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INVESTIGACIÓN

DISEÑO EDITORIAL

CRÍTICA

CINE CARRETAS El cuarto oscuro del franquismo

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IGNACIO INCERA REXACH

la catedral

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Durante el franquismo surgió en la sala del cine Carretas un conocido cuarto oscuro, un secreto a voces: la Catedral. Muchos hombres homosexuales encontraron allí una zona de protección.

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JULIO 2019


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la catedral

Investigación y diseño de Ignacio Incera. Proyecto personal desarrollado durante julio y agosto de 2019.

Imprime Copy 5, S.A. en Madrid. Se prohibe la reproducción total y/o parcial del contenido sin autorización. Papel reciclado. ©Ignacio Incera


la catedral IGNACIO INCERA REXACH JULIO 2019


Editorial

Apunte: Aquí se habla del cine Carretas y de las prácticas desarrolladas por hombres homosexuales que allí acudieron. No se pretende excluir a las mujeres homosexuales ni a las otras realidades presentes en el colectivo LGTBIQ+ (que el rechazo social ni siquiera tenía en cuenta por aquel entonces). Fueron hombres gais los que frecuentaron aquel lugar por eso son ellos los protagonistas de este texto.


Es cierto que hoy, en 2019, hablando de derechos conseguidos por el colectivo LGTBIQ+ en España, nos encontramos bastante mejor que durante el franquismo pero aún quedan motivos por los que luchar y personas a las que educar. Porque hay personas cuya homofobia está tan arraigada en su planteamiento racional y son tan inconscientes de las realidades que hay alejadas de la suya que ni siquiera saben que su discurso está lleno de rechazo. Por tanto creen que lo que dicen es correcto. Es difícil reeducar a alguien que no es consciente de su problema y explicarle que más allá de su entorno homófobo hay diversidad que merece el mismo respeto y las mismas oportunidades que un hombre blanco cisgénero heterosexual. En el siglo XXI la democracia, la libertad y la diversidad no deberían ser cuestionadas. Pero cualquiera informado de la actualidad habrá visto el intento de la derecha antiprogresista de recuperar terreno. Por eso sigue siendo necesario el últimamente vapuleado Orgullo. Este, no se llama orgullo por casualidad y los derechos que muchos

disfrutamos hoy han sido luchados y peleados en la calle desde hace décadas. No debemos olvidar que el Orgullo es una protesta que va contra el odio y la represión, no una mera fiesta. También debemos recordar la opresión sufrida durante tiempos recientes para tener en cuenta que no siempre hemos disfrutado de la actual libertad, pues nos arriesgamos a acomodarnos en ella hasta el punto de no valorar la lucha que otros han llevado a cabo por nosotros. Para continuar con las libertades que tenemos pero que no siempre tuvimos, hay que analizar los cimientos sobre los que estas se construyeron, los motivos de la lucha y las dificultades durante la misma. Con ese propósito surge este texto que quiere rememorar una historia de sufrimiento y represión y recordar cuando los hombres homosexuales tenían que esconderse para encontrar cierta libertad e intimidad, aunque fuera en la oscuridad de la sala de un cine y no para ver películas.


C I NE CAR RE TAS


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Índice

1 Por qué me interesa 2 Historia de la sala 3 Funcionamiento de la Catedral 4 El éxito como cuarto oscuro 5 Delincuencia y últimos tiempos Conclusiones Referencias


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1.

POR QUÉ ME INTERESA

Conversaba con alguien de lo mucho que me gusta ir al Cine Ideal, cerca de la plaza de Jacinto Benavente en Madrid, para ver películas en versión original, cuando mi interlocutor me contó que esa sala había sido lugar de cruising. ¿Cruising? ¿En un cine? Yo había estado allí muchas veces y nunca había visto nada. Cuando busqué un poco más sobre aquella historia en internet, lo

primero que encontré para mi sorpresa, fue un artículo publicado en 1986 que hablaba de otra sala y de lo que allí pasaba, lo relataba sin cortapisas: el Cine Carretas, situado en la calle homónima, era lugar de todo tipo de aventuras sexuales gais. Al parecer nadie veía películas allí dentro. Cine Carretas: funcionaba como más que un espacio de sexo gay, era la Catedral del morbo homosexual.


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Cuando comencé a indagar un poco más descubrí que aquel funcionamiento como escenario de breves encuentros sexuales se había estado produciendo desde los años 60 hasta los 90, ¡incluso en tiempos de la dictadura franquista! Cómo había sido aquello posible. Pues así: en un tiempo que los homosexuales sufrían represión, muchos hombres gais buscaron formas de mantener relaciones sexuales ocultándose.

