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758_Español

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JOCABED,

UNA MADRE PARA LA CRISIS “Un varón de la familia de Leví fue y tomó por mujer a una hija de Leví, la que concibió y dio a luz un hijo; y viéndole que era hermoso, le tuvo escondido tres meses. Pero no pudiendo ocultarle más tiempo, tomó una arquilla de juncos… y lo puso en un carrizal a la orilla del río…” Éxodo 2:1-10. Rev. Alberto Ortega

Moisés, uno de los líderes más sobresalientes de la nación judía, vino a la existencia por medio de unos padres que amaban y obedecían a Dios de todo corazón. Vemos a Satanás operando a través de Faraón, rey de Egipto, para la destrucción de los niños judíos (Ex. 1:22). Pero ciertos padres decidieron no dejarse vencer por aquel edicto real (Ex. 2:1-2). Esta decisión salvó la vida de Moisés, el cual llegó a ejercer uno de los ministerios más extraordinarios. Moisés doblegó el poderío de Egipto. Pero, ¿cómo llegó a cumplirse todo esto? ¡Por la entrega que Jocabed, su madre, hizo de él!

LA ENTREGA A LA FE “Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey” (He. 11:23). Dios les impartió fe, y aunque había un edicto de Faraón que les exigía entregaran su hijo a la muerte, ellos decidieron esconderlo; desafiaron aquella intimidación, cuando muchos otros dejaron que les arrebataran a sus hijos. Y aunque estaban corriendo peligro de muerte, se pusieron con su bebé en las manos del Dios vivo. Dios está interesado en nuestros hijos, en nuestra familia. No debemos dejar en las manos de Satanás a nuestros hijos, la fe en Dios vence al mundo y sus poderes (1 Jn. 5:5). LA ENTREGA DE LOS SENTIMIENTOS Jocabed tuvo que entregar sus sentimientos de madre a los pies del Señor, la Escritura dice: “Pero no pudiendo ocultarle más tiempo…” (Ex. 2:3). Llegó el momento que no podía hacer más por aquel niño; sus sentimientos estarían desgarrando todos los días su corazón de madre, pero ella entendió que sus sentimientos no podían salvar a aquel hijo; los sentimientos no tienen la capacidad de resolver los conflictos, las dificultades. ¿Puede una madre tener un hijo y aun después de tres meses no darle nombre? El nombre de Moisés, “sacado de las aguas”, no le fue dado por Jocabed, sino por la hija de Faraón. Cuán terrible debe ser esto para una madre. ¿Cómo logró soportarlo? Entregando sus sentimientos en las manos del Señor, dejar que fuera Dios quien decidiera por ella. MISIONERO MUNDIAL 42 MOVIMIENTO América • Europa • Oceanía • África • Asia

LA ENTREGA A LAS AGUAS “Tomó una arquilla de juncos y la calafateó con asfalto y brea, y colocó en ella al niño y lo puso en un carrizal a la orilla del río” (Ex. 2:3). Jocabed se aseguró de que aquello sobre lo cual entregaba a su hijo a las aguas fuera adecuado, resistente a las aguas del Nilo. Nuestros hijos tienen que hacer frente a unas aguas impetuosas en las escuelas, universidades, compañías; están rodeados de un ambiente decadente y agresivo contra todo concepto moral. ¿Estamos usando lo que puede vencer ese río impetuoso y contaminado? Jocabed fue cuidadosa en la elección del junco y en la aplicación de la brea y de la resina para la arquilla; no quería que las aguas se filtraran en el lecho de su hijo y acabara ahogándose. Entregó al río Nilo a un niño condenado a muerte por el decreto del rey, pero por la fe lo puso en las manos de Dios, para que guiara aquella arquilla. El río estaba plagado de cocodrilos hambrientos, pero Dios no permitió que aquellas fieras atacaran la diminuta embarcación. La mano poderosa de Dios iba llevando al niño hacia la hija de Faraón. ¿Qué mejor lugar que la casa de Faraón, quien había condenado a Moisés? No había en todo Egipto un lugar más seguro que ese. Moisés pasó de estar bajo la amenaza de muerte a la protección regia. ¿Quién se atrevería a matar en el palacio del rey al protegido de Faraón? Dios tocó el corazón de la hija de Faraón para que se lo entregara de nuevo a la madre sin tan siquiera saberlo (Éx. 2:7-9). María, la hermana de Moisés, volvió a casa para pedirle a Jocabed que fuera al palacio a recoger a Moisés para criarlo; además de esta bendición, recibió una paga del fondo del gobierno egipcio para criar a su propio hijo. “Y cuando el niño creció, ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo prohijó, y le puso por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué” (Ex. 2:10). Jocabed había tenido aquel hijo en sus brazos unos años más; sin embargo, cuando llegó la hora, tuvo que entregarlo por segunda vez. Esta es otra clave hermosa: tuvo que renovar la entrega cuando el niño creció. Jocabed tuvo que sacrificar de nuevo sus sentimientos, su amor de madre para que los propósitos de Dios se cumplieran con su hijo y la nación de Israel. La elección era dura, pero ¿qué era mejor, un hijo vivo en otras manos o un hijo muerto en las suyas? Es en el proceso de la entrega, del sufrimiento, que nacen las grandes liberaciones; todo un pueblo esclavizado estaba recibiendo liberación por medio de una madre que supo renovar su entrega. Jocabed entregó al río a un niño condenado, un instrumento escogido por Dios, y este le entregó a Israel un libertador. ¡Cuán grandes cosas produce la entrega a Dios!


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