Pero sobre todo, saber escuchar, saber leer en las miradas, en los gestos, en las actitudes. Mostrarse siempre dispuesto a resolver problemas, a ayudar en circunstancias que sobrepasen el ámbito escolar. No todos los profesionales de la enseñanza están dispuestos a este esfuerzo, ni tienen tiempo para ello. Pero creo que los afortunados que comprendemos los beneficios de la educación en el tiempo libre tenemos una tendencia natural hacia estos métodos, y los alumnos y alumnas lo perciben y actúan en consecuencia. En las actividades extraescolares, las convivencias, los viajes de fin de curso, las salidas culturales, etc., el marco referencial es otro. El papel educador del profesor puede verse subrayado o disminuido, dependerá de la actitud que adoptemos. En estas situaciones el tiempo no está estructurado de forma tan meticulosa como en el instituto, y gozamos de un margen de libertad que debemos aprovechar para interactuar en la convivencia con los/as jóvenes. En Cataluña se desarrollan desde hace unos años unas actividades llamadas Créditos de Síntesis. Son estructuras que parten de un tema y consiguen que el contenido de cada área académica gire entorno a ese tema. Se parece, en su planteamiento, a los centros de interés o ejes de animación de los campamentos. Muchos centros han optado por realizar estos créditos fuera del centro, en un albergue con un equipo de monitores especializado. Creo que es una experiencia positiva, sobre todo en el aspecto de la convivencia entre profesor y alumno. Es evidente que el peso de la actividad lo llevan los monitores contratados, pero los profesores no dejan de ser un referente, y dependerá de la actitud de cada uno de los educadores el rendimiento pedagógico que esos días de convivencia puedan procurar. Dejando el aspecto académico a un lado –eso no significa que no se asuma profesionalmente-, los alumnos valoran muy positivamente la oportunidad de convivir con sus profesores fuera del marco siempre estático y cerrado del aula. El joven aprecia mucho esta oportunidad de cambiar el ámbito de relación con los profesores y lo anima a menudo a cruzar esa frontera que los separa habitualmente, busca su apoyo e integración en una estructura menos rígida y más estimulante. Creo que en estos últimos tiempos el adulto se está convirtiendo en una molestia para los y las jóvenes. No sólo la opinión de los padres no cuenta para nada, sino que la mayoría de los/as jóvenes evitan de forma sistemática el contacto con adultos, procura vivir su propio mundo que ellos suponen opuesto al nuestro. En los entornos urbanos esta situación se acentúa por momentos. En los entornos rurales, por fortuna, el contacto con el adulto es aún práctica natural. He conocido a muchos jóvenes literalmente abandonados por sus progenitores, jóvenes cuyo ámbito de relación se limitaba a unos cuantos colegas que no pueden recibir el nombre de amigos/as. Muchas veces el adulto es considerado un enemigo, y cualquier aproximación es vista con recelo. Algunos padres han desertado de educar a sus hijos en el abecedario del civismo e incluso adoptan actitudes de estupidez humana escon-

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diendo realidades que los educadores deberíamos conocer. Para mí esta situación es grave porque los jóvenes en formación, y sobre todo en las primera etapas de la adolescencia, necesitan un referente próximo y cómplice, una persona adulta u otro joven en una etapa superior de maduración que pueda crear situaciones que contengan aspectos educativos. No hablo de enseñarle a un adolescente lo que está bien o está mal, hablo de convivir con él para que del contacto se desprendan enseñanzas continuas, para que el joven deba responder –y por lo tanto plantearse- algunos porqués, para que los referentes sociales no sean algo lejano e inhóspito. En este sentido, tanto en campamentos como en la enseñanza reglada nos encontramos a veces con problemáticas de difícil solución. Algunos jóvenes llevan años visitando al psicólogo, incluso recibiendo medicación. Podemos encontrar individuos que han desarrollado una capacidad extraordinaria de desempeñar un rol determinado ante el profesional de la psicología, incluso saben perfectamente qué le deben decir para generar expectativas y obtener su propia tranquilidad. No soy quién para dudar de la profesionalidad de los psicólogos, pero he vivido circunstancias que me demuestran que ese camino no acaba de resolver el trance. Hace poco, la inadaptación de un joven al campamento y la provocación continua de conflictos que derivaban en violencia me empujó a departir telefónicamente durante horas con su psicólogo, con el ánimo de comprender y aprender qué rige la vida del educador. Al cabo de poco rato de charlar ya me había dado cuenta de que estábamos hablando de un individuo distinto. El psicólogo me describía unas pautas de comportamiento y reacciones que nada tenían que ver con la actitud adoptada por el joven en cuestión durante los primeros días de la estancia. Pronto nos dimos cuenta de la realidad: el chico había aprendido a decirle al psicólogo lo que éste quería escuchar, por lo que el profesional no lo conocía realmente. Pero eso no es todo: en cinco días de campamento el equipo educativo había convivido con el sujeto muchas más horas que en tres años de tratamiento, y además había podido observarlo en su entorno natural, junto a los jóvenes de su edad, no en un despacho con una mesa por medio. Analizando el expediente del chico, descubrimos que nunca veía a sus padres más de una hora al día, y así venía sucediendo desde hacía años. Que cada cual saque sus conclusiones. En conclusión, la intervención educativa es esencial. La convivencia entre adulto y joven es indispensable. No para marcar las etapas de su evolución, no para mostrarle cómo es el mundo, sino para ayudarle a descubrirlo, para apoyarle y exigirle, para vivir juntos –convivir- las situaciones y los problemas de la vida actual. En este sentido, creo que los participantes en campamentos pueden considerarse privilegiados.

BIBLIOGRAFÍA: Avellaneda Aurensanz, I. Alonso Moreno, S. Caballero Gonzalez, Angela (2001) “Algunas ideas para un campamento sostenible: tiempo libre sostenible y responsable: guía didactica para minimizar el impacto ambiental de nuestras actividades en el entorno natural“.Asociación Española de Scouts de España. Madrid. Bernal Ruiz, J.A. (2003). “Organización de Campamentos en la escuela” Wanceulen. Sevilla. Corpas, Pedro (1985) “El campamento” [Équipe nationale des scouts de France; versión y adaptación española, Pedro Corpas... et al.]. El Manglar. Madrid. Fichman, Laura, Koestner, Richard. Zuroff, David C. (1997) “Dependency and distress at summer camp”. Journal of Youth and adolescence. (2), p. 217-232 Moré, Toni. Solé, Ramón. Sánchez, José y Miró, Jaume (1998 ). “Como preparar y organizar colonias escolares”. Paidotribo. Buenos Aires. Ventosa, Víctor J. (1998) “Manual del Monitor de tiempo libre”. CCS. Madrid.

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Fabian Mohedano President del Consell de la Joventut de Barcelona.

DOCUMENTOS

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La culminación de un viaje: Los campamentos asociativos

La transmisión de valores a la juventud deviene desde distintos agentes: Familia, medios de comunicación, amigos… El consumo es la estrella en el firmamento y los medios para combatirlo se encuentran estancados. Las asociaciones brindan a todos los que participan en ellas una oportunidad de ser más libres, y les dota de mayor capacidad de reflexión. Otra de las grandes cuestiones de la actualidad es la ecología, y el desarrollo sostenible, la enseñanza a la juventud del daño que uno puede hacer con sus actos no es un tema que deba ser obviado. El asociacionismo puede tener un marcado carácter educativo que ayuda en el marco del tiempo libre a que la juventud se desarrolle plenamente y adquiera las suficientes destrezas para vivir en la sociedad actual adquiriendo a la vez una mirada crítica hacia la misma. El autor reflexiona sobre estas cuestiones y sus conexiones con el marco de los campamentos.

Palabras clave: Asociacionismo, compromiso, ecología, laicidad, escultismo, esplai, valores.

1. A contracorriente. Los valores del asociacionismo: una apuesta por la transformación social A pesar de que, en la actualidad, algunos de los mecanismos de transmisión de escalas de valores se enmascaren bajo apariencias de modernidad o de democracia, es bastante evidente que adolescentes y jóvenes pueden tener dificultades para defenderse ante las oleadas de sumisión a los modelos sociales dominantes, sobre todo cuando dichos modelos utilizan los métodos que les proporcionan las nuevas tecnologías, o cuando pretenden deslumbrarles mediante la espectacularidad de la imagen, mucho más simple y más fácil de ser rápidamente digerida que los razonamientos pautados. Y, sobre todo, mucho más “fáciles” que la palabra libre y el debate abierto. Con el fin de preservar una sociedad fundamentada en la consideración de que las personas somos básicamente lo que tenemos, o lo que exhibimos, o lo que somos capaces de consumir, por encima de lo que somos como personas, se transmite, continuamente, una visión de la vida centrada en el éxito rápido, en el triunfo económico, en el egoísmo individualista, en la competitividad. Y todo ello dispone de muchos medios para filtrarse en las conciencias de los segmentos más jóvenes de la sociedad. No es ninguna casualidad que sea el mundo de la gran empresa financiera o industrial, muy a menudo dominadora de los grandes medios de comunicación, el que filtre la gran mayoría de los esquemas mentales que, prefigurarán, en la conciencia de la juventud, el modelo de percepción de la realidad de los futuros consumidores. Y, en ocasiones, demasiado a menudo, son

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incluso los mismos jóvenes y adolescentes quienes se convierten en consumidores mucho antes de que puedan desarrollar algún sentido de defensa de las parcelas de vida libre e inventiva que podían quedarles, no tan sólo, pero sí fundamentalmente, a través de los medios de comunicación audiovisuales, de la publicidad o de la televisión. La familia o el entorno de relaciones inmediatas, en un contexto habitualmente muy poco dotado de oportunidades de tiempo real de convivencia y de capacidad de profundización en las relaciones, pocas cosas puede hacer, verdaderamente eficaces, para compensarlo. Suponiendo que, en verdad, se quiera compensarlo de algún modo. Suponiendo que, en parte, la familia no contribuya también a filtrar los mismos esquemas de comportamiento insolidario y competitivo entre adolescentes y jóvenes. Es demasiado general el hecho de orientar a los hijos en un solo sentido, porque, si no se hace así, se cree que no sabrán adaptarse a las condiciones del mundo real. Que serán, por tanto, unos inadaptados, unos marginados. Frente a esto, se les ofrece una educación unidimensional, se les corta, también, por el único patrón del individuo productor y consumidor. Y se les piden las ciertas obligaciones (como las calificaciones académicas), con más interés que el que se les demuestra por ellos mismos como seres, por sus inquietudes y problemas, por sus amigos, por sus sueños. Es más fácil, probablemente, creer que se evita cualquier tensión comprándoles aquello que piden o acomodándonos juntos ante la televisión, con la aquiescencia compartida de la más absoluta pasividad. En ocasiones, los grupos de amigos son también un buen mecanismo de reproducción de estos valores unidimensionales, porque se vertebran siguiendo las pautas de comportamiento autoritario y triunfador que han mamado desde pequeños, y no siempre pueden favorecer el despliegue de aquellas potencialidades que en la vida asociativa hay que intentar dinamizar. De los centros escolares y educativos, de los institutos, la mayoría de la juventud recibe hoy en día una influencia menor. Su peso en cuanto a su contribución a la formación de la conciencia y de los posibles modelos de comportamiento social es quizás inferior al de la empresa, la publicidad, los medios de comunicación –preferentemente la televisión–, la familia o grupo inmediato y los grupos de relación espontáneos. Con pocas excepciones, por otra parte, la educación no obedece, en la actualidad, a las mismas lógicas competitivas y autoritarias, al menos en la mayoría de los centros públicos. Pero los profesionales de la enseñanza lo tienen muy difícil para contrarrestar, con escasos medios, el alud de influencias que, desde los ámbitos con mayor capacidad de poder, se ejercen sobre sus alumnos. Sin embargo, en el espíritu de la participación directa de jóvenes asociados, nadie debe confundir su rol con el de ninguna figura del mundo publicitario agresivo –aunque se dirija fundamentalmente a un público joven-, ni de la autoridad familiar, ni del liderazgo grupal o de clan. Pero sí, sin tapujos, con el de quienes, en lugar de imponer, sugieren, incentivan y arriesgan. Por ello, se asocian y participan. Y lo hacen porque quieren, porque son más felices así, aunque no ganen dinero a cambio, aunque no se vean obligados a ello por lazo de sangre alguno, aunque no sean los líderes naturales de ningún grupo de sociabilidad preestablecido. La juventud –todos los seres humanos– pueden aprender mucho de este modelo de comportamiento, si está

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suficientemente claro. Y a nadie debe darle vergüenza hablar de él. Al contrario. La democracia, la solidaridad, la integración de las personas que puedan presentar cualquier signo externo de diferenciación respecto a las características mayoritarias, el placer del aprendizaje, el riesgo de los nuevos horizontes por descubrir, el interés por la cultura, el disfrute personal y de la vida en grupo ante una tarea compartida y voluntaria, son mucho más fáciles y aptos para ser desarrollados y vividos en el medio asociativo. Se corresponden con un tiempo más motivador y realmente más inmersos en la conciencia de la juventud, porque no está vinculado a ningún modelo formal. Se pueden, por tanto, transmitir con mayor eficacia algunos de los valores. La buena salud de la comunidad es indisociable del comportamiento democrático, las herramientas de la persuasión y de la complicidad, que no de la imposición autoritaria, por medio del diálogo, de la imaginación y del riesgo –más intelectual que físico, evidentemente– se convierten en colaboración y aprendizaje compartido, como en cualquier otro proceso formativo que lo sea de verdad. ¿Qué mejor escuela de formación ética, cívica, humana y republicana, que la del aprendizaje continuo e integral en el tiempo libremente escogido? Porque la juventud lleva en sí misma todos los elementos necesarios para elaborar una conciencia moral –una razón práctica– y una conciencia intelectual, y ambas se perfilan en estrecha relación con el medio social. Por ello, sus relaciones con aquellos con quienes interaccionan –especialmente si la interacción no implica sumisión– son claramente formadoras. En la medida en que este proceso de relaciones implique la adopción de estrategias –maneras de actuar, tipos de proyecto, opciones de actividades– y de pautas para vivirlas que sean adoptadas como fruto de la reflexión común y de la participación de los sujetos que son sus mismos destinatarios, se estará viviendo, de verdad, un método activo de asunción de códigos de comportamiento democráticos y responsables, fundamento real de la convivencia en el respeto mutuo y en la tolerancia. En el compromiso participativo asociado es más posible que en otros ámbitos de espacio/tiempo que los sujetos sean los protagonistas y los autores de sus propios criterios normativos. Esta es la base de la escuela de la ética autónoma, modelo de vida libre y responsable que sería conveniente mantener e impulsar también en el resto de la vida adulta. Así pues, una concepción de educación activa mediante el compromiso participativo, no sometida a principios de autoridad y abierta al despliegue de las capacidades y las potencialidades de las que es portadora la juventud, garantiza la superación de cualquier método paternalista y protector, caracterizado por el deseo de influir desde fuera sobre la conciencia de los más jóvenes, moldeándola con supuestos valores que, a pesar de que puedan responder, quizás, a buenas intenciones, no consiguen más que contribuir a reforzar las dependencias heterónomas, anulando el alcance racional y crítico mediante el cual se desarrolla el propio proceso formativo. Lo cual, no sería demasiado funcional ni efectivo, sino tan sólo el fruto de una pretensión de identificación con un determinado modelo adulto, que se da ya como hecho, más o menos dotado de valores tal vez positivos pero nunca elegido por quienes tienen que dar razón del mismo. No iremos a buscar fuera lo que la juventud debe construir por sí misma. Ese es el camino del crecimiento hacia la coherencia y la objetividad –en el plano intelectual– y

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hacia la reciprocidad, con el fin de sentirse reflejados en los otros, para no rehuir la mirada del otro desde un yo únicamente egoísta –en el plano moral. La juventud percibirá que, mientras proponen instrumentos mediante los cuales autoformarse integralmente, mucho más que como seres destinados tan sólo a la producción y al consumo, están proyectando la oportunidad de que de ellos se genere también aprendizaje. De la juventud que construye y que se autoconstruye participando, se aprende. Tal vez, cuando termine su etapa de compromiso asociativo podrá pasar mucho tiempo hasta que vuelvan a sentirse así y hasta que alguien pueda reconocérselo. Una acción formativa activa e integral, al modo que puede ser vivida mediante la participación, no es fácil de ser concebida si no es como una forma de afirmación humanista de la vida, en el sentido citado. Una afirmación de autoconstrucción que, al aspirar a más luz, se revela como transformadora de la realidad, como inspiración, por tanto, de uno de los caminos posibles hacia un mundo más habitable.

2. La relación con la naturaleza Los campamentos: una potente arma de cambio social Vivimos inmersos en una cultura que se sostiene gracias a un modelo social llamado paradigma de la sociedad industrial, que, si bien parte de la subordinación de la naturaleza del hombre, afirma que los males causados en el entorno deberían ser asumidos por quien los provoca. A pesar de esto, la progresiva falta de recursos y el aumento de la contaminación, pone de manifiesto una problemática ambiental, que terminará afectando a todos por igual. La destrucción de la biosfera exige una respuesta educativa, que se centre en la formación de una ciudadanía capaz de luchar por un futuro sostenible, y que sean conscientes de la necesidad de una reformulación socioecológica, con nuevos valores éticos, culturales y económicos. El nuevo paradigma para hacer frente al desarrollo racional de los pueblos, en el sí de un marco compatible con los bienes naturales del planeta, es el que conocemos como paradigma de la sostenibilidad o paradigma del desarrollo sostenible, considerado como la gestión de los recursos del planeta de manera que satisfagan las necesidades del presente sin comprometerse los elementos vitales para las generaciones futuras. Para posibilitar esta sostenibilidad, habrá que regular el consumo de los recursos disponibles. En otras palabras, sólo puede asumirse a partir de la eficiencia energética, el reciclaje, y el uso de las nuevas tecnologías en la generación de energía (energías renovables). Conseguir una sociedad sostenible exige la educación de las personas en el ámbito ambiental, con el objetivo de hacerlas conscientes del problema ecológico, y potenciar la participación activa. La percepción de los problemas ambientales es el primer paso para poder diseñar soluciones adecuadas. La educación, por tanto, tiene que aportar los conocimientos y los valores que permitirán que nuestra sociedad supere el actual desajuste ambiental. No es cuestión de potenciar ideas místicas del estilo “hay que salvar el planeta” o “hay que retornar a la naturaleza para vivir de forma más saludable”. Se trata más bien de potenciar la observación del entorno para descubrir de qué manera nuestros comportamientos actuales afectan a la ecología. En este sentido, el hecho de medir científicamente determinados parámetros ambientales, como el grado de contaminación del agua, el aire, el suelo, la

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pérdida de especies biológicas, etc., es una forma de visualizar el impacto que causa nuestro estilo de vida y la base para corregirlo. Así pues, promover la responsabilidad implica examinar nuestras actividades diarias en casa, en el colegio, en la asociación educativa, en el pueblo o barrio…

3. La educación en el tiempo libre: asociacionismo educativo y campamentos asociativos Existen diferentes expresiones de campamentos. Los tradicionales y más conocidos son los campamentos asociativos educativos, aquellos espacios de encuentro de los que se dotan las asociaciones educativas juveniles como actividad final de proyecto o de curso, es decir como la culminación de un viaje que concluye con la máxima actividad de convivencia y trabajo educativo del grupo. Estas actividades responden a una dinámica continuada y tradicionalmente establecida por todas aquellas organizaciones de educación en el tiempo libre, democráticas e independientes, dirigidas por gente joven que llevan a cabo su tarea desde la gratuidad y con intención educativa explícita. Su principal núcleo de interés son las personas, principalmente chicos y chicas, y recalcan fuertemente el sentido del compromiso y de la responsabilidad individual en el proceso de crecimiento. Tiene en común una serie de características que refuerzan la motivación del individuo por participar activamente en el proceso de aprendizaje: el carácter voluntario de las personas que deciden participar, el aprendizaje a través de la práctica, el establecimiento de programas progresivos, la pertenencia a un grupo de compañeras y compañeros de edades parecidas, el fomento de la iniciativa y de la responsabilidad, y el desarrollo de un sistema de valores. En definitiva, el asociacionismo educativo, como se autodenominan estas organizaciones de tiempo libre, es una forma de participación ciudadana con fuerte tradición, basado en una acción educativa, como su nombre indica, que se encuentran en un proyecto ideológico con una propuesta pedagógica y organizativa. Es necesario diferenciar el asociacionismo educativo de los servicios educativos. Los servicios educativos son todas aquellas actividades, ofrecidas principalmente por ayuntamientos y escuelas, con carácter educativo y asistencial. Tienen en común el trabajo de personas contratadas y con una oferta especializada a partir de una demanda tanto pública como privada. La reivindicación por parte de las asociaciones educativas consiste en conseguir el reconocimiento de la dualidad existente entre los servicios educativos y el asociacionismo educativo, pidiendo protección para la actividad realizada desde la gratuidad y el carácter voluntario. Esta dualidad es muy importante, ya que no se puede concebir el consumo de asociacionismo o campamentos asociativos. En el asociacionismo y en los campamentos asociativos se participa de forma comprometida, se ejerce una corresponsabilidad en el proyecto educativo y asociativo. El joven es un miembro más implicado en el futuro de los proyectos, de los éxitos y de los fracasos del colectivo. Difícilmente una actividad remunerada y promovida por actores privados o institucionales conseguirá esa espontaneidad, ya que ha nacido como una actividad asistencial y, en muchas ocasiones, con ánimo de lucro. Por el contrario, el asociacionismo lo que pretende es educar en la participación y en ciudadanía, apostando por la convivencia y el pluralismo en todos los sentidos. De esta forma, y frente al cambio producido en el sector social, muchas asociaciones educativas han creado propuestas de servicios educativos con el

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objetivo de separar y diferenciar claramente la actividad voluntaria de la actividad remunerada y proteger y fortalecer el asociacionismo, así como hacer llegar su ideario a muchos más espacios de intervención; espacios donde es difícil llegar inicialmente con una propuesta asociativa. Cabe destacar Entorno SCCL; propuesta del Movimiento Laico y Progresista, constituida como cooperativa mixta de socios de consumo y de trabajo declarada sin ánimo de lucro, dedicada a la gestión de proyectos educativos y de tiempo libre. Los socios de consumo son los centros de esplai, los grupos scouts y las casas de juventud de Esplais Catalans, Acció Escolta de Catalunya y l’Associació de Casals i Grups de Joves de Catalunya respectivamente. Obviamente, esta dualidad también hay que tenerla en cuenta cuando hablamos de los campamentos. Por un lado los campamentos asociativos como la culminación del trabajo educativo con chicos y chicas durante el curso, y por otro, la oferta de campamentos en los periodos vacacionales con carácter asistencial y con educadores remunerados. Ambas propuestas son complementarias y necesarias teniendo en cuenta diversos factores ambientales, sociales o económicos. Analizaremos el campamento asociativo educativo.

4. Los campamentos asociativos y la participación juvenil Los campamentos organizados por el tejido asociativo juvenil tratan de favorecer el proceso de autonomía de los sujetos –la juventud– que son, en primera y última instancia, sus protagonistas y los únicos que le pueden llegar a otorgar sentido. Se participa en un campamento a través de una asociación juvenil porque se quiere, evidentemente. Gratifica en tanto que individuos conscientes, activos y libres, hacen aquello que quieren, porque emocionalmente se sienten más realizados, más llenos de vida, compartiendo una parte importante del tiempo propio en que, juntos, tanto podemos aprender. Y en que tanto se aprende, efectivamente. A diferencia de otros ámbitos, más restrictivos, impositivos y dogmáticos, la participación en campamentos asociativos aspira a considerar a la juventud como sujeto fundamental de este mismo proceso, en este caso como fin de un proceso temporal, de proyecto o de curso. ¿Qué mejor vía de promoción que la autoformación, el autoaprendizaje compartido en los campamentos organizados por la propia juventud? El campamento asociativo es la culminación de un viaje que empieza generalmente en septiembre, cuando las organizaciones se reúnen para planificar el curso y ponen como horizonte el campamento de verano. Mediante el método del proyecto y aplicando al máximo los criterios de aprendizaje en ciudadanía, autoorganización, crítica diversa, solidaridad, cooperación, creatividad y compromiso, se pone en marcha su propia aventura, su propio viaje a lo largo del invierno. Sin duda si el curso ha sido un éxito, el campamento asociativo lo será más. Ya que el campamento asociativo no deja de ser un reflejo de todo el trabajo realizado. La culminación de un viaje.

5. El campamento: una actividad revolucionaria No hay que ser muy espabilado para darse cuenta que acampar es una de las actividades más antiguas del ser humano. En el inicio del siglo XXI, ante la innovación tecnológica y la nueva sociedad de la comunicación, acampar al aire libre parece una actividad revolucionaria, de insumisión a todo.

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Los humanos nos consideramos muy superiores a los habitantes del planeta de hace cinco mil años. Tan sólo es necesario acampar para darnos cuenta que, sin enchufes, nos planteemos esencialmente las mismas cosas. En unos campamentos volvemos a ser personas sin electricidad, sin televisión, sin teléfono, sin ordenadores, sin electrodomésticos, sin muebles, sin camas. Los urbanitas necesitan, ahora más que nunca y durante unos cuantos días, volver a la tierra de la cual surgimos. Vivir ecológicamente de acuerdo con las horas de sol y luna. Un campamento ecológico bien planificado es la mejor manera de educar en la libertad y la solidaridad. Educar en la libertad porque rompemos todos los convencionalismos establecidos y esta nueva situación nos obliga a replantearnos nuestra actitud. Educar en la solidaridad porque, desnudos de todos los ingenios modernos, nos encontramos a nosotros mismos y con los que nos rodean. El campamento es pues una gran ocasión para conocer nuestros límites y probar durante unos cuantos días la naturaleza y los amigos. Chicos y chicas pueden encontrar en un campamento asociativo un camino a la aventura de la naturaleza, la amistad y la vida. El excursionismo, fenómeno que nació a finales del siglo XIX y que se desarrolló a lo largo del siglo pasado, incentiva y responde al deseo de conocer y querer el patrimonio natural y rural desde la añoranza urbana. La recolección de productos forestales que no son fruto de la madera (setas, frutos silvestres, plantas medicinales, etc.) es otra de las actividades el pretexto del cual es acercarse a lo que es natural. Pero sin duda las asociaciones juveniles educativas, inicialmente el movimiento scout, posteriormente otras organizaciones de tiempo libre como el esplai en Cataluña, han constituido las células básicas de educación no formal que contribuyen a la socialización de los futuros adultos y a promover nuevos cambios de conducta. Actualmente, el mundo ya va demasiado acelerado, y por tanto, las asociaciones juveniles dedicadas a la educación han de ser responsables no solamente de los valores morales, sino también de respetar el entorno. Si enseñamos a valorar el arte, hemos de hacer lo mismo con la naturaleza. Observar la naturaleza es una actividad la visión de la cual aporta uno de los estímulos básicos de nuestra sensibilidad por el arte y la cultura. Porque, en definitiva, amar la naturaleza es una cuestión de cultura y de vivencias satisfactorias.

6. La convivencia en el campamento asociativo Un valor importante es que se puede compartir con el resto del grupo todos los momentos del día, desde el pipí de la mañana, hasta la siesta de después de comer, la ducha, el cansancio de la noche, los despertares alegres o malhumorados, etc. Todo esto en un entorno que el grupo va haciéndose suyo conforme van pasando los días. Efectivamente, es importante que el grupo se sienta a gusto con el espacio, con las herramientas de trabajo, con sus compañeros y compañeras. Los campamentos tienen la misión de reforzar el sentimiento grupal. Si salimos a la montaña nos servirán para trabajar el respeto y el interés por la naturaleza y resultará un buen momento para comenzar a habituarnos a las tiendas de campaña, material de acampada y material de montaña en general. Las excursiones en las cuales se hace una caminata por el bosque o se sube un pico constituyen también un reto muy interesante por la sensación final que comportan de éxito individual y conjunto.

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Comporta la plena inmersión en el medio natural. Eso significa que deberán organizarse para montar toda la infraestructura indispensable para cubrir las necesidades (tiendas, cocina, comida, etc.) Para chicos y chicas, y también para educadores, la sensación de vivir una aventura está muy presente, y los sentimientos que se experimentan son muy intensos. Mediante la estancia de unos cuantos días de campamentos, chicos, chicas y educadores profundizarán en la convivencia. Además, les ofrecen múltiples posibilidades de trabajar el entorno de las actividades: Tradicionalmente, se utiliza un centro de interés para vertebrar los elementos de ambientación. El centro de interés permite ligar las actividades y etapas del campamento.

7. El contacto con la naturaleza: reto y oportunidad La vida en la naturaleza que proporciona un campamento asociativo es un reto y una oportunidad. Es un reto, en un mundo dominado por la cultura de la comodidad, vivir en un medio que obliga a la austeridad y a una adaptación diferente que a la vez debería aprender a respetar. Es una oportunidad de hacer ejercicio en un medio sano, de poner a prueba las propias capacidades, de comprender las exigencias de la vida en sociedad, de formarse en contenidos estéticos, y de descubrir, valorar y maravillarse del mundo que nos rodea. Uno de los grandes valores del asociacionismo educativo son las vivencias que aportan a todos los que participan. En este sentido cabe destacar que uno de los momentos en que se vive más intensamente la pertenencia al colectivo es en las salidas, ya sea de uno, dos o más días. Especialmente los campamentos, considerados como la culminación de un viaje a lo largo de todo el curso cuya convivencia sirve para fotografiar los resultados educativos obtenidos. Los campamentos significan abandonar aquello que es próximo, cotidiano; aquello que a cada uno nos da seguridad. Este hecho permite reforzar los vínculos grupales y los roles individuales establecidos a lo largo del año. Chicos y chicas y también educadores, buscan la seguridad personal en los compañeros y compañeras. Cuando avanzan por un camino, aunque el mapa y la experiencia aseguren que van bien, experimentarán inevitablemente cierta sensación de desconcierto. De noche, a la hora de ir a dormir en la tienda, a pesar del calor de los compañeros y las compañeras surge una sensación de incertidumbre, de aventura y de conciencia de estar viviendo un momento irrepetible. A lo largo de estas actividades, viviremos situaciones que nos darán motivos objetivos para aprender a valorar, en mayor o menor medida, las comodidades con las cuales estamos acostumbrados a convivir. Pero, al mismo tiempo, y sobretodo en los campamentos asociativos, nos daremos cuenta de la cantidad de cosas que nos son prescindibles, y tendremos que poner a trabajar nuestra capacidad creativa para resolver situaciones cotidianas sin las herramientas a las que estamos habituados. Cierto es que hay momentos difíciles: como el día que hay que comer dentro de la tienda o calarse hasta los huesos en una ruta porque está lloviendo. Pero, curiosamente, estos serán momentos que chicos y chicas recuerdan con más intensidad. Son pequeñas cosas que van cuajando dentro de cada uno y que siempre se quedan en el recuerdo.