A escondidas comenzaron a ir a lugares públicos en los que sabían encontrarían cierta intimidad: aliviaderos, espacios en los que conseguir satisfacer sus deseos íntimos con desconocidos. Pero en el interior de la oscuridad del cine Carretas se fue fraguando más que un cuarto oscuro. Aquello era todo un submundo, una zona sin ley, una parcela de libertad con su propio funcionamiento y sus propios códigos. Los hombres se restregaban la rodilla como saludo y caminaban por el pasillo con los pantalones por los tobillos, alerta ante el peligro de ser detenidos en cualquier momento. En ese tiempo las acciones recognoscibles como propias de los invertidos eran perseguidas. Además la presión social era

Exterior cine Carretas

Pero en el cine Carretas se fue fraguando más que un cuarto oscuro: una zona de libertad con su propio funcionamiento.


Por qué me interesa

demasiado fuerte pues los homosexuales eran presentados en los medios como criminales y tipos peligrosos. La prohibición franquista de actos gais forzaba a los homosexuales a alejarse del hogar y esconderse, por lo tanto a fornicar a escondidas en condiciones insalubres por no poder llevar a casa a alguien; a tener sexo con cualquiera al no poder hablarlo libremente y al no poder establecer una pareja. Al ser un tugurio en el que reinaba la anarquía, la delincuencia se acabó apoderando del lugar.

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2.

HISTORIA DE LA SALA 1876

En 1876 se instala en la calle Espoz y Mina, con el paradójico nombre de Bazar X, un amplio negocio en el que numerosos comerciantes pueden exponer su mercancía. El Bazar es tan exitoso que deciden abrir otra entrada en la Calle Carretas.

Superior izda.: Vista general. Bazar X (s.f) Superior dcha.: Vista parcial del Bazar (1915)

Imágenes inferiores: obras de remodelación para construir el cine X (1935)

1935 g


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1935 Ya en 1935 se inaugura el Cine Carretas con la proyección en sesión continua de dos películas desde las 10 de la mañana hasta las 2 o 3 de la madrugada.

Años 70 Durante los años 70, en pleno apogeo como cuarto oscuro del franquismo, su clientela era tan abundante que llegó a ser la sala con mayor éxito de toda España, batiendo récords.


Historia de la sala

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Años 80 En los años 80, la droga cambia el panorama de la juventud de España y de la sala. El sida recuerda los peligros de las ETS.

Captura de la película Navajeros (1980) de Eloy de la Iglesia, en las que se muestra la delincuencia presente en torno al cine

1995 El 2 de julio de 1995 se proyecta la última sesión y la sala cierra tras su declive. Estuvo 60 años en funcionamiento como cine y unos 20 años como cuarto oscuro.


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3.

FUNCIONAMIENTO DE LA CATEDRAL Debido a su situación céntrica en la capital y sus proyecciones continuadas, el cine Carretas fue escenario de muchos encuentros sexuales. Era una sala no muy grande, con butacas de terciopelo rojo. Siempre estaba a oscuras, ni siquiera en los descansos se encendían las luces, lo que facilitaba la discreción de los encuentros. La luz hubiera sido muy impertinente para los menesteres a los que la mayoría de los visitantes de la sala se prestaban. Había ruido de fondo permanente, pues nadie veía la película. Tras comprar la entrada, el acomodador te sentaba en las filas laterales. Después echabas un ojo y te desplazabas dónde quisieras. En las filas delanteras estaban situadas las prostitutas y pajilleras, en las centrales los chaperos y en la última fila estaba la lavadora, que te practicaba una felación bautismal al entrar. Cuando empezabas a entender, acudías a la Catedral a confirmarte, de ahí su caprichoso sobrenombre. Para más imaginería eclesiástica, el sonido de campanas avisaba de los fines de los descansos. Si alguien se sentaba a tu lado y te restregaba la pierna con la suya es que tenía interés en ti. Si te mostrabas receptivo: podíais empezar la fiesta en una muy relativa intimidad. Si no, él se marchaba a buscar suerte en otra butaca. Y así continuamente.

La mayor parte de los que visitaban aquel lugar buscaban resolver su calentón con encuentros fugaces. Estas prácticas tan ostensibles eran indudablemente conocidas por el personal de la sala que hacía la vista gorda para mantener el negocio. Aun así, a veces, un acomodador alumbraba con su linterna a una pareja para delatarla durante su comportamiento inapropiado. Sacaba de la sala a los indecorosos y les amenazaba con denunciarles mientras los demás continuaban con la ceremonia en la oscuridad. Se trataba de una completa pantomima para que la clientela no se desmadrara en exceso. Cada poco tiempo se repetía la situación y el chivo expiatorio pagaba por los pecados de todo el público.


