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Capítulo III La caída de la principal imprenta del país, una historia absurda: Impresos Vanni «¿Está seguro?», preguntó con asombro uno de los obreros de Vanni al empresario. «Sin lugar a duda, muchachos, cambió el gobierno y hay nuevas reglas de juego; yo les sugiero que acompañen ese proceso de cambio que se está dando en el país y se afilien al sindicato, no es mala cosa que ustedes mismos comiencen a velar por sus derechos. Ahora vamos a tener que negociar en los Consejos de Salarios y quién mejor que ustedes para que digan si están bien o mal remunerados. No tengan miedo, yo los apoyo, estoy tranquilo porque cumplo con ustedes y trato de darles lo mejor; Dios quiera logren, en esos consejos, que lo que yo les pago acá se lo paguen a toda la industria gráfica». Alentar a sus trabajadores para que acompañaran el proceso de cambio que había comenzado a darse en el país: eso fue lo que hizo el mismo Juan Vanni a pocos días de instalada la administración de Tabaré Vázquez. Esta información, que me confirmaron los propios empleados, es recordada también por el empresario Vanni, quien a pesar de todo lo que le ocurrió no está arrepentido de haber incitado a sus obreros a que se organizaran, porque los sabía «bien atendidos» y no tenía miedo de nada. Conocí a Juan Vanni en el año 2006. Verlo en el estado en que se hallaba, que se agravó con los años, me impactó mucho. Hablar con él no fue fácil. Necesitábamos varias horas de conversación para preguntar todo y tratar de echar un poco de luz sobre su situación, que solo analizada desde el principio puede ser entendible, más no aceptable. Me llevó más de un año concretar un encuentro personal con él. Pidió unos días, canceló entrevistas acordadas, me dijo que no estaba bien


y respeté su silencio mientras armaba la otra parte de la historia, hasta que finalmente accedió. «Me decidí porque, si muero, al menos le quedará registro de mi versión sobre todo esto. Es un calvario lo que estoy viviendo», afirmó. Parecía muy nervioso y acelerado, siempre, pero claro en su pensamiento, un hombre golpeado sin duda, ya casi sin fuerzas al final del camino. Eso me transmitía mientras conversábamos sobre su absurda historia y posterior caída. Juan Vanni nació y se crió en el interior. Dijo ser oriundo del departamento de Florida, nacido en Isla Mala. No le gustaba hablar de él, se poneía nervioso cuando lo hacía y las manos le comenzaban a transpirar. «Venía a Montevideo en tren, nací en el campo y nunca fui a la universidad, mi mundo es y será el trabajo», manifestó. Comenzó viniendo a Montevideo en ferrocarril, cuando todavía era uno de los medios de transporte rápidos y accesibles en el Uruguay. Levantaba trabajos, volvía a Florida, los hacía en la noche y regresaba casi sin dormir a entregarlos a la ciudad al día siguiente. Así se fue haciendo conocer y creciendo en un medio que casi nadie explotaba, el de la imprenta. Hizo contactos con la industria frigorífica y comenzó a trabajar para ella; hoy todos coinciden en resaltar la calidad de sus creaciones, que por cierto nunca más volvieron a tener. Dio a los trabajadores mucho más de lo que les correspondía, y su desconsuelo es que nadie lo entendió. Tres exobreros, que prefirieron el anonimato, me confirmaron la impresión que me había quedado del empresario. «Iba al taller, miraba, nos ayudaba, nos preguntaba si estábamos bien... trabajé, desde que su fábrica fue ocupada, en cuatro lugares... nunca estuve tan atendido», confesó uno de ellos. «En mi caso recuerdo que nos pagaba el almuerzo y la cena, yo me llevaba la cena para mi rancho, porque no era justo que yo comiera y


mi gurí no». «Yo destaco que nos pagaba el boleto». Estos comentarios, que fueron además confirmados por el resto de los trabajadores con los que hablé, también los avaló el entonces contador de Impresos Vanni, Martín Colombo: «Tengo facturas que acá te muestro donde pagábamos 120 mil pesos, por mes, de almuerzo y cena que Vanni quería para sus trabajadores». Ciertamente un exceso, pero era lo que el empresario, un hombre que se hizo de abajo, sentía la necesidad de hacer para con sus obreros, los que, por otra parte, le sacaban adelante su negocio. Otro obrero más antiguo recuerda que en el año 2002, cuando el Uruguay parecía que se caía, Vanni llamó uno por uno a sus trabajadores y les preguntó qué debían en dólares y arregló con cada uno las deudas que tenían para que no pasaran necesidades urgentes.

Richard Ponce, uno de los protagonistas principales de la ocupación en Vanni, me señaló que nunca más volvió a estar «tan bien» como allí. «Me quedaba a pocas cuadras de casa, tenía la comida, la sociedad de mis hijos... no encontré otro lugar así», se lamentó. «Yo estaba bien, señor Pintos, soy un hombre de trabajo y sé lo que es no tener nada, por eso les di mucho más de lo que correspondía», me dijo el empresario. «No soy gente de integrar ninguna cámara (de comercio, de industria...) y creo que por eso nadie me ayudó cuando estaba cayendo». ¿Será por eso que, salvo contadas excepciones, la mayoría de las


gremiales empresariales no dieron la batalla por Vanni? «Vanni daba mucho más de lo que tenía que dar... y bueno, nos ponía en un compromiso a nosotros, que no podíamos dar lo mismo... o, siendo sincero, en algunos casos no queríamos dar lo mismo. Con el sueldo pago en fecha alcanzaba», me confesó un importante empresario. Vanni estudió tres años en Talleres Don Bosco, donde conoció gente del interior... «gente sana», como la califica y no resiste la emoción, algo que fije una constante durante todo el tiempo en el que hablamos de su historia. Me dijo que le hacía mucho mal hablar de su situación y remató con una frase que resume el momento por el que está pasando... «tengo que dominar la ira». Su educación fue muy básica, hizo hasta segundo de liceo y se lanzó al mundo del trabajo. Sin embargo llegó a ser un empresario de buenos ingresos; sin desmerecerlo, tengo que decir que entre la bondad y la tontería hay un paso, y Vanni cayó por su falta de experiencia, se aprovecharon de su ignorancia en la materia. Sereno, pero firme, levantó su dedo acusador y señaló a varios actores políticos y sindicales como los responsables de la situación que aún sufre y de haberlo dejado en la calle y la miseria. «El gobierno del Frente Amplio es responsable de lo que me pasó, señor Pintos», me dijo lacónicamente. Los comienzos Impresos Vanni giraba en tomo a cuatro rubros que la hacían funcionar: la imprenta de obra, folletos, revistas y demás; la


flexografía, que eran los sacos de té; las etiquetas plásticas para la industria frigorífica y láctea; y, su última creación, el packing, cajas para todos los frigoríficos con impresión fotográfica, toda una novedad en su momento.

Hoy los frigoríficos lo compran en Brasil o Argentina: falta Impresos Vanni en el mercado. La empresa fije víctima de una maniobra delictiva cometida por un ciudadano chileno, Juan Fernando Miranda, en el año 1997, por la cual resultó procesado: fraguó un conforme por la suma de 31.250 dólares que descontó en el BROU falsificando la firma del empresario Juan Vanni. «Lo digo ahora porque lo hice con vergüenza, pensando que podía seguir trabajando», admitió Miranda, cuando se desplomó ante la contundencia de las pruebas, según consta en el expediente judicial al que tuve acceso. «Para poder obtener fondos y cubrir los sobre giros de los bancos, instrumenté, de mi propio puño y letra con firma apócrifa, cuatro conformes efectuados a empresas que no tienen responsabilidad alguna. Esas empresas eran: Impresos Vanni S.A. por 31.250 dólares. Transportes Vázquez, 28.860 dólares, Carlos Michell, 28.130 dólares y otra firma no identificada por 29.470 dólares», confesó. Cuando en 1998 Juan Vanni fue a hacer un vale aguinaldo, le comunican en el Banco República que tenía una deuda vencida, la del conforme descontado; entonces Vanni explica la situación y muestra la documentación que avala que ya hay un responsable en la cárcel que está pagando por su estafa. (LINK Expediente Penal 30/Octubre/1997 – Reiterados Delitos de Estafa - Juan Miranda Armijo)

http://es.calameo.com/books/002002364f37d25777b9a

No conforme con eso, va a hablar con Danilo Vázquez, gerente del banco en ese momento y hombre al que Vanni llama por su primer nombre, «Danilo», a quien recuerda en los siguientes términos: «Danilo fue el que me dio todos los créditos y me apoyó en todos los


emprendimientos siempre; él me dio el dinero para financiar las máquinas que traje de China, también visitó la planta antes de dejar el banco y me otorgó una línea de crédito de 350 mil dólares para poder seguir trabajando sin problemas, porque constató que la empresa era de primera línea». «Le expliqué a Danilo lo que había pasado y me dijo que me quedara tranquilo, que me olvidara del tema», se lamentó Vanni. Tal vez sea esa la parte donde uno puede adjudicarle cierta inexperiencia o error; a nadie le basta que le digan que no debe nada sin exigir un papel que lo avale. Desconociendo obviamente que estaba fichado como deudor del banco, porque formalmente nunca llegó comunicación ni aviso alguno, Vanni apostó, durante el tiempo en que la «deuda» en el BROU aumentaba, a un crecimiento de su empresa. Resulta al menos curioso que si un banco como el República tiene un registro, en este caso erróneo, pero registro al fin, de un cliente moroso, le conceda créditos, como lo hizo con Vanni para que él se expandiera. La sentencia condenatoria de Miranda salió el 18 de octubre de 1999: libramiento de cheques sin fondo, y delito de estafa: a la cárcel sin escala. Esa situación, que involucró entre otros a Impresos Vanni, quedó registrada en el Banco República, el que, sin explicación lógica, tomó nota de que la deudora era la empresa y no reparó en el dictamen judicial que aclaraba quién era el autor de la falsificación y responsable de la estafa. Me encontré con mil escollos para conocer los motivos por los que misteriosamente alguien envió, años más tarde y por «error», a Impresos Vanni al Fideicomiso (noviembre de 2004), lugar de deudas incobrables, y calificó en toda la banca a la empresa como «Grado 5», lo que la ató de pies y manos para conseguir créditos. (LINK «error» del BROU envió al Fideicomiso)

http://es.calameo.com/read/002002364bfd6ed4dc0ed

Vanni

confió

en

Vázquez

y

se

olvidó

del

tema.


El gerente que le ordenó que se olvidara del tema, Danilo Vázquez, se retiró en 2001 del banco con una dura carta donde cuestionaba el accionar y la conducción del BROU en ese momento. Sin embargo, volvió en 2005 de la mano del equipo comandado por Fernando Callóla, siendo desde entonces su segundo vicepresidente. Vázquez sobre este asunto no habla, prefiere el silencio y se limita a transmitir por su secretario que en este tema le «corresponde hablar al presidente del BROU». Vanni invirtió, durante sus 25 años de actividad (hasta 2005), en maquinaria y terrenos, la suma de USD 5.000.000. (LINK INVERSION/IMPRTACION MAQUINARIA 1996/2005 U$S 3.200.000 - LAS INVERSIONES TOTALES DE LA EMPRESA EN EL PERIODO 1980/2005 ASCENDIERON APROXIMADAMENTE A U$S U$S 5.000.000).-

http://es.calameo.com/books/002002364c6975cbde73c

Por la calidad de su producción, abarcó la mejor clientela de plaza en los rubros de la industria alimenticia (lácteos, bebidas), calzado, autopartes, laboratorios y logística Costa Oriental; así como en la industria frigorífica de exportación. De esta forma se convirtió en un exportador indirecto, al facturar más del 50 % de la producción a destinos como Estados Unidos, México, Unión Europea e Israel, entre otros Volcó todos sus recursos en esa inversión y se endeudó. Me consta que hasta su automóvil puso adentro de la fábrica, (LINK PRENDA AUTO) http://es.calameo.com/read/002002364c3befee6e62d

a la que calificó siempre como la «fábrica de su vida». ¿Cómo

obtuvo

esa

importante

suma

de

dinero?

Parte lo tomó del propio BROU, otro tanto del ex Banco Comercial, y lo restante de los llamados «ahorritos», como los califica él. Estos «ahorritos», que fueron mencionados por el contador Colombo y el propio Vanni, eran de gente que desconfiaba del sistema bancario, porque ya sonaba la crisis que desencadenaría el negro 2002, y tenía bonos en la mano para invertir. Vanni hizo una inteligente jugada que él mismo me amplió: «Yo tomé


bonos a 10 años y a la persona del bono le pagaba un 8 % de interés anual. Fui y lo deposité en garantía; ese bono me daba un 5 % de interés, eso quiere decir que tomé plata a 10 años con un 3 % de interés anual. Captaba inversores en bonos que no creían en el sistema financiero y los volcaba en unidades productivas. Esos bonos cuando los tomé cotizaban al 60 %, yo se los tomo al 100 % pero a 10 años de plazo, con amortización e intereses en pagos mensuales; en 10 años los bonos iban a ser míos». Vanni recuerda que como en agosto de 2005 le ocuparon la empresa, los bancos que le habían otorgado créditos fueron vendiendo los bonos y él hoy debe a esas personas. «Para mí habría resultado más fácil, si no fuera gente, dar quiebra y listo, pero no soy así...», dijo. Según información ofrecida por el propio empresario y su contador, al año 2009, la situación financiera de Vanni con los bancos privados era la siguiente: Banco Comercial. Le debía 376.120 dólares; a 2009, con la empresa cerrada, le debe 17 mil dólares Exprinter. Le debía 212.860 dólares; a 2009 no le debe nada. Boston (hoy Itaú). 152.501; debe 16.000 dólares. Es decir que la apuesta de Vanni, si bien no resultó porque la empresa se ocupó, desde el punto de vista financiero no lo deja mal parado con la banca privada. ¿Cómo se explica una caída tan importante si el camino era uno de los más acertados? El entonces abogado de Vanni, doctor Carlos Curbelo Támaro, procesado años más tarde por asistencia en reiteración por un delito de lavado de activos, investigación que determinará la culpabilidad o no del profesional, resumió claramente, ante la Comisión de Asuntos Laborales del Senado, el 6 de octubre de 2005, su visión sobre lo que ocurrió. «Hubo una sobreinversión en activos fijos que lo dejó a Vanni sin capital de giro y de trabajo». El contador de Impresos Vanni, Martín Colombo, también explicó ante el Senado cómo eran los números de Impresos Vanni, destacando que el rubro Ventas mantenía una evolución en ascenso. «Los cierres eran siempre al 31 de mayo de cada año», aclaró. «En 2003 Vanni tuvo ventas por 2 millones de dólares. En 2004 lo hizo por


3 millones, creciendo un 50 %. En el año 2005 (hasta el mes de setiembre, con la empresa ocupada) tuvo ventas por U$S 5 millones cientro treinta mil; es decir que creció un 75 %». Por lo anterior, debe decirse que el aumento de ventas en dólares y la aceptación de los productos en el mercado eran excepcionales. La firma, con la reconversión ya tenninada en el año 2005, proyectaba, en los dos años subsiguientes (2006-2007), obtener una facturación aproximada del orden de los 12 millones de dólares, más impuestos anuales. Colombo explicó que Vanni innovó y logró que el 52 % de su mercado fuera la industria fi-igorífica en época de post zafra, y el resto, otros clientes, mientras que en meses normales, prácticamente no existía un techo. Ahora bien, la crisis de 2002, que impactó en todos los sectores de la población, hizo lo propio con Impresos Vanni. El empresario optó por dejar de pagar al Banco República por concepto del crédito que había tomado para la ampliación de la compañía y se abocó a pagar pasivos, sobre todo los del Banco Comercial. Y aún no sabía de su deuda por el famoso conforme. El Comercial, sacudido por la crisis en ese momento y cerrado, había sido el que le había financiado parte de la obra civil, por lo que Vanni decidió cumplir primero con este acreedor para luego ir pagando al resto. El contador Martín Colombo me explicó que esa decisión no fue antojadiza: «Vanni había construido en terrenos del BROU una ampliación de su empresa [financiada por el Banco Comercial], era lógico que pagara primero a quien se la había construido para luego hacer una hipoteca más amplia ante el propio BROU, si hubiera habido mala intención la empresa no habría declarado en el BROU esas construcciones recientes, financiadas por el Comercial, que pasaron a ser nuevas garantías. Fue así que luego de achicar la deuda con el Comercial, la empresa se presentó ante el Banco República, en el año 2003, donde dijo que


no había podido pagar, durante todo el año 2002, debido a los cambios en el mercado y la pérdida de clientela, pero ahora, con mejores perspectivas, quería solucionar la situación.

En diciembre del año 2003 la deuda con el BROU llegaba a 1.654.000 dólares; la empresa negocia y obtiene una refinanciación a ocho años, pagando los intereses que eran 120 mil dólares, ampliando la garantía de hipoteca por 650 mil dólares (cobertura total de 1.158.000 dólares) y acordando cuotas de 20 mil dólares, más intereses por mes, pagaderas trimestralmente. Según consta en la documentación a la que tuve acceso, Vanni cumplió durante todo el año 2004 con el acuerdo. En marzo de 2005 también pagó. A pesar de eso, ante una «deuda» que tenía la empresa, el BROU decidió pasarla al Fideicomiso en noviembre del año 2004, después de siete años de generar intereses y mora, de donde fije retirada recién en junio del año 2005, siete meses después, sin explicación alguna y a través de un escueto comunicado en el que señalaban que se le había cambiado de categoría. Pero no fue el único «error» cometido por el BROU. El Fideicomiso Financiero de Recuperación de Carteras, que fije constituido en diciembre de 2003 y que administra República Afisa, recibió del BROU la solicitud para que eliminara a Impresos Vanni de la Central de Riesgos del Banco Central en mayo del 2005. Sin embargo. República Afisa concretó esa eliminación recién en marzo de 2008 (según una nota, a la que pude acceder, firmada por el gerente de República Afisa, Carlos Anstastasiade, ante una pregunta de la abogada de Vanni, Sandra Colman, el 27 de octubre de 2010). Quiere decir que Impresos Vanni fue colocado por un error en el lugar de deudas incobrables y fue retirado de la central de riesgos del Banco Central casi cuatro años después. Esa marca negativa sería parte de las piezas del rompecabezas que lo hizo caer. Sobre el misterioso envío al Fideicomiso hay versiones de todo tipo, pero ninguna confirmada, por lo que me eximo de dar más detalles; solo señalo que, desde una suerte de venganza contra el empresario hasta un error humano, van las campanas que escuché. En enero de 2005, cuando estaban buscando soluciones en la banca privada para obtener el tan ansiado capital de giro, la empresa se


enteró, en una institución financiera de plaza, que el BROU los había mandado al Fideicomiso sin aviso ni explicación. «Mire, Colombo, no les puedo dar el crédito porque ustedes están calificados como Grado 5 en el BROU y dentro del Fideicomiso, imposible prestarles un dólar», le dijo un gerente de una conocida institución de plaza a un perplejo contador. Fue ahí cuando Vanni recordó su conversación con Danilo Vázquez y pensó que tal vez aquel «olvídate del tema» había generado consecuencias. Allí comenzó a venirse la noche. PRIMERAS