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8. La necesidad de reconocimiento y protección de la actividad al aire libre En los últimos tiempos, el acceso al medio natural no se puede realizar con las mismas facilidades y condiciones que años atrás. Los riesgos de incendios, la masificación de las actividades turísticas y el ocio sobre espacios rurales y naturales, o el aumento necesario de la sensibilidad por la protección ambiental, son algunos de los principales factores que han comportado una mayor restricción en el acceso a los espacios naturales. Es evidente que en la actual configuración de nuestra sociedad se hacen necesarios mecanismos reguladores de la intervención y acceso sobre el medio, pero asimismo, resulta también indispensable saber diferenciar, para cada tipo de actividad y de agente que la desarrolla, cuáles son las particularidades que las caracterizan y, en función de éstas, qué tipo de regulación hay que aplicar. Las asociaciones educativas juveniles son un conjunto de movimientos dedicados contribuir a la educación de chicos y chicas a partir de un proyecto educativo, de entre los cuales, cabe destacar la voluntad de llegar a ser escuelas de ciudadanía y de valores para todas las personas participantes. Entre el conjunto de medios de los que se dotan para realizar tal tarea, la vivencia con compañeros y compañeras en el entorno natural se convierte en un instrumento educativo imprescindible, que, además, contribuye a hacerlos conocedores de la realidad medioambiental del país. Los campamentos, las rutas, las excursiones..., son un conjunto de actividades que tiene un alto valor educativo, y por tanto debemos ser conscientes que se han de desarrollar con la máxima calidad pedagógica y con el máximo de respeto por el entorno social y medioambiental. Pero también, hay que hacer hincapié en la importancia educativa de estas actividades, principalmente las que se encuentran con mayor problemática en materia de restricciones normativas, es decir, los campamentos. Los movimientos de tiempo libre reivindican, de forma permanente y constante, encontrar mecanismos adecuados que permitan disfrutar de los espacios educativos al aire libre, tan necesarios para los cientos de miles de chicos y chicas que durante todo el año participan en proyectos asociativos sobre el medio. Es necesario pues que estas actividades sean reconocidas y legitimadas por las personas, organizaciones y administraciones públicas, así como que los educadores y sus movimientos educativos de procedencia, sepan minimizar el impacto social y natural que las actividades generan.

9. Buenas prácticas de fomento Sería interesante destacar experiencias muy interesantes en torno al fomento de la acampada. Afortunadamente existen muchas y de muy diferente calado en todo el territorio. Destacamos dos experiencias asociativas, la primera es un ejemplo de proyecto social y educativo y la segunda una propuesta de fomento de la acampada asociativa. En cuanto a proyectos educativos de intervención y convivencia en la naturaleza autogestionados por asociaciones educativas, cabe destacar un ejemplo con reconocimiento y prestigio internacional, se trata de Griébal, gestionado por Scouts de Aragón, perteneciente a la federación plural de organizaciones scouts en España, ASDE, un proyecto de desarrollo comunitario

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cuyo objetivo es la reconstrucción de un pueblo abandonado en una zona rural degradada convertido en campo de trabajo internacional permanente, posibilitando que cientos de chicos y chicas pertenecientes al movimiento scout pasen a lo largo del año por este singular punto de encuentro situado en el Pirineo aragonés. Por otro lado, en cuanto al desarrollo de políticas de fomento, existió durante casi diez años ATAC, la Asociación de Entidades para el Fomento de los Terrenos de Acampada de Cataluña, cuyo objetivo era el de sumar esfuerzos a partir de la coordinación de la red de terrenos donde poder realizar las actividades al aire libre propias de las asociaciones educativas juveniles. Constituyó una excelente plataforma de desarrollo y fomento de la acampada con un alto nivel de implicación de la Generalitat de Cataluña. Desafortunadamente la falta de entendimiento y madurez de las organizaciones llevó al fracaso un proyecto de trabajo en red.

10. Consideraciones finales Los campamentos son aquellos espacios inmejorables de encuentro de los que se dotan las asociaciones juveniles educativas como actividad final de proyecto o de curso, la culminación de un viaje, máxima actividad de convivencia y trabajo educativo del grupo. Los campamentos y el asociacionismo juvenil son una alternativa a contracorriente para los problemas de la juventud relacionados principalmente con los modelos sociales dominantes que promueven el individualismo y el consumismo. La vida en la naturaleza es un reto en un mundo dominado por la cultura de la comodidad, vivir en un medio que obliga a la austeridad y a una adaptación diferente que a la vez debería aprender a respetar. También es una oportunidad de hacer ejercicio en un medio sano, de poner a prueba las propias capacidades, de comprender las exigencias de la vida en sociedad, de formarse en contenidos estéticos, y de descubrir, valorar y maravillarse del mundo que nos rodea. Se hacen cada vez más imprescindibles medidas que protejan el asociacionismo educativo así como su actividad en el entorno natural. Por un lado, es necesario diferenciar entre asociacionismo y servicio educativo, protegiendo la actividad basada en la participación de la juventud de forma voluntaria. Por otro, generar políticas que protejan la acampada asociativa y genuina frente a otros usos más consumistas de la naturaleza.

BIBLIOGRAFÍA Asín Castillo, F. (1997) “Cómo organizar una colonia o un campamento de verano”. Flash Bool S.L. Ecotrans (1995). “Manual Ecotrans para la mejora de la calidad ambiental de las actividades recreativas en la naturaleza”. Gómez Limón, J. (1993) “El impacto de las actividades recreativas al aire libre sobre espacios naturales”. Quercus. Hammitt, W.E. (1987). “Wildland recreation: ecology and management”. Meyer. K. (1999). “Cómo cagar en el monte. Manual de grandes espacios”. Desnivel ediciones. Miralles, J. Mena, M. (1997) “Compartir con la naturaleza. Cómo organizar un campamento ecológico”. Fundación Francesc Ferrer i Guàrdia Miralles, Jordi. (1997) “Duel per un municipi verd. Jordi Miralles”. Fundación Terra.

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Carlos Granero Chacón Diplomado en Trabajo Social y Director de campamentos

DOCUMENTOS

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J. Carlos Lesmes Roldan Licenciado en Sociología y Director de campamentos

Reflexiones en torno a la dinámica interna campamental

Los campamentos de verano, como micromedios y representaciones de la sociedad, son un evento sociológico de primer orden. Actividad dentro del ocio alternativo y la educación no formal antes de la construcción de estos conceptos, tiene en la relación cotidiana entre el monitor y los/as acampados/as, su marco educativo. Buscando un modelo y unas pautas metodológicas como consecuencia de una sistematización de la práctica, los autores reflexionan sobre la dinámica interna del campamento; los elementos que la constituyen, el total socializador que representa, y su impacto, en los jóvenes participantes, tanto en el transcurso de la actividad como tiempo después. En la parte final, y tras resaltar la importancia del grupo y del campamento como continuo de constantes influencias, el artículo expone el tempo de la actividad desde la metodología de proyectos.

Palabras claves: universo juvenil, representación social, recuerdo educativo, continuo de relaciones, evento sociológico, cotidianeidad, expectativas.

1. Introducción: La necesidad de un modelo El anhelo de no caer en la informalidad cuando se trata un tema que educativamente es “no formal”, el de los jóvenes y los campamentos de verano, nos sitúa en la necesidad de estructurar metodológicamente las reflexiones, de partir de un modelo y de un tipo ideal al estilo Weberiano, como una forma de acercarnos a la realidad. Lo que vamos a exponer no pretende ser un manual de organización y planificación de actividades para jóvenes, materia ampliamente tratada en la bibliografía sobre campamentos. Tampoco es la descripción de una experiencia concreta, otra de las recurrencias. Nuestra intención es sistematizar la experiencia y abordar el fenómeno de los campamentos desde su dinámica interna (1).

(1) Una buena lectura a este respecto es “Contra viento y marea:: la vida cotidiana en campamentos y colonias” Sebastà Marí. (1996) Binissalem. Illes Balears.

La acción es inherente a la vida campamental, hay un dinamismo, un movimiento de relaciones interdependientes que constantemente irán determinando la actividad. Conscientes de esta originalidad como característica de los campamentos, es metodológicamente adecuado aceptar que la estructura planteada en el pre-campamento (en la planificación) no va a cumplirse íntegramente. Elementos diversos como las características del grupo de acampados, el conocimiento mutuo del equipo de monitores, los fallos imprevistos de la instalación o la variabilidad de la meteorología, nos obligarán a cambios en el hic et nunc, en el aquí y ahora de la actividad. Por eso creemos importante apoyarnos en un modelo, no tanto como guía teórica perfecta y cerrada (que cada educador no formal adopte las técnicas y las tácticas que la experiencia y el sentido común le dicten), sino como construcción de un guión en el que basarnos cuando llegan las decisiones más comprometidas. Dotemos así de cierto valor a nuestras acciones en el tiem-

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po libre con jóvenes, contando con elementos desde donde evaluar, y arrancando un mecanismo para situarnos en la evolución de un campamento. Este texto puede ser un modelo, posiblemente no será el mejor, pero, como simple selección de lo que funciona y de lo que no en una dinámica grupal, en y desde el divertimento de los jóvenes, directamente relacionado con un proyecto educativo, nos permite aprender, evolucionar y perfeccionar. Y esto, es válido para cualquier modelo campamental. Siguiendo a Josep Mª Puig y Jaume Trilla, consideramos el campamento un micromedio, es decir, un espacio reducido que constituido formalmente, ofrece ocupaciones particulares y especializadas a sus usuarios (2). A partir de esta definición, general pero esencial, desgajaremos breve y sintéticamente, los anclajes de nuestro canon. No queremos resultar petulantes al titular los siguientes ítems como “carta a un joven monitor (3)”: - En un campamento se pone en marcha (de forma premeditada o inconsciente) una metodología de proyectos. Se trabaja desde la consecución de un objetivo común, hay un proyecto que comparte un equipo de trabajo y en el que se apoyan constantemente a la hora de decidir, sobre la marcha, cómo se hacen las cosas. Así, hay un continuo, y finalizada la actividad, una posible evaluación de todos. - Los elementos educativos de la cotidianidad pasan por la creación de un universo simbólico propio, y por tanto, de creación de cultura. - Los y las jóvenes desarrollan una evolución en la relación con los demás acampados. La estructura, la programación y las actividades van encaminadas a este objetivo de crear comunidad. - Todos y todas los que participan en él, tienen o adquieren un rol significativo. - Corto pero intenso, no acudas a un campamento con pocas energías ni te dejes ninguna por gastar al finalizarlo. - Planificar y preparar la actividad es no caer en el activismo, nunca habrá pocas actividades para un grupo de jóvenes. - Hacer un campamento es hacer un equipo de trabajo en torno a una idea y en torno a una persona. Crea bien el grupo de monitores, debes tener amigos en quien confiar en las dificultades. - El trato con los/as jóvenes es el estilo que dota de sentido al proyecto educativo. - Se convive trabajando y se trabaja conviviendo, el horario de los animadores es de 15 días seguidos 24 horas al día. - La sensación de que el joven viva en una comunidad peculiar, es un objetivo invariable por las temáticas.

(2) Puig Josep Mª y Trilla Jaume. (1987) “La pedagogía del ocio” Ed. Alertes, Barcelona.

- Afinemos la intuición. En un campamento vas a leer todos los días el periódico de las relacionas humanas frente a hechos compartidos. - Prepara todos los porqués que tengas sobre las acciones, la palabra es la herramienta fundamental del monitor.

(3) “Cartas a un joven poeta”. Rainer Maria Rilke.

- Demostrar que el adulto también fue niño, es uno de los objetivos de todo campamento.

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Para no confundir a los lectores, hemos de aclarar que usaremos indistintamente las palabras campamento, colonias, y actividad (esta última dependiendo del contexto), para referirnos a lo mismo. De esta manera, utilizaremos acampado/a, participante y joven (también este último dependiendo del contexto), para nombrar el mismo concepto. Y por fin, los vocablos monitor/a, animador/a y educador/a, serán la misma figura en todo el artículo.

2. Elementos influyentes en la dinámica interna campamental Antes de desgranar y reflexionar sobre las interacciones que se dan en el día a día de nuestro campamento ideal, y de profundizar en su dinámica interna, debemos fijarnos en aquellos aspectos que, si bien los podemos considerar exteriores o previos al inicio y al espacio de la actividad, influyen, y muchas veces determinan, el tipo de situaciones e interacciones que nos encontraremos. Así, variables como entorno e instalación, expectativas o perfil de los acampados, serán elementos, muchas veces imprevistos, que modificarán tanto la programación como nuestra forma de actuar en la vida cotidiana. Nos los podemos encontrar o no, pero en todo caso, es mejor verlos venir. Acerquémonos a estas variables, sabedores de que abrazamos a una ballena, pues, evidentemente, no están todas como no hay dos circunstancias idénticas. Pero sí una representación de aquellos factores o aspectos que se repiten en el tiempo y que merecen conocerse. Realmente vamos contra la inconmovible esencia de la vida campamental; surgirán problemas, se revelarán trampas, que necesitarán de soluciones y capacidades improvisadas y espontáneas. No lo olvidemos.

El entorno del campamento: Paisaje y paisanaje Las relaciones vecinales y la utilización de los recursos del municipio; paisaje y paisanaje, son una actividad más del director de la colonia. Y es que el entorno, rural o urbano, debe ser un aliado en las diferentes situaciones, dificultosas o ventajosas, que nos podemos encontrar. Como instalación, nuestro campamento ideal se integra en la comarca siempre de forma beneficiosa para esta última. No es muy difícil hacer ver el provecho económico que puede suponer para una población la estancia estival de grupos de jóvenes. Muchas veces, es una relación pactada de manera informal; podemos distorsionar o molestar, pero dependiendo de los casos, también podemos mejorar la economía y revitalizar un lugar. Lo importante es que el entorno nos vea como un vecino más, que estemos integrados, que más allá de los meses de verano, nos interesemos por participar en la vida de la comunidad. Antes y después de una salida, excursión o pedanía, es conveniente hablar con los vecinos de la zona y las autoridades. Es muy importante que en estas actividades el grupo se comporte especialmente bien; nos jugamos la visión que se tenga de nosotros como institución y la posibilidad de repetir o no la experiencia. Hay por tanto, un trabajo de concienciación a los jóvenes; vamos a salir del campamento, ya no estamos en nuestro recinto conocido de juegos continuos y ambiente distendido, vamos a conocer y a disfrutar, pero sabiéndonos, en cierto sentido, invitados. No es necesario advertir la relevancia de nuestras acciones, si, en algún momento, nos vemos en la obligación de pedir ayuda o colaboración.

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Educación o terapia: las expectativas y el elemento social Una de las características más prodigiosas de los campamentos, consecuencia de la intensidad de la experiencia, capaz, por sí sola de educar a través del recuerdo (4), es el amplio abanico de expectativas que surgen en el imaginario de padres y participantes directos, Objetivamente, existen muy pocos condicionantes externos sobre la actividad y sobre la forma de ejercitar la animación. A diferencia de la educación formal, donde parece muy claro qué se debe hacer en una clase; el educador entra en un aula donde los educandos están ordenadamente sentados y predispuestos a escuchar, la lección se explica lo más claramente posible, se resuelven las dudas, se hacen ejercicios… Todo el mundo se puede imaginar de forma nítida una clase. En las colonias, las exigencias externas (además de las pertinentes legislaciones) no pasan de unos mínimos de seguridad, higiene, respeto y control. Las familias se interesan, evidentemente, por el bienestar de sus hijos, sin embargo, nunca preguntan por la cantidad de juegos que se saben los monitores, ni por la capacidad narrativa que tenemos contando historias o por las pruebas que habrá en una gymkhana. De este modo, al sumar el carácter mítico o legendario de los campamentos con el relativamente lógico desconocimiento de la actividad propiamente dicha, nos encontramos con expectativas deslumbrantes sobre la dinámica y su impacto en el participante. Algunas, que no tienen por qué ser las más o menos difíciles de conseguir o las que requieran una especialización de los educadores, se acercan más a la realidad: que haga amigos, que haga ejercicio, que aprenda algo, que se lo pase bien, que descubra un talento… Otras, las menos, adolecen de osadía dependiendo del caso: si en casa o en la escuela no lee, que lea todos los días; si es conflictivo, que se tranquilice; si ha sufrido algún infortunio, que lo supere en 12/15 días de campamento. En fin, expectativas que nos ayudan a comprender que, de alguna manera, la idea de campamento como medio educativo, a pesar de ir mutando hacia mero entretenimiento, hacia tiempo libre, sigue habitando en la comunidad. No sabemos si continuarán estas atribuciones externas (de nosotros depende), pero es evidente que en un campamento se “aprenden cosas”. Esto dicho así, desde la humildad, las generalidades y el realismo, es tan fácilmente realizable y demostrable, dado el andamiaje de la actividad, que no lo vamos a tratar aquí explícitamente por falta de espacio.

(4) Puig Josep Mª y Trilla Jaume. Ob cit. (1987)

Si bien la dinámica grupal como metodología, limita hasta cierto punto el trabajo individual con aquellos jóvenes que demandan un tipo de aprendizaje específico, no debe ser esta la razón, o la excusa, para vaciar de contenido educativo la relación monitor – acampado. La educación no formal, realmente origen de la actividad, ha teñido, y luego definido, a los campamentos mucho antes de que se desarrollara dicho concepto. Y es que es el propio grupo, dinamizado por el animador, el que mediante su estilo y proyección, ancla las bases para la modificación actitudinal y el aprendizaje. Ahora bien, de aquí a lo que llamamos terapia hay un paso que no podemos dar. Los monitores no pueden jugar a ser psicólogos, y el campamento, como recurso de ocio creativo, alternativo, por usar una palabra de relativa actualidad, no es el mejor sitio, si hablamos de eficacia, para que los servicios sociales lo integren en su guía de recursos. No estamos diciendo que no se puedan hacer campamentos con jóvenes con necesidades educativas especiales; hay colonias de verano que los mismos que las promueven las denominan de integración y que funcionan muy bien, donde grupos de jóvenes con diferen-

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tes capacidades o discapacidades, de distinto estrato social y dispares pautas de crianza, conviven, aprenden y se divierten juntos. Eso sí, su organización, el número de profesionales y formación, las actividades, las instalaciones o temática, vienen determinadas por una especificidad, ya sea física, psíquica o social. Un campamento que no esté diseñado bajo estas premisas, tiene que trabajar, por ratios y dinámica, con grupos de jóvenes relativamente homogéneos. Si no es así, y si de un verano para otro, o de un mes para otro, queremos hacer de nuestra actividad un modelo de integración más allá del tratamiento educativo de la cotidianidad, es muy probable que fracasemos en lo primero y dificultemos lo segundo. Tiene que haber un proyecto, tiene que haber una reflexión y tienen que haber unas condiciones. Un campamento ayuda al desarrollo personal, sirve para adquirir ciertas habilidades sociales, mas sus profesionales no suelen estar (digamos generalmente) capacitados para diagnosticar sus carencias o disfunciones, por lo cual, el nivel de conocimiento que un monitor obtiene sobre los miembros del grupo, no le autoriza a hacer suposiciones gratuitas. En este sentido, deberíamos ser muy cuidadosos con la nomenclatura utilizada. Dicha nomenclatura, claro que nos facilita el entendimiento, pero puede llegar a conformar una idea irreal al modular el lenguaje nuestro pensamiento. En una charla entre monitores podemos escuchar: “ese chico es introvertido”, o, “a esa chica no le gusta jugar”, cuando, posiblemente, se debería decir: “mantiene una actitud introvertida”, o, “no le han gustado los juegos”. Puede parecer formalmente exigente, pero es una buena herramienta para no encasillar a los jóvenes y escaparse de atribuciones ligeras que marquen la interacción. Encuentros previos y perfil de los participantes Los encuentros previos son reuniones relativamente formales, donde el o la responsable de la actividad informa a los padres y a los/as jóvenes participantes sobre las actividades, instalaciones, horarios, viaje, datos de interés, etc. Cada vez con más soportes tecnológicos (vídeos o imágenes proyectadas), sirven para mostrar dónde van a dormir y convivir los acampados. Normalmente, hacia el final de la reunión, se resuelven dudas y se acogen sugerencias. Esta es la parte más interesante del encuentro y cuando podemos dejar muy clara cuál es nuestra propuesta lúdica y educativa, el momento idóneo para explicar cómo y por qué haces lo que haces. Te puedes adelantar a ciertos acontecimientos como robos o pérdidas, comportamientos inadecuados o utilización de aparatos telemáticos, comunicando, al mismo tiempo, procedimientos y formas de actuar. No es necesario adjuntar ejemplos, estas reuniones deben ser una forma de anticiparse a los problemas, de esbozar el perfil de los/as acampados/as y de atender algún caso especial. Pero, como reflejo de los cambios generacionales (un elemento indudable para explicar parte de la dinámica interna), el campamento tiene ciertas herramientas organizativas que hacen de espejo (alguno diría radiografía) de los/as jóvenes y la sociedad. Y este encuentro, como una herramienta más, tiene en la posible recopilación de fichas médicas, el formato de su reflejo social. Si comparamos las actuales con las que leíamos hace cinco o siete años, vemos que se parecen tanto como los Episodios Nacionales a una hoja parroquial. Un síntoma, tanto de la paulatina profesionalización de la actividad, como de un cambio en las características de las jóvenes generaciones.

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Sin entrar a valorar las causas o consecuencias de significativas modificaciones en un corto espacio de tiempo, diremos que las alergias son ahora los procesos más prevalentes en el total de las fichas, mientras que los trastornos alimenticios, por sus connotaciones sociales, los que más se comunican de viva voz por parte de los padres o madres. No ya como enfermedad, sino como especificidad a tener en cuenta. Información muy valiosa que si no es por este contacto directo y previo, tendríamos que saber intuirla durante la actividad. Ya hemos hablado de la idea de campamento como medio educativo opuesto al concepto de terapia, si desde lo primero colaboramos en lo segundo, ya habremos hecho mucho Cabe subrayar el perfil y las particularidades de grupos provenientes de empresas o ayuntamientos. Como colectivo, pues todos los participantes comparten algo en común, los jóvenes pueden hacer valer la intermediación de la institución, así, las propuestas y el peso de las inquietudes individuales, parecen sobrepasar el caso aislado al posibilitarles la centralización de las demandas. Es un modelo que permite la supervivencia de las empresas de campamentos, cada vez se trabaja más sólo con grupos de jóvenes que se apuntan a la actividad a través de entidades. De hecho, nos atreveríamos a decir (otro síntoma que nos habla de los campamentos como parte del bienestar social) que la llamada “convocatoria libre” o individual, tiene tanto futuro como los campamentos de quince días; económica y socialmente, son muy “poco rentables”. La instalación: Lugares comunes, lugares peculiares Sin hacer referencia a las normas legales sobre instalaciones de campamentos (éste sigue sin ser un artículo de planificación y organización de colonias de verano), vamos a imaginar la instalación de nuestro campamento ideal. Fogueadas a las características de la dinámica interna de la actividad cotidiana, las siguientes sugerencias son aproximaciones y ejemplos a los que cada uno puede darle la forma que quiera. La actividad campamental necesita de lugares míticos, instalaciones peculiares que simbolicen un pasado, estancias que desplieguen connotaciones propicias para lo fantástico: una cabaña de formas peculiares o pintada de un modo especial, un tipi indio pertinente para las narraciones orales, restos en buen estado de una locomotora o barco que sirva de zona de juegos. Espacios que den un sentido o a la temática del campamento o a ciertas dinámicas. Saltamos al lugar de reunión de los monitores, un espacio para reunirse y trabajar, y donde, si no es por alguna actividad concreta, no tienen por qué entrar los acampados. No hablamos de una zona de descanso con un sofá y ceniceros, no, hablamos de un lugar de trabajo. Cuando un monitor está muy cansado (algo que suele ocurrir en una actividad que dura las 24 horas de unos 12 días seguidos), se va a descansar a su tienda o cabaña. Ya lo sentimos, pero eso de tener una hora libre estipulada e irte a fumar o a ver la tele a una sala, no es un campamento, es una forma de decir que no nos gustan ni los jóvenes ni la vida al aire libre. Y si nos vamos a poner substanciales en algún momento del artículo, que sea ahora; no está mal que en un campamento no haya un lugar “especialmente cómodo” a no ser que sean los dormitorios y el botiquín o enfermería. El cuerpo se hace al aire libre, a compartir espacios, al mobiliario campamental integrado con la naturaleza. Afilamos la inteligencia cuando tenemos que buscar la comodidad en el medio, cuan-

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do no nos viene establecida, es nuestra capacidad adaptativa inherente al ser humano. Gustamos de escuchar a animadores/as o acampados/as: “yo me levanto rápido y me ducho más tranquilo”, o, “me fabrico una almohada con la chaqueta en el vivaqueo”. Es un aprendizaje más. Tiendas o cabañas. Defraudando a muchos; dos tercios que esperan que continuemos con el tono del párrafo anterior para llamarnos irreales, y un tercio que nos reputará de aprensivos, no entraremos a defender las tiendas de campaña como la esencia de los campamentos. Para determinados lugares y circunstancias, nos parecen tan buenas como las construcciones (cabañas o albergues) y viceversa. Lo que sí queremos recalcar, y que afecta directamente a la dinámica interna, es la distribución de los y las participantes en las estancias donde dormirán, ordenarán las pertenencias y, aunque no sea la intención, pasarán horas de charla y juegos durante el “tiempo libre” de la actividad. Lo ideal son habitaciones de 5 a 8 personas, así, la evolución relacional (de la que hablaremos más adelante) del joven parte de un núcleo de confianza. Además, si las edades no están bien diferenciadas en la actividad, evitamos, por poner un ejemplo, que el/la acampado/a de 12 comparta con el/la de 17 un momento tan afiladamente socializador como el de la noche campamental. Pasamos al foro, al lugar de encuentro. Enclave a mitad de camino para reunir a los/las acampados/as, hacer juegos y localizarse. Sí la instalación mítica era lo poético, este espacio es lo prosaico. Para terminar, nombraremos el espacio donde prende la magia: el fuego de campamento.

3. Dinámica interna: ¿Cuántos campamentos hay en un campamento? Nos adentramos en el análisis de las partes que componen la dinámica interna del campamento, una reflexión sobre las fuerzas que protagonizan el movimiento cotidiano campamental: Las actividades o los grupos, el equipo de monitores o la estructura de la cotidianeidad. Los grupos Los elementos de un grupo están definidos por roles y normas, estatus, control, atracción y comunicación. Que en el campamento cada participante esté mejor o peor, que aprenda más o menos, que se divierta o no, depende, en gran medida, de su posición e interacción con los compañeros/as en la vida comunitaria. Y es que los grupos en los campamentos, son la materia con la que trabaja un/a monitor/a, y estos, deben plantearse como si fueran entidades con vida propia. La unidad que representan en la actividad depende de su intensidad y temporalidad, en cambio su personalidad, nos viene dada por el interés que generan los miembros que lo forman. Del mismo modo que una ciudad, un campamento es vida en comunidad dividida en grupos, donde cada uno de ellos siempre es más que la suma de sus individuos, y el campamento entero, tiene una personalidad más fuerte y definida que la suma de los grupos que lo forman. Normalmente los jóvenes son vistos en masa, están acostumbrados a un discurso clasificatorio y, en muchas ocasiones, manifiestan sus quejas porque no se identifican con lo que de ellos se dice. En grupo, al producirse una

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dilución de responsabilidades, la personalidad de cada joven parece más afilada, y a veces, nos hace pensar que son más indiferentes, más revoltosos o menos reflexivos de lo que en realidad son. Esta visión deformada, ayudada por la inclinación que tenemos a contextualizar a los y las jóvenes desde el pandillaje, desde la clase; desde lo grupal, es una tendencia que en muchas ocasiones nos impide hablar con ellos de tú a tú, ya que existen visiones sesgadas y prejuicios por ambas partes. Normalmente la diferencia de edad entre los/as monitores/as y los/as adolescentes acampados/as no es muy grande, facilitando uno de los objetivos que nos planteamos a la hora de formar un grupo: conseguir que sus miembros se vean reflejados, que se identifiquen. De esta manera, lo que digamos sobre el grupo también lo diremos sobre cada uno de sus componentes y ellos lo aceptarán. El grupo recibe la personalidad de cada miembro, une todas y crea una propia que es devuelta a los que las aportaron. Se crea un proceso de retroalimentación, en el que sólo falta la capacidad o ganas de recepción para cerrar el círculo. Una vez iniciado implica diversión, amistad, expresión, responsabilidad o conciencia, cada integrante decide de forma personal a cuál de estas opciones se suscribe. El abanico de edades y su número determinan los movimientos grupales y su formación. La idea de entender el campamento varía dependiendo de la posición de cada grupo de edad. Así, en una actividad con participantes de 6 a 17 años, el grupo de los más mayores sentirán más claramente la característica que mejor les define frente al resto, y posiblemente, asumirán su papel si el monitor sabe aprovecharlo. Las tipologías de grupos hechas desde las diferentes ciencias sociales son muy variables. En el clásico manual “Introducción a la sociología de grupos” nos encontramos con una clasificación (5) que tiene en cuenta la cantidad de personas, la intencionalidad de los miembros, y el grado de filiación hacia la entidad en cuestión. Otras clasificaciones añaden factores como el nivel económico, la posición geográfica o cuestiones más actuales como el acceso a las nuevas tecnológicas. Una clasificación de grupos para un campamento depende de aspectos cuantitativos y cualitativos. Los primeros conforman el grupo físicamente, son el tamaño, la edad y la temporalidad. Los segundos lo dotan de una identidad reconocible, de un grado de interrelación entre los miembros, del nivel de participación o de la capacidad para integrarse en otros grupos, pero también nos hablan de su creatividad, forma de organizarse y otras cuestiones más sencillas como la rapidez para moverse o guardar silencio. Por nombrar alguno: grupos de comida, esporádicos, de actividades, grupos de dormitorio o grupos de edad. ¿Por qué es beneficioso integrarse en distintos tipos de grupos?

(5) Schaefers, Bernhard (1984) “Introducción a la sociología de grupos”. Ed. Herder. Barcelona, pp 28-31

Para conseguir que un/a acampado/a se lleve una vivencia plenamente satisfactoria, debe pasar por distintos grupos y diversas etapas, compartiendo experiencias con gente diferente. En muchas ocasiones los y las adolescentes no son conscientes de esto, piensan que lo mejor sería tener tiempo libre durante la mayor parte del día. Sin embargo la experiencia nos dice que cuando hay un exceso de sesteo, los jóvenes se aburren. Un campamento implica actividad y vida en grupo, y si ésta es buena y está bien dinamizada, no puede haber nada mejor.

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Si nos paramos a pensar con cuánta gente nos relacionamos en nuestra vida cotidiana, nos encontramos con la familia, la pareja, los amigos, los compañeros de trabajo, los vecinos, grupos de conocidos, familia extensa, organizaciones… Vivimos rodeados e integrados en grupos. Un campamento hace lo mismo, rodea a la persona de grupos con distinta intensidad, algunos son obligados y otros voluntarios. La reproducción de la vida cotidiana en un contexto campamental ayuda a los adolescentes a comprender cómo son las cosas normalmente, pero, en una esfera más reducida y manejable. El campamento como universo juvenil Definir la actividad campamental como micromedio y universo simbólico, no basta para explicar ciertas peculiaridades de su dinámica interna; es ineludible precisar, como determinante de las relaciones, la característica fundamental de la inmensa mayoría de las personan que lo hacen posible: “el universo juvenil”. Evidentemente, jóvenes (y niños/a) son los/as acampados/as; jóvenes son los/as animadores/as, los y las responsables directos de los y las primeros/as, los y las que, en definitiva, pasan más tiempo con ellos/as, y, relativamente jóvenes, también son los/as coordinadores/as y directores/as de campamento. Si sumamos las edades de un/a participante adolescente (16 años), de un/a educador/a o monitor/a (22 años), y de un/a director/a de la actividad (34 años), no llegamos, ni de lejos, a una vida. Este factor, inherente a la actividad, es lo que permite que en muchas ocasiones el equipo de monitores supere dificultades e imprevistos, se lleven a buen término actividades a pesar del cansancio, se trabaje por inquietudes e ideales, o que, porque también es importante, sobre esa chispa de arrebato que hace no perder la ilusión y la sonrisa. Estas son las luces de una dinámica interna incitantemente juvenil; las sombras, que las hay, tienen que ver con la intensidad de la experiencia, los sentimientos y las pasiones que se puedan llegar a despertar. Aquí un equipo maduro (no digo con más edad) es más eficiente. Las relaciones entre los/as monitores/as pertenecen a un plano de la realidad diferente del de la actividad programada, es otro campamento, que si repercute en el de los/as acampados/as, lo ideal es que sea de forma beneficiosa, como exhibición y ejemplo de felicidad y maneras de relacionarse. Los y las jóvenes reproducen nuestros comportamientos y copian los modos de acercarnos a los demás, el ejemplo, se convierte en otra herramienta educativa más. Cualquier equipo de trabajo es más que la suma de actitudes y aptitudes de cada miembro. Más completo y competente será, cuantas más cualidades ponga en acción: la animación, la escucha, la reflexión, la diversión, el físico,… Cada rol es importante y cumple su función en un fenómeno poliédrico como el de la dinámica campamental. Las posibilidades de los/as animadores/as como educadores/as, tiene en la relación con el/la acampado su mayor rédito; es el espacio de los aprendizajes más significativos. Con un rol social flexible, adaptable y siempre asociado a lo lúdico, es fácil valerse de las ventajas de lo no formal para controlar o evitar situaciones conflictivas. Quizá por esto, la figura del monitor sufre en ocasiones distorsiones en su percepción por parte de los y las participantes. No es extraño que algunos (en el casos de niños pequeños) los vean como sustitutos de sus padres o madres, otros los confundan con un policía, o que piensen que son profesores o psicólogos.