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LA SAL A

En las filas delanteras estaban situadas las prostitutas y pajilleras, en las centrales los chaperos y en la Ăşltima fila estaba la lavadora, que te practicaba una felaciĂłn bautismal al entrar.


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Planta de butacas


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4. EL ÉXITO DEL CINE COMO CUARTO OSCURO En los años 60 y 70, España dejó de vivir solo de la agricultura y las ciudades experimentaron un gran crecimiento. El aumento de trabajo en sectores como la industria, el sector servicios y la administración consiguió que la clase media aumentara y gozara de más libertad que las inferiores. Durante la dictadura Franquista, en las grandes ciudades, los hombres homosexuales no tenían igualdad de oportunidades para entregarse a los escarceos con otros chicos al depender de sus posibilidades económicas. Las zonas rurales eran otro mundo pero en la ciudad un hombre con más facilidades podía permitirse una segunda residencia a la que llevar a sus amantes o incluso viajar a otro país para allí satisfacer sus apetencias sexuales. No ocurría los mismo con el resto de hombres que no podían acceder a tales lujos; se veían forzados a recurrir a los aliviaderos. La sala del cine Carretas se convirtió en

uno de esos espacios para la clase media. Cada vez más homosexuales asistían con el único fin de desahogarse. Así, la clientela aumentó llegando a convertirla en la sala con mayor clientela de España durante dos años consecutivos. El éxito fue tal que incluso en las calles adyacentes fueron apareciendo locales afines al ambiente. Homosexuales de todo el país que pasaban por Madrid, visitaban la Catedral. «Cuando en los años 60 las grandes ciudades crecen, los homosexuales que viven en zonas rurales, ven allí la oportunidad del anonimato; en sus pueblos todo se sabe pero en las ciudades, la homosexualidad, aunque con secretismo, tenía más articulación» (Mira, 2007, p. 311). Aunque lo que allí pasaba era un secreto a voces, las fuerzas del Régimen no irrumpían. A solo unos metros del cine, en la Puerta del Sol, se encontraba la sede de la Dirección General de Seguridad, pero la complicidad

La sala del cine Carretas se convirtió en uno de esos aliviaderos para los homosexuales de clase media que no podían permitirse viajar a otros países o pagar una segunda residencia.


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del personal de la sala y la permisividad consiguieron que el ferviente público de la Catedral pudiera seguir yendo a confirmarse. El éxito del cine Carretas como cuarto oscuro consiste en que los homosexuales vieron allí una parcela de libertad. La presión social les obligaba a alejarse de su lugar de residencia y de trabajo. Aunque aquel lugar era un pozo de perdición, los homosexuales encontraron una zona de protección según Javier Ugarte en su

libro Una discriminación universal. En esos tiempos no podían disfrutar de una sexualidad natural en la que madurar e ir descubriendo cosas por ellos mismos, pues se recurría a esta práctica furtiva. En parte se veían forzados a ello si querían tener relaciones sexuales. Tenían que «disciplinarse para encontrar el placer en la marginalidad» (Mira, 2007, p. 310).


El éxito como cuarto oscuro

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5.

DELINCUENCIA EN EL CINE CARRETAS Y ÚLTIMOS TIEMPOS

Al igual que el personal de la sala hacía la vista gorda ante los arrebatos homosexuales, también permitía otras actividades que hoy siguen siendo delictivas. Al cruzar la entrada, la ley parecía desvanecerse. Hubo numerosos casos de robos, extorsiones, tráfico y consumo de droga, etc. Incluso la policía tuvo que retirar un cadaver en una ocasión. Se produjeron violaciones, los chaperos y las prostitutas ejercían su trabajo libremente, algún sacerdote se permitía saltarse sus votos… Uno perdió allí su carné, evidenciando su pecado y sus gustos, como recordaría un acomodador años después (Torreblanca, El país, 1995). Cuando la dictadura Franquista llegó a su fin dando paso a la democracia en los años 70, la represión y la persecución de los homosexuales cesaron. Esto tuvo una consecuencia directa muy sencilla: ya no era necesario para los gais seguir escondiéndose y no hacía falta un cuarto oscuro multitudinario (el cine contaba

con hasta 1467 localidades). El uso alternativo del cine al de ver películas perdió sentido y la clientela disminuyó enormemente. Pero las drogas y los robos seguían siendo actividades penadas; los practicantes de estas faltas siguieron dejándose caer por allí. La idea de un público marginal y la poca venta de localidades llevó, en el 95, al cierre del cine. El 2 de julio de ese año se proyectó la última sesión.