DIFICULTADES

El contador Martín Colombo me confirmó que las cajas frigoríficas eran un invento de Vanni que salió muy bien, pero, para él, era necesario tener materia prima y stock para poder hacerlas correctamente. Una producción grande necesita tener tres meses de stock por lo menos. «Como a Vanni no le gustaba pedir adelantos a sus clientes, nos fijimos quedando sin capital de giro. Funcionábamos descontando cheques, etc.; la fuimos llevando, pero se hacía necesario un oxígeno para poder tener materia prima que nos peiTnitiera estar tranquilos», recordó Colombo. Sin capital de giro, categorizados como deudores en toda la banca y con las puertas cerradas, Vanni comenzó a pensar en diferentes soluciones que le permitieran salir adelante mientras buscaba el dinero que necesitaba. El 12 de mayo de 2005 la empresa comunicó que tenía que enviar a 15 personas a seguro de paro por un mes para bajar costos, pero con una condición: proponía a los trabajadores que les pagaría la diferencia para completar el salario a los efectos de que ninguno resultara perjudicado. «El seguro de desempleo era corto y si se aumentaba la carga de días iba a ser rotativo», recordó Colombo. El contador confirmó que la lista se armó, y comunicó al dirigente


gremial Gerardo Sosa, y también a la sección, que se planteaba achicar el trabajo. Después de esta decisión, el sindicato, ya constituido, pidió explicaciones más precisas. En junio de 2005, la empresa comunica que no le es posible cumplir con el BROU. Ni bien informó que no podía hacer frente a la cuota, comenzaron las acciones judiciales, y nunca se detuvieron. En setiembre la fábrica es ocupada por los obreros. Del 16 al 27 de agosto de 2005 Impresos Vanni fue ocupada por primera vez. La segunda ocupación comenzó el 23 de setiembre del mismo año. «Les explicamos que estábamos con problemas de capital de giro porque las líneas eran cero y el endeudamiento máximo que había era con el BROU pagadero a ocho años», refirió el contador. Luego de escuchar los argumentos, Sosa se ofreció para ir a hablar con el presidente del banco Femando Calloia, pues como el gobierno era de izquierda, los sindicalistas tendrían más chance de convencer de primera mano al titular del BROU o al menos pedirle explicaciones. Vanni se negó a eso, según recordó Colombo. Le dijo que si querían ir como trabajadores que fueran, pero en nombre de la empresa no, porque correspondía negociar eso a quienes eran responsables de su gestión. Sin embargo Sosa le comunicó que igual realizaría el trámite ante el banco como trabajador y los mantendría informados, algo que a Vanni le pareció bien. TODOS

APUNTAN

A

CALLOIA

La primera reunión con el BROU se concretó en mayo de 2005, a pocos días de asumir Fernando Calloia y cuando en Impresos Vanni se hablaba de mandar trabajadores al seguro de paro. Los trabajadores hicieron una gestión en AEBU con el fallecido dirigente Juan José Ramos y fueron recibidos primero por el director Juan José Cladera, que al ver la complejidad del tema les recomendó hablar directamente con el presidente del banco. De la reunión con Calloia de mayo de 2005, existen versiones


encontradas y un manto de misterio. Hay trabajadores que estuvieron en ella que la confirman, otros que la niegan en esa fecha pero la confirman más adelante, otros que presentan dudas y el titular del BROU no la recuerda. De ese primer encuentro, según las versiones confirmadas que tengo, participaron el presidente del BROU Fernando Calloia, su secretario Miguel Vilar, y los dirigentes Gerardo Sosa, Juan Carlos Venturini y Floravante Macedo. La reunión fue puesta en conocimiento del gremio previamente a su realización. Meses más tarde, luego de conocemos personalmente y hablar mucho, Gerardo Sosa me ratificó ese primer encuentro y muchos más, con declaraciones comprometedoras para el presidente del Banco República. Testimonio

I

de

Sosa

«Te voy a mostrar algo que si se entera alguien que te lo mostré vamos a tener problemas...», le dijo Calloia a Sosa, una de las tantas tardes que lo visitó en su despacho, según me confirmó el contador de Impresos Vanni, recordando que el dirigente Gerardo Sosa se lo dijo a él y también a varios trabajadores. Pero el propio Sosa también me lo corroboró tiempo después cuando le pregunté sobre este episodio. «Es

cierto,

fue

así,

me

acuerdo

clarito»,

me

dijo.

Lo que el presidente del BRO U le mostró al dirigente sindical fue el expediente con la carpeta que poseía el banco sobre las deudas de Juan Vanni, algo que le está vedado a los jerarcas de cualquier banco porque se trata de violación del secreto bancario. «Vanni empapeló Montevideo con cheques sin fondo», le dijo Callóla a Sosa. En esa reunión con Sosa, Calloia «viola el secreto bancario, porque no solo le dice el endeudamiento de la empresa sino que le muestra balances y situación de la misma en base a la documentación que el banco tenía en su poder», me admitió el contador Colombo, luego que el dirigente gremial le confesara lo que había ocurrido en esa visita a Calloia.


Sosa recuerda no solo el hecho sino también la existencia de no menos de seis reuniones con el titular del BROU , y muchas con su secretario Miguel Vilar, durante los años 2005 y 2006. El dirigente me confió también que Calloia y él comenzaron a cultivar un buen relacionamiento en ese momento. Sosa era el dirigente más fuerte, el que había formado el sindicato y también el que más adelante encabezaría la ocupación. Si Calloia quería sacar del medio a Juan Vanni, como suponen personas cercanas al empresario. Sosa era clave para él. El dirigente me relató que tenía permiso para ingresar al BRO U li bremente y me detalló cómo fueron esos ingresos. «La primera reunión fue en mayo de 2005; la logramos gracias a que Venturini, como tenía experiencia sindical, habló con Juan José Ramos, y él nos conectó con el director Juan José Cladera. Ahí nos despachó rapidito porque nos dijo que todos esos temas tenían que ver con el presidente del banco. Así llegamos a Calloia». Agregó que «primero fueron reuniones con su secretario, Miguel Vilar, y después fuimos con Calloia. Vilar nos ablandó un poco, porque en esos momentos lo que queríamos era que el BRO U le diera asistencia a la imprenta para poder seguir trabajando. Me acuerdo que cada vez que yo declaraba contra el BROU , porque veía que no quería dar una mano, Vilar me llamaba y me puteaba todo», recordó el dirigente. Amplió la versión señalando que, en una de las reuniones y frente a Callóia, Vilar le dijo que «no podía estar del lado de la patronal porque él había trabajado en Motociclo y le había pasado que defendieron a la empresa y después cerraron una planta y se fueron con la plata dejando a todo el mundo por el camino». Un poco confundido en ese momento por lo que le estaban diciendo, Sosa recuerda que le dieron «mucha manija» contra el hombre que le había dado trabajo durante casi 10 años. «Me decían que tenía una estancia, casa en la playa, una imprenta en Chile... todo para ponerme en contra de él porque lo querían liquidar». «¿Cómo fueron esas reuniones?», le pregunté.


«Habíamos quedado que yo iba antes que abriera el banco, entraba por Zabala y el ascensor me llevaba derecho. No quería que nadie supiera mucho que yo me juntaba con él. Vilar, después que comenzamos a tener buena relación, me dijo que el tema lo manejaban Callóla y él, que no le dijera nada al otro secretario del directorio, un tal Pablo, porque era un alcahuete y venía de administraciones anteriores». «¿Cuántas reuniones hubo y qué fue realmente lo que les dijo?», quise saber. «Por lo menos seis, seguro que más, pero seis por lo menos antes que terminara el año 2005, incluso después que fuimos procesados fui también. Muchas veces hablé con Callóla, pero más con Vilar. Cuando iba con Venturini, Calloia pedía que él quedara afuera y yo entraba». Sosa me agregó una confesión más sobre sus encuentros con Calloia: «Una vez, cuando fui después del procesamiento, Calloia me dice en chiste... 'vamos a terminar vos y yo en el mismo calabozo'». Más allá de estas afirmaciones, confirmadas luego de varios meses de entrevista y relación con Sosa, el dirigente declaró también, el jueves 29 de mayo de 2008 al semanario Búsqueda, que las reuniones existieron, aunque no precisó cuántas y además señaló la intención del titular del BROU respecto a desplazar al propietario y terminar con Juan Vanni. «La verdad... cuando repaso todo me doy cuenta de cómo lo fueron matando a Vanni». ¿Por qué Sosa declaró a favor de Calloia cuando la justicia, meses más tarde, los terminó procesando por usar las máquinas del empresario? Porque la relación entre ambos había pasado a ser muy buena y la promesa de crear una cooperativa obrera estaba latente. Sosa no quería que el proyecto naufragara. Una

historia

absurda:

Impresos

Vanni

«Por eso declaré a favor de él, negando las reuniones que hubo; ante la justicia... tuve miedo», me confesó. Pero el dirigente también lo ratificó en una breve entrevista con Búsqueda el 29 de mayo de 2008: «Yo respondí que no porque tenía temor de que por esa razón pudiera fracasar un eventual acuerdo con Callóla si éste se enteraba que yo


había

declarado

eso».

«Desde las primeras reuniones de mayo hasta las últimas. Callóia planteó directamente que había que desplazar a Vanni y formar la cooperativa», me dijo el dirigente contundentemente para este trabajo. También

recuerda

cómo

se

procesó

todo.

«Yo estuve en las reuniones con Callóla -dijo- cuando presentó el plancito de cómo quedarnos con la fábrica; hasta un dibujito con todo y de cómo era el asunto, nos hizo, de su puño y letra. Puso un papelito, hizo el dibujo con tres círculos, una S. A. comprada por nosotros, una negociación a través de la CND con plata del BROU, y de esa manera a Vanni no le daba nada, lo sacábamos de la troya y para nosotros nos quedaban tres millones de dólares». El dirigente, que hoy logró levantar cabeza en otro rubro, está trabajando bien en el interior del país. Nunca quiso hablar públicamente del tema, salvo para este libro. «Yo se lo dije a varios legisladores del FA, si yo hablo y saco la tuba se pudre todo, pero ahora, bueno... ya no tengo nada para perder». Sosa le advirtió también al Dr. Curbelo Támaro que nunca iba a usar lo que sabía contra Callóia porque no quería que el BROU «lo hiciera mierda». «Yo nunca quise hablar de esto, menos de la reunión de mayo; cuando me dijo, 'a vos Sosa te doy un millón de dólares pero a Vanni no le doy nada...', al principio lo tomé como un chiste, pero después la cosa fue distinta; sí me parece importante la reunión que te comenté donde escribió en un papelito el plan, esa fue muy en serio... como las otras». Floravante Macedo, el otro trabajador participante de la reunión, corroboró la entrevista y el tenor del ofrecimiento. «La fecha fue el 5 o el 6 de mayo de 2005 -dijo-, me quedó grabada porque ya habíamos formado el sindicato en marzo. Me acuerdo


también porque fue en mayo que la empresa nos había comunicado que mandarían a algunos trabajadores al seguro de paro y por eso el sindicato decidió hacer esos contactos para ver cómo estaba la situación». El representante del Sindicato de Artes Gráficas Juan Carlos Venturini, de quien hasta el momento nadie en Impresos Vanni conocía mucho pero que se transformaría en protagonista principal, ofreció otra versión. Venturini me negó una y otra vez que la reunión se hubiese llevado a cabo en mayo de 2005, y subrayó que fue en octubre, cuando ya estaban constituidos como cooperativa; más adelante Calloia me confirmaría que fue en setiembre. Sin embargo, más allá de lo que contó Venturini señalando que no hubo reunión alguna con Calloia en los primeros meses del año 2005, sus palabras no coinciden con lo que él mismo declaró en el Parlamento ese mismo año. Según la versión taquigráfica de la sesión del 24 de setiembre de 2005 de la Comisión de Asuntos Laborales del Senado, las reuniones con el BROU habían comenzado antes de la ocupación. Allí Venturini resumía: «Estamos en la antesala de la pérdida de la fuente de trabajo desde hace varios meses. Antes de la primera ocupación, cuatro meses atrás, mantuvimos entrevistas con autoridades del BROU e iniciamos una serie de gestiones en virtud de que habíamos tomado conocimiento de que la empresa se encontraba en una situación financiera muy comprometida. Es decir que antes de la primera ocupación (16 al 23 de agosto de 2005) se admite que hubo contactos con autoridades del BROU; cuatro meses antes, o sea a fines de abril (a pocos días de asumir el nuevo directorio del BROU), ya habían existido encuentros. Salvando algún en-or de fechas llegamos a mayo. Floravante Macedo aportó también su testimonio ante la justicia, cuando el caso Vanni llegó a esos estrados. «En dicha reunión le preguntamos al señor Calloia por qué no se le otorgaba el crédito a la empresa. Nos explicó que Vanni estaba debiendo mucho dinero y, por consiguiente, no le daría la asistencia crediticia. Dado que nosotros insistimos diciendo que no dar el dinero lesionaba


un interés directo y legítimo de los trabajadores, en determinado momento Calloina nos dijo: '¿Para qué? ¿Para que Vanni se compre un Mercedes último modelo?'» A continuación, según el relato del dirigente gremial, Calloia les dijo textualmente: «Si ustedes forman una cooperativa, les presto la plata. Si tú -señalando a Gerardo Sosa-, me la pides, a ti te la doy», recordó Macedo. Macedo me amplió luego sus declaraciones en una entrevista personal que mantuvimos. «Calloia nos dijo, 'yo no le voy a dar ningún préstamo, absolutamente nada, porque si yo le doy a Vanni se va a comprar un Mercedes'». Según Macedo el titular del BROU les dijo: «Formen una cooperativa y desde ese punto de vista a ustedes les presto el dinero». La versión de Calloia «Mire, Pintos, lo consulté por su solicitud de entrevista y me dijo que le transmitiera textualmente que del tema Vanni no habla, lo único que tiene para decir es que fue una empresa que solicitó crédito al BRO U y finalmente no se le concedió, nada más». Así me respondió, a un pedido de entrevista realizado el 11 de junio de 2007, el secretario privado del presidente del BRO U Femando Calloia, Miguel Vilar, quien por otra parte me agregó: «yo conozco todo del caso Vanni, es lógico que no hable porque el tema está en la justicia». Las acusaciones contra el titular del BROU , las diferentes personas que lo involucran y las diversas versiones, me llevaron a insistir siete meses más tarde Obtuve idéntica respuesta, pero logré que Vilar me aceptara un correo electrónico con dudas que tenía. Se lo mostraría al presidente del BROU , y yo quedaba a la espera. En el correo le señalé que había hablado con trabajadores y extrabajadores, con los empresarios, con el MTSS, con los abogados, los vecinos, legisladores y miembros del gobierno, solo faltaba su visión. Necesitaba confirmar si habían existido o no reuniones y en qué contexto.


No habían pasado ni diez minutos reloj cuando me llama el propio Calloia. «Habla Calloia, estoy a la orden», me dijo. Accedió a evacuar algunas dudas, mas no a una entrevista extensa. Intentó restarle trascendencia al tema y minimizar algunas cuestiones. Recuerda el comienzo del «caso Vanni» en los siguientes términos: «La empresa operaba hacía muchos años en el banco, tenía un crédito promocional para compra de maquinaria, y con la crisis de 2002 enfrentó problemas. Solicitó un refinanciamiento y el BRO U le refinancia el 100 % de la deuda en 2004. Le refinancia todo y se declara a la empresa suficientemente asistida». Recordó que Impresos Vanni solicitó tres o cuatro veces crédito al anterior directorio del BRO U y resolvieron lo mismo, «empresa suficientemente asistida», y no le concedieron el dinero. Calloia asegura que cuando él asume no hubo ninguna solicitud de crédito, aunque el contador Colombo niega esa visión y asegura que cuando asumió el jerarca le pidieron el dinero y tan solo siete días después respondió en forma negativa. En este punto hay versiones encontradas. Según un documento de la división Empresas, del Banco República, fechado el 2 de mayo de 2005, al que pude acceder. Impresos Vanni solicitó una nueva línea de crédito el 13 de abril de 2005, y luego de un análisis detallado del endeudamiento de la firma se considera que «no es posible acceder a lo solicitado y que el banco mantiene a la misma como suficientemente asistida». Sin embargo el titular del BROU me admitió que en la reunión que se realizó, en fecha posterior a su encuentro con los trabajadores, Vanni le solicitó un millón de dólares para poder seguir operando, algo a lo que él se negó. También lo dijo en el Juzgado de Trabajo de la doctora Rita Patrón, en octubre de 2006, cuando en su testimonio explicó que la empresa había solicitado asistencia financiera.


«Dado que de la charla no surgieron posibilidades para asistir a la firma, quedó la empresa en entregar información al banco para ver si se podía alcanzar alguna fórmula de financiamiento. A partir de ahí resuelvo que no se va a seguir asistiendo a la empresa. Ante una nueva audiencia que solicitan los trabajadores, les digo que la decisión del banco era no asistir más a Vanni, no conceder el financiamiento». El jerarca sostuvo, para este trabajo, una versión contradictoria con los documentos que hablan de solicitudes en el período él estaba en funciones: «cuando asume el directorio [abril de 2005] la empresa Impresos Vanni no solicita financiamiento, no hay ninguna solicitud, hasta que aparecen en agosto de 2005 los trabajadores. Me dicen que vienen a solicitar crédito para la empresa y les digo que no lo puedo considerar porque un financiamiento para una empresa a pedido de los trabajadores no corresponde, eso lo tiene que hacer el empresario. Me dicen también que la empresa está en situación delicada y me consultan si estoy dispuesto a recibir al empresario, a lo que les dije que sí, además si era tan delicada la situación, que viniera al día siguiente». El jerarca toma como punto de partida que la ocupación de Impresos Vanni fue «de común acuerdo» y para ello se basa en un artículo del diario El Observador fechado el 16 de agosto bajo el título «Patrones y empleados ocupan imprenta». La primera ocupación de Impresos Vanni, que duró una semana, terminó con un acta, labrada en el MTSS el 23 de agosto de 2005, donde la empresa asume obligaciones y los trabajadores también, para levantar la medida; no se especifica que haya sido de común acuerdo. Para Juan Vanni la visión de «ocupación de común acuerdo» tiene una explicación: «Cuando hay gente a la que uno le dio tanto, es lógico que al querer ayudar con reuniones en el BROU o tratando de presionar para una solución, alguien pueda pensar que fue de común acuerdo, pero no es así, nunca se planteó así». El titular del BROU señaló que la empresa ya estaba ocupada cuando los trabajadores fueron a visitarlo, según él, por primera vez.


Si la reunión que confirma Calloia como la primera fue el 6 de setiembre y al día siguiente se produjo el encuentro con el empresario y el abogado, hay una confusión con las fechas. Impresos Vanni estuvo ocupada del 16 al 23 de agosto y la segunda ocupación fue el 23 de setiembre; por lo tanto, el 6, día en que el titular de BROU recibe a los trabajadores, según él por primera vez, la empresa no estaba ocupada. En cuanto al contenido, Calloia aclaró su visión del sonado ofrecimiento: «Yo les dije textualmente... 'si ustedes logran estructurar una empresa saneada financieramente les doy crédito', o sea, si viene Vanni saneado financieramente le doy crédito, pero eso se lo digo a cualquier empresario, pero con esta situación no puedo. 'Si ustedes estructuran la empresa adecuadamente yo les doy financiamiento, es posible además que la CND se especialice en este tipo de casos', los mandé ahí y les dije que si logran estructurar, capitalizar, yo les doy crédito». Calloia afirma que Vanni usó eso para decir que lo querían desplazar de su fábrica. Lo consulté al jerarca sobre por qué, habiendo una empresa ocupada, el banco había resuelto ejecutar igual, cuando el empresario estaba impedido de ingresar a su fábrica para poder hacer frente a sus obligaciones. «Quiero que entiendas que tu razonamiento no es racional, sería muy sencillo para cualquier empresario decir, 'muchachos ocúpenme que suspendo las acciones judiciales'; es impensable. El problema de la empresa es un problema del empresario; si tiene luz eléctrica, si los trabajadores le ocupan o si le cayó un meteorito y le partió la empresa, es problema del empresario. El banco no puede estar sujeto a los avatares de lo que le pueda pasar al empresario, ningún banco lo hace, eso de 'no me ejecuten porque estoy ocupado', es una locura». Calloia también niega haberlos incentivado; pero aclara que les advirtió que podría darse una situación como la que terminó pasando.