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Búsqueda de autonomía de los adolescentes Los/las adolescentes buscan su autonomía personal en el tiempo libre, junto a su grupo de iguales, pelean (como lo hicieron las generaciones anteriores) por ganarse momentos de experimentación de un poder autónomo respecto al mundo de los adultos. En los campamentos, esta búsqueda se traslada, en alguna ocasión, a los intentos de hacer lo que no pueden de vacaciones con sus padres. Nos referimos a reasentar sus hábitos de tiempo libre de fin de semana a 15 días con sus amigos, porque los comportamientos relacionados con la exaltación del ocio institucionalizado, lo que hace más de medio siglo George Devereux denomino “trastorno étnico” (6), no se crea en los campamentos. Cuando un reducido grupo de jóvenes es descubierto consumiendo tóxicos tras las actividades, debemos suponer que no es la primera vez que lo hacen. Esta dinámica de búsqueda de autonomía por parte de los adolescentes, es una de las relaciones y uno de los trabajos más interesantes, dado su marcado carácter educativo, con el que se puede encontrar un/a monitor/a. Si bien la autogestión y la participación activa del joven en su tiempo de ocio, pueden y deben ser uno de los objetivos del proyecto educativo, las propuestas y las acciones por parte de los adolescentes, deberán, asimismo, ser pertinentes con el espíritu del proyecto y sus premisas educativas. Es interesante que el grupo de acampados/as lo viva como un proceso de equilibrios y diálogos, donde (y aquí entra en juego nuestro oficio), si las interacciones son significativas, el ambiente es de confianza y la actividad es estimulante, el grupo tomará como propio aquello que hemos intentado trasmitir al mismo tiempo que se divertían. Esto no evita, que se pueda producir una situación donde sólo el conocimiento, como experiencia sedimentada, y la intuición, como velocidad punta de la inteligencia, le haga saber al educador/a cómo se va a comportar un grupo en determinadas circunstancias. La Actividad De forma estructurada, como tarea cotidiana, o como encuentro espontáneo en un espacio de convivencia donde los grupos están en continuo movimiento, la acción es la reina de los campamentos, la llave que abre la puerta al aprendizaje, teje en su seno el estado festivo como transfiguración de la vida social en pública (7) y se concreta en juegos. Es el espacio natural del monitor, donde se demuestra su fuerza dinamizadora.

(6) Comas, Domingo. (2000) “Agobio y normalidad: una mirada crítica sobre el sector ocio juvenil en la España actual” Revista estudios de juventud nº. 50 INJUVE. Madrid.

Sin querer descubrir el Mediterráneo, diremos encantados que jugar llena la vida de contenido más allá de la productividad, es un fin en sí mismo que fomenta la imaginación y mejora las capacidades físicas y mentales, estimula la perseverancia y enseña a ganar y a perder. Pero, sobre todo, divierte, y éste es el objetivo del que dependen todos los demás. Si no conseguimos entretener, disfrutar y hacer reír a los y las jóvenes, no les podremos enseñar nada porque no nos escucharán.

(7) Gil Calvo, Enrique. (1991) “Estado de Fiesta” Espasa-Calpe, S.A., Madrid.

Una programación por objetivos donde las actividades significan tanto por su contenido como por su posición respecto a las demás, es lo que permite en el campamento hacer muchas cosas sin caer en el activismo. Debemos saber qué vamos a hacer, por qué, cómo lo vamos a hacer y antes o después de qué. Esta es la diferencia entre una actividad intensa y coherente, y un discontinuo de juegos inconexos que no reflejan realmente la temperatura

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anímica del grupo, y que, por tanto, son muy difíciles de evaluar. La evolución relacional de los participantes y su apertura a los demás, se facilita a través de esta forma de proyectar, escalonando sus relaciones del pequeño grupo de los compañeros de habitación o tienda, a la gran actividad con todo el campamento, pasando por los grupos de edad. Ahora bien, dada la voluble naturaleza de los campamentos, depende de las posibilidades que tengamos de intercambiar o modificar las actividades, sin trastocar sus consecuencias relacionadas con nuestro modelo e impacto en la dinámica, el que podamos o no sortear los infortunios o cambios inesperados con cierta normalidad. Debemos ser flexibles, estar dispuestos a hacer papiroflexia con la hoja del planning. Parece fácil, pero si a esta actitud y metodología aún le sumamos la experiencia, todavía es posible caer en las prisas y el parcheado de ir solucionando urgencias, que exigen una actuación inmediata. Un angosto pasillo en cuesta donde nos valemos de cualquier cosa para que la actividad salga adelante, sin importarnos algunos objetivos o elementos básicos asociados a la convivencia y a la vida en grupo. Estamos cometiendo un error y es bueno saberlo; anteponemos el activismo al modelo educativo y, como un campamento no para nunca, es un continuo donde todo afecta a lo siguiente sin pausas, hay situaciones, prácticamente horas, en las que sólo podemos correr y esperar el momento adecuado. La rutina campamental Las rutinas son la plataforma socializadora de nuestro micromedio, donde el campamento se hace tratamiento educativo de la cotidianeidad (8). Los campamentos se componen, siempre en grupo, de las situaciones propias de la vida cotidiana, por lo tanto, podemos intervenir en aspectos adonde no llegan otras instituciones educativas si exceptuamos la familia o los internados (9). Del mismo modo que los juegos son un medio para educar en valores, las comidas, la higiene o el cansancio, como rutinas sistematizadas; como actividad, nos permiten la educación en hábitos saludables de vida. Bien organizado, el momento de las comidas debería servirnos para transmitir aprendizajes relacionados, tanto con los buenos modales en la mesa, como con la cultura de una dieta equilibrada. Si la instalación nos lo permite, que los y las jóvenes participen, de forma rotatoria, de las tareas asociadas al comedor (poner y quitar la mesa, fregarse el plato…). Para crear el sentimiento de grupo al que aludíamos antes, es bueno que todo el campamento empiece y termine de comer a la vez.

(8) Puig Josep Mª y Trilla Jaume. Ob cit. (1987) (9) Puig Josep Mª y Trilla Jaume. Ob cit. (1987)

Otra de las grandes cuestiones rutinarias es la higiene, el aseo personal y el cuidado y mantenimiento de las estancias, lo que antes se llamaban las tareas comunes, que, envueltas en aspectos lúdicos, pueden ser un juego más del campamento. La vida en naturaleza y el cambio de ambiente; el agua que se bebe, el baño en un lugar inadecuado o la inspección de un bosque, pueden convertirse en pequeñas molestias físicas para los/as acampados/as. Vigilar y cuidar la higiene en toda actividad campamental, es una tarea cotidiana que atañe a todos los miembros de la comunidad. Hay otros ejemplos, más íntimamente ligados con el equipo de monitores, que se pueden considerar propios de la dinámica interna como rutinas. Tenemos espacio para contextualizar dos: el cansancio y las reuniones. El

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primero está asociado a la actividad, encarna las enfermedades y las controversias entre los educadores. Dependiendo de las motivaciones y la profesionalidad, tiene que ver más con el carácter que con el estado físico, no así en el campamento de los/as acampados/as, donde es el reflejo de cierto desequilibrio programático. Un campamento cansado es aquél donde los pesos acción, descanso, felicidad e interacciones, no están bien compensados. Final de una jornada (o comienzo de otra) para el equipo de animadores, las reuniones son el único encuentro y la única dinámica adulta de las colonias de verano. Modificar, planificar o revisar el día siguiente, debatir y aprender a través de la escucha activa, son algunas de sus funciones más obvias. Tiene otras, también es momento para la distensión mediante relaciones simétricas entre jóvenes. Lo importante es que cada reunión viene determinada por lo que va sucediendo día a día, realmente no se pueden planificar de antemano, hay que “leer el partido” del campamento y decidir qué reunión y cómo se debe hacer. El trato en la actividad no estructurada: El estilo Acierta de lleno Agustí Béjar cuando señala en otro artículo de este mismo monográfico (dedicado al progreso personal en los adolescentes), la importancia de los momentos de “actividad no mediatizada”, afirmando que se ha encontrado con pocos monitores que desaprovechasen tan “básico momento” para estrechar lazos y establecer relaciones espontáneas. Creemos que la dinamización hace buena una programación, y, por encima de esta última, está el trato, el estilo; la forma y el cómo interactuamos con los jóvenes. La gran actividad estructurada es la puesta en escena que se queda grabada en la retina, pero son las conversaciones distendidas, el encuentro diario, los consejos y las confidencias tras la actividad, lo que deja ese hondo poso en el joven que origina la experiencia memorable: el poder educativo del recuerdo. Las vivencias y las relaciones generan por sí mismas alguna clase de influjo educativo, “es como prolongar a través del tiempo la proyección formativa de los actos y de las situaciones, que ya en su momento habían producido efectos de educación” (10). El monitor es un relojero que pone en hora unas manecillas invisibles, no sabe cuándo, ni dónde, su comportamiento y forma de relacionarse harán saltar la alarma educativa en forma de recuerdo. Confía en su tacto, y aunque se sabe pequeña pieza dentro del mecanismo, comprende que muchas veces no sea reconocido porque ya no está, cuando puntual, su labor surte efecto.

(10) Puig Josep Mª y Trilla Jaume. Ob cit. (1987)

La intensidad de la actividad cincela ciertos recuerdos que se mantendrán siempre en los resortes de la memoria, también impone una digestión lenta. En un primer momento el acampado responde con monosílabos a las preguntas acerca de la experiencia y los hechos vividos. Poco a poco, va verbalizando los juegos y las situaciones, los nombres de los amigos o las aventuras, al mismo tiempo que se hace consciente de ello. Y así estará un tiempo relativamente largo: es el poscampamento. Si un recreo descansa y una clase magistral descubre, un campamento se cuenta. Por eso no es bueno que los y las jóvenes realicen dos actividades seguidas, se desborda el contenido del continente emocional, el recuerdo como elemento educativo, pierde su espacio de acción.

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4. Evolución de la dinámica interna campamental: Metodología de proyectos En nuestro afán por sistematizar la práctica, como un ejercicio de confrontar conocimientos relacionados directamente con la dinámica interna de cualquier actividad grupal, buscamos formas de trabajo en equipo que se puedan comparar al de los campamentos. Ejemplos desde los que poder explicarnos e intentar objetivarnos, para reconocer mejor el qué y el porqué de las acciones. Las características más coincidentes de las referencias examinadas (rodaje de una película, organización de una vuelta ciclista por equipos, gira de una banda de música…), casi siempre se anclan en la metodología de proyectos, esto es, en una finalidad compartida que es el contenido y el motor de las relaciones de un grupo que se torna equipo. En todas ellas hay una evolución que, misteriosamente, y gracias a esta metodología de desarrollo, hacen que vivamos el total y el proceso como algo más que la suma de las partes. Ambicionando este efecto cognitivo, parecido al de leer un poemario sin pausas, vamos a terminar este artículo con una postal en movimiento remitida desde nuestro modelo ideal. Todo comienzo y todo final son dinámicas especiales, donde hay que andar más despierto y con más cuidado porque pisamos el frágil terreno de las transiciones. Desde este punto de vista, el acogimiento es la forma de acelerar dicho impás, de hacer saber al participante que se adentra en una comunidad peculiar, y que, por tamaño y acción, es cómoda y habitable a sus necesidades e intereses. También que está por hacer, que hemos limpiado las señas de identidad de la actividad anterior para que el joven protagonice y personalice el espacio. Así, cada grupo se encuentra con un campamento, que el último día será otro. Pero, ¿dónde están los límites, cuál es el pistoletazo de salida y la bajada del telón? Podríamos nombrar las dos actividades informales y nocturnas, que por sus mitos, efervescencia y consecuencias, pueden marcar todo un campamento: la primera y la última noche. (Pero, sigamos el guión) La transición de entrada es puro nerviosismo, los primeros contactos nocturnos no mediatizados por la actividad estructurada, excitan a un grupo que, muy descansado, por fin está con sus iguales en el campamento. Dado el primer paso, nos sumergimos en el micromedio. La actividad campamental se instala rápidamente, pasamos de hacer las cosas por primera vez, más lentas y con más explicaciones, donde el monitor tiene mucha presencia, a que sea el grupo, con sus peculiaridades, el que las vaya definiendo. El día a día es un engranaje fluido, los pequeños grupos se van formando, los roles se hacen nítidos, parece que la instalación se achica, que se nos queda pequeña: es el momento de salir de la instalación. Hemos construido, con dobleces precisos, un barquito de papel encima de la mesa, coloquémoslo con cuidado sobre el agua a ver cómo navega, descubramos el entorno y desenvolvámonos en la naturaleza. Una pedanía o un vivaqueo tras el primer tercio de la actividad (que no impide excursiones puntuales a la playa, a un pueblo,…) funda y funde al grupo, es el momento de las aventuras, del viaje dentro del viaje; andar por la montaña, descubrir paisajes, dormir al raso y compartir incomodidades. Como un ciclón, el grupo regresará al campamento (“a casa”) más unido, con la satisfacción de haber superado, dependiendo del caso, pequeñas o grandes dificultades. Llegamos al espacio de las grandes dinámicas de grupo, cuando, si lo hemos hecho todo bien, nos jugamos el mantener el nivel de diversión y de “buen

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rollo” que hemos conseguido. No olvidemos que en una volata se gana (y se pierde) una carrera, estamos en el último tercio del campamento, cuando las relaciones son mucho más ricas y fáciles, nos movemos en un universo simbólico propio y creado. Si tenemos guardada alguna gran actividad, es el momento de realizarla, el momento de los fuegos de artificio. Lo más extraordinario de la programación disloca la rutina campamental y confunde a los grupos haciéndolos uno. Nos acercamos al final, si nos ponemos de puntillas, atisbamos la última curva del camino. El esprín se va ralentizando por un aire melancólico que sin querer respiramos, aterrizamos en un breve pero intensísimo momento de cierta reflexión y evaluación grupal; en la última vez que hacemos cada actividad. La última comida juntos, preparar la mochila, la encuesta, la última velada nocturna como instantánea final. Todo apunta a las despedidas y al tono emotivo que conllevan, pero, no nos dejemos contagiar, el campamento no termina hasta que los jóvenes no llegan a casa, no descuidemos la última noche. Por su halo legendario de espacio donde “todo vale” porque acabamos algo, es un lastre de bromas pesadas o novatadas tan antiguo como desagradable, y aunque prácticamente ha desaparecido de los campamentos, debe poner a los/as monitores/as en alerta. Una mala experiencia, enturbia el trabajo de toda la actividad, contradice los objetivos educativos y reproduce los peores comportamientos de la sociedad. Mucho más cansados que el primer día, nos juntamos una vez más en la última reunión del equipo de monitores, última reflexión en grupo sobre la actividad que sirve de evaluación. Aunque las sensaciones están muy calientes, es el momento de que todo el mundo participe y exponga su sincero parecer. Recogido en un documento, puede ser otra herramienta de trabajo sumado a la encuesta que se les pasa a los acampados. Sinceramente, no es fácil evaluar un campamento, las vivencias se confunden y los recuerdos se modifican inconscientemente, al fin y al cabo, hablamos de relaciones humanas y de observaciones subjetivas. Variables como un número alto de participantes repetidores, o el contenido de las preguntas abiertas de la encuesta, nos pueden ofrecer una visión realista. Quizá, lo mejor sea esperar a que días después, en el poscampamento, mientras los jóvenes acampados asimilan lo vivido a través del tamiz de la anécdota, aparezcan, entre sueños, situaciones, caras, nombres y paisajes, que hagan más lúcidas nuestras suposiciones. Tan limitado en el tiempo y tan intenso, el campamento, como sueño de verano, tiene una lectura eficaz en el duermevela.

BIBLIOGRAFÍA Marí, Sebastá (1996) Contra viento y marea: la vida cotidiana en campamentos y colonias. Binissalem, Illes Balears Martín Adúriz, Fernando y Mellado Santamaría, J.L. (1991) Campamentos educativos ciudad del Nhorte. Ideas y propuestas Fac Nhorte. Asturias. Fernández Olivares, Santiago (1991) El campamento como unidad educativa singular en España. Tesina de fin de carrera. INEF. Madrid. Puig Josep Mª y Trilla Jaume, “La pedagogía del ocio” (1987) Ed. Alertes, Barcelona. Schaefers, Bernhard, “Introducción a la sociología de grupos” (1984). Ed Herder. Barcelona. Comas, Domingo, “Agobio y normalidad: una mirada crítica sobre el sector ocio juvenil en la España actual” (2000) Revista estudios de juventud nº. 50 INJUVE. Madrid. Gil Calvo, Enrique. “Estado de Fiesta” (1991) Espasa-Calpe, S.A., Madrid.

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Adolfo Carnero Peón Profesor-coordinador de la Escuela de Animadores Juveniles en Alicante.

DOCUMENTOS

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La formación de educadores en el tiempo libre: campamentos y centros de vacaciones.

Desde su perspectiva como profesional de la formación, el autor, en este artículo, pretende, a partir del análisis de las distintas normativas de las CC AA, los eventos más significativos para el sector en los últimos años, y la cantidad de certificaciones emitidas, plantear las características que deben de reunir las personas que hacen de monitores y directores/coordinadores de actividades de T.L., su emergencia social como educadores no-formales, la importancia de los procesos de enseñanza-aprendizaje de estos perfiles, los retos y tareas urgentes a realizar a fin de garantizar la pervivencia y la calidad de las actuaciones en el sector

Palabras clave: Escuelas de animación, formación, tiempo libre, monitor, animador, coordinador, Comunidad Autónoma (CC AA), educadores, educación no formal.

Heterogeneidad - Homogeneidad: La búsqueda de un modelo común Desde la recuperación de la democracia y la configuración del Estado Español descentralizado, las competencias en juventud corresponden a los distintos gobiernos autónomos, los cuales han configurado de distintas y variadas formas los organismos competentes en desarrollarlas, desde direcciones generales a organismos autónomos, y con diferente peso dentro de sus estructuras administrativas, según su ubicación dentro de los distintos organigramas administrativos, ya sea dependiendo de Departamentos de Presidencia, de Consejerías de Cultura y Educación, de Bienestar Social, como Institutos cuya única competencia es Juventud o con más áreas. Fundamentalmente a partir del Año Internacional de la Juventud, en 1985, los Gobiernos Autónomos más audaces, y respondiendo a una necesidad manifestada en sus territorios, se lanzan a regular la formación de los agentes que van a intervenir directamente en el ocio y tiempo libre juvenil. En especial, y concretamente, en los distintos tipos de actividades, programas e instalaciones que en estas acciones se desarrollan. Hasta ese momento sólo contaban con una normativa de la época tardo-franquista: - Decreto 2253/1974, de 20 de julio, sobre organización e inspección de campamentos, albergues, colonias y marchas juveniles, BOE nº 195 de 15-08-74. - Orden de la Secretaría General del Movimiento de 25 de noviembre del 1976, por la que se determinan las condiciones de idoneidad para dirigir campamentos, albergues, colonias y marchas juveniles y se autoriza la constitución de Escuelas para la formación de especialistas en dichas actividades -BOE nº 287 de 30-11-76).

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La nueva situación político-institucional conllevó la incorporación en un número considerable de personas a las estructuras administrativas, tanto por su forma descentralizada, como por su modelo democrático en los tres niveles de las administraciones públicas existentes. Administración Central del Estado, Administraciones Autonómicas y Administraciones Locales (Diputaciones, Ayuntamientos, etc.). En las áreas de servicios directos a la ciudadanía gran parte de ellas provienen del tejido asociativo vecinal, juvenil, profesional e incluso confesional, el cual, como no podía ser de otra forma, estaba fuertemente influido por tendencias y metodologías de tipo participativo, cooperativo, no-directivo, etc.; propias de una sociedad moderna. En un principio los centros de formación se centran alrededor de tres perfiles, que con distintas denominaciones según los territorios corresponderían a: -Monitor/educador de centros de vacaciones/ actividades de tiempo libre infantil y juvenil. -Director/coordinador de actividades de tiempo libre juvenil. -Animador/dinamizador socio cultural/comunitario. Estamos hablando de mediados/finales de los años 80 y principios de los 90. Quisiera significar como referentes históricos, y sin ánimo de ser exhaustivo, algunos acontecimientos que, desde el punto de vista del autor, fueron importantes en la clarificación del discurso sobre la formación de agentes educativos que intervienen en y desde el ocio infantil y juvenil. A este respecto hay que señalar, para quien no esté familiarizado con estos procesos de enseñanza-aprendizaje que siempre nos estamos refiriendo a procesos de educación no-formal, es decir, por un lado, no conducen a la consecución de titulaciones académicas, y por otro, que sus diseños, si bien están realizados por personal técnico y cualificado profesionalmente para ello, no provienen de los departamentos de educación reglada de las distintas administraciones, sino, y casi mayoritariamente, de los distintos organismos de Juventud, en otros de Cultura, Participación y/o Acción Social. - Se promueve desde el Ministerio de Cultura (Instituto de la Juventud), y a instancias de las Direcciones Generales de Juventud de las CC AA, una reunión sectorial (Madrid, 13-14 de junio de 1985), con la participación de representantes de las Comunidades Autónomas, donde se aborda, entre otros puntos, la “regulación de las Escuelas de Tiempo Libre, homologación de titulaciones y actividades en el Tiempo Libre”, que conlleva la adopción de una serie de acuerdos vinculantes.(…) ratificados en una posterior reunión institucional de Directores Generales de Juventud de las CC AA (14 de octubre de 1985),que sirvieron como base de regulación por parte de las Comunidades Autónomas, tanto en la organización de las actividades de tiempo libre infantil y juvenil, como en la estructuración de los perfiles formativos (Monitor y Director de Actividades de Tiempo Libre) y su homologación (1).

(1) De Catalá, Ricard en “educación Social: Viejos Usos y nuevos retos”. Universitat de Valencia (2003)

- Las jornadas “La formación de educadores y agentes socioculturales”, desarrolladas en Barcelona del 25 al 28 de abril del 1988, donde se clarifican los tres perfiles señalados anteriormente, y se sientan las bases de lo que más tarde daría lugar a la configuración de los estudios de “educación social” dentro de las disciplinas universitarias. A partir de estas jornadas se comienza a separar claramente la animación socio-cultural, entendida como una

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intervención desde la educación social, con las especialidades que más tarde se configurarán la diplomatura universitaria de “Educación Social” y la licenciatura en “Pedagogía social”, de la intervención en el tiempo libre infantil y juvenil, en la que se pregona como metodología predominante la animación socio-cultural, ya sea en el medio rural, urbano, en régimen intensivo, o “sin albergue”, con unos planteamientos y lenguaje común a la primera, pero con una propuesta de actividades diferenciada, un grupo humano de referencia delimitado y una historia, que si bien tanto en las organizaciones como en los profesionales han coincidido en determinadas épocas, se separan “sin perderse de vista mutuamente”. - En mayo y julio de 1991, respectivamente se realizan sendas reuniones técnicas de trabajo en Jerez y Tenerife, organizadas por la Coordinadora de Escuelas Públicas de Animación de las Administraciones Públicas (CEPAS), que sin tener una cobertura legal clara ya antes había organizado otros foros con la preocupación fundamental de reflexionar y clarificar este sector: En estas dos reuniones se plantean como objetivo prioritario llegar a acuerdos para poder avanzar hacia un modelo de formación integrado y homogéneo, los técnicos de formación contrastan los diferentes desarrollos curriculares, analizan y comparan las distintas denominaciones que se han dado a estos cursos en las CC AA, los contenidos de los mismos, métodos, sus cargas horarias, se realizan tablas comparativas que reflejan la diversidad y se analizan las posibilidades de tránsito de los agentes que intervienen en la educación en el tiempo libre entre las distintas autonomías que configuran el Estado. -El Encuentro Estatal “Presente y Futuro de la Formación de Animadores Juveniles” desarrollado en Valencia entre el 14-16 de junio de 1996,, en el que participaron representantes técnicos de las distintas administraciones públicas y representantes de escuelas de iniciativa social, generalmente asociativas: “Permitió, por un lado, revisar y actualizar los acuerdos adoptados en la década anterior sobre perfiles y contenidos (1985); y por otra parte, establecer criterios comunes que pudieran servir para un ordenamiento jurídico que homologara la formación de Monitores y Directores de Tiempo Libre en todo el Estado español, así como avanzar sobre la obligatoriedad de estas certificaciones para intervenir en actividades de tiempo libre juvenil. Este encuentro supuso un punto de inflexión para la reactivación de este sector de la formación de animadores, que había entrado en una crisis a principios de los años noventa, en consonancia con la detracción de las políticas sociales y culturales” (2). A los efectos del presente artículo quisiera resaltar algunas de las conclusiones/propuestas del grupo de trabajo “la regulación de la formación de monitores y directores de Actividades de Tiempo Libre Juvenil”: - Poner en marcha una Comisión de Formación con representantes de todas las CC AA, con el soporte del INJUVE, que revisaría los acuerdos tomados en 1985, las conclusiones de estas jornadas y que debería mantener reuniones periódicas a fin de establecer una coordinación permanente del sector.

(2) De Catalá, Ricard obra citada.

- Que las Escuelas de las Administraciones públicas actúen con criterios de subsidiariedad. Realizando formación de monitores y directores en los casos en que las escuelas de las asociaciones no lo puedan realizar; creando foros y vías de comunicación entre las diferentes escuelas de sus CC AA; facilitando la formación permanente y recursos técnicos al profesorado de las distintas escuelas.

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- Se proponen mínimos de perfil tanto académico como de experiencia, tanto para la dirección de las escuelas, como para el equipo de profesorado. - A las direcciones generales de las CCAA se les pide que realicen funciones de supervisión, seguimiento y control de las escuelas; que mantengan actualizado sus registros de escuelas y a disposición, que expidan los correspondientes certificados de monitor y Director/coordinador; que se reconozcan mutuamente las titulaciones de otras CC AA, incluyendo este precepto en sus textos legales; que se estudie en qué actividades de Tiempo Libre infantil y juvenil (en adelante TLIJ) se ha de exigir estas titulaciones y en qué condiciones. - Respecto a las nuevas titulaciones del ámbito de la educación reglada señalar que el origen proviene del ámbito del TLIJ, es decir de la formación no-reglada, que no se ha de entrar en competencia, independientemente que ambas pueden ser complementarias. Pidiendo se establezcan las gestiones y medidas adecuadas con la administración educativa y laboral para crear puentes entre esta formación y las nuevas titulaciones establecidas por la formación profesional y universitaria, a fin de que estos títulos puedan ser valorados y reconocidos, como se ha hecho en otros campos de la formación en que se han dado situaciones parecidas (3). - Congreso estatal de escuelas de educación en el Tiempo libre, desarrollado en Palma de Mallorca del 10 al 13 de Marzo del 2005, con motivo del 25 aniversario del “Centre d’estudis de l’esplai”. Entre las aportaciones, experiencias y conclusiones destacaría (4): - La necesidad de entender el concepto de tiempo libre desde un punto de vista relacional y contextual, actualizado, lo que supone nuevos retos en el ámbito de la formación e intervención en el tiempo libre, relacionada con aspectos como las nuevas necesidades sociales y nuevas competencias tanto para profesionales como voluntarios; un nuevo tipo de alumnado; el debate sobre la calidad educativa, complejo por su carácter polisémico; y el papel de las administraciones como compensadoras. - Que en la formación en el tiempo libre lo fundamental no es la exigencia, la acreditación codificada, no se persigue únicamente la capacitación como educadores de tiempo libre, sino que hay otras motivaciones importantes: formar a personas participativas, solidarias, trabajar el desarrollo personal, la confianza en las propias posibilidades; que sólo la educación en el tiempo libre ofrece espacios para la reflexión social, política (que no partidista) en la línea de creación de una conciencia ciudadana; y que el tratamiento de la interculturalidad en la formación de los educadores/as de tiempo libre, debe ser un contenido trasversal. - El papel de referente histórico que han tenido y deben tener las escuelas promovidas por asociaciones y entidades prestadoras de servicios a la juventud. - El reconocimiento social de los formadores de animadores, la formación implicaría un proceso de reflexión continua y bidireccional que ciertamente enriquecería nuestra labor formativa. (3) Extraído de la documentación de las propias jornadas. (4) Extraído del material en soporte informático proporcionado finalizadas las jornadas.