Cuando la dictadura Franquista terminó, la persecución de los homosexuales cesó: ya no era necesario para los gais esconderse.


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Capturas de la pelĂ­cula Navajeros (1980) de Eloy de la Iglesia, en las que se ve la fachada del cine


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CONCLUSIONES Si la represión perseguía las prácticas homosexuales y lo que ocurría dentro del cine Carretas era un secreto a voces, ¿por qué las fuerzas del franquismo no clausuraron aquella sede? Parecía lo más obvio que la Catedral fuera desmantelada a la fuerza. Pero los principales enemigos de la dictadura, como régimen político, eran los opositores, no los homosexuales que no representaban un peligro real para su continuidad ni su integridad. Además el resto del pueblo estaba de parte de Franco, también rechazaba la degeneración de los invertidos. «Pese a la represión, gracias a la diferencia que las autoridades percibían entre ellos y los opositores políticos, se explica que algunos pudiesen crear durante aquellos años unos pequeños espacios de libertad donde vivir y expresarse» (Ugarte, 2008, p. 75). Esto explica también la permisividad con los locales propios del ambiente que habían aparecido rodeando el cine. Aunque su imagen era mucho más desinhibida, las prácticas que se desarrollaban en su interior no eran tan rechazadas. Las transformaciones económicas y sociales, junto al hecho de que el principal objetivo político del régimen fuera la

represión de la oposición política, son los responsables de que se pudiesen establecer unas bases mínimas para explicar los cambios que se produjeron con la llegada de la democracia en la época de la Transición. Entonces, afloraron unas formas de vida que habían permanecido soterradas hasta ese momento. (Ugarte, 2008, p. 75) Acabado el franquismo, los chicos gais ya no tenían que ocultarse, aun así quedaba el gran problema del rechazo social al que no le faltaba crueldad.


Conclusiones

el cruising

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Conclusiones

el cruising La práctica del cruising, cancaneo en español, ya existía en la antigua Roma. El poeta Juvenal describe cómo en el siglo I d.C. algunos romanos frecuentaban los baños públicos y se rascaban la cabeza con un dedo como señal de disposición sexual ante otros hombres. Pero durante el franquismo, eran la ley y la marginación las que forzaban a los hombres a frecuentar estas prácticas. Sujetos que quizás hoy no se arriesgarían, se veían condenados a ello, por la represión sufrida, con la intención de encontrar discreción en lugares públicos. Curioso disparate. Las leyes homófobas reavivaron esta práctica y obligaron a los marginados a exponerse a extorsionadores, criminales, policías y al contagio de enfermedades. Les quitaron la intimidad y les imposibilitaron una sexualidad plena y libre al verse condicionados por el miedo y la represión.

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Referencias bibliográficas MIRA, A. (2007). De Sodoma a Chueca. Barcelona, Madrid: Egales TORREBLANCA, N. (1995). Vía libre a la muerte del cine Carretas. El país. Recuperado de https://elpais.com/diario/1995/08/06/madrid/807708269_850215.html Consultado el 23 de julio de 2019. UGARTE, J. (2008). Una discriminación universal : la homosexualidad bajo el franquismo y la transición. Madrid, Barcelona: Egales, D.L.

Referencias de imágenes Cine Carretas [fotografía]. (1935). Revista del Colegio Oficial de Arquitectos. Madrid. *Las imágenes no citadas durante el documento pertenecen a este epígrafe

Eloy de la Iglesia [Fotogramas de Navajeros]. (Madrid. 1980). Exterior cine Carretas [fotografía]. (s/f.) .Recuperado de https://www.madridiario. es/456806/cine-carretas-espacio-seguro-homosexuales-dictadura Madrid. Vista parcial del Bazar X [fotografía]. (1915). Recuperado de http://www. madrid.org/archivos_atom/index.php/madrid-vista-parcial-del-bazar-x-2 Vista general. Bazar X [fotografía]. (s/f.) Recuperado de http://www.entredosamores. es/insolito%20madrid/insolito208.html

Bibliografía útil MENCHÉN, P. (2011). Escrito en el agua. Madrid: Odisea. OLMEDA, F. (2004). El látigo y la pluma: homosexuales en la España de Franco. Madrid: Oberón. SANZ DE BERGUE, J. & FONSECA, J. (1935, septiembre). Arquitectura-Revista del Colegio Oficial de Arquitectos. Madrid, año XVII-número 7.


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© IGNACIO INCERA REXACH, 2019

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