Un dirigente llamado Juan Carlos Venturini La puerta principal de Impresos Vanni tenía una gran cadena de la que colgaba un candado negro. Es enero del año 2008, el calor es sofocante. El pasto alto, un aspecto desolador, pero la fábrica conserva en su exterior el porte que supo lucir alguna vez. Tres perros me ladran sin parar; la primera puerta que veo luego del portón principal está abierta por la mitad y sostenida por seis tarrinas. «Hay un tipo en la puerta», grita un muchacho de no más de 25 años, pelo largo atado, barba, bermudas y romanitas. Apareció un hombre con aspecto de viejo, barbudo, ojos claros, torso desnudo, bermudas y también romanitas. «Es conmigo, abrí el portón», le dice, acusando recibo de su grito. Fue la primera vez que vi a Juan Carlos Venturini. El muchacho se dirige a él y en voz baja; no llego a percibir bien qué se dicen, pero es evidente que había malestar por mi presencia en la fábrica. Solo alcanzo a escuchar: «Yo le dije que viniera, abrí tranquilo». Se acerca y me da la mano. «Venturini, mucho gusto. Pasa y entra el auto por las dudas». Mientras recorría los pocos metros que separan el portón principal de la entrada, vi, flameando en las cuerdas, algunos pantalones, repasadores y hasta ropa interior femenina. Me saluda uno de los ocupantes: pantalón corto, romanitas y remera, pelo largo pero ondulado; miro hacia una escalera, y arriba, en lo que sería un entrepiso, observo un par de máquinas pequeñas, unidas por una cuerda de la que colgaba ropa, trapos de piso y pantalones. En la parte inferior habían hecho una cocina. En una cacerola hervía lo que por el olor debía ser arroz. Pasé sin más trámite a un lugar más amplio, con ocho computadoras y varias máquinas (la fotomecánica); a mi izquierda se encontraba una gran sala con máquinas grandes y un pasillo que conducía a las oficinas, que no me dejaron ver, porque ahí habían hecho los cuartos para dormir. Venturini dormía en donde una vez fue el escritorio de Juan Vanni.


Verlo era como ver al capataz de una estancia; señas, órdenes que impartía. Sentado en un sillón giratorio, me miraba cada tanto a los ojos. Abrió la ventana que daba a los accesos para que entrara luz natural. Tomó asiento, encendió un cigarrillo que armó con tabaco y hojillas, puso su celular a un costado y comenzó a contar su versión de los hechos. Venturini es argentino, sus primeras experiencias sindicales se remontan a la vecina orilla en Editorial Abril, cuando corría el año 1967 y tenía 19 años. Ahí aprendió el oficio de «fotocromista», según me dijo. Participó de la reorganización sindical en una fábrica dos años más tarde. Tuvo una experiencia sindical que él mismo califica de intensa entre los años 1973 a 1975. En la huelga de junio de 1975, medida tomada ante un intento de anulación de los convenios colectivos que intentó el gobierno de Isabel Perón, participó activamente. Luego del golpe de Estado comenzó a realizar una militancia clandestina; siempre vinculado al gremio gráfico se mantuvo en la Argentina hasta que volvió la democracia en 1983. En 1985 decide probar suerte en Uruguay. Acá retoma la actividad sindical en el gremio gráfico, vino a trabajar en el taller Cromograf, que quedaba en Uruguay y Tacuarembó. Estuvo en el diario El País, donde fue despedido por su actividad sindical, según dijo, y en talleres pequeños. Nunca llegó a trabajar en Impresos Vanni, sino que se vincula a través del gremio gráfico. Hablamos durante dos horas, testimonio que fui ordenando a medida que aparecían otras visiones. La CND, una carta, una renuncia y testimonios comprometedores Una serie de elementos que fueron apareciendo a lo largo de esta investigación, más allá del testimonio de Sosa, apuntan directamente al titular del BROU sobre la situación de Impresos Vanni.


En este caso viene del lado de la Corporación Nacional para el Desarrollo (CND), que relata los hechos ocurridos en una carta remitida al Parlamento. El 7 de octubre de 2005, el entonces presidente de la Comisión de Asuntos Laborales del Senado Jorge Saravia pidió informes a la Corporación Nacional para el Desarrollo para conocer de primera mano los datos que poseía este organismo sobre el caso Vanni. La Corporación remitió una carta a Saravia con toda la información, una semana después, el 14 de octubre del mismo año (n° de referencia P034/05), donde admite que es a pedido del propio Gallóla que ellos intervienen en la situación de Impresos Vanni y confirman que fue el titular del BROU la persona que habló de crear una sociedad anónima y dar participación a los trabajadores, funcionando como una cooperativa. La carta dice, entre otras cosas: «Sobre finales del mes de agosto de este año [2005] el Presidente del Banco República Fernando Callóla nos da cuenta de la situación de la firma y nos señala que tiene créditos vencidos en el Banco por 1.600.000 dólares, libramiento de cheques sin respaldo por 900.000 mil dólares y una situación de prácticamente cesación de actividades». «Su nivel de endeudamiento hace que no sea sujeto de crédito y estima que el mismo se debe a malas decisiones empresariales.» «Las viejas experiencias en este sentido dicen que los grandes deudores se generaron a partir de seguir asistiendo a empresas que si bien tienen potencialidad no tienen una dirección eficiente». «Seguramente las disposiciones banco centralistas le impidan continuar la asistencia a empresas con la relación activo-pasivo que presenta ésta, estando además en situación de incumplimiento», dice la CND. «Nos propone en consecuencia el siguiente camino de salida. Formación de una S.A. de propiedad de la corporación en la que eventualmente podrían participar como accionistas minoritarios [a través de] una cooperativa de obreros de la empresa que les habilitará a tener un lugar en el directorio para estar informados de la marcha de la misma». «Dicha S.A arrendaría al señor Vanni la planta e instalaciones y sería sujeto de crédito por no tener antecedentes que lo impidan».


«A partir de allí se administraría la empresa con un gerenciamiento experto contratado a esos efectos y es condición fundamental para la intervención de la CND». «Se parte de la premisa de que ante situaciones de este tipo lo correcto es salvar la empresa y no al empresario, ya que este último procedimiento es el que se ha generado históricamente en el país [...] en muchos casos de endeudamiento extremo» «Por nuestra parte recibimos al sindicato de la empresa y solicitamos contactamos con el empresario. Después de muchos días y varias conversaciones con el sindicato, el 27 de setiembre de 2005 se hicieron presentes en la Corporación el Dr. Carlos Curbelo Támaro y el Sr. Raúl Márquez, gerente de la empresa», agrega la carta. El Dr. Carlos Curbelo Támaro recordó ante la Comisión de Asuntos Laborales del Senado el 6 de octubre de 2005 cómo fue esa reunión con la CND: «Nos atiende el director, el señor Tomás Alonzo y el vicepresidente de la CND, Ricardo Puglia. Les explico cuál es la situación y me quedo perplejo con sus respuestas, ya que el señor Alonzo me dice que lo que hay que hacer es crear con la empresa Vanni un sujeto digno de obtener un crédito y que para eso van a comprar una sociedad anónima, le arrendarán a Vanni la planta y la maquinaria y la van a gestionar». «Luego interviene el señor Puglia, quien también ratifica que la intención es gestionarla, realizar algunos activos, como por ejemplo la maquinaria esa que el señor Vanni consiguió viajando a Alemania y comprándola en China, gastando todos los recursos que tenía en esa sola inversión como un activo fijo, y que si luego la empresa va a la quiebra no hay nada que hacer». «A todo esto respondí que para ir a la quiebra no lo necesitábamos a él, porque cualquiera que presentara un documento comercial vencido provocaría la quiebra. Como se dio cuenta de que había cometido un error garrafal y que había hecho un manejo equivocado del enfoque y del desarrollo que este tema exigía, permite intervenir al señor Alonzo nuevamente -y tengo testigos de lo que estoy diciendo-, quien nos propone que esa sociedad arrendaría la planta física y las máquinas y


ellos la empezarían a gestionar». «A esto contesté que me parecía bien, que estaba de acuerdo con que se pusiera un gerente financiero, pero que la parte de producción, la relación con los acreedores y la visión de conjunto de la empresa y su futuro debía corresponder al dueño, que es quien conoce desde la primera baldosa hasta el último panel del cielorraso. Frente a esto se me contesta que no, que Vanni va a quedar afuera. Entonces, yo pregunto a quién van a poner en su lugar y me contestan que designarían a alguien que hiciera la tarea. En ese momento, me levanté y le dije a uno de ellos que quería desguazar la empresa y al otro que quería poner a un burócrata. Como no tenía nada más que hablar, me levanté y me fui». Durante varios meses intenté sin éxito que algún directivo de la CND me hablara del caso; «deje su mensaje que lo llamamos» fue todo lo que recibí como respuesta. Pasaron casi cinco años para que el entonces vicepresidente de la CND, Ricardo Puglia, me confirmara que los hechos fiieron tal como los relato. Me agregó además su carta renuncia a la vicepresidencia de la CND del 7 de noviembre de 2005, dirigida al entonces ministro Danilo Astori, en la que le señala textualmente: «Desde antes de la fecha de asunción, invertí todo mi tiempo en procurar, en forma positiva, comenzar a cambiar una institución signada por un pasado de desaciertos, de imagen negativa para la sociedad y de millonarias pérdidas de recursos del Estado que ponen en riesgo su viabilidad». «En este breve período, con la mayoría del Directorio en funciones, he tenido serias dificultades en la orientación e implementación del nuevo camino a recorrer. Prueba de ello es el acta n°17, que adjunto». El acta adjunta, que también obtuve, habla de varios casos en los que el contador Puglia discrepó con la forma en que se buscaba desde la CND, comandada por el exministro, Alvaro García, solucionar la problemática de varias empresas, incluida Impresos Vanni. En el acta se lee el malestar del director Puglia por las eventuales negociaciones que se iban a hacer para ayudar a los cooperativistas de Impresos Vanni. Datada el 13 de octubre de 2005, menos de un mes antes de la


ocupación definitiva de la planta, dice textualmente: «Se toma conocimiento de la nota recibida de la Comisión de Asuntos Laborales de la Cámara de Senadores de 6/10/05. El Cr. García sugiere reenviar la misma al Presidente del BROU y al Ministro de Trabajo y Seguridad Social. El Cr. Puglia señala que en este caso hay un problema de crédito del BROU con una empresa y otro de la empresa que quedó sin crédito. Entiende que CND debe quedar al margen de ambos problemas y no tiene que continuar auxiliando empresas como lo hizo en el pasado, ya sea respaldando al propietario o respaldando la creación de cooperativas que sólo pueden aportar el know-how de la operación y manifiesta debilidad financiera. Por otra parte señala que el Estado no debe tomar partido por un emprendimiento industrialcomercial privado en detrimento de otras unidades productivas en funcionamiento de la Industria Gráfica que están en competencia con VANNI S.A. y que actualmente atienden el segmento de mercado que abastecía VANNI S.A. En todo caso, la CND puede gestionar -en acuerdo con el propietario- la incorporación de un nuevo(s) accionista(s) o la venta de la unidad productiva en condiciones de libre competencia, teniendo en consideración la nueva realidad de sus trabajadores. Alvaro García no está de acuerdo. Se resuelve por mayoría enviar nota de respuesta a la Comisión del Senado». Calloia afirma conocer que hubo una carta de la CND pero se escuda en que no tiene por qué saber su contenido porque no la firmó. Admite sin embargo el envío del caso a la Corporación tal como comentó. «Les dije que ese tipo de empresas, en esas circunstancias, al no poder ser atendidas por el BROU tenían que pasar a la CND para saber si la CND tenía interés en actuar en esta empresa. Es un tema estricto de la CND, yo no lo conozco mucho. No hubo sugerencia, solo me ocupé de que los atendiera la CND en fi)rma inmediata, les expliqué la situación pero no supe más nada», agregó el jerarca. «Yo supongo que la CND antes de hacernos la propuesta lo tiene que haber consultado a Calloia», recordó el dirigente Juan Carlos Venturini sobre este punto. Las actuaciones en la justicia y los testimonios encontrados Juan Vanni se vio en los estrados judiciales con el presidente el Banco


República no menos de cuatro veces, a raíz de distintas denuncias que el empresario le hizo durante los años 2005 y 2007. Los casos con denuncias de «abuso de fianciones» y «violación de secreto bancario» recayeron en los juzgados penales de 4'°, 16'° y 21" tumos. El 10 de noviembre de 2005, Calloia declaró ante el Juzgado Penal de 21" Turno, acusado de abuso de funciones. Allí fue consultado en detalle sobre todo lo ocurrido hasta ese momento en tomo al sonado caso Impresos Vanni. «¿Le brindó usted información a la CND respecto de la situación económico-financiera de la empresa de Vanni?», le preguntaron en la sede judicial. «Le digo que es una situación financiera que impide que el BROU la asista. A esto se lo digo en forma telefónica y en términos genéricos, no profundicé en números». «¿Ud. le hizo a la CND una propuesta concreta respecto a la forma en que esta debería abordar el tema?» «No señor», respondió el jerarca. El 19 de diciembre de 2005, en el Juzgado Penal de 4.° Turno, donde también recayó una denuncia de Vanni contra Calloia, el jerarca fue consultado sobre este punto. «¿Hizo usted alguna gestión ante la CND para que considerara la situación de esta empresa?», le preguntó la sede. «Exactamente, ante la presencia de una empresa económicamente viable que no podía seguir siendo asistida por el BROU, me comuniqué con el señor Tomás Alonzo, directivo de la CND, para que atendiera lo más rápido que pudiera a esta empresa a fin de ver si podía ofrecerle la CND alguna solución alternativa». También el 10 de noviembre de 2005, en la sede penal de 21" Tumo, según el expediente al que tuve acceso, Calloia fue interrogado sobre la asistencia a Vanni y la exclusión del empresario del nuevo proyecto.


«¿En algún momento Ud. planteó concretamente que se daría asistencia financiera a la empresa solo si esta estaba a cargo de una sociedad de los trabajadores excluyendo a Vanni?» «Jamás», respondió Calloia. El 12 de diciembre, en el mismo Juzgado Penal de 21" Turno, el entonces presidente de la CND, Alvaro García, fue citado a dar testimonio de cómo se habían producido los hechos en torno a Impresos Vanni. En la declaración, a la que tuve acceso, confirma que del caso Vanni habló con el titular del banco Femando Calloia personalmente. «Tuve una entrevista con el presidente del BROU, señor Calloia, y con el director de la CND Tomás Alonzo. El presidente del BROU nos pregunta si podemos construir una S.A. referida al tema Vanni, y se le contestó que sí, que la CND puede hacerlo porque la situación era que el Banco entendía que para salvar la unidad productiva se debía constituir un nuevo sujeto de crédito». Se le preguntó quién planteó esa reunión y respondió «el BROU». También se le consultó acerca del planteo concreto o el plan a seguir y afirmó: «el ofrecimiento del armado de la situación era con Vanni arrendador de la planta y de la maquinaria, no participando de la misma». Al finalizar su testimonio fue preguntado más a fondo si el titular del BROU le había puesto, como condición imprescindible para otorgar el dinero necesario, que Vanni no participara de ninguna manera de la sociedad y responde: «En un primer paso, sí. Que la sociedad nueva no tuviera participación de Vanni por no ser sujeto de crédito». También en el Juzgado Penal de 2P' Turno, Calloia fue interrogado sobre la propuesta de formación de una cooperativa por parte de los trabajadores. «¿Existen antecedentes de financiamiento del BROU a cooperativas de trabajadores?», preguntó la sede. «Al respecto, entiendo inconveniente financiamientos de este tipo a las cooperativas de trabajadores, en particular, por las dificultades de gestión que presentan estas cooperativas. Desde que estoy en el directorio no se han concedidofinanciaciones de este tipo». El dirigente Gerardo Sosa recuerda que el titular del BROU empujó para que les dieran el dinero, pero se encontró con resistencias internas dentro de la CND.


«Calloia dio la orden a la CND para que nos dieran la plata, había un director que no quería saber nada, un tal Ricardo Puglia (vicepresidente de la CND). El único que quería hacer algo era Tomás Alonzo. Puglia estaba muy enojado con que Calloia nos hubiera mandado. Pero cuando llegamos ahí la cosa era distinta, nos decían que la plata la tenía que poner el BROU. Por más que Alonzo se interesó nunca pasó nada. Lo más fuerte fue la reunión donde estuvo Curbelo; fue una reunión agresiva, porque se había propuesto que Vanni quedara afuera sí o sí». El dirigente fue más claro sobre el panorama que en ese momento se dibujaba: «Era abandonar ellos, quedamos nosotros y pagarle una renta a Vanni, pero a solas me decían que no le iban a pagar nada, solo le iban a dar para que comiera, algo que me preocupó porque lo estaban matando». El propio Puglia me confirmó, para este trabajo, que fue el presidente del BROU el que le dijo a la CND que hiciera una cooperativa con los obreros para ocuparse de Impresos Vanni. Ubicó la reunión en ANCAP?, no precisó la fecha, donde se estaba hablando del tema Alur y en la que estaba presente. «Le dijo al director Tomás Alonzo: ¿'por qué no se hacen cargo ustedes?, hacen una cooperativa, yo les paso todo'». Agregó que «fue todo un mal tratamiento del BROU. No fue nada profesional como se manejó el asunto. Fue un acaloramiento de ideas políticas», concluyó Puglia. Las causas en la órbita penal contra Calloia fueron archivadas por falta de pruebas, en ese momento. Pero también hubo un juicio, esta vez iniciado por los trabajadores contra Juan Vanni, por entender que, a pesar de estar ocupando la fábrica, correspondía el pago de aguinaldos y vacacionales generados en esas fechas.


Juicio que, más adelante veremos, resultó favorable al empresario. En ese juzgado, el 4 de octubre de 2006, ante la jueza Rita Patrón, Calloia vuelve a negar haber fomentado en los obreros la idea de formar una cooperativa y asegura que mantuvo con ellos solo dos reuniones. «Yo mantuve exclusivamente dos reuniones, una cuando vinieron los trabajadores solicitando financiamiento para la firma, la cual fue respondida, que sin el empresario no se podía hablar de financiamiento. Al día siguiente fue la otra reunión con el empresario, el abogado y algunos trabajadores». En la misma sede judicial, el jerarca sostuvo también ese mismo día: «Nunca más tuve reunión alguna con presencia de Juan José Vanni. Mantuve sí, algunas reuniones de ambulatorio con distintos integrantes, trabajadores de la firma, en distintas oportunidades». Y subrayó: «La primera reunión que mantuve por el tema Impresos Vanni, con cualquier persona, ñte el día previo a la reunión que tuve con Vanni, su abogado y los trabajadores», reunión que ubica en el segundo semestre de 2005, cuando el dirigente Gerardo Sosa y un 99 % de los participantes de ese encuentro la sitúan en mayo de 2005 y luego varios encuentros más hasta la reunión admitida con el empresario. Ante las preguntas del Dr. Guzmán Acosta y Lara sobre la carta de la CND al Parlamento, en la que la corporación admite que fue el titular del BROU el que sugirió el camino a seguir para Impresos Vanni, Calloia sostiene: «No hice esa carta, no la firmé, no tengo por qué saber o recordar su contenido, es absolutamente normal que el BROU no sepa las decisiones que puede tomar la CND; estoy hace un año y medio y nunca me consultó la CND sobre nota alguna que enviara a ningún ente o institución. La CND no está en absoluto obligada a comunicarle al BROU».