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- La exposición del Instituto Nacional de las Cualificaciones (en adelante INCUAL), en su trabajo de definición de las diferentes familias y cualificaciones profesionales, que se convierte en una posibilidad más de reconocimiento de nuestras titulaciones básicas. - El grupo de formación básica, trabajó sobre las competencias necesarias de un educador de tiempo libre, labor que permitiría, de continuarse, revisar

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e incluso consensuar el diseño de los contenidos de nuestros cursos, la homologación de las titulaciones básicas entre todas las Comunidades lo que constituye una tarea compleja por la diversidad respecto de su duración y metodología. Un camino podría ser el de la habilitación profesional entre las diferentes Comunidades. Sobre la evaluación, se destacó la necesidad del seguimiento y control por parte de la Administración dejando la evaluación del alumnado exclusivamente en manos de las escuelas. - La formación continua de monitores/as y directores/as, ha de ser optativa, enriquecedora, voluntaria y no vinculada necesariamente a una certificación; adaptándose a la realidad social y que distinga entre un formato de especialización y actualización; que valore la experiencia e intervención dentro de las mismas asociaciones encontrando fórmulas que posibiliten su reconocimiento. Abrir dicha formación a nuevos campos: grupos de edad, sectoriales (personas con discapacidad, inmigrantes...), nuevos recursos, para el trabajo cotidiano, patrimonio cultural… Se ve como una necesidad que las administraciones regulen esta formación de manera flexible y abierta, adaptada a la realidad de cada momento y escuela. - Desde la “Generalitat de Catalunya” se ha impulsado la creación del “Consell asesor de formació en l’educació en el temps lliure”, con la intención de fomentar y promocionar la voz de las asociaciones y servir de puente entre las escuelas y la administración autonómica. - Se presentó la propuesta de Convenio colectivo para el sector del tiempo libre educativo y sociocultural en Catalunya, por parte de la “Fundació Pere Tarrés”. - En la nueva estructura de las titulaciones universitarias se deberá renegociar el reconocimiento de nuestra formación a través de los créditos de libre configuración o elección. - La figura del educador de tiempo libre profesional está inevitablemente ganando terreno a la figura del voluntario, aunque se reconoció que ambas figuras deberán convivir. - Debate sobre dos cuestiones, la formación on-line y el papel de las ETL, cuando llevan a cabo su intervención en ámbitos geográficos que no son los suyos. - La posibilidad de creación de una red de escuelas de tiempo libre a nivel estatal, que podría establecer diferentes modalidades o niveles de participación, teniendo en cuenta experiencias de redes autonómicas, la utilidad que puede suponer para escuelas de reciente creación, posibilidad de redactar un código deontológico. Resumiendo este apartado podríamos decir que existe una heterogeneidad respecto a las denominaciones y desarrollos de los procesos de enseñanzaaprendizaje que llevan a la obtención de las certificaciones o títulos como educadores en el Tiempo Libre (monitores y directores/coordinadores/animadores juveniles) hecho sobradamente justificado por el hecho de que las competencias en juventud son propias de las CC AA. El INJUVE, a quien en algunas ocasiones y habiendo propiciado varias reuniones, se le ha demandado que actúe, no tiene cobertura legal suficiente para legislar al respecto. Los acuerdos de 1985, en los que había un compromiso verbal por parte de los Directores Generales de Juventud, se han ido cumpliendo en mayor o menor medida y con bastantes dificultades, ya que sólo algunas CC AA han

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normativizado en reconocimiento y/o homologación de procesos de formación realizados en otras CC AA; por otro lado si bien los procesos de formación regulados son diversos, no son, en su mayor parte, distintos, a partir de las reuniones de CEPAS de 1991. Las modificaciones normativas se han ido aproximando en gran medida a un modelo común, lo que podríamos denominar “máximo común múltiplo”, tanto respecto de la carga horaria como en los contenidos a desarrollar. Personalmente pienso que existen una serie de retos de urgente tratamiento si queremos que el sector evolucione y conserve un buen estado de salud. Entre los grandes está por un lado, el asegurar la cobertura legal del reconocimiento y/o homologación de las certificaciones en todas las CC AA del Estado Español, y reafirmo el método propuesto en las jornadas de Valencia del 1996, es decir, incluir esta posibilidad en la normativa, reconociendo la capacidad de actuar como tal a quien venga así acreditado desde su CC AA, la idea es vieja y también se emplea en otros procesos formativos a nivel de Unión Europea. Otro método es la homologación, que conlleva un proceso más largo y burocrático; por otro lado, está el trabajo que desarrolla el INCUAL respecto al diseño de las cualificaciones profesionales dentro de la familia de servicios socio-culturales y a la comunidad, éstos deberían recoger el trabajo realizado en estos últimos, como mínimo 20 años, y posibilitar el reconocimiento y la posibilidad de acreditación de las personas formadas en estos procesos no formales, pero regulados, de calidad, así como la experiencia acumulada sobre el terreno. Esta vía también posibilitaría una cobertura al nivel de las distintas CC AA del Estado, así como un “pasaporte profesional” de cara al resto de los Estados de la Unión Europea. Entre los retos pequeños está el de la calidad de la formación, para intentar asegurar la calidad de la intervención, que se está atajando a través de la tipificación de las condiciones de acceso a los cursos y requisitos para el equipo directivo y profesorado de las escuelas; y por los programas, cada vez más exigibles, de formación de formadores en TL para impartir sesiones de formación. Y para no cansar, y obviando otros, mencionaría la formación on-line (posibilidades y limitaciones) y el ya mencionado panorama europeo que se abre en el 2007, con el reconocimiento de las cualificaciones profesionales y la movilidad geográfica.

La formación de educadores en el tiempo libre juvenil En primer lugar quisiera caracterizar los dos perfiles de referencia, tal como yo los entiendo. - La persona que asume las funciones de monitor de actividades de tiempo libre infantil y juvenil (5) (en adelante MTL, aunque recibe nombres diversos según las CC AA) pivotaría sobre los siguientes ejes: Es un agente educativo no-formal, con una clara intencionalidad, en sus objetivos (educar en, desde, y para ese tiempo liberado, desde un punto de vista integral de la persona, donde la comunicación, la creatividad, la diversión, el respeto, la relación y la participación colectiva son ejes esenciales).

(5) Expresión aprendida del libro de Franch, Joaquim y Martinell, Alfons (1985) “Fer de monitor. L’animació de grups d’esplai i de vacances”.Edit. Laia. Cuadernos de Pedagogía

Trabaja en el espacio de tiempo singular, liberado de los compromisos sociofamiliares, laborales, escolares, que se han denominado de Ocio y Tiempo Libre, antiguamente “Aire Libre” (en referencia al lugar y los objetivos que se planteaban); fuera de las reglas y normas determinadas en aquellos espacios, donde está predeterminado el qué hacer (producto final), cómo llevarlo a cabo (asignación de medios, recursos y métodos) y cuánto realizar. Donde

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los objetivos de las actuaciones están fuera del grupo de referencia (jóvenes y equipo de monitores), con una estructura normalmente piramidal determinada por un tercero (estado, administración, padres, empresario) y con poca o nula posibilidad de influencia en la misma o con tipificadas relaciones “horizontales”. Facilitando la realización de proyectos y actividades singulares que no se dan en el acontecer diario. Desarrolla su trabajo con un colectivo poblacional delimitado, un pequeño grupo de chicos/as, definido, con unas características psico-sociológicas referenciales que ha de concretar en cada intervención, con una función esencial de acompañamiento y facilitando su seguridad en todos los sentidos y aspectos, sirviendo de modelo referencial con su “presencia”; y en unos contextos físicos e institucionales determinados. Y respecto del tema de este nº 71 de la Revista, en espacios físicos singulares, ya sea en la naturaleza o en contextos urbanos (donde se redefinen los usos de los lugares y se ven con “otros ojos” y desde otro punto de vista), con una significativa intensidad de convivencia (24 horas o en la modalidad de colonias sin albergue). Su tarea la desarrolla normalmente en equipo, con otros monitores en una relación de igualdad (coordinados por y con otra figura, que asume las funciones de coordinación/dirección del grupo, planificación y representación), aunque también, y en ocasiones, puede desarrollar su acción personalmente de forma casi-autónoma, desarrollando talleres o actividades concretas dentro de marco institucional o proyecto más amplio. Por ello, al trabajar coordinadamente en grupo, se “especializa” en un sector de actividad complementario con los de los otros miembros de su equipo de trabajo. La persona que se forma y asume las funciones de director/coordinador/animador de actividades de T. L. (en adelante C/DTL, independientemente de la denominación en cada CC AA): Participa de los apartados a) b) y c) que antes he mencionado para los MTL, aunque tal vez con mayor profundización en su concepción y discurso, ya que normalmente ha pasado por la función y formación como MTL antes de realizar funciones de C/DTL, además son características propias que cualquier agente que pretenda intervenir en el sector debe conocer y dominar en su discurso y actuación. Sin dejar de realizar las funciones que en el apartado c) anterior se asignan al MTL, aunque en un segundo nivel, de supervisión y de garantía; su grupo de referencia es el equipo de MTL, al que y con quien debe trabajar, impulsándolo, animándolo, dinamizándolo, proporcionándole reflexiones y herramientas, coordinando sus acciones y propuestas, gestionando el equipo de trabajo en que se convierte un equipo de monitores, y por qué no, promocionándolo personal y grupalmente. Ha de ser su representante y su imagen externa, su responsabilidad es mayor, y también ha de serlo su capacidad.

(6) Tabla elaborada a partir de la realizada por Inmaculada Sanjuán, para la Revista electrónica “Animació Nº 14 Marc regulador de la formació en animació juvenil”. IVAJ. Generalitat Valenciana. Modificaciones y actualizaciones a cargo del autor del artículo.

Si la visión del MTL es un sector de actividad en el que se centra, sin descuidar los recursos que las otras áreas de actividad les proporciona, para poder aportar significativamente a la intervención, la visión del C/DTL ha de ser más global y completa, su responsabilidad recae sobre el total del proyecto, con todos sus aspectos y matices, repartiendo, delegando, asesorando y supervisando las distintas tareas y aspectos a tener en cuenta para garantizar la calidad y el logro de los objetivos propuestos. En segundo lugar, para desarrollar estos perfiles las CC AA han regulado el reconocimiento de las escuelas según el cuadro adjunto (ver tabla- 1 (6))

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Tabla 1. Normativa de las CC AA que regula el reconocimiento de escuelas de formación de monitores y directores de tiempo libre infantil y juvenil. NORMATIVA DE RECONOCIMIENTO DE ESCUELAS ANIMACION Y EDUCADORES DE TIEMPO LIBRE ANDALUCÍA

- DECRETO 239/1987, de 30 de septiembre, por el que se regulan las Escuelas de Tiempo Libre y Animación Sociocultural en la Comunidad Autónoma Andaluza. BOJA núm. 92 de 6-11-1987.

ISLAS BALEARES

- DECRETO 16/1984 de 23 de febrero, sobre reconocimiento de Escuelas de Educadores de Tiempo Libre. BOCAIB, núm. 5, de 20-03-1984 - DECRETO 187/1999 de 27 de agosto, por el que se modifica el decreto 16/1984, de 23 de febrero, sobre reconocimiento de escuelas de educadores de tiempo libre. BOCAIB, núm. 114, de 09-09-1999.

CASTILLA Y LEÓN

-DECRETO 117/2003, de 9 de Octubre, por el que se regulan las líneas de promoción juvenil en Castilla y León. B.O.C.y L. núm 200, de 15-10-03. - ORDEN FAM/1693/2004 DE 26 DE octubre, por la que se desarrolla el Título I, “de la formación juvenil”,del Decreto 117/2003, de 9 de octubre, por el que se regulan las líneas de promoción juvenil en Castilla y León B.O.C.y L. nº 220 de 15-11-04

CATALUÑA

- DECRETO 213/1987, de 9 de junio, sobre reconocimiento de escuelas de educadores en el tiempo libre infantil y juvenil. DOGC, núm. 857, de 29-6-87. Corrección de errores en el DOGC núm. 884, p. 3.460, de 31-08-1987

EXTREMADURA

- DECRETO 206/2000 de 26 de septiembre, por el que se regula el reconocimiento oficial de las Escuelas para la formación de educadores/as en el tiempo libre y el contenido de los cursos de formación para los Directores y Monitores de tiempo libre infantil y juvenil. DOE, núm. 115, de 03-10-2000

LA RIOJA

- DECRETO 42/2001, de 5 de octubre, por el que se regula el reconocimiento y funcionamiento de las Escuelas de Formación de Directores y Monitores de Tiempo Libre en el ámbito territorial de la Rioja. BOR, núm.122, de 11-10-2001

MADRID

- DECRETO 57/1998, de 16 de abril, sobre regulación de las Escuelas de Animación y Educación Infantil y Juvenil en el Tiempo Libre. BOCM núm. 104 de 04-05-1998

MURCIA

- LEY 8/1995, de 25 de abril, de Promoción y Participación Juvenil. BORM núm. 102 de 4-5-1995 - DECRETO nº 36/1999, de 26 de mayo, de reconocimiento de escuelas de animación y educación en el tiempo libre de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia y de creación del registro de certificaciones, títulos y diplomas en esta materia. BORM núm. 133 de 12-6-1999

NAVARRA

- DECRETO FORAL 235/1999, de 21 de junio, por el que se regula el reconocimiento oficial de las Escuelas de Tiempo Libre para Niños y Jóvenes, las relaciones entre estas Escuelas y la Administración de la Comunidad Foral de Navarra y la formación de los educadores en el tiempo libre. BON núm.88 de 16 -07-1999 - ORDEN FORAL 17/2002, de 20 de febrero, del Consejero de Bienestar Social, Deporte y Juventud, por la que se establecen las normas para el reconocimiento oficial de las Escuelas de Tiempo Libre, la relación de éstas con la Escuela Navarra de Actividades con Jóvenes y el funcionamiento ordinario de las escuelas de tiempo libre oficialmente reconocidas. BON núm. 41 de 03-04-2002

PAÍS VASCO

- DECRETO 47/88, de 1 de Marzo, por el que se regula el reconocimiento de Escuelas de Animación Sociocultural. BOPV núm. 53 de 16-3-1988 - DECRETO 71/1998, de 7 de abril, de modificación del Decreto por el que se regula el reconocimiento de Escuelas de Animación Sociocultural BOPV núm. 75 de 23-04-1998 - DECRETO 419/1994, de 2 de noviembre, por el que se regula el reconocimiento oficial de Escuelas de Formación de Educadores/as en el Tiempo Libre Infantil y Juvenil y de los Cursos de Formación de Monitores/as y Directores/as de Actividades Educativas en el Tiempo Libre Infantil y Juvenil, así como el acceso a los mismos BOPV núm. 218, 16-11-1994

ARAGÓN

- DECRETO 101/1986 de 2 de octubre, de la Diputación General de Aragón, regulador de Escuelas de Animadores en el Tiempo Libre. BOA, núm. 107, de 29-10-1986.

C.A. CEUTA

- No ha desarrollado, por el momento, normativa al respecto.

C.A. MELILLA

-ORDENANZA de 23 de mayo del 2003, por la que se regula el reconocimiento y funcionamiento de las escuelas de formación de directores y monitores de tiempo libre infantil y juvenil en el ámbito territorial de melilla BOME núm 3986, de 30-05-03

CANARIAS

- No ha desarrollado, por el momento, normativa al respecto.

CANTABRIA

- DECRETO 9/1999, de 5 de febrero de 1999, por el que se regulan las Escuelas de Tiempo Libre. BOC, núm. 31, de 1202-1999

CASTILLALA MANCHA

- DECRETO 73/1999, de 22-06-99, por el que se regula la Animación Juvenil en Castilla-La Mancha. DOCM, núm. 42, de 25-06-1999

COMUNIDAD VALENCIANA

- DECRETO 60/2005, de 11 de marzo, del Consell de la Generalitat, por el que se regula la formación en materia de animación juvenil en la Comunidad Valenciana DOGV núm. 4966 de 15-03-05 - Orden de 03-02-06, de la Consellería de Bienestar social, por la que se regulan los cursos en materia de animación juvenil y el procedimiento de reconocimiento y de pérdida de reconocimiento de las escuelas oficiales de animación juvenil en la Comunidad Valenciana DOGV nº 5.205 de 25-02-06.

GALICIA

- DECRETO 50/2000, de 20 de enero, por el que se refunde y actualiza la normativa vigente en materia de juventud. DOGA, núm. 49, de 10-03-2000

PRINCIPADO DE ASTURIAS

- DECRETO 22/91, de 20 de febrero, por el que se regulan las Escuelas de Animación y Educación en el Tiempo Libre Infantil y Juvenil. BOPA, núm. 56, de 8-3-1991

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El desarrollo tanto de esta normativa como de las correspondientes Órdenes, y en su caso Resoluciones de desarrollo, por parte de todos los entes autonómicos, excepto dos, indica la importancia del sector, ya que ninguna administración “perdería el tiempo” en legislar ninguna área, pues el esfuerzo reglamentario implica la asignación de recursos humanos y económicos (personal para las propias entidades de formación públicas, donde se han creado, supervisión, asesoramiento y control, administrativos, etc; además de las necesarias subvenciones). Refleja el dinamismo del sector y la constante adecuación a la realidad y las necesidades sociales, es que nueve CC AA han modificado su normativa de reconocimiento de escuelas desde 1996 (7), derogando la anterior, tres la han modificado o la han desarrollado y una la ha realizado totalmente nueva al carecer de ella anteriormente. Otro aspecto a tener en cuenta es la cantidad de entidades formativas que se han reconocido ante las diversas administraciones, supone un aumento de 93% en diez años, es decir, de casi el doble de las entidades reconocidas al inicio del cómputo, y en el 2005 se incorporaron varias en distintos territorios y otras están ahora mismo en proceso de ser reconocidas. (ver tabla 2)

Tabla 2. Evolución cuantitativa de escuelas reconocidas en los últimos diez años (1996-2005) (7) A partir de los datos recogidos en El “Encuentro Estatal “Presente y Futuro de la Formación de Animadores Juveniles” desarrollado en Valencia entre el 14-16 de junio de 1996. (8) Se toman los datos del año 1996 como primera referencia, recogidos del estudio realizado para El “Encuentro Estatal “Presente y Futuro de la Formación de Animadores Juveniles” desarrollado en Valencia entre el 14-16 de junio de 1996. De esta forma se analiza un periodo de 10 años. (9) Se anota la cantidad de escuelas que realizan formación sin un reconocimiento explicito, con cobertura legal por parte de ente autonómico, si bien realizan formación y expiden sus propios certificados. (10) Su normativa es del 2003 y sólo actúa de momento la escuela pública. (11) Si bien creo su escuela pública en 1985, no fue hasta el 1999 que publica el decreto que posibilita el reconocimiento de escuelas. (12) Al modificar su normativa en el 2001, la anterior era del 1986.

COMUNIDAD

ANDALUCIA

1996 (8)

2005

INCREMENTO PORCENTUAL

8

21

162,50%

ARAGÓN

14

21

50,00%

ASTURIAS

9

25

177,78%

BALEARES

7

20

185,71%

CANARIAS (9)

4

4

0,00%

CANTABRIA

12

13

8,33%

CASTILLA-LA MANCHA

18

51

183,33%

CASTILLA-LEÓN

36

70

94,44%

CATALUNYA

22

39

77,27%

CEUTA, CIUDAD AUT. DE

0

0

0,00%

EXTREMADURA

8

30

275,00%

GALICIA

19

31

63,16%

MADRID

44

74

0

1

100,00%

MURCIA (11)

1

18

1.700,00%

NAVARRA

6

8

33,33%

PAIS VASCO

19

19

0,00%

RIOJA (12)

11

8

-27,27%

VALENCIANA, COMUNIDAD

19

26

36,84%

257

479

MELILLA, CIUDAD AUT. DE (10)

TOTALES

Jóvenes y campamentos de verano

68,18%

98,330%

95


La pervivencia de las entidades de formación en el Tiempo Libre Juvenil viene determinada por la obligatoriedad, casi generalizada de realizar al menos una actividad formativa anual, en el caso de MTL, o en periodos de varios años en el caso de C/DTL. Los modelos formativos, las exigencias para la creación, las condiciones del equipo de profesorado y de dirección, son muy similares en todas las normativas, salvo la de Castilla-León que ha ido más allá estableciendo también otro tipo de cursos (monitores y coordinadores de nivel) en relación a la valoración de riesgos y de la gestión de infraestructuras (legista y gestor de instalaciones juveniles). También reflejan bastantes normativas canales de comunicación y foros para facilitar la interrelación entre las escuelas y entre estas y las administraciones públicas, además de realizar procesos, algunas veces regulados y exigidos explícitamente, de formación de formadores para los equipos de profesorado y contar con un proyecto educativo propio, que en el nivel más bajo de exigencia se concreta en un documento de régimen de funcionamiento interno.

El título de monitor y los campamentos como yacimiento de empleo para jóvenes en verano La entrada de los campamentos, campos de trabajo, marchas, acampadas, escuelas de verano y demás actividades de TL en el mercado, como un producto más de consumo, atendiendo así a necesidades de armonización de la vida laboral de las familias, sobre todo en periodos vacacionales, ha conllevado el surgimiento ya sea de entidades prestadoras de servicios, en su forma de empresas o de asociaciones, ya sea de empresas de servicios que han engrosado su paquete de productos. Ofertan estos servicios, con fines lucrativos, perdiendo, a veces, su esencial componente de educación intencional y global, para convertirse en actividades, insisto que a veces, pero permítaseme la crítica, de mera “recreología”, aumentando significativamente la oferta. Posibilitando la profesionalización ocasional de MTL y de C/DTL, que en su mayor parte provienen del movimiento juvenil asociativo con un claro componente educativo (13), de los procesos de formación no-formales reflejados en el apartado anterior, o de los ciclos formativos del TASOC, TAFAD, etc. El otro sector que interviene está formado por las actividades promovidas por entidades y asociaciones con más historia, son las realizadas por las asociaciones de los llamados movimientos juveniles tradicionales, que trabajan normalmente desde el voluntariado (aunque pueden recibir una gratificación compensatoria por sus servicios) y que realizan una labor que va más allá del entretenimiento y que desarrollan una tarea educativa clara, dentro de un proyecto concreto.

(13) Este aspecto llevaría a una reflexión que si bien es muy interesante e importante escapa a los objetivos de este artículo. (14) Tabla elaborada a partir de la realizada por Inmaculada Sanjuán, para la Revista electrónica “Animació Nº 14 Marc regulador de la formació en animació juvenil”. IVAJ Generalitat Valenciana. Modificaciones y actualizaciones a cargo del autor

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Tanto los “vacacionales” como los “voluntarios” no deben perder de vista la calidad de sus actuaciones, aunque sus motivaciones sean distintas. Sino se plantean otra cosa que el entretenimiento, que su oferta sea rica, variada, coherente con sus destinatarios y el entorno físico en el que se realicen las actividades, segura, atractiva, sugerente, en el segundo caso, que los objetivos educacionales sean los que guíen el proyecto, centrado en los chicos y chicas de referencia, con su estilo, su metodología, su rica oferta de actividades, que no se programan para “llenar el tiempo”, sino para intervenir de forma educativa junto a la realidad de los participantes. Las actividades de tiempo libre infantil y juvenil también están tipificadas y reguladas en la mayoría de las CC AA, por su singularidad y por la función de tutela que las administraciones deben realizar. (Ver tabla 3 (14))

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Tabla 3. Normativa sobre actividades de Tiempo Libre, que hagan referencia a la exigencia de títulos/certificaciones para realizar estas actividades. (15) COMUNIDAD AUTÓNOMA

NORMATIVA QUE REGULA LAS ACTIVIDADES DE TIEMPO LIBRE (CAMPAMENTOS, ACAMPADAS...)

ANDALUCÍA

- DECRETO 45/2000 de 31 de enero, sobre la organización de acampadas y campamentos juveniles en Andalucía. BOJA núm. 21, 19-2-2000 - ORDEN de 11 de febrero de 2000, por la que se desarrolla el Decreto 45/2000, de 31 de enero, sobre Organización de Acampadas y Campamentos Juveniles en Andalucía. BOJA núm. 21, 19-2-2000 y ORDEN de 1 de Julio del 2005, que desarrolla el Decreto 45/2000, de 31 de enero, modificando los anexos de la anterior Orden BOJA núm. 150 de 3-8-05.

ARAGÓN

- DECRETO 68/1997 de 13 de mayo, del Gobierno de Aragón, por el que se regulan las condiciones en que deberán realizarse determinadas actividades juveniles de tiempo libre en el territorio de la Comunidad Autónoma de Aragón BOA núm. 58, de 23-05-1997

CANARIAS

- No ha desarrollado normativa específica.

CANTABRIA

- DECRETO 23/1986, de 2 de mayo, por el que se regulan los campamentos y acampadas juveniles en el territorio de la Comunidad Autónoma de Cantabria [BOC] núm. 94, de 13-05-1986. Corrección de errores BOC núm. 111, de 5 -06-1986 - DECRETO 33/1996, de 15 de abril, de modificación parcial del decreto 23/1986, de 2 de mayo, regulador de los campamentos y acampadas juveniles en el territorio de la Comunidad Autónoma de Cantabria. BOC núm. 80, de 19-04-1996

CASTILLA Y LEÓN

-ORDEN FAM/657/2005 de 4 de Mayo, por la que se desarrolla el Titulo III,”De las actividades juveniles de tiempo libre” del Decreto 117/2003, de 9 de Octubre, por el que se regulan las líneas de promoción juvenil. BOCYL núm. 98 de 24-052005.

CASTILLALA MANCHA

No ha desarrollado normativa específica. - Decreto 73/1999, de 22-06-99, establece en el artículo 2, las Condiciones de idoneidad “Se considera que reúnen las condiciones de idoneidad para dirigir actividades juveniles en Castilla-La Mancha los titulados como Director de Actividades Juveniles. La Consejería competente en materia de juventud regulará las actividades juveniles y los requisitos mínimos de la participación de los agentes de intervención en estas materias” BOCM núm.-42 de 25-06-99

CATALUÑA

- DECRETO 137/2000, de 10 de junio, de regulación de las actividades en el tiempo libre en las cuales participen menores de 18 años. DOGC núm. 3.910, de 23-06-2003.

CEUTA C. A.

- No ha desarrollado normativa específica.

COMUNIDAD VALENCIANA

- No ha desarrollado normativa específica.

EXTREMADURA

- DECRETO 52/1998 de 21 de abril, por el que se regulan las instalaciones y actividades de ocio y tiempo libre juvenil en la Comunidad Autónoma de Extremadura. DOE núm. 47 de 28-04-1998

GALICIA

- DECRETO 50/2000 de 20 de enero, por el que se refunde y actualiza la normativa vigente en materia de juventud. DOGA núm. 49 de 10-03-200

ISLAS BALEARES

- DECRETO 29/1990 de 5 de abril, de regulación de actividades de tiempo libre infantiles y juveniles BOCAIB núm. 47 de 17-04-1990 - DECRETO 40/1998, de 20 de marzo, por el que se modifica el decreto 29/1990, de 5 de abril, de regulación de actividades de tiempo libre infantil y juvenil BOCAIB núm. 43 de 31-03-1998

LA RIOJA

- No ha desarrollado normativa específica. Residualmente se pide el cumplimiento de una resolución antigua.

MADRID

- DECRETO 7/1993 de 28 de enero, por el que se aprueba el reglamento sobre regulación de las acampadas juveniles en el territorio de la Comunidad de Madrid. BOCM de 8 de febrero de 1993. Corrección de errores: BOCM de 19 de mayo de 1993)

MELILLA C. A.

-ORDENANZA de 26 de diciembre del 2004, por la que se regulan las actividades de ocio y tiempo libre juvenil en la ciudad autónoma de Melilla BOME núm.4.125 de 28-09-2004

MURCIA

- No ha desarrollado normativa específica.

NAVARRA

- DECRETO FORAL 147/1998 de 27 de abril, por el que se regulan determinadas actividades juveniles al aire libre en el territorio de la Comunidad Foral de Navarra. BON núm. 60 de 20-5-1998

PAÍS VASCO

- DECRETO 170/1985, de 25 de junio, por el que se regula el régimen de campamentos, colonias abiertas, campos de trabajo y marchas volantes infantiles y juveniles BOPV núm. 134 de 29-6-85

PRINCIPADO DE ASTURIAS

- DECRETO 76/1998 de 17 de diciembre, por el que se regulan las actividades juveniles en el Principado de Asturias BOPA núm. 10 de 14-01-1999

Jóvenes y campamentos de verano

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Tabla 3. Exigencia de certificaciones para realizar actividades de Tiempo libre. COMUNIDAD

DIRECCIÓN/COORDINACIÓN ANIMADOR/A

RATIO MONITORES

RELACIÓN CERTIFICADOS/ PRACTICAS U OTROS

ANDALUCÍA

NO, con diploma de Monitor se puede dirigir/coordinar campamentos.

-1MTL/10 asistentes (<12 años). Monitores en prácticas -1MTL/15 asistentes (>12 años) < al 33% del equipo responsable

ARAGÓN

SI, también se acepta técnico superior en Servicios socioculturales y a la Comunidad, o Licenciatura en Ed. Física y deportiva.

-1MTL/12 o fracción

ASTURIAS

SI, < 20 participantes puede ser MTL.

-1MTL/10 asistentes o fracción

BALEARES

SI, con <18 años y >10 personas y 4 noches. También establece ratio otras actividades no tipificadas de aire libre.

-1MTL/10 asistentes o fracción

CANARIAS

No ha desarrollado normativa específica.

CANTABRIA

SI, según tipo de actividad deberá existir un responsable que esté en posesión del título correspondiente homologado por la Consejería. Jefe de acampada o Director de Campamento

CASTILLA-LA MANCHA

SI

CASTILLA-LEON

SI, >30 asistentes/1coordinador 1/10 (+100 asistentes) >9jóvenes,> 4dias 1/13 (-100 asistentes) -En act. T.L. no tipificadas de Aire Libre 1Mtl ó F.P animación juvenil ó tit. univers. en sociales /25asistentes. 1 coord/+100 asistentes +1 cord. Nivel de riesgo

No MTL en prácticas +que titulados. Establece otros perfiles: Monitor y coordinador de nivel, Expertos en actividades Tiempo libre.

CATALUNYA

SI, <25 asistentes/MTL puede coordinar/dirigir actividad), se asimila técnico o TASOC si ha cursado créditos relacionados con t.l. infantil y juvenil a MTL.

-1MTL/10 asistentes o fracción

40% del equipo con titulo de Mtl o Coord.

CEUTA, CIUDAD AUT. DE

No ha desarrollado normativa específica.

EXTREMADURA

SI

-1MTL/10 asistentes o fracción

2 Mtl por tutor de prácticas y 4 por actividad.

GALICIA

SI,<25 asistentes/MTL puede coordinar/dirigir actividad) -1 técnico dirigente/10 deportivo 25% MTL) asistentes (el 50% con titulo de MTL, sin contar el responsable. En Act. con fin cultural, docente o 50% en prácticas

MADRID

SI, <25 asistentes/MTL puede coordinar/dirigir actividad -1MTL/10 asistentes o fracción

MELILLA, CIUDAD AUT. DE

SI

No ha desarrollado normativa específica.

NAVARRA

SI, <20 asistentes/MTL puede coordinar/dirigir actividad. -1MTL/10 asistentes o fracción

PAIS VASCO

SI, <10 asistentes/MTL puede coordinar/dirigir actividad. -1MTL/15 asistentes o fracción

RIOJA

No ha desarrollado normativa específica. En aplicación de una resolución se pide la composición del equipo dirigente con especificación de titulación.

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El 50% de los monitores estarán en posesión del título de Monitor de Tiempo Libre

-1MTL/10 asistentes o fracción

MURCIA

VALENCIANA, COMUNIDAD

50% en prácticas (<33% del equipo).

No ha desarrollado normativa específica.

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≥ marzo 06 | nº 72

40 % certificados


(15) Nos referimos a la establecida desde los organismos competentes en juventud, sin perjuicio de las que se desarrollen desde otras áreas administrativas como medio ambiente, sanidad, etc. (16) Se exceptúa el caso de la Rioja, que aplica una antigua resolución, pero no tiene normativa propia. (17) Tabla elaborada a partir de los datos recogidos por Inmaculada Sanjuán, para la Revista electrónica “Animació Nº 14 Marc regulador de la formació en animació juvenil”. IVAJ Generalitat Valenciana. Modificaciones y actualizaciones a cargo del autor del artículo. (18) Texto traducido por el autor. Al final de las equiparaciones o definiciones del las categorías profesionales relevantes para el contenido de este artículo se han consignado los salarios fijados en el convenio para el ejercicio del 2006, los cuales están confeccionados por 14 pagas.

Únicamente tres entes autonómicos no han desarrollado normativa específica de aplicación (16), todas las normativas hacen referencia al equipo directivo/ educativo y/o responsable, con una exigencia de elementos directivos cuando hay una media de más de 20 asistentes y de una relación media de un MTL por cada diez participantes, independiente de otras figuras, monitores de nivel, especialistas, personal sanitarios, etc. (la exigencia de títulos y certificados en lo que corresponde a MTL y C/DTL se puede ver en la tabla 4 (17)). Todas las CC AA han legislado sobre las condiciones de realización y autorización de actividades de Aire Libre, a excepción de Canarias, La Rioja, Murcia, la Comunidad Valenciana y la Ciudad Autónoma de Ceuta. En todas se exige la presencia de un responsable o equipo directivo, requiriendo la presencia de una persona que asuma la C/DTL según los casos, que van, dependiendo del número de asistentes, desde diez a treinta, y en éstos se pide la presencia de un MTL, en algunas normativas también se aceptan acreditaciones de Técnico superior correspondiente a las Familias profesionales de Servicios socioculturales y a la Comunidad, o de actividades físicas y deportivas, así como la licenciatura en ciencias de la educación física y deportiva (Aragón, en Cataluña también si han cursado créditos relacionados con el TL), o en ciencias sociales (Castilla-León, quien por cierto ha desarrollado la normativa más extensa, con monitores y coordinadores de nivel, según la evaluación del riesgo que se realice, especialistas en Aire libre, etc.). Esto supone la apertura a las nuevas realidades formativas que se han configurado, reconociendo la capacidad de actuación a personas formadas en otras estructuras que no sean las escuelas de formación de educadores

RESOLUCIÓN (18) TRI/1652/2005, de 16 de mayo, por la que se dispone la inscripción y la publicación del Convenio colectivo de trabajo del sector del ocio educativo y sociocultural para los años 2005-2007 (código de convenio núm. 7902295).D.O.G.C. núm.-4.396 de 1 de junio del 2005. Articulo 2 Ámbito funcional El presente convenio regula las relaciones laborales en las empresas y/o entidades privadas que tengan como actividad principal la prestación de servicios de ocio educativo y sociocultural para terceros, consistente en actividades complementarias a la educación formal que con el objetivo de desarrollar hábitos y habilidades sociales como forma de educar integralmente a la persona, comprendiendo las siguientes actividades: a) Actividad de educación en el ocio dentro o fuera del marco escolar: de guardia y custodia en período de transporte escolar, actividades de mediodía, de comedor, de patio y extraescolares. b) Organización y gestión de servicios socioculturales, tanto de equipamientos como de programas sociales y culturales, como los dirigidos a centros cívicos y culturales, bibliotecas, salas de lectura, servicios de información juvenil, ludo tecas, “casals” infantiles, casas de colonias y albergues infantiles y juveniles, actividades y programas de educación medioambiental, actividades extraescolares, semanas culturales, exposiciones, actividades de dinamización del patrimonio, talleres sociocomunitarios y “casals” de vacaciones y, en general, cualquiera tipo de gestión de equipamientos, programas y acontecimientos de acción social comunitaria y cultural de educación en el ocio y para todas las edades. Igualmente quedan afectadas por este convenio las divisiones, líneas de negocio, secciones u otras unidades productivas de las empresas dedicadas a la prestación de los servicios del ámbito funcional del presente convenio. La relación efectuada no se entiende cerrada, por la que cosa se considera incluida cualquiera otra actividad que exista o de nueva creación, siempre que su función pueda ser encuadrada en la relación anterior. Anexo 1 Categorías profesionales Grupo 3 Personal de atención educativa y de ocio: Coordinador/a de actividades y proyectos de centro: Es quien coordina y supervisa los equipos de monitores/se, en el conjunto de sus tareas al centro de trabajo teniendo presencia continuada en lo centro de trabajo y/o en el espacio físico donde desarrolla su actividad. (13.950 €) Monitor/a de educación en el ocio: Es la persona que, con la titulación académica requerida por la legislación vigente y/o experiencia acreditada en la actividad, ejerce su actividad educativa en el desarrollo de los programas, dentro el marco pedagógico establecido por la actividad de acuerdo con la legislación vigente, y desarrolla su función educativa en la formación integral de los infantes y jóvenes, y tiene cuidado de la orden, seguridad, alimentación y limpieza personal y esparcimientos de los infantes. Esta categoría es de aplicación al personal comprendido en las actividades de Servicios de acogida, Transporte Escolar, Refuerzo a la aula, Comedores, Programas y proyectos en el medio natural, Actividades extraescolares, Talleres, Aulas de estudio, y de otros asimilables dentro y fuera del marco escolar. (11.500 €)

Jóvenes y campamentos de verano

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Animador/a Sociocultural: Es quien, reuniendo la formación específica correspondiente, desarrolla aspectos prácticos de un programa o proyecto, ejerciendo su función de dinamización, teniendo una visión global del medio en el que trabaja que le permite planificar, gestionar y evaluar programas de desarrollo comunitario dentro del campo del ocio sociocultural. (14.670 €) Tallerista: Es quien, reuniendo la formación específica correspondiente, imparte programas o realiza actividades monográficas dentro del marco de un proyecto lúdico o sociocultural (actividades escolares no regladas, de actividades socio-formativas y de cualquiera otra especialidad asimilada).” (144.670 €) Informador/a: Es quien, estando en posesión de la titulación requerida, realiza actividades de divulgación e información sociocultural (de centros cívicos, acontecimientos socioculturales y cualquiera otra especialidad asimilada). (12.330 €) Titulado/da de grado superior: Es quien reuniendo el requisito de titulado de grado superior, es contratado para cumplir una función específica de su titulación, dentro del ámbito de desarrollo de las actividades de la empresa. (16.200 €) Titulado/da de grado medio: Es la persona que se encuentra en posesión de un título o diploma oficial de grado medio, que está unido a la empresa por razón de un título que posee, por tal de ejercer las funciones específicas para las que le habilita este título. (15.120 €)

(19) En Andalucía y el País Vasco se contabilizan otros procesos formativos con otras denominaciones (animador socio-cultural, comunitario, etc.), pero cursos similares e impartidos por los mismos organismos reconocidos. En Canarias, aunque existen entidades de formación asociativas que expiden sus propios certificados no se han consignado certificaciones al no ser expedidas por el organismo de juventud correspondiente, pero nos consta que existen los centros, los cursos y las personas con suficiente capacidad, pero de ha elegido esta opción para unificarlos datos con el restote CC AA, caso similar puede ocurrir en la C. A. de Ceuta. En el caso de las CC AA de Madrid y Extremadura, se ha realizado una proyección simple a partir de los datos facilitados (desde 1997), ya que se han expedido certificados, desde el 1985 y 86 respectivamente, pero hay muchas dificultades para cuantificarlos, idéntico caso es el de Navarra; en Asturias se han proyectado los datos a partir del 2005, si bien su normativa inicial es del 1991. Melilla legisló en 2002, por lo que se han reflejado los datos existentes desde ese año. En Murcia se reconocen escuelas desde Junio del 1999, por lo que antes sólo tenia legalidad los cursos de la escuela pública, que estuvo algunos años sin poder realizar acciones formativas de MTL y C/DTL. (20) Se ha elegido este periodo ya que las primeras normativas antinómicas se desarrollan desde el 1984/85, y se ha querido evitar el efecto “tirón” que podría tener el cubrir las necesidades de acreditación que personas y organizaciones tenían al iniciarse este periodo.

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en el TL, asunto no exento de polémica, tanto desde el punto de vista teórico como desde el análisis de las experiencias realizadas. Un dato muy relevante a la hora de analizar las figuras de los educadores de tiempo libre como yacimiento de empleo, ocasional o duradero, es la publicación del convenio colectivo del sector de ocio educativo y sociocultural de Cataluña, del mismo extraigo los aspectos referidos al “ámbito funcional” y parte del Anexo-I, grupo 3, que desarrolla las categorías profesionales del Personal de atención educativa y de ocio: Estadísticamente (ver tabla 4), según los datos que he podido recoger gracias a la colaboración de los y las técnicos de los distintos organismos autónomos de juventud, podemos afirmar que, con pequeños matices (19) y desde el año 1994 se han formado doscientos ocho mil quinientas cincuenta personas como MTL, lo que supone un 89’8% de las certificaciones emitidas; y veintitrés tres mil seiscientos ochenta y nueve como C/DTL, un 10’2%. Un total de doscientos treinta-y-dos mil doscientos ochenta y nueve educadores en el Tiempo libre en doce años, a una media de diez-y-nueve mil trescientos cincuenta y tres por año. Este dato cuantitativo, nada desdeñable, debe hacernos pensar sobre la importancia y relevancia del sector, su repercusión en las personas formadas y más aún si pensamos en la cantidad de chicos y chicas, niños y niñas que han participado de sus servicios, desde las asociaciones, las administraciones públicas y las empresas de servicios. Las certificaciones como MTL en el año 2005, sufren una disminución del 16’70% respecto de la media del periodo de referencia (20) (1994-2004), posiblemente atribuible a la progresiva formalización de procesos formativos dentro del sistema educativo, en el caso de los C/DTL se experimenta un aumento del 15’33%, reafirmando la consideración e importancia del sector, sobre todo teniendo en cuenta que en la mayoría de las CC AA, es necesario para realizar los cursos de C/DTL tener la acreditación como MTL o acreditar experiencia suficiente en el sector. Aspecto, no menos relevante al respecto es que desde el Encuentro Estatal en Valencia del 1996, la mayoría de las Escuelas de las Administraciones públicas no han realizado cursos de MTL y C/DTL directamente, y cuando lo han hecho ha sido de forma subsidiaria.

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Tabla 4. Datos estadísticos de las titulaciones de Educadores en el Tiempo Libre COMUNIDAD

MTL-1994/2004

MTL 2005

C/DTL 1994/2004

C/DTL 2005

ANDALUCIA

6588

168

580

88

ARAGÓN

9365

1026

990

58

ASTURIAS

2618

238

286

26

BALEARES

2399

578

348

46

CANARIAS

0

0

0

0

569

125

245

29

CASTILLA-LA MANCHA

6902

1149

990

204

CASTILLA-LEÓN

13029

1467

2309

208

CATALUNYA

33028

2872

5522

813

0

0

0

0

3972

603

224

39

CANTABRIA

CEUTA, CIUDAD AUT. DE EXTREMADURA GALICIA

11160

810

1005

80

MADRID

30259

3137

2741

239

2

53

2

0

MURCIA

2525

162

400

0

NAVARRA

4518

221

363

14

54585

719

1025

52

1822

113

301

8

10528

1240

4110

344

193869

14681

21441

2248

MELILLA, CIUDAD AUT. DE

PAÍS VASCO RIOJA VALENCIANA, COMUNIDAD TOTALES

Reflexiones a modo de propuesta de conclusiones Tanto en el sector de la formación como en el de la intervención en el Tiempo libre infantil y juvenil hay unos principios y realizaciones “históricas” que es importante mantener, reivindicar y actualizar. Sus planteamientos de educación no-formal, integral, de disfrute, de aventura, de socialización, y de carácter popular. Realizaciones que tienen una importante incidencia social fortaleciendo la llamada “sociedad civil”. Se han actualizado adoptando otras formas estructurales como los centros de ocio y de vacaciones sin albergue. Han introducido planteamientos de interculturalidad, ecología, atención a la diversidad, creación y participación colectiva, compensación de desigualdades, asunción de necesidades sociales emergentes, así como el tratamiento educativo del ocio (no sólo la custodia) y la conciliación de la vida laboral y familiar. La aparición de nuevas instancias interventoras en el sector, con legítimos intereses lucrativos, como son las empresas de servicios, no debe, sino al contrario, ser un lastre y motivo del descenso de la calidad de las actuaciones (aquí las administraciones públicas deberían jugar un claro papel de

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tutela de los servicios que se prestan), sino más bien un acicate y ser un factor de complementariedad más que de competencia. La formalización de procesos de enseñanza en el sector educativo manifiesta que la necesidad social de intervención en el sector, requiere de personas bien formadas y acreditadas. Es necesario que se revisen los programas y las competencias de los mismos si se quiere que actúen en las actividades de Tiempo libre, ya que la singularidad de estas acciones no queda clara en sus currículos. Es necesario crear puentes entre los diversos sistemas y procesos formativos (entre los procesos de enseñanza-aprendizaje formalizados por las administraciones educativas y los no-formales, incluso con el reconocimiento de la experiencia). No hay que olvidar que antes de la configuración de una profesión y su desarrollo formativo, ha habido personas que, previamente, han desarrollado acciones que han hecho evidentes las necesidades sociales que pretenden cubrir esos estudios, por medio de formaciones complementarias, reconocimientos de créditos, etc., aprovechando inteligente y necesariamente las sinergias creadas y por crear. El horizonte que plantea el reconocimiento de procesos formativos y de competencias profesionales desde la Unión Europea para el 2007, exige un trabajo coherente y urgente, a fin de no perder este tren que sin lugar a dudas va a pasar por nuestra estación. Los planteamientos respecto de la calidad de las intervenciones directas, los campamentos, campos de trabajo, etc., pasan forzosamente por un planteamiento serio y coherente de las entidades formativas, por la necesaria cualificación y actualización permanente de sus equipos formativos, por crear departamentos de innovación metodológica y de propuesta de actividades; por desarrollar programas de formación permanente. La interrelación entre escuelas, entre éstas y las administraciones públicas es una urgente necesidad, porque sólo si crecemos todos crecerá el sector, entrando en dinámicas de colaboración y olvidando la competencia y el exclusivismo. Es importante plantearse estrategias para obtener el reconocimiento social del sector y de los profesionales (21).

BIBLIOGRAFÍA: Catalá, Ricard (2003) “educación Social: Viejos Usos y nuevos retos”.Universitat de Valencia. Valencia. Franch, Joaquim y Martinell, Alfons (1985) “Fer de monitor.L’animació de grups d’esplai i de vacances”.. Cuadernos de Pedagogía. Edit. Laia. Sanjuán, Inmaculada, “Marc regulador de la formació en animació juvenil” Revista electrónica “Animació” Nº 14. IVAJ Generalitat Valenciana. (21) Por profesionales quiero entender aquella persona que realiza una acción con conocimiento y calidad, que sabe, sabe ser, sabe hacer y sabe estar, no aquella que se “gana la vida” haciendo una cosa. Reivindico desde aquí esta condición, la de profesionales, para todas las personas que trabajan desde el sector del voluntariado, independiente de cual sea su fuente de ingresos habituales.

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Santiago Fernández Martínez Director del Área de Nuevos Proyectos de F.a.c Nhorte

DOCUMENTOS

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Los campamentos internacionales y la construcción de la ciudadanía europea

El año 2006 quiere ser, para el Consejo de Europa, el año europeo de la movilidad. Pasear, recorrer los caminos de la Unión Europea es fortalecer el proceso histórico que estamos viviendo, es hacernos más ciudadanos de este espacio común de paz y de libertad. De las distintas maneras en que esta propuesta de movilidad se nos ofrece, la que tiene lugar en los campamentos internacionales cuenta con algunas ventajas: primero que convoca a los/as jóvenes que son quienes tienen que apostar definitivamente por esta casa común y quienes la dirigirán en algunos años, segundo que reúne a jóvenes de distintos países con idiomas, costumbres y formas de ser diferentes lo que convierte al campamento en una auténtica escuela de comunicación, tolerancia y respeto y tercero que el tipo de movilidad que propone tiene que ver con el lento disfrutar del paso a paso, con la pequeña incursión a fondo por los rincones, sin prisas y tomándose el tiempo que sea necesario hasta situar a las personas en sus paisajes y todo ello entre nuestros intereses preferidos. Llevar qué enseñar, traer qué contar, los campamentos internacionales son una aventura enriquecedora en una época que se distingue por el encuentro inevitable entre gentes de distintas culturas.

Palabras clave: ciudadanía europea, amplitud de miras, tolerancia, comunicación, ceder.

Campamentos Internacionales: Si existe una forma de pedagogía basada en las experiencias personales, seguro que es la que se desarrolla en los campamentos. Oí hablar por primera vez de una erlebnis pädagogik, de una pedagogía de la experiencia, en mi primer campamento internacional de boca de un monitor alemán que trabajaba sobre ella con la intención de ayudar a los más jóvenes a encontrar el sentido de las cosas, cuando parecía probado que la educación de las aulas se manifestaba muchas veces insuficiente para este objetivo tal y la idea francamente me gustó. Por eso en las líneas que siguen voy a contar lo que significan para mí los campamentos internacionales a partir de mis propias experiencias, más algunas ideas que el diálogo con otros monitores ha estimulado. Quiero insistir desde el primer momento en que los campamentos internacionales son una actividad de jóvenes y para jóvenes. Con respecto a la perspectiva general de otros campamentos supone una primera diferencia ya que la convocatoria no se dirige a niños y niñas sino a quienes ya han superado esa etapa de su vida y dan un paso más en su crecer, abriéndose a un mundo que supera generalmente las fronteras entre las que hasta entonces se movió. Suscribo no obstante el hecho de que en los últimos 10 años, ha crecido entre los participantes españoles el número de jóvenes que ya ha visitado algún país antes de subirse al autocar, cosa bien extraña hace una década y también que ha aumentado la demanda entre chicos y chicas más jóvenes, lo que supone que también sus padres están interesados en que sus hijos/as salgan

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antes de casa para tener una experiencia de este tipo. Los/as monitores/as de los campamentos internacionales también son jóvenes que en muchas ocasiones probaron con escepticismo y se quedaron por unos años tras descubrir el sabor especial de este tipo de actividad. Cada vez son más los/as jóvenes monitores/as que saben a dónde van y a lo que van, que conocen las peculiaridades del campamento internacional y que se sienten cómodos entre ellas. Hay hoy más jóvenes preparados y concienciados para realizar funciones de dirección y coordinación en campamentos internacionales y no cabe duda que su interés por mejorar la calidad del encuentro les ha llevado a ser más abiertos y creativos, al tiempo que ha ido echando raíces entre la mayoría un sentimiento positivo hacia el proyecto europeo como no podría, por otra parte, ser de otra manera: es fácil entender que podamos sentirnos colaboradores, aunque sea mínimamente, en la tarea de construcción de la Unión Europea puesto que, como se verá a continuación, es una labor que hemos vivido muy de cerca desde nuestros campamentos internacionales. CON ALGO DE PARTICULAR En el año 1989 participé como coordinador en mi primer campamento internacional, fue en Córcega, en una pequeña instalación con sus tiendas de campaña junto al mar, en la Marina de Sisco, al norte de la isla. Allí nos dimos cita un grupo de húngaros, otro de españoles y uno de alemanes que coordinaba la actividad y llevaba la administración de las infraestructuras, o lo que es lo mismo, eran los que recibían. Desde entonces he realizado otros muchos campamentos internacionales pero algunas cosas de aquél se repiten como elementos que identifican estos campamentos tan especiales: - la participación de jóvenes de al menos dos países distintos. Mi experiencia se refiere siempre a participantes europeos de ambos sexos en una escala de edades que se ha movido entre los 13 y los 22 años. Creo que puedo decir que en todos estos años, en los grupos de los que he sido el más directo responsable, ha habido jóvenes de todas las comunidades autónomas de España y que allá donde hemos ido hemos sido identificados como “los españoles”, lo cual no está exento de una cierta responsabilidad. No me cabe duda de que los estereotipos funcionan, de que tenemos una idea preconcebida de la gente de otros países que vamos a encontrarnos y, lo que es más, de la generalización que se va a hacer de los habitantes y de las costumbres de todo un país a la vista de la convivencia en dos semanas con un pequeño grupo de 50 jóvenes representantes de todo un país. Me consta que éste es un sentimiento compartido por todos los monitores, también por los de otros países. En los campamentos internacionales que conozco, vienen a juntarse dos o más organizaciones que convocan a los/as jóvenes en su país de origen, en cierto modo se trata de un campamento de campamentos pues el representante de cada país participa con su propio estilo, monitores que trabajan en una cierta línea, especialistas en ciertas habilidades. Por eso lograr la atmósfera de un único campamento es señal de éxito en estas actividades y algo que no siempre se consigue. - la existencia de un grupo anfitrión Uno de los países es siempre el que recibe y el otro, o los otros, “los que vamos”, “los que viajan”, “los invitados”. Aceptamos que las normas por las

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que se rige la vida cotidiana en el campamento, los horarios para las comidas y los descansos, así como el grueso del plan de actividades son cosas que fija el país anfitrión. Sin esta confianza original no podríamos ponernos en camino y es algo que a veces les cuesta comprender a los/as jóvenes: que no estamos en casa. El anfitrión se reserva así mismo el derecho a hacernos convivir con las especificidades de su país, a menudo consideradas como “rarezas” y que nos sumergirán en la verdadera dimensión de la tierra que pisamos. En cualquier caso la administración de este derecho a fijar las pautas en mayor o menor consonancia con los hábitos, las preferencias y las expectativas de los que llegan de otras tierras definirá finalmente la calidad del intercambio. Volveremos sobre ello. - el modo de vida campamental La vida al aire libre, el contacto con la naturaleza, compartir tienda de campaña, la comida que más que nunca suele ser distinta de la de casa, recorridos por la zona, canciones, juegos, poca luz al llegar la noche, el fuego… los campamentos internacionales son antes que nada campamentos y siempre veo jóvenes disfrutar al margen del aditivo internacional sólo porque adoran este modo de vida. Llegados a este punto no podemos evitar una referencia a otro tipo de actividades para jóvenes vinculadas al ocio de carácter internacional, como los cursos de idiomas, los campos de trabajo, los intercambios con participación de familias, los viajes organizados para jóvenes, los campeonatos y escuelas de deportes, los encuentros multinacionales… La oferta es amplísima y la idoneidad la marcan solamente las expectativas de la juventud y de quienes les inscriben es estas modalidades de aprovechamiento del tiempo libre. Algunos de los objetivos generales que todas ellas se plantean son comunes (animar al joven a conocer otras culturas, estimular la práctica de un segundo idioma, enriquecer al joven con una visión más amplia de su mundo, generar sentimientos positivos respecto a lo extranjero) y también muchos de los específicos, por lo que educativamente hablando no hay razones de peso para despreciar o sobreponderar una sola de ellas. Ser de asfalto es tan noble como ser de monte, ver un país desde la ventanilla de un autobús puede ser tan grande como verlo subido en unas botas de treking, no es extraño que haya quien prefiera la comida de hotel aunque otros gusten de la servida en plato de aluminio y en cuanto a la cama parece haber demostrado ser una alternativa apreciable con respecto al duro suelo. No sé si se nota mucho qué es de todo esto lo que yo prefiero, pero si estamos hablando de experiencias que conducen a conocer y respetar las diferencias no podemos ser exclusivos en la modalidad elegida cuando se dan realizaciones de calidad con respecto a los objetivos y me consta que hay actividades dignas de alabanza en todos aquellos terrenos: citaré únicamente una reciente, del verano de 2005, Open Stage Weeks, (www.openstageweeks.de) un encuentro internacional de jóvenes de 20 países (españoles e italianos pero también japoneses y coreanos) celebrado en Unterkirnach, Alemania donde se aprovecharon las instalaciones de un colegio que cierra en verano. No puedo negar que cuando uno de los coordinadores de esta actividad me contaba la riqueza que había aportado a todos los participantes tal miscelánea cultural se despertó en mi una cierta envidia y por eso la traigo aquí a pesar de no tratarse de un campamento propiamente dicho.

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- el jaleo de los idiomas… Porque si el intercambio es entre países con diferentes idiomas realmente es un jaleo: no es extraño que suenen tres o más idiomas de manera cotidiana, muchas veces hay que traducir lo que se está diciendo y eso alarga las reuniones y las conversaciones, hay cosas de las que directamente no te enteras y por si fuera poco cuando te vas a dormir quizás sueñes en inglés y eso cansa. Para una buena parte de los participantes es la primera ocasión en la que se enfrentan al test “¿cuánto sabes, de verdad, de ese segundo idioma?”. Este tema merecería un capítulo aparte para él solo pero diré únicamente algunas cosas que me ha enseñado la experiencia: 1.- Una parte de la juventud española que vi en estas actividades, tras años de estudio de un segundo idioma en escuela e instituto, presentan importantes carencias en la práctica del mismo: “lo entiendo todo pero no sé cómo decirlo” será, a este respecto, la frase más pronunciada. Otro tanto habla, comprende, lee y se desenvuelve dignamente en otro idioma. Sólo una escueta minoría “lo borda”. 2.- No ser un “hacha” de los idiomas no incapacita para ir a un campamento internacional, en esto como en otras muchas cosas de un campamento se trata de “apañarse” y el que quiere se arregla para lo que le interesa. 3.- No es cierto que en otros países todos los/as jóvenes estén mejor que los/as españoles/as. Hay algo de mito en la fabulosa habilidad para los idiomas de todos los demás, que muchas veces tiene más que ver con mayor interés y en ocasiones con cierta analogía de la segunda lengua con la materna. 4.- Los campamentos internacionales son una excelente oportunidad para enfrentar a los jóvenes a su verdadero nivel de idiomas, un buen momento donde aprender y revisar conocimientos y un estímulo para los más despiertos de aumentar el interés por esta disciplina. - …y lo que el lenguaje no puede Como el uso de un segundo idioma requiere un esfuerzo extra incluso para quienes se arreglan bien, al poco de iniciarse la actividad se ponen en marcha otros mecanismos de comunicación no verbal que van desde las miradas o la mímica hasta los juegos improvisados en los que hay que decirse muy poco y disfrutar mucho como por ejemplo tirarse agua; aunque a mis 40 años he de decir que empieza a cansarme un poco este juego (prefiero la versión organizada con globos de agua), he visto muchas veces cómo después de una buena “batalla” se han roto barreras entre los participantes. Sin embargo creo que nada funciona tan poderosamente como una agradable sonrisa. Ligera, ocasional, gratuita, sincera, espontánea, personal, cariñosa, la sonrisa lo tiene todo para hacer sentir la complicidad amistosa entre quienes se la brindan. Aderezada con un saludo en el idioma de quien se te cruza tiene el sabor de la torpeza simpática de quien necesita del otro, mientras que el saludo propio le pone el dulzor de la invitación y la llamada. La sonrisa a solas y sin venir a cuento es regalo que alegra y que se ve recompensado con más sonrisas, deshaciendo la extrañeza que separa a los recién conocidos. La sonrisa inspira confianza en el monitor y aporta seguridad al participante en el campamento. Su hermana mayor la risa, más abundante y descarada, debe usarse con tacto pues tiene un carácter más invasivo y amenazante aunque su triunfo es inapelable cuando inunda la atmósfera del grupo entero.

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No me es posible recordar la voz de la mayor parte de la gente que he conocido en estos campamentos pero tengo muy vivas imágenes de docenas de caras con sonrisas mudas de monitores/as y acampados/as que dicen todo lo que necesito oír con el paso del tiempo. - el valor educativo Para quienes contemplamos los campamentos como una experiencia educativa, el campamento internacional nos abre a un nuevo campo de aprendizajes y de reflexiones. Todos los participantes nos reconocemos un poco ignorantes ante la infinidad de cosas nuevas que nos llegan (imágenes, sonidos, sabores,…) y también un poco maestros capaces de comunicar algo sobre lo que sí sabemos y que es nuestra cultura. Todos somos descubridores de un nuevo mundo que sabíamos que existía y dónde pero no exactamente cómo. Todos estamos en el mismo barco con nuestras expectativas y con nuestros miedos y la necesidad de llevar el barco a buen puerto fuerza el diálogo, las actitudes generosas y el reconocimiento de las capacidades de los demás. El avance de la amistad y la sintonía entre monitores/as y acampados/as se convierte en la grasa que lubrica los motores de la vida cotidiana y las actividades tienen presente este objetivo en todo momento. El desarrollo de algunos valores se hace imprescindible para convivir e insisto en algunos: * Respeto a las diferencias e incidencias, en las cualidades que los acercan. * Capacidad de diálogo. * Reconocimiento de la capacidad de los demás. * Flexibilidad de las propuestas y los puntos de vista. * Generosidad en las negociaciones y en los temas económicos. * Compostura de las formas (ya habrá momento para saltárselas). * Atención a la comodidad dentro de los márgenes campamentales. * Comprensión ante la extrañeza que produce la novedad. * Disposición a la participación en todo momento. * Empatía. Básicamente todas estas cosas tan valiosas apuntan a una idea que pondrá en práctica quien esté decidido a participar en una aventura exitosa: predisposición a ceder siempre un poco.. Que no siempre se imponga una sola forma de pensar o de actuar ampliará nuestra perspectiva y nos sorprenderá con seguridad ver cómo los demás también saben algo. Cuento a este respecto un curioso ejemplo sacado de un libro sobre Alexander Fleming que invita a dejar hacer a otros sin temer que eso suponga una catástrofe: “En aquella época, los alumnos no discutían las teorías y opiniones de los profesores. Era frecuente, sin embargo, que las enseñanzas de algunos de éstos se contradijesen entre sí. Se cuenta el caso de cierto ¨especialista¨ que trataba las neumonías aplicando bolsas con hielo sobre el pulmón afectado. En una ocasión en que tal profesor se encontraba ausente, su sustituto, siguiendo la costumbre de respetar con escrupulosidad la terapia del titular, continuó con esas aplicaciones; sin embargo, uno de los enfermos se agravó súbitamente al afectársele el otro pulmón. El suplente, entonces, aplicó su ¨experiencia¨ personal en forma de cataplasmas calientes sobre la zona, de manera que en un pulmón tenía un apósito caliente, y en el otro uno frío. A

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pesar de tan contrarias soluciones, resulta curioso saber que el enfermo sanó, aunque curiosamente muy a pesar de los tratamientos que se le administraron.” (1) LOS MIEDOS En el terreno de las relaciones con gentes de otros países operan dos miedos muy peligrosos: el primero es por supuesto el miedo a lo desconocido y el segundo es el miedo al menosprecio. Hay una parte del miedo ante lo desconocido que es muy razonable: cuando la madre de un acampado, antes de un campamento en la Selva Negra de Alemania me preguntaba que con qué clase de fieras se iban a encontrar allí los chicos, obviamente se estaba dejando llevar por la imagen que de “la selva” tenía de las viejas películas de Tarzán y no podía imaginar que aquello es sólo un espeso bosque, desafortunadamente hoy con muy poca vida. Considero necesario tener un amplio conocimiento del lugar en el que se va a acampar, de la región y si es posible del país cuando se coordina el grupo que sale ya que en los días previos a la marcha se han de escuchar todo tipo de preguntas que habrán de contestarse trasmitiendo seguridad y preparación. Por otra parte hay un miedo más irracional derivado del hecho de que se abandona el entorno seguro y dominado que nos es propio, de la certeza de que nadie que nos quiera de antemano nos espera a la llegada y del prejuicio de que no hay nada en el mundo “como lo de uno” por lo que hasta que se demuestre lo contrario, lo otro es siempre peor. En la misma línea aunque en sentido contrario uno se arma contra el invasor que, si viene es porque espera llevarse algo de lo de aquí. El convencimiento de que todos estos leviatanes no atestan ya los mares cercanos, la confianza en un encuentro deseable y amistoso superando todos esos miedos es lo que muy bien podría llamarse amplitud de miras. Y sin embargo, mientras esta amplitud llega, los primeros momentos de un intercambio internacional están marcados por algunas desconfianzas (“nos darán las peores tiendas”, “nos harán fregar más veces”, “si alguien se queda sin piscina seremos nosotros”), que el espíritu de grupo de los jóvenes de un mismo país ayuda a amortiguar y las primeras dinámicas de grupo de todo el campamento tendrán que resolver definitivamente. Hay que destacar el trabajo previo al campamento, el dirigido a los/as acampados y sus familias y el dirigido a los monitores. Para los primeros y como la información corrige el desconocimiento, avanzarles algo de lo que se van a encontrar les será tranquilizador y formativo. Los/as monitores/as no sólo deberán tener acceso a esa información sino que además sería deseable que, los de todos los países participantes, se conociesen previamente y que tuviesen ya una buena relación entre ellos/as. Es frecuente que los/as jóvenes pregunten durante el viaje si sus monitores/as conocemos el lugar al que vamos y a los/as monitores/as de los otros grupos y sin duda inspira confianza a todos que cuando los grupos se bajen del autobús los monitores de todos los países se saluden de forma fraternal y no fríamente. (1) CAMACHO ARIAS, José: Fleming. La prodigiosa penicilina. Madrid, Nivola, 2001.Colección Científicos para la Historia 3. p. 40.