El jerarca tomó distancia en esa audiencia de cualquier hecho que lo vinculara con la ocupación de Impresos Vanni. «Desconozco si todos los trabajadores que ocuparon Vanni eran trabajadores o no, desconozco todo respecto a la ocupación y no me corresponde opinar sobre la cantidad de trabajadores que pueden quedar sin empleo en cada una de las empresas que hay en el país y desconozco la situación individual actual de Juan José Vanni». La maduración del juicio El empresario Juan Vanni me confesó que nunca quiso emprender el camino de la justicia con Calloia, pero ante la contundencia de los elementos que iba recabando, según me dijo, aceptó tomar esa decisión. Pero hubo otro factor que lo terminó empujando a seguir ese camino. En el caso del primer juicio, la información fue revelada por el matutino Últimas Noticias el 3 de noviembre de 2005. La denuncia anunciada también abarcaba al directorio de la Corporación Nacional para el Desarrollo. Eran las 8.50 de la mañana de ese día. Vanni encendió su radio portátil en El Espectador y casi devolvió el desayuno que recién había consumido, al escuchar las declaraciones del titular del BROU que, en entrevista con el programa En Perspectiva, brindaba sus primeras reflexiones públicas sobre su reciente denuncia. «Me produce cierta sonrisa la novelización de este hecho», dijo Callóia y señaló que «es un cliente de hace muchos años, al que el banco apoyó en el desarrollo de su actividad en forma muy importante y ha tenido en esa actividad un endeudamiento muy significativo del orden del millón y medio de dólares con el BROU». Continúa relatando que en el año 2004 el empresario tuvo algún problema, por lo cual el banco le concedió una refinanciación a largo plazo de todo su endeudamiento. Agregó que la empresa «ya había hecho una denuncia penal contra un


gerente ejecutivo del banco, buscando algún beneficio financiero mediante ese procedimiento [...] ahora reitera la lógica de conseguir créditos a través de denuncias penales; es un poco triste que sucedan estas cosas en el país». Revisando todos los antecedentes del caso y consultando fuentes judiciales, puedo asegurar que no existe denuncia penal alguna realizada con anterioridad por el empresario a nadie en el BROU; el único denunciado fue Fernando Callóla. El titular del BROU confirma en la entrevista que atendió a los trabajadores, aunque no maneja fechas y revela que Impresos Vanni le solicitaba un millón de dólares de crédito adicional al 1.600.000 dólares que tenía. «Hubo una situación de ocupación de la planta, no sé si usted recuerda, pero llegaron a cortar los accesos [a Montevideo] que me parece que es donde está ubicada. Un tiempo después los trabajadores fueron a hablar conmigo tratando de que el banco viabilizara un financiamiento muy importante para tratar de que la empresa retomara la actividad». «¿De qué orden?», le preguntó el periodista Emiliano Cotelo. «1.000.000 de dólares adicional al 1.600.000 que tiene ahora. Le quiero recordar que es una imprenta... Discutimos las alternativas que se le podían dar a la empresa para que pudiera seguir funcionando. Esa reunión culminó con un pedido de información adicional por mi parte en cuanto a cuál era la situación actual de la empresa -continúa diciendo-. Esa información llegó al banco, se estudió por parte de los encargados del área de empresas, y se entendió que la situación era tan delicada desde el punto de vista financiero que no se justificaba la posibilidad de dar financiamiento adicional». En esta entrevista concedida a El Espectador, el presidente del BROU declara algunas cosas que no condicen con las que tiempo después me declaró para este trabajo, cuando me negó que el nuevo crédito, solicitado por Vanni y rechazado por el BROU, hubiera sido vetado en su administración, atribuyendo el hecho a una solicitud anterior.


También el titular del BROU fue consultado sobre el aliento que dio para que ocuparan Impresos Vanni y reiteró los conceptos que manejó en el juzgado; «Primero, yo no le puedo aconsejar ocupar la empresa a ningún trabajador. En segundo lugar, cuando se reunieron en el Banco República la empresa ya estaba ocupada, cosa que desmiente totalmente ese planteo». «¿Y el consejo de dejar afuera al empresario?», le pregunta el periodista... «El banco no puede aconsejar a los trabajadores constituir una cooperativa, sencillamente porque esa empresa tiene dueño y hay que desplazarlo. No se puede aconsejar constituir una cooperativa si la empresa es una sociedad anónima que tiene accionistas y tiene un directorio. En un Estado de derecho ese tipo de planteos realmente no tiene sentido». Hay un agregado por difamación que el empresario anexó luego de esta entrevista y una ampliación de la denuncia en el Juzgado Penal de 16° Turno en el que Vanni presentó, ante la sede, copia de la entrevista en El Espectador, además de la carta de la CND al senador Saravia. En ese juzgado. Callóia compareció en diciembre de 2007, donde aseguró que en esa entrevista se limitó a «informar el saldo de la deuda, operación activa que por lo tanto está excluida del secreto bancario». Sostuvo que la nota periodística «fue el resultado de una serie de acciones previas, realizadas por el empresario Vanni, donde se acusaba públicamente al BROU de no haberlo asistido y provocado su quiebra. A partir de esas denuncias fui entrevistado por el programa En Perspectiva, donde indiqué que la afirmación de Vanni era incorrecta, ya que la deuda de la empresa con el banco ascendía a 1.600.000 dólares. Por lo que no había ningún ánimo de agredir ni informar ningún hecho respecto a la empresa, salvo aquellos que implicaban la


respuesta a las acusaciones del Sr. Vanni en distintos ámbitos, incluso parlamentarios».

LA CAÍDA Con la oferta de Callóia en la mente, según los trabajadores, el sindicato de Vanni resolvió entrar en estado de asamblea permanente. El dirigente Floravante Macedo relataba cuál era el ánimo después de las reuniones y encuentros con el titular del BROU: «La propuesta de Calloia se informó a la asamblea y obviamente quedó en la cabeza de la gente; algunos no le dieron importancia otros tenían otra visión». Con esos encuentros con el titular del BROU y el fantasma de las dificultades de falta de materia prima, que era cada vez más visible, las medidas no se hicieron esperar. Al poco tiempo llegó la primera ocupación. Fue del 16 al 23 de agosto de 2005 y se logró levantar luego de la firma de un acuerdo entre las partes en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. «Fue una ocupación que terminó en la tarde del temporal del 23 de agosto de 2005; firmamos un acta donde se señala que se pagaban todos los jornales caídos y se establecían compromisos de ambas partes», explicó el contador Colombo. Efectivamente ese 23 de agosto, según consta en el acta del MTSS, se acuerda que si llega a ocurrir algún hecho que amerite una medida más fuerte determinada por los trabajadores, se irá a una tripartita en la sede del ministerio. El acta, a la que pude acceder, en su punto 3 dice textualmente «Ambas partes declaran que ante cualquier situación conflictiva se agotarán todas las vías de diálogo en la comisión tripartita con participación del Ministerio de Trabajo».


Esta acta no se tuvo en cuenta en setiembre de 2005, cuando se ocupó en forma definitiva la empresa. La actividad se reanudó pero el ánimo de los trabajadores siguió siendo el mismo, ya que veían latente la posibilidad de abrirse camino propio con la fábrica de Juan Vanni. Si bien la empresa tenía dificultades, había logrado órdenes de compra por 300.000 dólares, algo que pude ver, con lo que pensaban comprar materia prima. La firma comenzó a solicitar adelantos a los clientes. Vanni no tuvo más remedio que ceder. La materia prima fue ordenada a Brasil y demoraba 90 días en llegar. Para no estar tres meses con los brazos cruzados y bajar costos, la empresa resuelve que por ese lapso era necesario enviar al 70% del personal a seguro de paro con el compromiso de comenzar en 90 días. Así se lo comunican a los trabajadores. «El 70 % no, o todos o ninguno», respondieron los obreros y tomaron la fábrica. La actividad cesó definitivamente el 23 de setiembre de 2005, luego de una «asamblea de trabajadores». El dirigente Floravante Macedo recuerda que esa asamblea se hizo en la noche en que había el menor número de obreros en sus puestos y que contó además con gente que nunca había estado en Impresos Vanni. Al día siguiente Macedo pidió explicaciones y solicitó una nueva asamblea, pero se la negaron una y otra vez. Allí comenzó el desmembramiento del sindicato, que quedó dividido en dos. Un trabajador que prefirió el anonimato me confió que en plena reunión y mostrando su celular, el dirigente Gerardo Sosa decía a viva voz: «Calloia dice que nos da la plata si hacemos una cooperativa, ¿qué esperamos?» A lo que siguieron gritos de júbilo y entonación de


cánticos. Esta versión nunca fue confirmada como tal por Sosa, pero recuerda que comentarios similares existieron por la excitación del momento. El dirigente sí me dijo que el secretario de Callóia lo llamaba a su celular «para pedirle el número de las máquinas», cuando ellos estaban ocupando, algo que sirvió para completar las acciones de remate de la fábrica. «Yo, al igual que 45 compañeros más, decidimos dar un paso al costado y dejar que esto se resolviera entre los compañeros ocupantes y el señor Vanni», me confesó Macedo, que tomó distancia de la medida. Como era de esperarse fue calificado de «carnero», «lambeta de la patronal» y demás adjetivos que adornan la personalidad de cualquiera que se anime a discrepar con una resolución gremial y quiera ejercer el derecho a trabajar, en el acierto o en el error. Sin embargo. Ja posibilidad de hacerse de todo eso bajo el rótulo de «unidad productiva» pesó más. El que ganaba menos en Impresos Vanni recibía entre ocho y nueve mil pesos, a valores del año 2005. Cuando se transformaron en cooperativa no llegaban a cuatro mil pesos y trabajaron solo cinco meses. Pero lo más grave fue que nunca más tuvieron trabajo. Para muchos la aventura no valió la pena y están arrepentidos de lo que pasó, pero ya era tarde. Con las puertas cerradas Con la ocupación, Brasil trabó el envío de la esperada materia prima. Juan Vanni empezó a buscar desesperadamente una salida. Su jugada era conseguir un inversor que les brindara a los obreros la tranquilidad que él no lograba y retomar la actividad rápidamente. Consiguió dos, un argentino y un brasileño. El abogado de Vanni intervino para buscar un acuerdo que le


permitiera al empresario poder entrar en su empresa y mostrarla a esos inversores. Para conseguir que alguien pusiera dinero, algo difícil de concretar, ya que llevar un inversor a mirar una fábrica ocupada no parece ser la mejor postal para que alguien decida confiado poner capital, Vanni proponía una tregua. Se comprometía a no tomar represalias con ningún trabajador que estuviera llevando adelante medidas, no excluir a nadie y que volvieran todos a trabajar a la hora de abrir las puertas. Sin embargo los obreros resolvieron bloquear cualquier intento de ingresar a la fábrica, lo que llevó a Vanni a presentar una acción de amparo. El 28 de diciembre, día de los Inocentes, se celebra un acuerdo en audiencia ante el Juzgado Letrado de Trabajo de 3" Turno, a cargo de la Dra. Ivonne Pirelli. Esta parte de la historia de Impresos Vanni la califico como «momento de locura I». La acción de amparo y el momento de locura I El acta de la audiencia realizada en el Juzgado de Trabajo de 3 Turno señala que las partes acuerdan que los demandados concedían a Vanni 60 días para conseguir un inversor y lograr la materia prima necesaria para viabilizar la empresa; cumplido esto se debería garantizar que todos fueran incorporados. Se permitía, al empresario, libre acceso a la planta sin horarios. Los puntos cuarto y quinto que transcribo textualmente son aquellos donde Vanni acepta la existencia de Copograf, la cooperativa obrera con sus máquinas y, por ende, un paso en falso del empresario en un momento de locura. Artículo cuarto; «Cumplida la condición referida en la cláusula primera por parte de Vanni y puesta en funcionamiento, la cooperativa Copograf cesará su actividad, los cooperativistas pasarán a integrar la planilla de Impresos Vanni manteniendo sus respectivas categorías y remuneraciones».


Artículo quinto: «Los términos de este acuerdo se establecen sin perjuicio del funcionamiento de Copograf en las mismas condiciones previstas de su constitución y hasta el presente». No es lógico que el empresario haya admitido que había una cooperativa trabajando dentro de su fábrica, con sus máquinas, como relato más adelante. El propio Vanni me dio su visión sobre por qué firmó ese acuerdo: «En esa oportunidad fui acompañado por la doctora Lucía Curbelo, la hija del Dr. Curbelo Támaro. Antes de firmar, Lucía llama al papá y tuvieron una discusión. Curbelo no quería que yo firmara este reconocimiento y me alertó, pero su hija me dijo 'papá actúa como penalista'. Lo que yo buscaba era hacerme de la empresa. Por supuesto que para un empresario es una prueba de fuego, yo busqué el camino de entrar a la empresa y ponerme a trabajar lo antes posible». La firma del acta fue utilizada por el tribunal de apelaciones, y la propia SCJ, para desestimar el procesamiento dispuesto por el juez Jorge Díaz a los obreros que usaron las máquinas de Vanni años más tarde. Si bien estaba en discrepancia, el Dr. Curbelo Támaro habló con el asesor de los trabajadores al día siguiente para coordinar una visita y recibió la negativa de este a cumplir con lo acordado, señalando que impugnaría el acta. Vanni se presentó igual en la empresa y no logró ingresar. Según la versión del empresario, los integrantes de su staff de colaboradores fueron acompañados por el abogado y allí les negaron la entrada. Fundamentaron su negativa en que, como Vanni llevaba un portafolio grande, de pronto traía ropa para quedarse adentro. El contador Colombo recuerda que ese día la situación pudo haberse salido de control: «Casi termina como los episodios que luego se dieron en la curtiembre


Naussa: nos esperaron con palos y piedras; si hubiera entrado alguien por la fuerza habría sido un desastre». Vanni se retiró y dio cuenta a la justicia de la situación, que a su vez envió a un alguacil que recibió idéntica respuesta. Luego de ese incidente se labró un acta. Hay por esto una denuncia por desacato ante el juez Bellot, denuncia realizada por la jueza de tumo Ivonne Perelli, no por Vanni, contra los trabajadores. El dirigente Juan Carlos Venturiní negó que no hayan podido ingresar y ofreció otra visión. «Es falso», dijo lacónicamente. «En 2005 Vanni vino con un argentino, pasaron, los acompañamos, le mostró todo, preguntó todo lo que quería saber y nos dijo que si concretaba o no, luego nos llamaba. Después pidió para tener una reunión solo con los trabajadores y nos preguntó cómo era la cosa y le contamos que queríamos trabajar, ganar el laudo y que se respetara la libertad sindical. Nos dijo que iba a averiguar en el BROU el estado de situación y nos avisaba...; no vino nunca más. Después vino con otro y Vanni nos pidió si no podíamos poner en funcionamiento la corrugadora, que es una máquina inmensa, lo que no hicimos porque el costo lo teníamos que pagar nosotros. O sea, es absolutamente falso que algún inversor no haya podido entrar, tenemos 40 testigos de esto, además para nosotros era una solución que viniera un inversor». Vanni y sus asesores me confirmaron que estos ingresos fueron en dos oportunidades y antes de firmar el acta del 28 de diciembre, después nunca más pudieron entrar. UN NACIMIENTO EN LAS SOMBRAS: COPOGRAF Mientras Vanni buscaba inversores y no lograba entrar con ningún interesado a mostrar su fábrica, los trabajadores ya habían iniciado un camino propio. El 7 de octubre de 2005, es decir pocos días después de la ocupación formal de la empresa y con la idea de Callóia como aliciente, según


me admitieron, los trabajadores resolvieron formar una cooperativa y comenzaron a utilizar las máquinas de Vanni en provecho propio; más adelante la llamarían Copograf La planta se había convertido en una imprenta trucha, mientras «legalizaban» la situación. Durante la noche había bailes, colectas, fiestas, y a media tarde partidos de fútbol, para lo que pusieron dos arcos en el jardín de la fábrica, según el testimonio de vecinos de la zona con los que también hablé. Como si fuera poco, hacían fletes con las camionetas de Vanni y hubo un arrendamiento del predio para pastoreo. Uno de los abogados de Vanni se presentó en la fábrica el 17 de abril de 2006 a las 15.10 y no salía de su asombro. Por las dudas sacó su cámara de fotos y lo dejó plasmado para la «posteridad». Había no menos de ocho vacas pastando en el jardín de la fábrica. El Dr. Guzmán Acosta y Lara dejó constancia de lo que acababa de ver y para ello elaboró, adjuntando las fotos, un acta de comprobación, firmada por el escribano Martín Gratadoux ese mismo día. Los comienzos de Copograf El dirigente Richard Ponce se ocupaba de la parte comercial de la naciente cooperativa y fue el responsable de comenzar a hacer los trámites, junto a otros, para el nacimiento de Copograf En el momento, había trabajo en planta, algunos dejados por encargo a Impresos Vanni, otros que estaban pendientes, y la posibilidad de comenzar a cobrar presionaba. Fue así que Ponce puso una solución arriba de la mesa que lo comprometió hasta la médula. «Como había empresas importantes, frigoríficos y otros, mientras hacíamos los trámites legales le pedí las boletas a un amigo que tenía una S.A., Ancoril, y lo metí en un lío de novela, hoy no me habla».


El gentil socio tuvo que pagar, además, una multa de 60 mil pesos, dinero que puso Copograf para salir del entuerto. Ponce confirmó que fueron cuatro o cinco facturas las que se utilizaron. Venturini niega terminantemente que hayan cobrado o facturado con boletas que no frieran de Copograf; sin embargo en el auto de procesamiento de la justicia ese tema aparece muy claro, con las boletas mencionadas. Mientras tanto, los trámites para lograr tener luz propia, teléfono, agua y servicios de Internet en la planta de Vanni, estaban en marcha. El contador Colombo recordó que cuando vieron que se venía la ocupación dejaron de pagar a UTE porque sabían que a los dos meses les cortaban la energía y se terminaba el «negocio», además de temer por incendios dentro de la fábrica. Sin embargo eso no ocurrió y los servicios fueron pasados por la propia UTE a nombre de Copograf. El aval del Estado I Cómo lograron pasar los servicios del Estado a nombre de Copograf, es una pregunta que trasladé a varios de los integrantes de la cooperativa. El dirigente Richard Ponce lo explicó: «Hicimos todos los trámites legales por contactos políticos a través del Frente Amplio, fuimos y logramos contactos en el directorio de UTE, avanzamos en los trámites en otros organismos también». Para el dirigente Juan Carlos Venturini, que el gobierno les haya avalado inscribirse en el BPS, DGI, y también habilitado servicios de UTE, OSE y ANTEL a nombre de una empresa creada con las máquinas de otra, que ellos estaban ocupando y usufructuando, era «lo que tenía que ser». «Una vez que obtuvimos una personería jurídica, a fines de octubre, gestionamos con UTE nuevos contratos de servicios a nombre de Copograf planteando que relanzaríamos la producción y necesitábamos un servicio, no queríamos robar luz. Planteamos las


cosas de la siguiente manera: 'si hay una ocupación no es problema de ustedes, ustedes son los únicos proveedores de servicios de energía y me tienen que dar, si no pago me cortan'. Yo creo que se aceptó porque era una cosa lógica lo que estábamos planteando, fue correctamente aceptado, participó la asesoría jurídica de UTE, hubo un par de reuniones y se acordó todo». También en OSE la situación fue similar, según Venturini. «En OSE nos tuvimos que hacer cargo de la deuda de Vanni: se hicieron contratos nuevos, teléfono también, un número nuevo, y demás», explicó. ¿Cómo funcionaba Copograf y con qué recursos contaba? El dirigente Richard Ponce me aseguró que el objetivo de la cooperativa no era «hacerse millonarios» sino mantenerse atrás de una «olla sindical». «Los clientes nos daban anticipos del 40 % y así comenzamos a marchar». «Facturamos 140 mil dólares en cuatro meses, hoy lo puedo decir, los hice yo, manejé la parte comercial de la cooperativa y fui quien trajo los clientes», recuerda. El Fondo Raúl Sendic y el MPP El Fondo Raúl Sendic fue creado por el MPP, sector mayoritario del Frente Amplio y oficialismo hoy en día. Se fue transformando a lo largo de los años en un elemento importante para prestar dinero a gente que lo necesita. Se alimenta con lo que proviene de todos los cargos que tiene el sector en el gobierno. El actual presidente José Mujica topeó, en la primera administración del Frente Amplio, en 20 mil pesos, unos mil dólares al día de hoy, lo que cobran los jerarcas. El resto hay que volcarlo a dicho fondo. El 27 de mayo de 2006, el suplemento Qué pasa del diario El País publicó un informe especial de la hoy fallecida periodista Marcela Moretti, bajo el título «MPP Bank».


Allí se reveló que hasta esa fecha, es decir a un año y tres meses de instalado el primer gobierno del Frente Amplio, se había reunido medio millón de dólares. Este fondo apoya también proyectos productivos y fue el que colaboró con dos mil dólares con Copograf, la cooperativa creada por los trabajadores. El dinero nunca se devolvió. El aporte del Fondo Raúl Sendic fue confirmado también, entre otros, por el propio dirigente Richard Ponce, que era el tesorero de Copograf y tiene todos los papeles. Ponce explicó que no fue el único aporte. «El Fondo Raúl Sendic nos dio 2 mil dólares, pero también nos dio la Federación de Cooperativas de Producción 5 mil dólares; esa plata se debe toda hoy en día. Yo vi con resistencia que aportara el Fondo Raúl Sendic, porque uno de los que está en el frente sindical del MPP es parte de otra imprenta, que es competencia, y me negué a que entraran a la fábrica, pero el dinero vino», recordó el dirigente. Una reunión en la chacra de Mujica Gerardo Sosa estuvo personalmente en la chacra del ahora presidente José Mujica, pero cuando era ministro de Ganadería. Allí se reunió con su mano derecha para coordinar más financiamiento para la cooperativa. Ese día estaba el propio Mujica y su señora, la senadora Lucía Topolansky, a quienes saludaron, recordó Sosa. El dirigente me relató cómo se produjo ese encuentro en la chacra del actual mandatario. «El referente era Daniel Placeres [hoy gerente de Envidrio, fábrica recuperada por los trabajadores con ayuda de Venezuela]. Con él se hablaba o con Milton Martínez, secretario de Ivonne Passada [diputada del MPP]. Cuando quise reñnanciar la plata que debíamos al Fondo me reuní con Martínez en un bar en la calle Ramón Anador; estaba muy preocupado de que nadie me siguiera», recordó.