Creo que este es un buen momento para concluir la conveniencia de los encuentros previos de los/as monitores/as de los grupos que participarán en el campamento internacional. Son el momento ideal para estrechar lazos y para conocer el terreno que se va a pisar durante el campamento. También

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lo son para matizar algunas reglas y cuestiones de orden o para negociar detalles relativos a los horarios. Las diferencias culturales pueden llevar a situaciones incómodas planteadas cuando el campamento ya ha empezado a andar: si en el campamento hay posibilidad de baño, sea en la piscina o en la playa (los españoles esperaremos un par de horas para saltar al agua, una costumbre que no tienen otros pueblos de Europa); el horario de las comidas español va retrasado con respecto al de nuestros vecinos, en otros países nuestros jóvenes cenarán bastante antes y a media noche sentirán hambre si el último bocado lo tomaron a las 7 de la tarde. Pero además de pulir un sinfín de detalles y de realizar una crítica constructiva de posibles actividades pasadas, los encuentros de monitores son un estímulo para éstos y sirven para divertirse formando un único grupo sin las exigencias a que obligan las funciones en el campamento, todo lo cual es salud para el futuro intercambio.

LAS NORMAS (2) A veces cuando hablamos del sentido y de la riqueza de nuestros contactos con otros jóvenes europeos nos salen “discursos sonoros” que disculpamos con gusto porque creemos que van cargados de algo tan deseable de contagiar como eso que Sloterdijk llama “pasión Europea”: “La gran Unión Europea es algo más que una empresa de grandes dimensiones. El nombre de Europa designa una región del mundo en la que de un modo indiscutiblemente singular, se ha preguntado por la verdad y la buena vida. Ni siquiera en los tiempos modernos los europeos dejarán de creer del todo que sólo aquello que es justo y digno del ser humano dispone a la larga de un derecho al éxito. No es casual que en sus conceptos de ciencia, democracia, Derechos Humanos y arte, ellos busquen expresar algo de esta idea de verdad tan idiosincrásica. Estos conceptos se entreveran en el envite europeo lanzado al género humano: crear formas de vida que dignifiquen al hombre como un ser capaz de aspirar radicalmente a lo grande y más rico. En este envite en el que se miden consigo mismo los buenos europeos, la pasión europea constituye el eje central inmemorial. Sólo cuando la pasión entra en liza pueden los europeos querer con tenacidad sus éxitos y apreciarlos sin interrupciones; y sólo después de escapar de su cansancio y de su nihilismo. ¨Poder querer el éxito¨ significa saberse impulsado por una verdad que resiste a las depresiones.” SLOTERDIJK, Peter: Si Europa despierta, Valencia, Pre-Textos, 2004, pp. 76-77.

Quizás el lector se haya quedado con ganas de saber cómo resolvimos cuestiones como la del respeto al periodo de la digestión antes del baño o la del horario de las comidas. Pues bien, en cuanto a la primera, en España terminamos admitiendo que los jóvenes alemanes se bañasen según es su costumbre y que disfrutasen así todo lo posible de la playa que no tienen en su país y de la piscina que sí que tienen. En Alemania todos comemos a la una y media en vez de a las doce del mediodía y cenamos entre las siete y media y las ocho en vez de a las seis de la tarde. Todos cedemos un poquito desde la base de que es preferible buscar el disfrute o el acomodo de quien hace una reclamación razonable a cambio de progresar en eso tan bonito que es convivir con gentes venidas de lejanas tierras. En realidad, a la hora de negociar, casi todo el mundo tiene buenos argumentos, lo que hace falta saber es quién, además, está dispuesto a comprender y a ceder. Al resultado de todo esto es a lo que llamamos tolerancia. En cualquier caso es bien sabido que a los/as jóvenes, en general, no les gustan mucho las reglas y en los campamentos internacionales no suelen faltar los debates en torno a ellas. Un joven, contra la norma del campamento en Schmitzingen (Alemania), insistía en su derecho a salir de la instalación por la noche para ir al bar más cercano en el pueblo próximo y se escudaba en que su padre le había dado permiso. Yo intentaba explicarle que incluso la potestad de su padre tenía que rendirse ante las normas por las que se rigen otros, en su terreno y que por más que su padre le autorizase a caminar calzado por todo el ancho mundo, tendría que descalzarse un día si quería entrar en una mezquita. No supo contestarme y aunque sé que no le convencí no abandonó el campamento, quizás porque me vio firme en la defensa de una norma que otros habían impuesto. En un intercambio de alta calidad, en el que prime el entendimiento y los valores democráticos, habrá normas indiscutibles pero también habrá otras más flexibles, habrá excepciones, habrá cambios de reglas y habrá un coordinador justo que tendrá la última palabra con respecto a las normas y que procurará que el uso de las mismas haga realmente más feliz la estancia a todos los participantes, si fuera posible. Le asistirán en su tarea cuantos foros libres de acampados, de monitores y de acampados y monitores, sean necesarios. Qué más se puede pedir (2).

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HACIENDO EUROPEOS Como indiqué al principio las actividades internacionales en las que tengo experiencia se ciñen al espacio europeo: en concreto podría hablar de un espacio comprendido entre cuatro esquinas que serían Alemania, Hungría, Córcega (Francia) y España. Y esto no es así por casualidad. Desde el principio hubo una sintonía con nuestros primeros socios, los alemanes de la asociación Förderkreis Ferienzentren, en el objetivo de acercar, de poner en contacto a jóvenes europeos de distintos países. Cuando en 1992 planificamos nuestro primer auténtico programa conjunto de campamentos de verano, el concepto de ciudadanía europea estaba aun muy poco desarrollado: existía un Informe Tindemans, Hacia la ciudadanía europea del año 1976 y un Informe Adonnio, Una Europa del pueblo de 1985 para nosotros absolutamente desconocidos, y sólo tras la entrada en vigor del tratado de Maastricht de Noviembre de 1993 la ciudadanía europea adquiere entidad legal. En el Artículo 8 del Tratado de la Unión Europea (que así empieza a llamarse definitivamente tras Maastricht), se recoge el derecho esencial del ciudadano europeo a la libertad de movimiento y de establecimiento dentro de todo el territorio de la UE (3), algo realmente fundamental para que los jóvenes sintiésemos como nuestro el espacio europeo. Sin embargo, hasta el 26 de Marzo de 1995 no entra en vigor el Convenio de Schengen por el que se suprimían los trámites de aduana y de policía para las personas que circulasen dentro de la Unión (4). Realmente hemos vivido estos cambios “grandilocuentes” con nuestra mochila a la espalda y hemos dado fe de momentos realmente históricos. ¿Qué decir de la llegada del euro? Tras años perdiendo dinero en el cambio el 1 de enero de 2002 me cogió con un grupo de jóvenes españoles, de regreso de un intercambio con la asociación NITE, de Budapest, (hoy integrada en People Team) con la que hemos realizado muchos campamentos en verano. En el aeropuerto de Munich, nuestro trasbordo, pudimos pagar con euros por primera vez: ¡la cosa realmente funcionaba! (5). (3) REDOLI MORCHÓN, David Cf. Juventud ciudadana en la Unión Europea Madrid, Consejo de la Juventud de España, 2002, p. 20. En ese Artículo 8, se recogen además el derecho a votar y a ser votado en sufragios europeos, el derecho a la protección diplomática y el derecho al amparo del defensor del pueblo europeo.

Por lo mismo era comprensible nuestra alegría cuando Hungría pasó a formar parte de la Unión Europea el 1 de Mayo de 2004, en la última ampliación hacia la Europa de los 25. Las felicitaciones mutuas fueron inmediatas y ahora deseamos que el forinto sea pronto sustituido por el euro y que con él paguemos en un nuevo campamento junto al lago Balaton. PASIÓN POR EL MOVIMIENTO

(5) También, por desgracia, en aquellos días se examinaba y cacheaba a algunos viajeros, descalzado incluido, un tanto al azar, antes del embarque, aunque la policía alemana se mostró siempre con un trato extremadamente educado.

Aquel derecho a moverse libremente por los países de la UE que se recogía entre los derechos del ciudadano de Maastrich, aparecería nuevamente en la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (artículo 45: Libertad de circulación y de residencia) propuesta en el tratado de Niza de febrero de 2001 y más tarde en la Constitución Europea firmada en Roma en Octubre de 2004 por los 25 jefes de estado y de gobierno de los Estados Miembros (Parte Primera, Titulo II, Artículo I-10, 2 a), y en la Parte Segunda, donde se recoge la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, (Título V, Artículo II-105, 1). Se trata del reconocimiento de un derecho pero también de una tradición europea a la apertura de sus caminos y para quienes encontramos un placer en los campamentos internacionales por el continente, además, una invitación a conocer, a salir y a recibir.

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(4) FONTAINE, Pascal, 10 Lecciones sobre Europa, Luxemburgo, Oficina de Publicaciones Oficiales de la Comunidades Europeas, 1998.

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Ortega y Gasset ya destacó esa querencia del europeo a ocupar el espacio continental todo: “Y es que para estos pueblos llamados europeos vivir ha sido siempre –claramente desde el siglo XI, desde Otón III- moverse o actuar en un espacio común. Es decir, que para cada uno vivir era convivir con los demás.” (6) De modo que las genialidades peculiares de cada cual iban conformando un repertorio común de ideas hasta el punto de vivirse en la paradoja de que para los europeos la homogeneidad no fuese ajena a la diversidad (7). Han sido ideas de este tipo las que hicieron pensar en la de una “casa común” cuyas habitaciones nos sentimos impelidos a recorrer quizás también para, con nuestros pasos en grupo, certificar que el suelo que pisamos es espacio amistoso, seguro y de libertad. “En la medida en que nosotros, en tanto que sujetos modernos, a priori entendemos libertad como libertad de movimiento, sólo podemos concebir el progreso como ese movimiento que conduce a una mayor capacidad de movimiento.” (8) Por eso fue un acontecimiento esencial en nuestra cultura europea la caída del muro de Berlín en 1989, un obstáculo paralizador que nos separaba de jóvenes excelentes como los de la organización Junge Humanistlnnen con quienes vivimos felices días de campamento en los veranos de 1998 a 2002 y junto a quienes comprendimos el pesar que supone no poder ir y venir con libertad: realmente sigue siendo necesario oírles hablar de un mundo que estuvo tan cerca y tan lejos. La forma tradicional de movimiento asociada a los campamentos es el caminar, la actividad que se hace paso a paso, la aventura que se encuentra en el camino y por eso me siento aludido por George Steiner quien, en un trabajo recientemente publicado en España, cita la condición de espacio paseable como una de las 5 señas de identidad europeas. “Europa ha sido y es paseada. Esto es fundamental. La cartografía de Europa tiene su origen en las capacidades de los pies humanos, en lo que se considera son sus horizontes. Los hombres y mujeres europeos han caminado por sus mapas, de aldea en aldea, de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad.”(9)

(6) ORTEGA Y GASSET, José: Meditación de Europa Madrid, Alianza Editorial, 1983, en Obras completas, tomo 9, pp. 255-256. (7) Cf. Id, O.C. p. 255. (8) SLOTERDIJK, Peter: Eurotaoísmo, Barcelona, Seix Barral, 2001, pp. 29-30. (9) STEINER,George: La idea de Europa, Madrid, Siruela, 2005, p. 41. (10) Id, O.C., 44.

Ésta, que es una actividad inexcusable en todo campamento que se precie, confirma a los jóvenes en una región propia, y la forma de vivir los itinerarios, alegre y confiada, corrobora que se está recorriendo un espacio seguro. La idea más abstracta de Europa como espacio seguro es la de un continente caminable y caminado. De hecho estoy también de acuerdo con Steiner en que una parte de nuestro carácter se juega en esta actitud: “Algunos elementos integrantes del pensamiento y la sensibilidad europeos son, en el sentido originario de la palabra, ¨pedestres¨. Su cadencia y su secuencia son las del caminante.”(10) Muchas veces, en distintas regiones de Europa, vi salir gente a la calle para ver pasar una fila de jóvenes con sus mochilas. La imagen tiene algo de tranquilizador que enorgullece a la vez a quien mira, ya que su territorio es digno de ser caminado por quien puede elegir el mundo entero para visitar. Quizás pueda parecer que se peca de ingenuo al dibujar una imagen idílica cuando es sabido que para muchos, las columnas de caminantes vistas desde las ventanas de los pueblos y ciudades de Europa, fueron las de sol-

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dados que se enfrentaron hasta no hace tanto en sangrientas guerras. Sin embargo es así porque la experiencia vivida en quince años de campamentos y otros encuentros con jóvenes de este continente obliga por una parte a proclamar la excelente calidad humana de los pueblos que nos dimos cita, en la forma de sus representantes, dispuestos a apreciarnos más cuando nos conocíamos mejor y a reconocer, por otra, la necesidad de seguir fomentando esta forma de contacto, piel a piel, entre jóvenes europeos para ser mensajeros de la bondad de las gentes que conocimos y con la que convivimos. En nuestro caso el intercambio de ideas, metodologías, críticas y formas de hacer nos ha enriquecido enormemente sin que por ello hayamos tenido que dejar de ser quien somos y sin que podamos afirmar que nuestros campamentos sean una balsa de aceite en los que todo va rodado, porque cada año, cada nuevo grupo multinacional de jóvenes en campamento es un nuevo reto y una nueva puesta en marcha. Pero ya es un paso que los acampados se encuentren siempre envueltos, desde un primer momento, en un ambiente de compenetración sincera y buena sintonía que es el resultado de todos estos años de trabajo. HISTORIAS FANTÁSTICAS Y REALES Hay una imagen de cuento de Las mil y una noches o de historias de comerciantes fenicios que siempre me ha entusiasmado y es la de aquellos que cargaban caravanas de camellos o barcos con los mejores productos de los lugares a los que viajaban. Ni las joyas más bellas, ni el vino más sabroso, ni la seda más vistosa procedían del mismo lugar y era prurito de sabio comerciante el hacer propaganda de los géneros escogidos en sus orígenes más afamados. No se trataba en modo alguno de pregonar que lo de los demás sitios era siempre mejor y sí, en cambio, uno reconocía la buena calidad de la mercancía cuando en medio del pregón escuchaba que el aceite que ofrecía procedía de la mismísima Al-Andalus, cosa que se cuidaba mucho el comerciante si vendía en las costas andaluzas. Que uno no puede ser poseedor de todo lo mejor, que en casa no puede ser que lo sepamos todo de todo pero también que algo podríamos tener aquí que le interese llevarse a Simbad el marino, parece de razón. Esta forma de pensar es hoy aceptada de modo silencioso, porque las estanterías de los supermercados siguen la misma filosofía ultramarina que respetamos con agrado como consumidores. La apuesta ahora pasa por acercarse a Córcega a ver qué más saben hacer además de la mejor harina de castañas, o a Hungría donde además del Tokaj y los baños turcos tienen que poder enseñarnos algo, o a Alemania, en donde cargaríamos la caravana a medias si sólo nos trajésemos salchichas y cerveza. Todo ese género humano que no llena las bodegas del barco tiene que ser visto y tiene que ser enseñado y vivido. Los campamentos internacionales han hecho a muchos/as jóvenes ser un poco más europeos/as y sobre todo han ayudado a conocer a otros pueblos con los que ahora comparten un espacio común con proyectos comunes. Si es cierto, como creo, eso de que los jóvenes de hoy serán quienes ocupen mañana los sillones del Parlamento Europeo, del Consejo y de todas las demás instituciones de Europa, bueno es que vayan con una parte de la tarea hecha, la de conocerse y desearse sinceramente lo mejor y la de haber superado aquellos primeros miedos propios del primer contacto.

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Naturalmente, nuestros políticos europeos de hoy no tuvieron la oportunidad de hacer campamentos internacionales: no compartieron tienda de campaña ni tuvieron que llevarle un rato la mochila a otro yendo de marcha ni se ducharon juntos, no lavaron los platos de otros ni bebieron de las mismas cantimploras, no hicieron causa común contra sus monitores para quedarse un rato más en el pueblo ni se vieron colgados de una cuerda que sostenía otro compañero que había recorrido mil kilómetros para sujetarle, no achicaron el agua del mismo velero cuando la mar se embravecía, ni se enamoraron nunca de otro o de otra joven de su edad que le enseñaba palabras que no olvidaría nunca a la luz de una hoguera. Por eso son tan largas y tan tediosas las negociaciones, de quienes toman hoy las decisiones (lo digo sin ánimo de crítica, sólo como justificación). Pero la mayoría de estos jóvenes que vivieron cualquier tipo de intercambios internacionales no llegará a las esferas de la política y sin embargo tendrán más fácil dotar de pleno sentido el concepto de ciudadanía europea y con mayor probabilidad garantizarán una Europa más fraternal y más pacífica. Y si no es así, al menos estoy seguro de que ampliarán sus horizontes como para que cuando escuchen la información meteorológica o la vean en un periódico, se interesen por el tiempo que tienen los/as amigos/as que hizo más allá de sus propias fronteras. Para narrar aventuras emocionantes o describir lugares fabulosos ya no es necesario pasar las penurias que vivió Simbad, puede que sólo baste con salir de campamento.

BIBLIOGRAFÍA: Camacho Arias, José (2001). Fleming. la prodigiosa penicilina., colección: científicos para la historia, 3. Nivola. Madrid. Fontaine, Pascal (1998). “10 lecciones sobre Europa”. Oficina de publicaciones oficiales de las comunidades europeas, Luxemburgo. Ortega y Gasset, José (1983). “Meditación de Europa” Alianza editorial, en obras completas, tomo 9. Madrid, Redoli Morchón, David (2002). “Juventud ciudadana en la unión europea”. Consejo de la juventud de España. Madrid. Sloterdijk, Peter (2001). “Eurotaoísmo”. Seix Barral. Barcelona. Sloterdijk, Peter (2004). “Si Europa despierta”. Pre-textos. Valencia. Steiner, George (2005). “La idea de Europa”. Siruela. Madrid.

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Juan Manuel Marcos García Maestro y Coordinador de Ocio y Tiempo Libre

DOCUMENTOS

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La juventud y los campamentos formativos: el caso de los campamentos con idiomas

Saber del interés de nuestra juventud por los campamentos, y en especial de los campamentos formativos es uno de los objetivos que nos ha llevado a realizar este trabajo. En estas líneas queremos exponer la necesidad que hay en la sociedad actual, de que los/as jóvenes tengan en sus momentos de ocio y tiempo libre una serie de actividades formativas que les ayuden en su currículum académico y en su realización como persona. Queremos reflejar las diferencias entre los campamentos con idiomas, los cursos de idiomas y el resto de las acciones formativas que se desarrollan en los campamentos. Como objetivo les planteamos un conocimiento de cómo se desarrollan este tipo de campamentos y sus diferencias con el resto.

Palabras clave: Campamento, formación, idioma, educación no formal.

CAMPAMENTO: Definición Antes de profundizar en el epígrafe del articulo: Los jóvenes y los campamentos formativos: campamento de idiomas, lo primero que nos preguntamos es ¿qué es para nosotros, un campamento? y qué entendemos por él. Hay gente que lo entiende como el lugar donde sus hijos/as realizan una serie de actividades de ocio y tiempo libre en contacto con la naturaleza, con amigos/as, compañeros/as y el personal que trata de hacer la experiencia positiva y enriquecedora. Otros lo entienden como el lugar donde dejar a sus hijos/as durante un tiempo, porque las obligaciones profesionales o de otro tipo, no les permiten atenderlos personalmente. Algunos como el lugar donde van a imponer unas normas y unos estímulos que van a ayudar a los padres en la futura educación social de sus hijos/as. El diccionario de la Real Academia Española define campamento como: “Acción de acampar o acamparse”, “Instalación en terreno abierto, de un grupo de excursionistas, etc”. Pero todas estas definiciones resultan incompletas si no consideramos el conjunto de ellas. La unión de los cuatro puntos anteriores es lo que realmente conforma un campamento, Lugar donde: • Los/as jóvenes hacen y encuentran amigos. • Se fomentan valores personales: respeto, tolerancia... • Entran en contacto con el entorno y la naturaleza que rodea al mismo. • Reciben hábitos: Sociales, higiene, etc. • Reciben formación: lingüística, deportiva, etc. • Juegan. Pero sobre todo donde se educa y forma a los participantes.

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¿Y nuestros jóvenes, qué tipo de campamento prefieren? Son muchas las variables que hay que tener en cuenta. ¿Qué oferta les llega, a ellos/as o a sus padres? ¿Cuál es el presupuesto familiar del se que dispone para acudir al campamento? ¿Van los amigos? Y otras similares. En el mercado actual, la oferta de campamentos nos inunda sobre todo cuando se acercan las fechas, nos llegan propuestas desde el colegio, la empresa donde trabajamos, los ayuntamientos, las comunidades autónomas, y también las podemos encontrar en Internet, etc... En cualquier caso lo primero que debe hacerse, es elegir teniendo en cuenta lo que quieren los/as adolescentes (principales interesados/as de la cuestión), cuál es la opción más interesante, valorando no sólo aspectos sociales, o de comodidad y ahorro, sino que hay que tener en cuenta las expectativas que queremos cumplir con ese campamento.

¿En qué se diferencian los campamentos formativos? Seguro que nada mas leer el titulo de este articulo, la pregunta que alguien ajeno a este mundo se va hacer es: ¿Qué pasa, hay campamentos que forman y otros no? No es esta la cuestión, partimos de la base que todos los campamentos tienen como uno de sus objetivos generales la formación integral de sus participantes, pero además de esa formación, hay otros que intentan dotar a los jóvenes de una serie de herramientas que les ayuden en esta sociedad cada vez más competitiva y muchas veces deshumanizada. La sociedad actual pide que nuestros jóvenes tengan una serie de hábitos y destrezas, que en otras épocas no eran tan necesarios, pero que en la actualidad casi son imprescindibles. Tener más de una carrera universitaria, dominar varios idiomas, tener conocimientos de informática, etc… son algunos de los conocimientos cada vez más valorados. Para dar a la juventud todas estas herramientas, se han ido programando dentro de los campos de actuación con los chicos/as una serie de actividades formativas que son el complemento de la actividad educadora en la escuela. Algunas de estas actividades han salido a otros ámbitos educativos y encontrado su hueco dentro de una de las actividades estrella del verano, “EL CAMPAMENTO”, y según ha sido la actividad programada en los mismos, nos ha llevado a denominar con nombre propio. Se han programado Campamentos donde el fin fundamental es el aprendizaje de un deporte y así han nacido los campus deportivos (baloncesto, fútbol, balonmano, natación, etc.) Otros tienen como objetivo, el conocimiento de la naturaleza por medio de actividades como senderismo, juegos medio-ambientales, talleres, reciclado, etc. Son los denominados campamentos medio-ambientales. También existen los que nos ayudan a recorrer y conocer diferentes lugares de carácter cultural e histórico, suelen ser campamentos itinerantes. Otros donde priman ciertos valores, como la interculturalidad, la integración, las relaciones humanas... Y así hasta la gran diversidad de campamentos que podemos ver en la publicidad que nos llega por los diversos medios, prensa, radio, TV, Internet, etc.

Los campamentos de idiomas: un aprendizaje curricular Los campamentos forman, y uno de estos campamentos formativos, tiene como base el uso y aprendizaje del idioma, actividad cada vez más necesaria

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e importante debido a las nuevas técnicas y la influyente globalización. Los idiomas son cada vez más el vehículo o nexo de unión entre los diferentes pueblos que habitan este mundo, pero no todos los idiomas tienen la misma importancia dentro de la sociedad actual. Hay algunos que solo tienen una dimensión local, provincial o autonómica y no han salido, todavía, al exterior. Hay otros que han superado las fronteras del propio país, bien porque sus antecesores conquistaron y repoblaron las naciones conquistadas o porque la potencia económica actual de los países donde se habla es de las más importantes. Éste es el caso del inglés, español, francés, alemán... Pero no basta con tener potencial humano para que un idioma sea, digámoslo de alguna forma, exportable. De ser por este motivo en la actualidad todos estaríamos estudiando chino. Hay otras razones que llevan al estudio y conocimiento de estos idiomas, que es la fuerza económica y el desarrollo de programas que ayuden al conocimiento y práctica del mismo. Bajo todas estas premisas se plantean los CAMPAMENTOS CON IDIOMAS. Lo primero que debemos diferenciar es: Campamentos con Idiomas y Curso de Idiomas. Los primeros son aquéllos en los cuales hay gran variedad de actividades y una de las que se realizan a lo largo de la estancia de los y las jóvenes en el campamento, es el aprendizaje de un idioma. En algunos esta actividad es complementaria al resto del esquema general del campamento, y se la otorga la misma importancia que a otras actividades como hacer escalada, o cualquier taller de manualidades, medioambiente, etc. Sin embargo en otros es el eje fundamental sobre el que giran el resto de las actividades. Nosotros particularmente creemos más positiva y con una mayor idea formativa esta última y es de la que versarán las siguientes reflexiones. Al mismo tiempo y aprovechando las mismas fechas veraniegas, tenemos otra actividad que tiene como objetivo el aprendizaje de idiomas. Estos son los Cursos de Idiomas de inmersión lingüística, que se realizan de dos formas diferentes: Por un lado se pueden desarrollar en el país donde el idioma seleccionado es la lengua materna de sus habitantes, y que cumple dos objetivos generales: • Conocimiento del idioma. • Descubrimiento de un país nuevo. La otra manera de llevarlos a cabo es, en el propio país. En éstos el objetivo principal es el aprendizaje de los idiomas y por esto todas las actividades y juegos son en el idioma elegido y muchas veces no dejan tiempo para la creatividad de los más jóvenes. En este caso es como si trasladásemos una parte del país al nuestro y los/as adolescentes estuvieran inmersos en el mismo. Tanto los campamentos como los cursos de idiomas, nos llevan a un aprendizaje de la lengua en cuestión que ayudará a nuestros/as jóvenes en su currículo académico y en su más o menos cercano proyecto de futuro. Pero también conviene destacar las diferencias que existen en la metodología entre ambas actividades debido sobre todo a los objetivos que tienen cada una de ellas. En los CURSOS DE INMERSION LINGÜÍSTICA, ya sean en el propio país donde se habla el idioma que queremos aprender o en España, la metodolo-

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gía que se utiliza es muy similar a la utilizada durante el curso escolar. Los/as chicos/as no ven grandes diferencias entre las actividades normales del curso y las actividades del verano. Sí hay algunas diferencias, y es que las horas dedicadas al idioma son muchas más que las que dedican diariamente en el curso escolar. Que las actividades, de realizarse esta inmersión en el país, se desarrollan dentro de un ambiente diferente, Que el profesorado en algunos casos es diferente, son nativos, y finalmente que los medios a utilizar para este aprendizaje son más unipersonales, (ordenadores, etc.). La metodología que se utiliza en los CAMPAMENTOS DE IDIOMAS es más directa y cercana al joven, las posibilidades del desarrollo creativo son mayores que en la anterior.

Lo lúdico frente a lo académico; ¿es bueno seguir estudiando en verano? Cuando los padres deciden enviar a sus hijos/as a un campamento (contando o no con la aprobación de los/as chicos/as), sobre todo si es la primera vez, surgen miedos, incertidumbres que como padres es lógico que sientan. Las preguntas por la entidad, los responsables, los lugares, las actividades… son normales. Ante todo lo primero que hay que hacer es informarse y ver distintas referencias para así poder comparar y elegir lo mas adecuado a nuestros intereses y los de nuestros/as hijos/as. Y debemos preguntarnos: • Qué profesionales llevan a cabo la actividad. • Dónde van a estar nuestros/as hijos/as. • Qué tipo de actividades van a realizar. • Qué seguros tiene la actividad, etc. Estas premisas deben tenerse en cuenta en consonancia con los gustos y aficiones de los/as chicos/as, y de común acuerdo con ellos seleccionar el programa más adecuado. Si se pide a los adolescentes que elijan entre un campamento con actividades lúdicas, multiaventura, manualidades, excursiones... y un campamento con clases y actividades de idioma, la mayoría de los/as chicos/as se inclinaría por la primera opción, no por nada en especial simplemente porque las clases de idiomas le suenan a continuación de colegio o escuela, y además la climatología del verano también influye ya que el cuerpo pide aire libre y lugares donde prime el buen tiempo. Por esta razón los que colaboramos en la organización y desarrollo de los campamentos con idiomas, nos debemos esforzar en hacer de esta actividad formativa, una cuestión amena y a la vez, la más “productiva” para los adolescentes. Los padres deben orientarles hacia una u otra opción, teniendo claro que no se trata de un lugar donde van a dejar a los/as chicos/as durante un tiempo y ya está, sino que se trata de una actividad educativa que les va a servir para madurar. Tampoco los padres deben plantearse este tipo de campamentos formativos como la panacea gracias a la cual sus hijos e hijas en un periodo corto de tiempo, van a salir con unos conocimientos lingüísticos fantásticos. Aunque sí podemos tener en cuenta que van a adquirir los aprendizajes necesarios que les ayuden por un lado a asentar los conocimientos adquiridos durante el curso, y por otro a poner las bases para adquirir otros nuevos frente al siguiente curso escolar. Los campamentos son un tiempo en el cual los adolescentes rompen con sus horarios, actividades y amigos/as habituales de todo el año y toman contac-

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to con nuevas costumbres, pero este contacto no debe de ser una ruptura total con todo lo realizado durante el periodo escolar. Tiene que ser un tiempo en el cual los/as jóvenes desarrollen otra serie de hábitos, o intensifiquen los que ya tienen: el gusto por la lectura, por la creatividad en todas sus vertientes, escritura, dibujo, modelado, pintura etc. Las relaciones humanas, voluntariado y salir un poco y tratar de sacarlos de la burbuja en la que algunos se encuentran inmersos, donde lo único que quieren es: videojuegos, ordenador, móvil y televisión. El día en verano dispone de suficientes horas con luz natural, para realizar todo tipo de actividades y desarrollar estos hábitos. ¿Por qué no entre estas actividades las que tengan un carácter formativo y, como base de esta formación, los idiomas? Este tipo de alternativas campamentales tienen que ser parte de la educación integral que queremos para nuestra juventud y ellos/as deben desarrollar, crear y fomentar los hábitos y habilidades que cada un/a tiene, y que de otra forma seria muy difícil, tal vez, expresarlos. Debemos ayudarles a que se comuniquen y se relacionen con sus compañeros/as y el entorno, que no sólo sean presas de las maquinitas y teléfonos móviles, que sean capaces de colaborar voluntariamente, de ayudar y a la vez fomentar en ellos/as el voluntariado, y en muchas ocasiones para desarrollar todo lo anterior necesitamos el idioma o los idiomas. La diferencia que puede existir entre la gran variedad de campamentos que todos conocemos y los campamentos con idiomas puede radicar en la mezcla existente entre la educación no formal y la educación formal. Sabemos que el curso escolar es cada vez más exigente y que los adolescentes deben y necesitan cambiar de actividad. Este cambio en el verano no debe ser una ruptura total, el periodo vacacional es muy largo y van a tener tiempo para todo. Éstos son los motivos que nos inducen a creer que tener una actividad de idioma durante la estancia en los campamentos es positiva. Los que hemos decidido llamar campamentos formativos no tienen grandes diferencias con el resto de opciones campamentales, simplemente se mantienen y ayudan en los hábitos formativos formales de los más jóvenes. También es verdad, que los adolescentes deben tener esa pequeña ruptura que existe entre la educación formal y la no formal, pero esta se puede dar por medio de una diferenciación metodológica. No creemos que trasladar el método académico de los centros escolares al campamento sea lo más adecuado. Hay que cambiar y realizar actividades novedosas, con el fin de que a los/as chicos/as les sirva de estímulo y no lo vean como una continuación del curso escolar. Por este motivo dentro del horario general del campamento es conveniente introducir alguna actividad formativa encuadrada dentro de la educación formal como son los idiomas y sobre esta actividad organizar y generar el resto de actividades del campamento, el nexo común es la actividad formativa “el idioma”. Se deben crear actividades, juegos, canciones etc. En los cuales los/as chicos/as sean los protagonistas de las historias y de las actividades. No tiene que ser una confrontación entre lo lúdico y lo académico, al contrario tiene que ser una mezcla de ambos porque eso servirá para enriquecer el campamento y el aprendizaje curricular. Para la realización de todas estas actividades los grupos, al frente de los cuales hay un monitor/profesor, no han de ser grandes. Diez, doce alumnos/as es el número ideal. Un ejemplo de día normal en la planificación de este tipo de actividades es:

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08,30 Llamada para levantarse. Aseo personal, recogida de habitaciones. 09,30 Desayuno. Ésta es una de las comidas más importantes del día y hay que educar a los/as chicos/as, para que tomen el aporte energético imprescindible para el desarrollo de las actividades de la mañana. 10,00 Comienzo de las actividades de Idioma. En las sesiones de la mañana, se tratan los aspectos menos lúdicos de dicha actividad, vocabulario, conversación, gramática, se refuerzan los conocimientos que se han trabajado durante el curso y se crean nuevas pautas con el fin de poder aumentar estos conceptos. 11,30 Cambio de actividad. Se pasa a la realización de juegos deportivos, medio ambiente, talleres, deportes, multiaventura. Cada día esta actividad será diferente, con el fin de no caer en la monotonía y tratar de que la participación por parte de los/as acampados/as sea la máxima posible. A la hora de programar estas actividades hay que tener en cuenta las edades de los participantes en cada una de las mismas. 13,00 Baño. Es un momento de relajación del grupo, no de los/as monitores/as, los cuales tienen que estar pendientes de los que se bañan y de los que no, los/as chicos/as salen de la estructura de las actividades regladas y se juntan con sus amigos/as. Juegan de una forma libre y a la vez controlada por los responsables del grupo. 14,00 Comida. Debemos de reponer fuerzas, la mañana ha sido intensa y el desgaste físico y mental grande. Ésta tiene que ser variada y deberá aportar todos los nutrientes necesarios en una buena dieta, no se debe de dejar a los adolescentes que consuman solamente lo que les gusta, deben comer de todo pues la dieta ha de ser equilibrada. 15,00 Tiempo Libre. Los jóvenes necesitan esos momentos de intimidad en los cuales se relacionan, hablan con sus padres, con sus familiares más cercanos, éstos por medio de las modernas fórmulas de comunicación, Internet, teléfono móvil, o las que con la llegada de las nuevas tecnologías han quedado en desuso, la carta y el teléfono fijo. Es también el momento en el cual entablan relaciones con los nuevos amigos y amigas, preparan las actividades de grupo y juegan. 16,00 Comienzan las actividades de tarde. En éstas debemos tener en cuenta, el entorno y situación de la instalación. No son lo mismo las actividades en Pirineos, por poner un ejemplo que las que se pueden realizar en Cádiz. Solemos comenzar con la actividad de idioma. En esta ocasión al contrario que las mañanas se trata de una actividad más lúdica, donde la creatividad y las habilidades de cada uno se mezclan con la adquisición de conocimientos. Se utilizan medios técnicos como DVD o similar con el fin de organizar video forum, que ayudará a los acampados a soltarse en conversación y vocabulario y se organizarán diferentes actividades para su puesta en común con el gran grupo.

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17,30 Baño. Aprovechando que estamos en verano, un baño en la piscina, en la playa o simplemente con una manguera dará a los/as chicos/as la suficiente vitalidad para llegar hasta el final del día y además un tente en pie a modo de merienda, eso sí, variado y diferente cada día. 18,30 Deportes. El sol ha bajado y podemos correr y jugar sin grandes problemas. Es el momento para realizar deportes y ejercicios donde el desarrollo físico sea necesario en un mayor o menor grado. Hay que tener en cuenta que no todos los/as chicos/as son iguales ni tienen las mismas condiciones, es por esto por lo que debemos conjugar juegos en los que unas veces destaquen unos y otras sean los otros. 19,30 Aseo personal. Todos debemos pasar por la ducha. Ha sido un día intenso y cargado de actividad, es en este punto donde a los/as acampados/as se les da educación para la salud y se les hace ver que la higiene personal es un bien para él, ella y para los que les rodean. 21,00 Cena. Llega la última comida del día pero no por eso la menos importante. Hay que tener en cuenta que hasta la mañana siguiente no van a ingerir ningún otro alimento, y en las horas nocturnas hay que intentar que no se consuma ningún tipo de golosina o comida que ellos hayan llevado al campamento. Esto nos ayuda en sus hábitos de alimentación. 22,00 Actividad nocturna. El día ha sido intenso pero seguimos con energía y con ganas de disfrutar de lo que resta de la jornada. Tenemos que programar actividades nuevas y diferentes cada día. No se debe repetir durante la estancia de los participantes en el campamento ninguna actividad nocturna: discoteca, concursos, grandes juegos, veladas, cuentacuentos son algunas de las que llenarán estos momentos y en las mismas podemos mezclar las actividades en el idioma que hemos ido a perfeccionar o aprender. 23,30 A la cama. Es la hora del descanso y tenemos que hacer entender a los/as acampados/as que dormir es una necesidad vital por que al día siguiente tenemos otro montón de cosas por hacer. Dentro de esta planificación entran los días especiales, en los cuales nos vamos de excursión, realizamos salidas fuera de la instalación, proyectamos actividades culturales y en otras entramos en contacto con el medio que nos rodea, etc.

Un ejemplo lúdico Las preguntas que pueden hacerse los padres responsables, son: ¿En qué consisten las actividades lúdicas del Idioma? ¿Quién o quiénes son los responsables de llevarlas adelante? Un ejemplo de esto pueden ser las diferentes actividades que nuestros monitores y profesores llevan a cabo en los campamentos. Si explicamos de una forma académica, dentro del aula y con el libro de texto encima de la mesa, por ejemplo, el Tema LA CIUDAD:

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• ¿Qué es una ciudad? • ¿Cuáles son los diferentes servicios y recursos que tenemos en nuestras ciudades? • ¿Qué personajes encuentran dentro de la misma? Con probabilidad los/as acampados/as lleguen a aburrirse en la clase si a esto añadimos las condiciones en las cuales estamos desarrollando la actividad, es decir, día de calor y compañeros/as realizando otras actividades al aire libre y que apetece más la piscina que el aula, al profesor le va a ser casi imposible tener concentrados a los/as chicos/as durante esas horas de clase. Pero demos un giro lúdico a todo esto, y después de contar y marcar una líneas de actuación a los/as chicos/as, digámosles que vamos a crear nuestra propia ciudad en el entorno que nos rodea, y en lugar de ver las calles en el libro o dibujadas en el cuaderno; salgamos, y busquemos en los recursos de los que disponemos para crear esa calle y los servicios que se encuentran en ella, construyamos los personajes que pueblan la ciudad. Nosotros como educadores y responsables de la actividad tenemos que poner atención en la conversación de los/as acampados/as, así podremos apreciar que la relación entre ellos/as, entre la imagen y el vocabulario, son muy diferentes a las respuestas que teníamos dentro del aula, porque ellos/as han creado y construido el banco, la agencia de viajes, la frutería, el hospital, etc... y además hay tiempo para JUGAR dentro de la ciudad. Unos serán policías, otros comprarán en la frutería, otros son panaderos, crearán su propia moneda, etc... Siempre bajo nuestra supervisión, de los profesores y monitores que coordinarán las actividades y las acciones de los adolescentes en el JUEGO. No tenemos que olvidar que además de jugar hay que colaborar, ayudar y corregir en aquellas actitudes que no sean las más adecuadas para el aprendizaje. Todo esto nos lleva al reforzamiento del idioma a través del juego, de lo lúdico, de lo que los/as jóvenes quieren hacer en su época vacacional, y también a lo académico. De esta forma tan sencilla y al mismo tiempo tan educativa alcanzamos uno de los objetivos que nos planteamos en este tipo de campamentos formativos. Otro de los ejemplos que se puede realizar es la creación de un periódico o emisora de radio, con una periodicidad conocida por los participantes en el campamento. Se trata de que todos los grupos colaboren en la puesta en marcha y funcionamiento de cualquiera de ellos o de ambos. Al igual que en el ejemplo anterior los/as chicos/as que participan tienen que desarrollar vocabulario, comprensión, creatividad para que el resto quiera escucharlos y entenderlos. Éstos son algunos de los muchos ejemplos que podemos realizar en los campamentos formativos y lo que nos demuestra que en ningún caso lo lúdico y lo académico deben estar reñidos, sino ser el complemento ideal para el aprendizaje. Es al mismo tiempo lo que diferencia muchas de las veces al campamento de la escuela. En el campamento tenemos más tiempo, grupos más pequeños, posibilidades y recursos que muchas veces nos faltan en la escuela para llevar a cabo estos programas. Lo que debemos tener en cuenta son las posibilidades y recursos de que disponemos en el entorno para la realización de las mismas. No se trata de crear decorados ficticios y al mismo tiempo costosos en material y esfuerzo de los acampados, ya que esto nos llevaría a ir en contra de otros objetivos

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que se persiguen en el campamento. Como resumen de todo este proceso manifiesto la opinión de que el aprendizaje y el estudio durante la época vacacional son buenos y además ayudan a los/as jóvenes en sus tareas y hábitos posteriores.

Los profesionales en la actividad Para llevar a cabo estas actividades dentro de un programa planificado y programado al 100 % es esencial una figura: la del MONITOR / PROFESOR. Estas personas tienen que estar preparadas académicamente para que puedan dar las clases necesarias, aunque con una metodología diferente a la del curso escolar, y también necesitan una preparación en materia de ocio y tiempo libre adquiriendo así los recursos suficientes y necesarios para llevar a buen puerto la planificación prevista. Los MONITORES en todas las actividades de OCIO Y TIEMPO LIBRE han de ser TITULADOS, titulación que se consigue por medio de los diferentes cursos que las Escuelas de Animación y Tiempo Libre de las diferentes comunidades autónomas imparten a lo largo del año. Estas entidades pueden tener un carácter público o privado. Las públicas dependen de Ayuntamientos, Comunidades, etc. Las privadas son más heterogéneas, hay escuelas vinculas a órdenes religiosas, a organizaciones juveniles laicas, a ONG’s y otras dependen de empresas privadas que las tienen con el fin de preparar profesionalmente a las personas que van a dirigir y llevar a cabo las actividades de su programación. Dentro de estas escuelas hay algunas que tienen como parte de sus contenidos la formación específica de monitores para la realización de este tipo de campamentos. Esta formación es complementaria de todas las áreas troncales del curso, incluyen psicología, pedagogía, técnicas y recursos, educativa, que ayudan a comprender, entender, y animar a los participantes de las distintas actividades. Además de esta formación se les pide formación académica, en la gran mayoría de los casos son maestros por la rama de Idiomas, o licenciados en filología (dependiendo del idioma), con una gran base de conocimiento de la lengua a enseñar. También tienen cabida los profesionales que vienen de países cuya lengua sea la que pide y enseña el campamento y que tienen una serie de títulos y certificados que nos pueden ser útiles en el desarrollo de la actividad. Todo esto debe estar coordinado o dirigido por otra figura no menos importante: El COORDINADOR de actividades juveniles. Por otra parte debemos considerar que estas personas son humanas y aunque tratan en todo momento de dinamizar, enseñar, animar y ayudar a los/ acampados/as, necesitan del apoyo por un lado de los/as chicos/as que asisten al campamento y por otro de los padres. ¿Cómo pueden ayudar los padres? Hay que tener en cuenta que los acampados necesitan de un periodo de adaptación inicial en todas y cada una de estas actividades, que no suele ser igual en todos/as, ya que depende de su propia madurez y de las experiencias anteriores. Los padres suelen encontrarse al otro lado del hilo telefónico y no están ante la situación de lo que realmente esta sucediendo: ante cualquier problema, y mucho más si la situación es grave, todo se magnifica. Hay que tranquilizarse y no interpretar al pie de la letra lo que reflejan los/as chicos/as durante la conversación, es conveniente hablar con los responsables de la actividad antes de tomar cualquier decisión.

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Otras actividades formativas dentro de los campamentos: deportes, vela, ecología, expresión artística, multiaventura… En uno de los primeros apartados de este artículo hemos hablado que muchos de los campamentos que se hacen en la actualidad, partieron en un primer momento como una actividad complementaria dentro de los mismos. Pero por la ley de la oferta y la demanda de la sociedad actual, han pasado de ser una actividad más a ser LA ACTIVIDAD principal del campamento. Al igual que a lo largo del presente artículo he comentado los campamentos formativos de idiomas, en este último epígrafe quiero comentar otra serie de actividades formativas que ayudan a la maduración como personas de los adolescentes. Dentro de las actividades formativas que podemos ofrecer en los campamentos hay actividades de marcado carácter deportivo; éstas son las más usuales, no por nada especial sino por la época en las cuales se realiza y por la fuerte demanda que existe de las mismas en la actualidad. Algunas de ellas no se las puede denominar con toda la extensión de la palabra como campamentos, éste es el caso de los CAMPUS DEPORTIVOS. En la mayoría de los casos este tipo de actividades tienen entre un 80 y 90 por ciento de actividad deportiva, dejándose el otro 10 por ciento para actividades de ocio y tiempo libre y en gran parte de ellos estas no son tan variadas y ricas en recursos como las primeras. Dentro de esta oferta tenemos deportes como: Fútbol, Baloncesto, en los cuales nos encontramos adolescentes que asisten a los mismos teniendo en cuenta: • Primero, el nombre de la entidad que lo organiza. Estamos en una época en la cual la marca vende y si quien vende es un club de renombre, muchas veces sin fijarnos en otras cuestiones. Los/as chicos/as son apuntados a dicha actividad sin tener en cuenta el resto de los objetivos que dentro de los niveles formativos nos planteamos. • En otros casos movidos un poco por el orgullo de que nuestros/as hijos/as sean los beneficiados de una selección para formar parte de dicho clubes. Este mercado está muy copado por los equipos de élite, tanto de uno como de otro deporte. No ocurre lo mismo con los deportes de carácter minoritario, donde son las federaciones tanto estatales, como autonómicas las que en la mayoría de los casos llevan el peso de este tipo de actividades. Hay otro tipo de campamentos formativos donde lo que prima, no es la actividad física, sino el cuidado del medio ambiente, la expresión artística, en todas sus modalidades. Éstos ya no son tan mayoritarios como los anteriores. Sus grupos están formados por un volumen de adolescentes menor que los campus, pero la ventaja que en ellos encontramos es que los participantes están más comprometidos con lo que realizan. Dentro de esta clase de campamentos podemos encontrar: • Campamentos medioambientales. • Campamentos musicales. • Campamentos culturales. Además están los campamentos en los cuales a los acampados se les forma en unos ideales o filosofía de la vida. A éstos también se les puede denominar formativos. Finalmente hay otro tipo de campamentos, que no están diri-

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gidos a adolescentes sino a otro tipo de público más adulto como jóvenes universitarios/as, y se trata de los Campos de Trabajo. Lo que como padres y madres responsables de la educación integral de nuestros/as hijos/as debemos tener en cuenta, es que la estancia de los/as chicos/as en uno u otro campamento debe ser una opción elegida de común acuerdo. Nunca ser una imposición o ser la mejor opción y única porque el ayuntamiento nos subvenciona; sino porque nuestra filosofía de vida va de acuerdo con uno u otro campamento. Para que la actividad formativa sea aprovechada por los más jóvenes, y en años sucesivos quieran repetirla y no sea una experiencia negativa, debemos ayudarles a elegir. Como conclusión final a todo lo comentado anteriormente podemos sintetizar diciendo: Los campamentos y actividades del verano es un tiempo en el cual los adolescentes deben adquirir y potenciar una serie de hábitos formativos que les sirvan de ayuda y aprendizaje para enfrentarse a los retos que van a ir encontrando en su vida.

BIBLIOGRAFÍA: Coordinadora Infantil y Juvenil de Tiempo Libre de Vallecas (2000) “Campamentos de verano: diseño y organización” Popular. Madrid. Gómez Palacios, J.J, De Diego, Salomé, De las Heras, Juan. B. (1993). “Entre jóvenes: campamentos, deportes, campos de trabajo” CCS. Madrid. Hernando Castañeda, Luis (2004). “Campamentos” Kinesis. Colombia. Martínez Abellán, Rogelio (1998) “Educar en el tiempo libre” Comunidad educativa. - n.; 252 (junio 1998); p. 13-33. Villegas, Jesús, Mateos, F. Javier (1992). “Un campamento de fábula. Qué es y cómo se programa un campamento”. CCS. Madrid.

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Miguel Ángel García Crespo Director de la escuela de alta montaña de Castilla Y León

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Jóvenes y multiaventura: un modelo de éxito

A partir de la pasada década de los 90, la práctica de algunos deportes caracterizados por realizarse en la naturaleza y por llevar añadido un componente de riesgo, empieza a generalizarse en campamentos para jóvenes que piden nuevas fórmulas de entretenimiento, y que quieren imitar las aventuras de expertos deportistas adultos que viven experiencias emocionantes. Escalar, navegar, descender por barrancos o tomar pendientes de vértigo sobre una bicicleta requieren entrenamiento y conocimiento de técnicas precisas, todo lo cual puede ir aprendiéndose junto a chicos y chicas de la misma edad de la mano de monitores bien preparados para ello. Los campamentos de multiaventura suponen otra vuelta de tuerca en un mundo que cita cada año a quien más necesidad tiene de emociones fuertes y de amistades inolvidables.

Palabras claves: Reto, compañerismo, deportividad, ecología, aventura.

Los campamentos multiaventura El desarrollo y la estabilidad económica que a partir de finales de los años setenta se da en nuestro país, permite que algunos deportes minoritarios y por muchos considerados de “locos” vieran incrementado su número de practicantes de forma lenta pero paulatina. Esta evolución no es más que una consecuencia, y una característica, del nivel adquisitivo que posee una sociedad, y, sobre todo de una mayor disponibilidad de tiempo de ocio. Con el paso de los años, ya a finales de los ochenta, la tendencia vacacional no se dirige únicamente hacia las abarrotadas playas, sino que busca espacios naturales poco alterados en los que se puedan vivir experiencias donde el riesgo a primera vista es elevado, y por tanto muchas veces atractivo, pero que se encuentran bajo control de especialistas. Así, se ofrecía, la posibilidad de vivir unas situaciones que hasta hace pocos años eran privilegio de quienes se atrevían a afrontarlas por su cuenta tras un largo periodo de aprendizaje y entrenamiento. Para atender a esta creciente demanda de “deportes de aventura” nacen empresas especializadas que emplean a trabajadores más o menos especializados, y que, en muchos casos, no poseen ningún tipo de titulación. El vacío legal que en aquellos años se da y que aún hoy existe en muchas comunidades autónomas, favoreció el florecimiento de un gran número de empresas, más o menos legales, que intentaron atender esa nueva demanda social. Los campamentos multiaventura nacen motivados también por el interés que muchos padres tienen de que sus hijos “prueben”, experimenten y se diviertan, con esos deportes de riesgo que tan de moda se han llegado a poner, como competencia al modelo tradicional de campamento donde actividades son más lúdicas y menos fuertes emocionalmente hablando.

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Las actividades ofertadas en los campamentos multiaventura La oferta dentro de los deportes de aventura es muy variada e incluye deportes que no entrañan a priori ningún tipo de riesgo, como por ejemplo, el tiro con arco o los paseos a caballo. Son deportes o técnicas deportivas que se desarrollan por lo general al aire libre, y que en gran parte, ese componente de riesgo viene dado por lo impredecible y vulnerable que es el hombre en relación con la naturaleza. En la siguiente relación se citan y explican los deportes normalmente incluidos dentro de los campamentos multiaventura. Hay que señalar que, lógicamente, la oferta de un campamento viene determinada por el punto geográfico donde se desarrolle la acampada, en lugares de costa o cercanos a embalses, se suelen incluir disciplinas deportivas como el wind-surf, la navegación en embarcaciones a vela o el buceo. Las actividades multiaventura más usuales dentro de los campamentos son: Rafting. Se trata de descender un río de aguas bravas gracias a lanchas neumáticas, para ello se cuenta con un equipo individual que consta de casco, chaleco salvavidas y pala; habría que añadir en caso de que la temperatura del agua fuese baja un traje de neopreno, chubasquero y escarpines. Cada embarcación va dirigida por un guía especializado. Piragüismo. El objetivo de esta actividad es que los participantes adquieran las nociones básicas para poder manejar una piragua en aguas tranquilas. En un segundo paso y para aquellos individuos que poseen unos conocimientos previos la práctica del piragüismo se pasa a desarrollar en aguas bravas. Para ello, el acampado debe contar con una piragua por participante, chaleco salvavidas, casco y pala. Vela. Navegar es sin duda una experiencia llena de atractivos, se realice en el mar o en las aguas de un pantano. Existe una amplia variedad de modalidades en función del modelo de embarcación y de los conocimientos del participante pero sus versiones más sencillas permiten la práctica a cualquier joven en grupos o tripulaciones. En el velero todos los navegantes deben llevar puesto el chaleco salvavidas y tener acceso a un contenedor estanco con instrumentos sonoros o de otro tipo para comunicación de emergencias. Wind-surf. Una primera instrucción se lleva a cabo en aguas poco profundas, que permitan subir y bajar de la tabla muchas veces con facilidad. Con la adquisición de una destreza suficiente se podrán hacer recorridos más largos, siempre bajo la mirada atenta de un monitor. Generalmente, el uso de la tabla con su vela es individual, y todos los/as participantes, deben vestir siempre su chaleco salvavidas que permita flotación en caso de sufrirse algún golpe que lo impida de forma autónoma. Buceo. Es posible practicar atractivas inmersiones o recorridos de costa con un material básico (aletas, gafas submarinas, salvavidas). El buceo deportivo con bombonas y mayores profundidades requiere entrenamiento y un material muy específico siendo menos común su práctica en meros campamentos de aventura. Escalada. Los participantes se mueven por un plano vertical de la mano de monitores especializados y con la seguridad de estar asegurados mediante una cuerda. Cuentan para ello con arnés y casco. Este deporte se puede realizar tanto en un medio natural como en una instalación artificial o rocódromo.

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Rapel. No es un deporte en sí; se trata de una técnica utilizada en el alpinismo y la escalada para descender por paredes o terrenos escarpados gracias al uso de cuerdas. El participante en esta actividad se desliza por una cuerda ayudado por un dispositivo que mediante rozamiento de la cuerda sobre él, controla la velocidad de descenso. La persona que baja se encuentra asegurada de modo que ante cualquier eventualidad no ocurra ningún tipo de percance. El material necesario para cada persona es arnés, casco, mosquetones de seguridad y descendedor. Senderismo. Recorridos a pie por diversos parajes. Es posible que se incluya alguna ascensión que no ofrezca ninguna dificultad técnica ni requiera el uso de cuerdas ni otros elementos de seguridad. Aquí el material es inexistente y cada participante debe aportar un calzado apropiado para transitar por terreno accidentado y una mochila. Espeleología. Esta actividad, mitad deporte y mitad exploración, consiste en penetrar en cuevas de desarrollo horizontal para que los y las jóvenes puedan observar las diversas formaciones (coladas, estalactitas, estalagmitas, microlagos...) que el poco conocido mundo subterráneo esconde. Para ello van provistos, como mínimo, de un casco que incorpora un sistema de iluminación que puede ser eléctrico o mediante gas (carburero). Descenso de barrancos. Aquí se combinan, en ocasiones, distintas técnicas como el rápel o la escalada. Consiste en descender un río por su mismo cauce. Suele tratarse de ríos que salvan grandes desniveles en cortos trayectos, y además, se encuentran encajonados entre paredes más o menos verticales. Para su práctica es necesario un traje de neopreno completo, calcetines de neopreno, casco, arnés descendedor, cabos de anclaje y mosquetones de seguridad a parte de la cuerda. Bicicleta de Montaña. Quizás sea este el deporte más accesible al gran público, sin embargo muchas personas demandan esta actividad para poder disfrutar de una serie de paisajes de forma rápida, y, que de otra manera, les llevaría varias jornadas recorrer. Como actividad para campamentos multiaventura, la bicicleta de montaña es una de las prácticas deportivas que más riesgos entraña. La bicicleta es un elemento de transporte que el monitor no puede controlar directamente y que puede ocasionar accidentes por la negativa del joven a llevar a cabo los consejos e indicaciones que los/las monitores/as les hacen. Lógicamente, la bicicleta es parte esencial del material necesario, pero además se debe entregar un casco y chaleco reflectante en caso de circular en algún tramo por una carretera. Todas estas actividades se enfocan hacia dos vertientes: • Vertiente lúdica. En este caso se busca el entretenimiento de los jóvenes con la práctica deportiva de los denominados deportes de aventura, dando a conocer al mismo tiempo otras alternativas de ocio. Cada actividad se trata como un juego, intentando que los/as jóvenes se diviertan e informando de las diferentes posibilidades con que pueden contar en caso de que algún deporte determinado sea de su interés y deseen practicarlo de forma particular en un futuro. • Vertiente formativa. En el transcurso de la actividad se muestran y explican una serie de pasos básicos que pueden aprender los/as participantes, y así, adquirir los conocimientos mínimos para que en un futuro continúen haciendo ese deporte por su propia cuenta. En todo caso, no se tratan de cursos en sí, ya que la vertiente lúdica no se debe olvidar en ningún caso.

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Recursos humanos Los campamentos multiaventura tienen como principal aliciente la práctica de deportes considerados de riesgo. Estos deportes requieren un conocimiento de técnicas complejas para su realización, de modo que en caso de surgir algún problema, el monitor reaccionará oportunamente de acuerdo con la destreza que le ha ido dando un entrenamiento continuado. Esto garantiza unos márgenes de seguridad muchos más que aceptables. Sin lugar a dudas, el problema de la formación y de las titulaciones exigibles a estos/as monitores/as, es algo de lo que me ocuparé más tarde. Digamos ahora unas palabras sobre las condiciones y perfiles de este/a educador/a tan especializado. En primer lugar, se requiere conocimiento teórico y práctico de la disciplina deportiva que se va a desarrollar, además, el monitor conocerá cuáles son las dificultades y los problemas más comunes con los que se puede encontrar en una actividad, y las soluciones y actitudes que hay que mostrar ante los mismos. Por otra parte, nuestro monitor debe ser un elemento motivador y estimulador para participantes que, en muchas ocasiones, se van a iniciar en aquellas disciplinas o que en su deseo de progresar deben encontrar en todo momento el apoyo que necesitan. Por tener entre manos una actividad de riesgo, el monitor o la monitora debe inspirar en todo momento seguridad y confianza y mantener una actitud serena y firme a la vez. Veremos en muchas ocasiones cómo los y las jóvenes dependen de sus monitores y cómo reconocen en éstos su autoridad en la materia que aprenden y ejercitan. Esto ayuda a que se cree una relación especial con el monitor deportivo junto al que van a vivirse seguramente experiencias inolvidables. Fuera ya de la faceta deportiva y como apoyo a las actividades multiaventura debería contarse con un buen equipo de monitores de tiempo libre que se encarguen de la organización de veladas y sobre todo de la coordinación y buen funcionamiento del grupo en los periodos de tiempo en los que no se está realizando ninguna actividad deportiva. Si bien puede afirmarse que éstos no llevan el peso temático del campamento no debe menospreciarse su labor pues su presencia a lo largo de la jornada aportará colorido y buen tono en la atmósfera campamental. Recursos materiales Al tratarse de actividades de riesgo, el material específico para su práctica ha de ser de la mejor calidad y por descontado que cumpla con la normativa actual vigente. En este aspecto se pueden distinguir dos grupos dentro del material. Los equipos de protección individual (E.P.I.) en donde estarían cascos, arneses, chalecos salvavidas…, y por otro lado, aquellas partes del equipo que son de uso o protección común (cuerdas, mosquetones, balsas, carbureros…). Entre este equipo de grupo es bueno recordar la conveniencia de llevar siempre un pequeño botiquín que ayude a realizar pequeñas curas ya que la actividad de aventura se vivirá muchas veces en lugares alejados del campamento. A todo el material se le debería realizar un minucioso examen después de cada actividad, para posteriormente almacenarlo dentro de unas condiciones determinadas que no alteren su resistencia o mermen su vida útil. Esta tarea no es exclusiva de los monitores, aun más, debe concienciarse a los partici-

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pantes de que el aprendizaje de los cuidados que merece cada material también permitirá reconocer a un deportista completo. El porqué de los campamentos y jornadas de multiaventura A principios de los años 90 comienzan a instaurarse en nuestro país, de una forma definitiva y general, los campamentos juveniles con práctica de los llamados deportes de aventura. Se puede decir de estos campamentos que son el resultado de la tendencia de una sociedad, que cada día dispone de más tiempo libre, a vivir este tiempo de ocio en la naturaleza, ya sea como una afición prolongada y consolidada o bien por divertimento puntual en actividades de riesgo controlado. En cierto modo podría decirse que lo que empiezan siendo prácticas deportivas adultas en disciplinas aisladas, deriva en ofertas multideportivas para jóvenes, cargadas de un fuerte atractivo por la variedad de experiencias y de emociones que prometen. Son además un catálogo práctico en el que los jóvenes de ambos sexos pueden seleccionar las actividades deportivas que les son más atractivas, y hacia cuya práctica particular, pueda dedicarse más tarde. En cualquier caso, el objetivo primero será siempre el de procurar un disfrute en la naturaleza que sirva de llamada a la persona por muchos años. Programación de los campamentos Los clásicos campamentos veraniegos donde los muchachos pasaban sus días realizando juegos y talleres de tiempo libre y en contadas ocasiones algún rápel, tirolina o escalada continúan desarrollándose verano tras verano, y en mi modesta opinión, creo que así seguirá. Hasta los 12 ó 13 años existen ciertas limitaciones para la práctica de los deportes de multiaventura; por ejemplo un niño o niña de 8 años no tiene la suficiente fuerza física como para remar durante unos minutos en una piragua en aguas tranquilas o se ve limitado por motivos de seguridad en un descenso en lancha neumática (rafting) al volumen de agua que tenga el río. Para la programación de un campamento multiaventura partimos de la edad a la que va dirigido, del número de participantes y por último de la duración. En primer lugar, la edad seleccionará los deportes y la manera de enfocar su práctica. De este modo se buscarán una serie de juegos que conviertan cada sesión deportiva en algo divertido y lo menos monótono posible. El número de participantes total del campamento marcará la posible división en grupos. El desarrollo de ciertas actividades deportivas limita el número total de practicantes por varios motivos; por espacio físico, por limitaciones de material, y por el propio deporte en sí. Por ejemplo, para la escalada un monitor solo puede atender a un niño que este escalando y si fuese un grupo numeroso los momentos de espera serían eternos. La duración del campamento también determina el número de deportes a practicar y las sesiones que a cada uno de ellos e dedican. En campamentos en los que algún deporte de realiza en varias ocasiones se puede dar un enfoque mucho más pedagógico a las sesiones con el fin de que su práctica no se convierta en un mero pasatiempo, sino que sirva para conocer con mayor profundidad ese deporte y que incluso si el joven está interesado continúe por su cuenta realizándolo.