El dirigente me confirmó además que el MPP quería meterse dentro de la ocupación, algo que nunca permitieron. Versión que coincide con los dichos de Richard Ponce. Sosa recuerda cómo fue su ingreso a la chacra: «Daniel Placeres vivía ahí, en la chacra, al menos en ese momento. Nosotros podíamos aumentar la producción pero no teníamos con qué, no teníamos materia prima; entonces fui a hablar con él. Yo era militante en Capurro, secretario de Propaganda del comité. Hay gente del MPP a la que conozco de muchos años, muy cercana a Mujica. Cuando ocupamos les dije que necesitábamos el apoyo. Primero ílii a Raúl Sendic de quien fui su chofer, pero me escupió. Fuimos entonces por el lado de Mujica. Este amigo habló con él y por lo que supe el Pepe se molestó, pero nos mandó con Ivonne Passada, quien a su vez nos puso en contacto con su secretario, pero que tiene peso, Milton Martínez». «El día que fui a la chacra para hablar con Placeres estaba Mujica en la puerta, con su señora; me saludaron y pasé al fondo; debajo de un árbol, donde hay una mesita, hablamos. Me dijo que el Fondo Raúl Sendic nos había dado ya 2 mil dólares y que nos daría más si pagábamos lo que debíamos; ahí se podía aumentar la cantidad. Eso fue en febrero de 2006, pero como en marzo vino el procesamiento, ahí se desarmó todo», recordó. El Parlamento El diputado Jorge Pozzi del Nuevo Espacio (Frente Amplio) reconoció en la Comisión de Asuntos Laborales, en dos oportunidades, el 8 de diciembre de 2005 y el 21 de marzo de 2006, que estuvo presente en la fábrica, conoció el proceso que impulsaron los trabajadores y lo elogió, aunque también admitió que los obreros estaban bien atendidos en Impresos Vanni. En 2005 el legislador señalaba, según consta en la versión taquigráfica del Parlamento: «La decisión que han tomado los trabajadores de pasar de la


ocupación a la puesta en marcha de la planta, no como estaba produciendo antes sino a un ritmo menor, pero que por lo menos mantiene la presencia en el mercado y permite que no se pierdan determinados clientes selectos para los que trabaja, posibilita que estén al día con algunas cuentas con el Estado y, además, que se lleven un sueldo por mes, aunque no esté ni cerca del que cobraban cuando trabajaban para Vanni S.A.; es algo que, más allá de cualquier consideración, merece cierto reconocimiento», concluyó el legislador. En 2006 admitió haber estado en la fábrica y también estar al tanto de todo lo que ocurrió. «Estoy al tanto de los hechos desde que se inició el conflicto y se generó la idea de iniciar la experiencia de la cooperativa. Casualmente, me tocó estar presente cuando sucedieron cosas e, inclusive, cuando el señor Vanni estuvo a punto de firmar un documento por el que cedía todo a los trabajadores. En esa oportunidad, solo faltó conseguir un escribano para que el señor Vanni les entregara todo, porque estaba totalmente desnorteado». El legislador continuó diciendo: «Los trabajadores ganaban muy bien. Recuerdo que la primera delegación que vino a verme me comentó acerca de los sueldos que ganaban, del dinero que les daban para la nafta, para la sociedad y la comida que les pagaban. Quedé asombrado con los beneficios que tenían porque estaban fuera de lo normal. Luego, con el transcurso del tiempo, uno va desentrañando cómo son las cosas: es muy fácil pagar bien con la plata de otros; en definitiva, eso era lo que pasaba. Pero cuando los créditos del Banco de la República se cortaron, se cortó la calesita y se terminó la posibilidad de seguir haciendo andar la empresa. Esto hizo que Vanni estuviera medio fuera de control, y desde querer dar la empresa a los trabajadores hasta hacer seguimientos, pasó de todo el año pasado». El admitir en esa comisión que estuvo en su fábrica mereció un comentario de Juan Vanni al respecto. El empresario desmintió al legislador respecto a que el último crédito otorgado por el BRO U fuera en el año 2001, y también que en el 2005, cuando el legislador concurrió y los trabajadores estaban bien pagos, fuera a costa del banco. Impresos Vanni se sostenía «con su


trabajo y no con ayuda del BROU». Pero también dejó plasmada su molestia con la visita de los legisladores a su fábrica cuando esta estaba ocupada. «Póngalo textual, Pintos, porque esto me interesa subrayarlo. Estando la fábrica ocupada entraron a mi empresa estos representantes nacionales. Yo sé hasta dónde llegan mis derechos; esos representantes nacionales que entraron a mi empresa desconocieron mis derechos, nunca me llamaron, yo me pregunto: ¿qué derecho tienen de entrar a una propiedad privada sin comunicarse conmigo?», agregó el empresario. EL ROL DEL MTSS Por qué la cartera de trabajo permaneció en silencio durante todos los episodios que ocurrieron en Impresos Vanni, es una incógnita no muy sencilla de develar. El entonces ministro de Trabajo, Eduardo Bonomi, dijo, el 18 de mayo de 2006 en la Comisión de Asuntos Laborales del Senado, al ser consultado sobre el asunto por el senador Francisco Gallinal, que «no era un problema laboral» lo que ocurría en Impresos Vanni. «Este tema tiene más de un aspecto; cuando se produjo la situación de gestionar la empresa por parte de los trabajadores, nosotros les manifestamos que no lo hicieran porque no correspondía y que deberían seguir buscando una vía de entendimiento con el empresario. A partir de que los trabajadores tomaron esa decisión, dejamos de intervenir en este asunto porque lo consideramos un problema no laboral». La versión taquigráfica que busqué para profijndizar más en este aspecto fue suspendida a pedido del propio ministro, para que no fuera pública su visión sobre Impresos Vanni, aunque más adelante algo deja entrever, cuando se volvió a tomar nota taquigráfica al final de la reunión. «Si se diera un crédito, la empresa no podría afrontar su cumplimiento. Inclusive el propio Presidente de la institución [Fernando Calloia] me


ha dicho que si él asume el tema, seguramente en los mandos medios y en el resto del Directorio no va a encontrar quien lo acompañe. Reitero que él tiene un infonne muy negativo al respecto y es quien puede aclarar el asunto». Según las actas del MTSS, a las que pude acceder, la empresa intentó, desde la ocupación hasta comienzos de 2008, que el Estado, a través de dicha secretaría, tomara cartas en el asunto. Desde el acta de levantamiento de la primera ocupación, el 23 de agosto de 2005, donde se aprecia que la cartera conmina a las partes a reunirse si hay alguna situación conflictiva, el MTSS no intervino más en este tema. El 29 de junio de 2006 la empresa envió una carta, al entonces director nacional de Trabajo Julio Baráibar, haciendo referencia al reciente procesamiento de los trabajadores y solicitando la desocupación de su empresa por este motivo, ya que había dejado de ser un tema penal. Hubo múltiples reuniones de las partes durante 2006 y 2007. En ellas el empresario llegó incluso a plantear asociarse con los ocupantes para poder así volver a ingresar a su empresa, algo que no fue aceptado. El 8 de junio de 2007 Impresos Vanni hizo uno de sus úkimos intentos, después de decenas de acciones fallidas, y presentó ante la sede del MTSS una carta de la industria frigorífica donde señalaban su «alegría de poder contar en breve con los productos de Impresos Vanni y aguardaban su vuelta al mercado». Pero tampoco logró el éxito esperado. El 20 de noviembre de ese año, la cartera convoca a una nueva reunión, esta vez entre la empresa, el Sindicato de Artes Gráficas y el PIT-CNT para buscar una solución consensuada. Vanni se compromete a reincorporar a todos los extrabajadores a la plantilla de la empresa manteniendo categorías y beneficios. Se da cuenta del apoyo de proveedores y clientes y se solicita una gestión política del MTSS ante el BROU para viabilizar una salida respecto al endeudamiento con la institución. Hubo un contacto entre el Ministerio de Trabajo, en la persona del director Julio Baráibar, que el propio exjerarca me confirmó, y el titular


del BROU Fernando Callóla, donde se abordó el tema. «Fernando, acá tenemos otra vez una solicitud de esta gente... yo transmito», le dijo. «¿Y qué dicen los trabajadores?», preguntó Calloia. «La verdad que no están muy de acuerdo...», respondió el entonces jerarca. «Bueno, si la empresa tiene alguna solución para plantear que vengan al banco», le dijo. El 14 de diciembre de 2007 la empresa intentó una reunión con el titular del BROU, fruto de la llamada entre Baráibar y Calloia. Hablaron con el secretario del jerarca Miguel Vilar, que los derivó el 18 de diciembre de ese año a la gerenta de deudas morosas del banco, Silvia García, pero no llegaron a ningún entendimiento. La cartera de Trabajo nunca aceptó explorar caminos tendientes a la desocupación de Impresos Vanni, por dos motivos. En primer lugar, porque siempre consideró que no era un tema laboral. En segundo lugar, porque, cada vez que había una solicitud por parte de la empresa, convocaba a las partes y aseguraba que mientras se estaba en una situación de diálogo no podía ordenar acción en ningún sentido, según recuerdan integrantes de la ex Impresos Vanni. *** Llueve torrencialmente. Es febrero de 2008. Bajo del auto estacionado a pocas cuadras del MTSS. No había llevado paraguas. No tenía muchas opciones, estaba en hora para la entrevista; me sequé un poco como pude y me anuncié. A los 15 minutos y pidiendo disculpas, me abrió las puertas de su despacho el entonces director de Trabajo, Julio Baráibar. Ya habíamos conversado sobre mi interés en conseguir la visión del ministerio sobre los casos que están en el primer capítulo de este libro. La Dirección Nacional de Trabajo es la columna vertebral y el punto neurálgico por donde pasan todos los conflictos. Baráibar fue el


hombre que conoció como anillo al dedo todo lo que en esa materia pasó durante la primera administración del Frente Amplio. «¿Qué pasó con Impresos Vanni, por qué el ministerio no intervino nunca?» Se sonrió y disparó: «¡ ¡solo ese caso es para un libro!!» Baráibar basó su idea de no intervención en el entendido de que el ministerio, luego de la eliminación de los decretos de los años 1966 y 2000, derogación a la que calificó como un error, está impedido de actuar. «El decreto del año 66 era un decreto ilegal, anticonstitucional pero sumamente útil. Por eso vivió larga vida». Agregó que quien mandó derogar esos decretos fue el exministro del Interior José Díaz, a quien calificó de «enemigo de esos decretos». «Díaz era abogado de los sindicatos y enemigo de esos decretos desde su nacimiento. Con el mayor de los respetos pienso que se equivocó al derogarlo sin antes sustituirlo o sin antes comentar al Poder Ejecutivo su intención», expresó. «En el MTSS nos enteramos por la prensa y lógicamente al desaparecer eso, en forma inmediata se generaron ocupaciones». José Díaz, cuya versión sobre este tema está consignada al comienzo de este trabajo, me agregó que «las ocupaciones no se dieron como consecuencia de la derogación de estos decretos». «Las ocupaciones eran fruto de que empezaban a crearse nuevos sindicatos en el país. Había una falta de sindicalización desde la dictadura hasta el gobierno del Frente Amplio. Creció el sindicalismo y los nuevos se apresuraron en la metodología. Empezaban por una medida que debería ser la última; es el riesgo que se tiene cuando se abren los cauces de una sindicalización». Si bien las ocupaciones fueron muchas durante los dos primeros años del gobierno de Vázquez, Díaz recuerda que en el año 1968, con los decretos vigentes, fije cuando hubo mayor número de ocupaciones en el país y gracias a ellas la dictadura empezó a desarrollarse carente


de apoyos. Recordó que la derogación de esos decretos, la ley de razzias y la de humanización del sistema carcelario fueron los motivos del «permanente escrache» al que dice haber sido «sometido» por la «derecha y los grandes medios de comunicación». Luego de la derogación se intentó emparchar la situación con varias iniciativas que generaron resistencia y rechazo. «El MTSS intentó enviar un proyecto de ley que era de justicia pero fije rechazado. Los empresarios, que si bien les servía, no admiten que por ley se reconozca la ocupación como una modalidad de la huelga, no quieren admitirlo en sí, aunque les servía la ley. Los trabajadores por su parte prefieren autorregularse», confesó Baraibar. Al no haber acuerdo, el MTSS sacó un nuevo decreto que, admitió, «también es inconstitucional». El decreto estuvo en «vías de extinci��n» luego del anuncio presidencial de Tabaré Vázquez en la gira por Panamá, Cuba y México, en junio de 2008, cuando afirmó a los empresarios que lo acompañaron que la norma sería derogada, aunque días más tarde impulsó una ley de desocupación. El Decreto 165/06 se terminó aplicando para la desocupación de Impresos Vanni muchos meses más tarde, pero su nacimiento se respaldó en los hechos que allí habían ocurrido. «Gracias al Decreto 165, ahora se dice allí que no pueden los obreros fabricar con las máquinas de un empresario como pasó en Vanni... porque eso... fue una brutalidad, fue el colmo», dijo Baráibar. Una confusa denuncia Los trabajadores fueron denunciados, por el propio Vanni, por utilizar la maquinaria de su empresa, pero él se escuda afirmando que lo hizo por recomendación expresa del entonces director Julio Baráibar.


Sostiene que Baráibar le dijo: «si usted, Vanni, no hace una denuncia contra los trabajadores que están usando su maquinaria, entonces usted es cómplice de ellos». Ante esta reflexión Vanni hizo una denuncia penal en la Jefatura de Policía de Montevideo, sección Delitos Financieros, que dio cuenta de ella a la sede judicial el 24 de noviembre de 2005. El dirigente Richard Ponce expresó su malestar con el accionar del ministerio, en particular con este tema: «Ha sido un desastre, fue Baráibar el que le sugirió Vanni que terminó en nuestro procesamiento; es todo Bicho [ministro Eduardo Bonomi] nunca nos atendió, el atendió fue el subsecretario Jorge Bruni, pero nada... nada».

la denuncia a lamentable, el único que nos no se lograba

Pero no solo Vanni y los trabajadores hablan de esta sugerencia, sino que en su sentencia, el juez Díaz, que procesara a los trabajadores más adelante, también hizo referencia e incluyó una parte de la declaración textual del entonces director de Trabajo. «Yo le manifesté al Sr. Vanni que esa denuncia no se debía hacer en el MTSS y que era la primera vez que se planteaba una situación así, por lo que le dije que consultara a un abogado para ver si hacía una denuncia judicial en cuanto al tema, ya que esa situación el MTSS no la podía amparar». Más adelante agregó: «el MTSS en este problema no podía actuar. Yo declaré que esta situación ya pasaba del derecho laboral al derecho penal y que el dueño de la propiedad debía asesorarse y denunciarlo».

«Mientras la justicia se tomaba sus tiempos Copograf seguía funcionando. Después de cinco meses de realizar trabajos con la maquinaria de Vanni y cobrar sumas importantes de dinero, falló la justicia».


Fallo de la justicia penal: todos procesados Si bien el fallo es extenso en sus argumentos, voy a transcribir algunos conceptos de los más importantes de la sentencia dictada por el doctor Jorge Díaz. El magistrado resume los argumentos que explican su sentencia en que «después de concretada la ocupación y sin que mediara ninguna instancia de negociación, los trabajadores formaron la empresa cooperativa Copograf, con la finalidad de comenzar a explotar la planta industrial ocupada en beneficio propio». Destaca que «la sociedad cooperativa constituida por los ocupantes se integró, por algunos empleados de la empresa-ocupada y otros ajenos a la misma». Confirma las inscripciones y fechas ante DGI, BPS y Registro Público y General de Comercio. Se respalda en la figura contenida en el artículo 351 del Código Penal para procesar a los trabajadores ocupantes por el delito de apropiación indebida. El magistrado dice en la sentencia que «en efecto, los indiciados ocuparon un bien inmueble y tomaron posesión de los bienes muebles que allí se encontraban, en calidad de obreros de la empresa propietaria de los mismos, ejerciendo el derecho constitucional de huelga, y con posterioridad se apropiaron de la maquinaria y vehículos de la empresa, convirtiéndolos en su provecho». La «victoria» para Vanni no fue la esperada, ya que procesaron a los trabajadores, hecho no buscado por él, pero no se ordenó la desocupación de su empresa. El magistrado señala en la sentencia que «los Juzgados Penales de la República son incompetentes por razón de materia para atender dichas pretensiones y solamente pueden disponer la desocupación de un inmueble en forma excepcional, cuando disponen el procesamiento del ocupante por el delito de usurpación (artículo 358 del Código Penal),


diferente al delito de apropiación indebida, [...]» (artículo 351). El segundo hecho relevante que destaca el juez es «la voluntad de explotar en forma permanente la planta ocupada, desplazando a su propietario. donde no solo constituyeron una empresa con esa finalidad sino que la inscribieron en el MEC, DGI y BPS». Para el magistrado eso implica que la explotación no es momentánea sino que tiene la finalidad de perpetuarse hacia el fiituro. También el magistrado subraya que no solo hay integrantes de Impresos Vanni en la cooperativa, sino también otros. Destaca a la exesposa del dirigente sindical Gerardo Sosa, quien nunca estuvo en la plantilla de Vanni pero integraba Copograf y percibía ingresos superiores a los que tenía en su anterior empleo. También a Juan Carlos Venturini, que percibía un salario en el nuevo emprendimiento. Venturini estaba desocupado cuando intervino para ocupar Impresos Vanni. Por todos los motivos expuestos, el juez Díaz señaló que los hechos encuadraban con facilidad en la figura delictiva prevista en el artículo 351 del Código Penal y por ende correspondía que los procesara «por el delito de apropiación indebida». Tres marcharon a prisión por tener ya antecedentes, entre ellos Richard Ponce; los otros fueron procesados sin prisión y volvieron a la fábrica, aunque por un breve lapso sin actividad declarada. El fallo fue apelado y el tribunal de apelaciones opinó en contra del procesamiento; lo que fue apelado por la fiscal, que nuevamente entendió que eran de recibo los argumentos esgrimidos por el juez Díaz. Así llegó a la Suprema Corte de Justicia. La sentencia se hizo esperar. Llegó en junio de 2008. La nueva composición de la Corte hizo que se demorara el caso pero finalmente se expidió rechazando la apelación y dejando firme la resolución del tribunal de apelaciones. ¿Qué caminos quedaban para la desocupación?


Ir por la vía civil, para la desocupación, habría significado tres o cuatro años de extensos trámites, según nos confiaron tanto Vanni como su abogado. Sin embargo, la fábrica estuvo en poder de los trabajadores liderados por Venturini durante dos años y medio. Fallo apelado y momento de locura II Una vez conocido el fallo del juez Díaz, el doctor Jorge Arias, abogado de los trabajadores, señaló a la prensa que la situación no configuraba apropiación indebida. Según Arias «no se incurrió en este delito, porque el propietario autorizó por escrito a utilizar la maquinaria, lo que será utilizado como argumento para la apelación». Venturini dio su visión de por qué no compartió el fallo del juez: «Fue un grave error, el juez tenía elementos que no usó: en primer lugar una declaración pública de Vanni que hizo luego de una asamblea donde dijo que como no había dinero para él en el BROU trabajáramos nosotros; felizmente lo dijo en la comisión del Senado a donde fue también». Efectivamente, Vanni, cuando los trabajadores amenazaron con ir a encadenarse a Casa de Gobierno, les dijo que daba un paso al costado. Nunca imaginó que se lo tomarían al pie de la letra; no obstante, me remito a sus declaraciones en dicha comisión: «Lo que sucede es que el día anterior, en los medios de prensa, en El Observador, se expresa que los muchachos se van a encadenar en Casa de Gobierno; esto se puede verificar perfectamente en la prensa. Entonces, para tranquilizarlos un poco les dije que yo daba un paso al costado. Me pareció que esa medida-otros hablaron de hacer huelga de hambre- no estaba bien, ya que están las familias de por medio. ¿Cómo voy a permitir que se vayan a encadenar a Casa de Gobierno? Elegí ese camino y esa es la verdad».