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Un día normal de campamento multiaventura Los monitores de tiempo libre son los encargados de despertar a los/as participantes y que estén puntuales a la hora del desayuno. Un breve periodo de tiempo sirve a los acampados para terminar su aseo personal y prepararse para la actividad que esa mañana les corresponda. Son también los monitores de tiempo libre quienes organizan los diferentes grupos y, ya junto con al monitor deportivo, se dirigen al lugar indicado para desarrollar la actividad. El regreso al campamento se realiza con un margen suficiente de tiempo para que los y las jóvenes se organicen para la comida. Al menos una hora separa la finalización de la comida con la sesión deportiva de la tarde. Durante este tiempo los chicos se encuentran descansando o realizando algún tipo de juego de tiempo libre bajo la atenta mirada de sus monitores. El deporte de la tarde será, por supuesto, diferente al de la mañana, aunque su organización es similar siendo la única diferencia el reparto de la merienda. Ya de vuelta en la instalación tendrán tiempo para ducharse antes de la cena. Las veladas suelen estar amenizadas con diferentes juegos, proyecciones de diapositivas o videos y alguna de las noches, fiesta. Las actividades deportivas irán rotando por los grupos, intercalando en ocasiones visitas culturales, recorridos de senderismo, o medias jornadas de descanso en piscinas o con algún taller de tiempo libre. Comercialización; a quién van dirigidos los campamentos de multiaventura Los campamentos y jornadas multiaventura van dirigidos a todos aquellos grupos y colectivos organizados previamente, ya que la demanda particular es mínima. Así, son las administraciones locales (comunidades autónomas, diputaciones, ayuntamientos y juntas municipales), las asociaciones juveniles, culturales o deportivas, las federaciones y clubes de diferentes deportes, colegios e institutos y sociedades recreativas, los que más solicitan estos tipos de campamentos. Cómo se realiza Dos son las formas principales de vender estos “productos”. La primera de ellas es la visita por parte de comerciales de los posibles clientes. En este primer contacto se hace una presentación de quién es la empresa, cuál es su trayectoria profesional y cómo trabaja. Todo esto apoyado por medios audiovisuales. A partir de ese momento, y en sucesivas reuniones, se irá perfilando el campamento. La publicidad en diferentes medios y en páginas web es la segunda opción de comercialización, aunque se puede decir que se trata de un paso previo a la visita del comercial. Problemática • Sobre las instalaciones No es fácil encontrar, en un mismo punto geográfico, las posibilidades para practicar un buen número de deportes de aventura. Si a esto añadimos otra serie de factores como unas vías de comunicación en buen estado y no limi-

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tadas únicamente a la carretera, o un centro de salud próximo, podremos darnos cuenta que las “poblaciones ideales” son un bien muy escaso. Localizado el lugar tendremos que contar con una instalación digna. Los clásicos campamentos de tiendas de campaña, son cada vez menos demandados en beneficio de las comodidades que pueden ofrecer los albergues o las cabañas. Debemos pues armarnos de paciencia para conseguir permisos, licencias, autorizaciones para poner en funcionamiento nuestra instalación. Una instalación de la que, si tenemos suerte sacaremos rendimiento cinco meses al año, por lo que su periodo de amortización real se alargará más tiempo del deseado. • Sobre el desarrollo de las actividades La práctica de los deportes de aventura se lleva a cabo en entornos naturales que suelen estar sometidos a diferentes figuras de protección ambiental. Este aspecto que en parte resulta beneficioso por la llamada de atención turística que estos espacios conllevan, tiene una cara negativa para la explotación empresarial que esos recursos naturales ofrecen. Por lo general, la normativa resulta muy estricta a la hora de realizar deportes al aire libre y más aún desde una perspectiva de aprovechamiento económico que supone la utilización de la naturaleza por un elevado número de personas. Está claro que el respeto por la naturaleza ha de ser un aspecto primordial a la hora de realizar nuestras actividades, pero una estricta normativa acaba, en muchos casos, por desertizar pueblos y regiones cuya única salida es un turismo rural activo pero, eso sí, al mismo tiempo, respetuoso. Si la presión sobre los espacios naturales es una realidad innegable, también lo es que sólo una educación medioambiental adecuada concienciará a generaciones futuras del trato amable que la naturaleza merece por nuestra parte. Hay que defender el valor educativo de los campamentos de multiaventura, proponerlos como recurso didáctico en esta difícil tarea de preservación y mantenimiento de un medio tan amenazado. La experiencia nos dice que las agresiones más graves a la naturaleza, al margen de las provocadas por intereses económicos, vienen más de quienes la ocupan de forma dispersa, tanto en el espacio como en el tiempo, que de aquéllos que han desarrollado desde muy jóvenes una fuerte sensibilidad de respeto y son asiduos habitantes de este medio. Además del disfrute de documental y sillón, la naturaleza invita a un disfrute cercano, profundo, que será menos agresivo cuanto más se descubra su belleza más impactante. • Sobre las titulaciones de monitores y guías Los campamentos multiaventura tienen como principal aliciente la práctica de deportes considerados de riesgo. Deportes que requieren un conocimiento de técnicas complejas. Hasta hace muy pocos años los técnicos deportivos se formaban dentro del seno de las diferentes federaciones, y llevaban a cabo su función pedagógica en ellas. Con el auge del turismo activo estos técnicos pasaron a engrosar las plantillas de incipientes empresas, que funcionaban en un gran vacío legal, trabajando al lado de otras personas sin ningún tipo de titulación. Con el paso del tiempo ese vacío legal se ha ido cubriendo en dos aspectos; por un lado, una estricta regulación del funcionamiento de las empresas de turismo activo, y por otra, la creación de leyes de educación encaminadas a la formación de técnicos deportivos. Actualmente, y dependiendo de qué comunidad

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autónoma se trate, podemos afirmar que existe una regulación para el ejercicio profesional de los técnicos deportivos, y por tanto, de las empresas que ofrecen sus servicios en actividades multiaventura. Todo esto se complica cuando en determinadas comunidades autónomas se cruzan normativas de diferentes consejerías, siendo las más habituales las de Juventud, Turismo y Deportes. Por ejemplo, en Castilla y León ha surgido hace poco tiempo la figura de los Monitores y Coordinadores de Nivel, cuya competencia únicamente son los campamentos y actividades juveniles en los que existan prácticas de riesgo (escalada, tirolinas, rapel…). Su formación específica en este campo se limita a un curso de 75 horas lectivas y para acceder a él no son necesarios conocimientos previos de escalada o técnicas de montaña. Por el contrario, para desarrollar este tipo de actividad en otra comunidad autónoma, Aragón por nombrar ejemplos reales, sería necesaria una formación en deportes de montaña y escalada de al menos 1.000 horas. Acabar con este problema creo que es muy sencillo, existe una legislación a nivel estatal sobre titulaciones de técnicos deportivos que las comunidades autónomas han desarrollado o deberían haberlo hecho. Por otro lado, la enseñanza de diferentes deportes o técnicas deportivas, incluso su práctica bajo una perspectiva lúdica, debería ser realizada por los técnicos deportivos correspondientes, no importando si se realiza con niños, jóvenes o adultos, o si se hace para un campamento o unos clientes particulares que se alojan en una casa de turismo rural.

La repercusión de estos campamentos en la juventud Toda convivencia con otras personas, y más si éstas no se conocen anteriormente, es una experiencia enriquecedora desde el punto de vista personal. A esta intensidad y tratamiento educativo de la cotidineidad, los campamentos de multiaventura añaden una serie de ingredientes que creo deben ser resaltados. En primer lugar, al tratarse de deportes en cierta medida exigentes, la ayuda prestada ente sí por los acampados/as es mucho más valorada, creándose lazos de amistad y respeto muy fuertes y duraderos. El trabajo en grupo para salir airoso de ciertas situaciones “comprometidas” rompe el carácter individualista y cerrado que la actual sociedad crea en los y las jóvenes. En segundo lugar, al superar dificultades físicas, los jóvenes de ambos sexos toman conciencia de la necesidad de encontrarse en buena forma, de las diferencias que marcan los buenos hábitos de salud y de respeto del propio cuerpo en un momento tan importante de su crecimiento. Es importante destacar el enfrentamiento al que se someten chicos y chicas contra sus miedos, la energía positiva que se libera en la superación de los mismos y el carácter beneficioso en la formación de la personalidad del reconocimiento de los propios límites. Lecciones que trascienden la enseñanza en las aulas y que conviene recibir más pronto que tarde. Los distintos niveles a los que pueden plantearse las actividades en los campamentos de aventura permiten que éstos se dirijan a jóvenes de muy distintas edades, cualquiera que sea su estado de forma, condición física o preparación previa: el campamento correctamente dirigido buscará que nadie se sienta frustrado o defraudado ante un programa de actividades.

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Ya se apuntó la relación tan especial que debe ir creciendo entre acampado/a y monitor/a: al participante le queda el ser buen discípulo, el saber que el seguimiento de las indicaciones de quien le dirige en una práctica deportiva le lleva a concluir con éxito una jornada al aire libre, sin competir, y esto es importante, más que consigo mismo. Para muchos jóvenes resulta muy atractivo realizar actividades que denominamos al principio del artículo “de locos”. Ningún lector estará tan lejos de la juventud como para haber olvidado el sabor de un reto fuera de lo normal o la huella que deja el hacer algo digno de la admiración de sus compañeros y compañeras. No pocos incurrieron en la temeridad con la exposición de sí mismos a un peligro innecesario. En el campamento de multiaventura ejercemos de administradores de este ansia de locura, canalizándola por el cauce de la técnica y de la medida, conforme a las condiciones globales de monitores/as, acampados/as, materiales y entorno natural. Intencionadamente no se incluyeron en el elenco de actividades de un campamento multiaventura algunas tan atractivas como el puenting o el parapente. La primera representa a aquéllas que no son realmente actividades deportivas sino la perversión lúdica de una parte de otras (en este caso es desafío de la caída que no desea nunca el escalador); en cuanto al parapente, la distancia con respecto al suelo del deportista y la falta de control del monitor en relación con quien está sujeto del cielo, aconsejan que sean cursos especializados los que miren a estos otros deportes sin lugar a dudas maravillosos y excitantes.

Un aprendizaje de futuro A modo de conclusión, podríamos destacar el doble valor de los aprendizajes realizados en los campamentos de aventura: el valor presente, el que servirá a los participantes a lo largo de esta etapa del desarrollo que es la juventud, ha sido desmenuzado en el párrafo anterior; el joven y la joven quieren vivencias que les aporten una satisfacción intensa e inmediata, que les hagan sentirse capaces y les reafirmen en lo que de interesante tiene su momento vital, rico y abierto al mundo. Todas estas cosas pueden encontrarlas en su paso por una variedad de disciplinas deportivas que no les dejarán indiferentes. Pero además existe un valor futuro pues si el aguijón de una o más de las actividades practicadas cala lo suficientemente hondo, fácilmente habremos ganado por muchos años un amigo de la naturaleza en su sentido más amplio y un buen compañero en su actividad profesional que dé su justo valor a las relaciones que aparezcan en el camino. Quizás, también, aprenda a descubrir lo que de aventura encierra cada momento de su vida.

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Selección de referencias documentales sobre jóvenes y campamentos de verano

Esta relación está formada tanto por libros, como por artículos de revista o documentos de distinta procedencia, ingresados recientemente y seleccionados en la base de datos de la Biblioteca del Instituto de la Juventud. Caso de estar interesados en alguno de los documentos pueden solicitar copia del material susceptible de reproducción, según la legislación vigente, así como la realización de otras búsquedas retrospectivas, dirigiéndose a: BIBLIOTECA DE JUVENTUD. Marqués de Riscal, 16.- 28010 MADRID. Tel.: 913637820-1; Fax: 913637811. E-mail: biblioteca-injuve@mtas.es

Aparicio Sánchez, Manuel Aire libre: un medio educativo: pedagogía, técnicas y experiencias / Manuel Aparicio Sánchez. — Madrid: CCS, D.L. 1997 271 p. — (Escuela de animación; 8) Bibliogr.: p. 271 Tras presentar los aspectos pedagógicos que hay que tener en cuenta en las actividades de tiempo libre, se presentan una serie de técnicas y experiencias concretas en la naturaleza como: campamentos, marchas, raids, etc. ISBN 84-8316-055-2 Algunas ideas para un campamento sostenible: tiempo sostenible y responsable: guía didáctica para minimizar el impacto ambiental de nuestras actividades en el entorno natural / ASDE; coordinación, Ignacio Avellaned Aurensanz, Susana Alonso Moreno, Angela Caballero González. — Madrid: Federación de Asociaciones de Scouts de España, D.L. 2001 172 p. Bibliogr.: p. 169-171 Propuestas a tener en cuenta para llevar a cabo una actividad respetuosa con el entorno natural a través de fichas didácticas y juegos. Se añade un estudio comparativo de las distintas legislaciones autonómicas en materia de acampadas y otras actividades de tiempo libre. ISBN 84-87568-53-X Campamentos saludables La carpeta. — n. 124 (junio 2004); p. 6-7. ISSN 1136-887X Información obtenida del Programa Municipal de Prevención de las Adicciones del Ayuntamiento de Zaragoza. Los lugares de ocio y tiempo libre son escenarios para promover iniciativas de prevención de las adicciones, desarrollando alternativas y reduciendo los riesgos del abuso o el uso indebido de drogas que provocan accidentes y otros problemas de salud. La educación en el tiempo libre representa en sí misma una estrategia preventiva, aprovechando los espacios educativos no formales y promoviendo el asociacionismo.

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Deltoro Rodrigo, Enrique Cómo hacer proyectos de animación para trabajar con niños y jóvenes / [autor, Enrique Deltoro Rodrigo]. — Zaragoza: Libros Certeza, [2003] 96 p.: gráf. — (Animación sociocultural; 1) Análisis de cada uno de los apartados que constituyen un proyecto de animación, ofreciendo instrumentos, pautas y sugerencias para su elaboración por parte de los equipos de monitores. ISBN 84-88269-67-0 Miralles, Jordi Compartir amb la natura: com organitzar un campament ecològic / Jordi Miralles, Mireia Mena. — Barcelona: Fundació Francesc Ferrer i Guàrdia, 2004 176 p. La recuperación del interés por la naturaleza y su protección exige unos conocimientos básicos que contribuyan positivamente al aprovechamiento de las actividades recreativas, en beneficio del propio entorno. ISBN 84-87064-27-2 Mena, Mireia Compartir con la naturaleza: Cómo organizar un campamento ecológico / Mireia Mena, Jordi Miralles. — Barcelona: Fundación Francisco Ferrer, 1997 158 p.: il. Manual que facilita la organización de un campamento, desde la elección del terreno y el montaje de las instalaciones, hasta el avituallamiento y el tratamiento de los residuos o la programación de actividades. ISBN 84-87064-17-5 Fichman, Laura Dependency and distress at summer camp / Laura Fichman, Richard Koestner, and David C. Zuroff. — [S.l.]: [s.n.], 1997 En: Journal of Youth and Adolescence. — v. 26, n. 2 (April 1997); p. 217-232 Tablas y gráficos Bibliogr.: p. 231-232 Investigación acerca de las relaciones de dependencia y angustia psicológica en la primera experiencia de los jóvenes en un campamento de verano. Con los resultados se debate la estructura de un modelo de vulnerabilidad depresiva acorde con el desarrollo de la personalidad del adolescente. ISSN 0047-2891 Educar en tiempo libre / Coordinador: Rogelio Martínez Abellán. — [S.l.]: [s.n.], 1998 En: Comunidad educativa. — n. 252 (junio 1998); p. 13-33 Contiene: Ocio, tiempo libre, animación sociocultural y campamentos de verano: una aproximación conceptual / Rogelio Martínez Abellán, Josefina Navarro Reina.- Intercambios juveniles: una forma de aprendizaje de las lenguas extranjeras y de educación en la diversidad a través del ocio / Antonio Martínez Abellán.. Las actividades de ocio configuran la personalidad de niños y jóvenes. Según la utilización de ese tiempo libre, se adquieren y potencian determinados valores. En este caso, se realiza una propuesta práctica en el que se presentan diferentes alternativas que pueden ayudar a conjugar adecuadamente tres elementos básicos: tiempo de ocio, diversión y educación. ISSN 0212-2650 Penacho Gomez, Ana Mª El perfil del monitor de tiempo libre / Ana Mª Penacho Gómez, Sonia Pérez

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Gil. — Zaragoza: Gobierno de Aragón, Departamento de Presidencia y Relaciones Institucionales, Instituto Aragonés de la Juventud, 2002 158 p.: gráf., tab. — (Temas de Juventud; 6) Bibliogr.: p. 127-130 Estudio sobre la evolución del tiempo libre en la sociedad actual, el perfil de la figura del monitor, las escuelas de formación, las posibilidades laborales en la actualidad y los nuevos yacimientos de empleo, a partir de los Observatorios Ocupacionales de Aragón, desde el año 1997 al 2000. El treball educatiu amb adolescents: l’experiència dels centres d’esplai / [ha coordinat i redactat David Horts]. — Barcelona: Esplac, 2004 78 p.: il. — (L’esmolet; 1) Directrices para monitores de tiempo libre que tienen que trabajar con adolescentes, para motivarles en la participación y la responsabilización progresivas, a través de proyectos en común, que contribuyan a potenciar su crecimiento en todos los niveles. ISBN 84-609-0269-2 Escuela pública de animación y educación en el tiempo libre infantil y juvenil de Madrid. — [S.l.]: [s.n.], 2001 En: Entrejóvenes. — n. 68 (noviembre-diciembre 2001); p. 30-31 Actúa como centro de recursos para formadores, mediadores, entidades públicas como los municipios, y privadas relacionadas con los y las jóvenes. Se ocupa de la formación de monitores y otros profesionales especializados en tiempo libre, pero su actividad más llamativa es la investigación con y para los jóvenes. Guerra, Cecilia Fuera de casa: tiempo de libertad, tiempo de cambio / Cecilia Guerra. — [S.l.]: [s.n.], 1998 En: Zaguán. — n. 9 (septiembre 1998); p. 8-10 Cerca de 200.000 jóvenes españoles viajan en verano para estudiar idiomas y otros se dirigen a campamentos, albergues o residencias. Estos viajes se convierten en oportunidades únicas para que muchos adolescentes aprendan a romper con los estrechos lazos familiares y a valerse por sí mismos. ISSN 1137-1161 Frechoso Arranz, Ana Isabel Guía de aire libre en España / [elaborado por, Ana Isabel Frechoso Arranz, Maribel Martínez Solera y Juan José García García; y en el que ha colaborado, Guadalupe Sáez Arance]. — Madrid: Dirección General de Juventud: La Cueva del Oso, [2004] 592 p. — (Guías link) En la cub.: Instalaciones de aire libre Incluye desplegable Directorio que contiene información precisa de recursos para disfrutar del tiempo de ocio en contacto con la naturaleza, presentando de forma detallada y por Comunidades Autónomas las instalaciones de aire libre en toda España, así como los albergues, áreas de acampada, refugios y granjas escuela, entre otros. ISBN 84-451-2642-3 Rivas Fernandez, José Manuel Intervención educativa desde la naturaleza: recursos técnicos para el animador / José Manuel Rivas Fernández. — Madrid: CCS, D.L. 1999 228 p. — (Escuela de animación; 17)

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Bibliogr.: p.227-228 Guía de educación ambiental con pistas para la elaboración de un programa de desarrollo de valores y actitudes en la educación en la naturaleza. Se presentan y desarrollan algunas actividades posibles que pueden realizarse en el medio natural con niños y jóvenes. ISBN 84-8316-208-3 Manual de supervivencia per a monitors/es Estris: d’educacio en el lleure i animació sociocultural. — n. 120 (julio-agosto 2001); p. 1- 44 Número monográfico Trabajo dedicado a los monitores y educadores de tiempo libre donde se dan las claves para conseguir el éxito a la hora de planificar excursiones o campamentos. Se explica cómo preparar las actividades, los materiales necesarios, la motivación, la dinámica de grupos. También se plantean situaciones de conflicto, ya sea entre el grupo, entre monitores o por falta de organización y se ofrecen recursos para resolverlos. Manual del monitor de tiempo libre / Víctor J. Ventosa [coord.]; [autores: Benito Pascual Asensio. [et al.]]. — 2ª. — Madrid: CCS, 1998 452 p. — (Escuela de animación; n. 10) Incluye anexos Se presentan los contenidos de los programas oficiales de formación de monitores, adjuntando una propuesta didáctica propia denominada PREPIAE (presentar objetivos, plantear interrogantes, informar de contenidos, aplicar y evaluar). Su estructura permite diferentes usos: guía didáctica para impartir cursos de monitores; manual de formación; libro de consulta orientado a educadores y animadores, etc. ISBN 84-8316-093-1998 Rodríguez Santamaría, Pilar Ni caballeros ni doncellas: Guía de coeducación en el tiempo libre para Monitores y Monitoras / Pilar Rodríguez Santamaría, Merche García Ortega, Isabel Gandarillas López-Pasarín. — Santander: Consejo de la Juventud de Cantabria, D.L. 2004 59 p. Publicado con la finalidad de ampliar y actualizar la metodología en el tiempo libre y ser un instrumento válido de orientación para profesionales centrado en dinámicas y juegos, que es como se educa en lo no formal, para lograr el objetivo común, coeducar. González, Fran Noches de fiesta: veladas, juegos nocturnos, fuegos de campamento / Fran González. — 5ª. — Madrid: CCS, 1999 136 p. — (Ocio y tiempo libre; 4) Se presentan diversos juegos y propuestas para que educadores y animadores puedan ofrecer un gran abanico de actividades en las veladas de los campamentos de jóvenes. Se explica cómo estos juegos, festivales o fiestas deben estar bien planificados para asegurar su éxito. ISBN 84-7043-785-2 Projecte educatiy d’Esplac: Mètode pedagògic i model de centre. — Barcelona: Esplais Catalans, 2002 162 p.: il., fot.; Pensado para los monitores de tiempo libre que quieren educar en la laici-

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dad y el progreso social, para potenciar la reflexión y orientar las intervenciones educativas. ISBN 84-607-3926-0 Burgui, José Miguel Recursos para el tiempo libre: juegos, humor, actividades, canciones / José Miguel Burgui. – 2ª ed. — Madrid: CCS, D.L. 1999 124 p.: il. — (Escuela de animación; 11) Recopilación de juegos, dichos, chistes, adivinanzas, curiosidades y canciones para la animación de grupos de niños y jóvenes en actividades de tiempo libre. ISBN 84-8316-099-4 Red de instalaciones juveniles de Cantabria 1999 / Gobierno de Cantabria. — Santander: Gobierno de Cantabria, Dirección General de Juventud, D.L. 1999 47 p.: mapas Guía de campamentos, albergues y refugios juveniles en la Comunidad Autónoma de Cantabria. Se señalan además rutas de senderismo y lugares de interés en las zonas donde se sitúan los diferentes alojamientos indicados. Llull Peñalba, Josué Teoría y práctica de la educación en el tiempo libre / Josué Llull Peñalba. — Madrid: CCS, 2001 428 p. — (Escuela de animación; 21) La importancia del ocio en las sociedades contemporáneas es el tema que recoge éste trabajo, realizado a lo largo de cuatro años. Se encuentra dividido en tres líneas argumentales: definición de los fundamentos teóricos; descripción de algunos modelos de educación en el tiempo libre y actividades de aire libre realizadas en la naturaleza. ISBN 84-8316-260-

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Otros materiales: Internet http://www.acampamos.com/ Buscador con información de campamentos y campings. http://www.accac.es Asociación de Casas de Colonias, Campamentos y Albergues de Cataluña http://www.eduso.net Dentro de la página hay una sección de campamentos. http://www.campaments.org/ Buscador de campamentos en Cataluña http://www.redcreacion.org/relareti En esta página podemos encontrar dos pequeños artículos en relación con los campamentos. http://www.mysummercamps.com Buscador de campamentos en Estados Unidos y otros países. http://www.wilderdom.com Pagina con multitud de artículos y estudios sobre campamentos. En ingles. http://www.summercamps.com/ Otro buscador de campamentos en Estados Unidos. Es interesante ver la variedad de modalidades de campamento ofertada en ese país. http://www.acacamps.org/ Asociación americana de campamentos. En la página hay artículos, buscador… http://www.campexperts.com Pagina de asesoramiento de campamentos en Estados Unidos. La Web también se puede ver en Castellano. http://www.todocampamentos.com Buscador de campamentos en España. http://www.cyberpadres.com/ Pagina con distintas cosas sobre niños, incluye un buscador de campamentos y albergues. http://www.pasoapaso.com. En esta pagina podemos encontrar algunas ideas para hacer posteriormente en el campamento. CD-ROM “En el campamento” [Recurso electrónico] = “Al campament” / [basado en las ilustraciones de Gusti ; texto, Ricardo Alcántara] Colección Juanito Jones. Editorial [S.I] : Crosoma, DL. 2004. Nota: En español, catalán e inglés.

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COLABORACIÓN

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DOCUMENTOS COLABORACIÓN

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Colaboran en este número: Agustí Béjar Vernedas Licenciado en Filología. Profesor de Lengua y Literatura del IES Pobla de Segur (Lleida). Ha editado varios libros de texto. Se formó como Director de Campamentos y Animador Sociocultural dentro del escultismo. Dirigió durante 14 años los campamentos municipales de Ayuntamientos del Área Metropolitana de Barcelona. Ha participado en campamentos internacionales en Suiza, Austria e Italia. Desde 1989 dirige el campamento Summer Adventure, el primero que conjugó la inmersión al inglés con los deportes de aventura. Coordina varios Créditos de Síntesis en el Pirineo de Lleida. Es propietario de un Albergue de Juventud en Sálas Del Pallars (Lleida) Adolfo Carnero Peón Licenciado en Pedagogía y en Psicología, desde 1985 se encarga de la sede en Alicante de la Escuela de Animadores Juveniles, hoy dependiente del Instituto Valenciano de la Juventud de la Generalitat Valenciana, donde continua trabajando como profesor-coordinador. Realizó los proyectos y fue su director, en varias ediciones, de los campos de Trabajo que se desarrollaron en la Reserva Marina de la Isla de Tabarca, gerente en dos ediciones de la Universidad “Los Jóvenes y Europa” desarrollada en Guardamar del Segura. Ha participado en reuniones y foros sobre la formación de animadores socioculturales y específicamente de las figuras de educadores en el tiempo libre y como formador en muchos cursos de monitores y directores/coordinadores de actividades de tiempo libre infantil y juvenil. Santiago Fernández Martínez Licenciado en filosofía por la Universidad Pontificia de Salamanca, promotor del proyecto Fac Nhorte que echa a andar en febrero de 1991 y de su sección de campamentos internacionales desde 1992. Miguel Ángel García Crespo Director de la escuela de alta montaña de Castilla y León. Director técnico de la federación de deportes de montaña, escalada y senderismo de Castilla Y León. Director de campamentos desde 1993. Profesor de escalada en roca y alpinismo por la escuela de alta montaña de Castilla Y León. Presidente de la Asociación Leonesa de Escalada. Colaborador especialista en las revistas Desnivel, Escalar y Grandes espacios. Autor del libro “Picos de Europa: 100 vías de escalada”. Coautor del libro “57 escaladas invernales en Picos de Europa y cordillera Cantábrica”. Socio de Kayak Pico Azul S.L Carlos Granero Chacón Diplomado en Trabajo Social y técnico en resolución de conflictos sociales. Monitor y director de campamentos, supervisor de actividades de tiempo libre. Educador de menores protegidos y dinamizador de un punto de información juvenil. Coordinador de proyectos de ocio y tiempo libre. Presidente de la Asociación Cultural Figadellu.

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Juan Carlos Lesmes Roldán Licenciado en Sociología por la universidad de Salamanca. Monitor de campamentos desde 1992, y director desde 1997. Supervisor de la campaña de campamentos del Ayuntamiento de Las Rozas (Madrid) durante los tres últimos veranos. Coordinador de actividades de ocio nocturno y otros proyectos de carácter Lúdico en el marco del tiempo libre. Juan Manuel Marcos García Maestro y Coordinador de Ocio y Tiempo Libre.. Director de las Escuelas de Animación y Tiempo Libre Ideotur.. Director de programas de Ideotur SLL Andrés Mellado Santamaría Animador Sociocultural y Director de Actividades de Tiempo Libre. Miembro fundador y actual codirector de la Factoría de Acción Cultural Nhorte, donde dirigió más de 30 Campamentos desde 1991 y participó en otros tantos. Antes trabajó como Animador Sociocultural en la Asociación de Amigos del Monasterio de Aguilar y en la posterior Escuela Taller desde la que se impulsó para toda España el programa de Escuelas Taller, bajo la Dirección del Arquitecto y Humorista gráfico José Mª Pérez González “Peridis”, y donde desarrolló distintas actividades culturales (Programas de Radio, Profesor de Teatro, Semanas de Cine, Corresponsal de Prensa, Publicaciones de la Asociación, etc.) José Luís Mellado Santamaría Psicólogo Clínico y Psicoanalista en ejercicio continuado durante 28 años. Miembro de la Fundación Europea para el Psicoanálisis y miembro fundador de Psicoanálisis en el Sur. Autor de varias publicaciones relacionadas con el Psicoanálisis: “La clínica del autismo” “Las Pasiones del ser” “La poesía como heterodoxia en el psicoanálisis” y otros, así como con temas concernientes a la Educación como el “Campamentos Educativos. Ciudad del Nhorte. Ideas y Propuestas”. Es además Coordinador de Tiempo Libre y ha dirigido numerosos campamentos. Es uno de los fundadores de la Escuela Nhorte. Factoría de Acción Cultural. Fabian Mohedano Actualmente preside el Consell de la Juventut de Barcelona (CJB) y es coordinador de programas de la Fundación Francesc Ferrer i Guàrdia (Movimiento Laico y Progresista). Los inicios en el asociacionismo fueron en el Agrupament Escolta Skues (Barcelona) hace aproximadamente 25 años. Fue el primer presidente de Acció Escolta de Catalunya (organización laica y progresista de escultismo federada a ASDE). Editó el libro Educar en la llibertat des de l’Escoltisme, 1r Congrés d’Acció Escolta de Catalunya, 2003. Forma parte del equipo de columnistas del diario 20 minutos y tertuliano del programa Amb molt de gust de RNE – Radio 4. Anteriormente, trabajó en el Consell Nacional de la Joventut de Catalunya (CNJC) y en la Fundació Autònoma Solidària (Universitat Autònoma de Barcelona). José Moreno Serrano Coordinador de los Programas de Actividades de la Dirección General de Juventud de Castilla-La Mancha, Verano Joven desde 1992 y Multiaventura Joven desde 2000, programas especiales de actividades Expo-Lisboa 1999, Xacobeo-99 y Jornadas “la Europa de los Jóvenes”.

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Finalizando estudios de Educación Social, Director de Actividades Juveniles, Monitor de Medio Ambiente, Animación Sociocultural. Responsable del Programa Comunitario Juventud en Castilla-La Mancha desde 1996 y del Concurso Euroscola de la Oficina del Parlamento Europeo en España. Como Animador Juvenil ha desempeñado funciones de monitor y director de varios Campamentos. Como formador, ex profesor de Escuela de Animación Juvenil, ha colaborado con Escuelas de Animación en la formación de animadores durante su responsabilidad de la Escuela de Animación Sociocultural y posteriormente como encargado del área de animación juvenil en Castilla-La Mancha hasta 1999. Como formador del Programa Comunitario Juventud ha participado como Coordinador y ponente en distintos encuentros y cursos regionales, nacionales e internacionales en la formación de monitores de intercambios juveniles internacionales y de iniciativas juveniles del programa. Ha colaborado como ponente con las Escuelas Públicas de Animación de la Comunidad Valenciana y de la Comunidad de Madrid en estas actividades formativas, así como con la Dirección General de Juventud de Extremadura.

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