Mucho más sereno, en marzo de 2008, el propio Vanni recordó el episodio de cuando llegó y vio a algunos diputados en su propiedad «dando manija». «A Dios gracias que no hice lo que se me vino a la mente en ese momento, que era ir a la guantera, agarrar algo y volarles las cabeza a los representantes nacionales que estaban haciendo ese disparate, incitando y dándole para adelante a la barbaridad que estaban haciendo los obreros, entonces les digo... '¡¡sí!!, ¡¡trabajen!!', pego un portazo en el auto y me voy. Y creo que yo omití, en mis declaraciones en el juzgado penal, hablar de los diputados que estaban, porque era una agresión para mi persona encontrarme con representantes nacionales dentro de la fábrica. Yo no entré a las casas de ellos, creo saber hasta dónde llegan mis derechos y ellos tienen que saber dónde empiezan los míos, no tenían derecho a entrar en mi fábrica y alentar al personal». Jorge Wilkins, trabajador de Impresos Vanni, también manejó la versión de que el empresario en un momento de locura les dijo que se hicieran cargo ellos si les daban el dinero, pero aportó un matiz respecto a lo dicho por Venturini y fue el hecho de que el empresario al día siguiente se rectificó. Así lo dijo en la Comisión de Asuntos Laborales de Diputados el 8 de diciembre de 2005: «Estamos hablando de los meses de setiembre y octubre, y la última vez que se presentó en la empresa, cuando estábamos ocupando, nos dijo que no podía más y que nos regalaba la empresa. Esto muestra lo fuera de sí que está. A la mañana siguiente -evidentemente se había arrepentido- nos vino a decir que no nos iba a regalar nada, que había conseguido un inversor y que en 72 horas íbamos a estar trabajando de vuelta». Sobre este punto el empresario Juan Vanni agregó: «¿Que camino tenía, Pintos?... llegué a mi fábrica, había representantes nacionales adentro que no me saludaron; estaban en mi propiedad y ni siquiera hablaron conmigo, ¿qué opciones tenía?... entonces les dije, 'hagan lo que quieran' y me fui. Sentí que era un


atropello, les estaban dando manija legisladores del Frente Amplio en mi fábrica y sin siquiera interesarse en mi visión de los hechos: por eso me calenté y me fui, esa es la verdad, pero nunca con el ánimo de dejarles la fábrica». El segundo argumento al que se aferra Venturini para rechazar el fallo de la justicia, y lo destaca la sentencia del tribunal de apelaciones, es que el 28 de diciembre, cuando se llega a un acuerdo en audiencia ante la Dra. Ivonne Pirelli, juez de Trabajo de 3" Turno, Vanni acepta la existencia de Copograf «Había consentimiento explícito antes y después, no entiendo cómo el juez procesó», dijo. La desocupación que nunca llegó El fallo no confomó a ninguna de las partes. A Vanni, porque reclamaba la desocupación, al PIT-CNT porque, según manifestaron en una conferencia de prensa que hicieron ese mismo día señalando su sorpresa y malestar, «habían procesado a obreros por querer trabajar»; y tampoco satisfizo a los obreros de Vanni. El Dr. Carlos Curbelo Támaro dijo 10 de marzo al ser entrevistado por El Espectador que «el fallo no le daba la razón a su cliente». Explicó que el fallo «lo que hace es mantener el respeto a la vigencia del orden jurídico, y no le dice al empresario 'tiene razón', porque para mí hay una usurpación clarísima y, como consecuencia, debería producirse la desocupación inmediata por la vía de la justicia penal». «Sin embargo no acogieron esa parte de la denuncia, entre otros delitos, como la violencia privada, porque si a usted no lo dejan entrar en SU casa hay una violencia privada y eso es lo que pasa con Vanni», continuó diciendo. «Cuando alguien se apropia de lo ajeno comete un delito por el cual debe ser sancionado»; eso fue lo que pasó acá, dijo el abogado. El fallo, como decía, también ameritó la reacción inmediata del PITCNT, que llamó a una conferencia de prensa rechazando la resolución de la justicia y afirmando que los «trabajadores fueron


procesados por querer trabajar». La central obrera apoyó a los empleados de Vanni basándose en que «usufructuaban las máquinas, no se apoderaban de ellas, porque las mismas no eran propiedad del empresario sino de Banco República» a quien Vanni le debía. El Dr. Curbelo Támaro objetó tajantemente esa lectura al afirmar: • cuando los trabajadores ocuparon la empresa, Vanni no debía ni un solo peso a los empleados, ni a DGI, ni a BPS y estaba pagando puntualmente al BROU, pero cuando le cortan las manos la empresa se cae». «Eso de que ellos son dueños porque Vanni le debe al Estado... le debe como le deben tantas otras empresas, pero la unidad productiva que Vanni creó vale mucho más que eso». Curbelo Támaro reaccionó además agregando que «hay un error gravísimo en los señores sindicalistas y es que el gobierno será de izquierda, pero el sistema es capitalista; el sistema, constitucionalmente hablando, protege la propiedad privada, la acumulación de capitales, las leyes de herencia, la entrada y salida de capitales, etc. Entonces, si este sistema capitalista no les gusta y quieren implantar el colectivismo, muy bien, no por la guerra, que la perdieron, sino por las urnas donde ganaron, que lo hagan. Que postulen una reforma constitucional, nacionalicen los medios de producción y entonces sí, que las empresas, el campo, será todo del Estado o de los trabajadores», afirmó. La divsión de Copograf Con un fallo judicial adverso, procesados y con algunos en la cárcel, los trabajadores hicieron una asamblea donde decidieron no continuar con la producción. Si bien el fallo de la justicia no se los impedía, es bueno resaltar que un nuevo procesamiento habría dejado en la cárcel a todos ellos. «Fue una asamblea magistral, memorable... muy linda, todos hablaron», recordó Venturini, quien votó por la continuidad de los


trabajos pero quedó en minoría. Después vinieron los enfrentamientos personales. El trabajador Richard Ponce fue expulsado de Copograf. Calificó a Venturini de demagogo, ya que, como él estuvo a cargo de la parte contable y Venturini de la política, le hizo una jugada que lo sacó del medio. «Me hizo un juicio político en el PIT-CNT... es un viejo hijo de puta», dijo duramente. Recuerda que Venturni era el encargado de ocupaciones y conflictos del PIT-CNT; estaba en el secretariado y fue enviado a la ocupación de Vanni porque ellos eran inexperientes. Reflexiona y dice: «en la cooperativa un compañero plantea la integración de Venturini [Gerardo Sosa], yo lo voté incluso... si seré boludo, es un tipo que usa muy bien la dialéctica, por eso convence a la gente». «Lo que hizo fue un tablado político, lo expulsaron de todos lados por sus planteos anárquicos, ya es un cadáver político, pero como tiene conocimientos y muchos contactos servía, lo utilizamos para que el proceso fuera más rápido». ¿Cuál fue el problema que los llevó al alejamiento no solo de Sosa sino de Ponce y otros referentes de la ocupación de Copograf? En el caso de Ponce fue un problema de dinero. Venturini acusa a Ponce de haber, literalmente, «robado dinero de Copograf» sin decir nunca nada. Ponce dio otra versión, pero afirmó que un día le dijo al tesorero que tomaría de una cobranza 600 dólares y los reintegraría en breve. «Me sacaban a los gurises del colegio», me confesó. «Después quise pagar y no pude».


Venturini afirma que como nunca apareció el dinero, lo expulsaron. Ponce se siente hoy uno de los más perjudicados porque «por tener antecedentes penales [estuvo 14 días preso], cobré un mes y diez días de seguro de paro» cuando sus compañeros cobraron dos años, gracias a las extensiones que les dio el BPS. El caso de Gerardo Sosa fue diferente. Se apartó de la cooperativa por entender que se había desvirtuado el objetivo de mantener la fiaente laboral y había pasado todo a otro plano, el de apoyar a Venturini para que «jugara al empresario», como lo dijo más de una vez. También hubo hechos que ocurrieron con posterioridad que lo llevaron a dejar la ocupación, entre ellos la aparición, en la fábrica, de la pasta base.

EL PAPEL DEL PIT-CNT El dirigente Richard Ponce recuerda también que en todo el proceso de Copograf el PIT-CNT no los apoyó realmente y tampoco el Sindicato de Artes Gráficas. El respaldo del PIT-CNT no fue más que en expresiones públicas, fundamentalmente luego del procesamiento de los trabajadores, pero no hubo un soporte en acciones concretas. Repasando un poco la prensa y las versiones taquigráficas se encuentra alguna referencia en el Parlamento y algún apoyo mencionado, pero en los hechos nunca pesó. El dirigente Edgardo Oyenart dijo en la Comisión de Asuntos Laborales de Diputados, el 8 de agosto de 2006, que la central obrera respaldaba las actuaciones y también reclamó al gobierno que interviniera en el tema. «Para nosotros, el respaldo que tiene la cooperativa Copograf es muy importante. Aquí no estamos hablando de Vanni, que no puede pagar los cheques sin fondos que tiene en la calle, ni al Banco de la


República, que no consiguió ni un socio ni presentó un solo proyecto que fuera creíble desde el punto de vista de su sustentabilidad en términos de producción y de viabilidad. Aquí el tema de fondo pasa por cuál es el rol que asume el Gobierno y, en definitiva, los distintos niveles de organización del Estado para que una empresa que tiene tecnología de punta, que tiene un mercado concreto, que produce y es viable, pueda desarrollarse con la participación de los trabajadores». A esto agregó: «Es decir que no solamente cuentan con el movimiento sindical, sino que el movimiento cooperativo, en cuanto a la cooperativa de producción, es responsable en el diseño del plan concreto de recuperación de la unidad productiva. Ahora, la resolución es política; la resolución la tiene que tomar el Gobierno en su conjunto. No se plantea donación de ningún tipo; lo que se plantea es que se acuerde con la cooperativa para poder desarrollar la unidad productiva y que, a su vez, el Banco de la República se resarza de esa deuda que fue generada por un empresario, por lo menos, irresponsable». Sin embargo, el dirigente Gerardo Sosa confiaría más adelante, en la misma comisión, pero 20 meses después, que el PIT-CNT les había dicho que por ponerse a producir con las máquinas de Vanni habían «traicionado las tradiciones del movimiento sindical uruguayo». La relación Calloia-Vanni y una acusación grave El empresario Juan Vanni acusa al titular del BROU, Femando Calloia, de haberle solicitado la presentación de una denuncia para poder comenzar un proceso de revisión de la anterior administración del banco y que a eso condicionó el dinero para que él lograra seguir produciendo, «¿Cuál fue el problema real entre Calloia y usted, Vanni?», le pregunté al empresario. «Yo... hay cosas que las puedo decir pero no tengo cómo probarlas, se trató de una conversación entre él y yo», me dijo Vanni, «Le voy a contar porque no tengo por qué ocultarlo a esta altura: Femando [Calloia] me llamó un mes antes de asumir, cuando ya sabía que sería el titular del BROU y me dijo textualmente, que no lo hiciera


asumir con este problema». El problema al que se refería Vanni era el pasaje al Fideicomiso sin explicación que el BROU había hecho por error. Vanni se sorprendió por el pedido de su «amigo» y así lo recordó: «Te lo pido como amigo, hace una denuncia penal por este tema, me viene bien para tomarlo como punto de partida de mi gestión para revisar todo hacia atrás», le dijo textualmente según Vanni. Si bien el envío al Fideicomiso se trató de una irregularidad que dio el puntapié inicial al proceso que terminaría con Impresos Vanni y eso partió de la anterior administración, si Vanni hacía la denuncia le dejaba a Calloia las manos libres para señalar responsabilidades hacia atrás y, por ende, este problema quedaba como un asunto que le era ajeno, según me confiaron allegados al empresario. Vanni entendió que no era lo mejor, porque el banco lo había asistido toda la vida, permitiéndole crecer. El se conformaba con que lo sacaran inmediatamente del Fideicomiso y le permitieran una línea de crédito para poder trabajar. Según el propio Vanni, Calloia insistió una vez más con el punto: «te lo pido como amigo, hace la denuncia y ni bien asuma yo te doy el millón que necesitas, pero no me dejes asumir con este problema». Calloia y Vanni se conocían hacía 20 años, efectivamente, cuando el ahora titular del BROU era el interventor del banco en la industria frigorífica, la misma que le había permitido a Vanni crecer y en la que se movía con comodidad. Vanni se negó nuevamente y Calloia dio por terminada la conversación. Por eso el empresario, en una carta remitida al entonces presidente Tabaré Vázquez en 2007, le señala que la pérdida de su empresa se debe a una «venganza de Callóia». El titular del BROU me confirmó la relación y la llamada, pero difiere en el contenido.


«Nos conocíamos de antes -dijo-, él tenía esa imprenta y como yo trabajé en la industria frigorífica contraté servicios en su empresa y hablaba con él, tenía una relación extremadamente cordial. Obviamente comercial, no sé dónde vive ni si está casado o tiene hijos, pero comercialmente siempre tuve una relación muy cordial con él». «Es correcto que hubo una llamada, pero porque se corrió un rumor en el banco, a fines del año 2004, que un gerente ejecutivo le había pedido una coima de 50 mil dólares para sacar la refinanciación en 2003, es un rumor... bastante cierto; entonces, cuando asumo, como había una observación de parte de la empresa de él hacia un gerente ejecutivo, lo llamé para preguntarle si había concretado alguna denuncia contra un gerente del banco, pero me dijo que no». «Hoy en día está muy mal y como tal está tomando actitudes disparatadas; yo tengo cuatro juicios penales, he ido a todos los juzgados del país con cosas insólitas, como que les pedí que ocuparan, que lo quise desplazar de su empresa y no sé qué cosas más» , dijo lacónicamente sobre el tema. «En el 2005 ¿quién era Callóia, cómo actuaría?, etc., posiblemente nadie supiese, dirían... este es de izquierda quiere desplazar al empresario, debe ser un comunista o tupamaro reblandecido y capaz que la píldora se la tragan; luego contrató a Curbelo Támaro, el abogado del Goyo Álvarez, no es poca cosa, e hizo todo ese escándalo como que acá se estatizarían las empresas. Pasó el tiempo, la gente me conoce, yo no soy partidario de ninguna propuesta de ese tipo», dijo. No obstante Callóia aparece señalado, por extrabajadores de Impresos Vanni y también la propia CND, en relación con el «aliento» a la creación de la cooperativa. El aval del Estado II Copograf finalmente nació, vivió y murió, al menos, con el espíritu con el que había sido concebida. La cooperativa fue inscripta en el Banco de Previsión Social, en la DGI


y ante el Ministerio de Industria también, más allá de UTE, ANTEL y OSE, que fueron servicios que pasaron a su nombre. La inscripción en el Registro Público y General de Comercio se hizo el 19 de octubre de 2005 y se aprobó el 27 de ese mismo mes. El 10 de noviembre se inscribieron en la Dirección General de Impositiva, obteniendo el Rut 215 27 94 50 010, con domicilio constituido en la misma planta ocupada y también en el BPS. Se autorizaron facturas el 11 de noviembre de ese mismo año; constan en DGI con el número 620 50 92 46 21. Juan Vanni llevó una carta, el 29 de junio de 2006, a cada ministerio de los que dependen directa o indirectamente algunas de las empresas del Estado que otorgaron los permisos para que naciera Copograf, y les recordó su situación. «He sido privado de mi empresa, a la que ni siquiera puedo entrar por decisión del sindicato y el apoyo del PIT-CNT representado por el Sr. Venturini, que no es trabajador de mi empresa y sin embargo lidera a los trabajadores en el propósito de despojarme», dice la carta en uno de sus pasajes. Continúa relatando que «el gobierno, a través de todas sus autoridades, a las que he visitado pidiendo la protección de mis derechos frente a los obreros que fueron procesados por la justicia al haberse apropiado indebidamente de mis bienes, no responde al mantenimiento del orden jurídico ni a la protección que merecen mis derechos constitucionales». «He ofrecido las soluciones más amplias para recomponer el grupo de trabajo, retomando a todos sin exclusiones, y hacer funcionar a la empresa, para lo que ya tengo pedidos concretos de trabajo de imprentas por más de 100 mil dólares, pero me encuentro con la negativa de tres o cuatro dirigentes que no quieren trabajar y esperan el remate de las máquinas, sin advertir que será la competencia y no ellos quienes se beneficiarán con la subasta y se logrará el desguace de una unidad productiva [...] Aún piensan que la cooperativa que les aconsejó formar el Sr. Callóia tiene viabilidad, lo que es absurdo,


porque no tienen ni recursos ni clientes ni mercados ni conocimientos para manejar la producción ni la planta». Vanni cierra diciendo que «esto es una actitud del gobierno contradictoria con el 'Uruguay Productivo'» y advierte que el «desamparo del derecho de propiedad de los empresarios aleja categóricamente las posibilidades de inversión de capital que el país necesita». A esta documentación Vanni le adjuntó la carta de la CND y el acta de la Comisión de Asuntos Laborales del Senado del 18 de mayo de 2006. Nadie le respondió jamás.

El juicio por haberes en lo laboral Al ocuparse la empresa, Vanni le ordenó, al contador Colombo, pagar hasta el día de la ocupación; no quería que se debiera un solo jornal. Los trabajadores hicieron sin embargo un juicio al empresario reclamando haberes de salarios, despidos, licencias, horas extras, vacacionales generados y aguinaldo de diciembre. El caso recayó en la jueza Rita Patrón, titular del Juzgado de Trabajo de Turno, que falló el 10 de noviembre de 2006. Esa sentencia, identificada con el número 64, resulta ampliamente favorable al empresario, a quien solo se condena al pago de algunos haberes pero desestimando mayoritariamente el reclamo. Allí, la jueza relata los hechos que llevaron a la empresa a su actual situación y agrega más elementos. En el literal f) la magistrada hace referencia a la cooperativa en los siguientes términos: «la cooperativa Copograf funciona con excelentes resultados y contó con el respaldo del BROU y la CND». Más adelante menciona en su literal g) que «de las reuniones entre el sindicato y el BROU surgió la idea de formar una cooperativa que


desplazara al empresario, a la que sí se le prestaría dinero, y luego se propuso la idea que se le alquilara la planta, todo lo que agravó la situación laboral, lo que desembocó en la ocupación de la planta desde setiembre de 2005 y el funcionamiento de la tan mentada cooperativa desplazando al titular de la empresa, quien no cerró ni despidió a ningún trabajador a esa fecha sino que envió a parte del personal a seguro de desempleo por 2 meses y les abonó todos los rubros salariales pendientes». Continúa diciendo en la sentencia: «empero los actores igualmente continuaron ocupando, cobraron el subsidio y desplazaron a su titular constituyéndose en cooperativa, se apropiaron de mercadería y maquinaria, hecho de notoriedad que determinó el procesamiento de 70 trabajadores en sede penal». Afirma también que «no es cierto que se haya comunicado el cierre de la empresa, solo se comunicó la situación que se estaba viviendo con el BROU y el envío de un grupo de trabajadores al seguro de desempleo por falta de materia prima por dos meses, mientras conseguía insumos necesarios». La jueza menciona como prueba de esto la causal estampada en los formularios enviados al seguro y niega que la empresa mantuviera adeudos salariales a esa fecha. La magistrada afirma que «por lo expuesto es improcedente pretender que se hayan generado salarios a la orden a dicha fecha». Falló condenando parcialmente al empresario Juan Vanni a pagar los haberes correspondientes a licencia y vacacional. Años más tarde, cuando se remató la planta, hubo una condena al empresario a pagar los despidos de los trabajadores, que apeló y logró ganar cuando explicó todo lo que había ocurrido y sostuvo que el cierre no fue buscado por él, sino consecuencia de hechos ajenos a su voluntad. Después del fallo... vuelta al principio Con un fallo judicial penal a su favor, no ciertamente como él habría imaginado -porque lo único que quería era que le devolvieran su empresa-, pero con la fábrica aún ocupada, el empresario resolvió iniciar una nueva arremetida para intentar lograr recuperar su


empresa. El 26 de abril de 2006 Vanni se hizo presente en el lanzamiento del denominado «Uruguay Productivo» que se llevaba a cabo en el Banco Central y pidió la palabra para señalarle al entonces ministro Danilo Astori que debía estudiar su caso. Ese día el gobierno daba a conocer ante los empresarios uno de sus objetivos del quinquenio. Le dejó una carpeta sobre la mesa donde Astori estaba sentado escuchando las consultas de los empresarios. Vanni aprovechó para pedirle que se estudiara «con la seriedad que corresponde» su caso. Astori, visiblemente molesto, no solo no le respondió sino que al finalizar el encuentro se retiró dejando sobre la mesa la carpeta con la documentación. El exministro, y hoy vicepresidente, defendió siempre la gestión de Fernando Calloia en el Banco República, quien además de formar parte de su entonces equipo económico es afín a su sector político. Asamblea Umguay. Dos meses más tarde y ante lo que consideró una ignorancia del gobierno y la justicia, Vanni envió una carta a los empresarios donde afirma estar en «situación de calle». Dice que no ha logrado la desocupación de su empresa y no ha sido escuchado por ninguna autoridad del gobierno. No hubo comentarios de ninguna clase. Desesperado, el empresario intentó llamar la atención del entonces presidente Tabaré Vázquez y se instaló en el mes de diciembre de 2006 frente a la residencia de Suárez y Reyes. El mandatario jamás se acercó. Cuando Vázquez encontró gente en las puertas de la residencia presidencial siempre se interiorizó del problema y actuó directamente. Vanni estuvo cinco días frente a la residencia de Suárez; solo obtuvo


la respuesta de la guardia del presidente que le pidió que se dirigiera al Ministerio de Trabajo. El mea culpa En marzo de 2008 me enteré, por el Dr. Carlos Curbelo Támaro, que Sosa y Ponce querían firmar un acuerdo con Vanni para poder encaminar la situación y lograr que la planta volviera a producir. El documento se firmaría en lo del abogado de Vanni, por lo que me venía como anillo al dedo para tratar de conocer personalmente a Gerardo Sosa. El encuentro se frustró ese día, pero al poco tiempo nos vimos cara a cara. El acuerdo era simple: tres párrafos explicaban que los abajo firmantes, extrabajadores de impresos Vanni y fundadores de Copograf, se comprometían con el empresario a comenzar los trabajos en la planta cuanto antes, reconociendo que habían liderado la ocupación pero que esta se hallaba ahora en manos de una minoría notoria del sindicato cuyos propósitos eran otros, diferentes al mantenimiento de los puestos laborales. El empresario se comprometía a tomar sin exclusiones a todos los extrabajadores que figuraban en plantilla. Para poner en funcionamiento la planta, Vanni adjuntaba cartas de la industria frigorífica donde se ponía de manifiesto que esperaban ansiosos la reapertura de la fábrica. El acuerdo era sencillo, pero había algo que faltaba: por más que estuvieran las firmas, en ese entonces la planta seguía ocupada por Venturini. El párrafo final pedía al Poder Ejecutivo y al Parlamento que implementaran acciones para desocupar la planta. Primero ingresó Richard Ponce al estudio, a quien identifiqué por la voz cuando me saludó. Detrás de él otro más joven, de barba y gorra negra, el tan buscado por mí Gerardo Sosa. ¿Quién es Gerardo Sosa?


No fue fácil hablar con Gerardo; padre de seis hijos, tiene la impronta de un militante de pura cepa y de los duros. De estatura media, usa barba y una gorra negra con la que siempre lo vi. Comenzó su actividad sindical a la salida de la dictadura en la Federación de Estudiantes de Secundaria (FES), militaba en el Liceo Bauza viejo. Fue delegado de la UNTMRA muchos años y militante de comité de base. Se vinculó al Movimiento 26 de Marzo, integró el MLN y el MPP pero sin dejar el 26 de Marzo. Fue chofer de Raúl Sendic, hoy presidente de ANCAP nuevamente, de quien también se siente descreído porque cuando comenzó la ocupación le dijo que «no podía involucrarse ni ayudarlo». Se conocían del barrio, vivían en Capurro, al igual que el diputado y hoy ministro Enrique Pintado. También trabajó y militó con él en el diario La Juventud. A Sendic lo llevó en casi todas las giras por el interior del país y logró reunir con ese movimiento, el 26 de Marzo, casi 30 mil votos, más que importantes para el triunfo del Frente Amplio en 2004 en primera vuelta, evitando el balotaje. Solo hablar con él deja la sensación de que no es cualquier militante: es un hombre que se capacitó mucho para trabajar en la industria gráfica. Hizo cursos que le pagaron los dueños de una empresa llamada Estrón, en Italia, Alemania, Brasil. Entró en Impresos Vanni en 1998. Luego de integrarse al gremio de los gráficos, fundó con Richard Ponce el sindicato y lideró la ocupación de la fábrica, el resto es historia conocida. No solo después de todo lo que pasó, me queda claro que no es de los sindicalistas que aceptarían para nada ser pro patronales. Siempre tuvo una relación distante con Vanni. Una vez recuerda que se invitaron a pelear en el patio de la fábrica. Sosa lideró el sindicato más grande de la industria gráfica, que era Impresos Vanni; recuerda que cuando iban a los actos todos


aclamaban a ese gran movimiento. Para él también este episodio dejó una enseñanza. Se sentó frente a mí, me miró a los ojos y me dijo: «le dije a Richard que estoy dispuesto a hablar. La historia de lo que pasó y pasará tiene que ser contada». No fue fácil, me llevó tiempo lograr que entrara en confianza, que supiera que mi único interés era conocer la verdad y él era el actor principal de todo lo sucedido. Hablamos un poco ese día y algunas dudas me sacó, pero sus confesiones explosivas llegaron tiempo después. Su testimonio fue ordenado en este libro, como ya comprobó y comprobará el lector. Luego de liderar el gremio de Impresos Vanni, fundar Copograf, trabajar con las máquinas del empresario, ser procesado y abandonar la ocupación, Sosa se encontraba ahí, sentado frente a frente con el empresario, el abogado que lo había denunciando y su compañero Richard Ponce, firmando un acuerdo. A Sosa no le gusta que yo diga que estaban aiTepentidos y voy a respetarlo, no porque piense que no lo estaban, sino porque todo va en cómo uno le da sentido a las palabras. Cuando digo «arrepentidos», quiero decir que les vendieron una ilusión, que pensaron que podían tomar los medios de producción y ser empresarios con el apoyo de un gobierno que les brindó todo para ello, pero no concretó luego ese apoyo. Las situaciones que se presentaron alcanzan para escribir un libro solamente de Impresos Vanni, pero se dijo mucha cosa, incluso que Sosa había sido pago por Vanni para armar todo lo que armó, algo que, por cómo se dieron los hechos, se aleja de la realidad. «Estamos desesperados; realmente nos da mucha rabia que Venturini nos haya mentido a todos y quiera jugar al empresario ahora... ¿vos cómo ves todo esto?», me preguntó Sosa a la salida de una segunda reunión en lo de Curbelo Támaro, a donde habían concurrido a repartirse la recolección de firmas.


Les recomendé, sin meterme en el fondo del asunto, ir a hablar con el entonces ministro de Trabajo, Eduardo Bonomi, ya que su cartera tenía de alguna manera que opinar sobre el tema. Allá fueron. Ese día lo encontraron en la puerta, cuando salía del ministerio. «Tenemos que hablar con usted...» le dijeron, cerrándole el paso. «Pidan audiencia muchachos», fue la respuesta de Bonomi. «Entonces vamos a entrar a Impresos Vanni y sacar a patadas a los que están adentro», le dijo Sosa. El jerarca vio la complejidad del tema y los invitó a subir. Según me relataron, el ministro llamó al director Julio Baráibar y analizaron la situación en conjunto. El acuerdo que habían firmado con Vanni les pareció una buena cosa y quedaron en ver cómo salían de ese enredo tan particular, donde los que estaban dentro decían ocupar en defensa de la fuente laboral haciendo uso del derecho de huelga, y los que estaban afuera decían que ellos eran los legítimos ocupantes y que se habían apartado porque los motivos se habían desvirtuado. Sosa y Ponce ya habían puesto sobre aviso al ministro Bonomi de que la situación se podía desmadrar. Así lo reafirmaron en el Parlamento, junto al empresario, el 27 de marzo de 2008. La comisión escuchó atentamente los argumentos de un lado y del otro. El senador Francisco Gallinal fue quien llevó la voz cantante; había tomado conocimiento del acuerdo unas semanas antes y de inmediato solicitó la comparecencia de trabajadores y empresarios para que el Parlamento contara con la información respectiva. Los senadores se comprometieron, cada uno, a buscar una salida. El senador Eduardo Lorier, con quien hablé luego de esa reunión, me confió que hablaría con el PIT-CNT para que mediara en el tema. Pero como las relaciones entre Juan Castillo y Lorier, no eran las mejores, a causa de la pugna por el control del Partido Comunista, nada de esto prosperó. El entonces senador Víctor Vaillant haría lo propio con el gobierno. Todos quedaron contestes en que había que citar con


urgencia al ministro Eduardo Bonomi para que el MTSS resolviera y ordenara la desocupación. En esa instancia quedó claro, a través de las palabras del propio Sosa, que la situación era desesperante, que ellos ya no aguantaban más. A la semana siguiente la comisión fue recibida por el ministro de Trabajo en la sede de la secretaría de Estado. Según el senador Francisco Gallinal, Bonomi «no tenía la menor idea de cómo salir de la situación planteada en Impresos Vanni». Les dijo que haría consultas en la justicia para ver si ella actuaba y le recomendó al abogado del empresario, Curbelo Támaro, que iniciara una acción de amparo, algo a lo que se negó porque ya había existido en el pasado y para él era necesaria una intervención política en el tema, no de la justicia. Venturini, que no había demostrado demasiada preocupación porque creía que nadie podría sacarlo nunca de la imprenta, presentó ante el ministerio también una cantidad similar de firmas para igualar a las de Sosa, lo que enredó aún más las cosas. Según Sosa y Ponce, Venturini obtuvo las firmas bajo presión y amedrentando a los obreros; llamaba la atención que en ambas listas apareciera en algunos casos la misma gente, demostrando que habían firmado dos veces. Después de la comparecencia, Venturini vio afectada su credibilidad y envió una carta al semanario Búsqueda donde sostiene que «nada ha cambiado», salvo que «Sosa ahora se encuentra del lado de Vanni, denostando a sus excompañeros». También afirma allí que está buscando vías de salida para comprar cuando el BROU remate las máquinas, algo que sabía estaba en proceso. Los días pasaban y la tensión aumentaba. Sosa, con quien hablé varias veces, me decía una y otra vez que el tema no terminaría bien, que estaban desesperados, con las familias destruidas y sin trabajo. Me dio un dato interesante que resolví seguir. ¿Cómo era posible, si estaban tan seguros de que nadie ayudaba a Venturini, con lo poco que debían sacar por los trabajos nocturnos que


hacía, que aún permanecieran con servicios como luz y agua? Venturini me había dicho en la entrevista que los ayudaban «los sindicatos», pero unas llamadas me bastaron para confirmar que ese dinero no alcanzaba. Llamé a OSE y hablé con un alto funcionario que me explicó que habían firmado en el año 2006 un acuerdo con Copograf donde refinanciaron todos ios meses que Vanni no había pago por tener la empresa ocupada; eso fue en marzo de ese año. Vanni dejó de pagar el agua en setiembre de 2005 y en marzo del año siguiente se presentaron los trabajadores a regularizar la situación, seis meses en los que tuvieron agua, y el organismo del Estado que la proporciona no la cortó. Ese convenio está firmado por Gerardo Sosa. Sin embargo fue incumplido y en agosto de 2007, con Sosa fuera de la cooperativa, Venturini firmó otro. Allí se comprometía a pagar 1000 pesos por mes; pagó tres meses y no volvió a pagar. No obstante tuvieron agua de noviembre de 2007 hasta mayo de 2008, cinco meses. En UTE nadie quiso dar la cara. No tenían explicación sobre por qué seguían dando luz a una fábrica ocupada que no pagaba por el servicio. Llamé a la presidencia de UTE y me tuvieron varios días sin responder nada. Lo consulté a Curbelo Támaro sobre si él sabía algo. Me dijo que si seguían con luz y sin pagar, en 24 horas le haría una denuncia penal al directorio de UTE. Con esos elementos llamé a UTE y se lo hice saber al directorio para conocer la opinión de algún jerarca. A las dos horas recibí una llamada del asesor del entonces presidente Beño Ruschansky: «Sr Pintos, quería comentarle que UTE resolvió cortar la luz en la fábrica esta misma noche». Con esa noticia dimos la primicia en la radio. Efectivamente esa noche la luz de Impresos Vanni se apagó para siempre. Sin embargo, más allá de esa situación puntual, el Ministerio de Trabajo no ofrecía soluciones y los parlamentarios no tenían


demasiadas armas para poder tomar cartas en el asunto. Sosa me llamó y me informó que serían recibidos por la Comisión de Asuntos Laborales de Diputados, lo que se concretó el 15 de abril de 2008. Allí se refirió puntualmente al acuerdo que habían firmado y para el que reunieron 76 firmas. También puso de manifiesto la desesperación que los rodeaba. Confirmó que Venturini trabajaba por las noches con las máquinas de Vanni y además utilizaba la camioneta de la empresa para los repartos, algo que ya me habían confiado algunas fuentes, pero que no podía afirmar aún porque nadie daba la cara y lo decía. Sosa lo hizo ante los legisladores: «Hay dos camionetas en la planta, una funciona y la otra está rota. A la que funciona se la ha visto salir de la planta con trabajos. Es decir, el señor Venturini, junto con estas personas contratadas, está imprimiendo en su beneficio, por supuesto, sin pagar nada; nosotros, al principio de la ocupación pagábamos la DGI, el BPS, la luz, el agua. Además, logramos todos los contratos». Acto seguido Sosa dejó entrever frente a los legisladores que si no se actuaba ocurriría una desgracia: «Nosotros humildemente queremos pedir al señor ministro que actúe con responsabilidad en este tema, porque es una planta que está en el medio del campo. Ahora se le cortó la luz y está a oscuras. Además, tenemos problemas con la pasta base, y está pegada a Verdisol. Por otra parte, hay movimientos de noche. Adentro hay material valioso, hay muchas computadoras, material diverso que puede ser fácilmente sacado en las noches. Si el ministerio actúa con responsabilidad va a desalojar la planta pronto, antes de que suceda alguna tragedia. Estamos llegando a un punto de desesperación que para nosotros es insoportable». Y agregó: «En este momento, todos los que no estamos de acuerdo con Venturini y que planteamos una salida con el empresario tenemos prohibida la entrada a la planta. Inclusive, si nos acercamos vamos a sufrir algún problema de violencia. Por eso yo sostenía hoy que el ministerio debe actuar con responsabilidad, porque ya se han


generado hechos de violencia, ya que todos vivimos en el mismo barrio. Les explicaba a los señores diputados que todos vivimos en Verdisol y en Millán y Lecocq o sobre la ruta; estamos cruzándonos constantemente y cada vez se genera algún entredicho, que en cualquier momento va a pasar a mayores». Dijo que la ocupación se había convertido en cualquier cosa, incluso en un lugar donde corría la pasta base. «Yo la conocí ahí adentro [a la pasta base]. Nunca había sentido olor a porro. No son cosas caras. Con la venta de las cajas que están haciendo les da para el vino, el porro y para vivir ahí adentro. Lo digo con el dolor del alma, porque son mis compañeros, pero es así, están mucho mejor ahí adentro y pueden estar toda la vida en esa situación. A la mayoría de nosotros no nos toman en ningún trabajo porque somos 'los loquitos de Vanni'. La situación es desesperante». Es 18 de abril de 2008. Después de terminar mi jomada en la radio recibo un llamado al celular; es Sosa, pero no el mismo con el que había logrado una buena relación. Se muestra nervioso, cortante, seco. «Solo quiero decirte que tengas el teléfono prendido en estos días, no te puedo decir más nada», dijo, y me colgó. Detuve el auto y llamé al entonces director de Trabajo, Julio Baráibar, a quien no encontré pero le dejé un mensaje. A las 23.00 horas me llamó. Le expliqué que había recibido un extraño llamado de la gente de Impresos Vanni y que temía que ocurriera una desgracia. Quería cumplir en informar a las autoridades para que evitaran cualquier hecho que luego todos lamentaran. Me agradeció y me dijo que pondría al tanto al Ministerio del Interior. El viernes y sábado trascurrieron sin sorpresas. El domingo, cuando me acosté, estaba inquieto, no quería llamar a Sosa porque no correspondía, habíamos quedado en que él me avisaba y sabía que no me fallaría: si algo pasaba iba a ser el primero en enterarme. A las 2.50 de la madrugada sonó el celular, era un mensaje de texto de


Sosa: «Estamos adentro». Me levanté y para no despertar a nadie en casa me instalé en la cocina para llamarlo inmediatamente. «¡Ustedes están locos! ¿qué hicieron?», le dije a Sosa. «No daba para más, estábamos desesperados, vos bien lo sabías...», me dijo Sosa. «¿Cómo fue?», le pregunté. «Golpeamos la puerta, entramos con linternas y los sacamos para afuera, jugamos con el factor sorpresa, seguro que pensaron que éramos más». «¿Y ahora cómo está la cosa?» «Se ve que se despertaron y se dieron cuenta que estamos nosotros, están tirando piedras y pateando todo... te dejo porque esto se está poniendo feo». Pensé que lo mejor era llamar a Baráibar. Intenté, sin éxito, hacerlo; su celular permanecía apagado, llamé a la entonces ministra del Interior Daisy Tourné, pero en Presidencia me respondieron que no contestaba. A las 3.40 llamé al ministro Bonomi. Lo primero que le dije era que si llamaba a esa hora no era por un tema menor y le relaté la situación. Me agradeció y me consta que se puso a averiguar qué pasaba. Al no encontrar tampoco a la ministra del Interior llamó directamente a la comisaría y habló con el encargado. A los pocos minutos la policía evitó que la situación se saliera de control. Llamé a Sosa y me confirmó que había llegado la policía y que ahora todo estaba más tranquilo. A las 4.15 me llama el Dr. Curbelo Támaro para enterarme del tema. Le habían avisado, de la comisaría, lo que estaba pasando. Me confirmó que la policía pidió por el propietario de la empresa y él había llamado a Vanni para que fuera. Me vestí, pedí un auto a la radio, informé al equipo de En Perspectiva sobre el tema y también a Gonzalo Sobral, gerente de Programación. Acto seguido me fui a la fábrica.


El panorama era desolador: con una fogata se alumbraban Venturini y los suyos, eran 10 en total, aunque Sosa me había confirmado en el trayecto que eran 4, que los otros fueron llegando porque los mandaron buscar. La planta estaba oscura. Adentro Sosa, Ponce y dos más, afuera Venturini y los suyos en el predio de la fábrica. Era la ocupación de una ocupación, y en contra de un tercero; ¡de película! En un auto Fiat estaban Vanni y tres personas más. Llegué, se me acercó Venturini; estaba descalzo y tenía heridas menores en una mano y el cuello. «¿Y a vos, quién te avisó?», me dijo despectivamente. Sin relatar nada le pregunté qué había pasado y me respondió: «cuatro alcahuetes de Vanni entraron en la noche con armas de fuego, nos sacaron a punta de pistola, tiraron tiros, yo me resistí, me golpearon, acá tengo la prueba [mostraba sus heridas], después me robaron la poca plata que hay de la cooperativa, que eran 7500 pesos, y les dije, 'no, eso no'; entonces me dieron con la culata del arma en el cuello y me sacaron para afuera; por eso llamamos a la policía, porque son intrusos. Esto está en coordinación con el patio que está ahí afuera sentado, esperando para entrar a la planta». «¿Cuántos eran ustedes?», le pregunté. «Los que estamos acá afuera, 10 o 12», me respondió. Como desconfié de la versión que me había brindado Venturini, aproveché un descuido suyo para consultar a quien estaba a su lado. «No me queda claro si eran 10 o 12, ¿vos estabas entre ellos?», le pregunté. «Yo era uno de los cuatro que estábamos adentro», me dijo con total inocencia. Si bien la versión sobre armas y disparos me llamó la atención, tenía que confirmar con los que estaban adentro. «Sosa, ¿ustedes entraron armados?», le pregunté cuando lo llamé. «Te juro que no, sí te confieso que el único que se hizo el loco y lo


empujamos para afuera fue Venturini». Con toda la información hice una salida para el programa de Emiliano Cotelo a las 7.00. Impresos Vanni, que había pasado 31 meses en el anonimato porque nadie se ocupaba de informar sobre ella, era, ese día, una vez más, noticia. Los colegas comenzaron a llegar a los pocos minutos al lugar. A l rato más policías, más prensa, más integrantes del SAG (Sindicato de Artes Gráficas), algún legislador, el integrante del PIT-CNT, hoy diputado, Luis Puig, decenas de vecinos y curiosos. Finalmente llegó el juez. Increíblemente, como si fuera producto del azar, fue el mismo Jorge Díaz quien se hizo presente, el magistrado que los había procesado a todos en 2006. Habló con Venturini y los suyos, le pidió a un integrante de la policía que lo acompañara adentro. Así lo hizo y estuvo unos minutos a solas con Sosa. Después se fue y citó a los involucrados para que prestaran declaración al mediodía. «Ustedes tenían el enemigo adentro», bromeó el juez, según me confirmó Sosa cuando lo llamé para ver qué Ies había dicho el magistrado. Ahí me enteré que le habían pedido protección para ir a declarar. Juan Vanni se retiró y regresó a los pocos minutos con comida, pedida como donación al dueño del bar donde había pago fortunas por concepto de almuerzos y cenas en el pasado. Ese hecho fue señalado por Venturini para decir que las pizzas eran la prueba de que estaban todos en coordinación. Sosa me dijo días más tarde que pensó que la comida provenía de una colecta que le habían prometido sus excompañeros, los que habían apoyado con su firma el acuerdo con Vanni. «De haber sabido que era de Vanni no la habría aceptado». Sobre el mediodía, cuando estaba haciendo un infonne para el noticiero, salieron Sosa y dos trabajadores más hacia la sede judicial. Allí fueron insultados hasta que se subieron al auto que los conduciría


hasta el juzgado. La salida de Sosa fue esperable, dado el clima reinante en el exterior: improperios, gritos de 'traidor' y expresiones de algún que otro colega que sin informarse mucho de lo que había pasado preguntaba con insistencia a Sosa cuánto les había pagado el patrón para que hicieran eso. Minutos antes habían partido Venturini y los suyos. Consulté a algunas fuentes de gobierno y me dijeron que el tema había sido analizado en el Consejo de Ministros y que el presidente Tabaré Vázquez había dicho que la fábrica debía ser desocupada y entregada al propietario. El ministro Bonomi tuvo la gentileza de llamarme para avisarme que se había ordenado la desocupación. El director Baráibar me explicó minutos después que había sido una resolución en acuerdo entre el MTSS y el Ministerio de Industria, al amparo del Decreto 165/06. Se había comunicado al Ministerio del Interior y el plazo vencía a las 15 horas del día siguiente. Esa noche la pasaron adentro de la fábrica, Sosa y los suyos; afuera, Venturini y su grupo; la policía, custodiando. AI día siguiente continuaron las actuaciones judiciales y cuando parecía que todo se solucionaría apareció un nuevo elemento. Extrañamente la orden de desocupación llegó al Ministerio del Interior recién al otro día, es decir eí martes 22 de abril de 2008, por lo que la cartera resolvió tomarse a partir de allí las 24 horas correspondientes para el desalojo. El juez Jorge Díaz archivó las actuaciones, porque entendió que no hubo violencia en la contra-ocupación liderada por Sosa y desestimó la utilización de las armas de fuego mencionada por Venturini. Cuando llamé para recabar la opinión de Sosa sobre todo lo que había pasado, el ambiente de los que estaban dentro era de fiesta y alegría.


Creían que estaban cerca de lograr su objetivo, que las cosas habían regresado a su lugar. Podrían así enmendar los errores del pasado. Querían volver a trabajar lo antes posible y hacían planes para ello. A medianoche, sin embargo, me llamaron a mi celular para decirme que alguien había retirado la guardia policial; los tenían rodeados y nadie controlaba a quienes eran liderados por Venturini. No tenía mucho para hacer en su ayuda, pero igual llamé a un asesor de la ministra del Interior, Enrique Rivero, y le informé de la situación. Me consta que se reforzó la guardia, porque una hora después me enviaron un mensaje diciendo que estaba todo más tranquilo. Después de ese mensaje perdí todo contacto con ellos: sus celulares se quedaron sin batería porque no tenían luz y no supe nada más hasta la desocupación. Más tarde entendí la desesperación de Venturini y los suyos. Habían recibido ellos la orden de desocupación pero Sosa y su grupo, no. A l día siguiente declaró en los medios que pensaba resistir y no desocupar pacíficamente. Criticó la resolución de desocupación, dijo que era una barbaridad, pero también fustigó al PIT-CNT que no había ido masivamente a dar su apoyo. LA TENSIÓN DE LA DESOCUPACIÓN El reloj marcó las 15 horas del miércoles 23 de abril de 2008. Las fuerzas de choque se apostaron a una cuadra de Impresos Vanni. El aire se cortaba con cuchillo. La abogada Sandra Colman, representante del empresario, y el Dr. Guzmán Acosta y Lara, se hicieron presentes en el lugar bajo una lluvia de insultos. Venturini hizo un último intento para evitar la desocupación. Anunció que habían presentado una acción de amparo ante la justicia contra la resolución del gobierno de desalojar.


La respuesta llegó a la media hora; había recaído en el juez Pablo Eguren que la desestimó de inmediato. La policía se hizo presente y le comunicó a Sosa que tenían que acatar la orden de desocupación ellos también. «No hay problema, ¿pero de qué orden habla?», le consultó Sosa. «De esa que está ahí», le dijo el oficial mostrándole la puerta a un perplejo Sosa. La policía había pegado la orden de desalojo en la parte exterior de la puerta de la fábrica; ¿cómo la iban a ver los que estaban adentro si no podían salir? «Si no se van ellos primero, nosotros no nos vamos», dijo desafiante Venturini a la policía. Entre conversaciones y negociaciones transcurrieron los siguientes minutos; afuera llegaban camiones y camiones con gente que nada tenía que ver con la fábrica Vanni, como Plenaria y Memoria, los anarquistas, parte de los radicales, algunos integrantes del SAG (Sindicato de Artes Gráficas) y solo dos o tres dirigentes del PIT-CNT, a título personal, dado que la central había resuelto no apoyar ni a unos ni a otros. Finalmente Sosa y los suyos aceptaron dejar la fábrica primero pero bajo fuertes medidas de seguridad.

La salida fue la temida: gritos, insultos, huevazos, botellazos, piedras, intentos por dar vuelta el auto y violencia a más no poder. Incluso le rompieron el parabrisas al vehículo. El auto que conducía a los cuatro «contra-ocupantes» casi cae en manos de la enardecida turba que los esperaba afuera de la planta. Sin el cordón policial que por suerte se hizo, la historia habría sido más lamentable de lo que fue. A la hora ingresaron Venturini y los suyos a sacar sus pertenencias.


Colchones, garrafas, ollas, arroz, yerba, camas, mantas, ropa y demás objetos fueron cargados en un camión. El último que salió fue Venturini, con los ojos llenos de lágrimas que evidenciaban rabia; miró la fábrica y dijo al viento: «la lucha de dos años y medio se perdió en tres días por un puñado de alcahuetes». Todo había terminado. La fábrica había sido desocupada finalmente, pero la historia ameritaba, como no podía ser de otra manera, puntos suspensivos. Aquí sólito, no El Ministerio del Interior tenía dudas respecto a quién entregaba las llaves una vez desocupada la empresa. El tiempo ganado en dilatar el desalojo había sido utilizado para que el BROU se presentara ante la justicia civil y pidiera ser depositario de las llaves. La jueza de 8° Turno en el ámbito civil resolvió aceptar la propuesta y se las otorgó. Un automóvil de BROU con escribanos y abogados llegó al lugar. A la abogada Sandra Colman y el Dr. Guzmán Acosta y Lara, ya presentes, se agregó una escribana del MTSS y un alguacil. Los abogados de Vanni que estaban dentro de la fábrica no permitían que esta fuera totalmente desocupada y al ser los representantes del dueño, por un tema de respeto a la propiedad privada, consideraban que eran merecedores de las llaves, según me informaron. Luego de discutir un rato entre todas las partes, finalmente se aceptó que la fábrica quedara en custodia de los representantes de Vanni. Entonces, se labró un acta entre los abogados del BROU, de Vanni y el alguacil que supervisó todo. Cuando finalmente Vanni volvía a hacerse de las llaves, sonó el teléfono celular de la escribana del MTSS. Intentó sin éxito explicarle la situación al entonces ministro Eduardo Bonomi que, del otro lado del teléfono, en llamas, no comprendía los motivos por los que las llaves quedaban con el dueño. Ese mismo día, en la mañana, en declaraciones en AM Libre, Bono- mi


había señalado que las llaves no se las darían ni a los trabajadores ni al empresario. El ministro pidió hablar con el alguacil, quien le explicó la situación. Los abogados de Vanni también quisieron hablar con Bonomi, pero el ministro rechazó hacerlo por entender que no correspondía, según dijo más tarde. Guzmán Acosta y Lara declaró a la prensa la existencia de esa llamada y afirmó que se estaba violando la separación de poderes. Los abogados temían una movida de última hora. El entonces jefe de Policía de Montevideo se hizo presente en la fábrica, con sus asesores y el comisario de la 23, y le comunicaron, sobre las 22 horas, cuando solo quedaban los abogados de Vanni en el lugar, que habían recibido órdenes directas y verbales «de arriba» para que la empresa quedara en custodia del Ministerio del Interior. Los abogados le explicaron que había un acta firmada de común acuerdo entre el BRO U y los abogados de la imprenta para quedársela ellos, pero recibieron la lacónica respuesta de la policía: «si no salen los tenemos que conducir a la comisaría». Los abogados de Vanni presentaron una denuncia penal, que recayó en el juez Díaz, para que alguien se hiciera responsable de la orden verbal que había retirado de la fábrica a los representantes del dueño. También ante la juez en lo Civil de 8.° Turno recayeron apelaciones y recursos. Finalmente la justicia habló. Entendió que el BRO U era el legítimo depositario por ser el principal acreedor y la fábrica volvió a manos del banco en la tarde del jueves 24 de abril de 2008. En solo cuatro días la imprenta había pasado de las manos de los ocupantes a las de los nuevos ocupantes, luego a las del BROU , a las del propietario, depués a las del Ministerio del Interior y finalmente al BRO U nuevamente.


Una extraña llamada La noche del jueves 24, ya en su casa, Gerardo Sosa llamó directamente al titular del BROU, Femando Calloia, a su celular. Le preguntó qué pasaría y se produjo el siguiente diálogo, según me relató Sosa: «Mira, la fábrica va a remate sí o sí, no hay más vuelta, este tema me tiene cansado...» «¿Por qué cansado?»..., preguntó Sosa a Calloia. «Porque yo he tenido que recorrer los juzgados penales por culpa de la denuncia que me hizo esta gente y por todo lo que dijo». «Pero vos sabes bien cómo fue el tema», interrumpió Sosa. «Sí, pero...». «Vos sabes bien que yo nunca hablé públicamente de todo lo que pasó, nunca hablé con nadie, nunca le dije a nadie todo lo que pasó...» «Este no es un tema para hablar por teléfono», le dijo el titular del BROU a Sosa y finalizó la conversación. Estos dos hombres, jerarca del gobierno y trabajador, sabían, solo ellos, a ciencia cierta, que había pasado mucho más de lo que he podido aportar en este libro y que nadie confiesa todavía. El fin El viernes 22 de febrero de 2008 el Banco República designó como rematador a Vanoli&Brum. La venta se concretó en dos instancias. Primero, en subasta pública, el 17 de junio de 2008, en varios lotes, se remató casi toda la maquinaria por el monto de 400.000 dólares. La segunda parte vino en octubre de 2008, cuando fue rematada la propiedad y adquirida por 1.450.000 dólares por la empresa Caliral S.A. Juan Carlos Venturini estuvo en la fábrica y observó silenciosamente cómo se desguazaba. Quedaron las máquinas que compró al HSBC, que no estaban prendadas debido a que el empresario se había ganado confianza de «los chinos» y le dieron el crédito a sola firma. Uno de los gerentes de la institución financiera señaló que le habían preguntado de China por


qué no habían recibido un solo peso, y nos dijo textualmente: «Primero estuve meses para poder informar de la situación porque sinceramente no sabía cómo explicarles lo que estaba sucediendo en Impresos Vanni, hoy ellos tampoco lo creen». El fin fue letal, la empresa fue lisa y llanamente liquidada. El préstamo del Bandes soñado por Venturini nunca llegó y tampoco la ayuda del BROU. El propio titular del banco. Femando Calloia, cuando lo consulté sobre esta posibilidad me señaló: «De acá no van a obtener un peso», a lo que agregó en tono jocoso: «estarán esperado la bendición para la empresa chavista». El fallo que faltaba... la SCJ El 13 de junio de 2008 la mayoría de los ministros de la Suprema Corte de Justicia avaló el fallo del tribunal de apelaciones y con ello liberaron del procesamiento a los obreros de Vanni, a quienes el juez Jorge Díaz había procesado por entender que utilizaron, en provecho propio, maquinaria de una empresa privada. En una extensa resolución, la SCJ entiende que fije correcta su conducta. La abogada de Coprograf, Magela Larrea, dijo al matutino La República que «los trabajadores podrían haber seguido gestionando la empresa de forma solvente, tal como lo hicieron durante cuatro meses, y seguramente las fuentes laborales se hubiesen mantenido». Con las máquinas y la fábrica rematadas, ahora los abogados de Juan Vanni presentarán una denuncia contra el Estado por lo sucedido. Las situación de los protagonistas de Impresos Vanni merece una última puesta a punto. Gerardo Sosa y Richard Ponce no la tuvieron ni la tienen fácil. Sosa consiguió trabajo en un taxi, pero en todas las paradas le pintaron carteles con su foto por «rompe huelga». Lo terminaron despidiendo porque nadie le subía al vehículo. Trabajó «de


clandestino» donde pudo, luego de haberse sacado la barba. Recién en 2010 volvió a conseguir un buen trabajo. Ponce no se la llevó de arriba tampoco. Le pintaron todo el barrio con insultos y lo despidieron de una imprenta menor, donde había encontrado trabajo, porque el gremio le hizo un paro a la empresa hasta que no lo dieran de baja. Hoy se fue del país e intenta volver al mundo del trabajo en Buenos Aires. Los dos fueron expulsados del SAG, Sindicato de Artes Gráficas, que también expulsó a Venturini. El mismo Venturini por el que fueron a pelear a la puerta de Impresos Vanni y en quien creían. Juan Vanni sigue en situación compleja. Sin trabajo, viviendo en el apartamento de un amigo desde hace casi siete años. Lo que más lamenta, más allá de su situación y de todo lo que vivió, es el manto de dudas que se lanzó sobre su persona. Cuando uno pregunta a cualquier empresario sobre el caso de Impresos Vanni, muchos reflexionan que en algún punto Vanni la macaneó o hizo algo indebido. Pero él nunca bajó los brazos. Hasta el día de hoy entiende que fue despojado de su empresa y golpeó varias puertas buscando que el gobierno, con todo lo que le ocurrió, le conceda alguna ayuda a través de la CND o el BROU para poder empezar con su emprendimiento nuevamente. Pero no recibió nunca respuesta. Sigue en la penosa lucha de tener el peor «trabajo» que se puede tener: buscar trabajo. En noviembre de 2008 recibió del Juzgado de Trabajo de 14.° turno la noticia de que el juez Tabaré Hackenbruch lo había condenado a pagar los despidos de los obreros de su fábrica ocupada, porque se había terminado el seguro de paro. Algo que ameritaría averiguar, ¿porque cómo el BPS pagó seguros de paro con ocupación de fábrica? El fallo fue revertido en segunda instancia a favor de Impresos Vanni. Durante 2009 le envió una carta al entonces secretario de la Presidencia, Miguel Toma, quien inició un expediente interno


requiriendo información al BROU. Estuvo en junio y julio en las comisiones de Legislación de ambas cámaras del Parlamento intentando encontrar ayuda para volver a la actividad. En agosto de ese año se reunió con monseñor Nicolás Cotugno, a efectos de pedirle la intervención de la Iglesia respecto a los inversionistas que habían colocado esos «ahorritos» de los que habló y ahora, ante la imposibilidad de recuperar nada, estaban falleciendo. En setiembre de ese año le envió una carta al entonces presidente Tabaré Vázquez, pero no recibió respuesta. Ese mismo mes pidió una audiencia ante la Comisión de DDHH de la Cámara de Diputados que respondió afirmativamente primero y luego se negó a recibirlo. Entregó cartas al presidente del FA, Jorge Brovetto y de ANCA?, Raúl Sendic, denunciando la situación. En 2010 se reunió con el embajador alemán en Uruguay, destacado importador de tecnología de origen y asistente a ferias internacionales en ese rubro. En julio de 2010 le hizo llegar directamente al vicepresidente Danilo Astori una nueva carpeta con su caso. Ese mismo mes envió al ministro Fernando Lorenzo una carta solicitándole gestiones para un préstamo que le permitiera volver a trabajar; el jerarca le respondió que no podía considerar el tema con las referencias históricas y adjuntos que había proporcionado Vanni. Tocó la puerta del ministro de Industria Roberto Kreimerman para informarlo de la situación. Concurrió además nuevamente a la Comisión de Legislación del Trabajo y en enero de 2011 envió una carta abierta a las autoridades públicas y la prensa.


En febrero empezó a subir material a Facebook, Twitter y Youtube, rara dejar constancia de los años que lleva en esa situación. Al empresario también le tocó En agosto de 2005, antes de la primera ocupación, Vanni estaba renovando documentos (títulos, valores,etc.) con proveedores y personas que tenían colocaciones en su empresa, atento al buen relacionamiento que existía con los mismos, y ante la negativa del BRO U del otorgamiento de las líneas de capital de giro solicitadas en el mes de mayo de 2005. Tan es así, que Impresos Vanni S.A. no se presentó a moratoria judicial de especie alguna; a pesar de que el presidente del BROU , en la reunión de agosto del 2005, le sugiere al empresario que se presente a un concordato. Ningún acreedor solicitó la quiebra de la empresa. El empresario tenía librados cheques y cuando su fábrica fue ocupada se vio impedido de cubrirlos. Fue así que la justicia lo procesó por libramiento de un cheque de 5.000 dólares sin fondos, resolución que tomó el Dr. Alejandro Guido, titular del Juzgado Penal de 20.° Turno el 29 de abril de 2010, aunque el procesamiento fue sin prisión. El 3 de noviembre de 2011, la Oficina Central de Ejecución de Sentencias Penales confirma el «Cierre de Causa al Director Nacional de Policía Técnica». Dice que: «ante el sobreseimiento a solicitud del Ministerio Público y al no mediar denuncia de la parte ofendida se dio por clausurado el proceso, prescribió la pena, el delito y hoy en día se está ante la extinción de la pena y el delito». El caso Vanni fue el más largo de toda mi investigación. Sigo sin dar crédito a todo lo que pasó. A casi siete años de haber comenzado todo, al final, mi única reflexión es una pregunta que dejo en el tintero: ¿Valió la pena la aventura de los trabajadores?



Capítulo III La caída de la principal imprenta del país, IMPRESOS VANNI s.a. /pág 49